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The consequence of an honorable act [Vaurien]

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The consequence of an honorable act [Vaurien]

Mensaje por Invitado el Miér Feb 14 2018, 21:30


The consequence of an honorable act


Ubicación: Ciudad de Talos, Hogar de Vaurien.
Hora: Nona, sobre las 15:00.


Existían cosas curiosas, cosas que nacían de las situaciones más extrañas jamás ocurridas y para Alvric todo lo que estaba aconteciendo en ese momento resultaba ser una de ellas. Era una situación curiosa, obviando el uso repetitivo de la palabra. Evaluando todo lo que había ocurrido, desde que su imprudente e impropia forma de ser en ese momento, no porque no fuera parte de su proceder, sino porque generalmente era capaz de controlarlo bastante bien y más desde que hacía un año, Rhos Khelden, su padre, hubiese muerto. Nunca jamás pensó que el hecho de interceder en el propinamiento injusto de un humano le trajese a un lugar como este. Si hubiese estado en una celda del Castillo, incluso una de las celdas del Castillo habrían tenido más sentido ahora mismo, pero no era así, estaba nada más y nada menos que ante un inquisidor cuyas intenciones le eran completamente desconocidas y, por alguna razón que poco a poco le estaban llevando un tanto más a sentirse más desesperado de lo normal y nervioso, curiosas. Sí, estaba ahí, delante de un Inquisidor de nombre Vaurien, pero no sabía por qué, y para ser honesto con cada cosa que el dragón iba mostrando y diciendo las cosas se hacían para él cada vez más extrañas.

Todos los dragones eran susceptibles a sentir curiosidad por los humanos, era quizá parte de ese mismo calificativo e inferioridad con la cual les observaban. Como menos que nada, algo que Alvric ya estaba acostumbrado a ver y que en realidad no le hubiese importado mucho si fuera el caso al que debía encararse, pero lo cierto era que si le tocaba estudiar bien la situación, las acciones del inquisidor iban más allá de una simple curiosidad que en principio no había notado pues el dialogo que habían tenido minutos atrás desde los aposentos del curandero hasta la mansión había sido no más que una simple cuestión por saber que movía al humano a hacer lo que hizo. Pero esto, esto era algo más, y eso no le relajaba. La cercanía en demasía con los dragones significaba problemas innecesarios y Alvric era un joven humano esforzado porque entre los dragones y él, no existiese más que la relación necesaria para que el sistema de los señores salvadores funcionase. Por el bien de los que el protegía, razón por la cual vivía. La mirada tranquila y apacible de Alvric volvió a cruzarse con las del otro, y en respuesta a esas palabras que escuchó, no dijo nada, y solo se quedó en un pensativo silencio. No tenía una respuesta.

Con el interesante paquete que le había metido hasta el cuello en esta situación en sus manos, desvió la mirada al hombre que hizo acto de presencia dándoles la bienvenida, mirándole a través de la ventana de la puerta del carromato. Esperó a que el dragón bajase, y suponiendo que debía hacer lo mismo, se atrevió a poner pies afuera. Alvric, joven al fin y al cabo, admiró la grandeza del jardín, y aunque su rostro se encontraba apacible y serio, como era natural en él, sus ojos o el brillo en ellos no podían negar la sorpresa de ver las extensiones de la arquitectura en la cual vivía el dragón. Ni aún en Puerto Krosan, el joven pescador había pisado nunca la residencia de un dragón. Aun así, su sorpresa, de algunos segundos, se vio interrumpida por la voz del mayordomo y miró al Inquisidor cuando dio su respuesta, a la cual, volvió a guardar silencio. Miró al mayordomo presentarse y como ambos, hombre y dragón le observaron, a lo que entendió que debía responder. –Ah…Sí…Alvric, Alvric Khelden.– La presentación y el trato le tomaron por sorpresa. Alvric caminaba, intentando tener atención en las palabras del dragón, algo un tanto imposible, ya que a medida se iba a descubriendo el lugar Alvric dejaba al descubierto solo con su mirada la curiosidad propia de alguien de su edad, que mostraba la entereza de un hombre, pero no dejaba de ser joven. Y sin anticiparlo, perdido, se tropezó con el dragón. –…Di…Disculpadme.– Estaba apenado. Escuchó la orden del inquisidor, y si entender de qué se trataba al mirar el gesto del mayordomo, le vio irse acatando la orden.
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Re: The consequence of an honorable act [Vaurien]

Mensaje por Vaurien el Miér Feb 21 2018, 12:19

Mientras esperábamos a Noctis en la salita. Khelden y yo nos encontramos, una vez más, en un silencio incómodo. En ese silencio, tuve la ocasión de recapacitar mis acciones. ¿Estaba seguro de lo que hacía? ¿Mostrarle a un humano mi mayor secreto y debilidad, sólo para probar mi punto? También debía pensar en Noctis. ¿Y si Khelden se va de la lengua y se lo llevan? ¿Sería esclavizado?

Miré a mi invitado, intentando adivinar sus pensamientos. Sus acciones hasta ahora implicaban un gran sentimiento de unidad con los otros humanos. Era poco probable que hiciera nada que pusiera en peligro a un niño humano. Por otro lado, Noctis no era un humano cualquiera, era un humano criado por un dragón. Puede que Khelden lo considerara "parte del problema". Decidí informarle antes que el pequeño llegara.

-Noctis es...-inmediatamente me paré en seco, ¿qué era Noctis para mí? Él me llama padre, pero yo nunca he reunido el valor para llamarlo hijo. Es injusto, pero es la realidad. Llamarlo hijo implicaría que le proveería de unas cosas que no podría obtener de mí. -Noctis es un muchacho humano, de unos 5 años al que acogí en mi casa después de que sus padres murieran en el atentado terrorista la pasada Navidad. Él vino a mí, cuando estaba transformado en dragón.
no en mi forma humana, y con una mirada férrea, me "exigió" que ayudara a su madre.
Tristemente no había nada que pudiera hacer por ella. Pero el orgullo y determinación que mostró ese día, llegó a cambiar un poco mi impresión sobre los humanos. Decidí tomarlo a mi cuidado para garantizarle un futuro mejor.-
Cosa que, por cierto, aún no sabía si era posible.

Al poco, unos débiles golpes llegaron a la puerta, yo di permiso para entrar y el pequeño Noctis apareció al otro lado.

A pesar de su edad, Nocits llevaba ya un tiempo viviendo en mi hogar y había aprendido de Bernardo y de mí, lo modales apropiados. De manera que saludó con una leve reverencia y se acercó a nosotros.

-¿Si, padre?-prenguntó

-Quiero presentarte a alguien, este es Alvric Khelden, es alguien que creo que deberías conocer.-

Noctis se giró a Khelden y le saludó educadamente.




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