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The Loyal and The Shadow [Letyko]

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The Loyal and The Shadow [Letyko]

Mensaje por Invitado el Lun Feb 12 2018, 04:35

Solitaria y enigmáticamente hermosa, la presencia de la hembra en el Castillo de Talos se había convertido en una constante y frecuente presencia que era capaz de erizar los bellos a cualquiera que estuviese cerca de su andar o tuviese la desagradable experiencia de tener que cruzarse en el camino de la oscura dragona, que vagaba solitaria por los lugares más oscuros y recónditos de aquella fría edificación. Si antes el estar en el Castillo resultaba un experiencia bastante poco grata con el hecho de saber que en sus muros, yacía la mismísima soberana del Imperio del Fuego, observando y gobernando, desde que ciertos dragones habían vuelto a la ciudad, aquellos que eran temidos y respetados por sus mitos, sus historias, su sabiduría y su longeva existencia, ese lugar, era ciertamente aún más oscuro que nunca.

La Reina Madre no era una dragona que mostrase o hiciese actos de presencia, pero si algo demostraba, era que de estupidez, no tenía la más mínima escama. Sus más fieles sirvientes estaban allí, a su cuidado y órdenes.

Ranema, un ser de forjado por la Oscuridad. Era una de ellas.  

Pero aunque sabía bien su misión en ese lugar y por qué había vuelto de entre la clandestinidad y el olvido, la hembra nunca había sido una dragona que degustase lugares como ese. Esa misma razón era una de las más importantes por las cuales Ranema, hacia doscientos años, simplemente había desaparecido. Sin dejar rastro. La vida en sociedad no era para una dragona como ella muy a pesar de que supiese imitar y manejar tan bien todos los protocolos del nuevo mundo que su raza había forjado, tal como lo había demostrado con Waleska, tal como lo había demostrado siempre. Ranema era una dragona libre y nacida en el estado más puro de una bestia. Esas frías paredes, mientras más pasaban los días, restaban un poco más de sutileza de engaño en su oscura mente y hacían que el lado salvaje estuviesen a flor de piel. La hacían más salvaje, más peligrosa. Aun así, su paciencia y dominio eran los suficientes como para mantenerse tranquila, y sin necesidad de tener que recurrir una vez más a la familiaridad del Bosque, tal como lo había hecho a pocos días de su regreso. Estaba equilibrando el tiempo entre la ciudad y el bosque, estaba logrando adaptarse de nuevo, y eso no significaba que estaba aún más lista que nunca para hacer su trabajo.

Como era de esperarse, deambulaba en las horas preferidas de una cazadora como ella, las nocturnas. Hermosa y majestuosa, su figura humanoide envuelta en aquella túnica negra que escondía du hermosa figura, se deslizaba, como una Sombra yendo sin rumbo, pero observando y escuchando todo. Buscando algo de su interés.

Fue entonces cuando el esmeralda de sus ojos centellearon, y habiendo llegado al patio de armas, encontró en el a un dragón con el que antaño hubiese desarrollado cierta vinculación, y podría decirse, que cierta empatía. Haciendo un sonido casi orquestal con el sonar de sus pies, y el de su bastón al caminar, fue anunciando con cada paso su presencia, y de entre las sombras de los pasillos, bajo la luz de la luna llena, se desveló. –Vaya, vaya…– Dijo la figura con cuernos, deteniéndose a solo metros cortos del macho. –…No dejan de abundar las más agradables sorpresas, Lord Letyko.– Concluyó, dibujando una divertida sonrisa en sus labios carmesí y acortando las distancias.

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Re: The Loyal and The Shadow [Letyko]

Mensaje por Letyko el Sáb Feb 24 2018, 06:48

Tantas cosas habían cambiado en un lapso de tiempo tan corto... ya nada era igual, creía ver fantasmas donde no los había, susurros en las paredes que no eran tal, oídos incluso en aquellos que no poseían voluntad propia. El mundo era más siniestro desde que todo se le revelase con tal intensidad, comprendiendo la magnitud de los hechos conforme el devenir de los días reforzaba aquella muralla que era su mente. No podía vacilar, estaba obligado de nuevo a guardar sentimientos y mostrar una máscara perfectamente confeccionada para que solo aquellos que realmente tenían su confianza, pudieran descifrar. Observaba desde la sombras, acechante, como el depredador que era, en busca de algo muy diferente a presas, esta vez requería una manada.

Esa tarde fue especialmente complicada pues había estado en la sala del trono, requerimiento expreso de la Reina Madre, quería saber como iba todo, más bien saber las confabulaciones que ella creía que estaban sucediéndose en su castillo. Como Letyko no era tonto le daba exactamente lo que necesitaba y aunque ella explotaba en una ira centelleante y abrasadora, nunca llegaba a aplicar sus órdenes tal cual salían de sus reales labios. Tenía más cabeza, nadie sabía lo que él, al menos no todo, era consciente de los rumores, que hablaban de Su Majestad con temor, diciendo que se comportaba un poco raro, que no salía de su sala del trono y que no recibía a nadie. En parte era mejor así, el de ojos violeta no deseaba que ojos ajenos penetrasen los muros para descubrir cual turbada parecía su mente.

Tras abandonar aquella sala pudo respirar más tranquilo, aunque estaba agotado mentalmente, necesitaba despejar su cabeza tomando el aire libre. Se hacía tarde y sabía que su bicho le esperaba en la cama, cubierto por las sábanas, durmiendo plácidamente como si no hubiese una amenaza constante hasta en el mismísimo aire que respiraban. Sin embargo no estaba en el mejor estado posible para regresar, lo notaría y comenzaría a hacer preguntas, no deseaba tener que mentirle ni que el ambiente se enrareciese al preferir callar sobre el motivo de sus preocupaciones, esas que ya hacían mella en su humor en ocasiones.

Una vez fuera sus pies fueron por si solos al patio de armas, sus instintos de soldado estaban muy activos, le alegraba saber que su cuerpo recordaba todo el entrenamiento y lo que solía hacer para calmarse. Agradeció también la soledad que le ofrecía a esas horas el lugar, tomando una espada entre sus manos para acariciar el filo de esta por la parte de arriba, la zona exacta para no cortarse, pero a su vez en el límite, un solo milímetro más y su carne se abriría para dejar salir el líquido de la vida de su cuerpo. No supo cuanto tiempo transcurrió hasta que a sus oídos llegó un sonido muy característico, esos golpes secos en la losa del suelo, acompañados de unos pasos lentos, con el arrastrar de la tela. Solo había una dragona que se identificase por tales marcadores y al escuchar su voz, melosa, incitante como el siseo de una serpiente, se giró para mirarla.

Giró la espada en su mano, cortando el aire con un silbido por la fuerza que su muñeca poseía ya en ese movimiento. -Ranema- musitó, provocando que sus irises amatista chocasen con los esmeralda de la contraria. -No esperaba verte a estas horas deambulando por el castillo... aunque eso pondría fin al misterio sobre el espectro que acosa este castillo cuando la luna se eleva sobre el firmamento.- cortó de nuevo el aire con la espada. -¿Hay algo que pueda hacer por ti?- preguntó más por cortesía que por interés real.
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