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FB ~ I see you ~ Thareon

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FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Megerah el Sáb Ene 06 2018, 17:20

Llevaba horas sin verlo.
Pese a esos paseos que podía haberse dado por las cuevas cumpliendo con sus tareas en la medida de lo posible, Erah no había llegado a ver al dragón azul ni de refilón. Su ceño empezaba a mantenerse fruncido durante más tiempo conforme avanzaba el día y Thareon seguía sin aparecer. Por los hechos recientemente acontecidos, no pudo evitar que una progresiva resignación e inquietud germinara en su interior. Por lo que intentó distraerse, volcando toda su atención en aquel pequeño que apenas contaba unos meses de existencia.
Porque en lo más profundo de su ser, Megerah tenía la impresión de que algo no iba bien.

Itherskal robó sonrisas de ella todo el tiempo que la rubia estuvo con él, sin ser plenamente consciente de ello. Pero fue al segundo día sin noticia alguna de su pareja, que la rubia se tomó en serio conseguir algo más de información. Thareon no solía ausentarse tanto sin una razón de peso. Preguntó a las compañías que más frecuentaba el líder de la Revolución pero ninguno supo decirle gran cosa… excepto Trystan. Por mutuo acuerdo y por lo bien que habían encajado sus personalidades, el pelirrojo procuraba espiar la red en busca de noticias relevantes o gente que pudiera necesitar una mano, así el pelirrojo también se distraía de su tragedia personal… Y había sido así cómo había llegado a enterarse de que Tharthreiz, padre de Thareon, había regresado a Talos.
Y a la redimida no le hizo falta saber más.

En aquella cabaña del bosque escuchó la historia del Azul, la misma noche en la que tuvo lugar la Mascarada de Kariel; esa misma en la que Thareon y Erah se reencontraron y fueron abiertamente honestos; esa misma noche en la que Megerah tomó la irrevocable decisión de irse con él, lejos de todo lo que había conocido hasta entonces. Y no cabía el arrepentimiento en ella desde aquel día.
Así que, sabía cuánto afectaba Tharthreiz a la intrincada ecuación que ahora era Thareon.

Con un claro alivio por desechar la idea de que al dragón también lo hubiesen capturado de alguna forma, e intuyendo con convicción lo que había podido pasar, buscó a Lyvana para que cuidara de su pequeño. No se sentía del todo segura llevándoselo allí donde quería ir. Aunque fuese a buscar a su padre. Pudo garantizar a la peculiar albina que tardaría lo menos posible. Y, en realidad, ante las dudas que pudieran surgirle de si lo encontraría o no, dejó dicho que no tardaría más de un día. Calmando a la herborista con esa promesa inherente, Erah sonrió antes de despedirse de su hijo, que se quedaba en brazos ajenos. Esa determinación a la hora de hacerse con la montura, fue la que marcó las riendas del caballo, que la llevaron cerca de la ciudad… y más allá.


A esa cabaña que se ocultaba en el bosque, que había visto el principio de esa vida en común que ahora llevaban. Hubo ratos en los se desesperó pues aquel incansable galope se le antojó hasta lento. Pero avanzó al Sur conforme el sol pasaba por su cabeza, hasta que no llegaba a verlo, al esconderse entre los árboles del denso bosque. No podía explicar esa sensación que encogía su corazón, conforme se acercaba a su destino. Por suerte, recordó exactamente por dónde ir… hasta que la construcción de madera apareció ante sus ojos, algo deteriorada desde la última vez que la viera. Las plantas y la humedad habían hecho su intento de conquista, volviendo parcialmente verdosa la madera de las paredes. Y, sin embargo, aún despertaba esa sensación hogareña y familiar que hizo que la rubia sonriese suavemente, justo antes de desmontar. Se adelantó entonces a su caballo, cuyas riendas ató a uno de los postes que confeccionaban el pequeño porche que traía tantos recuerdos a su mente. Y al subir ese par de escalones, la madera crujió bajo su peso, mientras avanzaba con cierta cautela hacia la puerta. Y justo antes de tomar el pomo y empujar, suspiró por la nariz. Como si así aunara fuerzas para enfrentarse a la posibilidad de que sus premisas fuesen desacertadas y el dragón no estuviera allí. Su mano rodeó el tirador, lo giró y empujó. Despacio, la madera se fue apartando para que el interior de aquella cabaña quedase al descubierto para esos inquietos ojos aguamarina que no dudaron en pasear por todo aquello que se veía aún iluminado por la luz natural exterior-. ¿Thareon?





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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Thareon el Dom Ene 07 2018, 19:27


- Estoy aquí - respondió su voz, monocorde, desde lo alto. Sí, el dragón no se encontraba en el interior de la cabaña, vacío y sumido en el silencio al que la habían condenado desde que se habían ido a la base; y que sólo habían roto esporádicamente en sus misiones de abastecimiento, reconocimiento o reclutamiento para la causa.

Había escuchado el caballo acercarse, pero ni siquiera se había inmutado por ello. Estaba completamente desnudo, empapado, pues hacía relativamente poco que había dejado de llover. A primera vista no se sabría decir cuánto tiempo llevaba así, sentado sobre las placas de madera y musco, con las piernas encogidas contra el cuerpo, y el pelo negro y oscuro pegado a la cara, manchada de barro y restos de sangre reseca. Lo mismo podía haber estado cinco minutos que cinco horas. A Thareon, desde luego, le había parecido acercarse más a lo segundo, si bien no tenía demasiada noción de por qué estaba allí o cuánto tiempo había pasado.

Escuchó la mujer subir por la escalera de troncos hacia el tejado, y su olor le llegó, fuerte y ajazminado, lo que logró tranquilizarle, en cierto sentido. Suspiró, de hecho, pero de forma muy imperceptible. Se sentía "atascado", física y mentalmente, incapaz de moverse. Incapaz de pensar o concentrarse demasiado.

- Perdóname. - Dijo, escuetamente, cuando ella se acercó con su tradicional y bien pensada cautela. Aún tenía la voz algo áspera, del tiempo que había pasado convertido en Leviathan. Ambos sabían ya que era algo que solía ocurrirle cuando pasaba demasiadas horas en esa forma. Que Thareon regresaba sin quererlo al mismo estado en el que estaba antes de que se fueran a Isaur, demasiado dominado por la bestia, demasiado peligroso para los demás, y para sí mismo. Que ya lograra pedir disculpas por haber salido corriendo sin decir nada a nadie, dejando toda la rebelión y a su propia familia en la inopia durante casi dos días; se podía considerar un verdadero logro. - Pensaba que Trystan acudiría a ti antes.

Quizá se debiera a que tardó en reaccionar, o quizá porque el propio Trystan entonces no había llegado a imaginarse lo que pasaría en el interior del dragón azul cuando le contó que Tharthreiz Ironscale, el viejo Tharthreiz Ironscale, su padre, el asesino de su primera familia, el gran guerrero que lo condenó a un verdadero infierno hacía ya casi ocho años... estaba en Talos. En Talos. Buscándole. Porque, ¿qué otra cosa iba a hacer si no su padre en la capital de Imperio? No... No, por más que lo había pensado no había encontrado un motivo por el cual aquel viejo hijo de perra hubiera vuelto. Sí, sí, sí, sí... Seguro que había regresado esperando encontrarlo en la misma mierda en la que le dejó, hundido, humillado, olvidado... Para restregárselo, acercarse y humillarle aún más, poniendo su bota sobre su nuca para seguir demostrando su superioridad. Sí, aquello era típico de Tharthreiz.
Seguro que se había llevado una buena sorpresa al descubrir que su hijo ya no estaba donde lo dejó. Que se había vuelto a hablar de Thareon Ironscale, aquel al que con tanto ahínco había tratado de dejar sin nombre o identidad, y de convertir en una sombra más. Seguro que eso le había enfadado y frustrado, por eso no le extrañaba nada pensar que seguro que el viejo lo andaba buscando, desesperado, tratando de averiguar dónde estaba...

Sí... no le extrañaba nada. Y, oh, sí... Le esperaría, con las fauces bien abierta, las garras sacadas, las espinas en ristre... para destrozarlo como había destrozado a tantos. Para beberse su sangre, para esparcir sus vísceras y masticar su corazón palpitante...

La emoción había sido demasiado contradictoria y fuerte para Thareon. El cual, no había podido lidiar con el violento devenir de sentimientos de ira y destrucción, de deseo de muerte, de sed de venganza... Su último pensamiento lúcido, lo último que recordaba en verdad; había sido salir corriendo de la base para no poner en peligro a nadie. Para no poner en peligro a Itherskal, a Megerah... No podía estar cerca de ellos en ese estado. Recordó rugir, montaña abajo, el dolor de transformarse, alzar el vuelo y...
... nada más. Nada hasta encontrarse tirado en medio del bosque, bajo la lluvia que hacía poco que había cesado.


Megerah ya lo encontraría sobre aquel tejado, con el gesto ido y confundido por el vacío en su memoria. La rubia, que ya tenía experiencia en aquellos casos, sabría que Leviathan se hallaba en el silencio. Presente, muy en el fondo, pero en silencio. Thareon estaba relajado, a pesar del aturdimiento y de aquella especie de shock emocional. Ciertamente, habría esperado que la mujer acudiera antes, pero no la culpaba, ni a ella, ni al pelirrojo. La vida en las cuevas era caótica y las noticias podían tardar en llegar. Seguramente, de haber sido la propia Megerah la que le hubiera dado la noticia, ella habría sido la primera en salir corriendo tras él.

- ... No me podía quedar, Erah. - Era su única excusa y su única explicación. Tampoco había mucho más que pudiera decir al respecto. Habló sin despegar la vista del punto infinito en el que la mantenía, con la mirada turbada y ausente, igual que su voz y su expresión.







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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Megerah el Dom Ene 14 2018, 19:58

Erah no pudo decir que, de lo alerta y tensa que estaba, se sobresaltase ligeramente al escuchar esa voz -que reconocería en cualquier lado-, venir de otro lugar que no fuera el interior de la cabaña. Su primer impulso fue mirar hacia arriba, pero sus ojos se encontraron con la madera que confeccionaba el techo del porche. Sin dudar, retrocedió sobre sus pasos, para poder ver mejor, y encontrarse al dragón azul, acurrucado sobre la madera del tejado.

Con gesto aún inquieto en su rostro, frunció sutilmente el ceño, antes de acercarse a su montura, hacerse con la manta que resguardaba parte del lomo del animal. La traviesa de Saeh, asomó la cabecita por el hueco que dejaba el cuero de uno de los morrales que colgaban a sendos lados del caballo. La rubia, al verla, sonrió de lado, antes de estirar el índice y acariciar con la yema el minúsculo mentón y cuello de la inquieta ardilla que siempre seguía a la redimida sin razón ni descanso-. Quieta aquí. -susurró la mujer, antes de abrazar la manta, ahora doblada, contra ella y acercarse a las escaleras que llevaban al tejado.

Subió con cuidado, dejando que su peso volviera a ser claro indicio de su presencia, al hacer crujir la madera, una vez más-. Thareon. -murmuró su nombre, con un regusto balsámico, escondiendo una sonrisa que también evidenciaría la tranquilidad de haberlo encontrado después de esas horas de visceral inquietud. Se aproximó a él con titubeante estabilidad y esa precaución adquirida de esas circunstancias que aún se daban, con menos frecuencia, eso sí, cuando el Azul dejaba que aquellos sentimientos viscerales lo hicieran sucumbir a su alter ego, para destruir todo cuanto se ponía a su paso. Bien sabía la rubia que, en esos casos, era más inteligente y práctico ponerse tras él. Seguirlo o simplemente buscarlo después, dejándole hacer y desahogarse con total impunidad. A punto estaba de acuclillarse a su lado, cuando escuchó sus disculpas. Erah frunció el ceño, no viéndolas necesarias. Ella misma no había evitado inquietarse, influenciada por las circunstancias más recientes. Pero, ¿Thareon? Ya había desaparecido así más de una vez a lo largo de esa corta vida juntos. De hecho, fue ese tiempo que tardó en hablar con Trystan lo más agónico. Porque, el resto, ya le dieron claras pistas a la redimida. Fue la mención del desafiado lo que animó a articular a la mujer:- Quizás no me encontró. -también el pelirrojo vivía su propio duelo. Era demasiado fácil que ninguno de los dos encontrase motivos de peso, cuando era fácil no verse en la misma base de las cuevas por un día entero.

No le dio mayor importancia, centrándose ahora en esa actitud ausente de Thareon. Aún en ese caso, Megerah sabía que no debía confiarse. Menos con ese otro yo del dragón, que ella sabía que permanecía en las sombras siempre, acechando. Con esas premisas, la rubia no podía permitirse el lujo de hablar con despreocupación, pues Leviathan podría volver a saltar con relativa facilidad.

Así, optó por la prudencia, aunque internamente tuviera unas ganas locas de atraerlo hacia ella y estrecharlo. Que su abrazo supusiese para él, ese hogar que el del propio dragón siempre había supuesto para la rubia. Un gesto que significase ese remanso de paz en el que resguardarse siempre, de toda adversidad. Pero, Thareon necesitaba aún algo de tiempo y Erah, estaba más que dispuesta a dárselo y a sacarlo de aquel preocupante estado. Por ello, acercó la mano que más cerca tenía de él, para rozar de forma suave, dulce, la parte posterior de su antebrazo. Una caricia de sus yemas que ni siquiera quería sentirse, palma arriba, mostrando una sumisión tácita. Tentó sutilmente al dragón, llevando sus yemas al lateral de su masculina mano, cerca del meñique, queriendo ver una reacción por parte de él.

Y aquella voz rasposa volvió a cruzar sus oídos, consiguiendo que Megerah regresara de sus cavilaciones y se centrara en él-. Lo sé. -ella sabía perfectamente lo destructivo y contraproducente que hubiera sido de soltar a Leviathan por las cuevas de la Revolución. Ella sabía lo duro que se le hacía al dragón el alcanzar a alejarse antes de que todo pasara. Con un exhalo algo más marcado, por la nariz, tomó la rápida decisión de desdoblar la manta con una sola mano, y cubrirle los hombros como mejor pudo, moviéndose lo menos posible. El ambiente era fresco, húmedo. Algo que al dragón no le venía nada bien, desnudo como estaba. Y fue su mirada ausente, lo que la instó a dejar de tentar su mano, y alzar sus dedos hasta la mejilla del dragón, para dejar una cálida caricia y, también tirar suavemente, forzándolo dulcemente a que la mirase-. Estoy aquí... -su tono fue solemne, siendo verdaderamente expresiva con esa mirada aguamarina que en aquel segundo se mostraba ansiosa por calmar, por arrullar, por expresar tanto a aquellos orbes azul topacio que amaba mirar. No quiso caer en el tópico de ”todo saldrá bien”. Fuera lo que fuese, al final, sería.

Pero lo que Megerah tenía más que claro, es que lo que fuera, sería junto a él.





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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Thareon el Dom Feb 18 2018, 14:10


- Lo sé... - repitió él. Sus palabras, que no su tono de voz. Pues el del dragón azul seguía siendo ausente, como su mirada. Evadido de la realidad. Daba la sensación de que tenía un pie puesto a cada lado, a caballo entre la situación real y la que fuera que estaba desarrollándose en su cabeza.

Empero, como fuere, pareció tener la conexión suficiente como para estirar sus fuertes y curtidos dedos, manchados del mismo barro y sangre que tiznaban su rostro, para tocar los de la mujer. ¿De quién era esa sangre? Quizá de alguna presa, un animal, una persona... o de otro dragón, del que hubiera bebido esa sangre ávida y seductora, que tanto había esclavizado su mente cuando Moloch lo mantenía encerrado en aquella jaula oscura.
Thareon ni siquiera lo sabía, porque su ira le había cegado tanto que Leviathan se había apoderado de su ser por completo. No sabría decir qué atrocidad había cometido, si es que la había cometido.

Hacía mucho, mucho tiempo, que Thareon no se descontrolaba de aquella manera. Casi desde que Megerah y él se fueron a Isaur, precisamente para que el dragón pudiera ahogar su furia en el anonimato del desierto.


El crujido de las tablas, sus pasos cautelosos, su presencia a su lado, sus escuetas pero siempre tiernas palabras, el precabido roce sus dedos... Todos gestos pequeños, sutiles, pero no menos eficaces.

- Él está aquí. Trystan me lo ha dicho. - Era una sensación extraña. Porque era como oír hablar a un niño asustado, pero al mismo tiempo, daba miedo. Miedo, sí. El niño en el interior de Thareon no estaba atemorizado, sino rabioso, lleno de ira. No era un niño. Era un monstruo al que trataba de amansar, despacio, constante, sabedor de que otra gota de ira, una palabra mal dicha, podía desatar de nuevo el caos. - Mi padre, Tharthreiz. - Casi, casi... Sus ojos se estrecharon al mencionar el origen de su estado. Las escamas azules brillaron por un momento bajo su piel. Casi, casi... Pero no. Thareon inspiró hondo, mientras las pequeñas gotitas de lluvia resbalaban por los tatuajes de su piel. - Ha vuelto de Edén, después de tantos años... y me puedo imaginar el por qué. - Por fin algo de emoción tiñó sus palabras: triste amargura. No era una emoción feliz, pero al menos era algo. - Sólo de pensar en él me... - otra vez, la sombra del monstruo se dejó ver en sus ojos, deseosa de salir fuera, de seguir liberando su ira...

Pero las palabras de la rubia se habían quedado en sus oídos, amansando aquel impulso. "Estoy aquí". Y volvió a hacerse el silencio. Ese silencio que ella sabía respetar, porque sabía que él lo necesitaba. Ese silencio que representaba el grado de unión que había entre los dos, que simbolizaba ese lazo que hace que las palabras sean innecesarias, porque no hay nada que necesitara ser dicho. Ambos ya lo sabían.
A lo lejos, sonaron truenos de tormenta...

- No quería poneros en peligro, y menos estando Itherskal y Elianne cerca. Tenía que irme... - Sí, sabía que Erah no necesitaba escuchar más excusas. Que ella lo entendía mejor que nadie, más que acostumbradas a aquellas reacciones suyas. Más que consciente de sus motivos. Pero era parte del proceso de volver a su estado mental normal: repetir las cosas, decirlas como quien habla medio dormido, casi inconsciente de sus palabras, pero consciente de que habla, al fin y al cabo.
Podía ser lento, quizá exhasperante, pero era necesario. La toma del control, la batalla constante, entre el hombre y la bestia.







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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Megerah el Sáb Feb 24 2018, 19:08

Erah enseguida sintió el grado de abstracción de Thareon. Uno que llevaba tanto tiempo sin ver que le había pillado por sorpresa, haciéndole darse cuenta de que había olvidado casi sus maneras, esos pequeños trucos y detalles propios, que ayudaban al Azul a volver con ella, aunque ya estuviese de cuerpo presente.
Se le antojaba tan lejano como otra vida, después de haber disfrutado y compartido tanto con el dragón en ese último año y poco que llevaban juntos. Uno que no había dejado de ser intenso a pesar de todo lo que habían conseguido hasta ese momento. Uno cuya tranquilidad ahora se había visto amenazada por ese motivo que aún la rubia tardó un poco más en descubrir, cuando sintió esos dedos fuertes, ásperos y embarrados entre los suyos. Recibió con alivio esa titubeante caricia, no exenta de esa ausencia que ya era palpable en la mirada del dragón, fijada en un punto cualquiera, en la espesa frondosidad de la arboleda que los resguardaba.
No le quedaba más remedio que esperar que aquel proceso lento y hasta exasperante para que Thareon volviera a ser por completo, terminara.

Su gesto no llegó a cambiar, aunque la preocupación ya visible en su semblante, se acrecentó al escuchar esa razón que había hecho enloquecer al dragón más templado que Megerah había conocido, tiempo atrás. Aunque vio esos signos claros que anunciaban la presencia de Leviathan, la rubia no se amedrentó, decidida a ayudarlo. Su padre. Su rostro mostró inquietud inmediata, consciente de lo acontecido entre ambos dragones. Vio del todo normal que su sola mención turbara de ese modo al dragón. Agachó la cabeza, acuchillada como estaba, para posar sutilmente los labios en el fuerte brazo de Thareon. Acto seguido, volvió a alzar el rostro, y con la mano ociosa, recolocó un poco la manta sobre él, llegando a repasar la espalda del dragón con su mano.
Por lo pronto, poco más podía hacer que esperar, recordándole al dragón que no dejaba de estar ahí para él.

Conocedora de su efecto, una vez tuviera la mano en el fuerte y tatuado rostro de Thareon, se rindió a esa abstracción, considerando que no era el momento de forzarlo a que la mirara. Así, dejó de hacer presión, deslizando las caricias de sus finos dedos de su mejilla derecha hacia la izquierda y marcada. Con esa ternura tan impropia en ella que sólo aquel dragón había llegado a conocer. A excepción, claro, del hijo de ambos. Uno que Thareon llegó a mencionar entonces. Erah tragó saliva antes de murmurar:- Están bien, Thareon. -le notificó, a sabiendas de era algo que muy interiormente, por muy ausente que estuviera, él ya sabía-. Estamos bien. -repitió, incluyéndose. Incluyéndole. A pesar de esa inoportuna visita, que podía llegar a trastocar sus planes de la peor forma. ¿Era malo tener un optimismo inquebrantable en ese momento? Tampoco era exagerado, más allá de ser realista. Megerah era consciente de la delicada situación.

No obstante, aún contaban con una baza-. No sabe que estás vivo. -muy pocos sabían que lo estaba, en realidad. Así debía de seguir- ...y no dejaremos que se entere. -Erah no estaba del todo segura en este punto, pues intuía que Tharthreiz era... tenaz, entre muchas otras cosas. Quizás, era ese miedo, mezclado con la rabia, lo que hacía que Thareon perdiera el control con tanta facilidad, después de tanto tiempo.





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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Thareon el Vie Mar 16 2018, 23:59


Sus palabras, sus cálidos gestos pacientes, dieron su fruto. Pues Thareon finalmente giró el rostro hacia ella, dejando que la luz volviera a iluminar sus ojos con un atisbo lúcido, más centrado, más humano. Más... él, en resumen.
El dragón parpadeó un momento, con cierto aire confundido, como si la enfocara conscientemente por primera vez (probablemente, así fuera). La observó besar su brazo, y suspiró al notar su cálido frote en la espalda, sobre la manta de la que fue consciente por primera vez desde que la mujer había llegado. Poco a poco, aterrizó del todo, regresando a su estado mental más estable. Había sido difícil, pero como ya era costumbre entre ellos, al final la personalidad del hombre acababa imponiéndose a la de la bestia.


- Aprendí hace mucho a no subestimar a mi padre, Erah. - Sentenció, aún con cierta ausencia monocorde en la voz. No llegó a sonar átono, más bien... oscuro. De hecho, por un momento sus ojos parecieron ensombrecerse una última vez, acompañando a sus propias palabras: - Si aún no lo sabe, lo sabrá. Y no sólo sabrá de mi, sino también de ti, de la rebelión... y de nuestro hijo. Eso, precisamente, es lo que se le da bien.

Tuvo que volver a cerrar los ojos e inspirar hondo para no dejar que los malos recuerdos golpearan su mente y lo arrastaran de nuevo hacia la oscuridad de su interior. Aún así, no pudo evitar oír una vez más el grito suplicante de Ancaria, justo antes de que su cabeza cayera rondando por el suelo... bajo la lluvia... y la sangre...
Parpadeó, agitó la cabeza como quien trata de evitar el zumbido molesto de una mosca haciendo ruido demasiado cerca de su mente.

No, no podía dejarse llevar otra vez por la ira que le provocaba aquel viejo y sordo dolor. Ya había superado aquello. Ahora tenía un nuevo propósito por el que luchar, una misión que cumplir. Y un motivo para existir. Aquel que había acudido ahora a su lado, a buscarle. Como siempre.
Por fin una emoción concreta logró empañar su mirada y su gesto. Alzó una mano, observando el rostro de la mujer, y repasó con sus dedos llenos de barro y sangre el contorno de su mandíbula. Como si haciendo eso la volviera más real, o volviera más vívida su presencia.

¡Ay, qué haría el dragón azul sin ella!

- Quisiera decir que ha sido la ira lo que me ha traído hasta aquí... Pero no sería cierto. - Confesó, finalmente, atreviéndose por fin a pasar el brazo por detrás de la espalda de la mujer, aprovechando para cubrirla a ella con la manta también, buscando intencionalmente su contacto. - Me pudo el miedo. Al oír su nombre... sólo pude pensar en que si os pasara algo a ti o a Ither... En que si él se acercara a vosotros lo más mínimo, yo... - Se interrumpió, apretando los labios y frunciendo el ceño. - Creo que me volvería loco de nuevo. No respondería de mi. Y eso me aterra, Erah...







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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Megerah el Dom Mar 18 2018, 16:34


Y, por fin, regresó a ella.
Una vuelta que la rubia aún consideró precaria, por lo que dejar de tener gestos nimios de pura ternura y significativos para con él, no era una opción que ella pudiera contemplar. No era algo precisamente fácil para ella, cuando aquellos intensos orbes azul topacio se clavaban en sus cristalinos iris. Así como Megerah tenía cierto poder sobre Thareon, de una manera que ninguno de los dos podía explicar, bastaba una mirada del dragón para que la rubia fuese incapaz de reflexionar por un momento, olvidando todo hilo de pensamiento, perdiéndose en ese mar angosto presente en sus ojos, que despertaba en ella una calidez y una sensación de protección únicas. Habían llegado a ser uno el hogar del otro. Su refugio...
El único lugar al que ansiar regresar cada día.

La redimida quiso sonreírle dulcemente, dándole la bienvenida, pero toda intención quedó justamente en eso, cuando Thareon habló sobre su padre. Al parecer los pensamientos de la rubia sobre la tenacidad de ese dragón parecían quedarse hasta cortos. Iban a tener que esforzarse aún más, en ser cuidadosos. Pero, a Erah no le sonaba nada descabellado que tuviera una obsesión. Así como Moloch llegó a tener tantas... Thareon y ella misma, entre ellas.
A pesar de esos pensamientos que se tornaban oscuros y repletos de frustración, Erah no abandonó sus caricias, queriendo reconfortar al dragón que, junto a su retoño, era su prioridad. Los únicos que quedaban por encima de esa Revolución. Y, por mucha adversidad que se encontraran, aunque fuesen con nombre propio, no podían rendirse, habiendo llegado tan alto...

Pero entonces Thareon se revolvió, llamando la atención de la rubia, quien regresó de su ensoñación a tiempo para verlo acariciar la línea de su mandíbula. En esos azules vio esa adoración característica del dragón azul que la enamoró una vez más, restando toda importancia a esas marcas de suciedad que él dejaba en su piel. Cuando pasó el brazo tras Megerah y atrajo hacia él, ella sonrió, a pesar de que se mantenía atenta a sus palabras que traían más inquietud que dulzura. Lo abrazó bajo la manta, aliviada por tenerlo con ella de nuevo, permitiéndose el caro lujo de disfrutar de ese calor semiapagado del dragón. Cerró los ojos un momento, aunque la continuación de su murmullo consiguió que volviera a abrirlos. Para ella, que el dragón tuviera miedo no le parecía ninguna tontería. Porque implicaba una vulnerabilidad de la que podrían sacar mucho partido de la peor forma-. ¿Y qué será de nosotros, si tú enloqueces, Thareon? -se incorporó ligeramente, para poder encararlo. Que elevara su mano hasta posarla en la mejilla del dragón fue algo que también le salió sin pensar-. No puedo prometerte que no pasará. Tú mejor que yo conoces a tu padre y, por lo que dices, es posible que ya esté bajo nuestra pista. -decirle que no iba a encontrarles, era saliva perdida. La rubia no gozaba de fama de mujer inútilmente optimista. Quizás, Erah pecaba demasiado de realista. Pero, a su juicio, era lo mejor, dadas las circunstancias-. Tendremos que asumir esa posibilidad y enfrentarla si llega a pasar. -fijó su mirada en la contraria-. Y si pasa, tanto Itherskal como yo, te necesitamos cuerdo o estaremos perdidos... los tres. -recalcó, queriendo recordarle que tampoco era mujer que regalase cumplidos o mentiras para que los demás se sintiesen mejor. Thareon sabía que la redimida, era mujer con los pies bien puestos en la tierra.

Y ese abatimiento que Erah creyó ver fugazmente en la mirada del dragón, turbó a la rubia, sintiendo culpa instantánea. ¿Tal vez habría sido mejor regalarle a sus oídos lo que querían oír, aunque fuese una mentira? De mentiras, nadie podía vivir. No al menos, como se lo habían planteado ellos dos. Y bastante habían sufrido los dos para llegar donde ahora estaban-. Thareon... -murmuró bajito, antes de removerse para aproximar más su cuerpo al del dragón-. No pienso rendirme... Pase lo que pase, no dejaré de luchar por nosotros... Por él. Por ti. -ella entendía perfectamente ese miedo del dragón. Ella misma lo compartía, habiendo sentido esa punzada brutal de dolor, cuando lo creyó muerto tras ayudarlo a escapar del castillo. Había conocido tal felicidad, que le desgarraba por dentro la posibilidad de perder lo que ahora tenía. Por eso, lucharía hasta que un último hálito de vida, abandonara su cuerpo-. No te rindas tú... -suplicó quedamente, al tiempo de juntar sus frentes y acurrucarse un poco más, bajo su brazo.
Compartió, entendió y quiso librarlo de ese terror a la pérdida que lo estaba atosigando.
Porque nada de eso había llegado a pasar.





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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Thareon el Mar Mayo 01 2018, 22:42

La sonrisa de la mujer logró calmar parte de la tormenta interior del azul. Cerró los ojos durante un par de segundos, permitiéndose el lujo de respirar profundamente, dejándose llevar por su tacto y su cariño. Como si aquellos gestos de la mujer sobre él le ayudaran a tomar tierra y a librarse de los últimos retazos venenosos del monstruo que aún hormigueaban, silenciosos, en sus venas más profundas.

La mano de Megerah acarició su mejilla y perdió el tacto entre los oscuros rizos de su barba. - Ojalá pudiera darte una respuesta. - Terció, inclinando levemente la cabeza hacia la mano de ella, aún posada en su rostro, tapando parte de los crueles tatuajes que se mantenían imperturbables sobre su piel. - Tú misma lo has dicho, Erah. No podemos saber qué pasará, ni prometer que no tenga malas consecuencias. - Thareon alzó su mano libre para tomar la de la rubia entre sus dedos, con su suavidad y firmeza características. - No me estás entiendo. No es mi padre lo que me preocupa. No tengo miedo a rendirme. O a no ser lo suficientemente fuerte como para enfrentarme a Tharthreiz. Sino a abrir los ojos un día, empapado en tu sangre, o en la de nuestro hijo. ¿Entiendes? - Alegó, hablando ahora con más seriedad. Ya no estaba entrando en las cuestiones que involucraban a la Revolución, al Anciano o a su difícil cometido.
No, sus motivos en esa ocasión eran mucho más personales.

Sabía que lo que estaba planteando no era sencillo de asimilar. - No quiero ofenderte. Pero resulta mucho fácil hablar de no perder la esperanza, de no rendirse o de enfrentar consecuencias; que tener que lidiar con ello cada segundo de tu vida. - No pretendía hacerla de menos, ni por asomo. Pero consideró que, quizá, fuera el momento de arrojar luz sobre ciertos detalles en los que no había querido profundizar demasiado hasta ahora, por miedo a asustarla. Thareon relajó el abrazo sobre ella, retirando el brazo, y sacando sus dos manos de debajo de la manta. Las perdiads gotitas de lluvia que aún caían esporádicamente se estrellaron contra sus palmas, al igual que la mirada de sus ojos azul topacio. - Yo vivo teniendo que enterrar la tentación de sucumbir a la oscuridad de mi odio constantemente. Incluso ahora, lo noto… En mi interior, esperando el momento oportuno para salir y… devorarlo todo… para no dejar… nada... - Sus manos se cerraron en sendos puños, con fuerza, con rabia. - Mi padre, la Reina, la Rebelión… Cualquier excusa podría ser buena… simplemente para no ser capaz de contenerlo. De dejarlo ir y no saber qué pasará después, o ni siquiera recordar nada… Como ahora, que ni siquiera recuerdo cómo he llegado aquí. O si he matado a alguien por el camino... - Cosa bastante probable, a juzgar por las manchas de sangre que aún manchaban su piel.


El dragón suspiró, llevándose las manos a la cabeza. Se pasó los dedos crispados por el pelo oscuro y desordenado. Sin duda, ya iba siendo momento de darse un buen corte. Pensó fugazmente en ello, mientras trataba de seguir ordenando sus pensamientos. Logró relajar de nuevo el gesto, en parte por el hecho de sentir a la mujer junto a él. Diría más, probablemente no habría podido recuperar su estado mental habitual de una forma tan sosegada de no ser por ella.

- Sé que puedo contar contigo, Erah. Eres la única que sé que no me dará por perdido, incluso aunque yo sí lo haga. - Alegó, devolviéndole la mirada a la redimida. - Pero… Si te digo la verdad, siento cómo a medida que se acerca el gran día, esa sombra va creciendo. Y me voy volviendo más inestable. Incluso me da miedo estar demasiado tiempo con Itherskal… por lo que pueda pasar. - Llevó ambas manos al rostro de la mujer, como si el hecho de sostenerlo entre sus ásperos dedos le diera más confianza, más veracidad a sus palabras, a su propia convicción. - Claro que no quiero rendirme, y menos ahora. Pero… - desvió la mirada hacia un lado. Se mordió el labio inferior. Dejó caer las manos hasta el regazo de la mujer. - Simplemente, es difícil. Son demasiadas cosas... - ¿Parecía abatido? No exactamente. Más bien… parecía haberse quitado un peso interno de encima. Un peso que, no obstante, había dejado cierta sensación de vacío en él.


Última edición por Thareon el Lun Mayo 07 2018, 11:04, editado 1 vez







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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Megerah el Jue Mayo 03 2018, 21:45

La rubia sabía cuan importante era ella para el dragón y lo que implicaba su incondicionalidad para que pudiera apoyarse en ella y recuperar la tranquilidad perdida. Vulneraba así su entereza, quedándose expuesta mientras se centraba en el dragón.
Pero las palabras que arrastró esa voz grave esa vez, trastocaron brutalmente la línea de sus pensamientos.
De repente, vio con claridad meridiana lo que Thareon quería decir. El peligro constante al que tanto ella como su hijo estaban expuestos. Ese alter ego, parecía sentirse más a flor de piel, debido a la carga a la que el dragón azul se estaba viendo sometido. Sintió que ese intento y el esfuerzo que conllevaba tranquilizar al dragón y hasta animarlo en ese camino largo que le desgastaba, habían sido inútiles. Todo por interpretar mal lo que él estaba intentando expresar.

No se ofendió. Ni siquiera cuando Thareon rompió ese abrazo para expresar su frustración. Erah no podía recriminarle nada. Ni siquiera el conmocionarla hasta ese punto.Tragó saliva queriendo aliviar esa sensación de sequedad, dejando que sus ojos se humedecieran por esa realidad que ella había olvidado: esa criatura oscura, con una insaciable sed de sangre. Las manos le temblaron entonces, en ese estado expuesto, que había sido vulnerado sin mala intención. Repercutió más de lo esperado en ella, ser consciente del peligro al que ahora se enfrentaba con un pequeño que, sin rodeos, era lo mejor que tenía. De repente, todo dejaba de tener sentido. Como él había mencionado, ni su padre, ni la Reina o la Revolución, tenían cabida en esa conversación, tras el giro que él había dado. Un giro que pilló por completa sorpresa a la rubia.
Lo observó llevarse las manos a la cabeza, en claro signo de desesperación por no poder controlar lo que parecía incontrolable. Y ahí dejó su mirada, ausente, en lo que la presión que sintió en su pecho se transformó en escozor en sus azules, consciente por fin de cuánto se había confiado mientras la lucha interna de Thareon lo desgastaba cada día. Se sintió mal por esa punzada que tuvo de haberlo descuidado, pese a que él no le recriminaría nada.

De hecho, que Thareon le recordara que él confiaba ciegamente en ella fue lo que consiguió que enfocara sus iris aguamarina en el dragón, ignorando esa lágrima rebelde que cayó por su mejilla. Tragó saliva por lo dicho, sin mencionar palabra, dejando que aquellas manchadas y fuertes manos sostuvieran su semblante, hasta que cayeron sobre ella. La rubia bajó sus ojos a éstas, antes de buscar la mano derecha del dragón con las suyas, alzándola para poder posar sus labios sobre el monte de su pulgar, ausentando su mirad por un momento. Acto seguido, dejó que las tres manos descendieran hasta su pectoral izquierdo, justo encima de su pecho-. Escúchame. -comenzó con la voz un tanto ahogada, queriendo rearmarse lo más rápido y mejor posible-. Hace dos años, justo en este lugar...  -lo miró entonces, después de buscar en sus recuerdos-. Elegí seguirte. -aquella vez en la que Thareon la acorraló contra la cabaña, en ese golpe de ira al saber que la habían perseguido-. Con todo lo que implica, Thareon.  -el error podía haber sido suyo, al parecer.

No obstante, aunque no hubiese sido deliberado, quería enmendar esa falta de atención que podía haber ayudado a que Thareon ahora se viera más ahogado en la inestabilidad-. Sabes lo obstinada que soy...  -sonrió levemente- lo suficiente como para decirte que para mí nada ha cambiado. -dejó de sonreír entonces, con un pequeño suspiro-. Lamento no ponértelo más fácil. -la contundencia y la realidad que habían llevado sus palabras no querían golpear así al dragón. Aunque a Megerah le costaba opacarse en la esperanza-. No sé lo que es perder hasta la consciencia cuando todo sale mal... Ni me imagino el esfuerzo que haces por estar sereno con nosotros, cuando todo lo que te rodea te impulsa a esa oscuridad tuya... Pero no voy a abandonarte porque me digas que sientes miedo... u odio... o que estás cansado... -se humedeció los labios-. Que corro un peligro que ya es familiar para mí. -frunció el ceño-. O que me enfrento a la muerte si tú pierdes el control... -no era algo que ella no supiese. O que no hubiese comprobado Por toda esa repulsión que Leviathan ya había mostrado contra ella. No podía decir que no le amedrentara el solo pensamiento, pero...- Es un riesgo que yo quiero correr. -dudó entonces si realmente era algo que el dragón quisiera o necesitara escuchar. Era consciente de todo lo que le estaba recordando Erah, ¿verdad? La rubia aplacando esa incertidumbre momentánea quiso entonces concluir con su mejor verdad:- Porque te quiero, tonto.  -sonrió un poquito más, queriendo quitar mucho hierro a esa conversación. O, por lo menos, hacer el intento-. Porque sé que, al final, sea en esta vida o en la otra, estaré contigo libremente. -daba igual quién terminaba con su vida. O cuándo lo hiciera. El final del camino no cambiaría para ella.

Repasó entonces el cabello negro azabache del dragón, antes de volver a exhalar, algo más entera-. ¿Puedo pedirte un último esfuerzo? Quiero ayudarte... -preguntó con una dulzura impropia.





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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Thareon el Miér Jul 11 2018, 12:47

Thareon no habló, no medió palabra durante toda la explicación de su amada. Simplemente observó cómo ella tenía aquel gesto, besándole sobre el pulgar, para luego colocarle la mano sobre su corazón. Recordó, con claridad cristalina, aquella conversación, en la que tanto él como Leviathan estuvieron presentes. Un momento del que no se enorgullecía en exceso. Pero que fue determinante para la relación de ambos. Pues fue donde ella demostró todo su valor, como ella misma le estaba recordando en aquel momento.
Eligió seguirle, a donde fuera, como fuera, con monstruo o sin él.

Respondió a su sonrisa con otra sonrisa, incapaz de negar que la cabezonería era una de las muchas facetas que él más adoraba en ella, al menos la mayor parte del tiempo. Al igual que su empatía. Thareon era consciente de que, sin eso, su relación hubiera sido totalmente imposible. Que por mucho empeño que él pusiera, siempre habría una parte de él, oscura y peligrosa, dispuesta a destruir todo lo que se cruzara en su camino. Si había una persona en aquel mundo que pudiera entenderlo y aceptarlo sin ceder al miedo, esa era Megerah. Su Erah.

No le dolía que se lo recordara. De hecho, como siempre, el ayudaba a asentar las ideas y borrar de su mente cualquier atisbo de duda o inseguridad. Resultaba fascinante, en cierto modo, cómo él tenía tanta facilidad para ver cómo todo se tambaleaba; y cómo ella podía hacer que todo su mundo se volviera a estabilizar con un gesto, una palabra o una mirada. Aquella mirada, azul como la lluvia, de iris aguamarina.

Su última pregunta no pudo menos que romper del todo cualquier barrera que pudiera tener el dragón. Si es que a caso él podía siquiera levantar alguna contra ella. Thareon finalmente tiró suavemente de las manos de Megerah, para envolverla en un abrazo tierno, cálido y... necesitado. Como si llevara eones deseando hacerlo, hasta un punto interno, visceral e inconmensurable. - No sé qué haría sin ti, te lo prometo... - repitió, por enésima vez, al oído de la mujer. - No tienes que pedirme nada, Erah. Por ti, por Ither, estoy dispuesto a todo. Sois todo lo que tengo... - cerró un poco más el abrazo sobre ella, sintiendo que ahora era a él a quien le escocían los ojos y notaba los párpados pesados por culpa de las silenciosas lágrimas que, estando en la base, sencillamente no podía permitirse derramar.








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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Megerah el Dom Jul 15 2018, 20:32

Thareon e Itherskal eran los únicos que contaban con ese exclusivo privilegio que Megerah les regalaba. Porque, por mucho que intentara ayudar a los demás, eran ellos dos, dragón e híbrido, las personas más importantes para ella. Y la rubia estaba más que dispuesta a darlo todo por ellos, como así lo estaba Thareon también, al ser recíproco.
Era algo de lo que ambos eran perfectamente conscientes.

Por esto, precisamente, Erah cedió sin pensárselo a ese suave tirón de su compañero y posterior abrazo, como inicial respuesta a sus palabras. En un principio, se acurrucó contra él, dejando que el calor característico de Thareon, atravesara su ropa y llegara a ella. Un calidez que disfrutó sobremanera, llegando a cerrar sus azules en lo que escuchaba ese murmullo en esa voz ronca pero con un atisbo de turbación.
Fue entonces cuando Erah, finalmente, separó sus brazos y correspondió el abrazo, presionando a través del barro y la piel mojada-. Sois todo lo que tengo… -repitió mucho más bajo, sintiéndose del todo identificada con ello.
No le hizo falta esperar mucho, cuando ese nimio temblor se dio, revelándole la emoción de de su amado, por toda esa desesperación que lo había llevado tan al límite, hasta el punto de tener que abandonar las cuevas para perder el control. Megerah quiso ser ese apoyo incondicional una vez más. Esa roca en mitad de la corriente, a la que aferrarse a descansar. Conél siempre merecía la pena.

Fue así como pasaron los minutos, aunque Erah no llevase la cuenta. ¿Quién quería llevarla, queriendo una eternidad con aquellos fuertes brazos rodeándola? Ese hogar que ella siempre había considerado. Así podía irse el resto del mundo a la mierda. Megerah era feliz en ese mínimo espacio. En compensación por toda la protección y tranquilidad que aquel gesto despertaba en ella, repasó la espalda del dragón, por debajo de aquella manta que lo ayudaba a mantener el calor-. Volvamos a casa. -sugirió cuando ya, tras apartarse y poder perder su mirada en la contraria, vio esa estabilidad tan típica del dragón, restablecida.

Él asintió dejando que la rubia terminase incorporándose, para bajar del tejado. Una vez en el suelo, Erah se acercó a la montura para sacar un atuendo limpio para el dragón, habiendo sido del todo previsora. Thareon aprovechó el riachuelo para lavarse, se vistió y, a lomos de aquel caballo, ambos emprendieron el camino a la base.





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