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FB ~ I see you ~ Thareon

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FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Megerah el Sáb Ene 06 2018, 17:20

Llevaba horas sin verlo.
Pese a esos paseos que podía haberse dado por las cuevas cumpliendo con sus tareas en la medida de lo posible, Erah no había llegado a ver al dragón azul ni de refilón. Su ceño empezaba a mantenerse fruncido durante más tiempo conforme avanzaba el día y Thareon seguía sin aparecer. Por los hechos recientemente acontecidos, no pudo evitar que una progresiva resignación e inquietud germinara en su interior. Por lo que intentó distraerse, volcando toda su atención en aquel pequeño que apenas contaba unos meses de existencia.
Porque en lo más profundo de su ser, Megerah tenía la impresión de que algo no iba bien.

Itherskal robó sonrisas de ella todo el tiempo que la rubia estuvo con él, sin ser plenamente consciente de ello. Pero fue al segundo día sin noticia alguna de su pareja, que la rubia se tomó en serio conseguir algo más de información. Thareon no solía ausentarse tanto sin una razón de peso. Preguntó a las compañías que más frecuentaba el líder de la Revolución pero ninguno supo decirle gran cosa… excepto Trystan. Por mutuo acuerdo y por lo bien que habían encajado sus personalidades, el pelirrojo procuraba espiar la red en busca de noticias relevantes o gente que pudiera necesitar una mano, así el pelirrojo también se distraía de su tragedia personal… Y había sido así cómo había llegado a enterarse de que Tharthreiz, padre de Thareon, había regresado a Talos.
Y a la redimida no le hizo falta saber más.

En aquella cabaña del bosque escuchó la historia del Azul, la misma noche en la que tuvo lugar la Mascarada de Kariel; esa misma en la que Thareon y Erah se reencontraron y fueron abiertamente honestos; esa misma noche en la que Megerah tomó la irrevocable decisión de irse con él, lejos de todo lo que había conocido hasta entonces. Y no cabía el arrepentimiento en ella desde aquel día.
Así que, sabía cuánto afectaba Tharthreiz a la intrincada ecuación que ahora era Thareon.

Con un claro alivio por desechar la idea de que al dragón también lo hubiesen capturado de alguna forma, e intuyendo con convicción lo que había podido pasar, buscó a Lyvana para que cuidara de su pequeño. No se sentía del todo segura llevándoselo allí donde quería ir. Aunque fuese a buscar a su padre. Pudo garantizar a la peculiar albina que tardaría lo menos posible. Y, en realidad, ante las dudas que pudieran surgirle de si lo encontraría o no, dejó dicho que no tardaría más de un día. Calmando a la herborista con esa promesa inherente, Erah sonrió antes de despedirse de su hijo, que se quedaba en brazos ajenos. Esa determinación a la hora de hacerse con la montura, fue la que marcó las riendas del caballo, que la llevaron cerca de la ciudad… y más allá.


A esa cabaña que se ocultaba en el bosque, que había visto el principio de esa vida en común que ahora llevaban. Hubo ratos en los se desesperó pues aquel incansable galope se le antojó hasta lento. Pero avanzó al Sur conforme el sol pasaba por su cabeza, hasta que no llegaba a verlo, al esconderse entre los árboles del denso bosque. No podía explicar esa sensación que encogía su corazón, conforme se acercaba a su destino. Por suerte, recordó exactamente por dónde ir… hasta que la construcción de madera apareció ante sus ojos, algo deteriorada desde la última vez que la viera. Las plantas y la humedad habían hecho su intento de conquista, volviendo parcialmente verdosa la madera de las paredes. Y, sin embargo, aún despertaba esa sensación hogareña y familiar que hizo que la rubia sonriese suavemente, justo antes de desmontar. Se adelantó entonces a su caballo, cuyas riendas ató a uno de los postes que confeccionaban el pequeño porche que traía tantos recuerdos a su mente. Y al subir ese par de escalones, la madera crujió bajo su peso, mientras avanzaba con cierta cautela hacia la puerta. Y justo antes de tomar el pomo y empujar, suspiró por la nariz. Como si así aunara fuerzas para enfrentarse a la posibilidad de que sus premisas fuesen desacertadas y el dragón no estuviera allí. Su mano rodeó el tirador, lo giró y empujó. Despacio, la madera se fue apartando para que el interior de aquella cabaña quedase al descubierto para esos inquietos ojos aguamarina que no dudaron en pasear por todo aquello que se veía aún iluminado por la luz natural exterior-. ¿Thareon?





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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Thareon el Dom Ene 07 2018, 19:27


- Estoy aquí - respondió su voz, monocorde, desde lo alto. Sí, el dragón no se encontraba en el interior de la cabaña, vacío y sumido en el silencio al que la habían condenado desde que se habían ido a la base; y que sólo habían roto esporádicamente en sus misiones de abastecimiento, reconocimiento o reclutamiento para la causa.

Había escuchado el caballo acercarse, pero ni siquiera se había inmutado por ello. Estaba completamente desnudo, empapado, pues hacía relativamente poco que había dejado de llover. A primera vista no se sabría decir cuánto tiempo llevaba así, sentado sobre las placas de madera y musco, con las piernas encogidas contra el cuerpo, y el pelo negro y oscuro pegado a la cara, manchada de barro y restos de sangre reseca. Lo mismo podía haber estado cinco minutos que cinco horas. A Thareon, desde luego, le había parecido acercarse más a lo segundo, si bien no tenía demasiada noción de por qué estaba allí o cuánto tiempo había pasado.

Escuchó la mujer subir por la escalera de troncos hacia el tejado, y su olor le llegó, fuerte y ajazminado, lo que logró tranquilizarle, en cierto sentido. Suspiró, de hecho, pero de forma muy imperceptible. Se sentía "atascado", física y mentalmente, incapaz de moverse. Incapaz de pensar o concentrarse demasiado.

- Perdóname. - Dijo, escuetamente, cuando ella se acercó con su tradicional y bien pensada cautela. Aún tenía la voz algo áspera, del tiempo que había pasado convertido en Leviathan. Ambos sabían ya que era algo que solía ocurrirle cuando pasaba demasiadas horas en esa forma. Que Thareon regresaba sin quererlo al mismo estado en el que estaba antes de que se fueran a Isaur, demasiado dominado por la bestia, demasiado peligroso para los demás, y para sí mismo. Que ya lograra pedir disculpas por haber salido corriendo sin decir nada a nadie, dejando toda la rebelión y a su propia familia en la inopia durante casi dos días; se podía considerar un verdadero logro. - Pensaba que Trystan acudiría a ti antes.

Quizá se debiera a que tardó en reaccionar, o quizá porque el propio Trystan entonces no había llegado a imaginarse lo que pasaría en el interior del dragón azul cuando le contó que Tharthreiz Ironscale, el viejo Tharthreiz Ironscale, su padre, el asesino de su primera familia, el gran guerrero que lo condenó a un verdadero infierno hacía ya casi ocho años... estaba en Talos. En Talos. Buscándole. Porque, ¿qué otra cosa iba a hacer si no su padre en la capital de Imperio? No... No, por más que lo había pensado no había encontrado un motivo por el cual aquel viejo hijo de perra hubiera vuelto. Sí, sí, sí, sí... Seguro que había regresado esperando encontrarlo en la misma mierda en la que le dejó, hundido, humillado, olvidado... Para restregárselo, acercarse y humillarle aún más, poniendo su bota sobre su nuca para seguir demostrando su superioridad. Sí, aquello era típico de Tharthreiz.
Seguro que se había llevado una buena sorpresa al descubrir que su hijo ya no estaba donde lo dejó. Que se había vuelto a hablar de Thareon Ironscale, aquel al que con tanto ahínco había tratado de dejar sin nombre o identidad, y de convertir en una sombra más. Seguro que eso le había enfadado y frustrado, por eso no le extrañaba nada pensar que seguro que el viejo lo andaba buscando, desesperado, tratando de averiguar dónde estaba...

Sí... no le extrañaba nada. Y, oh, sí... Le esperaría, con las fauces bien abierta, las garras sacadas, las espinas en ristre... para destrozarlo como había destrozado a tantos. Para beberse su sangre, para esparcir sus vísceras y masticar su corazón palpitante...

La emoción había sido demasiado contradictoria y fuerte para Thareon. El cual, no había podido lidiar con el violento devenir de sentimientos de ira y destrucción, de deseo de muerte, de sed de venganza... Su último pensamiento lúcido, lo último que recordaba en verdad; había sido salir corriendo de la base para no poner en peligro a nadie. Para no poner en peligro a Itherskal, a Megerah... No podía estar cerca de ellos en ese estado. Recordó rugir, montaña abajo, el dolor de transformarse, alzar el vuelo y...
... nada más. Nada hasta encontrarse tirado en medio del bosque, bajo la lluvia que hacía poco que había cesado.


Megerah ya lo encontraría sobre aquel tejado, con el gesto ido y confundido por el vacío en su memoria. La rubia, que ya tenía experiencia en aquellos casos, sabría que Leviathan se hallaba en el silencio. Presente, muy en el fondo, pero en silencio. Thareon estaba relajado, a pesar del aturdimiento y de aquella especie de shock emocional. Ciertamente, habría esperado que la mujer acudiera antes, pero no la culpaba, ni a ella, ni al pelirrojo. La vida en las cuevas era caótica y las noticias podían tardar en llegar. Seguramente, de haber sido la propia Megerah la que le hubiera dado la noticia, ella habría sido la primera en salir corriendo tras él.

- ... No me podía quedar, Erah. - Era su única excusa y su única explicación. Tampoco había mucho más que pudiera decir al respecto. Habló sin despegar la vista del punto infinito en el que la mantenía, con la mirada turbada y ausente, igual que su voz y su expresión.






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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Megerah el Dom Ene 14 2018, 19:58

Erah no pudo decir que, de lo alerta y tensa que estaba, se sobresaltase ligeramente al escuchar esa voz -que reconocería en cualquier lado-, venir de otro lugar que no fuera el interior de la cabaña. Su primer impulso fue mirar hacia arriba, pero sus ojos se encontraron con la madera que confeccionaba el techo del porche. Sin dudar, retrocedió sobre sus pasos, para poder ver mejor, y encontrarse al dragón azul, acurrucado sobre la madera del tejado.

Con gesto aún inquieto en su rostro, frunció sutilmente el ceño, antes de acercarse a su montura, hacerse con la manta que resguardaba parte del lomo del animal. La traviesa de Saeh, asomó la cabecita por el hueco que dejaba el cuero de uno de los morrales que colgaban a sendos lados del caballo. La rubia, al verla, sonrió de lado, antes de estirar el índice y acariciar con la yema el minúsculo mentón y cuello de la inquieta ardilla que siempre seguía a la redimida sin razón ni descanso-. Quieta aquí. -susurró la mujer, antes de abrazar la manta, ahora doblada, contra ella y acercarse a las escaleras que llevaban al tejado.

Subió con cuidado, dejando que su peso volviera a ser claro indicio de su presencia, al hacer crujir la madera, una vez más-. Thareon. -murmuró su nombre, con un regusto balsámico, escondiendo una sonrisa que también evidenciaría la tranquilidad de haberlo encontrado después de esas horas de visceral inquietud. Se aproximó a él con titubeante estabilidad y esa precaución adquirida de esas circunstancias que aún se daban, con menos frecuencia, eso sí, cuando el Azul dejaba que aquellos sentimientos viscerales lo hicieran sucumbir a su alter ego, para destruir todo cuanto se ponía a su paso. Bien sabía la rubia que, en esos casos, era más inteligente y práctico ponerse tras él. Seguirlo o simplemente buscarlo después, dejándole hacer y desahogarse con total impunidad. A punto estaba de acuclillarse a su lado, cuando escuchó sus disculpas. Erah frunció el ceño, no viéndolas necesarias. Ella misma no había evitado inquietarse, influenciada por las circunstancias más recientes. Pero, ¿Thareon? Ya había desaparecido así más de una vez a lo largo de esa corta vida juntos. De hecho, fue ese tiempo que tardó en hablar con Trystan lo más agónico. Porque, el resto, ya le dieron claras pistas a la redimida. Fue la mención del desafiado lo que animó a articular a la mujer:- Quizás no me encontró. -también el pelirrojo vivía su propio duelo. Era demasiado fácil que ninguno de los dos encontrase motivos de peso, cuando era fácil no verse en la misma base de las cuevas por un día entero.

No le dio mayor importancia, centrándose ahora en esa actitud ausente de Thareon. Aún en ese caso, Megerah sabía que no debía confiarse. Menos con ese otro yo del dragón, que ella sabía que permanecía en las sombras siempre, acechando. Con esas premisas, la rubia no podía permitirse el lujo de hablar con despreocupación, pues Leviathan podría volver a saltar con relativa facilidad.

Así, optó por la prudencia, aunque internamente tuviera unas ganas locas de atraerlo hacia ella y estrecharlo. Que su abrazo supusiese para él, ese hogar que el del propio dragón siempre había supuesto para la rubia. Un gesto que significase ese remanso de paz en el que resguardarse siempre, de toda adversidad. Pero, Thareon necesitaba aún algo de tiempo y Erah, estaba más que dispuesta a dárselo y a sacarlo de aquel preocupante estado. Por ello, acercó la mano que más cerca tenía de él, para rozar de forma suave, dulce, la parte posterior de su antebrazo. Una caricia de sus yemas que ni siquiera quería sentirse, palma arriba, mostrando una sumisión tácita. Tentó sutilmente al dragón, llevando sus yemas al lateral de su masculina mano, cerca del meñique, queriendo ver una reacción por parte de él.

Y aquella voz rasposa volvió a cruzar sus oídos, consiguiendo que Megerah regresara de sus cavilaciones y se centrara en él-. Lo sé. -ella sabía perfectamente lo destructivo y contraproducente que hubiera sido de soltar a Leviathan por las cuevas de la Revolución. Ella sabía lo duro que se le hacía al dragón el alcanzar a alejarse antes de que todo pasara. Con un exhalo algo más marcado, por la nariz, tomó la rápida decisión de desdoblar la manta con una sola mano, y cubrirle los hombros como mejor pudo, moviéndose lo menos posible. El ambiente era fresco, húmedo. Algo que al dragón no le venía nada bien, desnudo como estaba. Y fue su mirada ausente, lo que la instó a dejar de tentar su mano, y alzar sus dedos hasta la mejilla del dragón, para dejar una cálida caricia y, también tirar suavemente, forzándolo dulcemente a que la mirase-. Estoy aquí... -su tono fue solemne, siendo verdaderamente expresiva con esa mirada aguamarina que en aquel segundo se mostraba ansiosa por calmar, por arrullar, por expresar tanto a aquellos orbes azul topacio que amaba mirar. No quiso caer en el tópico de ”todo saldrá bien”. Fuera lo que fuese, al final, sería.

Pero lo que Megerah tenía más que claro, es que lo que fuera, sería junto a él.





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Re: FB ~ I see you ~ Thareon

Mensaje por Thareon el Dom Feb 18 2018, 14:10


- Lo sé... - repitió él. Sus palabras, que no su tono de voz. Pues el del dragón azul seguía siendo ausente, como su mirada. Evadido de la realidad. Daba la sensación de que tenía un pie puesto a cada lado, a caballo entre la situación real y la que fuera que estaba desarrollándose en su cabeza.

Empero, como fuere, pareció tener la conexión suficiente como para estirar sus fuertes y curtidos dedos, manchados del mismo barro y sangre que tiznaban su rostro, para tocar los de la mujer. ¿De quién era esa sangre? Quizá de alguna presa, un animal, una persona... o de otro dragón, del que hubiera bebido esa sangre ávida y seductora, que tanto había esclavizado su mente cuando Moloch lo mantenía encerrado en aquella jaula oscura.
Thareon ni siquiera lo sabía, porque su ira le había cegado tanto que Leviathan se había apoderado de su ser por completo. No sabría decir qué atrocidad había cometido, si es que la había cometido.

Hacía mucho, mucho tiempo, que Thareon no se descontrolaba de aquella manera. Casi desde que Megerah y él se fueron a Isaur, precisamente para que el dragón pudiera ahogar su furia en el anonimato del desierto.


El crujido de las tablas, sus pasos cautelosos, su presencia a su lado, sus escuetas pero siempre tiernas palabras, el precabido roce sus dedos... Todos gestos pequeños, sutiles, pero no menos eficaces.

- Él está aquí. Trystan me lo ha dicho. - Era una sensación extraña. Porque era como oír hablar a un niño asustado, pero al mismo tiempo, daba miedo. Miedo, sí. El niño en el interior de Thareon no estaba atemorizado, sino rabioso, lleno de ira. No era un niño. Era un monstruo al que trataba de amansar, despacio, constante, sabedor de que otra gota de ira, una palabra mal dicha, podía desatar de nuevo el caos. - Mi padre, Tharthreiz. - Casi, casi... Sus ojos se estrecharon al mencionar el origen de su estado. Las escamas azules brillaron por un momento bajo su piel. Casi, casi... Pero no. Thareon inspiró hondo, mientras las pequeñas gotitas de lluvia resbalaban por los tatuajes de su piel. - Ha vuelto de Edén, después de tantos años... y me puedo imaginar el por qué. - Por fin algo de emoción tiñó sus palabras: triste amargura. No era una emoción feliz, pero al menos era algo. - Sólo de pensar en él me... - otra vez, la sombra del monstruo se dejó ver en sus ojos, deseosa de salir fuera, de seguir liberando su ira...

Pero las palabras de la rubia se habían quedado en sus oídos, amansando aquel impulso. "Estoy aquí". Y volvió a hacerse el silencio. Ese silencio que ella sabía respetar, porque sabía que él lo necesitaba. Ese silencio que representaba el grado de unión que había entre los dos, que simbolizaba ese lazo que hace que las palabras sean innecesarias, porque no hay nada que necesitara ser dicho. Ambos ya lo sabían.
A lo lejos, sonaron truenos de tormenta...

- No quería poneros en peligro, y menos estando Itherskal y Elianne cerca. Tenía que irme... - Sí, sabía que Erah no necesitaba escuchar más excusas. Que ella lo entendía mejor que nadie, más que acostumbradas a aquellas reacciones suyas. Más que consciente de sus motivos. Pero era parte del proceso de volver a su estado mental normal: repetir las cosas, decirlas como quien habla medio dormido, casi inconsciente de sus palabras, pero consciente de que habla, al fin y al cabo.
Podía ser lento, quizá exhasperante, pero era necesario. La toma del control, la batalla constante, entre el hombre y la bestia.






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