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Mensaje por C'Nedra el Miér Ene 03 2018, 02:17

Escena +18|BDSM.-

Mis dedos se perdieron entre las blancas sábanas, la áspera tela raspando mi piel. Nunca había aprendido a diferenciar los límites entre los sueños y la realidad, esas oscuras pesadillas capaces de rivalizar con cada uno de mis recuerdos. Mis uñas se clavaron contra el delgado colchón, la piel perlada de frío sudor. Instantes sobre los que no tenía poder alguno, instantes en dónde nadie podía culparme por esos horrores de lo que no podía ni quería escapar. O por esos retorcidos anhelos que se negaban a rendirse al pasado, un secreto.

‘‘...las cuerdas se enredaban entre mis muñecas, dejando detrás de sí rojizas marcas que no me pertenecían, que jamás lo harían. Porque eran de él, y sólo de él. Cada una de ellas, su capricho. Desesperada, intenté una vez más deshacerme de esos perfectos nudos que mantenían mis manos quietas a mis espaldas, pero sabía que no había escapatoria alguna. Porque no eran las sogas las que me mantenían quieta en mi lugar, no era la venda en mi boca la que hacía que mi ruegos se perdieran entre las paredes desnudas. Era el saber que él me quería así: arrodillada sobre el duro suelo a sus pies, rogando una y otra vez por una efímera caricia, por mísero halago capaz de hacerme olvidar de la crueldad de sus manos.

Sentí como se acomodaba detrás de mí, atrapándome entre sus piernas. Sus dedos se deslizaron lentamente sobre el largo de mis brazos, sólo para poder observar la impotencia que me provocaba no poder devolverle el gesto, el sentir su piel erizarse bajo mis manos, reclamando poco a poco el escaso control que yo aún tenía sobre mi cuerpo. Cerré los ojos, buscando escapar de esa perfecta tortura. Su cuerpo se adueñó del espacio que nos separaba, su pecho contra mi espalda, su rostro entre mis cabellos. Y mis manos terriblemente quietas contra él porque no tenía que imaginar que pasaría si me atrevía a tocarlo cuando no tenía su permiso. O peor aún, cuando no lo merecía.

Su voz se perdió contra mi garganta desnuda, una advertencia cargada de terribles promesas, una amenaza. Un escalofrío recorriendo mi piel. Mis rodillas se arrastraron sobre el áspero suelo, separándose ligeramente. Un murmullo teñido de desaprobación fue toda la advertencia que tuve antes de sentir dolorosamente sus dientes contra mi cuello. Y con sus dedos enredándose firmemente entre mis cabellos, dócilmente mis piernas se abrieron para él y sólo me atreví a detenerme al sentir el calor de su lengua contra la marchita y dolorida piel. Mi pecho subiendo y bajando rápidamente, las mejillas encendidas, el saber que aquella mirada verdosa parecía incapaz de abandonar el reflejo que devolvía el gastado espejo que descansaba frente a nosotros.’’


Me removí inquieta en la cama, atrapada entre el calor de mi propio cuerpo y las sábanas que ahora se arremolinaban a mis pies. Mis párpados se agitaban inquietos, el pulso acelerado. Y no fue hasta sentir la retorcida seguridad de aquél otro cuerpo contra el mío, que mi respiración pareció calmarse, ese eterno pavor que corría por mis venas cediendo lentamente ante esas cicatrices que acariciaban mi cuerpo una vez más. Porque incluso estando tan lejos de ese instante, una parte de mí aún sabía que él no dejaría que las pesadillas me lastimaran.

‘‘En un susurro contra mi piel, el recuerdo de aquellas dos reglas que había cometido el iluso error de creer que eran demasiado fáciles de seguir. La mirada clavada en el espejo y las piernas separadas. Y él ni siquiera había tenido que tocarme para hacerme romper ambas, para hacerme entender que no sería la única vez. La promesa de un castigo brillaba en su mirada y ambos sabíamos que no era sólo miedo lo que oscurecía mi mirada en aquél instante. Y en un último error, buscando escapar de aquello que se escondía tras su sonrisa, mis pupilas se deslizaron sobre el espejo hacia abajo, hasta sus dedos acariciando el largo de la fusta.

El oscuro cuero se perdió inocentemente contra mi piel, engañosas caricias que sólo podían profetizar retorcidas y provocadoras pesadillas. La punta de la fusta recorrió lentamente el largo de mis muslos mientras su otra mano se aferraba a mis caderas, manteniéndome en mi lugar, negándome cualquier intento de alejarme de esos suaves roces que me quemaban por dentro. Sacudí inutilmente el rostro, mis cabellos enredándose entre los suyos, mis ojos abriéndose suplicantes. Porque sabía del peligro que acechaba detrás de esos delgados iris, porque sabía que sin importar cuanto lo negara, lo quería.

El chasquido de aquél primer golpe contra mi cuerpo rozó lo profano. La sorpresa enredándose con ese inicial dolor, mis piernas traicionándome y chocando una con otra, tratando de alejarlo de mí. Mi silueta temblaba contra la suya, el reproche inundando mis facciones. Pero ésta vez, sólo bastó con distinguir su ceja alzándose en un silencioso reto. Y para mi completo horror, pude observar como mis piernas volvían rápidamente a separarse, temblando, rogando por más. Por ese ardor que latía sin pudor alguno bajo su mirada, por la carne enrojecida y el perverso placer que se dibujaba en sus facciones.’’


Escabullí mi rostro contra su brazo, el ceño fruncido y el miedo corriendo por mis venas. Mis uñas se hundieron contra mis piernas, arañando, rasgando la piel. Quería escapar de la confusión que habitaba dentro de mí, de los demonios que reclamaban mi atención en medio del caos. No quería la culpa ni la verguenza de saber que me estaba traicionando a mí misma. No quería que las pesadillas desnudaran sin permiso alguno lo sucia que estaba mi alma, lo que se escondía detrás de esa retorcida inocencia.

“Ya no sabía si rogaba para que se detuviera o para que no se atreviera a abandonarme ahora. Ya no sabía distinguir entre el placer y el dolor, ya no sabía tener uno sin el otro. Las lágrimas humedecían mis mejillas, mis dientes se clavaban contra la tela que separaba mis labios. Un último golpe, la fusta ahora olvidada y mi cuerpo estremeciéndose contra él. Dejé que mi cabeza cayera contra su hombro, apenas consciente de los temblores que sacudían mi silueta, de la insistente presión de su cuerpo contra el mío. La suavidad de sus palabras deslizándose sobre mi piel justo antes de reclamar lo que le pertenecía.

Su mano abandonó mi cintura, recorriendo lentamente el camino hasta alcanzar mi rostro. La mordaza se arremolinó en la base de mi cuello y obediente, dejé mi boca ahora vacía abierta para él. El largo de sus dedos contra mi lengua, mis dientes acariciando su piel. Mis pupilas se deslizaron sobre el espejo, buscando su mirada en el mismo instante en que mis labios se cerraron sobre sus dedos. Las mejillas ahuecadas y aquél profano movimiento de sus dedos. Una cruel distracción. Porque no era esa mano la que amenazaba con empujarme un poco más allá, la que anunciaba que él recién estaba comenzando y que iba a hacerme arrepentir de cada una de mis súplicas.

Podía ver su piel bronceada contra la mía, su mano deslizándose sobre mis piernas libres de marca alguna. Su mirada abandonó la mía para poder seguir el camino de sus dedos contra la parte alta de mis piernas, cada vez más cerca de mi piel enrojecida, las huellas de la fusta latiendo bajo sus caricias. Podía sentir como mi cuerpo se tensaba, la respiración agitada, un gemido ahogado por culpa de su mano. Porque ahí donde yo no podía tocarlo, dónde yo debía luchar contra ese anhelo del que no sabía cómo escapar, sus manos me recordaron una vez más que para él, no existía límite alguno.’’


Mis piernas ardían por culpa de mis rasguños, su camisa pesada contra mi piel. Ya no estaba totalmente perdida en mis sueños, la realidad comenzaba a enredarse dentro de mí, ya nada quedaba fuera de mi control. Mi mano rozó aquella otra mano y me aferré a ella con fuerza, guiandola contra mí. Esa áspera piel contrastando con la suavidad de mis piernas, buscando calmar ese efímero dolor. Las pesadillas aún reclamando mi atención. Las manos entre mis piernas, perdiéndose un poco más en mí. Esa mezcla entre temor y curiosidad, el pánico de saber que aquello estaba mal. La piel sensible y los dedos húmedos.


‘‘Good girl.’’
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