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Is it sick of me to want you crawling on your knees? {C'Nedra}

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Is it sick of me to want you crawling on your knees? {C'Nedra}

Mensaje por Mercurio el Mar 19 Dic - 4:08


Mild sexual content:
El cabello rubio de la chica se desparramaba en mi cama, lo cual me causaba cierto desagrado. No me gustaba que cualquiera yaciera en ésta, pero difícilmente podía echarla sin dejar que recuperase el aliento. El olor a sexo en el ambiente era leve y no me molestaba, pero su presencia no era de mi agrado, a pesar de que había sido yo el que había accedido a traerla a mi casa por un ambiente más íntimo en pos de quemar el fuego que últimamente se encendía con más facilidad en mi cuerpo. Había intentado buscar a alguien que se adaptara más a mis gustos recientemente descubiertos, pero después de todo, C’Nedra caía tan bien en el rol de sumisa que no podía evitar comparar y encontrar a mis conquistas decepcionantes. La inocencia fingida, las reticencias a entregarse, por muy veladas que fueran eran obvias para mí e inevitablemente me frustraban cuando podía tener algo mucho más… aluring.

Así que sexo tradicional era. Manteniendo los tantos separados, y mis deseos un tanto frustrados pero más calmados.

La chica rubia se movió. No recordaba su nombre ni me importaba. De hecho, esperaba que ella hubiera olvidado el mío. No me interesaba crear vínculos con ella. Cuanto antes se fuera de mi vista, mejor.

Unos golpes en la puerta me alertaron de la presencia de visitas. Poca gente podía visitarme o tenía razones para hacerlo, generalmente gente importante, así que fui a ver quién era sin preocuparme por estar sólo en ropa interior.

Abrí la puerta levemente para ver quién era. No era una sorpresa ver a C’Nedra ahí, después de todo venía con cierta frecuencia, pero definitivamente bad timing. Abrí la boca para decir algo pero todo lo que salió fue un gruñido de sorpresa cuando sentí sobre mi espalda un par de mullidos pechos, el roce de cabello en mi hombro y una mano que se colaba en mi ropa interior para tocar mi sexo.

-Dame un momento -dije antes de cerrar la puerta. En cuanto me giré, ella se arrodilló. Tragué saliva, recordando cuando C’Nedra estaba en esa posición. Una de mis fantasías favoritas, sin duda. Y a pesar de que no era ella, tuve la indulgencia de dejarla seguir.

Sin vergüenza ni duda la mujer bajó mis calzoncillos y tomó mi sexo en su boca, haciéndome soltar un sonido de placer mientras dejaba que mi cabeza golpeara levemente contra la puerta a mis espaldas. Muchas veces me había preguntado cómo iría con C’Nedra si aquello ocurriera. Sería tentativo e inocente? Sería desprovisto de vergüenza, algo que había hecho antes para complacer a su pirata? No lo sabía. No importaba demasiado la respuesta, pero en mis imaginaciones variaba cómo sería según mi humor.

La rubia hizo un rápido trabajo lamiendo y succionando con destreza. Ambos sabiendo que yo no iba a tomarme mucho tiempo para volver a abrir la puerta. Una mano se escurrió entre mis nalgas. Eso era definitivamente algo que no imaginaba a C’Nedra haciendo. No sin permiso, no sin un pedido mío. No. Lo nuestro sería mucho más un juego de dominación que de placer. Enredé mis dedos en los cabellos y marqué el ritmo hasta que sentí cómo aflojaba la mandíbula, pero se ahogaba fácil, no acostumbrada. Estaba bastante seguro que C’Nedra lo haría mejor de estar en su lugar. Me dejaría hacer lo que quisiera con tal de complacerme. Había sido entrenada para eso… una de las razones por las cuales no la tocaba de más.

Sentí el calor en mi vientre y agarré sus cabellos, por un momento iba a tirar su cabeza hacia atrás, terminar en su rostro en un acto de plena dominación, pero descubrí que no me apetecía tanto como cuando imaginaba a C’Nedra haciéndolo, así que simplemente la mantuve hasta que hubo lamido y succionado cada gota.

Se incorporó con una sonrisa ladina y me besó, compartiendo conmigo mi propio sabor. Rodé los ojos mientras ella reía y le hice gestos de que se fuera.
–Vístete y vete, no puedo tener todo el día esperando a mis huéspedes.

-No me vas a presentar?

-No. –Acomodé mi sexo y fui a abrir la puerta. Sabía que debía presentar un aspecto algo indecente, pero C’Nedra me había visto de maneras peores. –Pasa, voy a lavarme un momento –Dejé la puerta abierta para la rubia que al salir le susurró algo al oído de C’Nedra. Rodé los ojos y cerré la puerta.

Fui hacia el baño y dejando la puerta abierta comencé a lavarme, por alguna razón no me parecía bien estar al lado de ella oliendo a sexo.
–Acomódate, sólo tardaré un momento más –Dije sacándome la ropa interior y metiéndome a una bañadera antes de tirarme un baldazo de agua encima y pasar mi mano enjabonada por mi cuerpo.





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Re: Is it sick of me to want you crawling on your knees? {C'Nedra}

Mensaje por C'Nedra el Dom 24 Dic - 18:47

Pasos apresurados y desordenados cabellos que la brisa insistía en enredar alrededor de mi garganta. El largo del gastado vestido que se arremolinaba entre mis piernas, una inocente ilusión encendiendo mi mirada. Podía sentir el calor quemando mis mejillas, mis dientes hundiéndose contra mi labio buscando contener la sonrisa que parecía incapaz de abandonar mis facciones. Las manos manchadas de pintura, pequeñas huellas que se perdían sobre el resto de mi cuerpo. Y entre mis brazos desnudos, apretado contra mi pecho, el calor de mi recompensa: un hipopótamo de peluche.

Un carnaval itinerante acababa de llegar a la ciudad y con él, esa eterna fascinación. Una que me había obligado a romper la promesa que me había hecho a mí misma, de no poner un pie en el carnaval hasta que no lograra convencer  a Mercurio de que me acompañara. Apreté un poco más el peluche contra mí cuerpo antes de doblar bruscamente en una esquina. Sólo había ido a un juego... porque sabía que a los demás no podía ganar sola. Y por eso ahora, corría en busca de él. Porque quería que estuviera ahí conmigo, porque él era lo único que podía competir con esa infantil excitación que latía dentro de mí.

Me detuve frente  su puerta, intentando controlar mi respiración, mi pecho subiendo y bajando desesperadamente. Pero apenas podía contener la emoción que me desertaba la idea de arrastrar de la mano a Mercurio, entre coloridas carpas y espectáculos que me mantendrían despierta durante demasiadas noches. Mis nudillos repiquetearon sobre la delgada madera mientras apartaba unos molestos mechones de cabello de mi rostro. Los instantes en que sólo el silencio fue toda la respuesta que tuve, me parecieron eternos. La ansiedad me hizo dar un pequeño brinco en el lugar, escondiendo momentáneamente mi rostro contra el suave juguete.

Hasta que por fin, la puerta se abrió ligeramente. Mi sonrisa alcanzó mi mirada en el mismo instante en que distinguí aquellos iris verdosos, las cicatrices sobre su piel. Pero jamás alcancé a abrir la boca, las palabras se perdieron en mi garganta. Sus cabellos rubios se entremezclaban, sus cuerpos imposiblemente juntos. Pálidos dedos que trazaron su camino sobre su pecho hasta perderse en… Aparté rápidamente la mirada, mis pupilas clavándose en el sucio suelo. Su voz apenas un murmullo lejano. El ruido de la puerta cerrándose frente a mí resonó dolorosamente en mis oídos, la traición de saberme demás. Ya no había rastro alguno de esa felicidad, la confusión inundando mis facciones y algo más que no me atreví a reconocer, carcomiéndome por dentro.

Mis dedos se cerraron débilmente contra el suave cuerpo del pequeño animal que ahora caía a un costado de mi cuerpo. Y en el mismo instante en que me atreví a alzar la mirada, aquél ahogado sonido fue capaz de robarme cualquier atisbo de duda. Temblando y con la mirada errática clavada sobre aquella horrible puerta, retrocedí torpemente unos pasos. Pero no podía alejarme de ahí, no de verdad. Porque él me había pedido que lo esperara, porque no quería hacerlo. Porque no podía escapar de las imágenes que revoloteaban en mi mente en aquél momento, del caos que latía bajo mi piel.

No podía evitar imaginar una y otra vez, a Mercurio reclamando cada grito y cada súplica que abandonaban los labios de la mujer, adueñándose de toda su atención, de toda su voluntad. Sus manos cerrándose en torno a la fusta, el oscuro cuero deslizándose contra aquella pálida piel, arrancándole escalofríos justo antes de que el placer y el dolor se convirtieran en uno. Imponiendo por fin y sin pudor alguno, cada uno de sus caprichos, aquellos que estaban demasiado lejos para mí, aquellos que yo no era capaz de complacer. Sin pasado de por medio, sin límite alguno.

Mi fusta, mi bastón. Aquél que todavía podía sentir contra mi cuerpo, aquél que todavía hacía que inconscientemente buscara a Mercurio para sentarme sobre sus piernas, porque así dolía menos. Aquél que ahora arrancaba pesadas lágrimas y desesperados ruegos en alguien más. Las rodillas raspadas por culpa del áspero suelo, las mismas marcas de las cuerdas contra cada rincón de su cuerpo. Los dedos de Mercurio deslizándose arrogante entre su garganta y mi collar, obligándola a mirarlo. Su mirada terriblemente oscura y...

Demasiado tarde la puerta volvió a abrirse, pero la presencia de Mercurio quedó opacada tras la sonrisa de la mujer que rozó mi silueta con la suya, su voz rasgándome por dentro. No sabía cómo ocultar la tristeza que oscureció mi mirada en aquél instante, cómo negar el dolor de saber que yo no podía estar a la altura de los deseos de Mercurio. Sin atreverme a mirarlo y evitando tocarlo, pasé un tanto reticente junto a él antes dejar que cerrara la puerta a mis espaldas. Asentí levemente a sus palabras antes de sentir cómo desaparecía hacia el baño, dejándome otra vez sola.

Y en contra de mi voluntad, mi mirada se deslizó en dirección a su habitación. La cama desordenada y la ropa olvidada sobre el suelo. Inconfundibles huellas de algo que ahora ensuciaba el lugar que para mí, significaba esa retorcida seguridad que Mercurio me brindaba después de reclamar los secretos que se escondían entre esas paredes. En silencio, me escabullí por la puerta del baño que Mercurio había dejado abierta. Mis rodillas chocaron contra el piso, lo más lejos de él que el pequeño cuarto me permitía. La mirada baja y un escalofrío recorriendo mi columna. Volví a apretar con fuerza el peluche contra mi pecho, como si aquél gesto bastara para protegerme del error que significaba aquél instante.

-¿La mujer, ella…?- mordisqueé inquieta mis nudillos, hasta que mis dientes hundiéndose contra mi carne fuera lo único que llenara mi mente- ¿Usted…?- y aunque una parte de mí no quería acercarse a él, otra quería ser quien limpiara el aroma de la mujer de su piel, quien borrara las marcas de su cuerpo, el agua humedeciendo mis manos, resbalando contra él hasta que sólo quedara un lejano recuerdo- ¿Ella es como yo?- pregunté en voz baja, perdida, asustada- ¿Suya?- sólo entonces me atreví a buscar su mirada, esa traicionera y ciega confianza resplandeciendo detrás de mi mirada, esa perversa inocencia que en contra de toda cordura, me arrastraba cada vez más hacia él- ¿Pero mejor? Porque ella puede hacer todas las cosas que usted quiere... ¿Tocarlo cómo le gusta y…?- la voz se me quebró y la decepción que sentía por mí misma se enredó entre mis palabras- ¿Ya no va a querer jugar más conmigo, Mercurio?
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Re: Is it sick of me to want you crawling on your knees? {C'Nedra}

Mensaje por Mercurio el Dom 14 Ene - 2:03

Me sorprendí al escuchar la puerta abrirse más y ver a C’Nedra entrar por entre las cortinas de agua que caían de mi cabeza. Esperaba que espiara y dudara. Bold. I like it.

Ladeé una sonrisa complacida mientras me limpiaba más lento, casi dándole un espectáculo.

Esperé con paciencia. No estaba seguro de qué quería preguntarme. Con ella nunca lo estaba. Parpadeé en confusión. Como C’Nedra? Entonces aclaró. Y aclaró más. Haciendo que algo en mi pecho se contrajera.

Una mano enjabonada se aferró al cuello de C’Nedra, y con ésta la atraje hacia mí. Mi rostro contra su oreja, en la cual hablé en susurros.


-No. Ella es sólo una mujer con la que he tenido sexo. No me interesa buscar en otro lado alguien más cuando ya tengo a una muy buena sumisa que encaja muy bien conmigo. Además tampoco te abandonaría así como así… no como tú planeabas abandonarme cuando te fuiste al barco.

Golpe bajo? Quizá. Pero me parecía importante hacerle ver lo egoístas de sus acciones para ponerla en perspectiva cuando me reclamaba de lo egoístas de las mías.

En un impulso mordí su lóbulo y tiré de él con suavidad antes de soltarlo-
Aún te falta mucho entrenamiento y disciplina, pero a pesar de todo… -me alejé, tomando su mentón en mi mano- cuando encuentras un diamante en bruto no lo tiras por uno refinado, lo cortas con cuidado hasta hacer que su belleza se luzca.

Me acerqué hasta sus labios, casi rozándolos antes de alejarme con una sonrisa malvada. Últimamente siempre terminaba mojada conmigo.

Tomé un trapo y lo puse en su mano, apenas conteniéndome de reír. Jaque. Your move.





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Re: Is it sick of me to want you crawling on your knees? {C'Nedra}

Mensaje por C'Nedra el Lun 15 Ene - 18:09

Aquello estaba mal. Y esta vez, no era por las razones correctas, por las mismas razones que esa última vez. Su piel bronceada marcada con cicatrices y tinta, sus manos deslizándose sobre su cuerpo. Porque había sido yo la que había entrado a buscarlo aún sabiendo que era lo que estaba haciendo, lo que me esperaba detrás de aquella puerta. Rastros de agua deslizándose contra el largo de su figura, sus cabellos húmedos y el peligro latiendo bajo mi piel. Sin excusas, sin antiguas reglas. Esta vez, era yo la que elegía estar ahí: arrodillada a sus pies, su ropa olvidada y un error en las puntas de los dedos.

Fue la violencia de su gesto lo que me arrancó de esa confusión que corría por mis venas, sus dedos cerrándose firmemente contra mi garganta, el miedo y esa terrible adoración oscureciendo mi mirada. Obligándome a ponerme de pie, el peluche cayó de mi regazo hasta caer sobre el suelo, mis manos enredándose contra su muñeca débilmente. Ni siquiera fui capaz de intentar alejarme de él, de hundir mis uñas contra su piel. No quería hacerlo. No quería nada más que aquél instante, el recuerdo de su poder sobre mí, mi total rendición. Su susurro erizando mi piel.

Y esa última acusación robándose toda mi atención- ¡No me diga eso! ¡Sabe que fue sin querer, que no quise…!- protesté antes de morderme la lengua para no empeorar la situación, obligándome a enfocarme en él y sólo en él, cómo debía ser- Es que cuando abrió la puerta y… Yo pensé que estaba haciendo con ella lo mismo que hace conmigo, que estaba usando mis cosas con…- la presión de su agarre acelerando mi respiración, pequeñas gotas de agua abandonando su piel para perderse en mi cuerpo- ¡Lo lamento! Sé que usted puede hacer lo que quiera, que yo no… ¡Pero me puso triste imaginar que…!- no sabía lo que sentía, no sabía como explicar esa confusión, ese dolor que había sentido al pensarlo arrancando ruegos y lágrimas a otra persona; pero sobre todo, no sabía cómo ocultar lo que sí lograba comprender- No quiero que juegue con alguien más cómo lo hace conmigo, Mercurio.

Los restos de la pintura que adornaban mi cuerpo comenzaban a deslizarse sobre mi pecho por culpa de la mano húmeda de Mercurio. Pequeñas gotas de agua que ahora coloreadas, se perdían hasta ensuciar el escote de mi vestido y su piel. Sentí sus dientes raspar delicadamente mi lóbulo. Mi cuerpo temblando bajo aquél gesto, esa traicionera suavidad escondiendo algo más. Sostuve apenas su mirada cuando tomó mi rostro entre sus manos. Sus palabras se perdían dentro de mí, sólo capaz de enfocarme en ese latente peligro que acechaba detrás de cada uno de sus gestos, de cada palabra y cada sonrisa. La frustración de sentir el calor de su boca tan cerca de la mía, el saber el disfrute que sentía con aquella provocación, con negarme algo que quería.

Fruncí el ceño al tomar el trapo que me tendía, momentáneamente perdida. Pero sólo bastó con buscar aquella mirada verdosa para comprender que era lo que esperaba de mí en ese instante. Mis pupilas se deslizaron dudosas sobre su piel enjabonada, sintiéndome de pronto atrapada entre esa necesidad por complacerlo y el saber que estaba caminando directo a una trampa. Mis dedos se enredaron con fuerza contra aquél pedazo de tela, mi mirada perdiéndose en la bañera que ahora llena de agua, fue capaz de robarme de entre las manos aquella decisión.

-¿Quiere que yo…? ¿Lo ayude a lavarse?- pregunté con cierto reproche en la voz, todavía no estaba del todo segura de si quería tocarlo en ese momento, de limpiar las huellas que alguien más había dejado en él- ¿Eso es algo que las esclavas hacen a sus amos?- pregunté curiosa mientras volvía a arrodillarme junto a la bañera, una de mis manos hundiéndose distrída en el agua- ¡Siéntese, Mercurio!- esa inicial desconfianza ahora olvidada mientras sentía el agua contra mi piel, esa infantil adoración que sentía por el océano capaz de rivalizar con cualquier otra cosa, la tentación de perderme en él- ¡Oh! ¿Puedo meterme con usted? ¡Así es más cómodo, y no me duelen las rodillas por culpa de su piso malo!- intenté razonar, pero la súplica envolvía sin pudor alguno mis palabras- ¿Por favor?- y sin esperar su respuesta, me puse de pie y entré a la bañera, la falda del vestido húmeda contra mis piernas y el trapo entre mis manos- ¡Prometo portarme bien!- le aseguré mientras me acomodaba sobre sus piernas- ¡No voy a hacer lío ni ensuciarlo más!
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