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Insomnia - {Trystan}

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Insomnia - {Trystan}

Mensaje por Kya el Mar Nov 28 2017, 09:07


Todo parecía arder en llamas para ella en ese momento, la noche, el silencio, sus emociones y el miedo...

Los ojos de Kya, reflejaban las estrellas que lograba divisar desde aquella plataforma, en mitad de una noche que deseaba, no llegara a su fin. La luna iluminaba con su platinada luz entre las copas de los árboles que apenas se balanceaban con la suave brisa que hacia las hojas moverse en completo silencio, rozándose entre sí... su cuerpo inmóvil permanecía estático como una criatura nocturna acompañada por los sonidos de los grillos, búhos y otros acompañantes anónimos que la invitaban a silenciar, hasta escuchar los latidos de su corazón que ahora, comprimido... sufría silenciosamente por la dolencia que esa noche le estaba robando el sueño... algo inusual desde que había llegado allí con el pelirrojo.

Su cuerpo, estaba sentado en el borde da la plataforma, sus piernas colgaban de esta y su torso y sus brazos estaban sujetos a la baranda y la mitad de su rostro estaba oculto entre sus brazos, sin inmutarse por el frescor nocturno que acariciaba la piel descubierta de sus brazos, siendo solo sus cabellos, el único cobijo para su espalda, en aquella prenda de dormir que corta cubría sus muslos hasta un poco arriba de sus rodillas. Recordando como las últimas semanas... su pie finalmente había decidido dejarle caminar sin muletas, como la hinchazón ya no existía del todo y aunque doliera un poco en algunas posturas, podía por fin caminar sin trabas...no podría correr aún, pero si caminar... con el ejercicio y su auto-terapia, seguramente funcionaría.

Como sanadora, era un orgullo, ver que las cosas no se habían desviado y su recuperación había resultado llevadera y suave, debía sentirse orgullosa y feliz...  pero no lo estaba. Y eso le arrancó un inhalar profundo y un suspiro consiguiente que la hizo sentir un nudo en su garganta, mientras en medio de ese silencio nocturno, llevaba su mano derecha para apartar de su rostro algunos cabellos y de ese modo, recargar su rostro contra la madera antes de bajar sus ojos de aquella abertura entre los árboles y perder su visual entre los oscuros árboles que le rodeaban en esa inmensidad que ahora la hacía sentir en extremo pequeña... Recordando que aquella tarde, había escrito un signo de interrogación en una esquina de la página del diario que ahora era suyo... lo único que había escrito en las dos horas que había estado sentada “leyendo” como era costumbre suya.

Suponiendo que su tiempo allí había llegado a su fin, ¿Dónde iría? ¿Isaur? ¿Edén? ¿Krosan? Tenía un grave problema porque ninguno de esos lugares podía ser llamado hogar, como la granja de la familia de su madre... y extrañamente sintió como algo húmedo resbalaba por una de sus mejillas, sorprendiéndose al encontrar una lagrima salada que había acariciado sus labios y que ahora borraba con un rozar del dorso de su mano izquierda, antes de relamer sus labios y volver a apoyar su mentón entre sus brazos. ¿Por qué prolongar lo inevitable? Era culpa suya todo ese dolor que ahora nacía al pensar en apartarse del descanso y complemento que había sido esa vida junto a aquel hombre y su hija... y sin darse cuenta un suave exhalo escapó de sus labios sin poder contener el dique que se quebró, inundando sus azules de unas copiosas y saladas lagrimas...

Dicen que cuando el dolor es mayor, son más saladas...
Esas eran tan saladas como las aguas de la costa, culpándose y deseando por primera vez, arrancarse el corazón para ver si así el dolor disminuía. Sabiendo con claridad abismal que el momento había llegado para decir “adiós”, ¿Cómo formularía lo que necesitaba formular? ¿Cómo podría irse sin alargar más aquella agonía que la perseguiría como un fantasma por el resto de sus días? ¿Por qué estaba escondiéndose bajo el manto nocturno, para llorar aquellas lágrimas y velar por el sueño que se había ido hace casi 4 horas y no prometía volver por aquella noche desvelada que la mantenía fuera y lejos de aquel lecho donde había estado durmiendo?

Sentía que estaba perdiendo de nuevo, que un pedazo de ella se desgarraba en dos y no pudiese controlar este evento. Llevando su diestra a su pecho, palpando el latir acelerado de su asustado corazón, para verificar que aún pulsaba y doliente le indicaba cuan viva estaba y como agonizante, le gritaba que todo estaba mal... todo lo que pensaba, se sentía mal, todo lo que sentía se sentía mal, todo en ese momento se sentía mal. Y lo único que no se sentía mal, pronto... no lo tendría más. La frescura de la noche sopló con suavidad, acariciando su piel y removiendo sus cabellos, como un intento de caricia hecha para reconfortarle en ese momento de confusión que lograba romper todos sus esquemas y hacía que la mujer de mente clara, se sumergiera en la interrogante que definía ahora como un dilema irreversible. Y su cabeza estaba de acuerdo, porque luego de derramar aquellas lágrimas, una palpitación anunciaba la presencia de dolor de cabeza que solo causaba que se tornara más sensible.

El cansancio de sus ojos, el ardor de aquellas cortas lágrimas derramadas ya secas, la pesadez en su pecho y la compresión de su corazón, todo mezclado, la hicieron desear dormirse y no abrir los ojos hasta que todo hubiese pasado, hasta que despertara de nuevo y no fuese necesario tomar una decisión tan importante y difícil como esa. Pero allí estaba, sintiendo como se abrumaba a cada segundo, abrazando la madera de la baranda con suavidad, cerrando sus pesados ojos para descansarlos un poco y dejarse embrujar por la frescura de la noche que acariciaba ahora su mejilla izquierda, descubierta del todo, al igual que su cuello y hombro izquierdo, rozando la madera y su aspereza con sus finos dedos que trazaban las formas del tronco delgado.

El tiempo corrió con lentitud y ella no había dormido, como era de esperarse. El olor a rocío mañanero acariciaba sus sentidos, logrando que abriera sus ojos, sintiendo el dolor en su espalda... única forma en que parecía sacarse a sí misma de todas las divagaciones que habían revoloteado durante el inicio de la madrugada que ahora pesaba, aún oscura, aún dueña del sueño de todo ser que se permitía el descanso del cual ella se había privado para pensar, sintiéndose agotada de sentir, de descubrir esa nueva realidad que trató de espantar con un movimiento de su mano, como si espantara un bichito molesto, pero que sabía estaba allí para quedarse, porque ya no se iría, porque ya no se alejaría, porque ya estaba sembrado en ella en lo más profundo y había germinado y crecido hojillas tiernas y que ella hubiese querido cortar antes de que fuese demasiado tarde.


Pero ya era demasiado tarde.
Desde el momento en que sus ojos se habían imantado bajo el radiante sol de los campos a las afueras de Talos
.




"Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos."
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Re: Insomnia - {Trystan}

Mensaje por Trystan el Miér Nov 29 2017, 21:04

Hacía tan sólo unos días que mi hija había dicho esa primera palabra. Una que no dejaba de ser un balbuceo que no había dejado de pronunciar desde entonces. Papá. Un maldito sonido que me llenaba de orgullo y de desesperación al mismo tiempo. Satisfecho de que mi pequeña por lo rápido y bien que crecía, y angustiado porque cuanto más tiempo tenía ella, menos me quedaba a mí.
Por suerte, de forma imprevista, contaba con la inestimable ayuda de aquella chica que conociera hacía ya bastantes meses -sin llegar a un año-, mientras se recuperaba. El cruel destino quería tener su dosis de ironía al poner a la sanadora al cuidado de terceros, obligándola a recuperarse de aquel incidente que le había dejado tales secuelas en el pie, impidiéndola usarlo durante un tiempo. No obstante, Kya era de esas poquísimas personas, que hacía la convivencia en extremo llevadera y agradable. Había convertido la cabaña en un hueco de agradable calma, que invitaba a la relajación, a participar y llenarse de ese sosiego tierno, repleto de sus diferentes sonrisas y todos esos incontables detalles que había tenido, tanto conmigo, como con la pequeña. Porque cuidaba de Anne con un cariño que se me antojaba infinito y dulce. Una paciencia maternal genuina, que hacía evidente la propensión de Kya con los niños.
Un pensamiento que me hacía sonreír sin motivo aparente.

No obstante, por muy incoherente que sonase, era una pena que aquel pie sanara tan bien. Principalmente, porque estaba convencido que Kya querría volver a su casa, privándome de su encantadora compañía.
Y, sin embargo, había algo que me robaba la tranquilidad al respecto.

¿Estaría segura? Si bien en aquella cabaña nadie podía encontrarla, no sería de extrañar que esos atacantes que llegaron a encontrarla, tuvieran socios que sacarían conclusiones ante la desaparición de sus compañeros.
Y la idea de que volviesen a abordarla o le hicieran algo peor, no dejaba de inquietarme.
No quería lamentarme después por no haberle puesto remedio. Por haber llegado tarde, por no haber puesto solución a algo que ya había contemplado. Por haber consentido esa posibilidad para que ella sufriera.
Porque sí, tenía miedo de que un alma tan noble y dulce como era Kya, abandonara este mundo. A diferencia de de todos esos desgraciados que parecían tener una flor en el culo, divirtiéndose a costa de los trabajadores o luchadores que tenían motivos para perseverar y tener esperanza. De esos que envenenaban a otros con sus mentiras, sus celos y sus venganzas. Gente que debiera encontrar otro objetivo en vida, en vez de actuar contra alguien reiteradamente, sin motivo aparente, tan sólo porque sí. Como lo hacían la inmensa mayoría de los dragones con los humanos, sólo por ser humanos, humillándolos y forzándolos sólo porque se creían superiores.
Esos sí se merecían que el destino les deparara todo lo que siembran.

Y no ella.

Así como Anne, quien esa tarde anterior había hecho el intento de dar sus primeros pasos. Envalentonada, agarrada a mis dos manos, avanzó temblorosa, un par de pequeños pasos, para emitir un pequeño balbuceo inseguro. Yo, como padre orgulloso que era en aquel momento, no reprimí las ganas de alzarla de nuevo entre mis brazos, premiándola con una cucamona que la hizo reír. Porque adoraba el sonido de su risa. Una melodía infantil que no me cansaba de provocar, hasta el punto de reír con ella, así como se unía la sanadora a nosotros. Un reflejo de esa tranquilidad que podía haber vivido en otros tiempos y que me fue robada, por unos o por otros.

Algo que estaba convencido a dejar de consentir.

Por ello, mi proceso de aislamiento, lento pero solemne, avanzaba, sin abandonar la idea de luchar por mi vida, al fin y al cabo, aunque no supiera aún cómo abordar realmente el desafío.
Sin embargo, ya no me quitaba el sueño, aunque estuviera en vilo muchas veces. Inesperadamente Kya había traído paz, tranquilidad, a mi vida, en esa rutina que ahora compartíamos, en la que sólo una mirada bastaba para decirse tantas cosas. Seguía maravillándome la capacidad de comunicación que teníamos entre nosotros, sin inmiscuir a nadie más. Porque, en realidad, no necesitábamos a nadie más.

Hasta me había acostumbrado a dormir entre esas pieles que confeccionaban mi lecho, al lado de la cuna de la niña, para que Kya pudiera disfrutar de un mejor descanso, mientras se recuperaba de su dolencia. Y, tanto bien, parecía haberle hecho, que esa tensión que vi en ella, aquella noche en Talos o esa mancha negra de sufrimiento en esa alma reflejada en sus cristalinos orbes, parecían haber mermado -o desaparecido mayormente-, de forma considerable.

Fue en esas pieles sobre las que desperté, cuando un trueno pareció sonó al fondo, anunciando algo de lluvia, que nos recruiría un poco en la madera que confeccionaba aquella casa. Parpadeé un par de veces, haciéndome a la poca luz que había, siendo consciente de ese amanecer tardío a causa de las nubes. Incorporándome ligeramente, lo primero que hice fue verificar que Anne dormía plácidamente, pese a los ruidos con los que la tormenta se anunciaba y el aumento del viento, meciendo las ramas con algo más de violencia. Seguidamente, quise cerciorarme de que la sanadora también seguía dormida, por lo que giré mi rostro parcialmente para llevarme la sorpresa de que la cama estaba vacía. Inmediatamente, me espabilé, en lo que paseaba mis zarcos por toda la cabaña. Fruncí el ceño al no verla por ningún sitio. Con estas, me levanté, despacio, intrigado y hasta inquieto. ¿Dónde se había ido? ¿No habrá sido capaz de… ?

Mi mirada se dirigió de súbito a la entrada, mientras en mi cabeza ya crecía la semilla de preocupación, por si Kya había decidido partir antes de tiempo, aunque no estuviese cien por cien recuperada. Pero al ver parte de su silueta en la improvisada y humilde balaustrada, suspiré de alivio. Su melena caía parcialmente sobre su espalda, aunque aquel viento la hacía bailar, acariciando intensamente su cuerpo, colándose entre las costuras de aquella prenda que usaba para dormir. Y una punzada de envidia golpeó fugazmente mi pecho. Mis cejas se elevaron, con cierta preocupación por si llegase a sentir demasiado el frescor que traía ya el aire, zumbante en algunos momentos. Me cubrí con una chaqueta que ya tenía, habiéndole dado buen uso, pues protegía bastante bien, antes de acercarme a las pocas ventanas que tenía la casa, para desatar ese trozo de madera para que cubriera ese hueco y así, el interior quedase más resguardado.
Acto seguido, me tomé la pequeña libertad de hacerme con una de esas pieles y disponerme a salir con Kya-. Has madrugado hoy. -sonreí, como simple saludo al llegar al marco de la puerta, bajo y afable para que no se asustara. Pasé por detrás de ella, extendiendo la piel en el proceso para posarla sobre sus hombros casi descubiertos. Sentí entonces un escalofrío, en lo que me sentaba a su lado, imitando su postura. Dejé que mis piernas colgaran de la plataforma, aunque no llegué a apoyarme en la barandilla. Esperé a que me mirara, pensando en esa calma que ella solía tener conmigo. Pero sus ojos algo enrojecidos contaron otra historia-. Te ves cansada. -enuncié, frunciendo el ceño de nuevo, en lo que me erguía para verla más de cerca, y cerciorarme de que ese enrojecimiento no eran cosas mías. No obstante, aparte de sus ojos, su propio semblante se veía con un atisbo triste-. ¿Has dormido bien? -se me ocurrió preguntar, con el suave impulso de repasar su espalda en una caricia ascendente de mi mano, por encima de la piel que ahora la cubría.

Claro que, yo no tenía ni la más remota idea de que Kya llevaba horas despierta.




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Re: Insomnia - {Trystan}

Mensaje por Kya el Jue Nov 30 2017, 07:15

Un trueno lejano, le hizo levantar el rostro y fijar sus ojos en las copas de los arboles... sería un día lluvioso... parecía. Recordó cómo se sentía la lluvia en su rostro cuando caía rociando los campos y como esos momentos eran los únicos que la hacían olvidar sus pesares cuando estaba en los campos, recogiendo algunos cultivos... no extrañaba eso ahora, pero era un recuerdo que ahora le punzaba el corazón, logrando que pensara un poco más en los sentimientos que revoloteaban en ella creando ecos dolorosos que deseaba poder arrancarse, pero era incapaz... y eso la hacía estremecerse, desmoronarse a pequeños pedazos y querer apretujar su corazón en su puño para exprimir de él todo ese sentimiento... que la llevó en determinado momento, a levantar su mano izquierda y hacer aquel gesto de querer agarrar algo en su pecho... y comprimirlo... un sentimiento que los últimos meses se había hecho lugar en su adolorido ser, alegría por compartir sus días con el pelirrojo y su hija... una niña a la que le había tomado tanto cariño...

Una única lagrima escapó de uno de sus ojos...

Dejando un camino húmedo en su mejilla, hasta perderse en su mentón, hasta colgarse de este y caer en su pecho, perdiéndose... como ella, que empezaba a resolver, que lo mejor era irse lo antes posible antes de que ese sentimiento asentara raíces que no sabía si iba a poder cortar... no tenía idea a donde iría, ya que no tenía realmente un lugar que pudiese llamar “hogar”, excepto por ese que ahora no era ni suyo, pero que se esforzaba en cuidar como si así lo fuera... por ese hombre que no era nada suyo y aun así quería cuidar... y ver... se había acostumbrado tanto a escucharle despertar temprano, a esas conversaciones mañaneras en las que sin mucho rodeo, se decían buenos días e informaban de cómo comenzar el día,  acostumbrada a preparar comida para tres, demasiado acostumbrada a ello para el “poco” tiempo que había pasado allí... a escucharlo trabajar, removerse por allí y hacer cosas, a la sensación de triunfo silencioso, cuando lo escuchaba volver a casa de esas odiosas incursiones que desde que hubiera descubierto sus sentimientos hacia él, eran una penuria, sabiendo lo peligrosas que eran...demasiado acostumbrada y cómoda con sus “buenas noches”... y sus sonrisas que parecían iluminar la estancia completa sin ayuda del sol o el fuego de las velas o aquella rudimentaria lumbre donde se habían reunido alguna que otra noche para conversar.

Y con ese pensamiento se dio cuenta de que tan profundas ya llegaban esas raíces y tuvo pánico de imaginar el corte de estas “¿Qué debo hacer?” preguntó a quién sabe quién, ¿los dioses? estaba tan perdida y asustada que no sabía qué hacer en realidad, algo poco común en la claridad que ella solía poseer, algo tan extraño que perturbada, pedía por ayuda de quien fuese, para saber qué pasos seguir y hacia dónde dirigirse... y fue justo en ese momento... en que el destino pareció jugar sus azares de nuevo y responder casi de inmediato, tomándola por sorpresa con lo que llegó a sus oídos.




Esa voz ronca y baja que más que asustarla, logró que un escalofrío recorriera su piel, sintiendo como su corazón brincaba solo... dejando de doler e hinchándose de emoción, como si de ese modo estuviese más hermoso para estar frente a la persona que le había permitido vivir algo que no pensó que podría llegar a vivir nunca. Mientras sus ojos amenazaban con dilatarse un poco más, realizando que su corazón parecía aspirar más alto de lo que pensaba y aunque sus lágrimas querían escapar... nada se comparó a la tranquilidad que reflejó aquella sonrisa que se dibujaba en los labios del pelirrojo, amortiguada por la oscuridad de la madrugada, cuyo cielo, se removía con las nubes que empezaba a juguetear entre las pocas estrellas que desaparecían ante el alba... y sintió como algo en ella se derretía... empequeñecida por el calor y la tibieza de aquella piel que él colocó sobre sus hombros, sintiendo que quería llorar allí mismo... envuelta en aquella ternura que él expresaba, sobrellevada por el abrumador recuento de que hace tan solo unos segundos estaba pensando en irse...y ahora, con ese gesto y luego esa caricia que le recorría sutilmente, acompañada de las palabras bien elegidas... algo le gritaba que estaba loca, por solo pensar en abandonar lo que tenía, amando ese afecto... adorando su presencia.

En silencio, siguió sus movimientos con una mirada agotada, viéndole acomodarse a su lado, imitando aquella postura en la que estaba, hasta que sus ojos se posaron en los de él, silenciosa, bajó sus azules para posarlos sobre el espacio que quedaba entre ellos y muy lentamente el cómo no pudo evitar acercarse sutilmente , deslizando sus caderas sobre la madera hacia él y llegar a sentir el calor que desprendía su cuerpo y casi en automático, apoyó su cabeza en su hombro, de modo que, si él le rodeaba con su brazo, su cabeza se apoyaría en su pecho. Refugiándose contra él, dando la bienvenida a esa oportuna compañía. Perdiendo sus azules en la oscuridad de las ramas de los árboles, escuchando como las aves mañaneras empezaban a cantar sus primeros trinos...desperezándose en sus niditos, algo muy semejante a lo que hacían ambos, de ese modo tan peculiar... ¿sería?- ... no muy bien... –dijo suavemente, sintiendo como sus ojos se humedecían un poco- ...fue una fea pesadilla... –mintió con aquella tonalidad que irradiaba una genuinidad extraordinaria, impresa para que él notara una turbación lejana a la que la había hecho llorar tan desgarradoramente en silencio... mientras sus manos subían a sujetar los bordes de la piel para acurrucarse un poco más contra él, ya que hacía frío... aunque no por ello lo hacía-  ...solo un mal sueño, de esos que no te dejan dormir más... –dijo repitiendo con voz suave, sin dejar de mirar a ese interesante punto en blanco, escondiendo su rostro de él por unos segundos.

¿No te he dicho? Soy una miedosa impresionante para algunas cosas... – explicó, esbozando una sonrisa triste mientras llenaba sus pulmones y dejaba que el olor masculino, inundara sus sentidos y le otorgara la tranquilidad que necesitaba... para llevar una mano a frotar suavemente uno de sus ojos que ardían un poco y pesaban otro tanto y que sin embargo ella ignoraba para, cerrarlos y exhalar dejando sus manos descansar en su regazo... adorando el calor de la piel que la envolvía, contra el cuerpo cálido masculino, un calor que ya había sentido y en ese momento... daría lo que fuera por continuar sintiendo, levantando un poco sus ojos, dudosa... dudosa de encontrarse con esos azules que quizá ya serían más visibles porque la mañana comenzaba a alzarse con tonalidades violáceas... dejando entre ver el rocío sobre las hojas, sintiendo como sus piernas descubiertas sentían el frío, como sentía que... si llegaba a estar sola, sin ese apoyo que ahora le hacía sentir protegida...podría derrumbarse.

Sus pies se balancearon un poco, mientras mordía su labio inferior con suavidad y dudaba otro poco al pensar en dejarse embaucar por esos ojos, frotando un poco su nariz también, en un enternecido gesto, por clarear sus vías respiratorias, que estaban un poco congestionadas por el llanto que había mantenido silencioso antes de que él llegara- ... estoy bien... solo... algo asustada... es todo... dijo atreviéndose a finalmente alzar su rostro y encontrarse con el de él, sintiendo sus mejillas enfriar. Dejando a su añoranza perderse en ese rostro que ahora le miraba y en un dialogo mudo de miradas, ella se preguntaba si era posible que esa fuese una señal... el que él hubiese aparecido cuando más parecía extraviarse, para recordarle lo sencilla que era la vida a su lado, viviendo cada día en una rutina que no lo era realmente... en un constante descubrir que cada día podía serse un poco más feliz sin más que un techo con que cubrirse, comida y la persona adecuada.

Su persona adecuada...
¿Él era su persona adecuada?...


Y finalmente, una genuina sonrisa se dibujó en sus labios, antes de murmurar un poco ronca- estaré bien... –repitió con suavidad- hace mucho no tenía pesadillas... ya me estaba extrañando... –dijo sintiendo como un bostezo se le escapaba y dejaba una risa baja delatarla con algo de vergüenza que mitigó cubriendo sus labios, notoriamente cansada por no haber dormido. Pero eso, de que no había dormido en toda la noche, no iba a decírselo; percatándose de como él había espantado las nubes negras que querían apoderarse de su corazón, amortiguando y apañando con su ternura, la caída que atentaba con despedazarla; sacando las alas y abrazándola con su tierna compañía de la que ahora ella se empapaba, acurrucándose un poco más contra él. Emitiendo un suave sonido de su garganta que rebosaba dulzura, antes de sonreir un poco mas tranquila volviendo a verle- ....Buenos días... -Susurró para él, como si ese "buenos días" fuese el secreto mas importante conocido y la vida de la humanidad dependiera de ello, uno cómplice.




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Re: Insomnia - {Trystan}

Mensaje por Trystan el Sáb Dic 02 2017, 18:21

El detalle de que Kya buscara mi calor, me enterneció. De forma prudente, casi con apuro, ella se movió sutilmente hacia mí, cuando ya estuve sentado. Sin llegar a ser suficiente, se aprovechó dulcemente de la confianza que ya tenía conmigo para terminar apoyándose en parte de mi pectoral, al tener yo el brazo acariciando su espalda. Aún sin llegar a contestarme, ese acercamiento por parte de ambos se dio. Lento, suave, pero seguro. En un silencio que se me antojaba del todo elocuente, como muchos de los que había entre Kya y yo… como nunca me había pasado con nadie.
Siempre había sido varón de pocas palabras, pese a esos golpes en la vida que me habían cambiado de una forma u otra. Siempre había dejado que los demás llenaran las conversaciones, que dejasen evidencia de sus opiniones y sensaciones. Yo tan solo las tomaba en cuenta y, actuaba acorde a ello, si no contrastaba demasiado con lo que yo pensaba. Pocos eran los que me preguntaban. Y muchos daban por sentado que yo sabía qué hacer, qué decir, en el momento idóneo. Pero, ¿llenar esos silencios con una expresividad que iba mucho más allá de las palabras? Nunca.

Kya había sido la única con la que me quedaba callado e, irónicamente, tenía la sensación de que me conocía mucho mejor que compañeros que habían estado conmigo mucho más tiempo.
No sabía exactamente, por más evidencias que se reflejaran en esas rutina que compartíamos, y yo fuera consciente de ellas, por qué no conseguía ver lo diferente que era aquella muchacha, para todo lo que yo había llegado a conocer. No obstante, que no me diera cuenta de ese pequeño gran detalle, no significaba que no fuese atento con ella. Me nacía serlo, como lo había sido siempre con las mujeres que habían sido y eran importantes para mí.

Y, sin embargo, me sentía en tremenda deuda con ella por ayudarme tanto en aquel lugar, cuidando de mi hija como la más cariñosa de las madres, quitándome preocupaciones tan básicas como era el simple pensamiento de la comida… o dándome tanta tranquilidad. Una calma que había venido necesitando desde hacía muchísimo y que nadie me había concedido.
Con este pensamiento, me nació sólo presionar ese abrazo, manteniéndola contra mí. Forzando algo más ese contacto físico que le transmitiera calor humano, aunque fuera a través de la ropa. Mi mano se cerró parcialmente por el brazo más alejado de ella, dándole completa libertad para que se apoyara cuanto quisiera. Y, segundos después, tuve ese impulso de repasar su brazo, como momentos antes hiciera con su espalda.

He de admitir que me preocupó el hecho de saber que había tenido pesadillas. Como antaño me reconociese, en aquella posada de Talos. De hecho, me resultaba extraño, pues no había vuelto a hacer mención a ellas desde que la ayudara y escondiera en mi cabaña. ¿Sería que volvía a preocuparse por la vida que había dejado en standby al recuperarse de esa dolencia, apartada del mundo exterior? ¿Sería que ya estaba pensando en la inminente partida y vuelta a esa realidad que no la dejaba descansar y que la alejaba de mí? Algo que me estremeció fría e incómodamente entonces.

Sonreí sutilmente con esas pregunta retórica que emitió, con el rostro oculto a mis ojos, mientras parecía relajarse de ese miedo que la había atemorizado hasta el punto de levantarla de la cama y no dejarla volver a dormir. Y, momentos después, cuando resumió su estado, como un malestar pasajero-. Bueno, ya sabes que aquí no hay nada de lo que debas tener miedo. -me aventuré a decir, como si necesitara recalcar que estaría a salvo en aquel lugar. Que estaría a salvo conmigo.

¿No sonaba ridículo? No necesitaba convencerla. Porque sabía perfectamente que Kya era consciente de que yo no le haría daño. Al menos, no de forma intencionada. Resultaba mucho más tranquilizador saber que ya no perdía tantísimo el control como antes. Thareon me había ayudado inmensamente en ese aspecto: controlar lo que ahora era, sin rendirme en el intento. Y, por el momento, con la pequeña, no había tenido oportunidad de plantearme el concentrarme en mi desafío. Pero ahora con Kya…

Fruncí el ceño, siguiendo esa línea de pensamientos, con una pregunta inherente para ella que no me atreví a formular, pero sus azules entraron en contacto con los míos y por un segundo, me olvidé siquiera de lo que estaba pensando. Una conexión tan intensa como inexplicable la que compartían nuestras miradas. Y era ahí, justo ahí, cuando más parecíamos contarnos el uno al otro. Incluso con esas sonrisas sutiles, que llamaba la una a la otra-. Tu rutina ha sido algo distinta a la que habías llevado hasta el día que te traje aquí. -maticé, mencionando algo que dudaba muchísimo que ella no supiese ya-. Quizás, eches de menos, la vida que llevabas antes. -encogí la nariz, dándole un toque divertido a mis palabras, frunciendo el ceño y elevando los hombros, restándole esa importancia que a mí llegaba a turbarme. Ignoraba ese cambio tan drástico que había sido para ella. Pero, ¿le había merecido la pena? Era algo que, de buenas a primeras, no podía saber.

Y, aún con esa pregunta pendiente, sonreí un poco más, tomando nota de esos bostezos que evidenciaban ese cansancio que no había conseguido paliar. Aún así, ese saludo confidente, hasta íntimo, me hizo sonreír, increíblemente tierno-. Hola. -saludé en respuesta, en el mismo tono y volumen.
Fui a sugerirle que aún podía descansar un rato, ahora que parecía más tranquila, cuando un destello iluminó el lugar tenuemente: a ese rayo lejano, tocando la tierra y cegando fugazmente, le siguió un trueno que sí identifiqué más cerca que el que me había despertado. Mis azules se alzaron entonces, viendo llegar las nubes negras que, sin duda alguna, propiciaban ese pensamiento de escondernos de esa lluvia que se aproximaba. Aún llegando a exhalar, me tomé un par de segundos más, con la mirada alzada, escuchando cómo el viento silbaba de nuevo, en otro aviso menos sutil ya. Y, repentina e internamente, la semilla de la preocupación germinó, reflejándose en esa mirada cristalina, con la que terminé observando a Kya. No obstante, sonreí con suavidad antes de articular-. ¿Te parece si volvemos dentro y nos resguardamos? -inquirí suave, aunque con el tono suficientemente fuerte para que se oyera por encima de los silbidos del aire. No fue demasiado, pues Kya se mantenía pegada a mí, tan próxima, que el esfuerzo por que me oyera, no pudo considerarse tal.
Así, esperé a que asintiera y se apartara ligeramente. Con esto me levanté, sin demora alguna para tenderle la mano y ayudarla a que se incorporara conmigo. A modo improvisado, me convertí en su soporte, pues no quería que forzase aún el pie. Pero de nada me sirvió el insistir, ya que Kya era una de las mujeres más obstinadas que conocía. Eso no quitó algún comentario divertido sobre ello ni que tardáramos más en entrar a la cabaña. Una vez dentro, fue inevitable llenarse de esa tranquilidad y respiro que daba la brisa, al no entrar. Me tomé la libertad de soltar la tela que usábamos a modo de cortina y consecuente puerta, para evitar que el viento se colara por ahí-. Creo que hoy me abstendré de salir. No me convence mucho. -por ser sutil. No tenía muchas ganas de eatravesar el bosque y empaparme en el proceso.




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Re: Insomnia - {Trystan}

Mensaje por Kya el Dom Dic 03 2017, 23:52

Le encantó sentirse abrazada y como él apretó su cuerpo para juntarla un poco más, esbozando una sonrisa que ahora brillaba en sus labios, mientras aprovechaba para acurrucarse contra su pectoral, encontrando ese delicioso refugio, empequeñeciéndose con ternura para dejarse mimar. Disfrutando de las caricias que ahora él entregaba sobre su brazo cubierto con aquella piel que tapaba sus hombros y ella cerraba un poco para envolverse y suspirar con alivio en su calor y por los escalofríos de cada caricia dibujada en su espalda y su brazo. Lugar desde el cual ella pudo escuchar la vibración de su ronca voz murmurando aquellas palabras que contenían algo que ella ya sabía, seguidas de otras cuantas palabras que quisieron sonar amenas, pero ella pudo comprender...entre líneas lo que escapaba de ellas sin ser realmente dicho. La sonrisa dibujada en sus labios no se esfumo para nada, pero se permitió conservar su silencio dejando apenas un sonido de su garganta como respuesta, mientras se impresionaba ella misma al ver como un “no” rotundo se dibujaba en la punta de su lengua, que no escapaba en su voz.

Kya atesoraba cada momento como aquellos, ese dulce “hola” que la hizo sonreír enternecida en aquella mínima distancia que con los días habían aprendido a acortar y ahora sin darse cuenta, habían llevado a un plano más íntimo. Apoyando una de sus manos, sobre el muslo más cercano del pelirrojo, dejando suaves toquecitos que estaban diseñados como respuesta a lo que tanto deseaba decir, pero que aún meditaba como respuesta certera para él, por lo que se dejó arrullar por su cercanía y aquella naturaleza mañanera que por fin...comenzaba a mostrar sus nubes grises, acompañadas del viento de lluvia que balanceaba las copas de los árboles y con un pequeño sobresalto, recibió el sonido del relámpago que lejano caía desvaneciéndose entre los árboles y las colinas- ... mhm... –musitó con suavidad en un tono suave y dulce, no deseando romper aquella intima burbuja, que se había creado entre ambos, dejando que él se levantara primero, al ella apartarse y con ello... pudiera aceptar su ayuda para levantarse. Pero solo para levantarse.

Entre risas y bromas con respecto a su terquedad, una forma de ser que le había ayudado para tantas cosas y ahora chocaba un poco con la protectora presencia del pelirrojo, que se lo recordaba cuando podía... decidió que quería caminar sola, aunque se tropezase y se fuera de bruces al suelo...cosa que no pasó en ese momento, pero en sus primeros intentos de caminar apoyando su herido pie, estuvo cerca. Él había estado con ella en todo momento, en cada ejercicio que había realizado, durante el dolor que había sentido y siguiendo sus instrucciones, había recibido la mejor de las ayudas y en ningún momento había estado sola... por ello, quizá había sanado tan rápido.

No fue hasta que estuvieron en el interior de aquel hogar que las primeras gotas de lluvia hicieron aparición, cayendo sobre las hojas. Kya, caminó con serenidad con silenciosos pasos hasta un punto de la estancia en la que, inspiró con suavidad y paseó su vista con tranquilidad hasta dar con la cunita donde dormía la pequeña... y en vez de ir a descansar, primero fue hacia ella, para inclinarse un poco y con ambas manos acomodar la piel que servía de mantita para que no pasara frío- ... tengo que terminar la ropita que estoy haciéndote... ¿verdad?... –cuestionó con suavidad, como si hablara con ella, aunque estuviese profundamente dormida, recordando aquel vestidito pequeño que estaba confeccionando con retazos de tela. Subió lo suficiente la piel, para que se sintiera mejor cobijada y continuara durmiendo. Acarició con suavidad sus cabellitos y esbozando una sonrisa, acomodó sus manos en el borde de la cuna, sintiendo que finalmente en el trayecto del exterior hasta allí...había considerado bien sus palabras a expresar.

¿Echaba en falta la vida que llevaba antes? El sonido de la lluvia, el gorjeo de los pajarillos seguramente acurrucados ya en las ramas de los árboles, los pasos de Trystan a sus espaldas... la vista de aquella pequeña durmiente en los sueños más dulces- …No... –susurró entonces, sabiendo que él la escucharía formular, sin retirar sus ojos de la niña a la que miraba con una encantadora sonrisa-  ...No extraño nada de ello... y no quisiera volver a eso... –dijo con honestidad, apartándose con lentitud de la cuna y así volverse a verlo, sabiendo que su comentario era totalmente contrario a lo que él había dicho sobre no salir, ella no quería que saliera de alguna manera... en ese momento deseaba tanto que él estuviese allí y le acompañara, que el hecho que decidiera no hacerlo era sin duda el cumplimiento de ese deseo silencioso ¿Quién realmente deseaba volver a una rutina tan... vacía? Ella no, porque había algo mejor que ese vacío y era el sentirse complemento de una vida, en un hogar que ahora tenía y no era ni suyo.

Los ojos azules de la sanadora, quisieron encontrarse con sus iguales... y en cuanto lo hicieron, una sonrisa se dibujó en sus labios, con ternura plasmada en ellos de una forma dulce y tranquila, sosteniendo aquella piel que ahora no cubría sus hombros y había caído un poco, dejando estos descubiertos, pero que ella sostenía para que continuara cubriendo su cuerpo y rozara un poco la madera del suelo, sobre la cual sus descalzos pies descansaban, ella era baja... unos claros cuantos centímetros que sin zapatos seguramente se notaban más. Su cabello algo revuelto, le daba ese aspecto desaliñado y natural que bueno... hablaba de 0 intentos por tener algo de “decencia” y presentación... algo que ya no era necesario cuando se trataba de esa convivencia que habían sostenido durante ese tiempo en el cual se habían acercado... hasta llegar al punto en el que estaban, ahora. En el que no importaba tanto, realmente, como estuvieran.

Y allí, fue que ella... en ese observar la figura masculina que se había estado asegurando de que la cortina cerrara bien, trabándola con algo de peso para que el viento no la moviera y ahora la miraba...es que tragó saliva... pensando en lo que había dicho, sobre no extrañar nada de aquella vida que llevó por mucho tiempo ya, en lo que le había robado el sueño y lo que le turbaba sobremanera al estar frente a él y dudar antes de acercarse un paso... luego otro... encaminando su silueta hasta encontrarse con él a mitad de camino- ....si... creo que es mejor que no salgas hoy...-concordó por fin, sintiendo un pequeño nudo en su garganta, recordando a quien había conocido en días anteriores...y era parte de esa Resistencia a la que Trys pertenecía y por quienes, él hacía esas peligrosas incursiones, que a veces le tomaban un día entero, esos ires y venires que resultaban siempre sesiones de angustiosa incertidumbre, en que cada atraso podía ser terriblemente trágico- ...puede ser peligroso... –murmuró con suavidad, mientras mordía su labio inferior con un poco de fuerza... sabiendo que eso era algo que él sabía muy bien y no era necesario que ella se lo dijera... pero algo muy dentro, deseaba formularlo- ... el bosque puede ser peligroso cuando llueve...- repitió en un tono de voz mas suave.




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Re: Insomnia - {Trystan}

Mensaje por Trystan el Mar Dic 05 2017, 07:18

Tuve a bien amarrar esa cortina improvisada para que no volara con el viento y que, al menos, la lluvia o el aire no entrara a sus anchas en aquel lugar que ahora era nuestro refugio. Apenas momentos después, el característico repiqueteo de la lluvia en la madera, y en el bosque en general, se hizo escuchar, haciéndome sentir satisfecho al haber hecho la propuesta de entrar en el momento preciso.

La voz de la sanadora llamó mi atención, al dirigirse a la pequeña. De soslayo, la miré, algo extrañado por esa falta de ruidos, risas y balbuceos de Anne. Inmediatamente descubrí que mi hija seguía dormida y las palabras de Kya habían sido pura retórica. Fue justo ese momento en el que me quedé mirándola, mientras me incorporaba de nuevo, que me pareció la mujer más detallista del mundo. De hecho, yo ya me sentía enormemente agradecido por que quisiera pasar tiempo con ella. Había tanta gente que no lo haría. Había tanta gente egoísta que se desentendería tan fácil y rápidamente que me abrumaba el hecho de que Kya fuese todo lo contrario.
El ayudar desinteresadamente había pasado lamentablemente de moda.

Sonreí, por supuesto. De forma tierna e inevitable. Pudiera ser que hasta con curiosidad por ver esa ropa que le estuviese haciendo. Ropa que, no terminaría si se fuese pronto. Aquel simple pensamiento borró la sonrisa de mi cara, mientras mis azules se desenfocaban, en esa imagen tan tierna de la muchacha arropando mejor y acunando a la niña, ajena a todas esas atenciones que Kya le dedicaba en ese instante.

Con un carraspeo, volví de mi ensoñación, al escuchar la madera mecida, suelta, golpear aleatoriamente los marcos de una de las ventanas que se me había pasado asegurar antes. Me moví, unos pocos pasos, no estando lejos de la entrada, pues de no apurarme, quizás Anne terminara despertándose. Y apenas había terminado uno de los tantos nudos que habían llegado a enseñarme en mi época de aprendiz de explorador, cuando escuché la contestación tardía de Kya. Una que no dejaba de sorprenderme al resultar ser negativa. Fruncí el ceño, antes de encararla, cuando ella daba una respuesta más larga. Y, de forma inverosímil, no pude alegrarme más por lo que dijo. Sin embargo, mi sonrisa fue más sutil que amplia; tierna, casi como la suya-. Entonces… -me envalentoné, con esa pregunta que rondaba mi mente desde hacía unos días:- ¿tendría alguna posibilidad si te propusiera que te quedaras un poco más con nosotros? -mis azules, ya sobre aquella figura escondida entre las pieles y aquel camisón que usaba, se mantuvieron particularmente atentos ante la reacción -y respuesta-, de Kya. Casi pudiera decirse que, de haber tenido oportunidad en aquel momento, habría hasta rezado a los Elementales por que no dijera que no.
Me había acostumbrado a su presencia tan tranquila, tan tierna… tan entregada incluso con dos personas que ni siquiera guardaban relación alguna con ella… ¿verdad?

Sonreí de nuevo, volviendo a pasearme parcialmente por la que ahora era mi casa, reuniéndome con Kya, sin pretenderlo, en la mesa que estaba en el centro. Enarqué una de mis cejas, como simple reacción a esa preocupación palpable en su mirada que llegó a inquietarme sutilmente-. Nah, sólo iría a por agua y revisar algunas trampas que dejé puestas. -me encogí de hombros ligeramente, justo antes de que ella se interesase por mi próxima intrusión en Talos. La última de una larga lista. Con ello, suspiré, agachando fugazmente mis zarcos antes de regresarlos a los contrarios-. No habrá una próxima. -reconocí, quizás con un hormigueo en el estómago que empezaba a pesar, consiguiendo que me preguntara si había tomado la decisión correcta-. ¿Recuerdas a la morena que estuvo aquí hace unos días? -pregunté, asintiendo cuando Kya mencionó el nombre de Maeve demostrándome que se acordaba de ella y su pseudónimo-. Vino, porque quise que supiera dónde podrá encontrarme… cuando de verdad, me necesite. -una sonrisa complaciente pero vaga se dibujó en mi rostro-. Con la nota que tú y yo descubrimos… me planteé que… ahora mis responsabilidades no van en la misma dirección que la Resistencia… -quise explicar, confiando en Kya con sorprendente facilidad-. Y, ya que la organización se fortalece con las aportaciones de cada uno de sus miembros por un bien mayor… yo no encajo en ella. -torcí los labios por un momento, antes de tragar saliva-. No voy a aportar nada si tengo una hija y un desafío de los que ocuparme primero. -había sido una decisión propia. Un momento de pura reflexión, dándole la importancia pertinente a ese orden de cosas que regían mi vida.
Yo no podía seguir siendo terrorista si quería luchar por mi oportunidad para vivir.

El semblante de Kya, conforme yo hablaba, se colmó de curiosidad, inquietud y posterior sorpresa, a la que tuve que asentir ante esa pregunta inmediata para asegurarle que sí, era una resolución tomada. Difícil pero impepinable.




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Re: Insomnia - {Trystan}

Mensaje por Kya el Mar Dic 05 2017, 21:48

Aquellas palabras formuladas por él, la hicieron sentir una punzada de emoción en su corazón. Era ridículo el intentar buscar formas de explicar cómo se sentía... cómo si hubiese vivido muerta toda su vida y ahora por lo más mínimo se quedaba sin aire, dando a entender lo que sentía de una forma que ella nunca había experimentado... un dejo de esperanza de que él no quisiese realmente que se fuera de su lado... pero... ¿sería posible? ¿podría realmente vivir con el hecho de que él arriesgaría su vida diariamente?

Era un resistente y por más que ella quisiera cambiar ese hecho, tenía responsabilidades... y ella no era de obstruir lo que era importante para otros... y aunque la idea de quedarse un poco más resultaba tentadora y hermosa... tenía un miedo atroz a lo que no podía controlar por primera vez... ¿era realmente el peligro lo que la hacía dudar o solo el hecho de que no podía controlar nada de lo que sentía? extendiendo su silencio de una forma serena, sin borrar aquella sonrisa que sus labios plasmaban mientras sentía sus mejillas calentarse junto a aquel enrojecimiento sutil y sus ojos dilatarse un poco, mordió su labio inferior como un acto reflejo que era propio de ella cuando batallaba internamente.

¿Sería realmente saludable, alargar su estancia de ese modo, sin tener ni siquiera la seguridad de su posición junto a él y su hija? ¿tenía alguna posición en esa pequeña familia? ¿y su hija, como estaría con ello? Era una pequeña niña, pero ya tenía emociones y el impacto emocional que sería para ella, si se quedara un poco más y luego partiera... siendo que estaban construyendo un apego especial que enternecía su ablandado corazón... cuando no estuviese sufriría su ausencia y sería terrible, era terrible sentir que alguien te había abandonado, por más que no lo recordarse luego. Era terrible para esas cosas, ella nunca había sido capturada a tal grado que no supiera como proceder... siempre sabía cómo hacerlo, siempre daba los primeros pasos, siempre sabía que decir en los momentos correctos y su extraordinario control se había ido al trasto, en cuando había conocido a ese pelirrojo que ahora tenía delante, respondiendo a sus pequeñas palabras de preocupación, restándole importancia a aquellas salidas mañaneras, cuando solía ir por agua y a recoger lo que hubiesen capturado las trampas puestas... ¿Cómo podía ser tan... así? ¿Por qué era así? Igual era peligroso y...

“No habrá una próxima”

Estaba por rodar los ojos cuando aquella frase la detuvo en su pensar, en el reproche que iba a escapársele y había quedado atorado en su garganta, al escucharlo restar importancia a las salidas que sabía solía hacer-.... ¿Qué? –preguntó sin tapujos de ningún tipo, sin poder entender. Claro que iba a haber una próxima vez, seguro sería pronto... ¿no?, por eso había llegado Maeve ¿cierto? Le había caído muy bien esa morena de armas tomar con quien había podido conversar brevemente en su visita hace pocos días, además como olvidar a alguien tan peculiar como ella-  Maeve... – murmuró la sanadora mientras movía sus manos para afianzar la piel sobre sus hombros y escuchar con el ceño fruncido levemente, en increíble desconocimiento de a qué se refería el pelirrojo con aquellas palabras- ...no.… no entiendo ¿a qué... –quiso preguntar, pero el continuó hablando, explicando sobre la nota, sus pensamientos, sintiendo su piel erizarse y un escalofrío bajar por su columna vertebral hasta la base de su espalda y de vuelta hasta su nuca.

Sintiendo como sus ojos ardían un poco y se dilataban como si fuese demasiado para contener en su pecho, pudiéndose ver perfectamente el brillo de la emoción que naturalmente comenzaba a embargarla. Tragando saliva, con el aire faltando en sus pulmones, insuficiente y a lo mejor hasta denso, sin dejar de mirarlo fijamente como si agradecerle fuera lo único que escapaba de ella, agradecimiento por lo que consideraba un regalo caído del cielo, una gota que caía en el lado correcto de la balanza, en la cual ella finalmente sentía no cabía más, mientras se inclinaba hacia donde deseaba que se inclinara, observándolo con sorpresa, entre esta y un alivio que superaba cualquier otra emoción que hubiese podido llegar a experimentar antes, una seguridad que comprimía su pecho y la hacía sentirse completa... palabras mayores, eran esas... causando que sus manos aflojaran la piel dejándola caer a sus pies y automáticamente subieran rápidamente a cubrir sus labios y así esconderlos, mientras él proseguía hablando, temblorosa y emocionada por la idea de que él no fuese a arriesgarse más de aquella forma y que sin saberlo, respondiera al dilema que ella poseía.

¿En serio?... –preguntó en un ronco y bajo tono de voz, casi inexistente, mientras una lagrima escapaba de uno de sus ojos, exhalando, al recibir aquel asentimiento. ¿Por qué era así? ¿Por qué ahora parecía adorarlo más? Tanto que deseaba besarlo... un impulso que contuvo malamente, notando la extrañeza en su semblante al ver como ella empezaba a reaccionar a esa información que era más de lo que pudiese pedir, mientras inhalaba…y exhalaba. Mordiendo su labio inferior de nuevo, mientras elevaba su mano derecha y dejaba que las puntas de sus dedos rozaran aquella barba y delineara el mentón masculino, recorriendo el mismo con suavidad, para luego apartar su mano y posarla sobre su hombro, deslizándola hasta su pectoral- eres un tonto…-murmuró sintiendo como sus lágrimas desbordaban y poco a poco abrumada, por esa marca de ruta que anunciaba un cambio. Paseó sus ojos azules por ese semblante, por la forma en que sus azules le miraban, por la forma en que estaba adorablemente lleno de una confusión que la hizo reír por lo bajo, apreciando la forma en que arqueaba su ceja y como era su nariz, la forma en que sus labios parecían prepararse para decir algo... y que empezaba a formular, cuando... decidió atreverse a acercar su izquierda y rozar con su pulgar los labios masculinos, silenciándolo, encontrando sus ojos una última vez antes de, inhalar por la boca y sentir que lo merecía.

El riesgo valía la pena
y por primera vez llevada por la emoción decidió romper con aquella barrera que ella había necesitado conservar para que sus sentimientos no explotaran entre tanta confusión. Ella nunca pensó que al volver a Talos su vida cambiaría como lo había hecho, tampoco tenía idea de que llegaría a preocuparse tanto por alguien al grado de llorar al saber que estaría a salvo, tampoco que extrañaría tanto teniendo lejos a alguien y mucho menos que conseguiría algo tan valioso como lo era aquellas nuevas experiencias que había tenido esos últimos meses que se había dejado cuidar... Nadie vivía dos vidas, solo existía una vida y por más impresionante que fuese, sentía que había empezado a vivir justo en ese momento en que miraba al confuso Trystan, pelirrojo de ojos azules como el más bello de los cielos, buceando en esa confusión purificada por la dulzura que demostraba con pequeños detalles y que sin darse cuenta la habían enamorado, perdidamente, irrevocablemente, atándola desde el momento en que su nariz había rozado con tanta dulzura el dorso de su mano en aquel primer encuentro capturado en el tiempo y en su memoria como si hubiese sido ayer, cuando el viento suave acariciaba los pastizales y el sol brillaba cálido en todo su esplendor sobre sus cabezas y ella había querido acariciar sus rojizos rizos, enternecida hasta la médula por su tan gentil y suave personalidad.




Ese hombre que ahora parecía querer decir algo, tornándose más confuso con seguridad, cuando ella en aquel lapsus de segundos que parecieron minutos, dibujaba una sonrisa enternecida, fruncía un poco su ceño imitando el suyo y con un suave paso, acortó la distancia entre ellos, sin dejar de mirarlo, colocándose de puntillas con sus pies descalzos, apenas rodeados por la piel que había caído, se atrevió a jugar una última mano, apostándose ella misma, para saber si esta vez ganaría por fin algo bueno, en esa única vida que empezaba a vivir, gracias a él y que sabía no muchos tenían, mientras sus manos se posaban con suavidad a los lados de su cuello y levantaba su mentón para acercarse y entonces... robar de él un beso. Cerró sus ojos, en lo que una única y solitaria lagrima escapaba de uno de sus ojos, escurriéndose por su mejilla, hasta perderse en su mentón. Deslizando sus manos, hasta permitir a sus dedos rozar los cabellos rojizos en su nuca, acunando su rostro, siendo ella quien, con una dulzura inimaginable, por primera vez, se arriesgaba en incertidumbre a reclamar algo que añoraba y que había llegado a ella sin pedirlo realmente.

Dejando que sus labios hablaran por ella y acariciaran los contrarios que no estaba segura le corresponderían de esa manera que ella deseaba, dejándose guiar por el impulso que había estado conteniendo, por que.... tenía miedo. Incluso podía decir que sus manos temblaban ligeramente, movida por la ilusión de que había una mera posibilidad de que todo podía mejorar…llena y desbordada como si su corazón se esponjara y se abasteciera de suficiente combustible para continuar resistiendo aquellos siniestros embates de la vida. De mano de alguien que había probado ser su complemento perfecto en medio de ese incansable recorrido que a ambos les había robado años y ahora todo parecía encajar como piezas perfectas de un rompecabezas, que para ella estaban teniendo sentido. ¿Lo tendría para él? . . .

Ella rogaba a los elementales que si...




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Re: Insomnia - {Trystan}

Mensaje por Trystan el Jue Dic 07 2017, 23:34

Una pequeña voz en mi cabeza me hacía sentir mal por cada impulso egoísta que yo tenía.

... Pero a estas alturas de mi vida, tenía claro que me había ganado el derecho a pensar que merecía más de lo que había tenido hasta ahora. Que me merecía, por fin, una vida fuera de aquella interminable y extenuante guerra. Una vida en el anonimato y la calma, sobre la que asentarse para poder tener algo seguro a partir de lo que seguir construyendo. Que me había ganado la tranquilidad y oportunidad de luchar por mí y por mi hija. Porque esas eran mis prioridades absolutas y no otras, ahora.
... Y ahora, me daba igual cuánto me criticasen y cómo se sintieran los demás.
Quién me apreciara, sabría aceptarlo y respetarlo. Y quién no... no era mi problema.

Fue por todo esto que, pese a esa petición que yo le había hecho a la sanadora, y que ella parecía alargar el tiempo de respuesta, no sentí que fuera invasivo. Principalmente porque ella misma me había reconocido que no le apetecía lo más mínimo volver a esa vida que había tenido antes de compartir una rutina conmigo. La muchacha sólo sonreía, convirtiendo en agónica esa espera por contestación. Fue justo entonces, cuando pude mirar más allá. ¿Acaso era justo esa sonrisa, su respuesta? En ese idioma que hablábamos entre nosotros de forma tan fluída sin pronunciar palabra alguna, la posibilidad de que Kya me contestara no era tan inverosímil. La curva dibujada en mis labios se amplió sutilmente, ante ese pensamiento. Ante esa sutileza que me había costado observar y entender. ¿Cómo podía haber estado tan ciego?

Como así supe que lo estaba con esa emoción que acabé mirando en los zarcos orbes de la sanadora. Al parecer, no era consciente de cuánto le preocupaba que yo me arriesgara tanto. Porque sí, cada vez era más complicado, difícil y peligroso adentrarse y rondar las calles de Talos, con las medidas cada vez más asfixiantes del régimen dracónico. Cada vez era  más complicado socavar información y, con ello, las intrusiones debían repetirse con mayor frecuencia lo que hacía del peligro un fiel compañero que podía volverse en tu contra con demasiada facilidad.
Visto así, era más que comprensible que Kya se inquietase. ¿Podía temer que en una de ellas yo no volviera?
Desde mi punto de vista, habiendo sido terrorista toda mi vida, como explorador y haber jugado en las calles de la ciudad a persecuciones y carreras, no loveía tan drástico. Pero parecía haber olvidado esas dos veces que consiguieron atraparme y casi dejarme sin vida.
Tal vez, en esa tercera vez, ya no tuviera tanta suerte.

Pero no iba a tentar al destino, o a la misma suerte. Mi hija y mi desafío eran carga importante que no me permitía actuar con tanta facilidad sin pensar en ello dos veces. Y una misión en Talos no beneficiaba a ninguna de esas dos partes. Solo a la Resistencia... Exigente amante a la que ya no podría cuidar más. Por la que había luchado hasta la saciedad y casi muerte. Era tiempo de dejarla marchar.
Lo que no sabía, era que no estaría solo mucho tiempo.

Tan ofuscado andaba, pensando en mi propia situación -y desesperación-, que no me esperaba lo que fuese a pasar al darle tal noticia a Kya. No se me pasó por la cabeza el efecto que tendría en ella. No supe darme cuenta antes de que aquella sanadora me había dado tanto  con tan poco, que aunque lo apreciara en cada momento, no conté con esa suma total que había hecho mella en mí. En un principio, me extrañó esa lágrima que se le escapó. Fruncí el ceño, preguntándome internamente si era ella la que no estaba de acuerdo en que yo dejara de ser lo que había sido hasta ahora.
Pero no, Kya estaba llorando por ese inmenso alivio que supuso para ella el saber que no tendría que preocuparse más por mí a tal extremo. Sentí como que le costaba creerlo, de hecho. Como si lo que yo le confirmaba con asentimientos de cabeza no llegaba a su entendimiento. O a que tomara real consciencia de ello. Me mantuve firme en lo que ella elevaba su mano para pasearla de la línea de mi mandíbula, dejando que sus dedos indagasen entre mi barba, para luego bajar y acabar en mi pectoral. Pero su murmulló fue algo del todo inesperado. Como gesto característico que yo tenía, una de mis cejas se enarcó, tan inquisitiva como confusa, sin que mis azules se despegaran ahora del emotivo semblante de la sanadora-. Kya, ¿qué...? -fui a decir, siendo interrumpido por su impulso, en el que su pulgar terminó en mis labios.

Y esa sutil caricia, secó mi boca hasta el punto de tener que tragar saliva, con la esperanza de que esa sensación de presión en el pecho, disminuyera. Pero no lo hizo. En su lugar, mi ceño terminó frunciéndose, en lo que yo comenzaba a darme cuenta de ese brillo en sus ojos que reflejaba cierto nerviosismo e indecisión. E inmediatamente, quise saber por qué. ¿Indecisión? ¿Acaso yo había sacado una conclusión errónea de esa preciosa sonrisa? Una desbordante de ternura como esa misma que volvía a dibujar en sus labios, en lo que se acercaba y...
Fue justo ahí, cuando me di cuenta de esas intenciones sutiles de Kya. ¿Podía estar tan nerviosa por algo así? Sí, sin duda podía estarlo... Porque, después de todo, yo también estaba descubriendo que, justo en ese ahora, quería lo mismo que ella. Pero no quise precipitarme, comenzando a adorar esa delicadeza con la que la sanadora parecía hacer todo, hasta tantearme, acercándose con suavidad, hasta que puso sus manos en mi cuello y alzó su barbilla para besar mi labios. Un segundo después, mis azules se cerraron y aún tardé un par de segundos en reaccionar... Porque primero tenía que conseguir salir de esa pequeña conmoción sufrida al darme cuenta que...
... la quería.

Entre otras razones, por eso quise pedirle que se quedara, por eso me inquietaba su porvenir, peligroso cuanto menos si regresaba a aquella granja en la que la conocí por primera vez. Quería protegerla, mantenerla a salvo de aquel mundo que quería hacerle tanto daño. ¿Era justo o egoísta? Pudiera ser que un poco de ambas cosas. Pero en aquel momento, quise dejar de pensar. Me olvidé de esa mente trabajadora y activa, desconectándola. Porque quería disfrutar de ese beso.

Mis labios se movieron entonces, despacio, correspondiendo el suave movimiento de los contrarios, entrelazándonos en ese pequeño baile compaginado y dulce que hablaba claramente de algo que no habíamos puesto en palabras. Mis manos buscaron su cintura, para rodearla por encima de ese camisón y atraerla hacia mí.
Y lo bien que me sentí en ese momento, con su cuerpo pegado al mío, en lo que terminaba de asimilar que el que yo correspondiese lo que la sanadora sentía, era algo de lo que no había sido consciente hasta ese mismo beso.
E, inevitablemente, ese suave baile entre nuestros labios, se hizo más profundo, sin ganar nada de ritmo. Como si ahondásemos justamente en lo que ya sentíamos por el otro, y, una vez comenzado, no pudiésemos hacer más que profundizar. ¿Cómo era posible que una chica tan diferente a todas las que yo había llegado a conocer me hubiese encandilado de una forma tan sutil que no me había dado cuenta hasta ese mismo día? Me había bastado su compañía, sus conversaciones, ese cariño suyo que se me antojaba interminable y lo tranquilo que yo me sentía a su lado, para que ese corazón que ahora no latía en mi pecho, consiguiera acelerarse con cada sonrisa o caricia de Kya.

Mis manos, llegado un punto, presionaron más su agarre, recorriendo más su cintura, hasta cerrar ese abrazo por la espalda. Fue entonces cuando mis labios se volvieron más ansiosos, demandantes y retuve el impulso que nos llevaría mucho más lejos que a un simple beso. Dudaba mucho que, por ser Kya como era, gustase de algo brusco o impulsivo. Así, me quedé en ese baile, ahora algo más acelerado que aún compartíamos, hasta que fueron mis pulmones los que demandaron por aire. Fue así como interrumpí el beso, con esa respiración marcada, sin querer separarme de ella lo más mínimo. En la tesitura de clamarla como mía, y declararme suyo. Pues se había ganado mis sentimientos de la forma más inesperada. Y por esto, sí que no reprimí ese deseo que ya había sido petición momentos antes:- Quiero que te quedes.




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Re: Insomnia - {Trystan}

Mensaje por Kya el Vie Dic 08 2017, 09:31

A veces para conseguir las mejores cosas en la vida, tenías que arriesgarte a perder y ella estaba atemorizada de dar ese salto de fe, temiendo la caída... temiendo el dolor del aterrizaje si algo no salía como ese breve rayo de esperanza deseaba y ese temor e incertidumbre fue traducido en el temblor de sus manos, en el sentir que perdía fuerza en sus piernas que ahora le sostenían de puntillas... momento en que sus pies querían fallar, en que su corazón quería escaparse... justo cuando creía desmoronarse en duda, fue que pudo sentir como esa danza de sus labios era correspondida, caricias tan suaves y dulces que parecieron bañar sus labios de la más deliciosa sustancia... sustancia que era su aire, el calor que recorrió su cuerpo, los escalofríos que la hicieron estremecerse, mientras sus manos se mantenían en su cuello, dejando a sus dedos entregar suaves caricias entre esos rizos rojizos de su nuca.

Y como si fuese exaltada y elevada del plano corporal, un exhalo acompañó ese jugueteo de sus labios, esa danza entrelazada en la que ella empezó a perderse como si fuese el abrazo de un anhelo, un suspiro, luego otro... con sus ojos cerrados, decidió dejar de pensar y únicamente dejó a su cuerpo y labios hablar... sus dedos sagaces acompañantes, jugueteaban con esos cabellos suaves, permitiendo a su respiración entre cortarse un poco y pedir un poco más de esos labios que probaba por primera vez y dejaba que le embriagasen con esa ambrosía que manaba en forma de emoción correspondida, que se vertía en ella y entonces como un ciclo imparable, ella correspondía, devolviendo la sensación de eterna gratitud y alivio... conquistada por él y sus sutilezas, enamorada por como el destino, jugó sus buenas cartas y propició esos encuentros que crearon las ocasiones para que en silencio... y sin ninguno de los dos se diera cuenta, se ataran emocionalmente.

Una conexión que incluso en ese momento no lograba explicar, traducida en los silencios que intercambiaban entre ellos sin ser necesario formular alguna palabra innecesaria. Nunca nadie le había dado un manual de esas cosas y pese a conocer lo que significaba el afecto a alguien, no al nivel que ahora aceleraba los latidos de su corazón, a punto de desboque... sobre todo cuando aquellas fuertes manos la sujetaron por la cintura que se sintió empequeñecida en ese sostén que mantenía y fue intensificando, rodeándola, atrayéndola como un imán, sintiendo que sus cuerpos encajaban a la perfección, como si hubiesen estado esperando el momento adecuado para que eso ocurriese... exhalando un tembloroso suspiro sobre los labios que capturaba... con una profundidad mayor, cuando sintiera el calor y el refugio que contenía sus curvas femeninas, a su vez que hundía sus finos dedos entre sus cabellos, perdiéndolos con suavidad y dulzura sin tirar de ellos, acariciándole con anhelante alegría.

Kya no era una mujer alta realmente, su cuerpo, si bien no era voluptuoso, poseía la firmeza que su salud le había permitido mantener, era pequeña en realidad y eso hacía que aquel abrazo del pelirrojo se sintiese en demasía confortable y protector, permitiendo que sus brazos se cerraran en torno a ella y pudiera sentir su menuda pero exquisita silueta de curvas dulces, cubierta por esa prenda que liviana, le cubría, su cuerpo correspondiente a una mujer que gustaba más de actividades tranquilas, como la lectura, el recoger hierbas o andar por el bosque... que de trabajo en exceso, fortaleza y fuerza, su piel olía a bosque, sus cabellos que en ocasiones parecían ser caoba, pero con el sol, mostraban su esencia de fuego, con tonalidades rojizas, olían a flores silvestres, por aquellos aceites que tenía con los que perfumaba y cuidaba sus mechones largos que cubrían su espalda revueltos y sin peinar en ese momento... mientras sus labios jugueteaban con los suyos, pidiendo un poco más, absorbiendo sus iguales y llenarse de la vida que manaba de ellos generosamente y provocaba que sus mejillas se calentaran consecuentemente.

Sus manos, deslizaron suaves caricias entre esos revueltos rizos rojizos, que tocó con gusto, enrollando sus finos dedos entre ellos, para bajar ese trayecto hasta sus orejas, delineando la silueta de sus suaves lóbulos, deslizándose por su fuerte mandíbula, entre su barba y jugueteando de vuelta a su cuello... impulsándose un poco más contra él, presionando su cuerpo en un abrazo que formó por sobre sus fuertes hombros, a punto que ya no le costaba mucho estar de puntillas, por recargar su cuerpo del todo entre los brazos de aquel hombre que ahora robaba de ella suspiros, el aliento y la emoción de sentirse querida, con una conexión que parecía existir allí desde mucho antes de conocerse... un eterno descubrimiento de que por más golpes que te hubiese dado la vida, podías descubrir que había mil otras formas más de ser feliz.

Sus labios añoraron un poco más, capturando, absorbiendo y acariciando con regusto dulce los ajenos para embriagarse y que sus pulmones ardieran al sentir que el aire faltaba, pidiendo un poco más, dando también de vuelta, sin ser agresiva, sin ser demasiado intensa, pero conservando la avidez de ese nuevo descubrimiento a los ojos de los dioses que por primera vez... habían sido generosos de un modo que nunca dejaría de agradecerles. Sin aflojar aquel abrazo sobre los hombros masculinos, dejó que repentinamente y demasiado pronto, él interrumpiera el beso, entre jadeos apagados que contenían dulzura... que poseían, posesión y sin lugar a dudas deseo. Un deseo que la hizo esbozar una sonrisa, entre respiraciones entrecortadas y las palpitaciones de sus carnosos labios, enrojecidos por esa profundidad con la que habían finalmente sellado ese afecto que se había cultivado de la manera más inesperada; Un afecto que ahora se traducía en una decisión que para ella ya estaba tomada... sin abrir sus ojos la sanadora, rozó su nariz con la de él para murmurar- ...Me voy a quedar... –atreviéndose a sostener su rostro con mayor suavidad y con un afecto infinito.

Mi hogar está aquí... –susurró entonces indicándole por primera vez lo que ella sentía, lo que deseaba y compartía con voz ronca y muy baja para que solo él la escuchase- ...con ustedes... –simplificó rozando con sus dedos la picosa barba, antes de dejar escapar una risita baja que amortiguó con otro y otro beso, que entregaba en esa emoción que la hizo reír de nuevo con la alegría de la mujer más afortunada. Agradecida por la perspectiva de esa vida... que bien iba a cuidar y cultivar como si fuese el huerto más preciado que tuviese, en compañía de ese nuevo compañero y la pequeña. Ambos que significaban mucho para ella... “No puedo creerlo” pensó ella sonriendo, negando con esa sonrisa en sus labios... era una sonrisa que hablaba de sorpresa, conmoción y a la vez alegría- ... pensé que no podía sorprenderme mas ... –musitó, abriendo sus ojos azules, dilatados por la emoción, con la esperanza de encontrarse con sus iguales para verificar la realidad y esas emociones desbordadas antes de atreverse a siquiera mirar a otro lado.

Y como si llegara a esa conclusión repentina, la sanadora frunció un poco el ceño, sin dejar de abrazarlo, sin apartarse de su abrazo, ni su cuerpo. Era un lugar demasiado cómodo de estar, para que quisiera abandonarlo- …Pero... –susurró entonces- ... ¿estarás bien con eso?... –preguntó, sabiendo que él entendería que se refería a dejar de luchar en la resistencia, escuchando ese breve "no debes preocuparte por ello ya"- ... voy a apoyarte en lo que decidas, pero... –quiso decir algo, pero un beso la hizo callar, correspondió este con la misma dulzura, antes de emitir un suave sonido de su garganta- ... tendremos que dialogar, sobre esa tendencia a quitarme las palabras que has adoptado... –murmuró sonriendo, recordando que durante su recuperación él había de alguna manera, adquirido la habilidad de refutarle sus argumentos, llamando a su sensatez con la misma habilidad como ella solía convencerle a veces... solo a veces de dejarle hacer más por él- ... No puedo creer lo que me has hecho... –dijo entonces con esa suave tonalidad serena y amorosa, tranquila como solo ella era, dulce y encantadora, entre suspiros y suaves roces. Antes que depositara un beso en la comisura de sus labios y luego en su mentón, mientras sonreía y exhalaba, en lo que sus manos, acariciaban sus hombros y bajando se posaban sobre su pecho.




"Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos."
Je suis pour toi. Tu prends ma main. . .:




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Re: Insomnia - {Trystan}

Mensaje por Trystan Ayer a las 21:58

Aún se me hacía inverosímil la forma de encandilarme que había tenido aquella muchacha, poco a poco, día a día, con sus vulnerabilidades y cualidades con las que me demostraba esa confianza que no dudaba en poner en mi persona como yo mismo hacía con ella, al hacerla partícipe de mi vida familiar, dejando que cuidase de mi pequeña mientras yo iba a por agua, alimento o cumplía con esas responsabilidades como terrorista que ya no tenía.
No cualquier mujer hubiese querido acercarse a mí después de haberla lastimado la mano la misma primera vez que la conociera.
Y, con conocimiento de causa, pues esas dos mujeres a las que había entregado la parte más íntima de mi ser, habían terminado yéndose. Promesas de ambas, que habían terminado por no cumplir. Y la maldita pregunta del porqué de su huida estrepitosa aún carcomía mi ser.
Había pasado meses pensando que era por mi culpa, por mi forma de ser. Ninguna de las dos dio explicación alguna, dejándome con una incertidumbre que sólo carcomía mis ganas de saber.
A punto estuve de capitular por su culpa.

Pero, ¿qué iba a demostrar a mi pequeña ahora si hacía algo así?

Mi hija había supuesto ese clavo al que aferrarme, deseando ser algo mejor para poder darle un futuro que, como padre y desafiado al mismo tiempo, me era difícil ver de forma optimista. Pero, desde luego, Kya había resultado ser ese apoyo inesperado que me mantenía centrado en lo que quería y me ayudaba, día a día, a no sucumbir al desánimo. Aunque ahora que habíamos dado un tremendo paso al frente el uno con el otro, era inevitable que nuestra rutina cambiase, por muy poco que fuese.

Ese beso significaba un punto de partida, que marcaba un final, y el comienzo de algo nuevo en lo que yo pudiera no tener experiencia. No, cuando mis relaciones anteriores habían sido un constante ir y venir en una exaltación que, una vez desafiado, pudo llevarme a perder los papeles y hacer algo de lo que pudiese arrepentirme. No fue nada fácil convivir con esos cambios drásticos cuando lo que realmente necesitaba era tranquilidad.
Y pensaba que siempre fui transparente y había dejado las cosas claras.

Pero, al parecer, no conseguía que entendieran… o directamente no querían entender mis razones o mis peticiones. Ya nunca supe si porque sudaban de mí o porque realmente no querían hacerlo.
No obstante, ya no merecía la pena darle más vueltas a lo que había sido o con quien había compartido mi tiempo.
Ellas habían decidido salir de mi vida.
No podía culparlas ya… pero tampoco iba a seguir amargándome y lamentándome.
No desde que esa semilla de realidad que el dragón sembró en mi mente, germinara.
No desde que Kya me había dado ese beso que me había abierto los ojos de nuevo.

Sólo había una cosa que podía mejorar aquel momento pero, era algo que aquella sanadora no podía darme. Y de tenerlo, se lo quedaría ella, como se había quedado conmigo, de la forma más insospechada. Por lo que no volvería a ser mío. Tenía esa corazonada y había aprendido que en la vida, las cosas pasaban por algo. Y yo no me había encontrado con Kya y la había salvado… si los Dioses no tenían algo dispuesto para nosotros. ¿Qué menos que disfrutar de ello?

Esas suaves caricias en mi cabello, me estremecieron ligeramente, haciéndome incapaz de ocultar la sonrisa. Conforme pasaban los minutos con aquella muchacha en mis brazos, no dejaba de repasar mentalmente toda esa progresión de hechos, detalles y decisiones que nos habían llevado a ese momento. Sintiendo algo… sano. Algo equitativo. Nada de desgarradores sentimientos ni impulsos ferales.
No… Aquel sentimiento suyo parecía puro y honesto. Nada posesivo ni celoso. Algo que yo no había llegado a tener antes.

La sentí estrecharse algo más contra mí, cediendo a esa cercanía. Ansiándola ahora, también. Estableciendo esa relación simbiótica en la que tanto entregaba como recibía en respuesta. Aún con el vívido recuerdo inmediato de ese beso compartido, largo y sentido, mis pulmones recuperaban el aire y sus palabras susurradas invadían mi oído y de nuevo, Kya me hacía sonreír. Juraba hasta sentir mi corazón desbocándose de alegría, allí donde estuviera cuando ella me hizo saber que para ella su hogar estaba con Anne y conmigo. Sin contención, correspondí cada suave y rápido beso que ella me daba, añorándola como no lo había hecho hasta ahora. Finalmente abrí mis ojos, para deleitarme con aquel semblante tan cercano. Aún cuando su mirada permanecía cerrada, Kya era capaz de hacerme ver lo feliz que era en ese instante. Y, aún mejor, hacerme partícipe de ello. Pero en cuanto abrió sus ojos, después de ese susurro añadido terminó derritiéndome. Tal era la emoción y alegría contenida en aquellos iris claros que no tuve más remedio que dejarme invadir por esas sensaciones que ella sola emanaba-. ¿Más? ¿Qué más te ha sorprendido? -que yo correspondiera el beso era algo obvio, pero, ¿qué más pudiera haber? Ya era mera curiosidad, ahora que podía hablar en total confianza con ella. Más aún.

No obstante, en cuanto ella arrugó el ceño, aparté mi semblante, para poder verla mejor, llegando a costarme el entender al principio esa primera pregunta que me lanzó. Con ello, asentí suavemente-. No debes preocuparte por ello, ya. -contesté, queriendo restarle importancia. Me costara o no, en ese justo instante, ni quería ocupar mi tiempo en pensar en ello. No obstante, la insistencia de la muchacha parecía querer ser ese balde de agua fría que pretendía evitar bajo cualquier circunstancia. Fue por esto que tan sólo se me ocurrió subir una de mis manos para acunar su mejilla y callar sus labios con otro beso lento, de esos tan cargados de sentimiento que embelesaban la sinapsis del más entero. Sentía que con cada baile intenso de nuestros labios, parte de mí, quedaba impresa en ella.
Tal vez, así, si a mí llegara a pasarme algo o no consiguiera cumplir el desafío, viviría, al menos, en ese recuerdo que la sanadora guardara de mí. Porque mi pequeña aún era demasiado joven para ser consciente de algo así.

Apartando ese lúgubre hilo de pensamiento, reí por lo bajo, ante esa réplica, justo antes de articular:- Tendrás que admitir que la estoy perfeccionando cada vez más y mejor. -enarqué ambas cejas por un momento, juguetón, desafiante, llegando a mecerla con extrema suavidad, como si estuviéramos bailando sin llegar a mover los pies en ningún caso. Y el último de sus murmullos, marcó más mi sonrisa, mientras mantenía mis azules en los suyos. Un golpe de sinceridad que a mí me parecía del todo fuera de la realidad-. Va a ser cierto eso que dicen de juntarse con terroristas… -bromeé, sobre ese dicho de que cualquier contacto con la Resistencia hacía de tu vida un auténtico caos. Claro que, estaba dejando de lado el hecho de que recientemente había dejado de ser uno de ellos, también. Con un suspiro, ahora sí, quise guarecerla entre mis brazos. Así, esa mano que había mantenido en su mejilla, le dio una última caricia, para después bajar por su cuello hasta su hombro, y así rodearlo, dirigiéndose a su espalda, claro indicativo de que quería abrazarla. Con ese toque dulce, la atraje hacía mí, dejando que apoyara el lateral de su rostro en mi pecho, y así yo me llenaba de esa calidez que ella desprendía. Posé mis labios en esa melena oscura, para luego apoyar mi barbilla con extrema suavidad. Un momento que acabó siendo repiqueteado con esa posibilidad a la que ahora volvía a enfrentarme, aunque las circunstancias fueran del todo diferentes a las que había tenido con anterioridad-. No sabes en dónde te estás metiendo… -mentira. Estaba convencido de que Kya sabía perfectamente mi situación y lo que podía pasarme. O lo que podría pasarle a ella.
Pero, a pesar de ese futuro incierto y la promesa de mi mayor esfuerzo, ¿sería suficiente para ella?




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Trystan
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