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Under the gaze of the Queen Mother [Maeve]

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Under the gaze of the Queen Mother [Maeve]

Mensaje por Invitado el Lun Nov 27 2017, 21:53

Under the gaze of the Queen Mother

Ubicación: Ciudad de Talos, Templo del Dragón.
Hora: Noche.


Aquella noche, había sido distinta de todas las demás. El cielo había ennegrecido por completo su luz, y no había más que una tenue oscuridad que amenazaba con arropar todo Talos. El sonido de los relámpagos y las centellas anunciaban la cercanía de una tormenta que se acercaba. Las calles de toda la Ciudad Imperial se encontraban solo alumbradas por las antorchas  y candelabros con aceite animal dispuestos en entradas de comercios y casas, y el viento esa noche arreciaba con especial fervor. Los caballos en los establos aquella noche, relinchaban en aras de ese sentido que los hacía tener conexión para saber que algo natural y poderoso se acercaba. El toque de queda que la Inquisición había impuesto de mano de la Reina de los dragones hacía meses atrás para toda la población en Talos se había dispuesto en la hora sexta de la tarde anunciado por campanas y trompetas, una hora en la que nadie sin una exclusiva autorización real podría transitar libremente ningún camino de la ciudad. Un rayó aún más fuerte rompió el silencio, y cómo era de esperarse, la lluvia comenzó a caer sin don ni son, e incluso aquellos que eran los únicos con la autoridad de transitar y patrullar las calles, corrían en busca de refugio, dejando solo a uno pocos, los más dedicados, el patrullaje de una Talos sumida en una tormenta.


Bajo la lluvia, una figura humana corría con desespero. El sonido de sus botas de cuero chapoteando con las baldosas babosas y alzando el agua en cada charco que se hallaba en el camino haciendo que sus pantalones se mojaran aún más, eran pruebas de que el desespero por ubicar rápido un lugar en donde la lluvia no siguiese mojándole era su objetivo. Alvric, por desgracia, se había perdido una vez más en la enorme Talos tras el extraño día en un intento furtivo de robo. Llevando una capa con capucha propia de los viajeros, circundo entre una calle y otra, y sin saber ni siquiera leer, le fue imposible en medio de la lluvia dar con un refugio seguro. Preocupado, corrió y corrió, esperando no tener que encontrarse con ningún inquisidor, y por suerte, eso fue exactamente lo que ocurrió. Al salir de uno de los callejones, y mirando alrededor por fin había logrado legar a un lugar abierto, pero en efecto, perdido y sin una visibilidad bastante clara por la lluvia que caía, se vio obligado a detenerse. Miró hacia la derecha y miró hacia la izquierda, y todo, exactamente todo le era ajeno, exceptuando justo lo que frente a él, se levantaba. Alvric estaba frente a una de las maravillas arquitectónicas que nunca jamás en su corta vida había esperado ver: el antiguo y legendario Templo del Dragón de Talos.

Pese a ser alguien no dado a las sorpresas, era inevitable, que aquello, esa majestuosa y monstruosa edificación que apenas y alcanzaba a vislumbrar hasta donde la oscuridad y la lluvia se lo permitía en su esplendor y tamaño hacia el cielo, era inevitable. En medio de aquella situación, una idea descabellada y nada agradable para él pasó por su mente: era el único sitio en todo Talos, que parecía estar dispuesto a brindarle el refugio que había estado buscando. Miró, desde fuera y mientras seguía mojándose, hacia el interior, algo casi imposible pues solo lograba distinguir oscuridad. Alvric se quedó en silencio, y pasaron algunos minutos, y aunque su rostro era tranquilo como siempre, calmado, era inevitable poder negar la desagradable sensación que aquel sitio le había generado el solo verlo. Sin más cavilaciones y pensamientos absurdos sobre las viejas leyendas de aquel lugar, Alvric corrió, y entró al Templo. Cuando por fin había escapado de la tormenta, y bajo el manto del Templo, a pocos centímetros de la entrada, Alvric se sintió un tanto más aliviado, y fue justo en ese momento, cuando decidió alzar la capucha, y llevando la mano hasta su cabello, lo sacudió, echándolo para atrás, y se limpió el rostro.


Última edición por Alvric Khelden el Miér Ene 03 2018, 17:59, editado 1 vez
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Re: Under the gaze of the Queen Mother [Maeve]

Mensaje por Maeve el Mar Dic 05 2017, 03:58

Luego de que empezaran a planear un atentado y tuvieran casi todo listo para pegarles donde más les dolía a los dragones fieles a la reina loca, había llegado la noticia. Una noticia muy preocupante. Una inusual actividad, sospechosa, en la gente del templo.

Con todo lo que había pasado con el atentado a las montañas era natural que estuvieran algo paranoicos. Así que con los reportes decidió ir ella misma, y utilizar su don para ver si podía recaudar más información.

Paseó por el lugar como si fuera una creyente, hasta rindiéndole pleitesía a la estatua, mientras a sus adentros inventaba un burlón rezo terriblemente ofensivo.

Sus ojos vieron actitudes extrañas en algunas personas y su don le decía que estaban tensos y alertas. Coincidía con los reportes, aquellos eran guardias de civiles.

Decidió quedarse para estudiar las posibilidades de hacerlo por la noche, aunque imaginaba que serían casi nulas, la bronca hacia querer que avanzaran igual.

Se escondió en una de las casas seguras que tenían por la zona y esperó.

La lluvia dificultaba la visibilidad, y sabía que ella llevaba las de perder antes de terminar de acercarse al lugar. Los dragones tenían sentidos superiores. Y a pesar de que le tentaba hacer ella misma el atentado, nunca saldría de Talos si lo hiciera.





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Re: Under the gaze of the Queen Mother [Maeve]

Mensaje por Invitado el Miér Ene 03 2018, 17:56

Era la noche cuarta de los cinco días totales en los que un miembro del Gaviota de Plata, el barco de Alvric Khelden, tenían para poder ausentarse sin que la tripulación entera, tomase la decisión, según los rangos correspondientes en un navío, de emprender una búsqueda exhaustiva hasta dar con el miembro faltante, y solo decidir la marcha sí y solo sí se le declaraba oficialmente desaparecido, o en el caso más terrible: muerto. Era una norma que significaba una tradición de honor y una costumbre que había sido pasada de su padre, y de su abuelo, y así hasta donde sabía. Era una cuestión y un código de honor de los Khelden. No importaba cuales fueran las circunstancias, pero en una familia, como lo eran todos en aquella embarcación, esa norma, una norma que los hacía como humanos mantenerse unidos ante las adversidades de un mundo en donde la humanidad era menos que nada. Era un símbolo de protesta hacia los dragones que les menospreciaban y daban sobre el concepto de animales. Era un acto de protesta silenciosa, de humanos libres en un mundo que era injusto. Los únicos actos que no acarreaban perder la vida y dentro de todo, podían ser considerados legales según las leyes impuestas por aquellos llamados "salvadores del mundo"


Disponiendo sus manos y sacudiendo un pocos sus ropas mientras el torrencial agua caía afuera, Alvric, revisó una vez más el paquete que llevaba con él, sacándolo de la envoltura de pieles: la figura de madera del General del Ejercito, Ariakas Verminaard. Observándole unos segundos, mantuvo su rostro tranquilo, y escuchó el eco que su sola respiración dejaba en todo el lugar, una reverberación que le hizo tener que levantar la mirada, y entrar en conciencia de la majestuosidad y la grandeza del lugar en el que se encontraba. Por unos segundos, le fue totalmente imposible contener ese sentimiento de sorpresa, y girándose sobre sí mismo, en pasos lentos mientras caminaba hacia adelante, en un lugar que se hallaba totalmente vacío y sin la más mínima presencia de alguien cercano, la mirada joven de Alvric, se maravilló en cada detalle de aquella estructura. De todas las edificaciones que existían en el Imperio del Fuego, no había, ni aún una, en todos los siglos en que el reinado poderoso de la Reina Madre, hubiese jamás levantado una como aquella que se erigía en la capital del mundo. De norte a sur, y de este a oeste, la fama del Templo del Dragón y la gran estatua que se erigía en él, cuyos ojos se decían que, podían observarte, de forma vigilante y penetrante, quebrando hasta el más minúsculo trozo de tu alma. Incapaz, de ocultar nada, tal como era la mirada de la reina de los dragones en persona.

Al deslizar la mirada, fue entonces cuando por fin, se encontró cara a cara con ella. Era la primera vez que los ojos de Alvric miraban de frente a la estatua de la Reina Madre. Tal como si hubiese quedado hipnotizado y aterrado, Alvric se quedó, atónito, y sintió como aquellos ojos tallados en piedra de manera perfecta, parecieron atravesarle por completo, sintiéndose frió, y desnudo. No pudo explicar absolutamente nada de lo que sintió, en esos instantes el tiempo mismo pareció frenarse ante él, y solo una sensación desagradable fue la recorrió todo su cuerpo. En ese entonces, se dejó escuchar el sonido el sonido de la figura de madera chocar contra el suelo, de la cual el joven humano pareció no estar consciente, quedándose completamente paralizado hacia la estatua, y pareciendo perder la noción misma del tiempo. Sin poder dejar de tener que ver aquellos ojos sin vida, que parecían tener más vida que el fuego más ardiente, su pequeña figura humana en medio del Templo del Dragón, se veía minúscula, y el silencio era el único testigo del encuentro entre la representación máxima de la Fe, y el orgullo de un hombre que sin saberlo, estaba delante de la causa más poderosa de la caída de la humanidad. Los minutos se dejaron pasar, y las miradas: estatua y hombre, permanecieron inmóviles, una frente a la otra, encarándose en un silencio escalofriante que terminó con la oscuridad en los ojos de Alvric, quien perdiendo la conciencia, simplemente cayó en medio de la oscuridad del Templo.
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Re: Under the gaze of the Queen Mother [Maeve]

Mensaje por Maeve el Sáb Ene 13 2018, 23:13

Escuchó pasos que se acercaban, aún por encima del ruido de la lluvia. Por esa razón supo que estaba en problemas. No había mucho lugar para esconderse. Tenía que tomar una decisión rápido. Miró hacia los lados, había otro guardia hacia su única salida. Venir había sido un error, pero no uno que rectificaría fácilmente. La única manera de temporalmente escapar sin una pelea, era meterse más profundamente en el barro.

Observó el templo, y en una fracción de segundo, muy segura de que realmente no era la solución, se lanzó a correr y se metió con rapidez, escondiéndose por si había algún guardia a la vista. Pero no lo había… sino que había un cuerpo en medio del lugar.

Insultó como pirata para sus adentros al escuchar a alguien hablando por la zona. Si la encontraban con el cuerpo allí la acusarían de asesinato. Corrió hacia el cuerpo y lo arrastró hacia un pequeño recoveco que encontró. Al principio estaba demasiado ocupada escuchando cómo la voz se alejaba, luego comenzó a notar la respiración del cuerpo y entender que no se encontraba ante un cadáver. Parpadeó y puso los dedos en los labios del extraño, sintiendo la respiración golpear contra ellos. Observó las ropas, no era un guardia, pero eso no explicaba qué hacía allí.

Mientras intentaba decidir si dejarle allí o qué hacer, le sacudió un poco para intentar despertarlo. No sabiendo si prefería realmente que despertara o no.





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Re: Under the gaze of the Queen Mother [Maeve]

Mensaje por Invitado el Vie Feb 16 2018, 04:25

Si algo podía Alvric caracterizar de todas las cosas que le habían acontecido en la ciudad de Talos, era que todas, sin excepción alguna, habían sido extrañas. Desde su llegada a la ciudad en busca de la figurita de madera del General del Ejército, Ariakas Verminaard, al cual ni siquiera conocía, y la que había prometido llevar a aquel niño a su regreso en Puerto Krosan, todas y cada una de las circunstancias que había tenido que encarar eran en demasía demasiado peculiares y quizá más de lo que alguien como él, un simple pescador que buscaba vivir una vida tranquila, alejada de los asuntos ajenos a la tripulación del Gaviota de Plata y enfocado en protegerles para que pudiesen, al igual que él, mantener la cándida libertad que tanto atesoraban en un mundo azotado por una sola cosa posible para su raza, considerada menos que nada por los señores dragones: la esclavitud. Era un derecho inalienable que estaba dispuesto a mantener, no por la fuerza, no por la rebelión, sino por el trabajo duro y la evidencia de que su raza era más que la simple mano de obra de dragones y del Imperio del Fuego.

Y lo ocurrido en ese lugar, el lugar que Alvric no hubiese querido al menos en su cinco sentidos bien puestos tocar al menos de forma consciente y siendo lo suficientemente inteligente ante el misticismo y el aura extraña que rodeaba y era capaz de producir el Templo del Dragón, se acoplaba muy bien a todas las cosas que habían representado Talos para él en su primera incursión a la Capitán del Imperio, solo. –¿Qué es esto?– Se preguntó Alvric, en medio de la oscuridad de la inconciencia y el frio de la nada. –¿Acaso…– Aquel frío y oscuro pensamiento, uno de muerte y sombra, rondó su joven mente. –…He muerto?– Concluyó para sí mismo, sintiendo solo el silencio, el frío, y un sonido que, sin duda alguna, Alvric sabía reconocer. Era el mismo sonido y la misma sensación que un cuerpo humano era capaz de tener y percibir generada en una profundidad oceánica. Movió la mano derecha, sintiendo como flotaba en medio de alguna profundidad, y cuando abrió los ojos: ahí estaba, exactamente en medio de la profundidad del océano, y al notar que era capaz de respirar, supo notarlo: Se trataba de un sueño, uno en el que estaba inmerso, y solo. Volvió a cerrar los ojos.

–Alvric…– Mencionó una voz profunda y hermosa. –Alvric…– Fue lo que volvió a escuchar. La voz era audible. –¿Quién eres?– Preguntó Alvric, y la voz no respondió nada, solo sollozo una sonrisa, lo suficientemente audible para que Alvric la escuchase, y sintiese como su cuerpo, pasó de sentir un profundo frío de agua marina, al susurró arrullo de la brisa marina, y el sonido de las olas sonar ante él. Cuando abrió los ojos, incapaz de sentirse tranquilo ante el repentino cambio de escenario en aquel lugar onírico, se vio en una playa, solo, y a lo lejos, pudo entonces visualizar como bajaba la marea, como si esta le abriese camino y desvelase ante él un camino a una entrada rocosa a lo que parecía una cueva. Pero justo cuando dio un paso hacia adelante, sintiendo que debía ir ahí, el agua y el oleaje azotaron con fuerza, y una gran cantidad de agua salió del interior de aquel sitio en dirección a él, obligándole a correr en dirección opuesta, alcanzándolo y ahogándole, obligándolo a volver a la realidad, abriendo los ojos asustado, sentándose y tosiendo ante la que había sido una sensación de ahogo por agua muy real, viéndose de nuevo en la oscuridad del Templo del Dragón, justo al lado de una mujer a la que jamás había visto, y respirando agitado.
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Re: Under the gaze of the Queen Mother [Maeve]

Mensaje por Maeve el Sáb Feb 24 2018, 01:25

El tipo estaba totalmente desmayado, parecía sufrir sudor frío, o quizás era la lluvia. De pronto despertó jadeando. Hizo gesto de hacer silencio, colocando un dedo contra sus labios y se apartó del hombre.

Yendo a buscar hacia donde escabullirse para escapar pateó de manera suave la estatuilla. Se agachó a agarrarla frunciendo el ceño. Era el tallado de una persona. ¿Sería un ídolo pagano? Era osado llegar algo así al templo de la loca reina que se creía diosa. Con una media sonrisa lo fue a dejar en la estatua de la reina, sin saber que pertenecía a su acompañante.

Enyendo a buscar hacia donde escabullirse para escapar. En ese momento pateó de manera suave la estatuilla. Se agachó a agarrarla frunciendo el ceño. Era el tallado de una persona. ¿Sería un ídolo pagano? Era osado llegar algo así al templo. La dejó frente a la estatua de la reina, con cierta diversión, sin saber que era del hombre que allí estaba.

Se concentró en las puertas alrededor, necesitaba salir de allí, regresar con los resistentes para avisarles del incremento de guardias y de la mala idea que era intentar un ataque ahora. Tendrían que esperar un poco más.

Había unas puertas que se adentraban más en el templo, probablemente a los aposentos de los sirvientes y sacerdotisas. Se dirigió a éstas, con la España de encontrar una ventana por la cual escabullirse. Con cuidado abrió la puerta para que no hiciera ruido, y se adentró en el oscuro pasillo donde casi no podía ver.





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Re: Under the gaze of the Queen Mother [Maeve]

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