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Dime que no me extrañas; si te atreves… [D’tark]

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Dime que no me extrañas; si te atreves… [D’tark]

Mensaje por Cedrik el Jue Nov 02 2017, 13:02

Permaneció estático frente a aquella morada. Su párpados se entrecerraron con rabia contenida y su diestra perfiló con molestia la propia quijada; era consciente de que se había vuelto a dejar llevar. Había conseguido reprimir su necesidad de querer estar cerca de ella; y hasta esa noche lo había conseguido. ¡Maldita fuese! Había corrido de nuevo a través de las oscuras calles por ella. Únicamente por ella. ¡Como un maldito adolescente! Y todo porque le había revelado que en tres días se iría. ¿Por qué le molestaba tanto? ¿Sólo le había pedido que lo avisara y ella diligentemente lo había hecho? Pero, entonces, ¿por qué seguía con la sensación de estar siendo traicionado?. Una traición que hacía bullir su flujo sanguíneo hasta quemarlo. Tenía que calmarse. Debía hacerlo antes de encararla. Cuando quiso darse cuenta su diestra había recorrido con gesto nervioso su despeinado cabello en un intento banal por calmarse a sí mismo. Esa mujer lo volvería loco. En realidad ya dudaba seriamente que su cordura prevaleciera. Volvió a pasar la diestra a través de su cabello mientras se debatía en si aporrear la puerta o tirarla abajo.

Inspiró y expiró para después repetir el proceso un par de veces más. Volvió a recorrer su despeinado cabello una última vez antes de dejar caer su brazo hacia un lado y automáticamente la presión de sus incisos le irradiaba con molestia a través de la musculatura bucal. Eso no servía para una mierda. Gruñó guturalmente y se dio la vuelta sobre sus talones, dando la espalda a la enorme y maciza puerta, con la intención de retirarse. Pero, ¿desde cuándo huía de sus problemas? ¡Joder! ¿Acaso no había discutido sobre algo similar con Ae hacía pocas noches? Obviamente ella era un problema que debía superar. Aporreó la puerta con marcados y apremiantes golpes e insistió con eficiencia hasta que la misma se entreabrió por uno de los sirvientes de la casa. Lejos de pedir permiso el Teniente la empujó y se adentró en la casa, como si fuera la propia, e ignoró los gestos inquietos y la faz alarmada de quién le abrió.

Una gélida y cortante mirada es lo único que recibió para acallar las mudas quejas, y se dedicó a recorrer las estancias. Era consciente, estaba siendo temerario, y un idiota pero en aquel preciso instante le daba igual. Prefería recibir una descarga de insultos o golpes por parte de la ingenua dragona, pues esas acciones le harían saber que seguiría a su alcance. Se detuvo un instante con un movimiento seco que causó que quien lo seguía chocara contra su espalda. ¿A su alcance? Presionó la mandíbula algo más si cabía. Los nudillos de sus cerrados puños se tornaron blancos por la presión y sus ojos se achicaron ante la fugaz idea que había tocado su mente. Retomó el paso, seguido de la sombra humana que lo acompañaba por temor a que le hiciera algo a su señora o quizás con el deseo de que le hiciera algo. Prefería no saber qué inclinación tomaba ese humano.

Hasta que la encontró.

La alcoba parecía un lugar sombrío y tenebroso con un ambiente nefasto. Barrió con determinación la estancia hasta que sus ocelos se detuvieron en la pequeña figura que parecía querer fusionarse con el sillón. Tan indefensa. Permanecía abatida y con cierta mirada ausente en las llamas que crepitaban ante el fuego de la chimenea. La imagen hizo que la tensión de su cuerpo se evaporara en un insonoro "clack", como si algo se hubiera roto en su cerebro -o en otro lugar-, pero desvió la vista hacia la sombra humana que rápidamente quería avisar a su señora. Cedrik tomó al esclavo de la pechera y lo impulsó al exterior del pasillo con una mirada de advertencia—. Largo —un gruñido molesto ascendió amenazador por su garganta antes de que el esclavo tragara saliva de forma audible. Supuso que la autoridad de su mirada o el uniforme del ejército que portaba harían que el esclavo se lo pensara dos veces antes de quebrantar su  orden. Que más daba. El Teniente no tardó más de dos segundos en entrar en la alcoba y cerrar con llave tras él.




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Ya soy mayor ~ ; ¿Te cuento un secreto? ; Estoy pero no estoy ; ¿Así se sentirán las crías?
 ; ;  ;

Garras a mí (?) ;
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Re: Dime que no me extrañas; si te atreves… [D’tark]

Mensaje por D'tark el Mar Nov 14 2017, 20:52

Casi habían pasado las dos semanas que planeó para estar en Talos. Tan rápido se había esfumado el tiempo, como agua entre sus dedos. De la misma forma que sintió que su familia se esfumó en el aire.

Tenía todo listo. Pero lo que más le dolía era lo que no pudo hacer. Esa noche estaba en casa de su hermano porque entre sus preparativos estaba ese detalle. Si tan solo hubiera sido de otra forma. Esa noche la había reservado para Cedrik. Esa noche ella lo habría invitado, hubiesen tenido una cena, el salón hubiera estado preparado para ellos, ella hubiera pagado esa tonta deuda de bailes para el teniente.

Desde la visita de su hermano el teniente había cortado toda comunicación con ella. El canal de comunicación siempre cerrado y cuando no bastaba solo un roce de su mente a la de él bastaba para que de nuevo se alejara de ella. Si su hermano se hubiera quedado, si Thurdok no hubiese huido, si Cedrik no escapará de su contacto. Tantos si y hubieras. Pero al final el hubiera no existe y los si son solo sueños.

Esa noche había tomado una de las habitaciones de la planta baja a pesar de no ser la principal era bastante amplia y contaba con su propia chimenea. Cosa que agradecía ya que se lugar le parecía de lo más frío. Los sirvientes le habían llevado una cena simple que había ignorado. Solo se sentó en el sillón con la comida en una pequeña mesa a su lado enfriándose.

Suspiró pesadamente, se encontraba lista  para dormir con su camisón. Aun así no tenía sueño. Tomó una pequeña caja de madera, la abrió y en su interior sobre pequeños cojines se encontraba una moneda de oro y un anillo de compromiso. Sonrió de medio lado, necesitaría una más grande para colocar ahí dentro también la daga del teniente. Dejó la caja sobre la mesa al lado de la comida y tomó la daga. Era un trabajo fino, elegante y discreto, las incrustaciones y grabados eran detallistas y sobrios. Pensó que sería la mejor forma de darle algo al teniente. Separo la empuñadura de la dunda mirando su propio reflejo en la hoja. Una mirada triste y cansada le devolvía el metal. Suspiró volviendo a colocar la daga en su funda.

Sentía tanto pesar en ese momento. Subió las piernas sobre el sillón por debajo de la tela abrazándolas. Aun sujetando en su mando el regalo que habría sido para él. Pero no tenía el valor de tirarlo o deshacerse de el. Así que pasaría a su muy triste colección personal.

Escuchó pasos a lo lejos cerró los ojos ocultando el rostro entre sus muslos. Estaba cansada, los sirvientes seguramente volvían por la comida. O al menos eso pensó. Hasta que escucho una voz, abrió los ojos con sorpresa y cierta alarma. Nadie le aviso de una visita.  Se colocó de pie con rapidez. Su diestra aferró con algo de fuerza su daga. Ahí frente a ella estaba el teniente ―¿Cedrik? ― creyó por un momento estar soñando o que su soledad le estaba jugando una mala broma.

La expresión en su rostro la inquieto de sobremanera. Se sintió de nuevo alarmada y preocupada, tenía un semblante parecido al acantilado y aquello le hacía sentir en peligro. Se sentía como un pequeño conejo frente a un lobo encerrado ¿Por qué estaba ahí? ¿Por qué con su uniforme? ¿Por qué había cerrado la puerta tras de él con llave? Escuchó los golpeteos en la puerta saliendo de sus pensamientos.  Se abrazó a si misma ―Vete― gruñó hacia la puerta. No solía ser así pero se sentía algo inquieta en ese momento ―su uniforme―  no supo cómo continuar ¿Era intimidante? ¿Era aterrador? En una ocasión le había hecho un comentario similar y se rio. No creía que tuviera tanta suerte en ese momento.

Se ve imponente― completó finalmente dando un paso hacia atrás más por inercia que otra cosa sus ojos pasearon por la habitación y se detuvieron un instante en la ventana antes de volver a verlo ―¿Viene en un asunto oficial? ― no había respondido en días. Ahora aparecía después del toque de queda. Todo en ella gritaba que huyera. Pero otra parte pedía quedarse. Hizo caso a la segunda.




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