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An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

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An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Invitado el Sáb Oct 28 2017, 17:00

An honorable act: Law about an innocent

Ubicación: Ciudad de Talos, Plaza de la Fuente.
Hora: Cerca del medio día.


Las promesas a veces requerían que las prioridades fueran echadas a un lado, y sin importar qué, una promesa era una promesa. Si un hombre daba su palabra, tenía que cumplirla, era su deber, sin importar qué, quienes faltaban a ella, no tenían honor, o al menos eso era lo que su padre le había enseñado a Alvric, y el padre su padre, y así hasta donde él sabía. ¿A qué se debía este alto sentido del honor en los Khelden? Era algo que era grato de ver, ya que de ser miembros del Ejército de seguro serían soldados ejemplares y dignos de respeto, de eso no podía caber duda, y esa enseñanza también había sido implantada en Alvric, pese a que fuese un chico en muchas cosas distinto de su abuelo, a quien apenas recordaba, y a su padre. Alvric debía haber vuelto al Puerto de Talos la noche anterior, o al menos este día en la mañana, pero le había prometido al pequeño niño que le llevaría ese juguete que tanto anhelaba: una figura de madera del General del Ejército, y conseguir la tienda donde se vendían estas cosas en una ciudad en la que apenas tenía poco más de un día de conocer estaba resultando una tarea bastante engorrosa. Podría haber preguntado, pero no se fiaba, quizá era demasiado testarudo y un poco confiado para solo depender de un mapa que apenas y podía descifrar. No cabía duda de que pese a ser un joven bastante maduro para su edad, alguien con una gran responsabilidad sobre sus hombros y alguien bastante analítico y a veces sabio, seguía siendo alguien de dieciocho años, y eso era algo que ni aún algunas circunstancias podían cambiar.

El día se había perdido ya, pues ya era cerca de la hora del mediodía y la ida a los Puertos de Talos era larga, lo que significaba que los diez días que se supone debían estar en Talos se convertirían en once y la salida hacia Isaur ya tenía un día de retraso, pero aun sabiendo eso y teniéndolo presente: estaba decidido. Cumpliría su promesa. Alvric había logrado encontrar la tienda, y no solo eso, sino que había logrado comprar la figura de madera del General del Ejército, por fin un poco de suerte estaba de su lado. Salió de ella, y levantó la mirada al cielo, mirando la posición de sol y teniendo presente que ahora mismo debía buscar la manera de volver a los Puertos. Caminó desde el Mercado hacia la Plaza y no dejaba de sorprenderse de cómo estaba llena de vida aquella ciudad tan grande de la que solo había conocido una pequeña y mínima porción. Era muy distinta de Puerto Krosan. En medio de la gente, un bullicio dio lugar entre la muchedumbre, y Alvric miró como un soldado lanzaba contra el suelo a una joven mujer de ropas harapientas, cabello poco cuidado y muy delgada. –¡Te voy a despellejar la carne hasta que aprendas la lección, miserable ladrona!– Le gritó, mientras otro soldado le hacía llegar un látigo y se disponía a darle un castigo. Era algo que ya había visto antes. Alvric miró con serena calma lo que estaba a punto de ocurrir, y presionó su puño mirando los propios humanos, se agitaban a ver como otra humana estaba a punto de ser azotada públicamente. Una ira le embargaba, al ver como el soldado gozaba de ver cómo era adorado y su risa sádica gozaba el hecho de ver como una raza a la que consideraban animales era la que demandaba castigo para otra de los suyos.

Y fue ese impulso, esa rabia lo que le llevó a cometer acto de impulsividad tan impropio de él, que parecía otra persona en ese momento. Caminó entre la gente y entró al círculo que habían dibujado los aglomerados, se arrodillo frente a la mujer, le miró a los ojos sin decir nada, con un rostro tranquilo, y le ayudó a levantarse. –¡Pero qué coño!, ¿Acaso quieres morir, maldito mocoso? ¡Lárgate de aquí ahora mismo!– Alvric escuchó, y la mujer, que estaba a su lado, le miró, asustada. –Estoy plenamente consciente, Sir. Pero no interfiero en vuestro trabajo, os ayudo a que castiguéis al verdadero culpable. Esta mujer ha robado bajo mi causa, no es justo que se castigue a quien es inocente.– El soldado sabía que aquello era mentira y estaba dispuesto a azotar a la mujer, y Alvric lo sabía. –Apártate…– Amenazó susurrante. –Lo siento, no puedo. Castigad al verdadero culpable. Es la ley de Su Majestad, y debemos cumplirla.– Le dijo, mientras el silencio total se había apoderado de la Plaza, y el acto del humano había puesto  en jaque al dragón. El soldado, siendo consciente de que las miradas, tanto de humanos como quizá de algunos dragones estaban sobre él, presionó los labios con rabia y miró airado a Alvric, ante lo que este no se inmuto y se mantuvo tranquilo. –¡Sostenedle y despojadle de sus ropas, 15 azotes!– Alvric fue sostenido por dos soldados más, y puesto de rodillas, miró a la mujer a los ojos, y luego la estatua del dragón colosal de la fuente, justo frente a él, y suspiró, cerrando los ojos, y al sentir el primer golpe, sus facciones se presionaron ante el dolor. –¡Uno!– El show había comenzado. –¡Dos!
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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Vaurien el Mar Oct 31 2017, 01:57

Una vez más, me veía relegado a patrullar las calles de talos como un guardia cualquiera. Al menos, esta vez, no se trataba de un castigo por desobediencia sino un simple ajuste de horario. Por lo menos le había dando a elegir a donde patrullar esta vez. Mi mente divagaba mientras paseaba por el puerto. La brisa marina le sentaba bien a mis heridas, libres de esos vendajes y ungüentos, pero todavía la mitad de mi rostro se veía seriamente dañado y mi mano y pierna izquierdas no funcionaban en absoluto como deberían.

¿Hasta cuando duraría esta odiosa condición? Había pasado días desde que el fuego mágico de Jacob me calcinó la mitad izquierda del cuerpo y me había condenado a no poder transformarme completamente para curarme y a andar con un bastón. Me trataban las quemaduras a diario, pero me curo demasiado lentamente, no pasará mucho hasta que mis enemigos descubran que no soy el que era y elijan mover ficha...

Mis pensamientos se interrumpieron por un desagradable espectáculo. Uno de los guardias había apresado a una ladrona y se disponía a azotarla. Algo lamentable, pero necesario. Apunto estaba de continuar mi camino cuando un joven me llamó la atención, se puso entre el guardia y la acusada y trataba de protegerla señalándose a sí mismo como el culpable. Una mentira evidente. Sin embargo, el guardia parecía estar dispuesto a azotar al muchacho de todos modos. Había algo en el... que me llamaba la atención. ¿De dónde salía ese acto de generosidad?

Fruncí el ceño al escuchar la condena del guardia. El muchacho no soportaría 15 azotes, no si se los da un dragón. Si el moría, yo me quedaba sin respuestas. De modo que cuando el guardia lanzó su látigo para dar el tercer golpe, me adelanté a la multitud y con gran rapidez alcé mi bastón. El látigo se enrolló rápidamente a su alrededor y con un buen tirón, le quité el látigo al guardia. El guardia sujetaba el látigo con fuerza, de manera que el tirón también lo derribó en el acto.

-¿Qué crees que haces?-dijo-¡Impedir que un guardia castigue a un criminal es un delito penado, viejo!-

-Yo decidiré si es un criminal o no-

El joven dragón me miró con incredulidad pero, finalmente, se fijó en mi uniforme de Inquisidor.

-Esto no es asunto tuyo, Inquisidor, la patrulla de las calles pertenece a la Guardia.-Su tono era cada vez más agresivo. Parece que me había encontrado con uno de esos soldados convencidos de que la Guardia y la Inquisición eran enemigos.

-Me temo que ese ya no es el caso-Mi tono era calmado y apacible, no me apetecía pelearme con otro dragón, aunque fuera un simplón como él.

Pero el joven tenía otra idea, ya que, sin decir nada más caminó hacia mí y alzó su puño. Que idiota, creía que por mi pelo blanco y mi aspecto envejecido no era rival para él. Con el bastón de mi mano izquierda, desvié si torpe puñetazo. Mi mano derecha se dirigió a su cuello como una pitón y se aferró a él. Mi brazo derecho humano empezó a dejar paso a una garra de dragón que brillaba con el color del oro puro y alcé al guardia en peso.

-Desaparece.-y el solté.

El muchacho estaba aterrado, la senda metamórfica aún no era demasiado común entre los nuestros, sobretodo entre los que confiaban en sus habilidades innatas y no se molestaban en entrenar. El joven salió corriendo y no miró atrás, lo mismo hicieron los humanos que nos observaban...mejor.

Me acerqué al humano y me agaché para examinarlo. No parecía tener heridas graves. Tampoco vi nada extraordinario en él. No tenía la mirada de un guerrero, pero tampoco la de un humano asustado...interesante.

-Álzate, joven-dije mientras me ponía en pie-Y dime tu nombre-





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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Invitado el Mar Oct 31 2017, 08:24

La imprudencia nunca había sido el fuerte de Alvric. De hecho, jamás, nadie que le conociera, podría decir que aquello era un rasgo que en algún momento hubiese rozado destacar en Alvric, porque él era de aquellos que sabía identificar los problemas, y que más que por su propio bien, por el bien de aquellos que le rodeaban y tenían que ver con él, intentaba evitar al máximo, porque ya había visto lo que sucedía cuando los humanos cometían actos de valentía incoherente: no solo era el implicado directo quien estaba destinado a pagar la osadía en contra de los dragones que hacían uso de su poder para aprovecharse siempre de los humanos, sino aquellos que no tenían nada que ver, quienes le rodeaban, quienes no tenía nada que ver, porque Alvric sabía bien que un golpe o un dolor causado a un ser querido dolía mucho más que cualquier cosa que le pudiesen hacer a él. Ya lo había visto, y era quizá su miedo más grande. Que otros fueran dañados por su causa, por eso aprendió muy pequeño, que la valentía no significaba enfrentar a un dragón o a un enemigo directamente, sino saber cuándo y en qué momento retroceder por un bien mayor.

Pero aunque tuviese eso presente, en Alvric siempre, en lo más interno de su ser, había ardido un ferviente deseo, ese deseo que se reprimía cuando veía a un humano ser azotado injustamente, a un humano morir de hambre en las calles a causa de la pobreza, a un humano ser marcado con la marca de un amo dragón, a un humano ser tratado como nada más que como un objeto, vendido en contra de su propia voluntad. Sus miradas perdidas y quebradas, reducidos a nada, y a su propia raza disfrutar del sufrimiento de los suyos…cual animales, era ese el deseo que lo había impulsado, ese deseo que se reprimía por un bien mayor, pero que ni aún ahora había logrado esconderse pese a que estaba quizá plenamente consciente del peligro que estaba enfrentando al asumir una culpa que no era suya. Al recibir el primer latigazo sintió toda la fuerza de la mano de un dragón en su forma humana caer sobre él, como si del peso del cielo entero sobre sus hombros se tratará, y eso sirvió para dejarle claro la superioridad de la cual los dragones se enorgullecían ante la humanidad, pero ni aún eso sirvió para que su voluntad se quebrará. Eso era aún más fuerte que la mano de un dragón.

Soportando el dolor, su rostro expresó un gemido ahogado, y respiró profundo, para recibir un segundo azote. Se movió un poco hacia adelante y su mano tembló, y sobre el suelo cayó la figura de madera del General del Ejército, la cual miró, y cerró los ojos, para recibir un tercer azote que nunca llegó, sino que se vio obligado a interponer las manos para no pegar el rostro del suelo cuando los otros soldados le soltaron, y miró a otro, un cuarto hombre con el uniforme de la Inquisición anteponerse en el castigo. Alvric no entendió muy bien que era lo que estaba ocurriendo, pues el dolor sobre su piel le obligaba estar más pendiente de respirar y recomponer la estabilidad de su cuerpo antes que prestar atención a lo que sucedía justo a su lado. Alvric miró a los soldados correr, y a la multitud empezar a alejarse, seguía respirando un tanto agitado y sus ojos se desviaron hacia aquel inquisidor de aspecto avejentado, a quien miró de soslayo mientras le escuchaba, y pese a que sin saber exactamente porque ese inquisidor había decidido intervenir en el castigo, podía sentir en cada fibra de sus palabras ese típico y engreído tono de los dragones, que le ordenaba levantarse y decir su nombre en un momento en el cual, el orgullo humano de Alvric estaba a flor de piel. –Solo...dejadme...– Estaba airado, y estaba frustrado. –No… necesito…vuestra lastima…– Susurro.
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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Vaurien el Dom Nov 05 2017, 22:35

-Si...ya lo veo-dije en un tono claramente sarcástico-Obviamente las cosas te van muy bien por tu cuenta. Pero,
tranquilo...no tienes mi compasión...ni mi lástima...solo mi...curiosidad. Por ahora,
eso basta.-

Decía la verdad, lo cierto era que el humano no me daba pena alguna, después de todo, el había elegido, muy enérgicamente, su castigo, sería absurdo compadecerse de una persona así.
-No hagas que me repita, muchacho...arriba-Dije eso, pero no esperé a que me obedeciera, simplemente lo tomé del hombro y lo levanté yo mismo. Era sorprendentemente ligero. Puse su brazo sobre mi hombro y dejé que apoyara su peso sobre mí.
-Conozco a un galeno por aquí cerca. Veamos que puede hacer por ti-
Hace unos 20 años, cuando aún era un aristócrata, con tal de matar mi aburrimiento, decidí dejar que algunos plebeyos entraran en mi hogar en consultas y me pidieran préstamos. Si la idea me atraía o parecía merecer la pena, yo les prestaría el dinero a cambio de que me lo devolvieran en un plazo. Uno de los que consiguieron persuadirme fue un joven boticario llamado Zola. Quería montar un consulta médica en el puerto para atender cuanto antes a los marinieros afligidos en la mar. Cosas como el escorbuto o los miembros cercenados en batallas o accidentes. Lo vi útil en su momento, de manera que le dejé el dinero y me lo devolvió en poco tiempo. No le volví a ver desde entonces, pero recordaba la dirección de su consulta.
Llegamos a la puerta del galeno. Adornada con un simple tallado de madera que ponía "Hubert Zola: Curas y Remedios". Golpeé la puerta con el bastón mientras procuraba no apoyar demasiado peso en la pierna mala e intentaba que el joven medio inconsicente no se cayera al suelo. Una labor difícil, la verdad, ¿por qué me complicaba tanto por ese humano?
El que me abrió la puerta no era el joven boticario que había venido a mí para montar su negocio. Un anciano galeno con la vista cansado y escaso pelo había tomado su lugar. Sin embargo, sabía que se trataba del mismo Zola por el brillo en los ojos azules, sedientos de conocimiento.
-Lord Vaurien...que sorpresa-En su voz había una mezcla de legítima sorpresa y un rastro de miedo. Desde que me volví Inquisidor, mucha gente ha reaccionado así ante mí, temiendo que les acusara de algo falsamente.
-Hola, Zola. Ha pasado tiempo. Te traigo un paciente.-
-Vaya, tiene mala pinta, ¿qué le ha pasado?-
-Un dragón le ha dado unos azotes con un látigo.-
Zola se detuvo un momento, no hacía falta ser muy listo para darse cuenta que estaba teniendo un debate interno sobre si era buena buena atender a alguien que había sido castigado por un dragón, incluso si había sido otro dragón el que se lo había pedido.
-Necesitará algo para la inflamación otra cosa para el dolor.-Mis palabras fueron directas y decisivas, sacando al anciano de su dilema, se dirigió a la estantería donde guardaba los medicamentos.
Mientras Zola atendía al humano. Yo me senté en uno de los sillones de la estancia. No pude evitar en lo viejo que resultaba el edificio: Muebles carcomidos, humedades y grietas en las paredes. El estado de la consulta reflejaba muy bien a su dueño. A menudo, recibía recordatorios como éste, sobre la rapidez para la que pasaba el tiempo para el resto del mundo. La inmortalidad le concede a uno una percepción del tiempo distinta, mucho más lenta. En tan sólo 20 años, este negocio se fundó, se mantuvo y ahora decae. El joven que lo montó es ahora un viejo...20 años...tardo más en decidir a que parte del mundo ir...Siempre que un humano me caía en gracia, temía que se hubiera muerto de viejo en lo que tarda en crecer mi pelo.




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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Invitado el Miér Nov 08 2017, 22:04

La inflexión nunca había sido un punto en el que Alvric se dedicase a tan siquiera apreciar, eso era porque hacía mucho tiempo, cuando era un niño lo hizo. Eso mismo que había hecho hoy, ese espíritu heroico y estúpido de arriesgar la vida por alguien que apenas y conocía y por quien no sabía realmente si estaba haciendo lo correcto, pues suponer solo que robaba por las mismas causas que cualquier humano podía ser un gesto de ingenuidad, lo hiciere. Aquel evento había ocurrido hacia tanto tiempo, pero seguía estando tan presente en sus recuerdos como si hubiese sido ayer, fue la hecatombe de una realidad a la que toda ilusión se rompió siendo tan solo un pequeño de menos de diez años: había ocurrido, por supuesto en Puerto Krosan, su lugar de origen. Una niña había robado a un dragón, y en ese momento Alvric estaba lleno del espíritu heroico que juraba y soñaba con el día en que los humanos fueran libres, sin embargo, lo que ocurrió ese día exactamente igual que hoy. Había intervenido en el castigo de una humana por parte de un dragón, y también iba a ser castigado sin compasión pese a ser tan solo un niño por tal acto, algo que por suerte, su padre evitó, siendo el quien recibió el castigo público.

Aquel día de hacía ya once años, Alvric había aprendido que por causa de un bien mayor, por causa de sus seres queridos, debía aprender a vivir en el mundo en el que había nacido. Era el significado del sacrificio. Desde entonces, Alvric parecía haber cambiado y haber empezado a escuchar y entender más a su padre, pero aun así, estando ahí, en el suelo, y presionó el puño derecho contra este, lleno de ira y de una decepción sobre sí mismo, dándose se cuenta que aunque habían pasado once años, y ahora su padre estaba muerto, esos deseos seguían muy latentes en él, y no los había erradicado del todo. Parecía que en realidad no había aprendido nada. Eso le resultaba extremadamente frustrante, pero algo también, muy interno, le decía que había hecho lo correcto. Era una extraña pero discordante dicotomía entre lo que era correcto y lo que creía correcto. Su mirada se desvió a la figura de madera del General del Ejército envuelta en cuero de animal, que había caído un tanto lejos, y la tomó, y no esperó que el dragón al que había respondido de aquella forma tan grosera siguiera ahí tras esa respuesta.

No le respondió nada a su ironía, solo guardó silencio, esperaba que ese desinterés fuera más que suficiente para dar a entender al dragón que simplemente no quería más problemas, ni más relación con otro dragón, y menos con un Inquisidor. Lo mismo ocurrió cuando dijo que lo que sentía por él no era lastima, sino curiosidad. Estaba acostumbrado a eso también, por parte de los dragones. Tras un silencio escuchó su última orden de no hacer que se repitiera, y justo cuando la respuesta iba a ser la misma: silencio, sintió como lo levantó sin previo aviso y como si de un muñeco de trapo se tratara se sobresaltó ante aquello, y se vio obligado a a sostenerse del dragón para no caerse, notando como este también sin previo aviso le ayudo a apoyarse sobre su hombro. Alvric lo miró un tanto atónito por la increíble facilidad como lo movía, algo a lo que no estaba acostumbrado, por supuesto. Observó bien el rostro avejentado pero de facciones duras del dragón mientras le hablaba de llevarle a algún lugar, y supo de inmediato que resistirse, parecía ser algo inútil en ese momento, así que simplemente bajo la mirada, soltó un ligero suspiro y colaboró.
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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Vaurien el Miér Nov 15 2017, 17:47

Mientras Zola trataba las heridas del humano anónimo, yo me dediqué a hojear los libros de la clínica. La mayoría de los libros del antiguo mundo fueron destruidos para proteger un regreso de la peligrosa tecnología humana. Pero, en mi opinión, no habría pasado nada por conservar, al menos, parte de los progresos realizados en medicina. La destrucción de la guerra del despertar había hecho que la medicina retrocediese a la Edad Media, donde los ungüentos y las hierbas medicinales eran lo máximo a lo que se podía aspirar. No es que los dragones necesitáramos de médicos, nuestra especie nunca se pone enferma. Pero no sería bueno para la Imperio que una brote de peste acabase con la mitad de los humanos, como pasó en Europa hace unos siglos.

Los libros sobre todo hablaban de que plantes usar y en qué medida. Mucha cantidad de una planta medicinal podía ser mortal...interesante, cosas así serían útiles para un asesino que no desea ser descubierto. Tal vez valiera la pena aprender algo de medicina.

Regresé a la estancia sonde se encontraban Zola y el otro humano, que parecía haber recuperado el conocimiento. Zola esparcía por su espalda un ungüento de olor desagradable y le había dado un vaso de lo que parecía una infusión. Suponía que era para el dolor.

-¿Estás más dispuesto a hablar ahora? Un "gracias" y tu nombre no estarían mal...para empezar. Yo me llamo Vaurien.-




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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Invitado el Sáb Nov 18 2017, 15:15

Ser ayudado por un dragón, o mejor dicho, por un dragón miembro de la Inquisición, quizá no fuese que le resultará extraño a Alvric, porque supuesto quien no iba a estar consciente de que sí, en efecto, habían dragones que de vez en vez, sentían simpatía por algún que otro humano, quizá movidos por la curiosidad como era este el caso, o porque algún humano le resultaba interesante, tal cual como si los humanos se trataran de pequeñas y extrañas mascotas exóticas que llamaban la atención, y era eso precisamente lo que le causaba molestia, que los trataran como animales, como lo que no eran, al menos en términos de lógica. No era el hecho en sí de que le ayudasen, sino la circunstancias en las cuales lo hacían, en las que los dragones se sentían plenamente convencidos de poseer el poder suficiente para decidir sobre los humanos como que si fuesen nada, y como si ellos fuesen dioses, algo que no era extraño y mucho menos raro de esperar de quienes, según la historia que todos conocían, habían salvado el mundo y tenían además, a una suprema autoridad la cual, más que como reina, se describía así mismo como diosa y por doquier, en todas las ciudades, existían monumentos y templos en su honor y veneración para adorarle tal como lo que era, una diosa.

Las circunstancias por supuesto, habían obligado a que, sin importar todo eso que hacía que Alvric demostrará ese orgullo y muestra de mero orgullo humano que remarcaba la distancia que quería tener con cualquier tipo de dragón, añadido al hecho de que simplemente estar cerca de un dragón más de lo necesario siempre desembocaba en situaciones problemáticas. No le había quedado de otra, y quizá fue lo mejor, porque realmente, si hubiese recibido quince azotes de parte de aquel dragón por hacer algo que definitivamente solía ser impropio, o más bien, bastante contenido, de parte de él, ahora mismo, estuviese dando más lastima de la que según sus propias palabras al cruzar diálogos con aquel inquisidor, estaba dando ahora. Alvric desvió su mirada tranquila hacia la figura de madera envuelta en cueros de segunda mano del General del Ejército, y pensó en todo lo que había ocurrido tan solo por un juguete y además, de un dragón. Era una situación irónica, pero al menos tenía la complacencia de saber que pese a todo, cumpliría su promesa sin importar lo que debiese ocurrir. Era lo que le había enseñado su padre, y el padre de su padre, y el padre de su padre de su padre, y así, hasta donde sabía. Era una cosa de familia. De los Khelden: la voluntad.

Estaba sobre una especie de camilla dispuesta para atender a personas, y el humano de aspecto avejentado que parecía ser alguien con algún tipo de relación con el inquisidor que le había traído, le atendía. Alvric colaboró con aquel hombre, y miró con curiosidad cómo de manera muy práctica preparaba un ungüento cuyo olor, era totalmente desagradable. Alvric no lo pudo ignorar y arrugó la mirada ante el hedor, a lo que el hombre dio una ligera risa. –Lo sé, huele fatal…pero es efectivo, de eso no cabe duda.– Dijo de forma amable a Alvric, a lo que este le miró a los ojos, sin decir nada, y esperó a que el mayor se dispusiera a echar sobre las heridas. –Os dolerá un poco, pero valdrá la pena.– Y justo cuando el ungüento tocó las heridas, Alvric se vio obligado a soltar un ligero quejido y abrir los ojos ante el ardor, suspirando, para soportar. –Listo.– Mencionó, y poco después recibió la infusión la cual vio dubitativo. –Bebedla, ayudará.– Tras mirarle, le dio un voto de confianza y bebió, arrugando la mirada. –Dioses…– Dijo ante el sabor desagradable y entonces miró al inquisidor entrar y le miró al ojos cuando habló. –Alvric, Alvric Khelden.– Dijo, de forma tranquila y unísona, desviando la mirada. Y tras nuevamente entrar en unos minutos de silencio. –Disculpad lo de hace un rato. Fue descortés.– Reconoció. –Gracias.– Terminó por decir, volviéndole a mirar a los ojos y con un ligero movimiento de cabeza.
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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Vaurien el Miér Nov 22 2017, 02:12

Ante la respuesta del joven humano, Vaurien simplemente asintió con la cabeza y sonrió ligeramente. Eso estaba mejor.

-Teniendo en cuenta que un dragón casi te mata a latigazos, creo que puedo dejar pasar la descortesía-dijo el dragón medio en broma.

Luego, se dirigió al galeno Zola, que había terminado con los ungüentos y ahora simplemente ponía unas hierbas sobre las heridas y las cubría con unas vendas.

-¿Cómo va, Zola?-

-Bueno...-contestó el anciano-Ha tenido suerte de que sólo fueran unos pocos. La piel se ha inflamado y quemado pero no se ha desgarrado.
Si va con cuidado, no le quedarán cicatrices.-


Vaurien asintió satisfecho. Era bueno que no quedaran cicatrices. Aunque las cicatrices pueden ser algo de lo que estar orgulloso, prueba de una batalla, las cicatrices provocadas por un látigo en las espalda significaban que habías cometido un crimen y se te había castigado por ello. Muchas veces, los comerciantes y demás se negaban a tratar con gente así, por miedo a que les marquen a ellos de criminales.

-En fin, señor Khelden...-Vaurien encontró un sillón con pinta de cómodo y sentó en él. Por costumbre, sacó su pipa de marfil del bolsillo interior de su chaqueta y la encendió.-Que te llevó a...-

-Disculpe, Lord Vaurien, en mi clínica no se está permitido fumar,
soy de los que opinan que es malo para los pulmones.-


Vaurien le dirigió una mirada al galeno que parecía atravesarlo como una daga. El anciano encogió tanto el cuello que con su calvicie uno podría haberlo confundido con una tortuga. Pero, tras soltar un molesto suspiro, Vaurien sopló y apagó la pipa para volver a guardarla. No le gustaba nada que un humano le pusiera prohibiciones, pero respetaba a Zola por aferrarse a sus creencias incluso ante un dragón.

Volvió a dirigirse a Alvric:

-¿Qué te llevó exactamente a querer asumir el castigo de esa mujer,
era familia, una amante?-
Eso para Vaurien tendría sentido, tanto dragones como humanos están dispuestos a suportar gran dolor y penuria para proteger a un ser querido.




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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Invitado el Miér Nov 22 2017, 09:33

Tras de que el hecho no fuese quizá algo aislado, las cavilaciones y preguntas eran algo que eran inevitables en momentos en los que ocurrían acciones inesperadas. Ese era el caso frente a Alvric este día: pese a que supiera que aquel inquisidor solo había sentido curiosidad, o pena, y quizá le veía solo como un mero animal, un ser inferior a él el cual despertaba su curiosidad como un simple objeto de estudio quizá para su longeva vida, para él podía que la significancia y el simbolismo de que un dragón le hubiese ayudado, también parecía ser un hecho que, dentro del concepto de curiosidad, estaba compartiendo en ese momento. Por supuesto, resultaba ser que Alvric tenía los mismos pensamientos que un chico de su edad podía tener, la misma curiosidad, un deseo de querer saber y preguntar, pero Alvric era alguien en sumo, sino abrumadoramente, reservado. Esa era su personalidad, lo que resumía el hecho de que preguntar, aunque le remordiese por dentro, estaba descartado por esa razón, y por el simple hecho de que… no tenía ninguna intención de entablar ningún tipo de relación con ese dragón ni con ningún otro. Le había ayudado, le debía un favor, y se lo había agradecido. Eso era todo, y nada más.

Sin embargo, algo que no esperaba y que lo tomó por sorpresa era que el dragón de duras facciones tuviese “sentido del humor”, pues no se veía un dragón, para nada, de ese estilo. Alvric seguía callado y le observó ligeramente, y no dijo ni hizo nada ante la broma que en un sentido bastante íntimo, se le hizo desagradable. Hablaba de que un dragón estaba a punto de matarle, y se lo tomaba como un simple chiste. Una vida humana no tenía valor en un mundo como aquel. Eso fue lo que pensó, y aun así: ahí estaba, sentado, y vivo. Eran conceptos bastantes disparejos unos del otro. Alvric desvió la mirada hacia la figura de madera envuelta en las pieles la cual había sido colocada al lado de la pieza de ropa que tapaba torso, y parpadeo un par de veces. No pudo evitar tener que volver a alzar la mirada cuando el boticario explicó el hecho de la suerte que había tenido, y eso le hizo traer de inmediato todo lo que había puesto en juego por su acto de imprudencia, haciéndole ponderar de nuevo lo sucedido y apagando un tanto su mirada y apretando su puño en su regazo con cierta frustración.

Tranquilamente y con la entereza tan sorprendente de siempre, esa que dejaba saber que se trataba de alguien bastante tranquilo y maduro para su edad ante las situaciones cotidianas, observó de nuevo al inquisidor cuando le habló. No prestó mayor atención a la conversación entre los mayores, pues al parecer y juzgar, ya se conocían de antes, era evidente en su trato, así que simplemente esperó que dijesen lo que debían decir y mantuvo silencio. Esperaba esa pregunta, estaba claro que alguna razón de curiosidad había movido al dragón a tenerle ahí, a intervenir en una jurisdicción que no le competía y a poner en riesgo su cargo como inquisidor por ir más allá de la ley que tan fieramente los dragones se proponían a que se cumpliesen. Cuando dubitativo concluía sobre si era alguna especie de persona con parentesco, respondió directamente. –…Era una humana.– Sentenció, sin dar mayor explicación, porque así lo era, y era la única verdad. No era nadie más que una humana, igual que él. Era, para Alvric, razón más que sufiente. –No hay mayor razón, solo esa.– Sentenció, volviendo a marcar la distancia necesaria ente ellos, tranquila, amable y cortésmente. Por supuesto que las había, habían y sobraban muchas más razones, pero simplemente no las compartiría con nadie, y menos con un dragón, además: inquisidor.
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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Vaurien el Vie Dic 08 2017, 20:22

-Ya veo...-Dijo el dragón, con un suspiro que, por un momento, revelaba lo realmente viejo era.-"Nosotros contra ellos"....¿cierto?-

Con ayuda de su bastón, Vaurien se puso en pié y se volvió a Zola, metió la mano en su bolsillo y extrajo unas monedas de plata.
-Esto debería cubrir el tratamiento...-
-Lord Vaurie, usted me aportó los fondos para montar mi negocio...no puedo...-
-Fondos que me devolviste, Zola. No me debes nada. Pero apreciearía...-Dijo el dragón, mientras dejaba las monedas sobre la camilla-...Que esto quedara entre nosotros-
Vaurien no necesitaba que circularan rumores sobre un Inquisidor interfiriendo con el trabajo de un Guardia. Ya había suficientes redencillas infantiles entre ambos grupos.

-Termina de vestirte muchacho. Mi coche nos espera. Tengo algo que mostrarte.-




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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 20 2017, 22:14

De las cosas más probables que debían suceder, la situación en la que Alvric se había estado metiendo desde el primer momento en que había decidido dejarse mover por ese impulso tan impropio. Uno que quizá no ajeno, sino que sabía contener muy bien cuando le tocaba ver día con día: en Puerto Krosan, en Isaur, en Edén, y ahora en la gran Talos las injusticias de la raza salvadora del mundo para con sus salvados, los humanos. Aquellos que según las historias, aunque esclavos, aunque sirvientes, aunque menos que nada, les debían la vida de una supuesta autodestrucción cuyo fin llegó con el gran poder de Su Majestad, la Todapoderosa Reina Madre. ¿Cuánto había de verdad en esas historias? ¿Qué tan indomables eran los humanos de antes comparados a los de hoy? Eran respuestas que quizá solo los dragones menos ciegos de fe podían responder, pero de esos era muy difícil conseguir, y una tarea peligrosa que nadie o solo los más osados se atrevían a tomar para descubrir la verdad tras el mito de la raza que había salvado el mundo. Pero sin duda, y esto estaba muy claro era que, sí, los humanos en efecto tenían una capacidad innata para disfrutar del sufrimiento de otros humanos, una razón más para que los dragones les siguieran tratando como a eso: animales.

Alvric no tenía que esforzarse mucho para ser lo suficientemente frio y cortes con los dragones. Para mantener la distancia que debía existir entre él y todos ellos, porque era una manera de evitar problemas innecesarios, y aunque se esforzaba si bastante por mantener eso así: la lejanía, ese día no le estaba yendo muy bien, ni aun siquiera habiendo demostrado que su interés en salvar a aquella mujer de un castigo que de seguro le habría quitado la vida no había sido uno más simple que el hecho de saber que era una humana, como él. Eso y nada más. La complejidad de las razones, porque habían muchas y de sobra, se las guardaba, como el joven y reservado chico por el que era tenido y que era. Sin hablar más de lo que debía, pero aun así eso no parecía ser suficiente para socavar la situación de la cual no quería seguir siendo participe, pues con el hecho de que un inquisidor le hubiese salvado y le debiese claramente un favor ya le era bastante incomodo sobre todo para alguien que no quería relaciones innecesarias con los dragones y menos con cuerpos que suponían poner en riesgo la seguridad de los suyos, porque en los tiempos que vivían, la existencia de la Inquisición significaba no estar seguro y poder ser tomado como sospecho aún se fuese inocente de todo cargo.

Alvric miró al dragón reaccionar de manera peculiar a su respuesta, se mantuvo tranquilo, y esperaba que eso fuera suficiente, pero estaba claro que no era así, ya que la respuesta que este dio en ese comentario parecía implicar que algo estaba pasando por su mente. No había tapado su interés y parecía no poder escapar de él. Se mantuvo tranquilo y en calma, serio como era común en él. Miró el acto de intercambio de palabras entre el avejentado sanador, y no se interfirió momentáneamente. Por supuesto no dijo nada al inquisidor Vaurien cuando le dio una orden, pero en su mirada se notó la inconformidad de ser tratado como un esclavo, y el sanador, Zola, parecía haberlo notado. Alvric miró su paquete unos segundos, se dispuso a pararse y se vistió, teniendo cuidado con el dolor. –Muchacho…– Mencionó y Alvric le miró. –Lord Vaurien puede parecer duro, pero, creedme cuando os digo que es buena persona. Aunque se vea cascarrabias.– Rio melancólico. –Aun así, hay cosas que difícilmente cambiaran. Es un dragón, su fidelidad hacia su raza es incuestionable, y su visión de nosotros no es muy diferente de la de muchos dragones. No sé qué hicisteis, pero no se interesa en humanos sin buenas razones. Id con él, y quizá os ahorréis mayor problema. Nos os hará daño, si no le cuestionáis…claro, es alguien terco, como habréis visto.– Alvric le miró y guardo silencio unos segundos. No dijo nada, tomó la figura de madera del General del Ejército y dio una última mirada al anciano. –Gracias.– Para cerrar la puerta, dejar el consultorio e ir tras el dragón, se detuvo dubitativo nuevamente de montarse en el carruaje, pero al final siguió el consejo del sanador, y tomó asiento, frente al dragón.
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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Vaurien el Mar Ene 02 2018, 18:09

Vaurien se alegraba de que el humano hubiera aceptado su oferta sin rechistar. Lo cierto era que no tenía tiempo de intentar convencerlo. El lujoso carromato ne color negro mate les esperaba en la calle. Al acercase, el cochero se apresuro a bajar y abrirles la puerta. Con una señal, Vaurien le indicó a Alvric que entrara. -A casa-Dijo el dragón a su sirviente antes de meterse él.

La calle estaba asfaltada, pero llena de baches y desniveles. Sin embargo, ninguno de los ocupantes nos notaba. El carromato estaba equipado con una serie de resortes en la parte baja que amortiguaban los golpes. Después de todo, no era un carro de bueyes que usara un mercader para mover su mercancía, sino un lujoso vehículo para que la clase alta se desplatara cómodamente por la ciudad.

Durante los primeros momentos, ninguno dijo nada. Vaurien estaba en silencio con un aire pensativo mirando por la ventana la gente pasar. Luego, empezó la conversación con una pregunta singular.

-¿Qué edad tiene, señor Khelden?-dijo el dragón. Esperó la respuesta del humano y continuó.

-Yo tengo 2525 años.-siguió-Cierto es que casi un milenio de ese tiempo lo he pasado en letargo, pero aún así, he visto y aprendido muchas cosas. He visto a su especie progresar de arrastrase por el fango a construir enormes estructuras. He visto como las grandes mentes entre los vuestros buscaban respuestas a preguntas primordiales. He visto de cerca el enorme potencial humano...Pero también he visto lo que conlleva dicho potencial...-

Sin darse cuenta, el dragón sujetó con más fuerza su bastón y su mirada se endureció.

-¿Sabe usted lo que es la guerra, señor Khelden?, supongo que está familiarizado con el concepto...incluso puede que creer a los más alarmistas entre nosotros que dicen que el ataque terrosirsta al Teatro de la Reina y el de la pasada Navidad son, en realidad, actos de guerra...pero no es cierto. Eso no es una guerra, ni de lejos.-

El dragón hizo una pausa y cerró los ojos, invocando memorias desagradables.

-Los humanos, durante mi juventud, tenía una obsesión terrible con la guerra. No acaba el año sin que hubiera habido alguna sangrienta batalla en algún lugar de mundo. Hablo verdaderas matanzas, señor Khelden. Miles de jóvenes humanos perdiendo su vida en el campo de batalla y regándolo con la sangre de sus enemigos en nombre de un Dios al que nunca han visto y de un Rey que poco se preocupa por su destino. Guerra, tras guerra, tras guerra. En cierta ocasión llegamos a creer que os acabarías matando mutuamente hasta la extinción. Las únicas veces que los reinos humanos consiguieron algo de paz y prosperidad durante unos pocos siglos, fue cuando un poder enorme, unificado y homogéneo los absorbía, es decir, un Imperio. Al responder todos al mismo señor, nadie iba a la guerra para conseguir la riqueza del vecino. Sin embargo, la corta esperanza de vida humana acaba corrompiendo el sistema...el hijo, el nieto o el bisnieto del gran emperador que trajo prosperidad a su pueblo podría no tener los mismos fuertes ideales de sus ancestros y el Impero rápidamente caía en el caos y la desunión...volviendo al estado inicial de redencillas entre pequeños reinos...lo he visto pasar una y otra vez-

El dragón hizo otra pausa. Reordenando sus pensamientos y eligiendo sus palabras cuidadosamente, para no ofender al humano.

-Ahora bien, digamos que el regente de uno de esos Imperios es, en términos prácticos, inmortal. ¿Sería capaz ese regente ideal, de dar prosperidad y paz eterna a sus súbditos?, bien, yo no lo sé. Ni siquiera un Inquisidor como yo tiene tanta fe ciega. Pero, si puedo decir, aunque usted no lo haya vivido, que llevamos 300 años de paz y prosperidad. Eso es algo que ningún imperio humano ha logrado hasta la fecha. Cierto es, que la diferencia de clases se hace notar, y eso vuelve a los humanos resentidos contra nosotros pero eso no es, en absoluto, diferente a como la clase baja miraba a la nobleza, aunque ambos fueran de la misma especie.-


Última edición por Vaurien el Vie Ene 05 2018, 16:33, editado 1 vez




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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Invitado el Miér Ene 03 2018, 22:22

Habían momentos en los que entender ciertas decisiones no resultaban tareas fáciles, y mucho menos entender las motivaciones y aún menos las verdaderas intenciones que ciertas personas tenían en el proceder de su actuar ante ciertas circunstancias. Alvric salió del consultorio, y miró al dragón esperándole. No dijo nada, y se mantuvo en silencio. Al escuchar la dirección a la cual el dragón había indicado a su cochero que les llevaría, no pudo evitar mirarle, no con sorpresa, por supuesto, sino pues que se mantenía tranquilo. En esos instantes, quiso tener que protestar, pero recordaba bien las recientes palabras del sanador, y a fin de cuentas, dudaba bastante que algo pudiese ponerse peor tras lo que había terminado ocurriendo. El silencio, se apoderó de ambos dentro de aquel carromato y fueron quizá lo más incómodos de todos. Alvric no tenía que esforzarse demasiad para dejar en claro que, pese a que hubiese aceptado la invitación del dragón, la línea entre humano y dragón que existía invisiblemente entre ellos, habría de mantenerse hasta el final. Mirando por la ventana contraría a la que el dragón observaba, Alvric empezó a notar como poco a poco la zona concurrida de la ciudad de Talos iba quedando atrás y tal como en Puert Krosan, en la capital del Imperio del Fuego, la zona donde los dragones vivían, también gozaba de una belleza arquitectónica propia y característica.

Alvric bajó la mirada por unos segundos, y miró la figura de madera del General del Ejército, Ariakas Verminaard, envuelta en aquellos cueros de pieles en sus manos. No pudo evitar pensar en todo lo que ese simple objeto le había hecho pasar y hasta donde le había traído. Su mirada, tranquila y calma, se alzó cuando escuchó la pregunta del dragón. No respondió de inmediato, sino unos minutos después de desviar su mirada hacia la ventana nuevamente. –Dieciocho.– Respondió. Y entonces al escuchar la edad del dragón, no pudo evitar tener que verle de nuevo. Y fueron las palabras siguientes, las que sin duda, no pudieron dejar que la curiosidad de Alvric, estuviese ahí, a flor de piel. Alvric no dijo nada, y su mirada seguía siendo tranquila, pero era la primera vez, en toda su vida, que aquellas palabras sobre una antigua gloría de la humanidad, venían no de suposiciones o historias incongruentes de humanos que aseguraban que la vida humana no siempre estuvo bajo el régimen del fuego, sino  de un dragón tan antiguo, como el mundo. Negó ante su pregunta sobre la guerra y el verdadero significado que estas tenían, y lo que eran o habían sido, antes del Imperio del Fuego.

Alvric escuchó con detalle todo cuanto el dragón dijo y a medida que hablaba, algo en él le decía que todo aquello, era cierto. Alvric no había vivido tanto como aquel dragón, eso era cierto, pero si había visto con sus propios ojos como los humanos, presos de su errado concepto de sobrevivencia eran capaces de aportar más maldad a su propia raza que los dragones mismos. Lo veía en las calles de Puerto Krosan, todos los días. Lo había visto en los ojos de aquellos que gozaban de los latigazos que le darían a aquella mujer, mientras fue un dragón Inquisidor, el que mostró más humanidad que aquellos propios “humanos”. Alvric bajó la mirada, sintiéndose preso de esas realidades crudas,  sobre todo de aquella última afirmación sobre el hecho de que frente a lo que le decía, los dragones, les habían ofrecido, paz. –Señor Vaurien.– Dijo, tras varios minutos de silencio. –No sé si es real lo que decís. Y verdaderamente no lo entiendo.– Miró por la ventana. –Habláis de un conocimiento antiguo, desconocido y prohibido por los vuestros. Ningún humano sabe realmente si vosotros sois o no, los salvadores del mundo como os hacéis llamar, cosa que jamás he creído, ni creeré.– Y le miró. –Pero tampoco pongo en duda que lo que decís, es real. Aún así, no me interesa qué creéis saber vos de los humanos, ni me interesa saber qué es realmente eso que vos llamáis guerra.– Sentenció. –Pero lo que sí sé, es de lo que yo soy capaz de hacer por proteger a otros de vuestras y nuestras injusticias. Yo y muchos más humanos que conozco. Vos lo visteis hoy, en la Plaza. Los humanos no somos, ni seremos los animales que vosotros nos han querido hacer ver, y no necesitamos de un dragón para entenderlo.– Aunque muchos humanos, lo hicieran parecer así.
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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

Mensaje por Vaurien el Lun Ene 08 2018, 01:09

-Un punto interesante, señor Khelden. Una cosa es luchar contra las injusticias, y otra muy distinta es luchar contra los dragones. Me alegro de que por lo menos esté dispuesto a admitir que no todos son iguales.-

A medida que el coche se acercaba a la hacienda de Vaurien, el camino se allanaba. Tras la verja vigilada, había una gran jardín que era atravesado por un camino de piedra que llevaba hasta la mansión.

-Yo nunca consideré a los humanos animales. Y tampoco conozco a muchos dragones que lo hagan. Sinceramente, creo que gran parte de ese problema se solucionaría definiendo bien al "humano" y al "animal". Comprendo que cierto conocimiento deba ser censurado...Pero, ¿que daño puede hacer un maldito diccionario oficial?-

El carromato se paró justo frente al portón. Igual que antes, el cochero se apresuró en bajar y les abrió la puerta.

Junto a la puerta principal de la mansión les esperaba Bernardo Butler VI. El Jefe de Mayordomos de Vaurien. Era una persona mayor, pasados los cuarenta. Tenía una larga melena blanca sujetada con una cola de caballo y una barba perfectamente recortada. También vestía de manera impoluta, acorde con un hombre de su rango. Uno de sus rasgos más destacados, era la mirada de guerrero veterano que uno nunca esperaría encontrar en un mayordomo.

Spoiler:

-Bienvenido a casa, señor-Su gesto se extrañó cuando vio a Alvric-No se me...comunicó que esperábamos visita-

A Bernardo no le gustaban las sorpresas, y menos cuando se trataba de su señor. Era un hombre que prefería tener planeado hasta el último detalle pero sabía que, a a pesar de las apariencias, su señor podía ser muy vulnerable a los caprichos.

-Bernardo, ester es Alvric Khelden. Un hombre de mar que ha llamado mi atención, será nuestro invitado esta tarde, trátalo como tal.-

-Por su puesto. Un placer, señor Khelden. Yo soy Bernardo Butler VI,
sexta generación de Jefes de Mayordomos al servicio de Lord Vaurien-


El mayordomo los condujo por el pasillo principal de la mansión. En su interior, predominaban el dorado y el rojo. Todo lo que había en su interior, desde las decoraciones hasta la alfombra, daba una sensación de lujo y exquisitez. Antes de ser Inquisidor, Vaurien había pertenecido a la Aristocracia de los dragones, la verdadera cúspide de la sociedad del Imperio, de manera que todos los lujos que había acumulado esos siglos, había permanecido con él, aunque ya no disfrutara de su título.

-Bernardo aquí presente, es una excelente muestra de lo que se puede hacer cuando un dragón y un humano colaboran-dijo Vaurien mientras avanzaban. Al fundarse el Imperio hace algo más de 300 años tomé como mi primer sirviente a un joven humano llamado Bernardo. Yo le dí un apellido, Butler, que significa mayordomo en algunos dialectos. Lo adiestré en combate, en literatura y en ciencias. Como resultado obtuve un excelente sirviente: inteligente, hábil, y si era necesario...letal. Además, su gratitud hacia mí lo volvía completamente leal. Pero, claro, era un humano. Y como todos los humanos sentía la necesidad de tener una familia, cosa que yo le permití y, a cambio, uno de sus hijos llevaría su nombre y ocuparía su lugar cuando él fuera demasiado viejo para hacer su trabajo o muriera. Huelga decir que él aceptó encantado, pues así garantizaba que al menos uno de sus hijos tendría un buen futuro a mi lado. De esa manera comenzó la tradición de los Bernardo Butler.-Como ves, generaciones enteras de humanos pueden prosperar y tener un gran futuro bajo el ala de un sólo dragón.

Llegaron a una pequeña sala de reuniones con un par de grandes butacones y un mueble-bar que contenía licores y vasos. Antes de entrar a la sala, Vaurien se dirigió a Bernardo
-Trae a Noctis-
-¿...Señor?-Bernardo se mostró incrédulo
-Hazlo-Sentenció





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Re: An honorable act: Law about an innocent [Vaurien]

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