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The smell of cruelty [Tharthreiz]

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The smell of cruelty [Tharthreiz]

Mensaje por Gihaial el Vie 27 Oct - 16:16

"Una espada, ¿dices?". No pude evitar reírme para mis adentros. "Parece de ficción..."
"Cierto. Pero es tan real como que te estoy hablando ahora mismo, Gihaial", dijo Thareon en mi mente.
"La verdad, eso también podría ponerlo en duda, dada mi situación", lo dije con ironía, pero había una buena parte de verdad en mis palabras. Tras la fiesta del General Ariakas, mi paranoia había ido en aumento. Esa sensación agobiante de que, allá donde iba, me seguían, era cada vez más vívida. No tenía pruebas empíricas. Sólo susurros, pasos lejanos, correteos esporádicos a mi alrededor. Siempre que salía de mis aposentos, por los pasillos, las escaleras, los jardines... Incluso durante algunos de mis paseos en Talos me había parecido sentirme observado. En ocasiones como aquella, mi ceguera resultaba de lo más frustrante. Había intentado seguir rastros, buscar olores, tactos... Pero lo único que había obtenido había sido silencio, oscuridad e ignorancia. Suspiré, despacio. "¿Ya has pensado en cómo vas a usarla?"
"Megerah la portará. Una vez estemos ante ella, buscaremos la forma de rebanarle la cabeza con ella." Thareon dibujó una imagen muy gráfica del suceso en mi mente. No dije ni sentí nada. Entre otras cosas, porque aquella imagen se me antojaba un poco idílica después de su escueta explicación.
"Eso casi ha sonado a improvisación, Thareon", tuve que reprenderle un poco. Si, de verdad, pensaba usar un arma como esa en algún momento, no podía simplemente meterse de cabeza en el fragor de la batalla y, simplemente, esperar a ver qué pasaba. "Vas a tener que pensar en algo mejor.".
"Ya tenemos un plan." Sonó molesto. Aquello me gustó, porque significaba que yo no era el único que pensaba en las lagunas de aquella idea.
"Tenemos un plan para destruir el castillo. Tenemos un plan para machacar a la Inquisición. Pero, en ningún momento, ese plan se ha extendido a la forma de matar a la Reina". Le recordé.
"Te lo acabo de contar".
"Eso no es un plan, Thareon. Para usar esa espada tendrás... tendréis, mejor dicho, que acercaros a ella. En forma humana". Puntualicé. La imagen mental que me había dado de la espada de jade correspondía a las dimensiones de un arma humana. Seguramente porque se había fabricado para que la empuñara un humano, y no un dragón.
"El Anciano nos ayudará".
"Si aparece...", tercié.
"Aparecerá. Confío en él".
"Yo no".
"¿No podrías apartar tu escepticismo por una vez, y tener un poco de fé en lo que te digo?", hubiera sonado a súplica, si no fuera porque conocía bien a mi ex-capitán.
"Podría, pero los dos sabemos que, si he sido valioso en este plan hasta ahora, ha sido precisamente por mi escepticismo. Déjame hacer mi trabajo". Alegué, sin más. Aquello no era una cuestión de fe, sino de preparación.
"Bien. ¿Algo más?"
"Sí. Ya que hablamos de escepticismo, creo que sería sabio guardar silencio entre nosotros durante un buen tiempo. Sé que se acerca el momento. Pero, por el momento, no es seguro que sigamos hablando por esta vía". Dije con seriedad, desvelando parte de mi preocupación.
"¿Crees estar bajo sospecha? ¿Por qué?"
"No lo creo, estoy seguro de ello. Supongo que habrán detectado mis repetidas ausencias en la red, no estoy seguro todavía. No tengo demasiados contactos entre los Inquisidores". Lamentablemente. Lo había intentado por todos los medios, pero los acercamientos a los miembros de la Inquisición siempre eran complicados y difíciles de arrastrar al terreno que me interesaba. "En este punto, sólo podemos ser cautelosos".
"Quizá deberías salir de Talos, Giahaial. Puedes esconderte en la base, ya lo sabes". La idea me tentó durante un milisegundo, pero de mi boca brotó la respuesta de manera automática, sin apenas tener que pensarla:
"Allí no te soy de utilidad. Sólo démonos un tiempo, hasta que el ambiente se enfríe un poco".
"Como prefieras. Buscaré otra forma de contactarte si lo veo necesario".
"Sí. Saluda a Megerah de mi parte".

Abrí los ojos, lentamente. Volví a suspirar, despacio, a medida que abandonaba la red del Anciano y dejaba que el silencio reinara en mi mente durante unos segundos. Muchos eran los dragones que consideraban aquella quietud terrorífica y asfixiante. Como hundirse en la inmensidad de un enorme y oscuro océano. En parte, así era. Pero yo lograba recibir cierta "paz" en aquel silencio mental. Una paz en la que los humanos vivían pero en la que, nosotros, los dragones no podíamos prosperar. Era irónico que, en lo más profundo, al final ellos fueran mucho más fuertes que nosotros.

Justo en ese instante, la puerta de mis aposentos sonó con un repiqueteo de nudillos. Por lo general, era capaz de reconocer a un visitante por la cadencia de los golpes. Pero, en aquella ocasión, debo admitir que no supe decir quién era. Me reconecté a la red, despacio, dejando que el murmullo constante de voces ocupara mi tranquilidad mental. Me levanté de la cama, y me recoloqué la chaqueta oscura y larga que vestía, me peiné el largo pelo gris con los dedos mientras decía: - Adelante.






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Re: The smell of cruelty [Tharthreiz]

Mensaje por Tharthreiz el Sáb 18 Nov - 14:57

La puerta se abrió con un chirrido sordo, dejando entrar la vetusta presencia del Inquisidor. Gihaial no podría apreciar su impecable vestimenta, sobria y oscura, con pequeños detalles en color añil que resaltaban el azul topacio de unos ojos fríos e inquisitivos. Entró con tranquilidad, cerrando la puerta tras él mientras saludaba, con voz jovial: - Ah, Teniente General Gihaial. ¿Os he despertado?

Sí, así era: Tharthreiz había estado espiando las continuas "desconexiones" del viejo Teniente General. No había tenido demasiadas pistas en torno a Thareon, pero una de las cosas que le habían llamado la atención era la repentina e inexplicable presencia de Gihaial en Talos, justo cuando todo había empezado a desmoronarse y a volverse cada vez más y más tenso.

- Tharthreiz Ironscale. - Saludó el otro con una sonrisa. Tharthreiz no pudo decir si se alegraba de verle o no, pues su neutra mirada velada no daba mucha información, más allá del hecho de que no podía ver. El dragón gris torció levemente la cabeza hacia su dirección, pero nada más. - No os preocupéis, sólo estaba echando una cabezada. Hacía decenios que no coincidíamos en una misma sala.
- Mucho tiempo, desde luego. - Asintió Tharthreiz, adentrándose en los aposentos. Pidió permiso escuetamente para sentarse, y Gihaial se lo concedió con un asentimiento de cabeza. Se quedaron ambos uno frente al otro, Gihaial con la mirada perdida y el gesto atento; y el viejo Tharthreiz con las manos entrecruzadas abajo la barbilla, una media sonrisa afilada y una mirada que no perdía detalle de todas y cada una de las reacciones de su interlocutor.
- ¿Y a qué se debe, pues, el honor de vuestra presencia en mis aposentos?.
- Oh, ¿insinuáis que necesito algún motivo para visitar a un viejo compañero de armas? - terció Tharthreiz, dejando ir una risilla entre dientes.

Gihaial no compartió su gracia. De hecho giró aún más la cabeza, llegando casi a cruzar su mirada con la del Inquisidor.. Seguía manteniéndose relajado y su máscara de media sonrisa se mantenía impertérrita. Pero sus palabras sonaron afiladas al hablar para Tharthreiz. - No lo pensaría si lo hubiéramos sido. Perdonad mi escepticismo, más teniendo en cuenta que mi relación personal se estrechó, no con vos, sino con vuestro difunto hijo.
- Hmmm... ¿Difunto? ¿Qué os hace pensar que está muerto? - inquirió el azul.
- Es lo que todo el mundo comenta. - respondió rápidamente Gihaial, con un natural encogimiento de hombros. Como si la cosa no fuera con él. Cosa que Tharthreiz dudaba. - Y aunque quizá no sea literal, desde luego en el estado en el que se le perdió la pista, bien se podría considerar muerto.
- Curioso. No es lo que he oído yo.
- ¿De verdad? - No mostró interés real, eso Tharthreiz lo percibió sin dificultad. Quedaba preguntarse si había sido un desliz del dragón o si a caso no le importaba mostrar su indiferencia. - La inventiva de la plebe para generar rumores es fascinante, ¿no os parece?
- Sin duda lo es, teniendo en cuenta que hace casi un año que se ha dado por muerto a alguien que no lo está. - Puntualizó Tharthreiz.
- Así que... ¿Vuestra visita es para cotillear conmigo sobre las fantasías del pueblo? No os tomaba por un crédulo. - Gihaial se había salido por la tangente, y de paso aprovechaba para insultarle veladamente, con la esperanza de retirar su atención de ese punto de la conversación. Tharthreiz sonrió de más durante un par de segundos, antes de recuperar el rictus. No quería que sus expresiones faciales se reflejaran en su voz.
- No, desde luego no me considero tal cosa. En eso vos y yo nos parecemos, ¿verdad? - Gihaial no le respondió. - Thareon siempre solía decir que vos teníais una buena vista para los problemas y que solíais estar muy atento a los detalles.

Le pareció percibir un leve tic en su taimada sonrisa. No podía asegurarlo. Tampoco percibió alteraciones en su hilo mental. Encomiable...

- ¿En qué puede ayudaros este pobre ciego, entonces? - Gihaial exageró su sonrisa, como si se hubiera tomado su comentario a broma.
- Oh, pues... Resulta que me encuentro haciendo una investigación sobre lo ocurrido con Lord Moloch y el temido Leviathan, y pensé que quizá vos podríais darme vuestra opinión sobre mis conclusiones.
- ¿Mi opinión sobre un caso archivado y sobre el que sólo sé lo que he oído en el pregón serviría de algo? - Gihaial enarcó una ceja.
- Tengo en muy alta estima vuestra capacidad deductiva. - Tharthreiz relajó su postura sobre la silla, cruzando una pierna sobre la otra y dejando caer las manos sobre los reposabrazos.
- Sin pretender faltaros al respeto ni despreciar vuestros halagos, Ironscale; creo que como miembro de la Inquisición deberíais enfocar vuestros esfuerzos en menesteres más urgentes que ese. - Gihaial habló con cautela, sin intentar sonar recriminatorio. Pero Tharthreiz no se dejó engañar por los buenos modales. No... tarde o temprano resquebrajaría ese cascarón de presunta y correcta inocencia. Sólo tenía que tener un poco más de paciencia.
- Eso es justo lo que estoy haciendo, Teniente General.




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Re: The smell of cruelty [Tharthreiz]

Mensaje por Gihaial el Miér 22 Nov - 20:00

Desconocía el motivo real que había impulsado al padre de Thareon a presentarse en mis aposentos aquel día. Pero sus palabras me dejaron más que claro que sospechaba de mi. Durante nuestra engorrosa y evasiva conversación, intentaba hacer memoria desesperadamente, intentando encontrar el punto en el que me había dejado algo, o en el que me había despistado lo suficiente como para dejar algún indicio que hubiera llevado al Inquisidor hasta mi.

Entonces llegué a la conclusión de que aquellas sensaciones que me habían acompañado últimamente, la noción de que me habían estado siguiendo, era completamente cierta. No había sido parte de mi paranoia: realmente la Inquisición me había tenido vigiliado estos días. Era algo que no debería extrañarme. De hecho, de haberse quedado ahí, como ya le había dicho a Thareon, hubiera sido lo que se esperaba. Pero que un Inquisidor, que encima no era otro que el propio Tharthreiz, me hubiera venido a buscar de un modo tan directo y descarado...
No, aquello no estaba siendo buena señal.

Pero tampoco podía dar yo señales de que aquello para mi era más inesperado de lo que debería. Así que procedí a contentar la oscuridad curiosidad de Tharthreiz.

- Bueno, si es lo que deseáis... - Me encogí de hombros, intentando no darle demasiada importancia a la situación. Debía aparentar que aquello no iba conmigo en absoluto: - Leí en los periódicos lo que se decía acerca de Moloch y Leviathan, y más tarde escuché las noticias de su "liberación", ya que al parecer obtuvo ayuda de alguien cercano a Moloch para escapar. Después de eso se le perdió la pista en el bosque, y nunca se supo nada más. Si queréis mi opinión, Ironscale, creo que vuestro hijo está muerto, y que lo poco que queda de él no es sino un monstruo más acechando en la oscuridad y amenazando a nuestras patrullas y cazadores. En cuyo caso, no dudo de que nuestras fuerzas algún día le darán caza y acabarán con su amenaza. Como os he dicho, en cualquiera de las versiones que he oído, se podría decir que Thareon ya está muerto.

El inquisidor no me contestó. Y aquello me inquietó, porque no tenía más información de qué estaba haciendo, o qué estaba pensando. No le oía moverse, no le escuchaba variar ni un ápice su respiración. Estaba ahí, delante de mi, quieto y expectante... No, más bien... Más bien parecía que estuviera escuchando algo que ya daba por sentado.
Tharthreiz me estaba incomodando a propósito.

- Hay algo curioso, debo decir, sí; en toda esta historia que es lo que me ha conducido hasta vos, hoy. - Le escuché hablar en tono parsimonioso.
- ¿De qué se trata, si puedo preguntar?
- En teoría esto se considera secreto se sumario, y no debería daros ninguna explicación - puedo escuchar el movimiento de sus ropas. Seguramente se había inclinado hacia delante y me estaba estudiando con esos ojos fríos y ávidos que recordaba en él. - Pero ya que os veo tan colaborativo, Gihaial, os confesaré que hay un punto en vuestra historia que no me cuadraba demasiado. Hasta donde he podido indagar, vuestra relación con mi hi... Con Thareon, se deterioró después de que os retirasen del servicio activo. ¿Es así?
- Así es. Ya presenté mi informe al respecto en su día, sobre por qué pedí que me retirasen de su unidad, tanto si me permitían volver al Ejército como si no. - Resumí, haciendo un gesto con la mano, y hasta me atreví a sonreír. Sabía que tenía ese cabo bien atado, ya me aseguré en su momento de que no se relacionase en ningún momento en lo ocurrido con Vihala. Ladeé la cabeza, dirigiendo mi mirada vacía hacia el lugar del que provenía su voz, esperando, aunque fuera por casualidad, cruzar nuestras miradas. - Seguro que es lo primero que os habéis lanzado a leer, ¿me equivoco?
- No, para nada. - Sonó muy seguro y confiado. - Por eso, teniendo en cuenta que prácticamente cortasteis toda relación con él, y casi diría que con el Imperio, al retiraros a Deimos... Me pareció curioso que decidierais volver a Talos, después de decenios, justo cuando los rumores sobre Leviathan y la muerte de Thareon empezaron a cobrar fuerza.
- Ah, entiendo. Así que se trata de eso. - Sonreí, fingiendo cierto alivio. No lo sentía, en realidad. Algo me decía que no se iba a reducir a algo tan simple. Pero, tal vez, así pudiera desviar la conversación hacia derroteros menos cenagosos par ami. -  [b]Sí, debo confesarlo: regresé porque quería mearme encima de la tumba de vuestro hijo y celebrar su muerte. - Hice una pausa dramática justo después.
- Debió de suponer un verdadero desazón para vos, entonces, no encontrar tumba alguna a su nombre. - Tharthreiz tenía habilidad para que su tono de voz fuera sorprendentemente neutro, a pesar de que era evidente de que estaba lanzándome pullas para probarme.
- Bueno. No se puede tener todo en esta vida... - Volví a encogerme de hombros.
- Y decidme, tras no poder completar vuestra objetivo... ¿Por qué no regresasteis a Deimos? Hace ya meses que dejasteis vuestro puesto desocupado. - Debía reconocerle a Tharthreiz que era agudo de mente. Era de los pocos que me habían preguntado directamente por mi estancia en Talos. Siendo un oficial honorario, a pocos les importaba realmente el motivo de mi estancia, o mis idas y venidas. Era parte de la baza que jugaba en mi papel en la Rebelión.
- Viajar, dadas mis especiales circunstancias, supone un esfuerzo que debo organizar con tiempo. Por eso dejé a mis oficiales de confianza a cargo de mis obligaciones en Deimos. - Algo totalmente cierto, y que ni siquiera él podía negarme o utilizar en mi contra. En este punto, pensé que quizá era el momento de demostrar cierta impaciencia, como si ya me estuviera aburriendo la conversación. Así que fingí un suspiro hastiado y crucé las manos sobre el regazo. - En cualquier caso, ¿va a pesar sobre mi la pena mayor simplemente por odiar a un viejo compañero de armas?
- No, por eso, no. - Si su voz hubiera sonado con el brillo tenso propio de una sonrisa, no me habría preocupado. El problema es que lo escuché justo después, acompañando sus palabras deliberadamente arrastradas: - Pero por dar la orden de retirar tropas de Deimos sin permiso, puede ser...

Me quedé mudo e inmóvil como una estatua. ¿De verdad acababa de oír lo que acababa de oír? No, debía controlar mis pensamientos. - ... ¿Cómo decís? - Traté de ganar tiempo para pensar con rapidez, pero lo malo de aquello, era que mis pensamientos se volvía difíciles de sujetar a vistas de que no se escucharan por la red. Decidí decir en voz alta parte de mi hilo de pensamiento. - Creo que debe de haber un error. Si repasa los informes de mi oficial al mando... - Eso es, yo mismo me había encargado de que estuviera todo en orden. Me había asegurado de que no hubiera ningún fallo.
- He leído vuestros informes, Teniente General. Pero dadas las circunstancias, decidí viajar yo mismo a Deimos para entrevistarme con vuestros oficiales. ¿Y sabéis qué descubrí? - Contuve el aliento inconscientemente. Si había algo, un sólo detalle, con el que no había contado, era con que un miembro de la Inquisición se interesase por una comunidad menor y marginal como era Deimos en los tiempos que corrían, cuando toda la atención estaba prácticamente centrada en Talos dados los últimos eventos. Y la siguiente frase del Inquisidor confirmó mis temores: - Que vuestras tropas se habían esfumado.
- Probablemente estarían haciendo algún ejercicio de...
- Sí, sí. Es una buena tapadera, sin duda, por si alguien llega y se encuentra el panorama, ¿verdad? Que parezca que, vaya, "justo hoy han salido a hacer un ejercicio". Un día. Y otro día. Y otro día... Y nadie nunca vuelve. Sólo un puñado de suboficiales llevando y trayendo mensajes sobre recursos que no existen, movimientos que no se realizan... - ... Me estaba quedando en blanco. No sabía qué contestar, no tenía tiempo para pensar, ni manera de hacerlo conectado a la red sin que resultara evidente. Tharthreiz acababa de acorralarme. Ahora sí tenía la certeza absoluta de que estaba sonriendo con satisfacción. - No me toméis por idiota, Gihaial. Antes que Inquisidor, fui el General de más alto rango de Edén. Sé de sobra lo que es un ejercicio de tropas militares. Y ninguno en nuestro ejército se toma tantos días ni mueve la totalidad de los efectivos, únicamente a entrenar.
- ... - No, por más que lo intentaba, no tenía escapatoria. Si de verdad había acudido a Deimos durante días consecutivos, habría visto sin duda la evidencia de que mis tropas habían partido de allí hacía mucho para reunirse con Thareon en las montañas. Por más que lo intenté, no logré inventarme una excusa mejor que pudiera resultar convincente en lugar de incriminatoria.

La puerta de mis aposentos volvieron a abrirse, esta vez de manera violenta. Escuché el repiqueteo de las armaduras y las cotas de malla de la guardia. Tharthreiz también había traído consigo un séquito para llevarme preso, en el caso de que se me ocurriera resistirme. - Os recomiendo que mantengáis vuestra actitud colaborativa, Gihaial. Si de verdad no tenéis nada que ocultar, entonces no tenéis de qué preocuparos. - Le escuché levantarse de la silla, sin dejar de sonreír mientras me preguntaba: - ¿No es así? - Casi pude imaginarme a la perfección esa mirada azul, altanera y detestable en su rostro.
- ¿Vais a torturarme hasta que os diga lo que queréis oír?- le espeté, frunciendo el ceño, sin ocultar más mi desagrado.
- Eso, Gihahial, depende de vos.

Tharthreiz se alejó varios pasos, entrecruzándolos con los de los guardias. Dejé ir el aire por la nariz con cierto aire derrotado. Ya no era el guerrero de antes, ni tenía la destreza suficiente como para enfrentarme a... Uno, dos, tres, cuatro, cinco guardias. No... Tharthreiz me había ganado aquella batalla. Y lo había hecho majestuosamente bien, mal que me pesara.

Me levanté, juntando las muñecas por delante. No tardé en sentir la mordedura de unos grilletes de jade sobre mi piel. Y, acto seguido, me empujaron fuera de la habitación, dando trompicones hacia las mazmorras.






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