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Disturbing thoughts || Kya

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Disturbing thoughts || Kya

Mensaje por Trystan el Lun Oct 16 2017, 23:07


Había salido temprano aquella mañana, dejando a Eli profundamente dormida y al cuidado de Kya. No tenía más intención que, como venía ya siendo costumbre, aprovechaba las primeras horas del día para ir por agua y recoger alguna presa que hubiese caído en trampas que dejaba convenientemente cerca del río. Pero esta vez, quise llegar más lejos. Lo primero que hice fue acercarme a las cascadas que ya conocía. Y, tras un par de minutos de reflexión, con mi mirada clavada en aquel lugar, decidí darme un baño. Así pues, me desvestí, dejando la ropa recogida y oculta entre la maleza, antes de meterme en el agua. Ese frío que pronto me acompañó hasta la cintura, después de sumergirme un momento en el agua, me espabiló. Como si hubiese estado adormecido más tiempo del que realmente debiera. Por meses. Años, incluso. Suspiré, al cubrirme el rostro con ambas manos, como si tuviera la capacidad de desconectarme de todo con ese simple gesto.
Me atreví a meterme un poco más, hasta la línea de mi clavícula, asegurándome que hacía pie. Por unos minutos, llegué a no pensar en nada, dejando mi mente en blanco. Juraba que habían pasado años sin hacer algo así. Sin esa libertad de la que en ese instante podía disfrutar, con un simple baño como era aquel. Como si la hubiese perdido sin ser consciente realmente, viviendo idílicamente una libertad que no tenía. Engañado.

Y el canturreo de un par de aves me devolvió a mi ser. Inflé totalmente mis pulmones para luego exhalar por la nariz, antes de poner rumbo a la orilla, para secarme a medias con la camisa holgada que traía y volver a vestirme. Acababa de hacerlo cuando una brisa sonó en la parte alta de la arboleda, llamando a mi mirada. Se respiraba verdadera tranquilidad en aquel lugar. Y justamente hoy, había conseguido que aquella calma inundara mi ser por un rato.
¡Buh!”, escuché, de repente en mi cabeza, consiguiendo que toda la paz que albergaba, se esfumase mucho más rápido de lo que había venido. “Estaba a punto de salir a buscarte...”, palabras que terminaron de tensarme. Por instinto, pegué mi espalda al árbol más próximo, paseando la mirada alrededor, queriendo visualizar al dragón.
¿Por qué? ¿Acaso me echas de menos?”, vertí en la mente draconiana, con desconfianza.
¿Y tú a mí? Ya sé que estuve lejos durante un tiempo... Ay, Trysie, Trysie, Trysie. La duda me ofende”, sonó en mi cabeza, entendiendo que, de haber estado cerca, y por ser como era aquel tipo, ya habría salido de su escondite.
¿Seguro que no es ironía?”, contesté, con una sonrisa juguetona, frunciendo el ceño, parcialmente confiado. Cosa que no había sido después de mi tortura.
No supe bien cómo, pero sentí cómo el dragón sí notó ese cambio. “Te noto… diferente.”, murmuró mentalmente, aunque yo no llegase a vislumbrar su sorpresa.
Serán los cambios del desafío”, me resigné a contestar.
No, no. No ese tipo de ‘diferente’. ¿Has cambiado de perfume?
...
¡Oh, vamos! ¡Pretendo hacerte un cumplido!”, bromeó, con mi silencio. Uno que prolongué por molestia. Aquel dragón no sabía ser serio. O, directamente, era una retorcida sierpe que disfrutaba con mi agonizante situación. “¡Trystan!”, llamó, aunque yo no contestara. “Puedo seguir hablándote aunque no me contestes.”, me recordó. Lamentablemente, para mí, así era. Si me alejaba, él sabría perfectamente a dónde ir para encontrarme y si me quedaba, él tendría toda la libertad para seguir molestándome. “Es más. Si me das un rato, tal vez pueda ir a verte...
¡NO!
Vaya, sigues ahí...”, denoté cierta diversión. “Algún día tendrás que enfrentarte a mí. Nada ha cambiado.
"Eso no lo sabes."
"Vaya, vaya, vaya. Me estás dejando anonadado. ¿Qué te ha pasado para que vuelvas a tener tal confianza en que lo conseguirás?"
"Nada."
"Uno no cambia por nada", replicó. "Y lo que percibo de tu voz, me lleva a sacar varias conclusiones. Aparte de encontrarte tan lejos, para tus costumbres. ¿Acaso has vuelto a casa?", él sabía que después de soltarme, yo residía por el sur de la ciudad, sin saber bien dónde. Cosa que cambió al marcharme a las cuevas. Pero ahora... "Nah, diría que no. Pero algo me dice que no estás ahí por casualidad." Aquella serpiente hablaba con demasiada solemnidad, para mi gusto, lo que me llevaba a sospechar. Demasiado. "¿Sospechas? ¿Por qué, Trystan?"
¡Maldición! Seguía preguntándome cuánto podía penetrar en mi mente, pues era difícil pensar para uno mismo sin llegar a saber ese alcance de intrusión. "¿Por qué? ¿Tú me lo preguntas?", inquirí con cierta socarronería. No sabía exactamente por qué, pero me sentía más... seguro que otras veces. "No creo que tu interés sea beneficioso para mí."
"Parece mentira que aún me veas así. Yo sólo quiero ayudarte."
"Corta el discurso de hermana de la Caridad. Conozco perfectamente tus intenciones."
"¿Eso crees?"
"Sí."
"Ilumíname. Te animo a que lo hagas. Ya despertaste mi curiosidad."
Titubeé, frunciendo el ceño, sin saber con exactitud si aquello era una buena idea. "Destrozarme psicolog-..."
"Alto, alto, alto", me interrumpió. "Es posible que empezase buscando tu límite", reconoció. "Era divertido verte perder el control con tantísima facilidad", una sonrisa se vio en ese comentario. "Pero, siendo todo lo honesto que puedo ser, me creas o no, después de tantos meses, no pensé encontrarte tan... entero", él era el experto en tortura. Él era mi verdugo y cruz. Él era quien tenía experiencia en esto. "Es extremadamente decepcionante e intrigante al mismo tiempo, ¿no crees?"
Que me encogiera de hombros era un impulso que me salió solo, a sabiendas que era algo que el dragón no podría vislumbrar. "¿En serio crees que voy a pensar como tú, con lo que tengo encima?"
"Sigues siendo demasiado subjetivo y simple", espetó.
"Simple, ¿eh?"
"Sí, simple, Trystan", contestó con diligencia, aunque supiese perfectamente que eso conseguiría que me hirviera la sangre. "No te molestes tanto. Nunca coincidiremos como puntos de vista".
"Por suerte."
"¿Por suerte?", pude escuchar su risa posterior. Una risa que helaba la sangre, aplacando momentáneamente mi ira. Me presioné un poco más contra la corteza de aquel tronco. "No seas estúpido. Son tus sentimientos los que te impiden cumplir con el desafío", habló, totalmente convencido. "¿Acaso aún piensas que la causa por la que luchas prevalecerá? ¿Acaso vale una vida todo ese esfuerzo para luego no conseguir cambio alguno?", pude sentir cómo se interrumpía, con unos pensamientos que plasmó en voz alta segundos después que no me gustó nada: "¿Acaso piensas que la gente que ha estado a tu lado, no desaparecerá cuando tú empieces a cambiar realmente? Piénsalo, Trystan... Las palabras se las lleva el viento. No puedes estar seguro de que ella..."
"¡Ni la menciones!", vociferé en su mente, siendo yo el que interrumpía esta vez, con esa bola de nostalgia, incertidumbre y dolor, presionando mi pecho.
"¡Oh!", exclamó, algo apagado. Pero lo que realmente me extrañó fueron esos segundos de mortuorio silencio posterior. "Vaya, sí que fue rápida en tomar tal decisión."
"Te he dicho q-..."
"¿Qué? Sólo acoto la realidad. Tantas letanías que murmuraste mientras te torturaba y ahora, ¿qué tienes?", apreté mis dientes, cerrando las manos en puros puños, hasta dejar mis nudillos blanquecinos. "Te lo diré yo, ya que no quieres decirlo en voz alta: Nada."
"Ella no es así...", musité, empezando a sentir ese temblor característico.
"¿No?", demandó el dragón. "Dime entonces que sabes dónde está. Que sabes perfectamente que volverá."
Y ahí, callé. Había desaparecido. Se la habían llevado...
¿Verdad?
Ya no podía escudarme en lo que sabía. Había pasado demasiado tiempo. Meses en los que nada supe. Meses en los que no hallé pista. Meses en los que desesperé por encontrarla, obviando ese papel de padre que ahora tenía bien afianzado. Porque ahora mi hija, y no otra, era mi prioridad, en realidad.
Pero la posibilidad recién descubierta de que no hubiera sido todo una casualidad...
"No te castigues por ello, Trystan. Estas cosas pasan."
Y, desgraciadamente, parecía repetir mi historia una vez más. ¿Cómo podía haber estado tan jodidamente ciego? ¿Cómo no había visto las similitudes? ¿Las había, no? ¿Qué demonios tenía que me hacía ser incapaz de mantener a las personas más importantes de mi vida a mi lado? ¿Todas esas desapariciones eran fortuitas? ¿De verdad? ¿Era la incertidumbre la única que sería mi compañera de viaje?
"Vamos, no seas derrotista. Estás siendo demasiado dramático y transparente". ¿Era es un intento de estímulo?
"Guárdate tus ánimos para quien los quiera", susurré mentalmente, con voz ronca y envenenada. Turbado, me dejé caer, para sentarme entre las raíces de aquel árbol.
"Vivirás mejor sabiendo la verdad."
"¿La verdad?" ¿Viviré? ¿Estaba de coña? "¿Qué? ¿Ella ha ido a decirte todo esto?" No tenía verdaderas pruebas para decantarse por esa opción.
"En realidad, has sido tú", reconoció. Esas palabras me descolocaron un tanto. "Tú eres el que parece saberlo." Su tono era sospechosamente calmado. "De estar convencido de lo contrario, no le habrías dedicado ni un solo pensamiento", concluyó con esa frase que implicó una presión que no había sentido antes. Un peso sobre los hombros que cayó. Una bocanada de cálido aire que quemó mis pulmones. Unas malditas palabras que abrieron más mis ojos, a un mundo que antes no había visto. O no había querido ver.

Una realidad que, sin duda, cambiaría la manera que había tenido hasta ahora de ver las cosas.

La presencia del dragón desapareció de pronto de mi cabeza. Sin explicación. Sin despedida. Con todas las razones que pudieran desconcentrar a una sierpe como aquella, con obligaciones en esa jerarquía que detestaba cada día más. Aproveché entonces para incorporarme y largarme de allí como alma que llevaba el diablo.

No supe cuánto tiempo corrí, ni cuándo salí del alcance mental de aquel torturador. Sólo veía pasar los árboles y arbustos, en lo que mis piernas no cesaban de moverse, a zancadas y saltos para evitar obstáculos que pudieran detener mi carrera. Una que se terminó cuando mis azules se alzaron, captando cómo el Sol ya ponía claro rumbo a su cenit. Las extremidades inferiores me temblaron entonces, haciéndome flaquear y perder el equilibrio hasta sentarme toscamente en la hojarasca. Mi respiración alterada irrumpía en el silencio del bosque y mi interior parecía un volcán en violenta erupción. Mis manos temblaban bruscamente, por aquel esfuerzo físico y psicológico que me tenía tan descompuesto.

Aún tardé un rato más en considerarme lo suficientemente entero como para plantearme regresar al hogar. Y, por dios, deseando a su vez que allí pudiera encontrar esa calma que me había sido arrebatada. Así pues, me incorporé, y vacilante, emprendí el camino de regreso, tomándome más tiempo. Menos mal que supe reconocer aquel árbol de entrada, pues las frondosas ramas escondían perfectamente esas estructuras de madera que constituían mi casa.


Tiré concretamente de una de tantas lianas que había, para que una trampilla a la que estaba enganchada, se abriera parcialmente y dejase caer una escalera hecha con cuerda, que volví a recoger después de subir, como siempre hacía al volver.
Ya no me fiaba de nadie y procuraba evitar visitas del todo imprevistas.
Con paso trémulo, llegué a través de la pasarela retráctil que conectaba ambos habitáculos, en árboles distintos, para quedarme en ese descansillo donde solía trabajar la madera, desde que decidiera remodelar esa casa en el árbol. Allí justo encontré esa bolsa de tabaco que llevaba usando en los últimos años. En un principio, de forma esporádica, para utilizarla de forma frecuente en los últimos meses. Siempre y cuando, mi pequeña no estuviese cerca.

La abrí con manos temblorosas, por esa realidad que no quería asimilar pero que veía más que factible, lo que me llenaba de rabia, que me turbaba al querer controlarla. Con infinidad de preguntas retóricas que nunca tendrían respuesta. Con la semilla de la desconfianza y el odio ya sembrada, la incertidumbre sería el riego que la nutriría, a medida que pasaran los días.
No tardé en liar un cigarrillo y encenderlo con la chispa de un pedernal que me había regalado Megerah, para poder darle una calada. Y fue esa primera inspiración nociva la que, irónicamente, picó mi garganta y cargó mis pulmones, para dejar una dañina y aparente tranquilidad. Pese a que el temblor y la turbación en mi cuerpo y mirada, seguía siendo más que patente.




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Re: Disturbing thoughts || Kya

Mensaje por Kya el Mar Oct 17 2017, 08:43

El sonido de pasos silenciosos por la estancia, hicieron que la sanadora abriera sus ojos. Dando con la silueta del pelirrojo que se preparaba para una de esas salidas matutinas, en lo que ella, apenas empezaba a revolverse adormilada para erguirse con suavidad en el lecho con su cabello algo revuelto, descansando sobre sus hombros descubiertos por llevar una prenda holgada que tenía entre sus cosas y solía usar como ropa de dormir, dejando que las sábanas y pieles taparan desde su cintura hasta sus pies y parte del lecho “voy a por las trampas” habló él, ella asintió con suavidad-....yo me encargo de Anne... –murmuró con voz enronquecida por el descanso pesado que ahora solía tenerla todas las mañanas casi atontada por breves instantes. Él se rio al escuchar su tono dormido y ella, chasqueó su lengua murmurando- calla y ve.... –dijo interrumpiendo aquel “vete” con un bostezo que escapó de sus labios perdiendo la palabra en nada, logrando que él aguantara un poco más la risa- vete!... –susurró moviendo su diestra en un gesto de “chu chu” que quizá hizo reír mas al resistente al besar a su hija bien dormida y despedirse de la sanadora a quien puso sobre aviso que volvería temprano.

Y así ella se dejó caer en el lecho de nuevo, escuchando los sonidos ya familiares, de cómo desplegaba el puente, cruzaba y volvía a esconderlo, como abría la trampilla y perdía de sus sentidos aquellas señales que se había vuelto algo cotidiano y un bálsamo extraño que le regalaba tranquilidad. Sus idas... sus venidas. Su presencia. Los ojos de la sanadora se cerraron de nuevo, con un nuevo bostezo y un acurrucar de su cuerpo entre las pieles, permitiendo que el sueño se la llevara de nuevo, hasta que escuchara aquellos balbuceos de la pequeña que anunciaba su despertar muy contenta... y con hambre. Así empezaba su día, esforzándose para levantarse del lecho y descubrir sus piernas y aquel pie aún vendado, pero en mejor forma que antes, los colores violetas habían desaparecido y ahora un rojizo profundo empezaba a desvanecerse desde los bordes en amarillentos y verdes, indicando que estaba sanando correctamente. Extendió sus manos y tomando las muletas se ayudó a poner de pie con empeño y atreviéndose dejó la izquierda contra la pared y se ayudó de la derecha (por obvias razones) para ir hacia la cuna e ingeniándoselas sonrió inclinando su torso sobre la cuna para saludar a Elianne y hablándole con cariño, murmuró un suave- Buenos días Anne... –lleno de ternura, al acariciar una de sus redonditas mejillas y luego la punta de su bella nariz- Le pedí a tu padre que, si encontraba manzanas, me trajera... ¿Qué crees que desayunaremos hoy? –rio bajo, para tomar la segunda muleta y acercarse a esa improvisada pequeña hoguera sobre una plancha de roca, donde colocó una cacerola pequeña y la llenó con un poco de agua aún sobrante del día anterior, se acercó con dificultad a un tazón de madera (de los suyos) donde habían dos manzanas y tomando una, volvió a la silla cerca de la mesa donde se dispuso con su navaja, a cortarla.

Unos minutos luego, Elianne estaba sentada en sus piernas comiendo una papilla de manzana, calientita y dulce. En el transcurso de la mañana, Kya, se aseó y aseó a la pequeña, ya vestidas y despiertas... la sanadora había optado por hacer cosas simples que no requirieran tanto movimiento.... a veces. Aprovechó para ser útil en aquella casa, tomándose el atrevimiento de remendar algunas prendas que Trystan, tenía sin arreglo y seguramente por voluntad propia, no arreglaría nunca. Luego comenzó a rebuscar entre lo que tenían y aunque no fuese mucho...ella supo cómo preparar aquello que quiso llamar “estofado” de codorniz, con dos patatas pequeñas que tenían por allí de hace varios días, una y media cortada en trocitos que cocinó con la carne que estaba en sal, en agua, creando una especie de “salsa” que ayudó a que se complementara con la patata, para crear suficiente comida para Trystan y ella y hacer un “puré” con la mitad de patata extra a la que le agregó, trocitos mínimos, suaves y seguros para que la pequeña comenzara a comer algo de carnita y gustara del sabor, utilizara sus pequeñas encías y aprendiera a mascar de a poquitos.

Pero cuando estuvo listo todo, la sanadora comenzaba a extrañar la llegada del pelirrojo, acusando su tardanza como no era acostumbrado en él, alimentó a la niña, pero ella decidió esperar un poco. Jugaron un tanto sobre aquella piel que estaba en el suelo y luego que Anne empezara con su siesta, ella se dispuso a escribir en el diario de su padre y leer parte de sus enseñanzas para darse su momento de “estudio” concentrado, deseando dedicar ese tiempo a eso: Distraerse de aquella pesada sensación, que le había robado el apetito y que la hacía guardar silencio, esperando escuchar el sonido de la trampilla...a lo mejor el relincho de un caballo... algo. Algo que le devolviera un poco la tranquilidad que ahora brillaba por su inexistencia; Salió varias veces a asomarse por aquella barandilla y tratar de ver el suelo desde aquella altura... regresaba y continuaba lo que hacía y en ese vaivén... su pie ya empezaba a doler más de lo normal.

Sentada en aquella silla... luego de una de esas salidas finalmente, pudo captar lo que tanto había deseado escuchar.... el sonido de la trampilla, abriéndose y cerrándose, la madera... el viento, los arboles balanceándose acompañados de aquellos pasos sobre madera...que le hicieron sentir el corazón al cuello y un desvío de su mirada hacía la puerta, aborreciendo no poder levantarse apresuradamente para saber que ocurría. Vertió un poco de agua en un cuenco limpio y tomó un paño dejándolo al lado de este sobre la mesa, haciendo un esfuerzo para erguirse y apoyándose en aquellas dos muletas que tenía a mano, ir hacia la puerta, donde dejó la izquierda contra la pared y asomó su cabeza por el borde del marco, encontrándose con la figura del pelirrojo, chasqueando un pedernal para encender ese tabaco, observando en silencio el temblor de sus manos... la tensión de sus hombros y la horrible sensación de vacío que ahora la acompañaba. ¿Qué había pasado? Era la primera pregunta que venía a sus labios, pero el alivio a verle vivo y entero superaba cualquier interrogante que quisiese ser disparada hacía él... a quien deseaba bienvenir con el corazón en la mano por haberse tardado, por lo que sus labios permanecieron sellados para solo conservar sus ojos azules puestos en esos rizos rojizos que parecían llamarla, a ser acariciados, a ser atendidos con ternura y así olvidarse de la tensión que habría tenido antes.

Pero ella...
No era quien para aquellas cosas... aunque su respiración ahogada en su pecho le hiciera sentirse ridículamente más emocional de lo que esperaba llegar a sentirse por una tardanza... que podía haber significado que algo le había distraído
, quizá se había topado con algún conocido, a lo mejor decidió cazar una presa más grande, quizá fue más lejos de lo habitual... no quería pensar en que pudiese encontrarse con dragones, con inquisidores o militares....¿ese tipo de dragones en los bosques? No era probable “deja de pensar barbaridades Kya...” pensó para sí al sentir como su mano izquierda temblaba un poco y su palma picaba...dejando que él diera una calada a aquel vicio que parecía querer utilizar como ancla a la tranquilidad. Su mano temblorosa finalmente se abrió y en un suave movimiento se inclinó un poco y la acercó hacia aquel fuerte hombro derecho, donde dejó que sus dedos acariciaran la tela de la camisa y sintieran el calor de su piel atraves de la misma... y poco a poco, posó su palma y presionó con firmeza y lentitud.

Silenciosa, sujetándose de aquella muleta se permitió sentarse en el suelo de madera, con sus rodillas dobladas, apoyando su pierna izquierda en la madera y su muslo derecho sobre su pantorrilla izquierda, manteniendo su pie derecho estirado lo más que podía, con su mano izquierda sobre aquel hombro masculino en el cual entregaba presiones suaves y la pequeña sutil caricia de su pulgar. En completo silencio acompañándole de aquella forma en que la brisa suave acariciaba las copas de los árboles y las aves entonaban sus canciones, totalmente desconocedoras de lo que a los humanos parecía preocuparles...y ahora removía el ápice de locura que todo ser tenía a la chica que inclinó su cuerpo hacia adelante y en un arranque de locura, apoyó su rostro en su omóplato derecho, sin retirar su mano izquierda de su hombro y tomándose el lujo de posar su mano derecha en el bicep masculino luego de haber dejado la muleta a un lado.

Dejando que su pulgar derecho, imitara al izquierdo y suaves caricias fuesen regaladas sobre aquel brazo que era ahora su propio soporte y a su vez su forma de contacto con él, en ese completo silencio que le regalaba como acto de consiente fortaleza para que supiera que estaba allí, que estaba aliviada y que se alegraba de su retorno- ... bienvenido a casa... –murmuró con una voz suave y serena, sin apartar su nariz y su mentón del lugar donde descansaba, ni detener sus caricias y recargar un poco su cuerpo en ese hombro/parte de la espalda y brazo derechos de Trystan... sin atreverse a mas, sin decir nada más por otro prolongado momento, regalándole el tiempo suficiente para procesar aquellas palabras y que se adaptase a su presencia silenciosa. Prudente acompañante que ahora buscaba distraerle con sus afectos de lo que estuviese torturándole, al menos por un ápice; esperando a la reacción que este tuviese a ella... y así evaluar su proceder cauteloso en aquella bienvenida que deseaba llegase a él- ...estaba esperándote... –murmuró de nuevo y, por último.

Esperando que aquellas palabras fuesen balsámicas a su propia manera.




"Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos."
Je suis pour toi. Tu prends ma main. . .:




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Re: Disturbing thoughts || Kya

Mensaje por Trystan el Mar Oct 17 2017, 18:26

El cigarrillo quedó pegado a mis labios en esa primera y enérgica calada, cuyo humo solté por la nariz largamente. Mis azules se quedaron fijos en mis aún temblorosas manos, que no dudé en cerrar, con fuerza, volviendo mis nudillos blanquecinos. Rabia. Fastidio. Ultraje. Había tanto en aquella fuerza. Me sentía, de repente tan perdido, tan defraudado... ¿Cuánto habían podido llegar a jugar conmigo? ¿Qué les empujaba a ello? ¿Por qué ellas? Veía hasta injusto que me hubiese pasado a mí tantas veces. ¿Acaso yo no tenía derecho a disfrutar? ¿No tenía derecho a ser feliz? Al parecer, no. Quién podía saber por qué. Por ser terrorista. Por luchar por la igualdad. Por haber sido alto cargo de la organización enemiga a la corona. Por querer vivir.
Las razones podían contarse por miles. Pero decepción sólo había una. La mía. Querer tanto, ¿para qué? Al final, no era tan imprevisible como pareciera. No obstante, había algunos puntos que no terminaban de encajar para mí. ¿Por qué ahora? ¿Por qué esperar a que fuésemos más de dos? El no alcanzar a ver el motivo escondido acababa con mi raciocinio y paciencia.
Todo ello contando con que la brecha que había abierto el dragón no fuese sólo una ilusión.
Rompía mis defensas por completo.
O todo en lo que había creído hasta ahora, como pilar importante de mi vida.

Aún temblaba cuando un pequeño cosquilleo en mi hombro derecho, me sacó de mi oscura ensoñación. Rápidamente, miré a mi derecha viendo a la sanadora, quien llegando a apoyarse en mi hombro un poco más, se sentó a mi lado, sin mencionar palabra-. ... Kya. -sonreí con un esfuerzo menor al esperado, olvidándome parcialmente de esos demonios con rostros conocidos que atormentaban mi temple. Tardaría en expulsarlos de mi mente, de mi vida, para poder disfrutar lo que me había antojado un pedregoso camino sin compañía. ¿Qué sentido tenía seguir lamentándose? Ninguno, desde luego.

Y, por supuesto, la compañía de mi hija y temporalmente de la sanadora, me ayudaban con ello, más de lo que podía ser consciente.

Kya tuvo el impulso de acomodarse un poco más sobre mí, llegando a apoyar su rostro en el lateral derecho de mi espalda. Por un momento, aparté mi mirada de la suya, volviendo mi rostro al frente, mientras le daba otra calada al cigarro, antes de quitármelo de la boca.
Se sentía... bien.
No se me antojó un contacto incómodo, precisamente. Y, de hecho, agradecía esa discreción suya. Esa tranquilidad que emanaba en sus reconfortantes y sutiles caricias, como si las palabras no hiciesen falta entre nosotros. Como si...

Fue entonces cuando su murmullo quebró el silencio, llegando a hacerme sonreír un poco más. Exhalé el humo de esa segunda calada y volví a mirarla. Había llegado a acomodarse aún más, acurrucándose un poco más a mi lado. Mi mente barajeó entre otras posibilidades, que todo aquello era fruto de verme de vuelta. Verme bien. Y caí entonces en que me había demorado demasiado. Algo que ella misma me confirmó con esa continuación en su bisbiseo, que me hizo fruncir el ceño, con mis azules clavados en los suyos.

¿Era aquello preocupación sólo? ¿Y por qué, de repente, al darme cuenta, me sentía tan mal por haberla dejado con mi pequeña durante tanto tiempo? ¿Por qué tenía ganas de regañarme a mí mismo por haberla inquietado de tal forma?

Tragué saliva, definitivamente incómodo conmigo mismo-. Yo... -agaché la mirada por un instante, sintiéndome repentinamente nervioso-. Lo siento, Kya. -me disculpé, sin saber explícitamente por qué-. No pude volver antes... -mi mirada buscó la suya, una vez más, con demasiado significado reflejado en mis zarcos. No podía arriesgarme a que alguien me encontrase a estas alturas. No podía arriesgarme tampoco a que encontrasen a mi hija o a Kya. Mis ganas de que el mundo me olvidara, cada vez eran mayores. De nuevo, pasé saliva, confuso por aquel momento también. No podía negar que Kya había conseguido ganarse mi cariño, con esos modos dulces y preocupación por Eli o yo que resultaba sorprendente para conocernos apenas. Algo que ya me dejó ver la primera vez que nos viéramos, sin motivo aparente. Y, de hecho, por cada vez que nos encontrásemos, como mero capricho del destino, salpicando mi angustiosa vida de momentos de verdadera calma.

Llené mis pulmones, esta vez de ese aire fresco que nos rozaba al pasar, que hacía bailar nuestras ropas, y mecía las ramas, dejando que los rayos del sol nos salpicaran por momentos. Otro momento en el que tan sólo esa conexión de nuestros iris ya suponía una dichosa brecha temporal. Un agujero negro que arrastraba todo el mal rollo que podía cargar sobre mis hombros. Pude sentir entonces cómo mis manos ya no temblaban, aún sujetando aquel cigarrillo, casi consumido de dos intensas caladas-. Espero que no te hayas aburrido mucho en mi ausencia. -musité enarcando las cejas, con una sonrisa de agradecimiento tácito-. ¿Qué tal ha ido todo?




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Re: Disturbing thoughts || Kya

Mensaje por Kya el Miér Oct 18 2017, 07:41

Un alivio balsámico se derramó por sobre ella al ver como se dibujaba en los labios del pelirrojo, una sonrisa que la hizo emitir un suave sonido, mientras conservaba su nariz, labios y mentón contra su hombro, un sonido de muda sonrisa en respuesta a su sonrisa, mientras sus sentidos se llenaban y saciaban de ese aroma tan propio de él y que ahora era un común denominador en todos sus días... mientras tanto... sus manos no olvidaban lo que hacían, entregando sutiles caricias en su posición, permitiéndole a él tener más de su silencio, por breves instantes en los que pudo escuchar como él comenzaba a formular palabras dispersas de disculpa, con sus ojos azules...claros como el cielo, cristalinos y brillantes como el agua de un arroyo, claros... y reconfortantes. Como los suyos... ¿O era que cuando se miraban, el conforte solo fluía sin miramientos? Como si hubiese estado allí todo ese tiempo y ahora solo se derramara sobre ambos.

Las palabras del pelirrojo, hicieron eco en sus emociones y una sensación de ternura inundó su pecho y ayudada por esto, respondió levantando su mentón para apoyarlo en su hombro en vez de esconder mitad de su rostro en él, viendo como él bajaba su cabeza y en respuesta, ella, por impulso incontenible, levantó su mano izquierda del hombro masculino y sin titubear hundió sus dedos en sus cabellos rojizos, entre esos rizos que había querido acariciar al estar de pie, antes de dar a conocer su presencia, antes de cualquier otra cosa... enredando sus finos dedos entre estos, acariciándole, dejando que se enroscaran en torno a ellos y llegaran a su cuero cabelludo donde las yemas de sus dedos entregaron caricias nuevas, mientras sus labios se entreabrían y murmuraba en susurros y voz muy tranquila y serena-...estás aquí... a salvo... –murmuró sin abandonar aquellas caricias en sus cabellos, deslizando su mano derecha de su bicep, bajando hasta el codo, para posarse allí, presionando con suavidad y seguridad- ... eso es lo que me importa... –completó alejando de ella misma, la preocupación sentida antes, con una nueva sonrisa dibujándose en sus labios cuando sus ojos se encontraron con los de él de nuevo, conteniendo una adorabilidad infinita, acompañada de aquella “suspicacia” que era tan característica en la mujer.

Que, apenas ladeando un poco su cabeza, esperaba sacarle una sonrisa nueva, viéndole con un alivio vivo que penetraba cada poro de su piel y se transformaba. Estaba realmente aliviada y el dilatar de sus azules demostraban la emoción contenida, signo de una preocupación que había sido visible... pero ahora estaba bien y parecía haber vuelto todo a la normalidad, a encajar como piezas perfectas. Escuchando el viento entre las ramas y hundiéndose en esos azules que ahora veía fijamente sin abandonar esas suaves caricias, con las que peinaba esos cabellos y seguramente creaba ondas de escalofríos cálidos y dulces, para reconfortarle y darle mayor importancia al hecho que estuviese allí, más que el tiempo que tardó, más que la angustia que pasó preguntándose ¿Qué había atrasado su retorno? ¿Se lo preguntaba? Si lo hacía, pero no era el momento, al menos no allí, cuando sus miradas estaban nuevamente conectadas y los finos dedos de la mujer creaban dibujos invisibles entre aquellos cabellos.

Adictivos a su parecer, siendo inconsciente de esa cercanía que había generado ella misma en un impulso que había parecido obra de un imán de polos opuestos que los atraía con fuerza descomunal y ahora hacía que su corazón y sus latidos algo rápidos cantaran una melodía más tranquila, que le hizo sonreír un poco más... una sonrisa llena de dulzura, que solo aquella burbuja podía propiciar. Sintió en su propio cuerpo el aspirar profundo del resistente y ella imitó aquel gesto, respirando con profundidad, sin borrar aquella sonrisa y recargando un poco su mejilla derecha en su hombro, al ver la sonrisa que él le regalaba junto aquellas palabras que la hicieron reír muda, logrando que aquellos hoyuelos en sus mejillas aparecieran junto al vibrante sonido de su risa, ahora audible, pero aún lo suficientemente baja para no romper aquella calma.

Acompañado de un suave movimiento de su cabeza en negativa a lo dicho- ...Ha sido un día bastante interesante, Anne y yo nos hemos divertido mucho...-musitó con alegría, como si hablara de su mejor amiga- ...desayunó muy bien, se portó muy bien... jugamos un poco y me acompañó mientras hice algunas cosas... –dijo contándole con aquella casual entonación que estaba destinada a borrar cualquier vestigio de preocupación que quedase en él- ...uhm... te arreglé esas dos camisas que tienes... una estaba rota en la manga y la otra faltaba por lavar y remendar el cuello....-prosiguió- pude leer un poco, escribir... cociné el almuerzo... –enumeró dando toquecitos con su dedo índice derecho sobre el brazo donde tenía su derecha posada y mirándole con mayor emoción - ... espero tengas mucha hambre...

Y ante eso, decidió aclarar para él- decidí esperar por ti... y así no comerías solo cuando volvieras... –dijo con una ternura y consideración propia de ella- ...hice estofado de codorniz... es sencillo, pero espero te guste... Anne ya comió, por lo que ahora duerme la siesta como un ser divino... –volvió a reír bajo antes de emitir un suave sonido de su garganta como si dijese “¿Qué te parece?” alzando y bajando sus cejas con juego inocente, que se iría atenuando conforme ese silencio volviera a ambos de a pocos y ahora hiciera que se mordiera suavemente su labio inferior y comenzara a ser consiente de aquella cercanía, donde los susurros eran secretos bien guardados del mundo entre ambos y ahora, compartían como complices de ello. Un pequeño mundo al que ella no deseaba renunciar...




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Re: Disturbing thoughts || Kya

Mensaje por Trystan el Jue Oct 19 2017, 20:55

No me hizo falta esperar mucho para saber la reacción de Kya a esa disculpa mía por haberle hecho pensar que no tardaría tanto. Porque las ocasiones previas en las que había salido, dejándola al cuidado tácito de mi pequeña, no había tardado. Y menos, me había presentado tan turbado como aquel mediodía.
Pero aquella posibilidad había caído como un cubo del agua más fría posible. Una realidad en la que me angustiaba encontrarme, al pensar que nada era fortuito, haciéndome sentir el mayor estúpido del maldito planeta al haber sido tan ingenuo.
Pero, al menos, esta vez, tenía a alguien a quien cuidar y que me ayudara a sobreponerme de aquella mierda de realidad: una niña pequeña que había adorado desde el minuto en el que la escuché llorar. Desde el primer minuto que la tuve entre mis brazos, a pesar de que no llegara a dedicarme a ella, tanto como ahora.

Claro que, no contaba con esa ayuda que Kya estaba suponiendo, desde que la socorriera y la acogiera en mi hogar hasta que ella se recuperase. Había resultado una sorpresa más que agradable todos esos detalles que tenía conmigo y con Elianne, y una pequeña parte de mí, me había impulsado a disculparme por el mero hecho de haberla podido preocupar por mi exagerada tardanza y mi alterada presencia. Sin motivo ni razón aparente.

Así, ella, con todo el cuidado y sutileza del mundo, en muda respuesta, deslizó esos finos dedos de su mano izquierda en mis cobrizos y alborotados rizos. Enseguida noté ese hormigueo característico que me erizo la piel, hasta el punto de hacerme cerrar los ojos. Pude disfrutar entonces de esas caricias que me estremecían intensamente, llegando a tragar saliva, justo antes de escuchar ese murmullo que acompañó a esa nueva sensación que consumía todo rastro de tensión e inquietud que aún pudiera tener. Es lo que me importa, había dicho. Que yo estuviera a salvo. Que yo estuviera ahí. ¿Con ella? Aún ahora se me hacía difícil de asimilar algo así. Pero no quería admitirme a mí mismo que... sí, estar allí, en ese momento, era lo que realmente importaba.
Nadie podía saber si el día de mañana nos brindara esa pequeña burbuja de tranquilidad a la que Kya me había invitado de la manera más tierna.

Abrí los ojos, para encontrarme con los suyos. Con esa sonrisa que volvió a llamar a la mía. Sin palabras, sin más gestos. Esa discreción suya, respetando mi silencio, ahogando su curiosidad, calmando esas ganas de hacer preguntas -si es que realmente las tenía-, era algo que nunca llegaría a poder agradecerle. Aún, después de tanto tiempo, era hombre que gustaba de mantener su intimidad, aunque aquella sanadora ahora viviese en el mismo habitáculo que yo. Supongo que ya era hora de admitir que me había encariñado de ella, por esa bondad que parecía desprender por cada vez que nos habíamos visto.

No parecía una muchacha con la que resultase complicado llevarse bien. Aunque, para mi gusto, esa filantropía que desprendía, resultaba turbadora. Tal vez, esa era la razón por la que quisiera protegerla tanto. Agaché finalmente mi mirada, volviéndola al frente, para cerrar los ojos una vez más y dejarme embaucar por esos leves escalofríos que me provocaban sus caricias.

Un renovado suspiro salió por mi nariz, distando enormemente del Trystan que había llegado a aquella cabaña hacía un rato. Así, alcé mis párpados y la miré, antes de preguntarle abiertamente qué tal se había desenvuelto. Kya no tardó en sonreír, paulatinamente hasta convertirlo en una suave risa, con un deje hasta vergonzoso. Sus palabras y explicación inicial me hicieron enarcar una ceja, por esa diversión aparente con mi pequeña. Se me antojaba curiosa esa desenvoltura que mostraba, como si hubiera nacido para ese momento justo. Pese a esa pierna en sanación y el pequeño hecho de que Elianne no contaba ni con un año de vida, Kya tenía una destreza que yo no había conocido hasta ahora.
Claro que, nuestros encuentros habían sido contados y del todo diversos.

Y en todos ellos, había ciertos denominadores comunes que nos hacían relajarnos de forma inexplicable. Porque a pesar de que hacía poco que la conocía, su aura parecía querer envolverme en una tranquilidad constante que yo había necesitado durante años. Más ahora, como desafiado.

Terminé por sonreír, con afabilidad, agradado ante la idea de que había sabido aprovechar todas esas horas-. Vaya, me alegra ver que te has podido entretener tanto. -pero arreglar mi ropa no hacía falta, quise añadir. No obstante, dejé que continuara con esa peculiar enumeración, hasta que marqué mi sonrisa por ese hambre mencionada. No fue esa esperanza en que yo tuviera hambre -que, con el susto, carecía de ella-, lo que me hizo sonreír así. No. Fue su manera de decirlo.
Como todas las veces, consiguiendo que la curva en mis labios se pronunciase algo más.

Sin embargo, el ceño se me frunció al saber que ella había decidido esperarme, haciéndome sentir una punzada de culpabilidad por hacerla esperar. En vez de increpar, de disculparme, de justificarme, tan sólo asentí, pues no notaba esa necesidad de volver a hacerlo. No con ella-. Está bien. -enuncié, atenuando mi sonrisa un tanto-. Gracias... Kya. -murmuré, con mis azules en los suyos. Una palabra que se me empezaba a quedar corta con todos esos cuidados que parecían nacerle con toda naturalidad. Tampoco pensaba que ella necesitara corresponder mis acciones.
Y, no obstante, ahí estábamos, mirando el uno por el otro, como si debiéramos el alma para hacer sentir mejor al contrario. Fue entonces cuando me di cuenta que mi mirada había caído un poco, quedándose en esos finos labios que aún me sonreían.

No tenía forma de saber cuánto tiempo me quedé ahí. Poco, supongo, antes de dejar que mi mente volviera a tomar el control, y alzase mis zarcos a los contrarios. Un segundo más, fue apenas. Hasta que volví a girar mi cabeza al frente. Alcé la mano que aún sujetaba el cigarrillo, para llevármelo a la boca y dar esa última calada. Después de eso, apagué la colilla en la planta de mi calzado, para incorporarme con movimientos suaves. Me sacudí las manos en los pantalones, en lo que expulsaba el humo de mis pulmones, para moverme hasta quedar enfrente de Kya, quien me miraba con un atisbo interrogante y un ápice de una sensación que no sabía definir.
Le dediqué una sonrisa, desde arriba, antes de tenderle las manos, palma arriba-. Comamos entonces.




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Re: Disturbing thoughts || Kya

Mensaje por Kya el Dom Oct 22 2017, 09:14

Amó verlo cerrar los ojos en respuesta a las caricias que sus finos dedos regalaban con lentitud y mucho cuidado, que prosiguieron con tranquilidad, destinadas a mitigar con afecto las inquietudes del resistente de ojos azules que adoraba ver brillar, sin aquella turbación que habían tenido antes. Adoraba ver esos ojos, mirar su propio reflejo en ellos o el firmamento celeste que amanecía cada que él abría sus ojos. Ahora lo admitía y había tomado mucho para que lo hiciera, al menos... a ella misma (pensamiento que le hizo sonreír con embeleso y adoración que aprovechaba a desbordar cuando él no estaba mirándole) Interrumpida por las respuestas, en esa voz ronca y baja que ahora le era familiar de una manera que no pensó nunca podría llegar a ser, que le causaba ecos de escalofríos, que le relajaba en extremo y llamaba a sus emociones revueltas más profundas. Palabras dibujadas en esa voz, que habían resultado más que tranquilizadoras... por ende, balsámicas para ella también, sanadoras, lavando los vestigios de aquel susto que le había privado de comer sin él. Una sonrisa enternecida, se dibujó con más énfasis en sus labios, murmurando con sutileza, con una suave entonación- de nada... – y una simpleza juguetona que ahora reflejaba radiante calma propia que desbordaba como manantiales refrescantes....

Mentiría si dijera que no adoraba esos momentos en los que ambos perdían la cuenta de los minutos, el habla y solo se limitaban a mirarse, porque podía sentirse más cerca de él... aquello era algo que tampoco podía darse el lujo de negar a estas alturas en las que había entendido que estaba en problemas... pero ella no era de aquellas mujeres que imponían sus sentimientos esperando que le correspondiesen...no. Guardaba para ella cada latido renegado que escapaba con el fin de recordarle que algo se cocinaba en ella y con ello recordaba que a lo mejor llegaría el día en que partirían caminos... y el solo pensamiento de ello era descorazonador, no deseaba abusar de aquella hospitalidad que él le estaba dando con tanto cariño... había hecho que cambiase su propia comodidad por la de ella y aunque estaba agradecida, se sentía avergonzada ya que, estaba durmiendo en el suelo, vamos... y eso a ella no le gustaba, para nada. Alguno de esos días que él llegara a salir, acomodaría un lecho más cómodo para él, un plan en exceso terco, pero predispuesto a hacerle mejor aquel descanso del que estaba privandose. Pero el solo pensamiento de hacer algo como eso para él, le quería sacar una sonrisa que no logró formarse del todo porque una punzada de dolor en su pecho le robó el aliento, al saber que… NO deseaba irse, no deseaba esfumarse y por algún motivo le aterraba horrores.

Le dolía, le quemaba y por primera vez, luego de reconocerlo para sí, sentía como los ojos azules del pelirrojo estaban clavados en ella y tenía miedo que él pudiese ver aquellas emociones conflictivas en el brillo nebuloso que ahora residía en los suyos, permitiendose bucear en esas aguas claras que le daban la bienvenida y donde repentinamente el mundo desaparecía para ser uno solo y volverse un gran universo... solo para los dos, en esa burbuja que les rodeaba a ambos y había experimentado desde el primer momento en su granja. Pero  justo cuando iba a encontrar el infinito en ellos, aquellos ojos sutilmente bajaron...ella no dejó de ver su semblante, sus facciones, sus ojos enmarcados por aquellas espesas cejas, su nariz, la silueta fuerte de su mentón cubierto de esa barba que no dejaba de llamarle e invitarle a acariciar, tocar y también… sentir con sus propios labios, ya fuese en el mas casto de los besos.

Sus latidos se aceleraron y sintió la urgencia de tomar mucho aire, llenar su pecho y mitigar el ahogue que le acompañaba al recorrido de sus ojos por sobre su barbilla y sus labios y entonces... supo dónde estaba mirando él. ¿Era acaso posible? Sus labios se entreabrieron, dejaron aire ingresar y su lengua repasar estos para humedecerlos con lentitud, tragando saliva como acto reflejo al estremecimiento que recorría su cuerpo y le hacía pensar esas locuras, catalogadas así por su nuevo sentido especial que le susurraba teorías que jugueteaban en su cabeza y con su entereza, enloqueciéndola en ese silencio más profundo al punto de confundirla y sentir que se derretía, que ardía y repentinamente el tacto entre esos rizos se volvía más que significativo, causando que cediese en una suave caricia que sin darse cuenta, sin ser notorio para ella, sin realmente ser obvio a su sentido común, era solo la primera muestra de rendición a ello… a él.

Rendida a aquella “cruel alucinación” como su sentido más cuerdo quería catalogarla. No era cruel y ella lo sabía, pero jugaba con sus emociones y pensamientos dispersos que ahora desembocaban todos y cada uno en el gran lago de las emociones. Maldiciendo a esos pensamientos a los que no estaba acostumbrada y se le escapaban de las manos como un número que no dejaba cuadrar los cálculos, pensamientos que habían alimentado una almena en su pecho y ahora retemblaba ante ese sentimiento invasor de... ¿Qué? ¿Qué era? Ella sabía que era...la muy tierna ilusión de que él… por alguna razón, pudiese... “fuera, fuera...FUERA” quería gritar, ordenar que los cimientos se deshicieran y convirtieran en polvo, aterrada de la innombrable realidad que se asomaba como un caliente sol en el horizonte.

Asustada de estar ya condenada, “Ya lo estás” dijo un eco al viento “te atrapo...”, “te tiene”. Y ante esos pensamientos la muchacha apenas volvió a mirar los ojos masculinos antes que estos se apartaran de ella para calar de ese cigarrillo y luego apagarlo, incorporándose y acto seguido hacer una serie de acciones que finalizaron con él mirándole desde arriba. ¿Qué iba a hacer ahora? No él, ella... ¿Qué iba a hacer ella, ahora? Conociendo la realidad tras su preocupación, detalles y acciones que habían fluido sin problema alguno y se traducian en emociones y sentimientos más complejos que solo agradecimiento por todo lo que había hecho por ella, poniéndole nombre, poniéndole dueño, poniéndole acotación, subraye y título.

Una presión se adueñó de su pecho y sintió cómo su corazón saltaba ante aquella imagen de los ojos cristalinos fijos en ella y esa sonrisa que le regalaba como si fuese el astro rey, saludándole con grandiosidad.... quien sabe cuánto tardó en recuperar su movimiento, mirándole como si rogara los últimos segundos por un salvavidas, para entonces apreciar esa sonrisa como un último flechazo que la había herido a muerte, pero sus manos buscaron las masculinas, como un imán que los atraía y aferrándose se dejó jalar para levantarse y con la ayuda del pelirrojo, recuperar las muletas, las que acomodó en sus manos y brazos y con estas y una última mirada a él, cohibida, pero sonriendo, se movilizó al interior de la cabaña de madera. Sin hacer ruido, paseó su vista hacia la cunita donde descansaba la pequeña profundamente dormida y una sonrisa se dibujó en sus labios, antes de encaminarse a la mesa, dejando apoyada la muleta izquierda en el árbol, volteando a ver al resistente con un movimiento de su cabeza le indicó que se acercara- refréscate un poco... –murmuró, aprovechando para ir a donde estaba el estofado de codorniz, tomando dos platos con la mano izquierda, ayudándose de solo una muleta, los colocò en la mesa y volvió a por la pequeña cacerola…

Ojeando por sobre su hombro derecho, la espalda del pelirrojo, la forma en que se refrescaba el rostro y secaba con aquel paño que había dejado cerca para ello, sintió un alivio palpable por ver que estaba allí, sin darse cuenta de que ella tenía sus ojos sobre su espalda y en cómo se movía, en cómo respiraba... en. Él. Sintiendo seguridad al tenerle bajo el techo que compartían, lejos de Talos, lejos de donde pudiesen amenazar su vida… repentinamente sintiendo una extraña emoción que causó a sus ojos un empañar que tuvo que contener con un inhalo profundo. Le asustaba… le preocupaba, no solo la posibilidad de algo terrible pasandole, si no aquel desafío que ella había tratado de evitar mencionar. Algo muy dentro de ella deseaba preguntarle ¿que podria hacer para ayudarlo? ¿que había pensado al respecto? Pero vamos… que comprender lo que un lagarto de esos deseaba era difícil y honestamente… le dolía que él fuese uno de los pocos… o mejor dicho, muchos que había tenido la desgracia de sufrir aquello.

Recordando por supuesto lo que aquel desafiado llamado Vasruk, le había dicho hace un tiempo cuando lo conoció y almorzaron juntos y un nudo se formó en su garganta, al borde de asfixiarla. Mordiendo su labio inferior, con mucho cuidado con un paño, tomó la cacerola y dos cucharas de madera que llevaría en la otra mano mientras murmuraba- no está tan caliente como recién hecho, pero las brazas le han mantenido tibio, comestible y delicioso... –musitó aclarando su voz un poco y tratando de desviar la atención de aquellos pensamientos que ahora, justo en ese momento… amenazaban con quitarle el hambre de nuevo, girándose para ir hacia la mesa y colocar la cacerola, con las cucharas también, tomó la silla sentándose, esperando que él hiciera lo mismo, suspirando en acomodo y descanso que por fin sentía. Dejó que sus manos tomaran la cacerola con el paño de nuevo y ahora vertiera estofado en el primer plato y luego en el segundo. Un olor a patata, salsa y carne blanca se desprendía, algunas hierbas sirviendo de sazonador, dándole mucho más encanto. La patata estaba cortada en cuadritos y la carne estaba cortada también en pequeños trozos blandos- ...listo... –dijo ella sonriendo a Trystan, antes de tomar una cuchara e ir a por un bocado y así mitigar su hambre.

Sobre la mesa estaba el viejo diario de su padre, un tintero y una pluma, una pequeña tacita y un limón, que ella iba a cortar- Oh... –murmuró, mientras sonreía un poco, al acordarse de lo que iba a hacer antes de que él llegara- disculpa...que dejé eso regado allí, iba a escribir algunas cosas antes que llegaras y mientras iba a poner mi collar en un poco de limón para limpiarlo... –dijo mientras dejaba la cuchara en el tazón y llevaba sus manos a su cuello y desabrochaba el collar de plata, con aquel simple dije con el símbolo en forma de infinito. La ojiazul colocó el collar que necesitaba algo de pulido en la mesa de madera, quizá el toque con la madera causó que este sacudiera su contenido, o quizá el jaleo que ella misma había tenido durante aquellos días y esa mañana. Fuese como fuese, algo sobresalía entre las plaquitas que componían aquel dije redondo a modo de relicario.

A simple vista era claro que era algo de tonalidades cremosas... estaba doblado fuertemente y comprimido en su interior, un papelito doblado, pudo reconocer, viéndolo bien. Y ella no se había percatado de ello, al menos no hasta que sus ojos lo apreciaron al verlo descansar sobre la madera y que le hizo fruncir el ceño con suavidad; Llevó una cucharada de patata, salsa y un trozo de carne a la boca y mientras masticaba, extendió su mano derecha para acercar el dije a su rostro y verlo con atención, emitiendo un sonido de su garganta de notoria sorpresa. Primero, intentó abrir las plaquitas, pero necesitaría una pinza o algo filoso- Oh… -emitió tomando el diario de su padre y abriéndolo, en su interior había una pequeña pinza que solía usar para tomar muestrillas cuando hacía sus recorridos de catálogo de plantas. Tragó su bocado y mordiendo su labio inferior se dispuso a intentar tomar aquel papel que estaba fuertemente capturado.

Luego de varios intentos, finalmente logró sacar el cuadrado de papel, volviendo sus ojos a Trystan para murmurar con suavidad, ya que no habían hablado del collar nunca- ...Cuando me dieron la chaqueta que llevaba puesta, encontré en un bolsillo una carta de mi padre...y dentro del papel doblado, estaba esto… era un regalo que según la carta me daría cuando cumpliera años… -dijo dejando el collar sobre la mesa y así volver su atención al papelito que tenía en su diestra y con sus dedos comenzó a tratar de desdoblarlo con suavidad y en efecto, tenía algo de polvo, estaba amarillento y frágil pero dentro había una letra fina que ella intentó, empezar a descifrar, en completo silencio. Al inicio no podía entender muy bien ya que… vamos… quien lo había escrito, escribía terrible y le dolían los ojos de solo intentar entenderlo, pero por la caligrafía sabía que provenía de Isaur, sépase nada de lo demás… hasta que lo puso a contraluz y fue cuando empezó a comprender lo que decía la primera línea y su semblante pasó de relajado a…. Uno que expresaba confusión, un inhale la hizo reflejar su perturbado estado y el tensar de sus labios… pues.. Hablaba por si mismo.




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Re: Disturbing thoughts || Kya

Mensaje por Trystan el Lun Oct 23 2017, 07:03

Vislumbré un instante de duda en su mirar cuando le tendí ambas manos, para meternos en aquella casa y comer por fin. El pensamiento culpable seguía ahí, después de que Kya me dijera que había estado esperándome, tras alimentar a Elianne y conseguir que se durmiera al terminar. Ese brillo temeroso que mostraron sus orbes cristalinos turbó esa tranquilidad que había alcanzado gracias a esos pequeños gestos de la sanadora que me habían transmitido tanto cariño y agradecimiento. Sin llegar muy bien a entender el porqué, por mi parte, pues aún tenía la ingenua idea de que cualquiera en mi lugar la habría ayudado. De alguna u otra forma, pero lo habría hecho. ¿Era malo pensar que aún después de tanta tragedia acontecida  fuese lo suficientemente ingenuo como para pensar que no era el único con algo de bondad para compartir con el resto? Estaba seguro de que nadie que conociera podía contestarme realmente a esa pregunta.

Finalmente, tras unos segundos en los que yo llegué a fruncir el ceño con sutileza, por ese titubeo, por ese ruego tácito en la mirada contraria que no llegaba a entender, la sanadora elevó ambos brazos para tomar mis manos con las suyas. Con suavidad, tiré, procurando ponérselo fácil para que no hubiese problema a la hora de incorporarse. Le acerqué las muletas y la ayudé -todo lo que llegó a dejarme-, entrando en la cabaña, tras ella. No pude evitar el impulso de acercarme donde Eli dormía plácidamente, como padre responsable que quiere cerciorarse de que todo estaba bien. A tiempo, me erguí y miré a Kya para que me hiciese aquel gesto, animándome a que me refrescara. Otro detalle que agradecía. ¿Cuántos más era capaz de tener conmigo? Se me hacía algo inaudito que aquella mujer fuese tan atenta, por sólo haberla salvado de aquellos malhechores.

Mostrando una sonrisa, asentí suavemente, antes de hacerme con aquel trapo, humedecerlo en el cuenco lleno de agua, escurrirlo, extenderlo y enterrar mi rostro en él. Un frescor que, como la cascada había hecho aquella mañana, me hizo suspirar, concienciándome de que estaba en casa y nada podría pasarme. Ni a mí, ni a Kya, ni a mi hija. Me había vuelto enormemente receloso por que alguien -cualquiera- encontrase mi casa. Sin motivo alguno, había perdido mucha confianza en el resto del mundo. Todos aquellos que se desaparecían de mi vida por un tiempo, perdían credibilidad, si yo no estaba enterado de lo que les había pasado.
A estas alturas, con la Inquisición tan amenazante y sus medidas duras -más aún-, me había sido y sería inevitable cuidar mucho más mis pasos y mi habilidad para desaparecer. Como terrorista. Como padre. Como humano.
Porque, después de todo, si no hacía ruido, tenía la esperanza de que la sombra draconiana no se cerniera tanto sobre mí.

Fui bajando aquella tela húmeda por mi rostro, hasta repasar mi mentón y de ahí, llevarla a la parte posterior de mi cuello, mi nuca, cerrando los ojos para centrarme en esa frescura momentánea que me vino de perlas. Tanto así, que llegué a sorprenderme pensando en aquella realidad que había descubierto aquel mismo día, pero mucho menos turbado. Superando, tal vez y de forma realmente rápida, el hecho de que, sobre la gente que salía de mi vida, yo tenía el único derecho a volver a dejarla entrar. Que era yo y no otro quien tendría siempre la última palabra. Que, quién sabe si llegaría al punto de que mis sentimientos no entorpeciesen mi razón en algunos casos y, como desafiado, consiguiese lo que nunca había conseguido antes como humano. Porque hasta ahora había sido un blando que siempre había buscado contentar y darlo todo por los demás, cuando la inmensa mayoría de las veces no era recíproco. Ni en los círculos más cercanos a mí.
Algo que quedaba patente si hacía retrospectiva de mi vida.
Pero por el momento, prefería mil veces quedarme en el presente. Uno en el que estaba mejor que bien acompañado y tranquilo, por primera vez en mucho tiempo. Uno al que había llegado de la forma más inesperada posible y que, sin embargo, era algo por lo que había rogado sin saberlo durante años.

Quiso la suerte que me girase a mirar a la sanadora cuando estaba a punto de agarrar la olla-. Espera. -enuncié, acercándome para ser yo -y no ella- quien llevara el recipiente hasta la mesa-. ¿Qué parte de "no cargar cosas" no te dejé clara? -la regañé con una afabilidad que dejaba claro que no lo decía expresamente para conseguir que se sintiera mal-. Ya bastante limitada te ves con las muletas. Déjame a mí. -sentencié. No le di opción a reclamar, al adelantarme y hacerme con la olla. En ese mismo instante, un delicioso aroma golpeó mi nariz, levantando mi perdido apetito.

Nos acomodamos y servimos en aquella mesa que, por muy improvisada que fuera, era realmente útil. Aún poco convencido, hundí la cuchara en aquel cuenco y me la llevé a la boca después. Y justo entonces, al reconocer y asentar el sabor en mis papilas gustativas, emití un murmullo gutural de gusto. Aunque ella hubiese dicho que no estaba muy caliente, aquella cucharada me supo a gloria. Un guiso más elaborado que lo que yo había llegado a conseguir en las últimas semanas-. Está realmente bueno, Kya. -enuncié como cumplido. Unas palabras que dibujaron esa linda sonrisa en su rostro, una vez más. Una que llamó a la mía, claro. Al agachar ella la mirada, yo bajé mis azules hacia mi plato, pasando por todos esos bártulos que había encima de la madera, en los que no me fijé hasta que ella habló, disculpándose. Negué inmediatamente-. Siéntete como en tu casa. -le dije, como eco a lo que ya le comenté una vez, después de que yo le regalara esas muletas y ella tuviese autonomía por fin para moverse por toda la plataforma-. No quiero que te disculpes más, mientras estés aquí con nosotros. -añadí, levantando el índice de la mano que sostenía la cuchara, señalándola a ella, con la sonrisa suavizada. No era una orden marcial. De serlo cierta presión en el pecho me habría hecho tragar saliva. No quería sonar autoritario tampoco. Y la realidad era que, ella no tenía que sentirse como si tuviera que pedir permiso o disculpas por todo.

Cuando ella alzó los brazos para desabrocharse el colgante, volví mi mirada al suculento plato que descansaba delante de mí. Alcancé a tomarme dos cucharadas más, cuando se me ocurrió mirar de nuevo a la sanadora, por su mortuorio silencio que me llevaba a concluir que no estaba comiendo. Mis azules observaron entonces cómo, en ese momento, se encontraba haciendo el intento de ¿sacar algo de aquel colgante? Para ello se valía de unas pinzas cuyo origen desconocía, siendo consciente de que, poco a poco, ella dejaba de serlo para mí. Gracias a esas conversaciones calmadas, en esa convivencia que era tan liviana y llevadera de afrontar. La presencia de Kya me había dado un respiro tremendo, calmando mi ansiedad hasta un punto que llevaba tiempo sin alcanzar. Esa magia con la que me acariciaba y llegaba a sonreírme, esa ternura que emanaba de ella hasta en su forma de andar con aquellas burdas muletas. Una gracia propia de alguien que cuidaba y rara vez se había dejado cuidar. Alguien fuerte consciente ahora de sus limitaciones. Alguien que se había hecho un hueco en mi vida de la manera más sutil… por decirlo de alguna forma.
Y entonces lo consiguió.

Dejó el colgante sobre la mesa, al tiempo de darme una explicación sobre el colgante, mientras nuestras miradas volvían a conectarse. Una conexión que duró segundos, pues aquel papel que había extraído captó toda su atención de nuevo, para ser leído e interpretado. Mi mirada se centró entonces en el collar, el cual terminé tomando en mis manos, repasando con mis zarcos las líneas de los dibujos presentes. Sin llegar a recordar dónde o cómo, aquel símbolo del infinito se me hizo terriblemente familiar. Pero, bote pronto, no supe enlazar en mis recuerdos. Un momento después, miré a la sanadora de nuevo, para fruncir el ceño instantes después. Se veía estupefacta, turbada, sin dejar de mirar aquel maltrecho papel, desgastado y raído-. ¿Qué pone, Kya?




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Re: Disturbing thoughts || Kya

Mensaje por Kya el Lun Oct 23 2017, 22:31

Los ojos de la sanadora recorrieron aquella nota que tenía en sus manos, ella no era estúpida. Ahora todo tenía sentido para ella y encajaba a la perfección, los viajes de Isaur a Talos, de Talos a Krosan, de allí a otros lados... siempre juntándose con quien nadie quería ayudar, el saber que su madre había dejado a su padre por el tipo de vida que llevaba, el miedo a que ella corriera por el mismo destino que él... su padre no era solo un sanador que ayudaba a quien necesitaba, no. Incluso el ataque tenía sentido...las preguntas que esos hombres le habían hecho, la búsqueda de lo que su padre hubiese dejado atrás y ella brillando por su desconocimiento que probablemente le iba a costar la vida... ¿Qué mas no sabía de él? ...

La sanadora tuvo una poderosa retrospectiva de las memorias que tanto atesoraba con aquel hombre al que había admirado, sentía una sensación amarga que la hizo sentir su pecho comprimirse por un instante, antes de aclarar su garganta con dificultad, bajando el papel que era firmado por solo un símbolo en Isaurí, un símbolo que probablemente solo alguien acostumbrado a ese tipo de mensajes crípticos podría comprender. No sabía quién lo redactaba, pero seguramente iba destinado a alguien como una advertencia que debía tener en cuenta. Su garganta se sentía seca, un nudo se formaba en su cuello causando que le costara tragar, pero aun así se permitió inhalar con dificultad antes de bajar el papel, estupefacta y sin duda abrumada por la realización del por qué su padre poseía un mensaje así.

Con su mano izquierda, depositó el papel cerca del resistente, mientras sus labios formulaban con suavidad- Había... –comenzó, pero una punzada de sentido común la hizo negar corrigiéndose a sí misma- ...hay... una orden de encontrar a los responsables del atentado de las montañas y matarlos... –y hablaba en presente porque vamos... la atacaron, interrogándola por su padre, seguramente por la información que ahora había llegado a manos seguras de Trystan que era un resistente. En el papel sin embargo la información estaba más clara, más exacta y con mayor información que ella había omitido en su estado de estupor, como que la caza era a los responsables directos, había espías en la resistencia y estos eran los que tenían la misión de hacerlo, el líder de Isaur había escrito la nota y era transportada por un contacto externo... al estar en ese collar, se deducía claramente que era su padre.

“Hay que tener cuidado” rezaba una de las líneas, ella había leído el texto completo y quien lo había escrito, poseía una horrible caligrafía que no dejaba de ser una penuria, incluso algunas palabras estaban en Isaurí por la probable dificultad y desconocimiento de la lengua en Talos. Pero en general, se entendía muy bien el mensaje que hablaba de algo que seguro sería útil, esperaba al menos. En ese momento la sanadora no dijo palabra alguna, mientras sentía sus ojos dilatarse un poco, pero con una serenidad que distaba mucho de cómo se sentía ¿La desinformación era la causante de todo lo que había ocurrido? ¿Hubiese sido distinto? A lo mejor no... NO dudaba de que su padre era un hombre bondadoso, lo era. Muy inteligente, ágil mentalmente, al punto de saber despistar muy bien a otros, de mantenerla a ella en una burbuja que seguro era más segura (según él), pero que luego de ese ataque, ahora sabía que no lo era...

Su silencio fue sepulcral se extendió en medio de todo aquel tornado de emociones que ahora la hacían sentir que no pisaba suelo seguro, se sentía trastabillar, como si el suelo no fuese suelo y fuese arenas movedizas que la empezaban a tirar a su fondo... No tenía que reclamar, ni a quien reclamarle... y después de todo ¿de que servía reprochar? Nada... “pero hubiese querido saber...” saber un poco más para saber qué hacer, a quien buscar, no quedar con la eterna culpa consumiéndola por tanto tiempo... estaba cansada de no saber, estaba harta de no entender, estaba agotada de siempre ser dejada atrás y de alguna manera no tener control sobre las cosas que ahora la golpeaban, descubrimiento tras descubrimiento que no dejaban de asombrarla al extremo de no saber que decir.  El resistente le habló, apenas comprendió lo que decía, preguntaba o formulaba, sus ojos puestos en aquel diario que solo contenía sanación... ¿solo? No lo había leído todo y ahora empezaba a preguntarse si su padre habría escrito algo más que no fuese de sanación... ¿respuestas quizá? ¿En la carta donde había encontrado el collar probablemente? ... Pensamientos que ahora la confundían mucho más... y fue solo cuando sintió el calor de la mano del pelirrojo sobre el dorso de su mano izquierda que los ojos azules de la sanadora se posaron sobre él, en completo silencio... y al sentir su presión... giró su mano para que quedaran ambas palmas juntas, sin embargo... llegados a ese punto, el roce entre sus dedos fue inevitable... sus dedos acariciaron con suavidad los de él, casi dudosos pero bienvenidos por sus iguales, que propiciaron aquel entrelazo que se sintió balsámico...sus dedos rozaron los de él y como si hubiesen sido hechos para ello, se cerraron, hundiéndose entre los espacios entre los dedos masculinos, apretando con una fuerza temblorosa.

Sintiendo la necesidad de perderse en aquellos azules que ahora le miraban, escuchando aquella pregunta formulada por él que se tardó mucho en tener las fuerzas de responder- Ahora lo estoy.... –susurró suave mientras sin poder evitarlo, la chica ladeaba su cabeza hacia la izquierda, le miraba algo nublada y con un solo movimiento de su cuerpo, pareció dar a entender aquella necesidad de recargarse en él, ansia que no tardó en saciar al acercarse lo suficiente para poder apoyar su frente en su bicep derecho y con esto, exhalar, inhalar, exhalar... inhalar y.… finalmente erguirse sin dejar de presionar su mano en la búsqueda de mitigar un poco esa sensación agridulce. Agria... por no haber sabido nada más cuando quizá hubiese podido ser mas útil...y dulce, por al menos saber que su padre... aún era alguien bueno y no un traficante ilegal de algo que dañara a otros.

Fue entonces que levantó la vista para encontrarla con ese salvavidas que representaba el brillo en los ojos contrarios. Antes de asentir con suavidad, como si le confirmara que estaba bien... estaría bien, si es que algo no lo estaba... ella confiaba bastante en su capacidad de procesar aquella información tan costosa, tan llena de púas que... era difícil abrirse paso, pero NO imposible... y menos sabiendo y contando con que no estaba sola en ese proceso y con un último aclarar de garganta, esbozó una sonrisa pequeña y murmuró- ¿Qué ...? que me preguntaste antes? – inconsciente de que su mano se rehusaba a aflojar su agarre, quizá...estertores de esa conmoción que aún recorría sus venas.




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Re: Disturbing thoughts || Kya

Mensaje por Trystan el Lun Nov 20 2017, 19:02

El ceño se me frunció cuando Kya me tendió aquel papelito y murmuraba lo que había en él, al parecer-. ¿Qué? -¿una orden? Y, ¿cuándo no querían matarnos? ¿Qué tenía esa orden de diferente? Por un momento, me olvidé de la turbación de la sanadora, en cuanto tuve aquel roído papel en mis manos. Me dispuse a leer lo que ponía, identificando casi de inmediato ese tipo de letra. No era la primera vez que tenía en mis manos un mensaje del líder de la célula resistente de Isaur. En mi época de líder, existía correspondencia entre nosotros, en ambos sentidos, para mantenernos informados de lo que se cocía en las respectivas zonas y actuar a tiempo, en el caso de que fuera necesario. Así pues, leí ese aviso que había viajado tanto y que, al parecer, había tardado tantísimo en llegar-. Pero… esto… no es actual. -por lo que se sobreentendía en la nota, el atentado era reciente, cuando ya iba camino de dos años que había pasado. Eso llegó a tensarme, al verme ignorante del hecho que me había tenido sin preocupación alguna entre esos espías que, por orden de la rubia Madre, querían matarme, como principal responsable del atentado, entre otros.

Y la idea de alejarme del mundo germinó en mi interior con una rapidez asombrosa. Se alimentó fervientemente de la información en esa nota, de mi situación como desafiado y… sin siquiera controlarlo, mi mirada se paseó hasta la cuna de mi pequeña. Ella, Anne, era, sin dudar, la principal razón que me llevaba a tomar una decisión así, después de contemplar la posibilidad que aquel endemoniado dragón había plantado en mi corazón.
Una posibilidad que, contemplada en frío no se me hacía tan descabellada, pues no era la primera “desaparición” que abordaba y enfrentaba en mi vida. Y, al final, era repetir la historia.
Quizás, algún día, encontrase una tercera oportunidad que no llevara a aquello. Siempre decían que a la tercera, va la vencida, ¿no?

Suspiré larga y sonoramente, volviendo mi vista al papel. Una mueca de reflexión se dibujó en mi semblante, torciendo ligeramente los labios a un lado, mientras mi mente parecía engranarse y ponerse verdaderamente a funcionar. Demasiados descubrimientos y decisiones que asimilar en tan poco tiempo. Y en un golpe de lucidez, enlacé parte de la información que tenía delante de mí. Dejando el contenido de aquel papel aparte, ¿qué demonios hacía Kya con esa correspondencia secreta? Mi mente consideró los pedazos que ya tenía para armar aquel rompecabezas con cuidado. Me quedaba claro que ella parecía no tener ni idea de que aquel colgante se abriera y menos, el hecho de que ciertos resistentes estuvieran como claro objetivo de los sibilinos espías de la reina. No, eso no podía dejarla con ese nivel de estupefacción. No, debía ser algo más personal pues, Kya no podía estar tan metida en la Resistencia como para conocer a muchos. Claro que, en esa parte, era yo el que ignoraba a cuántos terroristas conocía la sanadora. Dejando ese pequeño factor a un lado, me decanté por seguir con esa investigación mental por la línea que involucraba directamente al colgante. No cabía duda de que era un broche difícil de abrir para evitar ponerle las cosas fáciles a quien deseara ver lo que hay en su interior. Y el hecho de que ni la sanadora supiese de su existencia me llevaba a pensar que su padre sabía más de lo que Kya y yo habíamos sospechado hasta entonces. Lo que ambos ignorábamos también, era esa relación que me unía a mí, directamente con él. Pero, por lo pronto, sí pude concluir que aquel sanador que había guardado tal secreto incluso a su hija, era uno de los tantos mensajeros que nos ayudaban sin llegar a involucrarse directamente.
Se me escaparon un par de preguntas sobre el tema, no realmente importantes, pero al ver que pasaban los segundos y no tenía contestación, volví a mirar a la sanadora. Parecía tremendamente sumergida en sus pensamientos. Unos que parecían turbarla en extremo, en lo que mantenía su mirada cristalina en aquel libro raído suyo.

Como reacción inmediata, no reprimí el impulso de acercar mi mano derecha a la que ella mantenía cerca de mí, apoyada en la mesa. Mis dedos acariciaron el dorso de su fina mano con suavidad y cautela, no queriendo exaltarla, tan perdida como estaba en cualquier hilo de pensamientos que bien podían significar un tremendo vórtice, por el serio gesto de su semblante. Finalmente, llegaron al hueco entre su índice izquierdo y su pulgar y se cerraron con la misma suavidad, tomando su mano con la esperanza de traerla de vuelta conmigo. Sus iguales buscaron los míos en ese instante, hablando claramente sobre esa inquietud interna que ahora la invadía, pese a que ninguno de los dos pronunciase palabra. De nuevo, esa conexión elocuente entre miradas que me hacía entender tan bien por qué bosque se había llegado a perder antes de volver conmigo.

Inesperadamente, movió esa mano que estaba bajo la mía, girándola para juntar nuestras palmas. No contenta con ese movimiento, acarició mis dedos con los suyos, con el mismo cuidado que yo había puesto al deslizar mi mano sobre la suya. Sin detenerse ahí, hicieron la tentativa de colarse entre los míos y fue cuando yo propicié ese movimiento, con un anhelo imprevisto de que nuestras manos se entrelazaran de ese modo. Nuestros dedos se rozaron entre sí hasta ajustarse casi a la perfección y así, presionar. El casi imperceptible temblor de Kya al apretar, me hizo corresponder esa fuerza, queriendo hacerla entender que no había nada que no pudiera arreglarse-. ¿Estás bien? -pregunté con un atisbo de preocupación en mis azules.
Pacientemente esperé una respuesta de sus labios y voz, en lo que sus azules mantenían toda mi atención, haciéndome incapaz de apartar mi mirada de la suya. Esa contestación aún tardó en llegar unos segundos más, siendo proseguida por ese gesto de inclinación que yo mismo consentí, cuando adiviné que tenía la intención de apoyarse en mí. Sonreí levemente, dejando que buscase el contacto. Llegando a anhelarlo también, calmando el impulso de llegar a moverme de algún modo para propiciar más ese contacto. Sin embargo, permanecí inmóvil, más allá del movimiento de mi pulgar, dejando sutiles caricias en su mano, paciente.
Tarde o temprano, Kya volvería conmigo y, con un poco de suerte, aunaría valor para contarme qué había descubierto o aquello que mermaba su tranquilidad.

Mis azules no se apartaron de su rostro, ahora medio oculto al estar apoyada en mi brazo, mientras me mantenía parcialmente tenso, en lo que le concedía todo el tiempo que ella pudiera necesitar. Y ni siquiera conté los minutos que así pudimos quedarnos, resguardados por esa brisa que sonaba en el exterior, meciendo las copas de los árboles y el piar de aquellos pájaros aventureros que osaban acercarse un poco más a la plataforma de madera, escondida casi por completo a miradas indiscretas desde el suelo.

Finalmente, Kya alzó su mirada, topándose con la mía. No quise admitir que en ese momento, volví a sentir una ligera presión en el pecho, que me hizo tragar saliva en lo que ella carraspeaba, sonreía y preguntaba. Negué con la cabeza, restándole importancia a todas esas preguntas que ella pareció ignorar-. No era nada importante. -confirmé apartando momentáneamente la mirada-. Más allá de tener curiosidad por saber de cuándo es la nota. -pues no me cabía duda ya de su portador, salvo su identidad-. No parece reciente y… hay indicios de que… -sonreí con cierta nostalgia y resignación simultáneas, hasta un atisbo de temor por lo que estaba a punto de revelar a la sanadora- fuese dirigida a mí en el momento en que salió de Isaur. -volví a pasar saliva, fijando mis azules y todo mi interés en esa reacción de la sanadora que ahora vivía conmigo. No lo decía explícitamente, pero esa nota no iba dirigida a cualquiera dentro de la organización. Respiré entonces, inhalando y exhalando con fuerza, siendo consciente de mis obligaciones como resistente-. Y… aunque sea tarde, tengo que dar parte de algo así. -en realidad, a la hora de salvar vidas, incluyendo la mía, nunca era tarde para informar.
Mi mirada cayó parcialmente, paseándose sin rumbo fijo hasta que aterrizó en aquel cuenco humeante que Kya apenas había probado. Segundos después, mis azules volvieron a buscar los suyos, en lo que mi rostro volvía a perder todo rastro de tensión, para ser hasta tierno-. Deberías comer un poco, Kya. -murmuré, sintiendo una obligación afable y hasta un atisbo protector por ella.

No obstante, aún me quedaban muchas vueltas que darle a esa idea que, conforme pasaran las horas, se haría un hueco considerable en mi mente, y me llevaría a una decisión irrevocable que ya había llegado a contemplar en determinados momentos de mi vida.




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Re: Disturbing thoughts || Kya

Mensaje por Kya el Vie Nov 24 2017, 22:04

Sus ojos azules, estaban fijos en el semblante del pelirrojo, mientras negaba y respondía a su pregunta, escuchando las dudas que habían nacido y que ahora ella tenía la oportunidad de responder, mientras posaba sus ojos en aquel collar que había dejado sobre la mesa y tenía el símbolo de infinito tallado en la plata. Rebuscando en sus memorias para tratar de rescatar los detalles que le sirvieran- ... al venir de Isaur... –dijo entonces, con cierta tensión, admitía lo que era ya obvio- ...ese collar estaba en la chaqueta de mi padre... dentro de un papel con una carta por mi cumpleaños... –una sonrisa amarga y algo irónica se dibujó en sus labios al formular- ... hace dos años, volvíamos de Isaur... él, había tenido asuntos que atender y recuerdo que estuvimos cerca de perder el barco.... –su sonrisa se desvaneció un poco, sin darse cuenta que había vuelto a apoyar su cabeza en el hombro derecho de Trystan, sin quitar los ojos de sus aún, entrelazadas manos, aflojando un poco el agarre para permitirse acariciar con su pulgar la mano masculina. De forma suave y lenta.

Ahora que lo pienso...íbamos, acompañados por ciertas personas, que según él eran amigos suyos... –un sonido de amarga risa escapó, mientras tensaba sus labios un poco más y sentía sus ojos empañarse y su mano izquierda, presionaba sutilmente de nuevo, aquel agarre que mantenían los dos, continuando con las caricias de su pulgar - Ahora puede que entienda muchas cosas que no vi en su momento... él tenía muchísimas cosas que no sabía y esta nota lo demuestra... –levantando su cabeza, apoyó su mentón en su hombro, para verlo fijamente, prosiguiendo con sus bien pensadas palabras suaves- ... por el contenido... me parece que... era lo suficientemente importante para que le costara la vida... –dijo enojándose, no estaba segura si era con ella, por no haber sabido nada o descubierto nada cuando estaba con vida, si era con su padre o ¿Con quién?. Él, la había excluido de lo que fuera que estaba viviendo y ahora ella se sentía abrumada con tanta información que ahora desbordaba de aquella grieta abierta con esa nota; El solo hecho de saber que él, había muerto no por lo que ella se dedicó a pensar esos dos años que vivió para y por olvidar el dolor que eso llevaba...la hizo sentir engañada.

Y con ese pensamiento, un nudo se formó en su garganta antes de sentir cómo se tornaba estúpidamente sensible y bajando su rostro, escondía aquella única lágrima que escapó de uno de sus ojos, escuchando con claridad que, esa nota... era posible que fuera dirigida al pelirrojo que ahora le acompañaba... y sintió como el alma se le venía al suelo. ¿Su padre era rebelde? ¿Por qué la misiva iba hacia Trystan? ¿Su padre había muerto para salvarle la vida a él? ¿A quién culparía de aquella desgracia, a cuál de esos dos hombres? Su mente confundida se sobre tostó, estaba agotada de tanta ambigüedad, de no saber, de recibir golpe, tras golpe y, a fin de cuentas, reconocer que su padre... había decidido vivir la vida que había vivido, excluyéndola, manteniéndola fuera, “protegida” como quizá le llamarían a eso... ¿protegerla de qué, exactamente? nada de eso la protegía del dolor emocional por el que estaba atravesando ahora.

Y que si no fuese tan sensata como era, hubiese desquitado con el pelirrojo, única aparente pista de la situación circundante a esa nota que ahora él tenía en su poder. Y con una triste ironía pensó “la nota llegó a donde tenía que llegar... como querías”, luego de inhalar y exhalar un par de veces más, un pensamiento le llegó de golpe... ¿la vida del pelirrojo estaba en peligro, entonces? Una punzada de preocupación atravesó su pecho, preocupación por él, preocupación por ella y su propio corazón condenado... un triste deja vu que podría repetirse... que se repetía al no tener idea de lo que el pelirrojo hacía, era rebelde… pero...debía ser muy importante para que una nota tan custodiada llegara a él... ¿cierto? Observó por un momento su pierna lastimada... luego como ella ahora se aferraba a la mano que sostenía con firmeza entre sus dedos y escuchó los latidos de su atribulado corazón. Y allí estaba aferrada a un hombre... que podría desaparecer, en cualquier momento, si algo llegaba a fallar... ¿Qué sería de su pequeña? ¿Qué sería de...?

Y no supo porque una profunda desazón la estremeció hasta los cimientos y un escalofrío le recorrió, sintiendo que parte de ella, deseaba irse... correr lejos, antes de que… antes de que...

Levantó sus ojos azules para encontrarlos con los iguales, en el momento que él decía que debía dar parte de eso y sus pulmones se comprimieron solos...mientras tragaba saliva y la pasaba como si su garganta fuera lija seca. Sabiendo que era tarde para salir corriendo y escapar antes de que pudiese salvar algo de sí misma en el proceso... ya no podía y era escalofriante, dejándose cavilar, al desviar sus ojos de nuevo y conservar un silencio necesario para asimilar la falta de hambre, la falta de todo en ese momento en que su vida se había tornado más confusa y terrible... ¿estaba bien lo que sentía? Hasta ahora la vida de los demás siempre había tenido prioridad y en ese momento, no solo estaba sufriendo un ataque de estrés, sino también un agónico ataque de pánico que le indicaba cuánto deseaba que a él no le pasara nada.

Quiso preguntar si era realmente necesario, informar de algo así, ¿significaba que era una amenaza aún? ¿y si algo le pasaba y ella no podía hacer nada?, pero su propio autocontrol, la hizo asentir, emitiendo un suave sonido de su garganta, en acuerdo con respecto a las palabras del pelirrojo... pero nada que estaba de acuerdo, sin embargo, ella no era nadie para ponerle taras con sus preocupaciones y en ese momento sintió la necesidad de hacer espacio, de alejarse, si es que ya no era demasiado tarde para eso... a lo mejor ya lo era y se negaba a aceptarlo, a lo mejor ... y como era de esperarse,  no pudo. Solo reclamó su mano con suavidad de entre la mano masculina, para entregar una suave caricia en su brazo, respondiendo a ese “deberías comer un poco, Kya” con una sonrisa tenue, una que hablaba mil palabras por ella, junto al preocupado brillo de sus azules en los cuales bien podía reflejarse el cristalino velo que hablaba de densas nubes que no la hacían ver muy convencida, mientras volvía sus ojos al plato que, si bien tenía esos atractivos y muy deliciosos alimentos, en esos momentos no la atraían tanto como las ganas de pedirle al pelirrojo que no se arriesgara de más y ahora comprimía en su bien denso interior lleno de emociones.

La voz de la conciencia de Trys se pudo escuchar, instándola a comer para que se recuperara más rápido, mientras parecía no convencida de tener mucha hambre en ese momento, si, él tenía razón... se recuperaría indudablemente más rápido y llegaría más rápido el día en que podría montar en su caballo y regresar a... ¿A dónde? ¿quería si quiera regresar? ¿Por qué le caía una terrible revoltura de solo pensar en eso? Y forzando su mano derecha a alzarse, tomó el cubierto de madera para remover un poco el estofado sencillo que aún estaba caliente...estaba abrumada, el cansancio mental se la estaba comiendo viva, recordando que, en efecto, estaba mejorando... y fue cuando se dio cuenta que “mejorar” en esta ocasión... no era algo tan bueno. Volviendo su mirada azul hacia el pelirrojo que parecía esperar porque ella comenzara a comer, con un ladeo de su cabeza, la chica, se dejó embaucar por esa ternura que él irradiaba, la preocupación que mostraba en su voz ronca y baja y su mirada, la forma encantadora en que sus rizos se revolvían en su cabeza, el brillo en esos azules que continuaban mirándola... esbozó una pequeña sonrisa que poco a poco se fue tornando un poco más dulce, un poco más tierna, cariñosa y afectuosa...y antes de que terminara sonriendo como idiota... prefirió volver su mirada al plato y llevar un bocado de estofado para masticar, evitando aquellos brillantes ojos azules que parecían atraerla como un imán- También deberías comer, has tenido un día difícil...y seguramente planeas continuar haciendo cosas y necesitarás energías... –dijo con suavidad.

El poder embrujante de esos azules empezaba a ser algo que la mantenía en constante tensión, porque estaba perdiendo la seguridad de las reacciones que salieran de ella en respuesta a lo que él decía, a como la miraba y como poco a poco sentía que podría hacer una tontería que podría costarle mucho... se sentía en terreno desconocido, como si por primera vez en mucho tiempo, sus impulsos fuesen quienes mandaban y ahora se sintiera impredecible ... cada vez estaba costándole más y más no desear sentir más de aquella cercanía, se había pillado a si misma viéndole trabajar, sin que él se diera cuenta, de encontrar el encanto en su forma de ser, en la forma en que jugueteaba con su hija y pasaban el rato juntos, mientras ella aprovechaba para leer, escribir o hacer alguna cosa que tuviese pendiente de entre lo que deseaba hacer para complementar el diario que ahora descansaba en la mesa. Como el pelirrojo trabajaba en ese hogar, como sus manos sujetaban la madera y creaban lo que necesitara para su trabajo... como fruncía el ceño al trabajar, como arqueaba aquella ceja izquierda al hablar... esa voz ronca que cuando le hablaba como en aquel momento, le hacía sentir derretida... su presencia, verlo cada mañana... o como en ese momento, verlo comer y disfrutar de ello.

Agradecía que su corazón no se dejase escuchar en ese momento, porque parecía querer escapársele de su pecho, siendo inevitable no pensar en aquellas cosas... y quizá ahora que vivían juntos... había notado, no solo su cariñoso afecto de padre hacia su hija, le había cautivado, como su protectora presencia, su entendimiento que no parecía necesitar palabra alguna para recibir ese mensaje y casi palpar los sentimientos que podían atribularlos a ambos... también tenía que admitir que era un hombre atractivo. Su madre pegaría el grito al cielo si una hija suya se fijara en alguien indudablemente mayor, pero ella... había encontrado en él ese magnetismo que la hacía fijarse no solo en su intelecto emocional, si no en esa indudable fuerza que poseía...y de la cual sus músculos hacían alarde cuando estaba sin camisa, lo ágil que debía ser en el combate, la fortaleza de sus manos.... esa tosquedad varonil que encandilaba y la hacía preguntarse cosas. ¿Cómo se sentirían sus manos aferrándole con aquella firmeza y fuerza? ¿Cómo sería sentir su fortaleza en un campo más peligroso, como lo era el íntimo? Y algo en ella hizo corto circuito, sintiendo como un sonrojo se extendía por sus mejillas hasta sus orejas y de su nuca hasta la base de su espalda, arremolinándose allí pasando a un cosquilleo en su abdomen bajo y más al sur…atorándose con un trozo de papa, obligándola a toser ante el pensamiento, obviamente llamando la atención de Trystan que sorprendido, se apresuró a servir agua en un vaso para entregárselo y bajar ese malvado trozo de papa que finalmente bajó ayudada por el vital líquido que le estaba dando alivio y refresco.

Si sí, estoy bien... –dijo la sanadora mientras asentía y bebía de aquel vaso con agua, sin detenerse, sin respirar, tomándolo todo hasta el fondo con urgencia, deseando por primera vez que fuese una buena cerveza que le ayudase a pasar aquellos pensamientos, escuchando la voz masculina diciéndole que no tomara demasiado rápido que podía volver a atorarse y claro que iba a atorarse más si continuaba pensando en aquel hombre entre sus piernas, dejando el vaso en la mesa- Aho.... –se detuvo y aclaró su garganta un poco- ...Ahora que recuerdo... si puedes... –musitó algo ronca- ... solo si puedes, trae más manzanas, le ha gustado mucho a Anne desayunarlas, así que a lo mejor podría hacerle más manzanitas cortadas para que comience a ejercitar el masticar, aunque sean blanditas y suaves... –hizo una pausa, para aclarar un poco su garganta- pronto le saldrán sus primeros dientecitos... –informó con una sonrisa ahora dibujada en sus labios- le fue muy bien esta mañana con el desayuno y en el almuerzo también...  –dicho eso, esbozó una sonrisa un poco más tenue- incluso puedo intentar hacerle jugo de manzana...

Kya, había evitado la vergüenza por completo de una manera magistral, ella, esbozó una sonrisa suave y volvió su mirada hacia su plato casi vacío, su vida romántica y amorosa, no era un tema que le gustase, porque la llevaba a sus años más jóvenes en que con creces había experimentado ciertas cosas que sus padres, seguro no aprobarían... pero nunca fue queriendo realmente a quien si deseaba darle todo.

Flashback:
Era un muchacho de su edad, el mozo era agradable, planeaba continuar trabajando con sus progenitores en el mercado de frutas y verduras en Isaur, un morenazo de aquellos que dejaban en evidencia su trabajo al sol, de cabellos negros y lo suficientemente largos para que rozaran sus hombros, de fuerte contextura para un muchacho de su edad. Él había pedido su mano a su padre, el sanador había visto con sorpresa a su hija... ella tenía pocas ganas de sucumbir a eso... un padre tradicional, hubiera aceptado la petición y forzado a su hija a contraer matrimonio con aquel buen futuro mercader, para asegurar la vida prospera (en la medida de lo permitido para los humanos) de su hija bajo un techo seguro y un trabajo decente; Pero su padre no era tradicional y había mirado a su hija, preguntado que pensaba de eso.

Y con dolor por la vergüenza, la sanadora había mirado esos ojazos color olivo y había pronunciado una clara respuesta “No estoy lista” el padre del muchacho y el muchacho habían quedado mudos, mientras ella miraba a su padre con una determinación que había hablado más que mil palabras y su chico en ese entonces la había mirado con estupor... por supuesto, que luego de las formalidades de disculpa, se habían encontrado, ella apoyada contra una palmera de dátiles y él frente a ella, deseando saber... ¿Por qué? “Yo puedo darte un techo, seguridad... Kya, yo quiero tener una familia contigo” decía con desesperación, pero ella no sentía dolor o tristeza por su decisión “yo no estoy lista para ser ama de casa, tampoco para tener hijos y mucho menos casarme...” fue su cruel pero directa respuesta, mientras desviaba sus ojos al río que corría apacible, junto a ellos y el silencio se hizo, mientras él hacía el acopio de fuerzas para acercarse a la joven muchacha y tomarle por la cintura que para él ya era conocida, gracias a que ella había dejado que sus labios llegasen así de lejos. Él, deseando que sus encantos cambiasen el parecer de Kya, trató de recordarle las noches que habían vivido bajo las estrellas recorriéndose mutuamente dando la bienvenida al placer... pero la sanadora solo le apartó con suavidad mientras escuchaba voces lejanas “Debería hablar con su hija, es una buena muchacha, inteligente, sagaz, podría ser una buena esposa para mi hijo”.

Buen material de intercambio.

La mirada azul de la en ese entonces adolescente Kya, resintió aquella etiqueta que era puesta sobre ella de forma sutil “Ella ha decidido, como dice, es muy prudente y tiene mucha conciencia por ella misma para hacerme saber que ha decidido lo correcto” respondía su padre y entonces escuchaba el herido tono de ese chico al preguntarle si iba a terminar las cosas así. Sí, así iban a acabar las cosas...


Años más tarde, Kya entendería lo que significaba ver como el tiempo pasaba, saber que las muchachas de su edad ya tenían su primer hijo de la mano y algún otro en camino, ver como el tiempo pasaba y consumía sus energías en su trabajo y como había llegado a los 22 años viendo como ahora su vida era su trabajo... y repentinamente bajo el techo de aquel pelirrojo ahora, lograba vivir una vida casi familiar, siendo ella una extranjera que estaba allí, mientras solo se sanaba.  Extrañamente, a esas alturas, sentía que si estaba lista para vivir sus días tranquilamente... ni la rebelión contra los dragones, ni volverse lo que su padre era, ni luchar en una guerra, ni querer cambiar el mundo le daban lo que ella quería realmente y ahora sentía con solo fijar sus ojos azules en los de él. Ser rebelde, luchar contra los dragones solo traía muerte... pérdida, esclavitud... y por un momento ella deseó que él no sufriera todo aquello más...

Quizá en un pasado había deseado tener todos los conocimientos necesarios para entender el mundo, pero en ese momento, mirándolo... deseó algo que estaba más a la mano. Construir un mundo seguro para él, al menos... permitirle regresar a un lugar donde ni los dragones, ni el caos existieran, un lugar al que llamar hogar y refugio, un lugar del que saliera todos los días con la fortaleza y la certeza que debía regresar... y a lo mejor... solo así... él regresaría a ella sano y salvo y si no era sano... al menos salvo para entonces ella sanarle... sanar sus heridas... hasta las más imperceptibles. Esbozó una última sonrisa antes de murmurar- ¿te ha gustado?... –preguntó refiriéndose a la comida- ...si alguna vez nos hacemos con algo de harina y levadura, podré hacer pan... o masa para hacer alguna receta más... me alegra que te haya gustado... –dijo cariñosa. Escuchando entonces el balbuceo de Anne, despertando de su sueño, causando que ella sonriera enternecida mirando al pelirrojo haciéndole un simple gesto con su cabeza, para que fuese a mimosear con su pequeña, mientras ella planeaba encargarse de lo usado.

Pidiendo un nuevo deseo en su corazón.




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Re: Disturbing thoughts || Kya

Mensaje por Trystan el Lun Nov 27 2017, 22:34

Como me temía, aquella nota, por lo que Kya me contestó, fue poco después del atentado que trajo tantos problemas, entre ellos la nefasta hambruna que tuvo a los humanos de Talos de tenso humor durante meses. Con la Resistencia, claro. Después de todo, los dragones se encargaron de correr la voz, haciéndonos culpables de cada desgracia que acontecía. Una lástima que los humanos que se mantenían al margen de esta guerra, se dejasen influenciar con tanta facilidad.

No obstante, hubo algo que llamó mi atención de forma inesperada: la mención de su cumpleaños. Mi capacidad deductiva apuntó que esa fecha no podía distar mucho de aquella en la que estábamos, pues consideraba a Kya lo suficientemente curiosa y resuelta como para descubrir ese collar de una manera rápida, en cuanto tuviera oportunidad. Lo que ya escapaba a mi conocimiento era el momento en el que había llegado a sus manos aquella camisa. Pues, deduje que no siempre había estado con ella.
¿Era lógico reparar en tal detalle? ¿Era del todo normal la línea de pensamientos repentina, en lo que Kya seguía hablando, ahondando en sus recuerdos? Unos recuerdos que, por los gestos de su semblante, no debían de ser del todo agradables. Quizás sí lo fuesen, pero la realidad de que no volverían a darse era lo que mermaba su entereza.
Y, ante algo así, no sabía del todo cómo animarla, pese a que entendiera a la perfección esa tristeza por los tiempos pasados, en los que no nos costaba tanto sonreír.

Tiempos que ahora, al menos en mi caso, se volvían terriblemente amargos, con esa sensación de ultraje que hacía arder mi estómago. Un calor acre que consiguió hacerme endurecer la mano que no estaba sujeta por la mano ajena, blanqueando los nudillos ligeramente. De nuevo, como si Kya tuviera la capacidad de ver mis alteraciones internas, aflojó su agarre para regalarme sutiles caricias en mi piel, sin dejar de entrelazar nuestros dedos. Su pulgar rozaba dulcemente parte del dorso de mi mano, haciéndome tragar saliva, devolviéndome a aquella realidad tranquila que compartíamos, pese a que ambos nos sumergíamos en esas batallas internas e individuales. Una vez más, fui yo el que presionó sus dedos con los míos, cuando adiviné en su gesto la reacción a un pensamiento oscuro. ¿Qué podría estar pensando? No me hizo falta reflexionar mucho, pues ella misma me reconoció que había muchos aspectos de la vida de su padre que ella desconocía. Con todo ello, era fácil entender las razones de aquel hombre de mantenerla ajena a todo ese mundo que pudiera hacerle tanto daño. Principalmente, porque yo ahora, como padre que era, también me decantaría por proteger a mi hija. Y, sin embargo, tampoco quería que mi pequeña viviese en ese mar de incertidumbre si yo llegase a faltarle y ella fuera descubriendo quién era yo por piezas de un rompecabeza del que ni tenía la más remota idea de que existía. En su situación, lo normal era sentirse engañado, ultrajado.
Por lo tanto, para Kya como para Anne... ¿era justo?
Si bien la ignorancia ofrecía una visión del mundo menos oscura, llegar a saber la verdad por partes según intentabas avanzar en la vida, rompiendo continuamente tus esquemas, no era forma de vivir.

Pero por encima de todo ello, no me cabía duda de que aquel padre -como yo haría en su lugar-, no tenía mala intención en lo absoluto. Así, en esos pocos segundos en los que reinó un silencio entre nosotros, ingenuo ignorante de todo con lo que Kya lidiaba internamente, volví a presionar su mano, antes de que la apartara finalmente, para poder articular:- Tu padre no murió en vano, Kya. -eso era seguro. Mantuve mi mirada en su rostro, queriendo darle solemnidad a mis palabras-. Y si te ocultó esa parte de sí mismo, fue por protegerte. -tal vez, le costara entenderlo, pues tenía la suerte de no tener a nadie dependiendo de ella-. Nunca pensó que te fueran a buscar y atacar por algo que sólo le concernía a él. -era la otra cara de la moneda. ¿Cómo medir el que debiera saber un hijo acerca de esa peligrosa profesión? ¿Cuál era la línea que no se debía cruzar? Porque estaba seguro que su padre no contempló la posibilidad de que buscasen a Kya después de su muerte. Y, en ese momento, me mosqueó la importancia de esa nota, hasta el punto de querer matar a una inocente por ella.
Se la veía realmente afectada, conforme la conversación avanzaba. Una línea que no quise seguir, por no ponerla peor. Fue así, con esa decisión tomada, que añadí:- Pero, por suerte, pasaba por allí en el momento justo. -sonreí con cierta complicidad, instantes antes de enarcar ambas cejas por un segundo, con la saludable intención de destensar un poco el ambiente que nos rodeaba en ese momento. Ya fuera el caprichoso azar o un calculado golpe del destino, mis pasos me llevaron a aquel camino en el que ella se encontraba en el instante del ataque. Algo que empezaba a calificar tan oportuno como deseado.
Y no sabría decir exactamente por qué.

Así como tampoco supe explicar esa sensación de desamparo momentáneo que me invadió cuando ella recogió su mano, ante mi petición de que comiera un poco, rompiendo aquel contacto que podía calificar de significativo. No la vi muy convencida por lo que no dudé en pecar de insistente, recordándole los beneficios que conllevaría el alimento en la recuperación de su pierna. Una que, internamente deseé por un segundo que no llegara a darse. Y con ese deseo, turbación, incongruencia, frustración por no saber realmente qué me empujaba a querer alargar el tiempo que aquella muchacha estuviese compartiendo conmigo en esa trabajada cabaña que ahora consideraba mi hogar. Suspiré al escuchar sus palabras, con una sonrisa complaciente y un pequeño asentimiento. No tardé en hacerme con la cuchara y, como ella también hizo poco después, empezar a comer. Un murmullo volvió a salir de mi garganta, por lo rico que estaba aquello. Y también porque una comida caliente era algo de agradecer siempre. Un estofado en el que inevitablemente acabé concentrándome, pero pocos segundos después el ruido que la sanadora hizo cuando algo de comida se le atoró volvieron a llamar mi atención, haciéndome desviar mis azules a ella. Actuando rápido, llené uno de los vasos de agua, ofreciéndoselo, atento por si no fuese medida suficiente y tuviera que llegar más lejos, considerando las típicas palmadas en la espalda. Pero por suerte para ella, no hicieron falta-. ¿Estás bien? -¿cuántas veces había llegado a hacerle esa pregunta? ¿Por qué me preocupaba tanto? Estaba esa inquietud dentro de los límites, ¿no? O, ¿acaso ya me estaba volviendo un completo paranoico?

Casi exhalé con alivio ante su contestación, logrando que volviese a ese estado de calma que ella misma me había ayudado a conseguir, un rato antes, nada más llegar de ese paseo que me había abierto los ojos cruelmente. No oculté la sonrisa al saber los progresos de Anne y cómo Kya se preocupaba por ella, a sabiendas de que no tenía lazo alguno que la uniera a la pequeña. Me mordí los labios, al tiempo de asentir ante esa nueva observación que traía consigo una nueva petición-. Intentaré conseguir más, entonces. -si eran tan beneficiosas para mi hija, no había nada más que discutir.
Un último encuentro entre nuestras respectivas miradas terminó dándose, y así Kya sonrió como yo también lo hacía, en extremo agradecido por todos esos detalles que la sanadora tenía con la pequeña o mismamente conmigo. De irse, tenía muy claro que la echaría en falta… pero no me hacía aún a la idea de cuánto. No sólo por el cariño que parecía profesarle a mi pequeña, sino también lo agradable que hacía la convivencia, dándome la oportunidad a mí de poder tener una conversación que, sin lugar a dudas, con una pequeña de casi diez meses no podría tener hasta años después. Quien sabe, tal vez, fuera mejor así.

Marqué más mi sonrisa por esa pregunta, llegando a reír con suavidad-. Ni que fuera la primera vez que halago tu habilidad para cocinar. -tenía que reconocer que, pese a los pocos y limitados recursos que teníamos, Kya sabía desenvolverse tremendamente bien. Fui a contestar a ese añadido suyo, queriendo decirle que pese al riesgo de volver a la ciudad, podría considerar la idea de intentar conseguir lo que ahora pedía. Pero también, con las nuevas leyes, no era algo que me pudiera tomar a la ligera.
Pero lo mejor que había podido llegar a pasarme en la vida interrumpió mis pensamientos y la conversación. Vi a la sanadora hacerme un gesto antes de mirar aquella cuna que Kyrieth había diseñado para Anne, antes de incorporarme e ir a buscarla.

Esos animados balbuceos se intensificaron cuando la pequeña me vio aparecer-. ¿Ya te has despertado? -pregunté con retórica infantil, en lo que ella estiraba los brazos hacia mí para que la sacara de la cuna. Me agaché sobre ella, dejando a su alcance mi semblante, con la dulce intención de rozar mi nariz con su pequeño vientre. La niña se agarró de mis rizos, en lo que reía alegremente por esas cosquillas que le hacía. A pesar de que pataleó animada, no alcanzaba a darme. Me fue imposible entonces, dejar un tierno beso, aunque fuera sobre esa ropa que llevaba. La pequeña soltó mi pelo, cuando se calmó, llegando a darme suavemente con su mano abierta, como si así me hiciese saber que quería verme. Y esa tierna sonrisa infantil, marcó la mía-. Ven, preciosa. -murmuré antes de erguirme y hacerme con ella en el proceso. Dejé que estuviese incorporada entre mis brazos, en lo que yo colocaba uno bajo su trasero que le valiese de asiento improvisado y la otra mano en su espalda para evitar que se venciera hacia atrás. No tardé en sentir sus deditos en mi barba, como fiel costumbre que tenía cada vez que yo la sostenía. En lo que me encaminé de regreso a la mesa para sentarme de nuevo, Anne empezó a balbucear.
A tiempo, vi las intenciones de la sanadora, de levantarse y recoger, con esa arraigada tenacidad que no había conocido en nadie más-. Estate quieta, Kya. -le avisé, en mi intento de ser serio. Aunque era consciente de que teniendo a mi niña en brazos, perdía mucha solemnidad como hombre-. Luego lo haré yo, ¿de acuerdo? -enarqué de nuevo las cejas-. Y no me discutas, no pienso ceder hasta que puedas caminar sin las muletas. -condicioné, esperando apelar a su conciencia de sanadora lo suficiente como para que cediera en ese aspecto.
Pero fue ese “papá” entre esos balbuceos, lo que consiguió que me olvidara absolutamente de todo lo demás por un momento. Anne, al ver mi reacción, repitió esa palabra que no era más que un balbuceo cualquiera para ella pero que para mí significaba ya un mundo.
Y fue esa misma la razón por la que mi sonrisa no se borró de mi cara en lo que restaba de día.
Un día que atesorar en mi memoria, hasta que pudiera hacerlo de nuevo en mi corazón.[/color]




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Re: Disturbing thoughts || Kya

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