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La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

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La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

Mensaje por Zareb Christopher el Lun Oct 16 2017, 04:40

Un día más en la ciudad de Talos y la única manera de escapar de la aglomeración era fingiendo que no existía, pues de otra forma el ruido podía llegar a ser estresante para cualquier persona que se atreviera a cruzar por los mercados o por la plaza principal, sin contar esa época especial en la que se debía pagar tributo a la Reina Madre de conformidad a las leyes más antiguas del planeta. Sí, definitivamente este no era el mejor momento para rondar por el lugar, sin embargo el joven híbrido originario de Isaur procuraba tomarse las cosas con calma y caminar tranquilo hacia su confortable hogar a las afueras de Talos, pensando en todos esos pendientes que tenía que atender antes de que su hermana se diera cuenta de las nuevas movidas que traía en mente. “No, Zenda… te juro que dejé el documento sobre tu mesa. ¿O habrá sido en el cajón? Puede ser…”, bromeó con la rubia a través de su conexión personal y sonrió cuando escuchó la réplica de la misma. “¿Qué? ¿Chocolate? ¡No sé de qué estás hablando! Yo no dejaría comida en tu lugar de trabajo, bien lo sabes”, mintió ante tan “infame” acusación, aunque… ¡obviamente sí había sido él! ¿Quién más? Vamos, no estaba mal tener uno que otro detalle con la menor del clan de vez en cuando.

Pero su diversión de la tarde llegó a su fin cuando en su campo de visión entraron dos sujetos y una joven que parecía no haber advertido la presencia del par de malandrines que la seguían. ¿Seguir o hacer algo al respecto? Probablemente más tarde se arrepentiría, pero en más de una ocasión le provocaba incordio que a pesar de que existieran leyes a muchos les importara un comino obedecerlas, sobre todo cuando se trataba de dragones que hacían valer su supremacía abusando de otros.- Bueno, me sirve de entrenamiento.- se convenció y acto seguido caminó con disimulo a la par de los dos hombres y de su potencial víctima, tomando ventaja de una leve distracción que él mismo causó para adelantarse y así poderse acercar a la chica antes que sus posibles captores.- Shhh.- susurró cerca de su oído ahora que la tenía abrazada y relativamente silenciada, pues una de sus manos la había utilizado para cubrir la boca de la joven en espera de que no gritara.- Te estaban siguiendo.- añadió antes de que la chica desconfiara de él y contuvo la respiración mientras observaba un par de sombras a unos cuantos metros de su costado derecho. Ojalá fuera más listo que esos sujetos.






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Re: La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

Mensaje por Sabrina el Lun Oct 16 2017, 11:55

Los días de tranquilidad habían regresado tras nuestro viaje a Puerto Krosan. Tras la escapada que realicé junto a mi ama, ya tocaba volver a la rutina habitual, que consistía en atender el negocio familiar y realizar sus labores, como hacerse cargo de los pedidos y entregarlos a sus correspondientes clientes.

Aquel día no había amanecido como habría imaginado, notándose una clara ausencia de luz que indicaba una mañana nublada. Era incluso posible que llegara a llover, por lo que dificultaría el trabajo de entrega en todo el día. Sin embargo, el clima se mantuvo estable, sin empeorar o mejorar, lo que me permitió realizar los pedidos y demás tareas sin demasiada complicación, llegando finalmente a la última entrega de la tarde.

El cliente en cuestión había tramitado que se le enviara un nuevo arco corto junto a un carcaj de flechas roma a su domicilio, por lo que dispuse los objetos y marché de la tienda hasta dicho lugar, avanzando con cautela por la ciudad hasta adentrarme en sus laberínticas callejuelas una vez dejé atrás el gran mercado.

No obstante, y mientras proseguía con mi camino sin percatarme de lo que sucedía a mi alrededor -algo bastante habitual en mí-, me vi envuelta en una situación inesperada cuando una persona se posicionó a mi lado, susurrándome al oído a la vez que me colocaba una de sus manos en la boca.

Acto seguido, el miedo se apoderó de mí por completo, paralizándome de pies a cabeza. Ni un solo ruido conseguí emitir, quedándome inmóvil junto a aquel extraño desconocido. ¿Qué era lo que quería? ¿Las armas? Muchos pensamientos rondaron mi cabeza a gran velocidad hasta que conseguí procesar las palabras que me había dicho aquel sujeto. ¿Me estaban siguiendo? ¿Quiénes?

Aún más tensa que antes, volteé la cabeza lentamente y con cierto disimulo para observar a mi alrededor, momento en que vislumbré al hombre junto a mí, resultando ser un -muy- atractivo ¿dragón?, de cabellera dorada y ojos azulados.

¿Un dragón me había advertido de que me estaban siguiendo? Se me hacía muy difícil de creer, llegando incluso a meditar la idea de que quizás se tratara de una estratagema por su parte. Sin embargo, él parecía estar más centrado en unos sujetos que se encontraban a cierta distancia, por lo que bien podrían ser nobles sus intenciones. Pero, ¿cómo podía estar segura?

- ¿Qué... está sucediendo? - tartamudeé tontamente, tratando inútilmente de serenarme. Todos mis instintos me indicaban que huyera de allí, pero me mantuve quieta al lado del desconocido. Quizás fuera mejor opción que salir corriendo.




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Re: La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

Mensaje por Zareb Christopher el Jue Oct 19 2017, 23:46

Preso de sus propios pensamientos, el híbrido relajó su agarre de manera inconsciente y gracias a ello fue que la chica pudo formular esa pregunta especial acerca de lo que estaba sucediendo en su entorno. Por desgracia, un largo silencio fue lo único que Zareb ofreció como respuesta inmediata, ya que estaba mayormente interesado en que tanto la chica como él estuvieran fuera de peligro.- ¡Eres un imbécil! ¿Cómo es que la perdiste de vista? Anda, ¡busca por allá! No pudo haber ido lejos. Ni que supiera que la seguías.- ¿entonces su deducción había sido correcta? ¡Perfecto!

El problema ahora radicaba en que la persecución prometía seguir su curso y, aunque desconocía las razones exactas por las que la joven era asechada, entre los cotilleos más recientes de Talos se decía que había un grupo de “cazadores” cuya misión era esclavizar gente por simple deleite, si bien es cierto que tampoco debía ser una tarea sencilla cuando se trataba de humanos que llevaban ya una marca de propiedad.- Disculpa.- habló finalmente, no sin antes soltar a la chica y pedirle con un ademán de mano que lo siguiera: tenían que salir de ahí por un mejor camino.

Pero claro, el rubio sabía que tampoco era correcto que se arriesgara tanto o tendría al General del Ejército, junto con su padre, dándole lecciones de la poca moral que un dragón debe tener en esta sociedad; por ello fue que decidió investigar un poco acerca de quién era la muchachita que tenía a su lado, esperando que ésta respondiera con absoluta sinceridad a sus palabras.- Bien, primero que nada disculpa si fui brusco. Me dejé llevar por la adrenalina.- comentó afable, sin dejar de mirar su entorno en general.- Y en cuanto a tu pregunta... pues creo que ya sabes qué es lo que estaba pasando, ¿no es así? - si la respuesta era negativa, entonces tendría que explicar más de lo que tenía contemplado exponer ante ella.- En fin, ¿puedo saber a dónde te diriges? Digo, para acompañarte hasta allí si quieres.- se ofreció gentilmente, sin ninguna otra intención que saber más o menos quién era la chica, a qué se dedicaba y si realmente estaba en riesgo. No había más al respecto.






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Re: La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

Mensaje por Sabrina el Vie Oct 20 2017, 10:00

El dragón mantuvo un extenso silencio cuando, a su vez, escuché la voz de otro hombre no muy lejos de nuestra posición, que se mostró muy enojado por haber perdido el rastro de alguien en particular. En aquel momento comprendí que, en efecto, y tal y como me había informado el joven rubio anteriormente, varios sujetos habían estado tras mis pasos.

Aquella noticia provocó que mi pulso se acelerara y volviera a entrar en pánico, sin poder evitar acordarme de la última vez que me sucedió algo similar, aunque en aquella ocasión también apareció una dragona para rescatarme, la Capitana Faora. ¿Cómo podía haberme sucedido de nuevo?

Entonces, las palabras del dragón provocaron que me sobresaltara y dirigiera nuevamente mi mirada hacia él, cargada completamente de terror. No entendía nada y tan sólo quería volver a toda prisa a casa de mi señora. Sin embargo, no podía regresar sin entregar el pedido, y mucho menos informar a mi ama de qué me había visto envuelta en una situación como aquella, provocándole más problemas.

El rubio prosiguió hablando, disculpándose por su brusquedad -aunque no recordaba que lo hubiera sido-  antes de dejar en claro que era evidente lo que había sucedido, preguntándome consecutivamente hacia dónde me dirigía por si precisaba de su compañía. Desde luego, si aquellos tipos aún rondaban cerca y pretendían involucrarme en sus viles actos, requeriría de ayuda. - ¿Vos sois miembro de la guardia, señor? - pregunté con inquietud, observando a los alrededores como él mismo acababa de hacer. - Me dirijo a un domicilio que se encuentra a dos calles de aquí, a entregar estos objetos... - le revelé, mostrándole el carcaj que colgaba de mi brazo y el arco corto que rodeaba el mismo. Quizás por transportar esas armas se hubieran fijado en mí, tal y como sucedió en la otra ocasión. - Gracias... por su auxilio, señor. - le agradecí, observando sus majestuosos ojos antes de apartar la mirada hacia el lugar por dónde me indicaba que le siguiera, teniendo algunos recelos en desviarme del camino principal para internarme en callejuelas secundarias.  Aquella podría ser una muy mala decisión pero, si no corría ese riesgo, debería enfrentarme a aquellos perseguidores en el otro camino, por lo que me armé de valor y, muy prudentemente, seguí los pasos del dragón.




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Re: La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

Mensaje por Zareb Christopher el Lun Oct 23 2017, 19:26

El muchacho hubiera deseado responder que sí, que tal como la joven suponía, formaba parte del ejército y por lo tanto tenía completo derecho y deber de proteger a un buen ciudadano de Talos; no obstante, su realidad estaba un tanto fuera de dicho propósito, si bien es cierto que confiaba en que su hermano mayor le daría el mínimo apoyo en caso de que sus nobles intenciones le dieran un resultado errado, ya que tampoco es como si estuviera actuando en contra de las leyes de la sociedad dracónica.- Uhm... no, la verdad es que no lo soy. Pero descuida, yo no quiero causarte ningún daño ni meterte en líos.- aseguró, frunciendo el ceño segundos después en cuanto cayó en cuenta de cómo es que fue citado por la chiquilla. ¿Señor? ¿En serio?

Bueno, el híbrido no tardó en asumir cuál era el rol de la joven y sonrió cortés mientras observaba el carcaj y el arco, artículos que se le antojaban familiares y casi podía apostar a que la familia tenía un juego de los mismos por cortesía de su sobrino. ¿O era su melliza quién tenía armas de dicha calidad? Con eso de que era una hábil arquera, probablemente tenía entre su colección algo similar a lo que la castaña aquí presente le mostraba.- En fin, te acompañaré entonces. Esas armas no pueden caer en manos equivocadas.- sentenció y guiñó el ojo, relajándose un poco más al considerar que se alejaban del peligro conforme se desviaban del trayecto principal.- Y bueno, yo debo agradecer que seas así de educada. Seguramente tu amo está contento contigo sólo por eso.- o ama, lo que fuera, el punto es que la castaña ya contaba con quién velara por su seguridad y eso tranquilizaba más al rubio.

Por otro lado, dieron una vuelta más y todo parecía ir viento en popa. ¡Gracias a la Reina Madre por eso!, aunque no pensaba cantar victoria antes de tiempo.- Oye, sólo por confirmar... eres esclava, ¿verdad? - retomó la conversación con dicho cuestionamiento, no sin antes escrutar el cuerpo de la chica con la mirada en un intento de identificar su marca.- Digo, es que pretendía ayudarte con eso pero...- señaló las armas, sin embargo guardó silencio en automático y negó. Si por él fuera haría gala de su caballerosidad heredada de su parte humana, pero en medida de sus posibilidades se ceñía a los parámetros de este mundo gobernado por las bestias y por lo tanto no podía ofrecerse a cargar con los artículos durante el camino.- Vaya, vaya... visto desde este punto, Talos es todo un jodido laberinto.- siseó mientras frenaba su andar y leyó los letreros de las calles para saber por dónde dirigirse desde ahora.






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Re: La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

Mensaje por Sabrina el Lun Oct 23 2017, 20:47

Cuando el dragón me reveló que no pertenecía a la guardia me quedé en completo silencio. Si no pertenecía al ejército, ¿eso significaba que era miembro de la Inquisición? No tenía la menor pinta de ser un inquisidor, pero si no lo era, ¿entonces porqué habría decidido ayudarme? ¿Un dragón -y civil- ofreciendo su ayuda a un humano? ¡No entendía nada!

Ni siquiera pude formular una respuesta cuando el hermoso muchacho me ofreció su compañía para llegar hasta mi destino, gesto que agradecí honestamente, pero seguía sin entender sus motivos. ¿Acaso esperaría que le pagara por sus servicios prestados? No llevaba dinero encima, algo que debería saber dada mi condición de esclava.

Sin embargo, no podía menospreciar el gentil acto del dragón, por lo que asentí con la cabeza y agaché la mirada cuando me ¿guiñó un ojo? y me halagara diciéndome que era muy educada. - Gracias, señor. - respondí mientras el joven añadía que mi amo estaría contento por eso. - Lo está, señor. - dije tras dudar un poco y a la vez que proseguíamos con nuestro camino, uno que parecía despejado de aquellos secuestradores indeseables.

Entonces, el rubio me hizo una pregunta que me desconcertó y que, al mismo tiempo, me confirmó las sospechas que tenía acerca de si sabía a que clase social pertenecía. - Sí, soy esclava. - admití con inquietud mientras notaba la mirada del dragón al inspeccionarme, percatándose -muy probablemente- de la marca de mi ama; una abejita marcada a fuego sobre mi hombro izquierdo.

No obstante, cuando desveló querer ayudarme a portar las armas desconfié de él. Sus intenciones parecían ser nobles, pero al tratarse de mí, una esclava, él no podía permitirse el lujo de que le  descubrieran portando mi cargamento, aunque tampoco tenía intención de que otros pusieran sus manos sobre las armas de Nimue, mi dueña. - No se preocupe... - le indiqué mientras le seguía por las laberínticas callejuelas por las cuáles nos habíamos internado, dándome la impresión de que no sabía hacía dónde debíamos dirigirnos, sobretodo tras su último comentario. - Señor, tendríamos que avanzar un par de calles y, luego, girar a la izquierda... - le informé cuando, de repente, dos extraños sujetos aparecieron desde otra calle y se nos quedaron mirando.

Sus vestimentas reflejaban ser las propias de mercenarios, hecho confirmado cuando exhibieron armas frente a nosotros y esbozaron una siniestra sonrisa en bocas cargadas de dientes plateados. - Por fin la encontramos. - dijo uno de ellos, que portaba un parche que le ocultaba el ojo derecho. - ¿Y quién es este otro? - preguntó, refiriéndose al rubio dragón.

- Ni idea, pero el señor Göhdîn estará muy complacido de que le llevemos a esta esclava, y nos pagará mucho dinero por nuestros servicios prestados, ¡ju,ju,ju! - sonrió el otro infame individuo mientras yo refrescaba mi memoria al mencionar aquel dragontino nombre, relacionándolo con aquel asqueroso y obeso dragón al que le porté armas haría poco más de un mes.




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Re: La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

Mensaje por Zareb Christopher el Mar Oct 24 2017, 22:30

Perfecto. La chica era una esclava, y muy especial además, pues Zareb no pasó por alto esa ligera demostración de carácter que indicaba que sólo pretendía regirse bajo la normativa impuesta por su dueño. ¡Ojalá algún día él tuviera un sirviente así de leal! - Oh, sí... sí, sí... ¡tienes mucha razón! - por lo menos desde su perspectiva, así que prestó más atención y de inmediato decidió retomar su camino. Por desgracia un par de sujetos bloquearon su intención, aunque no así su propósito inicial de proteger a la jovencita tanto como le fuera posible.

Sonrió entonces y le dedicó una mirada significativa a la chica antes de decir: - Y supongo que el señor Göhdîn está enterado del delito por el que -tanto él como ustedes- pueden ser juzgados por acosar a una esclava ajena, ¿no es así? - señaló con valor, manteniendo un semblante imperturbable por fuera aunque por dentro se estaba asfixiando. ¿Era esto a lo que se enfrentaba el ejército que en teoría velaba por la seguridad de la sociedad? ¿En verdad quería formar parte de todo esto? Vamos, tenía su encanto y gran toque de adrenalina, ¿pero luego qué? - ¡Apuesto a que sí! Por lo tanto, si son tan amables...- con un deje de descaro se propuso a evadir a la pareja, procurando que la esclava estuviera lejos de su alcance, pero era de esperarse que Zareb no fuera tan listo como prometía.

Y es que, de un momento a otro, el híbrido se vio acorralado contra la pared y los nervios brotaron a flor de piel, petrificándolo mientras escuchaba la siseante voz de su contrario decirle al oído: - ¡Pero mira qué atrevido muchachito! ¿Acaso es tu novia? - el híbrido frunció el ceño y miró a la joven, negando rápidamente porque sabía que adjudicarse un crédito así no les daría ningún tipo de beneficio, por lo tanto no valía la pena tomarse la molestia.- Bueno, siempre puedes hacerle compañía.- “o quizá no”, pensó Zareb para sus adentros mientras se veía tentado a mostrar sus habilidades dracónicas para rebajar a los sujetos. No obstante, al final optó por no ser violento.- Tampoco te recomiendo seguir agrediendo a un dragón, que así como me ves estás colmando mi paciencia y eso no es conveniente para ti.- en serio, Zareb enojado era todo un caos, así que esperaba que los agresores fueran más sensatos o se vería obligado a proceder en su contra. Y lo único que esperaba es que los mercenarios fueran humanos, porque de ser así no tendría que cumplir con ningún tipo de condena.






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Mensaje por Sabrina el Miér Oct 25 2017, 12:35

El rubio dragón poco tardó en responderles, avisándoles acerca del problema que les ocasionaría el seguir ¿acosándome, había dicho? Una mezcla de asombro y preocupación recorrió mi rostro, alternando la mirada entre el joven y los dos infames mercenarios, quiénes se mostraron ofendidos ante las palabras del muchacho y terminaron por rodearle y acorralarle contra la pared. - ¡No! ¡Dejadle en paz! - grité con mucho miedo, sin apenas poder contenerme, mientras trataba de interponerme entre el dragón y los malvados maleantes.

No obstante, el tipo del parche me ignoró y confrontó al rubio, haciéndole una pregunta despectiva que me obligó a mirarlo a los ojos, aterrada. Por fortuna, el joven negó con la cabeza y exhibió cierto temperamento, "recomendándoles" dejar de incordiarle antes de que colmaran su paciencia. Y es que, en esencia, tenía razón, ya que llevaba todas las de ganar. En la sociedad en la que vivíamos, no se podía confrontar a un dragón de aquella manera, y más si eras humano. Las leyes amparaban a los reptiles, algo que deberían saber aquellos individuos... aunque, muy probablemente, les importara bien poco. Parecían ser los típicos mercenarios que no se detendrían ante nada con tal de conseguir su objetivo, y aquello podría resultar ser muy, muy peligroso. Sobretodo para mí.

- ¡Oye, olvídate de él! - intervino el otro sujeto, de pelo largo y oscuro, que portaba una espada en ristre en una mano y utilizó la otra para agarrarme del brazo repentinamente. - Marchémonos con la chica ahora. No ganaremos nada peleándonos con este idiota. - indicó el maleante mientras tiraba de mí.

- ¡Suéltame! - grité con desesperación, intentando a toda costa de desprenderme de mi captor y alejarme de ellos tanto como pudiera. ¿Dónde estaban los guardias en momentos como aquel?

- Este muchachito ha osado desafiarme... - gruñó el infame del parche, mostrando un semblante agresivo hacia el dragón. Sin embargo, no parecía tener intención de proseguir con aquello. Quizás las palabras de su compañero le hubieran convencido de evitar tal enfrentamiento. - Desaparece de nuestra vista, chico. La esclava es nuestra. - añadió con desdén mientras empezaba a retroceder.

- ¡¿Qué?! ¡No! ¡Por favor...! - les imploré mientras invertía todos mis esfuerzos en liberarme, pero me fue del todo imposible. Aquel hombre poseía una fuerza muy grande. Entonces, y totalmente presa del pánico, miré al rubio para suplicarle que me ayudara, aunque supiera que no tenía ningún derecho a pedirle tal cosa. - Por favor, ayúdame...




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Mensaje por Zareb Christopher el Sáb Oct 28 2017, 00:00

Creía tener todo bajo control, tal como en casa le enseñaron a proceder ante cualquier conflicto, sin embargo el asunto no estaba tomando el tinte que deseaba y su mirada rápidamente se desvió hacia la joven que comenzaba a quejarse por el pésimo trato que le daba el compañero de su actual enemigo. Obviamente, al híbrido no le gustó ser testigo de ello y por lo tanto solicitó con un tono de voz oscuro y poco moderado: - Dile que la suelte.- y no estaba bromeando, en serio, ¿por qué diablos no le hacían caso?

La gota que derramó el vaso fue el siguiente tirón que el hombre le dio a la jovencita, causándole un dolor que Zareb no sentía pero sí era capaz de percibir gracias a las palabras de la propia chica. Y entonces respiró hondo, se mordió el labio como acto reflejo de la fuerza que pretendía ejercer y empujó al tuerto que había cometido el error de darle la espalda en ese preciso instante.- Se los advertí.- siseó enseguida, no sin antes sacar de su manga la daga que Zenda le había obsequiado la última vez y lanzarla hacia el brazo del sujeto que apresaba a la chiquilla. Por desgracia no le dio en el punto que había previsto, al final el tipo se había movido, pero la pequeña distracción ayudó para que la esclava se viera liberada independientemente de la brusquedad con la que el sujeto la soltó.- ¿Qué esperas? ¡Corre! - demandó mientras recibía un golpe en la espalda por cortesía del mercenario que creía haber dejado de juego hace un momento, pero su dolor no fue más que el orgullo herido por haberse despistado, ya que su media sangre de dragón le permitía resistir por más tiempo un encuentro de este tipo.

Se giró para enfrentar a su enemigo y le propinó un par de golpes, pero dos contra uno era un desequilibrio significativo, así que al sentir el corte proporcionado por la espada del contrario a la altura de su antebrazo no pudo evitar quejarse y girarse de nuevo. ¿Y su daga? ¿Dónde demonios estaba su daga? ¡La necesitaba!, y no porque considerara que llevaba las de perder, sino para dejarle un recuerdito a sus agresores si tenía la oportunidad de rasgarles el rostro. Pero claro, si algo le interesaba más, es que ninguno de esos hombres pudiera alcanzar a la esclava en caso de que ella ya estuviera huyendo.- Maldito dragón.- el más aferrado, parecía ser el jodido tuerto.






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Mensaje por Sabrina el Dom Oct 29 2017, 11:42

Aún con todo el pánico acumulado, observé como el dragón exhibió una actitud más amenazante hacia los mercenarios, eliminando todo rastro de alegría en el tono de su voz. Si no fuera porque ya estaba totalmente aterrada, el cambio del rubio me hubiera asustado aún más que los propios maleantes, quiénes ignoraron la orden del joven en primera instancia, provocando que el muchacho contraatacara, empujando con fuerza al tuerto antes de desenvainar una daga oculta, arrojándola con bastante precisión al brazo del individuo que me tenía sujeta.

Sin embargo, pese al intento del mercenario por esquivar la estocada, la filosa arma le rozó el brazo, provocando que me soltara como acto reflejo y centrara su atención hacia el dragón, quién parecía haber perdido todo rastro de amabilidad y benevolencia, instándome a escapar de allí mientras él se hacía cargo de la situación, pero ¿realmente podría hacerlo? Él era un dragón, por lo que sus aptitudes estaban por encima que la de aquellos dos individuos. No obstante, al no poder transformarse en un espacio tan cerrado, quizás otorgaría una gran ventaja a los maleantes. De ser así, ¿realmente podía huir y abandonarle tirado tras haberse portado tan bien conmigo? ¿Dejaría que tuviera que lidiar con aquellos tipos él solo?

El miedo aún seguía muy presente en mí y retrocedí con rapidez tras las palabras que me dedicó el rubio, pero ver como el tuerto le atacaba por la espalda y conseguía herirle en el antebrazo provocó que volviera a detenerme, llevándome las manos a la boca para ahogar un grito. ¿Porqué aquellos tipos nos estaban haciendo eso? ¿Qué mal les habíamos hecho? No obstante, mientras el joven asestaba golpes contra los mercenarios, mostró signos de estar buscando algo... ¿su daga, quizás? La reluciente arma no estaba muy lejos de mi posición tras ser arrojada y, con ella, muy probablemente el dragón pudiera contener mejor a sus dos atacantes.

Armándome de valor -y siendo consciente de que estaba ignorando la orden que me había encomendado el muchacho- corrí hacia la daga, situando un pie sobre ella para empujarla con toda la fuerza que pude reunir, provocando que se deslizara por el suelo, traspasando las piernas de los dos sujetos para que llegara hasta la posición del rubio. Con aquello quizás podría equilibrar las tornas.

Por desgracia, el individuo de la negra cabellera se percató de mis intenciones y corrió hacia mí, dejando al tuerto confrontar al dragón en combate singular, momento en que eché a correr, internándome por uno de los callejones que me conducirían hasta la calle principal por la que circulábamos en un principio, escuchando con cada vez más insistencia los pasos del maleante tras de mí;  - ¡Maldita niña! ¡Deja de correr! - me gritó el hombre mientras daba lo mejor de mí para mantener el ritmo de la carrera, consiguiendo llegar hasta una intersección que se bifurcaba en dos caminos distintos. - Oh, no... - murmuré aterrada mientras miraba en ambas direcciones, optando por tomar una ruta aleatoria y seguir corriendo a toda velocidad, con la esperanza de perder de vista a mi perseguidor.

Por desgracia, y tras doblar nuevamente una esquina, me encontré ¡en un callejón sin salida! Mi respiración se cortó de golpe y solamente podía escuchar el sonido de mi corazón retumbando con mucha fuerza. Me había equivocado de camino y ahora estaba atrapada, conocedora de que el mercenario no tardaría mucho en llegar hasta mi posición. Notaba como un frío sudor me recorría el cuerpo y empecé a voltearme muy despacio, agudizando mis oídos para percibir como unos pasos se iban acercando cada vez más hacia mí... ¿habría llegado mi fin?




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Re: La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

Mensaje por Zareb Christopher el Mar Nov 07 2017, 08:35

¿Hace cuanto que no peleaba de esa manera? ¿Doce lunas? Probablemente, pues no había manera de negar que su condición física estaba al límite ahora que uno de los mercenarios se escapaba de su alcance e iba detrás de la chica.- ¡Mierda! - exclamó con un deje de desesperación y ansiedad, pero no podía socorrer a la joven hasta que no estuviera seguro de que el hombre tuerto quedaba fuera de juego.- ¡Ja! Ya es nuestra, dragoncito...- el híbrido rodó los ojos y asestó otro golpe con su codo derecho al escuchar aquello, agradeciendo haber dado justo en el blanco o, según el color de la sangre que empezó a brotar de la nariz del mercenario, ¿justo en el rojo? Uhm…

Sonrió ante aquel pensamiento tan fuera de lugar, pero dentro de todo debía encontrar la gracia de tan curioso encuentro para luego darse la seguridad que estaba perdiendo cada que los pasos de la esclava se escuchaban más y más lejos.- Señor dragón para ti, ¡mentado tuerto! - murmuró mientras recogía su daga y finalmente esquivó la espada del contrario, posicionándose detrás del sujeto tan rápido como pudo para tomarlo del cuello y decir: - ¡¿On tá bebé?! - hasta clavar su daga dentro del último ojo bueno que le quedaba al mercenario.- ¡Aquí tá! - soltó con una sonrisa malévola mientras escuchaba el grito de dolor del hombre que por falta de visión caía de lleno contra la superficie.- Imbécil.- musitó finalmente, pateando la espada lejos del alcance del sujeto para evitar que éste la tomara como arma inmediata; y es que sabía que lo mejor hubiera sido asesinar de golpe a su agresor, pero su parte humana no le permitió mancharse tanto las manos con un mercenario.

Posteriormente, corrió hacia el lugar en el que vio desaparecer a la esclava, agudizando un poco sus sentidos con la intención de localizar a la chica tan rápido como le fuera posible. ¡Y lo hizo!, o creyó hacerlo, así que se desplazó entre las calles y callejones de la ciudad hasta que el repugnante aroma del tonto criminal se coló por sus fosas nasales y supo entonces que estaba cerca de su objetivo.- Joder, no quiero hacer esto...- susurró en cuanto se vio en la entrada de un callejón sin salida, escrutando los muros y calculando la distancia entre la esclava y su puerta de escape.- ¡A la mierda! - exclamó sin más y nuevamente lanzó su daga en dirección al sujeto, atinando a la altura de su rodilla izquierda de tal manera que su andar se viera imposibilitado en automático. Después aceleró sus pasos hacia el mercenario y golpeó su espalda con fuerza, tomándolo luego del cuello y provocándole un desmayo a través del último golpe que decidió darle.- Demasiada actividad física por hoy.- soltó segundos después, obligándose a respirar hondo para recuperar energía y levantar finalmente el rostro para enfrentar a la joven y sonreír con cierta extrañeza.- Gracias.- dijo enseguida, recuperando por segunda ocasión su preciada arma, misma que puso en alto para hacer saber a la chiquilla a qué se debía su agradecimiento.- Ahora...- respiró hondo y estiró el cuerpo, el cual comenzaba a enfriarse y a resentir el dolor ocasionado por los golpes.- ¿te vas o te quedas? - preguntó con tono afable y se dio la vuelta para iniciar su avance hacia la salida y hacia donde sea que la esclava se dirigiera.






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Re: La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

Mensaje por Sabrina el Vie Nov 10 2017, 19:47

Apoyada contra el muro que cerraba la calle, mantuve la respiración hasta que vi aparecer al mercenario de negra cabellera, quién exhibió una desagradable sonrisa en su rostro, mostrando los brillantes dientes que moraban en su boca. Había cometido un gran error al internarme en aquellas callejuelas, que podían llegar a ser muy traicioneras. ¡Y tanto que lo habían sido!, me lamenté, presa del terror al imaginarme lo que me depararía en manos de aquel desagradable individuo. Al menos rezaba para que el dragón que tan gentilmente me había ayudado estuviera a salvo de aquellos tipejos.

- Me has cansado mucho, chiquilla... - le escuché decir al hombre, quién avanzaba muy despacio hasta mí. ¿Acaso disfrutaba asustándome de aquella manera? Seguro que sí, porque traté de pedirle que me dejara en paz, pero ni una palabra logré que saliera de mi boca. Se me habían atragantado en la garganta.

Sin embargo, un extraño reflejó captó mi atención, revelando ser el rubio dragón. ¡No sólo estaba bien, sino que había logrado encontrarme para socorrerme de nuevo! El mercenario ni siquiera lo vio venir, quedando completamente incapacitado tras el sorprendente ataque realizado por aquel muchacho. ¿De dónde había salido? ¿Cómo lo habría hecho para seguirme el rastro? Eran muchas las preguntas que me rondaban la cabeza, pero lo único importante era que aquella persona me había salvado la vida.

- Yo... - conseguí decir finalmente, acercándome lentamente hacia su posición mientras él alzaba la mirada y sonreía. - No tengo palabras suficientes para agradecer lo que ha hecho por mí. - terminé por decir mientras me llevaba las manos a la cara. Había acumulado mucha tensión en los últimos minutos y no me quedaba de otra que exteriorizarlo con unas cuantas lágrimas. Probablemente fuera la vez que más pánico habría sentido en mi vida.

Entonces, el dragón preguntó si avanzaría o me quedaría allí plantada, sonsacándome de mi parálisis con rapidez. - ... ¡Voy! - contesté mientras terminaba de secarme el rostro y me posicionaba tras los pasos del rubio, saliendo del callejón para internarnos de nuevo en el camino más adecuado. Mi destino no estaba lejos de allí, así que tardaríamos muy poco en llegar. Haría la transacción lo más rápido posible para regresar pronto a casa. De ningún modo quería que mi ama se enterase de todo aquello, pero tampoco quería estar por aquellos lares ni un segundo más del necesario.

- Es allí... - le dije en voz baja tras percatarme de que habíamos llegado al susodicho lugar, señalándole una casa que hacía esquina en una intersección de caminos.




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Re: La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

Mensaje por Zareb Christopher el Miér Nov 15 2017, 04:15

Sonrió al ser testigo de la conmoción de la esclava y sacudió la cabeza en cuanto sus pensamientos se desviaron hacia otros intereses más personales, pues la verdad es que el híbrido siempre había sido débil ante los gestos tiernos e inocentes de cualquier mujer y por lo tanto estaba tentado a estrechar entre sus brazos a la chica con la intención de transmitirle mayor seguridad y confianza; no obstante, en ningún momento el rubio se permitió llevar a cabo lo que su instinto le imploraba, dado que reaccionó a tiempo y a favor de los principios que debía fingir ante la sociedad dracónica muy a pesar de que gran parte de este encuentro se le había escapado de las manos debido a su sensibilidad humana.- Anda ya.- se limitó a decir con una sonrisa afable y una mirada cálida, no sin antes asegurarse de que el mercenario continuaba cómodo en los brazos de Morfeo.

Posteriormente, continuó con su andar a lo largo y ancho de un trayecto más apropiado y seguro para ambos, permaneciendo en silencio pero no por ello lejos de la joven que de alguna u otra manera dejaba en evidencia su inquietud respecto a lo recientemente acontecido: lo cual era de esperarse cuando no se tiene ningún antecedente con este tipo de sucesos. Por supuesto, no es que Zareb llevara años de práctica y la verdad es que tampoco le gustaba llegar a estos extremos, pero sin duda tenía conocimientos de combate que no temía exponer si lo creía necesario para ayudar a terceros.- Uhm...- se detuvo frente al punto señalado y observó con interés todo lo que lo rodeaba en ese momento.- pues bien, ¿supongo entonces que aquí nos despedimos? - quería sonar seguro, pero el cuestionamiento brotó por sí solo sin ocultar su intención de saber que la chica estaría en buenas manos.- Es decir, ¿crees que todo estará bien de aquí a que te reúnas de nuevo con tu ama? - sus ideas se aclararon mejor esta vez y sin más esperó por la respuesta de la esclava. Vamos, no quería que todo lo ocurrido este día al final fuera en vano.






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Re: La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

Mensaje por Sabrina el Sáb Nov 18 2017, 10:06

El encuentro con aquel gentil dragón parecía llegar a su fin. Me había auxiliado en un momento de gran necesidad sin siquiera pedírselo nadie, solo porque quiso. A pesar de lo extraño que podría resultar eso, sobretodo viniendo de un dragón que no perteneciera a la guardia, su intervención fue de gran ayuda, evitando que llegase a suceder un hecho muy malo para mí. Aquello demostraba que estaría en deuda con el hermoso rubio... si es que alguna vez volvería a encontrármelo.

Tras señalarle mi lugar de destino, me percaté de que el muchacho observaba con cierto interés el lugar antes de ¿preguntarme si había llegado el momento de despedirnos? ¿Por qué me lo había dicho en forma de pregunta? Lo miré atónita, ya que no sabía muy bien que responderle cuando el dragón añadió unas cuantas palabras más, haciendo notoria su preocupación al preguntarme si estaría bien de ahora en adelante.

- Pues... - murmuré mientras desviaba la mirada hacia los alrededores para cerciorarme de que ya no había más peligros cerca.  - Creo que sí, ¿no? - mostré un poco de incertidumbre. ¿Qué había querido decir él? ¿Quizás qué tendría más problemas a la hora de regresar a casa? - ¿Creéis que vendrán más? - quise saber, percibiendo como el miedo volvía  a aflorar desde mi interior al temblarme la voz. De ninguna manera quería volver a pasar por la traumática experiencia vivida hacía escasos minutos.

Sin embargo, y visto de otra forma, ¿qué esperaba poder hacer él? Tampoco quería que aquel joven se arriesgara más por mí. Ya había hecho más que suficiente y le estaría agradecida de por vida, así que no veía necesidad de que siguiera demorando su camino por mi culpa. - Yo... intentaré ser rápida de regreso a casa. Marcharé por otros caminos más seguros... - traté de mostrar confianza para no preocuparle más. Me resultaba muy curioso -y extraño- que un dragón mostrara tal profesión por un simple esclavo, ya que muchos no tenían tal consideración aún siendo sus propios amos. - Sea como sea, gracias por todo, señor...  - le agradecí profundamente, inclinándome en una pequeña reverencia para mostrarle respeto. Por desgracia, no pude concluir la oración al desconocer el nombre de mi salvador, aunque él, siendo un dragón, no tenía porqué revelarme nada. - Espero que tenga buena fortuna en su vida. - sonreí tras mi último comentario, procediendo a marcharme hacia la vivienda del cliente para hacerle entrega de sus pertenencias. Una vez estuviera todo dispuesto, ya podría regresar con presteza hacia casa de Nimue, algo de lo que tenía unas ganas tremendas.




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Re: La mejor joyería de una mujer es su timidez [ft Sabrina] || Privado

Mensaje por Zareb Christopher el Vie Dic 15 2017, 18:22

La incertidumbre se dejó entrever en las palabras de la humana, sin embargo Zareb no quiso pecar más de insistente porque tenía la impresión de que su interlocutora buscaba cumplir de una buena vez con las demandas de su ama y para ello lo ideal sería que lo hiciera sola: de esa forma el cliente no haría preguntas, por lo menos ninguna que fuera más allá de lo que representaba el simple intercambio de las armas.- Confío en que no. Serían muy imprudentes si insisten.- pensó rápido, considerando que para cualquier mercenario podría resultar contraproducente aferrarse a su objetivo más de una vez al día luego de haber fracasado en un primer intento.- Bien, espero que así sea y…- no dijo más, en cambio sólo asintió mientras la joven se despedía.- Zareb. Mi nombre es Zareb.- y aunque no solía dar su primer nombre de buenas a primeras, la chiquilla le inspiró confianza para hacerlo. Total, ¿qué podía pasar? - Gracias e igualmente.- correspondió a los buenos deseos de la castaña y luego la observó marchar hacia el destino prometido.

Finalmente, cuando la figura de la esclava salió de su campo de visión, se giró y retomó su camino rumbo a casa: lugar donde le esperaba la calidez de su hermana melliza y un delicioso manjar para recuperar toda la energía que ahora necesitaba.


Fin del rol






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