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Treasures and Melodies {Trystan}

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Treasures and Melodies {Trystan}

Mensaje por Kya el Sáb Sep 23 2017, 16:55

Y tenía que admitir que ese tiempo en cama le estaba sirviendo para sentirse diferente, normalmente era ella la que visitaba a las personas en cama, la que se encargaba de atender y cuidar a los demás. Nunca nadie en su vida la había cuidado a ella, ni atendido como Trys la estaba atendiendo... y a cambio de eso, ella pasaba su tiempo cuidando a la pequeña que él le dejaba a cargo cuando iba de caza, cuando iba por hierbas o a atender asuntos importantes para él, nunca demorandose más que lo necesario. Cuando volvía, él derramaba amor sobre su hija y ella sonreía al ver aquellas escenas que ahora se le antojaban necesarias, aunque no desease admitirlo, ella y Anne (como llamaba a la pequeña, como diminutivo cariñoso), se llevaban de maravilla, era una bolita de alegría, de risas y amor, que disfrutaba con la más mínima cosa que le divirtiera.





Aquel día, Trystan no había salido, trabajaba en alguna cosa fuera del habitáculo principal, luego del almuerzo ella se quedó jugando con la pequeña hasta que el sueño la empezara a envolver. La sanadora la cargó entre sus brazos y dejándola reposar, empezó a cantarle una suave nana dulce-...Lay down your head and I'll sing you a Lullaby... ♫ -susurraba con su suave voz melodiosa- Back to the years of loo-li lai-lay... and I'll sing you to sleep and I'll sing you tomorrow... bless you with love for the road that you go...♪ -cantaba mientras la mecía con suavidad, dejando que se acurrucara contra su pecho y jugueteara con el extremo de su cabello trenzado, que descansaba sobre su hombro derecho, entre una de sus manitas, a medida que cantaba, hasta que sintió como la pequeña empezaba a quedarse dormida y poco a poco dejó de juguetear con su cabello.

Una suave brisa ingresaba por la ventana más cercana, no hacía tanto calor como otros días en que si podías querer echarte a un lago y nadar un poco para refrescarte. Ella había modificado algo de su ropa al clima ya que llevaba dos cambios de ropa, el que llevaba puesto y el que tenía guardado, los pajarillos cantaban cercanos en las otras ramas de los árboles hermanos y por sobre el techo, actuando de relajantes acompañantes en aquella tranquila tarde: La hora de la siesta para la alegre niña que no dejaba de descubrir sus capacidades con su inquietud infantil y ahora se removía un poco, re acomodándose y poco a poco quedando laxa, arrullada por aquella canción de cuna, efectiva y suave como una caricia- May you sail far to the far fields of fortune, with diamonds and pearls at your head and your feet ♫ and may you need never to banish misfortune, may you find kindness in all that you meet ♪ ♫


May there always be stars to watch over you ♫...to guide you each step of the way...♪ to guard you and keep you safe from all harm... –susurraba mientras alzaba su dedo índice derecho y acariciaba con delicadeza el puente de su pequeña nariz, una y otra vez, deseando adormecerla mas- ...loo-li, loo-li, lai-lay... ♫♪...-esbozó una dulce sonrisa, al ver que estaba funcionado-...may you bring love and may you bring happiness ♫ be loved in return to the end of your days..♪ now...fall off to sleep, I'm not meaning to keep you... –murmuró mas suave y más lento- I’ll just sit for a while...and sing loo-li, lai-lay... -desde ese momento, solo tarareaba con suavidad la melodía de la canción, esbozando una sonrisa antes de besar su cabecita, tomando algo para abanicar a la pequeña un poco y que no pasara calor.




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Re: Treasures and Melodies {Trystan}

Mensaje por Trystan el Sáb Sep 23 2017, 18:29

Cuidar de Elianne yo solo no se me hacía tan cuesta arriba como pudiera haber pensado en esos momentos en las cuevas, mientras sopesaba los pros y los contras de irme a vivir con ella, lejos de aquellos túneles. Debiera ser porque Kya ahora, suponía una ayuda inestimable, sobretodo cuando necesitaba ausentarme para conseguir comida, hierbas o mismamente cuando me pasaba por la base para hablar la mayoría de las veces con la misma gente. Mis misiones a Talos se habían reducido bastante, gracias a mis responsabilidades como padre y desafiado que ahora tenía.
Nunca supe decir por qué no me había querido hacer cargo antes de mi hija. Me refiero a como lo estaba haciendo en las últimas semanas.

Tal vez fuera porque contaba con alguien que ahora ya no estaba.

Inspiré en aquel momento, guardándome ciertos pensamientos, mientras trabajaba la madera aquella tarde, en lo que la sanadora cuidaba a mi pequeña. Kya me garantizó que no tendría que preocuparme por nada. No es que yo me mostrara intranquilo con ella, la verdad. Desde que la conociera no me había dado un solo motivo para desconfiar y ya la había visto entretenerse con Elianne en los días que llevaba con nosotros. No tenía miedo alguno con ella.

Mis manos se entumecieron por el tiempo tallando la madera, forzando las hebras a ceder para que esos troncos acabaran tomando la forma que yo estaba buscando. Del ingenio de Kyrieth recordaba algunas lecciones y comentarios que ella hiciera cuando teníamos aún el proyecto de las duchas en las cloacas aún en proceso, y algún apunte físico del colgado de Derek cuando nuestra única preocupación era hacer competiciones por las ruinas y enseñarme sus peculiares inventos con sus pertinentes explicaciones, saqué algún diseño para lo que estaba haciendo. Algo robusto que aguantara, por más inconvenientes que surgieran.

Andaba dándole los últimos retoques cuando una melodía llegó a mis oídos. Un sonido dulce, armonioso e hipnotizante, que detuvo mis manos al instante. Mis azules se alzaron, buscando el orígen de aquella canción, en esa sedosa voz femenina que ahora llenaba el ambiente. Apenas fueron unos segundos los que mi mente estuvo hilando pensamientos y conclusiones para determinar finalmente que no era otra que Kya cantándole a Elianne.
Con cautela, terminé asomándome por la entrada, sin querer hacer ruido para no interrumpirle, casi encandilado de una manera bien distinta a la pequeña, que sucumbía poco a poco a ese encantamiento para quedarse completamente dormida después de esa enérgica mañana que había estado compartiendo con Kya y conmigo.

Verla tan tierna con una criatura que no era ni suya supuso una visión demasiado tierna como para pasarla por alto. Casi agradecía a esos dioses elementales que parecían haberse olvidado de mí, la bendición de encontrármela, aunque fuera para que yo cuidara de ella hasta que se recuperase. No iba a negar que su compañía era la más discreta y agradable, dadas las circunstancias, con la que podía disfrutar.
Terminé apoyándome en aquel burdo marco, cruzándome de brarzos, en lo que ella seguía cantando y mimando a la pequeña, a pocos segundos de quedarse profundamente dormida. Aún tardé unos minutos en articular, disfrutando de aquella imagen más de lo que podía admitir-. No vas a dejar de sorprenderme por cada día que pases aquí, ¿no? -inquirí bajito, para no sobresaltarla, justo cuando se hizo evidente que la niña ya dormitaba-. ¿Te lo propusiste como reto? -bromeé con la ceja parcialmente alzada, aún sin apartarme de la madera.




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Re: Treasures and Melodies {Trystan}

Mensaje por Kya el Sáb Sep 23 2017, 20:21

Pronto, dejó de tararear mudamente la melodía de la canción, cuando ya se había asegurado que la niña estaba profundamente dormida en sus brazos. La sanadora esbozó una sonrisa más dulce, cuando la voz ronca y baja y en extremo tranquila del pelirrojo se escuchó, llamando su atención y propiciando el encuentro de sus ojos, mientras esbozaba una sonrisa ante su comentario, volviendo a ojear a la cómoda criatura que ahora dormitaba relajada, Kya volvió a mirar a Trystan antes de ladear un poco su rostro y finalmente murmurar- ...puede ser... –bromeó, aunque era obvio que ella misma era así de dulce con naturalidad, pero era impropio de ella demostrarlo, hasta el momento en que llegó allí con él- ...¿Al menos, es una buena sorpresa, no?... –preguntó suave sin pensar demasiado en aquella sonrisa cómplice que ahora se dibujaba en sus labios, logrando ver la luz exterior dar con la silueta de sus hombros fuertes.

Y que lograba hacer más notorio aquel cabello rojizo que indudablemente aportaba al atractivo del resistente.  Los ojos azules de la sanadora, lograron tomar un atisbo de ese torso desnudo que brillaba por el sudor, respuesta al trabajo con semejante calor exterior. Y por alguna razón, la visión que ahora tenía... poseía un aura muy distinta a la que hubiese imaginado que podría tener, pero ella solía ser muy discreta cuando se trataba de impresiones.... que solía conservar para si- ...recuéstala, anda...para que descanse más cómodamente...-dijo afectuosa y susurrante, mientras le sonreía un poco más, esperando que él fuera a por la niña para asegurarse que su sueño no era perturbado por nada más. Ella le entregó al angelito con un cuidado impresionante, como si fuese la cosita más frágil que pudiese existir y observó como la llevaba hacia la cuna y la recostaba sobre aquellas mantitas. Vamos... que la fuerza de los músculos marcados de su espalda contaban como distracción ¿Cierto? “Kya, detente allí... ¿qué rayos estás pensando?” mientras bajaba sus ojos por aquellos costados y....

Con un inhalar profundo, la chica apenas si pudo marcar cuan perdida estaba en pensamientos que indecorosamente le robaron una risa muda, negando mientras acomodaba su cuerpo en la cama. Ella había cortado sus pantalones, de modo que podía estar más cómoda de ese modo, viendo como él volvía su atención a ella y caminaba para sentarse en el borde del lecho y finalmente podían encararse y permanecieron en silencio durante un tiempo prolongado, solo mirándose mutuamente, tiempo en que parecían no existir palabras para determinar realmente que decir... nada incomodo, claro... pero lo suficiente como para que aquella sonrisa mutua no desapareciera. Ella tomó un paño que tenía al alcance por si derramaba algo cuando bebía agua, que estaba seco y no había tenido la necesidad de utilizar para nada, al menos hasta ese momento... en que, tomándolo, Kya, secó un poco el rostro del resistente con suavidad, antes de sonreír y escuchar su pregunta- …me siento bien...- repasó el lado opuesto de su rostro y luego un poco el cuello y dijo mientras le mostraba la palma de su mano izquierda, que indudablemente, con el uso del aloe dos veces al día desde la primera cura, ya estaba sanada, su pie sin embargo era obvio que tardaría mucho más, no perdía aquellos colores pero ya no eran tan oscuros como el primer día.

Por su propia comodidad lo trataba de mantener alzado siempre, aunque ya estaba aburrida de estar allí acostada sin hacer mucho más, vamos que también deseaba hacer más por él, que hasta ese momento había cuidado de ella de la mejor manera posible. En la sencillez de sus posibilidades, allí se sentía...completa y aquellos pequeños gestos como el de secar su rostro, nacían, como lo era el impulso de asegurarse que con ese calor de ese día él había bebido ya agua para hidratarse como sabía era necesario. A veces los días eran así, calurosos, pero siempre enfriaban en el atardecer y en la noche- ...aunque desearía sin lugar a dudas poder ayudarte un poco más... –musitó con ese encanto suyo tan “relajado” que ahora parecía escapar fluidamente sin poder ella hacer nada al respecto. Él le recordó que debía descansar- ...Lo sé...pero no me refiero a cosas complicadas... cosas simples... –como hacer algo de comida para él y la niña, como salir, aunque sea a la barandilla externa para tomar algo de ese poco aire fresco que soplaba en días como esos o que soplaba fuertemente en algunos días en que el dios del viento los complacía con la frescura de su soplo.

Extendiendo sus manos al banquillo que Trys había colocado junto al lecho para que pudiera colocar lo que necesitara, tomó aquel vaso de madera y la jarra y sirvió algo de ese vital líquido que le ofreció a él primero para que bebiera, obedeciendo su instinto de asegurarse que estuviese bien, con un movimiento de su cabeza, esbozó una sonrisa y le incentivó a beber de aquel vaso, tras lo cual ambos guardaron un nuevo silencio que para ella significaba mucho más que disfrutar de aquella burbuja que se creaba entre los dos, contenía aquella tranquilidad y paz que solo él parecía poder regalarle. Silencio que él quebró, diciendo que esperara un momento y se levantara del lecho, luego de entregarle el vaso para perderse en el exterior con rapidez. Ella apenas si pudo decir algo, pero extrañada frunció el ceño sin dejar de sonreír ¿Qué se traía entre manos?




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Re: Treasures and Melodies {Trystan}

Mensaje por Trystan el Sáb Sep 23 2017, 22:50

Por suerte, en vez de asustarse, Kya me sonrió al reconocer mi voz y encontrarse con mi mirada. Demasiado agradable era esa tranquilidad que ya el bosque brindaba de por sí, como para querer romperla bruscamente con mi voz grave, asustando a la sanadora y, quién sabe, tal vez, hasta rompiendo el tranquilo sueño de mi propia hija. Amplié mi sonrisa por esa pregunta en respuesta a la mía, afirmando de forma curiosa. No tenía ningún motivo para calificar el descubrimiento de su voz entonando canciones como algo malo. Todo lo contrario, en realidad-. De lo más agradable, lo admito. -enarqué las cejas, dejando claro que el haberla escuchado cantar había sido del todo inesperado pero encantador.

Solo me separé del marco, cuando Kya me sugirió poner a Elianne en su pequeña cuna, hecha por Kyrieth. Me acerqué y tomé a la niña de los brazos de la sanadora, con el mismo cuidado con el que ella me brindó a la criatura. Eli gimoteó por un segundo, antes de que su subconsciente pareciera reconocer mi aroma, ahora más resaltada por el sudor. En lo que la llevaba a la cuna, le dediqué una suave caricia con mi áspera yema. Como siempre hacía, estando consciente, su manita buscó mi dedo para agarrarlo, detalle que me hizo sonreír como estúpido, justo antes de dejarla en la cuna-. Descansa, pequeña. -susurré, antes de inclinar aún más la cabeza para dejar un beso en su frente. Me fue imposible evitar esa sonrisa orgullosa de padre, antes de volver a erguirme para sentarme en el borde del lecho, como ya venía siendo peculiar costumbre los últimos días. Y, también como siempre me pasaba con ella, volvimos a perdernos en un agujero temporal, cuando nuestras miradas se encontraron. Era algo curioso lo que me ocurría con Kya, mas no era nada malo. ¿Cuán malicioso podía ser perder unos minutos en la mirada contraria sin más compañía que un silencio balsámico y una sonrisa? Terminé elevando un poco los hombros mientras inspiraba, para suspirar después, bajando éstos-. ¿Cómo te sientes? -pregunté mientras Kya tenía ese gesto de secarme el rostro y parte de los hombros y cuello con aquel paño que no había usado. Un detalle que no habían tenido antes conmigo.
Y... se sentía agradablemente extraño.

Me alegró saber que esas heridas iban sanando convenientemente, conforme pasaban los días... hasta que llegara aquel en el que ella se fuera, y volviese a su vida como sanadora. Una pequeña tensión punzó mi lumbar entonces, al pensar la verdadera razón de estar postrada parcialmente en aquella cama: esos malnacidos que la encontraron y que, de no haber llegado yo, posiblemente, Kya ni estuviera viva. ¿Querría irse e intentar volver a una normalidad precaria después de aquello?
Sólo ella lo sabía.

Incliné un poco mi cabeza cuando habló de nuevo, como sutil queja-. Aún necesitas reposar y... -me vi interrumpido por ella, casi habiendo leído mi mente al respecto, cuando ni siquiera pude articular que yo no necesitaba ayuda. Vi en su mirada unas frustradas ganas de levantarse de aquella cama, cosa que no me extrañó lo más mínimo, sabiendo lo inquieta y autosuficiente que era ella. Porque sí, todo venía por esas pocas ganas de depender de los cuidados y detalles que yo pudiera tener con ella. Terminé exhalando en lo que Kya me tendió el vaso lleno de agua, en una petición tácita por que bebiera.

Era un día particularmente caluroso, así que, cualquier refrigerio era más que bienvenido. Así, tomé aquel recipiente de madera y bebí. Bajé el vaso en cuanto terminé el contenido, con mis ojos fijos en los contrarios, sopesando la idea de que tal vez, fuera momento en el que ella tuviese algo más de libertad en mi casa. A mi entender, iba a seguir algo limitada-. En ese caso... -sonreí con una complicidad que Kya no llegó a entender, en cuanto tomé la decisión de complacer su ansiedad frustrada por levantarse y moverse con algo de libertad sin que la sanación de su pie se viera drásticamente afectada-. Espera un momento. -murmuré antes de incorporarme y salir fuera, donde tenía el material en el que había estado trabajando. Volví a entrar, regresando de nuevo a su lado. En mi camino, le enseñé lo que traía conmigo: un par de muletas rústicas que le valdrían para apoyarse si quería moverse por la cabaña, mas no podría sujetar nada-. Quizás te puedan ser útiles si lo que quieres es no quedarte en la cama. -comenté, antes de enseñárselas mejor. Consistían en dos maderas enganchadas por sus extremos y el punto medio. Un extremo para apoyarse en el suelo, el otro bien forrado, para colocárselo bajo los brazos y en el punto medio, una pequeña madera para sujetarse con las manos.
No era ningún invento innovador, pero para el uso que Kya podía darle, era más que suficiente-. ¿Qué te parecen?




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Re: Treasures and Melodies {Trystan}

Mensaje por Kya el Dom Sep 24 2017, 20:36

Decir que estaba curiosa o ansiosa, era poco. Los ojos de la sanadora estaban puestos sobre la puerta por donde había salido el pelirrojo y esperaba que él regresara para que pudiese explicarle que estaba pasando. Por un momento estuvo dispuesta a llamar a un poco a su terquedad e intentar levantarse, pero desistió de ese terco pensamiento, porque no serviría de nada...se reprendió a ella misma ante tal tontería, pero en ese momento su curiosidad podía mucho más, pero no sufrió demasiado, porque él volvió y esta vez traía consigo algo que no pudo distinguir hasta que él lo mostrase... y sus ojos se abrieron mucho, mientras la sorpresa se plasmaba en su semblante y escuchaba lo que él decía, a medida que una sonrisa se dibujaba en sus labios- Oh Trys... –murmuró con suavidad, mientras posaba una de sus manos sobre sus labios entreabiertos.

Y con mucho cuidado se movilizaba hacia el borde, ayudándose con sus manos, deslizando sus piernas por sobre las pieles para por fin, bajar primero su pie derecho, con lentitud y cuidado para evitar cualquier movimiento brusco o doloroso, hasta que su talón pudo descansar sobre la madera y luego su pierna izquierda que no dudó en mover con toda naturalidad. El lecho, no era tan alto, por lo que podía extender sus piernas y descansarlas contra el suelo de mejor forma, mostrando aquella sonrisa agradecida que denotaba un entusiasmo genuino por aquel detalle que había causado que sus mejillas cobraran cierto color... se lo atribuía a la emoción. Y esperando que se aproximara, extendió sus manos cuando lo tuvo cerca, posándolas sobre la madera de las muletas, viendo su rústica apariencia y el detalle con el que habían sido hechas... sus dedos recorrieron la manufactura con apreciación, por un momento sin marcar demasiado su sonrisa, que poco a poco empezó a dibujarse de nuevo.

Cierto era, que nunca nadie había tenido un detalle así con ella, al menos no sin ella pedirlo primero. Ante la pregunta la ojiazul, fijó sus espejos sobre los del pelirrojo y atenuando su sonrisa de nuevo murmuró- ...son perfectas... –agregó, volviendo su atención a estas, colocando sus manos en postura para hacerse con la idea de probarlas de inmediato. Al inicio parecía simple, pero realmente no apoyar su pie derecho iba a hacer toda una proeza y seguramente trastabillaría en el primer intento, pero él estaba allí...y confiaba en que la sostendría si perdía el equilibrio- Voy a probarlas... –dijo con una determinación tenaz, causando que él riera por su inquietud y necedad, que en este caso era positiva para su mejora- …veamos...-murmuró suave, sujetándose con firmeza de aquella madera que serviría para agarrarse con las manos, apoyando su pie izquierdo completamente sobre el suelo, tomando pequeñas bocanadas de aire como si esperara el momento adecuado para poder levantarse.

No podía esconder su entusiasmo nuevo, como tampoco podía esconder la alegría que la llenaba con la idea de poder moverse un poco más. Pero como siempre...conocía sus límites y sabía que los primeros días usando las muletas dolerían por el cambio de postura que tendría su pie, por lo que sabía que no podría estar demasiado tiempo de pie. Y ante ese pensamiento es que se dejó llevar por el impulso y cerrando sus puños con fuerza en la madera, se sostuvo para impulsarse usando su pie izquierdo y levantarse... tambaleándose un poco ante la energía, pero sostenida por el pelirrojo que le cuestionaba si estaba bien la altura y demás cosas. Fue inevitable lucir radiante y emocionada, alegre y a su vez dudosa... ella rió por lo bajo antes de finalmente, poco a poco regresar a centrarse y levantar su rostro dándose cuenta de lo cerca que estaba de él, sonrió apoyando los soportes bajo sus brazos mientras atenuaba su sonrisa y murmuraba con suavidad-...son perfectas, acertaste incluso en mi altura... –dijo como si él le hubiese regalado el mundo.

Mientras lo miraba fijamente y esbozaba una nueva sonrisa con enérgica dulzura, formuló en un susurro-... gracias... –dijo sin saber por qué tenía el impulso de abrazarlo... quizá por todas aquellas consideraciones que había estado teniendo con ella desde el momento en que despertó allí…quizá porque extrañamente... había estado descansando, durmiendo mucho más, el dolor y el cansancio emocional que solía sentir, no estaban allí, paseó su vista una vez más por aquellas muletas y por extraño que pareciera...nada más parecía captar su atención, como si olvidase ese deber auto-impuesto que solía amenazar su diario vivir y la felicidad que podría sentir si solo se dejase cuidar. En completo silencio, la ojiazul, volvió a levantar sus ojos hacia él antes de esbozar una pequeña sonrisa... sintiendo cada latido de su propio corazón, con intensidad... como si fuese consciente de lo viva que se sentía en ese momento, mientras aquel aroma que desprendía él, le llegaba a su nariz y causaba que su piel se erizara.  

Sin darse cuenta que se había quedado viendole de nuevo todo ese rato. En que sus manos traicionaron todo sentido común y control que tuviese y apoyando las muletas bajo sus brazos, soltó sus manos y pasó éstas en suaves caricias por sus costados, hasta que le regalaran aquel dulce abrazo donde ella se permitió apoyar su cabeza en su pecho cálido. El tiempo se suspendió una vez más… sintiendo su calor, una forma muda de agradecerle lo que estaba haciendo por ella sin siquiera saberlo… sentía como su pecho subía y bajaba….como respiraba y ese aroma que ahora era muy familiar. Sin embargo había algo que no cuadraba para nada...no encajaba y sin moverse, frunció el ceño...algo faltaba y fue cuando recordó aquel día en esa posada… donde un agujero se formó en su estomago al pensar en esa remota posibilidad de que él… fuese….desafiado (aunque en aquella oportunidad, fuese solo por la sanación rápida y la cicatriz en su pecho). Ella era una mujer inteligente, no necesitaba más que unir cabos...su recuperación rápida hablaba mucho de por si...aquella cicatriz en su pecho que podía ver con solo entreabrir sus ojos ya que la oreja que apoyaba contra su pecho era la izquierda, por lo que su vista daba al pectoral izquierdo, era otra de las señales...más no era inminente.

Un nudo extraño se formó en su garganta y en silencio contuvo por un momento el aire antes de liberarlo de a pocos, justo en el momento que sintió los brazos masculinos rodeándola, sin darse cuenta que sus propios brazos presionaban un poco más sus costados. ¿Que era la vida, además de un terrible conjunto de giros y quiebres que buscaban formarlos y pulirlos para grandes cosas? Sus ojos azules se tornaron acuosos y en ese silencio miraba aquella cicatriz que le aterrorizaba tocar y apoyándose contra él… sin romper aquel silencio único, dudosa...levantó su diestra, lento..hasta posarla sobre aquella cicatriz, recargando su palma en ella y con solo ese gesto… lo confirmó y de paso transmitió su entendimiento inmediato…Pero ¿por que le asfixiaba tanto? La sanadora ya tenía dudas al respecto, lo imaginaba o algo muy dentro de ella se lo había insinuado la primera vez y no escapaban palabras que describiesen lo horrible que estaba doliendo la ausencia de latidos palpitando en el pecho de aquel hombre.

Silenciosa, se permitió añorar que fuese solo descuido suyo, que al mover su oreja escuchase ese sonido tan característico, pero ella sabía que no sería así y eso… la hacía sentir tan desolada por alguna razón que la hizo fruncir el ceño de nuevo, sin moverse de ese abrazo que sostenía ahora con más suavidad con solo un brazo, finalmente relajó sus facciones y cuando hubo controlado sus emociones levantó su rostro separándolo de su pecho para levantarlo en silencio, fijándose en el universo que eran esos ojos azules y sin tener que formular palabra sabía que él ya le comprendía ¿Y Anne? Plasmando esa preocupación por él y por la niña, por el peso que él cargaba sobre sus hombros, por lo que representaba y la avalancha de nuevas emociones que eran nuevas para ella- …me gustan mucho -mencionó ahora con una voz suave- ...en realidad me encantan… -susurro sintiendo el impulso de quien sabe que demonios y ese cosquilleo en su mano y sus dedos inquietos exploradores.

Mientras esa entera tranquilidad se esparcía en su exterior, una tormenta se desataba en su interior y jugueteaba con sus nervios, deseando controlarse con todas sus fuerzas, porque él necesitaba más tranquilidad que un aluvión de preguntas que querían ser derramadas: ¿hace cuanto?¿como te divides el tiempo?¿has pensado en cómo solucionarlo?¿estás bien?¿cómo estás?¿cómo estás?... ¿cómo estás?...con la mitad de su corazón hundido en el lodo de la incertidumbre...y la otra mitad nadando para sobrevivir y mantener esa certera estabilidad que ella siempre poseía para lidiar con situaciones difíciles y tratar de contagiar esa calma al pelirrojo a quien no había dejado de mirar fijamente, sin cansarse, sin decir nada más. Por que no era necesario...sabía que no lo era… el silencioso exterior ayudaba a mantener esa burbuja calma de entendimiento. “Entiendo…” apreciando como el destello del día cristalizaba esos azules haciéndolos ver como las aguas de las costas de Edén que entre aguamarina y celeste matizaban de colores azules sus costas, jugueteando con los destellos del sol, que hacían la ilusión de contener el universo plasmado con sus miles de estrellas… como el cielo nocturno. Un mundo entero sin ser descubierto y que sentía ya conocía desde hace mucho más tiempo que a si misma.

Ojos que indudablemente podría ver siempre, sin cansarse nunca.




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Re: Treasures and Melodies {Trystan}

Mensaje por Trystan el Lun Oct 02 2017, 21:34

Sus gestos fueron, como habían sido hasta ahora desde que la conociera, más que elocuentes. En cuanto vio -y comprendió- lo que yo había hecho para ella, se dispuso a probarlo. Pero lo que más llamó mi atención fue esa sonrisa de ilusión que dibujó en sus labios. Como si aquel fuese el regalo más maravilloso del mundo… O como si nadie le hubiera hecho un presente tal, nunca.
Se movió hasta que tuvo ambos pies en el suelo, haciéndome indicación para que me acercara y así, darle las muletas. Por muy burdas que a mí me pareciesen, vi apreciación en sus gestos. Sus manos repasaron la madera lentamente, como si tomase nota de cada detalle. No veía necesaria tanta consideración pues, al fin y al cabo, sólo eran unos trozos de madera enganchados, con la finalidad de calmar su frustración al no poder moverse de la cama. Y, sin embargo, esa estima que emanaba de su sonrisa no me pasó del todo desapercibida. La emoción que desprendía era hasta palpable, y para mí, como creador de aquel detalle, supuso un estrella a mi orgullo de hombre mañoso con la madera.
Cuando Kya se preparó, más que dispuesta a incorporarse, me mantuve cerca, pendiente, por si perdía el equilibrio repentinamente, al estar sobre un solo pie-. Con cuidado. -y aunque la sanadora fuese más mañosa de lo esperado, me fue inevitable tomar su codo, por si acaso, con ese primer y más brusco tambaleo-. ¿Qué tal te queda? -me interesé cuando ella alzó la mirada hacia mí, olvidándose momentáneamente de su nuevo juguete. Y, una vez más, su radiante sonrisa llamó a la mía, complaciente. Su respuesta acorde marcó un poco más esa curva en mis labios-. No hay de qué. -alcé sutilmente las cejas, sin dejar de mantener mi mirada en la suya y contagiarme de esa dulzura que ya mostraba conmigo.
Puede que hasta me hiciese sentir realmente bien, sabiendo que Kya tenía ese detalle. Conseguía que yo estuviera tranquilo, ya fuese con aquellos pequeños gestos o con el mero hecho de hacerse cargo de Elianne, cuidarla o jugar con ella. Sin duda, una ayuda que tenía claro que no podría ni medir ni agradecer en su totalidad, por más que lo intentara.
Por ello, mi compensación -a mi entender- no era más que ayudar a que sanara lo mejor y más rápido posible. No era que pensase que Kya estaba incómoda en mi nueva casa, pero ignoraba si la situación en su granja la inquietaba después de aquel ataque. O si querría averiguar más sobre aquellos atacantes.
Simplemente, me turbaba la posibilidad de que se fuera… y ni siquiera sabía explicar el porqué.

Aún mirándonos, noté cómo Kya se movía sutilmente hacia mí, pidiendo un permiso velado con sus azules. Era eso lo que veía en su mirada, ¿verdad? Las palmas de sus manos finalmente aterrizaron en mis costados, erizándome la piel conforme las yemas de sus dedos se deslizaban hasta que la sanadora apoyó su cabeza en mi torso para abrazarme. Hubo unos segundos en los que, aún por esa sorpresa, no supe reaccionar. La respiración se me entrecortó por lo inesperado en esos momentos, en los que mis brazos, se movieron para rodear su cuerpo, impulsados por un instinto que ni pude -ni quise- controlar. Sentí como exhalaba densamente en lo que mis manos llegaban a su espalda, para deslizarse por ella y así, corresponder ese abrazo tan lento. No obstante, por esa lentitud, me pareció más sentido, pues Kya finalmente, se presionó con sutileza contra mí. Otro instante a detener en el tiempo, en el que nuestros cuerpos colapsaban de una manera muy diferente a cuando lo hacían nuestras miradas. Y, aún así, la sensación de plenitud era muy parecida. Una sonrisa suave y hasta tierna se me dibujaba en los labios cuando la muchacha hizo un movimiento que rompió mi tranquilidad.
Subió su mano derecha hasta posarla en esa cicatriz que delataba lo que ahora era.

Inevitablemente, mis pulmones se cerraron, en mi sospecha que, ahora sí, sabría llegar a esa conclusión que a todo el mundo horrorizaba y, a muchos, había alejado de mí, por mucha predisposición que tuviesen al principio. Tuve miedo de que Kya se apartara entonces, que rechazara lo que yo era, ahora que confirmaba lo que pudo llegar a ver y pensar en Talos la última vez que nos viéramos.
Mucho había cambiado mi vida desde que nos conociéramos aquella vez en su granja, pero, ahora que vivía conmigo de forma temporal, había comprobado esa afinidad que había entre nosotros, más allá de un eco de lo que pudiéramos llegar a haber visto en esas pocas horas, ese par de veces que nos encontrásemos como mero capricho del destino.
Porque, pudiera decirse que el mundo era demasiado grande y las posibilidades de volver a vernos, muy pocas. Y, aún así, por golpes de pura suerte, nos habíamos cruzado. Y no sólo una única vez.

Tragué saliva con lentitud, sin moverme apenas, congelándonos en aquel abrazo en el que yo temía por lo que Kya pudiera estar pensando y ella intentaba controlar esa emoción que le ahogaba y presionaba su pecho. Los segundos parecían pasar tan lentamente que una de mis manos se llegó a desesperar, agarrando ligeramente la arruga de esa camisa que tenía al alcance. Era agónico ese bienestar que transmitía, queriéndolo y deseando escapar de ello al mismo tiempo. Una controversia. Como tantas otras en las que me había convertido en cada situación.

Kya se removió ligeramente, descubriéndome su rostro una vez más. Y esos azules… Esa mirada cristalina que era de lo más elocuente y, sin más explicación, calmó esa tensión que me invadía. Supe entender que aceptaba mi naturaleza, habiendo confirmado esas sospechas que pudiera tener cuando sanó mi herida en Talos. Supe confiar en lo que sus labios callaban en aquel mismo instante. En esa ligera presión que su mano en mi cintura aún hacía. Pero, no supe poner nombre a aquello que vi en esos irises intensos, acompañados de una sonrisa sutil, hecha sólo para aquellos que sabían observar.
Y su murmullo, repetido como pequeña letanía, consiguió arrancarme una sonrisa igual de suave que su tono. No dejaba de desbordar un cariño que no podía llegar a comprender y que, sin embargo, despertaba esa faceta tierna que aún tenía, aunque fuese escondida y que raras veces se había dejado ver. Sólo con mi pequeña y esas parejas que ya no tenía-. Van a ser tus compañeras por unos días. Más me valía que fueran de tu agrado. -enuncié, bajito, sin necesitar levantar la voz de lo cerca que estábamos. Al parecer, incapaces de romper ese abrazo que había sido tan suave e intenso al mismo tiempo. Como si ambos lo hubiéramos estado buscando en otras gentes sin llegar a saciarnos realmente de ese gesto por parte de otros que no fuéramos nosotros dos, respectivamente.

Finalmente, llevé mi mano izquierda de su espalda a cubrir esa mano derecha que aún se mantenía sobre mí. Con una delicadeza impropia, pegué mi palma a su dorso, tentado de entrelazar los dedos pero sin llegar a hacerlo. Así, deslicé mis propios dedos al hueco entre su pulgar y su índice, para tirar de ella y así apartar ambas manos de mi pectoral. Y un renovado escalofrío me recorrió. Con un suspiro medio turbado, por lo ocurrido en aquel simple abrazo, puse algo de distancia entre ambos, sin apartar mis azules de esa mirada que ahora parecía no comprender, acompañándose de un suave fruncimiento de ceño por parte de la sanadora-. Vamos, pruébalas. -la animé, apartándome un poco más para dejarle algo de espacio, con la sensación de que estaba cometiendo un error. Mi propio cuerpo se mostraba incómodo y ni siquiera podía entender por qué.
No obstante, no dejé de sonreírle.




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Re: Treasures and Melodies {Trystan}

Mensaje por Kya el Mar Oct 03 2017, 22:21

Mentiría si ella misma dijese que no quería gritar... “injustificadamente”, que algo en ella estaba queriendo renegar del mundo al cual estaban sujetos porque justamente hombres buenos como él... sufrían las penurias del egoísmo de aquellos animales crueles, bien llamados “dragones”. Por un momento permitió que todo su ser silenciosamente despotricase en su contra, maldijese y jurara odiarlos por siempre... punto a favor del odio que podría sentir hacia los que causaban ese tipo de dolor en los humanos...pero ese era el lado que no lograba perdonar el sufrimiento que ya había contemplado en otros, por culpa de esos tiranos que esclavizaban, asesinaban y buscaban seguir “gobernando” por más tiempo. Sin embargo... todo había esclarecido repentinamente y su memoria recapituló ese miedo que había visto antes en él... ese terror frío y mudo que se había dibujado en la tensión de su cuerpo, en el brillo apagado de sus ojos azules y el temblor que recorría su cuerpo apenas perceptible. Miedo que ella no dudó en recordar empañar aquel momento en su granja...y ahora apenas si se comenzaba a hacer presente, no tan palpable como el primero, pero allí estaba y apenas empezaba a atenuarse cuando su semblante se relajó de a pocos y fue acompañado por un gesto semejante al que habría realizado ese día... pero esta vez, poseyendo en sí mismo un significado mayor a solo querer transmitirle eso que indudablemente le había querido decir la primera vez “Estoy aquí...y no voy a correr”. Entendiendo el entonces y el hoy de lo que las tensiones en el cuerpo masculino le estaban haciendo partícipe, sin ella saberlo.

Una muy sutil caricia de su pulgar, dibujó formas sobre su piel, suave... dulce y llena de ternura etérea si era posible, mientras la mano que se aferraba a su costado aún, presionaba su agarre un poco más. En aquel entonces una prensa dolorosa aferraba su mano izquierda, en ese momento él le sostenía con una delicadeza impropia que ahora transmitía corrientazos de gustoso sentimiento vivo, que tradujo en que algo era claramente diferente y hacía que todo en torno a ambos se condensara en una nube de confusa mezcla de emociones. En ese entonces... se había sentido tan inútil por no poder ayudarlo, por no saber cómo, por no comprender lo que aquellos ojos azules escondían... sin embargo, en ese momento lo sabía...al menos parte de ello y por algún motivo su corazón sintió un pinchazo, que le hacía sentir más pequeña y vulnerable al no tener ni la más remota idea de cómo ser útil a esas alturas. Era solo una humana. Sanadora... pero humana.

Que no había podido zafarse sola de una situación que casi le cuesta la vida, pero que el destino había empleado para jugar sus cartas bien y atentar contra las casualidades y la llevó a encontrarse con él, con ese pelirrojo que ahora miraba fijamente a los ojos, mientras su mano se mantenía sobre aquella cicatriz que cruzaba su pectoral izquierdo, viendo como su propia sonrisa...llamaba a la de él y en un encuentro único de sus miradas... creaban una burbuja nueva que dejaba al resto del mundo, fuera de las paredes de ese habitáculo de madera en quién sabe dónde, lejos de quien sabe que, compartiendo la complicidad de conocer cómo interpretar un poco, aunque fuera precariamente lo que el otro deseaba decir.

Acompañando aquel silencio, con una sensación de eternidad que los árboles en el constante tambalear de sus ramas, creaban, rozando sus hojares entre sí, sintiendo como una apenas notoria brisa soplaba y era oculta tras la ronca voz masculina que ahora le sacaba una risa baja casi gorjeante como un arroyo, dulce, suave y sin mayor secreto que la añoranza escondida en sus reflejos azules, mientras un leve calor invadía sus mejillas- Lo dices como si hubiese sido posible que me enojara, si no llegaban a ser a mi medida... –musitó con un suave mojín formado por sus labios, con aires “ofendidos” por el comentario que ella conocía, no era para mayor efecto que el de hacerle sonreír un poco más.

Una sonrisa que no tardó en llegar en poco, como parte de aquel pequeño juego que ahora intercambiaban tan íntimamente como si fuese natural y propio. Olvidándose de que había algo más allá fuera... un mundo, por ejemplo. En esa cercanía que ahora causaba que cada poro de su piel se erizara al sentir la estática del contacto generar oleadas de escalofríos suaves, que llegaban hasta los vellos de su nuca, donde la trenza rojiza, amarronada nacía y ocultaba con sinuosa sutileza, la curvatura de su cuello. Escalofríos que fueron más notorios cuando la mano masculina se posó sobre la suya, obligándola a ser consciente de cómo su corazón, dibujaba trazos de nerviosos palpitares, como los vellos de sus brazos se erizaban y ahora sentía que sus latidos, brincaban un compás, extrañándole, cuando él se permitiera el crear una distancia que no dejaba de sentirse... melancólica, que le costó aceptar, como si el suelo donde estaban de pie, pudiera desvanecerse y dar paso a un abismo sin fin, a la más terrible perdición. ¿Podría estar más loca? ¿le habría incomodado de alguna forma ante tales atrevimientos? Quiso reírse de sí misma, pero se contuvo, con un presionar de sus labios entre sí, permitiendo que él, se apartase con aquella suavidad casi titubeante. Dudoso… como si padeciera del mismo mal que ella y estuviese (como ella) inseguro de que deseaba realmente apartarse...o al menos eso parecía por la lentitud de sus movimientos. Separando su mano izquierda para sujetarse de su respectiva muleta, con firmeza y dejar que él abandonara el agarre de su mano derecha para permitirle valerse por sí misma... con esa suavidad, con aquel cuidado, mientras no quitaba sus ojos de ella, esos ojos azules... esa forma de mirarla… que causaba ecos en ella que prefería no mencionar. ¿Que estaba pensando?

“Nota 1:
No invadir el espacio personal de nadie”


Pensó para sí mientras se reprendía, ahora sintiéndose culpable por romper tanto la distancia, sin fijarse en que podría de alguna manera incomodar. ¿Le había incomodado a ella? No, claro que no, por eso su piel parecía añorar más de aquello...él continuaba sonriéndole... “por caballerosidad, seguramente...” pensó aquella vocecilla auto saboteadora que ahora le recordaba que ella era mejor con un libro en mano y algún paciente que atender...no con estas situaciones interpersonales que implicaban, interpretar gestos, entender situaciones o analizar lenguajes corporales que no eran el de dolor por alguna cosa que ella PUDIESE SOLUCIONAR. Deseando meter su nariz en un libro y perderse en horas de lectura, en la que se podía sentir que realmente era inteligente... no como un ciervo recién nacido tratando de caminar en sus debiluchas y enclenques patitas, con los empujes de su mami. Quería llorar. De la vergüenza. No por otra cosa y ese calor volvía a su rostro y sus orejas también.

Sintiéndose torpe, prefirió hacer lo primero que parecía más inteligente en su postura inválida y frágil... bajar sus ojos para fijarse en cómo sujetaba las muletas y sus dedos se cerraban en torno a las maderas atravesadas y apoyaba de lleno su pie izquierdo descalzo, completamente en el suelo... preparándose para “el despegue” y como si le costara mucho ordenar a su cuerpo coordinarse para no apoyar su pie derecho, finalmente se recargó en las muletas y dio su primer paso…corto y..... en efecto, con una torpeza digna de un ciervo bebé, tratando de dar sus primeros pasos...  “O por dios trágame tierra” pensó para sí, sintiendo que no podría volver a ver al pelirrojo y sentirse genial, como cuando decía algo inteligente. Dejando escapar una risa nerviosa al notar lo difícil que era- ...La última vez que traté de caminar con algo así... fue cuando trataba de enseñar a un pequeño a usarlas... –dijo la chica mientras, trataba de desviar su atención de la absurda vergüenza que parecía sentir por.... ¿Qué?

En fin... recordaba alguna cosa que había vivido hace ya mucho tiempo y ahora, volvía a ella, con sus recuerdos - debe ser un hombrecito a estas alturas... –dijo con una pequeña sonrisa que poco a poco se atenuaba en otro intento por avanzar, esta vez mejor que el primero, pero con el mismo aire de “oh Holy shit, esto es duro...”, seguido por un tercer intento mucho mejor que los dos anteriores, pero ahora, lleno de una sensación punzante en su pierna que logró hacer que aquel extraño enrojecido y avergonzado sentimiento cediese y ahora pasara a ser uno por la molestia. Sabiendo que quizá era demasiado pronto para esforzarse tanto al cambiarla de postura, pero su vibrante entusiasmo, la hizo visualizar la mesa que había sido construida contra el tronco del árbol y con una mirada entornada y una media sonrisa hacia el pelirrojo, le dejó saber que ese era su objetivo... aunque no mejor, que la idea de intentar volver a acercarse a él... notando como este se mantuvo cerca por si acababa de bruces en el suelo.

Pronto, la muchacha pudo notar como la tensión en sus hombros y omóplatos se hacía más notoria, esforzándose por acostumbrarse a utilizar dichos soportes, tomando un respiro entre cada “paso”. Mientras que con una voz presionada por el esfuerzo, dejó salir una suave risa baja, antes de tocar el borde de la mesa y riendo, apoyarse en la misma- ... mala idea... –murmuró entonces antes de mirarlo de nuevo, claramente cansada, pero con esa sonrisa alegre que la hacía verse renovada... ahora más tranquila, a pesar de la notoria incomodidad- ...me va a ir de maravilla... –dijo asintiendo, convencida de ello- solo debo acostumbrarme a utilizarlas…y por hoy es suficiente… -rió un poco más.

¿Me... ayudas a volver al lecho? –dijo finalmente rendida al dolor que la hizo flaquear un poco para esperar a que él cortase la distancia impuesta para dejarla “ensayar” un poco. Él se acercó y cuando hizo el ademán de querer cargarla en brazos, ella le dio un toquecito, golpecito en el hombro suavemente con aires bromistas- Pe...pero si el lecho está a solo unos cuantos pasos… -susurró,mientras veía que él le devolvía la mirada con ese alzar de cejas típico suyo y esa sonrisa que la dejó inquieta… ¿inquieta era la palabra? Había muchas inquietudes en la vida y no sabía cómo catalogar la que estaba tratando, su cabeza se ladeó un poco sin quitar sus ojos azules de los ojos del pelirrojo que la observaba desde su ademán, sin quitar aquella sonrisa que la hizo morder su labio inferior, dudosa de lo que este estaría pensando. “¿Que me miras así?” se preguntó ella en silencio, mientras llevaba su pulgar derecho entre sus dientes y mordía su uña. “¿Que?, ¿qué?”.




"Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos."
Je suis pour toi. Tu prends ma main. . .:




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Re: Treasures and Melodies {Trystan}

Mensaje por Trystan el Jue Oct 05 2017, 19:09

Era hasta increíble cómo con una simple mirada o gesto -tal como aquel sutil roce de su pulgar sobre parte de mi cicatriz-, llegábamos a ser tan elocuentes que no había cabida a palabras. Pues todas sonarían redundantes e, incluso, expresando pobremente sensaciones o pensamientos dando mil rodeos, frente a la claridad con la que hablaban esos mencionados gestos.
Sin llegar a la pregunta tácita de cómo era posible llegar a entenderme tan bien e inesperadamente con una chica a la que acababa de conocer, había mil más que me surgían de manera automática, cuestionando aspectos de esa peculiar relación con ella, de esa confianza entre ambos, que no era propia de personas que se habían visto tres veces. Aunque ahora la situación fuera ligeramente diferente, pues la acogía en mi hogar hasta que se recuperase de esas heridas. Heridas que se limitaban a contusiones, algún pequeño corte y, por supuesto, ese pie, cuya hinchazón ya menguaba. Pronto podría moverse  con toda la naturalidad del mundo, pero mientras, ¿por qué no tener el detalle de facilitarle las cosas? Tal vez, sólo fuera mi espíritu altruista y compensar esos cuidados que ya realizó ella esa noche compartida en Talos.
Porque, humano o desafiado, sentía que eso no había cambiado.

Aunque cambiaría, no obstante. En cuanto pasase un año más, perdería esa esencia que yo era, si no encontraba una manera de convencer a esa malnacida sierpe que estaba en el bando perdedor, que los que éramos conocidos como rebeldes, constantemente siendo subyugados, reticentes a las normas impuestas y ávidos por cambiar la jerarquía actual, venceríamos esta contienda en algún momento.
Pero, era difícil hallar el modo definitivo para convencer a aquel lagarto, si mi propia esperanza se veía menguada. ¿A quién pretendía engañar ya? En los últimos años, había vivido bastante situaciones que habían sido un golpe de realidad. Había necesitado ser líder, y sobrevivir a ese cargo para darme cuenta que esa fe ciega que podía tener antes no tenía razón de ser. ¿Quién en su sano juicio lucharía por la igualdad cuando aquellas bestias jugaban con los humanos a placer? Los esclavizaban, les robaban el corazón para condenarlos, eliminaban a esos vástagos ilegales suyos porque no habían podido resistir la tentación de someter a una humana. Unos seres que no dejaban de ser egoístas, guiándose por puro capricho en ese mundo que declaraban suyo.

¿Acaso había alguien capaz de hacerles ver otra realidad que no fuera la suya?

Yo ya no. Si quería o podía, era otra historia. Mis prioridades en un año habían cambiado demasiado y ahora me veía demasiado limitado para siquiera aunar las fuerzas y la locura necesarias para enfrentarme a ese malnacido y acabar con él. Como fuera.
No, para mí ya no era tan sencillo. Había alguien a mi cargo. Una preciosa niña que tenía la posibilidad de perder a su padre de forma violenta… o con la lentitud del tiempo, que extirparía hasta el último ápice de ese humano que dejé de ser hacía un año.

Pero, en ese mismo instante, toda esa desgracia, había sido relegada a un segundo plano.

Pues la tranquilidad de ese simple momento con Kya había calmado mi tensión, había amortiguado mi preocupación y embotado mi mente lo suficiente para que la ansiedad por mi situación no me ahogara irremediablemente. Aunque fuera después de ese abrazo que ninguno de los dos parecíamos querer romper. No obstante, pasó. En parte, porque yo quería comprobar también que le era cómodo andar con ellas, al menos en esos primeros días, en los que pretendíamos evitar que el pie sufriera más y ella pudiese tener algo más de movilidad. Su murmullo me hizo pronunciar esa sonrisa ya en mis labios-. Dudo mucho que hubieses llegado a ese punto. -por cómo me has demostrado ser, terminé en mi mente. ¿Por qué tenía la impresión de conocerla hasta tal punto de estar tan seguro sobre su comportamiento? Finalmente, reí suavemente por ese mohín gracioso que hizo, justo antes de recolocarse las muletas y comenzar a andar. Reconocí ese deje torpe que a veces invadía su halo, por lo que preferí -y decidí- mantenerme cerca, según ella adelantaba las muletas, para luego alcanzarlas de un solo salto, con su pierna izquierda.

A pesar de que sus movimientos, dejaban entrever algún temblor o titubeo, parecía desenvolverse bien, mencionando que no era algo del todo nuevo para ella, aunque sí algo que no había practicado hacía, tal vez, demasiado tiempo-. Es una lástima que hayas tenido que volver a rememorar cómo hacerlo. -mencioné, con la intención de dejar claro que era todo un inconveniente haberse fastidiado el tobillo así-. Pero seguramente, en unos días, ya podrás volver a posar el pie con toda seguridad. Y ya no te harán falta. -anuncié, como fuera yo ahora el experto sanador que sugería y daba consejos o advertencias a los pacientes.
Entonces, podría reutilizar esa madera para ese tercer habitáculo de mi casa que aún estaba a medio hacer. La cabina principal, ya estaba terminada y tan sólo yo, conocía el cómo subir o bajar, reservándome esa información mientras no hubiese necesidad de desvelarla. Y por el momento, Kya no iba a ir a ningún sitio. O Eli, si no era conmigo.

Un pequeño gemido de esfuerzo, en la garganta de la sanadora, llamó mi atención, a tiempo de mirarla para encontrarme con sus ojos, semi entornados y esa sonrisa que volvieron a hablar de forma clara para el buen entendedor que había resultado ser, haciéndome saber que no se detendría hasta alcanzar la mesa.
Objetivo a un par de pasos más para cualquier persona, pero a una distancia que podía hacerse demasiado grande para alguien que no estaba en plenas facultades, como era el caso. Pero no objeté. Después de todo, ella mejor que yo, sabía de lo que era capaz. Así que, opté por seguirla de cerca, aunque escuchase esa molestia cada vez más evidente, conforme el esfuerzo se mantenía y, era más que probable, que el cansancio acudiera a ella con rapidez, después de tanto reposo.
Hasta que tocó la madera horizontal.
Se apoyó entonces en la mesa, dejando ambas muletas a un lado, sonriendo triunfal aunque cansada cuando volvió a mirarme. Enarqué las cejas por sus palabras antes de contestar:- Será entonces… -cuando ya estuviera acostumbrada- cuando tendrás que dejarlas, seguramente. -anuncié, con cierta diversión y una resignación sutil.
Apenas tuve ocasión de asentir, completamente de acuerdo con esa declaración de que su esfuerzo había sido suficiente para ese comienzo, cuando Kya formuló la pregunta, pidiéndome ayuda para regresar sobre sus pasos, hasta la cama.

Y la verdad, no me lo pensé mucho.

Opté por lo más cómodo y rápido, acercándome a ella con la intención de alzarla en brazos. Pero lo que no llegué a esperar, aunque pudiera no ser del todo obvio, fue su comentario posterior, enfatizado con ese golpecito en el hombro. Parcialmente agachado como estaba, alcé mi mirada, buscando la suya, con una de mis cejas alzadas y una sonrisa que no había llegado a controlar en ese momento. Una que se marcó de forma inconsciente cuando noté ese nerviosismo suyo que la hizo morderse el labio -un gesto más que común en ella- y después llegar a morderse la uña. Gesto que ya sí que me arrancó una risa suave.
Finalmente, hice el esfuerzo de incorporarme, rodeando las piernas de la sanadora por detrás de las rodillas con un brazo y su espalda con el otro, para alzarla conmigo, por muchas observaciones que ella me hiciera, dejándola con el suspense, mientras afianzaba su cuerpo en mis brazos-. Serán sólo unos pocos pasos… -comencé, mientras empezaba a andar hacia el lecho- pero tú ya has dicho que ha sido suficiente esfuerzo por hoy. -sentencié, ahora con ambas cejas levantadas, la mirada entrecerrada y un gesto de clara obviedad y suficiencia fingida, en el momento en el que llegaba junto a la cama en la que ella había estado tumbada o sentada estos días.

Con movimientos suaves, me incliné, para que Kya finalmente se quedara sentada, y poder apoyarse en ese burdo cabecero de la cama, si le apetecía. Dejé que se acomodara, para volver a erguirme antes de girarme y volver sobre mis pasos para recuperar las muletas. Trastos que acabé dejando justo al lado de esa mesita que ella ya usaba. Para que le quedase todo a mano.

No contento con ello, hice otro viaje más para llevarle un pequeño odre, antes de sentarme en el borde, y tendérselo-. Toma, es agua fresca del río. De esta mañana. -Kya bien recordaría ese paseo matutino en el que ella se quedaba con mi hija, mientras yo iba a revisar alguna trampa puesta el día anterior y me pasaba por el río antes de volver.
Como mero agradecimiento, me valió esa sonrisa casi instantánea que me dedicó en lo que mi mente, de una manera curiosa, regresaba a ese comentario que había hecho la sanadora en lo que usaba las muletas. Pareciera que llevase décadas ejerciendo su oficio pese a que era realmente joven.
Nunca había sido un entrometido en las vidas ajenas. No era persona que preguntara por el pasado o simples expectativas, acostumbrado a vivir deprisa por ser terrorista. Nadie podía asegurarnos el seguir con vida al esconderse el sol cada día, ¿qué sentido tenía indagar en la vida de los demás que se cruzaban en la tuya?
No obstante, mi sentencia de muerte ya tenía una fecha estimada si yo no hacía nada. Aunque fuese obvio que haría algo, de no ser así, sabría que duraría poco. Y digo poco, porque ahora contaba con cierta inmunidad legal ante los dragones que me libraba de sus garras y torturas hasta la muerte. Bueno, la muerte en sus manos, solamente.
Dejé que bebiera, disfrutando de ese frescor que desaparecería en un rato más, mientras mi mente divagaba un poco y me animaba a curiosear sin motivo aparente, como pocas veces en mi vida había hecho:- ¿Hace mucho que ejerces como sanadora, propiamente dicho?




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Re: Treasures and Melodies {Trystan}

Mensaje por Kya el Sáb Oct 07 2017, 08:26

El hecho de mirarlo fijamente a los ojos de nuevo, perdiéndose en esos azules que estremecían cada centímetro de sí misma, le dificultaba el pensar con claridad... notando como sus pensamientos comenzaban a dispersarse en pánico. Ya que ella creía que su mente estaba inmunizada contra ese tipo de situaciones, es más... hasta juraba que realmente nunca había estado en una como esa, en la que su tacto y sus sentimientos parecían estar ligados y uno enloquecía al otro y como espejos, parecían agrandar la confusión que la perturbaba, al sentir las manos masculinas tras sus rodillas y en su espalda, rodear su cuerpo y sin problema alguno, alzarla... acunándole con semejante cuidado contra su propio cuerpo, tibio...tan seguro y protector que dolía... no por que físicamente doliera, tal cual, no. Tanta seguridad era lo que dolía, tanta tranquilidad... una que no había tenido nunca pero muy para sus adentros, la había deseado siempre.

Porque los días vividos uno a uno desde que ella tenía memoria habían sido una tortura y en ese espacio, contra el pecho de Trystan... esa tortura ya no estaba, sintiendo el pánico recorrer sus venas, la dificultad al respirar, el sentir su piel, el olor que llegaba a sus fosas nasales y como un perfume natural, revolvía algo en ella que se concentraba en un punto de su cerebro que mandaba mensajes confusos y  sin control, como si recibiera nueva información que estaba teniendo dificultad de procesar y que ni las ecuaciones más complejas del universo, podrían resolver, porque esto estaba muy lejos de ser calculado, previsto o experimentado con exactitud. Esto era... algo que hacía que todo en ella disparara alarmas de caos y su sentido común se fuera de vacaciones a Edén... junto con su seguridad, su claridad y su siempre tener una respuesta para todo... excepto al argumento que él había interpuesto para que dejara de buscar peros absurdos y que no había podido replicar.

Ahora, solo estaba el calor... ese tacto, ese olor que picaba en la punta de su nariz que podía jurar no lo había sentido nunca... como una nube invisible que borraba sus pensamientos sensatos y la empujaban al borde de un lago sereno de emociones, la aspereza de sus manos fuertes, sosteniéndole con una firmeza para nada dolorosa, manos que seguro habían sostenido armas, que trabajaban con esmero aquel espacio que los protegía de los elementos, esas manos que sostenían aquella pequeña con tanto amor y las manos que ella ya había sanado esa primera vez... contuvo su respiración por unos segundos, sintiendo como sus ojos se dilataban y la suave piel de su cuerpo se erizaba sin ser realmente perceptible y una ola de estática la paralizara en ese momento en que poco a poco... levantó su mirada, con sus labios entreabiertos y se fijaba en la fuerte línea de su mentón, aquella barba...ante la cual sus dedos picaron recordando cuando sus dedos se habían deslizado por ella la primera vez... ¿se sentiría igual de picosa?

Protegida entre sus brazos, dudosa, había posado su mano derecha sobre el hombro izquierdo del resistente para sostenerse y sus ojos azules estaban puestos sobre el semblante masculino esperando encontrar una respuesta plausible para lo que estaba sintiendo... consciente de aquella mano en su espalda, en cómo sus dedos se hundían en su piel y repentinamente era estremecida ante aquella cercanía peligrosa, tragando saliva como si así, mitigara la sequedad de su garganta, mientras bajaba sus ojos hasta la clavícula y luego esa nuez... repentinamente urgía beber agua y escaparse de ese lugar... ¿Qué demonios estaba pasándole? “¿estás idiota Kya?” se preguntó a sí misma, apretando sus labios, dejó que él la colocara sobre el lecho que reconfortó su cuerpo, sacándole un suspiro, mientras aflojaba el agarre que ella había mantenido para sostenerse... sintiendo la huella de las manos masculinas, marcadas en fuego sobre su piel... como si hubiesen quedado memorizadas y por un segundo quiso pasar sus manos e intentar borrar esa “huella” que la hacía sentir más confundida aún.

Sus ojos observaron con parsimonia como él se erguía y se empezaba a mover por la estancia, viendo su espalda, sus hombros, sus brazos y como su cuerpo furtivo y fuerte, con aquella seguridad marcada en cada paso, tosco y masculino...alcanzaba lo que fuese que buscaba y volviese junto a ella en cuestión de segundos robándole el aliento una vez más. La visión de aquellas cicatrices, le hizo tragar saliva una vez más, pero solo el vistazo rápido que seguramente él no podría haber notado, por haber enfocado sus ojos de nuevo en los de él, pero el secar de su paladar ante la idea del sentir de cada relieve con sus ahora inquietas puntas de los dedos de sus finas manos... como si con aquel simple tacto pudiera ser partícipe de la carga que estas representaban... espera ¿Qué? ... sus manos se presionaron mutuamente antes de separarse y con delicadeza se alzaron para abrazar aquel odre y sin quitar sus ojos de él, lo acercó a sus necesitados labios... y sin siquiera preverlo, estos dibujaron una sonrisa genuina y transparente, poseedora de dulzura y agradecimiento por aquel gesto que ahora mitigaba el delirio del que estaba siendo víctima.

Siendo consciente ahora del calor que sentía invadir sus mejillas y orejas, sin realmente enrojecerse, permitiéndose beber de aquella agua dulce que ahora bajaba por su garganta y por extraño que pareciese, parecía no ser suficiente...pero igual, era bienvenida para que la sed desapareciese y su garganta se hidratara y recordara como era sentirse así. La brisa suave, hacía que el silencio que se había generado entre los dos, fuese casi hipnotizante... una calma superior a toda sensación de paz conocida, que la hizo cuestionarse muchas más cosas que confusas se arremolinaban en su cabeza... calma que no fue perturbada por la pregunta que causaría que su mirada volviera a levantarse antes de bajar aquel odre, mientras su espalda descansaba en el respaldar de la cama y ladeando un poco su cabeza, conservase su silencio un poco más, hasta esbozar una pequeña sonrisa que fue acompañada por un aclarar de su garganta, dejando que sus dedos acariciaran el cuero que sostenía entre sus manos y con cautela lo tapaba para no derramar el contenido que ahora sentía refrescarle bien- Hace 6 años que lo hago sola...pero si tuviera que ser exacta... uhm... –musitó, mientras contaba con sus dedos y sonriendo proseguía- 7 u 8 años si cuento los dos años que tuve supervisión... y antes de eso, fui asistente de mi padre 4 años...así que pude observarlo a él y otros sanadores, trabajando... y antes de eso tuve 4 años de educación básica... Oh... he estado estudiando gran parte de mi vida... –murmuró como si apenas se diera cuenta del por qué nunca tuvo realmente tiempo para perderse en cosas de niñas.

Aguantó una carcajada al ver la cara del resistente ante tal descubrimiento, cubriendo sus labios rió un poco más antes de siquiera murmurar- ...en la defensa de mi padre... yo amaba aprender, nunca me obligó a nada, yo misma pasaba horas observando lo que hacía, sus notas... escritos y los pergaminos que otros sanadores le prestaban... creo que mi absoluta curiosidad por conocer, me movieron mucho más que el querer muñecas y vestidos bonitos...que nunca pude tener porque usábamos el dinero para cosas necesarias... –dijo mientras desviaba sus ojos a un punto en blanco de la estancia, dejando que las memorias volvieran a ella- ....hasta el día de hoy... creo que... me es difícil imaginarme encaprichándome con algo que no sea conocimiento...-musitó con suavidad, antes de girar su rostro hacia algo que estaba doblado junto al lecho, la chaqueta que el mercenario le había dado antes de partir- ...pero el conocimiento tiene un precio....y hay cosas que a veces... es mejor no conocer... –murmuró volviendo de a pocos su mirada hacia la del pelirrojo que seguro había seguido la suya hacia la chaqueta, frunciendo un poco su ceño, volvió a mirar la chaqueta, como si esta tuviese algo que ella no llegaba a comprender-... no estoy segura de querer saber más o entender un poco más... –ella era una mujer inteligente y estando en aquel lecho, también había tenido tiempo para pensar y algo le decía que lo que desconocía, era importante. Como también que no podía volver a casa... pero... ¿quería? Si le hubieran preguntado al día siguiente de despertar, a lo mejor hubiese dicho que sí, porque estaba preocupada por su familia. Pero justo en ese momento.... algo la hizo reticente de siquiera pensar en la posibilidad de.... ¿de?

Sus manos que aún sostenían el odre, presionaron apenas un poco, frotando con las yemas de sus dedos, la textura de la costura gruesa que lo mantenía sellado, sus finos dedos, juguetones, ahora eran los únicos reflejando de alguna forma que a lo mejor empezaba a pensar demasiado, junto a ese presionar de sus labios tan típico de ella. Cuando sintió ese calor ya conocido en su pierna derecha a nivel de su rodilla, el tacto de la mano masculina, junto a un suave movimiento que la hizo volver a mirarlo en completo silencio, mientras la interrogante escapaba de sus labios con aquella voz ronca tan propia de él… ¿estaba bien? Eso estaba preguntandose…sus ojos azules se mantuvieron sobre los de él, mientras su mano derecha se separaba del odre y sin dudarlo se posaba sobre la de él y presionando, formulaba con suavidad- … lo estaré….




"Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos."
Je suis pour toi. Tu prends ma main. . .:




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Kya
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Re: Treasures and Melodies {Trystan}

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