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Trozos del Pasado

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Trozos del Pasado

Mensaje por Letyko el Jue Sep 07 2017, 07:20

Pedazos de un pasado
Antes del Letargo

 

“Egypt”

 

El dragón de ojos violeta se encontraba recostado en una de las tantas dunas del desierto, sus ojos se encontraban cerrados para protegerse del intenso sol que lamía sus brazos desnudos. Portaba exclusivamente el shenti, en color blanco, bien anudado y por encima de las rodillas como pieza de ropa, pero en sus muñecas se extendían dos brazaletes de oro, con jeroglíficos escritos en estos, así como un collar de oro también, con el escarabajo alado. La capacidad del dragón para aguantar el calor era debido a su naturaleza, pudiendo relajarse de esa forma cuando un humano cualquiera ya habría muerto de una insolación y cuyo cuerpo estaría plagado de quemaduras, sus labios secos. Las escamas, de un violeta intenso, destellaban en sus costados cuando el sol se reflejaba en estas, tan hermosas como siempre.

Sintió movimiento a su espalda entonces, unos pies que se hundían ligeramente en la arena conforme estos daban zancadas. Escuchó el siseó de un objeto al ser blandido en su dirección y no le costó nada pararlo con la mano, abriendo por fin los ojos, apareciendo los orbes amatista, tan intensos como de costumbre. Se encontró en su mano una vara de madera, curvando su rostro en una sonrisa al ver de quien se trataba y no dudó en negar. -Eres demasiado evidente, te he escuchado a tres metros de distancia- murmuró, levantándose y placando suave al chico que portaba el arma improvisada. Este acabó por reír cuando el dragón ataco sus costados, cosquillas sin piedad alguna, provocando la risa del chico, de unos 10 años de edad, ojos de un lila muy claro, rasgos similares a los del mayor.

Letyko sonreía, acosaba al chico que se retorcía en la arena hasta que logró zafarse. -No vale papá... siempre me haces lo mismo, así no hay quien pueda contigo.- dijo el chico, levantándose con ayuda de su padre. Le sacudió un poco la arena, yendo vestido este igual al padre, sin los adornos de oro, tan solo un collar con una escama ámbar. -El truco está en ir muy lento, sin respirar apenas, blandir el arma mucho más cerca.- revolvió el pelo del chico, besando su frente. -Pero estás mejorando, esta vez solo te escuché a tres metros de distancia.- sonrió, rodeando el cuello del menor para caminar duna abajo, en dirección a la ciudad que erguía imponente al norte de donde estaban.

El chico quiso hacer una carrera con su padre, aprovechando la ventaja que tenía por ir delante de este, pero el de ojos violeta no se quedó atrás, dándole ventaja como cualquier padre haría, apreciando la línea de escamas lila que cruzaba toda su columna vertebral y se perdía en la prenda de tela. Corrieron hasta llegar a las puertas de la ciudad, donde se paró de una vez el chico, ya algo cansado, Letyko lo hizo un poco más tarde, sonriendo. -¡Te gané!- dijo emocionado, apoyándose en el muro, recuperando el aire. -Cada día eres más rápido... quizá deba ya a empezar a ponerme serio y entrenarte bien con la espada. - terminó de recuperar el aire, apoyando un brazo en la pared, antes de sentir al pequeño pegarse a si, emocionado, lleva demasiado tiempo pidiéndole que le enseñase a manejar una, quería ser fuerte. Le abrazó, recorriendo su pelo con la mano y caminó con este al interior de la ciudad.

Aún había alguna sección en obras, siempre los faraones levantando monumentos para reafirmar su poder, su divinidad. El chico echó a correr demasiado cerca de los capataces, armados con látigos y el dragón se tensó, no queriendo problemas ese día. -¡Lerysh!- llamó, en tono autoritario y el chico se detuvo, aunque le miró de forma desafiante, era igual que él, de tal palo tal astilla, pero el chico sabía que hacer cabrear a su padre no era bueno, acabaría castigado. Se acercó, con los brazos cruzados, en un intercambio de miradas serias que perdió sin remedio, recibiendo una colleja sonora. -Lo siento papá... no volveré a hacerlo.- masculló, instalándose un momento de silencio entre ambos, que quedó roto por el suspiro de Letyko, seguido de una sonrisa. -Tu madre estará terminando la comida, deberíamos ir o nos pegará a ambos.- acabó por decir, reanudando el camino hacia la zona más rica de la ciudad.  En el transcurso del viaje quiso saber como le iba a su hijo con el escriba, sabiendo que le daba demasiados problemas con lo pequeño que este era, también por los chicos con los que jugaba, al ser más fuerte era el cabecilla del grupo.

La vida no era muy emocionante, pero si tranquila y el dragón agradecía haberse mudado a la ciudad cuando su primogénito nació. Al no estar en guerra en ese momento no tenía que preocuparse por nada, solo el creciente malestar de algunos humanos hacia los dragones, por incidentes ocurridos con algunos más violentos. Acabaron llegando a la casa, en plena historia de como Lerysh había aplastado un escorpión antes de que le picase a uno de sus amigos. Nada más entrar apareció el más pequeño de la casa, unos dos años, reclamando los brazos de su padre. Este no dudó en cogerle y besar su nariz. -Pero bueno... si es mi hombrecito... tú también te estás volviendo fuerte ¿verdad? para ser tan grande como tu padre.- era imposible no sonreír ante la mirada del pequeño, de un tono anaranjado, sus pupilas rasgadas y unas leves escamas bajo los ojos, de la misma tonalidad. Y tras ese saludo, apareció ella, su melena azabache y larga suelta, sus ojos ámbar tan intensos, como dos gemas. La besó, mientras el pequeño se aferraba más a su padre, y ella a su vez acariciaba la espalda del chiquitín. -Rhael se ha pillado un disgusto cuando ha visto que no estabas ni tú ni su hermano.- menciono ella, con su melodiosa voz.

Nafertari estaba tan hermosa como el día que la conoció junto al pozo, cuando sus miradas se entrelazaron y el destino los unió. La amaba por encima de todas las cosas, siendo sus hijos los únicos en superar dicho amor. -Perdona... me apetecía un rato de soledad, pero Lerysh me ha encontrado, como siempre.- le pasó el niño a su mujer, cuando este reclamó uno de sus pechos para alimentarse, acariciando entonces Letyko la espalda del pequeño. La miró tras eso, rozando su cadera con la mano izquierda e inclinándose para besarla de forma más intensa, cuando se separó rozó su nariz, en un gesto cariñoso. -Te quiero- susurró, en la intimidad de esa cercanía, recibiendo la misma respuesta por parte de la dragona. -La comida está preparada ya, falta que mi fuerte marido saque el pan y lo parta.- comentó ella, sentándose a la mesa con el pequeño. Letuko no dudó, cogiendo este, caliente aún, sin quemarse, y lo partió en cuatro pedazos, tomando él el sitio del cabeza de familia. Las cosas estaban algo tirantes si, pero cada día, al salir el sol, despertaba junto a la dragona más hermosa del mundo, despertaba a sus pequeños y jugaba con ellos un rato antes de seguir acumulando sus tesoros.



Pero aquella escena no era más que el doloroso recuerdo de una vida más sencilla, donde él no era un inquisidor, donde Aldrik aún no había nacido, con unas preocupaciones bien distintas. Y si bien no cambiaría a Aldrik por nada del mundo, añoraba a su familia, a sus hijos, sangre de su sangre...  Solo que ahora era capaz de recordarlos, de admitir que existieron, no lo guardaba en su corazón para impedirle avanzar.




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Re: Trozos del Pasado

Mensaje por Moira el Jue Sep 07 2017, 15:48

Ay... ahora mismo estoy entre escupir corazones y notar el corazon quebrarse. Me ha gustado mucho la escena. Con el hijo y la mujer ♡ y esa anotacion final. Yyyy quiero mas escenas de esas *.*

Adopta con Aldrik e.e Zed dice que quiere ser el padrino. Luv u both. Un placer leerte ♡




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