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Fate... is a relentless and unforgiving one, is it not? {Trystan}

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Fate... is a relentless and unforgiving one, is it not? {Trystan}

Mensaje por Kya el Miér 6 Sep - 7:30

Después de este Oneshot
La sanadora que estaba de pie junto a Tormenta que estaba un poco más alejado de aquel fuego que debía apagar, preparaba las correas de la montura para recoger sus cosas y marchar. Estaba lista para volver a Talos y enfrentar lo que necesitase enfrentar, mucho más tranquila, se había quedado unas horas más en las cuales descansó lo necesario luego de lo agotada que se sentía. Una vez ajustadas las correas de la montura, la chica acarició el cuello del animal que se tornó inquieto- ... ¿Qué? Ya nos vamos, solo debo buscar mi morral y estamos... –dijo la muchacha dejándole lejos como su hermana le había recomendado antes de que marchase. Con su arco a la espalda, la sanadora caminaba hacia donde había estado los dos últimos días y el sonido de voces la hicieron detenerse en seco cuando cruzara cerca de un árbol sin hojas, pero de grueso tronco.

Cuatro hombres hablaban con sus voces roncas inentendibles “Creo que estuvo aquí” “¿Recuerdas como es la chica?” “ahm, la vi de lejos, pero creo que era así” un hombre mostró un papel. El otro tipo bufó golpeando al otro en la nuca “Si supieras dibujar sería más fácil” “¡hice lo que pude!” ¿Alguien la estaba buscando? O mucho peor... ¿alguien la había seguido? Y por ese lapsus de tiempo, inmóvil tras el árbol, supo que si la veían estaría en problemas, su corazón hablaba por ella al decir que la tensión se apoderaba de sus músculos, mientras contenía la respiración errática. Sus ojos azules, miraron de reojo al caballo apartado y luego como los hombres revisaban su bolsa, que no tenía nada de valor. Solo lo que había usado para descansar a medio camino con la híbrida que la había acompañado... solo debía llegar al caballo y podría partir. “Debe estar por aquí, dispérsense, debemos encontrarla”

La sanadora inclinó un poco su rostro y retrocedió un paso, sigilosa, luego otro... y otro, pero bajo la tierra en el siguiente, un trozo crujiente de madera hizo eco en el área, causando que dos de aquellos hombres, levantaran el rostro y la viesen de inmediato-...Mierda... –maldijo antes de escuchar que alertaban a sus compañeros “¡AQUÍ ESTÁ!” No podía correr hacia su caballo y arriesgarse que la capturaran, por lo que corrió en una dirección opuesta y se lanzó por una bajada de tierra mientras tomaba una flecha y cargándola en su arco, corrió para tomar por otro camino y rodear el trayecto y evitarlos corriendo como pudo, encontrándose con uno de frente que le quiso retener y agitada miró a todos lados, corriendo en otra dirección, aprovechando su agilidad al ser pequeña y ligera para atrincherarse tras una enorme roca, apoyando su espalda en ella, inhaló alzándose para apuntar con su flecha viendo tres de ellos venir por esa misma dirección. Eran humanos. No poseían rapidez alguna y menos agilidad y fuerza como había visto ya, en aquel dragón inquisidor que le había ayudado hace un tiempo en las granjas.

Si eran humanos, podría al menos reducir su número y hacerse tiempo y espacio para intentar escapar y llegar a su caballo. Tensando el arco, apuntó aquella flecha con precisión hacia el que se veía más rápido y fuerte. Soltando la flecha, vio cómo impactó en el centro del pecho del hombre que cayó pesadamente hacia atrás, uno de los dos sujetos se retrasó estupefacto al ver los borbotones de sangre que escapaban de la boca del seguramente ya agonizante hombre. Mientras el segundo iba a por ella, por lo que tomando otra flecha se dispuso a correr para cambiar su posición, pero en aquel escape, otro hombre apareció justo en medio de su camino para taclearle y provocar que ella cayera al suelo y tragara polvo, agitada se giró de inmediato para no perderlo de vista retrocediendo sobre su espalda para patearlo en las espinillas cuando intentó agarrarla, esforzándose para levantarse y sentir cómo el sujeto la tomaba por su pierna derecha y la jalaba causando que un brusco dolor la hiciera emitir un quejido, mientras la intentaba de inmovilizar contra el suelo. Ella forcejeó moviéndose como podía, extendiendo su mano derecha hacia su pierna derecha donde siempre guardaba aquella daga que llevaba por seguridad, sus dedos apenas pudieron rozar el extremo de esta hasta que pudo sujetarla y haciéndose con ella, cuando el hombre la giró queriendo sentarse sobre ella, la sanadora alzó sus caderas, haciendo que perdiera el balance y con una furia inusual, incrustó la daga en su pierna, una primera vez, escuchando el grito, antes de sacarla y volver a incrustarla y sin dudarlo, la sacó y la incrustó de nuevo hasta que se pudo escurrir y levantar para comenzar a correr de nuevo, dejando al sujeto herido, tratando de contener la sangre de su muslo.

Divisando la fogata, supo que si corría más rápido quizá llegaría a escapar... no sabía dónde estaban los otros dos y miraba a todos lados y a sus espaldas por si aparecían de nuevo al ruedo. Agitada, algo sucia y adolorida, con su pierna lastimada, tuvo que detenerse, sintiendo su tobillo derecho hinchándose en su bota, emitiendo un quejido bajo, mientras mordía su labio inferior y tomaba fuerzas para intentar correr de nuevo, pero el sonido de cuero y un silbido de cuero la hizo abrir mucho sus ojos cuando algo retuvo su tobillo malherido y de un tirón sintió el dolor aumentar con un latigazo que recorrió desde su tobillo hasta su muslo y a partir de allí... todo fue en bajada. Cuando cayó de bruces a tierra frente al fuego que aún ardía, golpeándose la cabeza con una roca mediana que la dejó aturdida. Un agudo sonido sordo se apoderó de sus oídos, mientras todo le daba vueltas y veía tres veces todo, moviéndose sobre la tierra.

-Ya era hora que la capturáramos ¿Cómo están? -

- Dian está muerto... la perra le disparó una flecha... parece haberse ahogado en su sangre...Leith, está muy mal herido... no creo que pueda ponerse en pie... –

Hablaban los hombres que ella no conocía, escuchaba sus pasos y apenas comenzaba a recuperar sus sentidos, que le hicieron darse cuenta de aquella caliente sensación que parecía escurrir por su sien izquierda. ¿Sangre? Su cabeza se sentía explotar y apenas podía dejar de ver colores chillones en las tonalidades naranjadas del atardecer y el fuego que estaba cerca. Mientras agitada intentaba volver en sí, arrastrarse... algo. Los pasos se aproximaron a ella, y vio una borrosa silueta que se acuclilló delante de ella y poco a poco empezó a aclararse. Pero eso no quitaba el dolor de cabeza que la estaba comiendo viva.

-A ver... dicen que tú eres la hija de aquel sanador, que transportaba lo que buscamos desde hace dos putos años... ¿dónde lo tienes? ¿La lista? ¿La información? No tenemos todo el puto día.

¿Qué? ¿de qué mierda estaban hablando? - No sé de qué están hablando…-contestó, mientras sacudía su rostro tratando de apartarse de aquel hombre que literalmente la sujetaba por su nuca forzándola a mirarlo, mientras respiraba pesadamente y sentía el dolor de su tobillo derecho, palpitar y avisarle que se estaba hinchando, mirándolo fijamente, el desafío estaba plasmado en los ojos de la sanadora que buscaba encarar a sus atacantes de aquel modo. El atardecer estaba reflejando sus luces en las montañas lejanas y parte de los páramos que no eran cubiertos por las sombras de las montañas, el viento soplaba suavemente, mientras sus voces se escuchaban sordas en medio de aquella amplitud. Necesitaba soltarse y alcanzar la daga… buscarla y la mejor solución era no ejercer lucha alguna y esperar el mejor momento para sorprender a sus agresores.

Eran dos hombres y evidentemente ella iba perdiendo al tener un tobillo lastimado e hinchado y aquel golpe en la cabeza no ayudaba en nada- No sé nada de lo que están hablando… -dijo mientras el agarre en su nuca aumentaba y la hacía estremecer. Jadeando tratando de conservar su temple en aquella situación que bien sabía podía acabar con ella muerta. ¿En serio iba a dejar que eso pasara? No, estaba dispuesta a prestar batalla, pero no era idiota tampoco y no iría en contra de aquel par de trogloditas, teniendo las de perder, sin agotar todas sus posibilidades. El hombre la soltó mientras se erguía buscando la opinión de su colega, sobre lo que ella estaba diciendo, mientras hablaban entre ellos “Quizá debamos forzarla a hablar” decía uno burlonamente, “a lo único que voy a forzarla es a gritar si no coopera” quizá queriendo atemorizarla, pero ella escuchaba sordas aquellas palabras mientras sus ojos azules daban con las rocas que circundaban aquel fuego que había iniciado hace un tiempo. Rocas al rojo vivo...trozos de madera candentes… se quemaría la mano, pero al estar el otro un poco más alejado, quizá tendría tiempo para defenderse a pedradas si atinaba a la cabeza de ambos tipos.

Las flechas de su carcaj, habían quedado desperdigadas en la caída y su daga… estaba brillando por su ausencia….joder y mas joder. “Piensa rápido Kya…” pero su cerebro no estaba para pensar… el dolor de cabeza por el golpe hacía eco en cada hemisferio de su bien nutrido cerebro que ahora insistía en ser igual de útil que una estrella marina reposando al sol.Tardó demasiado en pensar, quizá cada pensamiento le costaba el doble, o al menos formularlos con coherencia, sumando el dolor del tobillo y el de la cabeza juntos y entonces asimilar la situación, el peligro inminente a su vida y el pánico de ello. Al escuchar los pasos cerca y esa defensiva sensación que comenzaba a tomar control de su cuerpo, quiso tener alguna pista para comprender un ápice de lo que estaba pasando “Vamos a ver si no va a hablar cuando se lo saque..” el sonido de un cuchillo siendo desenfundado, la adrenalina… sus ojos azules vieron una piedra sobresalir de los despojos quemados, era gris, pero de formas bruscas y rústicas.

Una fuerte mano la sujetó violentamente del brazo, pensando que la muchacha sería igual de dócil que esos pocos segundos que los había dejado hablar. Eso deseaba que creyeran. Y ante la sujeción violenta en su brazo derecho, su automático movimiento defensivo fue el protagonista de un nuevo ataque en el que la muchacha extendió su brazo izquierdo, tomó la roca gruñendo por lo bajo y con una fuerza adrenalínica le estampó un golpe con aquella roca en la cara sintiendo el calor de la misma quemar la palma de su mano, al unísono con una maldición y un grito de furia del sujeto herido que se cubría la cara por un momento. Momento que la sanadora utilizó para zafarse y utilizar sus últimas energías para patearlo en una pierna, en un último intento de escape, con aquella poca capacidad motora que no estaba averiada por el golpe en la cabeza, se irguió y sintió un terrible mareo apoderarse de sus sentidos, su vista varió pero pudo ver aquella daga suya que yacía a unos cuantos metros de ella y justo cuando iba a alcanzarla, esperanzada… fue derribada por el segundo hombre que la alcanzó a tiempo. Luchó, pateó, gruñó y maldijo tratando de liberarse del agarre del segundo hombre que aplastaba su cuerpo contra la tierra “Basta de juegos y sorpresas, cuando acabemos contigo…” formuló.


Última edición por Kya el Lun 11 Sep - 7:19, editado 2 veces




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Re: Fate... is a relentless and unforgiving one, is it not? {Trystan}

Mensaje por Trystan el Sáb 9 Sep - 10:37

FDR:
Todo lo que implica a terceros personajes del foro ha sido pactado con antelación

Aquel era, tal vez, mi último viaje a las cuevas, por logística y algunos asuntos que me faltaba cerrar antes de poder decir que comenzaba completamente esa nueva etapa que afrontaría con todas las ganas del mundo en compañía de mi pequeña. No sólo ella me acompañaba en el camino. En cuanto se enteró de mi pequeño cambio de aires, Kyrieth quiso ser partícipe, ayudándome. Se había presentado en las cuevas, buscándome, tomando la posterior decisión de acompañarme de vuelta al bosque.

Al final, partimos más tarde de lo esperado y apenas cruzábamos los Páramos cuando ya el sol caía estrepitosa e inexorablemente hacia la línea del horizonte. La arquitecta andaba locuaz, dándome una tranquila conversación mientras Elianne se acurrucaba en la tela que había predispuesto y atado previamente a mi espalda, a modo de mochila delantera, para que no acusara más que el movimiento rítmico de mi cuerpo al montar a caballo. Al principio, estiraba la mano y repasaba el vello de mi barba, riéndose por lo extraño del tacto. También era cierto que, de vez en cuando, no podía evitar hacerle alguna cucamona para entretenerla. ¿Quién podía resistirse? Hasta Kyrieth, en alguno de los descansos que hicimos, jugaba con ella, bajo mi tranquila mirada. eLa resistente se mostraba ya bastante ágil con esa prótesis que había diseñado, aunque hubiera determinados movimientos menos comunes que le costaban algo más. Pero era algo puntual.

Un grito. Bueno, varios, me pusieron sobre alerta, mientras seguíamos nuestro camino. Detuve en seco mi montura y la de Kyr paró en consecuencia. No me hizo más falta que mirar a mi compañera de viaje para que fuese ella la que me tendiera los brazos para que le diera a la pequeña. De mutuo acuerdo, decidí adelantarme, para ver qué pasaba. Sin duda, habría sido más fácil, de haber estado en los bosques. Ahí no había forma posible de ocultarse. Una vez asegurándome de que Elianne estaba en buenas manos -mejores, imposible-, espoleé mi caballo, en dirección a ese ruido.

Llegué a tiempo para ver cómo dos hombres atacaban a una muchacha en el suelo. ¿Esa no es...? Fruncí el ceño, entrecerrando la mirada como si así alcanzara a ver de forma más nítida. E independientemente de que reconociese a esa sanadora que ya me había salvado de una puñalada en Talos, sentí esa rabia desbordándome en tensión. Lo suficiente para apretar las riendas hasta hacer mis puños blanquecinos.
De repente, Kya lanzó un golpe y su atacante más próximo un alarido. Se zafó y se levantó más que dispuesta a huir pero cayó al suelo de nuevo cuando el otro la alcanzó, empezando un forcejeo cuando yo ya bajaba del caballo y corría hacia ellos.
- Basta de juegos y sorpresas, cuando acabemos contigo… -es todo lo que llegó a decir antes de que yo, de sorpresa, me acercara, agarrase con furia su cabeza y de un movimiento brusco, el aire fue latigado con un chasquido seco de su cuello. Exhalé fuertemente, antes de mirar al otro hombre que había quedado fuera de juego momentáneamente.
- ¡Quién coño eres tú? -inquirió, aún con una mano en el lateral de la cara que Kya había golpeado con algo contundente-. ¿No te enseñaron a no meterte en los asuntos de los demás?
- ¿Y a ti a no atacar mujeres? -contesté, algo molesto.
- ¡Esa zorra me atacó primero! -mis ojos se desviaron hacia la chica un instante. ¿Ella atacar primero? Mira que costaba siquiera imaginármelo. Pero a tiempo, volví a mirarlo para verlo en carrera hacia mí. Me moví ligeramente, pero consiguió alcanzarme de refilón y, por ende, haciéndome caer al suelo, aunque no como él quería. Gracias al reflejo de las llamas, supe reconocer el brillo metálico en una de sus manos. No había tenido tiempo de clavármelo, por desgracia para él, pues fue mi primer objetivo. Agarré su mano y ejercí presión hasta volver a oír ese característico crujido que le hizo aullar de dolor. Al soltarlo, él hizo lo propio con el cuchillo, que recogí yo con sumo gusto. Para removerme y asestarlo con toda la fuerza que pude reunir, clavándolo hasta la empuñadura en su lumbar. No contento con esas voces que denotaban su sufrimiento, hastiado, saqué el arma de su carne y lo empujé para que rodara hasta quedar con la espalda en el suelo. Fueron segundos después, cuando ese imbécil era degollado y su sangre salía a borbotones por el corte de su cuello.

Con una exhalación me incorporé, a tiempo de oír un pequeño ruido unos cuantos metros más allá. Me olvidé un momento de Kya, a sabiendas que aún se movía de forma lenta e impedida, para acercarme a aquel tipo que se arrastraba por el suelo, con una pierna ensangrentada-. ... Por favor. -murmuraba cuando hinqué una rodilla a su lado. En lo que él alzaba erráticamente su mano, yo hundí el cuchillo de su compañero por debajo de sus costillas, hacia su corazón. Una aspiración se escuchó como último estertor. No podía dejar a nadie vivo si quería garantizarme cierta seguridad. Y para cuando aquel tercer hombre ya no respiraba, mis ánimos estaban mucho más calmados.

Sin demora, ahora sí, me acerqué a la sanadora-. Eh... -murmuré, queriendo llamar su atención. Pese a que estaba aún aturdida, la noté tensa y con la respiración medio alterada-. Ya estás a salvo, Kya. -musité para calmarla. Tuve la impresión de que reconoció mi voz, pues se tranquilizó casi al instante. Una vez que me cercioré que aquel golpe de su cabeza no era más que una contusión, me rasgué una de las mangas para enrollar la tira alrededor de su cabeza, para que hiciera presión en la herida y llegase un momento en el que dejara de sangrar-. ¡Kyrieth! -grité, bastante confiado en que la muchacha me escucharía, comprendiendo que ya no había peligro. Una vez conmigo, le expliqué la situación en lo que alzaba a Kya para que montase en mi caballo. Así, podría apoyarse en mí el resto del viaje, sin sufrir ninguna caída o golpe más. Ya se había llevado bastantes.
Con aquel imprevisto, por un momento, no supe qué hacer. Llevarla a su granja no era una opción. Pero tampoco lo eran las alcantarillas. Fue Kyrieth quien me mencionó esa casa que utilizaría a partir de ahora en pleno bosque. La falta de costumbre no la había traído a mi mente con más rapidez.
Así pues, pusimos rumbo a esa casa a medio hacer aún, atando su caballo al mío. Kyr trotó a nuestra altura el resto del viaje, manteniendo a la pequeña caliente y dormida. Horas más tarde, llegamos al lugar.

Desmontamos con cuidado. Quién sabe si por cansancio o el mismo aturdimiento del viaje, Kya se había sumido en la inconsciencia. Gracias a un pequeño elevador -otro ingenio de Kyrieth-, subir a las tres y algún bártulo extra, no fue mayor problema, pues el juego de poleas, evitaba que se me hiciera un trabajo forzoso y agotador. Una vez ellas estuvieran arriba y a salvo, me encargué de las monturas. Tormenta pareció reconocerme, pues volvió a molestarme con un pequeño empujón cuando lo liberé de la silla. Y con ésta y un par de mochilas más, subí por unas escaleras con cuerdas retraibles. Una pequeña fortaleza de madera de difícil acceso si pretendías hacerlo de forma inesperada. Consistían en tres habitáculos, en tres troncos de árbol diferentes, conectados por unos puentes de madera y cuerdas que también se recogían por poleas. Una obra que dejaba claro el ingenio de Kyrieth y hasta de Derek. Dos de esos habitáculos -los más pequeños-, aún estaban sin terminar, aunque uno de ellos, estuviera cubierta con una simple lona de color verdoso.
No tardé en poner a Kya en el lecho que tenía la parte más grande de esa casa. Kyr dejó a Elianne en un pequeño colchón hecho de paja, mientras montaba esa cuna que le había hecho, para luego, poner a la pequeña en ella. Con mis mínimas dotes de sanación -casi nulas-, le cambié la venda de la cabeza, cubrí también la quemadura de su mano con tela húmeda para aliviar el dolor y le quité las botas que traía para que no le doliera el pie con la hinchazón.
Ahora con las dos dormidas, pude disfrutar un poco más de una buena conversación con Kyrieth, como culmen de aquella agitada noche. Pero llegó el momento de una despedida, pues ella tenía que volver a la base.
La noche pronto tocó a su fin y, en esta ocasión, fue Elianne quien llamó mi atención cuando empezó a hablar desde su cuna. Me hizo sonreír en lo que me acercaba-. Buenos días, pequeña. -ella me contestó con un gritito y una sonrisa, dando un par de patadas con emoción-. Sí, sí. Yo también me alegro de verte. Ven. -dije antes de sacarla de la cuna y tenerla en mis brazos. Mi hija no tardó en volver a hundir sus finos dedos en mi barba, como siempre hacía cuando tenía ocasión. Siguió hablando como si yo pudiera entenderla, disfrutando de esos ruiditos mientras ella misma se divertía con el sonido de su propia voz, mientras yo me acercaba al sitio donde había dejado uno de los petates que me había traído de las cuevas-. ¿Quieres desayunar? -no sé por qué me veía hablando con ella como lo pudiera hacer con otra persona cualquiera-. Mira lo que Erah me dio para ti. -añadí en lo que sacaba un pequeño odre de cuero, lleno de leche con algo de avena triturada para espesarla. No supe bien si se emocionó por la comida o por la mención de aquella que había hecho tantas veces de madre para ella. Al poco, decidí sentarme en el suelo, para poder poner a Elianne en mi regazo, al cruzarme de piernas. Ni había abierto el odre y ya caí en la tentación de jugar con ella un poco más.




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Re: Fate... is a relentless and unforgiving one, is it not? {Trystan}

Mensaje por Kya el Lun 11 Sep - 7:17

“Envuélvete y cierra los ojos. Porque si apareciese la Gorgona y la vieses, no podrías jamás volver arriba -Divina Comedia. Dante Alighieri”

El dolor… es uno de los sentimientos más poderosos que puedan existir. Este sentimiento aliándose con el miedo...era mucho peor...era humana, claro que temía a lo que pudiese pasar, sin embargo, no era algo que se preguntase diariamente, como también tenía muy claro que la muerte a todos les llegaba, tarde o temprano y era un proceso natural… lo normal era desear una muerte sin dolor y por la edad…pero cuando te encontrabas con esa situación en que sentía como aquel sujeto apretaba su cuerpo contra el suelo y sus manos buscaban inmovilizarla, con su corazón al cuello y sintiendo la acidez de su estómago subir, forcejeaba dolorosamente deseando liberarse...porque se rehusaba a ser una víctima más. Pero era evidente la temible desventaja en la que estaba y que ese podía ser su ultimo día vivido...su ultimo… “Aún no he cumplido lo que deseo…” pensaba lastimera justo...cuando más pasos se escucharon “Oh no …” estaba perdida.

El espíritu de la sanadora se vino abajo con la sola idea de que fuesen más de aquellos criminales. Le costaba enfocar porque su cerebro estaba deseando apagar las luces de su cuerpo por un tiempo en la inconciencia; por aquella sensación adormecida que tenía, después del golpe que había recibido. Cuando escuchó aquel sonido de crujido que anuncio algo terrible, sintiendo el peso alivianar sobre si y finalmente el peso muerto desplomarse a su lado...la confusión y la adrenalina comenzaron a acumularse en sus venas, mientras intentaba recuperar el aliento.

Esa voz…
Esa voz que había escuchado le había sacudido hasta los huesos, ¿podría ser…?
Su vista temblorosa y aturdida con aquella dificultad visual le impidieron enfocar bien, pero los gritos de lucha la hicieron hacer un esfuerzo sobre humano por apoyarse en sus brazos y tratar de erguir su cansado cuerpo, pero el dolor en su pierna la hizo maldecir por lo bajo, punzada que la hizo llevar su mano derecha para apretar su pantorrilla y bajarla hasta su bota a nivel del tobillo. No sentía protuberancias…no había huesos fuera de la piel, ni parecía realmente haberse descolocado terriblemente, su vista que reproducía cuatro imágenes de cada cosa…finalmente se detuvo en el fuego que ardía a su lado, la sensación de ahogo por el temor.

Los gritos de agonía, luego silencio, le daban un panorama que le preocupaba. ¿Si habían sido alucinaciones suyas? Escuchar aquella voz fue como un bálsamo temporal al inicio…pero no tenía la certeza de que lo fuera…dioses, tenía que huir…sentía su cabeza a punto de explotar, su corazón latir a una velocidad dolorosa e irregular, su respiración entrecortada por el dolor que aguantaba como campeona sin quejarse. Le recordaban ese deplorable estado en el que estaba… por lo que su mano buscó aquella daga que solía utilizar, sintiendo la empuñadura rodeándola con sus finos dedos antes de escuchar pasos y rehusarse a bajar la guardia.

Esa voz… le causó escalofríos y no podía pedir más a los dioses. Inhaló intensamente-… ¿Trystan? … -murmuró entonces. Escuchando aquella confirmación de que estaba a salvo, escuchando su nombre en esa voz que, le sacó un suspiro profundo-… oh dioses… -susurró bajo sintiendo como un enorme peso abandonaba sus hombros y dejaba tras ella una estela de querer llorar del alivio…mas no lo hizo. No lloró y se dejó revisar, intercambiando un par de palabras a medida que forzaba a su vista a enfocarse y así reconocer al pelirrojo a quien se alegró infinitamente sentir cerca… como agua fresca cayendo sobre ella, su cuerpo se destensó al instante y una débil sonrisa se dibujó en sus labios antes de apenas murmurar un muy suave-…si… estás aquí… -quería abrazarlo, quería aferrarse a él y esconderse para poder respirar de nuevo, por un momento sus lágrimas amenazaron con salir, pero las forzó para sí misma y no dejó que todo lo que sentía desbordarse, se derramara y apreció sus cuidados por más sencillos que fuesen, el sentir su calor, escucharle…solo eso bastaba en ese momento para que ella se sintiese viva. Y de repente estaba lo suficientemente agotada para dejarse ir, sin embargo, apenas tuvo conciencia para entender parte de los fragmentos de conversación de él con aquella muchacha que le acompañaba, ella… estaba muy ocupada empapándose de su olor y su calor, su cercanía era sin duda motivo suficiente para no preocuparse más.

Cuando recogieron lo que faltaba (o al menos eso imaginó) ella intentó ser útil, no poniéndole todo el peso al pelirrojo cuando la sostuvo para montar en aquel caballo que sabía no era suyo… igual liberó un quejido bajo al cruzar su pierna herida y poder sostenerse sobre el animal que relinchó, removiéndose un poco, sintiéndose abatida…y agradecida, a lo mejor estaba demasiado aturdida para saludar y presentarse formalmente a aquella chica que escuchaba y apenas había visto, pero esperaba conocer después. Debido a ese combate entre la consciencia y la inconsciencia, sujetándose de las riendas, no prestó mayor atención a nada más que la suave brisa que acariciaba su rostro con aquella frialdad nocturna, haciéndola recordar... llevó una de sus manos a su pecho y buscó con sus dedos entre sus prendas aquel pendiente de plata que tenía aquel símbolo que había descubierto en uno de los bolsillos de esa chaqueta, dentro de un papel doblado con una carta escrita a puño y letra de su progenitor. Un último regalo que indicaba el final de aquellos dos años de terrible culpabilidad y tristeza, hasta que el resistente subió a sus espaldas. Al inicio ella intentó mantenerse erguida, despierta... pero luego con el transcurso del viaje se permitió apoyar su espalda contra el pecho masculino y así suspirar aliviada...dejándose ganar por el agotamiento...y finalmente perder todo sentido.

La contusión en su cabeza no era tan grave, como podría verse, ya lo descubriría luego, la quemadura en la mano, no era tampoco grave, pero le causaría dolor como corresponde por un tiempo y sin embargo su tobillo, prometía sin duda un mayor problema. Nada que ella no pudiese arreglar cuando estuviese en sus sentidos completos, Tormenta siguió sin rechistar a los otros caballos, acoplándose al ritmo llevando con él todo lo que la sanadora había empacado. Todas sus pertenencias. La sanadora no se daría cuenta de nada más de lo que representó ese viaje para ellos, ni del llegar a un lugar seguro, ni cuando fue recostada en aquel lecho donde su agotado y dolorido cuerpo descansaría sin despertar debido al estrés y adrenalina que drenaron de ella hasta la última gota de energía.






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