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Mensaje por Cedrik el Jue Ago 31 2017, 19:59

Cuando traspasó la puerta del tugurio una bocanada de olor a rancio, alcohol y lo que descifró asquerosamente como un vómito lo hicieron arrugar la nariz ante la irónica oración de: «Hogar, dulce hogar», que se le antojaba incluso ridícula. La última vez que había pisado aquel lugar acabó cruzando un par de puñetazos con los hombres de Slane para salvar a la ladronzuela de Drish. Pero lejos de ser lo único que había salvado se obligó a olvidar a ambas morenas con la esperanza de que, en aquella ocasión, no tuviese que cruzar puñetazos por desconocidas.

¿Por qué tenía la sensación de que en las últimas semanas sólo salvaba a féminas en apuros? Negó con perplejidad ante la realidad de su actual vida. ¿O es que siempre había sido así? Ahora dudaba.

Los gélidos orbes batieron la diáfana sala. Las capuchas, sombreros y extrañas bandanas de algunos clientes evitaban que reconociera a primera instancia a toda la clientela y en parte le otorgaba cierta inquietud que le erizaba los pelos de la nuca. Era consciente de que Slane se la tenía jurada por la última vez, mas esperaba que el necio estuviera demasiado ocupado extorsionando a alguien, o demasiado ciego de opio para importunar la reunión.

Capucha ajustada se aventuró a sortear sillas y mesas hasta alcanzar la barra. Pidió una cerveza, a sabiendas que aquella en particular sabía a meados, y se la llevó a los labios. El caldo de fermentación que degustaron sus papilas le hicieron arrugar la nariz y mirar al conocido camarero con cara de circunstancia.

Dime la verdad, ¿esto es meado de vaca, cierto? —susurró divertido para que solamente oídos cercanos lo percibieran.
En realidad, recogemos las letrinas y las vaciamos en los toneles —bromeó con una sonora carcajada—, pero siguen siendo cuatro monedas.

Extendió la mano para recibir lo indicado. Cedrik rodó los ojos y le dio lo solicitado. El camarero cabeceó hacia cierta dirección del lugar haciendo que el mestizo girara la cabeza en la dirección señalada. La pinta de cerveza quedó abandonada en la barra cuando se levantó y deambulo de nuevo a través de las mesas hasta llegar a uno de los rincones más apartados y menos iluminados por los danzantes farolillos de las vigas. Se dejó caer en uno de los taburetes cercanos a la pared y apoyó la espalda suspirando con pesadez.

Sigo pensando que ese tipo usa orín  para la cerveza —farfulló—. Eso o de verdad es meado de letrina… —dirigió los gélidos iris hacia su compañero—. Veo que recibiste mi mensaje, a pesar de llevar cierto tiempo desaparecido.

El mensaje mandado consistían en un método de símbolos posicionados en ciertas zonas visibles -para aquellos que sabían observar- en las calles de Talos. El Teniente conocía algunos de los lugares dónde la situación de esos símbolos eran utilizados, pero sólo podía descifrar apenas un par, pues los demás, de espías o aliados de los insurgente sólo los indicados podían decodificar. En aquella ocasión, su símbolo personal había sido escrito en la fuente el día de antes con la apalabrada condición que fue pactada por los implicados tiempo atrás.




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Mensaje por Trystan el Vie Sep 01 2017, 20:06

Después de mi pequeña aventura -o charla, como prefiriese llamarse-, con aquella dragona de pelo claro tan peculiar e inconsciente me dispuse a esperar a que mi interlocutor llegase. Sí, inconsciente. ¿Qué otra definición podía tener? El Poisonclaw no era el mejor lugar para un dragón bien de la ciudad. No supe decir si había tenido suerte de que yo estuviera, pues algunas personas presentes ya me conocían y los rumores de que había sido vista con un resistente podían extenderse como la espuma, como desventaja.

Aunque, sinceramente, a estas alturas y con la fama de la inquisición entre los dragones, era difícil pensar que fuera a tener problemas. De ser un humano del pópulo, la cosa podría cambiar.

Volví a ese asiento que había elegido desde el principio, llevándome esa jarra de hidromiel que aún no había acabado. Quedaba poco, pero aún tenía tiempo para esperar al teniente. Quizás cuando lo viera, pediría más bebida, pero por el momento estaba servido. Servidísimo, vamos. Tan sólo me faltaba...
Eché mano a uno de mis bolsillos para sacar una pequeña bolsa con tabaco, que con maña lié en un burdo cigarrillo y lo encendí con el fuego de una de las velas que tenía más cerca, dispuesto a esperar, mientras barría el local con mis ojos azules. Podía notarse en el ambiente que el sol estaba ocultándose, si es que no lo había hecho ya, pues las conversaciones y comentarios en alta voz, ya hacían alusión al toque de queda impuesto. No obstante, aún quedaba tiempo suficiente, si Cedrik no se demoraba mucho en llegar. Cosa que me parecería demasiado extraña, pues acostumbraba a ser puntual.
Y efectivamente, no tuve que esperar mucho para verlo aparecer por la puerta. Lo seguí con la mirada oculta bajo la capucha, en lo que él se acercaba a la barra y pedía su tradicional cerveza. Tras una conversación corta que no llegué a escuchar, el camarero cabeceó en mi dirección y Cedrik, al verme, se acercó con aire hastiado.

Reí con suavidad por ese farfullo, como simple saludo. A estas alturas y confianza no era necesario ningún apretón de manos o abrazo fraternal. Prefería evitarlos, de hecho. Cedrik estaría en una precaria situación si alguien nos reconocía a ambos en unas circunstancias como aquellas-. ¿Nunca te has preguntado por qué yo ya no la pido? -para una persona perspicaz y atenta, podían ser meses. Aunque lo cierto era que hacía bastante tiempo que no veía a mi amigo. Y tampoco era una costumbre relevante, en realidad. Sutilmente, empujé la jarra de hidromiel que acababan de ponerme, hacia su posición. Con la sana intención de que probase, si es que no lo había hecho ya.
Apenas tardé en inclinarme hacia delante, apoyándome en la mesa por los codos, con actitud algo más confidente, mientras asentía con la cabeza, sin movimientos bruscos. Acabé suspirando largamente aunque con el barullo, Cedrik difícilmente lo oiría-. Ya he evitado al mundo demasiado tiempo. -poco después de que me hicieran desafiado. No, desde hacía unos pocos meses, en realidad, antes de que mi pareja desapareciese. Alcé mi mano, con el cigarrillo entre mis dedos para poder darle una calada larga. Aspiré, para poder sacar el humo por la nariz, antes de proseguir:- Ahora tengo nuevas responsabilidades con las que debo lidiar. -por llamarlo de alguna forma al hecho de tener una pequeña criatura a mi cargo y, por fin, tomarme del todo en serio el ser padre casi a tiempo completo. Aunque había reuniones que no podía obviar, tampoco-. Pero ya era hora de que recuerdes como era mi cara. -lo miré con la diversión impregnando mi tono y mirada, con una sonrisa socarrona en mis labios, contento realmente por volver a verlo-. ¿Cómo va todo por el otro frente? -inquirí, alzando el mentón un segundo, señalándole.
Si me preguntaran en ese momento la impresión, diría que para Cedrik no había cambiado gran cosa en esos meses en los que yo había estado desaparecido.
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Mensaje por Cedrik el Dom Sep 03 2017, 12:55

No pudo evitar alzar sendas cejas y dedicarle una iracunda -más o menos- mirada a su compañero. Pues no, no se había planteado por qué el resistente había dejado de tomar cerveza de orín de vaca en aquel lugar, o sí. No quería recordarlo. Suficientes cosas tenía en su cabeza. Demasiados cambios que lo llevaban a olvidar cosas insignificantes como era la asquerosa fermentación que destilaban en ese tugurio de mala muerte. Y la evidencia lo apuñaló en una maldición interna por ser tan gilipollas. Acabó suspirando tan profundamente que parecía que iba a batir un nuevo récord. Si Trystan supiera … si conociera sus últimas semanas lo comprendería. O no. Era más que posible que le dijera lo que era evidente: que estaba atontado perdido. En su defensa podía decir que era culpa de la malvada ninfa que lo había embaucado. En fin, se limitó a gruñir en consecuencia a su primera pregunta.

Sin mucha reticencia tomó la jarra de hidromiel que le ofrecía y le dio un buen sorbo. No sabía si era para aplacar el horroroso sabor de la pinta o para tranquilizar a su malsano cerebro. Cuando el culo de la jarra resonó de nuevo en la maciza superficie de la mesa le dedicó una astuta mirada a su compañero. Una ladina sonrisa de complicidad se aventuró a surgir en su rostro y se acercó lo suficientemente a él para palmear con fuerza el hombro y arrebatarle de cuajo la cara de puerta que podía deslumbrar. —Todos tenemos nuevas responsabilidades con las que lidiar pero puedo asegurarte que si merecen la pena: el cabreo, la duda o los problemas no parecen tan horrendos. Aunque te lleven a querer matar a esas responsabilidades.. o abrazarlas.. no estoy seguro —llevó la diestra al pelo y se lo revolvió ansioso. En realidad la sensación era demasiado nueva para identificarla. Alzó la misma mano para acaparar la atención del camarero y aumento el tono de voz— ¡Ey! ¡Tráenos dos más de hidromiel! —retornó a él y soltó una carcajada antes de seguir la gracia—. ¿Tu cara? ¿En serio crees que es difícil olvidar esa cara tan fea? Qué fe tienes, amigo mio.

Estuvo a punto de contestar a la última pregunta. La típica pregunta de control que ambos, ex-líder y líder, les daba por formulan en cuanto podían. Era como un maldito código de seguridad o algo similar. Comprendía la necesidad de la pregunta, la preocupación latente de las palabras, y acabó dedicando una mirada gélida al camarero que cortó su intención con las dos jarras de hidromiel. Lo siguió con la mirada, achicando los párpados lo suficiente para creer que iba a atravesarlo con la mirada, y cuando comprobó que volvía a estar tras la barra retornó la vista hacia Trystan. —Hace unos días me reuní con Ae, sigue preocupándose demasiado por mi frente, y ya le dije que no lo hiciera. Eso también va por ti —tomó la jarra de cerveza y con ella en mano lo señaló con el dedo índice antes de beber un poco—. Si hay sospechas no han llegado a mis oídos y sigo con el plan de ascender. Espero convencer al nuevo General de ello, pero es posible que tenga que tomar medidas más extremas y evitar el contacto con vosotros. Os informaré con la otra señal si es el caso —siempre había un modo y un código para todo. Al menos en lo que respectaba a ellos.

Le dedicó una mirada de arriba abajo. Se le veía bien. Dentro de lo bien que podía considerarse cuando se hablaba de un desafiado. No pudo evitar achicar un segundo los ojos y recordar las consecuencias de perder el corazón. ¿Seguro que estaba bien? Parecía estarlo pero...bien sabía que en ocasiones las emociones eran demasiado difíciles de controlar. En realidad lo estaba descubriendo desde hacía poco más de unas semanas. —Dime, ¿cómo vas tú? Sé que has estado ausente pero.. —cabeceó hacia su pecho, a un lugar en concreto, donde se situaba el corazón, y lo que implicaba esa inyección frenética que con más fuerza aplacaba los sentidos de los desafiados. Algo que siempre le había preocupado desde que supo de la nueva condición del pelirrojo.




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Chalk signs for old friends [Trystan] Empty Re: Chalk signs for old friends [Trystan]

Mensaje por Trystan el Sáb Sep 09 2017, 12:47

Reí abiertamente, aunque lo suficientemente bajo para no llamar la atención. Primero por su gruñido; hasta donde yo conocía a aquel híbrido de carácter calmado y sumamente analítico, gustaba de quedarse con los detalles. Pero, al parecer, después de tanto tiempo algo tan irrisorio como mi costumbre de qué beber, era un recuerdo desechado en su memoria. Nada reprochable por mi parte. No obstante, era gracioso que diera muestras de molestia, sin llegar a saber si era por mis palabras o por el mero hecho de darse cuenta de que eran ciertas.
Y segundo, por su contestación. Por un momento, quise pensar que se refería al hecho de verme de nuevo. No recordaba ocasión concreta en la que no nos hubiésemos salvado el culo. Tanto él a mí como yo a él.
Me habría reído más de no ser por ese fuerte golpe en mi espalda. Un golpe cuyo eco sonó con solemnidad en mi espalda, pese al ruido. Y que, por supuesto, me cambió la cara. Tensé mis labios, emitiendo un pequeño quejido en mi garganta. Que se atreviera a justificarse, apoyándose en mi condición de desafiado para resistir un pequeño toque de híbrido, que la tendríamos.
Podía decirse que desde la última vez que nos viéramos, yo había logrado avances importantes en ese descontrol y fuerza de heartless. De sus entrenamientos caóticos y fuera de todo orden por mi falta de autocontrol solo quedaban los recuerdos, en mis inicios como un Sin Corazón. Thareon me había ayudado tremendamente con ello.

Ese duro palmeo hizo que la zona golpeada de mi hombro picase. Pero no llegaba a doler. No, viniendo de Cedrik. Sarna con gusto no pica, ¿no era así? Alcé un poco la mirada cuando él pidió hidromiel para ambos, antes de volver a dirigirse a mí. Por sus palabras, reí una vez más-. En realidad, sabiendo que mi cara adorna la mitad de las calles de la ciudad... No esperaba que la hubieras olvidado, precisamente. -algo curioso pues, por ser desafiado era impune ante la ley, pero por ser terrorista, no. ¡Qué ironía, no?

Cedrik esperó a que el tabernero nos sirviera las jarras y regresara tras la barra para apelar a mi pregunta. Entendía su punto de vista ante nuestra inquisitiva preocupación. Pero, al menos, por mi parte, no iba en el mismo plan que seguía Maeve. Ya no, teniendo en cuenta mis circunstancias: ahora suponía un nexo entre varias organizaciones, en contra del régimen-. Me preocupo lo justo. Y más por ti que por tu frente. -levanté el dedo, apuntando al techo antes de añadir:- Además, llevamos tiempo sin vernos. Alego en mi defensa que no he sabido de ti en todo este tiempo. -sonreí, con aire afable y esa preocupación fraternal entre compañeros más que como ese líder que una vez fui. Papel que ahora cargaba Maeve y de la mejor manera.

Parpadeé un par de veces, en lo que me llevaba la jarra a la boca y bebía un trago. Suspiré al dejar el recipiente de nuevo estable en la mesa-. Sé de buena mano, aunque con escaso detalle, los movimientos del ejército. -estar en pleno meollo de la Revolución, ayudaba a que me enterase de la actividad más básica y también más sonada de los leales a la Reina. No obstante, no tenía ni punto de comparación con la información que me podía dar Cedrik.

Escuché y asentí, atento a sus intenciones. Inquietantes cuanto menos, pero el híbrido siempre había sabido cuidar muy bien sus pasos. Además, si conseguía ese ascenso, se nos abriría otra puerta más a los rebeldes. Pero había que tener mucho cuidado. Por eso, vi del todo lógico la posibilidad de evitar esas reuniones periódicas que tenía con la Resistencia-. Me parece la mejor opción, Ced. -asentí presionando mis labios entre sí, mostrando mi afinidad a la idea.

Había bajado la mirada sin darme cuenta, encontrando, de repente, las vetas de la madera de la mesa de lo más interesantes cuando el teniente me preguntó. Una de mis cejas se elevó a la par que mi mirada, buscando la contraria, a tiempo de ver ese gesto con su mentón. No hacía falta ser un sabio en la materia para saber que le interesaba la parte que atañía a mi desafío-. Bastante bien. -sonreí suavemente-. He aprendido a autocontrolarme mucho más. -de sobra, Cedrik se acordaría de ese intento de entrenamientos, en aquella época en la que no salía de las alcantarillas, tenía el ánimo mermado, y el cúmulo de emociones de tantos cambios debido al dichoso desafío me hacían el ser más inestable -y por ende, peligroso-, de las cloacas-. Pero para aprender, tuve que alejarme de todo lo que quería proteger. -a excepción, claro estaba, de esa pareja desaparecida y la bendición de mi pequeña, que vinieron conmigo, y de las cuales, me separé lo mínimo -por  las misiones-, hasta la desaparición de la morena. Hablandolo con ella en su momento, pues no tenía secretos -sentimentalmente hablando- de tanto que la quería, lo encajó realmente bien, pese a que mi tiempo fuera, me alejara y privara de su compañía de vez en cuando. Estuve con ella todo lo que pude, pese al miedo de hacerle daño por mi desafío. Pero eso ya no era un problema-. Puedo decir ahora que no soy un peligro público como lo era antes… -aparte de la evidencia de que la sociedad dracónica no dejaría de considerarme como tal-. Por lo demás, no dejo de pensar mis opciones, las posibilidades de superar el reto o… si lo llegue a conseguir por más ahínco que le eche. -mucho, sin duda, pues de mí ahora dependía una niña preciosa a la que no pensaba fallar.
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Mensaje por Cedrik el Miér Sep 13 2017, 14:11

Soltó otra carcajada más ante el comentario de su cara empapelando las calles de Talos y acabó negando con una sutil sonrisa. Lo cierto es que había visto más uno de esos dichosos carteles; incluso alguno pintarrajeados por niños -o no tan niños- en una mofa que le sacaron más de una sonrisa. Era lo que ocurría cuando no se  paraba quieto en los barracones y casi soñabas -sin mal pensar- con la cara de uno de los hombres más buscados. Si lo pensaba con frialdad la cantidad de avisos sobre el ex Líder de la Resistencia le hacían pensar que la Inquisición eran unos ineptos y por ello debía dar las gracias. Por otro lado, gracias a ellos su labor se había vuelto ermitaña entre el ir y venir que le daba más libertad de movimiento. La ligera tensión de los hombros del pelirrojo lo hicieron ensanchar una sonrisa más calmada y cómplice; lo recorrió visualmente en una evaluación satisfecha por su contenida reacción.

No pudo evitar alzar una ceja ante la confesión de que era por él y no por su situación. Estuvo tentado a decir una gracia tal como «No me digas eso que me sonrojo» , pero quedó en la letanía de su mente como una cortina difusa cuando el dedo del desafiado se alzó acaparando su atención—. Siempre os preocupáis lo justo hasta que os veis envueltos en problemas demasiado complicados. Por ahora podemos decir que han sido tiempos revueltos para los dos y era evidente que hiciste lo que mejor creíste No podíamos arriesgarnos a vernos en público. No era seguro. Lo cierto es que ahora tampoco lo es, somos unos temerarios —mencionó pensativo y tildó una sonrisa al recordar la temeridad del pasado y fue allí cuando creyó -como tantas otras veces- que eso era algo que los definía demasiado bien—, pero considero que las turbulentas aguas parecen calmarse poco a poco. No me queda claro si para bien o para mal —admitió—. Supongo que será algo que acabemos viendo a futuro.

Llevó la diestra al mentón en un acto reflejo de rascar la barba incipiente causada por el paso de los días y degustó de nuevo el hidromiel de la jarra. Tendría que acordarse que en ese tugurio esa bebida era menos soporífera; aunque esperaba con cierta esperanza no tener que acudir a ella en largo tiempo. Últimamente la pisaba con rigurosidad casi devota y ya tenía suficientes problemas en su vida para tener que cubrirse las espaldas con los hombres de Slane. Ahora sus intereses parecían estar claramente fijados en dos mujeres y, por el erizamiento del vello de su nuca, sabía que le darían suficientes quebraderos de cabeza por sí solas. Las palabras de Trystan lo aliviaron visiblemente, a pesar de haber visto un matiz en el golpe del hombre, y asintió alzando la copa a su salud. Sin decir nada volvió a beber como si eso le diera la bendición o la gracia a su compañero—. Eso pensaba. Si hubieras sido el de antes habrías saltado sobre la mesa y sobre mí por el golpecito de nada para acabar enzarzados en alguna contienda amistosa. Pero sabes que soy algo bruto cuando quiero comprobar algunas cosas —señaló la obviedad con una sutil sonrisa.  No es que tuviera mucho tacto cuando se trataba de un amigo, mucho menos de alguien que consideraba como un hermano, aunque eso lo llevara de cabeza al patíbulo. Era algo que tenía grabado a fuego en su código genético y había heredado de su madre: siempre cuidar a los suyos pese a que ello te lleve a caminos tempestuosos—. Sigo pensando que hiciste lo correcto, de eso no cabe duda, y si hubiera sido yo te puedo asegurar que me habría vuelto un ermitaño; siquiera habría llevado a mis seres queridos —confesó pero el pelirrojo no era él. Saber que la pareja y la hija del resistente lo acompañarían en su periplo lo habían mostrado disconforme en uno de los entrenamientos entre ambos. Si bien era cierto que no las había visto nunca y tampoco sabía sus nombres -por seguridad- siempre las había considerado parte de la familia. Más siendo una tan reducida y sin lazos de sangre. Pero Trystan había optado por el camino más difícil; por el de no separarse más de lo necesario de sus seres queridos y sobrellevar el problema como podía. Supuso que, como le había dicho Ae hacía poco, a diferencia del resistente elegía un camino más fácil aunque no fuera a propósito.

Sus últimas palabras fueron sopesadas por el mestizo. Le devolvió una mirada entre la comprensión y la inquietud. La jarra volvió a descender hasta la mesa para acabar rodeándola con sendas manos en unos minutos de silencio. Estaba pensando. Pensando en una solución viable para el desafiado y óptima para aquellos que amaba y deseaba proteger. Si bien era cierto que no estaba en su mano, solo en la del contrario, no podía evitar pensar en un camino sencillo. El desafiador había dejado claras las condiciones que no eran tan disparatadas ni complicadas como pudiera ser el reto de matarlo o algo imposible; desde su punto de vista era algo más menguado y se debía a un deseo oculto de la sierpe. No obstante, el simple hecho de la petición ya dejaba claro la retorcida mentalidad del dragón, no sería sencillo pese a parecerlo—. Le he estado dando vueltas a ello y dudo que sea un reto simple, a pesar de parecerlo, pero sigo pensando que la mejor opción es intentar cumplirlo. ¿Pero qué otra te queda? Sea como fuere el problema es que te tiene a su merced y tienes que conseguir romper ese corrosivo lazo—. Entrecerró los ojos un instante, recordando las palabras de su tío mencionó tiempo ha al respecto de los sin corazón, y llevó la jarra a los labios para darse un momento de reflexión. ¿Y el otro método? Estaba esa opción, sí, pero los convertiría en proscrito. Aunque bien era cierto que eso era cuestionable siendo él quien era. Separó los labios de la jarra y miró con seriedad a su compañero—. También puedes matarlo —su tono descendió en un susurro solo audible para el pelirrojo y esperó a comprobar la reacción ante la aparición de otra forma. Lo cierto es que nunca le había dado esa opción, no la había mencionado ni en los entrenamientos al estar demasiado centrado en que se concentrara en controlar su nueva condición, pero ahora la idea le había asaltado en la mente como un estado de alarma máxima. Era un camino arriesgado. Bastante. Consistía en una elección que podía llevarlo a la muerte ahora,  alagar su existencia a un década -al desconocerse Heartless más antiguos- o cumplir el reto de forma natural.




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Mensaje por Trystan el Lun Sep 18 2017, 22:18

Temerarios.
Sonreí.
Temerarios, volví a repetir esa palabra dicha en mi mente, con el tono de voz de Cedrik.
Y terminé riéndome de forma tardía y baja-. Desgraciadamente, amigo mío, es lo que acabamos siendo, actuando para cambiar las cosas. -a estas alturas de la vida, todo lo demás se me antojaban inútil-. Las palabras en esta situación, ya no sirven. -arengas, discursos, ¿para qué? ¿Darle moral al pueblo? ¿Conseguir que mis compañeros lo hiciesen mejor? A la mierda. Años como líder o compañero y mis palabras no habían servido de nada-. Son las acciones las que nos definen. -el mundo de los dragones nos odiaba porque la Resistencia representaba esa piedra en el zapato de la Reina Madre. Daba igual lo que se dijera si, en la praxis, se acusaba del fracaso al cabecilla y, si se tenía éxito, era porque así debía ser. No había más reconocimiento que el que cada uno se diera a sí mismo. Y la Resistencia estaba llena de gente insegura, aunque fuera un secreto a voces-. Bien como temerarios... o como cobardes. -particularmente, seguía siendo fiel a mis principios, a esa igualdad que podía darse entre razas, pese a que mi nueva situación pudiera inclinar la balanza en contra y, dónde una vez hubiera un intenso sentimiento de amor por una dragona, ahora todo eran cenizas. Un lugar devastado por las llamas de la incertidumbre y dolor.
Dolor...

¿Acaso alguien, o Ced mismamente, podía asegurarme que ese futuro que él mismo mencionase, fuera menos doloroso que un presente demasiado hostigado por tragedias?- Es una ilusión, Cedrik. -suspiré, abatido por una milésima de segundo-. La situación es demasiado tensa. El despotismo crece a cada día que pasa. Y es contagioso, sin importar a qué bando pertenezcas. -enarqué ambas cejas por un instante, con gesto algo abatido, en lo que alzaba la jarra de nuevo-. Esto es una maldita olla a presión. -murmuré, utilizando una frase hecha que ni siquiera llegaba a entender de forma literal.  Sin más dilación, le pegué otro trago a la bebida. Sentí cómo ese regusto picante de la bebida se extendía por mi boca y mi garganta, según tragaba. Me costaba admitir, en realidad, que ese futuro era demasiado oscuro para todas esas ganas que yo tenía de vivir.
Que le tenía miedo.
Que, después de todo, sólo era otro humano que no quería morir.

Una sonrisa algo resignada se pintó en mis labios, semiocultos por la desaliñada barba-. Ya había comprobado que la sutileza no es lo tuyo, sí... -enuncié, divertido. Un halo de luz en mi ennegrecida ánima, que amenazaba con sacarme de mis lúgubres cavilaciones. Como si la sombra del desafío en ese momento se hubiese cernido sobre mí, impidiéndome recordar aquella pequeña por la que, a día de hoy, daba todo lo que estuviese en mi mano.
Fragmento sacado del tema "Makeover", en los túneles de la Resistencia, hace mas de un año:
- (...) siento ilusión ante la idea de formar una familia contigo.
- Pero... quizás éste no sea el lugar más adecuado...
- Mmm… podríamos irnos. ¿Recuerdas que te hablé de lo que estaban preparando Erah y su pareja? Estaban buscando un lugar, (...) si quieres, para ir con ellos. (...) me apetece, de tener la oportunidad, pasar más tiempo con mi amiga. ¿Qué te parece a ti?
- Creo que nos vendría bien saber algo más, sí.
...
- Puede que salir de aquí nos ayude un poco. Cambiar de aires, alejarnos de las cloacas, respirar aire fresco…
- Me temo que sólo hay una forma de averiguarlo.
Para, al final, terminar marchando de aquellos pestilentes túneles que habían sido mi hogar desde que nací. Me mordí la cara interna de mi mejilla, suavemente, para torcer finalmente los labios a un lado. Aquellos días ya no volverían. Ni ella tampoco, al parecer.
¿Llevado a mis seres queridos?- Casi podría decir que fue idea suya, más que mía. -¿qué le iba a hacer? Por aquel entonces, los sentimientos cegaban mi razón hasta el punto de consentir algo que era peligroso para justamente, los que vinieron conmigo. En ese momento, no era del todo consciente del peligro, pese a que hasta yo mismo tenía verdadero pavor a perder el control, como lo hice aquella vez.
Cuando rompí una robusta mesa en dos de un solo golpe-. Si mal no recuerdo, hasta me vi intentando convencerla de que me abandonara. - arrugué la nariz en lo que una risa lacónica se me escapaba. El destino parecía cruelmente irónico, a veces, pues, ya fuera de forma intencionada o no, había resultado así-. Sea como fuere, ahora sólo tengo a mi pequeña. -le anuncié, sin querer entrar más en detalle.

Sin darme mucha cuenta de ello, la yema de mi dedo índice, repasó el borde de la jarra, imitando ese intento de círculo perfecto en lo que yo volvía a perderme en mis pensamientos. Demasiado densos siquiera para nombrarlos. Tan sólo las palabras de Cedrik me devolvieron la consciencia-. ¿Cumplir mi desafío? -¿convencer al dragón desafiador de estar en el bando equivocado? Lo miré como si estuviera loco. Hasta la fecha, sólo había una persona que lo había conseguido. Lo sabía perfectamente-. Con lo obstinado que es... Es más probable que algún dios elemental se me aparezca y me reconozca que soy el mayor cabrón con suerte de la historia. -reí para mí, por mi sola ocurrencia. Torcí la cabeza hacia un lado, adornándolo con un chasquido de mi lengua en el paladar-. Puede que ahora tenga más fuerza y velocidad. -parpadeé un par de veces, con rapidez-. Pero me queda mucho para llegar a un nivel mínimo que me saque de una estrepitosa derrota. -mis azules pasaron del culo de la jarra a la atenta mirada de mi compañero-. Y, me temo que no tengo tiempo suficiente para alcanzarlo. -estaba derrotista, ¿qué le iba a hacer? Por más que consiguiera ahora canalizar mis fuerzas, contra un dragón no tenía nada que hacer. Bueno sí...
Suicidarme, quizás.
- Así que, matarlo no es mi opción principal. -alegué, mordiéndome el labio inferior sutilmente. Inhalé profundamente, inflando mi pecho para, segundos después, suspirar, con mis cejas alzadas-. Pero admito que pudiera ser la más rápida. -asentí con delicadeza. No obstante, había algo que me perturbaba enormemente-. Sí me gustaría asegurar ciertas cosas antes de querer hacer el peligroso intento. -eché una significativa mirada a Cedrik. Tal vez, entendiera que, siendo padre, no podía ir por el dragón sin más.
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Chalk signs for old friends [Trystan] Empty Re: Chalk signs for old friends [Trystan]

Mensaje por Cedrik el Jue Ene 04 2018, 14:22

Cambiar las cosas no era malo. ¿O sí? No. Sabía que no lo era, nunca podía ir a peor la situación; bueno sí, pero no si estaba en su mano o dentro de lo que podía hacer, intentaría seguir manteniendo un orden y un intento para que las cosas fuera a mejor. Siempre a mejor. Entrecerró los párpados en una pequeña mueca de desacuerdo al mencionar las palabras. El mestizo no lo creía así. Ciertamente esperaba, deseaba que antes de llegar a las manos, las palabras pudiera hacer algo en primera instancia; mas también sabía de sobra que las palabras eran mudas para aquellos que no deseaban verlas y el acero tomaba el protagonismo principal—. ¿Acaso la temeridad y la cobardía, en parte no están unidas de la mano? Empiezo a creer que una no es nada sin la otra porque sea por una u otra al final acaba declinando la balanza a la contraria. Puedes ser cobarde y el temor llevarte a realizar acciones temerarias o puedes ser temerario y acabar imbuido por la cobardía de tus propias acciones. Es una rueda infinita que se ha de saber templar en un fuego constante y equilibrado para no caer a un lado y otro.—. La balanza debía equilibrarse, pues ello es lo que acabaría decidiendo la victoria.

Lo observó unos instantes. Percibió ese gesto contrariado y doloroso que se diluyó en unos segundos. El mestizo retomó la jarra y la depositó en sus labios para ocultar su vista en el contenido. Debía declinar esa opción. Lo precisaba por el motivo que lo llevaba a creer que la sociedad acabaría llegando a un pacto social donde todos podría convivir. Era cierto que la última era se había levantado bajo un montón de sangre y huesos: tanto dragones como humanos había formado una sociedad estamental de la que, apra bien o para mal, los habían llevado a la actualidad. Disturbios, conflictos, reyertas, muertes que acontecían una guerra civil -o no tan civil y más mundial- que acabaría en algo que aún ninguno de los bandos podía discernir. Y él se hallaba en medio. No estaba seguro si sus decisiones y los pasos llevados en su vida habían sido los correcto o los equívocos pero quería estar ahí. En medio pues ambos bandos tenía algo que ganar y que perder.

Una ladina sonrisa se dibujó en su faz cuando su compañero confirmó su estimada y “bien lograda” -o sea, nula- delicadeza. Escuchó con una ceja levantada la situación y acabó volviendo a llevar la jarra del especiado nectar al gaznate pensativo. Su mente se extendió sin pensar hacia una incursión inapropiada que rozó la mente de la ingenua dragona, pero el roce se limitó a desaparecer al percibir que permanecía bien, y su ceño se frunció ante su propia acción. Se centró en las palabras del resistente y suspiró con cierta resignación—. Las mujeres son así de insistente, problemáticas y poco consideradas, creen poder ayudarte y al final sólo causan que te preocupes más por ellas para acabar en más problemas de los que ya tienes. No comprenden que nuestras decisiones son para protegerlas y aún así creen tener la razón en cada una de las veces; y hasta que no consiguen lo que quieren son una tortura —comentó y añadió sopesando las últimas palabras del contrario—. Lo que se ha de proteger es lo que permanece a nuestro lado—. Eso era un poco hipócrita viniendo de él. El Teniente quería proteger a dos mujeres que no permanecían a su lado, pero aún así daría su vida por ellas sin que fueran siquiera conscientes. Era un maldito ingenuo y un idiota. ¿Qué se le iba a hacer? Removió el contenido de la jarra y no insistió en ese tema. Todos tenían sus problemas, sus incertidumbres, que debían solventar sin que el otro pudiera meterse en ese aspecto. No en el tema familiar. Así lo habían pactado en un mudo acuerdo hacía tiempo y así lo mantendrían a menos que el momento llegara.

Ahora apremiaba más ese pequeño problema de la condición de desafiado. Presionó la mandíbula y entrecerró los ojos ante el nuevo argumento. Evaluó el estado de ánimo del resistente en un pequeño recorrido visual que se detuvieron en el recorrer del índice del pelirrojo en un ascendente movimiento de ceja ante esa cara que se le antojó divertida. ¿Por qué demonios lo miraba como si hubiera dicho una locura? Bien era cierto que sólo se conocía una caso de Redimidos pero.. ¡malditos fuesen! si uno lo había conseguido implicaba que no era imposible. Un sonoro bufido salió de sus labios, tan sonoro que incluso la mesa cercana se giró a mirarlo con desagrado antes de volver a su propia conversación—. Por el amor a los avernos más oscuros, estas para que nos enzarcemos en un duelo de puñetazos a ver si así espabilas ese aire de supervivencia que caracteriza a los humano. Eres un luchador, demuestralo, si bien es cierto que el camino es complicado y tedioso… y posiblemente acabes medio muerto —carraspeó y le quitó importancia con un aspaviento de la siniestra—, pero es mejor buscar una maldita estrategia que esperar que te conviertas en un caparazón sin vida. Y te recuerdo que el tiempo corre. ¡Tic-Tac!, ¿te vas a dar por vencido sin más?. Dudo que ella lo acepte si eso ocurre—añadió, refiriéndose a la pequeña que dependía de él, y se llevó la diestra al pelo para revolverlo con cierta impotencia. Su tono descendió algo más para que oídos ajenos no fueran curiosos—. Si bien es cierto que debes asegurar algunas cosa, considero que debes valorar las opciones y buscar algunos aliados que puedan ayudarte a acabar con el desafío de raíz. Siempre puedes seguir intentando la primera opción, que se remonta a cumplir el trato de manera honesta, pero no debes descartar la opción que te estoy planteando. Además, para enfrentarte a una sierpe debes entrenarte, ¿o es que pretendes que sea la fuerza y la rapidez lo que te salven? Te recuerdo que llevo más de media vida haciéndolo; y aún hoy hay veces que la disciplina acaba haciéndome morder el polvo en los entrenamientos del cuartel—. Lo que no podía aceptar era que ese aire derrotista lo envolviera sin antes interarlo.




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Chalk signs for old friends [Trystan] Empty Re: Chalk signs for old friends [Trystan]

Mensaje por Trystan el Sáb Ene 06 2018, 20:12

Ese razonamiento suyo, me llevó a levantar ambas cejas, tranquilo, mientras dejaba que hablase y concluyese. Cierto era que toda persona, fuera valiente o cobarde, podría tener un momento de debilidad y actuar de manera contraria a lo que había llegado a ser-. También depende del punto de vista desde el que se vea. -para los enemigos y para los aliados, siempre sería diferente. Yo podía haberme tildado de temerario o valiente toda mi vida, y lo que fuese a hacer en un futuro próximo por la que era mi única familia, bien podía verse como un acto de cobardía. O también, sentirme cobarde por alargar mi lucha contra el desafío y ser a partir de ahora, el valiente que no había sido para enfrentarme a ese reto del que dependía mi vida.

En ambos casos, una vida tranquila, sin más tragedias, era difícil de esperar.

Sobre todo, en una situación como aquella que, como bien había dicho era algo que terminaría explotando, más temprano que tarde. ¿Quién tenía el valor o convicción de luchar por la igualdad cuando las medidas opresoras ya se sentían como fuertes sogas en el cuello? ¿Tenía sentido mantener la esperanza? Pudiera ser. Pero desde que me capturasen y me condenaran a una vida sin sentido (aparentemente), parecía haber dado palos de ciego solamente. Había perdido mis ganas de seguir luchando al frente de la Resistencia. Quizás ahora, era mi turno para empujarla desde atrás, al ser el único líder depuesto que seguía con vida. No veía mal que, habiendo puesto mi parte, ahora animase a otros a seguir en el frente, mientras yo tomaba una posición menos peligrosa y más estable.
Porque lo necesitaba.

Como así pensé que necesitaba tantas cosas que ya no tenía. Un apoyo tranquilo que mientras estuviese con alguien impetuoso iba a ser difícil de conseguir. Quizás fuera entonces mejor así, ¿no? Aún tenía mis dudas, por todo lo ocurrido. Lo único que podía tener claro era que tenia que seguir adelante, fuera como fuese. Pero sus siguientes palabras me hicieron sonreír, hasta reír con suavidad, mientras le echaba otro trago a la bebida para terminarla-. Visto así, casi podría decir que parece que no les gusta que las protejamos. -concluí, enarcando las cejas por un instante. No obstante, su conclusión posterior me llegó inesperadamente a lo más hondo. Sí, era algo totalmente cierto-. No puedo quitarte la razón. Mi pequeña es ahora la única mujer por la que desvivirme.

Y, en aquel momento mientras me humedecía los labios, esa decisión se volvía piedra y acero, en la que apoyarme y por la que luchar. Mi hija se merecía todo mi esfuerzo. Y, siendo egoísta, yo también debía plantearme ya un retiro tranquilo, después de haber dado tanto por los demás y sufrir en el proceso.

Sentí esa tensión en las mandíbulas del híbrido cuando la conversación se centró en mi desafío. No era que fuese el tema del que primero quisiera hablar en todo diálogo que tuviese con cualquiera. De hecho, reí por su maldición y palabras posteriores. Si bien, a los humanos nos caracterizaba ese instinto de supervivencia… yo ya no era propiamente humano-. No pensaba quedarme quieto. -advertí, removiéndome sutilmente en el asiento, con un atisbo de incomodidad-. Y sé que el tiempo corre en mi contra, demasiado rápido. -todo lo que había dicho él, era algo que tenía presente. Y me daba algo de ansiedad querer hacer tanto con tan poco tiempo. Pero la mención de Annie, mi pequeña, de forma indirecta, me hizo apretar los dientes. Estaba claro que para querer ofrecerle un futuro a esa niña, ya daba la impresión de rendirme. Y la imagen de lo que pudiera pasar en unos años si yo no seguía luchando, me estremeció violentamente la espalda y encogió mi estómago de súbito. Mis labios temblaron, presionándose el uno contra el otro, impotente, frustrado, desalentado por ese callejón sin salida en el que parecía tan fácil entrar.
Terminé suspirando por la nariz, cuando Cedrik dejó de hablar. Mis azules, encendidos por una ira que no iba dirigida a él, buscaron la mirada contraria-. Está claro que ser honrado en esta maldita sociedad llena de serpientes no te lleva a nada. -mi parte más oscura quería resarcirse de algún modo-. No tiene sentido que pierda el poco tiempo que me queda, entrenando si tú mismo que eres… parte de ellos, no llegas a superarlos o hacerles morder tierra. -era ridículo intentar un entrenamiento exhaustivo. Pero, lamentablemente, ¿qué otra manera tenía para vencer al dragón? Porque el desafío en sí era demasiado complicado como para plantearse la opción: hacer ver a un dragón que no estaba en el bando ganador. De por sí eran testarudos. Y su bando era el hegemónico. Por muchas vueltas que le hubiese dado, no encontraba forma que fuese del todo efectiva. También había hecho ya mis pinitos en esas conversaciones mentales que había llegado a mantener con él, dejando que me pisoteara esa esperanza humana que aún tenía.  

Negué con la cabeza, mientras me inclinaba hacia delante para apoyar mis codos en la mesa y entrecruzar mis manos-. Puede que hasta ahora no me había planteado esa opción de no superar el desafío. -lo miré, viendo casi con socarronería que Cedrik había interpretado mal mis palabras. Antes de que volviese a hablar, alcé la mano, indicándole que me diese un margen para esclarecer lo que quería decir:- no en el sentido de rendirme. Esa siempre estuvo como opción que parecía ser la más probable. -enarqué ambas cejas mientras me explicaba-. Pero tu mención de aliados, me ha hecho contemplar esa otra posibilidad de que…. no llegue a cumplir el desafío al vencer al dragón con ayuda. -la condición para convertirse en redimido era vencer al dragón o cumplir el desafío sin ayuda. Pero a mí nunca me interesó seguir los pasos de Megerah-. ¿Podría contar contigo de plantearme hacerlo de esa manera? -francamente, esperaba que dijera que sí, pero también era consciente del peligro que podría correr por ello. Pero la decisión, no dejaba de ser suya.
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Mensaje por Cedrik el Lun Abr 09 2018, 22:43

El Teniente acabó vaciando el contenido de su jarra sobre su boca y observó de soslayo a su compañero. No podía cerciorarse de que sus palabras lo convencieran, siquiera a que le prestara el más mínimo interés. Sus gélidos orbes viraron en dirección opuesta, cuales saetas silbando a través de un certero disparo, mas su interés se había centrado momentáneamente en una pequeña sombra. Desapercibido pasó ese debate obvio de su compañero, en un intento por discernir sus propias intenciones. Ocultas menos hondo de lo que él mismo parecía advertir, pero la profundidad parecía ahondarse para que los rayos de un posible descubrimiento las alcanzara. Para cuando quiso darse cuenta la furiosa mirada de su compañero se dirigía hacia él.  ¿Y ahora por qué mil avernos lo miraba así? Depositó la jarra ya vacía de contenido sobre la superficie rugosa de la mesa y chasqueó la lengua—. Sí, es cierto, vivimos en un nido de víboras, pero es la vida que nos ha tocado. Y solo podemos hacer dos cosas: Resignarnos o luchar. Además, para vencer a una sierpe no serviría simplemente entrenar como si la vida se te fuera en ello, pero tampoco dije que fuera imposible hacerles caer —comentó con cautela en un intento por discernir qué podía estar pensando el pelirrojo—. Simplemente debes saber cómo hacerlos caer.

Tenía la sensación de que algo se le escapaba entre los dedos.  Un sentimiento molesto que deseaba estrujar hasta hacerlo desaparecer… y he ahí. La molestia se había convertido en una daga clavada de lleno. Su cuerpo reaccionó mucho antes que su mente. Cada músculo se tensó al escuchar sus palabras. Por unos instantes contuvo la respiración, unos segundos que parecieron hacerse eternos en su debate por ver si intentar convencerlo de nuevo o estamparle la cara sobre la mesa. No solía ocurrirle a menudo. No se dejaba llevar por la impulsividad de su sangre humana; en esa ocasión, tras oír su encubierta resignación quiso ceder. ¿Cómo era posible que no hubiera pensado en el maldito desafío? Estaba seguro de que su ceño se había arrugado tanto que no era necesario siquiera contestar con palabras; y así fue. Al menos en la medida en que su ceño dejaba de juntarse en ese intento por no mostrarse tan irascible. Escuchó las palabras y acabó recostándose con tranquilidad sobre el desquebrajado respaldo de la estriada silla de madera. Su siniestra alcanzó inconsciente la incipiente barba de su mentón y su mirada volvió a desviarse al otro lado de la instancia. Se demoró más de lo necesario en su respuesta. Una respuesta que había sido afirmativa aunque no hubiera formulado la pregunta, mas algo captaba su atención en esa lóbrega esquina que lo incordiaba. Sus gélidos orbes se posaron en las tres figuras, alertándolas de su repentino interés es su presencia. Apartó la mano de su quijada. Con fingida pesadez, a tiempo que apoyaba la descendiente mano en la tambaleante mesa, se reincorporó de la destartalada silla—. Estoy seguro de que conoces la respuesta —le dedicó una furtiva mirada—. Ahora deberías largarte, ¿no crees?—. Otorgó un par de palmadas al hombro del  sin corazón y se encaminó hacia las tres desconocidas figuras que cuchicheaban a su costa.




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