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Mensaje por Invitado el Miér Ago 30 2017, 03:55

Era fugitivo pese a tener en el cuerpo las dos marcas de mis dos antiguos dragones. Una marca borrada a sangre y la otra que aguantaba. La había intentado quitar pero era en vano. Necesitaba buscar a mi hermano pequeño y saber donde se encontraba, cual era el paradero. Hacía años que no sabía nada de éste y me preocupaba, aunque dudaba que estuviese con la vieja mujer, me conformaba si había logrado entrar a la Resistencia o al menos era libre de algún modo. Llevaba una tunica con una enorme capucha que ocultaba el rostro, la había robado de una de las últimas casas donde había entrado. Ropajes que me servirían para sobrevivir y pasar desapercibido entre la gente. Uno más. Uno menos. Solo debía hacer que los dragones no me pillasen o al menos no acabar encerrado en las mazmorras, porque de ser así, acabaría volviendo a la esclavitud y no podía permitirme tal final. Necesitaba datos de mi hermano y ayudarlo a ser libre en tal caso. Andaba por las calles del mercado en silencio, observando las posibles víctimas, las cuales intentaba que fueran dragones y éstos eran fáciles de distinguir porque sus ropajes eran mucho más caros y costosos. Miraba a la gente desde una esquina de la calle, con el rostro tapado, por suerte anochecía y era de las mejores horas, ya que la noche era una gran aliada.

Cuando vi a uno, sonreí levemente. Ya la había encontrado. Parecía el extraño concepto de dragón bueno y afable, que seguramente era tan rata que no se había gastado mucho dinero o en tal caso se iba a un evento. Anduve tras de éste y cuando lo tuve cerca y la visión captó las bolsitas de dinero, me acerqué sutilmente y lo robé con descaro pensando que el dragón no lo observaría. Eran años de robos y desde luego no era un novato en aquel arte, así que cuando las guardé, emprendí el camino en dirección contraria lo más apresuradamente posible, buscando un posible callejón donde contar lo que había ganado. No podía regresar al hogar temporal abandonado donde me encontraba, puesto que me arriesgaba si es que el dragón decidía perseguirme. Normalmente así sucedía, pero por el momento necesitaba salir del mercado y de la muchedumbre. La adrenalina recorría mi cuerpo y la sonrisa se posaba en el rostro como ese arcoiris después de un día de lluvia. Era una de las razones por las que me gustaba robar, la adrenalina. Miraba a los guardias de seguridad que estaban atentos pero intenté esquivar sus miradas, mientras hacía ya unos momentos había guardado el botín.

Finalmente, vi uno de los callejones más seguros y escasos de seguridad donde podía descansar unos momentos. Llegué y me adentré a estos, abrí una de las bolsitas y sonreí al ver que estaba bastante llena. Podría cenar esta noche, la siguiente que abrí me trajo una sorpresa inaudita, una pequeña perla. Me gustó. Estaba rodeada de monedas que me servirían para el día siguiente. Puse todas las monedas en la misma bolsita y guardé la perla en lugar seguro. Los huevos. Nadie metía mano ahí sin mi consentimiento y no. Nadie metía mano ahí. Guardé las monedas y las bolsitas, eso lo podría revender a buen precio en cualquier sitio. Empecé a andar, pero escuché escándalo en el mercado, poco después pasos corriendo hacia donde estaba y volví a correr apresurado con intención de alejarme de Talos. Y un caballo. Lo necesitaba urgentemente.

Entonces vi a unos guardias que me empezaron a rodear por donde estaba, agaché la mirada buscando la daga con la que defenderme en caso de tenerlos cerca pero no me moví, lo importante es que no me vieran o estaría muerto. Entonces me apresaron los cuatro al mismo tiempo, vale, no eran de la reina. Al parecer eran independientes y me removí como pude para morderlos y darles patadas, pero me tenían inmovilizado. Poco después me llevaron a un callejón dejándome confuso por todo aquello. "No quiero ser esclavo, no quiero, no quiero" pensaba repetidas veces como si así esa pesadilla no se repitiera. Vi el tipo al que le robé o al menos con el aspecto parecido y me dejaron frente a él, obligando a arrodillarme frente a éste y puse resistencia-Te equivocaste de persona, yo solo soy un viandante-dije serio mirándolo desafiante. -así que deja de hacer el idiota con tus lacayos, que debo regresar a casa-mentira, pero a ese dragón le daba igual o eso imaginaba.
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Mensaje por Thyraxes el Miér Ago 30 2017, 18:40

El pasar de los días en Talos era lento, el habituarse al ritmo de la ciudad le estaba pasando factura al pelirrojo, lo peor era que pese a haber tenido una fantástica guía cuando desembarcó, no se quedaba con las calles, tendía a perderse aún por estas y se negaba a sacar a Eros de la mansión hasta que mostrase estar más dócil. Sus nuevos esclavos ya lo eran, los primeros días fue bastante estricto y cuando murió el segundo, entendieron que llevar la contraria al dragón no era una opción, no hubo salidas de tono más allá de las habituales por parte de su favorito, al que miraban extrañados sus compañeros, porque era al único al que el aristócrata no destrozaba con sus palizas. Si tan solo supieran que era un híbrido y que se curaba los castigos con transformarse, no se sorprenderían tanto ni evitarían en muchas ocasiones arrimarse a este. En el fondo era divertido, lo necesitaba para que al menos hubiese algo de normalidad en toda su rutina, después de todo ya tenía esas peleas con el esclavo en Edén, tenía apartada una bolsa de monedas para los destrozos que iba a ocasionar, fuesen accidentales o no, siendo más frecuentes estos últimos por el carácter salvaje de Eros.

Paseó por el mercado, en los distintos puestos que este ofrecía, pero pasando de los de comida, ya tenía humanos que iban a cargar ese peso, a él le gustaba mirar otro tipo de mercancía, joyas, objetos interesantes que pudiesen vender, manuscritos, incluso armas para que decorasen las paredes de su mansión y con las que mantener a raya a los insubordinados. Había una gran variedad en cuanto a la procedencia, desde especias, joyas y cristal de Isaur hasta las pulseras de cuero y cuerda que los humanos de Eneas fabricaban para vender. Nunca entendió que la Reina no conquistase Eneas, sometiendo a esos humanos que se creían libres del yugo de los dragones, si por él fuese lo arrasaría y allí instauraría otra ciudad del imperio del fuego. Tan centrado estaba que no se percató de la aproximación de un humano a su espalda, que sesgó el cordón de la bolsa de monedas que estaba sujeto al cinturón de cuero. No fue hasta que le vio alejarse y la falta de ese peso que ató cabos. Le miró, sabiendo que no podía ir tras este porque se perdería pero tampoco le iba a dejar ir de rositas, tenía contactos allí para ocuparse de encontrarlo.

Tardó poco en reunir a unos hombres fornidos a los que pagó bien, tenía más dinero de lo que aparentaba, podía haber dejado escapar esa pérdida, pero era cuestión de impartir justicia, enseñar a los humanos que pasaba cuando se robaba a un dragón. Les indicó por donde había ido y les siguió, dejando que ellos encabezasen la marcha, con la tranquilidad que le caracterizaba, no tenía prisa ninguna. Estos humanos empezaron a montar un poco de alboroto por el mercado, pero no los detuvo, si bien los humanos eran escoria para Thyraxes, los empleaba como mano de obra, matones como ese reducido grupo que buscaba a la alimaña por los callejones. Cuando uno de ellos dio una señal al pelirrojo, este caminó hacia la dirección a zancadas más largas, encontrando al resto aprisionando a un chico en un callejón. Sus labios se curvaron en una sonrisa algo sádica y caminó hacia ellos, sabiendo bien que tenían que ponerle de rodillas.

Le escuchó nada más habló, con esa lengua sucia y la falta de modales que cabría esperar de esas sabandijas. Podría haberle respondido pero antes de eso descargó una buena patada en las costillas del chico, procurando no pasarse, si le rompía una quizá lo mataba y ya la falta de aire sería notoria con eso, por no hablar del moratón que saldría. -Todos los humanos decís lo mismo, solo soy un viandante, no he hecho nada...- giró algunos anillos en su mano derecha, mirándole por fin, tirando del pelo del chico para ponerlo en pie, tras eso descargó un golpe con la parte posterior de la mano, sabiendo que lo anillos dejarían marca en su cara. -Si no eres la rata ladrona que busco, no seré demasiado duro contigo.- Avisó, dando una patada en el pecho a este para estamparlo contra la pared. -Registrad a la rata a ver que lleva encima.- ordenó, dejando que ellos iniciasen el cacheo.




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Mensaje por Invitado el Mar Sep 05 2017, 20:55

La esclavitud era mi vida, siempre lo habia sido, pero desde que había salido de éste mundo, sentía que el unico objetivo era mi hermano. Él era todo para mi y solo sabia que no estaba con la mujer esa que nos habia cuidado. Eso me alegraba, ya que al menos sabía que nadie lo violaría pero por otra parte temía que el futuro de éste, hubiera sido peor. Suspiré ante esa idea que tanto me mataba por dentro, de hecho cuando me escapaba por aquel entonces era para encontrar la manera de hacerlo juntos, no para que nos separasen. Pero para variar, todo había ido mal. Otro dragón, lo mismo y con la misma situación. La nada. Eso era todo cuanto poseía, no tenía a nadie ni a nada y para cuando había encontrado esta libertad y el robo se había vuelto el único medio de vida, pasaba esto. A veces creía que la mala fortuna era mi más y flamante amante, ella y la soledad. Tampoco es que en mis años de esclavitud congeniara con los demás esclavos por mi impulsividad o la lengua con carencia de control. Suspiré viendo la situación, de los hombres teniendome atrapado frente al que parecía que era el líder y no era otro que al que le había robado las bolsitas de draconianos con la perla. Solo esperaba que no buscasen en mis huevos. No sería una situación demasiado cómoda.


Y ahora todo volvía a ser ese infierno, aunque relativamente mejor a la esclavitud de gran trecho. Cada noche, miraba las estrellas esperando a que me contestasen que "estaba bien"pero como era de esperar, nunca me decían nada de eso.  Me cogían de ambos brazos con bastante fuerza haciéndo que cualquier movimiento de ellos por poco que fuera, fuese doloroso levemente. O eran dragones o híbridos, porque no tenían el cuerpo demasiado fornido como para ser humanos. Los confrontamientos entre humanos los llevaba bien, al menos cuando se trataba de territorio de robo o situaciones donde aunque me viese en inferioridad de número, tenía mis pequeñas estratagemas para poder salir lo menos mal que pudiese. Y ellos no eran humanos, esperaba que fuese así porque sería demasiado patético y triste ver como de obedientes tenía a los que me atrapaban. Tenía cierta intolerancia a esos humanos que habían sido sucumbidos o manipulados de alguna manera, para que fueran obedientes con los que les habían arrebatado todo y aunque no hacía nada en contra de ellos, no les tenía demasiada alta estima, porque indirectamente no hacían nada por cambiar...algo. Tampoco es que yo lo hiciese en estos momentos, pero solo buscaba el momento.

Estar de rodillas frente al dragón era demasiado humillante, miré por momentos el suelo deseando saber como poder hacer algo sin salir perjudicado, pero no era posible e inconscientemente lo sabía. No tenía oportunidad de nada, había tenido contacto durante demasiados años con dragones y no éramos nada para ellos. Simple carne. Y ni eso. Entonces, cuando suponía que todo iría a mejor o con suerte, el propio dragón no haría nada después de mis réplicas poco creíbles, noté una fuerte patada en las costillas. Apreté la boca con fuerza para no quejarme, como solía hacer siempre que me habían castigado siendo esclavo, era la manera fácil de no darles lo que querían y lo hacía de manera inconsciente por inercia la mayoría de veces. Cerré fuerte los ojos pese al enorme dolor que sentía y la respiración que por momentos se descontroló, anormalizandose por la patada, en esos momentos tenía el cuerpo en tensión y cuando el otro se alejó, empecé a destensarme intentando normalizar la respiración como pude. Abrí los ojos mirando el suelo intentando mantener la paz y la compostura que momentos antes del robo poseía y que ahora había perdido.

Noté entonces que tiró de mi cabello haciendo que lo mirase a la fuerza, moviendo un poco el rostro, para que me dejase en paz. Quedando de pie pero aún notando como tiraba del cabello-Déjame pedazo de mierda!-me quejé molesto, cuando noté el golpe con los anillos, provocando que el dolor que por momentos había descendido en el estómago, aumentase cuando el golpe con los anillos apareció, necesitaba calmarme. Relajarme y notar algo que no fuese dolor, aunque algunas lágrimas querían empezar a salir a causa de la frustración por no poder explotar por ninguna parte. Entonces cuando me dió la patada acabé estampado contra la pared pero me diño tiempo a frenar con las manos para suavizar el golpe en la cara. Estaba adolorido pero lo soportaría como había hecho siempre. Noté como los dragones empezaron a toquetear el cuerpo hasta que sacaron las dos bolsitas, sin llegar a sacar la perla. Esperaba que no se acordase de ese valioso objeto.

Sacaron las bolsitas y se las tendieron, una estaba llena con todas las monedas y la otra vacía. Ellos se pusieron a mi lado pero me dejaron suelto, así que me giré adolorido viendo aquello, mirando las bocas de la calle. Aunque me dolía tanto el cuerpo que dudaba que pudiese salir de allí demasiado bien parado, aunque empecé a correr adolorido y saqué la perla de los huevos como pude para lanzarla a uno de los tejados con la suficiente fuerza para ver que por lo menos llegó. Fué una pequeña victoria, pero apenas duró ya que no llegué al fin de ésta sin que me volviesen a atrapar y de nuevo, dejarme frente al dragón líder.

-Vale, yo lo tenía...estamos bien. Déjame irme-sugerí adolorido.
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