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Where Everything Ends and Everything Begins - OneShot.

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Where Everything Ends and Everything Begins - OneShot.

Mensaje por Kya el Sáb Ago 26 2017, 20:21

Continuación de este viaje

Los ojos azules de la sanadora estaban clavados en el fuego, bajo aquella noche estrellada, envuelta en esa chaqueta de cuero de viaje que le cubría del frío nocturno y parecía quedarle mucho más grande, ya que pertenecía a un hombre. Un hombre, que estaba allí para despedir, en el paraje desolado que mostraba colinas lejanas, silenciosas y armonía de sonidos lamentosos del viento. Sola, porque eso debía hacerlo sola y encontrarse, antes de que abrumada por todas esas emociones que ahora eran un hervidero de ira, frustración y dolor, se condensaran en algo peor. Y con un trozo largo de madera que había encontrado por allí tirado, removió las brasas rápidamente, moviendo la madera, jugueteando con las rocas calientes logrando que las llamas despertaran.

Irse de su hogar había significado algo que no esperaba, algo que no quería pensar era posible...y se sentía la peor persona que pudiese existir…


El recuerdo de su ida le dolía en el corazón, porque no supo mirar con mayor empatía a la única familia que le quedaba, cuando le decían que si deseaba podían hacer un pequeño recuerdo de su padre, si deseaba hacerlo, pero que no debía volver a ese lugar en los páramos, tan lejano de casa y de ellos. Pero ella se rehusó.

Su mirada estaba ligeramente empañada, desviándola hacia un lugar en específico a unos metros de ella, donde había llegado con Ea, donde se habían separado y ella le había agradecido por su compañía y apoyo hasta el segundo último frente al lugar donde le dijeron unos mercenarios que habían conocido a su padre habían enterrado su cuerpo por respeto luego de la masacre en aquella caravana. Mientras perdía sus ojos en esas rocas amontonadas, la muchacha había hundido sus manos en los bolsillos de la chaqueta, que tenía varios y aparentemente había metido su derecha en uno que no se usaba demasiado, encontrando algo que la terminaría de derrumbar….un colgante simple de plata, entre una carta que no se había atrevido a leer por un tiempo, sin embargo, cuando tuvo el valor la desplegó y lloró. Miró descansar reluciente en su mano el collar con un dije sencillo en forma de luna llena y sintió una punzada al corazón, mientras los destellos del fuego le iluminaban. Quizá cuando volviera de ese viaje podría limpiarlo propiamente, a lo mejor podría devolverle su antigua gloria y llevarlo ella... fue cuando una cristalina lágrima cayó sobre el objeto que le reflejaba distorsionadamente.

Mientras cerraba sus dedos en torno a este con fuerza, presionando,  logrando que se incrustara en su palma, perdiendo sus ojos en el fuego, dejando que por fin sus lágrimas escaparan amargas por sus mejillas sin control o emitir sonido alguno. Aquel collar era un regalo que estaba destinado para ella, quien sabe cuanto su padre había tenido que trabajar para conseguirlo, quién sabe cuánto esfuerzo había significado el que esa preciosa prenda estuviese en su mano. Ellos no eran pobres, al ser dos y al ser los servicios de sanadores más requeridos, ya fuesen por esclavistas que buscaban sanadores para sus esclavos, como gente de clase baja y media que pagaban por la ayuda, la venta de infusiones y otros menesteres, incluso hierbas, daba buen dinero y podían viajar, comer y vestirse con facilidad, sin embargo. Vivían cómodamente como nómadas, en pocas palabras. La luna llena tenía engravado el símbolo infinito, cuyo significado era solo entendible por ella.




Mientras los recuerdos se agolpaban en su cabeza y comenzaban a arañar la culpabilidad de su interior, como si otra ella interna repitiera una y otra vez “pudiste haber hecho más” “Pudiste haber muerto tú con él” “podías haber intentado suplicar por su vida” “podías”. Porque son cosas que había callado y acumulado en su interior hasta que no se sintiera merecedora de nada más que aquella insondable soledad que sentía desde esa noche. ¿Vacío? ¿dolor? ¿culpa? No, era todo algo más profundo que le había marcado y ahora le costaba dejar ir. Pero para eso estaba allí ¿no? Llevando sus manos a su cabeza, dejó escapar un jadeo apagado antes de que las memorias volvieran a atacarla como fantasmales criaturas de la noche que estaban allí para recordarle a detalle todo, liberando un sollozo y luego un jadeo ahogado...un inhalar más profundo, seguido de nada, seguido de frustración y dolor e ira, abrazando aquel objeto contra su pecho como si fuese un acto que le permitiese sentir la calidez de un abrazo protector inexistente que necesitaba.

Lo siento. . . –murmuró al aire- perdóname. . . –repitió- Lo siento mucho papá. . .no soy tan fuerte como creías.... no lo soy  -murmuró con sus mejillas enrojecidas y empapadas de sus saladas y copiosas lágrimas que ahora resbalaban hasta su mentón, levantando sus ojos hasta el fuego que reflejaba sus colores en sus azules que ahora parecían adoptar el anaranjado del elemento, mientras tragaba saliva y cerraba estos dejando las lágrimas de nuevo escapar, queriendo destruir algo, romper algo, gritar al vacío y arrancarse el nudo que en su pecho, la consumía de ira y dolor. Sintiendo como una cabeza grande y peluda se apoyaba en su regazo, sintiendo un cuerpo animal que ahora encontraba su lugar junto a ella como si supiese lo que necesitaba. Su izquierda se levantó y acarició el pelaje gris de su lobo con suavidad dejando que sus lágrimas escaparan con más ahínco, abrazando la cabeza cálida del animal escondiendo parte de su rostro entre su pelaje. “Luchar por lo que se quiere es decisión de uno mismo” Y recordar aquellas palabras fue como si le clavaran un puñal en su corazón, una hoja doble y torciera el incruste logrando que la sangre escapara a borbotones de ella dolorosamente, reconociendo que ella no había tenido la fuerza para liberarse de quien buscaba salvarla y correr a defender a su padre y tío.

Fuiste una cobarde que se escondió tras la desesperación.
Fuiste una cobarde que no luchó por lo que quería.
Fuiste una cobarde y por eso lo perdiste, por eso perderás todo.
Porque eres incapaz de proteger a nadie.

No puedes ni cuidarte tú misma.



Las lágrimas sin atisbo de duda escapaban amargas y ardientes, como si eso lo hubiese necesitado desde hace muchísimo tiempo. Abrazando a su guardián que parecía no querer moverse para poder apaciguar el corazón de su protegida, que pesaba lo que una montaña pesaba. Entre llantos y escozor, la ojiazul se hizo un ovillo, apoyando su cabeza agotada en el cuerpo de su acompañante hasta que el cansancio la consumiera por completo. Las lágrimas sin atisbo de duda escapaban amargas y ardientes. La ojiazul se hizo un ovillo, deseando sentirse vacía de todo lo que tenía dentro en ese agujero negro de sentimientos que como perros hambrientos mordían y desmembraban su temple. Y es por eso que ella nunca había querido tocar el tema con nadie...

Porque había muchas cosas horribles dentro de ella que no podía controlar…




Ahogándose entre jadeos bajos, mientras sentía el fuego de la fogata repiquetear y avivarse, danzar con el viento y consumir las maderas que había colocado para alimentarlo. Bajo el manto estelar de miles de constelaciones pintadas de tonalidades variadas en colores perfectos que todas las noches le robaba el aliento. Un viento frío le hizo acurrucarse un poco más perdiendo sentido de tiempo al solo fijar sus ojos en el elemento que iluminaba y calentaba, alzando su humareda al cielo, que se arremolinaba como si las nubes de tormenta del horizonte estuviesen presagiando una futura lluvia como aquellas de la época. Los chisporroteos del fuego, junto con el crujir de este le hicieron sentir adormilada dejando su consciencia suspendida en un lapsus de tiempo en que en un parpadeo parecía haber pasado una eternidad.

¿Cuánto pasó? ¿Media hora? ¿dos? Disuelta en aquella tristeza que había conservado para sí misma por tanto tiempo y le costaba dejar ir, dolorida, como si la herida estuviese tan abierta como el primer momento en que fue hecha. Pero mientras sus párpados parecían costarle todas sus fuerzas para abrirlos, sintió el calor de un abrigo cubrirle, acción que la hizo reaccionar casi al instante dándose cuenta que su lobo ya no estaba, el aroma que desprendía la chaqueta le caló hasta lo más hondo de sus memorias, erizandole la piel, petrificándola al mirar hacia su derecha donde estaba dando la espalda al estar recostada, encontrándose con la figura que la hizo palidecer por completo.

-Si no te cubres bien cariño, puedes enfermar. . .


Escuchó la voz serena mientras los ojos azules de la muchacha se plantaban en él y como se encontraba hincado de rodillas a su derecha, mientras ella aún permanecía totalmente silenciosa, sintiendo como su corazón se encogía y cada fibra de si se destrozaba ante la imagen que tenía delante. Debía ser una broma de los dioses que podían regalarle cualquier tipo de sueño que desearan, menos ese. La calidez de una suave mano con olor a medicina casera y hierbas que llegaron a sus sentidos, se posó en la ya fría mejilla de la ojiazul, ejerciendo una dulce caricia y a su vez secando aquel surco de lágrimas que la humedecía y que fue hecha en un intento de conseguir calmarla. Fue casi escalofriante escuchar aquella voz y sentir la suave caricia que se deslizó por su mejilla que la hizo parpadear con lentitud y pesadez por el ardor de haber estado llorando. Encontrándose con una borrosa imagen que la hizo sentir la nuca erizada ante el reconocimiento-…mh…. -levantando su cuerpo apoyando sus manos en la tierra, obtuvo claridad y con pánico dibujado en su semblante observó frente a ella al hombre que le había hablado. Sus ojos buscaron en la lejanía las rocas amontonadas de la "tumba" rudimentaria de su padre y luego...volvieron a él-…papá? -murmuró con voz suave sintiendo un dolor en el pecho que extrañamente le hizo contener el aire. Llevando una de sus manos a frotar sus ojos antes de apartarse un poco ya sentada en la tierra-…tú.......tú no puedes…--presagiando su estupefacción.

Cada facción del hombre, le era tan clara como una persona más que le acompañaría en esa noche clara a disfrutar del calor del fuego que brillaba sobre ambos. Él se movió un poco hacia atrás dando espacio al verla erguirse, dejándole espacio suficiente para que pudiese levantarse cómodamente. El hombre levantó su diestra y la acercó al rostro femenino, entregando una adorable y tierna caricia en el rostro de “su pequeña” que ya no lo era tanto.

-Si Ky, soy yo cariño. . .

Dijo esbozando una sonrisa sutil y tranquilizadora tan propia de él.
Los ojos de la sanadora, estaban puestos en ese rostro que creyó no vería de nuevo.
Vestía de aquella forma tan peculiar suya: Sus oscuros cabellos estaban bien peinados a uno de los costados, como normalmente lo hacía y sus gafas, estaban colocadas casi rozando las aletas de su nariz perfilada, siempre los dejaba hasta abajo porque era más cómodo para el intelectual hombre. Llevaba sus botas y pantalones de viaje, su camisa blanca con ese chaleco que siempre llevaba abierto sobre esta. La miraba con sus ojos azules, con su más atractiva sonrisa, llena de carisma y paternal amor, tan infinito como aquella noche cuando creían ambos que iban a poder partir a su siguiente destino sin problemas.

Junto con la promesa de una nueva aventura y la pacífica vida que llevaban (dentro de lo que era su estilo de vida, claro está).

- ¿No puedo? . . .

Preguntó el hombre que no dejaba de ver a su hija a los ojos. Kya estaba congelada, sintiendo como sus lágrimas se acumulaban en sus ojos y estupefacta retemblaba en un pánico terrible que le hacía doler el pecho, llevando una de sus manos a donde latía su corazón que se sentía sangrar, como si hubiera visto un fantasma. El temblor de sus extremidades la tenían al tanto de su realidad hecha sueño, mientras un nudo era empujado a su garganta, comprimiéndose, mientras sus ojos se llenaban de más lágrimas al ver el semblante del hombre que le había enseñado todo lo que sabía... eso debía ser un sueño, un sueño de esos demasiado hermosos para vivirlo, al sentir la brisa, al sentir el calor del fuego al escuchar los sonidos de la noche y observar como el reflejo de las llamas brillaban a contraluz en las gafas de su padre. Esa sonrisa...la ojiazul tensó sus labios, sintiendo el tacto de la mano masculina que acariciaban su fría y congelada piel ¿por miedo?

Él, movió sus manos para tomar las de su hija, he irguiéndose le impulsó a levantarse. Y eso hizo ella, permitiendo que le guiase... que torpemente le levantara y ya frente a frente... simplemente la abrazó con gran fuerza, dejando en aquel, impreso todo el amor que tenía por la joven que ahora había sentido ahogar el aire y como la vida se le escapaba en un exhalo. Sus manos, le rodearon con fuerza y un jadeo escapó de sus labios murmurando apenas audible- …Papá yo…no pude...no pude salvarte.... -murmuró recordando como prácticamente, él la había sacado de la tienda donde estaban, con una maleta de medicina y su diario diciéndole que escapara antes de que llegaran los militares draconianos. Pidiéndole a uno de esos tantos conocidos que la sacara de allí. Y este lo hizo. Entre gritos, entre la matanza que estaba desatándose porque se estaban resistiendo a la redada y en la lucha muchas vidas se perdieron y la sangre manchó la tierra.

Pero pudo ella ser testigo de cómo su padre era sacado de la tienda y asesinado. ¿No podía estarla abrazando...o sí? - ¿estoy muerta? -preguntó con voz ronca, tratando de contener todo lo que estaba acumulándosele, porque no había nada más doloroso que aspirar el perfume de su ropa y sentir como esas lágrimas escapaban de sus ojos. Porque aquel hombre le había dado los mejores recuerdos y conocimientos que tenía...la había hecho la mujer que era ahora y a quien extrañaba terriblemente y se le había sido arrebatado repentinamente...negó. No una, sino dos veces, abriendo sus labios mientras sus manos apretaban la tela de sus ropas sintiendo el dilatar de su nariz, como sus mejillas se humedecían y suplicaba a los dioses por perdón, sintiendo sus piernas debilitarse queriendo dejarse caer. Pero fue retenida por aquellas manos firmes, con las cuales amortiguó aquella caída al suelo, dejándola arrodillarse en la tierra, mientras la ojiazul liberaba un sollozo agarrando tierra entre sus manos para levantar la vista y murmurar- .... ¿estoy muerta?... ¿papá?... –preguntó de nuevo.

- ¿Muerta?

El hombre esbozó una sonrisa ladina, mientras sus brazos la sostenían con firmeza evitando que desfalleciera, atrayéndola en el último abrazo que le daría. Su hija había estado tan perdida desde aquella fatídica noche en que había sido apartado de ella de ese modo tan repentino. La había educado sabiendo que hacer para salvar a otros, para ayudar a vivir a otros. Una de sus manos se posó en su cabeza y deslizó sus dedos por sus cabellos y ella sollozó escuchando como esa voz, febril pero amorosa le susurraba:

- Jamás hubiese dejado que algo te sucediera mi princesa... y no te debes arrepentir de nada. Si por salvarme a mí te hubiese sucedido algo ¿crees que podría descansar en paz? Eres todo lo bueno que haya podido tener y solo por el haberte salvado, es que puedo descansar tranquilo y no hay nada que me haga pensar lo contrario...

Las manos del hombre acunaron el rostro femenino y acariciando sus heladas mejillas mojadas por sus lágrimas, la miró a través de sus gafas con seriedad. Refutó el castaño mientras sus sentimientos eran expresados en cada palabra que emitía, aunque claro no era el mejor expresándose físicamente, solo sus palabras eran capaces de decirlo todo, sus ojos azules como los de su hija, sin necesitar decir demasiado solo unas cuantas palabras más:

- Te falta muchísimo más por vivir, te espera una vida llena de obstáculos...pero también hay mucha felicidad en ella. No vas a poder verme, pero eso no significa que no esté contigo. Tienes que continuar...

El viento hacía que aquel fuego se avivara y apaciguara radicalmente, logrando que las chispas de la leña quemándose volaran alrededor de ambos como si de luciérnagas se tratase, la oscuridad de los costados desaparecía gracias al ambiente silencioso bajo aquel cielo. Los ojos azules de la sanadora continuaban derramando lágrimas amargas que comenzaban a escapar a cántaros sin saber qué decir o hacer, con sus labios entreabiertos sin emitir sonido, temblando como una hoja al viento, aferrándose como pudo de sus ropas antes de tartamudear forzando las palabras a salir atropelladas- ...Me siento tan sola, papá... –susurró-... me siento sola y perdida, no sé qué hacer, no lo sé... –murmuró recordando que lo único que había hecho ese último año. Era trabajar, trabajar, trabajar y trabajar, tratando de hundirse en una realidad repetitiva hasta que se tornara en cotidianidad-...no sé qué hacer papá…quiero luchar…como tú…ayudar a, pero no puedo ayudarme ni a mí misma, qué pasará con mamá y Dánae? No quiero perderlas…

- Ky...

Escuchó su voz reafirmarse, mientras sostenía su rostro con firmeza.
- Recuerda que eres más valiente de lo que crees, más fuerte de lo que pareces y más inteligente de lo que piensas. Eres una mujer con gran sabiduría, tienes el don que casi nadie tiene en este mundo: Ayudar a la gente a sanar, físicamente, espiritualmente. Tus ojos, tu sonrisa incluso son suficiente para que ello ocurra. Tu corazón es tu fortaleza, todos los conocimientos que tienes te guiarán donde debes ir, a mantenerte firme y aprender a aceptar las cosas que suceden... La muerte también es parte de la vida, pero está en ti el que nadie olvide lo que esas personas dejan tras de sí. Todos los recuerdos, sean buenos o malos...

Sentía su corazón hundirse en un agujero y a la vez salir a flote de alguna manera, mientras cerraba sus ojos y sus lágrimas escapaban con mayor intensidad, sintiéndose debilitada... ¿o con un gran peso fuera de sus hombros? Sintió como su padre la tomó con sus manos por sus brazos como si intentara que mantuviese la compostura, delineando con amor sus brazos, terminando el camino finalmente en sus delicadas manos y las elevó para depositar un sutil beso en sus nudillos. En los dedos de su hija que ya no era aquella niña que él ahora soñaba en aquel lugar dispuesto por los dioses:

- Eres una mujer fuerte, hice un buen trabajo, no necesitas que te diga que hacer porque tú lo sabes muy bien. Sé que lo sabes y aunque duele, ya lo sabes...

Papá... –emitió, pero fue casi de inmediato interrumpida por él. Como si el tiempo se le acortara. Como si pronto fuese a llegar alguien:

- Quizá no esté a tu lado, pero es así como creces. Sé que tienes miedo, de no ser lo suficientemente buena, de no poder hacerlo, pero lo has hecho bien hasta ahora y sin darte cuenta ya has empezado a generar un cambio más allá de lo indescriptible.

¿Se estaba despidiendo? La muchacha abrió sus ojos y lo observó-...no te vayas...por favor...no te vayas de nuevo...-Susurró encontrando los ojos con los de su padre. Tragando saliva, como temiendo que desapareciera-...papá…

- Te amo Kya...

Su voz se hizo más distante haciéndola murmurar aferrándose- No, no, no... –suplicó antes de sentir como este la abrazaba de nuevo con una fuerza que le transmitió un calor vivo, cerrando sus ojos entre lágrimas que continuaron mojando sus mejillas.

- Te amo...

El viento sopló una vez más con suavidad, movilizando sus cabellos, haciendo la fogata danzar y avivarse- ...Yo también te amo papá…  -murmuró apenas audible- Yo también… -repitió. Aspirando con fuerza, dejando escapar aquellas lágrimas, mientras escuchaba como la leña tronaba y ahora el suave acariciar de la noche la obligaba a abrir sus ojos. Abrazada a Alfa, el lobo que dormido se encontraba a su lado, mientras en su mano se incrustaba el dije, sintiendo el entumecimiento de haberlo aferrado con mucha fuerza. Todo silencioso, con su rostro bañado en lágrimas, emocionalmente agotada como si hubiese sido drenada. Pero con un peso desvanecido de sus hombros como si hubiese vuelto a nacer de alguna forma, con la mente esclarecida por aquel suceso abrumador que había dado un cierre emocional a todo lo que sentía, dejando ir con mayor facilidad a quien se había aferrado por dos años, sin perdonarse su muerte...sin haberle dicho adiós, sin haberle dicho cuanto lo amaba.

¿Había sido una alucinación? ¿un sueño? ¿una realidad?
Fuese lo que fuese, le había dado fuerzas. . .


Quien sabe, pero el brillo del fuego se acentuó en los ojos azules de la castaña, que ahora secaba su nariz con el dorso de su mano e intentaba recuperar entereza. Abrumada por el sudor que resbalaba por su frente, agobiada por la sensación de entumecimiento de su corazón y aquella confusión que ese “sueño” como su mente lógica quería llamarlo, le había causado. Sueño o no… sentía que un peso enorme se había desvanecido de sus hombros y ahora, liberada...desencadenada… parecía ver el mundo de un modo diferente. Muy diferente.

Extrañamente calma...fue cuando sintió el dolor y agotamiento en su cuerpo finalmente destensado, quizá debía empezar a pensar en volver… encontrarse con aquella híbrida y proceder finalmente a vivir la vida que ella quería. Ayudando a los demás...




"Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas"
Je suis pour toi. Tu prends ma main. . .:

"Me siento bien cuando sano a personas, me siento feliz cuando veo sus sonrisas; pero lo que verdaderamente alegra mi corazón es tenerte junto a mi"


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