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The Milky Way | Priv. Zeddykos

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Mensaje por Aloine el Lun Ago 21 2017, 23:05

Después de encamarse en una de las vigas, Aloine alcanzo a ver las chimeneas que sobresalían entre las paredes. Los tejados se amontonaban a lo largo de la orilla del mar y un muelle de madera se adentraba en el agua junto a un edificio bajo y alargado con tejado de pizarra.

Se asomó un poco más, hasta que la madera empezó a combarse bajo su peso. En el muelle habían botes amarrados, pero alcanzo a ver tenues zarcillos de humo que salían por algunas de las chimeneas, así como parte de un carromato oculto tras un establo. El sol poniente hacía que la superficie de las aguas brillara como una lámina de cobre batido. A la izquierda había una posada de forma irregular, edificada en el mismo mar sobre grandes pilares de madera. A su derecha, un largo atracadero se adentraba y más hacia el este se veían otros muelles, como si la ciudad extendiera sus dedos de madera.

Aquella era la primera vez que visitaba los muelles de Talos, nunca había tenido intensión de conocer toda la ciudad, pero le había quedado claro que era necesario para sus futuras misiones. Una vez estuvo frente al mar no pudo evitar el quitarse las botas y sentarse en la orilla, dejando que el agua le lamiera los pies. Había unas cuantas luciérnagas de lucecillas parpadeantes. Las aguas verdes eran cálidas como lagrimas, le hubiera gustado poder quitarse la ropa y nadar en ellas, como una nutria. Quizá podría llegar nadando hasta Eneas.

Puso sus fantasías a un lado y se secó los pies con la manga de su jubón, para vestir nuevamente sus botas. Llevaba puesto un jubón escarlata de lino, con un motivo de lobo cosido en negro. También vestía calzas color crema y un cinturón negro que le ceñía al talle, del cual colgaban su típico puñal y sable mediano. Su pardos cabellos llovían en indolentes espirales sobre sus hombros y espalda. Ataviaba como solían hacerlo las dragonas que renegaban de sus vestidos. Rara vez solía importarle como vestía, pero ese día se sentía con ganas de aparentar lo que nunca sería.

Cuando comenzó su marcha, acompañada por el mar, sintió como un líquido la cubría. Era frío y espeso, la había tomado completamente por sorpresa. Su espina tembló por susto y fresco glacial, mientras que se abrazaba a sí misma en un intento de conservar su temperatura. Tardó un par de segundos en darse cuenta de lo que había sucedido, sus ojos se enfocaron en un hombre que la observaba como si estuviera a punto de cortarle la garganta. Ni ella se había dado cuenta del odio relampagueante de su propia mirada mirada.

Tienes cinco segundos para explicarme porque estoy cubierta de leche. —Dijo de forma tan amenazadora como pudo, mientras tiritaba—.Uno... dos...




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Re: The Milky Way | Priv. Zeddykos

Mensaje por Aloine el Dom Ago 27 2017, 00:03

Se sintió desvestida por la mirada de aquél hombre, haciendo que sus mejillas lentamente se enternecieran de rojo. Odiaba que la vieran de aquella forma, pero su odio se personalizó cuando lo escuchó hablar y luego reír. El carmín, antes de vergüenza, ahora solamente irradiaba enojo. Le dedicó una mirada al sujeto, observándolo de pies a cabeza en completo silencio. Entonces sonrió, sus labios dibujaron una hermosa curva capaz de cautivar a cualquiera. Aunque sus ocelos aún eran un par de bellas dagas de cristal que no dejaban de clavarse en él.

Oh, ya veo. —Dijo mientras se despegaba la tela mojada de la piel y escurría sus cabellos—. Que mala suerte que son estas cosas, acepto su invitación, gentil señor, pues mi hogar está al otro lado de la ciudad. —Su voz era dulce y cantarina, como solían ser las de las damas de alta cuna.

Se acercó un poco más a él y llevó la diestra hacia la empuñadura de su sable. Con una gran destreza y facilidad el acero dibujo una estela centelleante, pasando a escasos centímetros del cuerpo ajeno. Al guardar el arma en su funda, el pantalón del sujeto se deslizó hasta sus tobillos. Había cortado las tiras que lo ceñían en su cintura, pasando muy cerca de una zona que es mejor no nombrar.

La gente que los observaba desde que la había bañado en leche, comenzó a reír. Los hombres reían de manera desvergonzada y señalaban con el índice, mientras que las damas se cubrían los belfos y trataban de disimular su risa con semblantes ofendidos. La parda, por su parte, volvió expulso aire de su nariz y un par de lagrimas se le escaparon de los ojos. Pues parecía que aquél día él había decido que la ropa interior era molesta, su sexo ahora se encontraba desprotegido y a la merced del frío.

Por favor, muéstreme el camino. —Sus palabras eran educadas y su voz como la seda.

Lo volvió a observar de arriba hacia abajo, sin poder evitar una pequeña risa. Finalmente volvió a sonreír, pero ahora de manera genuina y sin rastro de maldad. Ladeó la cabeza y se mordió el labio inferior, esperando a que él abriera la marcha de la vergüenza.




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Re: The Milky Way | Priv. Zeddykos

Mensaje por Aloine el Dom Sep 03 2017, 05:37

Resultaba obvio que aquél era uno de los puertos más importantes del mundo, un autentico espectáculo de colores, sonidos y olores extraños. En las calles había tabernas, almacenes y garitos, entremezclados con burdeles baratos y pequeños templos dedicados a la Reina Madre. Los rateros, asesinos, vendedores de hechizos y cambistas se mezclaban entre la multitud. Los muelles eran un gran mercado donde las compras y ventas tenían lugar día y noche, cuando el toque de queda no era vigente, y se podían obtener mercancías por una fracción de su precio en un bazar, siempre y cuando no se indagara mucho sobre su procedencia. Ancianas encorvadas vendían aguas aromatizadas y la maldita leche de cabra, que llevaban en cántaros de cerámica cargados a los hombros y sujetos con cinchas. Marineros de diferentes naciones vagaban entre los tenderetes, bebían vinos especiados e intercambiaban chistes en idiomas extraños. El aire olía a sal, a pescado frito, a brea caliente, a miel, a incienso, a aceite y la tensión que se alzaba entre la bañada en leche y el exhibicionista.

Llamaban demasiado la atención, la gente se giraba para verlos y esconder risas con el dorso de sus manos. El hombre caminaba lo más digno que podía, con el aire besandole los muslos y el sexo, pero eso no parecía molestarle en lo más mínimo, incluso saludaba a conocidos como quien caminaba por el mercado un domingo. Aquella falta de pudor le hizo saber a Aloine que se trataba de un dragón, ningún humano podría aguantar aquella marcha ridícula sin un indicio de rubor en las mejillas. Ella, por su parte, caminaba con ambas manos entrelazadas detrás de la espalda y haciendo de cuenta que nada la perturbaba, pero con cada briza su columna temblaba con tal levedad que ni lo podía disimular.

Entonces el dragón se detuvo, dándole las tres opciones. Aloine suspiró con molestia y volvió a separar las húmedas telas de su piel.

Estas ropas necesitan un lavado y yo un baño. —Respondió con toda la gracia que el fresco le permitía—. Sin mencionar que necesito una muda, no creo que en una taberna o posada haya ropa a disposición. —Su voz era tranquila, pero resultaba inevitable que aquello no pareciera algún tipo de sarcasmo—. Aunque no pretendo buscar caballerosidad si no la hay. —Sus labios se curvaron en una delicada sonrisa, sutil y misteriosa, si no fuera porque se encontraba cubierta de blanco podría haber resultado cautivadora—. ¿Qué opina usted, señor...?

Dejó la pregunta colgada en el aire, dando por entendido que buscaba algún tipo de presentación. No pretendía sugerir ir al hogar de alguien cuyo nombre no conocía, pero quedarse en una posada con las ropas empapadas en leche y sin tener con que cambiarse no era una opción, dormir desnuda no le apetecía en los más mínimo.




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Re: The Milky Way | Priv. Zeddykos

Mensaje por Aloine el Sáb Sep 16 2017, 23:35

Oh, no sé preocupe, Zed. —El nombre del dragón resbaló por su lengua con naturalidad propia—. Su indumentaria será más que adecuada, yo tampoco soy una entusiasta de las faldas. —Le guiñó un ojo y dio un saltito hacia delante, dejandole saber que podían reanudar su marcha—.Por cierto, mi nombre es Laureline.

Estudió la casa que se imponía frente a ellos, ciertamente era grande y cualquier idiota con dos dedos de frente se daría cuenta que se trataba de la morada de una lagartija. Pero no se parecía en nada a lo que ella se imaginaba, por la arrogancia que rodeaba a aquél hombre, esperaba al menos una estatua de mármol a su imagen dando la bienvenida a quien se atreviera a posar los ojos en el umbral. La casa que tenía en frente carecía de algún rasgo característico, estaba limpia y era bonita, pero no había nada que mostrara algún rasgo de quien viviera dentro.

«Peligro» Le gritó su instinto más primitivo cuando se dio cuenta de eso.

Pero antes de que tuviera tiempo a decidir si seguir con eso o no, el dragón llamó a la puerta y en pocos segundos un hombre, menudo y con aspecto poco importante, abrió las puertas. Su apariencia hacía claro que se trataba de un esclavo, pero lo que a ella le llamó la atención fue como no pareció aludir de ninguna forma a la carencia de pantalones de su amo, como si aquello resultara un ritual obvio de todos los días. Entró a la casa y, mientras Zed daba indicaciones, ella posó su atención a lo que le rodeaba. Si por afuera era sencilla, por dentro era un poco más acogedora. Las paredes de piedra grisácea estaban manchadas con distintas tonalidades oscuras, creando un efecto que no dejaba aburrir a quien la viera. El techo estaba alto y hecho de madera oscura, haciendo que el ambiente resultara ensombrecedor para cualquier humano, pero para los dragones debía resultar una iluminación adecuada. Ella, al ser una híbrida, no tenía mucho problema, pero pensaba que la luz natural hubiera vuelto a la atmósfera un tanto más hogareña.

Es usted muy amable, señor Zed. Ahora, si me disculpa por un rato, dispondré de su baño —Hizo una leve reverencia, con gracia y bien practicada. Para luego sonreír de lado y dar media vuelta.

—Si la señorita me hace el favor de acompañarme, la escoltaré hasta el baño tras dejar en la cocina lo que mi amo ha adquirido.

Elrik hablaba con voz suave y sumisa, como cualquier otro humano adiestrado a punta de látigo. Al parecer había creído que ella se trataba de otra dragona, cosa que le hizo preguntarse si Zed también había caído en su pequeño acto. Esperó al hombre en la puerta de la cocina, mientras daba indicaciones y dejaba las cosas. Luego lo siguió escaleras arriba hasta el lugar que debía de ser el baño, dentro de este ya había otra humana, quien seguramente se trataba de Fainne. La tina de mármol ya estaba llena de agua que desprendía vapor, sumamente caliente. Aloine preguntó si disponían de velas y Elrik fue muy rápido en volver con una caja de madera, la cual dentro tenía bastantes. Sin mucho apuro los despidió y cerró la puerta, para luego desprenderse lo más rápido que pudo de sus telas empapadas. Recordó que había que lavarlas e hizo una bola de estas, para luego abrir levemente la puerta y arrojarlas a las manos de Fainne.

Estaba muy incomoda, el olor se le había impregnado en la nariz, le picaba la barriga y ya tenía los pelos duros. Fingir dignidad y soberbia mientras uno olía a secreción láctea no era divertido en ningún aspecto. Pero se tomó el tiempo de colocar las velas alrededor de la tina y sobre los muebles, encendió una con un chispero y luego utilizó la misma llama con su fuego elemental para encenderlas todas. Se apuró a meterse en la tina, el agua estaba demasiado caliente para su gusto, pero poco le importó. Sumergió toda la cabeza y se quedó debajo del agua durante un buen rato, con los ojos cerrados y la mente dispersa.




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