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Migraine| Priv. Aldrik

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Migraine| Priv. Aldrik

Mensaje por Aloine el Jue Ago 10 2017, 08:11

Odiaba el bosque, odiaba el pasto y odiaba a los árboles. Para ella todo era igual y tanto verde le saturaba el campo visual, sin mencionar que la falta de sonidos le hacía rechinar los dientes. La humedad la hacía estornudar cada tanto y sentía pequeñas agujas incrustándose en las articulaciones de sus rodillas, someterla a que pasara el día en un lugar como ese solo podía ser considerado como la crueldad absoluta.

Para cualquier otra persona aquella misión no era más que un paseo entretenido. El astro mayor se encontraba descansando en su cenit, siendo adorado por las nubes blancas y espesas que le rodeaban. Los dedos de luz se filtraban entre la espesura, rompiendo con la tenue sombra que proyectaban los árboles. Los únicos sonidos que quebrantaban la paz era el viento meciendo las hojas y el correr de un arroyo que no podía estar a mas de 4 kilómetros. Efectivamente, donde otros podían encontrar la paz, Aloine solo encontraba desesperación, y eso se le veía en la cara. Gran parte de su incomodidad se debía a que no ataviaba para el bosque, sino que había elegido un jubón de terciopelo rosa y azul, calzones de lino blanco, botas de cuero flexibles y un cinturón blanco del cual colgaban una navaja y un sable mediano. Sobre sus hombros colgaba una capa de seda azul, abrochada con una cabeza de lobo de plata pulido.

Por suerte para ella no se encontraba sola, la acompañaba nada más ni nada menos que Aldrik, el portavoz de los exploradores. Aloine no se prestaba normalmente a recibir ayuda en sus misiones, pero la presencia de él le tranquilizaba bastante. Se trataba de un muchacho mucho más joven que ella, sus cabellos eran oscuros y le llegaban hasta los ojos, tenía un semblante atractivo, de quijada pronunciada y barbilla fuerte. Pero su mirada, cerúlea y nublada, era su rasgo que más llamaba la atención. Seguramente lograba arrancarle a las muchachas más de un suspiro con aquellos ocelos, incluso, si el hubiera sido mayor, seguramente Aloine hubiera sido una de ellas.

Un suspiro inconsciente se escapó de sus belfos, seguramente estaba siendo una compañía terrible para el muchacho. Por lo que trató de suavizar su gesto y aligerar su paso.

Gracias por acompañarme, de no ser por ti ya estaría comiéndome mis pelos en un ataque de nervios. —Bromeó con cierta incomodidad, su voz era un hilo suplicante—. ¿Te he mencionado cuanto odio el bosque?

Sí, lo había mencionado. Pero es que de verdad lo odiaba.
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Re: Migraine| Priv. Aldrik

Mensaje por Aldrik el Jue Ago 17 2017, 13:33

No hacía mal día, por lo menos a ojos de Aldrik. El cielo estaba lleno de espumosas nubes blancas, y si alzabas demasiado la vista, el sol podía cegar. Había aprendido a encontrar cierta paz en pequeñas cosas como esa, las copas de los árboles ondeaban suaves en la brisa, y el moreno casi se sentía como en casa. Bueno, en su casa de infancia, más bien.

Salir con Aloine ese día había conseguido arrancarle ya más de una sonrisa. La chica era terrible para el bosque, y a él le sorprendía enormemente como alguien podía ser tan amante de la ciudad, con sus calles sucias y sus humos y su gente. Demasiada gente. Aldrik se agobiaba de pensar en sitios como el mercado, donde apenas cabía un alfiler, y daban ganas de apartar a todo el mundo a empujones, especialmente cuando no eras alguien demasiado alto. Se rió suave, la tercera vez que oyó a Aloine protestar por las ramas y el bosque, y la ayudó a pasar por encima de un riachuelo. Cuando eso sucedía el moreno trataba de animarla, diciéndole que podría ser peor, que podría haber llovido el día anterior, y en ese caso, el suelo estaría lleno de barro y sus pies se estarían hundiendo en el fango a cada paso, y eso si que sería una lata.

El redimido se encontraba repasando los mapas con tranquilidad, intentando guiarse al lugar de la entrega, pese a que su ceño se frunciera de tanto en tanto. Ese mapa en concreto dejaba mucho que desear, no habían muchas señales que permitieran distinguir unos lugares de otros, y Aldrik sentía que ya era la tercera vez que pasaban ese árbol en concreto. El olmo se alzaba de manera burlona, con sus ramas estiradas, y a él no le hacía gracia, ninguna gracia. Chasqueó la lengua con suavidad, volviendo a mirar el mapa, y optó por cambiar la dirección, caminando con Aloine. -
Creo que será mejor si marchamos por aquí. -Mencionó, concentrado en los papeles, lo suficiente como para no percatarse de que la otra le miraba. Se acercó algo más al mapa, y al final desistió, doblándolo y guardándoselo en el el bolsillo. - Me parece que me fío más de mi. -Comentó a ella, a tiempo de escucharla, y entonces volvió de golpe a la realidad, algo avergonzado por haber estado tan distraído. Negó con la cabeza repetidas veces. - Oh, no te preocupes, no me importa acompañarte de verdad, me gusta venir aquí. Además, me caes bien. -Sonrió suave. - Viví exiliado la mayor parte de mi vida.

Volvió a tenderle la mano a la chica, para ayudarla a sortear las raíces de un árbol centenario y tras eso la dejó ir, para reanudar el camino. Le gustaba Aloine, era amable y le hacía reír. No le importaba la idea de ir de exploración con ella, en contraposición con otros compañeros en la Resistencia que si le daban más problemas. Valeria, por ejemplo.

Sortearon un par de árboles más, y al final se agachó, cerca de unos arbustos, divertido cuando la otro volvió a insistir. -
Si, creo que ya me lo has dicho antes unas cuantas veces. -Le comentó a ella, dándole un codazo suave, y entonces le señaló más adelante, a unos ciervos que comían pasto. - Venga va, no me digas que eso no es mejor que la ciudad...




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Re: Migraine| Priv. Aldrik

Mensaje por Aloine el Jue Ago 24 2017, 04:42

Ella simplemente no lo comprendía, todo era lo mismo. Los mismos árboles, el mismo pasto, la misma tierra, el mismo cielo, los mismos ruidos. Para Aloine el bosque no era más que la repetición encarnada, casi parecía que daban una y otra vez la vuelta alrededor de la misma colina. Pero ese no podía ser el caso, bajo ninguna circunstancia, el que la guiaba era un experto explorador. Seguramente, lo que a ella le parecía un ida y vuelta, no era más que un camino tan claro como el día para el joven Aldrik. Sí, con él a su lado era imposible que se perdiera en la cárcel de madera.

En su ignorancia y torpeza no podía darse cuenta de que el mapa confundía a su acompañante, de haberlo sabido seguramente se habría largado a llorar de desesperación en el lugar. Sorteó unas raíces con la ayuda de Aldrik, él siempre le extendía una mano con una sonrisa, seguramente ante sus ojos no era más que una torpe muchacha de ciudad y no estaba equivocado si ese fuera el caso. Lo escuchó mencionar acerca de como había pasado exiliado la mayor parte de su vida, quiso seguir con una pregunta, pero decidió que era mejor guardarse eso para cuando tuvieran bebida en las barrigas.

Entonces, mientras ella cortaba una rama en la que se le había enredado la capa, su compañero le dio un suave codazo en las costillas. Estuvo a punto de reclamarle aquello, pero se dio cuenta que intentaba hacer que le prestara atención a algo. Se agazapó entre la espesura y concentró su mirada hacia delante, pudiendo vislumbrar los ciervos que tenían en frente. Sus labios dibujaron una "O" y parpadeó varias veces, como una niña que veía un juguete que le llamaba la atención. Cosa rara, las bestias le parecieron magnificas en su silencio salvaje. Las veces que se había encontrado con animales salvajes se podían contar con los dedos y, para desgracia de ella, aquellos encuentros habían terminado con cicatrices y sangre.

Tienes un punto favorable... —susurró en voz baja, para no espantar a las bestias—. Pero tendrían que sangrar vino o cerveza para que este lugar le ganara a la taberna más mugrosa de Talos. —Volvió la mirada hacia él y esbozó una sonrisa.

Llevó una de sus manos hacia la empuñadura de su sable y tiró levemente de esta, para comprobar que el filo aún seguía unido al resto. Con lentitud y paciencia quitó el arma de su vaina, tratando de no emitir sonido alguno. Luego se incorporó con el mismo ritmo, sabiendo que si lo hacia demasiado rápido llamaría la atención de los animales. Su lengua se asomó por sus belfos mientras cerraba su ojo izquierdo, tratando de medir la distancia entre ellos y el ciervo más cercano. Una vez estuvo segura de su puntería arqueó su brazo y puso el sable a la altura de su espalda, para así describir medio arco de un solo tirón. Sus brazos quedaron extendidos en el aire, mientras el arma dibujaba una estela centelleante en el aire y acababa atravesada en la garganta de un gran ciervo. Al parecer la violencia del impacto llegó a quebrarle el cuello, ya que parecía no haberse dado cuenta de que estaba muerto.

Uno de los bichos emitió un sonido monstruoso y gutural, demasiado impropio de su majestuosidad. Aquello sorprendió a la muchacha y la hizo dar un paso hacia atrás, su rostro pintaba una mueca que jugaba entre el arrepentimiento y el terror. El resto de los ciervos imitaron aquél aberrante ruido y se dieron a la fuga, dejando atrás a su compañero caído. Aloine suspiró.

¿Quien diría que bichos tan hermosos podían hacer ruidos tan monstruosos? —Preguntó al aire, para luego ir en dirección a la presa que yacía muerta. Dio media vuelta y observó a Aldrik—. Su grasa arderá bien y podemos asar la carne. —Exclamó y luego sonrió como ella sola podía.

Aún en la muerte el animal resultaba magnífico, hasta hizo que ella se preguntara si se vería tan bien luego de patear el balde. Tenía grandes cornamentas y un hermoso pelaje pardo con puntos blancos en la espalda, el pecho era completamente níveo pero ahora se encontraba bañado en sangre.

Solo quedan unas horas de luz, tal vez sería buena idea armar un campamento mientras podamos ver más allá de las malditas ramas. —Declaró mientras quitaba el acero de su presa y lo limpiaba con la manga del jubón, el cual ya estaba bastante estropeado—. Tengo un pellejo de vino y traje un par de cosas que tal vez sean útiles, aunque lo dudo, las pocas veces que acampé no hice nada del trabajo duro. —Admitió sin un rastro de vergüenza en su voz, mientras inclinaba las rodillas—. O podemos hacer un fuego para quemar antorchas y seguir explorando de noche. —Se tomó una pausa y observó a Aldrik, mientras se mordía el labio inferior, tal vez matar al ciervo había sido una decisión impulsiva—. Tú eres el experto en bosques, así que tú decides.




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Re: Migraine| Priv. Aldrik

Mensaje por Aldrik el Sáb Sep 16 2017, 15:17

Aldrik había quedado casi en trance, distraído con el bosque a su alrededor, con los pájaros que de tanto en tanto, podían escucharse entre los árboles, escondiéndose entre las hojas. En el pasado, el chico había sentido envidia de ellos como la había sentido de los dragones, porque podían volar, y como humano (ahora redimido) el se sentía atrapado a ras de suelo.

Esperaba que al menos cosas como esos ciervos pudieran cambiar brevemente la perspectiva de Aloine respecto al bosque, pero en su lugar, tuvo que reírse flojo por la comparativa del vino y la cerveza. -
Bueno, no tienen de eso, pero es bonito mirarlos. -Susurró, bastando que girara la cabeza de nuevo a los animales para que se quedara pálido de golpe. No se dio cuenta del momento en el que la chica extrajo el arco, e instantes después uno de los ciervos se desplomaba al suelo con un graznido bastante horrible. ¿Acababa de...? ¿De...?

Aldrik no debería sorprenderse, más en vistas del trasfondo cazador del que venía con su familia, pero en aquella ocasión la violencia le había pillado desprevenido, más aun cuando solo estaba enseñándoselos a Aloine. Había pasado por alto la hora de la cena, y darse cuenta de ello hizo que le rugiera un poco el estómago. Tenía que dejar de pensar en su manera de actuar antes, ahora tenía corazón... y si bien hace un mes se olvidaba de comer muchas veces, ahora no debía. O bueno, no era sano.

-
Confieso que ha sido violento. -Bromeó, antes de mirar a la otra, sin sabía si comprendió a que se refería. - Pero también confieso que va a ser buena comida. Y cena. Y comida de mañana. -Se alzó, saliendo de entre los arbustos, caminando con ella hacia el animal. Sacó una daga pequeña, clavándosela al ciervo en el cuello con cuidado, y la mantuvo un momento, asegurándose de que estaba muerto del todo. Murmuró una cosa interiormente, dejando pasar un instante como había visto hacer a su padre miles de veces, y una vez hecho eso, pasó a cortarle la cabeza al animal. Su padre había sido muy bueno con eso de dar gracias a la Tierra.

Aldrik confesaba que se le olvidaba 2 de cada 4 veces, especialmente con animales pequeños.

-
Imagino que no querrás la cabeza, y nos molestará cargarla por las astas, así que creo que la vamos a dejar aquí. -Se llevó la mano a la bolsa que cargaba, sacando un trozo grueso de tela, y cubrió la parte cortada con este, atandola fuertemente con cuerda a modo de torniquete. No deseaba mancharse más de lo que ya tenía perdidas las manos. Se las limpió con una cantimplora de agua que llevaba y acto seguido miró a Aloine.- Ahm... mierda. No caí en ello. -Maldijo mirando al bicho, luego a si mismo, y de nuevo a Aloine.- ¿Cómo cargamos esto? -Miró alrededor.- Me parece que si hacemos campamento nos quedamos aquí. -Era sincero en esos aspectos. Aldrik era muy consciente de que como tratara de levantar esa cosa se mataba, y no veía a Aloine haciéndolo tampoco.

-
Podríamos acampar bajo ese árbol. -Hizo un gesto al tronco viejo de arce que tenían en frente.- Tiene buena copa, algo de resguardo dará. Está bastante hundido entre el follaje así que no nos dará mucho el aire.

Dejó su mochila en el suelo, imaginando que tendría que preparar el ciervo cuando Aloine dijo lo del campamento. -Bueno, pues en esta ocasión me vas a tener que ayudar un poco... ¿podrías encender la hoguera, anda? -Y añadió- No la pegues mucho al árbol o podemos liarla.

Se giró de nuevo hacia el animal, dejando ir un suspiro suave, y trató de hacer memoria a como lo hacía antes, porque llevaba 8 meses sin abrir un ciervo en canal. Maldito seas, Let. Murmuró para si, con una sonrisa pequeña pero terminó hundiendo el cuchillo, apartando la piel con cuidado.




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