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The lad and the lassie (Hawke)

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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Hawke el Miér Ago 09 2017, 07:18

La cabeza le dolía horrores y sus entrañas parecían estar ardiendo, en la boca aún tenía sabor a vino e hidromiel, cosa que lo mantenía en un continúo estado de repugnancia. Llevaba las ropas del día anterior, solo que ahora estaban más sudadas y manchadas, se trataba de una camisa de lana que antaño era blanca, junto con unos calzones de tela similar que le llegaban hasta por debajo de las rodillas. Sus pies estaban desnudos y sucios, pues había perdido las botas de cuero y no tenía la menor idea de donde podrían estar.
Se encontraba recostado junto a una imponente estatua en el mercado. Sus dedos bailaban sobre las cuerdas de su laúd, sin tocar ninguna canción en particular, y junto a él había una jarra de vidrio que apestaba a diferentes tipos de alcoholes y, dentro, tenía monedas de distintos valores que le habían dejado al músico sin techo. Su cara estaba tapada por un sombrero de paja, pero los molestos dedos de luz del sol se filtraban a través del tejido. Cualquiera que lo viera recostado, tan desafortunado como despreocupado, no podría nunca imaginarse que ese hombre había viajado por todas las tierras que merecían ser pisadas y sabía más palabras que cualquier dragón aristócrata.
De pronto, un grito agónico le llamó la atención. Se apartó el sombrero de la cara y miró hacia los costados, como si ello lo ayudara a identificar de donde provenía tal chillido. Tragó saliva y con dificultad se levantó, tomando la jarra en una mano y llevando su instrumento en la otra. Los pies le pesaban y su entereza estaba comprometida por la bebida, pero no tardó en comenzar el trote hacia el callejón del que se escuchaban los gritos.
Al llegar pudo ver a los tres rufianes que se agrupaban contra una mujer. De repente toda la resaca se había esfumado y el ardor de sus entrañas se había transformado en fuego dentro de sus venas. Dejó caer su instrumento al suelo y con paso apurado se aproximó a la escena, tomando al hombre del medio por el hombro para hacerlo voltear y que se encontrara con sus azulados ocelos. Antes de que pudiera hacer cualquier sonido, Hawke le reventó la jarra de vidrió en la cabeza, sintiendo como el cráneo del sujeto se hundía ante la inercia. También pudo sentir como los trocitos de vidrio se le astillaban en la mano, pero poco le importaba el dolor en esos momentos.
—¿Y a ti quien mierda te invitó?
Un fuerte puñetazo le hizo retumbar los oídos y ver borroso, genial, estaba ebrio de nuevo. Trastabilló hacia atrás y un segundo hombre le dio un rodillazo en el plexo solar, cosa que lo hizo contraer sobre sí mismo y que el aliento se le escapara por los labios. A pesar de tal brutal golpe, pudo componerse con relativa rapides y empezó a correr en dirección a uno de los hombres. Con todo el peso de su cuerpo lo levantó en el aire y luego lo hizo caer con violencia hacia el suelo, sintiendo un fuerte y sonoro *crack* que en otra situación le hubiera hecho estremecerse. Antes de que pudiera desencadenar sobre el tipo una lluvia de puños, otro le tacleó por el costado y lo hizo caer sobre el hombro.
Rodó sobre si mismo y buscó ayudarse a levantarse contra la pared. Dobló las rodillas y arqueó los codos, haciendo que las manos le llegaran a la altura del pecho. Sintió como una estela de sangre descendía desde su frente, por el costado de la nariz y su ojo izquierdo, hasta la comisura de sus labios.
Los tres sujetos se compusieron, viéndolo de frente y tragando saliva.
—¿Pero de qué esta hecho?
Hawke rió para sus adentros y sus belfos se torcieron en una sonrisa arrogante.
—Puedo hacer esto todo el día. —Mintió.
El hombre del medio, que aún tenía trozos de vidrio incrustados en la cabeza, escupió hacia el suelo y le dedicó una mirada a la mujer. Volvió sus ojos al bardo y se mordió el labio.
—Vayámonos de aquí, ninguna zorra merece tanto problema.
Las escorias se dieron vuelta y echaron a correr. Cuando el pelirrojo los perdió de vista se aproximó a la mujer. De repente todo le dolía, en su paladar se esparcía el sabor del acero y su mano le escocía. A pesar de todo eso, le ofreció una sonrisa amable.
—¿Estás bien, lassie? — Preguntó con un tono amable. Antes de que pudiera recibir una respuesta, sus piernas se rindieron y cayó al suelo. Escupió sangre y maldijo en otra lengua, para luego exhalar adolorido—. No tengo la suerte como para que lleves contigo leche de amapola, ¿no? —Bromeó, para luego reír por lo bajo.
Un tirón de dolor en el pecho interrumpió su risa y en su lugar volvieron las maldiciones.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Hawke el Dom Ago 13 2017, 12:12

"Siempre debes hacer de héroe, Meraxes... eres solo un hombre diminuto en un mundo que no le importa si faltas."

El recordar aquellas palabras sabias y crueles le hizo sonreír, las viejas costumbres no morían con facilidad. No era la primera vez que se ganaba una buena paliza y estaba más que seguro que no sería la última, pero en cuanto se encontró con los ojos verdemar de aquella mujer supo que el riesgo valía la pena. Él era un artista y su vida estaba dedicada a la belleza y su preservación, el no haber intentado algo por ella habría sido tan terrible como quemar pinturas y mearse en instrumentos. Seguramente habría sido peor.
Ella dijo algo acerca de una boticaria y tratamiento, pero él estaba demasiado ocupado estudiando su rostro como para prestarle atención a simples incomodidades. Sus ojos eran verdes, verdes como el jade, verdes como los mares en las tierras al norte de Edén, verdes como el bosque. Su rostro era simétrico y bello, con pómulos bien constituidos y prominentes. Sus labios eran rojos, no del rojos pintado que las mujeres creen que las hace deseables, eran rojos como si hubiera bebido sangre directamente del corazón. En ese momento su gesto era de preocupación, pero Hawke estaba convencido de que su sonrisa podía detener el corazón de los hombres. Su cabello se dividía en finas hebras oscuras, que le lamieron las mejillas cuando lo ayudó a levantarse, parecía que había pasado una mañana entera peinándolo pero él sabía que naturalmente era así.
No rechazó su ayuda, sino que la acepto con gracia y una sonrisa. Sabía que si intentaba pararse él solo sus piernas terminarían dando un espectáculo penoso, cuanto menos. No solo estaba herido, él sabía que también se encontraba deshidratado, no podía darse el lujo de fingir temple.
—No hay de qué. —Dijo con tranquilidad mientras se dejaba guiar por ella, aunque apoyaba más su peso sobre la zurda para no aplastarla, era pequeña—. Bastará con cocer unos puntos y ver si no tengo hemorragias internas. —Murmuró, pero luego se dio cuenta de que tal vez estaba usando lenguaje demasiado técnico.
No sabía que tan mal estaba y no podía hacerse un control él mismo en medio de la calle, pero también le preocupaba ir a aquella botica que la mujer había recomendado. Cuando la observó por segunda vez y vio las marcas ajenas, comprendió que no era seguro para ella tocar las pertenencias de su señora.
—¿Su ama no se enfadará si hace entrar a un desconocido de la calle? —Preguntó tratando de camuflar su preocupación—. No podría vivir conmigo mismo si la saco de un dilema para meterla en otro.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Hawke el Lun Ago 21 2017, 20:36

Su sorpresa fue evidente cuando la escuchó hablar en términos médicos, generalmente los esclavos no sabían diferenciar un corte de un raspado. Aquello le hizo sentir curiosidad, por las magulladuras de su cuerpo y los grilletes que llevaba podía decirse que su ama no sentía ningún tipo de afecto por ella, pero aun así parecía bastante instruida.
Su voz era como jade líquido en sus oídos, era dulce y maternal, como si ya hubiera tratado con heridos en el pasado. Sonrió con arrogancia mientras trataba de desenvolver el misterio que él solo se había impuesto, siempre era más fácil prestar atención a los detalles que simplemente preguntar. Asintió en silencio mientras cruzaban el umbral, saber que la lagartija dueña del local no se encontraba en Talos le tranquilizó. A pesar de las palabras de la mujer, él sabía muy bien que los dragones disfrutaban de utilizar el látigo cuando uno se metía con sus pertenencias.
El local no parecía ser muy grato a primera vista, la luz escaseaba y el aroma de las diferentes hierbas era como una nube pesada para quien no se había acostumbrado. Sin esforzarse mucho Hawke pudo identificar amapola, fresno, raíz de cúrcuma y bayas de enebro, entre otras cosas.
El temblor de ella interrumpió su pensamiento, haciendo que observara en la misma dirección, hacia las escaleras que parecían llevar a un nivel inferior. Sus orbes se afinaron y sintió como la curiosidad le pedía a gritos ver que escondía ese lugar, pero supo contenerse y dejó que ella le guiara. Se sentó con dificultad y casi lamentó cuando ella se separó. Una vez dejó de sentir su aroma a lirios y espesura, comprendió que le había gustado el tenerla cerca. Una risita se le escapó al entender eso y no tardó en seguirla un alarido mudo.
—No hace falta que uses ningún tipo de analgésico, esas hiervas no son fáciles de conseguir y administrar. —Murmuró mientras comenzaba a desabotonarse la camisa, pero para cuando llegó al segundo botón se dio cuenta de que aquél comentario podría haber caído mal—. No es que no crea que puedas hacerlo, solo quiero decir que no hace falta que me ahorres ningún tipo de dolor.
Sonrió con algo de torpeza, se estaba comportando como una especie de idiota, seguramente había sufrido una contusión. Terminó de quitarse la camisa y el mismo comenzó a examinarse, tenía un hematoma en el medio del torso y y varios cortes de poca profundidad a lo largo del tronco. Su brazo también le escocia y sabía, sin necesidad de ver, que estaba raspado desde el codo hasta el hombro. Decidió dejarse sus observaciones para sí mismo y dejaría que ella determinara que hacer, quería ver si estaba tan instruida como aparentaba.
—Sabía que era mal luchador, pero parece que soy peor de lo que me imaginaba. —Bromeó mientras levantaba la mirada y se encontraba con la de ella.
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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Hawke el Sáb Sep 02 2017, 22:29

Estudió los movimientos de la mujer, viendo como se desenvolvía con la gracia y parsimonia de quien le sobra el tiempo. No se movía como una esclava, pero no tenía el calor ni el delator rasgo de una dragona. Ciertamente aquella mujer representaba un enigma encantador para el pelirrojo, eran pocas las veces que Hawke se encontraba con esclavos tan bien formados como él.
Mantuvo la mirada con ella cuando se acercó con tal atrevimiento, cosa que le pareció muy propia de una dragona. Pero decidió seguirle el juego y se apartó apenas unos centímetros, levantando ambas manos en el aire e inclinando levemente el gesto, completamente desarmado ante su sonrisa.
—Usted sabrá mejor. —Dijo con falta de arrogancia y curvando los labios.
El silenció reinó durante el tiempo que ella le examinó, su cuerpo parecía un mapa y cada cicatriz era una una isla. Con el paso del tiempo Hawke había dejado de contarlas o prestarle atención a donde estaban ubicadas, había vivido demasiadas aventuras como para enorgullecerse de cada pequeña marca que transitaba sobre su tez. Las únicas que no podía ignorar eran las que estaban en su espalda, y supo cuando la mujer las había visto. Se había quedado rígida de repente y él pudo escuchar como expulsaba aire con fuerza, como quien contiene las ganas de darle un buen puñetazo a la pared. Sintió la proximidad de sus manos sobre los pliegues, pero optó por quedarse quieto y ver que hacía. Todas las personas tienen una reacción específica a la hora de ver cien azotes sobre otros cien, algunos gritan horrorizados, otros murmuran por lo bajo, algunos ríen de nerviosismo y otros incluso lloran en el lugar. Pero la reacción de ella o, más bien, la falta de esta, fue extraña.
Sus ocelos se afinaron y elevó una comisura de sus labios, para luego asentir levemente cuando ella le dijo que no parecía tener sangrado interno. Pero en su mente no dejaba de preguntarse porque no había dicho o preguntado nada respecto a su espalda, todo el mundo lo hacía.
Sintió el fresco del paño y como se le erizaban los pelos, había olvidado que estaba con resaca y que cualquier tipo de frescura le atontaría la temperatura. Pero volvía a ser agradable sentir el perfume de ella cerca.
—Sé pelear, pero decidí que hay mejores formas de sobrevivir que no requieren una espada en la mano y sangre en la otra. —Le corrigió, mientras se acomodaba mejor y contraía los dedos de los pies por el frío que descendía en forma de gotas por su pecho—. La que no deja de sorprender es usted, conoce de sanación y encima pelea. —Ahogó un quejido en su garganta y luego carraspeó—, es difícil de creer que un dragón la instruyera tanto para luego hacerla pasear con esas cadenas.
El pelirrojo sonrió con suficiencia y sus ojos adquirieron un brillo extraño.
—Puede llamarme Hawke, el bardo —se presentó—, sería un placer aprender bajo su tutela, si es que su hijo o su ama no demandan más de su atención.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Hawke el Jue Sep 21 2017, 07:23

Aquella era una historia demasiado común en el mundo. Nacer encadenado, probar la libertad y volver a ser confinado a los grilletes. El mismo había conocido aquella sensación más veces que la mayoría, pero no podía negar el hecho de que era la primera vez en años que comía por placer y dormía con comodidad, si esa era la recompensar por el escozor de una quemadura en la planta del pie... No tenía problemas con quemarse un poco de piel, esta era una de las pocas cosas que le sobraban.
Las palabras de ella le resultaban extrañas, nadie se presentaba sin entregar un nombre de primeras. Era obvio que no parecía segura de la certeza de su nombre, ya que antes le había dado la nomenclatura con la cual su ama la llamaba. Torció el gesto y estuvo a punto de inquirir respecto a eso, pero entonces la mujer dejó caer sobre sí misma el contenido de un frasco. Entonces le llegó el maldito aroma a lavanda y el estómago le dio media vuelta, como si hubiera decidido de repente dar un salto sobre el lugar. No había olor más detestable en la faz de la tierra, lo aborrecía con todo su ser y le asqueaba tan rápido como lo haría tropezarse sobre un montón de heces.
A pesar de su descompostura, poco contenida por la resaca, se acercó a ella y la ayudó a juntar las pequeñas botellas. No sin antes aguantarse los reflejos nauseosos.
—Fácil, de hecho. —Murmuró mientras resguardaba sobre su brazo derecho un montoncito de frascos de vidrio—. He notado que al caminar presenta una leve molestia, podría presentarse por un golpe o... Bueno... Cosas algo más indecorosas. Pero la leve curvatura de su espalda al pararse recta me dice que lleva peso que no acostumbra, eso sumando la molestia, indica que ha dado luz hace poco. Posee un buen cuerpo y parece mantenerse en forma, por lo que advertí que no tomó las precauciones adecuadas luego de traer a un niño al mundo. El reposo le hubiera evitado eso...
En cuanto levantó la mirada se dio cuenta de que había comenzado a hablar sin prestarle atención a ella, demasiado ocupado tratando de concentrarse en algo para no devolver el... Bueno, no llevaba nada en el estómago que pudiera devolver. Como su intuición le había dicho, poseía el mal del olvido. Aquello era cruel, una madre despojada de su hijo y sin un recuerdo que le diera algún tipo de consuelo. Se sintió mal, muy mal.
Al levantarse dejó las botellas sobre el lugar donde antes estuvo sentado y se aproximó a ella, ligero y silencioso, como si fuera una gacela que no quisiera espantar. Se puso a su nivel y, algo inseguro, rodeo los hombros de ella con un brazo, en un intento de ayudarla a contener eso que parecía guardar con candado en lo más profundo de su corazón.
—Sabe, Moira... No se me ocurre un mejor motivo por el cual derramar lagrimas. —Su voz se deslizó fuera de sus labios en un susurro intimo y tranquilo. Sus ojos observaban el suelo manchado, mientras pensaba que decirle a aquella desconocida que no conocía ni su verdadero ser—. Todos consideran que llorar denota debilidad y que es algo poco honrado, pero yo pienso que la verdadera fortaleza solo puede nacer de la fragilidad. Todo lo demás es solo un acto.
Levantó la mirada y buscó los ocelos de ella con los propios, entrecerrandolos levemente.
—¿Qué le parece un intercambio? —Curvó los labios en una media sonrisa, que buscaba ser más consoladora que otra cosa—. Tal vez no pueda devolverle a su hijo, pero —hizo una leve pausa y asintió—, si usted me enseña a defenderme como es debido, yo puedo intentar devolverle su verdadera identidad. La seguridad de que su nombre no es de nadie más que suyo.




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