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The lad and the lassie (Hawke)

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The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Moira el Mar Ago 08 2017, 14:48

Una semana y media había pasado desde que había despertado en la oscuridad de un pequeño cuarto. Aquel lúgubre y frío mundo la había engullido sin avisar, queriendo sepultar sus sueños y sus esperanzas. Su vida se había convertido en una rutina de torturas y experimentos de la que sólo lograba escapar con encuentros esporádicos con otras personas que la ayudaban a aferrarse a aquella realidad. No era una pesadilla. Era una infernal existencia tan tangible como el afilado filo de un cuchillo en su garganta. Siempre amenazando con sesgar su vida. ¿Hacía mal en continuar resistiéndose? ¿En luchar por sobrevivir? Su corazón le decía que no. Su mente, por pura terquedad, continuaba forcejeando con su situación. Pero su cuerpo... estaba cansado. De tanto dolor, tanto sufrimiento, tanta agonía.

En los últimos días había dejado de escaparse. Los planes de huída maceraban en su mente, pero necesitaba que la dragona bajase la guardia. Que regresase del templo había sido un punto de partida para que la aristócrata valorase la posibilidad de dejarla ir al mercado. Aquel día era el primero que le permitía ir. Llevaba el vestido que tanto le gustaba a Lady Morgana que se pusiera. De color negro con delicados destellos verdosos. Las mangas eran largas y el bordado en ellas creaba una hermosa transparencia en sus brazos. Se ceñía a su busto, en corsetado, con un escote que insinuaba más de lo que enseñaba. La falda caía recta, con la tela deslizándose por el contorno de sus piernas a medida que caminaba. Su largo y oscuro cabello tenía unos pocos mechones recogidos para caer el resto suelto por su espalda y sus hombros. Iba descalza, incapaz de ponerse calzado por el dolor que aún atenazaba su empeine izquierdo por la reciente marca que descansaba en él. Las pesadas cadenas pendían de unos grilletes que mordían sus muñecas, con el hierro clavándose dolorosamente en su piel.

Vestimenta:

Sus ojos, de cambiante color dependiendo de la luminosidad del lugar, eran dos esmeraldas que recorrían el gentío en busca de salidas. Deseaba perderse en aquel bullicio y desaparecer, escapando de su angustiosa vida a través de la multitud. Pero todavía no. Si volvía a intentarlo, no saldría más. Inspiró profundamente por sus fosas nasales y se aferró al asa trenzada de la cesta que portaba como si fuese parte de los restos de un naufragio que no la dejaría hundirse en lo profundo del océano. Necesitaba centrarse y ser paciente.

Había comprado todo y ya regresaba, alejándose un poco de la algarabía del mercado cuando sus instintos de cazadora se activaron. Sólo que en ese momento era la presa. Tuvo la escalofriante sensación de que la seguían. Aceleró sus pasos tanto como pudo, debido al dolor de su maltrecho cuerpo. Pensó, irónicamente, que si alcanzaba la botica estaría a salvo. Tuvo una sensación de dejá vu. Una punzada de intenso dolor golpeó una de sus sienes y se llevó la mano libre a aquella zona de la cabeza. Fue entonces cuando notó el empujón y el posterior golpe contra la piedra de una fachada. En aquel momento de debilidad, parpadeó confundida y se giró para enfrentar a su atacante. Eran tres hombres vestidos con harapos y dientes amarillentos. La cesta había caído al suelo. Los huevos se habían roto y las verduras habían rodado por la tierra. La mujer hizo una mueca, sabiendo que recibiría un castigo por ello-. Esta me la pagáis. Tú, tú y tú -los señaló, con furia en su mirada.

-Sí, guapa, tenemos tres buenas cosas para pagarte -dijo el que llevaba la voz cantante, haciendo un gesto obsceno con sus pantalones y arrancando carcajadas a sus compañeros.

-Paso. Ninguno es mi tipo -replicó ella, con su cuerpo en alerta.

Y se abalanzaron sobre la esclava. Ella usó las cadenas para golpearlos e intentar ahogarlos. Pero su cuerpo estaba débil. Repartió rodillazos, codazos y llegó a recoger la cesta vacía del suelo para usarla como arma. De nada sirvió. Aunque adoloridos, los hombres acabaros por inmovilizarla contra la fachada de la casa. Sintió con desagrado cómo la olfateaban y oyó un ronco "hueles bien". El jabón neutro de Morgana hacía más evidente su natural aroma a lirios y bosque. Lanzó un cabezazo infructuoso cuando notó que subían un poco la falda de su vestido. Al verse impotente, su corazón se desbocó, casi pudiendo sentir su propio pulso bajo la piel-. ¡Ayuda! -gritó. Estaba al lado del mercado, en un callejón. Esperaba que alguien la escuchase. El golpe le acertó en el labio y notó el sabor metálico en su boca. Se le saltaron las lágrimas e imitió un quejido.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Hawke el Miér Ago 09 2017, 07:18

La cabeza le dolía horrores y sus entrañas parecían estar ardiendo, en la boca aún tenía sabor a vino e hidromiel, cosa que lo mantenía en un continúo estado de repugnancia. Llevaba las ropas del día anterior, solo que ahora estaban más sudadas y manchadas, se trataba de una camisa de lana que antaño era blanca, junto con unos calzones de tela similar que le llegaban hasta por debajo de las rodillas. Sus pies estaban desnudos y sucios, pues había perdido las botas de cuero y no tenía la menor idea de donde podrían estar.
Se encontraba recostado junto a una imponente estatua en el mercado. Sus dedos bailaban sobre las cuerdas de su laúd, sin tocar ninguna canción en particular, y junto a él había una jarra de vidrio que apestaba a diferentes tipos de alcoholes y, dentro, tenía monedas de distintos valores que le habían dejado al músico sin techo. Su cara estaba tapada por un sombrero de paja, pero los molestos dedos de luz del sol se filtraban a través del tejido. Cualquiera que lo viera recostado, tan desafortunado como despreocupado, no podría nunca imaginarse que ese hombre había viajado por todas las tierras que merecían ser pisadas y sabía más palabras que cualquier dragón aristócrata.
De pronto, un grito agónico le llamó la atención. Se apartó el sombrero de la cara y miró hacia los costados, como si ello lo ayudara a identificar de donde provenía tal chillido. Tragó saliva y con dificultad se levantó, tomando la jarra en una mano y llevando su instrumento en la otra. Los pies le pesaban y su entereza estaba comprometida por la bebida, pero no tardó en comenzar el trote hacia el callejón del que se escuchaban los gritos.
Al llegar pudo ver a los tres rufianes que se agrupaban contra una mujer. De repente toda la resaca se había esfumado y el ardor de sus entrañas se había transformado en fuego dentro de sus venas. Dejó caer su instrumento al suelo y con paso apurado se aproximó a la escena, tomando al hombre del medio por el hombro para hacerlo voltear y que se encontrara con sus azulados ocelos. Antes de que pudiera hacer cualquier sonido, Hawke le reventó la jarra de vidrió en la cabeza, sintiendo como el cráneo del sujeto se hundía ante la inercia. También pudo sentir como los trocitos de vidrio se le astillaban en la mano, pero poco le importaba el dolor en esos momentos.
—¿Y a ti quien mierda te invitó?
Un fuerte puñetazo le hizo retumbar los oídos y ver borroso, genial, estaba ebrio de nuevo. Trastabilló hacia atrás y un segundo hombre le dio un rodillazo en el plexo solar, cosa que lo hizo contraer sobre sí mismo y que el aliento se le escapara por los labios. A pesar de tal brutal golpe, pudo componerse con relativa rapides y empezó a correr en dirección a uno de los hombres. Con todo el peso de su cuerpo lo levantó en el aire y luego lo hizo caer con violencia hacia el suelo, sintiendo un fuerte y sonoro *crack* que en otra situación le hubiera hecho estremecerse. Antes de que pudiera desencadenar sobre el tipo una lluvia de puños, otro le tacleó por el costado y lo hizo caer sobre el hombro.
Rodó sobre si mismo y buscó ayudarse a levantarse contra la pared. Dobló las rodillas y arqueó los codos, haciendo que las manos le llegaran a la altura del pecho. Sintió como una estela de sangre descendía desde su frente, por el costado de la nariz y su ojo izquierdo, hasta la comisura de sus labios.
Los tres sujetos se compusieron, viéndolo de frente y tragando saliva.
—¿Pero de qué esta hecho?
Hawke rió para sus adentros y sus belfos se torcieron en una sonrisa arrogante.
—Puedo hacer esto todo el día. —Mintió.
El hombre del medio, que aún tenía trozos de vidrio incrustados en la cabeza, escupió hacia el suelo y le dedicó una mirada a la mujer. Volvió sus ojos al bardo y se mordió el labio.
—Vayámonos de aquí, ninguna zorra merece tanto problema.
Las escorias se dieron vuelta y echaron a correr. Cuando el pelirrojo los perdió de vista se aproximó a la mujer. De repente todo le dolía, en su paladar se esparcía el sabor del acero y su mano le escocía. A pesar de todo eso, le ofreció una sonrisa amable.
—¿Estás bien, lassie? — Preguntó con un tono amable. Antes de que pudiera recibir una respuesta, sus piernas se rindieron y cayó al suelo. Escupió sangre y maldijo en otra lengua, para luego exhalar adolorido—. No tengo la suerte como para que lleves contigo leche de amapola, ¿no? —Bromeó, para luego reír por lo bajo.
Un tirón de dolor en el pecho interrumpió su risa y en su lugar volvieron las maldiciones.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Moira el Jue Ago 10 2017, 22:01

Aquellas manos callosas ascendían por sus piernas por mucho que intentase apartarlas en un forcejeo incesante. El desagradable aliento de los tres hombres le produjeron arcadas. Un fétido olor a comida pudriéndose contra sus amarillentos dientes. Apartó la cara hacia un lado cuando intentaron besarla mientras se revolvía para evitar aquellas manos que hoscamente pretendían trepar por su cuerpo. Nada podía hacer por sí sola para zafar de algo peor. De aquel mal que pretendían ellos. El aire escapó de sus pulmones, vaciándolos ante el inminente horror. Sus largas pestañas se humedecieron con desesperación. De sus labios brotaron apagados e entrecortados sollozos, en medio de la angustia y la impotencia.

Cerró los ojos, con su corazón siendo apretado por un invisible puño cerrado. Esperó aquel tenebroso desenlace, inmovilizada e incapaz de defenderse. Hasta que sintió que unos dedos engarfiados se separaban de ella. Los párpados femeninos se alzaron en sorpresa y esperanza. A través del acuoso velo que había en los hermosos y angustiados orbes, vio una cuarta figura. Un hombre, más alto que sus agresores. El aire volvió a sus pulmones, insuflado de repente. Su pecho ascendió y descendió violentamente. Oyó el chasquido del vidrio al romperse-. ¡Cuidado! -gritó para avisarle de un puñetazo que lo alcanzó. Sintiéndose liberada de dos hombres, mordió con saña el antebrazo del tercero que aún la sujetaba antes de lanzarle un puñetazo en toda la quijada.

La consecuencia fue que le devolvió el golpe de tal forma que la hizo chocar contra la fachada y caer al suelo, de rebote y adolorida. Entreabrió los labios, respirando con esfuerzo y las manos sobre el suelo, antepuestas para frenar la caída por puro instinto. Sacudió un poco su cabeza, intentando deshacerse del zumbido en sus oídos por el golpe. Para cuando miró de nuevo, los hombres estaban asustados de la resistencia de aquel pelirrojo de cabellos ensortijados y un cuerpo que los superaba en tamaño. Suspiró cuando decidieron irse y notó parte de su propia angustia desaparecer.

La sombra del pelirrojo la cubrió. Aunque ella era alta, cuando lo vio cerca, supo que él la superaría con creces tanto en altura como en fuerza. La forma en la que la llamó la sorprendió... de una forma extrañamente cálida. Los dos pares ojos conectaron. El azul del cielo en un día despejado contra el verdor de la frondosidad del bosque-. Sí... lad -respondió. Aún notaba la adrenalina discurrir por sus venas y esta la hizo estremecer y levantarse como un resorte cuando lo vio caer y escupir la sangre. Sus labios se separaron en un silencioso intento de grito y llegó hasta él para agacharse a su lado.

Lo oyó maldecir en una lengua desconocida. Con aquel acento extraño que se colaba por sus oídos. La broma hizo que ella alzase la mirada hacia la botica. Unos pocos metros y podrían llegar allí-. No llevo encima, pero la dragona que me compró tiene una botica cerca -susurró y rodeó el cuerpo ajeno con sus brazos. Lo notó musculoso y agitándose por la risa y luego el dolor-. ¿Puedes levantarte y andar? Apóyate en mí. Te ayudaré a llegar para atenderte -murmuró, buscando la mirada ajena con la preocupación brillando en la propia-. Gracias... Me has salvado -agregó, con una expresión que decía más que sus palabras.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Hawke el Dom Ago 13 2017, 12:12

"Siempre debes hacer de héroe, Meraxes... eres solo un hombre diminuto en un mundo que no le importa si faltas."

El recordar aquellas palabras sabias y crueles le hizo sonreír, las viejas costumbres no morían con facilidad. No era la primera vez que se ganaba una buena paliza y estaba más que seguro que no sería la última, pero en cuanto se encontró con los ojos verdemar de aquella mujer supo que el riesgo valía la pena. Él era un artista y su vida estaba dedicada a la belleza y su preservación, el no haber intentado algo por ella habría sido tan terrible como quemar pinturas y mearse en instrumentos. Seguramente habría sido peor.
Ella dijo algo acerca de una boticaria y tratamiento, pero él estaba demasiado ocupado estudiando su rostro como para prestarle atención a simples incomodidades. Sus ojos eran verdes, verdes como el jade, verdes como los mares en las tierras al norte de Edén, verdes como el bosque. Su rostro era simétrico y bello, con pómulos bien constituidos y prominentes. Sus labios eran rojos, no del rojos pintado que las mujeres creen que las hace deseables, eran rojos como si hubiera bebido sangre directamente del corazón. En ese momento su gesto era de preocupación, pero Hawke estaba convencido de que su sonrisa podía detener el corazón de los hombres. Su cabello se dividía en finas hebras oscuras, que le lamieron las mejillas cuando lo ayudó a levantarse, parecía que había pasado una mañana entera peinándolo pero él sabía que naturalmente era así.
No rechazó su ayuda, sino que la acepto con gracia y una sonrisa. Sabía que si intentaba pararse él solo sus piernas terminarían dando un espectáculo penoso, cuanto menos. No solo estaba herido, él sabía que también se encontraba deshidratado, no podía darse el lujo de fingir temple.
—No hay de qué. —Dijo con tranquilidad mientras se dejaba guiar por ella, aunque apoyaba más su peso sobre la zurda para no aplastarla, era pequeña—. Bastará con cocer unos puntos y ver si no tengo hemorragias internas. —Murmuró, pero luego se dio cuenta de que tal vez estaba usando lenguaje demasiado técnico.
No sabía que tan mal estaba y no podía hacerse un control él mismo en medio de la calle, pero también le preocupaba ir a aquella botica que la mujer había recomendado. Cuando la observó por segunda vez y vio las marcas ajenas, comprendió que no era seguro para ella tocar las pertenencias de su señora.
—¿Su ama no se enfadará si hace entrar a un desconocido de la calle? —Preguntó tratando de camuflar su preocupación—. No podría vivir conmigo mismo si la saco de un dilema para meterla en otro.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Moira el Mar Ago 15 2017, 14:36

Encontró los irises masculinos contemplándola. El intenso verde chocó con unos brillantes zafiros insondables. Un profundo océano de calmas aguas que podía volverse implacables en cualquier momento. No supo cuánto tiempo estuvieron mirándose mutuamente, durante el cual pudo hacer un mapa visual de las facciones masculinas. Eran duras y varoniles, de fuerte quijada, con la sombra del vello rojizo, que sólo daban la sensación de suavizarse con su tranquila expresión o cuando esbozaba una sonrisa. Poseía un hoyuelo en su mentón que no permitía que se viese alargado. Sus labios rosados no eran ni extremadamente finos ni demasiado carnosos. Tenían un justo grosor, aumentado en el labio inferior. Su piel era pálida, enmarcada y resaltada por los ensortijados cabellos que habían capturado el color de un intenso atardecer, cuando las sanguinolentas heridas del sol eran patentes en el horizonte antes de descender a morir en el Averno.

Juntos se incorporaron lentamente. Deslizó una mano de largos y finos dedos por la zona lumbar masculina mientras que la otra la hizo descansar en el plexo solar del hombre. De tal modo se aseguraba de mantenerlo lo suficientemente erguido para caminar y ayudarlo a no perder el equilibrio en el proceso. Aunque ella era alta, el desconocido de rizos cobrizos le ganaba visiblemente en altura. Casi dos metros de varón fuerte y anchos hombros. No se le pasó desapercibido, que bajo sus dedos y la tela amarillenta, podía notar sus duros y cincelados músculos con cada costoso movimiento. ¿Habría alguna parte de su cuerpo que no estuviese tallada en lo que parecia dura roca en vez de carne?

Esbozó una mirada al escucharlo, con aquella varonil voz de interesante y exótico acento indefinido que la sacó de sus pensamientos-. Comprobaré si hay algún hematoma, zona dura o inflamada -susurró en un tono que pretendía ser tranquilizador, con un léxico demasiado específico y culto para ser una humana. La preocupación se hizo más evidente en el rostro femenino cuando le preguntó por la dragona, pareciendo que era incapaz de ocultar o fingir algo-. No está en la ciudad, aunque no sé cuándo regrese. Pero no se enojaría de saber que me has salvado -susurró con esa sinceridad tan propia.



A paso lento pero seguro lo llevó hasta la puerta de la botica. Abrió la puerta, ayudando al pelirrojo a pasar dentro. Había una amplia estancia con sólo un par de ventanas y antorchas encendidas. A un lado había unas estanterías. En el medio descansaba un estante con varios frascos. Detrás de él había una mesa con un mueble lleno de cajones. Al fondo, unas escaleras descendían al pequeño y lúgubre cuarto donde la había retenido torturándola y experimentando con ella. Un escalofrío la hizo temblar contra él y desvió la mirada para ayudarlo a rodear la mesa e ingresar con él en una habitación donde había un lecho para pacientes y un par de sillas. Lo ayudó con sumo cuidado a descender su cuerpo para que quedase sentado en aquel camastro, poniéndose delante de él y presionándolo contra ella, rodeándolo con sus brazos, para frenar el descenso y no hacerle daño.




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