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The lad and the lassie (Hawke)

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The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Moira el Mar Ago 08 2017, 14:48

Una semana y media había pasado desde que había despertado en la oscuridad de un pequeño cuarto. Aquel lúgubre y frío mundo la había engullido sin avisar, queriendo sepultar sus sueños y sus esperanzas. Su vida se había convertido en una rutina de torturas y experimentos de la que sólo lograba escapar con encuentros esporádicos con otras personas que la ayudaban a aferrarse a aquella realidad. No era una pesadilla. Era una infernal existencia tan tangible como el afilado filo de un cuchillo en su garganta. Siempre amenazando con sesgar su vida. ¿Hacía mal en continuar resistiéndose? ¿En luchar por sobrevivir? Su corazón le decía que no. Su mente, por pura terquedad, continuaba forcejeando con su situación. Pero su cuerpo... estaba cansado. De tanto dolor, tanto sufrimiento, tanta agonía.

En los últimos días había dejado de escaparse. Los planes de huída maceraban en su mente, pero necesitaba que la dragona bajase la guardia. Que regresase del templo había sido un punto de partida para que la aristócrata valorase la posibilidad de dejarla ir al mercado. Aquel día era el primero que le permitía ir. Llevaba el vestido que tanto le gustaba a Lady Morgana que se pusiera. De color negro con delicados destellos verdosos. Las mangas eran largas y el bordado en ellas creaba una hermosa transparencia en sus brazos. Se ceñía a su busto, en corsetado, con un escote que insinuaba más de lo que enseñaba. La falda caía recta, con la tela deslizándose por el contorno de sus piernas a medida que caminaba. Su largo y oscuro cabello tenía unos pocos mechones recogidos para caer el resto suelto por su espalda y sus hombros. Iba descalza, incapaz de ponerse calzado por el dolor que aún atenazaba su empeine izquierdo por la reciente marca que descansaba en él. Las pesadas cadenas pendían de unos grilletes que mordían sus muñecas, con el hierro clavándose dolorosamente en su piel.

Vestimenta:

Sus ojos, de cambiante color dependiendo de la luminosidad del lugar, eran dos esmeraldas que recorrían el gentío en busca de salidas. Deseaba perderse en aquel bullicio y desaparecer, escapando de su angustiosa vida a través de la multitud. Pero todavía no. Si volvía a intentarlo, no saldría más. Inspiró profundamente por sus fosas nasales y se aferró al asa trenzada de la cesta que portaba como si fuese parte de los restos de un naufragio que no la dejaría hundirse en lo profundo del océano. Necesitaba centrarse y ser paciente.

Había comprado todo y ya regresaba, alejándose un poco de la algarabía del mercado cuando sus instintos de cazadora se activaron. Sólo que en ese momento era la presa. Tuvo la escalofriante sensación de que la seguían. Aceleró sus pasos tanto como pudo, debido al dolor de su maltrecho cuerpo. Pensó, irónicamente, que si alcanzaba la botica estaría a salvo. Tuvo una sensación de dejá vu. Una punzada de intenso dolor golpeó una de sus sienes y se llevó la mano libre a aquella zona de la cabeza. Fue entonces cuando notó el empujón y el posterior golpe contra la piedra de una fachada. En aquel momento de debilidad, parpadeó confundida y se giró para enfrentar a su atacante. Eran tres hombres vestidos con harapos y dientes amarillentos. La cesta había caído al suelo. Los huevos se habían roto y las verduras habían rodado por la tierra. La mujer hizo una mueca, sabiendo que recibiría un castigo por ello-. Esta me la pagáis. Tú, tú y tú -los señaló, con furia en su mirada.

-Sí, guapa, tenemos tres buenas cosas para pagarte -dijo el que llevaba la voz cantante, haciendo un gesto obsceno con sus pantalones y arrancando carcajadas a sus compañeros.

-Paso. Ninguno es mi tipo -replicó ella, con su cuerpo en alerta.

Y se abalanzaron sobre la esclava. Ella usó las cadenas para golpearlos e intentar ahogarlos. Pero su cuerpo estaba débil. Repartió rodillazos, codazos y llegó a recoger la cesta vacía del suelo para usarla como arma. De nada sirvió. Aunque adoloridos, los hombres acabaros por inmovilizarla contra la fachada de la casa. Sintió con desagrado cómo la olfateaban y oyó un ronco "hueles bien". El jabón neutro de Morgana hacía más evidente su natural aroma a lirios y bosque. Lanzó un cabezazo infructuoso cuando notó que subían un poco la falda de su vestido. Al verse impotente, su corazón se desbocó, casi pudiendo sentir su propio pulso bajo la piel-. ¡Ayuda! -gritó. Estaba al lado del mercado, en un callejón. Esperaba que alguien la escuchase. El golpe le acertó en el labio y notó el sabor metálico en su boca. Se le saltaron las lágrimas e imitió un quejido.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Hawke el Miér Ago 09 2017, 07:18

La cabeza le dolía horrores y sus entrañas parecían estar ardiendo, en la boca aún tenía sabor a vino e hidromiel, cosa que lo mantenía en un continúo estado de repugnancia. Llevaba las ropas del día anterior, solo que ahora estaban más sudadas y manchadas, se trataba de una camisa de lana que antaño era blanca, junto con unos calzones de tela similar que le llegaban hasta por debajo de las rodillas. Sus pies estaban desnudos y sucios, pues había perdido las botas de cuero y no tenía la menor idea de donde podrían estar.
Se encontraba recostado junto a una imponente estatua en el mercado. Sus dedos bailaban sobre las cuerdas de su laúd, sin tocar ninguna canción en particular, y junto a él había una jarra de vidrio que apestaba a diferentes tipos de alcoholes y, dentro, tenía monedas de distintos valores que le habían dejado al músico sin techo. Su cara estaba tapada por un sombrero de paja, pero los molestos dedos de luz del sol se filtraban a través del tejido. Cualquiera que lo viera recostado, tan desafortunado como despreocupado, no podría nunca imaginarse que ese hombre había viajado por todas las tierras que merecían ser pisadas y sabía más palabras que cualquier dragón aristócrata.
De pronto, un grito agónico le llamó la atención. Se apartó el sombrero de la cara y miró hacia los costados, como si ello lo ayudara a identificar de donde provenía tal chillido. Tragó saliva y con dificultad se levantó, tomando la jarra en una mano y llevando su instrumento en la otra. Los pies le pesaban y su entereza estaba comprometida por la bebida, pero no tardó en comenzar el trote hacia el callejón del que se escuchaban los gritos.
Al llegar pudo ver a los tres rufianes que se agrupaban contra una mujer. De repente toda la resaca se había esfumado y el ardor de sus entrañas se había transformado en fuego dentro de sus venas. Dejó caer su instrumento al suelo y con paso apurado se aproximó a la escena, tomando al hombre del medio por el hombro para hacerlo voltear y que se encontrara con sus azulados ocelos. Antes de que pudiera hacer cualquier sonido, Hawke le reventó la jarra de vidrió en la cabeza, sintiendo como el cráneo del sujeto se hundía ante la inercia. También pudo sentir como los trocitos de vidrio se le astillaban en la mano, pero poco le importaba el dolor en esos momentos.
—¿Y a ti quien mierda te invitó?
Un fuerte puñetazo le hizo retumbar los oídos y ver borroso, genial, estaba ebrio de nuevo. Trastabilló hacia atrás y un segundo hombre le dio un rodillazo en el plexo solar, cosa que lo hizo contraer sobre sí mismo y que el aliento se le escapara por los labios. A pesar de tal brutal golpe, pudo componerse con relativa rapides y empezó a correr en dirección a uno de los hombres. Con todo el peso de su cuerpo lo levantó en el aire y luego lo hizo caer con violencia hacia el suelo, sintiendo un fuerte y sonoro *crack* que en otra situación le hubiera hecho estremecerse. Antes de que pudiera desencadenar sobre el tipo una lluvia de puños, otro le tacleó por el costado y lo hizo caer sobre el hombro.
Rodó sobre si mismo y buscó ayudarse a levantarse contra la pared. Dobló las rodillas y arqueó los codos, haciendo que las manos le llegaran a la altura del pecho. Sintió como una estela de sangre descendía desde su frente, por el costado de la nariz y su ojo izquierdo, hasta la comisura de sus labios.
Los tres sujetos se compusieron, viéndolo de frente y tragando saliva.
—¿Pero de qué esta hecho?
Hawke rió para sus adentros y sus belfos se torcieron en una sonrisa arrogante.
—Puedo hacer esto todo el día. —Mintió.
El hombre del medio, que aún tenía trozos de vidrio incrustados en la cabeza, escupió hacia el suelo y le dedicó una mirada a la mujer. Volvió sus ojos al bardo y se mordió el labio.
—Vayámonos de aquí, ninguna zorra merece tanto problema.
Las escorias se dieron vuelta y echaron a correr. Cuando el pelirrojo los perdió de vista se aproximó a la mujer. De repente todo le dolía, en su paladar se esparcía el sabor del acero y su mano le escocía. A pesar de todo eso, le ofreció una sonrisa amable.
—¿Estás bien, lassie? — Preguntó con un tono amable. Antes de que pudiera recibir una respuesta, sus piernas se rindieron y cayó al suelo. Escupió sangre y maldijo en otra lengua, para luego exhalar adolorido—. No tengo la suerte como para que lleves contigo leche de amapola, ¿no? —Bromeó, para luego reír por lo bajo.
Un tirón de dolor en el pecho interrumpió su risa y en su lugar volvieron las maldiciones.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Moira el Jue Ago 10 2017, 22:01

Aquellas manos callosas ascendían por sus piernas por mucho que intentase apartarlas en un forcejeo incesante. El desagradable aliento de los tres hombres le produjeron arcadas. Un fétido olor a comida pudriéndose contra sus amarillentos dientes. Apartó la cara hacia un lado cuando intentaron besarla mientras se revolvía para evitar aquellas manos que hoscamente pretendían trepar por su cuerpo. Nada podía hacer por sí sola para zafar de algo peor. De aquel mal que pretendían ellos. El aire escapó de sus pulmones, vaciándolos ante el inminente horror. Sus largas pestañas se humedecieron con desesperación. De sus labios brotaron apagados e entrecortados sollozos, en medio de la angustia y la impotencia.

Cerró los ojos, con su corazón siendo apretado por un invisible puño cerrado. Esperó aquel tenebroso desenlace, inmovilizada e incapaz de defenderse. Hasta que sintió que unos dedos engarfiados se separaban de ella. Los párpados femeninos se alzaron en sorpresa y esperanza. A través del acuoso velo que había en los hermosos y angustiados orbes, vio una cuarta figura. Un hombre, más alto que sus agresores. El aire volvió a sus pulmones, insuflado de repente. Su pecho ascendió y descendió violentamente. Oyó el chasquido del vidrio al romperse-. ¡Cuidado! -gritó para avisarle de un puñetazo que lo alcanzó. Sintiéndose liberada de dos hombres, mordió con saña el antebrazo del tercero que aún la sujetaba antes de lanzarle un puñetazo en toda la quijada.

La consecuencia fue que le devolvió el golpe de tal forma que la hizo chocar contra la fachada y caer al suelo, de rebote y adolorida. Entreabrió los labios, respirando con esfuerzo y las manos sobre el suelo, antepuestas para frenar la caída por puro instinto. Sacudió un poco su cabeza, intentando deshacerse del zumbido en sus oídos por el golpe. Para cuando miró de nuevo, los hombres estaban asustados de la resistencia de aquel pelirrojo de cabellos ensortijados y un cuerpo que los superaba en tamaño. Suspiró cuando decidieron irse y notó parte de su propia angustia desaparecer.

La sombra del pelirrojo la cubrió. Aunque ella era alta, cuando lo vio cerca, supo que él la superaría con creces tanto en altura como en fuerza. La forma en la que la llamó la sorprendió... de una forma extrañamente cálida. Los dos pares ojos conectaron. El azul del cielo en un día despejado contra el verdor de la frondosidad del bosque-. Sí... lad -respondió. Aún notaba la adrenalina discurrir por sus venas y esta la hizo estremecer y levantarse como un resorte cuando lo vio caer y escupir la sangre. Sus labios se separaron en un silencioso intento de grito y llegó hasta él para agacharse a su lado.

Lo oyó maldecir en una lengua desconocida. Con aquel acento extraño que se colaba por sus oídos. La broma hizo que ella alzase la mirada hacia la botica. Unos pocos metros y podrían llegar allí-. No llevo encima, pero la dragona que me compró tiene una botica cerca -susurró y rodeó el cuerpo ajeno con sus brazos. Lo notó musculoso y agitándose por la risa y luego el dolor-. ¿Puedes levantarte y andar? Apóyate en mí. Te ayudaré a llegar para atenderte -murmuró, buscando la mirada ajena con la preocupación brillando en la propia-. Gracias... Me has salvado -agregó, con una expresión que decía más que sus palabras.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Hawke el Dom Ago 13 2017, 12:12

"Siempre debes hacer de héroe, Meraxes... eres solo un hombre diminuto en un mundo que no le importa si faltas."

El recordar aquellas palabras sabias y crueles le hizo sonreír, las viejas costumbres no morían con facilidad. No era la primera vez que se ganaba una buena paliza y estaba más que seguro que no sería la última, pero en cuanto se encontró con los ojos verdemar de aquella mujer supo que el riesgo valía la pena. Él era un artista y su vida estaba dedicada a la belleza y su preservación, el no haber intentado algo por ella habría sido tan terrible como quemar pinturas y mearse en instrumentos. Seguramente habría sido peor.
Ella dijo algo acerca de una boticaria y tratamiento, pero él estaba demasiado ocupado estudiando su rostro como para prestarle atención a simples incomodidades. Sus ojos eran verdes, verdes como el jade, verdes como los mares en las tierras al norte de Edén, verdes como el bosque. Su rostro era simétrico y bello, con pómulos bien constituidos y prominentes. Sus labios eran rojos, no del rojos pintado que las mujeres creen que las hace deseables, eran rojos como si hubiera bebido sangre directamente del corazón. En ese momento su gesto era de preocupación, pero Hawke estaba convencido de que su sonrisa podía detener el corazón de los hombres. Su cabello se dividía en finas hebras oscuras, que le lamieron las mejillas cuando lo ayudó a levantarse, parecía que había pasado una mañana entera peinándolo pero él sabía que naturalmente era así.
No rechazó su ayuda, sino que la acepto con gracia y una sonrisa. Sabía que si intentaba pararse él solo sus piernas terminarían dando un espectáculo penoso, cuanto menos. No solo estaba herido, él sabía que también se encontraba deshidratado, no podía darse el lujo de fingir temple.
—No hay de qué. —Dijo con tranquilidad mientras se dejaba guiar por ella, aunque apoyaba más su peso sobre la zurda para no aplastarla, era pequeña—. Bastará con cocer unos puntos y ver si no tengo hemorragias internas. —Murmuró, pero luego se dio cuenta de que tal vez estaba usando lenguaje demasiado técnico.
No sabía que tan mal estaba y no podía hacerse un control él mismo en medio de la calle, pero también le preocupaba ir a aquella botica que la mujer había recomendado. Cuando la observó por segunda vez y vio las marcas ajenas, comprendió que no era seguro para ella tocar las pertenencias de su señora.
—¿Su ama no se enfadará si hace entrar a un desconocido de la calle? —Preguntó tratando de camuflar su preocupación—. No podría vivir conmigo mismo si la saco de un dilema para meterla en otro.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Moira el Mar Ago 15 2017, 14:36

Encontró los irises masculinos contemplándola. El intenso verde chocó con unos brillantes zafiros insondables. Un profundo océano de calmas aguas que podía volverse implacables en cualquier momento. No supo cuánto tiempo estuvieron mirándose mutuamente, durante el cual pudo hacer un mapa visual de las facciones masculinas. Eran duras y varoniles, de fuerte quijada, con la sombra del vello rojizo, que sólo daban la sensación de suavizarse con su tranquila expresión o cuando esbozaba una sonrisa. Poseía un hoyuelo en su mentón que no permitía que se viese alargado. Sus labios rosados no eran ni extremadamente finos ni demasiado carnosos. Tenían un justo grosor, aumentado en el labio inferior. Su piel era pálida, enmarcada y resaltada por los ensortijados cabellos que habían capturado el color de un intenso atardecer, cuando las sanguinolentas heridas del sol eran patentes en el horizonte antes de descender a morir en el Averno.

Juntos se incorporaron lentamente. Deslizó una mano de largos y finos dedos por la zona lumbar masculina mientras que la otra la hizo descansar en el plexo solar del hombre. De tal modo se aseguraba de mantenerlo lo suficientemente erguido para caminar y ayudarlo a no perder el equilibrio en el proceso. Aunque ella era alta, el desconocido de rizos cobrizos le ganaba visiblemente en altura. Casi dos metros de varón fuerte y anchos hombros. No se le pasó desapercibido, que bajo sus dedos y la tela amarillenta, podía notar sus duros y cincelados músculos con cada costoso movimiento. ¿Habría alguna parte de su cuerpo que no estuviese tallada en lo que parecia dura roca en vez de carne?

Esbozó una mirada al escucharlo, con aquella varonil voz de interesante y exótico acento indefinido que la sacó de sus pensamientos-. Comprobaré si hay algún hematoma, zona dura o inflamada -susurró en un tono que pretendía ser tranquilizador, con un léxico demasiado específico y culto para ser una humana. La preocupación se hizo más evidente en el rostro femenino cuando le preguntó por la dragona, pareciendo que era incapaz de ocultar o fingir algo-. No está en la ciudad, aunque no sé cuándo regrese. Pero no se enojaría de saber que me has salvado -susurró con esa sinceridad tan propia.



A paso lento pero seguro lo llevó hasta la puerta de la botica. Abrió la puerta, ayudando al pelirrojo a pasar dentro. Había una amplia estancia con sólo un par de ventanas y antorchas encendidas. A un lado había unas estanterías. En el medio descansaba un estante con varios frascos. Detrás de él había una mesa con un mueble lleno de cajones. Al fondo, unas escaleras descendían al pequeño y lúgubre cuarto donde la había retenido torturándola y experimentando con ella. Un escalofrío la hizo temblar contra él y desvió la mirada para ayudarlo a rodear la mesa e ingresar con él en una habitación donde había un lecho para pacientes y un par de sillas. Lo ayudó con sumo cuidado a descender su cuerpo para que quedase sentado en aquel camastro, poniéndose delante de él y presionándolo contra ella, rodeándolo con sus brazos, para frenar el descenso y no hacerle daño.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Hawke el Lun Ago 21 2017, 20:36

Su sorpresa fue evidente cuando la escuchó hablar en términos médicos, generalmente los esclavos no sabían diferenciar un corte de un raspado. Aquello le hizo sentir curiosidad, por las magulladuras de su cuerpo y los grilletes que llevaba podía decirse que su ama no sentía ningún tipo de afecto por ella, pero aun así parecía bastante instruida.
Su voz era como jade líquido en sus oídos, era dulce y maternal, como si ya hubiera tratado con heridos en el pasado. Sonrió con arrogancia mientras trataba de desenvolver el misterio que él solo se había impuesto, siempre era más fácil prestar atención a los detalles que simplemente preguntar. Asintió en silencio mientras cruzaban el umbral, saber que la lagartija dueña del local no se encontraba en Talos le tranquilizó. A pesar de las palabras de la mujer, él sabía muy bien que los dragones disfrutaban de utilizar el látigo cuando uno se metía con sus pertenencias.
El local no parecía ser muy grato a primera vista, la luz escaseaba y el aroma de las diferentes hierbas era como una nube pesada para quien no se había acostumbrado. Sin esforzarse mucho Hawke pudo identificar amapola, fresno, raíz de cúrcuma y bayas de enebro, entre otras cosas.
El temblor de ella interrumpió su pensamiento, haciendo que observara en la misma dirección, hacia las escaleras que parecían llevar a un nivel inferior. Sus orbes se afinaron y sintió como la curiosidad le pedía a gritos ver que escondía ese lugar, pero supo contenerse y dejó que ella le guiara. Se sentó con dificultad y casi lamentó cuando ella se separó. Una vez dejó de sentir su aroma a lirios y espesura, comprendió que le había gustado el tenerla cerca. Una risita se le escapó al entender eso y no tardó en seguirla un alarido mudo.
—No hace falta que uses ningún tipo de analgésico, esas hiervas no son fáciles de conseguir y administrar. —Murmuró mientras comenzaba a desabotonarse la camisa, pero para cuando llegó al segundo botón se dio cuenta de que aquél comentario podría haber caído mal—. No es que no crea que puedas hacerlo, solo quiero decir que no hace falta que me ahorres ningún tipo de dolor.
Sonrió con algo de torpeza, se estaba comportando como una especie de idiota, seguramente había sufrido una contusión. Terminó de quitarse la camisa y el mismo comenzó a examinarse, tenía un hematoma en el medio del torso y y varios cortes de poca profundidad a lo largo del tronco. Su brazo también le escocia y sabía, sin necesidad de ver, que estaba raspado desde el codo hasta el hombro. Decidió dejarse sus observaciones para sí mismo y dejaría que ella determinara que hacer, quería ver si estaba tan instruida como aparentaba.
—Sabía que era mal luchador, pero parece que soy peor de lo que me imaginaba. —Bromeó mientras levantaba la mirada y se encontraba con la de ella.
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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Moira el Jue Ago 24 2017, 20:19

Se separó de él con suavidad, una vez logró que quedase sentado en el leche. Una oscura ceja se enarcó cuando llegó a los oídos femeninos el sonido de diversión, enmudecido por el dolor que le transmitió el adolorido cuerpo. Aún así, tuvo curiosidad y estuvo a punto de ofrecerle, en una broma conocida, una moneda de cobre por sus pensamientos. Se irguió cuan alta era, con una presencia imponente y un porte majestuoso inusual para una humana y alguien de su estatus. Su cuerpo aún recordaba las enseñanzas de su primera ama. Criada por dragones desde su nacimiento, incluso uno de ellos proclamaba que era hija suya pese a la diferencia de razas y no compartir lazo sanguíneo alguno, poseía rasgos dracónicos de personalidad y una grácil elegancia en sus movimientos. Por ello, era común que la confundiesen con una dragona.

Se hallaba pensativa, con el ceño encantadoramente fruncido, ocupada con su mente elaborando los pasos a seguir. Estaba a punto de pedirle que se quitase la camisa cuando el varón se le adelantó y comenzó a desabotonarla. Los intensos irises femeninos, en ese momento de un tono azul cobalto, ascendieron de los dedos masculinos al rostro del pelirrojo que había empezado a hablar. Ladeó la cabeza, prestando atención a sus palabras y ese agregado que quiso evitar cualquier malentendido. ¿Querría evitarle el uso de algunas hierbas para prevenir una reacción furiosa de la dueña de la botica? ¿O sólo se trataba de un comportamiento masculino de demostrarle su fortaleza? Cualquiera que fuese la causa, la morena se inclinó hacia él de modo que su rostro quedó cerca del masculino. Sus rojizos y carnosos labios se curvaron en una sonrisa capaz de desarmar a cualquiera. Una ceja oscura se enarcó con una ligera diversión y sus profundos orbes buscaron la mirada del varón como si quisiera encontrarla para hacerlo enmudecer-. Eso lo decidiré cuando vea tus lesiones -resolvió en un susurro que evidenció el acento femenino y el agradable timbre grave de su voz. Un tono sugestivo que buscaba que olvidase cualquier protesta al respecto.

Mas fue indulgente, quizá influencia de aquella sonrisa que él esbozó con torpeza. Cuando su torso se vio liberado de la camisa, comprobó que cada uno de sus músculos estaba cuidadosamente cincelado como una estatua de mármol en cuya superficie el artista se había esmerado en los detalles. Aquel hombre tenía una capacidad de fuerza y potencia que con el debido estímulo y canalizador podría hacer... grandes cosas. Reparó en el hematoma, los cortes, la abrasión y... al comprobar su espalda vio el testigo de un sufrimiento mayor. Frunció el ceño y trabó la mandíbula, notando cómo la ira se despertaba en su interior. Elevó una mano de finos dedos, cuyas yemas no llegaron a rozar las cicatrices. Tras unos segundos de mantenerla suspendida en el aire, la movió y la posó sobre el hematoma, presionando un poco. Exploró la zona meticulosamente hasta comprobar que no era nada grave-. No pareces tener una hemorragia interna -susurró, sin parecer disgustada por el fuerte aroma a alcohol. Sus fosas nasales estaban acostumbradas a olores potentes, como en que residía en las alcantarillas.

Se alejó de él para llenar un cuenco con agua mezclada con aceites de plantas antisépticas. Cogió unas telas y regresó para sentarse a su lado, con pasos seguros y gráciles. Sumergió una de las telas en el líquido, escurriendo luego el exceso para luego posarla sobre el hueco del cuello varonil. El frescor acudió a la piel del hombre que la había salvado mientras retiraba las impurezas de su piel, con cuidado-. ¿Un hombre enorme y fuerte como tú no sabe pelear? Me sorprendes -admitió, deslizando sus irises al encuentro de los ajenos. Le regaló una sonrisa y enarcó una ceja-. Tendremos que remediarlo. Puedo enseñarte -invitó. Había sido entrenada como guerrera, cazadora y unas cuantas cualidades más que aún no redescubría. Después de impresionar a Thurdok con su forma de pelear, se le ocurría que era una buena forma de agradecer al pelirrojo haberla salvado-. ¿Puedo saber tu nombre? -susurró, descendiendo la húmeda tela en suaves círculos desde su hombro hacia los duros y trabajados pectorales.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Hawke el Sáb Sep 02 2017, 22:29

Estudió los movimientos de la mujer, viendo como se desenvolvía con la gracia y parsimonia de quien le sobra el tiempo. No se movía como una esclava, pero no tenía el calor ni el delator rasgo de una dragona. Ciertamente aquella mujer representaba un enigma encantador para el pelirrojo, eran pocas las veces que Hawke se encontraba con esclavos tan bien formados como él.
Mantuvo la mirada con ella cuando se acercó con tal atrevimiento, cosa que le pareció muy propia de una dragona. Pero decidió seguirle el juego y se apartó apenas unos centímetros, levantando ambas manos en el aire e inclinando levemente el gesto, completamente desarmado ante su sonrisa.
—Usted sabrá mejor. —Dijo con falta de arrogancia y curvando los labios.
El silenció reinó durante el tiempo que ella le examinó, su cuerpo parecía un mapa y cada cicatriz era una una isla. Con el paso del tiempo Hawke había dejado de contarlas o prestarle atención a donde estaban ubicadas, había vivido demasiadas aventuras como para enorgullecerse de cada pequeña marca que transitaba sobre su tez. Las únicas que no podía ignorar eran las que estaban en su espalda, y supo cuando la mujer las había visto. Se había quedado rígida de repente y él pudo escuchar como expulsaba aire con fuerza, como quien contiene las ganas de darle un buen puñetazo a la pared. Sintió la proximidad de sus manos sobre los pliegues, pero optó por quedarse quieto y ver que hacía. Todas las personas tienen una reacción específica a la hora de ver cien azotes sobre otros cien, algunos gritan horrorizados, otros murmuran por lo bajo, algunos ríen de nerviosismo y otros incluso lloran en el lugar. Pero la reacción de ella o, más bien, la falta de esta, fue extraña.
Sus ocelos se afinaron y elevó una comisura de sus labios, para luego asentir levemente cuando ella le dijo que no parecía tener sangrado interno. Pero en su mente no dejaba de preguntarse porque no había dicho o preguntado nada respecto a su espalda, todo el mundo lo hacía.
Sintió el fresco del paño y como se le erizaban los pelos, había olvidado que estaba con resaca y que cualquier tipo de frescura le atontaría la temperatura. Pero volvía a ser agradable sentir el perfume de ella cerca.
—Sé pelear, pero decidí que hay mejores formas de sobrevivir que no requieren una espada en la mano y sangre en la otra. —Le corrigió, mientras se acomodaba mejor y contraía los dedos de los pies por el frío que descendía en forma de gotas por su pecho—. La que no deja de sorprender es usted, conoce de sanación y encima pelea. —Ahogó un quejido en su garganta y luego carraspeó—, es difícil de creer que un dragón la instruyera tanto para luego hacerla pasear con esas cadenas.
El pelirrojo sonrió con suficiencia y sus ojos adquirieron un brillo extraño.
—Puede llamarme Hawke, el bardo —se presentó—, sería un placer aprender bajo su tutela, si es que su hijo o su ama no demandan más de su atención.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Moira el Lun Sep 04 2017, 16:57


El gesto de enseñarle las palmas de las manos, dándole el control a ella, logró que los rojizos labios se curvasen con suavidad y una ceja oscura se enarcase levemente. Una pequeña expresión de arrogancia y un toque divertido porque se pusiera en sus manos y que claudicase. Continuaba siendo una mujer de carácter y dominante en ocasiones. Aunque le gustaba hacer pactos y no era inusual que diese su brazo a torcer para buscar un punto cómodo para ambas partes. El silencio se instauró entre ellos, como otra presencia que se mantuvo entre ellos. La ira se retorció dentro de su ser al ver las cicatrices, mas se centró en comprobar el grado de las lesiones que había recibido al ir a protegerla. Al salvaguardar su honor.

Deslizó el húmedo paño con una mezcla de aceites esenciales diluidos en agua para limpiar el musculoso cuerpo. Retiró las impurezas para evitar infecciones y crear un pequeño entumecimiento para evitarle cierto grado de dolor. Arqueó ambas cejas ante la corrección-. En ese caso, ¿me permites la osadía de un entrenamiento contigo? Aún a riesgo de probar tu fuerza -susurró la petición, mientras deslizaba la tela por sus pectorales marcados y descendía a los trabajados abdominales. Pasó por el hematoma reciente, arrancándole un quejido. Aprovechando que la zona ya estaba limpia, mojó de nuevo la tela para limpiar la parte trasera del cuerpo ajeno. Empezó por su cuello fuerte y masculino-. Te sorprenderían las otras facetas que tengo -susurró, alzando ambas cejas y mirándolo por encima del varonil hombro-. Al parecer, fui esclava antes... y luego libre. Eso me dijeron -le contó sin alzar la voz ni detener la limpieza de la piel ajena.


Pudo ver parte de la curvatura de los labios del varón justo antes de que se presentase. La tela limpió la castigada espalda, con sumo cuidado y toques suaves-. Es un placer, Hawke el bardo -respondió, agarrando una tela seca para secar aquella piel ya limpia-. La dragona que me compró me llama Trece. Pero una esclava dijo que me conocía y me llamaba Moira -intentó presentarse, frunciendo con confusión el entrecejo. Terminó de secarlo y agarró varios botecitos de aceites esenciales para aplicarlos. Los había abierto, quitando el pequeño corcho que tapaba la apertura de cada uno. La sorpresa por el último comentarip fue tal que los recipientes de escurrieron de sus manos y cayeron, derramando su contenido sobre la parte delantera de su vestido-. Maldita sea... -murmuró por su propia torpeza, levantándose en el acto. Recogió los frascos vacíos e intentó secarse con un trozo de tela. Sin embargo, el aroma de los aceites esenciales era penetrante, sobresaliendo el aroma a lavanda.

Tenía que cambiarse. ¿Habría alguna muda por allí? Elevó en ese momento la mirada azul cobalto hacia los irises azules ajenos-. ¿Cómo has sabido que he sido madre? Yo misma no lo hubiera sabido de no ser por... bueno, es incómodo de decir... pero estoy en período de lactancia. Y no recuerdo nada. Quizá un poco, como que sé pelear y se me dan bien los primeros auxilios. Pero mi vida ha sido borrada y... -se pasó una mano por la frente, deslizándola por el nacimiento de sus oscuros cabellos. Sus irises se habían vuelto acuosos-... necesito una muda... -murmuró con voz quebrada, buscando con la mirada a su alrededor. Como si necesitase algo que la ayudase a distraerla de su propia desesperación. O se pondría a llorar. Y no quería hacerlo.

Reto de cb de Aloine :dragonflor: Vertido de aceites esenciales. Lavanda by Randall (?)




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Hawke el Jue Sep 21 2017, 07:23

Aquella era una historia demasiado común en el mundo. Nacer encadenado, probar la libertad y volver a ser confinado a los grilletes. El mismo había conocido aquella sensación más veces que la mayoría, pero no podía negar el hecho de que era la primera vez en años que comía por placer y dormía con comodidad, si esa era la recompensar por el escozor de una quemadura en la planta del pie... No tenía problemas con quemarse un poco de piel, esta era una de las pocas cosas que le sobraban.
Las palabras de ella le resultaban extrañas, nadie se presentaba sin entregar un nombre de primeras. Era obvio que no parecía segura de la certeza de su nombre, ya que antes le había dado la nomenclatura con la cual su ama la llamaba. Torció el gesto y estuvo a punto de inquirir respecto a eso, pero entonces la mujer dejó caer sobre sí misma el contenido de un frasco. Entonces le llegó el maldito aroma a lavanda y el estómago le dio media vuelta, como si hubiera decidido de repente dar un salto sobre el lugar. No había olor más detestable en la faz de la tierra, lo aborrecía con todo su ser y le asqueaba tan rápido como lo haría tropezarse sobre un montón de heces.
A pesar de su descompostura, poco contenida por la resaca, se acercó a ella y la ayudó a juntar las pequeñas botellas. No sin antes aguantarse los reflejos nauseosos.
—Fácil, de hecho. —Murmuró mientras resguardaba sobre su brazo derecho un montoncito de frascos de vidrio—. He notado que al caminar presenta una leve molestia, podría presentarse por un golpe o... Bueno... Cosas algo más indecorosas. Pero la leve curvatura de su espalda al pararse recta me dice que lleva peso que no acostumbra, eso sumando la molestia, indica que ha dado luz hace poco. Posee un buen cuerpo y parece mantenerse en forma, por lo que advertí que no tomó las precauciones adecuadas luego de traer a un niño al mundo. El reposo le hubiera evitado eso...
En cuanto levantó la mirada se dio cuenta de que había comenzado a hablar sin prestarle atención a ella, demasiado ocupado tratando de concentrarse en algo para no devolver el... Bueno, no llevaba nada en el estómago que pudiera devolver. Como su intuición le había dicho, poseía el mal del olvido. Aquello era cruel, una madre despojada de su hijo y sin un recuerdo que le diera algún tipo de consuelo. Se sintió mal, muy mal.
Al levantarse dejó las botellas sobre el lugar donde antes estuvo sentado y se aproximó a ella, ligero y silencioso, como si fuera una gacela que no quisiera espantar. Se puso a su nivel y, algo inseguro, rodeo los hombros de ella con un brazo, en un intento de ayudarla a contener eso que parecía guardar con candado en lo más profundo de su corazón.
—Sabe, Moira... No se me ocurre un mejor motivo por el cual derramar lagrimas. —Su voz se deslizó fuera de sus labios en un susurro intimo y tranquilo. Sus ojos observaban el suelo manchado, mientras pensaba que decirle a aquella desconocida que no conocía ni su verdadero ser—. Todos consideran que llorar denota debilidad y que es algo poco honrado, pero yo pienso que la verdadera fortaleza solo puede nacer de la fragilidad. Todo lo demás es solo un acto.
Levantó la mirada y buscó los ocelos de ella con los propios, entrecerrandolos levemente.
—¿Qué le parece un intercambio? —Curvó los labios en una media sonrisa, que buscaba ser más consoladora que otra cosa—. Tal vez no pueda devolverle a su hijo, pero —hizo una leve pausa y asintió—, si usted me enseña a defenderme como es debido, yo puedo intentar devolverle su verdadera identidad. La seguridad de que su nombre no es de nadie más que suyo.




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Re: The lad and the lassie (Hawke)

Mensaje por Moira el Sáb Sep 23 2017, 14:34

El varón no se mantuvo con manos ociosas. Con diligencia la ayudó a recoger los pequeños frascos que habían contenido los aceites esenciales que ahora empapaban su vestido. La oscura tela desprendía un intenso aroma a lavanda que resultaba insoportable. Aún así, ambos parecieron controlar los nocivos efectos para despejar la superficie del suelo. Un detalle por parte del pelirrojo que a ella no se le pasó desapercibido. Otro rasgo genuino de su personalidad que no había perecido con la amnesia.

La voz grave del hombre que la había salvado fluyó en un murmullo. A medida que él fue explicando su deducción, las manos femeninas de alargados y finos dedos ralentizaron su actividad hasta el punto de detenerse. Sus irises acuosos habían adquirido una tonalidad verdosa que recordaba a las cristalinas aguas que bañaban las costas de Edén. Su mirada se elevó hacia las duras facciones, con sorpresa y evidente admiración. Se dio cuenta de que su tez se había tornado lívida y dedujo que él había caído preso del mismo malestar por la intensidad que asolaba las fosas nasales. Se hizo una nota mental de la necesidad de cambiarse lo más rápido posible.

Por unos momentos, se quedó sin palabras. Aquella deducción la había paralizado. En la cercanía, ambos pares de irises chocaron cuando él levantó la mirada. El profundo océano devoró las cristalinas aguas costeras. La esclava tragó saliva. Había algo en aquellos zafiro que la hizo sentirse comprendida. Quizá fue gracias a que él se levantó lo que impulsó su propia movilidad. O puede que lograse reponerse del efecto de sus palabras-. Ha sido... impresionante. No sólo eres observador y culto, sino que eres capaz de una gran deducción -murmuró la morena, visiblemente admirada por aquella capacidad.

Se quedó en silenció, con sus orbes puestos en un punto indefinido del suelo. La figura más grande que ella se aproximó en ella con un cuidado que agradeció.  Uno de los musculosos brazos rodeó sus hombros, en un semi abrazo que humedeció sus largas y rizadas pestañas. Aquel contacto logró que el cuerpo femenino cediese, apoyándose contra el ajeno. La húmeda tela contra la piel desnuda. Apoyó su barbilla sobre el poderoso hombro del bardo y elevó una de sus manos encadenadad para posarla en el cuello masculino, bajo su nuca y con el roce de los ondulados cabellos rojizos. Cerró y correspondió así aquel semi abrazo, dejándose embaucar por el íntimo susurro.

Tembló ligeramente contra él, en silencio, mientras las caprichosas lágrimas saltaban a sus pálidas mejillas. Como una herida que necesita ser drenada antes de poder curar. Buscando aquella fortaleza tras ser derramadas con el inesperado consuelo que le ofrecía aquel hombre. Lo notó apartarse para mirarla y no lo retuvo. Sus irises volvieron a hacer contacto visual y la mano que había estado en el cuello se deslizó hacia una de las mejillas del varón, rozándola sobre el vello rojizo con la yema del pulgar en una caricia que decía más que las palabras.

La curvatura de los labios de Hawke y su oferta llamaron a una suave sonrisa en los rojizos pétalos de su boca, como el brillo de un rayo de sol en mitad de la tristeza-. Me gusta ese intercambio. Tienes la ventaja de que te cuidaré tras los entrenamientos. Aunque algo me dice que sabes de sanación -enarcó con suavidad una ceja oscura-. Pero antes de empezar, terminaré de curarte y miraré la planta de tu pie si me lo permites. Cojeas un poco. Y me cambiaré de ropa. Apesto -declaró con una franqueza inusual. Después pareció algo insegura antes de agregar algo más-. ¿Te sentirías más cómodo girándote mientras me cambio? Para mí no supone diferencia. No tengo nada de lo que avergonzarme y estarías en desventaja al girarte -intentó bromear al final, queriendo alejar la desazón emocional y el malestar por la lavanda.




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