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El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por D'tark el Miér Ago 02 2017, 23:37

Preguntó y espero. Cada segundo parecía una eternidad, el teniente seguía mediando distancia entre ambos lo cual la dejaba mas inquieta e intranquila.  Siguió pasando el tiempo la mirada del teniente se endureció y ensombreció. Dela se sentía inquieta. Escuchó la respuesta. Una sola palabra y perdió el calor de su cuerpo.

Temía la respuesta, había rechazado la idea, la había desechado tan rápido como apareció. Pero ahora lo confirmaba él mismo. Sintió miedo y dudas. Los dragones son recelosos de la red, admitir así que no estaba conectado con ese tono de voz tan serio, casi amenazante. Recordó todas esas ocasiones que habían dicho de traidores, de aquellos que traicionaban a la reina con actos tan simples como ese. Se mordió el labio inferior todas esas historias que escuchó pensó que los dragones traidores serían crueles, malos, terroristas sin corazón que mataban inocentes. El Teniente Cedrik no parecía de ese tipo, hasta que lo vio poner esa expresión.

Se transformó en dragón aleteando sacudiendo el agua en sus alas subiendo por la lateral de la cascada por las rocas batió sus alas quitando el exceso de agua comenzando a volar de regreso a Talos. Tenía que ganar distancia entre ambos, tenía que regresar. No sabía que haría con ese conocimiento, ni siquiera estaba segura que el Teniente fuera malo como siempre pintaban a los traidores. Siguió volando preguntándose si debía dar la alarma o no. Si debía dar el anuncio en la red, pero ¿A quién? de nuevo la presión en su pecho. Si el teniente era un traidor y la callaba para proteger su secreto. Realmente nadie la iba a extrañar, podría dar la alarma pero nadie iría a rescatarla. Se desconectó de la red.




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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por Cedrik el Jue Ago 03 2017, 09:57

Su mandíbula volvió a presionar sus encías en un silencio mordaz. Su mente quedó en blanco. No maldecía, ni elaboraba un plan de escape, siquiera un plan de persecución. Simplemente observaba como el color se escapaba horrorizado del rostro de D’tark. La duda volvió a darle una punzada en su medio corazón, ¿había hecho lo correcto? No había pensado en que podría delatarlo. La idea de que diese la voz de alarma y movilizara a los perros de la Reina  ensombreció su mirada. No la culparía a ella si eso ocurría, sino a sí mismo. Por gilipollas.

Y por fin llegaba, el aluvión de sentimientos de la joven ingenua, que removió en una ola molesta el lago y lo succionó al interior de las bravas aguas haciendo que la perdiera de vista mientras se maldecía internamente. Aún bajo el agua tomó su forma de dragón. Un dragón bicolor de escamas bronces y azul hielo. Su forma original, más pequeña y rápida que la de ella, le permitiría alcanzarla. ¡Vamos si la alcanzaría! Por sus.... De sus fosas nasales salieron las suficientes burbujas para que lo rodearan en un gesto de decisión. Se dejó hundir hasta que sus patas traseras alcanzaron el suelo del lago y se impulsó con fuerza para salir disparado hacia arriba. Hacia el cielo. Un giro rápido fue suficiente para que el agua de sus escamas saliese despedida y acto seguido extendió las alas para mantenerse en el aire.

Desde su elevada posición miró a todos lados hasta que consiguió discernir la figura cerúlea de la dragona. Batió las alas con presteza hacia ella y la distancia se acortó en cuestión de segundos. Se podría decir que era rápido en el vuelo. Había entrenado debido a su pequeño tamaño y aprovechaba su envergadura a su favor. Los dragones más grandes, incluso él cuando tomaba la forma mayor, solían ser más lentos. Y en aquella ocasión quería ser rápido. Su mente viajó por la red buscando, intentando comunicarse con ella, pero ella no estaba. ¿Qué mil avernos sucedía? ¿Por qué estaba usando esa senda prohibida? El bloqueo que encontró lo hizo fruncir amenazador sus escamas faciales.

Con un rápido impulso se posicionó sobre ella y la miró de soslayo. Todo aquello era contradictorio pero… ahora apremiaba otro asunto. La sombra de su envergadura fue creciendo, tomando una forma aún mayor, hasta cubrir y sobrepasar el tamaño de la azulada que tenía debajo, y se dejó caer hacia abajo para tomarla de la cola con las garras delanteras. Mas su intención no consistía en otra cosa que tomarla de la cola y, con su peso, arrastrarla hacia abajo con él. Hacía el suelo.

No deberías desconectarte de la red —su ronca y amenazante voz resonó entre sus fauces mientras los hacía caer hacia abajo—. Es demasiado peligroso.





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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por D'tark el Jue Ago 03 2017, 10:32

Algo estaba mal. Cuando miro de reojo el teniente no estaba detrás  de ella. Sintió una mezcla entre confusión  y alivio. Lo último no duró demasiado cuando vio esa sombra  una sombra la empezó  a cubrir asustada trato de volar más rápido  pero la sombra la cubrió  por completo e incluso más grande que eso. Sintió pánico cuando el tirón  de su cola llegó. El teniente la estaba regañando por desconectarse todavía que lo había hecho por él. No podía nivelar su cuerpo o aletear contra el peso combinado de ambos. Gruño por debajo frustrada tomó  con sus garras una de las alas del teniente. Jalando, tal vez debió  pensar en aquello mejor. Los dos se enredaron y cayeron sin resistencia a alguna hacia el bosque.

No fue como esperaba que fuera la entrada al bosque rodaron chocando contra ramas llevándose follaje del bosque con ellos aterrizaron derrapando por un claro el golpe con el suelo y el arrastre sacó  el aire de sus pulmones. Estaba segura que algunas partes había chocado contra algunas rocas. Le tomó  unos segundos recuperarse de la confusión inicial. Estaba sobre el teniente se alejó  e intento extender las alas pero sólo sintió una descarga eléctrica que la hizo guñir de dolor. Tenía su ala rota y un corte en su costado . Nada que no sanara con tiempo pero ese día no tenía tiempo.

Se transformó en humana cayendo de rodillas sujetándose con la mano derecha el costado izquierdo. Sintió  el ardor y la humedad de la herida. Estaba asustada se sentó  mirando al dragón que ya se levantaba. Esperaba que en forma humana fuera más fácil. Aún no decidía si para ella o para él.

—Tenía… tengo miedo— admitiendo finalmente tratando de calmarse. Su corazón latía con fuerza —no quería  que el miedo me ganará… yo— ni ella sabía exactamente que iba a decir —no me importa… pero no quería alertar a nadie se supone que debí hacerlo pero…— dudaba que él le fuera a creer después de todo era un crimen uno que ella hizo. Se sujetó  un poco más su lateral —no tenía  a quien alertar— admitió con una sonrisa nerviosa. Y era la verdad. Al menos su último pensamiento quería que fuera de ella y no compartirlo en la red —le aseguro que mis hermanos no lo buscarían aunque les hubiera dicho,  nadie me buscará… suena tonto pero quiero morir sola si debo hacerlo— mordió su labio inferior porque los traidores eso hacían  mataban dragones que los ponían en riesgo.   Bien sus últimas palabras que bueno que nadie las iba a escuchar eran patéticas.


Última edición por D'tark el Dom Ago 13 2017, 21:45, editado 3 veces




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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por Cedrik el Jue Ago 03 2017, 11:58

Oh, ¡venga ya! Su equilibrio, el poco que podría haber controlado fue roto por la propia dragona. El tirón en su ala lo hizo gruñir por la impotencia. No quería dañarla y ella iba a conseguir que ambos acabasen malheridos. Le hubiera encantado gritarle que se estuviera quieta, pero… no lo hizo. El verse cayendo incontrolablemente, con ella, hacia el espeso bosque, alarmó sus sentidos en un intento por protegerla. En esa caída macabra intentó cubrir el pequeño cuerpo con el propio y evitar que se dañara. Al primer golpe contra los troncos, lo siguió otro y otro. Las ramas se partían bajo el peso de sendos dragones hasta que el porrazo contra el suelo lo dejó medio exhausto. Había evitado por todos los medios que ella se golpeara desde la altura, pero no estaba seguro de haberlo conseguido.

Estaba exhausto. Dolorido. La presión de sus pulmones iba menguando a medida que los segundos avanzaban. Notó el peso de la hembra sobre él y se sintió alivio al percibir su movimiento. La calidez del cuerpo de la dragona sobre él se desvaneció en un suspiro y la siguió con la mirada. La cabeza le iba a estallar. Si emprendía de nuevo el vuelo, dudaba que esa vez pudiera alcanzarla antes de llegar a Talos, pero no ascendió. Desvió los gélidos iris hacia ella y centró su atención en el ala herida. En el carmesí que empezaba a impregnar las azuladas escamas. Gruñó molesto. Maldiciendo y sintiéndose culpable por haberla herido. A ella. Precisamente a ella y por su propia ineptitud. Debió haber visto venir que ella intentaría escapar, que no caería sin resistencia, pero no fue capaz. Su juicio estaba obnubilado por lo que acaba de suceder.

La majestuosidad del bicolor se alzó en un mareo que dio como consecuencia una sacudida de su enorme cabeza. Sus sentidos retornaban a su ser. Poco a poco. Paso a paso. El dolor irradiaba natural en cada músculo de su cuerpo y significaba que seguía vivo. Y entero. Estaba acostumbrado a recibir golpes y no parecía herido. Al menos de primeras. A diferencia de ella. Clavó inquisidoramente la mirada reptiliana en el –ahora- diminuto y frágil cuerpo de la humana. Tan vulnerable…

Permaneció impertérrito. Inmóvil. Quieto como una estatua tallada. Temía moverse por si la espantaba. Esperaba que le gritara o acusara. Pero no esperaba esas palabras. Las palabras que hacían que sus posibles defensas contra ella –si alguna vez pudiera tenerlas- se desquebrajaran a cachitos a medida que hablaba. El aturullado corazón humano alcanzaba sus agudos oídos, como un maldito mantra, haciendo que se sintiera aún más despreciable. Y las palabras lo confundían aún más. Un remolino de emociones lo envolvieron: Rabia, culpabilidad, rechazo, amor, protección, alivio... no entendía como esa pequeña ingenua estaba causando tantos estragos en él. En la inquebrantable voluntad que había entrenado durante casi toda su vida.

No llegó a comprender por qué se sentía tan indefensa. Tan desvalida. A pesar de lo que ella creyese, estaba seguro que sus hermanos la vengarían, que la amaban más de lo que ella creía. Mas él nunca la dañaría. Jamás lo haría.

Y su inmensa envergadura fue retornando a su forma humana a medida que se acercaba a la desamparada dragona. Las cicatrices más leves habían sanando de su torso, mientras que las más profundas estaban en proceso; sin embargo, la que lo conectaba con su melliza seguía tan intacta como la primera vez que la observó. Ahora, siendo humano, se acuclilló a su lado y tomó sus mejillas con sendas manos para obligarla a mirarlo. Los movimientos eran suaves y cautos. Tranquilos.

Nunca os dañaría —confesó esperando fervientemente que lo creyera. Acarició con el pulgar derecho la mejilla de ella, intentando que se calmara, y lo deslizó hasta alcanzar el labio inferior que hacía unos segundos había mordido con desesperación. Una sonrisa tirante apelmazó el sentimiento de culpa cuando desvió los iris hacia el costado herido—. Aunque he fallado.





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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por D'tark el Jue Ago 03 2017, 15:55

No sabía en qué momento su cuerpo comenzó a temblar pero lo hacía. Le costaba trabajo respirar con normalidad aun sentía el frío del miedo. Nunca antes se había sentido tan pequeña o frágil como en ese momento mirando al dragón frente a ella. Le preguntó poco antes del suceso sobre su forma dragón está no fue ni la forma más lejana de descubrir como se veía que había pasado por su mente. Hacia sólo unos minutos estaban riendo.  Ella se estaba divirtiendo y ahora pensaba que era un dragón realmente aterrador.

Lo vio tomar forma humana a medida que se acercaba a ella. Se estremeció ligeramente de miedo. Sus instintos decían que peleará, que huyera pero más allá de el instinto primario de autoconservación ella sabía que sería alcanzada si intentaba huir. No podía volar, estaba herida y enfrente tenía a un dragón un soldado que fue entrenado para el combate como sus hermanos. Alguien que no necesitaba una espada o un arma para ser letal. Había intentado huir pero ahora en un momento de iluminación sobre su vida. Se dio cuenta que no había mucho caso luchar por una existencia como la suya. Solitaria y vacía. Prefirió desconectarse de la red antes de que el miedo la hiciera pedir ayuda. No tenía caso si quiera despedirse de ellos. La última vez no lo hicieron y ella fue quien los buscó no al revés. De ser por ellos jamás habrían traído a la molestia de regreso a sus vidas. Lo supo siempre, cuando llegó a Talos y los vio por primera vez, supo que sus caminos iban a separarse de nuevo con Dylanh en la playa. Supo que ellos seguían siendo hermanos en el baile. Pero no eran sus hermanos. La hermandad era solo de tres miembros, ella no estaba incluida.

No podía evitar pensar que parecía un final apropiado para alguien como ella desaparecer sin más por ser demasiado ingenua y confiar en un dragón que parecía bueno. Bajo la cabeza cuando el se acercó sentía una extraña calma, ansiedad, nerviosismo y miedo. Supuso que tras esto lloraría pero no era así. En todas las historias que había leído cuando uno de los personajes va a morir en circunstancias similares llora por su vida lo que fue pudo y no será. Pero ella se sentía seca y vacía. ¿Estaba mal o bien eso?

Levantó el rostro cuando él lo tomó lo miró extrañada por sus palabras —pero es traición— murmuró sin entender sus palabras del todo. O la situación parecía preocupado por ella y defraudado por su herida en el costado. Aun con la adrenalina, los golpes, la confusión el parecía de verdad preocupado por ella  —¿Por qué?— los traidores no actuaban así. ¿Estaba jugando con ella? ¿La intentaba engañar?




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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por Cedrik el Vie Ago 04 2017, 15:27

No le gustaba sentirla temblar bajo sus manos. No de aquella forma. No por ese motivo. Quería que creyera en sus palabras. Que confiara en él. Como lo había hecho bajo la tormenta, en la cueva e incluso en el maldito baile. Llevó la siniestra hacia el costado y examinó la herida con delicadeza. Tanta que sólo rozó el costal con las yemas de los dedos. La sensación de que se rompiera bajo su tacto ocasionó que no presionara en demasía, pero no parecía tener nada roto. No aparentemente. Por ahora la nívea tez, ahora escarlata, no parecía tener hematoma. Esperaba que siguiese así.

Alzó los gélidos iris de nuevo hacia el contrariado rostro de la dragona. Y perfiló el labio inferior con su pulgar, evitando que volviera a morderlo por el estrés. O el miedo. No estaba seguro, mas la balanza se tornaba a la segunda opción. Apartó el pulgar del dulce tacto de ese labio y volvió a deslizarlo hasta su mejilla. Trazaba en un pequeño masaje circulos con él.

Y esperó. Un lapso de tiempo eterno para él. Incluso para ella. Podía verlo en su rostro: contrariado y atemorizado. Lo que más le dolía era que hubiese tomado su muerte como la única respuesta. La única solución. ¿Acaso su vida no tenía sentido? ¿Por qué se sentía tan desdichada? ¿Tan poco querida? Su entrecejo se frunció al imaginar que su hermana podría sentirse igual. Una punzada atravesó doblemente su corazón e hizo que cerrara los ojos maltrecho por el dolor. Solo un segundo. Un único segundo. Y el hilo de voz acabó de derrotarlo. Traición. Sí, era un traidor. Eso no podía negarlo. Jamás. Así lo había decretado la Reina.

Abrió los ojos y se centró en los iris de ella.

No puedo desmentir que sea traición, pues así está decretado por la ley que yo mismo amparo. Soy sumamente consciente de ello, pero la traición es algo muy ambiguo… —aún tomado el rostro de D’tark entre sus manos apoyó la frente contra la de ella, completamente derrotado, y así se mantuvo incapaz de separarse—. Mi única traición es haber nacido con una sangre no tan pura como la vuestra. No pertenecer ni a los dragones, ni a los humanos. Es por ello que no consigo conectar a vuestra red en este cuerpo…

Y el silencio se hizo presente entre ellos. Un ambiente que lo aguijoneaba como la más vil de las torturas. No estaba seguro de querer verla tras la revelación. Ni ser capaz de afrontar lo que habría provocado en ella. Pero… le agradara o no; debía afrontarlo.  Y soportaría cualquiera de sus reacciones. Creía. La duda volvió a hacer mella en su pecho e hizo que cerrara los ojos y presionara la mandíbula. Con gesto descompuesto separó reticente su cabeza de la de ella.





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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por D'tark el Vie Ago 04 2017, 16:27

Él se arrodilló enfrente, aun no entendía que pasaba o que era lo que el teniente planeaba en realidad, parecía preocupado por ella y no sabía si debía o no confiar en él todavía.  Siguió su mano hacia el costado herido, vio que lo tocó con una expresión que no sabría como descifrar o como interpretar. No sentía dolor alguno en la herida, era extraño tal vez por la adrenalina o el miedo no estaba segura.

La miraba fijamente y ella temía moverse o hacer algo, no entendía porque era tan amable con ella. Le acarició la mejilla suavemente casi como consolándola ¿Estaba decidiendo que haría con ella? ¿Le daba ánimos ante esto? Pero su boca estaba demasiado seca y su mente confusa como para poder decir algo. Pensó en conectarse de nuevo a la red pero no estaba segura de hacerlo, mordió ligeramente su labio no podía hasta que no supiera que iba a hacer el teniente. Apoyo su frente con ella luego se separó lentamente no supo cuando cerró los ojos pero los abrió parecía tan serio. Dada la situación no lo culpaba.

Al final habló después de tanto tiempo,  la traición no parecía algo ambiguo con los dragones. Ella lo sabía. Le tomó un segundo entender que era lo que él estaba diciendo —híbrido— la palabra surgió en sus labios en un murmuro cuando su cerebro pudo conectar todas las piezas. Él, el teniente era un híbrido entonces su sola existencia —por la diosa— abrió los ojos sorprendida. Todo lo que esa declaración implicaba, los híbridos eran sentenciados directamente. No había juicio, compasión o algo de misericordia. Ellos morían al instante. Sin excepción.

Abrió la boca tratando de hablar pero nada salio, estaba confusa. Ella ahora lo sabía y había dos opciones entregarlo para que lo ejecutaran o guardar el secreto y si lo descubrían y la implicaban ambas cabezas iban a rodar. Tomando en cuenta que esto no fuese una confesión o explicación de porque haría algo para evitarlo. Se mordió el labio inferior nerviosa —¿Por qué me lo está diciendo? si alguien... si alguien lo sabe— murmuró bajando la mirada —voy a... ¿Qué me hará?— preguntó finalmente. No había aflicción, reproche o miedo. Lo miro sonriendo de medio lado con resignación. Porque ella estaba bien si algo pasará, lo entendía si era para protegerse es decir era un teniente del ejercito, debió pasar por tantos problemas para ocultar... eso explicaba las cicatrices y la enorme que cruzaba su pecho.




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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por Cedrik el Vie Ago 04 2017, 22:22

Por ella, sólo por ella, se había expuesto, pero deseaba creer. Creer en la corazonada, en ese atisbo de esperanza que había insuflado en él el valor para confesar su traición, creer en ella. Quería ser alguien que no se escondiera para ella. Lo deseaba con todas sus fuerzas. Quizás estuviera loco. De saberlo, Etta le habría gritado furiosa, le habría echado en cara que apenas conocía a la dragona. Que había perdido el juicio. Y no podría reprocharle nada, pues él, en realidad, no era así.  Estaba desconcertado. No sabía si había perdido el norte con aquella confidencia. Si no lo estaba perdiendo por ella. Podía notar el filo de la guadaña de Muerte en su cuello y en lo único que deseaba, aún con una muerte casi anunciada, era que ella entendiera. ¿Por qué? Esa pequeña peliblanca era una hechicera que había capturado todos sus sentidos. Cada una de sus acciones lo llevaban a la autodestrucción. Era consciente.

Apartó los ojos de los de ella. Acaparó su atención en el movimiento de sus dientes atrapando, de nuevo, su labio inferior. Lo distraía e hizo que su entrecejo se frunciera en esa marabunta de sentimientos propios. Y en esa madeja de sentimientos surgió un nuevo deseo. Mas pronto se esfumó al percibir la palabra «Híbrido» deslizándose en un murmuro tembloroso de los labios femeninos. Su cuerpo se tensó al instante y sus iris buscaron los de ella. La sorpresa que encontró lo hizo entreabrir los labios, pero el nudo que resecaba su garganta bloqueó sus palabras. A decir verdad, tampoco sabía qué decir, cómo refutar lo ya descubierto. Aparte de Etta, su tío y su melliza, esta era la primera vez que relevaba su condición. Todo eso era nuevo para él.

Esperó a que la sorpresa se convirtiera en confusión y vuelta la rendición. Notó por el movimiento de sus facciones que la dragona se debatía internamente. Sabía qué debatía, no se debía ser muy listo para saberlo, mucho menos tras percibir que había salido de la red. No había novedad en sus actos, pues había decidido -por motivos desconocidos para él- que prefería morir en sus manos que delatarlo. El labio inferior atrapado volvió  a acaparar su atención. Atrapó el labio con el pulgar, pidiéndole con una caricia que se detuviera, era mortificante. Casi más que saber que podría morir por ella.

Ya os he dicho que no os haré nada. No os voy a dañar, mucho menos mataros —la pequeña dragona no quería entender. Tampoco parecía querer delatarlo. Al menos eso aparentaba. No había indicios de los perros de la Reina. Una llama de esperanza insufló al Teniente lentamente. Sabía que ella no lo entendía, era consciente, pero quería salvarla. Era iluso pensarlo. En su mano, y solo en la de ella, estaba salvarlo pero la sensación que lo invadió fue el deseo de salvarla. Salvarla de ella misma y de ese deseo oculto por querer desaparecer del mundo—. Sólo os haré ver que sois más necesaria de lo que creéis. Y no deberíais ceder a las garras de la muerte con tanta facilidad.

No se daba cuenta. tenía los ojos tan velados que no era capaz de ver que se hacía querer mucho más de lo que su pesar la obnubilaba. Era tan ingenua. Presionó la mandíbula al comprobar que no lo creía, que seguía temblando, y la atrajo hacia él para tomarla entre sus cálidos brazos. No presionó demasiado, sólo lo suficiente, permitiendo así que ella pudiera apartarse sin resistencia.

El que debería temer por su vida soy yo. Mi vida está completamente en vuestras manos —admitió y apoyó la mandíbula en la cabeza de ella. No pudo reprimir un largo suspiro. Si ella no lo comprendía, le daría lo prueba de ello—. ¿Qué haréis con ella? Con mi vida.





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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por D'tark el Vie Ago 04 2017, 22:49

Mil preguntas cruzaban su mente, había escuchado que los híbridos eran una amenaza para todos los dragones, seres peligrosos, seres que  destrozarían a cualquier dragón o humano sin piedad por el simple hecho de saber su condición. Seres tan peligrosos que deberían ser eliminados tan pronto como aparecían. Cuando mordió su labio inferior el la detuvo con un gesto de su pulgar.

o entendía porque se ponía de ese modo, porque aseguraba que le preocupaba su seguridad. Fue amable con ella cuando se conocieron, la clase de amabilidad que sentía real, no falsa, no fingida. Conocía a ese tipo de personas, capaces de sonreír y parecer sinceros pero en el fondo eran manipuladores. Ella creía poder distinguir una amabilidad real de una falsa y el teniente siempre le pareció honesto.

Sus palabras la tranquilizaban un poco aunque dudaba un poco de sus palabras. Se desarmo por completo cuando le dijo que era importante, ceder ante las garras de la muerte sonaba demasiado poético y deprimente. Ella no era una suicida, no realmente. Pensó en conectarse de regreso pero no sabía si podría ocultar eso en ese momento. Un teniente del ejercito que es un híbrido. No quería cometer un error en ese momento con lo confusa de su mente.

El abrazo la tomo desprevenida se quedo un momento ahí algo tensa.  Levantó lentamente sus manos tratando de abrazarlo. Sus manos temblaban ligeramente cuando apoyo los dedos en su espalda apenas un ligero toque. Finalmente lo abrazo apoyando la frente en su hombro. Ahora tenía ganas de llorar, ahora tenía un ardor y dolor en su costado. Ahora se sentía cansada, cerró los ojos suspirando —no le diré a nadie— murmuró cansada.




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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por Cedrik el Vie Ago 04 2017, 23:20

Sentir como ella se rendía ante el abrazo hizo que sus músculos hallaran cierto descanso, pero no se relajó del todo hasta que percibió las cinco palabras que le otorgaban la absolución a su pecado. Un pecado heredado. Era triste pensar que su infierno había sido causado por el amor de sus padres. Crueldad era la palabra que emergió en su mente cada vez que pensaba en ello, en como los hijos de un amor puro podían ser traidores por su sangre. Sólo por su sangre. No quería pensar en ello. No en ese instante.

Sus brazos la rodearon con más intensidad al notar que se ocultaba en su hombro. La dejaría pensar, no quería tentar a la suerte. No tanto como para perderla. D’tark estaba confusa, era mucha la información, demasiada. Y él no estaba seguro de poder encontrar las palabras que ella necesitaba oír.

Solo una palabra. Solo una.

Gracias —presionó los labios en la humedad blanquecina de la cabeza que custodiaba con cariño.

Pero toda acción tiene su consecuencia.

Sus sentidos habían estando tan centrados en ella, en alcanzarla, que no percibió nada más. Ni tampoco lo vio venir. Él, un adiestrado soldado del Ejército de su majestad, estaba cayendo en el peor de los males: no prestar atención en territorio enemigo. El sonido de una rama alertó su oído. Sus labios abandonaron con presteza la cabeza de ella y sus gélidos iris barrieron la espesura del bosque. Por inercia presionó algo más el frágil cuerpo femenino, esta vez con férreo agarre y protección. El sonido del follaje moviendo el sotobosque en sentido contrario lo hizo gira rápidamente la cabeza hacia esa dirección.

Prestó más atención, mucha más, y lo que descubrió lo hizo maldecir entre dientes. Su abrazo se rompió con brusquedad pero volvió a acerar el pequeño y maltrecho cuerpo femenino a él después de levantarse e instalarla a imitarlo. Aunque le habría encantado permanecer a su lado más tiempo, consolarla, no podía. No en ese instante. Sus gélidos iris danzaban de lado a lado a medida que los sonidos, sin cuidado, sonaban de un lado a otro oculta su causa por la espesura.

Tenemos que irnos —ordenó demasiado autoritario.





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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por D'tark el Vie Ago 04 2017, 23:50

Su cuerpo se relajó por completo. Aspirando profundamente se sentía mas tranquila no sabía porque pero se sentía en cierto modo familiar. El hueco en su pecho seguía ahí y no se iba por completo. Frotó su rostro un poco mas aliviando la molestia en sus ojos.  no sabía que su cuerpo estaba tan magullado hasta que se relajo. Tendría que transformarse en dragón y tomarse al menos un rato para sanar por completo las heridas. aun tenía dudas sobre el teniente Cedrik, al menos no sobre él pero guardar su secreto parecía una carga muy pesada. Ni siquiera supo como es que estaba tan exhausta y adolorida. Sonrió recordando en la playa cuando quedó dormida después de una pelea. Esto realmente superaba eso en gran medida.

Se quejó un poco cuando el apretón se hizo mas fuerte su costado dolía ahora. Se colocó de pie con su ayuda, sus piernas sintieron un tirón y se quejó por debajo —¿Qué pasa?— preguntó algo desconcertada mirando alrededor ella no veía nada raro o inusual en el bosque.




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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por Cedrik el Sáb Ago 05 2017, 23:12

Ni quiera prestó atención a la posibilidad de que la herida de ella empeorara. Su madeja de sentimientos se centró en uno solo: Supervivencia. Los dejó a un lado con porte militar y presionó la mandíbula con la mirada ensombrecida por la situación. Sus fríos orbes danzaban sin tregua hacia un lado a otro. Siguiendo los intencionados sonidos de quién los acechaba. Tres, quizás cuatro, ¿cinco? No estaba seguro. La mueca de dolor que se reflejó en el fino rostro femenino no pasó desapercibido en su análisis visual de la periferia, mas su férreo brazo la atrajo hacia él al percibir un molesto sonido tras ellos.

No contestó la pregunta de la dragona. No pudo al percibir como una bola de pelo ennegrecido se abalanzaba hacia ellos. El Teniente tomó su forma de escamoso bicolor a tiempo de dar un coletazo, al puro estilo béisbol. Un aullido lastimero fue emitido por la bola de pelo azabache que fue golpeado contra el tronco de un árbol. El animal, un enorme huargo, aturdido por el inesperado golpe no tardó en levantarse en un leve tambaleo. A su lado un segundo miembro de la manada comprobaba el estado de su compañero recibiendo un mordisco al aire con un gruñido de ira. Ambos cánidos giraron a la par el hocico hacia dragón y humana para enseñar los colmillos en un cántico de gruñidos amenazadores.

El enorme cuerpo del bronceado cubría a D’tark entre sus escamosas piernas. Era consciente que la causante de la atracción de esos depredadores era ella. El olor de su sangre. Su enorme cabeza danzaba por la espesura cercana, sin dejar de mirar por el rabillo del ojo a los únicos miembros de la jauría que tenía localizados, pero sabía que los huargos cazaban en manada.

Se debatió en la posibilidad de que ella se transformara, mas la desestimó al recordar que no podía volar. Si se transformaba, el no poder alzar el vuelo, la haría una presa fácil. Si se transformaba sin saber luchar, la haría una presa fácil. Ser humana, herida o no, la hacía una presa fácil. Toda ella era una presa fácil. Maldijo y presionó la mandíbula evocando un gutural gruñido que abrasaba su garganta.

No os transforméis y no salgáis de debajo mía. Ser humana o dragón no os salvará de sus fauces y seréis una presa más fácil de abatir —ordenó y contrajo los iris en una fina línea para rugir amenazante en dirección oeste, hacia los árboles.

Necesitaba saber cuántos eran. Provocarlos. El instigador rugido, cuasi primitivo y desafiante, hizo que de entre los árboles aparecieron otros dos huargos que se abalanzaron contra ellos. Con un movimiento de un barrido de brazo estampó al primero con el segundo, pero lo que no pudo evitar fue que los otros dos aprovecharan esa distracción para abalanzarse contra él. Las fauces  de alguno atravesó su costado e hizo que Cedrik bramara en un doloroso quejido. Dolía. Dolía como unas malditas dagas aguijoneando el costado. Lo apartó de manotazo y se tambaleó, haciendo que D’tark quedara ligeramente al descubierto. El cuarto huargo aprovechando que su jauría volvía a cargar contra su principal estorbo, sin tregua ni piedad, zigzagueó entre ellos con el fin de atrapar a la presa más débil.

Las verticales pupilas del dragón se centraron en el cuarto huargo y, con un movimiento de cuerpo entero atrapó con la palma de sus garras al cánido, lo aplastó notando como los huesos del animal cedían y crujían endebles bajo las toneladas de su cuerpo. Mas uno de ellos le apresó con una potente mordedura el trapecio y tuvo que volver a rugir entre cabreado y dolorido. Debido a la adrenalina -o el deseo de supervivencia- el Teniente se retorcía ahora a dos patas en una danza macabra para poder deshacerse de quién lo apresaba tan cerca de su cuello. Pero un nuevo rugido agónico salió de su garganta cuando percibió como la carne de su muslo era desgarrada por las fauces de otro de ellos. Odiaba a los huargos y sus malditas fauces atraviesa-escamas de dragón.





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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por D'tark el Dom Ago 06 2017, 09:41

El teniente seguía tenso mirando a los alrededores. Dela seguía confundida sobre que pasaba y porque la tomaba con tanta fuerza. Después de su pregunta todo pasó demasiado rápido. Una gran bestia salió del bosque hacia ellos —huargo— su mente había respondido la pregunta. Los huargos bestias salvajes que había visto en ilustraciones, todas ellas bastante escabrosas si debía hacer memoria. Un segundo estaba ahí al otro estaba corriendo hacia ellos y un segundo más tarde Cedrik era un dragón golpeándolo. Lo alejo con un golpe de su cola, escuchó el golpe y la queja del animal.

Vio al huargo ponerse en pie y otro más apareció detrás de él. Ambos los vieron y gruñeron “Cazan en manada” recordó con un escalofrío y miedo. El teniente le dio indicaciones de no transformarse y mantenerse a su cuidado. ¿Por qué no solo la tomaba en esa forma y salía volando? Entonces el dragón rugió y de los árboles salieron dos más. Cazan en manada, se repitió mentalmente. Estaban rodeados. Cedrik lo sabía si intentaba huir con ella saltarían los cuatro sobre él. Los dos nuevos huargos se abalanzaron sobre el teniente quien con un movimiento de su brazo los quito. Vio a los otros dos saltar quiso advertirle pero su voz no salió. Entre miedo, preocupación y culpa vio al teniente ser herido y gruñir de dolor.

Se movió por inercia y el último  huargo parecía decidido a ir por ella. Pero el dragón lo tomó hundiéndolo en la tierra hasta que crujió. Extraño pero para Dela escuchar como crujían sus huesos  dejaba de moverse fue aterrador. Vio los restos del animal como una masa medio deforme semienterrada. Escuchó al dragón rugir de nuevo. Había un huargo en su pata y otro detrás de su cuello. Se había alzado sobre sus patas traseras y el tercer huargo estaba dispuesto a atacarlo.

Ella no sabía pelear, él la estaba protegiendo. A ella una extraña, una desconocida que sería más fácil dejar atrás. Su ala rota no la dejaría huir. Cerró los ojos tragándose sus miedos los abrió y cambio. Se transformó en dragón y cargo fuego en su hocico golpeando en la espalda con su fuego al huargo en el cuello del teniente. El aire de lleno de un viciado aroma a carne y pelos quemados. Cargo una segunda vez e intentó golpear al que estaba en la pata del dragón pero este la estaba esperando y esquivo su llama. Cuando se quedó sin fuego el huargo salto hacia ella mientras aun intentaba reunir más. Giro intentando golpearlo con su cola pero fue un error. El huargo clavo sus garras usándola de trampolín salto y cayó mordiendo su costado.

El dolor fue grande, más de lo que había sentido en su vida. Sentía sus garras y colmillos en su piel termino de reunir otra vez fuego girando a su espalda, la llamara cubrió su espalda y sintió un tirón cuando el huargo salto para esquivarla.  Respiraba agitada, su costado estaba adolorido no sabía si quería saber el daño que había hecho esa bestia.  Dela quedó en shock al ver al animal con sangre en su hocico, le gruño dispuesto a atacarla de nuevo. Entre el dolor, el cansancio y el shock no podía moverse o pensar.


Última edición por D'tark el Dom Ago 13 2017, 21:48, editado 3 veces




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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por Cedrik el Dom Ago 06 2017, 18:42

En la lucha por su propia supervivencia no vio venir la bola de fuego que la dragona escupió en su dirección. Por no ver, no vio hasta que fue liberado del huargo de su espalda, cómo la dragona había tomado su verdadera forma. Su respiración estaba tan acelerada que creía que su medio corazón se le saldría por la boca, pero no importaba. Sus venas estaban insufladas en adrenalina. Sus verticales pupilas se centraron en el huargo que inmovilizaba su muslo y lo agarró para lanzarlo hacia las copas de los árboles. El aullido lastimero se apagó al acabar empalado en una rama punzante.  Del desgarro de sus múltiples heridas bañaba un líquido caliente y escarlata avisando de la gravedad de las incisiones. Las laceraciones, aunque dolorosas, no parecían nublar su visión.

Para cuando encontró al último de la manada la mirada del bicolor se tornó tan negra como el más oscuro petróleo. Su instinto más primitivo envolvió atenazó su medio corazón cuando comprobó que el cerúleo rostro de la dragona empalideció en shock. Nunca imaginó que el color de las escamas de un dragón pudiera parecer desaparecer, pero lo hacía. El tamaño del bronceado fue creciendo a su forma mayor, provocando que los troncos cercanos cedieron ante su envergadura. Extendió su inmensa ala cubriendo la visión a D’tark y sus fauces, impasibles y letales, apresaron al último de los huargos antes de que pudiera alcanzarla. No notó los huesos del animal partiéndose por la mitad entre sus fauces, ni siquiera sintió la sangre del cánido deslizándose por sus carrillos.

El sonido de un golpe en el suelo lo hizo mirar hacia abajo y comprobar que la parte trasera del huargo estaba esparcida por el mismo. Escupió la otra mitad y barrió visualmente el lugar confirmando que no había más enemigos. Tras ese corto escrutinio de la periferia, alzó el ala que bloqueaba la visión de D’tark de tan sangrienta escena, y centró la vista en la herida de ella. Volvía a estar herida. Volvía estar herida por su culpa. Sus fauces se cerraron por la presión de la impotencia y el enfado consigo mismo. Mas no pudo evitar emitir un gruñido animal.


D’tark —la llamó. Se acercó con lentitud, adolorido por las múltiples heridas, hacia ella para que esta lo usara de apoyo. Rodeó el escamoso cuerpo con una de sus alas, abrazándola e intentando que se sintiera segura—. Debemos salir de aquí

La idea de que la sangre y la batalla hubiese alertado a más cazadores, ya fuesen animales, humanos o dragones no era algo que le entusiasmara. Ambos estaban heridos. Para su desgracia acababa de confirmar que tenerla cerca, bajo su custodia, lo volvía lento y cauto. Había recibido heridas que podría haber esquivado si ella no estuviera allí. Notaba como la humedad de sus propias laceraciones recorrían parte de sus escamas y a la vez como un leve quemazón lo envolvía. El dolor emergía debido a la falta de adrenalina en sus venas. Lo cierto es que esa sensación no era una novedad, la sentía en demasiadas ocasiones y, quizás, por ello podía soportarlo. Ella en cambio...

Sus verticales pupilas centraron de nuevo la vista en el ala rota de ella y no pudo más que darle un toque con el hocico para que reaccionara.

Necesito que volváis a vuestra forma humana—solicitó entre una súplica y una orden—. Necesito llevaros a la ciudad.

Si no reaccionaba pensaba cogerla del cuello y llevarla a rastras. Si bien era cierto que la regeneración de los dragones era milagrosa, al menos la sanación humana podría cortar la hemorragia más rápido.





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Re: El pudor es la epidermis del alma [D’tark]

Mensaje por D'tark el Dom Ago 06 2017, 21:38

Lo vio acercarse a ella pero no reaccionaba cerró los ojos un instante y escuchó un crujido, abrió los ojos y se preguntó que pasaba porque todo estaba cubierto. Era el ala de Cedrik que la había cubierto cuando la movió parecía abrazarla con la misma. Pero Dela solo podía ver la sangre saliendo del hocico del enrome dragón. La había llamado por su nombre pero escuchaba un extraño zumbido en sus oidos que no la dejaron escuchar el resto.

Al verlo en ese tamaño se sintió pequeña de la misma manera que se sentía en comparación a sus hermanos. Ellos tenían muchos mas años que ella y siempre la opacaban. El teniente era igual que ellos en tamaño al menos.

Él tocó su ala generando una descarga de dolor gruño mirándolo confundida. No sabía porque el teniente le estaba moviendo la herida.  Escuchó con atención su petición. Asintió ligeramente con la cabeza algo ausente. Cerró los ojos bajando la mirada. Trató de cambiar pero el dolor se hizo mas agudo gruñó de dolor quedando a mitad del camino. Cerro los ojos y se obligó a terminar su cambio.

Cayó al suelo de rodillas indecisa entre tocar o no tocar su espalda. Respiraba agitada. El dolor era inmenso y absorbente. Entumía sus nerviosa sentía lágrimas corriendo por sus mejillas. Estaba adolorida e inmóvil sentía que si lo hacía su espalda se rompería en dos. Su visión se estaba nublando por lo mismo. Todo estaba nublado y confuso. Luego todo fue oscuridad.




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