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La muñeca rota - [Etta]

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La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Zenda Faelynn el Lun Jun 26 2017, 06:07

Después de que Zareb abandonara la sala de nuestra nueva casa enojado y frustrado porque no pudiera consentir el exponernos tan abiertamente, tomé mi caballa blanco diciéndole a Drael que regresaría al anochecer y que esperaba una buena cena, una que no esperaba que preparara él pero que si podía ordenar que se preparara y se sirviera. Al final, las labores del esclavo que pensaba comprarle finalmente a mi hermano eran otras. Mientras cabalgaba sin dirección aparente trataba de encontrarle sentido a algo de lo que había hablado con mi mellizo aquél día. Comprendía lo duro que era nuestra existencia, todo el tiempo teníamos que escondernos, aparentar delante de otros dragones ser como ellos y delante de los humanos mostrarnos superiores.

Debíamos cuidar nuestros cuerpos y siempre estar al tanto de los elementos que nos rodeaban y eso suponía una carga constante que limitaba nuestra capacidad para disfrutar de nuestra vida. Pero no teníamos opción, no si queríamos sobrevivir y hasta ahora eso era lo que yo intentaba, ganarnos nuestro lugar en la ciudad con cierta independencia pero sin levantar sospechas y para ello debíamos hacer ciertos sacrificios ¡pero Zareb no estaba dispuesto a ello! y yo ya no sabía que hacer, lo quería, deseaba protegerlo pero él no parecía verlo así y eso ¡me molestaba! me molestaba porque me estaba esforzando por los dos pero él parecía no valorarlo.

Luego de cabalgar por un buen rato, me vi cerca del mercado de la ciudad. Como siempre concurrido y lleno de ruido. Al principio pensé pasar de largo, pero luego fui reconsiderando la idea hasta que decidí dejar en un buen sitio mi caballo y recorrer el mercado, ahí siempre encontraba objetos curiosos y cuando no al menos lograba disfrutar de alguna buena tartaleta en mi puesto de postres favoritos. Comencé a caminar entre las personas con paso lento y despreocupado, no tenía el tiempo contado tampoco algún pendiente así que no había motivos para acelerarme. Al principio solo pude ver puestos de personas que revendían sus pertenencias, una mujer vendía gallinas y ¿qué había sido ese ruido? me detuve de pronto mirando a mis lados, sin percatarme de algún hecho extraño aunque ¿ese era un puesto de muñecas? curiosa y animada me acerqué al mismo.





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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Etta el Mar Jun 27 2017, 17:45

El mercado seguía siendo el mismo de siempre. Los variopintos puestecillos otorgaban, a quién lo desease, todo aquello que se buscase: desde alfombras de vivos colores provenientes de la Ciudad de Arena, artesanías de los más artísticos esclavos de Edén, a extravagantes animales, especias o frutas de las Islas Libres. Todos y cada uno de los tenderetes ofrecían aquello que uno necesitase; incluso aquello que a simple vista no podía verse estaba latente. Ocultos bajo el manto del subterfugio y con el arte del instruido disimulo se podía comprar –con el trueque oportuno- más de lo que más de uno podía imaginar.

En la parte superior de la calle principal, y algunas colindantes que hacían de secundarias, podían divisarse pequeñas lonas colgadas de una fachada a otra para cubrir a los transeúntes. Los diversos colores los telares habían perdido el color debido al desgaste del sol y las lluvias, dejando que los tímidos rayos de sol traspasasen los retales más dañados. En el inicio de la calle, sobre el paso de carruajes, jinetes y ciudadanos, se podía divisar -a cada lado- algunos esclavos intentando desatar los primeros nudos. Su sustitución, como cada año, se iniciaba al final de la estación de lluvias para avivar de colores con el paso a la estación seca. Mas, en esa ocasión, parecían adelantarse.

Para Etta, demasiado acostumbrada al mercado, no pasaba desapercibida aquellas trivialidades que los dragones o, los visitantes de la capital solían pasar desapercibidos. Saludó a Dimitri, el panadero, cuando le ofreció una hogaza de pan recién horneado, y a Zeratul, el mercader de alfombras. No pudo evitar llevarse sendas manos a la boca para ocultar otro bosteza y se detuvo al ver que un carruaje pasaba, a trompicones, por los adoquines irregulares de la vía.  Su destino, sin embargo, estaba en una pequeña callejuela casi al final de la vía, donde su dueño, un anciano servidor de un dragón comerciante, le otorgaba plantas exóticas provenientes de algún recóndito lugar.

Y, aunque no solía detenerse, se detuvo con interés al ver una nueva tienda de muñecas. Un tenderete pequeño, con diversas muñecas de paja, madera, telas y seguramente grano, pero lo que llamó la atención de la castaña fue un singular muñeco de trapo y paja que le hizo fruncir el ceño. Sus finos dedos se entrelazaron con delicadeza alrededor del diminuto cuerpo inanimado y lo examinó. Por lo que veía el pequeño muñeco estaba compuesto por dos ramas -una más pequeña que otra- que conformaban la estructura de los brazos y el cuerpo, relleno de paja y cubierto de retales irregulares de tela y lino. Por ojos sólo tenía dos cruces de hijo negro.

Tengo muñecas más apropiadas para una bella señorita como usted —dijo una profunda voz de la nada, a tiempo que salía de algún recoveco escondido, y se acercaba con otra pepona más esbelta y proporcionada—. ¿Qué opináis de esta?

Me temo que no es de mi interés.

El mercader hizo el ademán de rebuscar entre los ejemplares y le mostró lo que parecía la figura, tallada en madera, de un majestuoso dragón. Mas los expertos ojos del tendedero se centraron en alguien que estaba tras ella. Un cliente más, antes de volver, a la vestal y recibir su negativa.

Una chica exigente —se lamentó el hombre sin darse por vencido y observó el muñeco de trapo que aún tenía en sus femeninas manos. No tardó en apartar la mirada y centrarse en la joven dragona que había acaparado su atención poco antes—. ¿Y vos, bella flor, qué opináis de este dragón tallado en madera de abedul? A juego con esta preciosa dama también tallada por uno de los artesanos más reconocidos de Edén. Seguro que quedará bien en vuestro salón y tendríais una pieza única de coleccionista.

La sirvienta de la Diosa optó por mirar a la recién llegada y sonreír lamentando su suerte, si no conseguía librarse de tan insistente hombre, acabaría sucumbiendo a alguna compra. Pero fue entonces cuando recordó algo. Una simple palabra, viejas historias contadas por la Guardiana en las noches de su infancia, a aquello le recordaba el pequeño muñeco que aún sostenía en sus manos. Y así lo expresó sin pensar, como si de la palabra ¡Eureka! se tratase.

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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Zenda Faelynn el Vie Jun 30 2017, 03:56

Con paso pausado me acerqué a aquél puesto que mostraba distintos muñecos sobre la superficie de la mesa que constituía todo el puestecillo. En innumerables ocasiones había caminado por esta misma calle y en distintos horarios, pero esta era la primera vez que prestaba mi atención en ese punto de la calle, quizá porque el mismo puesto de muñecas era nuevo. Conocía la existencia de uno más en el mismo mercado de la ciudad, pero el mismo se encontraba al otro lado y se dedicaba a vender la mayoría de sus piezas bajo encargo, por supuesto todos podían contemplar los modelos y elegir uno del agrado, pero bastantes pocos podían hacerse de uno por los precios de los mismos. En cambio, este puesto que desde lo lejos lucía un poco abandonado, contrastaba bastante con el funcionamiento de la otra tienda y parecía que cualquier curioso podía salir con una bonita pieza si así lo decidía pero ¿en verdad tendría algo que valiera la pena comprar?

Me detuve junto a una mujer de cabello oscuro que parecía examinar ya una muñeca cuando el tendero inmediatamente me mostró una de sus piezas, un dragón tallado en madera de abedul, o lo que él decía era abedul. – veo que tiene piezas muy interesantes, señor pero ¿por qué apresurarme a elegir algo cuando aún no contemplo el total de sus piezas? – respondí con gentileza desviando mi vista de las piezas de madera a las muñecas de trapo que se encontraban sobre la mesa. La mayoría se parecían entre sí, variando apenas el color de los vestidos y de los moños que decoraban el cuerpo de la tela que daba forma a las muñecas. Tomé una de cabello rojizo mirándola con curiosidad, su cabello se encontraba sujeto en dos colitas en lo alto de lo que era su cabeza y su cabello, hecho de hilos gruesos, llegaba hasta la altura de sus mejillas coloradas con tintura. Era una muñeca bonita pero no se diferenciaba mucho del resto que se exhibían y tampoco había en ella algo que la hiciera especial entre las muñecas que guardaba celosamente en mi habitación.

Despreocupe usted que aquí para todos los gustos y placeres hay, una muñeca de tela como la que ha tomado ahora entre sus manos es de lo más especial que verá hoy, las mismas han venido directamente en la primera embarcación que tocó puerto en Krosan a inicios de mes ¡sólo aquí podría encontrar pieza tan especial! – aquella era la aparente verdad del tendero que parecía esforzarse bastante con su labor como vendedor de muñecas pero, si lo que decía era verdad, entonces quizá fuera el hombre uno de los tantos contrabandistas que abordaban las carretas en algún camino que conectaba Puerto Krosan con Talos para hacerse de la mercancía, pues dudaba yo que un bien proveniente de otro país cayera en una tienda tan común como esta. No es que quisiera desconfiar de buenas a primeras del hombre ni que lo subestimara, pero poco probable era que en una tienda como esta se ofrecieran este tipo de piezas, al menos para mi no tenía sentido - se trata entonces de una pieza bastante exclusiva ¿no es así? - repliqué con una sonrisa siguiéndole la corriente al hombre.

El hombre lució complacido y a nada estuvo de decir algo cuando la mujer a mi lado emitió una única palabra vudú ¿qué se supone que significaba eso? ¿era alguna palabra en otro idioma? yo sólo conocía la lengua común y la de Isaur, pero sabía que existían otros y era por ello que su palabra me generó gran curiosidad a diferencia del tendero que pareció palidecer por un segundo ¿es que habría visto algo? - ah leyendas....mera coincidencia... - comenzó a balbucear el hombre quien de pronto cambió su rostro pálido por uno más astuto y sombrío. Intrigada por lo que estaba teniendo lugar y que con toa certeza me estaba perdiendo, me giré totalmente hacia la chica que ahora reconocía sostenía un muñeco raro y medio feo, apenas tenía forma e iba sin vestiduras o arreglos - Disculpe señorita ¿me podría decir que significa vudú? - cuestioné con amabilidad, sintiendo una vez mas una sensación extraña, un picor en mi cuello. Me giré ligeramente para ver a mis espaldas, pero de nuevo ahí no había nadie más, al menos no nadie en especial. Tan solo los transeúntes y demás tenderos.

Con una ligera mueca totalmente disconforme y considerando que era mejor mantenerme atenta por cualquier cosa, me giré nuevamente hasta el par que estaba en el puesto de muñecas como yo. Pero algo debí haber hecho mal o diferente en aquél gesto porque de pronto varias conversaciones lejanas y a forma de murmullos comenzaron girar en torno a mi cabeza, mezclándose con mis pensamientos. Fruncí el entrecejo incómoda, tratando de comprender con exactitud que estaba pasando, pero nada dije, en cambio me mantuve atenta a lo que el tendero y la desconocida tuvieran por decir, la palabra "vudu" había despertado verdaderamente mi curiosidad.





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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Etta el Mar Jul 04 2017, 17:44

Su mano presionó con más fuerza el pequeño muñeco de tapo y paja, y presionó los labios hasta que éstos se convirtieron en una fina línea. Los más cercanos a aquel puesto habían mirado hacia su dirección cuando mentó la palabra demasiado alto. Sus iris se centraron en el hombre, en sus acciones, en su balbuceo y en ese cambio de semblante tan estudiado. ¿Magia antigua? Sólo se conocía la magia de aquellos dioses elementales, proclamados y visibles, pero por ese mismo motivo, con la magia de los elementos emergente, ¿quién podría negar esa magia ancestral y maldita? Tal vez sólo fueran tonterías y le estaba dando más importancia de la que debía.

¿Leyendas? —cuestionó inquisitiva pero suavizó en cierto modo su tono de voz—. La coincidencia es algo que la Diosa Madre no deja al azar, pero es posible que vea fantasmas dónde no los hay. ¿De dónde dice que sacó estos juguetes? ¿De Puerto Krosan?

El tendero la miró con suspicacia y sonrió dándole menos importancia de la que podría. Algo en él empezaba a desagradar a la esclava. Algo que aún no había conseguido discernir y que la obligaba a permanecer, en cierto modo, alerta. No estaba segura de si fue debido a ese cambio repentino de palidez a oscura astucia o a que empezaba a pensar, debido a la variedad de artículos que aquel puesto no duraría más de un día en el mercado. No porque no tuviese clientela, sino por el mismo motivo que aquel hombre empezaba a radiar desconfianza.

Así es —repitió y se acercó a la vestal para solicitar de vuelta el polémico muñeco—: ¿Podéis devolverme el muñeco? Es algo que no debería haber estado a la venta. Parece un muñeco inacabado que el sastre perdió entre las telares de su taller.

Etta apartó el muñeco de las manos del hombre y miró hacia la peliblanca que había formulado la pregunta. ¿Qué era vudú? ¿Cómo explicar qué era sin levantar la suposición de herejía? Se mantuvo en silencio unos segundos, intentando hilar la información que antaño le había dado la Guardiana del Templo y, tras mirar al cielo, volvió a observar a mestiza y mercader.

Cuentan las leyendas que el vudú se remonta a antes del Despertar, mucho antes, cuando los humanos esclavizaban a otros humanos. Los esclavos de la antigua Isaur fueron despojados de su hogar y transportados al antiguo continente de Edén —observó por el rabillo del ojo como el mercader empalidecía de nuevo—. Era una religión perseguida por los propietarios de los esclavistas, que obligaban a sus esclavos a convertirse a su religión. Pero los esclavos se alzaban en sus creencias y en su cultura, una cultura que atribuía a sus chamanes la capacidad de resucitar a los muertos y hacerlos trabajar en su provecho.

Si se pensaba con frialdad, ¿acaso lo que contaba esa antigua leyenda no era parecido a lo que ocurría con los Dioses Elementales y la Diosa Madre? ¿La imposición de los dragones en una sola religión a los esclavos? No podía pensar así. Ella era una sierva de la Diosa, de la Guardiana, de su fe, ¿por qué le ponían tantas pruebas? Desvió de nuevo los iris al causante del debate, el muñeco, y acto seguido a la interesada.

Este muñeco me ha recordado a un muñeco vudú. Un fetiche con forma humanoide. Cuenta la leyenda que los chamanes vinculaban a estos muñecos el espíritu de una determinada persona. Clamaban a los espíritus, mediante magia maldita, para que el alma de la persona elegida fuera martirizada mediante ellos. Lo que le ocurriera al muñeco le pasaría a su persona vinculada—. Hizo una breve pausa y dejó de presionar el muñeco, percatándose de que podría estar asfixiando a un ser vinculado, y frunció el ceño visiblemente afectada—. Era una temible maldición.
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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Zenda Faelynn el Sáb Jul 08 2017, 07:26

En silencio y con curiosidad, presté atención al intercambio de palabras que se daba de forma tan enérgica entre el tendero y la mujer de oscura cabellera. El hombre que tenía el puesto de muñecas lucía bastante nervioso ante las explicaciones y las réplicas que iba dando la castaña, en tanto que esta lucía ligeramente molesta ¿o sería solo una impresión mía? era algo tarde y a esta hora las personas solían adoptar gestos severos a consecuencia del cansancio acumulado a lo largo del día. Los gestos de los humanos resultaban ciertamente interesantes, podría decir lo mismo de los dragones pero ellos solían ser severos y poco expresivos así que lo mismo podían estar felices, molestos o tranquilos y verles mostrar los mismos gestos. Pero ahora, esta conversación en silencio que estaban manteniendo ambos humanos además de la que sostenían con palabras era curiosa ¿es que acaso había algo de malo en el vudú? y ¿por qué alguien en mi cabeza retumbaba pensando en que debía ir por tela al mercado antes de que cayera la noche? ese pensamiento ajeno era bastante fuerte y yo solo podía pensar en alejarlo ¡por el fuego de la reina madre! era esto más abrumador que cuando adoptaba mi forma draconiana.

El mercader parecía querer volver a tener entre sus manos ese curioso muñeco que seguía pareciéndome sin forma, pero la castaña fue firme en mantener el muñeco con ella y fue así como comenzó a contarme sobre lo que el vudú era. Dejando a la muñeca que había tomado para ver de cerca, me giré ligeramente para poder ver con mayor atención a la chica que lucía bastante joven pero igualmente bastante culta. La esclavitud de los humanos hacia los humanos era uno de esos temas que padre se había esforzado que aprendiera, pero la historia jamás había sido una de mis fortalezas, por ello fue que las descripciones y datos otorgados por la castaña con tanta facilidad y sencillez,  demostrando dominio me resulto bastante asombroso así como intrigante ¿quién era esta chica que conocía la historia del mundo en el que vivíamos? Los humanos no solían ser los más privilegiados en cuanto a acceso a la información aunque ¿sería que la mujer no era humana y me estaba apresurando a juzgarla? o a lo mejor esto era información que ella como humana poseía y que su familia le había transmitido de generación en generación. Varias eran las posibilidades ante el caso.

Al final de la explicación sobre el vudú no pude quedar más que desconcertada ¿en verdad los humanos eran capaces de ejecutar rituales para unir algo llamado espíritu a un muñeco con apenas forma? - Esto si que nunca antes lo había escuchado ni leído en ningún otro lado señorita ¿cómo sabe usted todo esto? - pregunté mirándole con la curiosidad marcada en mi mirada y es que, si bien otro en mi situación la podría estar juzgando porque su relato invitaba a creer que se adoraba a algo diferente a la Reina Madre, esto más que nada fomentaba mi interés ¿tan poderosos habían sido los humanos como para dominar técnicas que afectaban a distancia a las personas? - aunque si me permite seguir preguntando ¿qué es el espíritu de una persona? ¿todos la tienen? y ¿de verdad funcionaban estos muñecos? porque vistos así parecen muy sencillos - pero las apariencias claro siempre engañaban ¿no es así? yo era un híbrido que aparentaba ser un dragón y desde ahí ya tenía suficiente referencia - y ¿ademas del vudú las personas si lograban resucitar a los muertos y manipularlos a su placer? - si lo del vudú me había parecido inconcebible esto aún más.

Bien ...no es importante de cualquier forma, ya lo ha dicho la señorita es sólo una leyenda, cuentos que se creaban e invitaban en el pasado para entretener y asustar a la gente común - el hombre movió las manos de forma exagerada mientras soltaba una risa bastante nerviosa. Esto me condujo a otra pregunta. Si la historia de la chica era cierta y esos muñecos eran vudú ¿cómo es que esta réplica había llegado hasta aquí? - ¿será que en Eneas quedan estas tradiciones? - murmuré más para mi misma, pues a nadie dirigía este cuestionamiento aunque ¿cómo centrarme cuando ahora no sólo me estaba enterando de que la mujer de las telas había llegado a tiempo a la tienda, sino que sentía como Zareb se agitaba un poco ¿qué estaría haciendo exactamente ahora mi mellizo? ¿seguiría molesto?





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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Etta el Dom Jul 09 2017, 19:33

Alzó el rostro hacia la interesada en aquellas viejas leyendas y sonrió afable ante la avalancha de preguntas que había suscitado en la dragona. Cómo los humanos podían unir ánima con un muñeco era algo que ella tampoco conocía, pero podía hacerse una idea de la intención de sus ancestros. Fuese verdad o no, era algo que averiguarían con el tiempo y que la magia recuperaría, si así, se quería. ¿O es que acaso la urdimbre de la magia sólo era elemental? Y además, ¿no eran los humanos y las ánimas parte de ese telar de magia ancestral? ¿Acaso no había formulado esas mismas preguntas cuando la Guardiana le había contado esa leyenda? Tras tantos años, desde la primera vez que la oyera, había aprendido más de los humanos y las almas de los mismos. Que saciara o no la curiosidad de la peliblanca estaría por ver.

Mis conocimientos son gracias a la Guardiana del Templo —dijo, al fin, y sonrió en una leve reverencia que acontecía a su propia presentación—: Soy Etta, sierva de la Guardiana y servidora de la Diosa Madre, entre mis labores está el saber saciar la curiosidad de los feligreses y saber otorgar una respuesta a sus dudas. Los manuscritos y leyendas fueron olvidados o destruidos en la guerra del Despertar, y es ella quien, con gran maestría y recuerdo nos cuenta aquello que sacia nuestra curiosidad—. Fuesen verídicas o no, la curandera nunca habría refutado las leyendas contadas o modificadas por la Guardiana, aunque en su interior estaba convencida de que esas viejas historias siempre habían sido fieles a las de antes del Despertar. Otros, en cambio, sólo pensaban que habían sido moldeadas para saciar el capricho de aquellos que deseaban conocer algo de aquel entonces—. El ánima… el espíritu, eso es una rara e interesante pregunta.

Para cuando quiso responder, el mercader había interferido en otro intento por acallar a la curandera. Etta entrecerró los ojos y lo miró con fijeza. El nerviosismo del hombre estaba empezando a ponerle la piel de gallina y eso no le agradaba. Rebuscó entre sus pertenencias y sacó algunas draconians, más de las que podría valer ese maltrecho muñeco, y las depositó en el mostrador. Estaba segura de que la Guardiana, coleccionista de rarezas, le agradaría la idea -fuese verdad o no-  de un muñeco vudú en su colección.

La Guardiana agradecerá su venta —dijo en un tono dulce pero autoritario, que daba a entender que no había mediación en esa transacción, la voluntad de la Guardiana era la palabra de la Diosa, o eso creía el pueblo—. La Madre Diosa proteja sus ventas y sea benevolente con su vida.

Se dirigió de nuevo hacia la dragona y sonrió más apacible mientras la invitaba a salir de ese puesto de muñecas para alejarse de aquel mercader nervioso.

El espíritu de una persona no es algo que se palpe, es la propia conciencia. Algunos dicen que el ánima es lo que hace que los seres se muevan y sean autómatas, la voluntad que la Diosa nos ha dado para tomar nuestras decisiones. El libre albedrío de la decisión. Otros, en cambio, dicen que el espíritu reside en algún lugar del interior del cuerpo y es parte de nosotros. Es nuestra esencia —era un tema bastante abstracto, sin duda, por ello la observó unos segundos antes de continuar—: yo, siendo curandera, he estado buscando esa esencia en el cuerpo de los humanos. El por qué las pequeñas chispas de nuestros órganos nos hacen movernos en una autonomía propia, pero aún es un enigma que no he conseguido resolver—. Se detuvo para cavilar sobre las preguntas que había recitado la dragona, con tono considerado formuló—: decidme, mi señora, ¿vos creéis en la magia?

Creer en la magia era algo que iba en contra de las leyes de la Reina. Sin embargo, el mundo estaba cambiando y cada vez era más evidente que esos cambios se debían a la magia. El bosque se había plagado de criaturas extrañas, los esclavos y humanos usaban los elementos en un temor a ser descubiertos, los híbridos habían aparecido para romper con la infertilidad de los dragones. Todo estaba cambiando, pero algunos, solo algunos, abrían los ojos para creer en ello. Para percatarse de ello. ¿La dragona sería uno de ellos? La pregunta había sido recitada como una confidencia, tan delicada y sutilmente como una caricia que podía derivar en un golpe, pues el lugar no era el más indicado. Mas a la esclava no le importó y continuó con su relato.

La magia, mi señora, es algo inalcanzable para los que hemos olvidado su existencia. El manto de la urdimbre es una fina capa de espíritus congregados para la protección del mundo. Del río de las almas, como si de un goteo se tratase, se desprende una cada vez que alguien nace y vuelve a él cuando expira la vida de su cuerpo material —dejó un instante de relatar y la miró con fijeza— … pero ¿y si la magia del manto pudiera ser dominada por algunas ánimas que están fuera de él? Por aquellas que habiendo salido de su corriente y deberían haber olvidado su existencia, siguen recordándolo. Eso les otorgaría el poder de reanimar a los muertos, de manejarlos, de guiarlos hacía otro lugar que no fuera el río de las almas. De ese modo, podrían reanimar a los muertos y utilizarlos, ¿no creéis?

Pero todo ello no eran más que leyendas, ¿verdad? Quizá la respuesta, como había mencionado la dragona, se hallaba en Eneas.
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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Zenda Faelynn el Vie Jul 14 2017, 04:36

Usualmente cuando me encontraba entre humanos solía relajarme y dejar que mi natural forma de ser fluyera libremente, tratando a todos los humanos con respeto y cierto toque de igualdad, pues no solía gustar de las conversaciones donde intentaba someter a otro, en cambio me gustaba conversar de tal forma que descubriera lo que verdaderamente pensaba el otro, sólo de esta forma podía comprender mejor la situación de los humanos. Pero, en este caso no podía andarme con tanta libertad al ser esta mujer una sierva del templo de la Reina Madre, quien seguramente estaba más que conforme con darle caza a los híbridos para torturarlos y asesinarlos delante de todos. Pero tampoco, podía alejarme ahora de buenas a primeras dejando una conversación al aire y dando la impresión de que huía de ella cuando si, en realidad buscaba eso. Justo ahora no estaba precisamente en el mejor estado para lidiar con otra situación compleja. Pero al parecer tenía que apañármelas e intentar sacar lo mejor de esto.

Dedicándole una última mirada a una de las muñecas y dedicándole al extraño mercadas una pequeña sonrisa, marché del puesto en compañía de la joven chica para escuchar la respuesta que parecía tener a mis interrogantes. Aún no podía creer la forma en que esta humana se había hecho con fervor del muñeco sin forma y con tal decisión que había desubicado al hombre y que ahora, con tanta naturalidad estuviera contándome lo que era el espíritu así que ¿este era la voluntad y el libre albedrío? ¿dado por...? Fruncí la mirada al sentir un nerviosismo que no era mío, sino ajeno. Mi otra mitad estaba experimentando esa sensación aunado a una de expectación grande ¿dónde rayos estaba Zareb ahora? - ¿eh? - miré a la castaña con el ceño fruncido, tratando de recapitular lo que me había dicho si bien mi gesto podría dar a entender que su pregunta me había sorprendido. Lo cual tampoco era falso. - ah ¿la magia? si...si disculpa estaba reflexionando sobre lo que me contabas y pues con todo lo que se ve ahora con los humanos me sería un poco difícil no creer en ella - por no hablar del propio control que yo misma comenzaba a tener sobre el fuego ¿o eso había sido una coincidencia?

Nunca antes había intentado darle una verdadera interpretación a eso que llamaban magia y otros denominan dones de unos supuestos Dioses que nada tenían que ver con la Reina Madre, aquellos otros seres eran misteriosos y casi prohibidos para ser mencionados y aun menos ser adorados. Pero esta explicación de que aquella magia provenía de la propia voluntad, como había denominado Etta al espíritu, parecía tener algo de razón y , sólo un poco, porque si este espíritu siempre había acompañado a las personas ¿por qué era que hasta ahora se manifestaban? ¿y por qué solo en los humanos?  ¿los dragones no tenían espíritu? ¿yo tenía un medio espíritu así como sólo tenía la mitad de un corazón? ya no me extrañaría estar hecha a medias. - definitivamente nunca antes había apreciado la magia desde esa perspectiva, la magia como un espíritu protector que proviene de la propia existencia de la vida pero eso mismo me hace pensar en algo...la aparición de la magia elemental - señalé con precaución ya que la mujer, como humana y como sierva de la Riena Madre ¿qué perspectiva podría tener al respecto?

Disculparás mi sinceridad y espero que con ello se ponga en duda mi fidelidad a la Reina Madre, pero por lo que dices, que parece ser conocimiento bastante reservado... - porque ¿de dónde sacaba toda esa información sobre el vudu y la magia? ¿era acaso parte de la formación para ser una sierva del templo? - parece que esos espíritus guardianes comienzan nuevamente a recordar lo que llegaron a vivir en el pasado ¿o será que algo se está importando de los habitantes libres y autónomos de Eneas? pues, por algún motivo, debieron comenzar a despertar los elementos dentro de los humanos. Agua, fuego, tierra y aire son los elementos básicos que mantienen a este mundo respirando, tanto  a humanos como dragones... y los dragones tenemos el fuego en nuestra forma natural y los humanos todos - comenté algo reflexiva dejándome perder en mis propios pensamientos - ahora bien, los elementos son sólo una manifestación de la magia y el vudú que usted explicó así como el control de los muertos son otra ¿más avanzada? ¿qué pasaría si todo esto se recuerda? y ¿por qué ahora?





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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Etta el Mar Jul 18 2017, 16:06

La curandera simplemente sonrió. Apacible. Tranquila. Siendo consciente de que, quizás, solo quizás, estaba hablando de más. Y desvió la vista cuando la dragona se mostró sorprendida por el curso de la conversación. Guardó el muñeco de paja y tela que había iniciado aquella peculiar conversación en la bolsa lateral que utilizaba para portar los menesteres del templo. Y suspiró levemente al oír: «...sería un poco difícil no creer en ella». Estuvo tentada a replicarla, a decirle que muchos eran los que no percibirían esa evidencia aunque les estallara en la cara, pero no lo hizo. Agachó la cabeza y se limitó a ser formal y continuar la conversación. A fin de cuentas estaba ante una dragona y no deseaba que acudiera a la Guardiana con alguna idea que la llevara a un castigo.

Se detuvo ante la mención de la magia elemental y ladeó el rostro, pensativa, pero emprendió de nuevo el paso divagando en aquellas preguntas tan poco habituales en los dragones. Examinó los rasgos de la peliblanca en silencio, escuchando sus incertidumbres y sus dudas, para escoger las palabras adecuadas. Hasta ese momento había relatado una historia, una leyenda olvidada, y relatada por la Guardiana antaño. Cuando ésta creía que la niña pequeña que la observaba con infinita curiosidad lo olvidaría con el paso del tiempo; mas no lo hizo, lo había absorbido como una esponja atrapa el agua de mar en un intento de supervivencia. Pero, no fue, hasta meses atrás, cuando los proclamados Dioses elementales hicieron su aparición, cuando empezó a recordar todos aquellos cuentos. Las viejas leyendas.

Un conocimiento reservado —repitió en un leve susurro y acabó sonriendo con calidez—. Sólo son viejas leyendas que son contadas al candor de una vela en las noches para ser capaces de tener un sueño conciliador. Una realidad alternativa para hacer que la imaginación lleve a los más pequeños y soñadores al mundo de los sueños. Desconozco si la cultura de los hombres libres de Eneas se está expandiendo nuevamente —se excusó, pese a haber sembrado el árbol de la incógnita y la duda, y añadió alzando un dedo misteriosa—: Pero tenéis razón en algo, los elementos mencionados son los que mueven el mundo, mas no los únicos. Algunos descartaron el viento y añadieron la madera y/o el metal en su lugar; otros aseguraban que eran cinco los elementos de la naturaleza. Un quinto elemento: El éter

La miró nuevamente ante las reflexiones y conclusiones a las que intentaba llegar. No estaba segura si era la juventud de su interlocutora o simplemente que estaba utilizando antiguas leyendas, olvidadas o desconocidas por muchos, pero empezaba a creer que la curiosidad de dragona debía ser mucho mayor que la suya propia.

En realidad —inició y se detuvo unos escasos segundos pensativa. Debía elegir las palabras correctas para no llevarla a ideas más erróneas— ...se dice que en la antigüedad existían varios tipos de magia, o más bien… se podría decir que la Urdimbre podía utilizarse de distintas formas o con distintas naturalezas. Dudo que la magia elemental, aquello que vos misma dijisteis que mantenía respirando el mundo, sea lo mismo que levantar insurrectos de sus sepulcros —se excusó nuevamente—. Quiero decir, mi señora, las leyendas pueden resurgir de nuevo.  Ser relatadas por trovadores y bardos, mas no es lo mismo recordar que creer. Y, por supuesto, no es lo mismo hablar con imaginación y dejarse llevar a que ello sea real. En ello consisten las leyendas, los cuentos, en saber relatar y dejar que la semilla de la duda se siembre en los oyentes para que ellos forjen su propia deducción. Y ahora os pregunto, ¿si se temen las leyendas es por su veracidad o su sandez?
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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Zenda Faelynn el Miér Jul 26 2017, 04:17

A medida que avanzábamos, nos adentrábamos más en el mercado, dejando a nuestras espaldas aquél extraño puesto de muñecas donde había esperado encontrar algún buen elemento para la colección privada que tenía en casa y que con el paso de los años había ido alimentando con lo que me encontraba en aquellos extensos viajes que mi padre siempre insistía en realizar. Eran divertidos en ocasiones, pero solamente Zareb terminaba recordando todos esos datos históricos importantes, yo me entretenía más conversando con los lugareños de cada ciudad y comprando muñecas que encontraba en todo tipo de mercados. Pero, a pesar de nuestra nueva posición más cercana a mi puesto favorito de tartaletas, continuaba sintiendo un extraño picor sobre mi cuello, el mismo que había experimentado cuando decidí acercarme al puesto de muñecas. Como entonces había hecho, pasé mi vista lentamente de un lado a otro sin encontrar nada extraño, alrededor de nosotros  sólo había otros dragones y humanos paseando y atendiendo sus propios asuntos ¿es que estaba perdiendo ya la cabeza tras el desencuentro con Zareb?

El éter... - repetí en un murmullo las palabras de la humana ¿cuántas veces a lo largo de esta conversación la chica ya había hecho alusión a lo mismo? Ya no era sólo la base bajo la cual se explicaba la existencia de la magia o de la propia voluntad, sino que ahora indicaba que el espíritu era considerado en algunos lugares como un propio elemento. Pero el agua, el fuego, la tierra y el aire se podían percibir, los primeros tres con la vista y el último con el propio tacto pero el ¿éter? ¿cómo se supone que uno podía percibir la existencia de este y aún mas importante ¿cómo lo controlabas y con qué fines? Negué lentamente, confundida e intrigada en la misma medida - dime, en todo estas leyendas y cuentos para niños que me has contado ¿no te parece extraño que el espíritu aparezca en varias de ellas y con diferentes percepciones pero en todas ellas ligadas a ¿la magia? - tomé airé y lo dejé caer en un profundo suspiro. A veces, el no comprender las cosas me frustraba y justo ahora el simple hecho de no alcanzar a entender del todo lo que implicaba el espíritu me mantenía confundida.

¿En serio la joven lo consideraba guapo?.. ¿Qué estaba haciendo?... ¿Por qué no era un dragón normal? ¿O por qué no era sólo un simple humano? De pronto todos las otras voces de ¿dragones? que se agalopaban en mi cabeza se esfumaron para dar lugar un pensamiento más concreto, a los pensamientos de mi hermano Zareb ¿dónde se supone que estaba el rubio ahora? y para ser más precisos ¿con quién? pero lo que me abrumaba de todo lo que estaba pasando por la cabeza de mi mellizo era su cuestionamiento acerca de su identidad ¿dragón o humano? sabía que lidiar con eso era complejo, yo como él vivía esa confusión si bien mientras yo solía resignarme y apegarme a los statutos impuestos con la intención de mantenernos vivos, Zareb solía luchar contra lo impuesto y buscar su propio lugar. No lo culpaba, mas bien lo admiraba por esa fuerza pero no podía alentarlo tanto pues temía que con eso él mismo se hiciera daño o lo terminaran matando. Apreté mis labios, tratando de no olvidarme de la conversación que tenía con la humana.

Me detuve de pronto y pasé mi vista a otro puesto, este era de frutas y el tendero se disponía ya a recoger su mercancía - y yo que quería una manzana - murmuré para luego volver mi atención a la humana dejando ver una tenue sonrisa - depende de quien seas tu dentro de esa leyenda - respondí lentamente a las palabras de la humana llevando una mano hasta mi mejilla, adoptando un gesto reflexivo - las leyendas pueden temerse ... admirarse o incluso repudiarse. Imagina que te cuentan la leyenda de un hombre que solo se enfrentó a un ejército de cien hombres y que su propia voluntad lo llevó hasta la victoria incluso cuando todo apuntaba en su contra. Si eres un hombre solitario pero que ambiciona superarse admirarás esta leyenda y seguirás su ejemplo para lograr tus propósitos, si eres una persona insegura temerás la historia por miedo a que un día quedes sólo ante cien hombres, pues creerás que esto será tu fin.. pero si eres una persona arrogante ¿no repudiarás la historia señalando que el hombre que se enfrento solo es un estúpido? incluso no bajarás de mentira al relato. - me encogí de hombros - supongo que algo parecido aplica las leyendas que acabas de contarme





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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Etta el Lun Jul 31 2017, 14:16

Etta seguía repitiendo que eran leyendas. Antiguas y viejas leyendas. Nada más, ni nada menos. Pero en algún lugar de su fuero interno deseaba, con todas sus fuerzas, que algunas fueran ciertas. Saber que los ancestros de su raza habían combatido como iguales con los dragones no le otorgaba miedo alguno. Le entregaba cierta confianza que  recelosamente ocultaba en un escudo de incertidumbre por miedo a que su propia mente la traicionara. Mas aquello, aunque le gustaba perderse en las miles de leyendas y épicos relatos pasados, se convertía en humo. O eso intentaba. En cambio, en contadas ocasiones, muy contadas, cedía a su propia curiosidad y se dejaba llevar por esa marea inexplorada. Y ese día, en el mercado, parecía ser uno de esos días que deseaba tomar un barco y retar a Jiivraizael, dios de los océanos.  Los dioses elementales eran los culpables de que sus diques internos estuvieran resquebrajándose.

Sin duda es sumamente extraño o… —se demoró apenas unos segundos, buscando una forma plausible de aquella coincidencia, y continuó—: … puede ser debido a que los más ancestrales dragones han formulado estas leyendas para que ese enigma sea partícipe en las más curiosas mentes. A fin de cuentas la magia no es tangible, no es visible … al menos no lo era hasta hace poco…, y es algo inexplicable incluso para los posibles usuarios.

El ánima. El éter. La Urdimbre. Todos y cada uno de los sinónimos podían llevar a creer o a interpretar, como había dicho la dragona, a la vinculación con la magia. Si hubiera tenido menos disciplina seguramente habría imitado a su acompañante en el suspiro. La polémica que había traído el inerte y poco tratado muñeco vudú era algo que debía retener en su mente. El Orate sonrió y negó al recordar ese mote extraño. En ocasiones como aquella, ese renombre la hacía pensar que le venía como anillo al dedo. Mucho más al ver como la dragona se debatía internamente en un sin fin de dudas que reflejaba, casi imperceptiblemente, en su faz. O quizás, no eran dudas lo que la tenían algo ausente, ni ese relato extraño. Etta desvió la vista al puesto de fruta que había acaparado la atención de su acompañante y sonrió con delicadeza.

Pese a no poder saciar la curiosidad de ambas en aquellas lejanas y desconocidas leyendas, si podía saciar el deseo de percibir el sabor de las manzanas. La curandera revolvió en la bolsa de enseres unos segundos, sacó una manzana roja escarlata, y se la tendió a la par que escuchaba con interés las respuestas que le daba. Se entretuvo analizando la forma que tenía de indicar las diferentes interpretación y debía admitir que esa joven dragona había intentado cubrir cada una de las opciones posibles.

Visto de ese modo... —se limitó a decir con una sonrisa apacible—. Con esa respuesta me estáis diciendo que cada ser, al menos aquellos que escuchen la leyenda o historia, la usarán de una u otra forma. Siempre beneficiando sus ideologías e intereses. Entonces…¿qué ocurriría si la leyenda pasa a ser evidente?¿Qué ocurriría si aquellos que la toman para ser su impulso y aquellos que la repudiaban acaban observando que no puede ser desmentida?¿Que con la fuerza de una leyenda olvidada pudiera llegar a ser real? No creéis que…

Habían avanzado lo suficiente por el mercado para ver la desembocadura que daba a la plaza, y con ello parte de la decapitada estatua de la Reina Madre. Sus zafiros iris se alzaron en el hueco vacío donde debía hallarse la majestuosa cabeza de la estatua, pero lo único que observaba eran un par de pájaros que observaban desde su privilegiado palco.

¿No creéis que la situación actual responde en parte a mis propias preguntas? —dijo distraída mientras observaba como aquellas aves libres alzaban el vuelo y desaparecían entre los edificios—. Los bandos están divididos. Una minoría cree en la leyenda y luchan para que esta se haga oír. Lucha por su renacimiento. Por otro lado, están el grueso de la población, la mayoría, que sigue sin creerse la leyenda. Pero la balanza parece ir desequilibrando poco a poco. Es como una enfermedad que va infectando al resto en la medida que acrecienta sus defensas.
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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Zenda Faelynn el Sáb Ago 05 2017, 05:14

Di la primera mordida a la manzana tendida por la humana cuando terminé de exponer mi perspectiva respecto a las leyendas. Y es que aún no podía creer que la chica me hubiera obsequiado la fruta que tanto se me había antojado. De ser ella Drael, ya la hubiera tomado entre mis brazos en un caluroso y agradecido abrazo. Las personas en Talos no solían mostrar este tipo de atenciones con regularidad o, por lo menos, es lo que me había tocado presencias. Sin embargo, esta muer que servía a la Reina había sido bastante bondadosa, yo para ella era una desconocida al fin de cuentas y no tenía motivos para saciar mi antojo, pero de igual forma lo hizo. Así que lo mínimo que podía hacer era agradecerle el gesto disfrutando del dulce sabor de la manzana - esta deliciosa... - murmuré más para mi que para la humana, mientras seguía escuchandola.

Nos detuvimos al final del mercado, justo al final de una de las calles que nos llevaba hasta la plaza, sitio donde se encontraba lo que quedaba de la estatua de la Reina Madre, misma sobre la cual algunas aves estaban posadas ahora como si se tratara de un árbol más. Volví a morder mi manzana, volviendo mi vista de nuevo hasta la mujer de cabello oscuro pensando en las delicadas palabras que había mencionado, peligrosas y ciertas. Respiré profundamente, viendo a la chica y luego desviando la mirada hacia la plaza por la que algunos aristócratas, burguesas y hasta miembros de la armada cruzaban, cada uno atendiendo sus propios asuntos así como nosotras ahora manteníamos nuestra propia conversación. Ella tenía razón, al parecer ciertas leyendas se estaban volviendo reales y yo no podía negar ese lado de la historia, no cuando yo misma había presenciado como Drael dominaba el fuego y como el elemento reaccionaba de igual forma a mi presencia.

Pero  de ahí a que yo creyera que existía una divinidad a la cual agradecerle estos dotes, había un gran diferencia  - y a medida que muestra sus ¿noblezas? - respondí al fin sin mirar a la chica contemplando el volar de las aves que repentinamente habían abandonado el monumento a la madre de los dragones - la verdad la has dicho tu, una leyenda está despertando y se han ido dividiendo los bandos pero ¿en realidad qué esta defendiendo cada uno? ¿en verdad es una lucha para mantener el reinado de los dragones contra la derrota de los mismos? ¿una venganza? - sonreí de medio lado porque al final ninguno contemplaba a los híbridos, no hasta donde sabía pues nosotros eramos repudiados por dragones y por humanos - las leyendas ocultan muchas cosas y de ellas solo se cuenta lo que el resto quiere que se sepa de ellas. La verdad es que sobre lo ocurrido en las montañas quemadas se dice tanto...pero ¿qué hay de lo que no se dice? ¿en verdad los rebeldes saben lo que hacen? - y los dragones ¿también sabían que estaban defendiendo? - a mi me parece que todos estamos en riesgo si las cosas sigan así... la falta de información es al final una falla del mercado y aún sin saber de bien a bien que ocurre las personas toman decisiones y en una de esas la comida comenzó a escasear - eso era lo que había ocurrido, la comida había escaseado para los humanos por lo que en año nuevo la reina había ofrecido un festín para alimentar a las personas, mismo que fue saboteado.





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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Etta el Lun Ago 07 2017, 19:06

Asintió levemente agradecida al ver que la dragona tomaba su fruta prohibida y le dedicó una leve sonrisa. Eran esas pequeñas cosas, insignificantes para otros, lo que la hacían querer ser mejor persona. Había descubierto también que en muchos eran los que agradecían de una forma encubierta; incluso la Guardiana, tan férrea y poco cálida con ella, le daba pequeñas lecciones de vida a diario. Sólo debía aprender a escuchar y ver. Y pese a que ver y escuchar era algo que le ofrecía cierta ampliación de miras, estaba segura que sus acciones -todas y cada una de ellas- seguían siendo moldeadas y guiadas por la mano invisible de su titiritero. Mas no conseguía discernir si eso era importante o no. La aves se alzaron como una respuesta a su propia incertidumbre y no pudo más que ladear el rostro observándolas libres.

Desvió los iris hacia la peliblanca y le dedicó una media sonrisa. ¿Qué defendían? Era una pregunta que pocos podían reconocer. Pocos lo veían y pocos deseaban introducirse en esas aguas pantanosas por miedo a que sus cuerpos se enlazaran en ellas. Que se volvieran uno con la ciénaga. Era tan difícil ver la verdad o escucharla de las bocas de quienes defendían algo con manos y dientes. Pero así eran la naturaleza. Daba igual humanos, dragones o mestizos. Todos velaban sus palabras en medias verdades -o mentiras- e intentaban que el beneficio fuese propio. Etta había descubierto eso hacía relativamente poco, pero lo tenía presente como un fuego candente. Un fuego abrasador que aniquilará a las razas.

Creo… —inició con cierta duda— … que en realidad todos creen que las leyendas que siguen, el camino que guía sus pasos, es el correcto pero no se han detenido a pensar en quienes recorren el camino con ellos. No se detienen a dilucidar lo que acarrea esa controversia y mentalidad, ni cuanta sangre regará de nuevo la tierra. Como bien mencionastéis cada uno de los seres, ya sean humanos, dragones o mestizos moldean la leyenda a su propia creencia —y lejos de estar más clara la respuesta que buscaba, la curandera estaba aún más confusa—. Lo más triste es pensar que pese a la desconocida causa de esta guerra y de la verdadera leyenda, hay derramamiento de sangre.

La curandera frunció el entrecejo en un intento por descifrar el gran misterio. El enigma que llevaba a las masas a seguir a unos líderes que desconocían la verdad; o si la conocían no gustaban a revelar. El correr de una niña llorando la hizo salir de sus propios pensamientos cuando chocó con ella y, al alzar el lloroso rostro para reconocerla, abrazó los bajos de su túnica. Desconsolada e hiposa pronto fue alcanzada por un muchacho con cara de haber visto un fantasma. Y más pronto que tarde también abrazó a la vestal dejándola estupefacta.

La.. la…¡hic!... la ha …¡hic!.. —inició el muchacho a coro con los llantos de la pequeña niña, mas no consiguió concluir la frase.

El berreo de ambos pequeños acaparó la atención de varios transeúntes y mercaderes que estaban recogiendo aún sus puestecillos.

¡Es...¡hic!... ma... maala!¡hic! —dijo al fin la niña tras restregar la nariz en su toca y llenarla de mocos.

¿Quién?

La niña miró hacia atrás y buscó con la mirada hasta que señaló a alguien en la pequeña muchedumbre. A la curandera no le hizo falta ver el rostro que le pertenecía a la espalda de aquella esbelta mujer para reconocerla. Fue suficiente ver su porte y su caminar soberbio dirigiéndose al Teatro para saber que se refería a la Guardiana. La esclava presionó los labios hasta que estos se convirtieron en una fina e indescifrable línea.
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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Zenda Faelynn el Dom Ago 13 2017, 05:10

Odiaba la sangre. Podría parecer irónico dado que me dedicaba a la supervisión de la elaboración de armas en las armerías de los Verminaard para su posterior venta a la armada, la inquisición y algunos clientes privados. Pero era así, no era asidua a causar daños a otros si bien no dudaría en hacerlo si alguien se atrevía a amenazar a algún miembro de mi familia, a un ser querido o mi propia existencia. Pero, fuera de esos casos, jamás me había sentido muy cercana a los conflictos. Mi mellizo era diferente, Zareb era muy enérgico y le costaba bastante mantenerse apartado de los conflictos y las peleas, si bien recientemente se había mantenido al margen luego de la gran reprimenda y castigo que le puso padre por casi delatar nuestra verdadera condición y con ello casi condenar a la familia.

Pero sabía que esto no dudaría mucho. Estaba en la naturaleza de Zareb actuar antes de pensar cuando creía que cualquiera se metía con él o con algún inocente, dentro de todo era noble, pero en ocasiones demasiado impulsivo para su propia seguridad. Tan sólo debía rememorar nuestra discusión de esta tarde ¡yo intentaba por todos los medios darnos una buena vida aquí, lejos de las miradas de los inquisidores! y el casi parecía que planeaba como lanzarse a la yugular de todos aquellos que señalaban a los híbridos. Lo entendía,también me sentía frustrada por ello pero ¿dos contra el mundo? era una guerra perdida.

Suspiré profunda y pesadamente, viendo lo que quedaba de la manzana en mi mano derecha, dándome hasta entonces cuenta que las previas voces que llevaba escuchando desde que llegué al mercado habían ido disminuyendo, si bien algunas permanecían como susurros. - ¿sabes? detesto la sangre - admití con una media sonrisa, teniendo presente como contribuía yo al derramamiento de esa sangre - es una lástima que el diálogo parezca casi un mito - agregué dedicándole a la joven una suave sonrisa. El mundo se volvía confuso conforme pasaba el tiempo y yo sólo había vivido dentro de él 85 años ...dentro de unas semanas 86 ¿qué pensarían de él aquellos que habían vivido siglos y milenios como mi padre? Ahora, lo sorprendente, era la capacidad reflexiva de la humana que andaba a mi lado.

- ¿Sabes? de todas las personas que he tenido la oportunidad y fortuna de conocer, eres de las pocas que tienen una especial habilidad para analizar y comprendes situaciones complejas, sin perder en el proceso la paciencia o la capacidad de reflexionar - reconocí con amabilidad, viendo como después un par de niños se acercaban llorando y gritando hasta la mujer de cabellos oscuros. Los niños parecían asustados y sin duda estaban desconsolados ¿qué iría mal? Intrigada, miré la escena y traté de entender lo que decían, pero no encontraba ni pies ni cabeza a lo que intentaban decir hasta que la niña señaló a una persona a la lejanía. Seguí con la mirada el dedo de la pequeña sin distinguir a nadie en especial entre la cantidad de personas que de pronto se habían interesado en lo que ocurría con con nosotros. Mordisquee mi labio inferior y volví la mirada a la joven que repentinamente lucía algo seria - ¿está todo bien? - cuestioné en un murmullo.





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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Etta el Jue Ago 17 2017, 11:35

La sangre era para ella el símbolo de la vida. Circulaba sin cesar por el cuerpo, desde la concepción hasta la muerte; pasaba del cuerpo de la madre al del niño; batía las arterias en la vigilia como en el sueño; nunca interrumpía su curso. La sangre de los antepasados fluía a través de las generaciones, uniéndolas en un ingente conjunto, sometidas al sino, al ritmo, al tiempo. Recordaba entonces que las guerras invocaban el derecho a reducir la vida a la muerte o a una muerte en vida, a disponer de la vida a través de medios militares, a instigar el terror y a destruir las infraestructuras de la vida cotidiana de las poblaciones que se hallaban en el punto de mira. La guerra desvelaba tantos aspectos negativos de los seres...

Le dedicó una media sonrisa. Comprendía su aversión a la sangre, pues no era el néctar carmesí lo que la atormentaba sino lo que su derramamiento comportaba. Esa basta necesidad de autodestrucción impresa en el código genético de las razas y que, como bien señalaba, no podía solucionarse con el diálogo.

Es difícil mantener un diálogo si no se desea escuchar —musitó apesadumbrada. No pudo evitar alzar los cerúleos iris hacia la dragona con sorpresa. ¿La estaba elogiando? ¿A ella? La incredulidad se hizo patente en su rostro; pues no era común, al menos para ella, que alguien la ponderada con una descripción tan acertada—. Gracias —el tono interrogativo estaba latente en ese leve reconocimiento.

Las palabras de la dragona hicieron eco en la duda que, durante unos segundos, había albergado y se vieron apagadas por el abrazo de los dos pequeños. Cuando divisó a su ama atravesar con aires altivos por la plaza de la fuente acabó suspirando resignada. Aquella dragona de tez nívea y cabellos rubio plata era alguien difícil de entender. No la consideraba mala, como habían descrito los pequeños, sólo exigente pero ella no podía valorarla de una forma neutra. Ella la había acogido bajo su ala y la había criado, a pesar de todo, y debía agradecerle el haberle otorgado un hogar. Su hogar. A pesar de las adversidades y los castigos.

Sí, descuidad —acarició sendas cabezas llorosas para insuflarles parte de su habitual calma y sonrió a la dragona—. La Guardiana, en ocasiones, suele comportarse algo estricta con los niños —comentó al conocer de primera mano sus formas. Pocos eran los pequeños que habían alcanzado su frío corazón y esos dos no parecían estar en la estima de su dueña.

Se acuclilló y enjugó las lágrimas de los dos niños.

Sólo juga.. gabamos con la pe.. ¡hic!..pelota —dijo la pequeña.

¿Y qué os he dicho de jugar con la pelota en la estatua? —los amonestó suavemente y percibió como la pequeña hundió el rostro de nuevo en ella. Etta desvió los iris hacia el hermano mayor y le dedicó una dulce sonrisa, acompañada de una caricia que despeinó el ya de por sí rebelde cabello—. Está bien… idos con vuestra madre.
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Re: La muñeca rota - [Etta]

Mensaje por Zenda Faelynn Hoy a las 08:08

¿La guardiana? curiosa, volví a elevar la vista hacia la gran plaza que se presentaba frente a nosotras. Nuevamente vi muchos rostros, algunos desconocidos, algunos conocidos sólo de lejos pero al fondo, en la entrada del teatro logré identificar una cabellera tan blanca como la mía. Se trataba de una figura femenina que desapareció tras las puertas del edificio. Respiré hondo, nunca había cruzado palabra alguna con ella pero dada su posición tenía su reputación que era respetada entre los dragones. Se decía que su porte imponía y me preguntaba si era igual que mi hermana mayor Kitha cuando adoptaba su posición frente a la sociedad, incluso estando a solas conmigo me había llegado a impresionar bastante. Por algo y por varias semanas, preferí la compañía de mi hermano Ariakas antes que las de Kithana, aún cuando padre me exhortaba a pasar más con la heredera de la familia para aprender de ella.

Con razón la angustia de los niños, si yo era mayor que ellos y me asustaba ante la presencia de mi hermana ¿qué sería para ellos recibir el regaño de una mujer como la guardiana? Desvié la vista del teatro y volví a observar el cuadro que estaba dubujándose a mi lado. Etta, consolaba a los pequeños niños de una forma que me pareció maternal que por unos instantes sentí algo de celos. Apreté mis labios contemplado aquello igualmente con ternura ¿podría yo tener hijos? A veces Drael parecía serlo dada la forma en que se comportaba este y terminaba obedeciéndose y aprendiendo en el camino. Pero Drael ya no era un niño, era un joven con bastante energía quien podría tener un hijo con una humana por mi, pero sabía por previa conversación con él que a él poco o nada le agradaba la idea de procrear. Él tenía entre sus manos la oportunidad de hacer algo con su vida que yo no sabía si podría algún día y la desperdiciaba.

Recuerdo que cuando era niña mi padre también era muy estricto conmigo y con mi hermano pero ¿saben? lo hacía porque nos quería - comenté de pronto a los niños antes de que marcharan de regreso hacia sus madres - puede que la guardiana no sea directamente su madre, pero se preocupa por ustedes y por todos aquí, así que no teman y agradezcan que los conduce para que en un futuro puedan llegar a ser unas buenas personas - me encogí de hombros hasta que se me ocurrió algo - ¿saben? en mi casa tengo un enorme jardín donde se puede jugar muy bien y si comienzan a jugar sólo en los lugares adecuados en lugar de delante de la estatua quizá puedan ir un día y jugamos todos, claro sólo si Etta lo aprueba y puede acompañarles - ofrecí a los niños pues tampoco quería dar la impresión de que deseaba hacerles algún mal y dada la forma en que se acercaban a la humana, quizás si iba ella se sentirían más cómodos - ah...por cierto soy Zenda, creo que hace algunos minutos se me olvidó presentarme - me encogí mirando a la humana y luego a los niños con una sonrisa suave.





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