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Puedes correr pero no puedes esconderte, bueno quizá sí puedas esconderte [Privado]

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Puedes correr pero no puedes esconderte, bueno quizá sí puedas esconderte [Privado]

Mensaje por Limon el Dom Jun 25 2017, 08:49

¿Un regalo de cumpleaños antes de tiempo o un mal augurio? Uf, quizá ambos, ¿no? Mañana era mi vigésimo quinto cumpleaños. Bueno, es, porque aún no ha pasado. Sabía que era algo irrelevante, o sea, sólo había sobrevivido una vez más doce lunas, era una celebración un poco arbitraria y... Bueno, técnicamente no era mi cumpleaños, seguramente mi verdadero cumpleaños ya había pasado hace unos días, pero un día como este mi madre me encontró, rescatándome de la lluvia, y para mí era suficiente motivo para celebrar. No me gustaba hacer cosas espectaculares, sólo una ceremonia para recordar que estaba vivo. ¡Es mi cumpleaños, ¿vale?! Limon puede hacer lo que quiera.

Oh, pero hoy no era cumpleaños de Limon. No, no, no, eso sería mañana. Hoy tocaba trabajar con nada más y nada menos que con la Inquisición. Tal vez me había equivocado de profesión, tal vez debí entrar con ellos y no al ejército hace un año. Nah, mucho lío, mucha solemnidad. Me sentía a gusto siendo un simple soldado, se me daba mucha flexibilidad y poca responsabilidad. Era perfecto para mí, y no es que no sea humilde, pero creo que era un muy buen soldado.

O quizá no tan bueno. Un buen soldado sabría lo que tendría que hacer, ¿no? Pues yo sólo sabía que debía estar en este intricado lugar a esta temprana hora. Había llegado poquitín más temprano, sólo porque temía perderme en este laberinto de calles, pero no fue tan complicado como esperaba, el mapa había sido útil. Pero, vale, ¿ahora qué? ¿Dónde estaba la inquisidora? ¿Qué clase de misión requeriría el servicio de un simple soldado en honor a su santísima sublime suprema grandísima altísima Madre Reina?

Probablemente algo tonto como vigilar a un don nadie medio sospechoso o guardar posición hasta que alguien importante llegara. O peor, la inquisidora iba a ofrecerme un puesto entre sus filas debido a mis destacados logros. Oh, eso sería horrible, gracias al cielo que no tenía destacados logros, pero... Aún si los tuviera, diría que no. Hey, tal vez me matarían por saber demasiado, o no saber lo suficiente, o matarían la parte de Limon que sabe demasiado y torturarían a la parte de Limon que no sabe lo suficiente. Eso al menos suena interesante, aunque improbable.

Dos cosas me quedaban claras. Primero, que esperar en esta esquina me hacía ver como un servidor de servicios serviciosos dudosos. Segundo, que esto podría ser entretenido. ¡Trabajaría con la inquisición! Qué chévere, ¿no? No mandarían a un agente de la inquisición para un trabajo simple, aquí algo emocionante pasaría. Lo sentía en mis huesos, en mis uñas y hasta en mis bolsillos.

Inspeccionaba mis alrededores, tanto para ver venir a la inquisición como para ir familiarizándome con las calles. Tampoco podía ignorar la posibilidad de que esto era una trampa. Oh, mira, parece que va a llover. Elevaba la mirada sonriente, sintiendo una gota golpear mi frente. Ajusté mi sombrero y me recargué sobre una de las paredes, de brazos cruzados, observando con tranquilidad las calles. Otra gota chocaba contra mi hombro.
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Re: Puedes correr pero no puedes esconderte, bueno quizá sí puedas esconderte [Privado]

Mensaje por Corah el Lun Jul 03 2017, 23:13

La noche había sido agotadora y productiva. Había ido de tortura en tortura con un descanso entre informes. Y cuando el papeleo le había aburrido, ¿qué había hecho? Pasárselo a un humano de la inquisión para que lo hiciese. De algo tenían que servir esos primates. Después del último interrogatorio, se había ido a las termas del castillo. Había sumergido su cuerpo en las cálidas aguas mientras sus músculos se destensaban y su mente se dejaba embaucar por la relajación. Adoraba los baños de agua caliente. La hacían parecer más mansa, como un felino disfrutando de la paz. Aunque no sería la primera vez que alguien no hacía caso de la frase "no despiertes al dragón cuando está dormido" y acababa a punto de ser ahogado por la inquisidora y su mal humor.

En aquella ocasión, nadie osó interrumpir su baño. Finalmente se fue a su habitación dentro del castillo para dormir un par de horas. Sabiendo que sus esclavos no tentarían a la suerte despertándola. Despuntaban los primeros rayos de sol el alba cuando sus párpados se elevaron de nuevo, revelando sus irises verde jade. Aquel nuevo día había quedado en trabajar con un soldado. Un humano. La dragona subestimaba a aquella raza hasta que le demostraban lo contrario. Lo único que no había hecho que se negase en rotundo había sido que había escuchado que el varón era capaz. Y a veces la inquisición incluía al ejército para que colaborase en algún caso. ¿Qué podía salir mal?

Se vistió con su traje negro de inquisidora. El cuero se ceñía a su cuerpo, cubriendo sus brazos y sus piernas inclusive. Se calzó unas botas altas del mismo color y material que realzaban sus largas y torneadas piernas. Su largo cabello dorado lo recogió en una trenza que descendía danzando a su espalda debido a sus seguros y firmes pasos. Era una dragona alta y de imponente presencia. De una peligrosa sensualidad y un alarde de poder en cada uno de sus movimientos. Nunca se dejaba pisotear y nadie había osado recordarle que su padre, y probablemente su madre también por lo que una vez había asegurado su progenitor, era un traidor a su raza y miembro de la resistencia.

No dejaba que nadie se burlase de ella ni la despreciase. Aunque aceptaba réplicas que la podían llegar a divertir y conducir en una espiral de piques con los que llegaba a disfrutar. Salvo un soldado que se hizo el vivo cuando ella estaba saliendo del castillo y le soltó un "¿a dónde vas, rubia?". Seguido de un chasquido repetitivo de lengua como si estuviese llamando al ganado. La dragona lo agarró del cuello y estampó su cabeza contra la piedra del muro, mientras su expresión era de desinterés-. Cuánto lo siento, calculé mal -murmuró ella con maldad, soltándolo y dejándolo caer al suelo. Seguro que el dolor de cabeza le recordaría no volver a meterse con ella.

Después de ese pequeño "percance", caminó por la ciudad entre los entresijos de sinuosas calles. Las gotas caían rítmicamente desde la nublada bóveda, pero le restó importancia. Era mejor que lloviese y no volver a esa insoportable nieve. Mientras avanzaba, pensó en el trabajo. Tenían que ir a por un grupo que practicaba la magia elemental y no trabajaba para la reina. ¿Cómo se llamaba su ocasional compañero? No lo recordaba. Por suerte, las facciones del hombre estaban en su mente gracias a una descripción fiable que habían obtenido en la red al preguntar por él. Llegó al punto de encuentro, observando una figura masculina que había llegado antes y estaba esperando-. Puntual. Esto promete -comentó ladeando una sonrisa, con una voz algo grave y agradable al oído-. ¿Te han hablado del trabajo? Humanos. Grupo con magia elemental. Hay que reunir pruebas en el lugar y arrestarlos -apuntó. Ya había habido una exhausta imvestigación durante meses. Ahora iban a ser menos sutiles. Y sería divertido.






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Re: Puedes correr pero no puedes esconderte, bueno quizá sí puedas esconderte [Privado]

Mensaje por Limon el Lun Jul 10 2017, 22:47

Una... Dos... Tres, cuatro, cinco... Seis, siete, ocho, nueve, diezoncedocetrecatoqundieci... ¿Veinte? Ah, rayos. Es imposible contar cuántas gotas caen sobre mí. En ciertos instantes sólo cae una por segundo, pero luego soy golpeado por un centenar en medio segundo. Igual era divertido intentarlo, pero había cierta tristeza en fracasar. Por suerte para mí, no me aferraba tanto a la idea de hacerlo, realmente, ¿quién lo haría? ¿A quién le importa? Sería un dato interesante, sí, quizá podría ser una forma de... ¿Predecir inundaciones? Hey, creo que estoy llegando a una conclusión que revolucionaría el mundo.

Uh.

Mi mente fue atraída por una presencia oscura. Una sombra oscura. Una opaca sombra nocturna. Una... Una negra opacidad sombra nocturna. Una... Un-U-Una lúgubre negra opacidad sombra nocturna. Una tipa, pues. Una mujer vestida de negro, ese uniforme tan apagado que los inquisidores tanto presumían. Supongo que iba bien con el estilo. Mis colores eran más terrenales, algo que se relaciona a la tierra, a la vida inmediata, pero los de la inquisición es totalmente diferente. No es que representen la oscuridad, aunque se puede decir que lo hacen, más bien es un símbolo de... ¿Solemnidad? Algo por el estilo.

Se acercaba con paciencia, pero con mucha autoridad. Estoy seguro que estaba siendo discreta debido a la naturaleza de nuestra misión, pero aún así su avance podía sentirse. No sé si esta impresión se debía a los comentarios de los demás, de que los inquisidores son despiadados, mas genuinamente percibía un aura potente emanar de ella. En cualquier caso, no quería exagerar las cosas, sólo era una mujer. Sí, podía aplastarme si quisiera, pero no lo haría, ¿verdad?

Di una leve reverencia, entre agradeciendo y saludando. Podía decirle que la puntualidad se notaba más cuando los demás llegaban tarde, peeerooo... Me gusta mi cabeza donde está. Además, retomó la palabra casi de inmediato, no es como si tuviera una gran apertura para decir algo. Y estaba bien, suponía que las introducciones sobraban. Y como también estaba pensando en su curioso tono de voz, pues no me di tiempo de ordenar mis palabras.

Cueste lo que cueste. Sí, estoy al tanto, pero gracias por recordármelo. —Le compartí una sonrisa amistosa, pensando que quizá para ella no significaría mucho, aunque me había complementado mi puntualidad, probablemente más como una estrategia para generar confianza o elevar la moral. Brutalidad o no, todos los soldados requieren de ánimos para obtener un buen desempeño en sus tareas.

¿Optamos por el viejo estilo de tumbar la puerta o nos acercamos con sigilo? —Lanzaba golpes al aire, como simulando un boxeador—. Ya sabemos lo que hacen, sólo necesitamos atraparlos en el momento. Limon puede pretender ser un aliado de ellos para que expongan sus secretos, si te parece adecuado... —Me encogí de hombros con un gesto calmado.

Había muchas formas de proceder, pero jamás había trabajado con la inquisición, así que tal vez podrían tener tácticas más avanzadas que las del ejército, aunque honestamente me parecía algo tan simple como atacar directamente. Esto sería sencillísimo, estaría de regreso a casa en un par de horas para poder festejar mi cumpleaños cuanto antes. Pero antes el trabajo, ¿vale? ¿Qué propuesta pondría en la mesa la rubia?





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Re: Puedes correr pero no puedes esconderte, bueno quizá sí puedas esconderte [Privado]

Mensaje por Corah el Lun Jul 24 2017, 10:21

Asintió con una sonrisa ladina. Costase lo que costase. Iban a ir a por ellos y a atraparlos. La dragona solía ser como un sabueso con un hueso, a tal punto de no dejar enfriarse un rastro y de no soltar a su presa una vez tenía motivos y pruebas suficientes como para hacer el arresto. Había un arduo trabajo de investigación antes de ese mismo día lluvioso. Las gotas rebotaban contra las diferentes superficies que habitaban en aquellas calles de la ciudad. A veces hasta se podía escuchar un rítmico tintineo-. Creo que esta vez optaremos por la brutalidad. Una buena patada antes de usar los puños que tan ansioso estas de utilizar -comentó, enarcando una ceja dorada entre maliciosa y divertida al ver sus movimientos. Aquel parecía un soldado inquieto y deseoso por hacer el trabajo. Bien, lo aprobaba.

Entonces, aquel humano propuso algo que llamó su atención. Fingir ser un aliado. Interesante elección. Hasta podría ser divertida-. Me gusta cómo piensas. Bien, lo haremos a tu manera, Limon. Fingirás ser uno de ellos antes de caer con todo el peso de la ley -ladeó una sonrisa maquiavélica antes de empezar a andar y hacer un gesto para que la siguiese-. Puedes llamarme Corah -apuntó, sin mirarlo. Sus andares eran felinos, peligrosamente sensuales. Era una depredadora en su estado más puro, de caza. Y pobres de sus presas, pues no estaba dispuesta a dejarles escapatoria.

Unas calles hacia la izquierda, se detuvo frente a una fachada. Se ladeó, apoyando su espalda contra la pared, cruzándose de brazos. Estaba justo junto a la puerta-. Adelante -le susurró al soldado. Era allí donde estaban los sospechosos. La dragona tenía curiosidad por ver qué hacía él, cómo se las arreglaba para hacer un teatro de modo que confiasen en él... antes de darles caza. Un pequeño juego diabólico como el de un gato dándole con las almohadillas de las patas a un ratón antes de comérselo. Oh, iba a ser emocionante. Casi degustaba el sabor de entretenimiento. Y sólo porque el humano había tenido esa idea. De lo contrario, lo hubiese hecho a su manera. De momento, lo dejaría actuar... antes de hacerlo ella.






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Re: Puedes correr pero no puedes esconderte, bueno quizá sí puedas esconderte [Privado]

Mensaje por Limon el Lun Jul 24 2017, 17:31

Tal parecía que tomaríamos una aproximación estratégica que eventualmente se tornaría en violencia pura y dura. No soy del todo partidario del caos, pero es un estilo que obtiene resultados más inmediatos y ahora mismo sólo quería terminar con esto cuanto antes. Realmente tomaría más tiempo el infiltrarme que atraparlos, lo veía más como una diversión, perfectamente podríamos irrumpir y arrestarlos, o matarlos, o ambos. Sin embargo, entrar sin levantar sospecha podría traer buenos beneficios, o al menos una buena sonrisa.

Un gusto conocerla, señorita Corah. —Me retiraba el sombrero, torpemente lanzando el agua que éste había acumulado a los lados y luego siendo víctima de la lluvia que comenzaba a gradualmente intensificarse—. Limon a sus servicios. —Sonreí con cierto divertimento, acomodándome el sombrero como si nada hubiese pasado. Era gracioso que a penas ahora estuviéramos presentándonos, aunque yo no tenía problemas con llamarla Inquisidora y obviamente ella sabía quién era, o eso suponía. En cualquier caso, era agradable saber su nombre, o parte de él, al menos, es sabido que los dragones tienen trabalenguas como nombres.

Le seguí, quedando sutilmente a su lado, centímetros atrás de ella para poder seguirla, pero sin quedar a su espalda. Sincronizaba mis pasos con los de la rubia, mirando curioso los alrededores, no esperando una emboscada sino observando los detalles. Era difícil concentrarse en un ambiente tan monótono, resultaba muy aburrido. Más interesante era el paso de la dama, tan sólido y fluido, proyectando una grandiosa autoridad.

Oki doki. —Levanté el pulgar y mostré una amena sonrisa, procediendo a ponerme frente a la puerta—. Limon estornudará para indicar que es hora de atacar. —Recordaba ya haber tenido una genial idea para hacer esto, pero en algún momento olvidé lo que tenía en menta. Lástima, era una muy buena ideota, tendré que improvisar. Mi aclaré la garganta y lancé un suspiro, relajando mi ser.

Toqué a la puerta, obteniendo como respuesta la apertura de una pequeña escotilla, donde se veía vagamente los ojos de alguien. ¿No sería divertido si se los pico?

¿Quién vive? —Inquirió con clara desconfianza.

¡Hola! Traigo un ya sabes qué de parte de ya sabes quién respecto al ya sabes cuál. —Me acercaba a la escotilla, desviando la mirada fingiendo cautela y hablando en susurros.

¿De qué hablas? ¿Quién eres? —Notaba su voz tornarse sospechosa.

Silencio, o te oirán. Vengo a ayudar. Aún estamos a tiempo de hacerlo bien. —Lo miraba a los ojos con severidad, sintiendo su nerviosismo.

Tú no... ¿Quién me oirá?

La Inquisición, amigo. La Inquisición.

¡Imposible! ¿La Inqui-?

Calla, bastardo. —Aún en voz baja levantaba la intensidad del acento—. Ábreme de una buena vez o lo arruinarás todo. —Volví a echar un vistazo alrededor, ignorando la presencia de Corah.

La escotilla se cerró y luego de unos largos cinco segundos se comenzaron a escuchar los candados abrirse y los seguros, dando apertura a la puerta, a la cual entré con rapidez para evitar que pudieran ver a Corah, yo mismo cerré la puerta y comencé a asegurarla.

¿Por qué demoraste tanto? Me estaba empapando allá afuera? —Sacudía mi uniforme, quitándome las gotas más grandes.

¿Eres del Ejército? ¡Me has engañado! —Pareció que estaba a punto de lanzar un grito de ayuda, así que cerré distancia con él, tapando su boca.

Idiota, me infiltré en sus líneas y necesitaba de un traje. —Lo solté, negando con la cabeza, fingiendo molestia—. Estoy de tu lado.

¿Quién eres tú? —Como salido de la oscuridad, un hombre albino con cicatrices en el rostro se arrimaba. Lucía sumamente pálido, pero también gozaba de buena salud, parándose derecho y poseyendo una mirada muy viva.

Soy Haroc. Ya saben, el tarado que se ofreció para espiar al Ejército. —Ponía mis manos en mi cintura, ladeando la cabeza—. Es lo malo de ser un agente encubierto, que nadie te conoce. —Llevé mi mano a un bolsillo interior de la chaqueta.

—[color:a8d2=#lightbrown]¡Hey! —Puso su mano en el mango de la espada.

Tranquilo, señor nervioso. —Saqué un mapa, enseñándoselo muy cerca de él—. A menos que seas alérgico a la geografía, estarás bien. Necesito enseñarles algo. —Me arrimé a una mesa, extendiendo el mapa sobre ésta. Disimuladamente miraba el interior, y aunque efectivamente se veían herramientas de alquimia, no había lo que esperábamos a la vista, debía estar guardado.

¿Qué es esto? —Se ponía incómodamente a un lado de mi hombro.

Tu mamá. Pues es un mapa, ¿qué más va a hacer? Mirad. La Inquisición ya ha comenzado a patrullar la zona. Saben que hay un grupo trabajando con magia por aquí. Por fortuna, aún no localizan la posición exacta, pero tienen dos lugares marcados. Éste y otra choza al oeste de aquí. Enviarán un comando aquí mismo mañana y luego al otro punto. —Iba indicando en el mapa las posiciones y las rutas que habían estado tomando.

Pardiez...

Se pone peor. —Arrojaba a la mesa la orden que había recibido de la Inquisidora, donde describía la orden de arrestar o matar a todos los involucrados, entre otros detalles sobre la misión—. No tendrán piedad. Vienen con toda la intención de eliminar este lugar. La misma Reina está exigiendo nuestro exterminio.

¿Y ahora qué entonces? Dices que hay Inquisidores patrullando, no podemos sólo huir.

Oh, amigos, no subestimen a su espía. Conozco las rutas que siguen y tengo un plan. Empacamos todos y nos vamos a la otra choza, donde nos ocultaremos mientras asaltan este lugar, y cuando terminen regresamos aquí.

¿Y cómo propones hacer eso?

¡Fácil! Usaremos rosas. Tengo un carruaje completo de flores afuera. Guardaremos todo en los canastos de flores y disimuladamente nos moveremos. Pero tenemos que apresurarnos, están a punto de hacer el cambio de guardia, es el mejor momento que tenemos para movilizarnos. Andando. Iré por los canastos, mientras tanto vayan preparando todo para ser guardado en los cesots. —Corría hacia la puerta, llamando al que me había abierto.

Supongo que no tenemos opción. Avisaré a los otros. —Se dio la media vuelta, yendo hacia un sótano.

Mientras tanto, la puerta estaba siendo abierta—. Oh, espera. Hay algo que debo decirte. —Rodeé su cuello y me acerqué a él, comenzando a susurrarle. La puerta ya no tenía seguro—. Hay una rata entre nosotros. Alguien de la Inquisición se está haciendo pasar por uno de nosotros. Un joven de cabello negro, con barba y bigote y muy apuesto. ¿Lo reconoces?

Omm...

Habla muy raro.

Oh, no... No me digas que es...

Callado. ¿Sabes quién es?

Sí. Carajo. No puedo creerlo.

Lo soltaba—. Lo sé. Ha estado debajo de nuestras narices todo el tiempo. ¿Está aquí? Identifícamelo por mí. —La verdad iba a estornudar ahora mismo, hubiera sido muy divertido que revelara mi identidad de esta manera, pero si realmente había alguien de quien sospecharan, pues tanto mejor.

Sí, está aquí. Ven. —Se alejaba, dejando sin seguro la entrada.

Hey, genio, olvidaste cerrarla. —Apuntaba tranquilo a la puerta.

Oh, gracias, amigo.

Ten más cuidado. Yo te ayudo. —Le pedía las llaves, pasando a simular que les ponía seguro. Ahora no sólo la puerta seguía abierta, sino que ahora tenía las llaves, podrían ser útiles más adelante.

El pequeño tonto me llevó al sótano, donde comenzaban a guardar las cosas. Esto era lo que buscábamos, estaban acabados. No podían ser más culpables teniendo todo esto en su posesión.

¿Estás bien?

Oh, sí, lo siento. Siempre fui muy sensible a estos aromas. —Comenzaba a amagar mi estornudo.

Yo a ti te conozco. —Me apuntaba un sujeto musculoso pelirrojo.

Por fin alguien que me... —No podía sólo estornudar así como así, debía prepararlo, debía hacer que pareciese real, por lo que comenzaba a hacer muecas, incluso me lloraban los ojos—... Alguien que me... ¡AAACHÚÚÚ! —Es lo bueno de ser cantante, que la voz proyectada puede ser muy intensa. Jamás había estornudado tan fuerte en mi vida, pero se había sentido curiosamente relajante. Corah entraría en cualquier momento, y con todos en el sótano, podría ingresar sin problema y emboscarlos—. Lo siento.





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Re: Puedes correr pero no puedes esconderte, bueno quizá sí puedas esconderte [Privado]

Mensaje por Corah el Jue Jul 27 2017, 20:42

Casi le rechinaron los dientes cuando la llamó señorita. No obstante, no dijo nada. El agregado de estar a sus órdenes palió cualquier molestia pasada. Una vez delante de la puerta, se quedó oculta del umbral, debajo del saliente del tejado para evitar la lluvia. Miró la cortina de agua que caía unos centímetros delante de ella y esperó a que el incauto abriese, dejando pasar engañado al soldado. La puerta de nuevo se cerró, demasiado asegurada para que fuesen inocentes. O demasiado paranoico. Cruzó los brazos, en una cómoda posición mientras estaba de pie. No sabía cuánto duraría aquello.

Fragmentos de la conversación llegaron hasta sus oídos y enarcó una ceja dorada. ¿Tan alto no hablaban, verdad? Escudriñó durante unos minutos hasta dar con una ventana abierta en el piso superior. Ahora tenía que llegar hasta allí. Le daba pereza escalar a pelo y recordó que otros dragones sacaban alas. ¿Podría ella? Por supuesto. Se concentró y... le costó. Mucho. Dolor, transpiración, frustración. Los músculos se rasgaron y la sangre se deslizó por su espalda. Dos alas de escamas tan doradas como el sol emergieron. Las batió como pudo, pensando con molestia que parecía una mariposa con algo de reptil. Ugh. Se elevó para llegar a aquel piso superior, el segundo piso, y se coló por la ventana abierta. Tuvo que concentrarse de nuevo, trabando la mandíbula por el dolor, permaneciendo en silencio. Hasta que las útiles y malditas alas desaparecieron, dejando su traje rasgado por detrás. Pero había merecido la pena, estaba dentro.

Se quedó quieta, junto a las escaleras y sin dejarse ver. Hasta que el soldado estornudó fuerte y esbozó una sonrisa maliciosa. La señal. Bajó rápido los escalones e hizo chocar la cabeza de uno contra la pared. A otro que fue a atacarla le hizo una llave y le rompió el brazo-. La inquisición ya está aquí -anunció con burla. La pelea estaba servida. Uno de ellos hizo levitar un vaso ligero y lo lanzó contra ella, zafando por los pelos






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Re: Puedes correr pero no puedes esconderte, bueno quizá sí puedas esconderte [Privado]

Mensaje por Limon el Jue Jul 27 2017, 22:55

Alguien que me reconoce. —Terminé la frase que había empezado a articular antes de que ‘estornudara’. Me hubiera gustado seguir con ese diálogo, me pregunto de qué me conocía. ¿Se refería que me reconocía como soldado o de algo más? No importaba, pues al parecer Corah ya estaba en posición, pues en cuestión de segundos ya había bajado por las escaleras del sótano, empezando el festín de violencia. Sus movimientos eran fieros y contundentes, conservando una extraña gracia atractiva en su estilo, casi hipnoptizando mi mente, pero no era tiempo para eso, seguía la segunda fase del plan, caos.

¡Oh, no! ¡La Inquisición! Corran, rápido. —Aceleraba hacia el albino, quien daba el aire de tener mayor autoridad entre todos—. Huyan, andando, yo los cubro. —El peliblanco corría a con el pelirrojo, quien se levantaba de su asiento apresurado, no sin fulminarme antes con la mirada, yendo hacia un pasillo siguiendo por el sótano—. ¡No dejen que la inquisición se haga con los artefactos! —Tomaba una caja de la mesa y se la ponía en manos de uno de los que estaba ahí—. Corre, pobre diablo. —Pero era todo un engaño, pues conforme le daba el objeto pisaba su pie y propinaba luego un rodillazo en su estómago, incándolo para luego dejar caer la caja sobre su cabeza.

¡La Inquisición es muy fuerte! Reagrúpense. —Mientras que la Inquisidora seguía rompiendo los cráneos de los que estaban más cerca de las escaleras, trataba de reunir a todos cerca de mí—. Unidos no nos vencerá. —Daba un paso hacia atrás, dando una patada en la espalda baja de uno de los criminales—. ¡Viene con refuerzos! ¡Nos rodean! —Hacía que algunos de ellos se dieran la media vuelta, distrayéndolos de Corah.

Probablemente entre los dos hubiésemos sido capaces de superarlos con fuerza bruta, pero su habilidad con la magia podría darles cierta ventaja o podrían sorprendernos con alguna táctica astuta, por lo que preferí optar por este sendero de confusión y de engaño, aprovechándome de su confianza para evitar que usaran sus poderes con comodidad. Incluso uno comenzaba a lanzar objetos a diestra y siniestra, dañando a sus compañeros.

Aquí está, ¡a él! —Cogía de los hombros a uno de ellos, lanzándolo a un bulto para que fuese atacado por sus propios camaradas. Ya estaban quedando menos de pie—. Oh, amigo, ¿estás bien? —Atrapaba a un tipo que salía volando—. Déjame ayudarte. —Hacía como si fuese a ponerlo de pie, para luego golpearlo en el rostro y regresarlo al piso—. ¡Son demasiados! ¡Retirada! —Amagaba correr hacia el pasillo, sólo para patear de paso a otro enemigo que trataba de ponerse de pie.

¡Ajá! Jamás tendrán el botín, Inquisición. —Forzaba una voz grave con un tono de marino—. Yo mismo haré que caminen por la plancha. —Sacaba mis espadas, haciéndolas colisionar entre ellas para fingir que estaba en combate, moviéndome de un lado a otro, dando codazos a los pocos que aún quedaban—. Arrr. Nunca me rendiré, daré mi vida por la causa. ¡Muerte a los dragones! ¡Larga vida a la humanidad! Jajá. —Continuaba peleando conmigo mismo, aunque ya no hubiera más contrincantes, sólo quedando el albino y el pelirrojo que habían corrido a quién sabe dónde—. Atrás, condenado, oléis a delfín huérfano. ¿Osáis ponerme frente, seres de agua dulce? Mi sable es invencible. —Tenía una amplia sonrisa, chocando mis hojas entre sí, causando un escándolo completamente innecesario. Esto era muy divertido.





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Re: Puedes correr pero no puedes esconderte, bueno quizá sí puedas esconderte [Privado]

Mensaje por Corah el Vie Jul 28 2017, 16:13

Magia elemental en humanos que, según las investigaciones, eran traidores a la reina. Usando aquella herejía contra un miembro del ejército y una inquisidora. Casi se frotaba las manos, figurativamente, pensando en el inminente arresto. La dragona se movió rápido, despachando a los que se aproximaban a las escaleras mientras Limon se encargaba de otros con un teatro efectivo. La idea del soldado había sido buena y los otros incautos se la habían creído a pies juntillas. Un objeto "volador" la alcanzó en la cabeza. Dolió. Ella soltó una sádica carcajada, agarró aquella cosa que resultó ser un pequeño jarrón y se lo estampó a otro en la cara. Probablemente le había roto la nariz a aquel hombre. Eso por hacerse el vivo con ella.

Sacó sus porras de cuero y empezó a repartir... porrazos. A diestra y siniestra. Hasta que el suelo se pobló de quejumbrosos sonidos de los heridos-. ¡Coge la caja! Un par se ha ido -le dijo en voz alta a Limon que estaba haciendo como si pelease consigo mismo, creando un enorme revuelo y distracción. De ser otra situación, ella se hubiese echado a reír. Agarró una cuerda y, con rapidez, ató a los que estaban tendidos en el piso del sótano para que no se escapasen. Todos a las mazmorras. Después salió en busca de los dos hombres que habían huido.

¿Para qué corrían? Que manía. Bufó porque todos hacían igual y había que correr detrás de ellos. Corrió por el pasillo, hasta que al doblar una esquina... pam... algo la golpeó en la cara. Hijos de dos p... Escuchó pasos alejándose y se lanzó hacia el agresor, derribándolo en el suelo. Era el albino. Hubo puños, uñas, dientes.   de todo. Porrazos también. Y ella estaba encima. Hasta que notó que la golpeaban por detrás, en la espalda. Se giró gruñendo y se encontró con el pelirrojo con una silla partida en las manos-. ¿Tú también quieres jugar? -ladeó una sonrisa siniestra y le lanzó un porrazo a la entrepierna que lo hizo doblarse de dolor. Din din din, huevos rotos.

El albino la atacó desde abajo otra vez y acabaron rodando por el resto del pasillo, en una especie de competición por ver quién hacía más daño y quién sangraba más. Y quizá estuviese algo loca, pero la inquisidora se estaba divirtiendo






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Re: Puedes correr pero no puedes esconderte, bueno quizá sí puedas esconderte [Privado]

Mensaje por Limon el Lun Jul 31 2017, 00:11

Me aseguraba de dejarlos vivos, de sólo causar ciertas contusiones o dejarlos inconscientes, porque sabía que podían ser útiles para obtener información y además las órdenes oficiales eran arrestarlos, servirían para dar un ejemplo. Traidores a la reina, al parecer la lealtad era un gran asunto y cualquier acción que pusiera en duda esta confianza merecía el máximo castigo. A mí me tenía sin cuidado, prefería matar criminales, no porque fuese un despiadado, al contrario, me parecía que les hacía un favor, y era más sencillo. Pero no dependía de mí, así que... Tocaba obedecer.

En cualquier caso, parecía que yo estaba siendo mucho más amable con estos malhechores, la inquisidora era despiadada en sus ataques, al menos rompiendo un par de huesos aquí y allá, y aún así logrando dejarlos vivos. Sin dunda una grandiosa combinación entre experiencia y agresividad y... ¿Diversión? Uh, ¿estaba sonriendo? ¿Con qué se divertía? ¿Con mi teatro o con el dolor? Qué interesante, no me digan que es una sádica. Por favor, no me lo digan, no quiero saber.

No te preocupes. —Sonreía relajado, enfundando mis sables—. Limon tiene las llaves. —Le mostraba las llaves, jugando con ellas en mis manos—. En cualquier momento regresarán para pedir que les abra. —Igual Corah corrió a por ellos, pero yo fui caminando con naturalidad, confiado en que pasaría lo que predije. Mas nunca pasó, quizá ellos tenían sus propias llaves para abrir. Ups. Aceleré, pero ya era un poco tarde, la riña se había desatado.

Llegué hasta con ellos, a una parte del pasillo donde había una silla destrozada en el piso, el pelirrojo en el piso y la inquisidora forcejeando con el albino. Parecía que tenía todo bajo control, ¡genial! Nada de qué preocuparse aquí. Me recargaba sobre el muro de brazos cruzados, observando al fortachón retorcerse en el piso y al otro par peleándose en el piso. Me sentía contento, temía que esto pudiera prolongarse demasiado, pero esto debería ser muy sencillo. Sólo los arrestaríamos y listo, hasta ahí acabaría mi misión, con tiempo de sobra para preparar mi cumpleaños. El cumpleaños de Limon.

El pelirrojo, a quien llamaría Sansón sólo porque me había enfadado de pensar en él sólo como el tipo de cabellos rojos, comenzaba a ponerse de pie, mirando a su alrededor.

Hey, ayúdanos. —Suplicaba sin aliento, llevando sus manos a su entrepierna con dolor. Pobrecito, y todavía creía que era su aliado. ¿Debería mantener esa farsa? Meh.

¿Qué has dicho de mi madre, hermano? —Caminaba hacia él enojado, sujetándolo del cuello de su camisa.

¿De tu madre? —Respondía confuso—. De tu madre yo no he dicho algo.

Con mi madre nadie se mete. Te voy a dar una que van a parecer dos. —Comencé a golpearlo en el rostro con un puño. Era un tipo grande, fuerte y bronceado, no se derrumbaría con tan poco—. ¿Dónde están las joyas? —Lo empujé hacia una pared, agitándolo aún de la camisa.

¿Cuáles joyas? —Claro que no sabía de qué hablaba. Ni yo sabía cuáles joyas. Sólo estaba... No sé, perdiendo el tiempo. Me sentía un poco aburrido y ver a Corah así de violenta parecía divertido.

Bane, ¿por qué usa una máscara? —Volvía a golpearlo, rompiéndole el labio y hasta la nariz. Este tipo sí que era duro.

¿Sabes quién soy yo? —Me parecía impresionante que aún pudiera desafiarme de esa manera. Lo bueno es que estaba débil cuando lo encontré porque si no probablemente no hubiese podido contra él.

No importa quiénes sean. Lo que importa es su plan. —Le sonreía, mirándolo a los ojos—. Ahora, dime la combinación de la caja fuerte.

¿Qué?

Di qué una vez más, maldito. Di qué una vez más. Te reto. Te reto a que lo digas de nuevo. —Azotaba a Sansón contra el piso, poniendo mi rodilla sobre su estómago.

Estás loco.

Hey, tal vez esté loco, pero también estoy demente. —Lo jalé hasta llevarlo a la pared, haciendo que viera hacia Corah y al albino—. ¿De verdad preferirías estar en su lugar? Ahora, ya en serio, habla. Sabes lo que quiero oír. —Espero que supiera, porque yo no sabía nadita.

Lanzó un suspiro—. Maurice... Él está coordinando todo... Nos enseñó a usar la magia. Nos habló de mejores días, de días cuando la humanidad era libre y los dragones no existían... Yo sólo lucho por la libertad. Nuestra libertad. ¿Por qué traicionas a tu propia raza? —Un tipo fuerte, pero sensible, se le notaba en sus ojos cristalinos, había mucha pasión en su corazón, sin duda creía que su causa era noble. Pero eran disparates, imposible que los humanos pudieran tener ese tipo de independencia, estos sujetos eran simples soñadores, apuesto a que ese tal Maurice perdió todas sus luces.

Pues porque tu raza no es mi raza, aunque seamos de la misma raza, esa raza ya no me parece mi raza, por eso la raza que dices que es mi raza es para mí no mi raza. —Si es que eso tiene sentido—. ¿Y dónde está ese tal Maurice? —Daba unos pasos atrás, cruzándome de brazos, pero sólo obtuve una sonrisa como respuesta—. Oooh... Es una distracción, mira qué inteligentes. —Decía algo aburrido, con pesadez. Esto podría convertirse en un problema muy rápido, sería mejor que mi supervisora no se diera cuenta—. Inquisidora. —Naturalmente no la llamaba por su nombre, no en medio de una misión—. Ya acabamos aquí, ¿no? —Preguntaba con normalidad, no queriendo revelar lo que Sansón había comentado, me daba pereza buscar a ese tal Maurice, tal vez pasado mañana sí.

Además, ¿realmente la Inquisición quiere perder su tiempo con este asunto menor? Ya aseguramos una concentración importante de estps criminales, ¿para qué gastar energías en un loco? De hecho, hasta daban lástima.





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Mensaje por Corah el Mar Ago 01 2017, 16:15

¿Las llaves? La inquisidora arrugó el ceño. No confiaba en los humanos. Con tal de no regresar, podrían intentar forzar la cerradura de aquella caja de madera. No quería dejar escapar a nadie, así que fue detrás de ellos. Fue complicado y divertido cuando los encontró. Forcejeo, pelea, rodó por el suelo... Podría haberlo hecho sencillo por ser dragona. ¿Pero qué diversión sacaría de dejar K.O. al albino de un solo golpe?

Vio por el rabillo del ojo al soldado llegar, tan pancho. Mientras ella tenía una sonrisa de psicópata en pleno momento de disfrute. Su sentido auditivo, superior al de un humano, captó la conversación del moreno con el pelirrojo. ¿Combinación de la caja fuerte? No le extrañaba que el otro hombre lo llamase loco. Imaginó que era un tipo de distracción, como había estado haciendo hasta ahora. El tal Maurice... quiso ponerle las manos encima. ¿Sería un dragón? Humano no era. Desde luego. Los humanos no recordaban épocas pasadas. Ni siquiera los dragones viejos hablaban de ello. Cuando lo agarrase, le daría una paliza. Por abrir la boca sobre cosas prohibidas.

Y si era un dragón, no había podido enseñar magia elemental. ¡Porque no sabían nada sobre eso! Ni siquiera los humanos. Aquellos que tenían un poder elemental era todo por casualidad. ¡Pero si hasta hacía tres años ni siquiera nadie sabía que los elementales existían! Por eso supo que el pelirrojo mentía. Se aburrió y se quitó al albino de encima, dejándolo inconsciente de un golpe. Lo hizo a un lado y se levantó-. Soldado. Todavía no -respondió. Ladeó una sonrisa depredadora y agarró la dichosa caja de madera con la cerradura. Pam. La estrelló contra la pared, convirtiéndola en astillas. El contenido cayó al suelo. Papelitos con dibujos de los elementos que adoraban. Tierra, agua, aire y fuego. Y unos de una rubia con corona con una cruz en aspa por encima. Traidores. Los recogió con una mano mientras llamaba por la red a dragones soldados para ayudar a llevar a todos los arrestados al castillo. Después miró a Limon-. Parece que no necesitábamos las llaves. ¿Ha dicho algo más? -inquirió, haciendo un gesto con la cabeza hacia el pelirrojo que se dispuso a huir. Corah se movió rápido y le cortó el paso-. Disculpa -le dijo con sorna y le golpeó la cabeza contra la pared, sin dignarse a mirarlo cuando cayó al suelo inconsciente.






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Mensaje por Limon el Miér Ago 02 2017, 07:00

Aww... Pero Limon quiere irse ya. —Hacía puchero, moviendo un poco los brazos como si de un berrinche se tratara—. Esto es tu culpa, Sansón. —Volteaba hacia el pelirrojo con el ceño fruncido.

¿Sansón?

Solté un duro puñetazo en su barbilla, noqueándolo por completo—. Ugh, ¿de qué está hecho? —Agitaba mi mano, un poco adolorido por el impacto. Al menos no me había roto un nudillo, esa sensación es horrible. Quizá deberían hacer la caja fuerte con su cráneo, parecía mucho más fuerte que esa cajita que tenían. Gracioso que el cerrojo luciera más duro que la propia caja. ¿El propósito de una caja fuerte no es que sea fuerte? Um, aunque supongo que... Oh, espera, ¿no las llaman de otra manera? Lo de combinación es una payasada, ya que es una combinación de movimientos para abrir el cerrojo, meter llave, girar llave, sacar llave, pero estoy bastante seguro que el término ‘caja fuerte’ no me lo había inventado. En alguna parte lo oí, fijo.

No tenía importancia. Esperaba que se sintiera satisfecha con esos papelitos o lo que sea y diéramos por terminado esto. Me acercaba con calma, viendo un poco alrededor—. Las llaves están sobrevaluadas. —Me encogí de hombros, sonriendo con inocencia, ocultando mi pereza, no queriendo revelar lo que realmente lo que Sansón me había comentado. Qué importaba, ¿no? Estaba loco, demente, desquiciado, chiflado. La Inquisición no quiere oír tonterías, ¿verdad? La Inquisición quiere—... Oh, vaya. —Sonreía muy divertido al ver al tipo correr. Había que darle crédito, ese sujeto era muy resistente, pero parecía que Corah lo había por fin puesto en el suelo, no me gustaría ser su enemigo.

Bueno, depende de la definición que le des a decir. Palabras emanaron de su boca, pero... —Hice un juego con mis manos, imitando el movimiento de una balanza—. Limon no diría que fue algo relevante. —Subí y bajé los hombros, restándole importancia—. ¿Podemos hacer como los árboles y desaparecer de aquí? —Es gracioso porque los árboles no se mueven—. Limon planeaba... —Vi uno de los dibujos, teniendo una grandiosa idea—. Oh, vaya, ¿acaso su objetivo es la realeza? —Negaba con la cabeza—. La Inquisición necesita evaluar esta amenaza, ¿no? Y qué mejor lugar para hacerlo que en la comodidad de un buen asiento. —Señalaba hacia la salida—. ¿Nos retiramos? —Le dedicaba una falsa sonrisa.

Yo sólo quería irme de aquí... Dementes jugando con magia, viejos pasando historas incoherentes, mujeres sádicas, enemigos de la corona... Todo eso no me importaba. Había sido divertido, sí, pero ya era tiempo de moverse.





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Mensaje por Corah el Vie Ago 04 2017, 10:07

En otro momento, con otra persona, hubiera rodado los ojos con el puchero. Esta vez no llegó a hacerlo. Por lo que había podido ver de aquel soldado, le gustaba desorientar con sus palabras para luego atacar como un escorpión. No la defraudó. Se volvió hacia el pelirrojo, clamando que todo era culpa suya. Vio el puño volar en dirección del sospechoso. De una forma que hace pensar "impacto en 3... 2... 1...". O quizá un "se estaban rifando golpes y ¡ya tenemos un ganador!". Pues sí, hubo impacto y sonó. Casi, casi, le dolió a ella verlo. Casi.

A quienes les dolió, y bastante por sus expresiones, fue a los dos humanos. Uno de pelo cobrizo que acabó tumbado y el moreno que lo expresó con palabras-. Cuando volvamos al castillo, te llevo al pabellón de sanadores para que te lo miren. Por si te has hecho una avería -comentó la inquisidora como si hablase del tiempo. O él fuese la rueda de un carruaje que se ha astillado por una parte y necesitase de un vistazo. Así se las gastaba la dragona, con su peculiar carácter.

Y lo demostró arrojando la caja para "abrirla"-. ¿Para qué quieres llaves cuando tienes la fuerza de un dragón? -inquirió ella con una sonrisa ladeada-. Quédate las llaves y fúndelas para hacerte algo bonito. Lo has hecho bien -hey, todo un halago de su parte. Mucho halago. Se encargó del pelirrojo, que a este paso acabaría como una piltrafilla humana, antes de interrogar un poco a Limon. Él le dio vueltas antes de decidir distraerla con los dibujos. Clavó sus irises verde jade en el varonil rostro y frunció el entrecejo-. Si me estás ocultando algo... Prepárate -le advirtió antes de mirar los papeles-. Significan que son unos traidores y serán colgados -respondió respecto a los dibujos antes de escuchar un estruendo.

Enarcó una ceja dorada. ¿La puerta? Un grupo de soldados entró en el sótano y un par de ellos llegó al pasillo donde estaba. Pues sí, la puerta. Les señaló a los sospechosos para que los recogieran-. Ya podemos regresar al castillo -anunció. Seguro que hacía feliz a Limon-. Se me ha abierto el apetito con la pelea. ¿A ti no?






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Mensaje por Limon el Sáb Ago 05 2017, 17:12

Qué buena idea. —Sonreía viendo las llaves, jugando con ellas y haciéndolas tintinear. Supongo que podría hacer un tipo de collar u otra llave o un anillo o usar el metal para decorar alguna espada, quizá un pomo nuevo. La imaginación era el límite, pero por más que se me ocurrieran ideas, nada útil venía a mi mente y honestamente no me gusta invertir en decoraciones. Quizá podría ser un regalo, pero no tenía a quién regalárselo, así que... Va reíamos.

¿Ocultar? —Musité tranquilo, desviando la mirada al par de humanos que serían ‘mirados’ luego. Corah era una persona muy peculiar. Bah, todos somos peculiares de una u otra manera, pero ella, ya sea por su propia naturaleza o su título, era alguien con características especiales. Hasta ahora no me había llamado la atención por una cosa o la otra, al contrario, me felicitaba por mi progreso, sin embargo podía notar que era alguien que cuando cruzaba una línea lo hacía con extremo. En cuanto hiciera algo fuera de lugar, su represalia hacia mí sería severa. Y lo peor de todo, es que quizá lo disfrute. Pero sería injusto, ¿no? Con todo lo que he hecho, lo último que merecía era un castigo.

Traidores, sí. —Le sonreía divertido—. Pero pequeños. ¿De verdad a la Inquisición le preocupaba un grupo como éste? —Me encogí de hombros, restándole importancia—. La Ley es la Ley, sí, ¿pero qué es lo peor que puede pasar? —Lo peor que puede pasar es que me pierda el cumpleaños, eso es lo peor.

El sonido de la puerta llamó nuestra atención, anunciando la entrada de un grupo de soldados que se reportaban con Corah. Hey, ¿qué hay de mí, amigos? ¿Ni un hola? Conocía al menos tres de ellos. Ah, no importa, la verdad es mejor pasar desapercibido. Me aparté a un lado, dejándolos acatar la orden que habían recibido.

Ahora que lo menciona... —Sonreía de medio lado, encontrando sus ojos, sintiendo su intensa mirada sobre mí—. Sí. —Aún tenía algunos preparativos que hacer, pero supongo que podía desviarme un poco para comer algo.

Un soldado se aproximó a la Inquisidora, otorgando un saludo marcial—. Inquisidora, creo que querrá ver esto. —Decía con un tono grave, reflejando gran seriedad. Pardiez. ¿Qué podría ser? ¿Qué más podría presentarse ante nosotros?— Hay un individuo que... Será mejor si lo ve por usted misma. —Caminaba hacia la entrada, quedando en la sala principal. Yo seguía despacio y algo aburrido.

La escena era entre dramática y graciosa. Un hombre, rubio, de casi 190 centímetros, atlético pero delgado y, supongo que para el ojo común, apuesto sostenía un cuchillo cerca de su garganta—. Atrás o me mato aquí mismo. —Gritaba acercando el filo a su piel, cortándose superficialmente.

Pues que lo haga, a quién le importa. —Susurraba desde atrás.

Dijo que tenía información importante sobre los líderes de su grupo y que compartiría la información si se le perdonaban sus crímenes. —Continuaba hablando con la inquisidora—. ¿Qué quiere que hagamos?

Dejen que se suicide. Es un traidor a la corona, ¿no? Qué puede saber que nos interese. —Decía con calma, rodando los ojos.

No hable fuera de lugar, soldado. —Me fulminó con la mirada, mientras que yo sólo subía y bajaba los hombros. No me interesaba si ese rubio bonito nos entregaba en charola de plata a los que orquestaban los movimientos, si conspiraban contra la Reina o no, no era mi asunto, yo ya había terminado.





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Mensaje por Corah el Dom Ago 06 2017, 15:59

Que repitiese el verbo hizo que lo mirase tan intensamente como si fuese capaz de ver a través de él. Enarcó una ceja dorada que él no llegó a ver porque había desviado la mirada hacia los otros humanos. Había tratado con muchos sospechosos para saber que eso era una evasiva. Le dieron ganas de aplastarlo contra la pared y susurrarle al oído que había oído lo de Maurice. ¿Por qué no lo hizo? Un retorcido juego de cazador y presa-. Los traidores son traidores. Los humanos veis una solitaria mosca en una mesa y vais a aplastarla. Lo mismo pasa con estos insectos en pequeños grupos. Hay que erradicar hasta la más pequeña semilla de traición. La ley está para cumplirla. Y quien dude de ella, será considerado traidor -apuntó, mirándolo con seriedad.

Los soldados entraron agarrando a los sospechosos para llevarlos al castillo y que la inquisición los interrogase. Estaba escuchando hablar a Limon cuando otro uniformado de rojo se aproximó-. Llévame con el sospechoso -le exhortó, caminando con seguridad hasta ver el circo formado. Aquel hombre, que bien valdría como esclavo, amenazaba con quitarse la vida. La dragona lo miró con frialdad, escuchando lo que decían los dos soldados. A decir verdad, ella había estado a punto de decir un "pues que se mate". Como Limon lo había dicho ya, no lo repitió. Sólo cuando los dos hombres del ejército terminaron de hablar, ella elevó una mano para mirarse las uñas-. Tenemos... diría que más de cinco arrestados dispuestos a hablar en las mazmorras. Tu vida no me interesa, humano. Es tu elección. Puedes cortarte el cuello y no hacernos perder el tiempo. O puedes hablar, darnos la información antes que tus compañeros y valoraré si merece tanto la pena como para no despejarte el camino hacia la horca. Decídete ya, mi tiempo es oro y estás dando un patético espectáculo que me aburre -le puso las cosas claras.

Le daban ganas de degollarlo ella si seguía con la escena. Lamentablemente, no podía hacerlo. El siguiente paso era el interrogatorio. Los sospechosos no podían morir ni en la tortura. Había reglas. La inquisición no era un patio de recreo para los sádicos y sanguinarios. Era un trabajo y Corah se lo tomaba como tal.






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Mensaje por Limon el Dom Ago 06 2017, 17:26

Tal vez, tan sólo tal vez, estuviese más involucrado con el tema del rubio suicida si la conversación anterior hubiese sido más relajada, pero las palabras de Corah me habían dejado con el pensamiento en la lengua. Por un lado quería hacer un chiste sobre las moscas, darle entender que no todos los humanos perseguimos a nuestras presas con tanto compromiso, a mí no me molesta dejar una mosca volando, no voy a sacrificar mi tiempo o energías en ella, al contrario, hay que compartir el alimento. Ah, pero no lo hice, sentía que era un grave error provocar a esta chica que hasta ahora había podido tolerarme. Pero de nuevo, ¿qué podría hacerme? Era eso lo que meditaba, ¿hasta qué punto podría salirme con la mía? Si se convocaba una corte marcial, ¿habría la posibilidad de que fuese castigado? Creo que no. Todo estaba bien, me preocupaba por nada. De hecho, creo que ella era la que ocupaba relajarse y no era yo el que necesitaba tomarse las cosas en serio.

No hablaré hasta que me den una garantía. —Su mano se mantenía firme en su cuello. No tenía miedo, no tenía dudas, este tipo estaba dispuesto a morir. ¿Pero por qué? ¿Por qué hablar y hablar sin lograr algo a cambio? Estaba tan desquiciado como Sansón... Como Sansón. Locos quizá, pero muy astutos. Esto era irrelevante, al igual que lo que dijo el pelirrojo. Era una distracción. Una simple y vil distracción. ¿Pero con qué propósito? ¿Por qué querían distraernos? Era el segundo que lo hacía y no comprendía su objetivo. Teníamos evidencia de su traición y muchos arrestados.

¿Quién eres? Limon no ha oído el nombre de alguno de ustedes. Dale a Limon tu nombre y Limon te dará la garantía que tanto quieres. —No le daría ni la tilde de garantía, honestamente sólo quería saber su nombre antes le que lo apodara con un nombre raro.

Me llamo Nicolás Traviene y...

Solté una risa espontánea al oír su nombre, interrumpiéndolo en consecuencia—. ¿Qué es tan divertido? —Inquiría el soldado, que a penas notaba que tenía un rango superior al mío.

Negué con la cabeza en respuesta—. Nada. Continúa, Señor Colas.

Es Nicolás. —Afirmaba con dureza.

Eso dijo Limon. Nilocas. —Ampliaba una sonrisa.

Nicolás. —Levantaba la voz.

Milcolas. —Daba un paso divertido, poniendo mis manos en la cintura.

¡Nicolás!

¡Ni colas! —Sonreía aún más, dando otro paso más cerca.

¡No! Así no me llamo. Es NICOLÁS.

Oooh, Micola. —Traviene estaba ya furioso, agitando el cuchillo, apuntándome con él. Lástima que perdiera el control tan pronto, quería jugar con su apellido también, pero el retrasado mental me dio la apertura perfecta para avanzar con velocidad hacia él, desarmándolo de un movimiento y poniéndolo de rodillas con una patada en la pierna—. Eso fue muy fácil, Yaviene. —Me colocaba detrás de él, poniendo mis manos sobre sus hombros—. Esta es la garantía de Limon. Di lo que sea que tengas que decir o te mantendremos vivo por mucho tiempo, siendo torturado todos los días por la Inquisidora más despiadada de todas. Y eso no te gustará. —Aplicaba presión sobre su hombro, sacándole un grito adolorido.

Jamás lo traicionaré. Me ha dado todo. Moriré antes de decirles. —Levantaba la cabeza, con una torpe sonrisa en su rostro—. Amor mío, corre. Corre y que jamás te alcancen.

Vale. —Lo empujé, caminando aburrido hacia Corah—. Omm... —Rasqué mi cabeza. Seguramente ya lo sabía, pero igual lo iba a decir—. Pues ya lo oyó. Parece que es el amante... —Decía con duda—... del líder o como quiera llamarlo y nos estaba distrayendo para ganar tiempo. Tal vez... —Me encogí de hombros—. Están huyendo con parte de sus materiales o algo importante. Quién sabe. —Caminaba hacia la salida. Se hacía tarde y no quería involucrarme en persecuciones inútiles—. Pero Limon ya acabó aquí. —Continuaba hacia la puerta, dispuesta a retirarme ya.





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