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In the streets - Harald

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In the streets - Harald

Mensaje por Kya el Vie Jun 16 2017, 06:42

Los últimos detalles del viaje estaban ya listos, su caminar por las calles de Talos era tranquilo, llevaba en sus manos una bolsita de frutillas, que comía. Mientras tiraba de las riendas de aquel precioso purasangre negro como la noche, que se había vuelto su inseparable compañero. Respaldada por el calor de su cabeza que le tocaba de vez en cuando buscando seguir sus pasos serenos por entre las personas, viendo las tiendas, las cosas en venta. La música creada por algún bardo que estaba en la plaza buscando ganar algo de dinero de los que pasaban por las calles. Deteniéndose por un momento, frente a una tienda donde sus ojos azules se posaron en un hermoso vestido de color melocotón, no era ornamentado, de hecho, era muy sencillo, pero indudablemente, por más que se detuviese a verlo, no lo compraría.

Su caminar fue tranquilo, entre las personas, esquivando a los militares y los niños que corrían por la plaza, las mujeres que llevaban cestas con vegetales o frutas, hombres cargando cajas y otros objetos destinados para alguna tienda en específico. Delante de ella iba un hombre alto y como la calle estaba muy concurrida, era inevitable atascarse un poco. Otro hombre con prisas venía de frente y con agresividad apartaba a las personas y algo molesto chocó con el hombre que iba delante de ella, disculpándose el que chocó, continuó su camino ya que tenía una entrega urgente que dar y justo al pasar a su lado, un sonido de repique llamó la atención de la ojiazul que ahora buscó el origen del mismo. A sus pies…entre los mosaicos, los charcos y la tierra seca logró ver algo brillante. Ella avanzó hasta aquel destello y agachándose sin soltar las riendas de su caballo, lo alzó con su mano derecha y logró ver aquella preciosa plata brillante, la cadenilla sostenía una pequeña llave muy curiosa que brillaba en gris; pero no parecía ser del mismo material.

Había caído justo donde ambos hombres habían chocado, al despistarse había perdido de vista a ambos y ahora con aquel objeto en mano, no sabía qué hacer. Alguien indudablemente astuto, llevaría la cadena y la vendería por mucho dinero a algún joyero que pudiese fundirla para crear alguna cosa o para comprarse alguna cosa costosa... “como, por ejemplo, aquel vestido... “se ejemplificó ella misma entre sus debates mentales “Tu no necesitas uno” dijo esa otra voz de su otro yo práctico “no tengo ni uno, siempre estoy así de horrible” la otra voz de su ego práctico refutó “no lo necesitas, vamos que no es necesario, medicinas, implementos, comida, esas son cosas importantes, incluso ese arco tan bonito que te compraste hace un tiempo” pero como sus voces de consciencia interna no se ponían de acuerdo, ella sujetó firme el collar para verlo bien.

La cadena se veía costosa, la llave era plateada, pero no brillaba como la cadena, por lo que podía ser de metal nada más. Así que la cadena era lo que valía más. Usando un poco de aquella memoria de lo poco que vio del hombre que chocó, ese hombre era un humano de clase baja, sus ropas y presentación eran terribles e iba muy apresurado, por lo que ese no podía ser el dueño de semejante cadena, volviendo sus azules ojos hacia el frente supo entonces que el dueño podía ser aquel hombre que iba delante de ella, este si vestía más pulcramente. Por lo que, guardando la cadena en un bolsillo, aferrando las riendas de Tormenta comenzó a caminar en la misma dirección que había visto al hombre caminar, tomando el camino que normalmente los dragones con más dinero hacían.

La sanadora, no sabía cómo considerarse, prefería no etiquetarse así misma dentro de ninguna categoría. Vestía bien, siempre acorde a su profesión, aunque siempre usaba pantalones, botas, aquellos jubones ajustados y chaquetas ajustadas de corte práctico y a la vez propio para alguien que siempre montaba, corría o necesitaba movilidad para atender emergencias. Pero siempre pulcra conservaba siempre sus prendas bien acomodadas, e incluso sus cabellos bien peinados: atados en cola, o aquellas trenzas que adoraba hacerse y lo que más la caracterizaba, era el olor perfumado y femenino, lavanda principalmente, flores silvestres que rememoraban a los bosques y al campo. Por lo que nadie solía mirarla mal por su vestimenta, solo a veces por su juventud, pero al hablar demostraba más madurez de la esperada.

Sus pasos algo dudosos, la guiaron por esa vía, ignorando las miradas que le eran dadas, conforme avanzaba por la calle adoquinada hacia la dirección que aquel hombre de buen vestir había ido. Hasta que lo observó que parecía encaminarse a un local que bien podía ser para beber alguna cosa. La sanadora, inhaló y tomando ánimos apresuró sus pasos, sin comenzar a correr... quizá algo cohibida por las “lagartijas dragonas” que vestían bellos vestidos y caminaban con sus “narices” respingadas y ese porte, como si toda la vida hubiesen tenido dos piernas y aspecto humano. Y eso le causó gracia...la mayoría de los dragones, degradaba a los humanos y para mejor y mayor efecto de la lógica, los lagartos, habían optado por precisamente...la forma humana, viviendo como humanos, poniéndose ropa...de humanos...aprendiendo cosas...de humanos, comportándose como humanos...imitándolos.

Una sonrisa se dibujó en sus labios hasta que llegó a la entrada de aquel lugar, donde el hombre se había detenido a saludar a alguien. La ojiazul, hizo acopio de energías nuevas para aproximarse y esperar el momento adecuado, mostrando los modales acorde para demostrar que tampoco era ninguna ignorante- Disculpe... –dijo con voz serena, esperando a que el hombre se girara. Cuando lo hizo, prosiguió- Buenas Tardes, estaba caminando por la vía principal, y vi que... –emitió, rebuscando en un bolsillo y extendió su mano hacia él, con la cadenilla de plata rota y la llave en su palma- ¿esto, lo he encontrado en el suelo... es suyo? –preguntó finalmente.




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Re: In the streets - Harald

Mensaje por Harald el Mar Jun 27 2017, 19:03

Trabajo, trabajo, trabajo, trabajo, trabajo, casa, trabajo, trabajo, trabajo... Estaba harto, cansado, necesitaba desconectar o iba a volverse loco de no hacer absolutamente nada. Salvo entrenar, volar, disfrutar de su mujer... Pensó que quizás aquella taberna calmaría la tormenta que llevaba en su interior así que salió de su puesto de trabajo y dirigió sus pasos hacía el mercado.

Iba con cierta prisa pero contenía sus pasos para que no se le notase demasiado desesperado. ¿Qué imagen daría sino? Así estaba él, acercándose cada vez más a su meta e internándose poco a poco en el mercado sin saber que algo de tanto valor para él, estaba a punto de caer en el olvido... Fue en medio del mercado cuando colisionó con otro hombre hombro contra hombro aunque siguió adelante llegando finalmente a la taberna pero tampoco pudo acceder, pues fue abordado por una damisela...

... por su apariencia, humana. Gruñó algún improperio -pues solo le faltaba que una mísera humana, MUJER ADEMÁS, le jodiera la escasa tranquilidad que llevaba- cuando la escuchó saludar, al menos con educación, para luego observar aquello que iba a entregarle reconociendo al instante la cadena pero, sobretodo, la llave. -¿¡Dónde lo has encontrado?! -cerró su mano alrededor de la misma y apartándola rápidamente de ella. No la culpaba, sino que ya tenía un culpable en la cabeza.
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Re: In the streets - Harald

Mensaje por Kya el Mar Jul 11 2017, 22:39

Fue una sorpresa el ver la reacción del hombre cuando literalmente le había arrebatado la llave de la mano. Dándole a entender que, si le pertenecía y debía ser de algo realmente importante, para que reaccionara de ese modo. Frunciendo el ceño ante la exclamación, antes de extender su brazo izquierdo hacia la dirección de la que provenía y señalar- a la altura de la tienda de vestidos y el negocio de telas... –dijo la muchacha recordando un poco más sobre el lugar donde la llave se había caído- supuse que no podía ser del hombre que chocó con usted, así que seguí el trayecto que creí había tomado para entregárselo... –sin decir más, bajó su brazo y permaneció de pie, esperando por si este quería hacerle alguna otra pregunta de lo que había visto.

Ella no era de pedir recompensas, por lo que no esperaba nada de parte de un dragón, no era mendiga tampoco para buscar algún beneficio de criaturas tan soberbias y mal agradecidas e injustas. Al menos así lo veía, cada que caminaba por las calles de Talos, viendo la gran diferencia entre humanos y dragones, como los humanos no tenían nada y lo poco que tenían apenas era digno de lo que eran y los dragones, caminaban en forma “humana” imitando la vida común que no era de ellos, ostentando riquezas con el cuello estirado y “orgullosos” de su existencia tiránica, ridiculeces... la muchacha no se veía intimidada por tantos dragones cerca, no se veía empequeñecida y mucho menos parecía tener pinta de sentirse cohibida por nadie que pasara a su lado.

Sus determinantes ojos azules, se pasearon con naturalidad por los alrededores, como si apreciara un lugar que no solía visitar, deslizando su punto focal en las estructuras, en los soldados, las armaduras, lo bonitas que comenzaban a verse las calles, en todo ese sin fin de buenos edificios residenciales donde seguro vivían burgueses. Quiso bufar, pero no era el mejor momento, contuvo su mal humor conservando una astuta y muy tranquila seriedad que le daba una presencia distinta a los demás humanos acostumbrados a verse como “esclavos” o “sirvientes” o “inferiores a las lagartijas voladoras, escupe fuego. No perdía su tiempo insultando, como tampoco perdía su tiempo considerando a quien no era considerado con ella.

Luego de aquellos pensamientos, la muchacha volvió a inhalar, llenando sus pulmones antes de liberar el aire por su nariz con lentitud y calma, acomodando un poco las mangas dobladas a los codos, de modo que no molestaran y le permitiesen mejor movilidad. Sujetándose de su bolso de sanadora, aguardando paciente.




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