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Mensaje por Kya el Sáb 13 Mayo - 7:18

Antes de partir de casa en las Granjas

Los ojos azules de la muchacha, estaban puestos en aquel morral que preparaba con algunas cosas que le servirían para su viaje y había olvidado colocar la tarde anterior, recordando las conversaciones que complicaban absolutamente emocionalmente, cuando les informó a su madre, hermana y padrastro la decisión que había tomado. La mirada indignada de su madre había estado puesta en ella, mientras aquella tarde nublada, permanecían sentados en la mesa de comedor. Lagrimas copiosas escapaban de los ojos de la mujer pelirroja que le había dado la vida, angustiada hasta la médula por su hija mayor, único recuerdo de su difunto marido a quien había amado con toda su alma, porque esta estaba lista para abandonar la casa. Y parecía creer que no la volvería a ver, trató de explicarle por que debía hacer ese viaje antes de cualquier otra cosa, pero ella solo lloró y lloró... y lloró.

Su hermana se enojó con ella al comienzo porque de nuevo parecía estarse yendo como recordaba se había largado a los siete años y quien sabe cuándo volvería y si volvería si quiera “¿Acaso no eres feliz tranquila en casa?” fue su pregunta, Claro que no lo era, pero esas cosas no se las dices a tu familia. ¿Cierto? por que entrabas en la categoría de  hijos-de-puta-mal-agradecidos. Dánae preocupada intentaba indagar en su hermana, como si esta supiera algo más...Deseaba tanto hablar con ella antes de partir, pero, aunque lo intentó, parecía anuente a no escuchar y decirle que podían ser felices allí, sin preocupaciones. El único que había comprendido lo que haría de cierto modo era su padrastro, quien trató de calmar a ambas pelirrojas antes de mirarla a ella y hablarle con paciencia:


“Si realmente crees que es lo que necesitas hacer, ve. Pero debes cuidarte muy bien, no seas una extraña ni abandones a tu madre y hermana que te necesitan”

¿Eso no era colocar un peso mayor en sus hombros? Ellas estaban bien junto a él, mientras ellos continuasen haciendo lo que hacían y cuidándose mutuamente todo estaría bien, pero estaba cansada de sentir la responsabilidad entera de la felicidad de su familia, de fingir que había aceptado que hace dos años su padre había muerto haciendo lo correcto, defendiendo la vida de alguien herido, defendiendo sus ideales y que le había enseñado a hacer lo mismo. Desde ese día supo que esa vida que vivían no le pertenecía del todo, en donde ni siquiera las tierras que pisaban eran suyas, el producto de esta tampoco, no era una vida, como tampoco lo era el seguir observando cómo seguían aplastándolos bajo el miedo a la muerte, por creer en lo que quisieras, por decir lo que te gustaba o no gustaba.

No podía ni hacerse cargo de la responsabilidad emocional que cargaba consigo, la culpabilidad por no haber podido evitar que aquella terrible noche, no hubiera acabado como lo hizo. Manchada de rojo. Y desde entonces había luchado por mantener nivelada la balanza de la cordura que estaba sobre cargada y querían engancharle un ancla más a la sensación agotadora que estaba sintiendo. No dijo nada, solo asintió. No quiso decir nada porque ellos no comprenderían lo que traía consigo, ni tampoco lo verían de ese modo y sabía que, aunque el hombre que cuidaba de su familia había sido amable, tampoco sabía de qué estaba hablando y ahora en ese momento era más anuente a ello. Vivir la vida que tenían era bueno...si la situación generalizada no fuese solo un falso sueño dibujado y coloreado de forma hermosa para que ellos creyesen que todo estaba bien y que podían seguir viviendo así y aunque se propusiese hacer algo por los demás, más allá de estar.... ¿Qué hacía si no podía cuidar la vida de quienes confiaban en ella? 


Una brisa húmeda acariciaba los campos al momento en que ella se despertó, no había salido el sol, pero era ya el momento en el que la ojiazul debía arreglarse para partir y encontrarse con aquella dragona que le acompañaría en ese viaje que esperaba también, limara asperezas suficientes que habían salido a relucir en ese segundo encuentro con ella. Empacó cosas ligeras, se dio un baño y vistió con sus mejores botas, se armó con su daga colocándola en donde solía ponerla, se ajustó el corsé jubón de cuero, con doble correa y protección, acomodó la blusa blanca sin mangas que llevaba. Tomó la chaqueta que el viejo le había dado que una vez perteneció al padre de la muchacha, no se la colocó, pero la sostuvo entre sus manos. Ya había cargado con una bolsa de viaje y una pequeña libreta de anotaciones que guardó en la maleta cruzada, un tintero pequeño y una pluma.


Trenzó su cabello en un solo tramo y le permitió descansar en su hombro derecho, cuando por fin escuchó una voz hablarle con un suave y apagado dejo que la hizo levantar la cabeza hacia su hermana que estaba mirándola sentada en su cama:


“¿En serio te irás entonces?”

Sabes que tengo que hacerlo Nani... –quiso explicar la sanadora mientras caminaba y se acercaba a su hermana, sentándose en el borde de la cama, viendo como esta fruncía el ceño y suspiraba entristecida se removía entre las sábanas. Para alcanzar una pequeña caja que estaba bajo la cama y de esta la pelirroja sacó una hoja que estaba doblada y desdoblándola la mostró a su hermana indicándole el dibujo de un paisaje “Mantente alejada de este árbol” señaló-  Nani... –la pelirroja forzó a su hermana que tomara el papel doblado en sus manos y lo llevara consigo. Y no se quedó tranquila hasta que ella guardara el mismo entre sus ropas. Y aunque sabía que ella estaba enojada, su hermana era especial, tenía un don especial en el que solía confiar. Abrazándola, le prometió que se cuidaría y se dejó acompañar por ella para cuando salió y bajó las escaleras hasta el comedor donde estaba su madre esperándola, al igual que su padrastro.

Pero sabía que él estaba por apoyar solo a su madre y su hermana, su madre le dio carne de venado seca y otros alimentos que le podían servir en su viaje, también le entregó una cantimplora de cuero llena de agua fresca. La mujer la abrazó con fuerza murmurándole que ella tenía el espíritu de su padre que igualmente él habría estado orgulloso de ella que ya podía tomar su propio camino sin temer nada más. Armándose con el arco y las flechas nuevas compradas, rellenó aquel carcaj de flechas hasta que no cupo ninguna más y con chaqueta en mano la acompañaron hasta fuera.

Montando en Tormenta había lanzado un último vistazo a la granja, paseando sus ojos por las siembras, la línea de los bosques, la casa y cada zona donde pasaba su día a día desde que había llegado, los ojos azules femeninos liberaron un destello entristecido antes de recapitular los motivos por los cuales realizaba eso. Podría parecer egoísta, querer estar segura de que era lo correcto, que su corazón estaba donde tenía que estar. Con un último vistazo a su madre que se aproximó a ella extendiéndole una última cosa hecha por ella, sonrió un poco y agitando las riendas partió de allí con un rumbo fijo. A encontrarse con aquella híbrida que había visto por segunda vez y le acompañaría en aquel primer trayecto.


Tiempo presente, Afueras de Talos, rumbo a los páramos.


Habían acordado encontrarse a cierto punto  a las afueras de la ciudad de Talos que ambas conocían, lejos de las granjas, en aquellos largos pastizales que recubrían sus exteriores, trayecto que cubrió con calma y un galope relajado, viendo el sol levantarse en el horizonte, iluminar las tierras y animarles con sus rayos, pintando todo de aquella calma aura que engañaba a cualquiera. La muchacha sin embargo había recuperado entereza y ahora que sabía estaba lejos de casa, comenzaba a sentir ya el efecto de aquella desición bien tomada. Siendo seguida por su lobo guardian que no se apartaba de ella en ningún momento. Manteniendo su presencia oculta a cualquier ojo.

A media mañana, había comido una manzana y descansado un poco antes de proseguir encontrandose con que a medio día estaría en el lugar del encuentro. Lugar, al cual llegó sin atraso alguno, puntual, pudo reconocer una silueta que le esperaba ya, mientras ese galope se aligeraba y reteniendo las riendas de su caballo, ahora inquieto, lo hacía detener antes de formular un saludo- ¿Llegaste hace mucho? –preguntó con suavidad. Ahora un poco más centrada en el rostro contrario desde su montura. El día clareado estaba tranquilo, el viento soplaba causando que sus sentidos tomaran una nueva determinación y recobrara algo de aquella escencia que creía ya perdida.




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Mensaje por Invitado el Miér 17 Mayo - 19:07

Había pasado la noche anterior en la corte cerrando algunos asuntos y negocios antes de ausentarme por un par de días, avisé a mis tenientes, y dejé instrucciones en caso de retrasarme, Alestorm había vendido una considerable suma en arte, lo suficiente para que la corte pasara de ser dos casas a ser cinco, una calle cerrada completa -en forma de U-, que necesitaban ajustes y remodelaciones para cumplir las funciones que les habíamos designado con el consejo. También habíamos logrado llegar a un “acuerdo amigable” con los vecinos de la calle que alimentaba la nuestra para que colaboraran con La Corte con algunas ventajas. Los dragones en esta zona -de humanos- solo se preocupaban por cobrar impuestos y nada más; cosa que nos había facilitado comprar su fidelidad ofreciéndoles no solo dinero para pagar sus deudas de impuestos sino protección e incluso sanadores. También asigné a un par de hombres para montar guardia en la casa de Kya, pasando a caballo en la mañana y la tarde para echarle un vistazo a su casa y confirmar que la familia estuviera bien durante la ausencia, aún no había concretado con ella los pormenores de su trabajo en la corte pero esperaba que fuera una relación muy lucrativa. El trabajo con las personas fuera de la ley sumados con sus familias cercanas y la asistencia a los vecinos era considerable.

Tenía planeado un viaje de dos días con Kya, la sanadora rebelde de las granjas, en la que iba a hacer el papel de gardaespaldas. Tomaríamos una ruta por los páramos hasta algún lugar que ella conocía; los páramos eran reconocidos por estar llenos de bandidos que asaltaban a los viajeros y a las caravanas  que venían de Isaur las cuales tenían un paso obligado por la zona. Me fui a la cama luego de media noche

Me desperté justo al alba para tomar un baño caliente -las ventajas de ser “la mano derecha de los jefes”-, esperé hasta que el agua se enfriara relajándome, tomándome un tiempo para mi misma antes de enfrentarme al mundo. Me puse el pantalón de cuero, forré mi pecho con las vendas una amplia camisa de lino y las botas de viaje que a diferencia de mis botas para trabajar tenían una suela más dura y llegaban hasta las rodillas, tomé un desayuno rápido compuesto de vino especiado, pan, queso y jamón frescos dándole pedazos a mi comadreja, ese compañero inseparable que había conseguido meses atrás que ahora me acompañaba a donde fuera, entre la maleta o la camisa. Luego ubiqué mis armas en los lugares usuales además de agarrar la espada que había robado en año nuevo y salí de la habitación.

Estaba consciente de lo dura que había sido con ella la última vez que nos habíamos visto, lo había meditado un par de veces en el tiempo que había pasado y había tomado la decisión final de dejarla hacer lo que quisiera. No era mi hermana y a final de cuentas podía usar o desperdiciar su vida como se le diera la gana, aunque siguiera convencida de que no era capaz aún de medir las consecuencias de sus actos.

Recorrí los salones de la corte virtualmente desocupados, me encontré con dos guardias y tres borrachos botados en los cojines de la sala común; uno de los guardias me avisó que el caballo que había rentado ya estaba listo frente a una de las casas, le agradecí con una sonrisa y una palmada en el hombro -Nos vemos mañana al anochecer- le dije con una sonrisa, me peiné el cabello con una coleta alta, me puse el velo Isaurí que llevaba normalmente en mi cabeza o cuello y salí a la bruma matutina. Amarré mi espada a la silla,  revisé las correas de la montura y até una maleta con comida, mi capa de viaje, piedra y yesquero… todo lo que necesitaba para viajar cómodamente.

Me despedí del guardia con un saludo militar de mentiras y con una carcajada arranqué a andar en las calles empedradas. El camino hasta la puerta fue rápido , las calles apenas se empezaban a mover poco a poco; el camino por el sendero de tierra hacia las fueras de la ciudad y luego por los campos verdes hasta el punto de encuentro. Había llegado temprano, así que até el caballo a la sombra de un árbol, me recosté contra el tronco y me dediqué a esperar comiendo un sandwich de jamón y queso, obra de la esposa del panadero y su hija quien se ganaban un buen sueldo alimentándome. Dentro de mis habilidades no estaba la de la cocina más allá de asar cualquier carne en una fogata. Estaba concentrada en mis pensamientos, cuando sentí el suave galopar de otro caballo, levanté la mirada y reconocí a Kya sobre Tormenta y acompañada por su lobo. Levanté la diestra para saludarla con semblante neutral, su saludo fue amable y lo respondí con amabilidad sin ser demasiado expresiva. Por fin sentía la presión de la corte haciendo mella en mi día a día.

-No tanto, igual disfruto un buen descanso al sol-

Me puse de pie con un salto, caminando hacia el caballo con paso lento y perezoso, el día tenía buena pinta para viajar y por suerte no estaba lloviendo como últimamente. Empaqué el resto de comida con mi comadreja asomándose por el escote de mi camisa y le pregunté sin mirarla desatando las riendas del caballo.

-¿Cómo va todo?-

Dije saltando sobre el caballo, asiendo las riendas; mi comadreja se ubicó entre mis piernas sostenida del pomo de la silla mirando a derecha e izquierda con curiosidad, disfrutaba tanto como yo del aire puro y el verde al rededor. Giré el caballo para quedar al lado de Kya fijando mis ojos grises en los suyos con media sonrisa.

-Tu guías-
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Mensaje por Kya el Mar 6 Jun - 8:12

Kya, aferraba las riendas de su caballo con firmeza, sintiendo por supuesto como volvían a ella memorias de los viajes que ya había realizado. Y cierta esencia volvía a renacer en ella, respirar otros aires, sentir el calor del sol y la adrenalina que contenía la visualización de aquel viaje que tenía por delante y estaba rodeado de esa sensación de que era lo correcto. Era lo que necesitaba y, por ende, no sentía remordimiento alguno. Los ojos azules de la sanadora se posaron sobre la dragona que había conocido ya con anterioridad y con quien había tenido ya charlas, la observó levantarse y encaminarse a su caballo con calma, siguiéndole con la vista para hacer a Tormenta a avanzar con un suave toque en sus costados de sus talones. Alfa, el lobo de gris pelaje mantenía una distancia prudente, desapareciendo de momento a otro para seguirles con sigilosidad.

La ojiazul, siguió las acciones de su acompañante y ladeando la cabeza asintió escuchando su pregunta- Va bien, trabajando incansablemente como horas del día y la noche puedo... –musitó instando a su caballo a empezar el camino por un sendero que seguro tomaban los viajeros, mientras perdía sus ojos en el horizonte, antes de mirar a la dragona- Seguiremos el sendero hasta aquel punto... –señaló- de allí nos desviaremos al Noreste un poco para no llamar la atención... tampoco es que quiera atraer problemas... –explicó compartiendo su plan-....más al noreste hay una serie de planicies resecas...que llevan a nuestro destino... –dijo con suavidad mientras memorias venían a ella al recordar aquel viaje en que con 18 años ya había recorrido en completo silencio en compañía de aquel hombre con el que había hablado ya, sobre el viaje que ya había emprendido, encontrándose con pequeños relatos de cosas que ella misma ya había olvidado.

Pero para ese momento, su mente repetía una y otra vez aquel suceso que no había podido evitar y que sin darse cuenta había causado un impacto endemoniadamente profundo. Y por el que ahora se encontraba allí, pese a todas las negativas que había recibido de todos los que lo sabían. El encontrarse a sí misma, el cerrar aquel capitulo con una visita al lugar que aparecía en sus vívidas pesadillas y entre más lo pensaba, más detalles encontraba, entre más lo meditaba, más los cabos parecían unirse... su progenitor siempre estuvo rodeado de exiliados, rebeldes, viajeros, gente de aquellas bajas andanzas que siempre le debían un favor por haberlos ayudado en una que otra ocasión...perdiendo la mirada en un punto fijo, recordó cuando se encontró con él a sus siete años, la niña corría entre las personas, no sabía dónde, ni con quienes estaba él, pero ella corrió hasta lanzarse a sus brazos.

El hombre la rodeó y levantó del suelo, dejando escapar una risa baja, girándola en el aire; logrando que sus cabellos trenzados en ese entonces se descolocaran un poco, viéndole a través de sus gafas de montura redonda, con aquella sonrisa que la hizo reír...para besarle en la mejilla. ¿Era un exiliado? ¿Era su padre rebelde? ¿era solo un hombre sediento de conocimiento con un corazón lo suficientemente bondadoso para ayudar a los demás, aunque estuviese prohibido? ¿Por eso su madre lo dejó y le repitió siempre que no siguiera sus pasos? ¿Por eso estaba llorando tanto cuando se despidió? Sus memorias infantiles estaban corrompidas por la aparición de aquel don que poseía.

Los desmayos, los días enteros en cama...

Como un recuerdo lejano y dibujado en un espejo flotante difuminado en la nada, se desvaneció, devolviéndola a la realidad de aquel camino rústico por el que avanzaban con tranquilidad. Dándose cuenta que había permanecido silenciosa por un periodo largo de tiempo y a lo mejor, la dragona se estaba cuestionando que estaba pensando- Digamos que ha sido una lucha interna grande el decidir por fin partir, darme cuenta que ya estaba lista... –hizo una pausa suave- recibí muchas opiniones, comentarios al respecto...pero se siente correcto, el hecho de tomar esta decisión...-negó un poco- Necesitaba esto.... –dijo suspirando para exhalar con suavidad- Creo que mientras tenía a mi padre junto a mi... no veía determinadas cosas que ahora son tan obvias al repasarlas.... –musitó algo distante- …no recuerdo algunas cosas, pero otras son tan claras como el agua.... ahora que... las he asimilado de mejor manera....




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Mensaje por Invitado el Lun 19 Jun - 4:51

-Conozco el sector, aún estamos muy cerca del castillo para atraer bandidos pero seguramente hay patrullas - me reí, tampoco era tan grave estar andando fuera de los caminos en ese sector, ya que era bastante transitado día y noche por las caravanas que llegaban del resto del mal llamado “imperio” -Si nos encontramos guardias solo actúa normal- le guiñé un ojo con una sonrisa burlona -no es que estemos haciendo nada malo- salir de la ciudadela siempre mejoraba mi humor, no me sentía perseguida o que debía estar alerta más allá de lo normal. Era algo así como un bonito día de campo, comida, caballos y un clima decente.

Kya pareció desconectarse en sus propios pensamientos, posiblemente recuerdos de esos que suelen volver cuando te enfrentas a la realidad de que las cosas nunca volverían a ser así. Mis propios demonios acechaban a veces cuando me enfrentaba a un día tranquilo con la diferencia de que yo no podía enfrentarlos y solo me quedaba ahogarlos, olvidarlos y volverlos a enterrar detrás de una muralla que caía de vez en cuando estrepitosamente.

Sabía que Kya iba a visitar a su padre lo sumado al silencio del bosque me llevaba sin poder evitarlo hasta mi infancia –no tenía nada más con qué distraerme-. Las tardes claras y cálidas en Isaur con mi nana y mi hermano, las aves negras volando como recortadas del cielo rojizo y una canción que ella solía cantarnos. Mi voz no era para nada la de una cantante profesional  pero podía llevar la melodía y los tonos altos de la canción sin mucho esfuerzo –sobre todo porque solo la cantaba solo para nosotras dos-, cantaba lentamente la canción cuyo significado estaba perdido en las tribus gitanas y nómadas que aún hablaban el más puro dialecto isaurí del cual yo apenas entendía un poco, pero la melodía y los tonos siempre me recordaban a ese hogar cálido que lo había sido todo para mí; mi sonrisa se había convertido en una melancólica pero aún presente.




Kya rompió el silencio –parcial- haciendo que volteara a mirarla de nuevo sin borrar la sonrisa, era una chica fuerte pero aún me parecía un poco tonta, primero por dejar atrás a una casa, una familia y la seguridad que pocos tenían -Siempre es difícil dejar atrás a las personas que te importan- dije en tono calmado, como si hablara del clima. Yo había dejado varios lugares para no mirar atrás, la casa en la que había crecido, la casa vieja donde convivía con el grupo de ladrones con quienes trabajaba, la habitación vieja de Krosan -Yo crecí en Isaur, dejé la ciudad hace algo más de 20 años para no volver- me reí notando el error de mis cálculos, había sido un poco menos pero en años dragón eso no debía ser mucho así que lo arreglé con una risa -creo que nunca los he contado-, sí, eso solucionaba el problema. Seguí confiándole a medias mis cargas para aligerarlas un poco -y he vagado desde ese entonces buscando algo que perdí cuando era una niña aún- giré con el caballo tomando la desviación que ella había marcado en el camino, atenta al cambio en el terreno -hasta que me di cuenta que había cosas más importantes que eso- Thurdok y la corte se habían vuelto mi prioridad, en algún momento tendría suficientes recursos para encontrarlo.

El camino continuaba unas decenas de metros para luego perderse en una curva delineada por árboles. Prometía ser un recorrido suave y sin contratiempos.
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Mensaje por Kya el Lun 10 Jul - 6:28

En medio de sus pensamientos, mientras los caballos avanzaban por las extensiones de pasto, una voz la sacó de sus pensamientos por breves instantes. No volteó a verle, ya que no deseaba causar que se detuviera, en todo caso, muy por lo bajo comenzó a seguir aquella melodía que por inercia parecía saber de sobra aquel idioma, como si fuese natural... recordando sus días en Isaur, en aquella tierra de arenas anaranjadas como el atardecer,extensas y perfectas que se movían con el viento y las noches estrelladas en que las constelaciones más hermosas pintaban el cielo de escarcha, escuchando la sabiduría de los compañeros de su padre que contaban historias de las estrellas... leyendas encontradas en dibujos ancestrales en ruinas que aún prevalecían con el tiempo, discusiones sobre teorías y miles de preguntas que escribían a la luz de vela.

Inhalando y exhalando, recordó...cuando tenía 8 años y por primera vez caminaba junto a su padre por aquellas calles terracota, el olor a perfumes exóticos y miles de colores cálidos que ondeaban en las telas de los mercados, los sabores, especias y la amabilidad de los lugareños, cuando llegaron a donde se quedarían a la orilla de un río, rodeado de palmeras de dátiles, juncos y arbustos; donde el sol se reflejaba, donde la señora Aliha, les recibió. La mujer que cuidaría de la niña que solo correteaba llena de curiosidad, sin miedo a ensuciarse, descubrir y aprender. A perseguirla, cuando la pequeña no estaba tras su padre, para enseñarle a cocinar, a escribir en Isauri, a leer y hablar el idioma, a veces cuando su padre se ausentaba todo el día y no estaba para contarle historias en la noche, la mujer cantaba para ella…

Y la voz de la híbrida que estaba con ella, se lo recordó muy bien, por lo que una sonrisa se dibujó en sus labios cuando escuchó la dulzura de aquella música que le recordaba días mejores... cuando corría a la orilla del río sin ropa, con la pobre mujer tras ella, queriendo desenredar sus cabellos y perfumarle y vestirla, pero el calor... lograba que se desesperara y no quisiera vestirse. Recuerdos que le hicieron reír un poco antes de perder su mirada en el horizonte que se les avecinaba, en efecto no estaban haciendo nada malo, por lo que el mayor temor de ese viaje era el de tratar con bandidos, pero confiaba en que las dos podrían sin duda ingeniárselas, si problemas de ese tipo llegaran a realizarse en su trayecto.

Al escuchar la voz de Ea, ella separó sus ojos del horizonte para mirarla con atención conforme le daba la razón en lo difícil que era dejar algo a lo que ya se estaba acostumbrado. Una sonrisa se dibujaba en sus labios antes de asentir- … Lo sé...pero esto está bien… -agrego de nuevo como reafirmante a que sentía que era lo correcto, lo que debió hacer antes… pero misteriosamente había necesitado un empuje extra que había venido de la persona menos esperada… para animarse a hacerlo por completo, olvidando cualquier temor adicional que la atormentase, para emprender aquellos cambios que sabía eran determinantes en su vida y cómo la iba a vivir de ese día en adelante. Sus manos apretaron las riendas del caballo, en ese breve lapsus en el que guiaba a Tormenta por el camino, no sorprendiendose mucho de los orígenes de su acompañante, pero si de aquella compartiera con ella fragmentos difuminados de su vida.

Viví un tiempo en Isaur, cuando era apenas una niña... es un hermoso lugar, le tengo mucho cariño y muchos de mis recuerdos más felices están allí. -Pero apenas en ese momento es que la sanadora estaba comprendiendo muchas cosas de la situación en la que vivían, que le dejaban más preguntas sin respuesta. Recordaba los paisajes, su belleza, que era felíz y era muy cuidada, pero la discreción del lugar donde vivía, las prohibiciones, el hecho de que rara vez su padre le llevaba al mercado o la ciudad en si, porque era peligroso y podría “perderse” y solo cuando fue lo suficientemente mayor para acompañarlo en sus recorridos como sanador, es que pudo ver más de aquellas tierras y disfrutar realmente de los parajes que quedarían en su memoria que visitaron luego, incluyendo Edén y Krosan… visitaron Enéas una vez y aprendió un poco de cada lugar, aprendió sobre hierbas de cada lugar y observaba a su padre trabajar.

Conforme uno va cambiando, las prioridades también...y si algún día tengo que llevar una vida tranquila, será porque encontré el balance correcto para sentir que hice lo que tenía que hacer y tengo lo que me completa para saber que no fallé… -agregó con serenidad, doblando por aquella curva del horizonte que les llevaría por ese camino. El trayecto sin duda sería tranquilo, conforme avanzaban, el día empezó a caer y el atardecer también…


Noche 1

Las estrellas del firmamento, la hicieron levantar la vista mientras ya habían armado un fuego y acomodado algunas cosas para sentarse y comer. La sanadora, se apoyó contra un árbol y cruzando sus piernas a nivel de sus tobillos, tomó algunas hojas que había dividido a la mitad y, sacando un pequeño tintero y una pluma comenzó a escribir, aquellas hojas nuevas, serían adjuntadas a un nuevo diario que ella deseaba empezar, su escritura no era nada mala. A veces faltaba de alguna coma, punto o signo de exclamación, pero gracias a la educación de su padre y rodearse de inteligentes personas que tenían conocimientos varios, pudo corregir los “horrores” que tenía cuando era una niña aprendiendo, incluso cuando era una adolescente, tenía esos errores que a sus 21 había logrado pulir. Cuestión de años y práctica, como lo fue el aprender de plantas, anatomía y “medicina” como su mentor, a quien no veía hace mucho le había enseñado que los antiguos humanos llamaban a la sanación, nombre raro para la sanación y los sanadores en general ¿Cómo estaría aquel dragón? Sintió algo de pena debido a no haber podido continuar con las clases, pero el trabajo se le habia acumulado de tal modo que tomarse el tiempo para ir y pasar horas leyendo, se había hecho una Odisea.

Su letra, era lo suficientemente clara para ella, pero quizá, alguien que no estaba acostumbrado a leer palabras y modismos como ella los usaba, sufriría mares para comprenderle en sus textos de sanación. Extendió una mano para alcanzar un trozo grandecito de carne seca y la llevó a su boca, dispuesta a no tener que alcanzar otro en un rato. Sus ojos azules volvieron a alzarse y enfocaron su brillo en las estrellas y una sonrisa se dibujó en sus labios- Hace mucho no me sentía tan tranquila… -musitó en voz muy baja, antes de continuar escribiendo en aquel papel. Ya que solo se escuchaban los grillos, el viento, el mascar de los caballos y el sonido del fuego haciendo la madera crujir y nada más. Una suave brisa rozaba el pasto y los pocos árboles que se alzaban por sobre la extensión de tierra que de noche parecía un mar oscuro, solo iluminado por la luna que blanca, pintaba el rocío de la noche, haciéndolo brillar, sobre las hojas de la flora- ..Ea… -susurró, dudando un poco antes de preguntar la duda que le hacía contenerse- … crees… o … más bien… -hizo una pausa, dándose cuenta de la tonta pregunta que era- … ¿haz llegado a conocer personas… que sientes que… cambian todo en ti?...y… solo… -con un suave gesto de sus labios, movió su cabeza un poco y suspiró- ... olvidalo, no tiene sentido…

Por extraño que pareciese, Eadgyth y ella tenían una dinámica que le parecía conocida. Una dinámica similar a la relación con su hermana Dánae, una subestimaba enormemenete a la otra pero a su vez, parecían ambas tratar de entenderse de la mejor forma. Hablaron del pasado, quizá sin detalles, pero tocaron el tema de aquellos buenos años que a lo mejor ninguna de las dos vería de nuevo, hasta dormir claro está... Kya como siempre no pudo hacerlo del todo y solo pudo dormir las dos ultimas horas de la madrugada, antes de que el sol se levantase para iniciar el nuevo día y segundo de viaje. No tardaron en partir de nuevo sin demora, un segundo día donde ambas compartieron mas de aquellas conversaciones que daban pistas a lo que creían.

La segunda noche, Kya le habló y enseñó de algunas cosas sobre su profesión, unas cuantas plantas y una que otra cosa que consideraba que ella encontraría útil, así como ella le enseñó y dió algunos consejos propios que a lo mejor creía que le serían útiles a la sanadora. al caer la segunda noche, no hablaron demasiado pero empezaban a sentir la presión de la pronta llegada al lugar donde Kya sabía encontraría donde habian enterrado a su padre, no durmió en lo absoluto, al llegar el amanecer, partieron despues de comer alguna cosa ... aunque ella no había querido comer tanto. El silencio se apropió de ambas mujeres y al atardecer, fue que el desolado paraje hizo presencia. Las manos de la sanadora, apretaron las riendas de Tormenta y bajando de él, fue agobiada por aquellas memorias, que la hicieron sentir un nudo en la garganta. En este punto, Eadgyth, supo que debía a lo mejor retirarse y aunque no estaba muy convencida, lo hizo, citando a la muchacha en determinado lugar en Talos.

Así fue como Kya quedó sola.
Necesitaba estarlo.




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