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La Danse de la Lune ✥ Trystan

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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Vie Mayo 12 2017, 19:22

¿Era cosa mía o seguía cohibiéndose sin motivo aparente? ¿Tan feo era, en serio? Por suerte, al hacerme esa pregunta mentalmente, no necesité alzar la ceja, pues ya la tenía dos dedos por encima de lo normal, al articular y plantearle esa hipotética e inquietante posibilidad de que acabaran pillándola.

... ¿o tan guapo?

.... Nah, descartado. Por mucha broma, no dejaba de ser verdad que mi cara en esos carteles distaba mucho de la real. Pero nunca me había parado a pensar si era para bien o para mal. A ver, que soy hombre. Un poquito de por favor. Mi cabeza no estaba llena de prejuicios o de tales detalles, por muy observador que fuera. O veía maldad alguna, o segundas y terceras intenciones.
Era simple, después de todo.

Su respuesta fue categórica. No obstante... esquiva. Me habría decepcionado de no haber añadido nada más, pero tan sólo tuve que esperar un poco en silencio, observando cómo su semblante hablaba por ella. Hasta que alzó de nuevo sus azules para corresponder los míos. Esas preguntas retóricas me hicieron sonreír. No podía negar que, de no preocuparse por los suyos, uno no sería un ser humano por completo. Era lo que solía caracterizarnos frente a los dragones, carentes de esa humanidad nuestra. Era lo que principalmente nos diferenciaba. Sobraba decir que, por mi condición, yo pronto dejaría de serlo. Un pensamiento que, sin dudar, ensombreció mi semblante aunque no llegara a apartar mi mirada de ella-. Todo aquel que lo ha intentado... fue eliminado… sí. -murmuré, en cuanto ella se pausó un momento. Incontables eran las bajas. Mis padres. La antigua líder. Muchos de los terroristas que yo había conocido. Y los que nunca llegué a conocer. Y no sólo resistentes. No llegaría a saber nunca el número exacto de víctimas sobre las cuales se mantenía el régimen actual. Un número que seguro seguía incrementándose diariamente.

Y, sin embargo, por esa entregada conclusión suya, mis azules ganaron intensidad e interés, pese a que ella había desviado la mirada y ahora jugueteaba con una bolita de cera-. Tampoco es algo que puedas permitirte estando muerta. -musité, con media sonrisa torcida con respecto a sus aspiraciones y sueños. Me enderecé sutilmente en la silla, alejando mi torso de la mesa suavemente, sin intención de decir gran cosa y dejar que fuese ella la que por fin se abriese un poco más conmigo. Alterné mi mirada en la suya, llenándome de todo lo que sus ojos decían mientras sus labios articulaban. Ese trabajo en conjunto me hizo recuperar la sonrisa. Hasta que se animó a posar su mano en mi brazo. La calidez de su palma fue un contraste. Mi torso desnudo se estremeció finalmente, por el fresco que me atacaba ahora sin cuartel, después del esfuerzo físico y de que la adrenalina volviera a sus niveles normales en mis venas. Ese calor me hizo darme cuenta de que aún andaba sin camiseta. Una pequeña chispa que me devolvió a la realidad, de un limbo en el que no había sentido frío hasta ese instante. ¿Era eso lo que llamaban "el vacío"? Mis azules observaron de soslayo ese contacto hasta volver a los zarcos femeninos... y ver un tremendo agradecimiento silencioso en ellos. Sus palabras se sumaron a esa intención que pude ver para ¿calmar mi inquietud? ¿Había sonado así? La verdad era que no había podido evitar preocuparme. Pues no me había hecho falta más que dos encuentro con Kya para saber -o, al menos, intuir-, cuánto le gustaba ayudar sin mirar a quién ni, lamentablemente, si estaba bien visto o no. Y, de hecho, se me hizo terriblemente evidente ese miedo que centelleó en sus azules, a la tenue luz de las velas. Fue entonces cuando ese contacto se rompió, y una sensación de desaparo en la fría noche me abordó por un momento. Tragué saliva, en lo que ella se reacomodaba. Y con eso yo logré enccontrar una reacción que consideré propicia en ese momento-. Kya... -murmuré llamando su atención. No contento con ello, alargué mi mano, buscando su derecha, la que tomé con suavidad, ante esa espectativa que se adivinaba en ella. Aún así, sumé a esto, la acción de mi mano derecha, que, sin titubeo, se unió a la suya y la mía sosteniéndola. Mis azules, hasta hora fijos en ese suave y hasta afectuoso movimiento, subieron de nuevo a su rostro:- Sabes que no tienes por qué hacer esto sola… ¿verdad?




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Mar Jun 06 2017, 07:19


Los ojos azules de la mujer se posaron sobre el pelirrojo, en ese momento en que las gotas de lluvia afuera daban con los tejados y las calles parecían silenciarse al borde de que incluso las risas y sonidos de la parte inferior de la posada eran oídos claramente, aunque por algún motivo ya empezaban a silenciarse de a pocos, pasos, puertas cerrándose... como si los que ya sabían que debían partir a dormir lo hacían, siendo murmullos los que se escuchaban apenas... murmullos y algo más escandaloso en ella que tomaba forma de un modo distinto. Con sus labios sellados, escuchando lo que él le decía, de ese modo en que lo decía, dejando que tomara su mano que se encontraba laxa y abrazada por las manos masculinas causaron un escalofrío, dándose cuenta de que extrañamente la ausencia del calor le había hecho falta esos últimos segundos que se atrevió a soltarle para liberar sus cabellos que ahora matizaban en rojizo por la luz de las velas.

Bajando sus ojos a las manos juntas, posó estos en como aquella mano masculina le tomaba con tanto afecto y se vio abrumada por aquel sentimiento que le hizo sentir más de lo que le gustaría. Fragilidad y a la vez fortaleza, esperanza y a la vez preocupación. Sus dedos se permitieron corresponder ese gesto, permitiéndole que tomara mejor su mano, acariciando en un sutil encuentro y sentimiento la palma de su mano, hasta que se vio abrumada por como envolvía su mano, no solo con una mano, si no con las dos.

Obligándola a levantar sus ojos y encontrarse con los de él... esos azules que recordaba muy bien y que por loco que pareciese había podido leer perfectamente y ahora le decían que claramente no estaba sola. Y un dique quiso romperse en ella en ese momento, quiso llorar y por algún motivo solo esconderse en un abrazo que parecía añorar en silencio. 


Sus ojos se mantuvieron fijos en los azules que le miraban ahora y a los que magnéticamente se había quedado anclada, leyendo aquellos matices entre verdosos aguamarina, celestes, azules, que se tornaban luego en grisáceos con celestes nuevamente y reflejaban la luz de las velas de ese modo que absorbían su dorado, robando su calidez y su destello, sumergiéndola en un pozo de aguas claras en que nadando se encontraban los secretos más escondidos. Conteniendo el aire para poder bucear más profundo o esperando que algo se revelase en ese fondo azulado que centelleaba...como nadar en el espacio mismo y asumir que entre cada brazada se removían las estrellas formando nuevas constelaciones. Siendo más consciente de como todo se comprimía a ello... al silencio que había entre ellos que ahora tocaba fibras profundas y las hacia vibrar en una señal intermitente que decía que realmente... no estaban solos.


Ella no lo estaba y se preguntó cómo era posible.

Que un extraño como él, se sintiese más cercano que la gente que había tratado ya por dos años en su estancia en la granja, sus ojos azules se empañaron y como si estuviesen conversando de la forma más fluida con solo mirarse, una sola lagrima se dejó caer por su mejilla izquierda, cristalina, solitaria como se había sentido ella durante mucho tiempo. Encontrándose con una realización superior a cualquier otra que la hizo entre abrir sus labios como si fuese a decir algo, mas no lo hizo, su voz no era necesaria para decir lo que estaba sintiendo. Sumado a eso, el presionar de su mano entre las ásperas manos cálidas que le sostenían y ahora transmitían de vuelta aquella protección que había sentido antes y la cual consideraba un lujo que no cualquiera podía darse. Incluso mayor al hecho de tener un hogar, un techo, comida, familia y una vida tranquila. Tragando saliva, amortiguó la sensación que le recorrió al punto de presionar un poco más el agarre, para unir su mano izquierda y entonces colocarla sobre la mano derecha de él que cubría la suya, capturándole a él también con la suavidad de su la propia, entregando unas sutiles caricias con su pulgar que ahora dibujaba lentas y pequeñas caricias sobre él. Con mucha ternura, una ternura suave, afectuosa, cálida y abrumadoramente dulce que, sin mediar palabra, con cada gesto mudo podía demostrar cuan agradecida estaba al escuchar eso...

Kya, podía ser el ser más estoico del mundo, podía callar muy bien, como podía no hacerlo y decirte cosas que no te agradaban, podía controlar todo lo que desarrollara y podía sin dudar ser una mujer lógica sin morir en el intento, pero nadie le había dado un manual de qué hacer cuando alguien rompía sus defensas de emergencia y parecía lograr calar hasta la materia central de sí misma, haciendo polvo todo para apartar lo innecesario y encontrarse con... ella. Movida de los cimientos, sacudida y puesta a prueba, mantenía sus ojos anclados a sus iguales, como si pudiese quedarse mirándolos sin cansarse, dejando escapar el aire tan lentamente que apenas pudo captarse como un suspiro lento, sin darse cuenta que sus manos juntas se presionaban con firmeza, sin dejar ir las de él como quien no desea soltarse de aquel firme bastión donde la tormenta era más calma, en su centro... donde nada pasa y la naturaleza hace el milagro y permite que las leyes de la misma se rompan regalando a los que tienen la suerte de estar en este, la posibilidad de estar a salvo.

Como si repentinamente fuese creíble que todo estaría bien.

Y si no lo estaba... pues. Lo estaría.

Normalmente las horas de sueño de la sanadora, no incluían dormir. Por más agotada que estuviese, su mente estaba llena de ruido, su ser entero estaba sumido en el caos y por más pesadez que sintiese, siempre acababa leyendo por horas, casi hasta el amanecer cuando por fin podía dormir una hora al menos y volver a despertar. Pero por alguna razón abrumada por esos sentimientos que la invadían, sentía todo el peso del mundo que estaba sobre sus hombros, desvanecerse, invitándola a rendirse al extraño y pasajero señor de los sueños Morfeo, en una rara sensación de poder dormir como una persona normal: toda la noche. O lo que quedaba de ella…y eso la espantó. Todo aquel rato, mirando los ojos del pelirrojo, sin moverse o decir alguna cosa, al punto de sentir sus manos que se aferraban con firmeza, como única fuente de información ya que sus pensamientos y mente, estaban silenciosos...

Ningún pensamiento era lo suficientemente pesado para hacer que la castaña abandonara esos espejos donde ya llevaba sumergida lo que representaban horas eternas en su mente, más eran solo minutos en lo físico, a lo mejor: segundos. Manteniendo su mano que estaba sobre la de él que continuaba dejando suaves caricias y dibujando siluetas que significaban cosas. Que parecían hablar, conversar de una manera que incluso podría catalogarse como un idioma...

Sintiendo un manto tranquilo deslizarse sobre ambos, borrando todo sonido, creando una sensación de inmersa calma silenciosa, mientras podía sentir la aspereza de las manos masculinas; de sujetar armas, de trabajar con ellas, fuertes.... tan fuertes como para ser armas y la más mortal de las herramientas...como cuidadosas para entregar la más dulce de las caricias y dar la protección más avasallante que nunca antes había podido sentir…y extremadamente conmovida, no se atrevió a abandonar ese contacto, como tampoco se atrevía a dejar de verle, sabiendo que ya había respondido a lo dicho por él hace mucho... pero sentía que ese lugar seguro se esfumaría en cuanto soltara sus manos. Como si al liberarse...fuese a llevársela el infierno y sus demonios ...

Y tuvo miedo de sentirse descubierta emocionalmente, lo frágil que podía llegar a ser, tuvo miedo de la emoción que se derramaba en su mirada y el como ahora otra lagrima escapaba pero esta vez por su mejilla derecha y salada se perdía en la comisura de sus labios que se tensaron un poco y pasó a morder el inferior con suavidad, emitiendo un suave jadeo que amortiguó bajando por fin su mirada y permitir que sus cabellos resbalaran y trataran de ocultar todo lo que ya había dicho en ese silencio y con cada suave gesto. Bajando su cabeza lo suficiente para llegar a apoyar su frente contra el dorso de su mano, apartándola suavemente para entonces apoyarla en las de él y sentir su calor en su piel. Sin separar la suya, ni debilitar el agarre, apoyando sus codos en sus rodillas. Escondida. Lloró silenciosa, sin emitir sonido alguno. Cansada físicamente, emocionalmente, llena de todas aquellas emociones que no lograba comprender... tocada de la más profunda forma que hacía que se preguntara una y otra vez como era posible que eso ocurriera. ¿Quién se creía él?...

Sintió el tacto cálido sobre su espalda, el cómo con estos gestos intentaba calmarla. Aterrada de la sensación de seguridad que la invadía con solo aquel contacto que en medio de su emoción no quería soltar, pero sabía que no tenía más motivos para mantener. Que en cuanto alzara su mirada, se encontraría con la realidad de que debía volver a re-armarse... y con ese pensamiento inhaló profundamente antes de muy lentamente levantar sus ojos, debilitando aquel agarre antes de murmurar un muy suave- ... Lo siento... –sin saber por qué realmente estaba en ese límite. En ese punto en que su cuerpo y mente parecían decir que estaba bien quebrarse, que estaba bien haber llorado y seguir haciéndolo y que estaba bien desmayarse por el repentino cansancio acumulado y quizá por primera vez en dos años dormir tranquilamente sabiendo que todo estaría bien, porque sus pesadillas, el dolor, las penas y toda aquella maraña de cosas, por esa noche. Se habían desvanecido por aquel extraño pelirrojo de ojos azules como el cielo que solo le había tomado la mano y murmurado aquellas palabras tan poderosas que nadie... en dos años, de un luto no superado, de culpa no tratada y de pesadillas incansables, le había dicho de corazón y le habia transformado de cierta forma.

Parte de ella, abrumada por las emociones deseaba que ese agarre no acabara, pero era mejor re-construirse y volver a tomar control de sus sentidos. No era bueno que se quebrara de esos modos y menos delante de alguien a quien intentaba convencer de que descansara y por sus gestos indicaba desear acercarse- No, no.… no te esfuerces... –murmuró apenas audible, sintiendo como él, afianzaba aquel agarre en su mano, en como el calor y protección de este, se transmitían a ella con tanta facilidad y fluidez como no imaginaba era posible, devolviendo su mano sobre las de él, entregando suaves caricias que la llevaron a mirarlo de nuevo en un silencio apagado que apenas aquellas cortas palabras habían roto. Y le aterraba... le aterraba sentirse así de vulnerable. Así de asegurada, era una sensación que no había sentido nunca y menos comprendida tal cual, su conciencia lo rechazaba, pero su inconsciente parecía necesitarlo. Le creía, mordiendo su labio inferior, agregó con suavidad-...te creo... –formuló con muy suave voz finalmente.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Mar Jun 13 2017, 20:13

Cuando sostuve su mano entre las mías y le dije que no estaba, me resultó curiosa la manera que tuvo de mirar aquel contacto. Sus azules se mantenían clavados en esa mano mía que dejaba sutiles caricias sobre la suya con el pulgar. Kya la miraba con un gesto de extrañeza, como si nadie hubiese tenido nunca antes un simple gesto como aquel con ella. ¿Tan mala suerte había tenido? En realidad, no era tan difícil, sabiendo la situación social en la que nos encontrábamos. Pero, ella tenía familia, ¿no? ¿Acaso no la querían? Podría decir que no tenía tal impresión de aquella vez que irrumpí en la tranquilidad de su granja, pero tampoco pude ver trato alguno. Mejor aún, ¡lo pensado era un verdadero disparate! Pero, ¿qué podía decir yo, si había disfrutado de una familia unida hasta que mis padres desaparecieran? Inconscientemente, sonreí, pero no por los recuerdos, si no por notar cierta presión por parte de los finos dedos de Kya, que se habían animado a corresponder mi mano y todo lo que transmitía esa queda fuerza que yo ejercía sobre su mano.

De hecho, andaba con el ceño fruncido, haciendo mis premisas por esa suave reacción de Kya cuando me di cuenta que me había quedado mirando su rostro, al ella levantar la mirada y encontrarse con la mía. Y entonces la turbación en sus azules se hizo más que evidente. Mantuve mi rostro serio aunque ya no sabía decir si era por la sorpresa o la preocupación. Y en aquellos segundos, una vez más, nos dijimos muchísimo sin una sola palabra. Nuestros azules conversaban con elocuencia mientras nuestros ni se inmutaban.

Hasta que su mirada se vio empañada y de uno de sus ojos cayó una lágrima, recorriendo con premura su tersa mejilla. He de admitir que no me imaginaba que mis palabras generasen tal consternación en ella-. Kya... -murmuré, con cierto tono de pregunta. Me inquietaba ese llanto silencioso y, más, todo lo que decía, aún sin mediar palabra. Tuve el impulso de elevar una de mis manos y secar aquel húmedo surco en su semblante, pero ella me lo imposibilitó al poner esa última mano que faltaba encima de la mía. De nuevo, me dijo demasiado con aquel movimiento. Un agradecimiento silencioso e intenso por el mero hecho de recordarle una realidad en la que, tal vez, no había caído... o nadie se lo había llegado a decir de una manera tan nítida. Por unos momentos, como venía siendo ya costumbre entre ambos, sendas miradas se acunaron en la otra, y yo me vi incapaz, por alguna razón, de apartar mis azules. Como si de otro desafío se tratara. Como si... esas siluetas dibujadas de forma tenue en sendas manos fueran otra manera de transmitir sentires y pensamientos, manteniendo una conversación tan activa y arraigada sin más que repasar la piel del contrario en aquellos pocos centímetros.

Al ver esa segunda lágrima caer sobre su mejilla, tragué saliva y fruncí el ceño, limitado en acción como nunca antes me había visto, desconcertado por ese peso presente en mis palabras que parecía haber golpeado a la sanadora con una contundencia desmedida y, para qué negarlo, imprevista. No me había esperado, ni remotamente, que aquella muchacha terca y con tantas ganas de ayudar sin importar el riesgo, sucumbiese al mero recordatorio de que no estaba sola en esa lucha.
Kya pareció darse cuenta de esa inquietud incipiente en mi mirada, y ocultó la suya entre sus cabellos. En primera instancia, eso hizo, para luego terminar con su frente apoyada en esa mano que presentaba la cúspide de aquella peculiar torre, para luego quitarla y así poder sentir yo la presión de su cabeza en el dorso de mi mano, ahora fielmente agarrada a la mano sobre la que estaba.

Y ahí fue cuando la escuché sollozar. De forma suave, discreta, como si el hacerlo más visible fuera a molestarme.

Me humedecí los labios, sin alisar el ceño, francamente inquieto por esa reacción suya que no había llegado a esperar-. Eh... Tranquila. -murmuré, justo antes de inclinarme hacia delante, y llevar esa mano que tenía debajo de la suya a su espalda. Mi respiración se entrecortó levemente por el pequeño tirón de la sutura, pero aún así no menguó mi determinación de repasar parte de su espalda con la clara e inocente intención de calmar su llanto. Sus miedos. Sus preocupaciones. Cualquier cosa que le hubiera provocado semejante desconsuelo.
Lo que yo ignoraba era justamente lo contrario.

Sentí un suave alivio cuando la vi incorporarse parcialmente, aunque aflojara la presión ejercida sobre mi mano. Sonreí sutilmente ante su disculpa hecha murmullo-. No hay nada que debas sentir. -atajé para librarla de tal inquietud-Te vendría bien descansar... -me sentía hasta culpable de haberla hecho llorar con esas palabras que, en un principio, pensé que servirían para animarla. Ejercí dulce presión en su mano, indicándole que, aunque fuésemos dos malditos extraños que se habían visto en dos ocasiones, estaba ahí para ella. Solo por esa noche, podía relajarse lo suficiente como para llorar como lo había hecho y después recomponerse. Yo nunca diría nada.

Una exhalación se me volvió a escapar en cuanto ella se había recompuesto lo suficiente como para volver a posar esa mano ociosa sobre la mía que aún sostenía su otra mano, y volver a dejar suaves roces. No evité sonreír con suavidad por ese titubeo suyo, confirmándome que me creía. Pero de hacerlo, ¿por qué aún no había intentado buscar ayuda? O un seguro al menos-. Creo que entonces, es el momento de que hable con un par de compañeros míos para que te ayuden... -enarqué ambas cejas. Bien por contactos, por ofrecer cobijo tras el toque de queda o mismamente como meros ayudantes. Estaba seguro que Kya podría agradecerlo. Y, sin embargo, algo me decía que lo que estaba por hacer no era suficiente-. Aparte de eso... Hay... ¿Hay algo que pueda hacer por ti?




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Vie Jun 23 2017, 08:44

No necesitó mucho para saber que él deseaba tranquilizarla, el problema no era que no estuviese tranquila, el problema era... sentirse increíblemente tranquila. Su mente estaba en blanco, su cuerpo repentinamente recibía toda aquella carga de emociones que no podía controlar y se había quebrado demasiado fácil frente al ojiazul que indudablemente sentía, podía ver a través de ella con solo fijarse en sus ojos y cada acción que realizara. Y aunque apoyó su espalda contra el respaldar de la silla, derrotada en esa lucha de esconder lo que sentía... y por más que fuesen dos extraños, se sentía tan complementada como protegida... forzando a recopilar aire, llenó sus pulmones, antes de exhalar y mordiendo su labio inferior, negó- Primero los pacientes...si tu no lo haces. Yo tampoco. –contestó a ese “te vendría bien descansar...”, la expresión que realizó el pelirrojo le hizo soltar una risa baja- Oh sí, soy así de terca...-dijo con cierta diversión, ella no descansaba, normalmente no lo hacía, pero las cosas podían cambiar fácilmente esa noche, porque sentía que ese tacto compartido, le arrullaba lo suficiente como para prever que podría caer dormida sin reparos en la seguridad de esa compañía.

¿Cuáles eran las posibilidades, de encontrarte un extraño que te hiciera cambiar absolutamente todo en tu vida? ¿Sería ella la única que lo había hecho? ¿tomar decisiones importantes en su deseo de recuperar el aire faltante y volver a vivir? Y nuevamente sumergió sus ojos en los azules del pelirrojo, dándose cuenta que sus dedos ahora dibujaban siluetas suaves y dulces, sobre el dorso de la mano masculina, viendo como una sonrisa se dibujaba en sus labios, que la hizo sonreír con la misma suavidad, en respuesta a la suya, en un silencio pronunciado. “Kya, estás sonriendo como estúpida...” dijo su consciente, alertándola de aquella primera vez en mucho tiempo que sonreía a lo mejor sin ninguna otra emoción que pura complicidad y suavidad. Y a sabiendas de eso, trató de amortiguar un poco aquella sonrisa, pero fue inevitable dejar escapar una risa baja, mientras negaba con lentitud. No, no había nada más que él podía hacer por ella, porque sin darse cuenta ya había hecho muchísimo más de lo que hubiese imaginado era posible que un extraño haría por ella.

¿Qué más podía hacer por ella? Extrañamente sintió el deseo de abrazarle, de que él le abrazara, pero sus ojos se desviaron a sus manos entrelazadas en aquel sostén que ni él, ni ella parecían desear quebrar, mientras parte de ella sufría contenida por aquellas preguntas que surgían en su mente. Él estaba tan herido...su torso lleno de cicatrices y marcas que ella sabía no eran hechas por simples heridas, el dolor y lo que llevaba a su formación le angustiaban sobremanera, aunque hubiese pasado ya. La cicatriz que cruzaba su pectoral izquierdo, la herida que ahora esperaba sanara rápido. Negó pronunciadamente, para responder a esa última pregunta formulada por el pelirrojo antes de sonreír y murmurar- Ya has hecho más de lo necesario… -confesó con suavidad, mordiendo su labio inferior, al sentir como el silencio de la noche se hacía más pronunciado, repentinamente la lluvia había cesado y solo se escuchaban los goteos de los tejados contra los balcones y las calles. Las calles vacías, no poseían, ni un alma, la música de la posada cedió, como si el bardo hubiese decidido que era hora de ir a descansar.

Las conversaciones fueron reemplazadas por murmullos cansados y sonidos de puertas cerrándose, seguramente de los que ya se dirigían a sus habitaciones, a pasar la noche antes de que se hiciera más tarde. Jamás había tomado las manos de alguien por tanto tiempo, jamás había querido permitirse hundirse en un abrazo como el que añoraba en ese momento. No cualquier abrazo, uno que sabía él podía dar…y fue cuando se tomó la libertad de sentir aquellas manos masculinas, ásperas, cálidas, fuertes e indudablemente unas que deseaba memorizar muy bien, porque la vida no era tan bonita como para encontrarte de frente con alguien por tercera vez… ¿cierto? Vamos que, en ese mundo, siendo él quien era y como era...y ella siendo quien era y como era ¿cuáles eran las probabilidades de volver a encontrarse? Y sin darse cuenta, se vio a si misma deseando que el destino jugase sus cartas de la mejor manera y pudiesen encontrarse de nuevo...

Y ante ese deseo, tuvo miedo...

De acostumbrarse a ese calor que ahora abrazaba sus manos y desear sentirle rodeándole en un abrazo. A hacerse adicta a la seguridad que se respiraba en el ambiente y que él le transmitía con solo ser. Con solo comprenderle y entender, con solo haber murmurado aquellas palabras y.… allí se iba en sus divagaciones que la dejaban exhausta mental y emocionalmente. Un escalofrío la hizo sentir como si se hubiese tragado una escoba, pero no tenía la energía para lidiar con ello, con pesar... quiso retomar control de su misma, finalmente murmurando con suavidad- Creo...que finalmente tu camisa se ha secado... –agregó y dudosa y casi con pesadez, retiró sus manos con extrema suavidad, dejando mutuas caricias en las manos masculinas. Recibiendo el frío de la noche en sus manos y extrañar el calor que la acariciaba. La sanadora se levantó y caminó hacia donde había dejado extendida la camisa y tocándola, con suavidad, notó que estaba ya más seca. La cama, próxima a donde la tenía extendida, parecía llamar silenciosamente, mientras su cuerpo pedía descanso y su ágil mente ahora se nublaba un poco para dejar escapar un bostezo que escondió con el dorso de su mano izquierda.

Volvió junto a él para extender la camisa, manchada de sangre a un costado, pero que ya se secaba-...creo que…ahm...  –en aquel momento, sintió un breve estremecimiento que la hizo reír y negar un poco- Lo siento...creo que se arruinó horrores y no tengo nada que pueda servir...pero es mejor que estar sin camisa... –dijo con suavidad, llevando su diestra a tocar con su dorso el hombro derecho del pelirrojo y sentir que en efecto su piel estaba más fría- ...venga...déjame ayudarte...-dijo aproximándose para ayudarle a poner la camisa, con algo de torpeza, dejó escapar una risa baja- Lo siento...anda...con cuidado....-dejó salir otra risa cuando en el secado mostraba algo de tensión la tela, le ayudó primero con los brazos y luego, con el cuello de esta para que metiera la cabeza- Señor, es usted muy cabezón... –bromeó, causando que ambos compartieran una risa baja, hasta que logró sacar la cabeza y entonces se tomó el trabajo de con mucho cuidado bajar la tela para que cubriera su torso vendado y finalmente estuviese cubierto- Listo... –dijo la sanadora dejándose sentar en la silla, inhalando profundamente dejando escapar un nuevo suspiro- Creo que hemos comprobado que no ocurrirá nada, así que... –dijo ella levantando una pierna apoyándola en el borde de la silla donde estaba sentada- Me disculpará usted...señor cabezón de ojos bellos –continuó bromista, para robarle una sonrisa al ojiazul y así llevar sus manos a desatar las correas de su bota.

Y con dificultad, sacarla. Suspirando aliviada, apoyó su pie descalzo en la madera del suelo y repitió el mismo proceso con el otro, pero esta vez sacando de esta segunda, una daga que dejó sobre la mesa y luego se quitó la que faltaba, descansando sus pobres pies que clamaban por piedad y extrañamente, el cansancio que sentía fue tan denso que contuvo un bostezo nuevo, mientras movilizaba sus ojos hacia la mesa donde estaba su morral y extendiendo su diestra, tomó el diario de su padre, dispuesta a leerlo por lo que quedaba el resto de la noche... pero a medio camino de tomarlo, la ojiazul se detuvo- No deberías preocuparte tanto...no suelo dormir más de dos o tres horas en la noche...  –claro que la pregunta salió a la luz “¿Por qué?”-... pesadillas.... – fue su respuesta simple. Pero aquella noche, mentía... aquella noche, sentía que sus pesadillas no interrumpirían sus sueños, que ni se asomarían por que no estaba sola y el calor que ahora extrañaba sobre sus manos, aún se podía sentir. Sus dedos acariciaron aquel diario y los bordes del desgastado cuero que ahora recorría, dudosa y en aquella floja postura de no saber realmente que significaba el cansancio y la tranquilidad que ahora podía sentir y por qué allí con ese extraño, no tan extraño. Sus ojos empañados por los bostezos, se movieron del diario hacia los ojos del ojiazul y por un segundo conservó ese silencio.

Antes de desviar sus ojos, siendo orgullosa como para admitir la diferencia abismal, de esa noche, con una noche corriente- Además... dije que los pacientes primero. –murmuró encogiendo sus hombros un poco.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Lun Jun 26 2017, 18:22

Mi mano cayó de su espalda cuando ella decidió erguirse hasta apoyar su espalda en el respaldo de la silla en la que estaba sentada. Nuestras miradas parecían imantadas. La una a la otra, aunque la turbación aún estuviese presente en sus azules.  
Suspiré con resignación ante su contestación, encogiendo los labios a un lado. No me di cuenta de lo graciosa que había podido ser mi expresión, hasta que oí a Kya reír con suavidad. Su baja risa me hizo sonreír... hasta que añadió ese comentario.

Acabé riendo con ella, disfrutando de ese momento de distensión entre tanto caos y peligro. Uno del todo imprevisto aquel día. La noche ya había vuelto oscuro todo el cielo, tan solo alumbrado por las pocas antorchas que pudieran quedar encendidas después de que la lluvia castigara sus llamas. Muy pocas, sin duda. Negué con la cabeza ligeramente, agachando mi mirada por un momento-. Tu tenacidad seguramente esté más que justificada si te cruzas con tan malos pacientes como yo, todos los días. -comenté. No me hizo falta pensar mucho para contemplar esa posibilidad. Si sanaba a la gente, paciencia y solemnidad eran dos cualidades necesarias. La gente, por lo general, tenía el acto reflejo de revelarse justo con la gente que podía estar ayudando. Necios. Zoquetes ignorantes que preferían apoyar al enemigo para poder vivir en la miseria sin oportunidad alguna. Pero, ¿y qué? Ellos elegían qué hacer con su vida. Yo, sin embargo, prefería luchar por algo que siempre me pareció más justo y equitativo. Y, justo esa lucha y mis decisiones, me habían llevado a aquel momento con Kya. En quedo agradecimiento por sus cuidados y hasta esas caricias suaves que hacía sobre el dorso de mi mano, presioné esa mano que aún mantenía agarrada con la mía, mientras sus azules se perdían en los míos y viceversa. ¿Cómo era posible que me fuera tan fácil relajarme con aquella desconocida? ¿Y esa sensación de familiaridad? Esa confianza tácita que ambos nos teníamos con tan sólo habernos visto dos veces, era algo de lo más peculiar.

Kya se me antojaba ahora más tranquila, recompuesta de aquel llanto silencioso del que yo había sido testigo. No podía negar que el verla llorar sin aparente motivo me preocupó, pese a todo. Claro que, no llegaba a conocerla demasiado como para saber que su verdadero motivo era precisamente lo más contrario a lo que yo pensaba que fuera. Sensible por el extremo cansancio que ella sentía, se había rendido a esas simples palabras de apoyo que yo pronuncié. No había podido mantenerme impasible. Tal vez, por todo por lo que había pasado, me era imposible no inquietarme por los demás. Tal vez, aunque hubiera ostentado el cargo de líder de la Resistencia, no lo exprimí lo suficiente porque siempre me preocupé por el bienestar de los míos. Pero más el presente que el futuro. Si hubiera pensado de otro modo, quizás, habríamos llegado algo más lejos.

El semblante de la muchacha fue adquiriendo cierta angustia que me costó entender. Luego me dí cuenta que sus azules habían bajado en altura y ahora recorrían las marcas de mi torso. Lo cual fue inquietante. No tardé en removerme y carraspear, queriendo desviar su atención. No obstante, negó con la cabeza en contestación a mí pregunta, antes de pronunciar unas palabras que sólo dieron solemnidad a su negativa-. ¿Segura? -inquirí con el ceño ligeramente fruncido. Lo cierto era que, no pensé que todos esos pequeños gestos que yo estaba teniendo con ella, fueran de gran ayuda para hacerla sentir tranquila y realmente acompañada. Pero en ese instante, pensé que aquella insistencia mía me hizo retractarme. Levanté la mano ociosa con la palma abierta, para detener cualquier intento de habla por su parte-. Perdona, es... Me sale solo. No es que desconfíe. -no lo hacía. En realidad, Kya facilitaba mucho -y sin llegar a saber cómo o por qué-, el hecho de confiar en ella. Tan sólo era costumbre mía el asegurarme de que si decían que estaban bien o que no podía hacer más por ellos, que realmente fuera así. Tan enfrascado estaba con ella en aquella estancia que tarde me di cuenta de que había dejado de llover y apenas había ruido por las calles de la ciudad.

Enarqué una de mis cejas en la penumbra, con ese comentario suyo sibre mi ropa. Con algo de pesar, se levantó, deslizando sus manos entre la mía, hasta que finalmente rompió ese contacto que parecía tan significativo para ella. La observé en su pequeño paseo, cuando fue a por mi camisa, sonriendo con diversión por sus palabras al volver. No es que me preocupase en exceso una mancha de sangre en la ropa. No me sería difícil conseguir alguna otra. Por ello, negué con la cabeza suavemente, antes de sonreír un poco más. ¿Mejor?, pensé. No estaba del todo seguro que ponerme una prenda húmeda fuese a ser mejor que quedar con la piel descubierta. Pero ya la sentía fría y con ello, algún que otro escalofrío había hecho acto de presencia a lo largo de mi columna vertebral.

Dejé que me ayudara, metiendo primero los brazos antes de alzarlos con la camisa medio puesta para meter la cabeza. Contuve un quejido de dolor por el movimiento, aunque, de nuevo, esas palabras bromistas de Kya me hicieron reír con suavidad. Y, por ello, la postura incómoda, en esa ocasión no ayudó, haciendo que esta vez, no pudiera contener un sonido gutural de pura queja por ese pinchazo que sentí. Al terminar, y poder bajar de nuevo los brazos, ella se encargó de que la tela bajara, para cubrir finalmente mi torso. Casi agradecí que mi cicatriz de desafiado hubiese pasado medianamente desapercibida. Al menos, Kya no había hecho comentario al respecto. Era extraño también que, estando tan cerca, no hubiera voz alguna de dragón en mi cabeza. De hecho, se mantenía apagada y el silencio era peculiarmente inquietante.
Por lo poco que podía intuir, tal vez, mi dragón había salido de Talos por unos días, lo que me daba a mí cierta libertad de acción sin que él supiera nada.
Cuando ella se sentó de nuevo en aquella silla, cerca de mí, para descalzarse, no pude evitar articular por sus palabras:- Yo no puedo confiarme tanto, Kya. -no podía hacerlo. Aunque ganas para ello no me faltaban. Era casi una regla inherente entre los resistentes. Si te confiabas, estabas perdido. Nadie te la enseñaba, pero, por lógica, todos acabábamos siguiéndola, de una manera u otra. Además estaba demasiado lejos de las cuevas, por lo que una persecución renovada podía significar mi captura y todo lo que pudiera venir después, a pesar de que contaba con cierta inmunidad frente a los dragones... sabía que contra él, no.

Estuve tentado de volver a reírme por sus calificativos, intentando meterse conmigo y molestarme de la manera más inofensiva posible-. Pues no salgo tan cabezón en los grabados, ¿hm? -le reproché de forma inocente, recordando sus palabras acerca de cuánto cambiaba de los carteles de se busca a la realidad. No aparté la mirada en lo que se desató las botas y se descalzó, viendo ese gesto de alivio en su rostro y escuchando aquel suspiro. Tampoco se me pasó desapercibida esa daga escondida que dejó en la mesa. Así como ese libro de tapas de cuero curtido, raído por el uso. En esas tapas, mis azules se quedaron fijos, con varias preguntas apareciendo en mi mente y, sin embargo, reticentes a ser pronunciadas.

De nuevo, sus palabras me sacaron de mi ensoñación, pidiéndome que no me preocupara. Por lo visto el no dormir apenas era algo normal en ella. Pero… - ¿Por qué? -osé preguntar. Debía de haber un motivo, ¿no? Aunque, el que Kya tenía, tenía que admitir que me valía… Hasta cierto punto. ¿Acaso las pesadillas las tenía cada noche?- ¿Que sueñas en ellas, Kya? -me interesé. O más bien, me preocupé. Raro sería que algo más que un monstruo atacara sus sueños. Uno con alas, escamas y escupefuego.

Suspiré. Aquella muchacha estaba haciendo grandes méritos para entrar en ese grupo de mujeres obstinadas que había conocido-. Creo que entonces, seré una tremenda decepción como paciente. No pretendo descansar en las próximas horas. -avisé, tamborileando ligeramente sobre la mesa, con ambas cejas enarcadas-. Además, un lecho así es... demasiado cómodo para mí y tus bostezos empiezan a ser evidentes. -alegué, como burda excusa. Quien estaba cansado, dormía donde fuera. Con una sonrisa torcida, me incorporé, dirigiéndome hacia la ventana que no dudé en abrir ligeramente, con recelo, evitando que se filtrase poca luz al exterior. Una pequeña y húmeda brisa acarició mi rostro en lo que mis orbes cristalinos se perdían entre las líneas de los tejados de Talos. Podía notar como la presencia de varios dragones latían a mi alrededor, como nebulosas de diferentes colores. Todas ellas lo suficientemente lejos como para no tenerme en total tensión. Pero me preocupaban más esos guardias humanos que no podía tener controlados. Me llevé la mano a la herida curada como acto reflejo antes de suspirar nuevamente. Al final, acabé girando la cabeza hacia Kya-. Tengo curiosidad... Cuando te quedas en las posadas.. Ya que no puedes dormir... ¿Qué haces hasta que amanece?




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Mar Jun 27 2017, 07:48

Cada gesto que él había tenido con ella, había trascendido lo que ya ella podía llamar regalo, por un momento, la situación en la que estaban, el mundo y el tipo de vida que tenían, se habían desvanecido para crear un paréntesis donde, estaban riéndose de las cosas más simples, disfrutando ambos de ese momento que ella no sabía si se repetiría en algún momento, entre bromas concernientes a su temperamento y tenacidad, de parte de él. Que ella respondió con indirectas sobre que la mayoría de sus pacientes le hacían caso, pero había atendido a otros que tenía que controlar a las malas, ya fuese con un tirón de orejas o su tono de “preocupada sanadora”, que era muy semejante al de una madre preocupada. Mas risas de por medio y una extraña sensación de reconocimiento que le invitaba a ceder cada vez, un poco más...y eso la asustaba.



Sonrió ante su comentario, mientras le miraba de reojo con divertida expresión cuando le dijo que en aquellos dibujos que estaban por las calles no salía tan cabezón, ciertamente salía ridículamente bien parecido y la sonrisa que le mostraba era absolutamente encantadora, radiante... pero ella se rehusaba a darle la razón, dejando notar muy en claro su testarudez, de la cual él podría engancharse para picarle un poco, después de todo por algún motivo, le resultaba en extremo fácil seguirle aquellas bromas y juegos que lograban hacer de ese momento uno apacible y refrescante- Sigo pensando que no te hacen justicia.... –dijo Kya, con aquella sonrisa amplia que se disipó con un suspiro, ante la pregunta sobre sus sueños...los ojos azules de la muchacha se fijaron en las velas del candelabro y en los caminos trazados por la cera que derretida se escurría hasta cubrir el metal y llegar hasta la base de este dejándolo de un color más claro. Mientras la mano que acariciaba las líneas de cuero del diario, que finalmente sostuvo, continuaba aquel agarre firme, mientras doblaba sus piernas sobre la silla y lo descansaba en su regazo. Manchado, raído por el tiempo y atesorado como si fuera hecho de oro puro.

Los ojos de la sanadora miraron aquellas iniciales de su padre tachonadas en cuero, preguntándose ahora a esas alturas de esos dos años ¿Qué hacía su padre? No era un hombre común, porque una nube densa parecía dibujarse sobre las verdaderas siluetas que representaban ese algo que parecía desconocer de él y todo lo que representó un cambio para ella...a medida que avanzaba en la lectura de ese diario, descubría datos y cosas importantes sobre sanación, pero había cosas que seguía sin comprender que estaban entremezcladas con las lecciones: comentarios sobre el régimen draconiano, situaciones que parecían indicar que estaba muy alerta a los rebeldes y sus acciones... runas representativas de los dioses elementales. Él creía en ellos desde su reciente aparición, antes de conocerlos de alguna manera siempre había pensado que la naturaleza tenía la verdadera divinidad y no la lagartija Madre... por simple lógica de pensar que la naturaleza, al proporcionar alimento y sanación, era la verdadera fuente de todo poder superior y la creencia en los elementales fue increíblemente fuerte en cuanto se habló de ellos- ...La noche en que mi padre fue asesinado... –agregó con suavidad, para responder a la segunda pregunta formulada por el pelirrojo y que había robado aquella sonrisa de su propio semblante ya de por si agotado- ...yo estuve allí... –sus dedos se apretaron contra el cuero hasta que sus uñas se incrustaron un poco en el material, sintiendo cierta furia por las cosas que ese hombre no le había dicho y ahora parecía un rompecabezas con piezas perdidas- ... Lo vi morir... –inhaló llenando sus pulmones- ... mientras me salvaban a mi... –dijo con un dejo de impotencia que apenas estaba sobrellevando y encajonó de nuevo antes de apreciar como otra gota de cera se deslizara desde la vela hasta su base. - ...No es algo con lo que quiera soñar una y otra vez por el resto de mis días.... –Y aunque sus ojos se empañaron, ni una lagrima había escapado, porque ella ya había llorado lo necesario. Y esa era la actitud que llevaba consigo y quizá encajaba mejor, la culpa, aquella determinación de autoimpuesta penitencia por no repetir el mismo error y perder a alguien que quería.

Desde ya hace un tiempo que no puedo darme el lujo de dormir más tiempo...me he acostumbrado a seguir funcionando con pocas horas de sueño y largas horas de trabajo... –susurró con suavidad, paseando sus ojos con una calma palpable hacia Trystan, al que miró a sus ojos nuevamente, sintiendo aquel imán de nuevo, provocando que no apartara su vista y no pudiese evitar sincerarse un poco más...más de lo que le gustaba. Más de lo que esperaba- ... a veces sueño que estoy en medio de un bosque en llamas, el suelo calcinado...no ardo con todo lo demás, pero llueve fuego por todos lados, incandescentes trozos de roca, atravesando el cielo...entre las nubes oscuras, con todo cuanto conozco reducido a cenizas...-hizo una pausa acariciando aquel diario con suavidad- Me despierto a mitad de la noche, bañada en sudor frío, agitada y asfixiada.... con miedo de ver la destrucción de todo o la muerte, llena de preguntas que me dejaron sin más suelo seguro que pisar....

Dijo al observar cómo él, se levantaba y caminaba hacia una de las ventanas, con sus ojos puestos, sobre sus fuertes hombros y espalda ancha, que ya había visto marcada en cicatrices de azotes. Haciendo una pausa, hasta verse abrumada por el azul de esos ojos que le miraban con el reflejo de la luna sobre si, centelleando como dos de las muchas estrellas que ella solía observar en las noches-... Así que en vez de tratar de volver a dormir y cerrar los ojos con “tranquilidad”, me dispongo a leer... –dio unos toquecitos en aquel libro que tenía entre sus manos- o en su defecto, a escribir nueva información sobre sanación...mezclar cosas, catalogar plantas o redactar nuevas cosas y así agregarlas a la información que he leído y aprendido... –sus dedos tamborilearon un poco y aprovechando que él se había levantado, apoyó uno de sus pies descalzos en el borde de la silla contraria, que estaba frente a ella- ...estudio fervientemente para ser la mejor en lo que hago... hasta que realmente no soporto el sueño y el cansancio y entonces, es que me atrevo a dormir dos...o tres horas, que resultan ser las más gratificantes horas de sueño que pueda tener por que no sueño absolutamente nada.... –agregó con un dejo de victoria, dejando sin embargo una pausa que pudo traducirse como un “pero” mudo que pudo leerse en sus ojos- ... sé que esto me desgasta...pero a estas alturas... ¿que no desgasta, ya? 



Aunque últimamente he sido un poco más consiente de muchas cosas... -Y fue cuando en ese momento, las cosas estaban cambiando para ella, porque su mundo estaba mutando desde el primer momento en que él la había rodeado con sus brazos para protegerla de los despotricos de Tormenta y aún podía recordarlo de un modo especial debido a la seguridad que le rodeaba, con solo dejar que alguien más le cuidase o mirara por ella. Cosa que no había permitido durante todo ese tiempo... y por ello tenía miedo de extrañar aquella seguridad que significaba algo nuevo para la sanadora de mente clara y terquedad indomable. Su cuerpo estaba sucumbiendo, aunque no lo quisiera aceptar... quizá por eso el dolor crónico de su espalda se sentía más, sus hombros se sentían tirantes y su torso estaba cansado de aquella postura erguida y su cuello dolía. Su mente, contenía una enorme cantidad de demonios, que usualmente le robaban la calma en las noches pero que ahora.... estaban desaparecidos y su silencio era escalofriante. Y eso la alertaba más de lo usual.

Apoyando su espalda en el respaldar de la rustica y dura silla, escurriendo un poco su cuerpo derrotado, tensó sus labios y exhalando apenas empezó a murmurar- Así que supongo que me tocará trasnocharme con mi terrible y decepcionante paciente... -  empezando a desatar las correas del diario y abrirlo con cuidado para pasar una hoja, luego otra y otra, hasta llegar a la que seguramente había sido su última lectura en una cuarta parte del diario de hojas amarronadas, bien conservadas. Sonriéndole al pelirrojo con una alegórica picardía, movió sus ojos a las hojas. Que claro, no pudo leer bien, por ver tres veces la misma línea y sentir que sus pensamientos se desvanecían como humo y al mismo tiempo se desordenaban. Hizo una pausa prolongada, mientras los recuerdos de las cicatrices que había visto en el torso de su acompañante, y la preocupación volvían...después de leer una frase en la página que tenía frente a sus ojos.

Tensando sus labios, levantó su mirad y con el entrecejo fruncido, tragando saliva y con un inhalar brusco que seguro daba pie...como si quisiera formular alguna cosa. Solo humedeció sus labios y exhaló liberando el aire con extrema lentitud antes de tensar sus labios juntos de nuevo y tornar un poco su mirada apoyando su nariz contra las hojas de aquel libro.  Deseaba preguntar. Deseaba saber más de él, pero algo la hacía retroceder, esconderse y no pensar que debía permitirse cuestionar un poco más allá. ¿Qué estaba haciendo? “¿Quién eres tú Trystan? ¿Quién eres?” -...tienes razón, quizá no deba insistir que descanses... correrías mucho peligro...y... –se frenó así misma-...no quiero que te pase algo por mi necedad... –dijo escondiendo su rostro en aquel libro dispuesta a leer. Ignorar aquella voz en cuello que gritaba y arañaba, tratando de zafarse de las garras de la confusión por las emociones vibrantes y chocantes que ahora nublaban su juicio y provocaban un desborde de divagaciones sin sentido que provocaron una oleada de furia interna.

Interrumpida por un cosquilleo en el dorso de su mano derecha....

La habitación estaba limpia, pero no podía faltar, aquel tipo de criatura que aún en la limpieza mejor ejecutada, hiciera aparición y con una corriente de escalofríos mortales la pobre mujer pegó un grito ahogado y sacudió su mano y sin querer empujó con su pierna contra la otra silla, causando una reacción en cadena de causa y efecto que trabó las patas de su silla y.… al piso fue a parar, mientras el libro volaba por los aires y junto con ella y la silla terminaran en el suelo, seguidos de un “BAM”- Ay, ay, ay ay....ay... –dijo llevando una mano a su espalda baja, presionando con suavidad- malditas arañas.... bichos infernales...criaturas del averno…–refunfuñaba la muchacha, que tenía una ligera fobia a las arañas. Sacudiéndose sus brazos, sacudiendo su cabeza y revisando su cabello, rascándose un poco donde había visto al pequeño, inofensivo y pacífico animal que le causó piel de gallina y un asco tremendo, mientras se apoyaba en sus manos y rodillas. Ella vivía en una granja, había visto muchas arañas, pero de lejos, lo suficiente para considerarse segura, no tardó en sentir la oferta de ayuda para levantarse- Estoy bien... estoy bien...solo...fue un pequeño golpe... –susurró, sujetándose de los brazos de él.

Al erguirse, su vista desvarió un poco, causando que llevara su mano derecha a su frente, sabiendo que, a lo mejor, la batalla con su cuerpo y mente, era en vano. Por alguna razón esa noche las tuercas estaban cambiando su dirección y sin poder evitarlo, suspiró cerrando sus ojos apoyando su frente contra el antebrazo izquierdo del rebelde- ...Lo siento...




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Miér Jun 28 2017, 08:30

Reí ante su insistencia con respecto a esa imagen bosquejada de mi cara empapelando la ciudad. No sabría decir si se acercaban a la realidad o no, pero me divertía y aliviaba al mismo tiempo poder tener una conversación tan inusualmente aleatoria y poder decir que me mantenía tranquilo, pese a esa idea de ser buscado que podía conseguir tensarme. Negué ligeramente con la cabeza tentado de contestar con un “no me hacen justicia, por pintarme menos cabezón, ¿no?”, pero no vi necesidad de seguir más allá. La noche avanzaba, así como la conversación, tomando tintes más serios y oscuros, con menos cabida para un comentario jocoso como el que había pensado.

De hecho, tan serios como lo podía ser el haber sido testigo del asesinato de un ser querido. Ante mi pregunta, Kya había apartado la mirada, jugando con aquel pequeño libro entre sus manos, manteniendo la mirada fuera de mi alcance, así como aquellos pensamientos que pudieran estar pasándole por la mente. Hasta que contestó con una respuesta que me pilló por sorpresa, horrorizándome por ser una contestación de contenido tan brutal. No me extrañó entonces que tuviera pesadillas. Fue en ese momento, cuando sentí un tremendo nudo en el estómago-. Lo... -tragué saliva, a sabiendas que lo que estaba a punto de decir no serviría de nada. Principalmente porque a mí me lo habían dicho en innumerables ocasiones y, efectivamente, llegaba un momento en el que lamentarlo así, sonaba realmente a palabras vacías, dichas por mera consideración. Muchas de las veces hipócritas, de esas personas que te calificaban como "pobrecillo" por sufrir una situación así. ¿Pobrecillo? ¿De verdad? Los humanos éramos raros en ese aspecto. Ante la ignorancia por no saber lo mal que lo pudiera estar pasando una persona ante tamaña tragedia, nos conformábamos con hacerle saber que lo sentíamos. Cuando la mayoría de las veces, nos daba igual o no sabíamos bien qué decir-. Lo siento mucho, Kya. -el haber pasado por un trauma así, podía acercarme más a ella. Tener pesadillas por lo perdido. Alguien a quien adorabas y que fue arrancado de tu vida de la forma más radical, dejando sólo su desgarradora ausencia e injusta falta. En el caso de Kya, su padre. En mi caso... mis hijos. No era ningún secreto que había tenido pesadillas aún después de que pasaran meses. Llegué a desesperarme por saber si algún día todo ese dolor pasaría o menguaría de alguna forma. Aún sin mirarme, su propio cuerpo, en aquella postura relajada, dejaba entrever lo abatida que podía llegar a estar, aún sin venirse abajo y romper a llorar. Bien sabía yo cómo actuar, de ser así. Esta vez no me pillaría descuidado-. ¿Hace cuánto pasó? Si puedo preguntar, claro. -inquirí dejando la opción de que no respondiera si no quería. Tragué saliva, sin dejar de mirarla. Fue entonces cuando la vi tan pequeña como yo me había sentido en su momento. Incompleta. Perdida. Como si el mundo de repente fuera a engullirte y no pudieras evitarlo. Por suerte, yo había encontrado en quién apoyarme.
Pero, ¿y ella?

Y en ese preciso instante, Kya hizo acopio de entereza y volvió a mirarme. Otro instante hecho eternidad en el que nuestros azules correspondían la mirada del otro sin mediar palabra. Hasta que ella continuó, explicando de forma más detallada alguno de esos sueños que le robaban la tranquilidad y el sueño, de una forma tan súbita. Esa sensación de inseguridad, de apocalipsis a mi alrededor, sintiendo verdadera impotencia por tan siquiera ser incapaz de salvarme a mí mismo, no era del todo desconocida para mí. Escuché su rutina con atención, preocupándome por esa falta de sueño-. Y me imagino que antepondrás cualquier curación a ese escaso descanso que ya haces, ¿me equivoco? -espera, espera... ¿en serio me estaba preocupando tanto? ¿Por qué? ¿Acaso era ese afán absurdo y mío por el bienestar de los demás? Tal que muchas veces priorizaba el suyo por delante del mío.
Pues... sí.
Al parecer, en eso también parecíamos coincidir.

No obstante, ese último comentario, me hizo ladear sutilmente la cabeza con curiosidad. ¿Más consciente?- ¿De qué? -enarqué una ceja. Y fue ahí mismo en el que una vocecita propia se escuchó en mi cabeza: "Trys, estás pecando de cotilla y curioso". Automáticamente, agaché el rostro, sintiéndome así. No tenía la intención de incomodarla. Bastante era ya el tema, como para que yo anduviera echando más leña a ese fuego-. Perdona... -atajé antes de que me llegara a contestar. Y, aún así, reí por lo bajo, por esa faceta chismosa que me salía en ocasiones- No suelo ser un entrometido. Me dejé llevar por la curiosidad... -de saber si, al menos, ahora descansabas algo más. Aunque no era difícil saber que, efectivamente, seguía con su agotadora rutina que dejaba el descanso muy de lado.
Y, a estas alturas, ya me preguntaba si, realmente, era sólo curiosidad.

Aún no me apartaba de la ventana, aunque no dejara de mirar en la dirección en la que Kya se sentaba, apoyando finalmente su espalda en el respaldo de la silla. Sus palabras, previo aviso de lo que haría esa noche, al saber que yo no descansaría. De nuevo, me sacó una sonrisa, antes de que me mordiera el labio inferior, guardándome un nuevo comentario acerca de su obstinación. No dije nada. Tan sólo volví a reír con suavidad, capitulando de forma queda. Cuando ella se enfrascó en el libro, y tardé apenas unos instantes en volver mis azules a la calle. Tenía intención de olfatear el aire, escuchar la brisa y los sonidos que arrastrara... aprovecharme de esa capacidad de ver en la oscuridad que se había hecho demasiado útil, dadas mis circunstancias. No es que viera todo con todo lujo de detalles, pero más que un humano normal ya era.

Y así me quedé, dando por sentado que la sanadora leía mientras yo me aseguraba de que nada raro -y peligroso-, pudiera pasar. Pero toda intención quedó interrumpida por un nuevo enunciado de la muchacha. ¿Me daba la razón? ¿Era ella la que capitulaba ahora? ¿Por qué? ¿Por preocupación silenciosa por mí si algo llegase a pasar? ¿Podía ser? Mi sonrisa se torció antes de, una vez más, girarme a mirarla. Mentalmente, ya preparaba cualquier comentario cliché a su rendición cuando, sin saber cómo ni porqué, Kya se asustó y al empujar la silla en la que se sentaba, fue a caer al suelo. Fruncí el ceño como primera reacción, antes de acercarme a ella, para ayudarla. No tardó en poner empeño para levantarse, aunque yo llegara a tiempo para sujetarle por el brazo y tirar de ella con extrema suavidad-. ¿Estás bien? -inmediatamente contestó. De nuevo, como si realmente aquel golpe que se había dado fuera de lo más normal y leve. Pero por el sonido que había hecho al caer, hacía pensar lo contrario. Alcé los antebrazos para sostenerla por los codos cuando ella misma se sujetó de mis brazos. Observaba sus movimientos, atento, para reaccionar ante lo inesperado, de ser necesario. El cubrirse la frente con su mano, o el posterior gesto de apoyarse en mí, inclinaban la balanza hacia la realidad de que, esa vez, su cuerpo ya no respondía acorde con lo que había dicho. Tan cansada parecía. Tan extenuada de mente que ya su propio cuerpo exigía descanso. Lo imploraba. Todo por una vulgar y pequeña araña que, en su paseo, había ido a trepar por el dorso de su mano, asustándola. Respiraba pesadamente, en su intento por recobrarse una vez más, sin llegar a conseguirlo. A mi mente volvió esa situación por la que pasaba, teniéndola tan tensa y sensible que por unas simples palabras de apoyo como las que yo había formulado, habían sido motivo suficiente para que rompiera a llorar-. No hay nada por lo que disculparte. -exceptuando el estruendo de la caída que podía haber resonado en los oídos menos convenientes y haber firmado mi sentencia en unos segundos. Pero, poca solución había ya. De hecho, no era lo que más podía preocuparme en ese momento. No pude evitar que, por todo lo sincera que había sido conmigo, contándome algo tan personal, mis brazos terminaran rodeándola en un abrazo que quiso ser significativo por mi parte. Por no haberlo hecho momentos antes, y haberme limitado a repasar su espalda y presionar una de sus manos, nada más, cuando estábamos sentados. Un gesto que hablaba mucho más que un “lo siento” o un “pobrecilla” y unas ligeras palmadas en el hombro.
Tal vez, le resultase incómodo o a destiempo, lo suficiente como para ella responder ese simple gesto, apartándose repentinamente, confusa y hasta molesta. Pero... pasaron los segundos y no lo hizo. Como aquella vez en su granja, en el que se aferró cuando tuve el acto reflejo de protegerla de aquel caballo y su temperamento.
No supe contar el tiempo que pude quedarme con Kya entre mis brazos, en silencio, compartiendo ese calor corporal que la lluvia había querido robarnos aquella noche.

Hasta que vi oportuno que nos limitáramos a quedarnos de pie, en mitad del cuarto, más tiempo-. Ven, anda. Te vendrá bien tumbarte un rato. -murmuré, apartándome un poco, rompiendo aquel abrazo por un lado, para señalarle la cama que ahora quedaba más cerca. No obstante, también me fue imposible no añadir cierta coletilla:- Y para que no me repliques, me tumbaré contigo. -sonreí, antes de deslizar esa mano que aún quedaba en su espalda hasta su cintura y así acompañarla. Apenas eran un par de pasos, pero no quería confiarme. No después de verla tan agotada y saber que apenas dormía. Tal vez, esa noche, se le había venido todo el agotamiento encima.

Con una paciencia impropia, dejé que se tumbara y acomodara, a sabiendas de que más temprano que tarde, reclamaría si yo no cumplía con lo dicho. Y el gesto de su semblante me hizo ver que así fue, cuando me demoré unos segundos demás. Le di la espalda, para sentarme en el borde y así poder tumbarme boca arriba, haciéndolo despacio y congestionando el rostro por la molestia de la herida. Cuando mi espalda estuvo totalmente sobre aquel lecho, se me escapó un suspiro. Si bien podía ser una situación insólita -yo en la cama con otra mujer que no era la mía-, no guardaba ninguna otra intención. Y tampoco daría explicaciones, pues no lo veía necesario. ¿Realmente hacían falta cuando había confianza? En eso procuraba basar siempre mis relaciones. Para aquellos que realmente me conocían era más que transparente, sin comportamientos intachables, más en cuanto a sentimientos se refería. Quizás, era el idiota más noble y fiel que pisara la maldita tierra. Y aquellos que pusieran en duda mis intenciones, bien podían ser tachados de necios. O simplemente, no me conocían.
Tampoco era la cama más grande de aquel lugar, pero los dos cabíamos de sobra. De ese modo, tanto Kya como yo, podríamos descansar aquella noche, sin excluir al otro de hacerlo-. ¿Mejor?
Huelga decir, que aún mantenía mis palabras de salir corriendo si la situación se tornaba complicada.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Mar Jul 04 2017, 07:01

En aquel momento, abrumada por el agotamiento y sensibilizada por el pánico que estremecía sus sentidos, se dejó ayudar, sosteniéndose del pelirrojo antes de acabar nuevamente por allí regada sin sentido. Mientras el silencio se apoderaba de la estancia y la calidez de los brazos masculinos la rodearon, envolviéndola, protegiéndole y haciendo que se sumiese en ese estupor que ahora... le era muy familiar. Como si el mundo pudiese quemarse, caerse a pedazos y por ese ligero momento... solo él parecía poder salvarle o mantenerle segura. Como si todo lo externo se desvaneciera y diera paso a algo nuevo y distinto. Sus labios dejaron escapar un exhalo, cansada a niveles que la hizo rendirse y sentir... diminuta. Hundiéndose en ese único abrazo en el que la castaña, se encontraba perdida y su tristeza...parecía revolverse y difuminarse como el humo que asciende de una vela apagada...nublando sus sentidos que sufrían un quiebre que nunca se imaginó sería posible y que había empezado esa tarde bajo el sol, en el corral de Tormenta... ¿Qué demonios estaba pasando con ella? ¿Por qué sentía que incluso ese abrazo era más de lo que ella merecía? ¿Por qué parecía estar perdiendo el control de sí misma, aterrada por la velocidad de la caída, al vacío de lo desconocido?

Quiso decir algo, pero no tuvo la voz suficiente para hacerlo, solo permitiendo a sus brazos finalmente, rodear con extremo cuidado los costados del resistente, aun cuando quisiera aferrarse con fuerza. No olvidaba que estaba herido y tampoco deseaba que la herida sufriera más de lo que probablemente ya lo estaba haciendo con tanto movimiento. Sus brazos presionaron un poco y sus manos se cerraron sujetándose de su camisa, mientras por un momento se permitía esconder su rostro contra su pecho, consciente de las cosas que él había preguntado y ella en su espantarse no había respondido y tal como la primera vez, el silencio se hizo...escondiendo su rostro un poco más, se permitió acurrucarse y contener aquellas nuevas lágrimas que amenazaban con escapar debido al nudo en su garganta. Conmovida por esa seguridad que desbordaba su calor y protección en ese tan importante gesto que significaba mucho y amenazaba con romper aquella barrera agrietada que empezaba a caerse y que ella se esforzaba en mantener, como quien intenta sostener una represa por sí mismo... si es que ya no estaba rota y el agua ya estaba desbordándose.

No supo exactamente cuánto tiempo pasó, pero en ese abrazo, sintió como sus ojos pesados, reclamaban descanso, como si en aquella tibieza contra él, pudiese por fin dejar de ser, dejar de pensar... sus hombros se relajaron y destensaron casi al instante, al punto de permitirse recargarse un poco más, escuchando los sonidos exteriores de quizá gatitos maullando, gotillas que aún caían de los tejados al suelo causando ese sonido conocido de salpique, voces lejanas, murmullos suaves y silencio...como si todo el peso que había cargado durante tanto tiempo, se desvaneciera y perdiera su forma en ese momento en que nada de aquello podía alcanzarla. Mientras el pelirrojo por fin rompía aquel abrazo y sumida en ese sopor no se rehusó a lo sugerido, dejándose guiar, hasta que procesó bien la frase “te vendrá bien tumbarte un rato”, frase que entendió tarde y levantó su empañada mirada dispuesta a replicar con un chasqueo de sus labios, luego interrumpida por él que parecía empezar a conocerla lo suficiente para saber cómo evitar que replicara de vuelta-... Bien... –dijo sonriendo sutilmente, agotada, pero satisfecha por aquel agregado.

Dejando que la guiara hasta aquella cama, donde apoyando una de sus rodillas primero, subió para gatear un poco y tomar su lugar junto a la pared, desplomándose sobre la sábana, emitiendo un profundo suspiro, sintiendo como si su cuerpo fuese de arena y ahora se derramara y entremezclara con el resto, formando suaves dunas como las arenas de Isaur. Y poco a poco este agradeciera la suavidad protectora de aquel rincón que casi logra arrancarla del mundo de los conscientes... y repentinamente el mundo dejó de girar, de ser... apreciando como todo se pausaba de nuevo y el agotamiento entumecía su mente haciéndola pensar en… con sus ojos fijos en el techo de madera, en las vetas de esta, las sombras y el destello de las velas que se habían apaciguado un poco, asombrandola, al darse cuenta que no pensaba en absolutamente nada, y aunque estuviera cansada, reaccionó lo suficientemente rápido para dirigir sus ojos azules al pelirrojo que aún estaba de pie “y allí va señor testarudez...” pensó, considerando levantarse, hasta que lo vio recostarse a su lado, boca arriba.

Acostándose de lado sobre su costado izquierdo, se quedó en absoluto silencio, con su espalda contra la pared, apoyando su cabeza en su mano izquierda, mientras su mano derecha se apoyaba en las sabanas, suspiró bajo, encarando al causante de que pareciera que todo se desvanecía y comprimía en una sola mirada compartida …una de aquellas ocasiones en las que solo guardabas silencio, incluso cuando había escuchado su voz formular ese suave “¿Mejor?” que no contestó y solo se limitó a mirarle en la oscuridad de aquel rincón donde comenzaba a sentir el sopor del cansancio y sueño acumulados. Asintió con lentitud, sin emitir sonido alguno, escondiendo un poco su rostro antes de tragar saliva y humedecer sus labios lo suficiente para sentirse segura de formular algo coherente. Su espalda dolía mucho más por el golpe, si bien ella no solía quejarse nunca, los dolores de espalda crónicos que atravesaban su columna eran continuos por el sobre esfuerzo, el estrés, las largas horas de trabajo a las que se sometía, sin descanso. Por lo que el recostarse en ese momento, fue bien agradecido por su dolorida espalda y su cansado cuerpo que ahora apenas si reaccionaba. Hasta que con voz suave y muy baja, murmuró- Dos años… -seguramente llamó la atención de él al decir aquello.

Él, murió hace dos años… -contestó la respuesta ya vieja que quizá el pelirrojo había llegado a pensar que no respondería. Mientras los dedos de la mano derecha de la mujer, jugueteaban con aquella sábana, prosiguió con adormecimiento- ...desde entonces he vivido una vida que no es mía… -su murmullo se hizo más suave- … por dos años… -dijo perdiendo sus ojos por un segundo en un punto perdido que no era exactamente ningún lugar-... haciendo lo que puedo, desde una postura tan cómoda...sin sacrificios, sin… quejarme… como si solo esperara la llegada del fin del trayecto… -confesó con suavidad, sintiendo como el cansancio hacía las veces de suero de la verdad y mientras cerraba sus ojos, proseguía dejando sus palabras, escurrir como el agua de un riachuelo desbordante- ...sin importar si podía o no -sus ojos bajo sus párpados, se sintieron humedecer, como si las lágrimas estuviesen prontas a escapar y la mano derecha que jugueteaba con los pliegues de la sábana, apretó agarre, cerrándose en puño-... consumiendome como una vela encendida...no como… ese fuego incandescente que llamea quemando todo, muriendo y reviviendo con la misma fuerza…-abriendo sus párpados, reveló sus ojos cristalinos como el agua pura, con un destello desconocido en ellos y a la vez tan familiar como ella misma.

Hecha flor, hecha una vulnerable hojilla al viento, enraizada y enmarañada entre mala hierba que amenazaba por ahogarla, pero algo estaba cambiando y ese algo, venía ocurriendo desde el momento que yacía resguardado en su memoria y ahora se abría paso en su mente, dibujando de nuevo en su mente aquel momento en que solo permanecía en silencio mirándole, antes de atreverse a formular su nombre y esperar...sentados en la tierra bajo el radiante sol. Aspirando el aroma a pasto por los extensos campos y aquella imantada sensación de vórtice que les acompañó y se hacía visible para ella... y aunque decirlo en voz alta parecía un crimen, muy en lo profundo de lo que ella era, sabia que aquel cambio había empezado allí, quizá incluso más atrás con la apertura de aquella puerta de madera...o habrá sido el momento en que decidió que pedirle aquel favor para que “compensara” el trabajo “extra” que ella no le molestaba realizar el doble o triple....

Su voz se tornó más baja, conforme sus párpados se dejaron caer de nuevo, finalmente siendo abrazada por Morfeo, musitando una última frase-...hasta que…..- sin sentido aparente, con sus últimos vestigios de consciencia antes de suspirar y por fin caer dormida con profundidad, con sus cabellos castaños regados, desprendiendo aquel aroma tan peculiar a lavanda y flores silvestres, bienvenida por el sueño, la luna y el cansancio a un festín de celebración por su pronta llegada. Porque esa… era la primera vez que temprano, comenzaba su descanso, sin nada más en su cabeza… sin miedos, sin alegrías, sin tristezas. Sin nada más que ella misma… su voluntad y aquellos suspiros.

“Te conocí”




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Jue Jul 06 2017, 19:16

Para lo guerrillera e independiente que había visto que era, Kya se dejó abrazar para mi sutil asombro. Se veía terriblemente agotada, como si el cansancio le pesase de repente sobre los hombros. Como si aquel susto y caída posterior, habían roto las sujecciones que conseguían mantenerla entera y aparentemente fresca. Pero con las pocas horas que me había dicho que dormía, era bastante fácil que estuviese así. Lo raro -y triste, en verdad-, era que no hubiese podido relajarse con anterioridad. ¿Cómo era capaz de aguantar tanto? No hacía falta ser un erudito para darse cuenta de cuán fuerte era aquella muchacha.
Pero absolutamente todos teníamos un límite.

Sentí ese temblor casi imperceptible, recorrerla, según nos manteníamos abrazados, notando ese sutil tirón en mi camisa por su agarre. No supe a bote pronto si era por el susto o por todo lo que se le había venido encima. Porque no podía obviar que, sin quererlo, había hurgado en unos recuerdos que eran dolorosos para ella. Vi normal que, aunque yo hubiese preguntado, no hubiera querido darme más información. No tenía por qué, tampoco. Su vida era sólo suya, por más interés que yo pudiera mostrar. ¿Qué iba yo a conseguir con saber cuándo comenzaron esas pesadillas a raíz del asesinato de su padre? ¿Consolarla? ¿Cómo? Si ni siquiera había llevado bien la muerte de mis dos hijos o la desaparición de mis padres o Rainreth. ¿Iba a ser capaz de calmarla lo suficiente como para que dejara de tener pesadillas? ¿Quién era yo para conseguir algo así? Un simple terrorista que había coincidido con ella tan sólo un par de veces...
Nadie, en realidad, en su vida, como para conseguir tranquilizar sus miedos y eliminar sus traumas.
Y menos en una noche y con un simple abrazo.
¿No?

Antes de que tuviese esa intención de replicar, supe acertadamente verlo y atajarlo, ofreciéndome para tumbarme junto a ella y así intentar descansar los dos. No se me pasó por la cabeza ninguna otra intención, más que favorecer que ella pudiera, por fin, dormir un poco más de lo habitual. Tenía la impresión de que esa noche sí podría descansar como debía. Tal vez pudiera ser esa precaria seguridad que le diera el hecho de que yo estaría atento a lo que pudiera pasar fuera y tener esa tranquilidad al pensar que yo no haría nada para perjudicarla.
Correspondí esa sutil sonrisa suya, en lo que la guiaba a la cama. Dejé que se acomodara en el lecho, viendo con cierta diversión cómo se dejaba caer en él. No tardó en dirigirme la mirada, señal más que suficiente para que yo hiciera lo propio y me acomodara también, limitando mis movimientos por la dichosa herida.

En el silencio de la habitación se escuchó mi suspiro de puro alivio, antes de preguntarle si estaba algo mejor. Pregunta que tampoco contestó. Podía molestarme su silencio a todas esas preguntas que Kya me dejaba colgadas, pero entendía perfectamente esa falta de respuestas. Yo mismo había hecho eso infinidad de veces. Era un hombre de gestos, más que de palabras. La gente que me conociese bien sabía leer lo que yo estaba pensando con tan solo una mirada.
Huelga decir que no eran muchas personas quien sabían hacerlo realmente.

No obstante, Kya terminó por asentir suavemente como escueta respuesta, cosa que, sin motivo aparente, me hizo sonreír. Supe notar que no estaba acostumbrada a algo así: la calma para poder recolocarse en la cama y tener ese par de minutos en los que dejas la mente en blanco para poder dormir, relajado.

Pero su murmulló me extrañó, haciéndome fruncir el ceño y recolocar un poco mejor mi cabeza sobre la almohada para verla mejor, aunque fuera en la penumbra de aquella habitación. Fuí a preguntar cuando Kya se me adelantó, consiguiendo que me diera cuenta de que era una de esas respuestas a mis preguntas. Tragué saliva entonces, mientras la escuchaba. Sus palabras llegaron a ser eco de lo que yo mismo le había dicho aquella vez en su granja. ¿Cómo era posible que hubiese tenido tal acierto? Nunca fui consciente de esa capacidad de ver más allá, y menos en un primer encuentro. Tan acertado que hasta me asustaba, por muy observador que fuese. Conforme la escuchaba más tristeza y rabía me llegaba a dar. "Como si solo esperara la llegada del fin del trayecto". Ese comentario podría esperarse de una persona entrada en años, pero, ¿de ella? ¿Por cuánta penuria había tenido que pasar para dejarse morir así? ¿Realmente lo quería? Porque Kya era aún demasiado joven para no querer vivir más. Claro que, en las condiciones en las que estaba, ¿quién tenía ganas, hundida en una rutina desgastante, como vórtice que te consumía cada día?

Mis azules la observaron mantener la mirada perdida, con su mente centrada en sabediosqué, engarfiando sus dedos sobre la sábana conforme Kya viajaba por esos pensamientos y recuerdos... hasta que sus párpados cayeron definitivamente e, instantes después, su consciencia se hundió en el mundo de los sueños, dejándola con la palabra en la boca y a mí con la intriga de esa continuación. ¿Cuál había sido el punto de inflexión? ¿Realmente había cambiado algo? Porque su castigante rutina parecía seguir siendo la misma: pura entrega a sus pacientes sin pensar en nada ni nadie más, saltándose el toque de queda, hasta para ayudar a un proscrito como lo era yo. La respiración densa de Kya pronto se hizo notar, evidenciando la profundidad del sueño en el que había caído. Apenas un rato después de dormida, su cuerpo buscó la calidez del mío, removiéndose ligeramente. Sin darme verdadera cuenta, mi mirada se fue desenfocando y mis párpados también cayeron minutos después, sumiéndome en un sueño sospechosamente tranquilo, para mis costumbres.

Y, como si estuviese de regreso en las cuevas con mi familia, descansé, pese a la tensión que mantenía que volvía mi sueño una sutil vigilia por el temor a que me descubrieran. Pero nada pasó. No hubo ruidos ni sobresaltos. Tan sólo unas horas de sueño que fueron reconstituyentes para ambos.

Cuando desperté, apenas despuntaba el alba y la poca luz que había se colaba por la ventana, vertiendo algo de claridad a la estancia. Me encontré a mí mismo prácticamente en la misma posición en la que me quedé dormido. Lo único distinto era que me encontraba mirando al techo. Con sumo cuidado, mis azules volvieron a buscar el rostro de mi compañera, para encontrarla durmiendo plácidamente todavía. Sin más, sonreí con la misma suavidad, satisfecho, podría decirse, de que Kya aún estaba sumida en ese sueño que prometía ser reparador para ella.

Con aún más cuidado para no despertarla, me moví para incorporarme y poder sentarme en el borde de la cama. Los puntos en la herida apenas tiraban ya, por lo que me fue mucho más fácil. Con sigilo, me levanté y caminé hacia la ventana para ver amanecer. Un capricho del que me gustaba disfrutar en las Montañas, algo que no había podido ver hasta que salí de la red de alcantarillas y a lo que me había aficionado con suprema facilidad.
El astro Rey fue ascendiendo conforme pasaban los minutos. Pero mis azulados orbes no se apartaron hasta que ya notaron esa difícultad propia al mirar al sol. Fue entonces cuando escuché un suave ruido amortiguado que me hizo volver la mirada hacia el interior. Y suavemente, sonreír con un atisbo de travesura en mis labios-. Pensé que no volverías a despertar. -bromée claramente, sin llegar a apartarme de la ventana-. Buenos días...




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Lun Jul 10 2017, 09:05

Quizá soñó con algo, quizá alguna memoria pasó por su inconsciencia, pero si lo hizo… no lo recordaría, a lo mejor… estaba muerta. Y es que estar muerta era lo más factible, su cuerpo no encontraba esa paz nunca, su dolorida espalda, por la que a veces lloraba hasta dormir del dolor crónico que muchas veces le torturaba… se sentía como si estuviese realmente curada, y un denso sopor se apoderaba de aquel castigado cuerpo que había añorado ese nivel de descanso desde hace tanto tiempo. Inconscientemente había sentido la compañía, el calor de alguien que le había regalado aquella sensación de seguridad que ahora le tenía sumida en el sueño más profundo y que cómodamente podría robársela por un tiempo más.

Una suave brisa acariciaba sus cabellos, mientras sentía como el calor del sol le despertaba con cosquilleos dulces en su piel, haciendo que abriera lentamente sus ojos azules y ella despertara en un campo verde, con florecillas blancas que se balanceaban con el viento que ahora removía sus cabellos que se tornaban rojizos bajo el sol, con sus manos apoyadas en el pasto, veía montañas azuladas, de distintas tonalidades que indicaban la perspectiva de lejanía, pinares dibujando una sombreada línea en el horizonte junto a estas, pajarillos y silencio- donde estoy….?... -se preguntó a si misma mientras reconocía aquel paraje con el que ya habia soñado antes, se erguía y se levantaba en aquel campo verde, girándose para apreciar unas hermosas montañas nevadas a sus espaldas y lo tranquilo que se sentía. Podría quedarse allí para siempre…

¿Para siempre? …

Ante ese pensamiento, la muchacha, inhaló profundo, pensando en la paz que ahora sentía, una paz que no había sentido antes y la embriagaba con aquel aroma silvestre de las flores y el pasto húmedo que bajo sus pies descalzos acariciaba sus plantas y le hacía inclinarse para tomar una de las tantas flores...una amarilla, como los dorados rayos del sol, que ahora intensamente le regalaban un cobijo seguro… espera… ella no estaba en un campo de flores, no estaba en un lugar tan hermoso… y ante aquella realización, en un inhalar, retrocedió...topándose con un acantilado a sus espaldas, donde casi había caído al perder el equilibrio ligeramente, el viento soplaba fuertemente, entre el neblinoso precipicio de rocas oscuras y fondo eterno.

Estaba atenta con miradas sobre su hombro derecho. Volviendo a ver al frente para encontrarse con Dánae-... ¿Nana?... -preguntó bajo su aliento y fue casi en una fracción de segundo cuando observó la frialdad de sus ojos, el reproche, el rechazo y la ira- … Nana… -trató de extender una mano hacía ella, cuando está tomando impulso,  la empujó con ambas manos hacia el abismo, al que en una lentitud exasperante, comenzó a caer. Y caer… al vacío… a la nada, a la oscuridad y la terrible sensación de desolación… sus lágrimas quisieron escapar pero, al cerrar sus ojos, nada pasó, una sensación acuática la abrazó… rodeó su cuerpo, la sujetó en un único abrazo cálido, su cuerpo laxo se rindió a la inconsciencia en aquel sueño, sintiendo las caricias de las corrientes tibias, antes de siquiera poder emerger, rescatada.

Sintió un cálido abrazo que le hizo abrir los ojos y...recuperar la consciencia, sin recordar en lo absoluto, nada de aquel sueño que ahora era ajeno a su memoria, pero que con dulzura la había abrazado y ahora lamentaba haber tenido que abandonar la seguridad de ese abrazo que le había salvado de una muerte segura. Su cuerpo, acurrucado en la cama, apenas si respondió a ella, sintiendo como si hubiera dormido meses enteros y apenas recordara lo que era ser persona, su diestra… aun apoyada en las sabanas, acarició estas, como si verificara que estaba despierta, sintiendo la tibieza que contenían y ese olor tan particular que le acompañaban e inundaba sus sentidos ahora. Y que respiraba y le era familiar de alguna manera, reconfortante... apenas se movió entre inhalaciones profundas y un remover silencioso, acompañado de un bostezo suave y un enfocar al parpadear varias veces.

Fue cuando una voz masculina le dijo alguna cosa que primero no captó, pero luego la hizo abrir sus ojos de nuevo y recordar brevemente que la noche anterior aquel pelirrojo se había recostado a su lado, que había dormido allí justo donde… abrió sus ojos, dándose cuenta donde había despertado. Más cerca de donde él se había acostado, ¿Se había acurrucado cerca de él? … un calor extraño se apoderó de su cara, junto a un escalofrío que seguro le había erizado hasta la nuca “ay no….qué vergüenza…” pensó queriendo recordar si le dijo alguna cosa por la que tuviera que esconder su cabeza en una bolsa de papel con agujeros…agradeciendo que aún la estancia estaba no tan iluminada del todo y sus cabellos sueltos caían en ondas sueltas sobre sus hombros y estos cubrían su rostro, poco a poco al empezar a erguirse, empujándose hacia la pared y así apoyarse mientras se despertaba- ...Buenos días… -contestó llevando sus manos para frotar su rostro varias veces y bostezar, emitiendo un sonido de desperezo que parecía más bien un suave jadeo.




Su mano derecha se movilizó hacia su cuello, el que masajeó con presiones acompasadas y ahora ladeaba su cabeza, apartando de sus hombros su cabello largo y finalmente abrir sus ojos que se enfocaron en las luces del amanecer que ingresaban por la ventana y se reflejaban en la madera del techo de la estancia. En completo silencio, siendo consciente de cómo su cuerpo había descansado propiamente… y sintió miedo, un miedo que la hizo girar su rostro de a pocos hasta dar con la silueta del  pelirrojo que estaba de pie en aquella ventana, una imagen que la perturbó hasta la médula, al ver los rayos del sol iluminarle de aquella forma, mostrarle sus rojizos cabellos liberar esos destellos tan peculiares que ahora parecían cambiar a un rojizo profundo, su perfil… sintiendo una pulsación dolorosa en su propio pecho, reconociendo que él había sido el causante de aquella tranquilidad que la había abrumado hasta el punto de permitirle dormir tanto.

Su impávido semblante, adormecida, permaneció fijo en él, en sus ojos azules que centelleaban, en su forma de mirarle, en sus hombros y la camisa que portaba y entonces recordó la herida. Por un momento, quiso preguntarle “¿Quién eres tú?”. Ella deseaba correr, tomar sus cosas y escaparse para nunca volver, sintiendo el aliento robado y aquella sensación de familiaridad que había puesto su mente en blanco. Paseó sus ojos azules por el torso del resistente y llegó a la altura de donde sabía estaban las vendas que había colocado la noche anterior- ¿La herida?... -fue su pregunta en apenas un murmullo, escuchando su respuesta, mientras asentía con suavidad- Quisiera echarle un vistazo antes de cualquier otra cosa… -dijo en el mismo tono de voz, mientras su mano izquierda, que estaba fuera de la vista, apretaba las sábanas con una fuerza que ella no lograba comprender, un suspiro escapó de ella antes de preguntar luego de unos cuantos segundos dispersa- ¿Descansaste?... -preguntó entonces, moviendo su cuerpo para arrodillarse y con mucho cuidado, apoyar sus pies descalzos en la madera y con cierta lentitud y somnolencia, caminar hacia él, deteniéndose justo a su lado, de modo que el sol lograba que sus cabellos también lucieran de un rojizo fuego, mientras apoyaba su mano izquierda sobre el brazo derecho masculino y mirar por un momento por la ventana a cómo el sol parecía pintar los tejados de los colores del amanecer.

El frío de la mañana podía sentirse, escucharse los murmullos de los madrugadores que empezaban jornada de trabajo, los cascos de los caballos, las ruedas de carreta, olerse el pan fresco y … algo distinto. Algo diferente, algo que ella misma no lograba identificar y ahora estaba logrando que sintiese en trozitos, su mente normalmente clara. Su ceño se frunció ante la pregunta- también… -por un momento quizá fue más honesta de lo normal- demasiado bien… -respondió sin atreverse a mirarle aún, hasta que movió su rostro con extrema lentitud para alzarlo y verle a los ojos. Ese amanecer era de temer...aquella inquietud calma que revoloteaba en ella, demasiada tranquilidad para su abatida alma, para su mente, para ella que ya se había acostumbrado a una rutina agotadora y esa noche se había quebrado en pedazos dando paso a lo que no podía musitar. Mientras buscaba cómo re-enfocar sus pensamientos de nuevo.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Vie Jul 21 2017, 07:41

Siendo honesto, la manera que tenía Kya de desperezarse le daba un aire tan frágil como tierno, poco común en la sanadora que yo había conocido hasta el día anterior. Un aire que invitaba a velar por ella, más de lo que yo ya lo hacía. Después de todo, no dejaba de ser para ella un desconocido con el que había coincidido sólo dos veces. Aunque no podía decir que estuvieran exentas de sucesos intensos que nos habían llegado a poner más al límite de lo normal. De hecho, por mi parte no había dejado de vivir más al límite desde que la conociera, volviendo a ser el que era, encontrándome con ese Trystan que había llegado a disfrutar enormemente con el explorador que había sido. Por eso, había conseguido aprender a controlar mis demonios tremendamente. Por eso y por la gran ayuda de Thareon, claro. Era así como, pese a mi precaria situación, había vuelto a disfrutar de lo que había llegado a ser yo. Y, tal vez, como consecuencia, volvía a preocuparme por aquellos que estuvieran conmigo. Y, en ese momento, era Kya la que tendría que refutar mi ayuda y replicar a mi preocupación por su bienestar. Toda una desgracia, sin duda.

Pareció que había descansado tan bien que la realidad volvió a ella con toda la parsimonia del mundo. Como si no hubiera prisa o esa tranquilidad en el sueño, prevaleciera en la consciencia. Hasta que estuvo lo suficientemente despierta para recordar en parte la razón por la que estábamos ahí. Sonreí por la pregunta-. Mejor. Ya casi no me duele. -lo cual era verdad. No obstante, el hecho de que quisiera echarle un vistazo, llegó a tensarme un tanto-. No es necesario. Todo va bien. -enuncié, aunque el verla levantarse del lecho y acercarse, demostraba su tenacidad-. En serio, Kya. -insistí cuando ella llegó junto a mí-. Va por buen camino, no te preocupes. -añadí, como si así consiguiera mermar esa curiosidad sanadora suya. Podía entender que quisiera revisarla, como curandera entregada que era pero, ¿alguna vez cedería? Porque para ceder, había que tener confianza. ¿Y qué confianza podía darle yo? Terrorista exconvicto, buscado y peligroso. Ninguna aparentemente.

Claro que, por mucho que pusiera esa descripción en los carteles, algo me decía que no era la impresión que Kya tenía de mí. No por nada, me había ayudado las dos veces que nos habíamos visto. Y yo sabía que era inteligente como para discernir lo que podría pasarle si la descubrían conmigo.
Huelga decir que yo era el primero que quería evitarle tanto mal.

Pero, ¿entonces? ¿Qué estaba haciendo para no haber salido ya de aquella habitación, devolviéndole esa inmunidad ante los dragones por su inocencia? Debería dejar de soñar. Tanto se esforzaba en su trabajo que estaba seguro que yo no era la primera persona fuera de la ley que conociera. Ella sola se estaba arriesgando, tal vez, más de lo que debiera.

Mis azules se deleitaron observándola un momento en silencio, mientras ella perdía su mirada en el espectáculo de luces que aún se atisbaba pese a que el sol ya no hacía el mismo efecto en la línea del horizonte. La ciudad apenas despertaba y los primeros ruidos matinales ya adornaban el ambiente, llenándolo paulatinamente de esa vida que despertaba. Una imagen que se me antojó extraña y tiernamente hermosa. Porque sí, antes que pareja, era hombre. Y aunque Kya me parecía guapa, no iba a negar la evidencia por mucho que mi fidelidad la tuviera la morena que me esperaba en las cuevas. Aunque claro, ¿qué iba a saber yo de la triste realidad que me aguardaba en aquel lugar, cuando regresara? Otra tragedia que se sumaba a las que ya había pasado y que, como todas con anterioridad, tendría que superar. Pero no era algo que me preocupase en ese justo momento, en el que Kya, tal como estábamos, esperaba mi contestación:- Sí, no puedo negarlo. Aún en estas circunstancias. -que eran el dormir en una posada, con una herida complicada y una muchacha que nada tenía que ver conmigo. A nivel personal, al menos. ¿O sí? Inflé mi pecho, casi incapaz de apartar mis inquisitivos azules de aquel rostro, permanecí en silencio un par de segundos más-. ¿Y tú? ¿Has dormido bien? -me interesé. No por quedar bien. Realmente, el verla tan abatida y tan cansada la noche anterior, llegaba a inquietarme. Por muy extraño que pareciese. Por poco que nos conocieramos. Esa sensación de franqueza que inundaba mi pecho con aquella muchacha me hacía sentir como si ya la conociera. Como esas historias que había llegado a leer de almas etéreas viajando a través del tiempo y de la historia, en esa eterna búsqueda por la otra. ¿Podía ser? Lo cierto era que ni yo entendía esas cosas. Quizás la realidad en la que se escribieron aquellos libros era demasiado diferente a la actual. Sin tanta censura, donde la gente pudiera dar rienda suelta a su imaginación y pensar que había algo más allá de esa conexión visual o física entre personas. Una sensación que era tuya y no te pertenecía al mismo tiempo. Un hormigueo raro en las yemas de los dedos que te incitaban a alzarlos y tocar. O en los labios, por más que me los mordiera sutilmente. O ese afán inexplicable de mis zarcos orbes, por buscar los suyos.

Sonreí abiertamente, aunque arrugara el ceño con levedad al escuchar ese añadido tras su primera respuesta. ¿Acaso se arrepentía de haber podido dormir después de tanto tiempo?Aún quedaba por ver el efecto de todas esas horas de sueño cuando se espabilara un poco más-. Nunca es demasiado si al final estás mucho mejor que cuando empezaste. -le guiñé un ojo, como si le estuviera dando ese esperado consejo de un sabio que no era.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Sáb Jul 22 2017, 00:29


No es que creyera que el pelirrojo era incapaz de cuidarse solo, al contrario... la fortaleza de su contextura física lo decía, su ojo clínico no había perdido los detalles de la fortaleza de sus músculos que firmes hacían gala de su presencia bajo esa piel marcada por cicatrices, y recordaba muy bien la lesión que su mano izquierda había sufrido bajo la presión y fuerza en estrés de las manos de él... manos que tan dulcemente habían tomado las suyas la noche anterior y le había costado dejar ir y ahora tenía el extraño antojo de extrañar. Era un hombre inteligente, lógico... y eso poco se veía en personas comunes... pero ella ya sabía que él, no era común, porque si no, no sentiría la vulnerabilidad emocional que le costaba y se rehusaba a admitir y mientras sus ojos se sumergían en aquellos azules...

Azules que ahora reflejaban el amanecer de aquella forma tan peculiar, en la que sus luces cálidas creaban destellos y descubrían para ella ese color puro y tan transparente como ventanas al alma del hombre que era... y ella deseaba asomarse y mirar un poco más, el como el sol iluminaba sus facciones, en como esa serenidad se contagiaba de la forma más sutil y suave... como si fuese una nube que le abrazara y transmitiera paz... notando con solo un primer vistazo en medio de esa calma... en su semblante, que él poseía una carga más pesada de la que alguien normal podría cargar, no sabía que era lo que exactamente le hacía sentir aquello... pero sintió aquel impulso que la primera vez le había llevado a sentir la aspereza de su barba... un cosquilleo en su mano, en sus dedos... por trazar un camino suave y... reconfortarle. ¿Podría? Podría intentarlo, pero ¿Era correcto?

La mujer esbozó una sonrisa pequeña que acompañó las palabras dichas por él, encontrando cierto alivio en el pensar que en efecto... se sentía mucho mejor. Pero que al mismo tiempo y contra todo pronóstico, iba en contra de las leyes normales para ella, tan en contra que le costaba acostumbrarse a que esa mañana su cuerpo parecía contener una mayor dosis de energía, e incluso su humor se veía alterado a un estado de extraña tranquilidad que había logrado que aquella sonrisa pequeña, surgiese de la forma más natural, rodeada de un aura distinta a las sonrisas ácidas que tan normales eran en ella cuando estaba en su estado “trabajador”, no... esta sonrisa era distinta. Poseía la dulzura femenina que la sanadora luchaba por esconder en su diario vivir, llena de encanto y una naturalidad que acompañaba esa ternura protectora que ahora poco a poco se volvía a esconder mientras atenuaba su sonrisa y levantaba su semblante para verlo de nuevo- Y aunque ya no te duela esa herida... quisiera asegurarme que podrás marchar a casa, sin accidentes... –susurró.

Y fue cuando se atrevió, a levantar sus manos y con una cautelosa suavidad, posarlas sobre su bíceps derecho y su antebrazo, presionando apenas un poco para con suavidad entregar unas tranquilas caricias, que con sutileza complementaban ese brillo en sus propios ojos azules que como espejos reflejaban las luces del sol mañanero, al igual que sus cabellos que, aunque eran de tonos amarronados, en ese momento parecían fuego mismo, rojo, con tonalidades naranjadas, sintiendo como sus dedos ejercían una suave presión en ese brazo fuerte al cual se aferraba... instintivamente. Sin alejar su vista de él atenta a cada gesto que realizara, guardando silencio de nuevo, ante el cual fue nuevamente consiente de aquel impulso que deseaba hacerla depositar una de sus manos en una de sus mejillas, sentir su calor y de alguna manera, demostrar su preocupación.
Más, permaneció así, allí...

Desviando finalmente su mirada de la de él, rehuyéndole ante la aceptación de que aquella mañana era diferente para ella en muchos sentidos. Perdiendo sus ojos en los tejados de la ciudad, mientras notaba como la vida comenzaba a abrirse paso por las calles que durante la noche habían quedado silenciosas, habiendo ahora, más ruido de las madrugadoras almas que creían en el aproveche del día en toda su extensión, desde que el sol despuntaba, hasta el anochecer donde las lagartijas como ridículos monstruos deseaban controlar incluso las horas de los habitantes... por eso odiaba la ciudad, por eso... odiaba trabajar allí, siendo que a las afueras podía simplemente quedarse hasta tarde fuera de casa, usualmente trabajando o haciendo alguna cosa que le apeteciera, el ruido, el exceso de dragones imitando una vida que no les pertenecía, con sus estiradas personalidades creyéndose mejores y con más derecho que los humanos a tener o poseer.

Aquel aferre en su brazo, comenzó a tornarse un poco más suave, dejando que estas fuesen solo caricias, mientras realizaba y se daba cuenta de que tampoco podía forzarle a que se dejara cuidar, por una extraña razón que ella desconocía... o más bien conocía, pero se forzaba a ignorar, quería asegurarse que estaría bien. Una preocupación más allá de lo que ella normalmente solía expresar, la misma que, en primer lugar, le impulsó a abrazarle en ese momento en que creía que se estaba desmoronando, esa tarde en su granja... y la misma preocupación que despertó cuando lo vio tirado en el suelo con aquella daga incrustada... un nudo se formó en su garganta por unos segundos antes de contener ese sentimiento abrumador que la hizo, poco a poco aflojar más su agarre hasta que apenas sus dedos rozaban su brazo y ella preservaba las palabras que deseaban escapar- Tienes que tener más cuidado... así como dices que debo tenerlo yo... debes tener mucho más cuidado.... – repitió “por favor...” pensó para sí, sin atreverse a mirarle aún- ...no eres invencible... –dicho eso... sintió como una suave y fresca brisa mañanera ingresó por la ventana, llamando su atención, removiendo sus cabellos con suavidad.

Llamando su mirada por unos segundos, logrando que sonriera un poco, con cierta nostalgia y mostrara un arquear de sus cejas con cierta diversión, mientras ladeaba su cabeza un poco y entornaba sus ojos en un gesto suspicaz y vivo, energético y más despierta- ... Deja de ser un terrible paciente y déjame asegurarme que está bien...  –dijo con suavidad, volviendo a aferrar su brazo para tirar de este un poco- ... prometo no insistir una vez que lo vea y me quedaré absolutamente tranquila y te consideraré libre de mi terrible yugo escrutador... –dijo mordiendo su labio inferior, alzando sus cejas y su mentón- ¿Acepta usted, mi propuesta? ¿O deberé utilizar métodos poco ortodoxos para sentarte y revisarte?  ...- Con la amenaza fugaz en sus espejos que hablaba de terribles tomadas de oreja y otros métodos para lograr que hiciera caso- Lo estoy pidiendo MUY gentilmente... si te sirve de algo. –Una sonrisa de gato de Cheshire, centelleó, revelando con creces aquella personalidad radiante que, gracias a aquel descanso, salía a flote tan fluidamente como la fresca brisa mañanera.

Debajo de aquella terquedad, había sin duda una dedicada mujer que no olvidaba su compromiso para con lo que había entregado su vida, la sanación era su vocación y lejos de ser un obstáculo, le regalaba una tenacidad sensata que llamaba muchas veces a esos arranques en los que se había arriesgado más de una vez por ayudar a alguien- Oh si... hablo en serio ... –sonrió llamando a la sonrisa del resistente- No, no voy a ceder... ni un poquito –habló de nuevo comprendiendo cada mirada que le echaba y sin dudarlo, capturaba una pizca de picardía. Obstinada y necia, encantadoramente necia.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Sáb Jul 22 2017, 20:11

¿Había dicho ya que se la veía más relajada? La diferencia era tan importante que hasta yo, en aquel simple recorrido del lecho a la ventana, lo había notado. Pareciera aún que no abandonaba el mundo de los sueños completamente y la luz intensificándose a cada minuto le hacía emanar un halo de ternura tan sutil que había que estar atento. Y yo, en ese momento, justamente lo estaba.
Por un momento, pensé que todo ello, sumado a la poca importancia que yo le daba a mi herida, en conjunto, serviría para que Kya no insistiera en verla. Pero no fue así. Y así me lo hizo saber en ese susurro que acompañó con una sonrisa tenue y dulce, que me hizo tragar saliva, cuando alzó su mirada a la mía. No pude evitar tensarme por su insistencia. Si quitaba la venda podría ver un proceso de cicatrización más rápido del normal. Y, de ser una persona cualquiera, no tendría más misterio. Pero sabía que Kya notaría algo así, pues para un humano normal, de un día para otro, el corte y los puntos tirarían, sería más que incómodo. Sin embargo, a mí ya no me tiraban, claro signo de que aquel desafío me brindaba un proceso de curación mucho más rápida de lo normal en humanos. Y tenía claro que Kya tenía en mente los tiempos necesarios para que una herida de mi calibre sanara-. Los accidentes pueden pasar tenga esto curado o no. -advertí con suavidad, y la sonrisa torcida-. No te preocupes tanto por este paciente obstinado que pretende no ser una carga que inquiete tu tranquilidad. -enarqué las cejas al decirlo, en lo que ella posaba sus manos en mi brazos, presionando sus caricias como si así fuese a capitular y dejarle hacer sin reticencia. Como si ese niño tenaz, ocultándose por temores, cediera ante tal muestra de afecto. Desde luego, Kya parecía saber qué teclas tocar y el momento preciso para hacerlo.

No obstante, había algo que me instaba a mantenerla al margen de todas esas preguntas que pudieran atacarle en cuanto sus ojos se fijaran en aquel corte cosido y entendieran que la sanación no estaba siendo normal. Lo que no llegaba a entender era el porqué de ese afán protector. Por más que pudiera darle vueltas en esos segundos que pasaba junto a ella, en un silencio para nada incómodo, no conseguía saber la razón exacta. Huelga decir que yo solía ser protector con todas esas personas que llegaba a conocer y con las que llegaba a tener confianza y apreciar en mi día a día. Y Kya, sorprendemente, se había hecho hueco en ese grupo con tremenda rapidez. Así, sin apenas conocernos, parecía inquietarnos el sino del otro, que no tuviera complicaciones ni encuentros inesperados y nefastos para la integridad física. Una persona desconocida en mi vida que, ni de lejos, sentía como tal. Mas no dejaba de antojárseme inverosímil.  

Ladeé un poco la cabeza, enternecido por su siguiente susurro, repetición de mis palabras de que debía ir con cuidado. Una vez más, esa preocupación presente entre ambos, sin más explicación. Aunque no me mirase, sonreí, negando sutilmente. Sorprendido una vez más por esa desasosiego por mi seguridad. No recordaba que alguien a quien apenas acababa de conocer se angustiase por algo así. No tenía mucho sentido en realidad, pues por ser quien era, estaba claro que vivía en un peligro diario y constante-. No, claro que no lo soy. -era bien consciente de mis limitaciones, fueran las que fueran. No dejaba de pertenecer a una raza que era inferior a la hegemónica. Una que no tenía reparo en aplastar a los que pudieran tener por debajo. Fueran humanos o desafiados. No pude apartar mis azules de su rostro, cuando de nuevo, volvió a mirarme, con un gesto en su semblante que derretiría de admiración a cualquier hombre en la tierra. Se me hizo inaudita ya esa comparación de la Kya taciturna, seria y tensa que había conocido, frente a la misma muchacha con unas horas de sueño profundo. Tan sólo eran pequeños matices en sus gestos, nuevos aires y aquel halo que ya había mencionado que le daba cierta magia al momento. Mi sonrisa, desde luego se marcó más, cuando, tras tomarme del brazo nuevamente me instó a que dejase de ser tan terco. Algo de lo que, sin duda, estaba pecando ella también. Sus palabras provocaron que acabase riendo por lo bajo, en cuanto formuló esas dos preguntas. Y más con aquellos añadidos y esa sonrisa pronunciada suya que llegaban a hacerme olvidar la inquietud que pudiera tener aún, sabiéndome en Talos a plena luz del día. No sin antes dejar que viera ese brillo reticente en mis azules y enunciando tenaces palabras que me dejaban claro que no aceptaba un “no” por respuesta-. Pese a que me tienta muchísimo saber qué métodos son esos, teniendo en cuenta que estoy herido... -maticé con las cejas alzadas, elevando el antebrazo que ella tenía sujeto para llegar a cubrir su codo con la palma de mi mano. Acostumbrado a métodos realmente crueles y disuasorios, ni de lejos, contemplaba que las maneras poco ortodoxas de las que hablaba Kya se limitaban a un simple tirón de orejas o algo igual de inofensivo. No obstante, algo me decía que, siendo sanadora y aún sabiendo realmente los puntos más débiles de la gente, Kya era incapaz de hacer daño a nadie-. Aceptaré la propuesta. -contesté finalmente, manteniendo esa sonrisa que ahora mostraba la hilera de mis dientes entre mis labios. Muy acorde con la suya, debía añadir. Con un suspiro, finalmente capitulé. No ganaba nada volviendo a replicar, de una manera distendida y divertida cuando ella sólo quería echarle un vistazo a la herida.

Pero como bien había mencionado antes, era eso justamente lo que me tensaba.

Mi semblante mostró cierta resignación inofensiva, antes de apartar la vista de la suya y buscar un par de segundos por la estancia, para luego mirar por la ventana, con gesto pensativo, sopesando la cantidad de luz y la distancia, y terminar en el precioso azul de sus ojos. No estaba contemplando siquiera la posibilidad de que nos vieran a través de ella. No podía haber nadie tan cotilla, ¿no?

Amplié de nuevo mi sonrisa al verme tentado y sucumbir a la tentación de explicar el motivo de esa diversión que brillaba en mis ojos. Me aparté entonces apenas un paso de la ventana y, en consecuencia de ella, rompiendo todo contacto antes de alzar mis dos brazos para asir la tela de mi camisa que cubría la parte superior de mi espalda-. Te iba a preguntar... -dije justo antes de tirar para sacarme la camisa por la cabeza, hacia delante, aún ocultando mi torso a Kya con mi propia camisa-. Si tenías algún reparo en que me la quitara. -continué sonriendo, mientras sacaba la prenda de mis propios brazos y la enrollaba en el brazo contrario al lado de la herida-. Pero luego recordé que por tu profesión y lo de anoche, no tendrías problemas. -mi sonrisa era tan amplia que estaba al borde de la risa suave. El dolor que había sentido la noche anterior al hacer el mismo movimiento ahora había sido una leve molestia que sólo congestionó mi rostro por un instante. Otro suspiro emanó de mis labios, aunque en cuanto Kya hizo por acercarse, antepuse mi mano, medio cerrada, con el dedo índice semilevantado-. Te asegurarás de que está bien. -mencioné, como había dicho ella misma, bajando mi mano, quitando ahora todo impedimento entre nosotros. Mi sonrisa había menguado en mi rostro, ahora tenso, sabiendo que esa advertencia podía despertar en ella la misma inquietud-. Y te quedarás tranquila, veas lo que veas... -mi gesto en apariencia serio, volvió a dejar ver una sonrisa sutil, calmando ese ambiente tirante que se había generado de forma imprevista por mi aparente cautela y reparo a que Kya me viera la herida-. Lo has prometido. -ladeé la cabeza, y con esto, la curva en mis labios se marcó más, divertido por esa tentativa de jugar con su preocupación, de una forma del todo inocente. A sabiendas que, efectivamente, no se quedaría tranquila al darse cuenta de lo rápido que aquel corte había sanado, aunque aún le faltase algo de tiempo.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Dom Jul 23 2017, 09:23

Las risas de las personas empezaban a escucharse, al saludarse, camino a sus trabajos. El pasar de los caballos, sus cascos sobre las calles adoquinadas, los pasos de las personas y el cacareo de las gallinas en venta, los pasos por el pasillo de madera, bajando escaleras y subiéndolas con calma, conversaciones tranquilas y aún algo adormiladas, lo suficiente como para acompañar al sopor mañanero, que ya empezaba a espabilarse, gracias al pelirrojo que estaba delante y aquella forma tan peculiar de lograr que sonriera, aceptando por fin su petición de revisarle una última vez para asegurarse que todo estaba en orden- Los accidentes pasan.. pero tú no tendrás uno por que no quieres preocuparme... –dijo entonces respondiendo con una sonrisa más amplia, para sacarle una risa nueva de su parte-... No sería una buena sanadora si no me preocupara por mis pacientes obstinados... –dijo sonriendo, dejando que el agarre de su brazo no cediera, disfrutando del calor reconfortante que transmitía aquel tacto de la mano masculina en su codo- ...son los que más ayuda necesitan...

Terminó aquella frase, con una sonrisa tenue que sostuvo por breves momentos, mientras dejaba que divagara solo por unos segundos y cuando estuviese listo, se dispusiera en postura para que ella pudiera hacer lo suyo. Ladeando su rostro lo suficiente para entre cerrar los ojos ante aquella nueva sonrisa de criatura infernal por hacer arder un granero, intrigaba cada esquina de la ojiazul...por lo que debiera estar pasando por la mente del resistente que, en un movimiento repentino, hizo espacio entre los dos y así como fue repentino lo primero, lo siguiente también. Retiró sin problema su camisa y la hizo a ella, entre abrir sus labios, con una advertencia muda sobre el cuidado que debía tener.... cuidado que no fue necesario... porque su movilidad era perfecta. Sin embargo, en ese momento la sonrisa ladina que ostentaba el hombre, era descaradamente pícara, lo suficiente para hacer que la muchacha entornara sus ojos y mordiera su labio inferior para retener una sonrisa, desviando sus ojos hacia la mesa, a la que se acercó para rebuscar en su bolsa por un nuevo rollo de venda y, volviera sus ojos de reojo hacia él antes de por fin responder- ... Claro que no tengo objeciones al respecto... –dijo casi de inmediato, con una entonación que realmente deseaba ser profesional.

Notando como se mantenía cubierto, hasta que retiró del todo la prenda y los ojos de la sanadora fueron a dar al torso desnudo que ahora era iluminado por la luz del día y descubría para ella un mapa distinto. Todo un paisaje distinto... MUY diferente, las cicatrices, las marcas ahora eran más notorias, aquella cicatriz en su pectoral izquierdo, una a una, algunas ya sanadas y del mismo tono de la piel...otras, en proceso. A veces deseaba frenar su acelerada e inteligente mente que solo necesitó ese fugaz vistazo para crear un plano del tipo de herramienta que había causado semejante herida que dejase, senda huella en aquella piel blanca, que había causado aquellas marcas activas... que, con un único vistazo, la habían dejado meditabunda y silenciosa. La mujer, recorrió los músculos de sus hombros, la fortaleza de sus bíceps y aquella contextura torácica, que hablaba de alguien fuerte en muchos sentidos. Claro que era fuerte... recordaba la fuerza brutal con la que hubiese quebrado los huesos de su mano izquierda, si no hubiese conseguido que saliera de ese estado en el que se encontraba. Desde ese día... ella se había percatado que aquella fuerza no era realmente humana...pero él no parecía un dragón, no debía serlo en lo absoluto.

Y como si el tiempo se hubiese alentado, los ojos femeninos continuaron su recorrido por los músculos que se cuadriculaban en su abdomen y las sinuosas líneas de sus costados...la venda que estaba rodeándole y cubriendo donde tenía que cubrir para asegurar una mejor sanación. La muchacha, permaneció allí antes de subir con lentitud, detallando los vellos que cubrían su torso y la firmeza de sus pectorales, su clavícula y su mentón firme cubierto por esa barba cuyo tacto recordaba... sintiendo un cosquilleo repentino en sus manos que ocupadas aferraron: una la venda nueva y la otra descansaba sobre el respaldar de la silla que alzaría del suelo, mientras subía su mirada para encontrarla con la de él, antes de cualquier otra cosa. Esa sonrisa que le restaba importancia a todo lo demás y parecía estar disfrutando de su cara de sartén, ante sus acciones... acciones claro que por un momento le habían dejado despistada- Shhhhst cálla... –soltó de inmediato, conteniendo un poco esa ligera verguenza que por algún motivo daba color a sus mejillas y causaba que la muchacha evadiera su mirada.

Estoy acostumbrada a ver gente semi desnuda... –agregó tratando de quitarle importancia, re-enfocando sus pensamientos al hecho de que debía revisar aquella herida y ya no necesitaría acercarse tanto como en ese momento que lo veía quedarse en pie. Por lo que, extendiendo su mano libre, tomó una silla por el respaldar y se dispuso a ir hacia él. Interrumpida por aquella reticencia que la hizo entornar su mirada por unos pocos segundos-...por supuesto que solo me aseguraré que esté bien, ni modo que vaya a drogarte para secuestrarte y llevarte conmigo a algún lugar lejano... –agregando un tono lo suficientemente serio como para parecer que aquellos eran sus planes, aunque era obvio que no había mayor intención que la de asegurarse de que su trabajo estaba bien hecho- ...No quiero que vayas por allí con una herida abierta y vuelvas a sangrar.... –dijo con suavidad, al ver como bajaba su mano de a pocos; Hasta que ya no hubiese impedimento entre ellos, dejando la silla frente a él, atrajo la segunda y colocó lo necesario allí, para sentarse finalmente y recogiendo su cabello en una coleta alta, la muchacha levantó su vista para verlo desde abajo- Lo dices como si fuera a ver cosas terribles... –murmuró, sintiendo la inquietud arremolinarse en sus sentidos, como una nube lenta de niebla que la hacía preguntarse qué estaba pasando.

Sus manos se movieron y tomando una tijerilla, recortó el nudo que ella misma había hecho la noche anterior, sus dedos ágilmente tomaron la venda de lino delgado y echándose un poco hacia adelante para sentarse en el borde de la silla, permitió a sus brazos rodear las caderas masculinas y así deshacer el primer giro de vendaje, acercando un poco su rostro, quizá permitiendo que sintiese su respiración por accidente, evitando mirarle por unos segundos, aclarando su garganta para subir sus ojos y verlo, mientras repetía el mismo movimiento otra vez, dejando que la venda descolgara de a pocos y rozara el suelo de madera. Deshaciendo el tercer giro de vendaje y así, colocando una mano sobre donde estaba la herida, sin presionar demasiado, dejó caer la venda usada y con mucho cuidado, usó ambas manos para apartar la gaza doblada que si estaba manchada de sangre y desprendía un aroma a hierbas y sangre. Sus ojos azules observaron la piel rosácea, esperando encontrarse con una piel algo inflamada pero que no supurara o sufriera de infección alguna...

Y conforme apartó la gaza improvisada, sus labios se separaron y sus ojos se abrieron un poco más al notar que la inflamación, era distinta en todos los sentidos. El nivel de inflamación era ridículamente bajo, el color de la unión de la piel presentaba la cicatrización de tres o cuatro días... para una herida así, normalmente se dejaban las costuras hasta los diez días...  doce si era muy grave la herida...pero con ese nivel y velocidad de sanación... en dos días posiblemente... quizá incluso al día siguiente, podría retirar el hilo para dejar que la herida sanara y cerrara sin obstáculos... sabía que ella hacía un buen trabajo, pero no el suficiente para causar un efecto tal... la sanación no era magia, por lo que todo apuntaba a que estaba en la sangre de quien estaba delante. Toda esta línea de pensamientos, fue contenida por la muchacha mientras silenciosa, buscaba un frasquillo con agua y tomaba un paño, empapándolo un poco para limpiar la piel con cuidado, pasando este por sobre esta, viendo con mayor claridad los detalles “Joder... pero... ¿Qué demonios?” pensó sin cambiar su semblante apacible. Tragando algo de saliva, pasó su lengua por sus labios para humedecerlos un poco y por fin murmurar- A este ritmo, podrás quitar el hilo mañana noche... no antes... –dijo como instrucción certera, sin levantar sus ojos mientras terminaba de limpiar  con pequeños toquecitos.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Jue Jul 27 2017, 20:07

Reí sin remisión pero sí con suavidad por esa puntilla que Kya le puso a mi comentario sobre los accidentes. Y, tenía que reconocer que, en parte, tenía razón. Podía ser que hasta que ella no lo mencionase yo no cayera en ello. ¿Preocuparla? ¿Por no tener cuidado? ¿Qué posibilidades teníamos de volver a encontrarnos en unas circunstancias parecidas? O… ¿cuándo? Por esa sonrisa que me dedicó al hablar, no repliqué, no obstante, como tampoco hice con la remarcada observación de esos tercos que no pedían ayuda o la rechazaban a sabiendas de que eran los que más la necesitaban. Ahí, sólo podía darle la razón en parte. Bien pudiera ser que no quisieran preocupar más al prójimo, si sabían que estaban bien. Claro que, su criterio no tenía por qué coincidir con el de Kya. Ni el mío tampoco.
En mi caso, sí sabía perfectamente que estaba bien y que no necesitaba tanta ayuda como ella pensaba. No obstante, no negaría nunca que era tremendamente reconfortante que alguien se preocupara por tu bienestar. Fuera quien fuese.

Teniendo el inocente descaro de descubrir mi torso ante ella, la dejé hacer, sin quitar la sonrisa divertida de mi rostro. Tenía claro que no se turbaría, pues no era la primera vez que me viera con el torso al descubierto. Y así me lo hizo saber ella, nada más terminar yo de articular. La observé acercarse a esa bolsa suya que aún descansaba sobre la mesa, para sacar de ella más material médico. El gran "pero" fue el no darme cuenta que, a la luz del día, todas esas marcas que cruzaban y adornaban mi piel, podían ser un poco más impactantes. Algo de lo que fui consciente en cuanto me vi totalmente libre de la camisa y pude ver a Kya quedándose con la mirada fija en mi torso por más segundos de los que entraban dentro del rango de discretos. Aparte, clara estaba, de ese amago de sonrisa que no pudo omitir. ¿Acaso le gustaba lo que veía? Desde luego, con ojo clínico, el mapa de marcas que mi torso enseñaba podían llamar la atención de cualquiera. Al menos, atraían cierta curiosidad por el motivo o mismamente la herramienta que había podido causarme tales heridas que se habían convertido en marcas, algunas de ellas activas, que aún dolían con determinados movimientos. Seguramente sería eso, sí.
¿No?

Estuve a nada de hacerle un divertido apunte, tan solo para ver su reacción vergonzosa, que más de una vez había visto, cuando Kya se daba cuenta de que me quedaba mirándola. Pero no tuve ocasión, pues, antes de que yo me plantease buscar siquiera las palabras, ella me chistó y me pidió que me callara, de forma imprevista y divertida. Reacción que me sacó una suave risa, como todas las anteriores, invitándome a dejarme envolver por ese ambiente protector y tranquilo que inusitadamente acompañaba a aquella muchacha. Mi propia mente parecía querer engañarse a sí misma, pues no dejaba de estar en una ciudad en la que corría peligro. No obstante, era un mundo más allá de la puerta.
Un mundo del que no quería saber nada ahora mismo.

Aún mantenía la amplia sonrisa en mis labios, cuando enunció aquel añadido-. Precisamente por ello, ver una más, no supone un problema para ti. -murmuré, torciendo sutilmente la sonrisa, aún a sabiendas que, tal vez, tenía más reparo del mencionado. No es que yo fuera mostrando con orgullo -fingido, en todo caso-, las cicatrices que casi me cuestan la vida en dos ocasiones. A lo mejor, erré al pensar que no había problema con ella, pues siendo sanadora, estaría más que acostumbrada a algo así. No obstante, esta vez no pude reprimir el comentario:- Aunque, cuidado. Si te quedas mirándonos a todos así, pueden malinterpretarte. -crucé mi mirada con la suya en el momento exacto, enarcando las cejas entonces. Fue entonces cuando denoté un ligero enrojecimiento de sus mejillas, sin saber bien si ya lo tenía de instantes antes o si era por mi comentario. En cualquiera de los casos, haciendo una pequeña retrospectiva, esa mañana estaba siendo peculiar. En sí, toda lo noche lo había sido, pues era de las muy contadas veces que no podía salir de Talos a tiempo. Siempre terminaba saliendo por las alcantarillas o por la misma puerta, con cierta picaresca que me libraba de las miradas de los guardias. Pero bien quisieron los dioses que esa noche todo me llevara hasta ella. Primero porque, en mi carrera, no encontré huecos por los que acceder a las cloacas y, después, esa herida por la que Kya no me dejó abandonarla. Tenía que reconocer que, por su tenacidad, yo seguía vivo. No estaba seguro de que aquella herida fuera a sanar con tanta normalidad y rapidez de no haber sido tratada. En el fondo, agradecía y concedía la razón a aquella sanadora que había sido tan piadosa conmigo aquel día en su granja, cuando yo sólo pedí algo de comida y ella me dio mucho más. Y, ahora, como segundo encuentro, me había atendido sin importarle mi condición, arriesgando más que el ser vista conmigo.

Observé cómo se preparaba, cómo movía aquellas dos sillas para poder verme la herida, permitiéndome el quedarme de pie. En parte, todo lógico, a excepción de que podría haberme pedido que me acercara en vez de cargar ella con las sillas. Pero con lo autónoma e independiente que me había demostrado ser, cualquiera le decía nada. Además, estando donde estaba, parte de mi torso se veía iluminado por los rayos del sol, por lo que, muy posiblemente, le facilitara a Kya verlo con más detenimiento. Y, a su vez, ayudarle a percatarse de que, con seguridad, no era una herida común y corriente. O, al menos, su avanzado estado de sanación. Por eso, le advertí, sorprendiéndome por su respuesta. Inmediatamente enarqué una ceja, y la idea, según la asimilaba, más divertida me parecía-. Podría ser interesante. -tanteé, sin llegar a tensarme aún. De hecho no lo hice hasta que noté el roce de sus dedos por encima de la venda que cubría parte de mi abdomen. Entendía perfectamente ese afán suyo por cerciorarse de que la herida no se abriera. Pero, al parecer, le costaba demasiado confiar en mí. No obstante, la dejé hacer, con una inspiración que infló ligeramente mi pecho y encogió mi zona abdominal-. No tienen por qué ser terribles... -pero sí extrañas, pensé. ¿Habría visto Kya ya alguna herida así? No había contemplado esa posibilidad hasta ahora. Y, tal vez me estuviera engañando a mí mismo, pero me tranquilizó un tanto.

Mis azules cayeron a Kya cuando se acomodó, finalmente, y empezó a retirar la venda que sujetaba esa gasa que había usado para cubrir la herida. Impidiendo que me girase sobre mí mismo para facilitarle las cosas, fue ella la que se acercó a mí, hasta el punto de notar su respiración en mi desnuda piel. Puede que esa vez estuviera más concentrado en ver la tela caer, pero esa segunda ocasión en la que mi mirada distraida acabó chocándose con la suya, ese cálido aliento sobre mi costado erizó mi piel. Por un instante, mis pulmones necesitaron aire y no supe decir si fue aquella mirada y su forma de mirarme, o simplemente, el temor que ya traía de lo que pudiera descubir o comentar al ver la herida. La venda seguía cediendo, dejando ver de nuevo mi abdomen, momento en el que un escalofrío recorrió mi columna vertebral de abajo arriba. Mi mirada se volvió inquisitiva, clavándose en el rostro ajeno, queriendo leer cada movimiento en aquel semblante. Inquieto, intrigado, una mezcla demasiado extraña como para saber exactamente lo que era. Y, entonces, Kya apartó la gasa, dejando aquella zona ligeramente enrojecida, al descubierto. Una vez más, una de mis cejas tomó altura, esperando con exasperante paciencia su reacción.

Pude ver cómo sus labios denotaban la sorpresa, así como sus ojos, cuando el corte que había tratado la noche anterior estaba bastante curado ya. Pero fue comedida en el gesto de sus facciones. Demasiado, quizás. Tragué saliva, al sentir el frescor húmedo de aquel paño con el que Kya procedió a limpiar los restos de sangre seca que podía haber por los alrededores de la costura, murmurando su punto de vista, tras analizar lo que había podido ver. Sin saber bien por qué, aquella tranquilidad bien fingida, me alivió. Como si necesitara que ella aceptara que yo no era humano en esos pequeños detalles-. Bueno, entonces no es necesario tanto vendaje ya, ¿no crees? -era aparatoso para todo el camino que me faltaba por recorrer. Incluso, podría pensar que antes de llegar a las cuevas, ya sólo formaría parte de ese conjunto de marcas activas que ya parecía coleccionar en mi torso.




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