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La Danse de la Lune ✥ Trystan

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La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Miér Abr 05 2017, 22:23

Estaba cansada, probablemente ese era uno de esos días en que su cuerpo pedía auxilio por un descanso, ya que, aunque la tarde ya caía, había estado trabajando desde temprano en la madrugada. Y como siempre, no tendría de eso ya que cuando se disponía a sentarse a comer, el relinchar de un caballo en el exterior le hizo levantar la mirada para escuchar unos golpes en la puerta apresurados. Su Padrastro se levantó y con un gesto le indicó que comiera que él se encargaría, la chica, aunque ya había comenzado a comer, prestó atención desde la mesa para enterarse quien llegaría a esa hora a su casa. Si no era una emergencia para ella. El hombre habló con alguien y luego de unos momentos, su padrastro volvió por ella para decirle lo que se esperaba:

“Una emergencia para ti, te necesitan en la ciudad, este hombre te escoltará” 

Y ante ese comentario, aunque le costase logró levantarse y sonriendo un poco caminó hacia la puerta del sótano donde estaban sus cosas de medicina y donde solía guardar sus reservas, tomó algunos frasquillos y los puso en la maleta de medicina, tomando su chaqueta de viaje se la colocó y se colgó su bolso para subir las escaleras pesadamente. Con cada paso marcando el agotamiento que seguro lograría desmayarla al tener mayor descanso.


“recuerda volver antes del toque de queda...” 

Ante esa advertencia y un asentimiento, luego de repetir la rutina de salir, ensillar a Tormenta y montar, partió con el hombre que le había buscado rumbo a la ciudad. A esas horas de la tarde, los colores naranjados del cielo aún iluminaban el horizonte, las montañas, las copas de los árboles y los campos. Pasando la entrada y los guardias, ingresaron sintiendo el cambio de ambiente sin lugar a dudas, las calles que usualmente estaban pobladas, empezaban a ser menos concurridas, pero aún tenía tiempo de hacerlo que tenía que hacer y salir. La milicia recorriendo las principales vías y el recoger de puestos de calle, listos con las ventas del día en bolsillo. Pudiendo escucharse la música de las tabernas, conversaciones apagadas en suaves murmullos y los cascos de los caballos. Avanzaron hacia la residencia de la persona que iba a atender. Preparándose a encontrarse con algo más complicado de lo imaginado.

Su paciente, una mujer joven que estaba por dar a luz a su segundo hijo, la familia estaba hecha una bola de neurosis, su pareja, una bola de nervios y ella que no supo por qué no habían llamado una partera para mejor efecto. No es que no pudiera, de hecho, había aprendido a llevar un parto adelante sin problemas, la parturienta estaba absolutamente adolorida por llevar ya un par de horas sufriendo las contracciones punzantes y dolorosas que la obligaban a maldecir y aferrarse a la mano de su hermana que estaba con ella porque su pareja. . . se había desmayado. Si, los nervios estaban destrozando al pobre hombre.


4 Horas más Tarde

Debe descansar, por favor no lo olvide–dijo luego de todo mientras era guiada por el dueño de casa que le extendía una bolsita pequeña que por la forma y el pequeño peso tenía dinero como pago por las atenciones y por la extrema hora a la que estaba saliendo, ella lo aceptó y abrigándose y colgándose su chaqueta, guardando su ganancia, salió de la residencia a paso pesado hacia el caballo en el cual montó casi de inmediato. Le costó el triple hacerlo, pero una vez en él salió a las calles de Talos, recordó el toque de queda y un escalofrío la hizo considerar la opción de quedarse en una posada, pero las posadas de mala muerte eran las únicas que no estaban en calles principales y terminar en un calabozo por violar el toque de queda no estaba entre sus planes. El camino de vuelta a casa era peligroso, quién sabe. Las calles estaban igual de desiertas y no iba a negar que le daban cierto escalofrío, buscando con atención alguna posada que luciera decente, siempre tomando las vías más iluminadas hizo su trayecto hasta una plaza alterna donde había un bebedero. Donde desmontando del caballo le permitió hidratarse, mientras entregaba suaves caricias a sus crines y su fuerte cuello, paseando sus ojos a su alrededor, hasta dar con un poste de anuncios y en el habia distintos dibujos, algunos mal hechos, otros bien hechos...

Por un momento, reconoció uno de aquellos rostros.
Frunciendo el ceño ligeramente ladeó su cabeza omitiendo todo pensamiento al respecto, sin detener aquellas caricias a su compañero animal, acompasadas y suaves, como si esas caricias le calmaran a ella también, paseó sus azules por las estructuras iluminadas por antorchas en esa noche calma en Talos, alerta a todo lo que pudiese ocurrir, considerando prudente marcharse cuanto antes. Fue cuando sintió una llovizna de esas que aún mostraban el cielo parcialmente nublado. La muchacha sujetó las riendas del azabache caballo, guiándole hasta un techo que sobresalía lo suficiente para resultar un resguardante para sus ya levemente empapados cabellos- Lo que nos faltaba... –musitó ella agria, apoyando su espalda contra el muro de la estructura y levantó sus ojos por sobre los tejados de Talos. 


La luna, pintada de un bello azul, asomándose entre las grises nubes atrajo su atención, silenciosa, meditabunda y muy concentrada en ella, escuchando las voces lejanas, mientras Tormenta, inquieto se movía. Y fue en ese momento que escuchó pasos, no tuvo tiempo de reaccionar, pero un improperio acompañado de un sonido sordo le hizo voltear a su izquierda y buscar con la mirada el origen del quejido, abrazándose al pura sangre, lista para montar y correr- Ay no... -murmuró, temiendo que fuesen problemas.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Sáb Abr 08 2017, 19:08

Había salido más tarde de lo habitual esa vez, dejando a Moira con la pequeña en las cuevas. Ignoraba completamente lo que me esperaría al regresar, días después.
Sí, días después. Tenía pensado regresar en la madrugada del día siguiente. Algo más de dos días para seguir recabando información e incluso volver a pasarme por la base o la Corte de las Sombras, para verme con Nemier. Aún le debía algo de información, pues ya comenzábamos a movernos de forma conjunta. Una pequeña complicación añadida a ese regreso a mis andadas: ser contacto entre la Resistencia, la Revolución y la Corte. Por suerte y prudencia, no era el único que ostentaba ese cargo. Varios resistentes presentes en las cuevas, también mantenían a Eve al corriente de los vances e intenciones de Thareon y los suyos.

En parte, por algo mis idas y venidas a la capital se habían vuelto frecuentes. Necesitaba recuperar parte de la esencia que había perdido al haberme apalancado en la cómoda vida de terrorista en las cuevas de una Revolución que avanzaba. Sin darme cuenta, lo que había sido hasta el mismo momento en el que abandoné las alcantarillas, lo fui perdiendo en esa vida tranquila que si bien me hacía feliz, mis circunstancias no me permitieron disfrutarlo más.
Había sido un luchador toda mi vida y, después de todo, yo no terminaba de encajar en esa tranquilidad. Más tarde que temprano me di cuenta de que empezaba a estar incómodo al no hacer nada.

Con más o menos esfuerzo, pude hablar de ello. Con varias personas.

Ninguna de ellas se opuso, para mi alivio. De hecho, el haber conocido en mi primera salida por Talos a aquella híbrida parecía haber sido el empujoncito que necesitaba, incentivándome a, tal vez, intentar abarcar a algunas más de mis posibilidades. Tener esa pequeña responsabilidad de mantener a esas tres organizaciones informadas, me devolvió la actividad y, sin lugar a dudas, los ánimos que se habían oscurecido por culpa del desafío.

Y era así, como volvía a disfrutar, pese a mi precaria nueva situación. Desde mi vuelta al ruedo, había conseguido información valiosa para unos y otros, volviéndome un auténtico contrabandista. Y esa noche, se me había hecho tarde en la Corte de las Sombras. Había dejado bien atrás el toque de queda, aunque no es que yo le hiciera mucho caso, de normal. Poco qué decir, salvo que salí de allí, dispuesto a enfilar hacia la base. Como casi siempre hacía. Una visita por cada vez que me acercaba a la ciudad. Pero cuando divisé la alcantarilla por la que colarme, lamentablemente, estaba demasiado cerca de una patrulla de cinco soldados. Al parecer, revisaban algo entre ellos, por lo que no parecían muy dispuestos a seguir andando. Me mantuve medio agazapado en la esquina, dispuesto a esperar a que continuaran su marcha y yo la mía.

Pero quiso la mala suerte que alguien vociferara en mitad de la noche. Algún ciudadano curioso y con ansias de mérito, observándome desde la ventana en mi intento por pasar desapercibido ante los guardias. Que, para más inri, no eran todos humanos. El que lideraba la Guardia, al que pronto detecté como un dragón, deslizó sus ojos en derredor. Y me vio.

Pronto dio órdenes y pude verme rodeado. Esquivar golpes más que lanzarlos pronto me hizo sentir como animal acorralado. y por esa sensación, acabé perdiendo el control de mi temple, volviéndome ese heartless ávido de sangre, ese animal irreflexivo cuyo instinto de supervivencia enardecía esa ira con la que pasé de defenderme a contraatacar. Pude reducir a dos, a meros cuerpos semi inconscientes tirados en el suelo, y les habría asesinado de no ser porque esos tres compañeros restantes sacaron sus armas. Repelí varios de sus intentos por apuñalarme o atravesarme con sus filos, hasta que, revolviéndome malamente y darle una patada a uno de ellos en la boca, tuve un atisbo de razón y salí corriendo calle abajo, ignorando que el puñal de uno de ellos había sido certero. Al parecer, en ese estado enajenado, poco alcanzaba a sentir.

Con quiebros y carreras, sin llegar a subirme entre tejados, les fui ganando terreno a mis perseguidores. Lo que no me esperé es que un animal tan grande como aquel caballo del color de la noche se interpusiera en mi camino. Debido a la llovizna que había mojado las calles, el suelo me hizo resbalar cuando intenté frenar -porque bordearlo era algo que concebí imposible en ese justo momento-. Fue su vientre, de costado, lo que frenó mi desliz. Del impacto acabé en el suelo, entre sus patas y boca arriba-. ¡Maldición! -murmuré entre dientes, aunque en voz alta, mientras me removía torpemente para intentar incorporarme. Ligeramente más racional, aquel puñal ensartado en mi costado dio un tirón, que me hizo gemir entre dientes. Las voces de los guardias se oían cada vez más cerca, mientras me movía con exasperante lentitud.
Para variar, iba contrarreloj y estaba en apuros.
Parecía no cansarme de ponerme en problemas desde que volviera a las andadas.

Demasiado tarde para levantarme y salir corriendo otra vez. Tenía que esconderme.

Fue entonces cuando, sorpresivamente, entre desenfoques y los intermitentes halos de las luces que iluminaban pésimamente las calles, vi un rostro que me fue familiar. Mi ceño se frunció, olvidándome por un momento -de la sorpresa-, de las prisas-. ¿K-Kya?




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Lun Abr 10 2017, 00:22

Al escuchar el relincho inquieto de Tormenta supo que se saldría de control si no lo controlaba. El impacto le había hecho resentirse y reteniéndolo para que no se moviese, caminó para sostener la enorme cabeza del animal y así mover sus ojos hacia dónde provino aquella voz observando en la penumbra el cuerpo que trataba de levantarse, pero era retenido por su torpeza propia. Con cuidado buscó guiar a su caballo para que le permitiera el paso y aproximarse a quien había caído, con un paso y luego otro...- Lo siento...yo…-comenzó a hablar con suavidad, había sentido un escalofrío recorrerla al momento en que esa maldición había escapado- Solo esperaba que la lluvia disminuyera un poco.... -y fue solo en ese momento que al escuchar su nombre en esa voz ronca que le fue familiar al instante. Se le herizó la piel.

Y otro escalofrío le recordó aquel abrazo en que se había visto perdida en su granja, el agradecimiento tan sincero, el universo plasmado en esos ojos azules y la agonía de no saber cómo ayudarle. Haciendo que su voz se ausentara y se le secara la garganta, el fruncir de su ceño se tornó un poco más notorio “Pero... lo que has hecho hoy por mí, es mucho más de lo que podía haber esperado...” y fue con eso que vinieron a ella, algunos recuerdos que la hicieron inclinarse junto a él viéndole fijamente sin decir absolutamente nada sin salir de su sorpresa porque fuese el ojiazul-...T..Trys...? –murmuró, recordando cuando ella había reducido por inercia aquel nombre cuando trató de hacerle sentir mejor.

Y por un segundo, olvidó lo que era respirar. Ya que no esperaba encontrarse de nuevo al causante de los cambios que había estado haciendo en su vida desde entonces, cuando había quedado claro que ambos habían cambiado en algo muy profundamente y mientras aquella llovizna menguaba, las nubes grisáceas despejaban la luz de la luna que pintaba los tejados y las paredes de aquel color azulado blancuzco. La respiración de la sanadora volvió en un largo exhalo que la hizo volver en sí cuando sus ojos recorriesen hasta ver aquel objeto punzante incrustado, separando sus labios apoyó una rodilla en el suelo-... estás herido... –susurró en un susurro, sintiendo la punzada en su pecho al saber que algo malo le había estado pasando y su instinto de sanadora despertó casi enseguida deseando ayudarle-... pero que... –quiso preguntar cuando escuchó voces.

Por las pesadas pisadas, supo que eran guardias. Mirándolo a él fijamente, luego en la dirección de la cual él había llegado y la cercanía de aquellos sonidos, la chica tomó una bocanada de aire y rebuscando entre sus ropas no encontró nada útil, más que aquella bufanda que olía a lavanda, para amontonarla y acercándose, no dudó ni un segundo, en colocarla amontonada en la base de donde el puñal estaba, palpando con sus dedos la profundidad y el ángulo en el que había sido incrustado, una vez determinó la posición con una suavidad persistente, presionó la bufanda un poco más. Posando sus ojos azules en los de él, silenciosa, buscando el brillo en ellos y reflejando aquella segura certeza, como si quisiera que se enfocara en los suyos y una vez logrado aquello, retirar la daga con cuidado en la dirección de entrada y así evitar que una herida mayor se crease. Cargándose al cinto la daga ensangrentada, presionó con su mano derecha la bufanda en la herida firmemente, sin romper ese contacto visual, a la vez que tomaba una de las ásperas y cálidas manos de él y la colocaba sobre la suya que sostenía la tela con firmeza, empujando su mano y demostrarle cuanto debía presionar y así retirar la suya-...vamos, tenemos que irnos de aquí... –emitió, acercándose para inclinarse un poco y tomar el brazo del hombre, del lado del costado no lastimado.

Y deslizando su brazo libre por su costado y espalda baja, le ayudó a levantar en peso su castigado cuerpo, emitiendo un jadeo mientras llevaba su mano libre a las riendas del caballo, emitiendo un sonido de chasqueo con su lengua. Señal que su compañero entendió y comenzó a seguirle sin necesitar que las riendas fuesen tiradas- necesitamos un lugar donde podamos escondernos…-Porque no iba a salir corriendo en otra dirección, sobre todo cuando sabía que estaba herido de aquella forma, la lluvia era desesperante, fría y desesperante. Pero nada que no pudiera manejar. Y tal como lo imaginó, escuchó su voz, ronca, baja y jadeante pronunciar algo y muy descabellado- No, No voy a dejarte así...-murmuró mirándole de reojo, sabiendo que los guardias estaban por salir a la callejuela por donde iban. Con un nuevo sonido, esta vez un corto y pequeño silbido, logró que Tormenta se quedara de pie junto a un edificio, sin avanzar. Y ella empujó con suavidad al herido pelirrojo dentro de un callejón en las penumbras de la noche, mientras lo ayudaba a sostenerse y bajando la voz agregó- No sigas, no voy a dejarte... –susurró, de nuevo esta vez escuchando que a lo mejor le robaba alguna risa baja que terminó en un exhalo por el dolor- Te pasa por necio ... –Pero, aunque quiso ignorar aquel exhalo, preocupada llevó su mano derecha hacia donde estaba la mano de él y palpó con sus dedos la tela de la bufanda para ver qué tan húmeda estaba y verificar que él continuara presionando hasta que finalmente escuchó a los soldados aproximarse, en silencio.

Los guardias pasaron por la calle, hablaban entre ellos y ella trató de escuchar lo que decían, esperando que lograran pasar desapercibidos en aquella oscuridad y cayeran en la trampa de que Tormenta, que rumia unas hierbitas donde estaba, fuese el caballo de alguien que vivía en aquel edificio y se dispersaran para otros lados y así poder salir y buscar una posada donde pudiese ella atender al pelirrojo que sostenía fuertemente.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Lun Abr 10 2017, 20:10

Mi oído embotado, ya fuera por golpe o por esa transición hasta que volviera a ser yo, una persona coherente o racional, oía palabras lejanas, incomprensibles. Tan sólo cuando escuché ese apelativo abreviado de mi nombre -o lo que me pareció como tal-, pude empezar a entender lo que se decía. Noté como la gran sombra del caballo de hacía a un lado, justo para que la silueta de Kya se acercara a mí. Mis movimientos eran lentos, como si en vez de haber estado corriendo y sin parar de moverme, hubiese estado encamado una semana y, de repente, se me urgiera a levantarme y andar con toda la naturalidad y facilidad del mundo. De hecho, la puñalada aún no me llegaba a molestar del todo, tal vez por la adrenalina, cuando sentí un empujón para que quedara tumbado boca arriba. Me sentí del todo inútil por un momento, dejando que la lluvia, al caer sobre mi cara, hiciera su intento de despejarme. Mi respiración agitada por el esfuerzo, provocaba pequeñas nubes de vaho, en lo que el cálido aire salía a la fría noche atravesando mis labios.

Esa determinación que vi en los azules contrarios me tuvo a la expectativa hasta que ella extrajo el puñal de mi costado. Apreté mis dientes y labios, aguantando esa leve punzada de dolor que ahora podía sentir. Si hubiese tardado unos minutos más tenía claro que me habría sido más insoportable. Ella llevó mi propia mano a esa tela con la que acabé presionando la herida, en lo que me ayudaba a levantarme y murmuraba. ¿Teníamos? ¿Había oído bien? Iba a preguntarle cuando Kya reiteró esa necesidad por escondernos-. Espera… espera. -enuncié entre murmullos de molestia. Ni siquiera me di cuenta de las acciones del caballo como respuesta a los sonidos que Kya emitía-. Tú no has hecho nada… No deberías esc-... -no me dio opción a continuar, en lo que me ayudaba a caminar y salir del inminente paso de los guardias, cada vez más cerca. Me empujó a un callejón, apoyándome en la pared-. Kya... No seas... -cabezota. Parecía decidida a no dejarme tirado, malherido y en mitad de la noche, ya violando claramente el toque de queda.

Una irónica diversión me hizo reír entre dientes: a ver, no dejaba de ser gracioso que aquella muchacha optase por la acción ilegal de ayudarme, teniendo la conveniente opción de echarse el mérito de haberme parado los pies, para que los guardias pudieran apresarme. Lo que Kya pudiera deberme no era más que lo que le debía yo a ella, de aquella vez en su granja y... por supuesto, lo que estaba haciendo en ese preciso instante por mí. Ese pequeño y repetitivo movimiento del diafragma al reír, tiró de los músculos de mi abdomen y, con ello, la herida volvió a pinchar, haciéndome soltar el aire en una exhalación.

Apenas pude articular, siquiera para darle las gracias cuando las voces de los guardias se escucharon demasiado cerca. Giré mi cara hacia la bocacalle, mientras me apretaba contra la pared, más como acto reflejo. Mientras la mano propia que Kya había puesto en la herida, presionaba un poco más, la otra, con suavidad, tiró de la chica para que se acercase también más a la pared. Entrecerré ligeramente mi mirada, soportando la molestia de la herida abierta. Ahora sí, escuché y comprendí claramente lo que decían aquellas voces robustas. Al parecer, Tormenta fue un buen parapeto, pues acabaron pasando de largo.

No obstante, no lo suficiente como para que yo me quedase tranquilo aún cuando ya no los viera o escuchase. Tanto así, que me fue inevitable apartarme de la pared, ir al lado contrario, para apoyarme en el muro y echar un vistazo, desconfiado. No sería la primera vez que hicieran la jugada de atajar por otro lado y sorprender a los intrusos cuando ya se pensaban a salvo. No obstante, esa adrenalina y tensión, tardarían un rato más en desaparecer.
Con esto, volví mi mirada azulada al callejón, buscando la de Kya. Fruncí el ceño ante todas esas preguntas que se me agolpaban en la cabeza. Era bien entrada la noche. Y, hasta donde yo sabía, ella era una chica sanadora y legal en Talos-. ¿Qué estás haciendo por aquí tan tarde? -fue la primera de tantas. No podía decir que no me alegrara de verla... o que no me viniera de perlas sus conocimientos de sanación. Pero su presencia a esas horas en mitad de la calle, más con un toque de queda impuesto, hacía de Kya una persona sospechosa, pese a que la muchacha simplemente se dedicara a sanar y llevar una vida de lo más normal.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Lun Abr 17 2017, 08:54

Y se dejó juntar a la pared, cuando el pelirrojo había prácticamente cambiado los lugares, interponiéndose entre la salida del callejón y ella. Esperando que las sombras hiciesen su trabajo conforme el tiempo pasaba y así pudiesen escapar a un lugar seguro. El corazón de la sanadora, palpitaba con fuerza por la preocupación de ser descubiertos, el fastidio de que los guardias les estuviesen retrasando para atender aquella herida que era principal en toda aquella situación, más allá de lo que pudiera sentir con respecto al riesgo que sufrían ambos y otras materias que no tenían cabida y relevancia allí. Tragando saliva comenzaba a sentirse enervada también por la fría llovizna que estaba cayendo, ella conservó su mano inmóvil para ayudar a que su bufanda se mantuviera apretada contra la herida del pelirrojo.

El oscuro callejón hacía eco de las gotas que caían en los charcos de agua, el chillar de ratas y lejanos ruidos de personas dentro de los edificios y locales de puerta cerradas, amortiguando la música, las charlas u otras cosas que pudiesen escucharse, el ruido de algún gato maullando y las pisadas de los guardias. Toda una armonía de sonidos de la noche en Talos que con sus idas y venidas había empezado a reconocer y a acostumbrarse, por las veces que había estado allí a esas horas. Tiritó debido al frío de la lluvia, causando que se encogiera un poco en su lugar, junto a su acompañante, esperando hasta que sintieron que los perseguidores del pelirrojo, habían pasado de largo, tan estorbosos y antipáticos como solo esas lagartijas eran y los pocos humanos que habían preferido jugar a ser “parte de la sociedad dracónica” sirviéndoles como meros peones de cuadrilla. Ambos sin moverse, ni decir nada, escucharon los pasos pesados alejarse por aquella calle de adoquines, hasta perderse de sus oídos y posiblemente de vista, si alguno asomaba.

Permitiéndose respirar más tranquila, cerró sus ojos dejando escapar el aire de sus pulmones. Sintió como él se apartaba para asegurarse que todo estaba bien, apoyándose contra aquella otra pared que estaba frente a ella. Ambos sumidos en la oscuridad del callejón, sintiendo las frías gotillas de agua empapándoles, haciendo sentir pesadas sus ropas. La ojiazul movió sus ojos que se fijaron en la silueta del pelirrojo que continuaba atento al exterior. Tal como lo recordaba...con ese mismo aire que la hizo quedarse silenciosa sin apartar la vista de él y ninguno de sus movimientos, alguien que habia luchado tanto y que agotado habia visto aferrarse por la razón en una sola tarde...alguien que no esperaba ver y por alguna razón... sentía que hubiese preferido no encontrarse, no porque no le agradara su compañía, todo lo contrario... y ella temía a eso y deseaba huir y procurar no volver a encontrárselo de nuevo, sintiendo un nudo formarse en su pecho; inhalando y exhalando entreabrió sus labios a medida que su espalda se despegaba de la rústica pared un poco, como si recuperara fuerzas del apuro.

Encontrándose de nuevo finalmente en un sobresalto pequeño, con esos ojos azules y su mirada que era como un libro abierto para ella y a la vez como un abismo en el que ya se había sumergido, con la eternidad plasmada en el ojo del huracán, con un vórtice de seguridad que recordaba bien y aún al estar entre las sombras y que él estuviese herido, podía sentir y dar cuenta de su profundidad. Su pregunta la sacó de sus pensamientos y razonamiento del porque un encuentro tan fortuito se había dado en el lugar menos esperado de todos, como deseaba irse y a la vez quedarse y como toda esa maraña de pensamientos jugueteaba con su sentido común como con una pelota que pasa de mano a mano. Su silencio prolongado era solo parte de aquel complejo mundo que se desplegaba ante sus ojos y no fue hasta que una gotilla fría resbalara por su nariz que ella por fin avanzaría un poco para acercarse al pelirrojo y tomar su mano y hacer que afianzara mejor la bufanda y a su vez observaba por el borde del muro.

Sus ojos azules pillaron el letrero colgante de una posada que era una de las tantas que había por los alrededores y que sabía debía estar abierta a esas horas. Y era una de las pocas elecciones que aún se tenía, sobre todo cuando salía a deshoras de hacer su trabajo. La chica miró a ambos lados de la calle y volviendo a esconderse entre las sombras del callejón, murmuró- ...Trabajaba... –dijo la muchacha con simpleza, colocando una mano en el hombro masculino para que se asomara y con un gesto de cabeza agregó-...vamos allí... –y aunque deseaba pensar que estaban fuera de peligro, en realidad no lo estaban. Su acompañante era una “celebridad” para los dragones, pensó irónicamente, tratando de mitigar la preocupación que la invadía conforme los segundos pasaban, esa herida debía estarle doliendo un montón y no podía darse el lujo de demorar en decidir a donde ir, las conversaciones podían esperar para cuando ella cerrara esa herida y estuviesen bajo techo seguro- Pero necesitaré que actúes como si estuvieses realmente ebrio y mantengas tu cabeza gacha... –murmuró con el mismo tono suave y sedoso de voz, esperando con ello que aquel aura confusa que le rodeaba se mitigara un poco-...déjame a mí lo demás... -entonces ofreciéndole el mismo apoyo que le dio en un inicio, deslizando su brazo por su espalda y permitiendo que él se sujetara de su hombro derecho y pudiese recargarse, para tomar un respiro y así asomar por el callejón y salir por completo aprovechando que la calle estaba desierta.


Con un suave sonido de chasquido de su lengua contra su paladar superior, Tormenta se movió de su lugar y les siguió a paso manso mientras ella hundía su mano entre sus ropas hasta donde sabía tenía unas monedas sueltas que había obtenido de cambio cuando había comprado alguna cosa en el mercado antes de llegar a su paciente. ¿En que estaba pensando la muchacha? Con aquella sensación de ahogue que se resumía a un mudo silencio mientras caminaban cruzando la calle hasta aquella posada, por cuyas ventanas se veía el deslizar del agua y las siluetas de algunas personas: “The Green Fairy” se llamaba aquella posada de 3 pisos, algunas ventanas estaban apagadas, otras encendidas, el letrero en madera y pintado con el nombre de la posada, bailoteaba con la ligera brisa nocturna que venía acompañada de esa llovizna estorbosa. Justo al acercarse a la entrada, aquel mozo cuidador de los caballos de los clientes salió desde un techado, la ojiazul le miró y entregó las monedas que había conseguido en su hurgar-...cuídalo bien hasta mañana, tiene mal temperamento... –fue lo único que dijo. El muchacho que parecía entre 15 o 16 años, asintió con un bajo “si señora”.

Al acercarse a la puerta de la posada, miró de reojo al pelirrojo y murmuró-...bien señor bebedor...aquí vamos –dijo con suavidad entre dientes, mientras mordía su labio inferior y llevaba su diestra a la argolla que abría la puerta, empujando está captando algunas miradas. Las miradas se giraron a verlos por unos segundos. Las luces de las velas tambalearon al ellos ingresar, cerrando la puerta a sus espaldas, paseó sus ojos azules por la estancia amplia, donde varias mesas estaban desplegadas, personas siendo servidas por alguna mujer con delantal y vestido algo sucio, hombres compartiendo bebida en tazas, otros comiendo mientras un bardo tocaba alguna canción en el fondo del salón cerca de la chimenea donde estaba aquel platinado platillo donde los allí presentes colocaban monedas para las peticiones al músico, que entonaba canciones sobre dragones, peleas, caballeros y humanos valientes que se ganaron su renombre por desafiar a la bruja de la reina y no salir vivos de ello.

Pronto los que habían volteado no les miraron más y dejando un rastro húmedo a sus pasos, se acercó a la barra, esperando que el pelirrojo jugara bien su papel de ebrio y no dejara ver su rostro en lo absoluto, sacando su bolsa de monedas:


“Buenas Noches"

Quisiera una habitación por la noche... –dijo mientras observaba al hombre barbudo y panzón que secaba un vaso, el cómo cambiaba su expresión al posar sus ojos oscuros sobre el pelirrojo y luego en ella, cambiando su expresión para verla a ella de un modo que le tomó poco más de 4 segundos de captar y abriendo bien sus ojos azules, ladeó la cabeza ruborizándose, mientras miraba de reojo a Trystan, asegurándose que todo estaba bien-...ha tenido una noche difícil, tomó de más…porque perdió el trabajo... –se excusó atropellada causando que el receloso hombre que había entrecerrado sus ojos y los recorría a ambos, quizá buscando en ella alguna señal de sospecha, soltara ahora una carcajada, a la que ella respondió con una mirada enfática y casi asesina que el hombre que la había tomado para divertirse, entendió al instante y la hizo fruncir un poco más el ceño, colocó la bolsa en la barra y de ella sacó con la misma mano, unas cuantas monedas y le pagó al hombre lo regular que estaba escrito en el mural a sus espaldas.


“Bueno, bueno, una habitación doble para los tórtolos, segundo piso, pasillo al fondo la 16”


El hombre sonriendo aún con énfasis al verlos a los dos, le entregó la llave mientras ella tomaba su bolsa y se la colgaba al cinto de nuevo, le miraba con una expresión nada amable entrecerrando sus ojos, aún con el color en sus mejillas-...Gracias... –murmuró entre dientes, volviendo su vista a los escalones de madera, los cuales ayudó al pelirrojo a subir con cuidado, entre comentarios suaves le animó a que se esforzara un poco más, evitando las personas que pasaron por el pasillo iluminado por aquellos candelabros de velas, con sucias alfombrillas. La música aún se escuchaba al fondo, con las risas y todo aquello que apagaba el sonido de la lluvia exterior, dejando aquella estela de agua en la madera, la muchacha alcanzó a divisar el rústico número 16 en la puerta que permanecía cerrada y con la mano que sostenía la llave, la introdujo en la cerradura que chirrió y girándola lo hizo el doble. Abriendo la misma para empujarla y en la oscuridad guio al pelirrojo hacia la más próxima silla de aquella pequeña mesa que estaba junto a la entrada, ayudándole a que se sentara con cuidado-...Espera aquí.... –susurró suave y preocupada.

Movilizándose rápido, se quitó su maleta de sanación, junto con su morral, dejando ambos sobre la mesa y tomando un candelabro que estaba en el centro de la mesa, lo acercó hacia donde trabajaría y agarró una vela de las tantas, salió al pasillo y acercándose a uno de los encendidos, robó algo de fuego y protegiendo la llama, la muchacha, regresó y encendió cada una de las velas, dejando la que había tomado de vuelta y eficientemente caminó hacia la puerta para cerrarla. Aunque una voz femenina la detuvo llamándola “¡Señorita! Tenga” era quizá la encargada de limpiar que le traía un cuenco con agua y una tela para secado, como quizá era costumbre a los huéspedes del lugar-...Gracias...Buenas noches... –habló cerrando la puerta hasta que sintió el “clic” que anunciaba que estaba cerrada y ella pudo por fin acercarse dejando el cuenco y la tela en la mesa y mientras escuchaba lo que el pelirrojo decía, esbozó una sonrisa pequeña, despojándose de su empapada chaqueta que dejó colgada en un gancho que había en la pared y recogiendo su cabello mojado en un moño alto y remangándose hasta los codos, para acercarse a él y ayudarle a despojarse de las prendas que molestarían para que estuviese cómodo. 
Y fue solo en ese momento único que la sanadora se había percatado de algo, que enmudeció-




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Vie Abr 21 2017, 18:34

Kya parecía en shock. Los segundos se sucedían entre mi pregunta y esa respuesta que esperaba... pero que por su parte no llegaba. Entrecerré mi mirada un tanto, extrañado, casi ladeando la cabeza, con curiosidad. ¿Qué le pasaba? ¿Iba todo bien?
¿Acaso le sorprendía tanto verme?
¿O había algo más?

Reconozco que entre la pelea, la carrera y la herida, la adrenalina no me tenía tan lúcido para adivinar lo que le pudiera estar pasando para verse tan paralizada.
... O lo que pudiera estar pensando.

Tal vez, ahora supiese realmente quién era yo... y, simplemente, aún se debatía entre la simple acción de seguir ayudándome o salir corriendo a avisar a los guardias que ya habían pasado de largo. Juraba internamente que esa última posibilidad, no podía darse. Haciendo retrospectiva, el conocerla había cambiado el rumbo de mis actividades... E inocentemente, quería pensar que algo había supuesto para ella también.
Lo suficiente como para ni siquiera plantearse el hecho de delatarme.

Finalmente, los chapoteos suaves de sus pasos en lo que se acercaba a mí, me sacó de mis cavilaciones, aunque siguiese sin contestar. Revisó, sin palabras, la tela que cubría mi herida. Se sentía más pesada, tal vez por la sangre derramada, así como cierta tirantez y dolor por la brecha abierta. Me hizo darme cuenta que no había sido precisamente un simple arañazo, mas ese estado de enajenación, me había mantenido lejos del dolor. Hasta ahora.

Aspiré entre dientes cuando ella me hizo presionar la bufanda contra la herida. Su voz llenó mis oídos con esa ansiada respuesta, resultándome obvia, segundos después. Y una estúpida y genuina sensación de alivio me inundó por saber que, quizás por primera vez en mucho tiempo, no me vería solo en una situación tan peliaguda-. Está bien. -contesté, dejando que alzara mi brazo contrario, para echárselo por los hombros, sin reprimir la congestión de mi rostro, en claro indicio de la ahora molestia, que sólo aumentaba conforme avanzaban los minutos. Lo mejor que podíamos hacer en ese justo momento era apartarnos de la intemperie de la calle y ocultarnos en cualquier sitio.

Y eso fue lo que ella me indicó, con un simple movimiento de cabeza. Levanté mi rostro para ver el cartel que se decía ligeramente, en lo que ella añadía un pequeño matiz que me hizo fruncir el ceño y sonreír con incredulidad, en lo que volvía a mirarla-. ¿Ebrio? -inquirí enarcando una ceja, con una sonrisa forzada que quería ocultar ese dolor punzante que ya empezaba a impedirme hasta andar con rectitud. Aún me hicieron falta unos segundos para comprender las intenciones de Kya-. Oh... -dije como burda señal de que había entendido. O eso pensaba hasta que nos vimos entrando al lugar, después de que la sanadora pagase por el cuidado del caballo.

Agaché el rostro al pasar, colgándose un poco más sobre Kya pero sin que acusara demasiado todo el peso. Arrastraba los pies a propósito, mientras los dedos de mi mano, casi se encargaban en la tela sobre la herida, según las punzadas por el movimiento. Escuché atento la conversación, sonriendo por dentro, por todo lo que aquel tipo estaba malinterpretando. Kya por el contrario se tensó y hasta casi pude sentir la incomodidad emanando de su cuerpo. Y entonces, ella explicó, y yo vi oportuno hacer una pequeña actuación, como simple apoyo a sus palabras-. Essos maldetos... se creen que pueden jugar así con los empleoss de la nte -forcé el hablar a golpes, como siempre hacían los borrachos, procurando mirarme los pies - o los de Kya-, evitando reírme. La situación era cuanto menos, divertida. Y, de no haber estado herido… o toparme con ella, habría sido distinta. Eso, desde luego.
Sin mucho más que añadir, la chica pagó y comenzamos a movernos. Por ello, la herida tiró. Apreté los dientes con un pequeño gruñido que no dudé en esconder:- Raciass cabballero. -me despedí, como buen borracho educado.

- Sí, sí... Ya. Suba a dormir la mona, señor. Le vendrá bien. -se despidió, volviendo a lo suyo, seguramente murmurando cualquier cosa sobre la supuesta resaca que tendría al día siguiente. Hecho que volvió a sacarme la sonrisa, según subía las escaleras, ayudado por la muchacha-. Parece que no he perdido mis habilidades de actor, después de todo. -murmuró al llegar al segundo piso, donde ya aquel hombre, víctima de mi actuación, no podía oírnos.

Kya en todo el trayecto, apenas habló. Y para mi inquietud, no la recordaba así. Claro que, no dejaba de ser una desconocida con una intensidad tal en su mirada que despertó en mí, tal capacidad para ver lo que me estaba pasando. Me indicó que me sentara en una de las sillas de la habitación, mientras ella se encargaba de iluminar algo más la estancia. La tela de la bufanda ya empezaba a pesar, indicando que la sangre aún seguía brotando de la herida. Tal vez, fuera esa la razón por la que me sentía cada vez con menos fuerzas. O, a lo mejor, sólo era el cansancio también-. ¿Siempre haces esto con cada herido que te encuentras? -pregunté con media sonrisa, una vez que tuvimos a privacidad que brindaba aquella habitación a puerta cerrada, mientras ella se recogía el cabello y se disponía a ayudarle-. Kya, espera... -murmuré cuando, aún sin mediar palabra, me quitó la camisa con suavidad. No me hizo falta esperar para saber que, todas esas marcas en mi torso pudieran impresionarla. Algunas más que otras.

Pero su semblante horrorizado me confirmó que, aún en la penumbra a la luz de una simple vela, pudo ver las consecuencias de mis torturas. Extendía mi mano ociosa hacia ella, con cierta ansiedad. ¿Por qué carajo me importaba tanto lo que Ella pudiera pensar?- No debes preocuparte... -le dije sin apartar la mirada de su rostro estupefacto. De hecho, mi primer impulso fue incorporarme, pero la herida y su inmediato tirón me hicieron pensármelo y volver a sentarme con un pequeño gruñido de frustración. Esa mano alzada volvió inmediatamente al asiento, apretándose contra la madera-. ¡Maldición! -blasfemé entre dientes, en lo que agachaba la mirada a la herido, presionando con mi mano un poco más, como si así fuera a sanar más rápido.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Sáb Abr 22 2017, 16:37

Cuando le despojó de sus prendas y sus ojos azules habían dado con su torso desnudo, pudo ver aún en la penumbra aquellas marcas que le robaron el aire. Ella no era tonta y podía saber según su conocimiento lo dolorosas que en su momento pudieron haber sido aquellas y fue como si se le fuese el alma al suelo, sin comprender exactamente por qué. ¿No debía preocuparse? ¿Cómo podía decir eso? - ¿No?... –murmuró entonces en respuesta a esa frase que no servía de nada para calmar la tormenta que estaba desatándose en ella, marcas así...dejaban no solo vestigios de su tamaño y gravedad, también dejaban huellas y esas huellas podían ser muy profundas. Y fue cuando recordó las reacciones que él había tenido aquel día en la granja... ese temor que había expresado, el temblar de su abrazo, el cómo se había aferrado a ella y la desolación de su mirada.

¿tenía que ver? Apostaría lo que fuese a que sí... nada de aquello estaba bien, los humanos no debían sufrir ese tipo de dolor y muchas cosas más que ella pensaba que no debían existir. Sus ojos azules se encontraron con sus iguales por un segundo mientras tensaba sus labios y mantenía la camisa entre sus manos, perdiéndose en esos ojos en los que se reflejaban los destellos de las velas del candelabro de 6 brazos, de hierro, entre los cuales la cera se dejaba caer derritiéndose. Observando como en esos cortos segundos él extendía una mano hacia ella que provocó que las propias temblasen un poco y quisiera alcanzar con alguna, la de él para asegurarse de alguna manera que en realidad no tenía que preocuparse... pero no lo hizo.

Tardó apenas unos segundos, en lo que duraba aquella sorpresa que le robó el aire, reaccionando justo a tiempo cuando él se incorporaba y veía que se doblaba del dolor-…No hagas eso, Trys...por favor –dijo entonces con voz queda y muy suave, sujetándole de sus antebrazos con cuidado para ayudarle a sentar de nuevo. Y tratando de empujar sus pensamientos aparte para no perder más tiempo vital, se apartó para girarse y colocar la camisa en el respaldar de su silla para que se secase un poco, mientras abría su bolsa de sanadora y sacaba una caja mediana con distintos frascos, todos taponados y marcados con una fina letra corrida. La lluvia había enfurecido y ahora se notaba un poco más, las voces lejanas de los habitantes de la posada que en los pisos inferiores disfrutaban de algún plato de la casa, se podían escuchar amortiguados por las paredes. Movilizando sus manos con presurosa agilidad para sacar sus instrumentos de sutura y aquellas hierbas que no tardó en mezclar con ayuda de aquel pequeño mortero de madera. Todo a una velocidad marcada, urgida para tratar la herida con todo listo cuanto antes. Sin importar su cansancio y aquella drenada sensación de que moriría desmayada, conservando su agudeza mental mientras murmuraba- Casi está listo...resiste un poco más –murmuró.

Tomando un pequeño tazón de hierro que con un paño y unas pinzas sostuvo sobre la llama de dos velas calentando el agua improvisadamente, mirándole de reojo con preocupación que iba en aumento debido a su respiración y la forma de sentir dolor que podía ver era agudo por sus facciones. Sin dejar temblar su pulso, permaneció de pie allí lo suficiente, hasta que el agua en realidad hirviera y colocándola en la mesa, se sentó en la silla por fin y acercando el candelabro ella murmuró para llamar la atención del pelirrojo, mientras buscaba sus ojos por unos segundos antes de llevar sus manos hacia su bufanda ensangrentada- ...No suelo encontrarme con heridos tan buscados... –susurró retirando la tela para ver que la sangre brotaba aun fluidamente, colocando esta, en la parte inferior de la herida, tomó aquella infusión creada y murmuró- te arderá un poco pero ayudará... –dijo advirtiendo al derramar aquel preparado sobre la herida, limpiando con esta, la sangre y descubrir la longitud y ancho de la abertura. El preparado era una mezcla de aloe, vara de oro y aquilea, plantas cicatrizantes, antinflamatorias y que combatían el sangrado. Un poco de este se derramó en la madera, pero vamos que estaban improvisando y ella no podía hacer magia.

Una vez se aseguró que el sangrado disminuyó, gracias a la infusión tibia que desprendía un aroma herbáceo picoso y fresco a la vez, supo con eso que la daga no había atravesado ningún órgano importante... ya que, si el sangrado no hubiese menguado, significaba que podía haber sido una herida que podría haberle costado la vida. Por lo que, en un suspiro aliviada, le demostró al pelirrojo con una sonrisa ladina...que todo estaba bien- Aunque debo admitir que esos dibujos no te hacen justicia... esas lagartijas deben elegir mejor a sus dibujantes...  –bromeó un poco mientras extendía su diestra y tomaba uno de los frascos, destapándolo, introdujo dos de sus dedos y los mojó en aquel aceite y con mucho cuidado lo untó sobre los bordes de la herida y la piel en un perímetro circular. Este aceite estaba compuesto de las hojas de aquel árbol que ella conocía como “clavo” su aceite era un germicida, antiséptico y anestésico local fuerte. Y era uno de los que más usaba cuando trataba heridas así de profundas, en pocos segundos las palpitaciones de la herida no serían tan dolorosas; Así es como supo que ya podría empezar a suturarle sin temor a que muriera desangrado.

En todo caso, también podrían dejar de intentar imitarnos y crear cosas feas... –dijo de nuevo, procurando con eso que él pensase y compartiese la conversación, de ese modo estaría segura que todo estaba bien. Levantándose por un momento, remojó sus manos lavándolas y secándolas rápidamente, tomó aquel pequeño envoltorio de cuero, donde había varios tipos de aguja, encontrando la adecuada y el hilo, lo enhebró con cuidado para sentarse de nuevo y fijar sus ojos en los ojos azules del pelirrojo, acercando la silla hasta que sus rodillas rozaron las piernas del herido y solo tuviese que inclinarse sobre su abdomen para trabajar de mejor manera. Una sonrisa algo apenada se dibujó en sus labios-...prepárate... – y dicho eso, la ojiazul, esperó a que él le diese el visto bueno, para con mucho cuidado unir la piel y pasar la primera puntada para su trabajo de sutura, que no sería muy extenso. 



Ella no estaba segura lo que quisiera pensar en ese momento, tampoco de hacerle mucho caso a esa voz que le recordaba cuan oportuno habia sido aquel encuentro en las oscuras calles de Talos, precisamente esa noche. Ni en como, el conocerlo habia cambiado el rumbo de cada paso que habia dado desde ese día en que sin duda por primera vez habia sentido que habia tenido un despertar en medio de su autodestructiva vida sin sentido, como las cosas habian tomado otro tono. Y claro... el que ahora parecía gobernar: La preocupación al dolor que le atravesaba y sabía sentía... vamos que ya era suficiente dolor por el que ya habia pasado y por esto las puntadas hechas procuraban ser... precisas y sin tardanza.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Dom Abr 23 2017, 15:25

Cerré los ojos con fuerza en lo que volvía a mi asiento, entrecortando mi respiración. Deseé por un momento, volver a esa enajenación peligrosa que conseguía volverme una roca, perdiendo la capacidad de sentir ese dolor que ahora punzaba como el mayor de los condenados. Kya pareció reaccionar tras mi blasfemia, echando sus manos a mis brazos para asegurarse que yo me apoyaba en el respaldo de la silla. Odiaba sentirme tan inútil. Toda una desventaja que te hieran en cualquier trifulca, desde luego. Sus palabras y esa petición suave me invitaron a que me tranquilizase. Espera... ¿qué? Tranquilizarme, ¿por qué? ¿Acaso me inquietaba tanto que ella pudiera salir corriendo? Aún después de haber pagado aquella habitación y haberme sacado de la calle, cuando cualquier otro seguramente me habría abandonado a mi suerte. Una suerte que habría acabado conmigo muerto o en las mazmorras a punto de ello.
Tal vez, lo que realmente me preocupara era el haber arrastrado a aquella muchacha a esa decisión que la declaraba del bando ilegal, al ayudarme. Si la hubieran pillado, podría correr la misma suerte que yo, por mucho que intentase explicar que ella no tenía nada que ver con la Resistencia. ¿Por qué se estaba arriesgando tanto?

Llené mis pulmones de aire, con una inhalación profunda, mientras observaba a mi imprevista y salvadora compañía preparar todo aquel arsenal de curación. Entrecerré mi mirada, por la molestia, por ese pequeño pinchazo que me dejó sin respiración por un momento. Tampoco era la posición más cómoda para tratar el corte de una puñalada en el lateral del abdomen. Hasta que mis azules bajaron a esa bufanda que ocultaba la herida. La sangre ya manchaba mi mano, y la tela se veía brillosa, a punto de desbordar. ¿Tanta sangre estaba perdiendo? Fruncí el ceño, algo inquieto. Tal vez, fue en ese momento cuando la precariedad del momento iluminó mi mente, haciéndome consciente de la gravedad de la herida. Un leve mareo me atacó entonces, haciendo mis parpadeos lentos y desenfocando sutilmente mi visión, en lo que el murmullo de Kya rompía el silencio de la habitación, que no del edificio. Con algo más de esfuerzo, alcé la mirada, buscando la suya para sonreír con algo de demora por lo dicho-. Tampoco es que los más buscados se dejen ver con facilidad... -porque, después de todo, aquel encuentro había sido totalmente fortuito. Un instante en el que nuestros camino volvieron a cruzarse de forma imprevista. Asentí, espabilándome de nuevo, ante esa pequeña advertencia por lo que estaba a punto de hacer. Al sentir esa sensación, aspiré entre dientes. De cálida pasó a abrasarme, lo que me hizo entrecerrar más la mirada, pero sin emitir queja o sonido alguno. No era de los que exageraban el dolor. De hecho, por todo lo que me había pasado en toda mi vida, creo que mi límite solía estar por encima de la media.

Los minutos parecieron pasar deprisa, conforme ella atendía mi herida con un ojo clínico que ya había observado ligeramente aquella primera vez que nos viéramos, cuando irrumpí en su rutina para perturbar su tranquilidad y monotonía. Así como ella pareció concluir positiva e internamente con un suspiro de alivio que consiguió que yo enarcara una de mis cejas con curiosidad. Terminé riendo entre dientes por el comentario alusivo de todos esos posters con un bosquejo de mi cara que solían ser parte ya de la decoración externa de las calles de Talos-. ¿Sí, verdad? Me dibujan más guapo de lo que en realidad soy... -murmuré en contestación, sin perder el tono divertido. No era particularmente bueno intentando justificar los halagos, y prefería siempre cambiar el punto de vista. Derivar. Esquivar. Guiar la conversación hacia otro sitio.

Tras esa sensación de quemazón, Kya untó un ungüento que trajo frescor a la herida. Lo que yo no sabía hasta minutos después que hizo efecto, eran esas propiedades anestésicas que sin duda, ayudaron a que, cuando ella clavó la aguja con intención de coser, no lo acusara tanto. Asentí, de nuevo, esta vez, con un murmullo en mi garganta, cuando anunció que comenzaría a coser. Con tremenda paciencia y estoicidad por ese molesto hormigueo del hilo atravesando mi carne, aguanté. Tragué saliva, de repente, pensando en las palabras previas de la muchacha-. Es lo que les han enseñado a ser... nadie podrá cambiar nada a menos que se vaya directamente a por la más poderosas de todos... -palabras veridicas, contundentes y solemnes que no pude callarme, como rebelde ante el sistema que era-. Es seguro que muchos de nosotros no lleguemos a ver tal cambio... -más que por que tardase en ocurrir, era por ese ataque que se estaba planeando desde las cuevas de las montañas. Muchos caerían ese día por la posibilidad de que ese cambio se diera. Como tantos habían perdido la vida ya por la misma causa.
En un principio, me incluí por mi fragilidad humana, dando por sentado que sería una de las bajas de ese inminente ataque.

Y fue cuando mis ojos volvieron a mirarla, mientras Kya seguía cosiendo, ajena a mis pensamientos... en los que, súbitamente, me pregunté qué sería de ella después de todo. Cuando la sociedad cambiase. O, quien sabe si lo conseguíamos. ¿Sufriría las represalias? Porque estaba seguro que, de no tener éxito en nuestra empresa, las consecuencias serían aún más nefastas para los humanos.

Y un terrible impulso de los míos fue dificilmente contenido. Quise pedirle que se alejara... pero de hacerlo, habría preguntas a las que no podía contestar. Al menos de momento.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Lun Abr 24 2017, 10:20

Aunque sonrió por las respuestas a sus comentarios para conservarlo atento y despierto, ella mantuvo su silencio durante todo el tiempo en que realzaba las puntadas con cuidado y presteza, al menos hasta que estuviese segura que ya estaba terminando con ello- Siempre ha sido así... –dijo con suavidad, anudando el hilo y levantando sus ojos azules para ver al pelirrojo a los suyos con atención, dejando que los destellos dorados de las velas juguetearan con los reflejos de ambos- ...deshacerse de la raíz del problema... –contestó para explayarse mejor-...la preocupación...es el procedimiento, si es efectivo o no, si las circunstancias son las adecuadas y favorables...al menos así es con la sanación... –habló bajando sus ojos, observando como sus dedos ágilmente creaban un nudo nuevo y limpio.

Irguiendo su espalda un poco y sosteniendo la aguja con su izquierda, tomó unas tijerillas con su derecha y con ellas cortó el hilo que estaba lo suficientemente tenso para mantener cerrada la herida y lo suficientemente flojo para que la piel pudiese estirarse y no creara dolor extra y se abriera por tensión- la preocupación principal está...en las consecuencias de hacer algo tan arriesgado...como sanadora tomo esa decisión muchas veces, a veces funciona para la mejor integridad del paciente…y otras... –hizo una pausa mientras guardaba silencio, levantando sus ojos de nuevo para verlo mientras su diestra abandonaba las tijeras sobre la mesa y tomaba el hilo corto y la aguja para colocarlos ambos sobre una tela. La bufanda manchada de sangre, también la dejó a un lado y extendió una de sus manos para tomar un frasquillo con un ungüento de hierbas que colocó sobre la herida cerrada, volviendo a tapar el mismo para dejarlo sobre la mesa.

Levantó su cuerpo nuevamente para enjuagarse las manos y secarlas, tomando un rollo de venda y las tijeras, cortó un poco y lo dobló creando una “gaza” de mediano grueso y volvió a sentarse para colocarla sobre la herida, ejerciendo una suave presión con su mano izquierda y murmurar-...sostén por un momento... –pidió, mientras tomaba el rollo completo y con sus dedos depositó un extremo justo donde el pelirrojo sostenía y comenzó el proceso de rodear su torso a nivel del abdomen con la venda. Con la que no presionó demasiado, nada más que lo suficiente para que la “gaza” improvisada no se moviera- Cuando se ha hecho algo así de importante...hay que asegurarse que haya funcionado al propósito esperado, si el cuerpo mismo es capaz  de aceptar los cambios o rechazarlos...pero es labor del sanador asegurarse, como único responsable... que esté mejor quien se ha tratado de ayudar...– Dijo con suavidad cortando con la tijerilla por la mitad el último tramo de venda, rompiéndolo hasta cierto punto para mover los dos lados a extremos distintos y con estos, atar todo en un nudillo simple.

Lo mismo pasa con la sociedad, si somos precursores de algo así...debemos asegurarnos que quienes quedan no se pierdan en el proceso...este mundo necesita un cambio...lo sé, pero los responsables de este, deben estar para presenciar al menos el inicio de este... y quienes quedan en este mundo, deben servir de memoria viviente por aquellos que nunca lo lograron...– murmuró entonces como respuesta a esas ultimas solemnes palabras, recordando a su padre y a aquellos rebeldes y exiliados que había visto luchar, mientras se sentaba mejor para recoger un poco las cosas utilizadas y recostar su espalda en el respaldar de la silla, mientras la luz de las velas los iluminaban a ambos y por fin guardaba silencio solo atenta al semblante del pelirrojo de ojos azules, viendo como aquellos matices dorados se dibujaban en sus cristalinos ojos y por un momento la hacían olvidar cualquier otra cosa que pudiese tener relevancia. Separando sus labios, quiso decir algo más, pero sus ojos azules se posaron en la cicatriz de su hombro...y aquella en su pectoral izquierdo y por un momento un extraño cosquilleo en sus dedos le llamaba. Mas ignorando este, no se movió ni un ápice, recordando las marcas que había visto en lo que había podido ver en su espalda, ¿azotes? Y un nudo se formó en su garganta, mientras volvía sus ojos a los azules de él y con un suave movimiento de sus manos sobre sus propios muslos, un inhalar profundo y un exhalar, hizo ademán de levantarse- Bien...vamos a recostarte para que descanses... –dijo rompiendo ese silencio que la estaba llevando a pensar muchas cosas que no deseaba tener revoloteando... sobre todo que toda señal de sueño que pudo haber tenido, se había desvanecido por completo.




¿Qué? No me mires así... tú eres el herido al que acabo de remendar... –dijo sonriéndole. Ella estaba cansada, muy cansada, sus hombros, su espalda, sus brazos, su cabeza y cada parte de sí misma estaba colapsando, incluso emocionalmente se sentía como una bomba de tiempo, como si fuese a llorar repentinamente, quebrada por una frustración burbujeante bajo toda superficie calma que mostrase en ese momento. El aspecto de una mujer que no estaba para nada cansada, como si toda la fuerza del día se concentrara en ella y su mente clara estuviese lista para resolver los más complejos acertijos. Pero sus ojos azules, clavados en los de él, se habían ligeramente oscurecido, reflejado como si contuviesen un universo fuera de sí a punto de explotar, más su preciado silencio era sin duda la llave a aquellos misterios ocultos que podrían explotar y absorber el mundo.

Obligando a su cuerpo a levantarse de la silla se acercó a él para que aceptara su ayuda para que se pudiese recostar en la cama a reponer fuerzas. Su cabello ya casi seco, aún desprendía aquel aroma a flores silvestres, aunque la lluvia había lavado parte de aquel tónico que le había regalado aquella chica que había conocido, su camisa blanca remangada, estaba casi seca por que no se había mojado del todo gracias a la chaqueta de cuero que había llevado encima.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Jue Mayo 04 2017, 21:43

Aguanté de una forma casi estoica, en lo que Kya me cosía la herida. Mi respiración profunda y discreta a veces se veía entrecortada cuando alguna punzada me causaba más dolor. Escuché lo que la muchacha iba diciendo, conforme la aguja entraba y salía en mi carne con esmero, cuidado y certeza. Y, puede que por la aprehensión de ver y sentir el acto de coser en mi propia piel, levanté la mirada, fijándola en el rostro contrario. Pude ver, en la penumbra cómo mantenía el ceño fruncido, claro signo de la concentración que la sanación requería. Cómo movía sus labios, enunciando palabras que no dejaban de hacerme sentir de acuerdo con ellas. Pese a que Kya hablaba de sanación, principalmente. Y ese pequeño segundo en el que levantó la mirada para buscar la mía me dejó sin saber qué decir. Yo no tenía ni idea de hierbas, ungüentos y demás… De hecho, tenía bien claro lo negado que era para ello. Si algún día, alguien me daba una aguja e hilo para hacer un remiendo de ese cariz, era aún más inconsciente que yo.

Cuando ella se incorporó, tampoco mencioné palabra, dejándola hacer. Asentí de forma automática cuando me pidió que sostuviera la gasa que ella misma había hecho. Puse mi mano encima, notando cierto frescor extraño en los bordes cosidos de la herida. Un hormigueo frío que, contra todo pronóstico, me hizo las suficientes cosquillas como para hacerme sonreír. Alcé el otro brazo cuando le vi la intención de rodear parte de mi torso con aquella tela. De forma totalmente inconsciente, observé sus movimientos con una ceja enarcada. Dentro de mis limitaciones, claro. Con un cuidado fuera de lo normal, sujetó la gasa con más venda y unió los extremos en el lado contrario a esta con un nudo simple-... Quieres decir que… cualquier cosa que le pase a mi herida a partir de ahora, ¿es responsabilidad tuya? -inquirí cuando pude ver su rostro, de un divertido que podía no caer bien, dada la aparente gravedad del asunto. No dudaba del buen hacer de Kya. Lo había comprobado desde ese primer encuentro que tuve con ella. Mas me resultaba gracioso esa implicación suya, de tener una contestación positiva a mi broma.

Principalmente, porque no la veía siguiéndome a todos los sitios a los que yo iba. Las cloacas, sin ir más lejos, no parecían lugar para ella. Quizás, las cuevas lo fueran, pero…No estaba del todo seguro de cuánto estaba Kya dispuesta a hacer por la causa.

Y justamente andaba con esos pensamientos cuando la muchacha hizo mención justamente a esos precursores de cualquier causa, responsables de que el cambio por el que pudieran estar luchando, se diera. Al menos, se empezara. Y no pude reprimir mi interés:- ¿Y tú? ¿Hasta dónde estarías dispuesta a llegar por luchar por ese cambio del que hablas? -pregunté con curiosidad.
Había mil y una personas que podía nombrar que lucharon por ese giro en la sociedad que murieron mucho antes de ver tan siquiera el comienzo. No podía evitar sentir lástima por todos aquellos que había podido perder por el camino. También precursores de ideales que intentaron poner en práctica. Los cuales yo también compartía. ¿Significaba eso que por mucho que luchara iba a tener un final triste y rápido? Casi prefería morir luchando, sin importarme en lo absoluto que fuera rápido. Igual hasta lo agradecía, después de haber sufrido tanto.

Un silencio pareció invadir la habitación. Algo que no era nuevo para ninguno de los dos. Su mirada se clavó en la mía, como mis azules lo hicieron en los suyos. Y ahí el tiempo volvió a detenerse como ya lo hiciera aquella vez en su granja. Tan solo el sonido amortiguado de la juerga de los pisos inferiores libraba a la estancia de una tranquilidad absoluta. Mas Kya no evitó que sus ojos bajaran a mis cicatrices. En la penumbra pude ver esa suave caída de sus pupilas, en lo que se deslizaban de una marca a otra. Me tensé como acto reflejo, y eso hizo que la herida pinchase. Aún así reprimí el dolor a tiempo de ver cómo se incorporaba para ayudarme a… ¿recostarme? El gesto de mi semblante debió ser algo divertido por la sorpresa, por esas últimas palabras de la muchacha que me hicieron sonreír-. Un herido que te recuerda que ayudarlo es ilícito… -enuncié, en tono bajo-. Y tú no sólo me has curado sino que pretendes también pagarme una cómoda estancia en este lugar. -sin duda, al final de aquella nueva aventura juntos, recibiría una retribución por mi parte. No obstante, el agradecimiento por todo el esfuerzo que estaba haciendo, se reflejaba intensamente en mis azules. De hecho, dejé que me ayudara a levantarme, aunque no avanzara más que un paso hasta el lecho-. Pero no puedo permitirme ese lujo, Kya. -repliqué con suavidad-. Me están buscando. -me erguí un poco más, llevando mi cuerpo al límite. Un poco más y la herida comenzaría a tirar-. Si llegan a irrumpir en la recepción, abandonaré la habitación. -comenté con solemnidad, enganchando uno de sus codos para poder encararnos-. No te causaré más problemas si puedo evitarlo. -además se veía cansada-. Puedes aprovechar tú y cerrar los ojos un rato. Yo me quedaré despierto.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Vie Mayo 05 2017, 08:45

Claro que la herida del pelirrojo, era su responsabilidad, tenía que cuidar que no le diera fiebre y si le daba necesitaba asegurarse que bajara y no empeorara, si había infección (que no debía haber ya que tomó todas las precauciones necesarias). Como que descansara lo necesario para que al día siguiente pudiese erguirse y salir fuera del alcance del peligro como pudiese, la muchacha habría afirmado con absoluta sinceridad un claro “Por supuesto que es responsabilidad mía” que había sonado solemne a la vez que había dibujado una sonrisa pequeña en sus labios. La sanadora sin embargo era lo suficientemente entregada a lo que hacía que sabía, cuándo debía persistir y podía ser igual o más complicada y eso era cierto en su más rústica versión.

Los ojos azules de la mujer se habían posado sobre él, al escuchar esa pregunta formulada de ese modo que pareció un tiro certero, derecho al centro de todo aquello que estaban hablando- No le sirvo a nadie muerta... –contestó, mientras negaba un poco, queriendo ser objetiva y dar a entender que obviamente hacia todo en sus manos para sobrevivir a lo que fuese que llegase, pero..-  ...pero si tengo que morir por salvar a otros, lo haré... –dijo con la tranquilidad de alguien que había hecho las paces hace mucho con ese final que a todos les llegaría en algún momento... no tenía nada que le retuviese de una u otra forma, al menos eso creía, por lo que estaba tranquila de hacer lo que estuviese en sus manos mientras respirara. Así como lo habían hecho los seres importantes que había conocido a lo largo de su vida y pensando en ello...se daba cuenta que no podía dejar de admitir para ella misma, que a veces sentía la nostalgia de la desconexión casi visceral que tenía con su familia, ella vivía otro tipo de vida. No en su tipo de conformismo enfermizo que todos tenían con respecto a su “cómoda” situación de “al-menos-tenemos-techo-y-comida”.

Y ante ese pensamiento, permaneció mucho más tiempo silenciosa con sus ojos puestos sobre el pelirrojo que ahora observaba con atención. Sus ojos azules, que reflejaban la luz de las velas, que también les daba matices cobrizos a sus cabellos, en medio del silencio de la noche y aquellos sonidos distantes que denotaban la tranquilidad de las personas de los pisos inferiores. Y de pie a su lado escuchó como respondía a lo dicho con un dejo divertido en su voz ronca, vibrante que era como una caricia para sus oídos, vayan los dioses a saber que carajos estaba pensando en ese momento. Ciertamente encontrando agradable su hablar, destensó sus labios un poco y sonrió- Bueno, en este mundo hacer casi todo es ilícito... –dijo suavemente. Ella ya hacía varias cosas ilícitas, no era nada nuevo- Ya me resigné a no ser una ciudadana modelo de Talos... –dijo con ironía y humor impresos en su voz y aquella forma de ladear su cabeza y sostener su mirada.

Porque, aunque deseara sacar de sus pensamientos gran parte de su contenido, era inevitable... y debía comenzar a controlar todo lo que decía o hacía antes de parecer una estúpida como en varias ocasiones ya se había encontrado a si misma- Bastante cómoda, porque, aunque puedo dormir en bosques a la intemperie sin morirme... parece que en posadas hay que darse el “lujo” de pagar algo así si no quieres encontrar cosas desagradables... –hizo el énfasis en rodar sus ojos un poco queriendo hacerle reír de nuevo. A lo mejor era aquella desconocida sensación que le mantenía en expectativa. Con inquietud plasmada en sus sentidos, una que no había sentido antes, como si aquella conversación tan normal, fuese la más importante y determinante del futuro próximo. Y es que desde que se habían conocido, se había encontrado a si misma acordándose de esos ojos azules que evitó mirar al resoplar suavemente reconociendo que tenía razón en que lo estaban buscando y era peligroso no estar alertas- Pero eso no quita que puedas estar algo más horizontal por el momento... –habló bajo, demostrando en su voz, matices de preocupación un poco más condescendientes. Encontrando sus ahora centelleantes ojos azules con sus iguales, mientras se encaraban por un momento, sintiendo un suave escalofrío que le recorrió su columna vertebral obligándole a suspirar pasivamente, escuchando lo que el pelirrojo haría si algo llegaba a ocurrir.

Esperemos que nada pase, entonces... –dijo la muchacha llevando una de sus manos sobre el brazo masculino entregando unos suaves toquecitos que decían un muy claro “calma allí campeón” de un extraño modo más llevadero como ese que usaban los sanadores cuando no podían luchar contra sus pacientes. Pero acompañando este había una suavidad más personal, más cercana, aunque genuinamente preocupada- Vamos, compláceme en eso, aunque sea... semi-recuéstate contra el respaldar y hablemos de algo... ¿mh?... –escuchando entonces como terminaba sugiriéndole que ella podría cerrar sus ojos un rato- Eso no va a pasar... –contuvo una pequeña risa ante la expresión del pelirrojo al encontrarse con Miss Necedad- No tengo nada de sueño, solo me sentaré a comer algo y así nos trasnochamos los dos... ¿te parece? Pero a ti te quiero semi-recostado para que la herida desinflame un poco y puedas huir mejor en 5 minutos cuando irrumpan en la recepción con dos cuadrillas de dragones con muy mal aspecto por trabajar de más persiguiendo guapos prófugos de la justicia con fotos horribles en los muros de la ciudad....

La muchacha suavizó un poco su postura. Estaba tan acostumbrada al poco descanso que ya no podía identificar cuando era el punto en el que su cuerpo ya no podía más. Aunque su trabajo estuviese drenándole las energías, creyendo que podría simplemente sentarse a leer, fijó sus ojos azules en los de él, guardando silencio, sintiendo por alguna razón que deseaba salir de allí y huir lejos donde ninguna de aquellas revueltas ideas y sensaciones, pudiesen exponerle. Sabiendo que sus ojos podrían delatarle, quizá su semblante y la forma en que ahora mantenía su postura a medio camino hacia la cama, que se veía absolutamente cómoda ¿Por qué no solo le hacía caso y se semi recostaba, al menos para evitar que la herida se tensara más? ¿Por qué el ojiazul era tan necio? ¿Por qué le miraba de ese modo? ¿Quién rayos se creía? Intentando conservar su postura y no distraerse “Venga, concéntrate ya Kya, él necesita descansar” se repitió mentalmente sin abandonar esos cristalinos ojos azules, camino a la perdición por su belleza... y bien... allí iba de nuevo.




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Lun Mayo 08 2017, 20:31

Reí con suavidad por su evasiva-. Vale. Bien. Yo tampoco le sirvo a nadie muerto. -enarqué una ceja. Tampoco el hecho de morir me asustaba-. Pero no te he preguntado eso. -sin duda, pareciera que había encontrado una mujer más críptica y evasiva que Megerah. ¿Era tan difícil explicarme por qué lucharía?- No me creo que vayas por ahí sanando a la gente, saltándote alguna que otra norma, sin más. Simplemente, porque sí. -sorbí por la nariz ligeramente. ¿Tan difícil era el decirme en qué creía? ¿La absolución final? ¿Los dragones? ¿Los humanos? ¿La igualdad o el total exterminio de uno u otro? Porque, desde luego si no era una ciudadana modelo, no podía decir simplemente que todo le diera igual. Tal vez, internamente, yo me negase a creer que Kya fueran de las que se dejasen llevar hasta su muerte. ¿Podría ser?
… Quería pensar que no.

Sobraba decir que la  penumbra del lugar, que no llegaba a oscuridad por esas danzantes llamas de las pocas velas que había prendidas, me dificultaba el poder ver sus gestos y lo que pudiera ocultar en ellos. No era como aquella vez que pudimos hablar en su granja, a plena luz del día. Volví a reír por sus opciones de dónde dormir y ese rodamiento de ojos-. Es una lástima que tengas que pagar para dormir, cuando en realidad es para evitar que te pillen saltándote el toque de queda. -maticé sin perder la diversión. ¿Y ella decía no ser ciudadana modelo? Desde luego, a mí ni se me había pasado por la cabeza esconderme en una posada, como cualquier persona normal.

Pero, al fin y al cabo, ninguno de los dos pecábamos de normalidad. Y en la primera cualidad que coincidíamos era esa tenacidad recién descubierta-. No voy a tumbarme. Al menos, no por ahora. -según pasara el tiempo sin encontrarme, la posibilidad de que se hubieran dado por vencidos era mayor, ergo podría relajarme un poco. No mucho, pero desde luego, más que en aquel preciso instante-. Pero sí te aceptaré sentarme contigo a charlar un rato. -medié con esa sonrisa que quería ser tranquilizante a esa preocupación que se adivinaba en su mirada. Terminé riéndome otra vez, entre dientes. Primero por esa Kya tan categórica que no había tenido oportunidad de conocer hasta ahora. Y, después, por sus palabras, volviendo a hacer alusión a esos carteles con mi cara impresa en ellos. O un intento de.

Inhalé sonoramente, mirándola con cierta resignación. No tenía ganas de seguir midiendo quién era el más testarudo de los dos. Por su profesión podía entender que le urgía verme descansar. Pero... por la mía, el hecho de descansar en ese justo momento podía ser mi perdición si las cosas se torcían. La invité a regresar a las sillas, señalándolas con la mano abierta, cediéndole el paso también-. Estaré bien, Kya. -le aseguré justo antes de sentarme con ella, ahora habiendo aproximado la silla a la mesa, para poder, al menos, dejar un brazo sobre ella, en lo que apoyaba mi espalda en el respaldo del asiento, con un pequeño gruñido de inconformidad por la punzada de dolor que sentí en ese instante.

Con la respiración tranquila, pese a sentir cierta adrenalina recorriendo mis vasos sanguíneos todavía, tamborileé suavemente en la mesa, con mis dedos, después de un rato en silencio. Uno que no sentí como incómodo, a decir verdad, aunque no supiese bien cómo entablar  el inicio del diálogo. Bien presente tenía esa ocasión en la que Kya supo entenderme con una sola mirada.
Mis dedos golpeaban la madera sin producir apenas sonido, mi mirada azulada se fijaba en el movimiento repetitivo de estos, mientras mi mente vagaba entre pensamientos, sensaciones y preocupaciones que podían turbar mi tranquilidad. Pese a la calma que había en la estancia, la situación no lo era en absoluto. Independientemente de los guardias que pudieran estar buscándome fuera, con la inquietante posibilidad de que retrocedieran sobre sus pasos para hacer un barrido mucho menos superficial por cada una de las puertas por las que pudiera haber entrado, lo que me turbaba era el hecho de saber que, esta vez, no estaba solo para poder huir con toda la despreocupación del mundo. Fue entonces cuando mis azules se alzaron, buscando los contrarios, queriendo poder ver en ellos, más allá de lo que sus esquivas palabras me hicieran saber-. ¿Sueles saltarte el toque de queda a menudo? -inquirí, ahora con seriedad impropia. Me tensaba el hecho de que estuviese jugando así con la ley. Primero, por andar a deshoras por las calles y, segundo, por ayudarme a mí, sabiendo que era ilegal. Más sin siquiera saber qué ideales le empujaban más allá de la sanación, o de la protección de la que disponía. Aunque, bueno, no era protección la palabra en concreto. ¿Había alguien que la incitara a jugar tanto con fuego, aprovechándose de sus visibles habilidades para curar a los demás?




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Mar Mayo 09 2017, 06:32

Con un resoplido bajo, la sanadora supo que él tenía razón en todo lo que decía, conservando en ese silencio gran parte de sus propios pensamientos, accediendo con un caminar pesado a que se sentasen en las sillas donde ya habían estado sentados ambos. A esas horas, estaba realmente convencida que parecían aparecer las situaciones más extrañas conocidas para ella y esperaba que no tuvieran que salir corriendo a ningún lado, porque en realidad sería la segunda vez que se vería en un aprieto así. Había escuchado sin duda las dudas y palabras del pelirrojo y tenía una ligera sospecha que él quería saber más de ella... ¿Por qué tenía tanto pánico a abrirse? Era bien sabido que ella no se molestaba en esconder ante nadie como creía o pensaba, pero ¿Por qué el pelirrojo le provocaba aquellas ganas de querer cambiar el tema que se aproximara muy remotamente a lo que ella consideraba como ideales suyos? ¿era tan complicado para ella dejarse conocer? Y aunque había sonreído como respuesta a sus comentarios, sus labios parecían estar sellados.



Tensando sus labios la sanadora, escondió sus propios ojos de su acompañante, en las llamas de las velas que bailaban, rígida por unos segundos hasta que finalmente caminó hacia la silla y permitió a sus manos deshacerse de las incomodas correas que llevaba en sus caderas y las dejaba sobre la mesa para sentarse y liberar una profunda bocanada de aire, con sus ojos bajos por un momento antes de levantarlos con extrema lentitud y observaran como tamborileaba sobre la mesa y por un segundo quiso saciar su preocupación que plasmaba en esa postura y la mirada azul perdida en ese movimiento que ahora ella también miraba, con sus propias manos descansando en su regazo. Parte de ella quería decirle muchas cosas, responder a cada duda que había expresado, a cada cosa que había compartido y ella había dejado a que ardieran sin respuesta, evadiendo cada cosa con ese temor consiente de que él había sido la primera persona que había podido llegar tan profundo en un solo intercambiar de miradas, temía a lo que él pudiese ver en ella, a lo que ella pudiese dejar entre-ver sin quererlo... porque sin tocar a la puerta, sabía bien que ambos habían tenido un entendimiento que trascendía a solo ser amables porque sí.

Y todo aquel tiempo en que tardaba en responder sus preguntas y evadir estas, estaba intentando construir un muro de contención que le protegiera ¿De qué? Un completo extraño que no se sentía como un extraño realmente. Su mirada distante comenzó a hablarle de como intentaba responderse a sí mismo todo lo que le preocupaba y ella sintió una imperiosa necesidad de detener con una de sus manos ese tamborileo sutil para atraer su atención y murmurarle con la misma seguridad que estaba bien. Sus labios se separaron y quisieron formular por fin lo que tanto deseaba... sus manos picaron y atentaron con hacer lo que deseaban cuando se encontró con esos azules tan cristalinos como el agua más clara, como reflejos del cielo estrellado en la noche y la promesa de la intensidad de ese abrasador espacio.

Y allí estaba de nuevo, aquel imán que le desnudaba y decía “no, no puedes mentirle, aunque quieras”.

Alarma, alarma, una alarma sonaba en ella, ensordeciéndole. Recibiendo la insistente pregunta que este le hacía para saber lo mismo que la primera vez que la había hecho formulada de otro modo, ¿Por qué estaba allí? ¿Qué estaría dispuesta a dar? ¿Qué pensaba de aquello que tanto deseaba? Y quizá el conflicto interno sobre hablar o no hablar se reflejaba en sus cristalinos ojos, a estas alturas en que se sentía acorralada, mordisqueando su labio inferior como si con ello acallara cada una de las cosas que pensaba, como último intento para zafarse de lo que pudiese descubrirla. Pero la mirada conectada con el pelirrojo era sin duda la precursora de que ahora volviera a sentir como si todo el resto del mundo se hubiese apagado y sin más una nueva frecuencia hiciera sentir que el universo se hacía más complejo. Más grande que ella y toda la estoicidad que urgía por mantener. Hasta que finalmente separó sus labios en in inhalar profundo y que se transformaría en un suave susurro- Últimamente se ha vuelto casi una costumbre... –contestó sinceramente- Las personas que atiendo y sus afecciones han sido distintas...más graves o complicadas... –respondió con suavidad mientras relajaba sus hombros y movía sus ojos azules al fuego de las velas que tambaleaban en medio de la estancia donde las sombras bailaban de distintas formas.

No solían solicitar tanto mi ayuda antes, así que he tenido que venir a Talos más veces de las que me gustaría que fuesen... –murmuró sin devolver la mirada aún, porque era consiente de como a lo mejor poco a poco iba descubriendo aquellas cosas que eran necesarias para calmar la tensión del pelirrojo que aún le miraba y ella aún no volteaba a ver de nuevo- ...ellos vienen en mi búsqueda, quizá por recomendación de otros a quienes he atendido...  –dijo entonces re-acomodándose en la silla mientras buscaba entre su morral un frasco con un líquido amarronado con trozos naranjados que parecía ser zanahoria, con trozos amarillos, lo que aparentaba ser patata y trozos blancos que parecían ser pollo. Sacando el corcho del mismo, dejó salir el aroma a sopa de pollo y tomando un tazón vacío vertió en este la mitad del frasco y lo ofreció al ojiazul. A quien miró por fin, con un destello en sus propios ojos, que parecía contener el universo comprimido en ese silencio que se esparcía por unos segundos antes de que su voz volviera a romperlo- Ayudo a quien me necesite...sea humano...o híbrido...  –dando a entender con eso que no tenía nada en contra si el mundo tenía que ser compartido por humanos, híbridos o dragones. Siempre y cuando existiera igualdad.

La muchacha acercó el frasco para beber de aquella sopa y así beber un poco de aquel alimento y disfrutar de que su estómago por fin recibiera algo, logrando que el alivio se notara en sus hombros que habían estado tensos hasta ese último momento- No todos son malos y trato de hacer lo posible por ayudar a aquellos que lo necesitan...en realidad no me importaría compartir el aire con híbridos o dragones, si tan solo hubiera una mínima de...equitativa convivencia...lamentablemente toca hacer cosas ilícitas como ayudar ilícitamente –dijo utilizando la misma palabra adrede, para darle cierto humor, pero con su mirada reflejaba que sabía que era riesgoso- y muchas veces esos que tienen que esconderse, son precisamente quienes hacen algo por detener esta locura de régimen enfermizo de la lagartija madre...-dijo bajando su voz- ¿Cómo no ayudarles? –dijo frunciendo el entrecejo un poco antes de murmurar- ...Pero lo de hoy, fue solo un parto…de 4 horas de labor y un gordito e inocente bebé, que vino a este mundo sin saber lo que le espera...




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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Trystan el Mar Mayo 09 2017, 19:18

Mientras tamborileaba en la mesa, pude observarla, en lo que ella podría estar haciendo todo excepto devolverme la mirada. Esa actitud tan introvertida de repente… tan esquiva. ¿Qué podría estar escondiendo? ¿Acaso tenía miedo? ¿A qué? ¿Represalias? Me resultaría más que divertido de ser así. Yo era el primero que no respondía a la autoridad. ¿Podía ser eso? ¿Podría estar negándose internamente a que un terrorista como yo conociera sus pensamientos?
¿Qué tenía que perder?

En realidad, mucho. Por todo lo que decían de la Resistencia, era normal esa desconfianza por parte del pueblo llano. Tenía todo el derecho a no fiarse de mí. Aunque, de ser así, no me habría ayudado de forma tan desinteresada. De haber tenido miedo a que la pillaran ayudando a un proscrito, me habría dejado tirado en la calle, con aquella herida que bien podía haber sido mortal de no tratarse a tiempo.
Pero… ¿entonces?

Su mirada me bastó para tranquilizar esa inquietud creciente por tantas incógnitas. Pues sus azules, al encontrarse con los míos, en plena penumbra, juraron hablar más que lo que sus labios pudieran pronunciar. De nuevo. Como ya ocurrió cuando la conocí. Ese instante entre zarcos ojos que bien podía significar interminables horas de charla. ¿Cómo podía ser? No recordaba que me hubiera pasado antes, más allá de quedarme prendado de las áureas pupilas de Rainreth. Por rareza. Casi curiosidad por ese color tan extraño, que delataba sin dudar su naturaleza no humana.
Pero, pese a que el gesto era el mismo, el resultado era completamente diferente.

Finalmente, Kya volvió a pecar de evasiva, apartándome la mirada. No obstante, casi podía afirmar que todo lo que me había estado preguntando antes internamente, no tenía razón de ser. Y, aún así, seguía viendo cierto apuro -o recelo- a hablar, por su parte. Mi ceño se arrugó por un momento, segundos antes de que ella misma me sacara de mis cavilaciones y premisas mentales. Por fin, se animó a responder. Y admitía que la contestación que me dio no me gustó del todo. ¿Costumbre? Si fuera una exiliada, o una resistente, no me preocuparía tanto. Porque, a la larga, Kya estaba corriendo el mismo riesgo... y no debía. Estaba en esa escalón social en el que los humanos aceptaban las leyes y las seguían. ¿Por qué entonces saltarse las normas tan a la ligera sin siquiera buscar cierto respaldo en aquellos que no seguían las leyes? ¿Qué sentido tenía arriesgarse así? Una cosa era aceptar la muerte como algo natural en la vida de cualquiera y otra, muy distinta, era buscarla-. Parece que alguien se ha hecho con cierto renombre entre la plebe. -murmuré con una ceja enarcada. Sin embargo, un suspiro de resignación se me escapó con la continuación-. Y no me hace falta mucho para deducir que no te importa si ese humano o híbrido al que estás ayudando es un proscrito o no... -concluí. Un escalofrío me recorrió la espalda. Yo no había tenido la opción de vivir en aquella sociedad más allá de persona non grata. Pero, perfectamente podía ser que esas personas socialmente aceptadas, hicieran por pasar de bando. Lo que me quedaba por descubrir era si Kya era una de ellas.

Sonreí abiertamente con el detalle que tuvo de compartir ese caldo cuyo aroma invadió mi olfato y casi cconsigue que me sonara la tripa. No tardé en agradecérselo, tomando el cuenco con ambas manos y llevándomelo a la boca. Prometo que aquel caldo, aunque fuese más frío que templado, me supo a gloria. Y, como niño pequeño comiendo algo que le gusta, me lo bebí bastante rápido. Sobraba decir que la comida preparada que había traído conmigo, estaba cómodamente guardada en el morral que colgaba de mi montura, pastando alejada de la ciudad. Kya, mientras tanto, siguió hablando, teniendo ciertos matices que quitaban hierro a esa conversación mantenida... así como nuestras miradas lo hacían, de vez en cuando. Terminé por bajar el cuenco, limpiándome el bigote con el labio inferior. Aunque al final, me valiera de una de mis manos para deshacerme de los restos de aquella sopa, que pudiera tener en la barba. Dejé el recipiente en la mesa, apartándolo de mí, con una pregunta en mi cabeza que no me demoré en formular:- ¿Y qué dirás si te pillan, Kya? -me incliné sutilmente, para apoyarme un poco más en la mesa, con interés, pero lo justo para que la herida no me doliera-. ¿Que estabas ayudando? -mi ceja volvió a alzarse, inquisitiva, y hasta lógica, en lo que mis azules volvían a los suyos-. Siento decirte que eso no te salvará. Y, tengo la esperanza de que, internamente, no quieras acabar así antes de tiempo, por muchas paces que hayas hecho con la muerte.





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Re: La Danse de la Lune ✥ Trystan

Mensaje por Kya el Jue Mayo 11 2017, 09:48

Lo observaba fijamente como si pudiera con eso saber que estaba sintiendo o pensando luego de que ella contestara. Sus ojos azules recorrieron sus facciones, desde sus rizos, brillantes por la humedad que ya empezaba a secarse del agua de lluvia, la línea de su mentón y sus ojos azules, la línea de su nariz... deteniendo su mirada allí para prestar atención a sus ojos de nuevo cuando él formulaba una pregunta que la desarmó. Su voz ronca era una que no podía dejar de escuchar en lo absoluto, conforme infundía raciocinio en el tema que para ella no había sido un recurrente. Ya que solo estaba actuando sin preocuparse de nada más, extrañamente...seguía solo sus impulsos, sin mayor pensamiento que poner en práctica lo que conocía por el bien de otros que lo necesitaban, sus ojos azules centellearon con las llamitas de las velas en el candelabro, que danzaron como si algo perturbara el ambiente que ahora, calmo persistía, recordándole muchas cosas que tenían importancia para ella.

Mientras permanecía quieta, con sus ojos puestos en esos azules que ahora eran acompañados por sus gestos, el hecho de inclinarse hacia ella, aquella forma de levantar su ceja y lógicamente informarle de algo que ya sabía era así. Porqué lo había visto ella misma. Sus labios se tensaron un poco y por un segundo desvió sus ojos para pasarse por un punto muerto en que no observaba nada en realidad, antes de levantar su cabeza de nuevo y sonriendo un poco más murmurar- Y no te equivocas... –en una pasiva respuesta que reflejaba un poco apenas de que en serio como toda otra persona tenía deseos, conservando su semblante tranquilo. Lejos de toda respuesta que usualmente daría calló, dejando que el sonido de la lluvia y la música del bardo de la parte inferior de la posada, llenaran ese momento. Volviendo a perder su mirada en un punto en blanco, mientras pensaba en por que hacía lo que hacía antes de separar sus labios y volver a mirar al pelirrojo- ... ¿Qué clase de ser humano sería si ignorara a los niños muriendo desnutridos en las calles? ¿A los enfermos? ¿A los heridos que nadie quiere ayudar, porque es más cómodo fingir que estamos felices llevando el tipo de vida que llevamos, en que ni siquiera la tierra que cosechamos es nuestra?... –hizo una pausa separando su espalda de la silla, enderezando su espalda antes de murmurar- nadie ha sido capaz de decir algo, de intentar detener esta locura, de intentar que las cosas sean un poco más iguales para ellos y nosotros... y los que lo han hecho... han acabado muertos, presos, perseguidos, torturados... solo por hablar con voz propia. Si personas así me necesitan para sobrevivir un día más... –hizo una pausa.

Entonces haré todo en mis manos por lograr que lo hagan, haciendo mi mejor esfuerzo para que no me pillen y si lo hacen. No veo por qué tenga que mentir por ser quien soy y creer en lo que creo. Aunque sea un crimen... –ladeando un poco su cabeza, la sanadora finalmente inhaló profundamente- Merecer la vida no es callar y consentir tantas injusticias repetidas... –murmuró con suavidad, negando con cierto enfado en su rostro y un nuevo destello en sus azules. Las llamas de las velas parecieron sentir aquello y apenas se movieron, logrando que ella las mirara, para causar que ese azul suyo, se volviera dorado fuego por mero reflejo de luz- ...por supuesto que tengo deseos, sueños, anhelos... pero son cosas que no puedo permitirme al quedarme en casa. Fingiendo que nada pasa y que todas esas personas a las que ayudo no son víctimas...–dicho eso dirigió una de sus manos para colocar uno de sus dedos sobre un poco de cera y tomando un poco de esta, la capturó entre su índice y pulgar. Para así, moldearla entre estos, antes de volver de reojo la vista hacia los azules del pelirrojo.

Así que sobre todos los riesgos que haya...quiero asegurarme que hago lo correcto. Y lo correcto no es callar y dejar que continúe así...mi libertad es hacer lo que se debe hacer y mi corazón me dicta que es demostrar que aún alguien como yo, sin muchos más talentos que la sanación, el conocimiento y cuidado de la vida... puedo hacer una diferencia a pequeños pasos que espero un día tengan un resultado... o que alguien recuerde que le ayudé y se anime a extender su mano a alguien más y a hacer la diferencia, en medio de tanto terror y caos... –sonriendo entonces con una calidez que no era propia de mostrar ante nadie, soltó aquella pelotita de cera y sus dedos viajaron hasta el brazo del resistente y posó su mano en su antebrazo, presionando con suavidad, dejando que su pulgar acariciara su piel en un gesto que decía mucho más que las palabras que pudiesen salir de sus labios. Un gesto cálido, acompasado, suave, agradecida por que se preocupara y a la vez agradecida por mucho más de lo que las palabras alcanzaban a decir- Sé que es peligroso, pero es algo que todos asumimos cuando decidimos no ser parte de los indiferentes que se cruzan de brazos y esperan a que el universo se abra a ellos con solo desearlo...

La mano de la chica presionó con suavidad, transmitiendo con ello un sentimiento ahogado cuando un nudo se formó en su pecho. Porque de la nada el universo si era más grande para ella, encontrándose con el brillo que centelleaba en los azules del pelirrojo, en reconocimiento de que algo más allá a solo “quiero ayudar” la empujaba a hacer aquello. No era un ideal de ensueño, era algo que marcaba profundo como el hierro candente, acompañado de una determinación. Sin embargo, tenía miedo... como todo ser humano lo tenía, el dilatar de sus pupilas lo decía, pero a pesar de ello, la determinación que centelleaba en sus irises azules regalaban una realidad más compleja de una mujer con una llameante intención genuina. De ese tipo de personas que siempre lograban lo que se proponían, aunque tuviesen que mover una montaña con sangre, sudor y determinación. Con quizá un corazón suave que se derretía con quien sabe que misterios podrían lograr tales hazañas.

Todo ese tiempo había permanecido mirándole, fijo y sin apartar sus ojos de él. Mientras su pulgar continuaba entregando aquellas caricias con suave compás, esbozando una sonrisa nueva, como si preguntara, si creía que estaba loca. “¿Lo crees?” bajó un poco su rostro, apartando con suavidad su mano antes de descansarla en su regazo con su compañera izquierda y entrelazar sus propios dedos, recargando su espalda con suavidad, levantando su mano izquierda, deshaciendo el moño sobre su cabeza, dejando que sus cabellos que brillaban rojizos por la luz, descansaran sobre sus hombros mientras se ponía un poco más cómoda. En la medida de lo posible.




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