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El club del pañuelo (Maryah)

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El club del pañuelo (Maryah)

Mensaje por Moira el Sáb Abr 01 2017, 14:19

Una semana después de este rol

Angustia. Desasosiego. Desesperación. Durante una semana habían sido sus compañeros. Al igual que el dolor al que había sido expuesta. Había despertado en un lugar oscuro, sobresaltada, desconcertada y dolorida. Aquellas dos desconocidas la habían quemado, cortado, golpeado y maltratado durante largas horas. Su cuerpo aún sufría los estragos de la tortura, ardiéndole algunas zonas y cojeando. Sus claros irises revelaban una mirada perdida y llena de sufrimiento. Sus largos cabellos oscuros estaban revueltos. Su pálido rostro estaba demacrado, con restos cenicientos de suciedad y sangre reseca.

Temblaba mientras avanzaba entre los árboles, pudiendo notar una punzada de dolor cada vez que tiritaba. Aún no sabía cómo había salido de aquel lugar infernal. Todo había sido precipitado. Había visto la puerta mal cerrada, gracias a la pequeña filtración de luminosidad. No se lo había pensado dos veces. Había vagado por el castillo, o eso creía. Sin saber que ya había estado allí y que lo conocía como la palma de su mano. Su cuerpo la había conducido al exterior, sin mirar atrás. Y ahora daba la sensación de estar perdida, de dar tumbos sin rumbo fijo. Pero era su corazón quien la guiaba hasta el río. Hasta la desembocadura donde se encontraba la entrada a las alcantarillas. Hasta su hogar.

¿Qué mundo era aquel? Descubrir que existían dragones la había sorprendido. Parecía una pesadilla de la cual quería despertar. ¿Pero cómo debía de ser estar en vela? Nada recordaba antes de abrir los ojos en aquel lúgubre cuarto. Su mente daba la sensación de ser un lienzo en blanco. Tenía muchas preguntas sin respuesta y sin nadie que pudiese resolvérselas. ¿Por qué había resistido tanto? ¿Por qué había huido sin conocer nada de cuanto le rodeaba? No sabía que seguía luchando por ellos. Por aquellos que su corazón atesoraba. Que el amor que les profesaba no había quedado olvidado y permanecería hasta su último latido.

Podía notar una opresión en su pecho por su alma intranquila. Varias veces se llevó la mano a la zona, emitiendo un apagado quejido. Tuvo que obligarse a avanzar, hasta el sonido del agua discurriendo por aquel lugar. Aún estaba lejos de la desembocadura. Sólo vio el río y llegó a la orilla. Allí, agotada y abatida, cayó de rodillas notando una nueva puntada de dolor que la hizo gemir. Tomó aire varias veces antes de descubrir su rostro reflejado en el agua. Por un instante creyó ver otro semblante. Una milésima de segundo que no le dio tiempo a captar aquella imagen del dueño de sus latidos.

Se inclinó hacia el río, adelantando una de sus manos y rozando la superficie acuosa con las yemas de sus dedos. Un gesto que hizo sin pensar. Un anhelo que jamás se vería cumplido. Retiró la mano y se quedó observando las pequeñas ondas hasta que su reflejo volvió a verse con nitidez. Tragó saliva antes de que su hermosa voz, rota por el sufrimiento, se dejase escuchar-. Mi nombre es... -se detuvo en ese momento. Sabía que no era Trece, como le había puesto durante aquellos días. Pero no recordaba cómo se llamaba-. M... -sus labios temblaron antes de pasar de nuevo saliva e intentarlo una vez más-. Mi nombre es... -la opresión es su pecho incrementó, devolviéndole una punzada de dolor-. M... mi nombre es... es... -pudo sentir esa impotencia y la angustia aumentar en su interior. Apretó los labios con fuerza, intentando contener las lágrimas-. Mi nombre... es... -la desesperación hizo que sus labios se volviesen trémulos-. M...mi... nombre... mi... nombre... m...mi... n...nombre... -repitió una y otra vez, mientras su voz bajaba poco a poco hasta convertirse en un murmullo estrangulado y su vista se volvían borrosa por la acuosidad que iba velando sus ojos.

Al final terminó por derrumbarse, llorando sin consuelo. Su cuerpo se encogió en sollozos y una de sus manos viajó a su adolorido pecho, allí donde su corazón sufría. Se sentía sola, desamparada, abandonada en un mundo que no recordaba. No podía sentirse más vulnerable ni más perdida. Quizá lo más fácil sería quitarse la vida. Pero había algo que se lo impedía. Era un amor que nacía desde lo más profundo de su ser. De un corazón que tenía dueño, a quien siempre le pertenecería. Siempre suya. Aún cuando su mente no lo recordase.




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Re: El club del pañuelo (Maryah)

Mensaje por Maryah el Lun Abr 03 2017, 16:15

El exilio...

Si Maryah hubiese sido consciente del tiempo que había pasado, podría haber escrito para las generaciones futuras cuanto tiempo tarda un dragón en sucumbir a la locura; Podría haber escrito sobre el quebranto del alma y el dolor de la perdida, sobre las luces apagándose...y los latidos ralentizándose, podría haber escrito tanto...y a tanta gente que tal vez hubiera sido capaz de conservar la cabeza.  

Durante algún tiempo había contado los días, los momentos importantes, los viajeros que pasaban por los caminos bajo sus azules irises. Se había esforzado en conocer el bosque, en conocer sus habitantes y sus visitantes. Se había esforzado en ser, para finalmente sucumbir a un mundo de destellos oscuros y recuerdos abstractos.

Abrió los ojos entre corteza y musgo, detectando el movimiento de alguien en la zona ¿Estaba loca?  Era difícil de decir. En algún momento los recuerdos habían perdido importancia y las emociones habían sido sustituidas por necesidades. En algún momento la dragona había tomado el control de un alma demasiado humana para sobrevivir...y quien había sido en el pasado se había fusionado con quien debía ser en el futuro.

Gruñó por lo bajo y se relajó sintiendo el dolor inundando la parte baja de su rostro. No era algo normal en ella y su antigua personalidad se habría aterrorizado ante la perspectiva de un hocico draconiano en una cuerpo humano. Pero ya no. En aquel momento era intuitivo, útil. ¿Qué importaban los porqués?¿ Acaso podía cambiarlos? No.
Alzó el morro y olisqueó, el aroma le era ligeramente familiar, pero no lograba recordarlo. Frunció el cejo y  se irguió entre la maleza, echando a caminar agazapada entre las sombras, como un animalillo del bosque en plena cacería: Sin ruidos, sin dudas.

"Mi...nombre...m..mi...n..ombre"

La dragona ladeó el rostro observando la penosa escena.  La mujer le era familiar y en cierto modo odiaba que lo fuera ¿ Estaba preocupada? No..no se sentía preocupada, parecía débil y  en condiciones normales eso la hacía cadente de interés . El bosque se cobraba sus víctimas el solo  y no sentía ningún tipo de necesidad de cambiar el final de la mujer. Entrecerró los ojos, viendo como la morena se encogía sollozando. ¿Por qué no podía irse y dejarla allí? Maryah titubeó, hacía mucho tiempo que no se desviaba de las decisiones practicas y estaba segura de estar a punto de comer un error.

Se movió agazapada con cuidado por la hierba, acercándose a la mujer cerca de la orilla del rio con cuidado y cuando sus labios se abrieron para hablar... Saltó colocandose sobre ella y le gruñó. Esperaespera Ese no era el plan! ¿No iba a intentar consolarla o algo por el estilo? Parpadeó confusa.




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Re: El club del pañuelo (Maryah)

Mensaje por Moira el Lun Abr 03 2017, 17:57

Quizá, de no haber estado llorando desconsolada, habría podido estar lo suficientemente alerta como para saber que algo se acercaba. Su instinto de cazadora se activó a último momento, en medio de aquel salto de la dragona. Se giró, de tal forma que cayó sobre su espalda contra el suelo de la orilla del río. Encima de ella y frente a sí había… ¿Qué era? Sus hermosos ojos se abrieron de par en par y sus pupilas se dilataron al ver ese hocico reptiliano. El terror y el desconcierto se adueñaron de ella, olvidándose de respirar por un instante. Sólo podía escuchar los latidos de su corazón martilleando en su pecho y el gruñido cortesía de… aquella mujer con morro escamoso.

Se quedó paralizada, siendo de nuevo la presa. La sorpresa y el miedo habían logrado que su lloro se detuviese, aún cuando las saladas lágrimas brillaban aún en sus pálidas y sucias mejillas. Pero hubo algo en aquel extraño rostro que hizo que la humana se relajase ligeramente durante un momento. Aquel parpadeo de confusión ajeno. Frunció el entrecejo, desconcertada. Hubiera sido fácil agarrar una rama caída e intentar darle en la cabeza para que se quitase de encima. Sobre todo cuando el dolor en su cuerpo hacía que aquella no fuese la mejor posición que tomar. Pero hubo algo en aquella criatura, además del hocico que imponía respecto y temor, que la detuvo de cometer tal acto.

Tras unos largos segundos, comprendió que debía tratarse de una… ¿dragona? ¿Otra más? Inspiró aire, esperando que no fuese como las otras dos que había tenido la desgracia de conocer de primera mano desde que despertase en el oscuro cuarto. Con las pocas fuerzas que le quedaban, se impulsó para girarlas y ponerse encima, a horcajadas de la otra fémina con aquellas escamas. Intentó ignorar la punzada de dolor que recorrió su cuerpo pero no pudo evitar emitir un quejido de dolor-. No me gruñas –le gruñó a su vez, entre dientes. Y, entonces, frunció el entrecejo como si cayese en la cuenta en algo-. ¿Intentas decirme algo? ¿Hm? –inquirió en un murmullo-. Hacemos una cosa… me quito de encima y tú no me muerdes… -susurró, no muy segura de que fuese una buena idea.

Como acto de buena fe, se fue retirando despacio hasta quedar de rodillas al lado de ella. Quizá se estaba equivocando, pero había algo que la hacía no querer atacarla. Alargó una mano con la palma hacia arriba, en dirección a aquella dragona. En un gesto que la hacía querer decirle que no iba a hacerle daño y que podía ayudarla a levantarse. Aunque era ridículo, en el estado en el que estaba la humana. Apenas podía sostenerse por sí misma, ¿e iba a aguantar un peso extra? Aún con el dolor brillando en sus pupilas, decidió ayudarla. De haber querido, la otra mujer hubiera podido matarla o herirla. O quizá es que no merecía la pena hacerlo, por la deplorable imagen que ofrecía la esclava. Sólo quedaba esperar que no cambiase de idea.




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Re: El club del pañuelo (Maryah)

Mensaje por Maryah el Vie Abr 07 2017, 02:16

Lo había sabido desde el principio; Desde el mismo momento en que las fosas nasales de su hocico habían captado aquel aroma ligeramente familia, desde que la había visto repitiéndose ante su propio reflejo en el rio...desde que no había podido abandonarla a su suerte. Lo había sabido, era una mala idea. ¿Porque la había atacado si no era su intención? ¿Porque había dudado tras convertirla en su presa? Había cometido un error tras otro y estaba a punto de pagarlo.

La humana giró y ella no se resistió, dejándola tomar el control de una situación que se le escapaba de las manos. Si no podía elegir entre consolar y atacar era mejor no hacer nada. "No me gruñas" dijo la humana frunciendo el cejo.  Espera ¿Cómo se atrevía aquel saco de huesos llorón a decirle lo que tenía que hacer? Bastante tenía con que no la hubiese mordido! Le gruñó de nuevo, entrecerrando los ojos mientras la femenina figura de la mujer se deslizaba quitándosele de encima. ¿Podía moverse ya? ¿Era seguro? Quizás la mataba si lo hacía.

Inspiró y espiró tan despacio como pudo, tomándose unos segundos en incorporarse y acuclillarse, dejando las manos en contacto con la tierra en una postura más animal que humana. A pesar de ello, el rostro dejó de quemarle y su hocico se retrajo para dar paso a una nariz y unos labios humanos. -Vas...a morir.- No era una amenaza, para ella era más bien un hecho que no le preocupaba demasiado, era más impactante el sonido de su propia voz, se le antojaba extraño y por más que se esforzaba era incapaz de recordar la última vez que lo había escuchado. Sacudió la cabeza y miró a la morena -Das...pena - Otro hecho. Quizás eso de consolar a alguien no estuviese entre sus nuevas habilidades. -¿Porque? - No había tacto en su voz y su rostro la miraba a caballo entre el desprecio y la duda, no estaba segura de porque le interesaba, se sentía inquieta, sabía que la conocía pero era incapaz de ubicarla. Demasiados rostros, demasiadas voces, demasiados recuerdos aletargados contra el dolor. No le gustaba, daba pena y terminaria muerta si seguía de aquel modo; un buen resumen.





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Re: El club del pañuelo (Maryah)

Mensaje por Moira el Sáb Abr 08 2017, 17:49

Observó a aquella dragona. Había algo en ella que la hacía pensar en que se sentía insegura y cautelosa. Quizá tanto como ella misma. A pesar de sus gruñidos parecía… ¿temer? No lo sabía con exactitud. Pero le dio tiempo, manteniendo esa posición de no ser una amenaza para ella. Porque no tenía ninguna intención de hacerle daño. Salvo si la reptil la atacaba. No obstante, si eso pasaba, la humana no tenía ninguna posibilidad de ganar. Lo había aprendido antes de escapar. Una y otra vez había visto sus intentos frustrados de golpear a las otras féminas de aquella raza. No creía que fuese diferente con la que estaba echada sobre la orilla del río.

Sus claros irises, enrojecidos por el llanto, no se perdieron detalle de cada movimiento de aquella morena que hacía sus esfuerzos por quedarse, finalmente, acuclillada frente a ella. Era algo… salvaje, en comparación con las dragonas que había podido conocer en el castillo. Y puede que fuese eso lo que la incitó a tratarla de forma diferente. Frunció el entrecejo, contrariada al ver el cambio de aquel hocico en un rostro humano. Era algo… extraño de contemplar. ¿Dolería? No lo sabía y no pareció hacerlo. Pero ese mero detalle fue significativo. Claramente, no pretendía atacarla. Por ello, bajó la mano lentamente y su postura se relajó un poco más, arrodillada.

Cuando pensó que no podría sorprenderla más, la escuchó hablar. “Vas a morir”. Tragó saliva. No porque pensase que fuese una amenaza, sino porque algo dentro de sí se resistió a que pasase. Y aunque no recordase haber dicho que era difícil de matar una vez, como si de una promesa se tratase, daba la sensación de querer mantener aquellas palabras. Por ellos. Siempre por ellos. Las siguientes palabras hicieron que chasquease la lengua. Otra obviedad más. Su aspecto no era el mejor. Y no podía ocultar el desgarro emocional que sentía. Nunca había sido buena fingiendo y nunca le había gustado hacerlo. Era algo genuino que mantenía en su personalidad, algo que no iba a cambiar.


La pregunta hizo que la mirase con aspecto cansado y sus labios esbozasen una pequeña sonrisa de amargura. Incluso en ese gesto, fue evidente la belleza de la humana-. Porque he despertado en un mundo que no recuerdo. Porque he sido torturada durante días. Esclavizada. Porque no sé quién soy. Porque me gustaría regresar a un hogar y a alguien, pero ni siquiera sé si alguna vez tuve algo parecido. Porque llevo horas caminando, escapando, sin rumbo fijo. Porque me duele y estoy tan perdida que me siento impotente. Y odio sentirme así –habló, enarcando levemente una de sus cejas-. Y aún así, me encuentro contigo. Y pareces tan perdida como yo. ¿Por qué no te has marchado? ¿Por qué no me has atacado, mordido? Estoy débil, soy una presa fácil –susurró. Aún debilitada, parecía tener fuerzas para marcar puntos, para responder, para que su voz se escuchase con una ligera fuerza de alguien que está en la oscuridad y no quiere rendirse. Sería tan fácil dejarse morir… Caer en el olvido, en el bosque. ¿Por qué seguía luchando?




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Re: El club del pañuelo (Maryah)

Mensaje por Maryah el Mar Abr 11 2017, 01:18

Ambas se observaron,  analizándose con cautela en busca de respuestas que las palabras parecían ser incapaces de otorgar. A la dragona no le costó ver en la mirada de la humana su propio reflejo; Sus obviedades  despertaban en la morena de ojos claros una clara clasificación, una que no la dejaba conforme del todo. Pese a ello no dijo nada, no quería contradecir interrumpir el hilo de sus pensamientos, leerla resultaba tan sencillo para ella en aquellas condiciones.

Moira la veía como a una salvaje, como una habitante del bosque que había perdido todo rastro de educación.  Y aunque por la postura y el uso de la lírica de la dragona era un pensamiento difícil de contradecir, no podía evitar sentir cierta rabia; Alguien torturado y sometido, la consideraba a ella, alguien que no había llegado a herirla, una salvaje. Irónico ¿no?

La ex espía entrecerró los ojos escuchándola, sonaba calmada. ¿Por qué no la consideraba una amenaza?, ¿Seguía viéndose débil y desamparada?, ¿podía  ver el dolor escondido tras sus huesos?.  Gruñó bajito, intentando negarse a sí misma lo que ya sabía, lo que incluso aquel ser débil y triste sabía, o al menos intuía, para no verla como una amenaza.  


Su respuesta no hizo más que corroborar sus pensamientos. -Pobrecita.- murmuró  contundente, con cierto tono de ironía. Estaba enfadada, enfadada con sigo misma, con la humana, con el destino. -Tú eres yo…- rió desviando la vista de la chica unos segundos, tratando de calmarse en el azul del cielo. -o quizás yo he sido tu. - Que irónico resultaba encontrarse con sus propios fantasmas de carne y hueso, casi podía sentir la necesidad de matarla, de matar lo que había sido no hacía mucho. Volvió a mirarla, esta vez con determinación.  



-La pérdida, las heridas, el dolor...-
A medida que hablaba las palabras fluían con más facilidad, parecía que mejoraba...pero había algo que ni podía, ni quería recuperar. - Algunas de esas cosas sanan...y otras se quedan contigo para siempre.- cambiándote irremediablemente. - Llorar no te ayudara. Para lo que a ti te ha pasado no existe alivio ni consuelo. - Estaba siendo cruel, tan cruel como había sido el destino consigo misma. - Así que si eres yo, levántate y supéralo o quédate aquí y muérete. - se movió, deslizándose felinamente hacía la arboleda despacio.- Si tengo que ser sincera, yo prefiero que te mueras. - Quizás aquellas eran las palabras más piadosas que podía dedicarle en aquellos momentos. Quizás aquellas eran las palabras más piadosas que podía dedicarse a si misma antes del cambio.




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Re: El club del pañuelo (Maryah)

Mensaje por Moira el Jue Abr 13 2017, 16:59

Enarcó una ceja ante el murmullo que brotó de los labios de la dragona. Su posterior risa la desconcertó, ajena al conocimiento de la locura que perseguía a los reptiles exiliados. Si escuchaba atenta entre líneas, casi podía descifrar que aquello le había pasado antes a su interlocutora. Que había perdido la razón, la memoria y a quien tanto había amado. Tan diferentes en sus razas y tan parecidas en sus existencias que era irónico. Cada una sentía la familiaridad en la otra, aún cuando no se recordaban. Se habían visto en la fiesta de Yule, hacía más de un año. Cuando ambas habían rozado la felicidad con las yemas de sus dedos. Ahora, las dos se reencontraban en medio del vacío del sufrimiento, en la soledad de sus vidas, en el dolor de sus corazones.

La vida, sin duda alguna, era irónica, cruel y retorcida. Dragona y humana, pese a no tener lazos de sangre, eran familia sin saberlo. Por una ceremonia efectuada en el altar de tierra. De no haber intercedido el caprichoso destino, hubieran podido llamarse hija y madre respectivamente. Su yo de hacía unos días hubiera esgrimido una sonrisa amarga y sarcástica de haber sabido aquello. Hubieran podido ser una familia, hubieran podido continuar siendo felices. Hubiera podido presentarle a su hija y compartido momentos con aquel bebé que seguro que la exiliada estaría contenta con tener a alguien tan pequeño a quien llamar nieta. Aún cuando no hubiese lazos de sangre.

Nada de eso había pasado. Pero allí estaban, una frente a la otra. Sin sus respectivas parejas. Con sus vidas hechas pedazos que ni siquiera podían recoger porque no las recordaban. Pero se resistían a dejarse abatir. Continuaban levantándose, retorciéndose, escurriéndose entre los dedos del amargo destino y burlándose de la muerte. ¿Los motivos? Quizá era pura terquedad o una fortaleza inaudita que ambas poseían. Puede que eso fuera lo que quiso decirle la dragona cuando volvió a hablar. A su manera. A pesar de las duras palabras que alguien podría interpretar como crueles, la humana descifró que no se trataba de eso. La muerte era misericordia, era la libertad de todo dolor y todo sufrimiento. Aquella dragona sabía lo que era la agonía de una existencia vacía y de una soledad que era capaz de hacer perder la cordura. No quería eso para la esclava. De alguna manera, quería librarla de esa tortura que ya había hecho propia.


Tragó saliva e hizo su mayor esfuerzo por incorporarse, a pesar del dolor, a pesar de lo mucho que le costaba hacerlo. De pie y temblando, la miró con fuerza en sus claros irises-. ¡Te equivocas! ¡Si existe alivio! –alzó la voz, avanzando hacia ella con pasos que la hacían sentir punzadas de dolor-. Por cada minuto que luche, por cada segundo que resista y no me deje abatir. Ni tú ni yo merecemos la muerte –declaró con firmeza. Y, aún así, se había levantado. De algún extraño modo, las palabras de la otra mujer habían surtido efecto. ¿Lo harían las suyas en la dragona? Tragó saliva, poniéndose a su lado, despacio-. No quiero estar sola, ¿puedo ir contigo? –preguntó, en un murmullo. ¿Querría la dragona también su compañía para darle una patada a la soledad?




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