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Once again || Hilda [+18]

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Once again || Hilda [+18]

Mensaje por Jokull el Miér Mar 22 2017, 05:18




Cataratas del Lago Atardecer


Jokull no estaba seguro de a qué situación se estaba enfrentando en este preciso momento, desde que aquel inquisidor invadió el bosque para buscarle por aquel asesinato que a todas luces había sido encargado como una trampa, trampa que sospechaba había sido puesta por su primo, todo había cambiado para el dragón fugitivo. La endeble seguridad que tenía en su refugio y dentro del bosque mismo se había esfumado, incluso podría jurar que estaba siendo observado, quizás sí o quizás no. De cualquier manera se había estado moviendo,  todo para no poner en riesgo su postura y su integridad, si se trataba de inquisidores no podía confiarse, ya en un primer momento había demostrado que sus habilidades velicas no se habían deteriorado con el tiempo, tras vencer a su perseguidor incluso había recordado un poco de aquella ansiedad preciosa que uno sentía al arriesgar su vida por una causa, claro ahora la causa era solamente él y lo disfrutaba como nunca antes. Jokull había comenzado el día medianamente tranquilo, sin embargo aquello cambio transcurridas unas horas del día, visitantes no reconocidos por él cambiaron aquella realidad para el dragón, y no solo eso, sino que también le cambiaron el lugar donde a donde ir.

Durante varios horas el exiliado estuvo pesando si esto tenía que ver con él, con su enfrentamiento de hace unos días o si simplemente se trataba de una redada de los inquisidores que había sido programada, no estaba siendo él el único perjudicado, otros habitantes de los bosques que también huían del flagelo de la Reina Madre estaban siendo perseguidos. Unos tenían más suerte que otros, en su caso había logrado eludir a un grupo de esos infelices, pero no lo hizo durante mucho tiempo. Inevitable, inexorable, al menos para su nefasta suerte el grupo no se le escapaba de las manos. Dos inquisidores y parecían ya haber luchado, él llevaba desventaja numérica, pero llevaba la ventaja de estar fresco y sin ninguna herida en su cuerpo. Los inquisidores ni siquiera le ofrecieron rendirse, de inmediato arremetieron contra él, razón por la cual desenvaino su espada recubierta de jade y se lanzó en un embate defensivo contra los atacantes que gratuitamente se venían a buscar la muerte a sus manos. No podía hacerse la víctima ya desde su postura diciendo que él no había buscado el enfrentamiento, él desde el inicio supo que al exiliarse y llevar esta vida se expondría siempre.

Aquel enfrentamiento fue duradero, aproximadamente media hora le tomó al antiguo aristócrata hacerse cargo de aquellos dragones, y el costo fue bastante alto para él. Sus brazos sangraban y sus piernas habían sido también comprometidas, no estaba seguro de si había sido dañado con jade o no, se encontraba bastante desorientado y la maldita sangre de los inquisidores le estaba cubriendo el rostro al completo. Se dejó caer sobre sus rodillas, en medio de los dos cuerpos decapitados de los inquisidores, solamente cuando sus yemas tocaron el agua pudo darse una idea de donde estaba. Lo primero que limpió fueron sus palmas y brazos para finalmente verse interrumpido por pisadas que interrumpieron la armonía que aquel lugar tenía, el agua había traído calma una vez la batalla encarnizada terminó, no obstante una nueva presencia alertaba al dragón. Estuvo dispuesto a levantarse, tomar la espada y acabar con la vida de aquel inquisidor al que reconoció por el uniforme, sin embargo cuando su mirada se fijó en el rostro de aquella dragona que portaba el uniforme su plan cambió. Jokull se levantó y estiró su brazo el cual finalmente apretó sus falanges en un puño.

No podía ser ella, no debía de ser ella, no tenía que ser ella. Probablemente se trataba de su mente jugando ya una sucia jugarreta, lo había escuchado decir a varios dragones en Talos, la locura que podían sufrir los dragones alejados de la Red y de otros dragones, sí, eso debía ser. Jokull simplemente carcajeó — Finalmente me volví loco, veo fantasmas de mi pasado en Talos — Mencionó en voz alta mientras se agenciaba la espada — ¿Qué se supone que es esto? ¿Un verdugo con la cara de mi fallido amor? Tiene su ironía — A pesar de decirlo, a pensar de realmente creer que estaba frente a otro ser, algo en sus músculos no le dejaba moverse, y eso mismo era la duda. Si era ella realmente, ¿qué podía hacer? ¿Se estaba creyendo ya un enfermo para no tener que enfrentar una realidad desfavorecedora? Aquello no resultaba en lo absoluto ser propio de él, huir, no darse un golpe profundo a la realidad. El silencio solamente interrumpido por el correr del agua lo hacía todo más vivo, le daba a entender que no estaba fuera de sí. Guardó la espada recubierta de jade y fijó su mirar en Hilda, porque sí, era ella.





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Re: Once again || Hilda [+18]

Mensaje por Hilda el Miér Abr 05 2017, 01:45




"No, no, no lo voy decir
Si me lo pides tanto
No voy a hacerlo por ti
No quiero darte tanto"



La mañana turbulenta acumulaba los primeros rallos de sol en el patio de palacio, justo cuando rompían filas para cada escuadrón marchar a sus correspondientes tareas. Hilda había entrenado, estirado las piernas de aquella angosta figura humana y sus características disciplinas de pelea. No había dejado pelele entero aquella madrugada y antes de formar se había tomado una ducha rápida y fría para despejarse del todo.

Los informes determinaban que una serie de exiliados estaban sobrepasando los límites del bosque, entre los cuales, de seguro que se encontraban más de un rebelde en busca de problemas. ¿Su misión? Ahuyentarlos, pedirles "amablemente" que abandonen las cercanías, usando para expulsarlos, si fuese necesario, que lo sería si o si, la fuerza. Repartieron grilletes de jade por si fuesen necesarios, así como demás armas, se equiparon y en menos de una hora ya marchaban hacia allí a trote rápido, aquel trote acelerado que les permitía, por su condición dracónica, moverse a gran velocidad sin cansarse demasiado. Tardaron horas, y pasaron la mañana haciendo pequeñas maniobras para poder encontrar a aquellas ratas que se escondían.

Habían encotrado cerca de un arrollo unos cuantos.─ Bran, Ambrose... ─  No le hizo falta más que un leve gesto con la mano, semi silenciosa enfectuó su orden, sin saber que mandaba a aquellos hombres a una muerte segura. Ambos dragones se internaron en el bosque, repreto de espesos árboles y zarzas en las partes mas bajas. Rastreaban casi con una avidez de un milenario, aunque en realidad eran dragones jóvenes, podrían ser expertos comparados con los humanos, pero no lo eran con los de su misma especie. Se perdieron de su vista y de la red que a duras penas podían encontrar entre aquella maleza. Hilda no dudó en dar nuevas órdenes a quienes quedaban, un grueso de aquellos que buscaban no andaba lejos y lo mejor era rodearlos y reducirlos.

Caminaron en sumo sigilo, con su arma en mano y aquella armadura oscura de piel tratada en algunas partes formando escamas en simulación a lo que eran, dragones, y algunas piezas de metal, grabado el emblema de la Reina Madre en vivo color rojo sobre el pecho y los grilletes colgando a un lado dentro de un carcaj pequeño de cuero.
Avanzo por uno de los flacos y algunos de sus hombres se mostraron notables e inquisitivos ante los intrusos, ofreciendoles la rendición o la espada, muchos comenzaron a tratar de defenderse, armados, en algunos casos con armas rudimentarias y en otros con algunas mucho más selectas o bañadas en jade. Hilda se mantuvo a sus espaldas, sigilosa para aparecer en escena como un torbellino que bailaba sin cesar una mortífera danza. Sesgó no una vida, sino un par de ellas y con habilidad encajó algunos grilletes a indefensos que se arrodillaban.

Tardaron largos minutos, quizá una hora en poder reducirles a deseo, atraparles y encadenar a los que quedaban vivos. Esperaron luego un poco más, reponiéndose y haciendo nuevos planes de como regresar y que hacer con los prisioneros. Las ordenes eran simples, volver, encarcelarlos y considerar a que razas pertenecían, después de ello, serían ajusticiados con la muerte, destierro o esclavitud. Ella personalmente se encargaría de emitir aquellos juicios, y no sería benévola con ninguno de ellos. Tomaron un pequeño tentempié a la espera pero aquellos muchachos rastreadores no daban señales, no aparecían y dudaba que no pudiesen oler la sangre o su rastro, sabían el proceder, así pues no querían que se les echara la noche encima. ─ Ya me he cansado, iniciad la marcha, iré a buscarlos.─  Dio la orden y se puso en marcha, el resto comenzó el regreso al hogar.

Se internó sin ser demasiado sigilosa, agachándose por momentos para tantear el suelo, oler el aire y tocar la arena batida. Caminó largo tiempo y notó como a su alrededor, astillas y algunas gotas esparcidas de sangre, junto con la arena revuelta denotaban que no había estado en calma todo aquel tiempo. El agua corría cerca así pues se aventuró a pensar que habría un riachuelo y un claro cerca. Erguida y de pose fiera y recta, caminó hacia este con la espada desenvainada, el filo verdoso mostraba que estaba bañada en jade. Si en su vida pudiese describir algún momento como sórdido y chocante, aquel debería ser la definición de dichas palabras. La ira calma comenzó a hacerse mella en ella cuando vio a sus hombres decapitados en el suelo, más se le heló la sangre al ver quien, empapado en agua, sudor y sangre, continuaba allí arrodillado. ─Jok...─ Murmuró sin poder terminar su nombre. Hacía meses que no lo nombraba, no lo había olvidado, pero hacía como si jamás hubiese existido. El odio se apoderaba de ella, así como la rabia y congoja. Se arremolinaba en su pecho la desdicha, el miedo y la furia. Y sentía como aquel escalofrío recorría su espalda y todo su cuerpo.

Avanzó lentamente, sin piedad en la mirada, recta y decidida. ─ Eso es, levantate!─  Dijo cuando este se puso en pie para encararla. ─ Traidor, eso es lo que eres, no un loco. ¿Amor? ¿Acaso has sabido alguna vez que era eso? No eras más que una sucia rata como el resto de traidores rebeldes, que te aprovechabas de la bondad ajena. No encontrarás en mi piedad ahora. ─  Sus propias palabras destruían como un castillo de naipes el alma de la dragona, esparcían en pedazos lo que quedaba de su corazón, y quizás le dolía más a ella lo que dejaba escapar que al propio Jokull. Pero no podía amarlo, ya no confiaba en el y por mucho que todavía le perteneciese, ahora debía hacerle preso. ─ No debiste volver, sabías que no tardaría en encontrarte y apresarte. Vete o rindete, o si gustas...─  Estiró ambos brazos amenazante hacia los lados, mostrando su arma.─ Haz frente como un dragón y muestrate, combate y te venceré.─  Las palabras de Hilda pedían a gritos que se lanzase a la encarnizada danza, pero sus ojos, sus ojos suplicaban que no fuese el, que se marchase...sus ojos reflejaban el alma herida y el miedo a acabar con su vida.








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Re: Once again || Hilda [+18]

Mensaje por Jokull el Miér Abr 05 2017, 08:11




Cataratas del Lago Atardecer


Lo que deseaba fuera simple invención de su mente no lo era, y eso lo confirmaba al escucharle, podía recordar bien sus palabras, su modo de proceder, su orgullo, pero jamás podría su cerebro reproducir con igualdad absoluta aquello que estaba escuchando ahora, solamente las palabras que estaba escuchando podrían ser enviadas por la verdadera Hilda y no ninguna copia que su mente distorsionada pudiera crear frente a sus ojos. Los puños del dragón se apretaron, podría no haberle molestado nada de lo que estuviera escuchando, nada de aquello, a excepción de lo que dijo sobre el amor, esa era una de sus peores realidades, o probablemente la peor, lo único que había quedado pendiente, lo último de aquel dragón que había muerto con el exilio voluntario. El amor por Hilda, su verdadero sentir, había dejado todo atrás, sus lujos, sus deseos individualistas, pero suyos al fin. La vida acomodada en Talos, finalmente reconocido su desprecio hacia la Reina Madre y su asco porque esta gobernara a los dragones a su merced, también su desagrado por aquellos que le seguían como corderos, todo aquello era una tortura, un castigo, se había enamorado al final de una pobre oveja más del rebaño de aquella señora.

Las palabras de la dragona le recordaban una vez más aquello siempre le había dolido en el fondo de su dragonico orgullo, que esa dragona estuviera siempre antes que él en la vida de Hilda, que su devoción y fidelidad por la Reina Madre aparentemente no tuviera o no conociera limites, inclusive por encima de él. Jamás abiertamente lo había pronunciado, nunca había puesto la competencia, quizás por miedo a fracasar y su ego le impedía introducirse a una batalla que sabía perdida desde el comienzo, pero en este momento aquello ya no importaba. Él había matado a los hombres de la inquisidora, matado a fieles seguidores de la Reina Madre y comerciado con jade a espaldas de Hilda y todos en talos, a espaldas de todos excepto a espaldas de aquel sucio traidor, traidor al que tenía que matar, pero no estaba seguro de si pasando esta noche él podría realmente hacerlo. Hilda lo quería matar, Hilda lo deseaba matar, lo podía sentir, como cada gramo de su cuerpo estaba deseando atravesarle con una espada o quizás colocarle un collar de jade, lo que sería igual a matarle. Ella lo conocía bien como para saber que moriría con eso puesto antes de ser entregado.

— Nunca me fui, este ha sido mi hogar desde que deje Talos, ellos vinieron a invadirlo, ¿lo ves? — Pateó ambos cadáveres hacia el agua, agua que pronto se tiñó de rojo y tan pronto como eso volvió a tomar su color natural pues la cascada empujó los cuerpos y su colorante — Su amor por la Reina Madre les llevó a esto, a este desenlace tan triste, sus cuerpos no podrán ser encontrados por nadie. Eso significas servir a un ente dictador, ser solo un peón, solo un escalón, lo que nunca dejaste de ser… — Quizás si le hacía enojar lo suficiente, si le decía lo peor, si soltaba toda la mierda que había estado guardando durante mucho tiempo, solo entonces a ella dejaría de dolerle como suponía que le dolía. Quería creer que era así, pero, ¿y por su parte? Toda su vida había estado orgulloso al respecto de aquello, de poder eliminar a todo el que se pusiera delante de él o en contra de sus intereses, pero con ella ese había sido el mayor problema. Hace muchos meses atrás tendría que haberla matado o quizás solamente terminado la relación y alejarse, pero todo lo contrario a eso, había terminado aceptando la unión con ella.

¿Debilidad? Sí, le llamaría así en mil y un situaciones, pero lo más jodido de todo es que no, se trataba justamente de aquello que había mencionado en un arranque hace unos minutos cuando pensó que estaba siendo presa de aquella locura natural. Era amor, ¿por quién sentía más amor? ¿Por su propia vida o la vida ajena? — No hablaré de mis sentimientos, no necesito hacerlo, y no intentaré que la rabia y tu enojo justificado lo cieguen en una discusión. Yo sé lo que te hice, no quise que te enteraras jamás de lo que era realmente. De nada sirve que te diga ahora que pensaba dejarlo antes de que nos uniéramos de manera oficial, pero pensaba hacerlo — Eso era lo más cercano que podía llegar a una disculpa aparentemente. Jokull extendió su brazo para colocar la espada firme — Me conoces, y yo te conozco. Conoces mi proceder y yo tu convicción, sabes que no volveré a Talos, que no me arrodillaré ante todos esos putos dragones cínicos y acomodados bajo el ala de esa perra maldita. Me tendrás que matar, pero oye, ve el lado bueno de eso, si logras matarme, habrás enterrado tu única mancha, lo único que pudiera hacer que la gente dude de tu excelente trabajo — Era provocador.

Lo estaba siendo completamente adrede, dándole fuerza, razones, justificaciones de sobra, todo lo que necesitara para poder levantar su espada contra él y que realmente tuviera oportunidad de matarle — Acaba con el dragón que te vio la cara, que durante meses calentó tu cama mientras que por lo bajo traicionaba a tu adorada figura máxima de autoridad, al dragón que se reía de ti cada vez que te abrazaba y negaba que hubiera algo relevante que contar de su día y de su trabajo forzado que le obligaba a estar alejado de ti. Sabes que lo deseas, redención. Cauteriza la herida, corrige el error, mata al perro y erradica la peste. Vamos Hilda, mátame — Estaba seguro de que iba a perder esta batalla, tenía todo en contra, un cuerpo cansado, la duda implantada y el deseo ferviente de no matarle. Su mejor opción era transformarse, pero para ello tendría que salir de aquella cueva, por lo que era opción nula por el momento. Con toda la sangre fría del mundo el dragón atacó, su espada lamentablemente no buscaba la carne, solamente la espada de la dragona, todo de manera inconsciente.




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Re: Once again || Hilda [+18]

Mensaje por Reina Madre el Miér Abr 05 2017, 08:11

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Re: Once again || Hilda [+18]

Mensaje por Hilda el Mar Abr 18 2017, 21:27




"Sólo me sale a mí
Nunca lo dije en alto
Pero basta de fingir

Te quiero, te quiero"


La rabia corría por sus venas, ¿Como se atrevía a regresar de aquella manera? ¿Como podía estar allí revolviendo lo que con tanto esmero le había costado olvidar, reviviendo lo que estaba muerto para ella? Se mostraba allí frente a ella, después de un nuevo delito, el asesinato de dos de sus hombres, quizás su información jamás fue redactada, pero aquel hombre al que amaba acumulaba sobre sus hombros varios delitos más, como el de el contrabando ilegal de jade.

Hacía meses se había sentido traicionada, utilizada, por quien más daño podría hacerle y si no hubiese sido por aquellos estúpidos celos de su primo, posiblemente, jamás se hubiese enterado. Quizás a aquel hombre no le interesaba hacer oficial aquella relación, que Hilda siguiese trabajando y así poder seguir de cerca las pistas sobre la inquisición, de esa manera poder esquivarles. O bien al contrario, si conseguía que dejase de ser un efectivo inquisitorial, lograría ver mermada aquella facción de un miembro útil. Se lo habían confesado, aquello que le profesaba, aquel amor, era todo una farsa, más no por su parte, había caído como una estúpida. No le dolía tanto al haber desaparecido, quizás el no mantener contacto alguno con él había apaciguado las aguas y camuflado el dolor en un odio superior por aquellos grupos traicioneros que se escondían en Talos.

La Reina Madre una vez le había dado cobijo a su vida, alejado de cualquier mal interno, uniéndola a una nueva familia que eran sus compañeros de armas, ahora estaba más unida a ellos que nunca. Apretaba los labios con fuerza y furia, como le odiaba en aquellos momentos, como odiaba a aquel hombre que se mostraba como un insurgente más, casi al mismo nivel que un rebelde, era un traidor que negaba a formar parte de una sociedad que traería prosperidad para su propia raza y para el resto. Pensar que había estado a punto de rechazar a todo cuanto servía por él le enfurecía y hacía que la sangre hirviese por cada una de sus venas, encendiéndose y encolerizándose. Quizá fue una suerte aquella revelación, quizá fue una suerte que huyese y poder averiguar sus artimañas, así ahora podía continuar su camino fiel a los valores que la grandiosa Reina ofrecía para ella, de la manera mas fiel posible.

Sus hombres yacían en el suelo decapitados, era su deber hacer justicia, no solo atrapar a aquel hombre, sino implantar la justicia que Madre había delegado en ella. Era el momento de decir adiós a el recuerdo que se le encogía dolorosamente en el pecho. Jokull siempre había sido tozudo, sabía de buena mano que no se rendiría, que no se entregaría, allí, junto a las aguas quedaría el testigo de la fuerza de ambos, no se dejaría controlar, ni obedecería ordenes ajenas, estaba demasiado acostumbrado a ser completamente libre que jamás podría estar enjaulado.

Miró con ojos rasgados y ceño fruncido a su interlocutor, daba igual cuanto dijera, sabía que debía pagar lo que había hecho. ─ ¡Cállate! No hay nada que te pertenezca como para acabar con la vida de la autoridad.─  Miró a su alrededor, y como caían los cuerpos sin vida al agua devolviendo una cruda mirada hacia el hombre. ─ Si no existieran traidores, rebeldes, hombres como tú, no tendríamos necesidad de ejecutaros como sucias ratas. Sin embargo, los de tu calaña se empeñan en romper la paz que ofrece la Reina, el bienestar de todas las razas por sus estúpidos intereses. ¿De que te sirvió tanto comercio y dinero, Jokull, dime, ¡de que te sirve ahora!?─  Detestaba aquel odio que arrojaba hacia la esperanza de su propia raza, aquellos pensamientos que no compartía, merecía que lo derrotase con todas sus armas, que le atravesase con el jade que posiblemente hubiese vendido el mismo. ─ No mereces más que ser vencido por aquello que tu mismo has ofrecido como arma a tu alrededor. No hay peores ni mandamás, cada cual hace un trabajo necesario para una existencia en paz, paz que tu, como otros tantos destruis.─  Si tan decidido estaba que no era más que un peón, si aquello era todo lo que había sido para él todo el tiempo no tendría problema en hacer frente a todo lo que la inquisidora estaba por desplegar.

Sentía el temblar leve de su mano, la duda hacerse fuerte entorno a su propia empuñadura, quizá aquello le hacía más fiera, odiaba aquella sensación, ella no era un ser débil, ella era "Frau Drachen", La Dragona, una de las inquisidoras más estrictas de aquella facción, no temblaba, no temía, no tenía la piedad que provocaba errores. ─ No lo hagas y lucha de una vez─  Dijo entre dientes, siseantes, como si en su boca la lengua viperina del dragón no se hubiese disipado en aquella forma dracónica, dejando escapar un bufido expulsando el aire por la nariz, acto reflejo de su parte más animal. ─ No tienes perdón, tu palabrería no va a hacerme frenar, no voy a escuchar de nuevo tus ardides para cegarme, yo ya abrí mis ojos, haz frente a la justicia,
justicia que yo imparto, Jokull.
─  Como jueza era uno de sus derechos y deberes. Parecía que intentaba meterse en su cabeza, frenarle, buscar alguna escusa para que dejara caer su espada evitando aquella lucha, posiblemente con la intención de hacer lo mismo que con los cuerpos que el agua se había llevado. No, ya había caído una vez, no lo haría una segunda. Apretó su arma con fuerza.  

Yo no he manchado nada, mi fidelidad es entera a esa "perra maldita" como dices, ¡TU REINA Y LA MIA! Basta ya de parloteo.─  Ciertamente estaba poniéndola nerviosa con todas aquellas palabras, quizá incluso haciéndole dudar. Las provocaciones de aquel surtían efecto, quizás con cualquier otra persona no lo harían, pero con él si, se había reído de ella, se reía de la reina, mataba a sus hombres, tenía que pagar ya, su tiempo se había terminado. Dejó escapar un rugido de ira mientras se lanzaba contra el acero de él, haciendo que ambas armas chocasen con fuerza, midiendo ambas potencias, forcejeando y apretando, volviendo a hacer girar el acero una y otra vez, apretando y forzando acercarse a aquella cascada, aquella cueva oscura tan solo les permitía danzar con las espadas, si le vencía sería con sus fauces.









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Re: Once again || Hilda [+18]

Mensaje por Reina Madre el Mar Abr 18 2017, 21:27

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Re: Once again || Hilda [+18]

Mensaje por Jokull el Miér Abr 19 2017, 07:49




Cataratas del Lago Atardecer


El enfrenamiento finalmente comenzó, el dragón había dicho todo lo suyo, todo lo que había dicho lo había dicho para que ella se sintiera con todo el deseo del mundo de matarlo, sin embargo había recibido respuestas que la vieja Hilda que conoció hubiera dicho, algo repetitivo, mientras sus espadas chocaban él le miraba con lastima, seguía sintiendo ese amor incondicional hacia la Reina Madre, y por más que ella lo gritara no había manera de que la reconociera como alguien relevante para él, la Reina Madre era solamente una mierda más abusando de los que le seguían como borregos y si tuviera la oportunidad la enfrentaría también, así como la enfrentaba a ella. Jokull nunca había dudado de que la dragona fuera ciertamente un poderoso rival, en realidad esperaba no tener oportunidad contra ella ahora mismo que ya se había desgastado con los hombres que estuvieron a su cargo, lamentablemente ella no estaba luchando a matar, y eso le jodía, tenía que luchar matar, porque él no sabía si hacerlo, ella tenía que buscar su muerte, para él poder buscar la suya, ¿no? ¿O debía matarla? Ella era lo único que le aferraba aún al recuerdo, a ese pasado en Talos.

Sin ella no habría nada del aristócrata Jokull más  que la venganza contra su primo, pero sin ella, probablemente tampoco hubiera más Jokull en general, un pedazo de encrucijada que ciertamente no tenía resolución — Tu Reina Madre estaría muy feliz con mi cabeza en una pica, ¿no te parece? ¿Por qué no estás luchando a matar? Te mataré si no lo haces — El dragón utilizó su fuerza superior a la ajena para lograr golpear el rostro de la dragona gracias a su puño izquierdo. Se hizo para atrás ganando terreno más seco para poder afirmarse — Vamos, eres Hilda, la inquisidora más brava de Talos, una perfeccionista, acábame — Jokull se abalanzó con todo hacia adelante, era un ataque puramente pasional y también levemente desesperado, se notaba pues que no estaba actuando bajo sus cabales. El cuerpo de la dragona fue impactado por su espada, pudo notarlo, pero justo cuando el recibió el corte fue que se percató que solo el uniforme de la dragona fue cortado justo en el centro, pero solo ello, la platina apenas rozó su piel raspando. En cambio, la sangre en su hombro que brotaba era propia. Jokull carcajeó y negó, ella no le dejaría correr para transformarse.

Movió su brazo completo solo para que más sangre brotara, pero no podía dejar que se quedara resentido del golpe, tendría unos cuantos minutos para seguir peleando con ella antes de que el adormecimiento por la sangre perdida fuera realmente de consideración. Jokull entonces ideó la mejor solución, simplemente empujar a Hilda a punta de fuerza hacia la salida,  sería un esfuerzo desesperado y uno que quizás no pueda cumplir, pero lo intentaría. Fue rodeando a cierta distancia a la muchacha, su giro fue completo, lo suficiente para que esta tuviera que darle la espalda a la salida por la que había entrado. Entonces empezó, sus embates con la espada no buscaban en lo absoluto la carne de Hilda, le chocaba la espada y buscaba hacer retroceder su hombro y brazo en cada choque, agradecía que aún tenía fuerza, la suficiente para que fuera superior a la de ella, el plan iba funcionando, y a la vez que funcionaba, le iba desgastando de lo lindo también, intenta siempre que cada  duro espadazo afectara con la misma fuerza y cada que se escuchaba la cascada más alejada, un respiro se daba dentro de la mente del dragón herido.

Justo cuando la luz se pudo observar con claridad, el exiliado se encargó de embestir el cuerpo de la dragona, si le impactó bien o no, no lo supo realmente, pero su cuerpo finalmente quedó fuera, había perdido su espada, no había arma más práctica que ser él mismo. Ese dragón que tanto Hilda admiraba, ese dragón más grande que ella. Los huesos crujieron de golpe y la ropa se rompió, aquel cascarón humano desapareció, y tras ese tedioso proceso finalmente el negro se alzó entre los árboles de aquel bosque, apenas unos cuantos, los más viejos, podían igualar el tamaño del dragón y eso que estaba sin alzar la cabeza. Con su tamaño real, solamente esperó lo inevitable. La forma real ajena, la conocía demasiado bien, un gruñido fuerte fue emitido por las fauces dragonicas de Jokull, aquel lugar era el menos adecuado para que dos dragones pelearan una sola llama y entonces el bosque ardería entero. ¿Le importaba? Era ciertamente el hogar de varios otros seres, pero iba a ser algo estúpido de todas formas ella no se vería dañada por su fuego. Su primer ataque fue pegar con su fibrosa y musculosa cola, buscando llegar a las vértebras de la dragona.

En la mente del dragón solo dos destinos iban a salvar a Hilda de la locura, el primero era que le matara, porque  él no sería apresado, y el segundo, que ella muriera. Ciertamente, no sabía cuál de los dos era mejor, ¿era mejor la vida sin ella o sin ella? Tenía pruebas de este tiempo, estaba viviendo sin ella, pero vivía con su recuerdo, vivía sabiendo que seguía viva y que estaba bien, eso era completamente diferente a saber que le  había matado él, o que estaba muerta por alguna otra razón. Jokull se alzó al vuelo como dándose tiempo, Hilda hace mucho tendría que haberse percatado que tampoco había estado usando al máximo sus habilidades y que no había buscado matarle en la gran parte de sus ataques, porque no estaba seguro y porque dudaba igual que ella a pesar de lo dicho. El destino de ambos dragones se definiría una vez encontraran al vencedor de este combate,  podía ser cualquiera, Jokull tenía su fuerza  y su tamaño por encima, pero Hilda su velocidad y agilidad. Los ojos cruzados del dragón observaban brillantes a la que fue su compañera, a la que quiso de verdad aunque ella no lo crea, a la que aún en este momento ama y la única que en una batalla le ha hecho dudar, justo ahora.




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