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Esto es una carrera! -Trystan

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Re: Esto es una carrera! -Trystan

Mensaje por Trystan el Lun Feb 06 2017, 21:22

Habían pasado sólo horas desde mi conversación con Megerah... y consecuente charla con Moira.
Pudo entenderlo, con matices y preocupación. Algo que yo también entendía pero que, por contra, tenía la sensación de que necesitaba hacerlo. Necesitaba hacer algo que ayudase de algún modo a esa organización por la que casi di hasta la vida en un momento.
No me había dado cuenta de todo lo que había supuesto para mí perder aquel cargo. HAbía sido por circunstancias que yo no pude controlar. En un principio, sentí que me había quitado un tremendo peso de encima... pero con la consiguiente mudanza a las cuevas, lejos de todo lo que había conocido durante mis treinta años, me había perdido a mí mismo mucho más rápido de lo que pensaba.
Por suerte, no había pasado mucho tiempo para que yo no pudiera ponerle solución. La rubia me había enseñado el camino y la morena me había alentado a seguirlo.
Fue por esto, precisamente que a media mañana partiera rumbo a Talos, guiado por cierto rumores, decidido incluso a conseguir cierta información que pudiera ser de utilidad. No había mejor manera de volver a las andadas, a mi entender. Tal vez, esa visita concluyera con la consecuente a las alcantarillas.
Llevaba tiempo queriendo hablar con Maeve, pero no habíamos tenido oportunidad de coincidir.

Fui cauteloso, dejando la montura a una distancia prudencial de la ciudad. Con un poco de suerte, seguiría allí cuando concluyese mis planes. El problema era que no iba a tiro hecho. Conseguir información era tarea de pacientes. Algo que no me era para nada desconocido, después de tanto tiempo siendo explorador. Cuando comencé a ser líder, hubo demasiado que organizar y casi que no pude darme el gusto de volver a recorrer las calles y tejados de la ciudad como antaño hice. Pero ahora tenía esa libertad.

No me costó nada colarme entre carromatos, oculto bajo una capa larga y capucha que ocultaba parcialmente mi rostro. Aún recordaba todos esos papeles de "Se busca" con un bosquejo de mi cara. Mi vida había dado mil vueltas desde entonces, pero aquellos cargos contra mí, al parecer, no.
Volver a ver las calles de Talos, con su ajetreo, idas y venidas, gente en todos lados, me hizo sonreír de lado. Pude sentir entonces una punzada de nostalgia por haber vuelto a moverme en aquel ambiente. El jaleo de mercantes, chiquillos jugando, ladridos, relinchos... toda una sinfónia de sonidos que hacían esa peculiar banda sonora del lugar. El olor a barro, pan recién hecho, podredumbe... incluso excrementos de los caballos, componían esa otra parte, menos agradable, que podía llegar a embotar el olfato.
Y, sin duda, un humor fresco se esparció por cada fibra de mi ser.

A pesar de andar tenso, por si cierta voz decidía aparecer en mi cabeza, me moví con soltura conocida, evitando a conciencia los controles o guardias que pudieran aparecer en mi campo de visión. En alguna ocasión, trepé muros o anduve por tejados en movimientos silenciosos para poder llegar al lugar donde recordaba que solía estar el mercado. Una sonrisa triunfal brilló en mi semblante cuando lo reconocí.
Así pasé mis horas entre gente, desenpolvando esa maña de discreto ladrón o espía, cubriendo esas pocas necesidades que fueran surgiendo por el camino.

No obstante, la noche, y el famoso toque de queda me sorprendieron, llegando más rápido de lo esperado. ¿Acaso me había sentido tan a gusto como para el tiempo se me pasara volando? Aparentemente, sí. Con un suspiro, tomé la rápida decisión de acercarme a la famosa taberna de PoisonClaw, nido de mensajes trascendentales, vino, cerveza -y hasta mujeres con verdadero arte en las relaciones sociales-, y música. Hasta ahora, poco había sido lo que había podido averiguar. Cierta frustración hormigueaba en mi estómago, aunque era consciente que en la primera intrusión era muy probable que no consiguiera gran cosa.

Para evitar líos en el camino a la taberna, volví a pasear por los tejados, sin llegar a forzar saltos o carreras. Fue por esto que acabé demorándome un poco más. De hecho, en uno de los tejados colindantes, decidí entretenerme unos minutos. Alcé mis azules al oscuro de la noche. No podía mejorar la tranquilidad ni el número de estrellas que podían contarse desde las cuevas, pero era mi manera de mantenerme atado a esa nueva realidad.

Pero no esos minutos tuve para perderme en mis pensamientos. Casi mejor, en realidad. Mi mirada bajó a la calle, justo a la entrada del local, en la que una mujer se mantenía ligeramente agachada, amenazante, frente a un grupo de cuatro hombres a los que seguramente les había tirado la bebida encima.

-Vamos, no sean cobardes. ¿O es que sin su jefe se quedaron sin cerebro?
Enarqué ambas cejas. Otra mujer de armas tomar-. Vaya, esto promete. -susurré para mí mismo, con la más divertida de mis sonrisas. Aparté mis orbes zarcos de la escena por un momento, con la decisión de igualar fuerzas en aquella pequeña contienda antes de que los guardias hicieran acto de presencia. Sin pensármelo mucho, me acerqué al borde, encontrando una forma rápida de tocar suelo, apareciendo por la izquierda del grupito de bárbaros- Yo diría que algo no me parece igualitario aquí. -enuncié con fingida desaprobación, conforme los cuatro voltearon la mirada, buscándome.
Vi extrañeza en todas esas miradas, incluída la de la mujer- ¿¡Y a ti quién te dio vela en este entierro?? -espetó uno de ellos. El que parecía haber tomado el rango de nuevo cabecilla. Sonreía, como yo. Igual se pensaba que un tirillas como yo, no suponía más que otros dos minutos de su tiempo. Idiota.
- Hmmm... -fingí reflexionar, con aire fanfarrón, mesándome la barba y frunciendo el ceño. Toda una representación teatral. Finalmente, reparé en aquel que andaba tirado en el suelo, inmóvil y terminé señalándolo-. ¿Vuestro amigo, quizás? -pregunté con retórica y una sonrisa relajada pero algo burlona. Pude sentir como la ira empujó esa tensión que mantenía sus cuerpos, terminando de encararme ahora a mí. Bueno, mi primer objetivo era desviar la atención de la mujer. Logro conseguido... o quizás, no del todo porque se me venían encima como un bloque contundente de cemento. A tiempo, dirigí una mirada confiada a la chica, que parecía demasiado atenta a la escena-. ¿Dos y dos? -sugerí, alzando una ceja, en lo que ganaba tiempo al dar un par de pasos hacia atrás.

Aquellos pobres ilusos todavía pensaban que por estar en mayoría, llevaban las de ganar.




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Re: Esto es una carrera! -Trystan

Mensaje por Trystan el Dom Feb 12 2017, 20:45

A la mujer pareció gustarle la sugerencia, lo cual impregnó de confianza mi sonrisa burlona y derivó mis azules en aquellos inminentes atacantes que no sabían la mala suerte que estaban a punto de tener. Tenía que admitir que la fuerza y rapidez que me brindaba el desafío me daba cierta seguridad a la hora de enfrentarme contra dos armarios repletos de ira, como los que venían a por mí en ese instante. La tensión latigó cada fibra de mi ser, en esos segundos previos que tuve para averiguar cómo atacarían. No obstante, no llegó a ese límite que me hacía perder el control. No aún, al menos.

Pero sí me brindó la posibilidad de ver todo a una velocidad más lenta que la normal… o eso, o es que aquellos mastodontes tenían demasiado alcohol en vena. Fue por esto, que cuando aquel primer tipo atacó, tuve tiempo de sobra para echarme a un lado. Justamente, al mismo lado en el que su compañero venía. Esta vez, me agaché, volviendo a esquivar un golpe. Tuve el tino de meter un pie que por suerte hizo que el primero -llamémoslo Johnny-, cayese de bruces al suelo. Hmm, barro rico y nutritivo. Por el rabillo del ojo alcancé a ver que mi imprevista nueva compañera se desenvolvía con soltura para esos otros dos contrincantes que habían ido a por ella. ¿Pensaban que iban a tener mejor suerte? Porque no lo parecía...

En lo que Johnny se levantaba, su compañero y mi adversario -a éste lo llamaré Walter-, se giró sobre su propio eje para volver a contraatacar. Sin embargo, por verme yo a menos altura, me fue mucho más fácil extender mi mano a su entrepierna y agarrar con una fuerza en la que no escatimé. Mis dedos se engarfiaron violentamente para tirar hacia mí. Y el alarido que pegó fue música para mis oídos. Como un resorte, me levanté, con mi autocontrol pendiendo de un hilo. Mis azules ahora ligeramente enrojecidos lo mataron de mil maneras distintas mientras que yo lanzaba mi mano hasta ahora ociosa a su gaznate. Un calor característico, animal, se empezó a expandir por mi cuerpo, en lo que Johnny echaba las manos para retorcerme el brazo... o intentarlo al menos.
- ¡Bastardo! -gritó entonces. Por cierto, por si no lo habíais notado, era ese segundo cabecilla que me había hablado al principio-. Todos los de vuestra calaña sois iguales, panda de ratas de alcantarilla, viles y traicioneros. Todos merecéis la horca. ¡Todos! -la última exclamación la hizo entre dientes, pues mis dedos habían empezado a apretar su garganta, resarciendo parcialmente a esa bestia que empezaba a soltarse en mi interior. Pobres humanos.
- Como si tu comportamiento fuese de lo más ejemplar, ¿hm? -a tiempo, Walter hizo su aparición estelar aquella noche, por mi espalda, agarrándome de ambos brazos, echándolos hacia atrás. Con ello, solté a Johnny que se acabó mesando su gaznate con la mano propia, sin dejar de mirarme. Aparté mi mirada, hacia Walter, con una sonrisa más que zorruna-. ¿No tuviste suficiente? Debes de tenerla muy pequeña para recuperarte tan pronto. -noté que, iracundo, aumentó la prensa en mis brazos. Dolió, no podía decir que no, pero me recompuse a tiempo para volver al objetivo de su entrepierna, a la cual dirigí la planta de mi pie, para aplastarla. ¿Quién dijo que había que jugar limpio? Desde luego, aquel hombre poco podría usarla esta noche, de la encogida que adoptó. Su agarre se aflojó pero no me liberó a tiempo para evitar el ataque de Johnny. Caí al suelo de un placaje, con él encima. Una exhalación se me escapó en cuanto mi espalda dio fuertemente contra el suelo. Y con esa mole sobre mí me fue dificil hasta recuperar el aire.
- ¡Maldito capullo! Por bocazas y molesto, vas a pagármelas todas juntas esta noche. -dijo, casi fuera de sí. Mi puño derecho se apretó, en ese esfuerzo visible por controlarme. El tipo alzó uno de los suyos, haciendo de mi cara una diana. Lanzó su diestra, la cual retuve con mi izquierda. Apreté los dientes, al mismo tiempo que ejercí presión sobre su enorme mano... Hasta que la oí crujir. Johnny quiso mantenerse impertérrito, pero el color en sus mejillas, me hizo ver que le estaba costando demasiado. Pobre. Quizás sea mejor acabar con su sufrimiento. Con este pensamiento, fui yo el que lanzó la izquierda directa a su rostro. Aquel golpe que se llevó lo desubicó lo suficiente como para que yo pudiera librarme de su peso con un simple empujón e incorporarme.

Adrenalina. ¡Cuánto la había echado de menos haciendo lo que más me gustaba! Los entrenamientos en las cuevas no eran tan divertidos, ni de lejos. Apenas me levanté, más que dispuesto a reiterar más ataques sobre aquel estúpido cuando unas voces, roncas y solemnes, llamaron mi atención al final de la calle. Genial, guardias. Lo que nos faltaba. En la distancia, pude ver que volvíamos a ser inferioridad en número, mientras gritaban que nos detuvieramos.

Sin miramientos, deslizé mis azules a mi espalda, girando parte de mi cuerpo en el proceso, en busca de un par de ojos en concreto. Aquella mujer, a la que vi de pie con los cuerpos de sus agresores retorciéndose por el suelo también. Nuestras miradas coincidieron, acompañadas con pequeñas nubes de vapor por nuestras respiraciones alteradas por el esfuerzo. Señalé a su espalda, justo en la dirección contraria a los soldados, que en segundos se nos echarían encima.- Hora de correr un poco, encanto. -para aplacar toda duda, fui yo el primero que se puso en camino, hasta alcanzarla, para que viese que no iba a quedarme a hacerme el héroe.




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Re: Esto es una carrera! -Trystan

Mensaje por Trystan el Vie Feb 17 2017, 19:02

La idea de ejercitar pierna a esas horas no pareció disgustarle. Una sonrisa del todo pícara se me dibujó en los labios con su contestación. Acorde, una de mis cejas se elevó, llegando a reír entre dientes. Por ese descaro, me quedaba claro que una señorita no era. De hecho, esos movimientos felinos suyos no eran para nada propios de una mujer que se hubiese dejado educar en las altas esferas. Sumándole ese un acento foráneo, extraño, y hasta sugestivo, la primera impresión que daba aquella mujer no era precisamente de dama en apuros, recatada y pudorosa.


A tiempo, alcé un brazo, indicándole el camino-. Después de ti. -murmuré sin perder la sonrisa, más que dispuesto a seguirle y que nos sacara de aquel embrollo.
Corrí con aquella mujer de quien no sabía ni el nombre. A un paso por detrás, dejando que me llevase de paseo por esa ciudad por la que yo me había movido durante años. Y reconozco que parecía saber lo que hacía. De hecho, la chavala era más rápida de lo que hubiese esperado. Tal vez, demasiado para ser una humana… Hmm, interesante. Enarqué una de las cejas por ese comentario de mi improvisada nueva compañera de persecución. ¿Ágil? Por favor, la duda ofende. Fui a replicarle, sabiendo que podía haber visto cómo peleaba pero, me contuve. Lanzar golpes sin miramientos no era lo mismo. Nop. Además, hacía poco había vuelto a entrenar propiamente dicho, más allá de esas sesiones evocando mi inestable autocontrol. Confiaba casi ciegamente en todas esas sesiones con el líder de la Revolución para ganarle a aquel instinto que podía causar considerables estragos sin ser yo consciente. Toda una proeza. Había descubierto que perdía el control con tanta facilidad por todo lo que había guardado durante los últimos años. Ni yo fue totalmente consciente hasta hacía unos días… irónicamente, esa chica tuvo que entrar en mi vida para sacar todo aquello. Esos intensos azules habían indagado en mí con total libertad, sin que yo pudiera detenerlos.
Y yo que pensaba que había vivido absolutamente todo.

Inmediatamente al doblar la esquina, pude entender el porqué de su comentario: aquella calle que se extendía largamente, estaba llena de obstáculos y, desde luego, las voces de los guardias a nuestra espalda no hacían más que instar a mi adrenalina a expandirse por todo mi ser. Con resolución, ni concebí la idea de detenerme. Las zancadas que daba no tenían nada que envidiar a las suyas, quizás más cortas y rápidas. Podía decir que en las primeras sesiones de resistencia me había dado cuenta de cuánta pelusa tenía en el trasero. No como ahora. Los saltos para evitar los obstáculos en el camino empezaron a sucederse, cada vez más elaborados, y sin llegar a forzar nada. Volví a llenarme de esa fuerza y rapidez que el desafío me había hecho ganar. ¡Algo positivo tenía que tener!  Así, dejaba atrás toda obstrucción a mi carrera. En alguna ocasión pude tirar algo más al suelo, para retrasar a esa panda de pirados, seguramente sádicos y cabreados por nuestra huída. Una sonrisa divertida volvió a dibujarse en mis labios ante esa idea. Una que se me escondió con la misma rapidez, en cuanto aquella pared de dos pisos se plantó ante nosotros dos. Mi mirada se quedó estancada en aquella cima recta, que se me antojó tan inalcanzable en ese instante. Con esto, exhalé profundo, aunque algo corto por la previa carrera. Miré a la morena antes de hablar:- Quieres ponerme a prueba desde el principio, ¿eh? -enuncié con un aire retador y hasta altivo. Mis azules, con premura, observaron el muro de nuevo, las esquinas con las que colindaba e incluso parte de la callejuela que habíamos dejado detrás… hasta que un poste se me presentó como la solución perfecta. Además, estaba a una distancia proporcional de tal manera que un empujoncito de nada lo haría caer. Presto, me fui hacía aquel madero, apoyándome en él con el largo de mi brazo. Comencé a hacer presión contra él, hasta que llegó un punto que sentí una sensación cálida por mi cuerpo. Sin saberlo, mis pupilas se enrojecieron, en lo que yo parecía ausentarme por un instante para hacer que aquel dichoso poste cayera. Apreté los dientes cuando escuché esas autoritarias voces, ahora más cerca. Sólo un poco más. Al igual que la muchacha, tenía cero ganas de tener un enfrentamiento con ellos. Solamente en el caso de que fuese estrictamente necesario… Cosa que no sucedería en cuanto escuché el crujir de la madera. ¡Por fín
El mástil terminó cediendo, echándose sobre el muro con un golpe seco y la inclinación perfecta para trepar por él con la suficiente estabilidad. Resollé descaradamente, en lo que hacía por aferrarme a ese control que por un momento se me escurría de las manos. No me apetecía perderlo, otra vez, y convertirme en una bestia con tremenda rabia y ansias por destruir, sin raciocinio alguno. No en mi primera intrusión de vuelta en Talos. Lamentablemente, fue algo que tuve que recuperar rápido, pues teníamos el tiempo en nuestra contra. Un par de respiraciones rápidas, apretando los puños hasta volverlos blanquecinos… hasta que sentí como mi propio cuerpo se desprendía de esa tensión y calor.

Aún contaba con cierto enrojecimiento en el blanco de mis ojos cuando busqué a la mujer. Un pequeño suspiro se me escapó por la nariz, en lo que apoyaba mi mano en la pared más cercana-. ¿Subes? -inquirí con una sonrisa ladeada, un gesto de mi otra mano señalando el tronco y un cansancio teatralmente exagerado para desviar la atención de ese tenso momento en el que casi dejo de ser yo.




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Re: Esto es una carrera! -Trystan

Mensaje por Trystan el Vie Feb 24 2017, 18:35


Sólo cuando el poste cayó sobre el muro y vi la mirada de mi compañera centellear con picardía pude reírme por lo bajo, por sus palabras-. Aún es pronto para saber si me divierto o no. -mentira. Hacía meses que no me divertía de ese modo. Me había amodorrado en las cuevas, llevando una vida sedentaria y cómoda. Tal vez, demasiado cómoda para ser un desafiado terrorista. Desde que volviera de aquella última tortura y me recuperara, se me había planteado una jubilación anticipada como líder y, sin saber bien por qué, acabé extendiéndola a mis tareas como terrorista. En la práctica, dejé de serlo durante unos meses.
Pero justo en ese momento en el que la adrenalina volvía a recorrer mis venas, mientras mantenía el autocontrol, me di cuenta de cuánto había echado en falta esa sensación.

La muchacha aceptó mi invitación, acercándose y comenzando a subir por la madera. Tenía una buena… planta para el equilibrio que tenía. Y, ¿por qué no? Su trasero no tenía nada que envidiar a muchos que ya conocía. La mujer se desestabilizó repentinamente, por culpa de un proyectil que erró en su trayectoria. Me tensé por un instante, por si acaso ella caía y yo tenía que hacer de príncipe azul presto y dispuesto a que su bien contorneado trasero no diera con el suelo.

Por suerte o por desgracia, esa caída no llegó a ser.

Por precaución, decidí esperarme a que ella estuviera ya sobre el muro, llegando a reírme con ese guiño y empuje suyo hecho en palabras. No tardé en poner mis pies sobre la madera y ascender, con la sensación de que si tardaba un segundo más tarde, me atraparían. De hecho, había dejado atrás la mitad de aquella madera cuando un tirón en mi tobillo me hizo perder el equilibrio sobre ésta. A tiempo, extendí mis brazos para poder quedar colgado del madero, justo a un lado. Éstos rodearon el poste por encima en lo que yo hacía esfuerzo por abarcarlo entero.
- ¡Eres nuestro! -exclamó el que me había agarrado y hecho caer. Por alguna feliz casualidad los guardias que ya habían llegado no alcanzaban a agarrarme. Tampoco era que yo me estuviera quieto, todo había que decirlo. El guardia que había conseguido desestabilizarme avanzaba con cierto titubeo y fue en el mismo instante en el que escuché un click que ya había oído unos pocos segundos antes de que la muchacha que iba conmigo blasfemara abiertamente, que decidí actuar rápido. Balanceé mis piernas de atrás adelante, llegando a empujarme con la pared paralela a la madera, consiguiendo que ésta se moviera del empujón. Por ello, el soldado resbaló cayendo con la menor gracia posible. Mis brazos reptaron conforme el poste giró hacia mí, manteniéndome en mi sitio.
- Hmm... Tal vez otro día. -torpe. Acabé encaramándome al dichoso palo, hasta que conseguí incorporarme otra vez para salvar la distancia con mi acompañante. La miré a tiempo para ver que cierto alivio brilló en sus ojos. Podría decir que el mismo que el mío, pese a que la sonrisa juguetona prevaleciera en mis labios.
Una vez allí, lo primero que vi fue ese patio interior que para mi instinto de supervivencia supuso el peor pozo en el que caer. Volví la mirada a la chica y sin llegar a saber si sopesaba realmente la idea de meterse en él, preferí no darle más alas:- Ah-ah. El patio interior no es la mejor opción. -miré de nuevo hacia arriba, sopesando nuestras opciones, en lo que el arquero del grupo cargaba su ballesta. Algo tedioso para él pero que nos brindaba algo más de tiempo a nosotros. Los guardias no parecían muy hábiles, pero con lenta seguridad, ascendían por la madera, demasiado pesada para moverla ya. Por fin, uno de los tejados se mostró tentador ante nosotros, a sólo un nivel de altura más. La forma perfecta de salir de aquel atolladero. Una vez más, miré a la mujer-. Ven, vamos. -le dije con la mejor de mis sonrisas, antes de hacer una pequeña carrera para impulsarme y trepar esa poca distancia en apenas unos segundos. El tejado crujió levemente bajo mis pies, antes de agacharme y tenderle la mano para ayudarla una vez más.

Una vez arriba, otro pequeño golpe de alivio me sacudió. Los tejados. Mi pista de carreras personal. Una pista que llevaba mucho tiempo sin pisar-. ¿Sabes de algún sitio al que podamos ir? Te sigo. -pregunté, dejando que fuese ella la de la iniciativa. Tal vez, antes siquiera de que llegáramos, nuestros caminos se separaran nuevamente. Yo tenía varios a los que ir en el caso de que fuera así. Y así, fue cómo empezamos a correr por esos desniveles, dando brincos y haciendo acrobacias que me devolvieron una sensación de libertad que ya tenía olvidada. Una que no borraba la sonrisa de mi cara pues, volvía a ser yo, de algún modo.


Corrimos, saltamos, esquivamos, a paso constante y rápido...
... Ignorando lo que pudiéramos encontrarnos en el frío suelo en cuanto lo pisáramos, de nuevo.




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Re: Esto es una carrera! -Trystan

Mensaje por Trystan el Dom Feb 26 2017, 15:31

Mírala, si hasta tenía graciosa desfachatez de no perder la educación cuando realmente estábamos saltándonos las normas, huyendo de ese grupo de guardias que no estaban siendo precisamente diestros para atraparnos. Subió con la misma facilidad que yo, lo que terminó por confirmarme que no era la primera vez que huía de la ley, como niño que sale corriendo, en ese juego por evitar ser capturado-. Teatrera. -bromeé aún con la sonrisa socarrona en los labios. Llegué a reír entre dientes una vez más cuando hizo alusión a esa primera cita. En su casa. Al menos, si llegábamos sin más contratiempos, podríamos dejar que el peligro pasara, lo mínimo para que yo pudiera volver a andar por las calles con tensa tranquilidad, para desaparecer por alguna alcantarilla para ir a la base de la Resistencia. Tenía una clara intención de hablar con Maeve, sí o sí, aquel día.

En eso pensaba mientras cruzábamos parte de la ciudad por los tejados, brincando, corriendo, esquivando esos obstáculos que nos pudieramos encontrar. Alejándonos claramente de ese grupo de guardias que, seguramente, ya habrían pedido refuerzos. Con un segundo grupo de ellos nos topamos, al bajar un desnivel con un pequeño salto y el consecuente rodar por el suelo para recuperar agilmente la posición para seguir corriendo. Pero la mujer que me acompañaba hizo algo más.


Aguanté la respiración cuando se pegó a mí, dejándome entre ella y la pared. De repente, al sentir el calor ajeno, con toda esa adrenalina corriendo ahora por mis venas, me encontré realmente incómodo, por esas confianzas que se tomó.  No era que fuese a hacer nada. De hecho, yo tenía muy claro que no había otra mujer para mí que la que me esperaba en las cuevas. Sin trucos. Sin juegos. No quería a otra. Y, en consecuencia, ni esa imprevista compañera de carreras ni ninguna otra, tenía el interés suficiente como para llamar mi atención.
No tardé mucho en sucumbir a la necesidad de mi cuerpo y volver a resoplar lo más discretamente posible, por recuperar aire, en ese esfuerzo hecho. Por un momento, pude asegurar que mi falta de pulso era algo de lo que ella se percataría, tan cerca de mí como estaba. ¿Sería así? Mis manos fueron a parar a sus brazos, a la altura de sus codos, sin más motivo que ese reflejo que quería ser protector. De una manera peculiar, debía añadir, pues no era ella la que estaba contra la pared, precisamente. La inquietud volvió a golpearme por todas esas posibilidades...
Cerré los ojos con fuerza por un instante, sacudiendo la cabeza con la intención de espabilarme y dejar de pensar en algo que ahora no tenía improtancia. Poco tiempo más tuve antes de...
- ¡Están aquí! -gritaron por el lado contrario, llamando la atención de ambos. Tanto ella como yo, nos giramos, con el gesto de horror típico de haber sido descubiertos.
Un guardia, algo exhausto por seguirnos, poniendo su capacidad física casi al límite, en lo que nos alcanzaba por los tejados alertaban a sus compañeros.

... ¡Joder!

- ¡Corre! -exclamé, empujándoe con una suavidad envidiable, pese a la situación, para que me hiciera caso. Apretamos el paso, saliendo disparados en el mismo sentido que ya llevábamos antes de hacer esa pausa -ahora inútil- para pasar desapercibidos. Las cosas se ponían peligrosamente interesantes.

Los vertiginosos saltos entre las casas, con sólo vacío entre nuestros cuerpos y el suelo, y las zancadas posteriores iban dejando los tejados atrás y el maldito guardia ni disminuía ni aumentaba la distancia con nosotros, más allá de un par de largas zancadas. Algo que no sabía decir si era del todo bueno. Mi ceño se frunció entonces, ahora cansado de la situación. Si seguíamos esforzándonos tanto, llegaría un momento en el que nos acabarían atrapando. Aquel guardia el primero.
Y yo no había ido a Talos a ser apresado, la verdad.

Una escuálida y larga chimenea -aparentemente resistente, tenía que admitir- se cruzó en mi camino. Y en mi mente se vio instantes antes mi siguiente movimiento. Me agarré a ella con ambas manos, en un quiebro que cambió la dirección de mi carrera hasta enfrentarme con ese soldado tras nuestra que no se esperó que ese golpe mío que detuvo su avance... y su conciencia. El guardia cayó inconsciente sobre los tejos, en lo que yo me detenía por fin, casi exhausto. De hecho, tuve que apoyar mis manos en mis rodillas, para recuperarme con prestreza.
Pero por lo menos, habíamos ganado algo de tiempo.

Las voces, niveles por debajo de nosotros, en las calles que separaban los tejados que cruzábamos, nos indicaban por dónde iban los demás. Una ventaja, pues ahora ellos ignoraban si nosotros seguíamos avanzando. Busqué la mirada de la chica con la mía entonces, viendo como se acercaba a mí, con la misma exaltación- Tenemos que separarnos. Así les será más difícil. -respiré alterado, por el esfuerzo. De hecho, llegué a tragar saliva antes de continuar articulando:- Tú ve hacia la plaza del barrio por ahí,-le indiqué justo la dirección por la que habíamos venido. Esa plaza quedaba totalmente apartada del radio de acción que seguramente los soldados habrían desplegado para atraparnos. Éstos seguían avanzando y cometían el error de no pensar en la probabilidad de que volviéramos sobre nuestros pasos-, yo haré lo mismo por otro camino. -que tampoco seguía la trayectoria que habíamos traído hasta entonces-. Nos vemos allí en un rato, ¿hm? -no era una orden marcial, pero la contundencia adornaba mi voz, por todo ese tiempo que estuve como líder. Volví a incorporarme, más que dispuesto a romper ahí la comunicación con ella por unos minutos, en lo que ambos llegábamos a un lugar más seguro.




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Re: Esto es una carrera! -Trystan

Mensaje por Trystan el Sáb Mar 04 2017, 13:12

Aún resollaba abiertamente cuando la mujer se acercó a mí, en aquel tejado. No quería dejar de moverme tampoco, ahora que había reactivado mi cuerpo. Habría dicho mi pulso también, pero era algo de lo que carecía gracias a ese maldito dragón que estaba sospechosamente ausente, estando tan cerca el uno del otro. ¿Tendría la terrible suerte de no haberlo pillado en Talos? Bueno, tenía entendido que la Inquisición a veces mandaba grupos fuera de la ciudad para llevar a cabo todas esas cazas que sólo ellos hacían. No como los guardias, haciendo carreras intentando adivinar por dónde huíamos. Los muy ilusos se pensaban que podrían llegar a adelantarse. Pero mi compañera parecía tan ducha como yo en esto de escapar por los tejados.

Su guiño me devolvió la sonrisa. Era divertidamente molesto ese humor socarrón y autosuficiente que se daba. Una mujer totalmente independiente, pagada de sí misma. No había muchas como ella, la verdad. Podía notarse hasta la inocencia de alguien que en su diversión no era realmente consciente de las consecuencias si la apresaban. Porque no hay tenido tal suerte. Por un momento, deseé que siguiera teniéndola, desde el punto de vista de aquel que ya había sufrido las consecuencias varias veces. No daban ganas de volver a intentarlo. Yo, de hecho, había tenido que llegar al límite para contemplar la idea de volver a entrar en la ciudad… y correr por sus tejados de nuevo. El desafío me daba inmunidad legal, pero sólo hasta cierto punto.

Con un pequeño asentimiento, ella partió, en la misma dirección que habíamos venido siguiendo y que yo le había indicado. Tenía la seguridad de que ella tendría muchos menos problemas que yo, pues mi intención era zigzaguear en el mismo sentido que iban los guardias. Tampoco era estúpido, no me iba a arriesgar más de lo necesario aquella noche. Con una inspiración más profunda y sonora de lo normal, reemprendí mi carrera hacia el lado opuesto. Abandoné ese tejado rápidamente, alternando los distintos niveles de las casas como bien podía.


Los tejados pasaban bajo mis pies, mis zancadas, saltos y acrobacias. Alguno de ellos, crujieron peligrosamente ante mi aterrizaje. Esos eran los que menos tiempo me tomaba abandonar… hasta que uno de ellos cedió de forma inesperada. La verdad fue que había escuchado voces por una de las calles paralelas y mis pies se posaron con más fuerza, en lo que consideraba cambiar de dirección otra vez. El techo de adobe cedió y yo me precipité al suelo de aquella casa con un montón de escombros y una nube de polvo blanco que me vistió por completo.

Y por lo visto, debía de tener una pinta horrible, pues el hombre con el que me topé allí dentro salió corriendo. Tosí un par de pequeñas humaredas blanquecinas antes de volver a ponerme en marcha. Escalé por el tejado hundido, aliviado de que, después de todo, aquello no llamara estruendosamente la atención. Ese silencio atronador que me rodeo me dio demasiada mala espina. Reanudé una vez más mi camino, en otra dirección, llegando un momento en el que eché mis manos al broche de la cama y la solté. Con esto, cambié nuevamente de dirección, ahora sí, dirigiéndome a la plaza. Me mantuve en los tejados, siendo mucho más cauteloso esta vez. No me importó tardar más si con eso me aseguraba que no me siguieran. Por fin, llegué a la plaza, con una capa polvorienta clara sobre mis ropas, cabello y, tal vez, sobre mi cara. No había corrido lo suficientemente rápido como para librarme de ella. Desde la altura a la que estaba me agaché, para no llamar la atención. La verdad no lo hubiera hecho, porque apenas había gente… por no decir nadie.

Deslicé mis azules por todo el lugar, hasta que detecté una figura que se me hacía nebulosa. Quise deducir que era una de esas cualidades adquiridas como desafiado. O no. No estaba del todo seguro. Aunque sí se llevaba muchas papeletas porque yo antes no podía detectar a los dragones con tal claridad. Entrecerré mi mirada, fijándome más. Entre sombras y un poco de memoria, pude reconocer a la que era mi compañera de carreras que había perdido de vista minutos antes. Y por lo difusa que la vi, estaba claro que no podía ser una dragona.
Casi mejor.

Me moví entonces, bordeando la plaza por los tejados hasta llegar justo al que la mujer tenía encima-. Espero que no me echaras mucho de menos. -murmuré, con una sonrisa divertida, al verla agazapada sobre un arco. Sin mucha demora, fui bajando niveles con agilidad hasta llegar a su lado-. ¿Y bien? ¿Tu casa está lejos de aquí? No tenemos mucho tiempo para desaparecer antes de que se nos vuelvan a echar encima... -comenté evidenciando que no podíamos entretenernos mucho. Al menos, mientras andásemos libremente por las calles de la ciudad.




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Re: Esto es una carrera! -Trystan

Mensaje por Trystan el Miér Mar 08 2017, 20:30

No evité reírme por lo bajo cuando hizo alusión a ese pequeño incidente que me había dejado cubierto de polvo-. Necesitaban un obrero imprevisto para trabajos nocturnos. -bromeé, encogiéndome de hombros, antes de señalar con el pulgar a mi espalda, como si hubiera hecho un gran favor, metros atrás. Era curioso que, para haber compartido sólo una carrera, siendo perseguidos por ese enemigo común, ambos estábamos aliviados de haber encontrado al otro, sano y salvo, después de habernos separado de una manera tan precipitada. Los dos parecíamos bien conscientes de lo que pudiera pasar si nos atrapaban. Nada dolorosamente agradable, eso seguro.

Con un pequeño asentimiento, di muestras de haber escuchado su explicación. Por suerte, su casa no estaba lejos. Con un enérgico movimiento, me puse en marcha, trás ella-. Por supuesto. -musité, más que dispuesto a seguirla por esos balcones y allí donde fuera que fuésemos. Ella iba con cautela, ahora que habíamos despistado a los guardias. Ni siquiera sabíamos dónde pudieran estar así que, en realidad, toda precaución era poca.

Con premura y cuidado, llegamos a una trampilla que, de haber pasado corriendo, yo ni habría reparado en ella. Con sus indicaciones, me colé con agilidad en aquel hueco, desubicándome momentáneamente con aquella densa oscuridad. Tanteé por las paredes, llegando a golpearme con algo metálico en la cabeza que no supe discernir qué era- Auch. -susurré, llevándome una de mis manos a mesarme esa zona golpeada-. Algo tétrico tu castillo, ¿no? -solté con algo de sarcasmo. No se veía un pimiento. Una de mis cejas se enarcó ante esa curiosa presentación-. Encantado Nemier... -contesté. Un peculiar e imprevisto placer, tenía que admitir-. Yo soy Trystan. -dudaba muchísimo que me conociera. O siquiera que me reconociera de tanto cartél empaleando Talos con mi retrato -malogrado, eso sí-, de mi cara. Tampoco es que fuera una maravilla.

No obstante, me las supe arreglar para dejarla pasar y que fuera ella quien me guiase. No sabría decir, parece que le había pillado el gusto a eso de ir trás ella. Negué con la cabeza, con un murmullo de negación ante esa segunda oferta-. No, gracias. -decliné la oferta con media sonrisa, pensando en todo lo que tenía por hacer aquella noche, para marchar al día siguiente, de regreso a las cuevas-. Aún tengo largo camino por recorrer y no tengo intención de estancarme en cualquier rincón apestando a alcohol. -enuncié con cierta diversión, antes de toser un par de veces, aún recuperando parte del aliento, allí dentro-. Tengo curiosidad. -enuncié con cierta sorna, al rato, cuando ya me había recuperado casi por completo-. Eso de enfrentarte a un grupo de brutos psicópatas de mal aliento al caer el sol, ¿es tu diversión diaria?




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