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La ignorancia del pasado -FB (Ariadna)

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La ignorancia del pasado -FB (Ariadna)

Mensaje por Moira el Mar Ene 31 2017, 21:00

Hace dos años y medio, cuando Moira aún era esclava. En las cocinas del castillo, por la noche.

No sabía dónde estaba su ama, pero unas horas sin ellas era saborear la libertad. Una de la que no era dueña. Había nacido esclava, de padres esclavos. En cuando los amos de ellos conocieron su relación secreta y que su progenitora estaba encinta, sacrificaron al varón. Ella lo siguió en la muerte, asesinada, tras dar a luz. Sólo quedó aquel pequeño bebé, aquella niña que nunca conocería a sus padres y cuyo destino estaba sellado en cuanto Corah la compró siendo una recién nacida.

La suerte la sonrió, en cuando Kariel se hizo cargo los primeros cinco años de su vida… para volver a las crueles manos de la dragona tras ese tiempo. Años de torturas, de castigos físicos y psicológicos, en los que su cuerpo había sufrido pero su espíritu no se había quebrado. Por mucho que Corah desease que sucumbiese al dolor y enfriase su corazón. Pero Moira se había rebelado contra esos oscuros planes, día tras día, año tras año. Había llegado a osar escaparse, junto con su amiga Megerah, a la tierna edad de ocho años.

Aún recordaba aquellos dos días en los que habían disfrutado de la libertad, aquellos dos días en los que habían estado en compañía de alguien más. Un niño pelirrojo casi de su edad con el que había congeniado al instante. No se habían dicho sus nombres, en un juego infantil de darse otros. Pero todavía recordaba sus intensos ojos azules y esa radiante sonrisa que a veces había podido ver. Le había parecido tan adorable… que año tras año pensaba en él. Su obsesión, embelesada con él, deseando volver a verlo… pero creyendo que era imposible con aquella vida limitada que tenía.

Pero un día al año se permitía soñar, justo por la época en la que lo había conocido. Le escribía una carta de su puño y letra en ese aniversario, aún a sabiendas que nunca las leería. ¿Pensaría quizá en ella? ¿La recordaría? Dieciocho años habían pasado desde entonces y ambos ya eran adultos… con la esperanza de que él hubiera sobrevivido. Porque la sola idea de que hubiera perecido, la rasgaba por dentro. ¿Cómo podía tener tanto aprecio a alguien que sólo había conocido por un par de días y no había vuelto a ver?

Rasgó las palabras en el papel, al calor de la lumbre de la cocina donde se hacía un bizcocho pequeño. El aroma dulzor la hizo aspirar y dejar llevarse por sus pensamientos. Deseó que él estuviese bien, allá donde se encontrase. Deseó que nunca conociese el dolor ni el sufrimiento, sino la felicidad y el bienestar. Ajena al futuro que tenía por delante y a aquel reencuentro que marcaría su vida. Sin saber que ese pelirrojo volvería a embelesarla y que ella le entregaría su corazón. Porque ni siquiera podía osar en pensar en ello ni en soñar con algo que la libertad. Una que no creía poder obtener.

Los intensos y grandes irises claros se alzaron al escuchar unos pasos y se apresuró a guardar la carta y el carboncillo entre su vestido verde oscuro. Protegiendo aquel tesoro. ¿Quizá era Megerah quien se aproximaba? No podía saberlo con exactitud. Si la pillaba, probablemente le diría algo como “¿otra vez estás con tus ñoñerías, Momo?”. El recuerdo de esa pregunta hizo que esbozase una sonrisa, mientras esperaba a aquella presencia, sentada en la silla de madera con las piernas cruzadas bajo la suave tela de su vestido largo.





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Re: La ignorancia del pasado -FB (Ariadna)

Mensaje por Ariadna el Mar Mar 21 2017, 22:29

Vivir en el palacio era solo una excusa. Ariadna había apenas sufrido una pérdida terrible en su vida y, entonces, por más que tuviese hogar al cual volver, ella prefería quedarse en un sitio que sentía más... acogedor. Si, muchos odiaban el reinado bajo el cual vivían, aborrecían a los dragones y segura estaba que en la mente de varios humanos se albergaba la rebeldía. Pero para la "joven" Ariadna, cuyos años verdaderos no eran pocos sinceramente, no había nada más cálido y reconfortante que estar en el palacio, rodeada de su familia. Ella era, ante los ojos ajenos, una persona ciega. Admiraba con inocencia a la madre de los dragones, guardaba por ella un afecto inmenso que no podía ser descripto en palabras y que, quizá, era fruto de la falta de maternidad por parte de su propia engendradora. Es por esto que, cuando una de sus damas de compañía falleció fruto de una enfermedad, no tuvo mejor idea que acudir a los "brazos" de su adorada reina.

Aquella tarde/noche salió a caminar, estaba acompañada por sus señoritas más cercanas como siempre y, desde hacía ya unas cuantas semanas, todas las cuatro vestían de negro. El luto, como muchas otras tradiciones, era sagrado para la aristócrata. Ya había pasado la hora de la cena y ella no podía concentrar sus pensamientos en otra situación que no fuese ese pasado oscuro donde vió morir a su más joven adquisición. Podía jurar que la niña estaba sana en el momento que la obtuvo, "niña" que con dieciocho años lucía más hermosa que una rosa bajo el rocío. Sin embargo a los pocos meses comenzó a demostrar comportamientos erráticos y falta de equilibrio, a veces se desvanecía de la nada, a veces se la oía despertar en medio de sollozos. Nadie estaba seguro de qué pasaba y el médico no había detectado nada. Fue tarde cuando la fiebre se hizo alta en extremo y comenzaron a brotar en su piel manchas negras como el carbón. Para ese momento ninguna terapia o hierva servía, la muchacha murió lentamente y de forma dolorosa.
Los gritos de la pequeña se repetían firmes en la memoria de la dragona, pudo sentirse de nuevo en la habitación con ella, rodeada de ese vapor pesado del tratamiento, sosteniendo su mano entre sábanas húmedas y manchadas de pus. Un escalofrío recorrió su espalda y las imágenes la obligaron a parar, debiendo frenar la caminata que estaban ejecutando. Apoyó el hombro derecho en una columna cercana y respiró varias veces hasta que pudo ubicarse en el sitio actual. Sus damas de compañía la estaban sosteniendo de los brazos y medían su temperatura. Que inocentes, los dragones no caían tan fácilmente en la enfermedad, pero si era cierto que podían marcarse de manera muy sencilla por las agonías que veían en los seres humanos. ─Estoy bien, de verdad. ─ miradas incrédulas la estudiaron. No le gustaba ser juzgada, un pequeño ápice de orgullo se irritaba en ella y así colocó un tono de voz más firme. ─Partid a nuestros aposentos. Continuaré sola desde aquí. ─

Nadie protestaba a un aristócrata, mucho menos una que podía llegar a tener un carácter bastante obstinado como el de Ariadna. Se enderezó la dragona y acomodó su vestido largo, negro, una vez que observó como las doncellas se marchaban. Había mucho en su mirada que denotaba su preferencia a estar acompañada en momentos así, pero había sido su lado engreído quien echó a las damas. Se arrepintió apenas pasaron unos cuantos minutos de caminata solitaria, un suspiro fue despedido por sus carnosos labios rojos sangre. Sin embargo, repentino como su angustia, un aroma. Era de verdad muy dulce, incluso si solo era olor puro. Ariadna adoraba la cocina y pastelería humana, tenía fascinación por la comida y estaba segura que la gula era su peor pecado. Dirigió así sus pasos, con cierta prisa, hacia la cocina del palacio. Cuando abrió la puerta, el sitio se presentó como una inmensa habitación de altos techos, con vigas de madera que cruzaban de lado a lado para mantener las chimeneas firmes y las piedras de los muros rectas. Siendo aquel lugar de considerable ancho y largo, tardó unos cuántos minutos en hallar a la única dama que por esas horas allí habitaba. Sus finos dedos con anillos de oro y granate estaban rozando una cacerola de gran tamaño cuando notó a la humana. ─Buenas noches. ─ profesó, educada, y acto seguido su atención se dispersó hacia el horno de dónde provenía el aroma. ─Quisiera probar eso.─ exclamó, y es cierto que su pedido era un poco desfachatado, pero no se la podía culpar debido a la crianza noble que había recibido. Quizá era la única comida de la mujer, quizá solo era un bocadillo nocturno, de un modo u otro, y sin importar qué demostrara su actitud, había inocencia y auténtica necesidad de compañía en los grandes ojos luminosos de Ariadna.





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Re: La ignorancia del pasado -FB (Ariadna)

Mensaje por Moira el Vie Mar 24 2017, 17:23

La puerta se abrió, dejando entrar a una figura femenina. Los oscuros cabellos hicieron que rápidamente descartasen a Megerah como aquella visita inesperada en la cocina. Por la elegancia que había en la otra mujer supo que se trataba de una dragona. No parecía haberse percatado de su presencia, por lo que la esclava se mantuvo sentada mientras los claros irises la seguían con la mirada, expectante. Finalmente, cuando las yemas de los dedos ajenos rozaban una cacerola, reparó en ella. Fue educada en su saludo, aunque la humana no quería pecar de confiada-. Buenas noches tengáis contestó en un susurro perfectamente audible para la reptil. Continuó con sus orbes posados en la otra fémina, sin atreverse a más por su condición. Después de todo, era una esclava.

Sólo cuando expresó el deseo de probar el bizcocho, Moira se levantó de la silla con pasos suaves e inusualmente elegantes para una humana. A menudo la habían confundido con una dragona por un porte majestuoso y la figura imponente, con cierto orgullo, que había adquirido con el paso de los años-. Como deseéis murmuró. Entre sus manos, agarró unos pellejos para aislarse del calor. Tomó el cuenco en el que estaba el bizcocho recién hecho, con cuidado y sin quemarse. Lo apoyó a un lado de la mesa de la cocina con suavidad y, después, con un cuchillo pinchó para asegurarse de que estaba bien. Sacó la punta limpia y mostró una sonrisa de satisfacción. Se hizo con un plato para servir un pedazo de aquel bizcocho a la dragona.

Era esponjoso, con un aroma a vainilla y un poco afrutado por la ralladura de naranja que había echado. Dentro había chocolate derretido por el calor, manteniendo el trozo caliente. Se lo sirvió en la mesa ajena a la dragona y le separó una silla para que se sentase-. Con vuestro permiso –susurró la esclava, sabiendo su papel en todo aquello-. Sentíos libre de valorar la receta para solventar posibles errores agregó, inclinando la cabeza y con un vocabulario que no era propio de los humanos.





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Re: La ignorancia del pasado -FB (Ariadna)

Mensaje por Ariadna el Mar Jul 04 2017, 03:43

El ajetreo que la doncella de profundos ojos azules ejecutó perfectamente para así servirle el manjar, se le hizo... peculiar. Como muy pocas veces en su larga vida, Ariadna sintió el cosquilleo juguetón en el paladar, que indicaba la emoción y el placer generados por las atenciones ajenas. Era una niña en el fondo, una niña que había apenas perdido a un ser amado. Ella no trataba a sus sirvientes del mismo modo que los demás, no los utilizaba como mercancía u objetos descartables. De hecho, tenía apenas un puñado de humanos a sus servicios y era capaz de recordar cada uno de sus nombres, sus condiciones y sus pésames. Por eso mismo el dolor era tan grande, por eso ahora había vagado en el castillo como un alma en pena. Cuando tomaba bajo su mando a un ser humano ella se comprometía a desarrollarlo en todo su potencial, a cuidar de su físico y de su alma, porque una mente sana y un cuerpo sano eran condiciones ideales para así generar individuos sociales, inteligentes y capaces.

La doncella delante de ella, de hecho, poseía esas condiciones que a Ariadna tanto agradaban. Era rápida y lucía muy lista, además de que parecía hábil en la cocina o eso estaba por verse. La dragona tomó asiento donde se le fue ofrecido, acomodando con gracia su largo vestido negro azabache. Sus ojos marrones jamás abandonaron la figura de la otra muchacha, sobre todo porque presentaba un porte casi idéntico al de una dragona del mismo rango que la aristócrata. Curioso... curioso e insólito, al menos en la experiencia de la reptil. ─¿Es vuestra la receta o es herencia?─ exigió saber mientras tomaba una servilleta de tela blanca y la expandía encima de sus rodillas; no quería migas en el negro vestido. La pregunta surge del conocimiento que poseía Ariadna acerca de tradiciones humanas, ese largo historial de historias que estos seres se pasaban por generaciones, aprendiendo de sus ancestro y evitando sus errores. Sabios dentro de su pequeñez, aspiraban a tanto...

La diestra de la dragona sostuvo un pequeño tenedor que consiguió por su cuenta y con éste pinchó el esponjoso bizcocho. Podría haber utilizado las manos, si, pero ¿sería capaz algún día Ariadna de abandonar sus cuadradas enseñanzas? no se sabe... Una mordida fue suficiente para que su bocha fuese invadida por la combinación insólita de cítrico y chocolate. Un sabor tan exótico y nuevo. La naranja era ácida, el contraste con lo dulzón del chocolate era sobrecogedor, pero extrañamente ambas cosas parecían encajar. Tomó otro bocado y repitió aquellos sentimientos, su paladar cosquillaba del gusto. ─Siento apenas un poco de harina en cúmulos.. quizá fruto de un batido rápido..─ feche una pausa y evitó que el ligero sonrojo en sus pómulos fuese visible, gracias a esa servilleta con la cual cubrió parte de su rostro inferior. ─...Esta delicioso.─ justo lo que necesitaba, justo lo que había estado buscando. Un sabor que llenara su corazón dolido, que apalease por al menos unos minutos la tristeza. Sentía como si hubiese perdido una hermana y aunque fuese extraño, sabiendo que pecaba bajo las leyes de la Reina, se sentía aún más culpable de lo que se podría entender. Siguió comiendo con una expresión insólita, entre la angustia y la felicidad... ¿Por qué resultaba tan difícil, desde un tiempo hasta ahora, anular sus emociones? ─Siéntate conmigo, come.─ pidió, arribando un banquillo hacia sí misma y observando con una dulce sonrisa a la preciosa doncella de ojos cielo. ─¿Cómo es tu nombre, señorita?─





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Re: La ignorancia del pasado -FB (Ariadna)

Mensaje por Moira el Sáb Jul 22 2017, 16:25

La elegante dragona se preparaba para degustar el bizcocho. Observó cómo desplegaba pulcramente la servilleta afín de no mancharse. La pregunta que la aristócrata formuló la dejó con un regusto amargo. No había conocido a sus padres. No tenía nada de ellos. La mayoría de las veces no era algo que le doliese, salvo en pequeñas ocasiones como aquella. Cuando se daba cuenta de que no tenía ninguna tradición heredada-. Es receta propia. Mi padre fue asesinado meses antes de que yo naciese y mi madre fue asesinada después de darme a luz. Fue el precio que pagaron por enamorarse y concebirme, a expensas de sus amos. Y me temo que no podré dar nunca tampoco la receta en herencia -susurró en respuesta. Ajena a que en poco tiempo se enamoraría profundamente, hasta el punto de salvarle la vida y hacer todo por él. Sin saber que en unos meses su hogar sería él y la pequeña que tendrían. Desconociendo ese futuro en el que Trystan y Elianne lo serían todo para ella.

Guardó silencio mientras probaba aquel postre, de pie y observando sin perderse detalle. Aguardó por el veredicto, sin mostrarse impaciente. La pose y su rostro eran calmos. Asintió respecto al batido rápido y una sonrisa se curvó en sus carnosos y rojizos labios, iluminando su hermoso rostro, cuando supo que le había gustado-. Me alegro que os guste. Si lo deseáis, puedo prepararos algo más. Ahora o en otra ocasión -ofreció sin alzar la voz. Inclinó la cabeza con suavidad y tomó asiento. Lo hizo con la espalda erguida y cruzando las piernas por debajo de la tela de la falda del vestido con una elegancia insólita en una humana. Su ama le había enseñado. Dobló una servilleta y la puso debajo de la trayectoria de otro tenedor con el cual recogió un poco de bizcocho para llevárselo a la boca. Fue un gesto suave y cuidado, antes de degustar la comida y emitir un sonido de gusto-. Uno de los placeres de la vida -comentó, entre divertida y complacida, después de vaciar su boca-. Me llamo Moira Isolde O'Brien. ¿Puedo preguntaros vuestro nombre? -devolvió tras presentarse, clavando sus grandes ojos de cambiante color según la luminosidad del lugar.





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