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Una fiesta memorable [8/8]

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Re: Una fiesta memorable [8/8]

Mensaje por El Juglar el Mar 7 Mar - 8:29

Bernardo Butler VI, Jefe de Mayordomos de Lord Vaurien



Por fin se acababa la noche. Una vez finalizado el torneo, su señor daría la despedida y podríamos dar por terminada la velada. Por muy a favor de que estuviera de que Lord Vaurien por fin decidiera usar su influencia para mejorar sus relaciones con los otros dragones de la alta sociedad, su sentido del deber le había obligado a supervisar la organización del evento personalmente. Contratar a los artistas y al servicio extra, probar los platos, organizar los espectáculos. E incluso tuvo que enseñar a caminar a algunos de los camareros como es debido. Era simplemente exasperante.

Una de las camareras se acercó al mayordomo.

-Señor Butler, la mansión se ha quedado vacía. ¿Debemos retirarnos?-
-Los invitados han salido a ver el torneo. Pero son libres de volver aquí. De modo que la mayoría debe salir a los jardines a atenderlos, pero al menos 5 de vosotros se quedará aquí. Pero la orquesta y la bailarina si han terminado, pueden retirarse-

Entonces, Bernardo se dio cuenta de algo.

-¿Dónde esta esa mujer?, la bailarina, se llamaba Eadgyth, ¿verdad? Hace rato que no la veo-

La camarera miró hacia abajo, avergonzada.

-La he visto hace rato, al poco de acabar su actuación, se llevó a un hombre al piso de arriba. Disculpe por no avisarle antes, hemos estado muy ocupados-

El mayordomo suspiró. Era increíble el descaro de algunos, parece que ya no se respeta nada. Antes, cunado se entraba en casa de un dragón, se tenía cuidado de ni siquiera pisar demasiado el suelo. Ahora, parece que se puede usar de burdel.

-Organiza al resto del servicio, yo me ocuparé de esos desvergonzados-

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Re: Una fiesta memorable [8/8]

Mensaje por Vaurien el Lun 13 Mar - 9:51

La reacción de los invitados fue, más o menos, la esperada. Algunos estaban impacientes por participar, otros se mostraron algo más retraídos pero la gran mayoría estaba entusiasmada y no tardó en hacer sus apuestas. Los beneficios de la casa irían a parar al Castillo, de otro modo Vaurien no habría conseguido el permiso de montar apuestas. No es que al dragón le importara, las apuestas eran una forma de aumentar la emoción del público, no una manera de sacar beneficio.

Los participantes empezaron a pasar a los cambiadores. Muchos traían túnicas muy elegantes y caras, de modo que era evidente que no querían que se estropearan de manera que Vaurien preparó equipo suficiente para todos. Se usaría la espada reglamentaria del ejército, de esa manera estarían en igualdad de condiciones, cualquier otra arma esta prohibida, evidentemente, eso incluye las garras, colas y colmillos. Sin embargo, se puede recurrir a los puños y a los pies si es necesario, después de todo, aquí todos somos antiguos guerreros, no ablandados nuevos ricos. O eso esperaba Vaurien.

Comenzó la primera ronda de combates. Su oponente era Oromis, un dragón con el cual Vaurien había tenido el placer de luchar a su lado durante la invasión de la tierra que ahora conocemos como Krossan. Aunque su destreza en combate en su forma verdadera era algo digno de mención, lo cierto era que Vaurien desconocía su habilidad con la espada.

Ambos contrincantes se colocaron en los extremos opuestos del ring, se saludaron con la reverencia ceremonial y la campana indicó el comienzo del duelo.

Los movimientos de Oromis eran asombrosamente gráciles y elegantes, empezó caminando en círculo al rededor de Vaurien, que mantenía una postura defensiva. Oromis buscaba un fallo en su guardia una abertura, cuando parecía encontrarla, el dragón ataca con rapidez y precisión y luego volvía en un pestañeo a su posición original, un estilo de combate hecho para estresar y agotar al oponente el cual debe mantener la guardia alta en todo momento mientras que Oromis descansaba entre ataque y ataque...muy efectivo.

Sin embargo, la contramedida a ese ataque era evidente, lo único que tenía que hacer Vaurien era abandonar la defensa y atacar a su oponente en lugar a esperar a ser atacado.

De ese modo Vaurien avanzó unos metros a gran velocidad dando unos pocos pasos y atacó a Oromis con una potente estocada. Pero, su ataque no tuvo efecto, mientras Vaurien avanzaba, pudo vislumbrar el fantasma de una sonrisa en el rostro de su oponente, parece que había caído de lleno en su trampa. Con aparente facilidad, Oromis desvió la hoja del dragón dorado y con un giro de cadera le dio un potente codazo en el costado. A pesar de su elegancia, los movimientos de Oromis no carecían de potencia, el golpe dio de lleno a Vaurien y volvió su visión borrosa por un instante. Ya fuera por suerte o por puro instinto Vaurien fue capaz de bloquear el siguiente ataque de Oromis.

Vaurien retrocedió unos pasos y regresaron a la posición original. Oromis se mostraba confiado, Vaurien encontró esto especialmente molesto, no le gustaba nada ser subestimado.

Esta vez, ambos contrincantes se lanzaron al ataque. La fuerza y la velocidad del intercambio de golpes fue aumentando gradualmente hasta el punto en el cual el choque metálico era continuo y los movimientos de los combatientes sólo podían ser seguidos por los ojos de los demás dragones, pues eran demasiado rápidos para los humanos. Este constante choque de aceros sometía a las espadas a una gran tensión y corrían el riesgo de romperse. Ese era un hecho que Vaurien tenía muy presente, pues le ocurrió algo parecido en una misión reciente*. De manera que, sin que Oromis lo notara, Vaurien había estado golpenado su espada constantemente en el mismo punto, y la mella en la hoja se hacía cada vez mayor. Con un poderoso golpe final Vaurien rompió la espada de Oromis por la mitad, aprovechando la sorpresa y confusión, Vaurien le dio un fortísimo golpe en el mentón con el dorso de su puño. Oromis dio una vuelta en el aire y cayó de espaldas. Antes de que pudiera levantarse, Vaurien le apuntó al cuello con la punta de su espada, dando por finalizado el combate.

Con los vítores del público, Vaurien le ofreció la mano a su contrincante, el cual la aceptó con una sonrisa algo amarga. Era comprensible, Vaurien no había conocido a ningún dragón que encajase bien una derrota, si es que existía tal cosa.

Bajando del ring para dejar paso al siguiente combate, Vaurien le dedicó una palabras a su amigo.

-Las estrategias y la precisión son esenciales, sin embargo, te sorprendería lo útil que puede ser la fuerza bruta...en su justa medida-




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Re: Una fiesta memorable [8/8]

Mensaje por Ariakas Verminaard el Jue 16 Mar - 17:27

No me puse gran parte del equipo que Vaurien había puesto a la disposición, si iba a pelear, iba a pelear enserio, como me había enseñado mi padre sin protección, sin ninguna clase de equipamiento extra mas que mi espada y mi habilidad, de forma que solo me quite la camisa quedando con la camiseta ligera que tenia debajo de la misma y mis pantalones. Algunos se me quedaron mirando ante esa decision, yo no les hice caso, las espadas eran las regulares de la armada, ligeras para mi que estaba acostumbrado a mis propias armas que pesaban mas de lo que un dragón común seria capaz de cargar, mi padre siempre me entreno con armas mas pesadas, así mi velocidad siempre seria mayor que la de cualquier dragón cuando usara las armas balanceadas.

La pelea de Vaurien no me impresiono en lo absoluto, peleaba como lo que era, un viejo soldado oxidado por los años de buena vida. Yo que estaba acostumbrado a las peleas desde niño y que no había dejado de pelear una batalla tras otra desde la guerra, podía ver las fallas en su defensa, sus aperturas, los humanos comunes no los podían ver pelear, pero a mi vista eran lentos. Escuche los aplausos y me prepare, mi combate era el siguiente, tome la espada y subí al cuadrilátero. Escuche los cuchicheo ante el hecho de que yo no tenia puesto el equipo,lo cual ignore, mire a mi oponente, era un dragón que se veía un poco mayor que yo, confiado, tenia ese aire aristocrático de todo ex guerrero retirado, por la forma que sostenía la espada podía ver yo que tenia conocimiento.

—Tu eres el hijo de Kortel, no es así?...si eres la mitad de bueno que tu padre, este combate terminara contigo en mal lugar— me dijo en un tono burlista, reconocía esa voz, la había escuchado en la guerra un par de veces, un compañero de escuadrón de mi padre, sonreí de medio lado mientras hacia el saludo reglamentario —Sabe lo que dicen de mi familia?— le pregunte mientras puse mi defensa preferida, una guardia baja, apodada la defensa del tonto, tonto quien la usa, mas tonto quien cae en ella...y el era lo suficientemente tonto para atacar de frente, era veloz como cualquier dragón en comparación de un humano, pero en comparación mía, era lento.

Comencé a moverme, demasiado rápido como para que el pudiera seguirme el ritmo, desvié un par de golpes con ligeros movimientos de mi espada, no hacia falta ni que la levantase demasiado, chispas brotaban de los metales al chocar cuando su filo se deslizaba sobre el mio al momento de que desviaba su golpe, podía ver su gesto comenzar a enervarse por el hecho de que estaba danzando con el —pelea, cobarde!— se arrepentiría de haberme llamado cobarde. Sus golpes se volvieron mas y mas pesados a la vez que yo evitaba los golpes, estaba haciendo algo similar a lo que Vaurien hizo, lo pude notar, desgastaba mi espada, deje que lo hiciera, le di esa sensación de victoria. Mi espada se rompió, y lo siguiente transcurrió en un parpadeo, la expresión de triunfo de mi oponente y el como se difuminaba por una de miedo cuando me vio sonreír.

Me gire y atrape en el aire la hoja rota y comencé a atacarlo con tanta fuerza y rapidez que no pudo hacer otra cosa mas que retroceder y evitar los golpes que daba con las dos mitades de la espada, era mi turno, y lo aplastaría por completo. Mis golpes eran tan rápidos que estaba seguro que los dragones se perdieran la gran mayoría o solo verían los destellos de mi espada rota hacer saltar chispas de la espada, continué atacándolo sin piedad alguna, aunque mis movimientos tenían una razón de ser, finalmente logre lo que buscaba, su espada se atasco en la empuñadura de la mitad de la espada que yo blandía, mire su gesto de pánico cuando comprendió que buscaba.

Arroje la mitad de la espada que consistía de la pura hoja, lo cual lo obligo a soltar su arma para detener la hoja que se podría haber clavado en su rostro de no evitarlo, tome la espada en el aire y comencé a atacarlo de nuevo, obligandolo a defenderse con la hoja partida, durante medio minuto se mantuvo retrocediendo mas hasta que se aparto en uno de mis golpes mas duros que se estrello contra el suelo partiendo varias tablas, pero rápido como yo era, me gire mas rapido de lo que el esperaba y apenas logro apartarse de otro golpe que destrozo uno de los pilares del ring. Continué atacándolo cada vez con mas fuerza y rapidez, sus manos comenzaron a sangrar por la defensa que trataba fallidamenete de usar. Finalmente su pie se atoro en el hueco que hizo mi golpe y cayo de espaldas.

Grito con miedo cuando vio mi golpe dirigirse rápido, mortal, certero a su rostro e intento inútilmente cubrirse, mas en el ultimo momento me detuve manteniendo el filo a un milímetro de su rostro mientras yo sonreia, antes de apartar la espada y golpear su pecho con la empuñadura, provocando que hiciera un sonido de fuelle al escaparsele el aire y el se llevara las manos al pecho, yo me erguí —Un Verminaard siempre ataca a matar...— le dije mientras me pasaba una mano por el cabello acomodando las hebras que se salieron de su sitio con mis movimientos —Ten cuidado cuando hablas...podrías encontrarte con que los hijos...son mucho. mucho mejores...— arroje la espada al suelo del cuadrilátero, con fuerza y puntería que se clavo entre las piernas del caído dragón.




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Re: Una fiesta memorable [8/8]

Mensaje por El Juglar el Mar 21 Mar - 9:59


Bernardo subió al nivel superior, en busca de Eadgyth y quien sea que la había acompañado. En el nivel superior se encontraba el despecho de Lord Vaurien, la sala de reuniones, dos habitaciones de invitados, la armería y los aposentos personales de Lord Vaurien. Y que la Reina Madre se apiade de ellos si se les había ocurrido mancillar...

El hilo de pensamientos del mayordomo se detuvo al encontrarse de casualidad con Eadgyth, la cual parecía haber salido de...¿El despecho de su señor?. Bernardo no estaba seguro, pues la vio por un momento y no parecía que hubiera forzado la puerta así que le dio el beneficio de la duda y pensó que...tras divertirse un poco, la mujer se había perdido.

-Jovencita, esta zona está fuera de los límites de la fiesta, incluso para los invitados. ¿Qué crees que haces aquí?-

Bernardo escuchó la explicación de la pequeña intrusa. Lo cierto es que era convincente, después del espectáculo, algún sirviente podría querer probar suerte con una belleza como ella. Podría haberle convencido de no ser porque la sirvienta que le advirtió dijo claramente que fue Eadgyth la que se llevó al pobre iluso escaleras arriba. Ahora que Bernardo se percataba de su mentira, la sospecha aumentaba, sin embargo, debía estar seguro.

-Vaya, lamento oír eso, señorita. Me aseguraré de que el sirviente que haya sido reciba su castigo. Luego mandaré a alguien a que le despierte. Sígueme, esta mansión puede ser un laberinto, le acompañaré a la salida.- En realidad, Bernardo la llevaba a la armería, no tenía intención de hacerle daño a la mujer. Pero un buen susto con un objeto afilado probablemente le saque la verdad a esta embustera.

-Por cierto, señorita-Comentó el mayordomo, con gesto preocupado.-Por lo menos dígame que no se les ocurrió ir a los aposentos de mi Señor. No podría soportar la vergüenza que eso me conllevaría-
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Re: Una fiesta memorable [8/8]

Mensaje por Hilda el Jue 23 Mar - 13:09

Interacción con Vhagar, Vaurien y su contrincante.




"You got that look
That look between the lines
You with your let's get more than friendly designs

I should be brave and say, "Let's have no more of it"!
But oh what's the use when you know…I love it!

You'll only kill my will before I speak
So turn on that low left hook that look that leaves me weak!"


No esperaba que aquel aristócrata quisiera pelear, al parecer tenía una actitud bastante acomodada y pacifista, algo común, algunos habían luchado en antiguas guerras casi por obligación y no tener mucho más remedio, y después de ello adquirieron la suficiente posición como para limitarse a algún negocio y no verse involucrados ni en políticas, guerrillas ni luchas idílicas. ─Esperemos que todo esté calmado y no sea necesario el uso de armas por mucho tiempo, eso lo esperamos todos en verdad. Bueno, yo si me apuntaré, quizá si soy dragón de armas. ─ sonrió afable mientras apuntaba su nombre para la selección de personas a combatir. Rió abiertamente, pues las vestimentas en efecto no eran las más adecuadas, pero dada la poca vergüenza al desnudo de los dragones, poco le importaba hacer una raja allí y otra allá a la prenda, y hacerlo de aquella manera. ─ Tenéis razón, aunque podría, sería una lástima para esta pieza, pero se podría hacer un apaño. Veo que el premio os gusta, y a mi lo que me gusta es como conseguirlo, podríamos hacer negocios, pues no tengo interés en el arma. Si os interesa...─ dejó la frase inconclusa pues no hacía falta más para saber que se refería a que estaba la oferta abierta por si quería comprarla después.

Cuando estaba apunto de llegar su turno, con una reverencia se despidió de Vhagar, y se dirigió para cambiarse, dejando a un lado el vestido y haciendose con un gambesón robusto, y unos pantalones de piel, similares a los que portaba como inquisidora, agunas piezas de armadura y chapa cubría el torso aunque eran escasas serían más que suficientes.

Se acercó sigilosa, espada en mano, sinuosa, directa con extrema seguridad a su oponente. Este mantenía el arma, sentía al parecer una profunda tranquilidad al combatir contra la mujer, aunque la fiereza de las dragonas no era menor que la de los dragones, esta parecía tan exuberante que seguramente caería pronto. Hilda no sabía que podría pasar por la mente del hombre que tenía enfrente, seguramente pensase que su rango de inquisidora se debía a poca cosa, pero muchos eran sus méritos para llegar a ostentar aquel rígido puesto, que llevaba con estricto rigor.  Esperó paciente a que él diese los primeros movimientos, y eso hizo el contrincante. No tardó a, con chulería, acercarse en estocadas pobres para tantear el terreno. A Hilda no le bastó más que simples movimientos de brazo para esquivar y apartar aquellas entradas, sin moverse del sitio, con su otra mano todavía asiéndose en la espalda. Movimientos estudiados y sencillos que en un instante apartaban como si de una burla se tratase la espada del adversario.

¿Vas a jugar mucho más tiempo? Se puede hacer harto aburrido esto. ─ inquirió con pesadez y aburrimiento, pues le parecía una pobre intervención, un rival débil, nada que ver con los que había tenido que enfrentar en las cruentas guerras. Antes de que este reaccionase a su comentario, esquivó de nuevo y aprovechó el impulso para rasgar sin impedimento el gambesón del chico. ─ No me lo pongas tan fácil.─ quizá con aquella humillación tocase la fibra de orgullo de este y dejase de tomarse aquello como una gracia de exhibición. Y así fue, el dragón, o humano, poco le importaba a Hilda, frunció el ceño ofendido, atacando a cada vez más rápido y ella sonrió ladinamente. ─ Venga...─ Despegó su mano de su espalda esta vez, incitándole con la mano que siguiese acercándose. Poco a poco aquel combate empezaba a coger velocidad, el acero chocaba desde tintineante al principio hasta sonoro y soltando alguna chispa cada vez que aceleraban. La mujer se movía de forma grácil, como si fuese una danza y el contrario fuese su acompañante, siguiendo los movimientos del mismo y efectuando golpes estratégicos. Muchos de estos eran esquivados y reconoció que varios fueron los que casi no esquiva, sin poder pararlos y sintiendo el azote en el cuerpo, nada grave ni nada que no sanase en pocos segundos al transformarse. De todas formas, con el paso de los minutos aquel que a ella se enfrentaba se veía más afectado y cansado, ella avanzaba a paso lento y las tornas se habían cambiado, ella era quien le dedicaba fuertes estocadas que el a duras penas tenía tiempo de esquivar, parar o contraatacar. Duró lo suficiente, ni demasiado ni poco, simplemente no era un combate demasiado igualado y pese a que Hilda fue benévola en sus formas, y se mantuvo con la espada la mayor parte del tiempo, mostrando a los presentes que se divertían de curioso espectáculo una habilidad entrenada. No obstante, llegado el final, cuando ambos estaban claramente cansados, quizá ella menos y había logrado desarmarle, se acercó a paso lento mientras este reculaba, colocando su pié sobre la pantorrilla del mismo y llevando la punta del acero a su nuez con la sonrisa amplia henchida de victoria.

Pasados unos minutos y considerándose su contrincante vencido, tendió la mano al adversario para ayudarle a levantarse y con una sonrisa carismática hizo una reverencia hacia el público y hacia su contrincante. ─ ha sido un buen combate, aunque deberías haber empezado como lo estabas haciendo casi al final del mismo. ─  Era una lástima no poder hacer uso de sus habilidades dracónicas, eran tan hermosas, similares a las formas que portaría como dragona, y no esos blandos cuerpos y falanges que tenían fingiendo ser humanos.

Volvió entonces detrás de la zona de combate, recuperando la espada y dejándola donde los objetos que Vaurien había facilitado estaban. ─ Espero que haya sido un combate satisfactorio Vaurien.─ comentó a su anfitrión. Buscó a Vhagar con la mirada asintiendo, no era su especialidad los negocios, pero el arma no le resultaba en absoluto interesante, lo interesante era el camino hasta ella. Permaneció a la espera, pues no sabía cuando le tocaría volver a pelear, así pues no tenía sentido cambiarse.








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Re: Una fiesta memorable [8/8]

Mensaje por Vhagar el Sáb 25 Mar - 15:59


Finalmente era momento de que aquel episodio de la reunión iniciara, los dragones que decidieron alistarse en los encuentros se notaban ansiosos, no podía comprender Vhagar el porqué, estaba seguro de que muchísimos no tenían ningún tipo de interés en el premio, tal como sucedía con Hilda, entonces eso solamente les dejaba una opción o una opción para él. Luchar por el mero hecho de poder hacerlo, una oportunidad de demostrar el conocimiento y la habilidad, ¿una prueba para sí mismos o un episodio para demostrarle al mundo dragontino lo que podían hacer? Probablemente se trataba de una mezcla de ambos, y dependiendo de qué tan alzado este el ego del dragón, más del primero y más del segundo, de cualquiera forma las batallas se darían igualmente fuera lo que fuera que las motivaran a darse. Vhagar no se perdía la oportunidad de observar algo relativamente nuevo, y si bien que dos dragones lucharan no era nuevo, sería la primera vez que los vería dentro de un espacio y luchando bajo cierta normativa, era quizás el mejor amago que podría hacer alguien para intentar “dignificar y controlar” la violencia contenida de los diferentes seres, un manotazo de ahogado, pues para él seguía siendo violencia.

Si bien el dragón no llegó a contestar de manera afirmativa al comentario final que le entregó la inquisidora, fue un sí casi tácito, si ella triunfaba y no le daría mayor valor al premio, entonces estaría el aristócrata encantado de adquirir este tras un pago correspondiente. Vhagar le daba mayor importancia a los objetos humanos, no sabía si decir que más que todos los presentes, pero definitivamente para él llegar a poseer esa espada iba a ser una gran adquisición, ¿qué tanta probabilidad existía de que eso llegara a pasar? Bueno, lo corroboraría pronto, varios hubieran escogido al dragón más alto y más fuerte a simple vista para escoger como caballito de batalla, sería lo más lógico, Vhagar había colocado su postura sobre la única persona con la que entabló más de tres palabras, y ciertamente era una hembra. No podría saber a los favoritos de la competición, pero durante el transcurso de la batalla misma pudo notar que la mujer estaba bien entrenada en a lo que el arte bélica se refiere. Una vez terminado el encuentro Vhagar aplaudió con suavidad la victoria de la dragona que ahora le miraba, a eso correspondió con un gesto de cabeza.

No se notaba demasiado emocionada, ni por las peleas, ni porque su compañera momentánea hubiera triunfado, las razones de lo primero estaban claros, sobre lo segundo, bien, aún le quedaba un camino por recorrer y el aristócrata no era de los que se llevaban el pan a la boca antes de que este estuviera bien horneado. No sabía cuál sería la organización de las rondas, pero tampoco se animó a hurgar por ello, solamente se quedó pausado en su posición esperando a que la próxima ronda de combates diera lugar, aunque ciertamente más esperando que el combate nuevo de la dragona tomara lugar, pues a esta le deseaba el buen augurio del triunfo, por un interés evidente claro, pero de cualquier manera se lo estaba deseando, sobre todo ahora que pudo notar que la dragona realmente lo pasaba bien, no podía comprender del todo esa satisfacción de batirse a duelo con otro para medir sus conocimientos, pero si hacía esa comparación con un debate de ideas, entonces quizás por el rumbo correcto iría respecto a porque se divierte, cosa de gustos, de actividades, cada quien con lo que les hiciera felices o les llenara, o por último, divirtiera ya que se supone que todo esto formaba parte de una atracción más de esta singular festividad.






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Re: Una fiesta memorable [8/8]

Mensaje por Vaurien el Lun 27 Mar - 15:14

Vaurien observó con detenimiento los siguientes combates. De los cuales sólo los de Ariakas y Hilda consiguieron llamar su atención. La victoria de Ariakas no fue ninguna sorpresa, uno no llega a general siendo un guerrero mediocre. No sería osado suponer que llegaría a la final sin ningún esfuerzo. Por otra parte Hilda había superado todas sus expectativas: Era de suponer que, siendo Inquisidora, tuviera cierta educación en combate pero ella había dominado a su oponente de principio a fin. Lo cierto era que había sido algo humillante para el perdedor...pero eso es a lo que te arriesgas si te inscribes.

Al terminar, Hilda bajó del ring orgullosa y le preguntó a Vaurien su opinión.

-Ha sido un combate magnífico, Hilda. Lamento decir que no esperaba ese despliegue de habilidad, lo tendré muy en cuenta a partir de ahora y me alegro de que tu espada esté al servicio de la Reina, y no en contra.-

Con ello, Vaurien no pretendía ofender a la dragona, sino lamentar su propia falta de visión los guerreros excepcionales debían ser vigilados de cerca.

Había finalizado la primera ronda y se podía decir que los combates habían sido un éxito. La emoción, la avaricia y la sed de sangre llenaban el aire. Vaurien había sacado la idea del coliseo que Thurdok y él habían encontrado en Novam Urbem, donde los antiguos dragones y humanos combatían para la diversión del público. Si probaba ser un buen negocio ¿Por qué no recuperar esa costumbre? Era algo sobre lo que merecía la pena meditar.

Al fondo de la sala, los sirvientes pusieron un gran telar. Dicho telar simbolizaba el orden de los combates de la segunda ronda y tenía unas aberturas donde se colocaban tablillas de madera con los nombres de los que habían pasado a la siguiente ronda. Los sirvientes empezaron a colocar las tablillas en orden, mostrando quién participaría en los siguientes combates.

-Je...sin embargo, querida, no hay que confiarse.-Dijo risueño el dragón, mientras señalaba al telar. El siguiente oponente de Hilda era nada más ni nada menos que Ariakas Verminaard.





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Re: Una fiesta memorable [8/8]

Mensaje por Ariakas Verminaard el Miér 29 Mar - 23:44

El siguiente enfrentamiento era contra Hilda, había escuchado de ella, la había conocido únicamente de vista, pero sabia que era Inquisidora, y si bien en el tiempo que yo había estado allí había sabido que no era tan diestra manejando la espada, el enfrentamiento contra su oponente anterior había dejado en claro que era una rival digna, a diferencia de los otros dragones que habían combatido, al parecer esta batalla se pondría mas interesante de lo que pensé y si bien en un inicio la había pensado como una sola practica donde podría darme el lujo de presumir, parecía que ahora debía luchar enserio, de nuevo subí al ring sin las dichosas protecciones, había tomado desde el inicio no usar mas que lo que traía encima, seria un combate honesto.

Tome la espada y subí al ring que ya habían arreglado, hice el saludo reglamentario parándome frente a Hilda —Una excelente muestra la que dio en su combate anterior, espero y me permita honrarla con una batalla a su nivel...— le dije sonriendo de medio lado, guardando para mi la emoción que sentía por confrontar a una rival que parecía estar a mi altura, eran pocos los inquisidores que realmente sabían manejar la espada, yo que me había codeado con casi todos sabia que tres cuartas partes eran solo habladores y perezosos que habían comprado los títulos, podía nombrar con facilidad a algunos, y había muchos mas que en vez de inquisidores parecían aristócratas sin titulo que presumían la armadura pero no hacían nada de su trabajo, idiotas...si supieran lo que era ganarse el puesto realmente, no por nada había sido apodado por los mismos inquisidores de la forma que me habían apodado, y no por nada había ascendido a un puesto como el que ostentaba en cuestión de meses cuando a otro le tomo años.

No me andaría con por las ramas con ella, olvidaría las danzas, los juegos y las presunciones, no, con ella pelearía enserio. No adopte la guardia baja como con mi rival anterior, no, para mostrar respeto y honrar su habilidad elegí una de las posturas de ataque y defensa mas complicadas, truculentas y difíciles de vencer: "Ox", el Toro. Flexione un poco mis rodillas para tener estabilidad al reducir mi centro de gravedad, subí la espada sobre mi cabeza de manera horizontal, con la punta de la misma en dirección al rostro de mi oponente, de manera que cualquier ataque directo que intentase hacer resultase en un serio atentado ya no contra su integridad física, si no contra su vida, ya anteriormente demostré que si bien respetaría la regla de no matar, estaba mas que dispuesto a lesionar de gravedad, y esa postura me permitía amenazar de manera directa en rostro y torso, mi estatura aumentaba mi alcance y por ende mi rango de defensa en esa postura, existía solo una contra-defensa para Ox, creada por los humanos, tan burda y simple que los dragones que no fueran letrados en la historia de las armas desconocían, mi padre al ser armero me enseño todas, veríamos si Hilda tuvo la curiosidad de aprender los juegos de defensas y contra-defensas, las defensas bajas se contrarrestaban con altas, pero las defensas altas, especialmente las defensas de contragolpe como la que usaría eran mas complejas.

Deje de sonreír, mi gesto se endureció y ensombreció mientras esa aura que rodeaba a cualquier guerrero cambiaba a mi alrededor, esta no era de diversión, esta era oscura, silenciosa...letal..., esta vez no jugaría, no...esta vez pelearía muy enserio...

Acuerdo:
Hilda y yo llegamos a consenso de obtener el resultado a una tirada de dado, una vez que ambos tiremos nuestro d10...lo demás sera mera narración.







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Re: Una fiesta memorable [8/8]

Mensaje por Reina Madre el Miér 29 Mar - 23:45

El miembro 'Ariakas Verminaard' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Combate (d10)' : 3





You can erase an entire generation of people.
You can burn their houses, and somehow they'll return.

But if you destroy every achievement in life and history, you're denying they had existed.
Like ashes floating through the air.
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Re: Una fiesta memorable [8/8]

Mensaje por El Juglar el Sáb 8 Abr - 8:50



Aunque la mujer no podía verle, el rostro del mayordomo se ensombreció al momento que dijo que había llevado al joven a una especie de librería. El único lugar en esta planta con una librería era el estudio de Lord Vaurien. Donde estaban sus bienes más preciados (y comprometedores). En su caja fuerte oculta había cosas que bien podrían significar su exilio. Debía asegurarse de que no había robado nada, y si lo había hecho, recuperarlo inmediatamente.

Con esa intención Bernardo llevó a Eadgyth a la armería, como un cordero al matadero. Por desgracia, dada la importancia del evento, su señor le había ordenado que se deshiciera de todas su armas, de manera que tendría que improvisar.

Bernardo llegó a la puerta, la abrió y dejó que la mujer pasara primero.

-Esta sala es la armería personal de mi señor. Disculpa pero tengo que hacer un pequeño recado aquí antes de llevarte a la salida-

La armería de Lord Vaurien era un lugar de lo más surtido. A primera vista parecía un museo más que un lugar donde abastecerse de armas. Toda clase de instrumentos de guerra estaban allí expuestos. No era realmente un lugar para equiparse, durante un tiempo, su señor había tomado como pasatiempo coleccionar armas humanas de todo tipo. Y las guardaba allí.

En cuanto cruzó la puerta, el mayordomo la cerró tras de sí. Era una habitación sin más puertas que esa y lo más parecido a una ventana era la vidriera del fondo. Un sitio perfecto para interrogar a su pequeña intrusa.

Sin embargo, Bernardo tenía muy presente que ella era una dragona, o así se había presentado de manera que él sabía que si esperaba tener alguna posibilidad de ganar, debía ser rápido.

En el momento en que ella se dio la vuelta, sin mediar palabra, el mayordomo tomó uno de los sables de la pared y atacó a la mujer por la espalda. Los dragones eran resistentes al acero, de manera que un par de cortes no serían gran cosa...
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Re: Una fiesta memorable [8/8]

Mensaje por Hilda el Lun 10 Abr - 18:05

Interacción con Vaurien y Ariakas.




"I came to win, to fight, to conquer, to thrive
I came to win, to survive, to prosper, to rise
To fly, to fly"


Sonrió amable, henchida de orgullo en su interior, pues lo que tenía era su habilidad en la batalla, en el combate y había renunciado a prácticamente todo lo demás. Era de gratitud y de alagar que Vaurien le dedicara aquellas palabras, tenía claro que su extrema discreción en la sociedad haría que no muchos apostaran por su habilidad, pero aquella actividad le daría pie a que su potencial, que no había sido bien sonado (Aunque inmerecidamente) dejase de estar en el anonimato. Si era una inquisidora era por algo.

Aprovechó aquellos momentos para relajar los músculos, balanceando su cuello a un lado y otro así como los propios hombros, no se sentaría, y permanecería despejada a la espera de que los sirvientes colocaran aquel telar, que por momentos se transformó en una especie de contador de cruces de los combatientes que habían ido ganando los enfrentamientos. Asintió ante las palabras de Vaurien observando en que desembocaba aquel cruce, Ariakas Verminaard.

Ya veo... ─  Afiló la sonrisa, esta vez no tendría que hacer de aquel duelo una maniobra de entretenimiento para los presentes, podría tomarselo enserio. El hombre al que se enfrentaba tenía a sus espaldas una reputación casi intachable de respetados logros y méritos. Aquel dragón había demostrado su habilidad en la arena así como ya era una voz sonada entre presentes y resto de Talos.

Hizo crujir su cuerpo con levedad, empezando por el cuello y los nudillos, estirando las piernas y preparándose para lo que venía a partir de aquel momento. Con gesto serio pero amistoso se encaró de nuevo hacia el ring, subiendo con calma de nuevo, espada en mano en posición no amenazante. Paró frente a Ariakas para escuchar las palabras que este le dedicaba. ─ No puedo decir lo contrario de vos, Ariakas Verminaard, desde luego tengo la esperanza que contra vos sea algo más complaciente empuñar la espada.─  Lo cierto era que Hilda prefería luchar con armas de su propia piel, sin espada, una danza uno a uno sin nada forjado más allá de lo que la naturaleza les dotaba, las garras, las fauces, incluso en su forma natural. No obstante respetaría las normas establecidas por el anfitrión para el disfrute de los presentes.

Con aquel dragón tendría un buen listón con el que medirse, sin juegos ni sarcasmos, dándolo todo al cien por cien, solo el acero, él y ella. Se mordió levemente el interior del labio inferior, haciendo gala de fuerza interna. El combate era ahora su único amante, su única emoción, vivía para y por su puesto y haría muestre de aquello, disfrutando tanto como sufriendo. Intentó no ser demasiado pretenciosa, eligiendo una postura de guardia, que le permitiese defenderse a la par que atacar, sin correr más riesgos de los debido, lo primero sería tantear la posición y habilidad del contrincante, y más tarde podrían lucirse. Su pierna diestra quedó más adelantada, la punta del mismo pie estaba dirigida al frente y su pie izquierdo, más atrasado, señalaba a la izquierda, formando un ángulo de 90 grados con el otro. La separación que contemplaban ambos pies estaba delimitada por la de sus hombros, quizás un poco más al ser estos no demasiado amplios. La posición de su espalda, erguida, estaba levemente girada, acorde a la posición de sus talones, uno de sus brazos, el libre pedía equilibrio a un lado, levemente flexionado, y el otro, estiraba el arma hacia su adversario. Sin tardar mucho  ambas manos se ciñeron a la empuñadura y la inquisidora asintió, dando por iniciado el combate por su parte. No habría piedad ni ventajas, cada cual jugaría al máximo, hasta el final, sin asesinar a su contrincante, pero sin dejarlo intacto. La piel del dragón podría resistir cuanto daño les hiciese, curanderos y una buena transformación a tiempo sanaría la mayoría de las heridas.





Última edición por Hilda el Mar 2 Mayo - 9:18, editado 1 vez





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