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La Guardiana entre el Centeno {Kya}

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La Guardiana entre el Centeno {Kya}

Mensaje por Edric Blacklayer el Jue Ene 19 2017, 06:04

El vientre de la mujer se contoneaba, moviendo las caderas lenta y ritmicamente, como las olas del mar batiendo contra la orilla. Era sureña, seguramente de Isaur. No llevaba mucha ropa, pero si la suficiente para dejar volar a la imaginación. Eso le gustaba, que los espectáculos no fuesen muy explícitos. Si no, tras unos segundos de impresión, acababa perdiendo la gracia. Aquellas bailarinas, sin embargo, podían mantener todo el dia su atención, y aun así nunca estaría satisfecho.

Dio una calada a la pipa y carraspeó al notar el áspero roce de las hierbas en su garganta. Apuró la cerveza, y mientras rellenaba el vaso con la jarra, volvió a elevar la vista hacia la hermosa muchacha que se movía a apenas un metro de el. Tenía en el rostro media sonrisa salvaje. Quería acostarse con ella esa noche, para que negarlo. Esa noche lo único que quería era fumar, beber, y olvidarlo todo en brazos de aquella morena. Tenía aun encima el dinero que le había sobrado del viaje, así que no sería problema.

Sin embargo, en contra de los deseos de su cabeza, notó como el alcohol le subia a la cabeza, y le bajaba a la vejiga... Tenía que ir a mear... Se puso en pie con cierta dificultad y se tambaleó, un par de pasos, hasta chocar con un hombrecillo calvo, de nariz aguileña.

-A ver si miras por donde vas... -Dijo en no muy buenas condiciones el hibrido, mientras seguía su lento avance hacia la puerta. Una vez en la calle, tomó aire profundamente y lo expulsó mas lentamente por la boca. Aún no había pasado el invierno, pero aquella nevada infernal ya había acabado, por lo menos, y ahora que había parado un rato la tormenta, se podía caminar por las calles.

Sus pasos, sin sentido, le llevaron fuera de la ciudad, a caminar entre las casas y campos de los campesinos humanos del lugar... si es que se podían considerar suyas. Las casas parecían acogedoras. Dentro de cada una de ellas se podía imaginar a las familias. El padre gordo y calvo sentado en una butaca, contando historias, la madre sirviendo la comida, y las niñas escuchando a su progenitor, tumbadas frente a la hoguera... le daba ganas de vomitar. No le gustaban los arrodillados, como el les llamaba... gente que dedica a su vida a servir a un sistema, sin plantearse de verdad que hace en ese mundo. La plebe de Talos.

Se estaba internando en unos maizales, cuando entre las altas plantas, surgió una voz algo ronca.

-Deberías mirar tu por donde vas, chico... -La mirada de Edric se dirigió instintivamente hacia donde estaba la voz. Seguramente un humano no le habría visto, y la emboscada habría dado su fruto, pero el hibrido reconocía en la penumbra los rostros de sus interceptores. Había tres tipos de frente. El del centro era el calvorota de nariz de cuervo con el que había chocado antes. A los lados pudo ver como se movían las ramas... ¿Mas de tres? - Llevabas una bolsa bien abultada allí adentro.

-En efecto. -Dijo el joven, llevandose la mano a la entrepierna y apretandola. Su atacante, erroneo al creer que no le veía, dió un primer y descuidado paso hacía el, y al momento siguiente tenía el hacha clavado en el craneo. Dejó ahí el hacha de jade, y con el de hierro, paro el ataque de otro de los salteadores. En seguida tenía a cuatro tipos nada amistosos intentando golpearle. La ventaja de poder ver en la oscuridad, en ese momento se veía reducidad por la borrachera que llevaba.

Un segundo cayó ante su hacha, pero antes de que pudiera sacar el arma del pecho de su enemigo, una maza le golpeó las costillas y le hizo aullar de dolor. Dejó el hacha ahí, y tras esquivar el contraataque, le pateó la rodilla con fuerza. Una vez. Y otra mas, hasta que escuchó un crack. Inmediatamente, otra maza le golpeó, esta vez en la sien.

El golpe le hizo marearse, y la bolsa de cuero con el dinero se le cayó al suelo. Recogió los dos hacha en un solo movimiento hacia abajo, y luego se internó en las plantas. Allí los despistaría. Escuchó el silbar de algo cortando el viento, y notó como se le clavaba un virote en el brazo. Un humano nunca habría acertado a esa distancia, y con esa luz. Eso significaba que sus asaltantes eran mas peligrosos de lo que parecían. La bebida y el opio no le dejaban pensar con racionalidad: era el momento de retirarse.

Siguió avanzando una media hora, entre la alta vegetación de los campos, y finalmente, llegó a una de las granjas. La casa parecía ocupada, así que se dirigió al granero, y tras uno o dos intentos inútiles de forzar la cerradura, se desplomó en el suelo.
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Re: La Guardiana entre el Centeno {Kya}

Mensaje por Kya el Jue Ene 19 2017, 08:02

Otra noche agotadora de trabajo estaba llegando a su fin temprano. La muchacha luego de haber lavado sus manos, se dispuso a lavar su rostro en aquel cuenco con agua que tenía sobre la mesa, luego de haber terminado de preparar las infusiones y ungüentos para abastecer sus propias reservas para atender a pacientes que con más frecuencia solían visitarla. ¿Estaba haciéndose ya un nombre, como sanadora? Era posible y con una cansada sonrisa pensó en que debía sentirse orgullosa, aunque la sanación no la ejercía por dinero, los pagos eran buenos y sin lugar a dudas estaba recopilando algún buen dinero para el futuro. Tomando un paño, secó sus brazos húmedos por el agua y con esta también secar su rostro caminando hacia una silla para sentarse y estirar su espalda y finalmente recostarla contra el respaldar y de este modo descansar su cansado cuerpo.

Cerrando sus ojos, dejó que los sonidos nocturnos se apoderaran de su calma y por fin pudiese respirar un poco mejor. Tenía que limpiar todo lo usado antes de entrar a casa y poder ir a descansar, por lo que haciendo un único esfuerzo se levantó, notando como su guardián Alfa, descansaba enroscado cerca de la hoguera que estaba encendida. El lobo gris, apenas movilizó sus orejas, pero mientras ella empezaba a recoger las cosas, él levantó su cabeza y sin lugar a dudas captó su propia atención- ¿Pasa algo Alfa? –preguntó la sanadora mientras, llevaba algunos implementos a lavar en el tazón y con un paño nuevo limpiaba los restos de hierbas. Pero el lobo gris de ojos dorados se levantó y sus gruñidos empezaron a escucharse-... ¿Alfa? –llamó, pero el animal no le hizo caso, por lo que la chica caminó hacia la puerta y abriéndola dejó que el animal corriera hacia el granero. Siguiéndolo con un trote ligero por el camino de grava, la muchacha llegó donde ahora pudo ver detenerse al lobo y gruñirle a una silueta en la noche, que estaba en el suelo.

La chica enseguida sintió sus hombros crisparse y cautelosa se aproximó a la silueta en el suelo, era un hombre y escuchaba una respiración irregular-…disculpe? -dijo entonces llamando su atención, asegurándose que no era una trampa. Pero los movimientos de este y los sonidos que emitía no eran normales por lo que, acercándose, se arrodilló a su lado y notó la sangre que emanaba de su cien y enseguida se preocupó por el hombre- dioses… -murmuró con suavidad y aunque fuese una chica, se atrevió a agregar mientras se aseguraba que no tuviese ninguno de sus brazos heridos para hablarle- Sujétese de mi con fuerza, lo atenderé en seguida. –habló- ¿puede oírme?... –preguntó tratando de que este estuviese consiente porque sola ni en broma podría con el peso de aquel hombre- Le ayudaré, por favor haga un esfuerzo por levantarse… -pidió para que este siguiera sus indicaciones.

Cuando por fin pudieron erguirse con pasos torpes y pesados trató de avanzar con él a donde solía atender a los pacientes para no molestar a su familia que estaba en la residencia. Era como un pequeño granero, pero no era para eso, al ingresar seguidos por el lobo gris, se veía una estancia que parecía preparada para sanar. La muchacha con una fuerza segura en sus brazos, le ayudó a llegar hasta donde era una camilla improvisada y le intentó ayudar a recostarse para volver corriendo a la puerta y cerrar estas y así encender las velas que ya había apagado antes pensando que podría ir a descansar. Pero los dioses decían con ello que no se había terminado su día- ¿Cuál es su nombre? –preguntó buscando saber cómo llamarlo- Necesito saber dónde le duele…




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Re: La Guardiana entre el Centeno {Kya}

Mensaje por Edric Blacklayer el Jue Ene 19 2017, 08:47

Estaba allí, tirando en el barro. Las tormentas que estaban cubriendo los cielos estos dias no ayudaban mucho. Tenía el rostro cubierto con la sangre de la sien. Notaba la flecha aun clavada en el brazo, cerca del hombro, pero la verdad es que no le importaba demasiado. El opio aun hacía su efecto, al igual que el vino, o la cerveza. Sin embargo, lo que no podía controlar, era su cabeza. La sangre fluia mas rapido por la generosa ingesta de alcohol, y había perdido ya bastante. Notaba sus pensamientos nublados, confusos. No podía distinguir realidad de fantasía. Era como estar medio dormido medio despierto. Vamos, que basicamente deliraba.

Escuchó una voz, como si viniera de muy lejos, y despues notó unas manos tocandole. Las manos de una mujer, estaba seguro. Con la ayuda de la joven, se incorporó y entró a un pequeño granero. No podía fijar la vista en nada, y cuando sintió la camilla sosteniendo su cuerpo, se sintió agradecido.

-Edric... Edric... Blacklayer, niña... -Dijo esbozando una mueca que pretendia ser una sonrisa. Despues, se miró la flecha en el hombro, y otra vez a la muchacha.- Eso y la cabeza...

El costado le dolía, pero no tenía nada roto, solo algo magullado, y prefería que no viese su cicatriz... hoy en día un hibrido no se podía fiar ni de su propia sombra. Había visto híbridos morir delante de sus narices por las maneras mas tontas.

-Como... te llamas tu, niña... -Murmuro con la lengua ya torpe, y antes de escuchar respuesta, se quedó inconsciente y se sumió en un profundo sueño. Un sueño en el que navegaba de nuevo a lo largo y ancho del Mediterraneo, saqueando y bebiendo con la que una vez fue su amante. Por aquel entonces era el prototipo de romantico y amante de la vida... y ahora era un ex-combatiente lleno de rencor. Así que disfrutó del sueño, sin saber que le esperaría el proximo amanecer.
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Re: La Guardiana entre el Centeno {Kya}

Mensaje por Kya el Jue Ene 19 2017, 19:17

Gracias a las ropas que llevaba no había visto la flecha y preocupada, la muchacha habló- Necesito retirarle las prendas superiores para atender de mejor forma las heridas, podría retirarlas?... –preguntó ella, la muchacha era de estatura media, la normal en na mujer, aunque un tanto mas alta, de cabello oscuro que ante la luz amarillenta naranjada de las velas, parecía rojizo. Su mirada azul determinante estaba puesta en él, al menos hasta que se apartó y vertía agua de un cántaro para ponerla a calentar como siempre realizaba para preparar con ella todo lo necesario para los ungüentos que usaría para sanar al hombre. Caminó apresurada por la estancia para tomar su bolso de medicinas y comenzó a sacar frasquillos que contenían hierbas secas aún. Por si llegaba a necesitar más. Sus movimientos eran prestos, mientras tomaba el mortero y tazones que colocó en una mesa cercana, para luego repetir el mismo proceso y colocar esta vez los instrumentos para retirar el proyectil de flecha que estaba clavado en el brazo. Mientras esperaba el permiso de este para deshacerse de las prendas superiores la muchacha buscó empapando un paño con agua fresca y acercándose a él- Es un golpe muy fuerte…voy a necesitar examinarlo muy de cerca…

Explicó mientras sin tocar la cabeza con el paño, exprimía el agua para lavar la herida y que la sangre se disipara y ver la piel de esta asegurándose del nivel de contusión que había tenido. Había sido un golpe bien dado, mojando el paño volvió a repetir el proceso y esta segunda vez es que utilizó con cautela el paño para limpiar con cuidado sin presionar demasiado. Tenía que bajar la inflamación, necesita un ungüento de efecto rápido ¿Qué podría servirle? Su rostro se movió derecho hacia los frascos y dejando el paño corrió hacia donde estaba la caja de medicinas ya preparadas que había terminado hace poco y comenzó a buscar. Divididos en categorías (heridas profundas, traumas, para calmar dolor, para limpiar heridas etc.) sus dedos tomaron dos frascos que en efecto aún estaban tibios por haber sido recién preparados tan solo unos 10 o 15 minutos antes de que llegara el hombre.

Volviendo junto a él, destapó ambos y limpiando la herida de nuevo, tomó del ungüento de hierbas y con cuidado, colocó la pasta herbácea sobre la herida inflamada. Esta pasta medicinal contenía propiedades que ayudarían a que la inflamación redujese y dejara de provocar que la sangre saliera como lo hacía. Mientras esperaba que hiciera efecto, volvió con el brazo y la flecha, que mientras estuviese incrustada no sería problema. El mayor peligro venía con el retirarla- Mi nombre es Kya… -dijo la sanadora extendiendo su diestra para tomar unas pinzas cortantes y colocando una mano sobre la mano del brazo lastimado habló- Voy a cortar la tela ya que sacarla es peligroso, sin sacar el proyectil primero… -dijo no como pregunta, fue para que este supiera lo que haría y no le tomara por sorpresa. La muchacha sujetó la tela de las ropas superiores y con las tijeras por sobre la costura de la manga cortó hasta poder deshacerse de toda la manga y dejar descubierto el hombro herido. Dejando la tijera pinza, con sus dedos tanteó su hombro como si analizara la posición de la flecha- ¿Sientes tus dedos? ¿Tu mano?  –preguntó para asegurarse que nada había sido dañado o estaba siendo comprometido. Escuchando su respuesta explicó- Voy a cortar la flecha…por encima y por detrás, por lo que necesitaré que no te muevas demasiado Señor Blacklayer… -dijo cuidadosa, antes de sujetar suavemente el hombro y con la pinza marcar un punto en la madera para comenzar a cortar intentando no moverla demasiado. Hasta que con un “crack” se deshizo en seco del extremo trasero de la flecha. Moviendo sus ojos azules hacia el rostro masculino y mirar las hierbas en la frente para ver si el sangrado se había reducido y volver al rostro masculino para ver su estado- El golpe en su cabeza fue severo, sígame hablando por favor. -Pero fue tarde, notó como el hombre cayó inconsiente y en ese momento se preocupó muchisimo.

Ella suspiró y aprovechando que estaba sin consciencia le retiró el fragmento de flecha que estaba aún incrustado con mucho cuidado, asegurandose que no quedaran astillas. El procedimiento siguiente estuvo lleno de delicados pasos de retirarle la prenda superior, todo para trabajar más cómodamente, claro que la cicatriz le llamaba la atención, pero no se preocupó por ello, su misión era atender los horribles colores de su costado. Parecía que alguien le había dado una paliza espantosa, desde ese momento, la sanadora empezó un trabajo minucioso que consistió en: Limpieza, desinfección y tratamiento, colocando parches de hierbas en la herida de flecha, colocando cataplasmas para los hematomas en su costado, que había revisado con sus dedos contando las costillas y tanteándolas para asegurarse que no había rupturas. Para luego vendarle haciendo esfuerzo por que trabajaba con peso muerto por su inconsciencia. La muchacha vendó el hombro y limpió el rostro del extraño, para atender de lleno la herida en la cabeza, a la cual tuvo que colocar 3 puntos de sutura delgada con hilo de seda luego de haber limpiado las hierbas. Y colocó una gasa de venda que cambiaría regularmente.

Cuando este se despertase seguro se encontraría vendado y cuidado. La sanadora lo cubrió con una manta y colocó algo mas coloco bajo su cabeza para que descansara mientras tomaba las prendas que había cortado y remendó para que pudiera utilizarlas de nuevo. El lobo gris, se recostó a sus pies silencioso mientras los ojos azules de la muchacha estaban puestos en el paciente y por supuesto…que se paraba a cada rato a revisar que respiraba. Como hacía con todos sus pacientes más graves, esta tendía a quedarse cuidándoles hasta que despertaran, aunque eso significara que era hasta el amanecer.

Como siempre al amanecer solía buscar algo de alimentos para asegurarse que quien llegaba de urgencia como lo había hecho el extraño (que eran contadas veces).




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Re: La Guardiana entre el Centeno {Kya}

Mensaje por Edric Blacklayer el Jue Ene 19 2017, 20:05

Los sueños, como de costumbre, se fueron tornando confusos, incomodos. De repente estaba en una estancia grande, con estatuas de dragones a los lados. Parecía una casa señorial. Sobre la mesa, un señor dragon tomaba a una esclava de penetrantes ojos azules, humana. Ella se retorcía, y el la agarraba con fuerza, tomándola con prisa. En sus ojos de dragón se veía la confusión entre lo que le hacía descontrolarse aquella mujer, y lo abominable que le parecía estar tomando a una esclava.

Despues la escena cambió, y el corría, empapado en sangre, por una ciudad en ruinas. Hombres poco definidos corrían hacia el, y el los abatía sin cuartel. A su lado, con un hacha y un escudo, estaba su hermana, combatiendo a capa y espada también contra aquellos enemigos. Era el momento del día en que mas completo se sentía, durante ese sueño. Algo le hacía soñar con su hermana. Era rubia, y tenía el cabello recogido en varias rastas hasta la cintura. No sabía como podía imaginarla tan detalladamente si no la había visto nunca. La joven sonreía mientras mataba, como el... eran invencibles.

-Tienes que despertar. Las cosas están a punto de cambiar, y tienes que estar muy despierto. -Dijo la joven mirando directamente a su hermano.

Y entonces desperto. Intentó aferrarse al sueño un poco mas, pero acabó por despertar con un gruñido. Le dolía la cabeza. Los recuerdos de la noche anterior fueron regresando poco a poco a su memoria. Uff... se habia cargado a tres o cuatro de esos cabrones. Si no hubiera ido borracho ni le habrían tocado. Le habían dado una buena. Se agarró a la camilla, y con un segundo gruñido se sentó, y luego se puso en pie. Se mareó un poco, y sintió como le tiraba la piel del hombro, pero pasados unos segundos ya volvía a ver el mundo estable bajo sus pies.

¿Donde estaba? No recordaba muy bien a donde había llegado. Al verse sin camisa, y que su anfitriona no estaba, se temió lo peor. ¿Habría ido a Talos a decir a la guardia que había un hibrido herido en su granero? Sus ojos azules, de pronto alerta, revisaron la estancia. Cogió sus hachas, y salió al exterior. Se acercó al abrevadero y metió la cara en el. Quienquiera que lo hubiera curado lo había hecho bien, no tenía sentido desconfiar.

No obstante, cuando escuchó un ruido en los cultivos tras el, se giró y apunto con una de las hachas directamente al cuello de la joven, que volvía de recoger alimentos. Por primera vez examinó a su salvadora sobriamente. Era joven... muy joven. Una cría, en verdad, pero había demostrado que era buena en lo suyo. Tenía el rostro bonito, palido, y el cabello del color del atardecer.

-Son los mejores vendajes que me han puesto. -Se limitó a decir mientras bajaba el hacha lentamente. Sus ojos se clavaban en los suyos, denotando cierta locura en el brillo que desprendían. Después, dejó las hachas en el suelo y se sentó en un tocón, cansado por el esfuerzo. Iba a preguntar su nombre, pero entonces lo supo, como si lo hubiera escuchado en sueño- Kya... te debo una... ¿Ayudas a todos los que llegan a tu granero despues de una borrachera?
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Re: La Guardiana entre el Centeno {Kya}

Mensaje por Kya el Vie Ene 20 2017, 03:26

Caminaba de vuelta y fue cuando en ese mismo segundo un hacha había sido puesta al cuello. No tuvo tiempo de reaccionar y mucho menos de moverse, un escalofrío recorrió su espalda y erizó cada vello de su cuerpo logrando que la sanadora dejara de respirar. Allí estaba lo que se ganaba por ayudar a extraños peligrosos y armados hasta los dientes. Ella no se movió y mantuvo su mirada azul fija en el rostro del hombre que ahora lograba ver de mejor forma, detallando su altura, sus facciones y semblante y forma de accionar. Sus manos aferraban la bandeja con los alimentos que había tomado para que este pudiese desayunar algo antes de irse. Su ojo clínico le hizo mirar su aspecto y adivinar con este que tan bien estaba. El hombre la miró y ella mantuvo su silencio, escuchando ahora la voz del hombre con la sobriedad plasmada en ella.

Gracias…-dijo al verle de reojo como guardaba el arma que había alzado contra ella y con la que fácilmente hubiese podido cortarle el cuello si hubiese querido. Examinándole de mejor forma aprovechando que ya no tenía un filo contra ella, extendió hacia él la bandeja que tenía un tazón pequeño de avena y unas manzanas cortadas acompañadas de leche, claro que alimentaba bien a quienes atendía de emergencia. Desde que supo que los alimentos jugaban una gran parte en la mejoría de los enfermos y heridos no dudaba nunca de hacer lo mejor posible por ellos- No me debe nada....soy curandera, es mi trabajo y mi deseo,  ayudar a quien necesita ayuda y usted estaba muy mal anoche… -dijo entonces con serenidad indicándole con un gesto de su cabeza que regresara donde lo había atendido, claro que había visto la locura en sus ojos y debía admitir que podía preocuparse, pero confiaba un poco en que la ayuda dada sería apreciada a nivel de que esa locura no repercutiera en ella- …vamos…necesito que desayunes y revisarte el hombro para asegurarme que está subsanando bien la herida de la flecha… -habló con tranquilidad.


Como siempre, vestía su ropa de caza, botas, pantalones marrones oscuro y un chaleco corsé de cuero del mismo color con una camisa blanca, seguramente limpia. Su cabello suelto llegaba hasta su cintura baja y con el sol sobre este parecía contener matices rojizos, aunque en la penumbra este se tornara oscuro. La chica caminó serena hacia la estructura ingresando en ella para abrir las ventanas y dejar la luz natural iluminar cada rincón, mientras buscaba entre los frascos, lo que usaría para ponerle antes de dejarle ir. Esperó por él y mientras le dejaba acomodarse para desayunar, preparando a un lado las vendas nuevas y las hierbas que usaría para las cataplasmas. Esperó a que se acomodara para esperar a que se dejara hacer- No quedaron astillas y todo parece que está en orden con los músculos del hombro, mi mayor temor era que por la flecha se hubiese visto comprometido algo importante....pero todo parece estar en orden... -dijo con suavidad, acercandose para palpar su hombro con cuidado, dejando a sus dedos ejercer presiones suaves, delineando las formas de esta articulación- ¿siente sensaciones adormecentes?, ¿insensibilidad de algún tipo?...-preguntó de nuevo.


Esperaba que no, si no sentía nada de eso, ningúna cosa delicada estaba dañada y sanaría perfectamente. Sus manos se movieron a desatar las vendas del hombro con mucho cuidado y así descubrir que no había sangrado mucho, conforme iban llegando a la piel las hierbas fueron mas notorias. Con un paño limpio, mojó este y exprimiendolo comenzó a limpiar la piel con cuidado observando el enrojecimiento de la herida y como estaban actuando las hierbas- ....le recomiendo no forzar este brazo, o causaría que el sangrado comenzara....hasta ahora parece estar comenzando a sanar bien, pero es importante que deje descansar el hombro....-explicó.




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