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"The dragon Lady" Ft. Ariadna

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"The dragon Lady" Ft. Ariadna

Mensaje por Kya el Miér Ene 04 2017, 00:43

Horas de la Mañana
Calles del Mercado de Talos


Sus pasos por las calles de Talos eran dubitativos en cierta forma, esquivando personas, escuchando conversaciones y de algún modo abriéndose paso entre la conglomeración que se apoderaba de las calles de adoquines donde más variedad de personas había, distintas vestimentas, distintos colores de cabello, rostros múltiples y variados como las estrellas del cielo durante una noche clara. Su bolsa cruzada era mantenida con seguridad donde ningún ladrón pudiese pasarse de listo tratando de robarle el dinero que tenía. Había invertido de una forma muy inteligente este, el inquisidor había sido generoso con su donación y no quería desperdiciarlo en algo que no fuese expresamente necesario y así fue cuando dobló a una calle donde había comercios de mejor calidad, lugar que no podía darse el lujo de visitar nunca por lo que siendo la primera vez estaba un poco cohibida y asombrada por la elegancia de los locales que parecían contener lujosos productos.
 
Y claro que por esta calle caminaban los más acomodados, con ropajes de indudable riqueza y es cuando ella recordaba por que odiaba tanto a los dragones, la diferencia fue notoria, al ver a los niños pidiendo limosna, pasando hambre y a los que seguro sufrían viviendo de la compasión de quienes pasaban a su lado y de su asombro por las cosas increíbles que estaba observando. Volvió en automático a su estado enojado con la vida y el mundo, dispuesta a proseguir con sus compras necesarias con el dinero que gracias a los dioses le había llegado cuando más lo necesitaba. Ingresó en la primera tienda donde compró un mortero más grande y algunos implementos para medir mejor sus dosis y algunas hierbas que no crecían en la zona y algunas otras que crecían lejos de allí en lugares que a lo mejor sería muy tedioso visitar. Estaban algo caras, pero por primera vez no tuvo que retirarse a buscar un reemplazo por no poder comprar lo que necesitaba.
 
Una serie de risas llamaron su atención, era un grupo de doncellas que se acercaban a una tienda donde el vendedor invitaba a las mujeres a ver su nueva mercancía acabada de llegar. El plan era pasar de largo e ignorar aquellas risas y comentarios de “qué bonito” “oh mira eso” “debería comprármelo” “ya tienes uno así, deberías probar otro” “mira estos pendientes” “uy pero que lindo”. Y con eso su humor volvió a tornarse invernal, pero no pudo evitar mirar lo que vendían en aquella tienda y notó que en el interior un grupo de doncellas rodeaba a una de cabellos negros que elegante sonreía. Los ojos de la chica se pasearon por los objetos en venta, todos eran hermosos, vestidos sencillos de corte muy hermoso y delicado, vestidos más pomposos, joyas y otras alhajas que seguro estarían sin faltar en los cofres de joyas de todas esas mujeres y doncellas que podían darse el lujo de perfumarse, vestirse y vivir como les placía.
 
Quizá, era una de las pocas ocasiones en las que sentía envidia por lo que ellas tenían y ella no, pero todas esas cosas eran banales cuando tenías preocupaciones más reales como los remedios que necesitaba fabricar. Entonces ¿Por qué le resultaba tan difícil apartarse de la ilusión de poder en algún momento poseer algo que le hiciera sentir más bonita, más femenina? Ella no era engreída, no usaba perfumes más allá que los baños de flores aromáticas que encontraba silvestres en el bosque, su ropa era siempre la de caza, ya que era más práctica para correr, atender emergencias y montar. No solía llevar adornos, porque vamos…para qué? No es que buscase encantar a algún chico, ya que ella tenía la sensualidad de una piedra, al menos no se había visto atraída realmente por alguien en específico y si así fuera, dudaba que alguien llegase a sentir alguna cosa por ella porque pues…ella solo era una humana, que ejercía su profesión y era inteligente para entablillar extremidades rotas, pero no para detectar el interés de nadie. Cosa que era igualmente de imposible a su parecer.
 
Y con ello, se encontró murmurando para si con amarga suavidad- Tampoco es que lo haya querido… - dijo mordiendo su labio inferior pateando una pequeña roca antes de forzar sus piernas a caminar y no mirar en lo absoluto nada mas de aquella tienda que debía dejar atrás ya que no tenía nada que buscar allí, chocando con un muchachito que observó de reojo antes de verlo correr hacia a la tienda que había llamado su atención-…hey!! ¡Cuidado!... –dijo la muchacha antes de llevar una mano a su brazo y acariciar este con suavidad-… estos muchachitos…

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Re: "The dragon Lady" Ft. Ariadna

Mensaje por Ariadna el Miér Ene 04 2017, 17:58

Hacía días ya que una de sus doncellas mostraba un comportamiento bipolar. Ariadna no sabía manejar las emociones de los seres humanos y cuando preguntó a la sumisa Lola, esta le contestó "nada", a lo que se conformó la aristócrata y no volvió a retomar el tema. La verdad era que tenía muchas cosas en mente, sus negocios estaban retrasados porque una transacción no resultaba ser tan sencilla como ella esperaba. Su hogar, su riqueza y el bienestar de su servidumbre dependían de su estabilidad mental y lo apta que fuese para dominar las ventas. Con tanto en la cabeza, Ariadna se había refugiado en la red muchas veces, intentando inundarse de la serenidad y alegría que otros dragones trasmitían, de lo interesante de sus vidas, de lo pacífico que les acontecía. De aquel modo se había creado una burbuja aislada donde permanecía conectada la mayoría del tiempo, esto la volvía algo distraída y soñolienta, como si su cuerpo estuviese físicamente presente, pero su espíritu vagase por los confines del mundo, muy... muy lejos de allí.

Intentando sanar esos errores por su parte, la dragona llevó de compras a sus cuatro doncellas privadas. Aunque las menores jamás le pedían cosas explícitamente, con todas las primaveras vividas juntas, tenía más o menos una idea clara de los gustos que cada una poseía y, de vez en cuando, contentaba sus deseos terrenales. Sabía que para poder ser una persona equilibrada, tanto las aspiraciones espirituales como las de la carne debían ser satisfechas. De otro modo siempre había una espinilla bajo el pie y se comenzaban a gestar pecados como la envidia, el orgullo, la avaricia, etc. Intentando entonces "purificar" un poco el alma codiciosa del ser humano, visitaron varias tiendas de artículos femeninos, como vestidos, joyas, complementos. Fluctuando en su distanciamiento, la aristócrata apenas podía atender a sus damas, los comentarios que hacían sobre las telas o las piedras preciosas que encima portaban los aretes y gargantillas. No iba a comprar nada para sí misma hoy, tenía suficiente en su hogar por el momento, pero si ellas demostraban deseo explícito por un objeto, lo tendrían. Observó entonces sus gestos, sus movimientos... lo demás fue una nube variopinta, lejana, como si no estuviesen transitando en una calle comercial y solo existiesen ellas cinco.

El golpe a la realidad fue repentino, ocurrió cuando Kena (otra de sus doncellas) chilló y apuntó con el dedo hacia la entrada del negocio. Ariadna alcanzó a ver apenas una espalda pequeña que se alejaba velozmente y comprendió por los gritos de las demás que habían sido robadas. Un fuego ardió en su pecho, ¿tenía que suceder esto justo el día que quería ellas se distrajesen? iracunda, salió a la calle sosteniendo los extremos inferiores de su vestido, de manera que le permitieran correr mejor. –¡Niño, alto! ¡No es así como se obtienen las cosas!– Pero con lo engorroso de la tela roja sangre de su falda, más los tacos... le fue ciertamente complicado. Además, al salir parecía que el pequeño se había desaparecido en la nada misma y en la calle no había nadie, ni un alma... Que insólito... Cuando llegaron le pareció ver a una muchacha, destacaba porque de su bolso se emitía un olor muy claro y atrayente a lavanda, flor que Ariadna apreciaba en demasía y cuyo aroma le resultaba tentador. Eso fue lo que llevó sus ojos hacia la chica, pero por su estado soñoliento, la había "visto sin verla". Ahora todo estaba vacío y la aristócrata no tenía ni una sola pista de dónde hubiese escapado el ladronzuelo o qué hubiese sucedido con la doncella de la lavanda.





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Re: "The dragon Lady" Ft. Ariadna

Mensaje por Kya el Miér Ene 04 2017, 19:44

Sus pasos la guiaron unos cuantos metros buscando con la vista la tienda que necesitaba, aunque ya sentía el agotamiento de tantas horas recorriendo las calles de esa forma. Mientras simuladamente rectificaba el pequeño papel que había llevado para saber que faltaba, le había costado apartarse de esa tienda que había llamado a sus más escondidos sentimientos femeninos, incluso pensó en su hermana menor que amaría tener alguna cosa hermosa y con ello tuvo un pensamiento egoísta “¿Y si usaba algo del dinero que tenía para comprarle algo a su hermana?” mordiendo su labio inferior pensó entonces “No, primero lo importante para el trabajo y si queda algo, buscaré algo hermoso” pero entonces no alcanzaría para ella y volvería a lo mismo. Vamos, ni siquiera sabía que quería, ella no sabía de esas cosas…la poca femineidad que tenía era gracias a la educación de su buena madre hasta sus 7 años. Pero el resto de su vida vivió con su padre aprendiendo la sanación y bueno…no era una señorita de corazón gentil, pero algo en ella la hacía no necesitar demasiado para ser hermosa. Ya que, aunque portara ropa de caza y el aroma a flores silvestres simple y a lo mejor normal en las jovencillas de campo, no era que ser ciego para darse cuenta de su propia y natural belleza.

Y entre pensamientos absurdos encontró un puesto donde vendían precisamente lo que estaba buscando, preguntando el valor pidió que le dieran un racimo de aquellas hierbas que buscaba y recibió estas con alegría, notando que la anciana mujer vendía semillas…semillas de cerezos, pero eran en extremo costosas y su alma cayó al piso. Las cerezas eran un manjar entre las damas de la “burguesía” sobre todo las dulces, así que a lo mejor en un par de meses de trabajo podría comprar una media libra de semillas y aspirar a sembrarlas. Sonriendo a la señora se despidió-…Muchas Gracias por todo señora…-la mujer amable respondió a ella despidiéndola. La muchacha caminó hacia la calle justo cuando escuchó un grito lejano que le llamó la atención sin embargo no pudo ver de dónde provenía ya que en el instante que intentó ver un choque brutal la tumbó al suelo de nalgas quedando casi tirada del todo.

Adolorida la muchacha abrió sus ojos al ver en el suelo al mismo muchacho que se había topado, abriendo mucho los ojos, los frascos...sus manos palparon su maleta y pudo sentir las formas de los frascos que llevaba nuevos, el muchacho asustado se levantó mientras ella también lo hacía y pudo ver que llevaba una bolsa demasiado bonita para ser de él. ¿La había robado? Acto seguido extendió una mano y le agarrño un tobillo haciendolo caer de bruses al suelo, levantandose, estirando su brazo hacia el muchacho logrando agarrar el cuello de su camisa por la espalda haciéndolo trastabillar. Este gritaba.

“¡DEJAME IR!”

No… -decía la chica mientras recibía los golpes del revoltoso niño que trataba de zafarse de su agarre firme. Que por suerte tenía fuerza por el trabajo en los campos y el tratar con pacientes difíciles. Lo retuvo con fuerza y tomó la bolsa que este tenía- Somos pobres, no alimañas mentirosas –dijo la chica obligándolo a levantarse-… ¿de quién es esto?... –El muchacho claro que le gritó alguna grosería y ella con absoluta seriedad, le estampó una bofetada en su mejilla izquierda haciendo que enmudeciera y tomándolo por el cogote lo sacudió firme- Puede que seamos pobres, pero nunca ganaremos algo de respeto si haces estas cosas ¿comprendes? ¿a quién le robaste esta bolsa? –quizá no serviría de nada, a lo mejor ese chico seguiría robando. Pero esperaba que aquello sirviera para mostrarle que el agradecimiento de quien ayudabas valía más, aunque no ganaras nada. Podían ser pobres, pero no era justificante para ser ladrones y personas deshonestas. Estaba dispuesta a ofrecerle incluso un trabajo sencillo en la granja, si deseaba ganarse tanto algunas monedas. El niño la miró de mala gana.

“De una de esas viajas lagartijas, estoy seguro que no extrañará nada el dinero, seguro tiene más de donde viene todo lo demás”

Eso no importa, no justifica que busques esta forma para obtener dinero…venías de esa dirección…el grito lo escuché cerca…significa que está cerca el dueño de esto… -habló la muchacha-…vamos…. –el niño se sorprendió y miró a la peli oscura, comenzando a removerse como un roedor revoltoso.

“¡¿ESTÁS LOCA?! ¡Me llevarán a la cárcel! SUELTAME, SUELTAME!”

No te llevaran a la cárcel si eres honesto y devuelves esto y pides disculpas –dijo ella comenzando a jalarlo en la dirección de la que venía, pero este pataleaba y luchaba. Y ella lo jalaba y dioses que empezaba a cansarse de lo mismo. Mirándolo lo retuvo con fuerza del brazo y dijo-…Vas a venir conmigo, vas a dar la cara como un hombre, ya que te crees muy hombrecito para estar haciendo estas cosas y pedirás perdón entregando la bolsa, si no lo haces voy a golpearte el arrepentimiento fuera ¿entendido? –el niño la miró a los ojos y supo que la muchacha hablaba en serio.

“No eres mi madre”

Cierto, no lo soy. Yo no tendría nunca hijos que robaran y buscaran conseguir dinero del modo “fácil” como este –El niño creyéndose muy inteligente respondió a ello con un:

“Robar no es fácil, se nota que nunca has robado. Es muy difícil”

Ella le dio un zape en la nuca, que interrumpió el angustioso teatro del niño sobre las dificultades de ser un ladrón, obligándolo a caminar-…no seas ridículo…-murmuró con suavidad mientras avanzaban calle abajo por donde ambos habían venido, pasando la tienda donde había comprado las hierbas al último, acercándose a la tienda donde había detenido sus pasos y donde había tocado fibras sensibles con todo el asunto “deseos-banales-ñoños-secretos” y de lejos pudo ver a la misma mujer que había visto, la del cabello negro y de belleza elegante. Al ver la bolsa en su mano supo que la bolsa podía pertenecer a esta o a alguien conocido de ella, por que indudablemente todo parecía combinar “que ansias por combinar todo…” pensó para si en un momento en el cual su existencia se redujo a la paradoja sobre los gustos femeninos y las ganas de combinar todo.

No esperó más y jalando al reacio niño consigo, se acercó a la mujer esquivando a las personas, que caminaban por las calles-…Disculpe, ¿esto le pertenece? –dijo mostrándole la bolsa de monedas, perfectamente cerrada- Creo que el mocoso este tiene algo que decirle –miró al niño y este se rehusó a hablar y ella rodando sus ojos le dio un zape nuevo al muchacho logrando que este se quejara y balbuceara un “lo siento” forzado, para zafarse de su agarre luego de ella decirle que no volviera a intentar algo así. Lo dejó ir y volvió sus ojos a la mujer extendiéndole su bolsa-…Sé que ha sido un mal rato, pero es un niño…las razones tras sus acciones seguro le han llevado a hacer esto, por favor no lo acuse…los infantes hacen cosas estúpidas. No se ha abierto la bolsa y no le di tiempo a que lo intentara por lo que espero esté todo, si desea revisar lo entenderé.




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Re: "The dragon Lady" Ft. Ariadna

Mensaje por Ariadna el Miér Ene 11 2017, 21:04

No estaba enfadada por el robo en sí, tenía suficiente fortuna como para poder seguir adelante a pesar de ese pequeño accidente. Pero lo que perturbaba su ánimo, era que ahora Kena estuviese llorando y las demás damas de compañía preocupadas en torno a ella, consolándola. El bolso que el niño había robado no tenía nada dentro más que un peine y un prendedor de pelo, dos objetos que Ariadna le había comprado a la chica a su servicio por las fiestas. Lo que dolía, básicamente, era el peso emocional de haber perdido algo obsequiado por un ser querido y no lo monetario. Por supuesto que la aristócrata podría haber retrocedido en sus pasos y llevado a la chica al mismo negocio donde adquirieron esos objetos, comprando unos nuevos. Pero no sentía que fuese justo, no le parecía la manera de acabar lo que había sido una jornada llena de altercados y que pensó había mejorado. Tenía los puños cerrados y sentía un calor furioso en su pecho cuando sus doncellas de compañía se le acercaron. Las observó intentando ablandar su semblante y acarició apenas el hombro de Kena, en un intento precario por "consolarla". No era muy buena en eso... De hecho comprendía poco y nada sobre los sentimientos humanos y el cómo saciarlos. Observar a sus damas era una fuente continua de aprendizaje. –Siento mucho que haya pasado esto, estábamos distraídas, no pudimos evitarlo... Por favor, ya no llores.–

No iba a correr detrás del niño porque sus tacos poco le permitían y, a pesar de que su carácter rebelde le hubiese dictado quitarlos y salir a trote para alcanzar al rufián, había ojos observándola continuamente. Ser de la "nobleza", algo que todos envidiaban y que ella sentía como una cárcel en situaciones así. Había perdido las esperanzas de que alguien se acercara a devolver los regalos, estaba a punto de ofrecer una nueva caminata hacia el negocio antes visitado, cuando hacia ella se dirigió una muchacha del vulgo. Primero, como obvia reacción, el grupo de cinco mujeres observó a los desconocidos con desconfianza. Era sabido que los ladrones tenían una y mil formas de obtener más de donde habían sacado, podría haber sido tranquilamente una farsa al descubrir el niño que dentro nada de valor monetario había. Ariadna adoptó una postura rígida y alzó el mentón, tomando de las manos de la chica la pequeña bolsa. En cuanto la tuvo, abrió el lazo de cuero y revisó que los dos regalos estuviesen allí. Sus ojos marrón/rojizos observaron entonces a ambos ciudadanos y adoptó una entonación de voz muy similar a la empleada por su propia madre cuando la regañaba. –Arriesgaste tu vida por una posibilidad incierta.– le hablaba al niño, intentando ser comprensiva como había pedido la otra chica. –Eres joven aún y ya tomaste esta profesión. Pero mucho debes aprender aún.– entonces abrió la pequeña bolsa y depositó los objetos de su interior sobre la palma de su propia mano. –Un peine, un broche. ¿Qué esperabas pudiese llevar consigo una esclava? Es conocida por todos la pena que se sentencia cuando hay un robo hacia la aristocracia. Ibas a arriesgar tu futuro por un peine y un broche.– su voz severa llegó al culmine más alto cuando pronunció aquello último. Estiró su mano y parecía estar a punto de castigar al niño con un zape, pero en vez de eso, se depositó ligera su palma sobre la coronilla del muchachito y le acarició con suavidad. –Eso significa que debes tener mucho hambre...– estaba conmovida, porque de repente caía sobre su espíritu el peso de la pobreza en Talos. Hasta ese momento había permanecido en ella la ira, el descontento, pero cuando la chica pronunció aquellas palabras y el pequeño se mostró tan delgado, no pudo seguir con la hipocresía. Devolvió los regalos a Kena, quien los recibió con una amplia sonrisa y los abrazó a su pecho. De su propio bolso, Ariadna tomó unas cuantas monedas y las alzó para que el niño las viese. –Te ofrezco dos posibilidades. Una fácil y una buena. Puedo darte éstas monedas ahora mismo, con ellas comerás junto a tu familia por al menos una semana. O puedes venir por la tarde, a la mansión en la colina de rosas, y ayudar a nuestro viejo jardinero Tadeo, que ya esta muy cansado, para obtener esta misma cantidad cada día luego de un trabajo bien hecho.– solo entonces estiró el botín hacia el niño y éste lo observó con avaros ojos, un brillo que generaba angustia. Su mano pequeña se alzó para tomar las monedas, pero solo quitó una del montón y se la quedó. –Necesitamos comer hoy...– murmuró, con lo que parecía un rubor en las mejillas –...Pero... iré...– y entonces salió corriendo hacia el mercado, perdiéndose entre la gente y los puestos de venta.

La calma había vuelto y las doncellas de compañía volvieron a entrar al negocio, porque aún faltaba comprar regalos para una de ellas. Ariadna se tardó a propósito para poder quedar a solar con la chica que había ayudado a encontrar el bolso y cuando tuvo la oportunidad, le habló. –Si gustas y tienes un poco de tiempo, sígueme.– tras eso, sonrió con la belleza que en ella era habitual y sus carnosos labios rojos, entrando a la tienda de vestidos y joyas.





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Re: "The dragon Lady" Ft. Ariadna

Mensaje por Kya el Vie Ene 13 2017, 07:19

Ella había permanecido quieta escuchando como la mujer dialogaba con el niño, ignoró por completo las miradas de las otras muchachas ya que ella no sentía vergüenza alguna de ser humana en lo absoluto y menos de ser quien era. Sus miradas no le dañaban en lo absoluto, pero retuvo al chico mientras aquel sermón le era dado, atendiendo a las palabras dichas por la pelinegra dragona de porte elegante. Oh aristocracia, solo permaneció inmóvil allí sin decir ni opinar nada, ya que como todos los que la conocían sabían, ella culpaba a los dragones que gobernaban y tenian forzado control sobre todo, por la pobreza que se estaba comiendo viva a los humanos en Talos. Los culpaba a todos ellos sin excepción, pero de su silencio dependía que el muchacho absorbiera una lección que, si los dioses eran benevolentes, cambiaría el curso de su vida y evitaría que en un futuro fuese ejecutado por robo. Y cuando pensaba que la dragona iba a continuar enumerando las leyes castigadas en Talos, fue cuando notó el cambio en su voz.

La sanadora se vio sorprendida por la oportunidad que la dragona le estaba dando al niño de elegir entre dos soluciones. Expectante la muchacha miró a la mujer de cabellos negros y luego al niño analizando el semblante de ambos y cuando vio la elección del niño sintió un dejo de orgullo llenarla con entusiasmo esperanzada porque este tomara una elección tan buena. Trabajar para ganar lo necesario para ayudar a su familia aprendiendo un trabajo honesto. Su agarre aflojó hace mucho tiempo y entregó un toque en su hombro intercambiando miradas con el niño y verlo correr hacia el mercado-…bien hecho…-susurró para si antes de volver su vista hacia la dragona a la cual deseaba agradecer por no haber denunciado al chiquillo. Y antes de que pudiese formular algo, ella se le adelantó.

-Si gustas y tienes un poco de tiempo, sígueme-

Y lo que dijo la consternó un poco, sus ojos azules se movieron a su alrededor, sintiéndose culpable por no estar poniéndose manos a la obra con las compras faltantes. Volviendo sus ojos a la tienda y luego a la dragona que le sonrió de aquella forma tan... gentil. Parpadeó un par de veces obviamente sorprendida, algo cohibida por aquella gentileza y elegancia plasmadas en cada movimiento que la guiaron al interior de la tienda que causaba escalofríos. Normalmente siempre tenía control de sus emociones, de sus pensares y de absolutamente cada acción realizada. Pero en ese momento se había visto espantada por la gentileza de la dragona que había ingresado, mordiendo un poco su labio inferior, bajó su cabeza, notando que estaba un poco sucia por la caída, nada que un par de sacudidas y palmadas con una de sus manos no pudiese arreglar. Tragando saliva acomodó sus ropas un poco y llevando sus manos a sus cabellos lo acomodó un poco y tomando una profunda bocanada de aire ingresó en la tienda segundos luego.

Empujando con sus manos la puerta, sintió como si entrara a un mundo distinto, la tienda era muy bonita y estaba decorada elegantemente. Como evidentemente ella no había visto antes, nada más que de lejos. Asombrada por todo aquello, recordó a Dánae con cada cosa que veía, su hermana le encantaría estar allí, pero su objetivo era saber las intenciones de aquella dragona, a la que siguió algo curiosa de lejitos como si dudara mucho sobre acercarse, no deseaba parecer interesada en su fortuna o nada superficial, después de todo se sentía torpe y fuera de lugar en un lugar tan bonito, como tampoco deseaba parecer grosera y falta de modales sociables ante una curiosa invitación, confundida la sanadora avanzó un par de pasos más, viendo como interactuaban las mujeres, escuchando las risas, sintiendo las miradas que le daban otras que no venían con la dragona y por un momento pensó que era mejor agradecerle su generosidad para con el niño y salir corriendo de allí a donde tuviese control y conocimiento. ¿A que le tenía tanto miedo? ¿Qué la inquietaba tanto?

Uhm… -Emitió bajo dudosa. Aclarando su garganta subió un poco más el tono de su voz para que fuese un poquito más audible- Disculpe… quería agradecerle lo que hizo por aquel niño, muchas gracias… -agregó sonriendo amable- ah…me intrigaba saber porque me ha pedido que ingrese, digo… -se corrigió sacudiendo un poco su cabeza- En que puedo ayudarle aún, no quisiera molestarla o hacerla perder su tiempo…o algo parecido –Bien, había hablado como una completa estúpida. Pues estaba fastidiada con ella misma porque era raro encontrarla sintiéndose así al conocer a alguien, sobre todo una dragona. A lo mejor era porque esta portaba un aura especial, había sido muy gentil. Pero algo en ella la había entorpecido y causado que se sintiese pequeña.

Debía ser porque era de la Aristocracia…no, no era por eso, ya había visto esos estirados y por más que intentara comprenderlos no lo hacía, la tremenda desigualdad que existía entre humanos y dragones siempre la llevaban a despreciar aquellas cosas. ¿Entonces que era?

¿La generosidad que había mostrado para con el pequeño? A lo mejor era eso, si, debía ser eso…ella era generosa y era raro toparse con dragones así. Sus manos presionaron algo apenada su bolsa cruzada, ladeando su rostro con suavidad, dejando notar que probablemente nunca había estado en un lugar así. Aunque sus memorias no recordaran nada.




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