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✠ For the lovers... 〈Ft. Eskol〉

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✠ For the lovers... 〈Ft. Eskol〉

Mensaje por Ariadna el Jue 15 Dic - 6:50

" But for the lovers, their arms
Round the griefs of the ages,
who pay no praise or wages
nor heed my craft or art. "




Crear buenas oportunidades para sus clientes era esencial en su trabajo. Vivía de contentar a personas importantes, consiguiendo beneficios para ellos gracias a sus encantos como dama y su habilidad en la oratoria. Ariadna tenía cierto olfato para reconocer y conquistar los mejores negocios posibles, logrando de ese modo ganarse el aprecio de muchos dragones que vivían actualmente en Talos. Aristócratas o burgueses, no hacía diferencia mientras pudiesen pagar el precio alto de sus transacciones, cosa que era poco problema para adineradas criaturas como esas. El acontecimiento de la noche en cuestión se daba, justamente , porque ella había logrado cerrar un contrato muy lucrativo para el dueño de la mansión donde se encontraba. Dicho hombre, jocoso debido a su buena suerte y el acierto de haberla contratado, ofrecía aquella velada una fiesta. No había invitado a todo Talos, pero no era poca la gente que andaba circulando de un lado a otro por la enorme sala principal. Los dragones siempre solían andar acompañados, y en ese hecho tan verídico se justificaba la cantidad de sirvientes que acudían con sus señores para atenderlos durante la noche, de ser necesario. Ariadna, por su parte, había traído consigo a las cuatro doncellas. Eran como abejas con la miel, andaban pegadas la mayor parte de la jornada y se ocupaban de todo lo que dictaminara la aristócrata.

─Mi lady...─ el susurro se oyó tan repentino, que la dragona se sobresaltó un poco ante el sonido, incluso si era tan suave. Una de sus damas había hablado, ella agudizó entonces el oído y asintió para afirmar que estaba atendiendo a su llamado. ─No sé cómo deciros esto...─ Ariadna sintió un cosquilleo en la nuca y, al mismo tiempo, las risitas animadas de las cuatro mujeres que la acompañaban. Estaban cuchicheando sobre un tema que aún no le revelaban y el hecho de que tardasen tanto en desvelar el misterio, la irritó ligeramente. ─Hablad... ¿Qué sucede?─ la dragona apresuró la charla, pero ellas parecían divertidas e ignoraron su leve desespero. ¿Qué era tan gracioso? Los ojos marrones de la aristócrata estaban danzando a través de la sala, no frenaba en ningún invitado, pero cuando ellos si parecían notarla, les devolvía las corteses venias con una sonrisa encantadora. Ariadna tensó los hombros, porque una vez más oía las risitas molestas que provenían de sus espaldas. Sino hablaban pronto, sabían bien que ella perdería la paciencia y comenzaría a comportarse cual caprichosa curiosa que era. La dama que había hablado en primer lugar, pareció notar el descontento y aclaró su voz para entonces confesar ─Parece que ésta noche lucís particularmente bella, mi lady...─ la aristócrata no comprendió dicha acotación y sus cejas fruncidas lo denotaron ─¿Estáis siendo sarcástica, Lola?─ preguntó, a sabiendas que entre las cinco había confianza y ellas hablaban libremente a menudo. Con el rabillo del ojo vio como la nombrada negaba, había una sonrisa cómplice en sus belfos y las otras tres la compartían ─Si así no fuese, aquel caballero no os estaría viendo tanto.─

A la dragona le bastó con seguir la dirección de la mirada ajena, para toparse con el famoso hombre del cual hablaban. Cuando sus ojos caoba se cruzaron con los claros del inquisidor, las risitas surgieron nuevamente y así también el cosquilleo en su nuca. ─¡Callaos!─ susurró, intentando no compartir aquella ingenua alegría con sus doncellas. Para cuando apartó la mirada, estaba segura que era demasiado tarde y él ya había adivinado que Ariadna lo reconocía. Sus damas la rodearon con un poco más de recelo en ese momento, ansiosas por enterarse cuanto antes de todos los detalles.
─¿Os conocéis, mi lady?─
─Es obvio que así es, ¿por qué sino tanta insistencia?─
─¿Porque nuestra señora es endemoniadamente atractiva?─
─¡Niñas, a callar!─
La aristócrata les ordenó calma con un gesto suave de la mano y de inmediato fue obedecida, la risitas no cesaron, pero al menos había conseguido que dejaran de cuchichear. A veces se comportaban igual que unas infantes, sin importar que ya tuviesen edad suficiente para ser mujeres casadas y devotas a sus hijos. El inquisidor, al otro lado de la sala, ladeó una sonrisa. Ariadna imitó ese gesto, no tenía dudas acerca del agudo oído de su conocido y, de no haber escuchado, de todos modos percibiría enseguida el ambiente en ese grupo de damas. Ahora correspondía que ella se acercara, era demasiado tarde para fingir que no era de él sobre quien hablaban y también para pretender que no lo habían notado. Sus doncellas se inclinaron al verle marchar en dirección del susodicho dragón, despidiendo su partida y augurando en susurro la demanda de mayores detalles a futuro. La aristócrata unió las manos por encima del vientre y caminó con ligereza hacia la ubicación del inquisidor. Las ondas de tela, rojas como la sangre, danzaron en torno a sus piernas acompañando sus acciones y, para cuando llegó delante de él, pudo notarse incluso el delicado bordado en hilo de oro que adornaba la prenda de vez en vez. ─Había rumores acerca de vuestra asistencia... Pensé que solo quedarían en ello, rumores.─ expresó con una confianza implícita, realizando una venia de testa para presentar sus respetos al hombre.






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Re: ✠ For the lovers... 〈Ft. Eskol〉

Mensaje por Eskol el Lun 26 Dic - 13:50

Eskol prefería la sangre y el sufrimiento. El ver cómo unos cuantos dragones disfrutaban de superficialidades y de risas falsas no iba con él. Prefería el placer que podía ofrecerle un buen lamento. O incluso hubiese preferido mil veces, claro está, pasar aquella noche entre los brazos de su mujer. Pero el inquisidor tenía en cuenta que el trato con la nobleza era importante y que tener contactos por todas partes también lo era. Además, sabía perfectamente cómo moverse por esas esferas, después de todo él también había sido plenamente noble en el pasado. Había visto mundo y había disfrutado junto a su familia el gusto de ver realizados todos sus deseos y caprichos.
Su plan no era otro diferente al siguiente. Simplemente asistir a la fiesta, hablar con poco con las personas indicadas y que más le convenían, beber otro poco y ya está. No se hubiese imaginado nunca que terminaría cruzando miradas con otra dragona a la que no había visto en años.

Eskol se había vestido con una especie de uniforme de gala de color negro. Siempre el color de la inquisición, siempre con una espada en el cinto, por si acaso. Nunca se sabía lo que podía ocurrir en una fiesta como aquella. Después de lo rumores que había escuchado sobre la fiesta de Lord Kariel cualquier precaución era poca. Su cabello no obstante andaba algo desaliñado, pero era como su marca de la casa, así que no le dio mucha importancia.
Sujetaba una copa de vino tan rojo como su propia sangre y cuando Ariadna le miró, Eskol le devolvió la mirada alzando un poco la copa en su dirección.

La noche pronto se había convertido en un nuevo tipo de fiesta para Eskol y prometía ser mucho más divertida de lo esperado.
Ariadna iba seguida de su séquito de sirvientas a cada cual más bella. Nada nuevo para el inquisidor observar que a pesar de todo, la dueña de ellas era la que sobresaltaba en belleza. No le extrañaría que hubiese escogido a aquellas chiquillas a conciencia.
Eskol el sonrió de forma ladina como un gato que esta a punto de atrapar a su presa cuando escuchó que las muchachas cuchicheaban y reían. Cuando Ariadna decidió al fin acercársele, las chicas se fueron.
El dragón no borró su sonrisa, sino que la acentuó lo suficiente como para que alguien que supiera de los gustos del inquisidor pensara que era hasta perturbador. Pero a cualquier hija de la nobleza dracónica seguramente le resultaría encantador.

Eskol apuró su copa de vino y la dejó en una mesa que tenía detrás rápidamente antes de girarse hacia Ariadna para escuchar sus palabras.

—Si habéis escuchado de mí me temo que ya soy más famoso de lo que pensaba —respondió fingiendo cierta modestia y sorpresa. Tomó las suficientes confianzas como para alargar su brazo para alcanzar una de las manos de la joven y besar su dorso en una reverencia de máximo respeto. Eksol cerró sus ojos durante aquel gesto y cuando volvió a erguirse soltando con delicadeza la mano de la aristócrata sonrió de nuevo a Ariadna.

—Es un placer comprobar que los años han pasado para bien en vos. Estáis más bella que nunca.




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Re: ✠ For the lovers... 〈Ft. Eskol〉

Mensaje por Ariadna el Sáb 7 Ene - 20:20

¿Cuánto tiempo había pasado? en ese instante que los labios del inquisidor tocaron el dorso de su mano, la dragona no fue lo suficientemente fuerte como para alejarse de esa realidad y rememorar el pasado. Pero, cierto era, que hablar de años sería lo más acertado. Permaneció solemne, a pesar de la alegría insólita que le causaban las acciones del ajeno y cuando su mano fue soltada, su rostro reflejaba ya esa boba jocosidad que sentía por dentro.
No demoró en responder, había confianza con aquel hombre y quizá cometía un grave error ya que había oído de su boda y nueva familia. Pero... ¿Quién podría culparla después de...? –En efecto, os habéis creado cierto renombre en ésta sociedad.– y no lo decía como indirecta, Ariadna no estaba enterada de la "cruel" fama del inquisidor, no sabía cómo era en su trabajo y tampoco cómo efectuaba sus deberes. Ella solo conocía el resultado, es decir, le habían dicho que cuando una misión se le daba al dragón, él la cumplía con excelencia y obtenía lo que se le había pedido. Para la aristócrata esa suficiente, solía meterse en la vida de los demás pero no tenía motivos para desear, por el momento, meterse en la de él e indagar su historial.
En torno a ellos la gente hablaba, cada uno metido en sus propios asuntos y a pesar de estar rodeados, existía cierta privacidad. La música resonaba por encima de la muchedumbre, la banda clásica que habían contratado entonaba una melodía pegadiza de alegres notas y endulzaba así el ambiente festivo. Sonrió ella por notar dicho factor y unió sus manos por encima del vientre como le era habitual, observando directamente el rostro del inquisidor. –Entonces... decidme, querido Eskol... ¿Habéis bebido el suficiente vino, como para que me sea sencillo convenceros de bailar conmigo? y entonces Ariadna no pudo evitar reír, porque si el carácter y humor del dragón no habían cambiado, entendía que hacer el pedido de danzar era un caso perdido. Ellos, en un lejano pasado, habían sido aventureros, deseosos de viajar y descubrir nuevas cosas, nuevas costumbres, culturas, emociones... Ella recordaba haberse obsesionado con el dragón por su espíritu distinto y más orgulloso, pero desde aquellos tiempos a ahora, nuevamente, ¿cuántos años habían estado separados...? Ariadna solo estaba... Tanteando el terreno. Quería volver a conocerlo, quería descubrir si algo del "él" antiguo aún estaba dentro del inquisidor o si se enfrentaba a un terreno desconocido, uno nuevo, que debería luchar por reconquistar bajo su bandera de guerra. Un camarero pasó ofreciendo copas, la aristócrata tomó una que contenía un líquido de dorado color ferviente y la bebió en un largo, pero lento, trago. No toleraba mucho el alcohol, pero de joven solía beber bastante. Devolvió el vaso al empleado y volvió la vista hacia Eskol –¿Mh?– inquirió luego de su pregunta, alzando su mano para ofrecerla al hombre.





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Re: ✠ For the lovers... 〈Ft. Eskol〉

Mensaje por Eskol el Jue 2 Mar - 23:38

Eskol se llevó las manos al cuello de su casaca negra. Era incapaz de borrar su orgullosa sonrisa de la cara mientras con los ojos examinaba cada detalle del rostro de Ariadna, tal y como había hecho tantas veces antaño, tratando de encontrar alguna diferencia.
No había ninguna.
Estaba exactamente igual. Al menos físicamente. Seguía siendo aquella dragona atractiva con la que se había topado tiempo atrás.
Solo se preguntaba si continuaba también salvaguardando aquella sed de aventuras y de desafiar las reglas para disfrutar al máximo de la vida.

Eskol se había dejado embelesar innumerables veces por aquella dama, por su figura, por su mente, por sus ojos… y aquella noche bien podía volver a suceder, que el inquisidor quedara hipnotizado de nuevo.
Sin embargo, no sería tan fácil. No sabía por lo que ella habría pasado en todos esos años que les habían separado, pero Eskol había visto bastantes cosas y había aprendido bastantes otras cosas más.
No prestó mucha atención a los invitados que alzaban la voz a su alrededor para tratar de mantener esas estúpidas conversaciones que Eskol odiaba. Ni tampoco quiso dedicarle un solo segundo a aquella música que les envolvía de fondo, creando un ambiente que parecía pésimo para que ambos establecieran contacto de nuevo, pero que no obstante se trataba de todo lo contrario.
El padre de Eskol siempre decía que las grandes fiestas eran en las que se gozaba de mayor intimidad y el lobo azul así lo vio por el resto de su vida. La gente estaba demasiado distraída en sus temas, como para prestar atención a una pareja que se escabullía o que se fundía con el resto en la pista de baile. Las palabras tan solo eran escuchadas por aquellos que prestaban atención o por aquellos mismos a los que les eran dedicadas.
Tal y como Ariadna y Eskol estaban haciendo.

Eskol se humedeció los labios mientras observaba a Ariadna beber aquel líquido de color del oro.
No era un dragón dispuesto a bailar con la primera mujer que se le presentara. De hecho, no era un dragón entre cuyos gustos estuviera el de bailar. Pero aquella era una ocasión especial.
Agarró su mano con la misma delicadeza que le dedicaba a las escarificaciones que realizaba en sus torturas, como si entre sus dedos se encontrara la clave de la mayor obra de arte jamás vista.

—No hagáis que me arrepienta —murmuró acercándose momentáneamente al oído de la noble mientras caminaba en dirección a la pista de baile, abriéndose paso entre las parejas y buscando el hueco ideal para colocarse en la postura del perfecto galán de cuento de hadas.
Solo que ni estaban en un cuento de hadas ni, por supuesto, Eskol era un galán.

Una de sus manos fue directa a la cintura de la dama y la otra mantuvo la mano de ella bien agarrada. Se acercó a ella todo lo posible, pegando sus cuerpos y mirándola desde arriba con sus ojos intensamente azules.
Entonces, comenzó a seguir el ritmo de la música, prestándole ya una mínima atención para no perder los pasos y guiando a Ariadna por la pista con dominancia. Bailaba con una habilidad bastante envidiable y eso que nunca había sido un gran bailarín.

—Uno aprende a sobrevivir en cualquier terreno —explicó alzando la voz sin parar de bailar—. Y bien, ¿cómo han ido las cosas para vos en estos últimos siglos? ¿Habéis encontrado al fin a algún dragón digno merecedor de vuestro cariño?




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