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Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Sáb Ene 28 2017, 00:12

Apenas tuve ocasión de disfrutar de ese contacto de nuestras manos, o sonreírle con sinceridad a Kya, pues el dragón irrumpió tan violentamente que me dejó hasta sin color. Perdí la noción del maldito tiempo en lo que aquel reptil abordaba y colapsaba mi mente con su ponzoñosa voz.
¿Por qué te tensas tanto, pelirrojo?
Tragué saliva, aún intentando recuperarme, pero de lo que no era capaz de asimilar era ese agarre que se cernía como firme presa sobre la mano de la chica, ajena totalmente a lo que se estuviese fraguando en mi cabeza.
Un momento... ¿no será por-
"No es por ella.", espeté, cortando esa pregunta cuyo camino ya sabía. Mis azules enfocaron por un segundo a la chica, vislumbrando que había conseguido bajar del caballo. Pero no tuve tiempo de reaccionar más allá...
¿Sabes? Recuerdo cada detalle de toda tu tortura con increíble nitidez.
"No es algo que me sorprenda", murmuré. De rabia, mis manos se cerraban. Mis nudillos se volvían blanquecinos. Lo que no era capaz de ver es que la mano de Kya aún seguía presa de la mía.
A mí sí me sorprende, por contra.
"¿El qué?"
¿Qué es lo que sientes, Trystan?
"¿A qué refieres?"
¿Tanto has cambiado en tan poco tiempo para echar por tierra todo por lo que presumías delante de mí?
"Nunca presumí de nada"
Y siempre fuiste un iluso”, en un principio, me costó ver a qué demonios se estaba refiriendo... Hasta que mis pupilas volvieron a achicharse, porque lo pude entender. “Muchacho listo.
"No es lo que tú crees."
¿En serio? Pues... esta vez te daré una oportunidad para explicarte.
"¿Por qué? ¿Ahora, de repente, te interesa mi vida sentimental?", inquirí con cierta indignación. "¿Tengo que recordarte que gracias a ti dejaré de tenerla?", iba a perder todo lo que había conseguido... tras haberlo perdido ya una vez. Una vez que... aún dolía, si me parase a pensarlo.
Que no quieras explicar nada, me hace sospechar. Tú, que durante todos mis castigos y vejaciones mantuviste la entereza como el más leal de los hombres. ¿Acaso he conseguido por fin, hacerte pecar?”, escuché entonces una risa triunfal en mi cabeza. “Si eres un cobarde, la perderás. Sí.
Odiaba que todo se hubiera extrapolado de tan mala manera. No supe, por un momento, qué responder. ¿Merecía la pena? ¿A qué vino tanto miedo al escucharlo interrumpir?
Y fue cuando lo vi tremendamente claro. Me había visto vulnerable. Pero no como pudiera sentirme en momentos puntuales al no saber cómo actuar. No. Era ser realmente vulnerable, por todos esos traumas liberados por aquella mirada zarca, que ya creía olvidados -no superados-, que me dio verdadero pavor que aquel dragón los supiera.
Ahora empiezas a hablar claro y a ser transparente, por fin.
"No...", emití, aún incrédulo por esa revelación, escondida tras un telón que ahora se levantaba. Aquello era tan grande que fui consciente de forma inmediata de lo que se me veía encima.

Y entonces, un escozor en mis azules me hizo parpadear repetidas veces. Con ello, aquella concentración en la conexión con el dragón pareció quebrarse. Conseguí enfocar mi mirada para encontrarme con la preocupada mirada de Kya. Su gesto ligeramente extraño, llamó a mi incomprensión hasta que, en lo que fueron instantes, me di cuenta de la tensión que agarrotaba todos mis músculos. Fui consciente de todo, nuevamente, hasta de ese algo que aprisionaba en mi derecha. La mirada se me desvió sutilmente, hasta que vi lo que era-. ¡Ah! -exclamé, liberando finalmente su mano, de forma un tanto brusca. Adquirí inmediatamente un gesto de preocupación, volviendo a ser consciente de la situación. Y, sobre todo, de su mano enrojecida. ¿Había sido yo? Entreabrí los labios, sin saber bien qué decir. Me di cuenta de su mano en mi otro brazo, en lo que mis azules, la siguieron para mesar la lastimada-. Lo siento, yo... -pasé saliva, con el ceño fruncido, consecuente con mis actos. Aunque no fuera del todo consciente- ... no quería. -añadí, sin estar del todo seguro que cualquier disculpa que pudiera articular, llegara a servir de algo. Exhalé pausadamente, ignorando todo lo demás. Con esa mano que había supuesto una dolorosa prensa para ella, busqué temblorosamente la suya, con una suavidad y delicadeza renovadas. No tardé en añadir mi mano izquierda, masajeando sutilmente la de Kya, como comensación silenciosa al hecho de haberla lastimado. Tuve el gesto de alzar las tres manos, hasta rozar mi propia nariz con el dorso de la de ella para, instantes después, elevar mis turbados azules a los suyos-. Es-... -titubeé por un momento. Tragué saliva, en lo que recuperaba la firmeza que aquel dragón y ese descubrimiento me habían robado. Finalmente, bajé las manos, llegando a sostener ahora la suya con tan sólo una de las mías- es hora de que me vaya, Kya. -concluí, con la voz apagada.
Necesitaba alejarme. O no. Necesitaba poner toda esa maraña de sentimientos en orden. O intentarlo al menos. Y era algo que tendría que hacer solo. Lejos de aquella granja y, tal vez, lejos de las cuevas también.
No podía saberlo con exactitud en ese momento.
Aunque sí sabía que no estaba para nada seguro de querer irme. Y menos así.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Sáb Ene 28 2017, 05:47

Para cuando el pelirrojo había soltado su mano, ella volvió a sentir sus dedos, aunque un hormigueo entumecido en las puntas de estos le avisaran que el dolor era consistente y muy apremiante, ganas de apretar su brazo y frotarlo con fuerza para calmar el dolor que carcomía sus nervios hasta su hombro, no le faltaban, deseando que las lágrimas se contuvieran por mucho más tiempo en sus lagrimales, con su corazón acelerado por ello y la sensación que él le había transmitido con solo verle a los ojos. Se vio abrumada hasta los huesos y la médula misma de estos, por la cantidad de emociones que esa mirada había contenido y por el dolor entremezclados. Pero, aunque el dolor secase su garganta sus ojos azules estaban puestos en los de él, escuchando como torpemente se disculpaba y una re semblanza a ella la hizo sentir un hueco en el estómago. Sin apartar su mano derecha del brazo izquierdo del pelirrojo, mordió su labio inferior antes de acercarse un paso más y aún en silencio escuchar sus palabras entrecortadas-...Está bien... no duele demasiado –dijo con suavidad, esbozando entonces una muy pequeña, cálida y casi vulnerable sonrisa al ver como él tomaba su mano de nuevo como si esta fuese a romperse de alguna forma.

Y pudo sentir un escalofrío, porque el tacto de los dedos masculinos entre el dolor era como una especie de bálsamo sanador que amortiguaba y apaciguaba las aguas que los ojos contrarios habían revuelto con fiereza, entre miedo, horror, dolor y tristeza. ¿Qué tanto había pasado para encontrarse así? Los dedos femeninos rozaron la áspera mano apreciando un gesto tan dulce como aquel, que nadie en toda su vida había tenido con ella, nadie. Los masajes ayudaron a que la circulación mejorara indudablemente y sus dedos se sintieron menos entumecidos entre su calor.


Y aunque ella solo reservaba sus cariños para ella misma, algo se derritió en su interior al ver como de los masajes pasó a acariciar tan dulcemente el dorso de su mano con su nariz, díganle loca pero eso. . . le hizo sentir como si....el aire se densara en sus pulmones, llenándolos con algo más complejo que el aire, seguido por escalofríos y ondas de algo... que era mayor que ella, mayor que todo aquello que pudiera haber sentido y por supuesto...algo que ahora estaba allí sin ser visto. ¿Entendimiento? El cálido respirar contra su piel provocó escalofríos, ese gesto tan simple, tan dulce, puro, tan inocente, tan tierno... había creado un aprensivo nudo en su pecho que no pudo controlar y sin darse cuenta se vio a si misma queriendo llorar. ¿Por qué? ¿Por qué? . . . ¿por él? ¿por el miedo en sus ojos? ¿por el temor que irradiaba al respirar y apenas intentar reparar el daño con gestos que solo alguien lo suficientemente tierno realizaría de ese modo? La ternura de Trystan había tocado en ella un punto ciego que estaba según ella “enterrado”, no.… ya no. 


Sus ojos azules miraron los del pelirrojo, sin darse cuenta que sus dedos luchaban por mantenerse sujetos al agarre de él escuchando como con una voz en extremo triste, murmuraba anunciando su retiro. Entre pulsaciones emocionales abrumadoras, sus ojos queriendo derramarse en lágrimas, el dolor de su brazo y el gesto tan inocente de él, Kya no pudo más. 


Y avanzando con lentitud, soltando su mano solo en el último momento, extendió sus brazos y sin importar nada más.
Lo abrazó.


No fue brusca, ni agresiva, fue un abrazo tierno que, aunque no contenía fuerza alguna por el dolor aún latente representaba mucho más de lo que las palabras, explicaciones o escusas pudiesen formular, apoyando su mentón en uno de sus hombros, viendo como el cielo y las nubes mismas se movían y creaban su rumbo y entre ellas formaban patrones diversos. Sus brazos envolvieron el cuerpo del pelirrojo, mientras una única, silenciosa y muy pequeña lagrima se perdió por su mejilla derecha hasta caer en su mentón y desaparecer. No debía irse si no deseaba, ni debía disculparse con ella, ni retirarse como marginado. Con dolor de ver a alguien sufrir tanto sin saber exactamente por qué. Cuando más creía que no podía sentir más allá que la agonía propia, se encontraba con este hombre que le demostró lo contrario, cuando creía que nada podía sorprenderle, había llegado y le había sorprendido en un solo día...

Y entonces es cuando más deseó que el tiempo se detuviese. Inhalando y exhalando suavemente.


No deseando que él se fuera de ese modo, sintiéndose así. Permitiendo que su mano derecha acariciara su espalda con lentitud, murmuró en voz dulce- Estoy bien, estoy bien...–dijo suave y como aún estaba abrazándolo, cerca de su oído. Sin apartarse sintiendo un nudo en su garganta que le hizo cerrar sus ojos un segundo, siendo consciente que a lo mejor su mano izquierda estaría bastante inútil por unas horas. Su diestra quiso subir y acariciar los cabellos rojizos, pero pecando de avergonzada dudó antes de hacerlo, pero colando su brazo por sobre su hombro izquierdo, dejó que sus dedos rozaran un poco sus rizos antes de darle tiempo de respirar y tranquilizarse. Deseando transmitirle con ese gesto tan suave y dulce como la caricia realizada por él en su mano, que ella no necesitaba disculpas y que fuese lo que fuese lo que le hubiese puesto así. Mejoraría. 


Sin saber cuándo o como. Lo haría.


Tormenta a sus espaldas resongaba y relinchaba tranquilo, el sonido de la brisa fresca entre los arboles y los campos se dejó escuchar. Solo eso y mas nada, solo respirando el aire puro en ese abrazo que ella entregaba en respuesta a alguien que había abierto sus emociones de esa manera. A alguien con quien había conectado de una forma que no podía comprender. Y seguramente él también lo había notado.




"Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos."
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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Sáb Ene 28 2017, 18:23

En lo que intentaba recomponerme frente a Kya, teniendo un gesto tierno con ella como pequeña compensación a todo el dolor que le había causado, mis demonios conquistaban mi interior, haciéndolo arder hasta las cenizas. “Hombre malo, le has hecho daño.” ¡Y cuánto podía sentirlo! Impregné mis azules en una tremenda disculpa en cuanto los alcé para buscar los suyos. Tal vez, si en ese mismo instante no hubiese habido más, habría encontrado ese oásis en el desierto que me ayudara a recuperarme, para poder seguir mi camino. “Eres un peligro, Trystan.” No obstante, la voz del dragón siguió martilleándome, siendo consciente de que su conclusión no iba tan mal encaminada.

Abrir bajo responsabilidad propia:
... Una niña pequeña acabó acercándose a mi torturador, con un miedo indescriptible en aquellos titilantes ojos glaucos que se clavaron en mí, rogándome ser su salvador. Y antes siquiera de que pudiera quitarme la angustia que secaba mi boca para contestar, aquel indeseable le cercenó parte del brazo. La niña empezó a llorar de súbito, aullando con el terror escrito en cada movimiento suyo, echando la mano que aún tenía al brazo sangrante para tapar la herida, para detener la sangre expulsada a borbotones, cosa que no consiguió, llegando a salpicarme. Como respuesta inmediata, forcejeé violentamente, incorporándome a empujones y algún que otro puñetazo que logré acertar en un pómulo o abdomen. Para mi desgracia, seguían siendo demasiados para no reducirme, aprisionándome las manos mientras me volvían hacia su señor-. ¡Maldito bastardo! -grité sin poder contenerme, loco de rabia-. Matar a una criatura por un nombre que ni te interesa... Luego no preguntes por qué nos unimos contra animales como tú. -espeté, clavando en su figura mis azules prácticamente inyectados en sangre, acumulando un halo acuoso de impotencia por no poder salvar a aquella chiquilla que se desangraba delante de mis narices. La niña. Volví entonces mi mirada a ella, a tiempo de ver cómo la luz de aquellas brillantes esmeraldas se apagaba para siempre.
Oh, dioses, ¿qué he hecho?

Aquella primera tortura se reprodujo con tremenda nitidez en mi cabeza. La muerte de aquella pequeña me había marcado mucho más que lo que pudieron hacerme después. “No pudiste salvarla. Ni a ella, ni a ninguno de los pequeños que estuvieron delante de ti.” Aquellos niños. Habría muerto una vez por cada uno si con ello, los hubiera salvado. Y, sin embargo, era yo el que seguía con vida. “Egoísta.” Mis pupilas se empequeñecieron levemente, comenzando a preguntarme si, después de todo, aquel dragón estaba consiguiendo derrumbar todos mis principios, haciéndome ver esa retorcida realidad que, quizás, yo no había querido ver hasta ahora. Podía ser que mi vida en los últimos tres años, había sido dar la talla como cabecilla de la Resistencia. “El cargo de líder siempre te vino grande.” Y otro golpe más. Tantas muertes por órdenes mías... Ni siquiera supe cómo era posible que aquel dragón lo supiera. Tal vez, había entrado de lleno en todo mi ser, al encontrarme en un momento en el que mi esencia como humano había quedado al descubierto. “Admítelo, que te desafiara te dio la excusa perfecta para perder el cargo y así no admitir tu fracaso.” Mis pulmones colapsaron, llegando a soltar una última exhalación, coincidiendo con ese imprevisto movimiento de Kya, en el que me rodeó con sus brazos. En contraste con su estabilidad, fui consciente entonces de ese temblor que castigaba mi cuerpo. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí comprendido y desprotegido al mismo tiempo. Mis brazos, demandantes silenciosos, correspondieron ese abrazo, llegando a presionar a Kya contra mí. Mis ojos se cerraron con fuerza en lo que apoyaba mi mentón en su hombro, dejando que su presencia calmara ese infierno interno y dantesco de algún modo. Quizá, estuviese pidiéndole demasiado, sin mencionar palabra.
Porque, pese a todo, había algo que me hacía sentir que no estaba con alguien desconocido. Todo por una simple mirada...
Estoy bien, estoy bien...

Estaba bien. Por una muy feliz casualidad, yo no había llegado a más. Había conseguido volver a tiempo para evitar hacerle aún más daño. Mil suposiciones se agolpaban en mi cabeza, causandome demasiada confusión para llegar a una conclusión clara en ese momento. Y mientras estuviera confundido, la claridad en mis acciones no podría darse. “Por fin, muestras lo que realmente eres...
"... No...", volví a todas esas miradas de desaprobación que sentí en mi figura en tantas reuniones posteriores al famoso atentado. Nadie era capaz de ver el efecto que habíamos causado, pues las muertes de tantos estaban en contra. Y resultaba injusto cuando todo se había hecho por consenso.
Un monstruo.
"No." ¿De verdad lo era? ¿Tan cegado había estado?... ¿Tanta razón tenía tenía aquel dragón? Monstruo podía llegar a ser... pero desde luego, no era más que él.
Un peligro.
"... Basta." No tenía razón. ¡No podía tenerla! PAsé días convenciéndome de que no era tan perverso como él me quiso hacer ver. Mas responsable de muertes humanas. Lo que no conseguía recordar nunca era que, esos humanos habían tenido la opción de elegir, frente a todos esos congéneres de mi propia raza que habían muerto en sus manos, sin esa posibilidad.
¿Por qué sigues luchando?
"¡BASTA!" Por algo había abandonado las alcantarillas. Esa voz repiqueteando en mi cabeza había ensombrecido mi humor tanto. IR a las cuevas, a una distancia prudencial de Talos había sido el alivio que necesitaba. Y que ahora, de forma imperativa, volvía a necesitar.

Mis pulmones parecieron reaccionar nuevamente, haciéndome suspirar largamente-. Lo lamento mucho de nuevo, Kya. -murmuré, separándome con lentitud, hasta tenerla de nuevo frente a mí. E imantado una vez más, sus azules llamaron a los míos-. Últimamente, podría decir que no soy dueño de mí mismo. -admití, sin ser capaz de añadir que llevaba más de medio año así. Una sonrisa suave se dibujó en mis labios, aunque no llegara a mis ojos. No quería irme... pero tenía que hacerlo. Y, aún así, no me moví-. Pero... lo que has hecho hoy por mí, es mucho más de lo que podía haber esperado...

A lo mejor, algún día, podía compensarla por todo esto.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Dom Ene 29 2017, 00:17

El sentir su cuerpo rodeado por los brazos masculinos le hicieron retemblar ya que era abrumadora toda esa cantidad de emociones impresas en el agarre que él le entregaba, como se aferraba a ella, como si fuese el refugio a algo terrible y ella no dudó en corresponderle con la misma intensidad, como si deseara hacerle ver que no podía sucumbir a ese pánico que ella no comprendía, no entendía el frío y palidez de su rostro, no comprendía sus temblores, no entendía el empañar de sus ojos, aunque no se enterara. Lleno de emociones que taladraban sus sentidos, con una sensación superior a toda comprensión, con un algo que le empujaba a apretar ese abrazo como pudiese y a susurrar suavemente “shhshshs” como si quisiera arrullarle, hundiendo sus dedos entre sus rizos pelirrojos, permitiendo que él capturara su cuerpo que se acoplaba a la perfección entre los brazos masculinos. Abrumada, desesperada por no saber que había causado que ese hombre tan noble ahora se desmoronara como arena entre sus brazos.

Añorante, deseoso, temeroso y quizá le recordó mucho a sí misma en muchas cosas. Una punzada de dolor atacó su pecho causando que de cierto modo recordara esa sensación de querer rasgarse el pecho como si deseara desbordar y derramar lo que contaminaba su cuerpo y odiara cada fibra viva de sí misma, una ira que la carcomía y la hacía rogar a quien sabe que, por piedad “déjenme morir” que había sentido ya alguna vez. Una sensación que conocía bien y era superior a todas las fuerzas que poseía, porque incluía el sentirse derrotada, aniquilada y fragmentada en partes que a lo mejor no podría encontrar nunca más, algo feo que querías enterrar en lo más profundo y nunca mostrar a nadie, porque señores y señoras, no era algo que mereciese la pena. Anclando sus dedos apretó el abrazo con firmeza recordándole con este que estaba allí y ella era más real en ese momento y él correspondió a ese abrazo apretando del mismo modo y por un tiempo más sintió que sus temblores continuaban recorriéndolo. Porque solo hasta ese momento se había dado cuenta de que en realidad no iba a merecer la pena si dejaba que eso gobernase su vida.

Lo dice la que se estaba rindiendo.
Pero algo en ese momento le había hecho abrir los ojos a una realidad distinta, un propósito, una razón. Al recordar y conversar sobre esas cosas que ahora representaban un objetivo.

La fuerza con la que aprisionaba su cuerpo, no le era ajena. Era una fuerza de increíbles proporciones que la hacían preguntarse muchas cosas, no dudaba en que él era humano, pero algo tenía que le hacía ser distinto. Dejó que aprisionara mucho más su cuerpo, enredando sus dedos entre sus rizos en caricias suaves y dulces, lentas y rítmicas como si deseara que eso le transmitiera certeza. Mientras se aferraba a la idea de que no podía permitir que algo lo dañara más de lo que ya estaba. Frustrada al punto de querer ayudarle, pero no saber cómo, sin poder encontrar una respuesta a todo ese torbellino de ideas que azotaba su conciencia, sumergiéndose en el espacio desconocido de los sentimientos como si una almena en ella se encendiera, ardiente y con mayor ímpetu. Como si deseara que ella misma y sus emociones fuesen la guía que él podría necesitar.

Sus ojos azules cristalinos no derramaron más lágrimas, pero centellearon con determinación, sintiendo como él pareció tomar aire como si fuese a saltar de un borde al vacío, como si quisiera un golpe de realidad y despertar de lo que fuese que le tuviese así de aterrado. Separándose finalmente con la sensación que su cuerpo no era suyo, impregnada en ese aroma de él que seguro preservaría como algo nuevo y especial. Escuchó lo que comenzaba a decir y el tono en que lo decía, encontrando sus ojos como por inercia, como si los unos llamasen a sus iguales, como si se necesitara mirar en ellos como ventanas al alma, como quien se asoma para asegurarse que todo está bien y la elección de palabras le pareció absurdamente similar a la suya al inicio de aquella tarde que liberaba matices dorados como si el día estuviese avanzando demasiado rápido y no se hubiesen dado cuenta de todo el tiempo que había pasado. Las palabras formuladas de ese modo le hacían ver que había algo más allá que él buscaba esconder. Tal como ella. Pero él no estaba listo ese día porque ese proceso de recuperación necesitaba más de un día, así como ella necesitaba pensar... y mucho. Parecía que ambos guardaban algo que habían podido ver con claridad en los ojos del otro y tampoco era ajena a la paz que había sentido a su lado. Como tampoco aquello que no podía ignorar.

El dolor en su brazo, palpitante, le recordaba que tenía que revisar los daños antes de hacer cualquier otra cosa, pero conteniendo el nudo en su garganta y luego de haber derramado sus respectivas lágrimas de desahogo, solo deseaba maldecir al cielo un poco y estaría mejor, pero tendría que pedirles a los primos de su hermana que se ocuparan de sus labores en los campos por unos días- No tienes que disculparte conmigo... –dijo negando con una voz muy suave y una sonrisa cálida y segura para transmitirle al pelirrojo cierta nueva vibra de fortaleza de su parte. Atreviéndose un poco, extendió su mano derecha hacia la izquierda de él y tomando solo su dedo índice en un gesto tierno, acarició con suavidad con su pulgar, parsimoniosamente escuchando sus palabras, sabiendo que en realidad de alguna forma ella no deseaba que él se fuera. Un nudo se formó en su garganta y sin apartar sus ojos de los de él, avanzó intentando liberar su dedo con dificultad... porque no deseaba hacerlo, observando como parecían estar pegados al suelo, entre inhalares y exhalos suaves. Pesados como si arrastrasen un ancla- Sé que no tengo que decírtelo... –dijo suave, sin detener aquellas caricias en su dedo, mirándole sin interrupción- Gracias... –susurró suave mientras se forzaba a dejar su dedo en una sutil caricia.

Con ello, solo fue necesario un gesto de sus cuerpos para saber que era el momento en que tenía él que irse, aunque no lo deseara, desensillando el caballo, salieron de los corrales, en completo silencio nada incomodo hacia la casa principal, ella mirando sus pasos, mirándole de reojo conteniendo cualquier señal del dolor que sentía aún. Mostrando su mejor cara, estaba acostumbrada a hacerlo y estaba segura que si le daba oportunidad el pelirrojo este podría ver tan claramente como ella había podido sentir y ver en él. Por lo que, en la entrada de la casa, se detuvo y nuevamente haciendo un esfuerzo sobrehumano, le detuvo con su mano izquierda, que le transmitió dolorosas pulsaciones, pero aun así presionó un poco- Espérame aquí... –dijo con suavidad y sonriéndole, ignorando su expresión de confusión. La muchacha corrió al interior de la casa y ya adentro, fue a la cocina donde tomó un tazón y colocó carne, patatas y zanahorias que permanecían calientes gracias a reposar sobre los carbones que ya estaban apagándose, vertió salsa encima y buscó una hogaza de pan y aunque casi se corta un dedo por hacerlo con una mano, logró cortar el trozo perfecto para que acompañara con la salsa. Colocando una tapa lo envolvió bien en telares rústicos y ató con un nudo perfecto que realizó con su diestra y sus dientes. Así como tomó una de las cantimploras de viaje y destapando aquella la llenó con agua fresca de cántaro, volviendo a taparlo y ingeniándoselas tomó ambas cosas para salir de nuevo.

Ante la mirada sorprendida del pelirrojo, sonrió cálida- No te vas a ir sin llevarte esto. Come cuando puedas, apenas tocaste el plato allí adentro...está tibio, así que te vendrá bien...-extendió con su diestra el tazón envuelto y esforzándose le extendió la cantimplora de cuero- y agua fresca...para el camino y no te atores comiendo –dijo esperando a que los tomara. Con una sonrisa dibujada en sus labios que no cambiaba de matiz en lo absoluto. Aunque por dentro quisiera correr a curar su mano e inmovilizarla luego de aplicar alguna solución que le ayudara al dolor. 



Sus ojos azules puestos en los de él, memorizándolos y preservándolos.


Marcando un precedente para ambos. De aquella manera imperfectamente perfecta y que el destino se había jugado de la mejor manera con su mejor mano.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Dom Ene 29 2017, 18:05

De no haber sido un momento tan intenso, aquella visita a su granja, no me habría perturbado del modo en que lo había hecho. También era necesario mencionar que el dragón supo manejar sus cartas, aprovechando esa vulnerabilidad que consiguió ver. Antes de aquello, pensaba que había salido parcialmente victorioso, al sobrevivir a la tortura y no ser de gran ayuda a ese maldito reptil. Pero ahora, sabía dónde atacar, dónde lanzar el órdago para que yo perdiera la partida... y los papeles.
Y, todo mi mundo, se me había venido encima.

De haber tenido el autocontrol necesario, Kya no habría salido lastimada. Era ahora, teniéndola entre mis brazos, que mantenía la presión justa para no hacerle más daño. Pero, por otro lado, no podía dejar de reflejar ese profundo agradecimiento por lo que había hecho, sin necesidad de mencionar palabra. Los astros parecían haberse alineado para encontrarnos ambos en el momento preciso.
Dos desconocidos compartiendo un concreto instante en las diferentes vidas de ambos.
Dos caminos cruzándose en un solo punto, sin saber si volveríamos a vernos o qué clase de trayecto nos quedaba a cada uno por recorrer.

Terminé por salir de ese refugio que supuso aquel abrazo imprevisto para mí. Aún tembloroso pero con la entereza suficiente como para poder respirar con algo de normalidad. Hablé, pidiéndole disculpas una vez más, algo a lo que ella misma le restó importancia. Sonreí suave por sus palabras, de hecho. No. No tenía que, pero quise. Su sonrisa, mirada y gesto que dejaba suaves caricias en mi mano, se me antojaron terriblemente tiernos por parte de Kya. Mas una sonrisa amplia se me dibujó en los labios cuando tuvo el mismo detalle de darme las gracias-. No hay de qué. -negué con la cabeza, con suavidad, queriendo pensar que no sólo podía referirse a la ayuda prestada con Tormenta, el cuál ahora parecía mucho más tranquilo.

Para evitarle esfuerzos, fui yo quien desensilló al caballo, dejándole los trastos en la misma cerca de donde los había agarrado. Y sólo entonces, pusimos rumbo a la entrada de su casa. El silencio que nos acompañó en ese pequeño camino no fue incómodo. Es más, mis azules se desviaron, sin poderlo evitar a esa mano que había presionado malamente. De hecho, cuando ésta subió a mi brazo, presionando suavemente, mi ceño se frunció de forma instantánea. A tiempo, alcé mi mirada confusa a la suya, en lo que Kya me pedía que esperase. Sin demora, se metió en casa y, decidí, mientras esperaba, desatar las riendas de mi montura que había esperado pacientemente desde que llegara a aquella granja.

Cuando escuché de nuevo la puerta, volví a buscar su figura, sorprendiéndome por lo que traía-. Pero... -quise replicar-. No es necesario... -articulé, aunque Kya me lo tendiera de igual forma. Me pareció del todo observador que hiciese apunte a lo poco que yo había podido comer, razón por la cual -quise pensar-, que me proporcionaba alimento para mi viaje. Finalmente, acabé sonriendo, ignorante del tremendo esfuerzo que ella estaba haciendo para aguantar el dolor. Me hice con lo que me tendió, dejando un roce involuntario en una de sus manos, con gesto agradecido-. No servirá de nada que me niegue, y lo acepto de buen grado. -enarqué una ceja, como discreta capitulación, queriendo calmar esa inquietud que pudiera tener-. No es algo que vaya a olvidar con facilidad, Kya. -no tardé en montar en el caballo y dedicarle una última mirada y sonrisa que hablaban por sí solas antes de espoliar al caballo y empreder el camino de regreso a las cuevas, con más turbación que con la que las había abandonado.
Si de algo podía estar seguro, era de que ya no era el mismo.
Quizás, en algún momento, regresara.

Al menos, para devolverle el cuenco y la cantimplora, digo yo.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Lun Ene 30 2017, 15:49




Aquel roce, pareció contener estática sobre sus dedos, robándole una sonrisa cálida por su silencioso agradecimiento y por supuesto genuina ante sus palabras. Ladeando un poco su cabeza, sin borrar aquella sonrisa, murmuró en contestación- Menos mal, si no me iba a poner terca –dijo levantando ambas cejas con sorpresa y determinación en su mirada azul, aliviada porque el peso de las cosas ya no estaba y que él hubiese aceptado lo entregado- Me alegra saberlo... –dijo levantando su mentón en señal de un falso capricho humorístico para intentar robarle a él una sonrisa por igual, viéndole caminar hacia el caballo, montar en este y....
Mirarle.

Mirarle y sonreírle de ese modo que le mantuvo la sonrisa en sus propios labios mientras alzaba su mano derecha y con esta despedía al pelirrojo, quedándose al verlo desaparecer en la lejanía. Sin darse cuenta se quedó mirando aún a pesar de que ya no viese nada. Y una especie de peso apretujó su pecho, tensando sus labios un poco, finalmente lidiando con ese sentimiento de temor por no encontrarse con el ojiazul de nuevo. Pero sacándola de sus pensamientos el viento, por fin pudo mover su mano derecha y con esta tocar su brazo, deslizando sus dedos y su mano hasta su extremidad lastimada para sentir la sensibilidad de esta, sus dedos palparon las formas de sus músculos, tocó sus ligamentos que podían sentirse bajo la piel, hasta que dio con los huesos metacarpianos y una punzada de dolor le indicó que allí los ligamentos estaban heridos. ¿Cómo sabía esto? Estudiar la anatomía había sido uno de sus campos y con los conocimientos que estaba acumulando en sus clases y la información que obtenía de a pocos, junto con sus conocimientos en traumas, podía reconocer la lesión, sus dedos palparon las articulaciones dándose cuenta que los huesos carpianos también habían sufrido.


El dolor era intenso, tanto que finalmente uno de sus ojos derramó una única lagrima que secó casi de inmediato para girarse y caminar de regreso a la casa, retemblando ligeramente por lo profundo que era. Para atender cuanto antes la inflamación y así poder empezar con el trabajo de rehabilitación cuanto antes. Por suerte había aprendido mediante observación y practica supervisada, como sanadores de Isaúr ayudaban a los pacientes con lesiones internas a recuperar movilidad, acostumbrar a que caminaran o entrenaran y re aprendieran cosas. Había aprendido los procedimientos que eran aplicables y activos. Por el nivel de lesión creía que era necesario acostumbrar su mano de nuevo a ligeras presiones y poco a poco darle más que aguantar hasta que estuviera en óptimas condiciones como su mano derecha.


Cerrando la puerta de su casa se encaminó a realizar cuanto antes lo planeado.


Con una sonrisa furtiva que no parecía borrarse.




Cerrado




"Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos."
Je suis pour toi. Tu prends ma main. . .:




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