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Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Lun Ene 09 2017, 09:39

Suponía que había corrido con suerte de que el inquisidor con quien se quejó, no decidiera llevársela por decir aquellas cosas, menos mal que no lo hiciera. Pero no dejaría de quejarse por todo aquello que la molestaba nunca. No dijo más nada sobre ello en el camino al corral y ahora su atención estaba completamente sobre Trystan y el caballo, viendo como este se acercaba, escuchando sus palabras. Ante su acercamiento, Tormenta Oscura relinchó, toqueteando el suelo con una de sus patas, levantando el polvo, indicando con cada movimiento que estaba alerta, poco a poco él se logró acercar al caballo de piel negra brillante bajo el sol, sin quitar los ojos de él. 

Nunca había tenido un caballo propio, era algo nuevo para ella que le daba cierto temor por ser un animal nuevo en la granja, la muchacha sonrió entonces un poco más, al escuchar lo que agregaba sobre que era hecho para ella- Me di cuenta… -formuló bromista, escuchando la afirmación que probablemente la hizo sentir cierto nivel de vergüenza ¿había intentado ensillarlo de una vez? Pues…ella solo desvió el rostro hacia un lado en señal de que precisamente había cometido ese error- Oh calla, no es que lo intentara a la primera....-hizo una pausa-....bueno, a lo mejor si...pero...arg.....olvidalo... -musitó llevando una de sus manos a sus labios, mordiendo la uña de su dedo pulgar derecho.

Emitiendo un suave sonido de carraspeo volviendo sus ojos azules a los masculinos, apreciando como el caballo dejaba que él le acariciara y resoplando se dejaba querer, cosa que esa mañana no había dejado en lo absoluto-…eres un hipócrita Tormenta…el también es un extraño... -murmuró suavemente, cuando notó como Trystan sujetó al animal con cariño y lo acercó. Los pasos del animal dejaron huellas en la tierra amarronada, revuelta y seca, la suave brisa soplaba y continuaba jugueteando con los árboles, el pasto, la tierra misma del corral y la tranquilidad que desprendía el silencio de la naturaleza acompañado del resoplar del animal. Ante las palabras de su ahora conocido, inhaló profundo y subiéndose con facilidad a la madera del corral, cruzó sin problema alguno hasta dejarse caer del otro lado. El sol dió de lleno sobre ella convirtiendo sus cabellos castaños en un castaño rojizo que solo se notaba con el sol y su calida luz.

Acercándose con pasos lentos, extendió su mano sin dudarlo para que la tomara quien le estaba ayudando ahora y con esto, acercó sus pasos y su cuerpo cautelosa para no espantar al pobre animal que seguro ya había tenido suficiente. Ya junto a él dejó que guiara su mano del modo que fuese necesario, pero ella misma se sentía ahora fascinada por la belleza del caballo que tenía delante, parecía pertenecer a la noche, parecía ser de otro mundo que no era ese, el negro de sus ojos, el negro de su piel que delineaba el poderoso y muy hermoso porte que tenía. Para ella no solo el animal era algo nuevo en su vida, pedir ayuda a alguien de ese modo no estaba entre sus acciones normales, era tan terca que no importaba cuanto le tomara, pero siempre lo hacía todo por ella misma. Como tambien era nueva la sensación apenada de permitir a alguien verle en aquella faceta dudosa e inusual, siendo que siempre tomaba deciciones importantes.

Los ojos azules de la muchacha buscaron los ojos azules del pelirrojo de cabello rizado, como si una re-afirmante pregunta se dibujara en su semblante. El caballo se removió un poco, pero quieto resopló de nuevo balanceando su cola, moviendo su cabeza con inquietud demostrando cuan dudoso era- es hermoso...¿no es verdad?.... -susurró suave solo audible para su acompañante esbozando una sonrisa antes de volver su atención a la criatura.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Vie Ene 13 2017, 22:53

Reí con suavidad por ese gesto digno, intentando que pensara que no había acertado al suponer que no se había entretenido en hacer que el animal confiara en ella antes de colocarle la silla en el lomo-. No es ningún crimen no hacer las cosas bien a la primera. -murmuré. Como bien había dicho la muchacha momentos antes, el tener una montura propia era algo del todo nuevo para ella. No iba a regodearme en su pequeño error ni un solo momento más. Yo ya no era el mismo desde hacía unos años por todo lo que me había ocurrido, pero aún tenía la opción de ser cruel, siendo algo que en actitudes ajenas me incomodaba y molestaba muchísimo. Y aún tenía problemas con esa ira que me desbocaba, acercándome más a la descripción de un asesino sin escrúpulos que a un ser humano, cabal y medido.

No obstante, a pesar de mis pensamientos, ese reproche de Kya al caballo, marcó la sonrisa en mis labios. ¿Podía ser eso envidia mal disimulada? Aquel animal tenía sus propias reacciones a nuestras propias acciones. Y sí, no dejaba de ser un desconocido para él. Pero... - Tú has reaccionado igual de amable a pesar de que también soy un extraño para ti. -enarqué las cejas fugazmente, mirándola divertido. Otro punto que el animal y su dueña compartían, pensé con la diversión aún brillando en mis zarcos.

Aún con la mano extendida hacia ella, esperé a que saltara la valla, sintiendo la suavidad de sus dedos frente a la aspereza de los míos, segundos después. Hubo una turbación en el ambiente. El aire mecía las lejanas copas de los árboles y la hierba a ras del suelo, simulando el mismo movimiento ondulante de las olas en pleno mar. Una suave caricia natural que llamaba a la calma. Algo muy irónico con esa tensión silenciosa que se vivía en los últimos tiempos. Esa falsa tranquilidad previa de la que los depredadores -fueran quienes fuesen-, solían sacar provecho. ¿Por qué no disfrutar de ese remanso, sabiendo la guerra que se cernía sobre nosotros? ¿Conseguiríamos cambiar algo? ¿Conseguiríamos sobrevivir para verlo? Miré a Kya de refilón un momento, en lo que guiaba su mano, asida a la mía, en dirección a la frente del caballo. Tormenta resolló, desconfiado, pero no parecía tener intención de moverse. Kya estaba aún tensa y, a pesar de que el animal se dejó tocar, no parecía relajarse con facilidad. Por un momento, la incógnita de su futuro se me pasó por la mente. ¿Qué pasaría con ella después de ese ataque planeado de Thareon que ocurriría en poco tiempo? Mi ceño se frunció por la incertidumbre, aunque en el momento en el que Kya me miró, me cambió el gesto de la cara a uno más relajado. Llegué a sonreír y todo. Mis azules chocaron con los suyos, tal vez, llenando ese silencio entre ambos con unas palabras nunca dichas reflejadas en el iris de mis ojos-. Mucho. -contesté con suavidad, en lo que ambos volvíamos sendas miradas al animal.
Y éste reaccionó mal, al parecer, ante tanta atención repentina. Sacudió verticalmente la cabeza, pateando el suelo con contundencia con una de sus patas delanteras. A tiempo, fruncí el ceño, reaccionando relativamente rápido para apartar a Kya. Tiré de ella, cubriéndola con mi cuerpo, en lo que Tormenta piafaba, alzándose sobre sus patas traseras, amenazante. Una acción que de no haber sido desafiado, habría sido más lenta, sin duda. A pesar de la rapidez, el tirón y la fuerza empleada para protegerla fueron lo suficientemente suaves para no hacerle daño alguno.
El animal volvió bruscos sus movimientos, alterado. Tensé los músculos de mi espalda sin remedio, con la intención de absorber cualquier golpe. Pero en el momento que las riendas ondearon a mi lado, lancé una mano para agarrarlas. Fue entonces cuando decidí actuar-. Quieto. -espeté, con la misma contundencia que el animal había pateado el suelo instantes antes. Tiré de las riendas, limitándole el movimiento. Forzándole a entender que él no era quien mandaba. Mantuve el cuero tenso y mis ojos, con un brillo peligroso clavados en los suyos. Tormenta pareció entender por fin y suavizó sus modos, aunque no dejara de revolverse-. Pues sí que tiene mal carácter. -enuncié con el ceño encogido pero una sonrisa algo desconfiada adornaba mi cara. Giré mi cabeza hacia la muchacha, perdiendo de vista al animal por un momento-. ¿Estás bien?




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Sáb Ene 14 2017, 08:38

Ahora quizá comprendía por que quien se lo regaló decía que tenía mucha semejanza con ella. Y por un momento visualizó en ese caballo el espíritu que batallaba en su interior, amoldado a su diario vivir como si fuese solo una forma de vida que debía aceptar, que habían movido a una tierra extraña y puesta en un lugar donde sentía que no tenía sus raíces. Por inercia dejó que el tacto áspero, cálido y de alguna forma reconfortantemente protector masculino guiara su mano hacia la cabeza del animal, desviando sus ojos hacia el pelirrojo a quien miró a los ojos escuchando lo que decía- Parece que nos caen bien los desconocidos, pero no nuestros semejantes… -contestó con cierta ironía y una expresión “casi reprochante” ante la diversión de su acompañante. No estaba molesta y claramente podía notarse que solo seguía de algún modo aquel juego de palabras bromista entre ambos a base de las acciones realizadas.

Estaba tensa, como si de alguna manera comprendiera que la calma era solo un velo y tarde o temprano se quebraría y se rasgaría en tiras o pedazos desmenuzados que terminarían en polvo o nada, revelando algo peor, entregando una, luego otra y otra. Sintiendo el retemblar de sus nervios internos hablándole como si un presentimiento se derramara y causara un desastre. Tormentoso como lo era ella, como lo era el corcel que ahora dilataba sus nasales entre resoplidos inquietos, hermoso y a su vez iracundo y contenido. Como ella. Inquieta, pensativa hasta que sus azules ojos se encontraron con los de él, sin necesidad de decir nada más, parecían comprender las palabras que se dibujaban en los ojos reflejantes. Pero en esa última caricia, pareció captar la inquietud del animal y en menos de un segundo pasó a romper el silencio con un relincho, golpeteando el suelo de tierra, alzándose.

Y como si el tiempo se hubiese relentizado, se encontró a si misma contra el cuerpo de Trystan, protegida y perdida en aquel vórtice de tiempo en que incluso el sonido del mismo viento se había esfumado y convertido en silencio sordo. Sin saber muy bien como asimilar el iracundo arranque de miedo que el animal a las espaldas de su acompañante estaba desatando sobre ellos. Sus sentidos fueron invadidos por un tornado de sensaciones nuevas, que explotaban con la adrenalina de reaccionar para apenas poco a poco levantar su rostro por sobre el hombro masculino y ver el imponente caballo alzado sobre sus patas- Trystan… -susurró ahogada casi sin poder escucharse a ella misma. Impactada, estremecida y a su vez calma como si estuviese en el ojo de un huracán, que destruía todo a su paso y en el centro se conservara el silencio. Sus manos aferraban las ropas masculinas y como si ese vórtice que había absorbido todo el sonido se terminara, repentinamente con un paso atrás. Lo vio tomar el control del animal que tiró por sus riendas y buscó ordenarle que no continuara.

Y ella fijó sus ojos azules en los negros del caballo, que continuaba removiéndose ante el agarre como si estuviese decidido a continuar despotricando por la vida, por la libertad, por respirar, por escapar. Y pudo sentir como si en realidad finalmente comprendiese un poco más al animal que rezongaba y resoplaba con furia contenida, con su sangre caliente y piel azabache como la noche brillante por el sol. Sus ojos azules se encontraron con los iguales masculinos y asintiendo un poco murmuró-…estoy bien… -habló sintiendo su corazón latir doloroso contra el pecho, como si desease desgarrar su camino fuera para escapar de la movida tan agitada. Trató de sonreír, pero aquella situación no estaba ni cerca de acabar por el momento. Ya que una angustia se acumulaba y presionaba en el centro de su pecho y volvió sus ojos hacia el animal que parece haber aprovechado que Trystan se había descuidado para jalonear y liberarse y alzándose sobre sus patas traseras, relinchó y despotricó de nuevo apartándose- ¡TORMENTA! –gritó ella extendiendo sus manos viéndolo a sus ojos oscuros que reflejaban con bellos destellos tenebrosos la silueta de ambos.

Al escuchar el grito femenino el animal bajó sus patas y golpeteó el suelo rezongando de nuevo, mientras ella lo miraba de perfil, sujetando la rienda con mano firme y tiró de esta para intentar controlarlo-…lo sé…-susurró-…lo sé… -repitió una y otra vez murmurando-… Lo sé… -murmuró entonces notando como el animal se removía y luchaba contra su agarre más levemente, pero estaba cansado, se notaba agotado por tanta lucha, tanto miedo y a lo mejor, tanta terquedad que reflejaba en sus reclamos ante las manos que sujetaban con firmeza las riendas y en lentos balanceos parecía mirar a ambos-…A veces me siento como él… -susurró entonces aflojando con lentitud el agarre demostrándole al animal que no jalaría más. Con un nudo en su pecho un exhalo escapó de sus labios antes de siquiera permitirse retroceder un poco y mirar al pelirrojo con una expresión de absoluto ajetreo y nerviosismo en su rostro. Antes de volver a mirar al temperamental animal que poco a poco al verse liberado dejó de resoplar.

Parecía estarlos viendo y tomándose su tiempo para moverse, el hermoso animal en medio de aquella calma, se quedó inmóvil. Como si analizara sus opciones, como si fuese tan nuevo para él como para la chica estar allí, como si el recibir tanto afecto fuese algo que nunca había experimentado y a su tiempo…empezó a acercarse buscando primero el tacto del pelirrojo que le había tocado primero, tanteando con su enorme cabeza en la búsqueda de una repetición de aquel gesto que tanto le había espantado primero. Tanteando las posibilidades infinitas de descubrir aquella mano gentil, removiéndose antes de mirar a la chica y relinchando empujarle con cierto cariño y aunque fuese algo extraño también tantear por el acercamiento a ambos. Volviendo su atención al pelirrojo entre gestos y sonidos que demostraban su recelo acompañados de un malhumorado gusto por ello. Logrando que la mujer levantara su rostro un poco y arqueara una ceja antes de murmurar- ...Ahora entiendo por que  lo trajeron a mi...que buen chiste...-agregó escuchando un relincho nuevo como protesta a su comentario.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Dom Ene 15 2017, 00:55

El temblor suave que recorría su cuerpo me habría pasado desapercibido de no haber sido por mantenerme tenso, al igual que sus dedos aferrándose a mis ropas. La exaltación del caballo nos pilló completamente por sorpresa, aunque pude reaccionar a tiempo. No era difícil adivinar que Kya no se había visto en una experiencia así antes. Podía entender ese miedo que emanaba de ella, que bien podía haber convocado a esa pequeña bestial en la que me había convertido más de una vez... Kya tuvo suerte de que ya el miedo no me afectase por todos esos ejercicios de autocontrol en compañía de Thareon y de que no fuera precisamente éste el que me hacía perdeme totalmente en un estado enajenado que aún no llegaba a controlar del todo.
La ira seguía siendo mi principal problema.

Fue ésta la que brilló en mis azules, en una advertencia velada que el animal supo ver y entender. Conseguí el punto perfecto para que el caballo no llegara a sentir miedo y se tranquilizara. Pero subestimé al corcel, quien aprovechó ese momento en el que yo quise asegurarme de que la muchacha estaba bien, para encabritarse de nuevo.
Esta vez, fue la propia Kya quien le plantó cara a Tormenta Negra, habiéndome pillado desprevenido a mí. La montura, tras ese amago violento, se calmó, dejando que la chica se acercara y le susurrara. Algo hizo click en esa escena para mí. Pude ver aparecer ese vínculo existente entre cualquier animal y su dueño. Un vínculo que podía ser intenso si se tenía la exclusividad que tenía Tormenta Negra en su caso y ese espíritu libre que poseían ambos. Inspiré y espiré en silencio, disminuyendo la tensión en lo que el caballo y Kya tenían ese primer encuentro. La joven emitió un susurro claramente empático, absorta quizás en una retrospectiva de su propia vida que pudo no gustarle. Fui a mencionar palabra pero sus turbados zarcos se toparon con los míos cuando me miró. Y fue entonces cuando me quedé sin saber qué decirle. ¿Qué podía articular?

Unos segundos que me parecieron mucho más largos en los que me quedé estático, casi con una lucha interna por invitarle a que dejara de una vez su cómoda vida y luchara por algo que sin duda sería mejor. Pero, también tenía en mente esa conversación previa, en la que Kya ya había expresado sus razones para mantenerse al margen de aquella vorágine de sufrimiento y lucha que sólo portaba incertidumbre y poca garantía de victoria. ¿Era mejor entonces quedarse al margen? De ser así, quizás me planteara abandonar, largándome con Moira lejos de Talos...

Pero, ¿a quién quería engañar? Llevaba toda mi vida en aquella lucha, pese a esos contados momentos en los que me había planteado desaparecer. Era ahora cuando más seguro estaba de que podíamos conseguir algo grande por fin. Una fuerte sensación de desazón secó mi garganta, obligándome a tragar saliva. Tan solo el tanteo de Tormenta me sacó de mis cavilaciones. Rozaba mi mano cuando mi mirada bajó a ese contacto. El animal hizo por reconciliarse con los dos, buscando ser acariciado, como si nada pasado. He de reconocer que desconfié en un primer momento, para luego elevar finalmente mi mano para repasar su brillante pelaje oscuro de nuevo- ¿Lo dices por el descontento que tenéis con la situación? -inquirí con doble sentido: para el caballo, había sido un momento incómodo que quiso terminar de golpe; para Kya lo había extrapolado a la difícil vida que nos obligaban a llevar, bajo el yugo de una raza supuestamente superior. Busqué su mirada de nuevo, algo más relajado y con media sonrisa en mi rostro-. Dudo mucho que haya una montura más adecuada para ti...




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Dom Ene 15 2017, 02:41

Quizá por todo… -murmuró recordando que para aquellas temporadas estaba pronto a cumplirse el aniversario de la muerte de su padre. Normalmente realizaba alguna cosa en casa que no la llevaba lejos de esos campos, pero mirar a Tormenta a los ojos, acariciarle y conocer su terrible temperamento le hizo sentir el deseo de viajar un poco. Silenciosa mordió su labio inferior con cierta fuerza recordando lo que su madre le solía decir:

“Hacer lo que haces es peligroso, podrías acabar muerta como tu padre. Ya perdí un esposo, no quiero perder una hija”

Y ella no quería perder la razón en un mundo lleno de monstruos, donde nadie quedaba exento de ser uno si se tomaban las decisiones equivocadas o si uno mismo tomaba ese camino porque lo deseaba. Sea como fuese, todos lo eran en cierta medida, el dolor traía venganza, la venganza traía más dolor y ante el dolor el miedo. Sin despegar sus ojos de los del caballo, dejó que su mano en vaivenes lentos acariciara las crines, pasando sus dedos entre estas hasta que Tormenta parecía haberse sumido en una especie de trance que solo era comprendido por ellos. Y ante ese pensamiento, movió sus ojos azules encontrándolos con los iguales, detallando aquella sonrisa ladina que le impregnaba de esa picardía que seguro ya era natural en él. Y fue cuando el recuerdo de aquel movimiento rápido realizado por el hombre en el que había olvidado absolutamente todo, como si en medio de aquella vorágine de locura y desolación hubiese habido una pausa. Golpeó su razón causando una extraña sensación que era nueva. El olor, el sentir y la estática que había herizado hasta el ultimo de sus vellos. ¿Como olvidarlo?

Los labios de la sanadora se abrieron como si fuese a decir algo.
Pero extrañamente las palabras no salieron y allí es cuando los filtros eternos de la mujer hacían su trabajo y callaban un sinfín de cosas que a lo mejor hubiese dicho. O a lo mejor no- Entonces supongo que deberé agradecer a quien me lo regaló…por ser tan asertivo -habló ella con ese dejo de desinterés, aunque ella sabía lo que se fraguaba en sus pensamientos, en su aún estremecido ser, intoxicado de algo más allá de lo que pudiese describir con solo unas cuantas palabras, que le hicieron relamer sus labios en un signo común en ella de nerviosismo. Pero claro, el pelirrojo no la conocía de antes, por lo que era imposible que supiese ello.


Y la imperiosa realización de que había cosas que estaba descubriendo, la llevó a levantar la mirada al sentir como el viento removió sus cabellos con aroma a flores silvestres, que ella misma pudo sentir cuando cayeron nuevamente sobre su rostro. Y sin esperar nada más de tiempo, movió sus manos para sujetarlos, enrollándolos un poco entre sus manos bañadas de ansiedad. A lo mejor eran los remanentes de la adrenalina desprendida luego del episodio de rabieta del corcel. Se habían quedado mudos por completo, no sabía él porque, pero ella era definitivamente porque al horizonte plano que había sido su vida los dos últimos años, estaban formándoseles montañas, caminos, ríos y lagos. Y por alguna extraña razón, aquel día parecía haber sido la creación de uno de esos tantos lagos de agua fresca.

“No pienses estupideces Kya” pensó para sí, mientras llevaba una mano a su rostro y emitía una suave risa baja como quien se convence así mismo de ver fantasmas donde no los hay. Como alguien que hace días no podía descansar, como alguien que luchaba contra algo mayor que sí misma, aunque no fuese la gran cosa. La moral, la ética, la bondad, la ira, el dolor y la frustración. Y ahora…un quien sabe que cosas que le había jalado las arenas bajo los pies y creado el movedizo embrollo en el que estaba. Levantó su mano izquierda sobre un brazo del pelirrojo y murmuró-…lo siento, casi te patea Tormenta por mi culpa…-fue lo único que escapó de sus labios, ahora con un sabor amargo en su paladar mientras su cuerpo asimilaba los remanentes de algo que ya había sentido antes, exceso de calor, una sensación extraña como aquellos sueños en los cuales todo se volvía cenizas y ella no se consumía, como si todo lo que tocara se transformara en fuego y brazas.

Apartó su mano en el segundo que un repentino temor de que así pasase la inundara seguido de que casi palideciera en el acto. ¿Qué estaba pasándole? La confusión hizo mella en ella logrando su objetivo. Querer meter la cabeza bajo tierra, preocupándose de que su acompañante pelirrojo y de ojos como el cielo le creyera enferma mental- Creo que te debo una disculpa, pero no tan…como la otra. –habló con una suave voz algo más ronca- No he descansado bien últimamente… -musitó algo perdida mientras se apartaba del animal dándose la vuelta para apoyarse contra las maderas respirando como quien hubiese pasado por alguna cosa demasiado intensa como para asimilarla, seguido de mareo y unas horribles ganas de vomitar, como si quisiese llorar, como si quisiera reír. Su relación con su hermana estaba más estancada que antes, apenas si se veían en las mañanas, o en las noches, no hablaba ni con su madre de sus preocupaciones por que todos le decían que no pensara en ello. 

"Tienes que ser fuerte"

A veces, siento que el mundo me supera con creces, como si un bloque de piedra cayera y te aplastara y desease asfixiarte contra el suelo… -agregó-… exprimir los últimos aires de ti y arrancarte la vida a tajos… transformarte en nada. Y sin saber por qué sigues pretendiendo que no pasa nada…cuando en realidad todo se está quemando y volviendo cenizas…




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Lun Ene 16 2017, 23:19

No podía saber por qué ella pareció quedarse tan muda como yo, durante unos instantes, pero, efectivamente así pasó. Por mi lado, mantenía la indecisión de invitarla a formar parte de algo más. Algo más grande, en donde ella pudiera ayudar. Sin embargo, era consciente también de la importante razón que ella misma había mencionado antes y por la cual, no se había planteado seriamente dar el paso: la incertidumbre de lo que le aconteciera a su familia. Quizás, lo único que retuviera mi intención, mis palabras.
También pudiera ser mi falta de costumbre a tratar con gente con la que no compartía objetivos... aunque sí deseos por un cambio que beneficiase un poco más a los humanos e igualara las tornas.

Escuché ese murmullo suyo, anunciando un futuro agradecimiento por el regalo. No supe bien qué pensar, me parecía tan afable su actitud, pese a lo nerviosa que se había puesto por las malas reacciones del animal. ¿Acaso ella tenía la misma facilidad para perdonar y olvidar? ¿Cuánta gente habría replicado por el disgusto que Tormenta hubiese podido darles? Claro que, Kya parecía saber apreciar sus posesiones pese a que la veía joven para algo así. Sé cauto con tus prejuicios, Trys. Cierto era que ignoraba lo que aquella chica podía haber vivido, mas, con lo poco que me había contado, no todo había sido fácil para ella.
Eran las personas como Kya las que solían acabar entre los nuestros, en un momento u otro.


El que tocara mi brazo me hizo salir bruscamente de mis cavilaciones, dándome cuenta de que ahora estaba más cerca. Una renovada sonrisa, torcida y suave, se dibujó en mis labios cuando volvió a disculparse. Acabé negando sutilmente con la cabeza, en lo que le mantenía la mirada-. No hay nada que perdonar. -murmuré, devolviéndole ese contacto, como si con ello fuera a garantizarme el tranquilizarla. Pero, en su lugar, y de súbito, ella se apartó, como si el hecho de tocarme le quemara, más allá de lo físico. Me quedé extrañado y... ¿preocupado? No tuve ni tiempo de ser consciente cuando ella volvió a disculparse y me hizo saber que no había descansado bien en los últimos días. De repente, se me antojó tremendamente cansada, como si el peso de meses, incluso años, pesaran sobre sus finos hombros, desgastándola antes de tiempo-. Eh... -musité, en lo que me acercaba a ella, ahora apoyada sobre la madera y alcanzaba su hombro más cercano con mi mano-. ¿Va todo bien? -ella no tardó en contestarme, pecando de una confianza que un desconocido como yo no se merecía-. Ven... -la animé a que soltara las manos de los maderos y se deslizara conmigo por la madera con la espalda, hasta acabar los dos, sentados, frente a Tormenta, que ahora observaba curioso y atento a unos pasos. No llegó a interrumpirse. Así como yo tampoco pude evitar mirarla. Conforme ella enunciaba aquel dramático símil, y hablaba, fui confirmando que mis inseguras premisas sobre ella no iban tan mal encaminadas-. Kya... -susurré su nombre, en mi intento por llamar su atención sin alarmarla lo más mínimo. Una vez que sus azules chocaron con los míos, pasé saliva en un primer momento-. Sé que, tal vez, no sea la persona más indicada para decirte qué hacer... pero tus palabras... suenan como si la vida que estás viviendo... ni es tuya, ni es la que quieres vivir... -fruncí el ceño, sin querer pecar de presuntuoso-. También tengo presente lo que has mencionado antes... pero... me pregunto si no es justamente el no hacer nada lo que te está pesando y te agota tanto...




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Mar Ene 17 2017, 07:51

No tardó en dejarse vencer por lo que ya podía llamarse cansancio mental, girándose a la invitación de su acompañante, apoyando su espalda contra la madera, permitió que su cuerpo se deslizara hasta dar con el suelo, con sus ojos azules fijos en la silueta del hermoso caballo que ahora parecía confuso por las acciones de ambos y es cuando ella pensaba porqué estaba tan quebradiza últimamente, no es que no lo supiera, pero rara vez se lo planteaba. Apoyando su cabeza contra la madera realizó una verdad algo escabrosa: ¿Cuándo había sido la última vez que había llorado? Porque su pecho parecía suplicar por un acto tan humano como aquel, pero sus ojos perdidos ahora en la línea del campo verde no quisieron obedecerle.

“Tienes que ser fuerte”

Y cerrando cada puerta como si una alarma se hubiese activado, trató de contener las emociones que inundaban su interior que ahora estaba estremecido por el bajón de adrenalina que habían tenido y la mezcla caótica de sensaciones nuevas que causaron confusión absoluta. No podía volverse arena, no podía resquebrajarse, no podía derribarse, ni dejar a nadie verlo y por alguna extraña razón aquel extraño de ojos azules como los suyos había casi logrado que ella escupiera toda aquella mezcla de emociones frustrantes que, como olas contra las rocas de la costa, chocaban con estruendosos lamentos e iracundos remolinos picados. Sintió la mirada azul sobre ella y tomándose su tiempo, lentamente lo miró de reojo hasta mover su rostro y verle fijamente en silencio, volviendo sus ojos hacia el caballo casi al instante. Cerrando sus ojos por unos pocos segundos se permitió no pensar, disfrutar de ese vacío lleno de confusión mientras escuchaba la tormenta en su interior, mientras sentía la presión en su pecho y podría decirse que también una leve presión en la espalda como si a sus pulmones le costaran respirar por contener aquellas ganas de gritar y despedazar todo a su paso. Quemarlo todo y volverse cenizas.

Al escuchar su nombre en la voz masculina, susurrado de aquella forma tan inusual, le hizo dudar en encontrar sus ojos con los de él. Si había logrado que ella casi hablara de una mínima parte de sus preocupaciones y que se planteara contarlas ¿Qué podría hacer si volvía a verlo a los ojos? Por lo que tragando saliva y remojando sus resecos labios mordió el inferior antes de dudar nuevamente. Pero se obligó a verlo de todos modos escuchando lo que decía y como había temido; de alguna forma este había dado en el terrible clavo de que aquella vida que vivía no era suya, era la que su madre deseaba que viviera porque deseaba evitar la pérdida de su hija mayor sin darse cuenta que ya la estaba perdiendo. Era la que ella deseaba para su hija, la que seguramente encajaba de maravilla con su pacífica y tranquila hermana menor, la que el padre de esta había elegido, cultivando campos, criando animales de granja, recogiendo los frutos de la tierra y pasando noches entre charlas familiares mientras su hermana soñaba con cosas hermosas.

Pero ¿Qué deseaba Kya?

No había retirado sus ojos de los iguales, mirándolos tanto tiempo como era necesario, perdiéndose en estos que reflejaban un gélido y a la vez filoso azul, como cuando el sol se reflejaba sobre el agua fresca y creaba ese efecto visual celeste a azul en matices fríos que se mimetizaban y creaban ecos de otras tonalidades y engañaban al ojo. La brisa soplaba creando el sonar de las copas de los arboles como lluvia. El sol, cálido recubría campos y pastizales por igual, los iluminaba a ambos como si los observara desde lo alto, expectante de lo que dijeran. 

Normalmente podía claramente aparentar que todo estaba bien, que quizá era el agotamiento del trabajo, quizá estaba haciendo demasiadas cosas a la vez y normalmente le creían cualquier justificación a ello, a su falta de sueño y su humor de perros. Pero tenía la vaga impresión que Trystan, no iba a creerle si le decía aquello, porque en sus ojos sin necesidad de palabras parecía estar escrito todo, ¿Quién era ese ser maligno de ojos tan azules que lograba atravesarla con sus observaciones tan vivas y acertadas? Vete demonio, vete, pensaba la guardiana interna de sus cavilaciones, sin apartar sus ojos de él como si hubiese una silenciosa comunicación en código que cavaba profundo con cada movimiento de tierra que ahora sacudía el suelo seguro de mentiras que había intentado creerse por mucho tiempo para sanidad propia y bien estar de su familia.


A la que protegía de todo aunque tuviese que cargarse el mundo entero a golpes y mordiscos furiosos y llenos de salvaje supervivencia.


No sabe cuánto tiempo estaba pasando y no había dicho palabra alguna ¿era necesario? Tragando saliva, finalmente separó sus labios como si fuese a decir algo y aunque no hubiera nada de por medio físicamente ella parecía sentir un muro invisible que no permitiría que sus palabras escapasen y la aceptación de la agónica tortura parecía una distante fantasía utópica. Cerró sus ojos y moviendo su cabeza hacia un lado volvió a mirar la línea verde que marcaba una loma y los limites lejanos con el bosque donde ella solía internarse para cazar, recoger hierbas y esconderse de todo. Empezaba a darse cuenta de cuan imposibilitada estaba, cuan atada de manos se encontraba y cuan condenada estaba y gracias a eso en un profundo inhalar logró expresar de alguna manera el ahogo. Temiendo ver los ojos azules escrutadores y observadores de su acompañante y que este le leyeran tan claramente como había hecho con solo notar sus acciones- Trystan… -susurró suavemente, con una entonación sedosa y casi susurrante.

Y como si nuevamente el tiempo se hubiese perdido, la ojiazul intentó decir algo, pero se esfumo en el aire desviando su rostro hacia un árbol, cuánta razón tenía. Cuanto acertado estaba todo cuanto había dicho, pero aceptar en voz alta había ya arrancado lágrimas de su madre, llantos eternos de ella suplicándole que pensara mejor, reclamos del padre de su hermana por hacer pasar a su enferma madre por todo y Dánae…pues…Kya pensaba en todos, todos eran primero, todos iban antes que lo que ella deseara, todo cuanto deseaba estaba escondido en un pequeño agujero en su pecho que con el tiempo se comprimía. La impotencia de no poder hacer algo más la comía viva como si en realidad todo se estuviese viniendo abajo en llamas, volviéndose cenizas y nada de lo que hiciera tuviese sentido. Y quizá su mayor miedo era encontrar a quien le hiciera sentir que se rompía esa burbuja. Mirando de reojo al pelirrojo, con cierto temor impreso en sus espejos similares, frunció el ceño en una expresión de clara empatía y razonamiento y reconocimiento de que este había acertado cada cosa dicha con doliente exactitud.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Jue Ene 19 2017, 20:41

Por lo mal que se vio en ese momento en el que se dejó mover y aceptó silenciosamente mi invitación para sentarnos, se podía adivinar perfectamente ese infierno dantesco por el que podía estar pasando.
Pero mis palabras sólo parecieron empeorar la situación.
Todas esas dudas, esos miedos, esas ganas… yo era todo un ignorante con respecto a ellas, pero mis azules no dejaban de ver esas muecas de cansancio, de indecisión, que atenazaban su ya castigada mente una y otra vez. Una lucha interna que se traducía en un pequeño temblor, apenas perceptible, de todo su cuerpo. Incapaz, también, de mantenerlo completamente quieto, en puros gestos nerviosos de sus finas manos.
¿Qué estaría pensando?
¿Qué dudas tendría?
Hubiese dado una riqueza entera por saber lo que pensaba.
Así al menos, tendría la certeza de saber cómo ayudarla y no andar tan a ciegas como me sentía en aquel justo momento. Porque una imperiosa necesidad latió de forma válida en mi castigado pecho. Y, de repente, me di cuenta de que en los últimos años, había descuidado esa parte humana y proactiva… pero al más cercano de los niveles. El liderazgo perdido y el desafío me habían distanciado de lo que yo había llegado a ser. Y, con ellos, vino el recuerdo del dolor, de la pérdida, de ese sentimiento que me hizo hundirme en un pozo de incertidumbre y desubicación.
Tal vez, un vestigio de lo que fui en su día, de lo mal que lo pasé, de lo empático que había podido llegar a ser, fue lo que me incitó a quedarme con Kya. A invitarla a que se sentara conmigo en aquel lugar tan desconocido para mí, con el simple y concreto objetivo de intentar calmar aquella bola de sentimientos que habían podido con ella en un momento tan aleatorio. ¿Por qué ahora? ¿Por qué ella? Quizás, había sido demasiado certero en mis palabras, sin llegar muy bien a saber cómo. Quizás, y sin intención, le había hecho recapitular y ser consciente de más cosas. No tenía forma de saberlo…

Hasta que mis azules se perdieron en los suyos, en una conexión que por su parte fue intensa y significativa. Llegué a ignorar el sutil gesto de sus labios de intentar articular. Sus orbes claros brillaron de una manera peculiar, contando a mudos gritos todas esas dudas y miedos que turbaban su corazón y la hacía sentir tan perdida como yo me vi una vez. Fruncí el ceño, entendiendo ese sentimiento sin mayor explicación, volviendo a conectar con aquel Trystan que ostentó el cargo más importante de la Resistencia en el peor momento de su vida.
Un humano corriente que ya no era.
Pero aún me sobraba humanidad para poder hacer el intento de entender a Kya. Sin lágrimas. Sin palabras.
Tan sólo una mirada.

Pocas veces en mi vida me había cruzado con unos ojos que expresasen tanto con tan poco. Una ingente cantidad de personas había formado -y formaban- parte de mi vida. Pero, que yo recordara, la intensidad en ese par de cristales que se mantenían estáticos en los míos, era algo que sentía que no había visto antes. Y, entonces, fui consciente de cuánto debía estar conteniendo internamente. ¿Cómo lo conseguía? ¿De dónde sacaba tanta fuerza de voluntad para contener todo lo que yo podía ver tediosamente reprimido en aquellos azules? No tenía duda de que, pese a su juventud, Kya sabía mucho más de lo que pudiera aparentar. De que, aquella chica era más que ese prematuro prejuicio de tormento adolescente que resultase tan obvio para cualquier otro que no se hubiera parado a observar como yo lo había hecho. Una continua pero desgastante obra de teatro, que interpretar delante de tanta gente cada día, que había tenido un cambio inesperado y la había dejado sin palabras… sin reacciones… sin improvisación alguna. Con esto, era fácil llegar a una conclusión errónea si se era lo suficientemente superficial. O bien, si no se sabía observar.
Por suerte, yo no era así.

Kya pudo comprobarlo. Tal vez pudo pillarla tan de sorpresa que no pudo mantenerme la mirada por más tiempo, pese a que lo que fuera que fuese que mirase entonces pudiera no ser tan intenso. Al romper esa conexión parte de esa intensidad que había llegado a secarme la garganta, se fue con su mirar. Pude ser consciente de que había sido un momento particularmente largo. Repitió la tentativa de articular, pero no salió nada acompañando el aire que abandonaba sus labios. Sólo mi nombre, en un susurro aterciopelado y suave que me tensó sin llegara a saber por qué. Mantuve ese suave fruncimiento de ceño, no obstante, antes de mirar la rodilla reprimiendo el impulso de posar mi mano sobre ella, en mudo indicio de apoyo. Pero, ya había reaccionado una primera vez dando un paso atrás, instantes antes cuando sí había posado mi palma sobre su antebrazo. Como si mi contacto y calor le abrasara y asustara. ¿Podía ser? Finalmente, fui yo quien también bajó la mirada hacia mis propias piernas cruzadas, taciturno-. Apuesto a que tienes este tipo de conversaciones con todo el que pasa por tu granja. -murmuré con un tono suave. No tenía más intención que quitarle intensidad al momento. No porque me fuera incómodo sino porque me inquietaba ver cómo Kya parecía tan al borde del abismo-. Observar a los demás... se me da mucho mejor que suponer un guía para nadie. -volví a mirar su rostro, sin esperar que ella también lo hiciera. Me mordí la cara interna de mi mejilla antes de proseguir:- Sé que tomar decisiones importantes no es nada fácil. -sonreí con suavidad, más que cercano, sin llegar a serlo del todo-. Pero aún así, tras sopesar... la única que puede dar el paso, eres tú. Pues nadie más debería decirte lo que tienes que hacer. -inspiré, llenando mis pulmones de aire en lo que Tormenta pateaba con una de sus patas delanteras en el suelo, llamando mi atención de nuevo. Iba a espirar cuando la sonrisa se me marcó aún más. Volví a mirar a la chica, en lo que una risa por lo bajo sonaba en el aire que salía por mi nariz-. Pero, no tienes por qué hacerlo ahora... -posé mi mano en esa rodilla doblada que ella mantenía cerca de mí, sutil, tranquilo. Apenas fueron un par de toquecitos, como si ahora fuese yo el que clamase por su atención-. Creo que, por hoy, sería interesante dar otro pequeño paso nada más. ¿Quieres.... que volvamos a intentarlo? -le pregunté, refiriéndome, claro estaba, a ensillar y montar al animal.




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Mensaje por Kya el Jue Ene 19 2017, 22:47

Sus palabras eran como agua tibia, en su voz ronca que parecía acariciar sus oídos, todo el sentido de las cosas estaba traducido. Robándole una pequeña risa, quizá tan refrescante y tranquila como el agua de manantial que desdibujaba la línea de lo que hubiese podido expresar diariamente, porque tristemente ella no había sonreído así en mucho tiempo y normalmente no les atribuía a los extraños que conocía el mismo día aquellas libertades y por eso parte de ella comenzaba a tener miedo de ese pelirrojo de ojos azules. Con quien parecía haber contactado de otro modo que no era solo verbal, no solo físico al intentar acariciar al animal juntos y aunque era la primera vez que se veían había habido un entendimiento mayor con pocas palabras que con cualquier persona a quien pudiese haberle expresado algo y eso no estaba escrito dentro de lo común. Pero era un escrito que preservaría como una semilla que plantas en tierra preparada para que descansara, como un tesoro que era nuevo y más valioso que todo el oro del mundo. Solo una mirada, solo el tiempo, solo el silencio que había permitido el entendimiento de algo más profundo dentro de lo que podía haber conocido- Tienes razón, creo que justamente tuve una conversación como esta ayer con alguien que conocí pasando por allí…debería invitarles un café a ambos -enfatizó siguiendo aquellas chistosas palabras que aminoraban la carga emocional que había casi estrangulado su razón.

Los ojos azules de la chica permanecieron fijos en el caballo, sin dejar de sonreír escuchando la voz masculina hablarle de aquellas cosas que se habían vuelto más claras, solo ella podía tomar esa decisión. Pero antes de hacerlo debía hacer algo muy importante y la idea de volver a aquel lugar la hizo inspirar con profundidad, pero ahora sabía que debía para cerrar ese capítulo en su vida. Tragando saliva mordió su labio inferior con suavidad y fue justo en ese momento en que el contacto de la mano masculina sobre su rodilla hizo que levantara su rostro y sus ojos se encontraran con los de él nuevamente. Y pudo comprobar con esto que como la gravedad de la tierra que atraía tiernamente a todos contra ella y que parecía abrazarlos para mantenerlos vivos, como las nubes que se esponjaban al recibir el vapor caliente que brotaba de las aguas y subía por inercia hacia ellas y al llegar a su destino se convertían en lluvia que caía sobre la tierra y alimentaba la tierra sedienta, aquella sensación de huracán pasando y destruyendo todo a su paso en torno, menos en el centro. Que fluía y avanzaba agonizando de ira y a su vez de calma, transformando y reformando la tierra sin que nada en ese punto se moviese. Se pudo sentir de nuevo….

Y aunque fuese un atrevimiento, se sintió como si fuese necesario, ya lo había pensado una vez y había contenido el impulso por no dejarse llevar por esa sensación que parecía solo aparecer cuando volvía a ver en sus ojos como lo estaba haciendo, como si fuese algo sin nombre que respondía a un llamado silencioso. Su mano y la palma de esta se sintieron picar, inquieta, como si tuviese vida propia o más bien, como si supiese lo que deseaba dar en agradecimiento por lo que él había logrado en ella en aquel día… pero ¿era solo agradecimiento? O era curiosidad por saber cómo era capaz de causar eso en ella, miedo que le hacía cuestionarse muchas cosas y en la medida que pensaba, más confuso se volvía, más primario se transformaba. Y cuando menos lo esperó, su mano izquierda se había levantado y sus suaves dedos habían dado con la línea del mentón masculino, dejándose cosquillear por aquella barba de tarde que seguro le gustaba. Sin retirar sus ojos de sus iguales, se permitió entregar una suave caricia en su mejilla, que no tuvo intención mayor que dar un mudo agradecimiento puro por el bien que había hecho por ella.

Una muy suave y sutil caricia que dejaba a su piel disfrutar de la pureza serena de aquella paz que se respiraba en medio de ese huracán, el huracán que parecía causar destrozos sobre los hombros de él, porque ella lo había notado y por eso estaban allí ahora…por eso que había visto que él cargaba sobre sus hombros y silenciosamente le hacía luchar. El huracán que parecía causar destrozos sobre los suyos propios y que él había notado sin necesidad que sus cuerdas vocales trabajasen y que ahora la hacía sentir esa sensación atemporal que ni Tormenta, con sus relinchos y rezongues había podido romper. ¿Por cuánto tiempo? Para ella no había tiempo y el sol no se había movido, ni el viento soplado, ni los pajarillos cantado, como una realidad suspendida donde te encontrabas infinitesimalmente empequeñecido por una ventana nueva abierta de par en par por el poder y violencia de las dificultades y dolencias que parecían haberse ahogado. Su voz nuevamente ausente, no pronunció nada porque sabía que no era necesario, permitiendo a sus dedos deslizarse por la línea de su mentón hasta que con lentitud se separase como si no quisiera hacerlo realmente “Gracias…”

Por los dioses

Por toda divinidad existente que sus ojos no contemplasen.

El atrevimiento realizado había sido como manipulado por algo que para ella era desconocido, no tenía nombre, pero como un titiritero invisible le había hecho sentir escalofríos de realizar lo complejo y la significación de aquel silencio. Sin retirar los ojos de él, era como si algo invisible se hubiese enraizado y como los árboles se asentara, incluso el aire mismo parecía densarse y sentirse más real de lo normal, una sonrisa nueva se dibujó en sus labios, quien sabe cuánto tiempo pasó luego de su ofrecimiento, pero un movimiento positivo de su cabeza le hizo entender que le parecía bien dar ese pequeño paso. Uno más… uno más. Y como si Cronos levantara su báculo y permitiera al tiempo seguir, fue consiente de la realidad y espacio en el que estaban, luchando contra ese magnetismo que mantenía sus ojos fijos en los contrarios, para levantarse con su ayuda sacudiendo un poco su ropa aún con el recuerdo del momento en el que el contacto recíproco se había dibujado y marcado invisiblemente en ella ¿en él también? ¿era ella la única que sentía ese juego del tiempo con sus sentidos?

Esta vez nos irá mejor… -dijo ella sintiendo una extraña fortaleza nueva, como si hubiese conseguido fuerzas de él al momento en que sus sentidos parecían haber conectado no solo físicamente- te sigo… -hizo un gesto con su cabeza en el que le indicaba que él guiara los siguientes pasos. Observándole con cierta meditabunda sensación, no pesada como antes, ahora determinante y pensante de que era momento de cerrar un capitulo en su vida para comenzar uno nuevo que iba a necesitar de todas sus fuerzas, una evolución a algo más, fuera de ese molde que la había estado apresando y deformándola al punto de estarla consumiendo. No podía seguir así, no deseaba seguir así. Sus ojos azules liberaron un destello viviente como si el velo sombrío de sus pensamientos confusos ya no estuviese- Ahora que lo conocemos...¿Crees que se deje?...-cuestionó, notando como el caballo rezongaba y relinchaba acercandose a ella dandole toquesillos, empujandole un poco con su cabeza- Y a ti que?...-habló al celoso animal que aunque pareciese chistoso, parecía querer caricias también.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Vie Ene 20 2017, 19:14


El simple sonido de esa suave risa suya por mis palabras, me satisfizo enormemente. No por nada, era clara señal de que éstas habían conseguido el efecto intencionado de aliviar esa profunda sensación de ahogo en sí misma que ni yo pude obviar. No es que cayera en el tópico de que por ser hombre había infinidad de cosas de las que no me diera cuenta. Cualquier mujer podía decirlo, pero tenía la sensación de que mis detalles imprevistos sabían suplir esa posible falta de atención por mi parte.
Pero no esta vez. O también pudiera ser que hubiese coincidido casualmente con la ocasión en la que Kya estaba cerca del límite y le había ayudado a sobrepasarlo, de una forma para nada mal intencionada y sin querer.
Posibilidades había muchas, sin lugar a dudas. Pero, ¿acaso no era lo que daba cierta emoción a esa vida subyugada y limitada que no habíamos podido elegir? Todos esos momentos, peculiares o incluso rutinarios, imprevistos o planeados, con la gente que significaba todo para ti o con la persona más inesperada, que estuviera a tu lado en el momento exacto.
Sin ir más lejos, en este día, Kya había supuesto para mí, ese imprevisto en la rutina tan significativo que conseguía un replanteamiento de las últimas costumbres. En mi caso, el mantenerme alejado de todo. De Talos. De sus calles y tejados. La razón era más que obvia, pero aún así, empezaba a pensar que el maldito cargo de líder había hecho que me distanciara de mí mismo y lo que había sido hasta entonces, que lo que el propio desafío consiguiera a partir de ahora.
Ya tenía algo sobre lo que reflexionar en mi camino de vuelta a las cuevas.
Pero lo que quedaba como algo indiscutible era que yo había roto sus esquemas de algún modo, como ella había hecho conmigo.

El que siguiera mi pequeño comentario, también llegó a aliviarme. Seguramente, porque me sentía perdido y sin saber qué hacer. Ni de lejos era como esa sensación asfixiante que ella podía haber sentido, claro. Pero, esas renovadas ganas por ayudar de una forma más activas se vieron parcialmente compensadas cuando la chica pareció seguirme en ese camino que aminoraba la carga emocional del punto al que había conseguido llegar por mis palabras anteriores-. Me doy por más que satisfecho con la comida. -enuncié, matizando lo innecesario que veía el café, con lo que Kya ya había hecho por mí.

Más de lo que hubiera esperado, en realidad.

Así como, inesperado fue su gesto de alzar su mano hasta medio hundirla en mi barba cobriza y desaliñada. No supe por qué aguanté la respiración. Tan sólo intuí que el escalofrío que sentí fue por el frescor en sus dedos. De nuevo, pude leer en sus ojos, cuando regresó a mirarme. Me lo ponía tan sorprendentemente fácil...
En esta ocasión, pude incluso escuchar ese gracias que aquella mirada clara emitía en ese brillo que ahora centelleaba en sus iris. No dejaba de ser intenso todo aquello. Y, sin embargo, ya no había dudas. Ni miedos. Todo lo contrario, parecía. Aquello trajo cierto sosiego a mi conciencia pues, no había podido evitar sentirme ligeramente culpable de verla así por algo que yo había hecho.
Y por un momento, fui aquel humano antes de un desafío, preocupado por los suyos, prudente y, sobre todo, controlado.

Sonreí, como muda respuesta a ese gesto cariñoso suyo, volviendo a expresarse sin palabras, dejando que el tiempo siguiera pasando, escapándose como arena fina entre los dedos, sin ser realmente consciente de todo el que pasó en realidad. Kya volvió a ser la responsable de que regresara de mis ensoñaciones cuando quebró esa renovada conexión entre nuestros orbes zarcos, y se incorporara, terminando así con ese contacto de nuestras manos en el cuerpo del contrario. Mis ojos no evitaron seguirla, justo antes de que mi propio cuerpo imitara el suyo. Me sacudí el pantalón con las manos, más como impulso inconsciente que por darme cuenta, en lo que ambos nos acercábamos a la montura. Por un segundo localicé la silla y una manta justo al lado, deduciendo su uso, casi de inmeditao. No me demoré en desviar mis pasos, para hacerme con ellas y seguir los pasos de la muchacha y llegar con ellos dos-. El caballo también te ve, Kya. Nota cuando estás nerviosa... Y Tormenta no es precisamente un animal que se pueda calificar como estúpido. -si había conseguido que yo me confiara y había permanecido atento a su dueña en lo que la chica parecía desfallecer, sin salir huyendo. El corcel giró su enorme cabeza hacia a mí, como si hubiera entendido a la perfección mis palabras. Fue entonces cuando la curvatura ya existente en mis labios se torció a un lado-. ¿Verdad que te vas a portar bien ahora? -le hablé, siguiendo las palabras de su dueña, como si efectivamente pudiera entendernos. Palmeé su cuello antes de volver a mirar a la chica-. ¿Te atreves a ensillarlo? -pregunté, algo dubitativo pero sin perder la mueca amable en mi rostro-. Será la mejor manera de acostumbrarlo... para futuras ocasiones. -si lo hacía yo, a la larga, no serviría de mucho. No obstante, no abandoné la idea de volver a ayudarla, en el caso de que lo necesitara.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Sáb Ene 21 2017, 09:14

Mientras la silueta de Trystan se alejaba hacia donde estaba la silla y lo necesario para preparar al caballo para ser montado, ella permaneció silenciosa acariciando la cabeza del animal con suavidad, hablándole- ¿Qué dices? ¿podemos confiar en él? –preguntó bajo de modo que solo fuese el caballo quien escuchara su pregunta, mirando de reojo los hombros del pelirrojo, preguntándose muchas cosas sobre él, indagando en la vida que había vivido y la realidad que a lo mejor azotaba estos, tanto que había sentido el peso con solo ver sus facciones, al ver sus ojos, al escuchar su voz y de alguna forma al sentir el tacto que evidentemente habían compartido. Como si ambos añoraran por ello, por sentir una calidez que trascendiera más allá de un simple gesto como el que habían intercambiado. Recordando en su piel la calidez de su rostro y sus dedos lo áspero de su barba dejando una sensación que ahora picaba en su mano. Como si fuese tan nueva como todo lo que había ocurrido ese día, a lo mejor era por eso que tenía una mayor significancia.

Apartando la mirada cuando le vio girarse hacia ella, pensando en las palabras dichas por él hace poco, la realización de algo más profundo que nunca había descubierto en ella misma. Una serie de pulsaciones que ahora marcaban un camino hacia donde debía ir pero que no había tenido el valor de recorrer por su temor a abandonar su hogar, a cerrar el capítulo del que había sido víctima hasta ese día. Llena de miedos y dudas que no estaban ayudándola a vivir la vida que los dioses le habían permitido o hacer algo más por el cambio que muchos añoraban. Fue cuando escuchó su voz y se atrevió a levantar sus ojos nuevamente y mirar a su acompañante con atención. Ya no estaba estresada, ahora estaba decidida y quizá por primera vez en ese tiempo que había estado en el hogar de su madre se había sentido viva de nuevo- Claro que no es estúpido, es solo que le gusta ser un dolor en el trasero –dijo viendo al animal como parecía observarlos a ambos y ante la pregunta del pelirrojo relinchaba, resoplando y quejandose por el comentario de su dueña que le miró con cierta ironía- En serio?, te vas a quejar?

Con una de sus patas golpeaba el suelo de tierra, levantando nubes pequeñas de este, como si estuviera listo para la carga o ir contra algo, demasiada energía para ser contenida, demasiado poder para no usarlo, demasiada vida para no vivirla, demasiado por hacer...como ella. Y esas acciones dejaba ante ellos un animal imponente que decidía por sí mismo si se dejaba dirigir o no. Que tomaba el control de su vida y contra todo lo que fuese luchaba, abriéndose paso y arremetiendo contra lo que amenazara su paz. La muchacha, había perdido sus ojos en como el caballo golpeteaba el suelo y entre relinchos parecía esperar impaciente a lo que querían hacer. Ella no había apartado su mano de su caliente y azabache piel que mantenía un calor increíblemente intenso, era un hermoso animal que parecía hecho para alguien digno, de respeto, de fortaleza y de valor....no alguien como ella. O al menos eso creía.

Sus dedos rozaron sus crines y dejaron que estas se deslizaran entre estos sin apartar su vista escuchando como el pelirrojo preguntaba si se atrevía a ensillarlo ¿en realidad? No. Pero, aunque no se creyera digna o capaz de ello, tragó saliva y miró de reojo los azules ajenos.

No podía ignorar aquella sensación que solo bastaba con mirar a los ojos de él para sentirla. Estaba dubitativa, pero ante aquella duda y reflexión ella extendió sus manos para tomar de las manos masculinas la manta como primera acción, una vino tinto y gruesa tela tejida gruesa que protegería el bello lomo del animal, al cual se acercó mientras abrazaba la tela y extendiendo su izquierda le acariciaba con suavidad delineando la curvatura del lugar donde iría. “Sé lo que debo hacer” pensó para sí, no con respecto a lo que hacían en ese momento, sino a todo lo que tenía que ver con todo su entorno. Alzando sus brazos, tomó el objeto y extendiéndolo colocando sus pies de puntillas la colocó sobre el lomo tal cual había visto que hacían. Y eso bastó para hacer que el animal, golpeteara el suelo y moviendo su cabeza con agitada furia se apartara de ambos corriendo en otra dirección del corral, siguiendo la línea hasta cierto punto donde los miró a ambos. rezongando, pero sin sacudirse la cálida tela vino tinto que ahora permanecía en su lomo.

Golpeando el suelo, nervioso y a su vez incomodo espero cuanto pudo, mientras ella lo miraba fijamente en completo silencio. Él les miraba y claro, con aquellos ojos negros como la noche parecía estudiarlos, antes de olfatear el terreno y volver con ellos por su cuenta propia, no dejándose agarrar aún- Que clase de vida ha vivido que parece tener tanto miedo a confiar de nuevo... –susurró ella cuestionándose aquellas cosas que al oído regular serían tonterías, pero para quien era agudo, esas re semblanzas y meditantes preguntas hablaban de algo más. El animal buscó olfatearlos de nuevo y con su enorme cabeza empujó un poco al pelirrojo buscando su tacto nuevamente y con un inclinar de cabeza parecía buscar respuesta a algo. Ella solo los observó y sus ojos volvieron a su acompañante junto al caballo que ahora haciendo lo que le daba la gana se paseaba. Hasta que se quedaba quieto por completo- Nadie dijo que sería fácil, no?....  –dijo la joven mujer que ahora sentía una mayor energía.

Que siempre volvía a un centro.

Sus ojos azules volvieron a mirar al pelirrojo que aún sostenía la silla en sus manos.
Sintiéndose ella tan familiarizada con lo que estaban haciendo, ganando confianza, ganando espacio y el cariño de un animal que comprendía a anchas lo que significaba mucho de lo que decían. Quizá era el sol, que había aumentado la temperatura en el corral y había causado que su propio corazón latiera doloroso en su pecho, no por miedo, porque una sensación más allá se incrustaba, atravesando cada emoción que había reprimido en silencio- ... dame –dijo extendiendo sus manos para que le diera la silla, pero ante eso el animal volvió a exaltarse relinchando y resoplando por sus narices- No pues, a todo esto creo que le agradas mas que yo... -dijo con una entonación chistosa y algo amarga.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Dom Ene 22 2017, 20:10

Me mantuve ajeno a esos comentarios que Kya le hizo a su caballo, aunque esa duda la habría entendido a la perfección. Después de todo, yo no dejaba de ser otro desconocido más, un día como hoy. No obstante, para mí, esa visita inesperada había supuesto mucho más. Me había hecho recapitular sin llegar a pretenderlo y darme cuenta de cuánto había relajado costumbres, con la ahora insuficiente excusa que suponía el desafío. Había dejado el liderazgo en manos de otros, de buena gana. Por fin y, como quise hacer en su momento con Rain, había abandonado las alcantarillas para no volverme loco, con aquel dichoso dragón en mi cabeza todos los días, a todas horas. Supuestamente, para ser representación de la Resistencia en aquella base en la que Thareon y Megerah estaban armando esa Revolución, en la que tenía todas mis esperanzas puestas. Para poder tener una vida con Moira. Pero la realidad era que había relajado mis responsabilidades, Y, al final, me había limitado a llevar una vida más sedentaria e insípida. Como si esperara pacientemente el final.

Ese momento con Kya, me recordó que no todo se limitaba a estar.

Una vez con ella, sosteniéndole la silla, reí con suavidad por sus palabras, asi agradecido por no enfrentarme a esa profunda intensidad en aquellas mirada clara que habían despertado en mí, más lo que pudiera admitir. La queja del caballo y las posteriores palabras de la muchacha, reflejaron que, al menos, ya había comunicación entre ambos. Y tanto animal como dueña, parecían también tener el mismo carácter: determinados los dos, limitados por igual a una vida que no era del todo suya, con ese aire indomable que desprendían. Dos joyas díficiles de encontrar por separado, de por sí. Mucho menos juntas. Y, aún así, seguían causando esa sensación en el ajeno de subyugación no consentida. Tardarían en entenderse, pero estaba convencido de que lo harían. Sólo esperaba que fuese más pronto que tarde.

Mis ojos se volvieron a quedar pegados en ella, tal vez, por lo que había significado para mí un momento tan emocionalmente profundo con una persona que no había visto antes. Una que no tenía la obligación de ser cordial y amable conmigo pero que, sin embargo, había hecho mucho más, sin llegar a saberlo. Paciente, le cedí la manta y dejé que se la colocara a Tormenta. Éste decidió mantenerse firme en su decisión de no ayudar. Se alejó para arrepentirse momentos después. Yo lo seguí con mis azules hasta que el susurro de Kya se coló por mis oídos, llamando mi atención. Apenas alcancé a ver su rostro taciturno de nuevo cuando recibí un pequeño empujón por parte del animal. Terminé por sonreír, echando la mano que no sujetaba la silla a la cabeza del equino-. Bueno, fuera la que fuese, estoy convencido de que ahora estará mucho mejor. -enuncié, dándole mi voto de confianza a Kya, como dueña y, queriendo asegurarle al animal que todo lo malo vivido hasta ahora, había terminado. Mi mano recorrió parte del carrillo del animal y posteriormente su cuello-. ¿Podrás convencerle de ello, Kya? -la miré con una ceja enarcada. algo divertido, debía admitir. Desde luego, tercos eran ambos.

Estaba más que seguro que todo lo que hacía falta es que ambos se familiarizasen con el otro. Algo que llevaría tiempo, eso seguro. Tampoco les veía predispuestos a rendirse, precisamente. No por nada, el animal volvía una y otra vez, a pesar de su impulso asustadizo.

Reí entre dientes, al ver lo reacio que era el caballo con ella. Algo que empezaba a ver injusto por parte del animal-. Eso es porque es un animal grande y te da apuro. -recordé, sin perder la sonrisa, en lo que le acariciaba-. Vamos, hombre, pon algo de tu parte. -como si me fuera a entender en realidad, palmeando su robusto cuello. Miré entonces a Kya, con un pequeño titubeo-. Va, déjamela, lo intentaré yo. -le dije tras decidirme, haciéndole el gesto con la mano para que me devolviera la silla. La cual tomé con un movimiento suave, mientras Kya volvía a acercarse a la cabeza de Tormenta-. Tal vez, sea mejor hacer las cosas poco a poco. -igual pequé yo de querer hacerlo todo rápido. Ellos dos necesitaban tener algo más de confianza. Y ya que estaba allí, podía aprovecharme de que el animal parecía más cómodo si yo lo hacía. De hecho, así fue-. ¿Ves? Ya está. Recuerda, no apretarlo más allá del segundo agujero. -la presión perfecta para que Tormenta no sufriera ni la silla quedara floja.

Y ahora venía la parte más difícil, a mi entender.

Busqué su mirada cristalina, con la mía, de forma significativa una vez más. Suspiré antes de acercarme a ella y hacerme con las riendas-. Seguramente, esta es la parte más complicada. -murmuré, alzando mis cejas por un segundo, mientras se me ladeaba la sonrisa-. Yo lo sujeto, ¿vale? No tengas miedo. -le volví a asegurar, más que dispuesto a calmar cualquier impulso de Tormenta, fuera de lugar. Que ella se cayera del caballo podía ser peligroso.
Por un lado, no dudaba que ella fuera consciente de ello ya. Tampoco me sorprendería que, sabiendo esto, tuviera reparoen hacerlo, pues el genio del equino era algo que no debía tomarse a la ligera.
Pero, por el otro, sabía que no era mujer que se rindiera sin intentarlo siquiera.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Lun Ene 23 2017, 07:30

El viento soplaba con intensidad y en la línea de horizonte podía verse que a lo mejor esa noche llovería, las noches lluviosas resultaban ser tranquilas para ella, porque rara vez las personas salían y por evitar empaparse, se mantenían bajo techo y se metían menos en problemas y había menos heridos, menos todo y es cuando ella se sentía aliviada que las personas cuidasen mejor de sí mismas. ¿Lo estaría? La mirada de la ojiazul se posó en el animal y silenciosa lo observaba, escuchando lo que Trystan decía con esa voz vibrante y ronca que de alguna forma jugueteaba con sus sentidos y le hacía perderse entre pensamientos difusos y todos circundantes a lo que les ocurría.

“¿Podrás convencerle de ello, Kya?”

No podía ni convencerse a ella misma que sobreviviría al ritmo de vida que llevaba. No porque fuese débil, si no por que hacer lo correcto a veces cobraba precios altos y de decidir “cruzar la valla” estaría expuesta a esos precios. Que no tuvo miedo pensar que sería capaz de pagar, no era por ser trágica, pero era algo que incluso su madre temía, una realidad que ella veía a diario y con la que debía hacer las paces porque era el curso natural de las cosas. De la vida misma, con todos sus altibajos y encrucijadas- Lo haré... –respondió, viendo como Tormenta rezongaba y de alguna manera parecía comprender la significancia de las palabras de la sanadora. Que entregó sin quejarse la silla al pelirrojo para que este hiciera lo que ella hubiese querido hacer...

Si su caballo no fuese un maldito que esperaba cargársela a la primera.

Acariciándole sintiendo el calor de su enorme cabeza, como si quisiera compartir un secreto con él y repetirle que todo estaría bien. Dejando que sus dedos juguetearan con su crin y delinearan la ancha mandíbula del noble y gran animal que respiraba acompasadamente. Observó como el pelirrojo le colocaba la silla y la ataba prestando atención a cada indicación dada, para asegurarse de hacerlo sola y bien la próxima vez. Volviendo sus ojos a los de él. Tenía que hacer un retroceso y pensar en lo que había ocurrido ese día y aunque ahora estaban en lo que se supone debían hacer, ella sentía que las palabras de su garganta no pasaban ni un poco. Por qué seguía preguntándose cómo había podido ver tan bien en ella llevándose un pedazo de sí misma de ese modo, sin abandonar su azul mirada profunda, sin decir palabra alguna mientras entregaba las riendas y asentía a lo que afirmaba.

Ella no estaba allí.

Un nudo en su garganta se formó y quien sabe porque una sensación de tristeza pura inundó su pecho ¿era porque hace mucho no decía lo que sentía, aunque fuesen en palabras cortas como las intercambiadas? ¿o la realización de que aún quedaban cosas tan inconclusas dentro de ella y que había estado enterrando bajo kilos de tierra, fingiendo que nada pasaba y todo estaba bien.? Sus manos aferraban con firmeza las riendas, aunque se las hubiese dado al pelirrojo ya, sin apartar sus ojos nuevamente de los de él. Dejando poco a poco que las tomara del todo.

“Yo lo sujeto, ¿Vale? No tengas miedo”
The Trailer:

¿De qué tenía miedo exactamente? ¿de qué tormenta no se dejara montar? ¿de caer? ¿de reconocer que era la primera vez que alguien le había hecho sentir vulnerable por leer aquellas cosas que tanto tiempo se había planteado esconder, con solo mirarle a los ojos como lo había hecho? Por unos segundos distraída la ojiazul, inhaló profundo, caminando unos dos pasos hasta estar a la par de la montura y este si le resultaba tan familiar, porque ya había montado antes. Sin embargo, los caballos no eran nunca suyos y tampoco tenían un temperamento como el que Tormenta se mandaba, por lo que, sujetándose del cuerno y el borrén trasero de la silla, apoyó su pie izquierdo en el estribo, tragando saliva para en un impulso apoyar todo su peso en la izquierda y con ello cruzar la derecha por sobre el caballo y finalmente sentarse en el mismo. Logrando con ello que Tormenta se exaltara y comenzara a querer zafarse del agarre para sacudírsela de encima, pero no dudó en aferrarse a él con fuerza-...OW...!!!...TORMENTA DETENTE! -gritó al sentir como enredaba sus manos de las crines del animal con firmeza.

Sin ser violenta, trató de dominarlo para que no lastimara al pelirrojo que aún estaba frente a ella y el caballo y si este comenzaba a patear podría lastimarlo- Ho, ¡Ho!  –gritó mientras el animal volvía a despotricar tratando de liberarse y apartarse, ella se aferró con fuerza y gritó de nuevo- TORMENTA BASTA...-y dirigió sus ojos al pelirrojo con extrema preocupación por unos segundos, hasta que el caballo se logró soltar de su agarre y comenzó a correr por el corral, levantándose en sus dos patas, a la vez que ella agarraba las riendas por fin entre los balanceos para aferrarse apretando con sus muslos contra los costados del potente animal de temperamento infernal que estaba por comenzar a brincar, corriendo para un lado, para otro, rezongando- ¡Tormenta! –llamó sintiendo como este sacudía su cabeza. Con el corazón en el pecho a punto de salirse y el estrés comiendo sus nervios, apretando las riendas enredadas entre sus manos con sus nudillos blancos.

Una determinación brilló en los ojos de la mujer- Tormenta... –llamó su nombre de nuevo- Tormenta... –repitió agitada inclinando su cuerpo para que el caballo pudiese oírle. Con largas respiraciones dolorosas atravesando su pecho, definitivamente hubo una similitud salvaje entre el animal y ella, nuevamente la ira contenida de la criatura se reflejaba en ella que con manos temblorosas aferraba las riendas, rehusándose a rendirse ante las sacudidas de su nuevo compañero. Sentía la garganta seca, sus labios resecos y el calor del sol la había puesto a sudar enrojecida por la adrenalina, las riendas estaban más calientes de lo usual y forzando al caballo a no levantarse en sus cuartos traseros, demostró de que estaba hecha y que si podría controlar al animal.

Su respiración se fue apaciguando, y el agarre firme y fuerte que tenía sus dedos entumecidos fue cediendo de a pocos, a medida que había notado que el animal se tranquilizaba. Pero ya los había engañado una vez para soltarse ¿Quién decía que no lo haría de nuevo? Ella comenzó a levantar su torso de a pocos para sentarse derecha, sonriendo un poco, notando como dócil el animal se dejaba guiar, avanzando unos cuantos metros hacia adelante- …Lo logré…-susurró, notando una aparente calma que le acompañaba, como si nada. Su sonrisa se hizo más amplia con cada segundo y buscó de inmediato los ojos del pelirrojo para sonreírle de aquella forma que solo una victoria pura pudiese saborearse, dejando escapar una risilla baja, acompañada de un alzar de mentón que transmitía orgullo por su logro. Era extraño, por una vez más se sintió nuevamente entera, expidiendo un aura de fuerza que acompañaba el espíritu de ambos (caballo y dueña), alegría que compartió con Trystan al sonreírle de un modo que ella misma no recordaba haber sonreído en mucho tiempo. Acariciando la crin del animal enternecida por como este resoplaba y ya dejaba de sacudirse, relajado, posiblemente cansado por toda aquella emoción que le embargaba.

Era sin duda un animal hermoso, elegante y con una dignidad únicas que la acompañaban de paso con su energía. Con la sensación de poder alcanzar todo, dominar todo, conseguir todo lo que se propusiese, conquistar el mundo, capturar el sol, la luna o coleccionar estrellas. El sol reflejaba sus rayos con fuerza sobre ellos, el viento acaricio el cabello castaño de ella, emitiendo matices rojizos, el azabache del animal brillaba del mismo modo y galopando lento rodeó el corral sacudiendo su cola, como si se acostumbrase a la presencia de su nueva dueña-...Se tiene bien merecido un descanso, comida y agua.... –habló acariciando la crin del animal cariñosa notando como ella misma estaba cansada por aquel rodeo, sus ojos azules se posaron en los del hombre, sonriéndole mucho más- ¿Orgulloso? –preguntó divertida con esa suave voz melódica que parecía una caricia con su sedosa claridad. Ese día... no podría olvidarlo, ni al hombre que estaba allí de pie que había visto tan claramente a través de ella y ahora le había visto de aquella forma. Sin apartar sus ojos de él, sintió como la suave brisa acariciaba su rostro y su propia sonrisa se atenuaba un poco como si no fuese común mostrarse de ese modo. No era común, porque no lo había hecho en mucho tiempo, como si no supiera que hacer en ese momento para ocultar de nuevo aquello en ella.

Where Everything Ends and Everything Begins:

Aquel día, los ojos de aquel hombre habían llamado en ella más de lo que ella quería creer que era posible, admitirlo en voz alta era una desfachatez, sobre todo porque estaba segura que no era necesario decir nada, porque silenciosamente ambos lo sabían y el dilatar de sus pupilas y el brillo de sus ojos le delataban con facilidad. Silenciosa, sostuvo su mirada de nuevo por que era inevitable no hacerlo. ¿Por qué? Vayan los elementales a saber...” Has hecho por mi más de lo que merezco” pensó para si en completo silencio, pero la vida no te daba esas cosas gratis, un precio debía tener...y tuvo miedo de eso. Esa sensación como si hubiesen tomado un trozo de ella al abrir las puertas de sus emociones. Sus labios se tensaron un poco y mientras mordisqueaba su inferior, recordó cuando momentos atrás había rozado el mentón masculino.

Y sus dedos desearon recorrer más de eso.

“¿Kya a dónde vas?” se preguntó a sí misma sintiendo la misma sensación de cosquilleo en sus manos, sin darse cuenta junto frente a él, lo miraba nuevamente silenciosa “solo una vez más...” pero se contuvo y quiso hablar, quiso romper el silencio y de alguna manera acabar con aquella mirada que tenía fija sobre él, tragando saliva nuevamente para hidratar su garganta reseca y densa por quien sabe qué. Y nuevamente perdió su voluntad de interrumpir aquello, las palabras sobraban para expresar el agradecimiento, expresar las extrañas sensaciones que eran superiores a ellos, no tenían explicación, no tenían razón, pero si un origen. Y fue desde el momento en que las palabras dejaron de ser necesarias...

Inhalando profundamente la ojiazul, separó sus labios como si fuese a decir algo, pero no lo hizo. No fue necesario, solo bloqueó todo y decidió pensar en que el mundo era grande, a lo mejor no se encontraría con él de nuevo y bastaba solo un segundo para memorizar aquellas facciones y de alguna forma dibujar un mapa mental que conservaría para sí, junto aquellos ojos azules. Que le transmitieron un extraño temor ¿no verle de nuevo? “no lo veré de nuevo?” en medio de esa nueva sensación exhaló profundamente.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Jue Ene 26 2017, 18:46

Pese a la rapidez que había desarrollado con el desafío, el caballo fue mucho más rápido, desvocándose en cuanto sintió el peso de Kya sobre su lomo. Mis dedos soltaron las riendas de imprevisto con ese tirón repentino, y mi cuerpo se tensó a una velocidad exponencial por si necesitaba actuar. Y, aún así, no me moví en lo que montura y jinete se recorrían parte del corral, limando esas diferencias entre ellos. Pude jurar verla caer varias veces en lo que fueron interminables minutos. No obstante, nada de eso pasó. La muchacha insegura que había sido Kya al presentarme al caballo parecía haber desaparecido en la intensidad emotiva de ese instante compartido que nos había despertado a ambos, momentos antes. Ninguno de los dos era el mismo. Ya no. De una forma u otra, a pesar de no conocernos, habíamos sido puntualmente importantes en la vida del otro.
Un brillo decidido asomó a sus azules segundos antes de que la viera plantarse, determinada a detener los caprichos del animal. Algo que, tras unos instantes tensos y agónicos, terminó por conseguir, cuando Tormenta por fin, cedió a su dominio. Una vívida lucha por entenderse, por dejar las cosas claras entre ellos. El animal indómito libre frente a esa faceta indomesticable reprimida de la chica. Ambos tenían mucho en común aunque no fueran del todo conscientes. Desde luego, Tormenta tendría que aprender de Kya, tanto como ella del equino, llamando la atención como dúo allí a donde fueran, cuando supieran ser el uno parte del otro.
Con alivio paulatino, vi cómo el animal se calmaba y ella recuperaba entereza. Nuestras miradas volvieron a encontrarse, así como su sonrisa triunfal llamó a la mía. No me asaltó duda de que fuera a lograrlo, pero no supe verlo hasta ese momento, cuando ya Kya estaba exultante por su éxito y volvía a mí con Tormenta muchísimo más tranquilo que cuando se alejó, encabritado con ella sobre sus lomos. Se vio radiante entonces… como si llevara toda su vida intentando algo así y no lo hubiese logrado con anterioridad. Algo loable, sin duda.

Estuve completamente de acuerdo con sus palabras. Es más, pensaba que ambos tenían bien merecido ese descanso que Kya mencionó. No obstante, con su pregunta -que pudiera dar la falsa sensación de petulancia-, mi sonrisa se amplió-. Imposible estar más orgulloso de lo que lo pareces tú, diría. -admití. ¿Orgulloso? Sí, ¿por qué no? Un pequeño logro tras otro iban forjando grandes personas, fueran de la raza que fuesen. Lo importante siempre era no rendirse.
Y Kya, para mí, entraba dentro de ese grupo.

Lo que me llevó a pensar en el punto en el que estaba yo. Y, sin pretenderlo, me di cuenta de que mi particular caja de Pandora se había abierto, sin saber exactamente cuando. Había pasado por tanto, en los últimos tres años, que me había dedicado a vivir deprisa, sin mostrar debilidad alguna cuando realmente estaba más… destrozado de lo que ni yo alcanzaba a imaginar. Casi podía decir que muy probablemente me quedara sin aire cuando toda esa bola de sentimientos se me echara encima… algo que vi como inminente, de no ser por unos toquecitos que noté justo en el mismo momento que ya la sombra de aquello se cernía sobre mí. El animal había buscado mi contacto con su hocico, cortando ese hilo de pensamientos nada halagüeño, haciéndome desviar la mirada de su jinete a esos enormes ojos oscuros. Mi sonrisa se ladeó entonces-. Mal hiciste en llevar la contraria a una mujer, Tormenta. -bromeé, ajeno a la comprensión del animal, en lo que mis manos recorrían su ancho y peludo cuello. Seguí la trayectoria de mis ahora temblorosos dedos por el corcel hasta que me fue inevitable volver a mirar a Kya. Como si una luz ineludible se desprendiera de aquellos cristalinos orbes. Con las miradas entrecruzadas por enésima vez, le tendí la mano, para que la tomara como simple apoyo para desmontar, si ella lo quería así. Y entonces, sentí una pequeña punzada en donde debiera estar mi corazón.
Cu-cú. ¿Me echaste de menos?
Perdí gran parte de la sonrisa, entre la punzada y esa voz que me congeló y volvió a tensar. La entrada del dragón en un momento así, supuso una violación a mi entereza en toda regla. Imprevista así como inevitable. Me dejó totalmente petrificado, con las pupilas ahora empequeñecidas. Asustado, de hecho, por haberme pillado en un momento tan vulnerable.
Por la rubia madre, ni que hubieras visto un fantasma...
Con dificultad, tragué saliva, volviendo a tomar el control de mi paralizado cuerpo. Una determinación centelleó en el inmenso y profundo mar de mis azules, encontrándome de nuevo con esa mirada ahora tildada de preocupación. Quise suponer que había sido todo producto de mi cambio de humor repentino.
¡Oh! Espera... ¿Sigues con ella?
"Y, ¿qué?"
Su silencio fue espeluznante. Podía notar casi de forma física esa mirada entrecerrada en mi figura, queriendo ver a través de ella. Queriendo saber qué pudiera estar sintiendo o pensando. Aunque lo segundo fuese más fácil de adivinar que lo primero.
Hmmm… interesante.
Si había algo que pudiera tensarme aún más, fueron esas exactas palabras. Omití pregunta alguna, sin querer saber nada de lo que pudiera contestarme. Fui consciente de la ayuda que necesitaba con urgencia, llegando a dejarme sutilmente sin color.
Mi mirada desenfocada consiguió ganar entereza, en lo que yo me mantenía terriblemente cerca de ese impulso de huir lejos de cualquiera. Tenía que admitir, que mantener mis azules en la mirada de Kya me devolvía el control suficiente para poder exhalar ese aire contenido. Queriendo actuar, tan sólo alcancé a dibujar una suave sonrisa en mi semblante, sin que llegara a mis ojos. No obstante, dudaba mucho que ese mero gesto calmase la inquietud.
Ni la suya, ni la mía.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Jue Ene 26 2017, 21:30

Ella se había quedado mirándole a los ojos nuevamente, luego de aquellas caricias y palabras que le arrancaron una sonrisa de sus labios, dirigidas hacia el caballo terco que ahora finalmente cansado se había rendido a ello, quería demostrarle que, para ella, el no sería solo una montura y claro, sería con el tiempo. Sus ojos azules volvieron hacia sus iguales que parecían haber sentido que eso ocurriría, como si el tiempo se hubiese detenido nuevamente, observó como él extendía su mano a la suya y aunque tardó un poco y aunque probablemente hubiese podido bajarse sola, pero el cosquilleo en sus manos parecía llamarle, sentir la apremiante sensación de tocarle. Vaya quien a saber por qué, pero allí estaba ella liberando, su mano izquierda del agarre de las riendas y casi en automático deslizó sus dedos por sobre los dedos masculinos y en una suave caricia fue posicionando su mano izquierda en la de él, hasta que pudiese tomarla y envolver su mano. La aspereza de sus dedos y su piel era la que esperaba.

La sonrisa que tenía parecía haberse ido desvaneciendo una vez el tacto fue concreto, al estar sujetando su mano sintió la tensión, casi como si pudiese transmitirle parte de esa sensación, sus ojos que antes liberaban un destello vivo, parecían haberse apagado ligeramente. Una persona no observadora, no se daría cuenta de estas cosas, pero luego de ese día, algunas cosas cambiaban para ella notablemente y estaba segura que para él también. Notando la firmeza de su agarre, aprovechó para alzarse sobre el caballo y bajar con cuidado del mismo, notando entonces como el firme agarre se mantenía. Los ojos de la chica volvieron al rostro del hombre- ... ¿Trystan? –habló con suavidad observando como los hombros y cada músculo se crispaba en él. Sintiendo como un ligero frío demostraba ¿“temor”? normalmente la presión de la sangre bajaba cuando alguien se asustaba y esto causaba que extremidades se enfriaran.



Spiro:

Sus ojos azules volvieron a los del pelirrojo, tratando de encontrar una explicación a lo que estaba pasando, un entendimiento mayor a todo ese silencio y mirada perdida que él tenía. Algo no andaba bien... y el agarre se hacía más fuerte, causando que los huesos de su mano se quejaran con suaves punzadas de presión algo más dolorosas. Fuese lo que pasara, debía encontrar la razón y cortarla; mirando a los espejos azules preocupada porque algo invisible le tuviese así. No emitió queja alguna ante la presión de su mano y más que actuar con brusquedad se acercó un paso y luego otro sin dejar de verlo, sin hablar, inhalando profundamente levantó su diestra y la posó sobre su brazo izquierdo y con sus dedos deslizó una suave caricia, muy suave, tierna, dulce y pausada sobre este “estoy aquí y no voy a soltarte” aunque eso fuese algo imposible dado a la prensa dolorosa que la retenía y que ella aguantaba silenciosa tensando su cuerpo para transmitir determinación. La suave caricia de su mano derecha se deslizó hasta el codo masculino, bajando hasta que sus dedos tocaran su muñeca y dejara que estos jugueteasen acompasados buscando transmitirle sensaciones tranquilas que sabía recorrerían por inercia su piel.

Inhalando silenciosa, como invitándole a respirar con ella, una…luego otra...y otra. Mientras permitía a sus dedos acariciarle hasta el antebrazo superior de nuevo, bajando una vez más hasta su muñeca, delineando con sus dedos un trayecto hasta la mano, la cual sostuvo y presionó lentamente con mucho cuidado. Sin mirar nada más, ni moverse demasiado. Correspondiendo aquella sonrisa antes de que sus propios dedos continuaran con sus suaves caricias rítmicas y luchaba silenciosa con el dolor que ahora palpitaba en su mano capturada. Empujando su barra de resistencia al dolor un poco más para no alterarle más- ¿Trys...? –susurró suave, apenas como un murmullo al viento, como si quisiera acariciar con esto sus oídos para que el miedo, la tensión y el estrés que ahora habían hecho palidecer al pelirrojo comenzaran a encaminarse a mitigarse.


Genuinamente preocupada mantuvo sus ojos puestos en los de él, acompasando su respiración de modo que luchaba por mantener la tranquilidad usando todo ese control que había prácticamente ensayado todos sus años en la práctica como sanadora. ¿Le estaba doliendo la presión? Si, un montón a punto que el dolor trepaba por su brazo hasta su hombro acalambrándole, pero manteniendo la mirada se rehusó a que eso pudiese ganarle, se rehusó a que lo que sea que estuviese haciéndole sentir ese nivel de miedo al pelirrojo, ganara sin ofrecer un combate directo. Demostrándole que ella estaba tranquila, porque no dejaría que fuese eso más poderoso que ellos. Inhalando una vez más, levantó su mentón indicándole con eso que continuara respirando. Mientras sus caricias en su brazo izquierdo y su mano continuaban repitiendo el mismo patrón para que se acostumbrara a esto. A un patrón repetitivo y calmado que le ayudase a seguir el mismo camino. 

Sin movimientos bruscos, sin nada más que pequeños gestos calmados que esperaba ayudasen, aunque fuese un poco. Tensando el mentón, cerrando sus dientes con fuerza para contener el dolor un poco más sin demostrarlo, aunque podía casi pre-ver que no duraría mucho. Serena y muy calma, dibujando círculos en el dorso de la mano masculina, perdiéndose en los azules como quien bucea un mar transparente, atenta a ver si sus acciones tenían algún resultado. Añorante de que en serio el miedo desapareciera, más que el dolor que sentía que deseaba doblegarla sobre sus rodillas.




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