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Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

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Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Miér Dic 14 2016, 21:34

La luna había alcanzado su cenit cuando uno de los compañeros que montaba guardia me había venido a despertar -por petición propia y previa-, pues era menester que me acercara a la ciudad y conectarme a la red dracónica, para ver qué se cocía. No era el único que podía hacerlo, claro, no obstante, sí era mi turno.

Las cuevas estaban lo suficientemente alejadas como para que yo no fuera capaz de mantenerme conectado a la red de la Reina. Cosa que agradecía, pues el dragón que me había desafiado gustaba de molestarme mentalmente cada poco. En parte, todo esto me ayudó a tomar la decisión de mudarme de las alcantarillas a las cuevas. Un cambio que me había venido mejor que bien. Sin embargo, me fue complicado exteriorizarlo, pues el desafío me mantenía en un estado alterado casi continuo. Algo que aún estaba aprendiendo a controlar.
Ser un desafiado era extremadamente duro.

Dejé a Moira durmiendo, en una de esas veces que el embarazo le dejaba alcanzar ese grado de inconsciencia en el que era difícil despertar, desayuné ligero y me hice con una montura que no dudé en espolear hasta llegar a las cercanías de la ciudad, cuando apenas despuntaba el alba. Era el momento más tranquilo y cuando mejor se entendían todas aquellas voces... si es que no les daba por hablar draconiano, claro. En esas ocasiones, me frustraba el haberme levantado de la cama y haberme deformado mi trasero en la silla de montar durante horas, para nada.

Horas después, a media mañana, trotaba por las granjas colindantes cuando mi tripa me anunció que ya era hora de almorzar. Fue entonces cuando me di cuenta que me debía de haber olvidado el morral en las cuevas. ¡Maldición! Era estupendo. Tenía agua y algo de dinero... pero comida no. ¿Y yo había sido explorador durante años? Pffff.

Eché un vistazo alrededor, tirando de las riendas sutilmente para detener el caballo. A unos pocos cientos de metros había una modesta granja a la que no dudé en acercarme. De hecho, insté al animal a ir ligero, aunque no fuese mucha la distancia. La red había estado relativamente tranquila y no había razón de más para preocuparse, mientras me tomaba un pequeño descanso. Desmonté, haciéndome con las riendas para guiarlo y atarlo en un pequeño poste que había cerca de la entrada. Me acerqué, no sin cierta cautela a la puerta del lugar, echando mi mirada a mi espalda antes de golpear suavemente con mis nudillos la madera-. ¿Sería mucho pedir algo de comida para este viajero olvidadizo? -pregunté con media sonrisa complaciente a quien me abrió la puerta, instantes después. A tiempo, decidí asegurar que no tenía malas intenciones en absoluto:- Puedo pagar por ello, no se preocupe.





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Mensaje por Kya el Miér Dic 14 2016, 23:26

Los dueños de la casa habían salido a acordar un trato con otro granjero para intercambiar productos y semillas, su hermana estaba visitando a alguna amiga que conociera de su hogar y aunque su madre se había preocupado porque se quedara sola en la casa, la muchacha había preferido recostarse y como pocas veces, leer el diario de su padre donde se encontraban los conocimientos médicos que aún debía memorizar y aprender tal cual él los sabía a punto de no necesitar leer nada para saber qué hacer. Ella ya conservaba algo de ese conocimiento a flor de piel, era una sanadora eficiente o eso deseaba pensar de sí misma. Luego de la enfermedad que hubiese aquejado a su madre, la señora y su esposo habían admitido que sus conocimientos eran necesarios en casa, por lo que le apoyaban en su diario trabajo y estudio.

En un pequeño plato de madera, una hogaza de pan cortado resguardaba un trozo de pollo, que su madre había hecho para ella antes de irse, siempre tan amorosa su progenitora. La sanadora sabía cocinar, pero pasaba horas atendiendo pacientes, horas leyendo y podría decirse que con eso olvidaba incluso que debía comer, a lo mejor por ello su señora madre había dejado hecho algo que sin lugar a dudas ella había considerado demasiado para ella sola. Pasando la hoja del libro, pudo escuchar entonces el relinchar de un caballo, un galopar e indudablemente pasos. Alerta irguió su espalda y sentándose en el mullido sofá, cerró el diario escondiéndolo bajo unos cojines y luego escuchó el tocar madera de lo que seguramente eran nudillos. ¿Dragón o humano? La muchacha, presta se levantó cautelosa y caminó hacia la ventana donde asomó de reojo viendo el porte de un hombre alto de hombros anchos y nada más.

Acto seguido la chica caminó hacia la puerta y abrió cautelosa encontrándose con el extraño que seguro no había visto antes. Cuando vivías en zonas como aquella, conocías a tus vecinos por que casualmente no había muchos a cada tantos kilómetros y ella los conocía a todos, o eso deseaba pensar. Los ojos azules de la muchacha se posaron en el rostro masculino, mientras escuchaba su voz y por un segundo, se perdía en ello. ¿Comida? La sonrisa gentil y esa pinta y forma de hablar le hicieron darse cuenta que era humano y es que los dragones carecían de esa “humanidad”, aun así, no podía bajar la guardia.

¿Está de paso? –preguntó con suavidad, mirando por un segundo al interior de la casa y luego al exterior, paseando sus ojos por los alrededores hasta dar con el caballo que seguramente había escuchado antes. Parecía estar solo. Con una mano apoyada en el marco de la puerta y la otra en la puerta en sí. Debía ser muy cautelosa, a la hora de contestar. Pero su corazón blando, pensó en que quizá estaba así de paranoica desde la situación que había sufrido que había involucrado a los prófugos y al inquisidor. Quizá era eso, si y suspirando tratando de relajarse, asintió. Por supuesto que asintió, si el hombre tenía hambre y pagaría por ello, podía darle esa comida que su madre juraba que ella se comería toda y había sobrado de lo poco que ella misma había comido.

Ella sin embargo no pudo evitar reparar en los ojos azules que poseía el hombre y si en realidad un golpe de razón no la hubiese abofeteado, no se hubiera dado cuenta que se había quedado silenciosa y mirándole con aquel aire de pensar en extremo- Lo siento, creo que he tenido mucho que pensar últimamente –aclaró apartándose para dejar la puerta abierta, deteniéndola con un trozo de madera que movió con su pie, ya que una brisa deliciosa ingresaba por ella y era quizá agradable sentirla entrar de ese modo junto con la radiante luz exterior. Levantó sus ojos azules hacia el extraño hablando-….tengo pollo asado, puré de patatas y zanahorias dulces… -comentó invitándole a pasar hacia al interior, indicándole que podría sentarse en el pequeño comedor que servía para 4 personas o 5 dependiendo mucho de quienes fueran- también algo de pan….¿eso estaría bien? –preguntó mientras esperaba que el invitado prosiguiera.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Dom Dic 18 2016, 15:56

La muchacha que abrió y sujetó la puerta se mostraba inquieta, con un aire desconfiado. Fingiendo una tranquilidad que podía estar seguro que interiormente no sentía. Ciertamente, no le faltaban razones para no fiarse. Enarqué mis cejas con su primera pregunta, siguiendo su mirada más allá de mi presencia. ¿Qué estaría buscando? Para mi calma propia, aproveché para echar un segundo vistazo. No había presencias sospechosas más allá, ni siquiera movimiento fuera del camino principal que llevaba a la ciudad. Bien. Mejor que bien, incluso-. Sí. Aún me quedan unas horas en mi camino de vuelta pero, prefiero demorarme un poco más si con ello puedo comer algo. -contesté abiertamente, habiéndome vuelto hacia ella. No había mejor manera de transmitir cierta confianza que hablando con la mirada fija en la contraria. Y, por supuesto, explicarse con algo más de información era algo que también ayudaba, aunque no lo hubiesen pedido.

Pero aquellos iris, tan claros como los míos parecieron estancarse en mi miraz, incluso después de que yo le contestara. En verdad, tuve el impulso de preguntar si se encontraba bien, cuando ella misma se disculpó, apartándose para dejarme paso, finalmente-. No es nada. Tampoco... sabías que iba a venir. -musité, contemplando la posibilidad de que mi visita inesperada podía hasta no ser de buen gusto. Todo dependía de lo que ella estuviera haciendo. En un principio, obvié ese trato formal. Primero por falta de costumbre a usarlo. Y segundo, porque aquella muchacha era menor que yo. Al menos, en apariencia.
Con paso prudente, entré, en lo que ella utilizaba un pequeño taco de madera para trancar la puerta, dejándola abierta. Sin duda, el aire y la luz renovaron la estancia. Fue entonces cuando eché mis azules al pequeño saco de piel que siempre llevaba conmigo, con intención de contar esas monedas que traía conmigo desde... antes de que pudiera recordar.


Toda esa comida enumerada en los labios ajenos me hizo ascender con mis cristalinos ojos, en busca de los de ella, con mi ya que inconsciente alzamiento de ceja, acompañando. Y tan sólo de escucharla se me hizo la boca agua. Aún entraba dentro del margen de tiempo en el que aún podía sentir algo tan cotidiano como era el hambre que nos impulsaba a comer. Tuve que humedecerme los labios en lo que apartaba la mirada de la chica, pensándome la respuesta durante un pequeño lapsus de apenas milésimas de segundo:- Más que perfecto, la verdad. -no venía buscando comida de rey. En absoluto. Dadas las circunstancias y los tiempos que corrían, sería un verdadero necio de ir buscando algo así. Y menos por unas míseras monedas-. Te agradezco la hospitalidad. Últimamente, es algo caro de ver... -enuncié con una tonada afable. Los desconocidos no solían ser bien acogidos. Menos desde esa persecución exhaustiva e inagotable por parte de la Inquisición. La gente había dejado de ser amable, principalmente por miedo.





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Mensaje por Kya el Lun Dic 19 2016, 07:36

Ella sabía que la hospitalidad era algo que ya no se estaba viendo, a lo mejor era ella misma que se preocupaba por todos. Sus pasos hacia la cocina fueron serenos, pensando en los alimentos que su madre había preparado. No le molestaba para nada el haber comido poco, ella usualmente perdía el hambre y con los sucesos recientes, la sanadora había perdido este de mil y un formas. Las manos de la chica se movilizaban, buscando un plato de madera, una taza de metal delgado donde solían beber y una cuchara de madera; Se acercó a la cacerola que aún descansaba sobre el fogón semi apagado y tapada, tomando un cucharón de madera y con este sirvió de aquellos alimentos cálidos que alimentarían a aquel extraño de ojos como el cielo, que acababa de dejar ingresar. Y de entre las jarras almacenadas de la mañana, tomó una que contenía una limonada endulzada con miel, se conservaban frescas durante la noche y tapadas y así lograban enfriarla.

Llenó la taza con este manjar casero y colocando la cuchara de madera en el plato junto a los alimentos, sujetó ambas cosas y caminó al comedor donde había invitado al hombre a sentarse-…Sé que no es mucho…-dijo suave- de hecho…fue un pequeño gusto que nos dimos para celebrar que las cosechas están mejorando…-Habló la muchacha con serenidad marcada en su voz-….y es cierto…supongo que ha de ser por la cantidad de persecución que ha habido los últimos tiempos…-dijo sin miedo, ya le había expresado a un Inquisidor su descontento y forma de pensar. Y este gracias a los dioses elementales, no le había llevado presa por quejosa. Pero al decir eso, ella recalcó su enojo y su temperamento volvía a aflorar como si fuese a encenderse una almena con solo ese tono “descontento”. Harta del miedo esparcido entre sus pacientes y las pobres personas que solo deseaban vivir sus vidas, con aquel pensamiento; caminó hacia la pequeña salita donde había estado antes e inclinándose, tomó el plato con lo que había estado comiendo, pensándose que sería mejor no aburrir al recién llegado con aquellas quejas motoras que salían con naturalidad.

Lo siento, creo que mis ánimos han estado algo agitados últimamente. - ¿Últimamente? Era posible que tuviese mucho más tiempo de ese modo de lo que nadie podría imaginarse y con esa disculpa, parecía ser alguien que estaba sumergida en conflictos mentales a cada segundo. Pero ella nunca solía decir nada a nadie y muchas veces solo pensar que debía dejar de sentirse tan terriblemente inconforme. Inconforme con el sistema, inconforme con la situación y aunque los campos ya comenzaban a dar frutos, era solo “trabajo” para alimentar las mesas de los burgueses mientras ellos vivían desgastándose y mordiéndose mutuamente para proteger lo poco que se tenía y exhalando un suspiro profundo, detuvo su avance para agregar-… ¿Puedo servirle en alguna cosa más? Si desea puedo darle agua a su caballo para que se hidrate también.

Los ojos azules de la muchacha buscaron los del hombre, esperando la respuesta que este le daría. Intentó pensar si lo había visto en algún lado, porque por esas tierras solo pasaban personas que vivieran en el área o así solía ocurrir, pero sus facciones eran absolutamente nuevas. Por lo que su interna deducción le decía que, en efecto, podía ser de lejos de allí y ahora que lo pensaba, la sanadora no solía quedarse muda por tanto tiempo. Inhalando un poco movió sus ojos a un petirrojo que se posaba en una de las ventanas, este emitió un pitido, luego otro y otro antes de sacudir sus pequeñas alas y escapar por donde vino sin rumbo fijo. Ella abrió un poco sus labios, como si hubiese querido decir, pero silenció hasta que lo hizo- Es raro que aparezcan por aquí, parecen pre-sentir que este no es un buen lugar para nadie…-habló casi inaudible.




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Mensaje por Trystan el Lun Dic 19 2016, 21:29

La chica me invitó a sentarme justo antes de desaparecer en lo que supuse era la cocina. Mi mirada se paseó por toda la estancia, deduciendo la humildad de aquella familia por la decoración... o falta de ésta. Junté las palmas entre mis piernas, mientras esperaba. Fueron unos minutos que pasaron relativamente rápidos, cuando la muchacha volvió a aparecer con un plato humeante y a la vista apetitoso. Estuve tentado de levantarme pero, en su lugar, alargué mi mano para hacerme con aquel recipiente, en mi intención por ayudarle con esa pequeña carga-. Es más que suficiente, gracias. -contesté con la sonrisa más agradecida que pude mostrarle, antes de bajar mi mirada a la comida. Siempre era de buen gusto mostrarse satisfecho con la ayuda prestada, aunque fuese comida. Una mala educación no amparaba a nadie. Ya fuera heartless o humano, dragón o híbrido. Yo había tenido eso presente desde que  mis padres me lo enseñaron-. Especialmente, los dos últimos años la opresión ha llegado a ser asfixiante. -murmuré con cierta resignación y las cejas alzadas. No me di cuenta en ese momento, pero esa perspectiva personal que me ayudaba a afirmar esa presión que sufríamos los que estábamos en contra del régimen, pudo delatarme parcialmente. Al menos, si la muchacha era avispada, podía darse cuenta de que para ser un simple transeúnte, sabía demasiado sobre persecuciones exhaustivas. De hecho, con lo ocurrido, a mi mente vino la hambruna y todas esas reuniones y decisiones que tomé como líder de la Resistencia.
Cuando aún era líder...
Cuando aún era humano.
¡Dioses! Parecía haber pasado una auténtica eternidad desde entonces.

Me hice con la taza con aquella limonada, llevándomela segundos después a la boca. Aquello estaba delicioso. Emití un murmullo en concordancia. Joder, qué bueno está ¿Y todo lo demás?-. Sin lugar a dudas, habéis sacado lo mejor de las incipientes buenas cosechas. Y eso que aún no probé bocado. -halagué de una manera sutil, conteniendo ese impulso de llevarme todo al gaznate. De haber ocurrido algo así, seguramente habría salido del lugar a escobazos. Una situación hipotética que me hizo sonreír.

De primeras, negué ante sus disculpas. No tenía por qué justificarse ante mí por andar ausente, preocupada o agitada. Yo no pensaba molestarla más allá de un pequeño rato en el que pudiera disfrutar de aquella sopa tan deliciosa que había puesto en mi plato-. No... No te preocupes. Podemos hacerlo más tarde. -enuncié para despreocuparla. El animal podía esperar un poco más, sin duda-. Has hecho mucho, en serio. -aseguré, haciéndome ahora con el cubierto de madera para continuar comiendo.
Fui a preguntar con curiosidad, si ella vivía allí con su familia, algo que podía ser obvio, mas no para un completo desconocido. Pero una cavernosa y fastidiosa voz interrumpió el momento, haciendo eco en mi cabeza:
"Bueno, bueno, bueno. ¿Cómo tú por estas cercanías, Trystan."
"Y yo que juraba que no volvería a escucharte en una temporada...", contesté en la mente ajena, hastiado. Salir de mi escondite conllevaba el riesgo de escuchar a ese inquisidor acosándome.
"¡Oh! ¡Serás grosero! Te desapareces sin noticias durante meses, ¿y ahora ni saludas?"
"... Eres demasiada molestia como para que quiera tener más diálogo contigo." vertí en la mente de aquel molesto lagarto que aprovechaba cada acercamiento. Como si alguien le dijese a gritos que yo podía escucharlo.
"Lamentablemente para ti, pelirrojo, eres mío... Puedo jugar todo lo que quiera contigo..."
"... mientras tengas mi corazón.", atajé. Sin pensar demasiado en ello, mis azules se ensombrecieron, colmados de malos recuerdos de aquella tortura que acabó tan mal. Mis manos se apretaron, dejando los nudillos blanquecinos por toda esa impotencia e injusticia que me hacía sentir mi propia situación.
"¡Exacto! Y aún no hiciste nada por recuperarlo. Así que, estoy en mi derecho."
Inspiré largamente por la nariz, cerrando los ojos, totalmente decidido a ignorarlo cuando la muchacha habló, en un inocente comentario sobre los asustadizos petirrojos. Mi mirada atendió su figura, en lo que mi mano, ya aferrada al utensilio de madera, llegó a quebrarlo. Una de las partes astilladas, se hundió parcialmente en mi palma-. ¡Maldición! -exclamé, conteniendo claramente cualquier verborrea peor. Las clases de autocontrol de Thareon, comenzaban a dar sus frutos. Aunque... no del todo, exactamente. Aparté las astillas en un movimiento rápido, siendo consciente finalmente de lo que había hecho. Con algo de apuro, volví a buscar la mirada ajena-. Lamento haberlo roto. ¿Tenéis algo con lo que vendar la herida? -pregunté con suavidad. Ya me lo verían en las cuevas más tarde.
No andaba preocupado por que se infectara, precisamente.





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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Mar Dic 20 2016, 08:36

La casa no era una vivienda realmente pobre, los muebles eran hechos a mano por el hombre de la casa, los cojines y cortinas eran hechas a mano por su madre se notaba que lo eran, por lo que indudablemente se permitían lo que podían y vivían “bien” dentro de lo que se podía. No dormían en el suelo al menos o en una casucha con techo de paja, pero tampoco era una casa perfecta con todas las comodidades, la madera oscura y rustica de los muebles delataban sin duda su origen.

Su cerebro comenzó a trabajar arduamente mientras escuchaba las palabras que le llamaron la atención casi al instante: Opresión y Asfixiante.

Ambas contenían una entonación que ya había escuchado antes, el modo de decirlo era distinto a como se referían los demás al régimen de la lagartija madre, en efecto. Y ese hablar le llevó de vuelta hasta los años en los que viajó mucho con su padre, atendiendo a distintas personas, aprendiendo otros idiomas, dialectos y costumbres, aprendiendo medicina y a sanar distintas enfermedades o males. Su memoria prácticamente había corrido de vuelta hacia conversaciones difusas que ahora no tenían mucho sentido por no recordar todas las palabras o el tema de charla, pero que venían normalmente de dos tipos de persona: Exiliados y Rebeldes.

Sus ojos azules, se posaron en los del hombre, que hablaba sobre las cosechas. Una sonrisa naturalizada por las vibraciones de su voz y la gratitud que la impregnaba, se dibujó en sus labios.

Lo que ocurrió a continuación, fue casi surreal, por un momento el estado de ánimo del hombre cambió, no dijo nada, estaba realmente mudo, pero parecía pensar en mil cosas más, aparte de lo que realmente estaba haciendo, sus facciones se endurecieron y tornaron sombrías. Parecía notar como sus hombros se crispaban y sus ojos cerrados indicaban que algo ocurría, más cuando la vio, el chasquido de la madera quebrándose la hizo sobresaltarse un poco, no de miedo, si no de preocupación pura. Algo ocurría con aquel hombre y fue cuando sus instintos la hicieron moverse, aproximándose a la mesa, para colocar su plato en la misma y rodeándola se acercó al extraño.

Permítame…. –dijo tomándose la libertad de sujetar con sus manos la mano del hombre y observar que tan incrustadas estaban la astillas. Con ojo clínico la sanadora, habló- …No la toque, espere aquí un momento…-dijo con suavidad para apartarse y caminar hacia una puerta que abrió y como si fuese un sótano, bajó las escaleras perdiéndose. En poco tiempo los pasos de la fémina se escucharon y apareciendo por la puerta de nuevo con una bolsa marrón colgada del hombro, caminó hacia la cocina y buscó un cuenco y un cántaro de agua mediano que tenía una tapa. La cual removió para verter agua en el cuenco y tomando un paño, se sentó en una silla próxima, casi al frente del extraño mientras extendía su izquierda para que él le diera su mano y así empezar a trabajar.

La sanadora, sostuvo la mano con suavidad, mientras con su diestra, tomaba unas pequeñas pinzas y con ayuda de estas, sujetó un extremo de la primera astilla y la removió con cuidado tratando de no causarle dolor. Sus ojos fijos en la herida y en como el trozo de madera salía- Hace un rato…dijo algo que no había escuchado en mucho tiempo…-dijo con suavidad, sin levantar la vista aún, sintiendo la suave brisa ingresar por la puerta, refrescando e iluminando la estancia de forma bella. Extrayendo la astilla para dejarla sobre la mesa, volviendo a repetir el movimiento con cada astilla que encontrara enterrada-…Lo de “opresión” y “asfixiante” …-sus ojos azules se levantaron para encontrar los del hombre y mientras tiraba de otra astilla con cuidado no dejó de verlo- …..es…usted un exiliado?.....o rebelde?.... –cuestionó algo dudosa de su pregunta-….No debe temer, no diré nada a nadie –musitó con suavidad, dejando las pinzas en la mesa para tomar el paño y humedeciéndolo limpiar la sangre y observar si quedaban más antes de empezar con el trabajo de sanación. 

Todo lo que hacía la ojiazul, era con cuidado, demostrando que era algo habitual para ella. El hecho de sanar heridas. Dejando el paño a un lado, extendió su mano derecha hacia la bolsa y sacó un frasquillo que destapó, reconociendo la fragancia como una mezcla de hierbas vueltas una pasta- Esto le ayudará a que las heridas por incruste sanen propiamente....-susurró explicando para asegurarse que este estaba anuente a ello-....puede arder un poco...




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Mar Dic 27 2016, 22:09

Mi mano aún temblaba por la herida cuando la muchacha, de forma totalmente imprevista -y particularmente educada-, se acercó a echarle un vistazo.
"Vaya, Trystan, no se te puede dejar solo."
"Cállate. No sabes nada.", volví a gruñir. Estaba a punto de arrepentirme de haber vuelto a las cercanías de Talos. Mis meses pasados en las cuevas, me habían hecho olvidarme de la verdadera razón por la que abandoné la base de las alcantarillas.
"No, desde luego. Algún día, cuando nos volvamos a ver las caras, te pediré tu secreto."
"¡No pienso decirte nada!". Además, para no variar, aquel malnacido estaba sacando las cosas de contexto. Por completo.
Mis azules, ascendieron hasta el rostro ajeno, para adivinar que no era ninguna novata observando heridas. Asentí ante sus palabras, más que dispuesto a esperar. En cuanto desapareció, el dragón volvió a tensarme con sus molestas proyecciones en mi mente:
"Así que... ¿ya te cansaste de la última?"
"No."
"¿Por qué estás aquí otra vez, Trystan? Y con nueva compañía. Es guapa. ¿Por qué no te das una alegría? Te noto demasiado tenso."
"Mis asuntos no te atañen."
"Oh, claro que lo hacen, pelirrojo. Tu vida está ligada a la mía desde que así lo decidí yo... ¿no te parece romántico?"
Bufé sonoramente, justo antes de ver aparecer a la chica que tan amablemente me había dado asilo y comida por un rato. Tragué saliva, decidido a ignorar esa voz en mi cabeza que me cambiaba drásticamente el humor. Supuse que la morena se concentraría con todo lo que trajo, en silencio. Pero, para mi suerte, no fue así. Volví a su mirada, medio oculta por su melena y al estar ella pendiente de mi mano, ahora extendida sobre la mesa, palma arriba, a su completa disposición. De hecho, su conclusión por mis anteriores palabras, me llevó a decir... :- No pensé que había sido tan obvio. -musité con una de las comisuras de mis labios alzada, justo antes de aspirar entre dientes, al quitarme una de las astillas. Dependía también de lo despierta que fuera ella. Con todos los carteles que aún colgaban de varias puertas y postes de Talos con lo que pareciá un retrato aproximado de mis facciones, no me extrañó del todo que fuese precavida al hablar y tantease primero. ¿Los habría visto? Afortunadamente, a menos que yo se lo dijera, ella nunca sabría quién había llegado a ser yo dentro de la célula terrorista-. Pero sí... Intento luchar por lo que algunos consideran un imposible. -yo, pese a todo lo ocurrido, mantenía mi convicción en que ambas razas podían coexistir de una manera más igualatoria.
"¿Por qué?"
"¿Por qué.... qué?"
"Hola, Trystan. ¿Te recuerdo tu desafío?"
"Sé perfectamente cuál es", lancé como pensamiento solemne. Tenía que convencer a esa lagartija pedante de que mi bando era el correcto.
"Bueno, no digas que no te doy opción a resolverlo. Me despierta curiosidad."
No sería hoy cuando contestara a esa pregunta. Aún no estaba preparado.

En su lugar, me limité a observar el cuidado e incluso mimo que le dedicaba a cada trozo de madera que se había quedado clavado. Al poco, mi mano tembló levemente cuando ella huntó aquel hungüento sobre la herida. Entrecerré mis azules, sin perder detalle de lo que hacía. Una sensación cálida se me disparó a través del brazo, lo que me hizo carraspear ligeramente-. No tengo... manera de pagarte esto. -desde luego, no entraba en mis planes romper nada ni obligar a la chica a hacer tareas extra-. No quiero quedarme en una simple disculpa por venir a interrumpir tu tranquilidad, abusar de tu hospitalidad y, además, romper tus pertenencias. -enuncié, sin apartar mi mirada de lo que fuera la suya, aunque ella no me mirara-. ¿Hay... hay algo que yo pueda hacer por ti? -apenas la conocía, pero ya había hecho por mí, mucho más que cualquier otro desconocido.
"Todo un príncipe azul. Sí, señor."
"Cállate. Nadie ha pedido tu opinión"





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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Miér Dic 28 2016, 09:02

Ella conservó su silencio, sosteniendo la mano masculina en su mano, trabajaba, colocando las hierbas con cuidado. A lo mejor era porque ya llevaba mucho tiempo atendiendo pacientes, solía reconocer cuando se tensaban o parecían estar nerviosos. No mencionó nada hasta recibir una respuesta a lo que había dicho-…No has sido obvio…pero creo que llegué a interactuar con algunos de ustedes tiempo atrás….pensé que solían estar lejos de lugares como este….-explicó la sanadora, que ahora, soplaba un poco sobre las hierbas escuchando esas palabras-….entiendo…..-murmuró-… Es intentando lo imposible como se realiza lo posible…-habló con suavidad, asegurándose que el sangrado se detenía al estar cubierto por las hierbas. Por lo que moviendo una de sus manos alcanzó un rollito de venda, dejando la mano masculina descansar en la mesa, para cortar con una tijerilla un trozo que dobló en un cuadrado perfecto y lo colocó sobre las heridas cubiertas por hierbas.


Y así, tomó el rollito y empezó a vendar con cuidado-…también creo que hay que luchar para cambiar las cosas…-quizá era la persona menos indicada para decir algo así, ya que ella era solo una sanadora que no hacía más de lo que diariamente hacía por las personas, pero mejoraba un poco sus vidas…o eso quería creer-…aunque sean cosas pequeñas como esta….-murmuró sin mirarle aún-…recibir a un extraño y darle comida….o no echarlo a patadas por romper los utensilios de hogar…-dicho eso una sonrisa como pocas se dibujó en sus labios y sus ojos azules se fijaron en los del hombre sin apartarlos-…..No te he cobrado, ni lo haré…-respondió a su comentario-…Lo dices como si fueras una pesadilla viviente….calma…..-volviendo sus ojos a su trabajo, con una tijera cortó la venda y luego por la mitad apenas 4 o 5 centímetros y con estos extremos la ató y aseguró, volviendo a mirarlo-….como nuevo….-respondió dando unos dos suaves toques finales, había notado sin duda que estaba algo rígido aún y su estado parecía ser nervioso-….no te pierdas…todo estará bien…no te acusaré con nadie o algo….-habló suave, deseando transmitir calma, pensando que a lo mejor era eso lo que le tenía tenso.


Negó con suavidad-…Usualmente no pongo a mis pacientes a trabajar cuando no pueden pagar por lo que haya hecho por ellos, esta es una granja, todo lo que se hace es manual y tú, mi querido extraño te acabas de lastimar una mano…-agregó con cierto humor impreso en sus palabras-…la mejor forma de pagarme es comiendo…disfrutando de ello y contestarme una pregunta…-habló serena, mientras desviaba sus ojos de los azules ajenos no deseando tampoco incomodarle con ese constante mirar-... ¿crees….que en un futuro…podrá haber…mayor igualdad entre ellos y nosotros? ¿Lo crees? … -quizá la preguntaba sonaba genérica, pero tenía un trasfondo agudo que ella necesitaba saciar. Sus ojos azules volvieron a los de él y buscó una respuesta en ellos antes de sonreír algo perdida y negar un poco-…disculpa por mis preguntas tontas…-se apresuró a agregar. Porque esa inconformidad tenía la culpa de que se cuestionara muchas cosas-…veo tantas injusticias, veo tanto sufrimiento…veo las discriminaciones y solo…puedo preguntarme como algunos pueden vivir así y tomarlo tan normal… -agregó casi inconsciente, desviando sus ojos a la ventana unos segundos antes de alcanzar un cubierto no usado que seguro podría utilizar su invitado, colocándolo a su lado para que pudiese comer.


Los ojos de la mujer reflejaban conflicto, como quien se calla muchas cosas y a su vez las moldea a su silencio. Sus manos buscaron como aplacar el sentimiento de haber preguntado algo ridículo, y encontraron su momento, en el recoger de cada pieza médica, dejando las que necesitaban ser lavadas aparte.




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Mensaje por Trystan el Lun Ene 02 2017, 21:12

Ladeé ligeramente mi cabeza a un lado cuando comentó que había estado con más de mi gente. Mis ojos no perdieron detalle de todo lo que hacía mientras, manso en apariencia. Me entró curiosidad y estuve por preguntarle pero no lo vi apropiado. No después de sentirme tan abusivo. No obstante, la muchacha no se quedó ahí. En un principio, no pensé que fuera a tener nuestra misma línea de pensamiento, cosa que ella me aclaró con sus siguientes palabras-. También depende de lo que estés dispuesto a arriesgar. Para muchos, todo vale… Y, al final, no consigues nada. -vale, era un comentario derrotista, tal vez. Pero, después de haber sido líder de la Resistencia y haber perdido a tanta gente, no me parecía haber conseguido gran cosa. Fijándome en mi propia experiencia, me había mantenido con vida, sí, pero… ¿a qué precio? Es más, ¿qué estaba dispuesto a arriesgar ahora que tenía a Moira, aquel bebé en camino y no tenía mayor responsabilidad para con la Resistencia? La idea de desertar se me pasó por la mente, de forma fugaz.

La muchacha siguió hablando, siguiendo la conversación y sacándome a mí de mis propias cavilaciones.
"Vaya, es igual de ilusa que tú, pelirrojo"
Esa gente ilusa es quien os pondrá las cosas difíciles”, ¿es que no iba a parar de irrumpir en la conversación y dejar de hacer comentarios que lo único que hacían era llenarme de impotencia? La chica que me acompañaba no se merecía la faceta de Trystan más tensa que existía. Eso contando con que no perdiera de nuevo el control. Algo complicado, por una nimiedad así.
"Bueno, yo no tengo que preocuparme, ¿no? Vas a demostrarme y convencerme de que esto en el bando perdedor..."
Te podías guardar toda esa ironía, malnacido”, exhalé entonces, molesto por un comportamiento tan sardónico.
"Cuando cumplas tu desafío, me darás la opción de respetarte. Mientras… no seré tan grosero como tú y te diré llanamente que es lo que hay."
No contesté. No vi conveniente echar más leña al fuego. Además la chica me sonrió, asegurándome que no me exigiría pago por todo lo que estaba haciendo por mí. Y fue la curvatura de sus labios la que llamó a la mía, por simple empatía-. Por esta vida, tienes mi total gratitud, entonces. -murmuré antes de marcar más esa sonrisa y llegar a reír entre dientes segundos después por esa curiosa forma de describirme que, en algún momento de mi vida, se acercaba drásticamente a la realidad-. Tal vez te sorprendiera, de pasar más tiempo conmigo… -añadí,enarcando las cejas por un instante.

Sin embargo, mi gesto ganó seriedad, volviéndose algo sombrío incluso, cuando ella mencionó la palabra “acusar”-. No es algo que me inquiete a estas alturas. -había conseguido escapar de dos torturas, dejando mi corazón en una de ellas. ¿Qué me quedaba por perder si volvían a capturarme? Ya no había nada que yo pudiera entregar a la Inquisición. Porque ya no tenía más que una familia. Y por ello, antes entregaba mi vida.
"Qué bonito..."
Sin contar con esa inmunidad que tengo con los tuyos, gracias a ti…
"¡Maldición!"
Ser desafiado, a veces tenía sus ventajas. Sonreí ladino, casi sin darme cuenta. También, por las palabras de la muchacha. También yo había sido poco habil, al ofrecerme para hacer algo que, de por sí, podía ser más dificultoso por la herida que me acababa de hacer-. ¿Esto? -alcé la mano vendada-. Se curará antes de lo que piensas. -la capacidad de curación se había visto incrementada y era más que posible que al final del día tan solo quedara la mala marca rojiza de esas astillas que se habían clavado en mi palma-. Pero no insistiré. -capitulé sin perder la sonrisa. Me limitaría a comer y a conversar con ella, si así la joven quería-. Tú eres la anfitriona aquí. -remarqué, haciéndole ver que no tenía ni la más mínima intención de provocar una situación incómoda o siquiera llevarle la contraria.

Aunque no escuchara nada más por parte de aquel dragón, sabía que andaba expectante, haciendo que me sintiera vigilado y, por ende, tenso. Tan sólo la conversación con aquella chica, conseguía nivelar la balanza, manteniéndome lo suficientemente tranquilo como para no preocuparme de llegar a algo más que romper una simple cuchara de madera-. Por eso estoy aquí. -contesté a esa pregunta suya-. Quiero decir, no en tu casa, obviamente, sino de paso por ella. -rectifiqué con algo de apuro, llevándome finalmente la mano que no tenía vendada a rascarme la nuca-. Es algo por lo que vengo peleando muchos años... -volví a mi posición inicial y relajada-. Te puedo asegurar que no soy el único ni aquel que deje de luchar por ello mientras pueda. -apenas había terminado de ponerme serio aunque esperanzado cuando volvió a excusarse-. No te disculpes, por favor. Estás en tu derecho de querer saber si algún día conseguiremos algo más que... esto. -cierto era que en todos mis años de terrorista era justamente ahora cuando más esperanzas albergaba. Todo por esa revolución que Thareon habían puesto en marcha. Mis azules aún permanecían en su figura, mientras hablaba-. Lo que me extraña es... si tanto quieres que cambien las cosas... ¿por qué no dejar de preguntártelo y hacer algo para que eso suceda? -inquirí, ahora realmente curioso. Quizás porque la chica era demasiado joven. Quizás porque, después de todo, ella no vivía tan mal... Sólo ella sabía por qué aún no había dado ese paso.

Desde luego, acababa de comprobar que dotes para ayudar no le faltaban, precisamente.





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Mensaje por Kya el Mar Ene 03 2017, 03:48

Fue una respuesta que la hizo sentirse no tan extraña.

“También depende de lo que estés dispuesto a arriesgar”

¿Qué estaba dispuesta a arriesgar? Es obvio que había más allá de los deseos y cometidos que cada quien se proponía y el hacer y no hacer estaba en la línea delgada de las responsabilidades. Porque egoístamente había quien pensaba que la vida era propia para regalar sin importar nada más. Pero dentro de ese círculo de sucesos e impulsos, había colaterales que podían caer luego de uno mismo.
¿Creía que eran banales los intentos de conseguir igualdad? No, no lo creía… de hecho los creía pequeños a ojos del spectrum general, pero eran un avance de a pasos cortos de la realidad que afrontaban, a un futuro mejor. Y ese sentimiento dentro de ella se había acrecentado conforme había conocido a ciertos seres que comenzaron a trabajar sus pensamientos como si regasen las ideas que habían dormitado en su cabeza por años.

La muchacha sentada en aquella silla tenía sus ojos posados en el rostro del extraño, del cual no conocía aún su nombre. Silenciosa, dejaba que los ojos iguales a los suyos se sumergieran en los propios sin necesidad de hablar demasiado, como si un océano brillante y de marcadas siluetas se dibujaran escribiendo emociones. Ella era transparente cuando quería y por extraño que pareciese, ella parecía entender mucho de lo que veía, las tenciones, el dilatar de sus ojos y a lo mejor algo le indicaba la inquietud en él. Pero guardó sus preguntas para sí misma, esperando que él no se sintiera incómodo.

Cuando él le devolvió aquella sonrisa, ella la sostuvo escuchando sus palabras y dejó que fluyeran junto a unas suaves risas que escapaban de ambos al escuchar lo que decía en respuesta- Pues, he conocido muchas pesadillas vivientes, sé lidiar con ello sin perder la cordura…no me molestaría pasar más tiempo contigo -dijo serena irguiendo su cuerpo de la silla para tomar los instrumentos utilizados y colocando todo aparte, tomó un vaso y lo llenó con agua para beber de este volviendo a su silla, antes de volver a verlo y notar su seriedad. Aquella forma de formular esa frase le causó un escalofrío ¿tanto había perdido? Pudo captar en sus ojos azules como el cielo mismo, que estaba delante de alguien que había sufrido mucho y la oscuridad en sus palabras lo decía.
Pero ella no había vivido horrores tal cual, como para decir que lo comprendía en su totalidad y a lo mejor era iluso y tonto decir un simple “Siempre hay algo por lo que preocuparse”, pero a su manera comprendía cuando nada más llegaba a importar, ella siempre había pensado en los demás y aunque su edad dictara la tierna juventud que ostentaba. Sobre sus hombros, sobre sus emociones, estaban todos los días las vidas de las personas que trataba y nunca jugaría con algo así, por ello había madurado antes de tiempo, su tierna hermana le llevaba apenas 2 años y esta solía disfrutar de la vida mucho más que ella misma, que se tomaba muy en serio el curar, ayudar y aprender más para salvar a cuantos pudiera de las precariedades de la vida injusta a la que sentía estaban sometidos todos.

Se cargaba como bloques de concreto a los hombros esta tarea.
Y por ello a veces se sentía cansada emocionalmente, drenada, por ser fuerte para sus pacientes y su familia. Pero se había prohibido ser débil o mostrar alguna duda en sus accionares, incluso en sus inquietudes con respecto a la realidad. Y seguido a sus pensamientos, él le apartó de estos, haciéndola sonreír de nuevo- Así me gusta, que no me lleven la contraria. Suelo tener un temperamento del asco cuando lo hacen –dijo bromista y a su vez muy en serio. Aquella personalidad tan vivaz y tenaz resurgía de las cenizas como el fénix para mutar en una radiante muchacha de temple de hierro. Una tierna brisa ingresó por las ventanas y la puerta, logrando que las cortinas se moviesen y un mechón de su propio cabello cayera sobre su rostro con matices almendra y miel. Escuchando la respuesta que este daba, sacando pequeñas sonrisas por cómo se corregía rápidamente y gesticulaba su pensar con respecto a la situación que experimentaban todos.

Esa… -respondió la chica casi después de que él formulara su pregunta- Es una buena pregunta… -sus ojos volvieron a encontrarse con los de él mientras se permitía sentarse mejor en la silla, cruzando una pierna bajo su muslo, sentándose sobre esta mientras levantaba la otra apoyando su pie sobre el borde de la silla abrazando su rodilla y apoyando su mentón en esta-….Supongo que, estoy preocupada por lo que podría ocurrir con mi hermana y mi madre si decidiera arriesgarme más…a lo mejor es porque mi padre murió queriendo ayudar y hacer lo correcto. No le temo a la muerte, temo a lo que mi hermana pueda llegar a vivir sin mi…-Nadie quería morir y no era por ser trágico, pero ser un rebelde, sabía que representaba un peligro grande que, si te tomaba con los pantalones abajo, podrías acabar viviendo los horrores más extensos y ella estaba dispuesta a ello, si así pudiese asegurar la vida de su familia.

Solía ayudar a los rebeldes, con mi padre cuando era más joven. A los exiliados…viajeros y todos aquellos que necesitaran ayuda. Hasta que por proteger a un grupo de rebeldes fue asesinado por los dragones que los perseguían. Muchas veces he deseado retomar lo que dejó él… dio su vida y me mandó lejos para que sobreviviera a ello diciendo que tenía que vivir para un propósito mayor que esto…–Y fue cuando sintió su corazón latir y arder, como si deseara poder controlar sus emociones y la ira creciente en su interior, observando la paz que se sentía en su casa en ese momento- diría cualquiera…que tengo una buena vida, pero desde ese día siento que no debería estar aquí sentada sin hacer nada más que el rutinario recorrido entre los granjeros…los aprecio, son gente buena. Pero quiero hacer algo más… -dijo volviendo sus ojos azules a los de él y mordiendo su propio labio inferior agregó- pero es como colocarse una venda en los ojos y una manzana en la cabeza, esperando que el tirador de las flechas atine a la manzana y no a ti… -ante cada palabra sentía esa sensación que la hacía darse cuenta que estaba conteniendo algo que era mayor a ella misma y al mundo que le rodeaba. Como si se quebrara en pedazos y una realidad nueva se construyera a su paso y avance, abriendo el camino con sus manos apartando los fragmentos de vida en esa “falsa paz” como solía llamarle. 

En un momento de silencio sin dejar de verlo a los ojos, solo esbozo una débil sonrisa, como la de alguien que luchaba contra sí mismo por contener sus impulsos y deseos, vamos que ni su bocota podía detener, recordando todo lo que le dijo a aquel inquisidor el día en que se lo encontró. Una risa escapó de sus labios y movió su mano derecha para pasar sus dedos por su cabello. No había sonreído tanto con alguien como en aquel momento.




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Mensaje por Trystan el Jue Ene 05 2017, 10:14

"Fíjate, has tenido suerte, pelirrojo. Está dispuesta a aguantarte."
Podía sentir cómo estaba disfrutando de esa situación, a mi costa, provocándome sin descanso a medida que la conversación con aquella muchacha avanzaba. Por suerte, ella era totalmente ajena a la que yo mantenía al tiempo en mi cabeza. Una molesta, para nada llevadera en comparación con la que se desarrollaba entre nosotros. No evité sonreír por lo que ella había dicho-. Deberías pensártelo dos veces antes de afirmar que no te molestaría compartir más tiempo con un desconocido como yo... -enarqué una de mis cejas, con una advertencia tácita y casi inofensiva. Era respetable su opinión, pero, desde luego, en un mundo como el que vivíamos, esa confianza podría resultar peligrosa para ella... o su familia.
"Muy agradable por su parte. Pero ya tengo quien me aguante."
"¡Oh! Claro. ¿Cómo se llamaba?"
"¿Para qué preguntas? No te interesa lo más mínimo."
"No, la verdad. Aunque tu manera de gemir su nombre cuando te estaba torturando sigue siendo música para mis oídos."
Uno de mis puños se apretó, el que no tenía vendado, hasta dejar los nudillos blanquecinos. ¿Por qué no me dejaba en paz?
"Puedes preguntármelo directamente, ¿eh?"
"¿Me va a servir de algo?"
"Yo diría que no."
"Exacto", contesté con resignación. Quería que supiera a la perfección que yo ya prefería no perder el tiempo. Ya había formulado demasiadas preguntas que no habían tenido respuesta mientras ese reptil y yo habíamos estado cara a cara.
Me resultaba realmente raro poder atender dos conversaciones de índole tan diferente al mismo tiempo. No pensaba permitir que la interna repercutiera en la compartida con la amable chica. Sin duda, lo habría disfrutado mucho más de no ser por el tercero en discordia. Afortunadamente para mí, la muchacha conseguía sacarme de mis cavilaciones con relativa facilidad. Reí, al saber que estaba a gusto con mi decisión de no llevarle la contraria, admitiendo su humor de perros cuando las cosas no salían como ella quería. Si me llegara a preguntar en ese mismo momento, jamás habría dicho que tuviese mal carácter.
Yo también conozco unas cuantas así…
Volví a ignorar su superfluo comentario que, naturalmente, a mí no me importaba. Tampoco le veía ya más sentido. Prefería que aquello quedara entre ella y yo. Quise suponer que aquel malnacido no haría más que molestarme un rato, hasta que estuviera lo suficientemente lejos de su alcance. Pero no pude evitar tensarme, clavando mis inquietos azules en la figura femenina al pensar que el dragón decidiera ir más allá y hacerle una visita. Sólo fue un momento, observando la postura que adoptaba conforme se pensaba la respuesta elaborada a mi pregunta. Sus palabras no me eran para nada incomprensibles, cosa que me hizo agachar la mirada, con un atisbo triste en mi suave sonrisa-. Preocuparte por los tuyos es legítimo e inevitable... -comencé. No obstante, dejé que mi semblante se ensombreciera al recordar a todas esas personas con las que yo había compartido mi tiempo en algún momento de mi vida, que ya no estaban conmigo- pero también es inútil en una guerra así. -añadí, al alzar de nuevo mi semblante para encarar su mirada clara.

Apreté los labios por un instante, inspirando por la nariz-. Hay muchos que pretenden cambiar la situación actual con meras palabras, desde una posición acomodada… -mis zarcos no perdían detalle de todo gesto que pudieran leer en el rostro bien perfilado de la chica-. No me malinterpretes. No pienso que tú estés en ese grupo. -añadí con una sonrisa tranquila-. Sólo digo que para cambiar algo, eso no basta. -una ley inalienable: las palabras se las llevaba el viento en comparación-. Un silencio en acciones revela una sumisión mmuda a la ley impuesta… cuando puedes no estar de acuerdo con ella. -acabé enarcando ambas cejas, queriendo hacerla ver mi propio punto de vista. Suspiré sonoramente, justo después de inflar mi pecho y llenarlo de aire-. No te quitaré razón en convivir con esa incertidumbre de lo que pueda acontecer... pero, si no se arriesga, no se ganará nada. -me humedecí sutilmente los labios-. Luchar por lo que se quiere es decisión de uno mismo. Diría que tú ya tuviste cierta experiencia con tu padre. Pero seguir sus pasos o cuidar de tu familia es una decisión que sólo depende de ti. -ladeé la cabeza ligeramente. No quería entrometerme, sin embargo, hablar de la causa justa por la que aún luchábamos era inevitable llegados a este punto de la conversación-. Te puedo garantizar que no estarías sola en ninguno de los dos casos. -concluí mi parrafada con un guiño amigable. ¿Cuántos éramos luchando ya contra ese yugo molesto y opresor? Incontables.
No me gustan tus artes. Estás convenciéndola para que vaya en contra del sistema.
"Ella quiere luchar por lo que considera justo."
Justo conforme a tus creencias. Si dijera que quiere luchar por acabar con vosotros, seguro que te callarías como una puta.
"Si estás tan convencido de ello es que no me conoces una mierda", espeté volviendo a apretar los dientes.
Un silencio se instauró en mi cabeza, tenso pero diría que hasta triunfal para mí. Pude prestar atención a lo que dijera la chica a continuación, como reacción a mis palabras.





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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Jue Ene 05 2017, 23:53

A lo mejor su orgullo se vio momentáneamente herido cuando agregó aquello que le hizo mirarlo con fijeza. No lo hizo enojada, pero con una seriedad leve acompañada de un dejo agridulce en su semblante, una pequeña sonrisa se dibujó mientras se atrevía a agregar-…No digo cosas imprudentemente… -atenuó con un suave y tranquilo recordatorio. Quería confiar en ese “no-se-qué” que tenía con las personas, porque este al menos no había fallado. Claro que sentía que había algo con esta persona que no acababa de hacerle “clic” en su cabeza, pero más que algo “malo” que pudiese dañarla a ella, era algo que sentía esta persona sufría ¿estrés? Vayan los dioses a saber qué, pero sus nudillos en blanco le decían mucho y por ello ella se permitía quizá hablar más, preguntar más ¿quizá…si le ponía a hacer algo que le hiciera concentrarse en otra cosa? Su lado sanador estaba allí, empujándola a preocuparse por alguien que no era más que un desconocido.

Escuchó cada cosa que no eran ajenas para ella, todo eso ya lo sabía, era como si cada pensamiento descrito y dibujado en palabras por él ya fueran tan normales para ella como el respirar, la inutilidad de solo preocuparse y contenerse a no hacer nada por temor a descuidar a lo único que le quedaba, ella conocía esa sensación y por supuesto que la comprendía de un mundo aterrador, su semblante tranquilo demostró que así era. Ella estaba anuente a todo aquello. Los colegas y amigos de su padre que a la larga de su corta vida se habían convertido en conocidos y amigos suyos y ahora colegas en el campo, le habían dicho algo semejante “Hablar no basta”. Sonrió un poco con un deje de tristeza- Una ley que no funciona para todos… -habló con suavidad- …pero la gente de los campos…que trabaja la tierra todos los días viven bajo un velo de falsa paz…que parecen apreciar más que cualquier cosa…pero hay que ser o conformista o ciego para no notar que esto no es “vida”, solo hay que ir a Talos para notarlo…-dijo recordando su incursión a la ciudad-…el analfabetismo, las limitaciones, los campesinos trabajando las tierras que no son ni suyas…porque toda la materia va para los dragones y se les paga una miseria –su semblante se frunció y por un momento mantuvo su silencio-...esto no está bien…como no está bien que los niños no puedan aprender a leer y escribir, contar o a tocar instrumentos libremente -hizo una pausa desviando sus ojos a la ventana por la que ingresaba la luz del sol y una tierna brisa nueva acariciaba su rostro, recordando el instrumento que poseia escondido su hermana y que ella deseaba saber tocar.


No está bien y odio esto, es solo una retorcida necesidad  de…dominar y que alguien les haga caso…¿sentirse mas que lagartos gigantes? -murmuró entonces volviendo sus ojos azules a los iguales-… ¿no te parece triste?...preguntó entonces con lastima plasmada en su voz- …es como si necesitasen a los humanos para sentir...algo -susurró un poco más bajo, entre cavilaciones, recordando a los dragones que había conocido, el inquisidor de ojos azules electricos, luego el esclavista…ambos dragones distintos a su parecer, ambos con pensamientos distintos y cierta “moral” que acompañaban sus accionares si es que podía llamarse “moral” el raciocinio dracónico- pero quienes somos para dictar lo correcto y lo justo… -susurró- debería existir un balance, una medida justa para ellos y nosotros… porque de otro modo, la naturaleza crea ella misma las raciones tarde o temprano. La naturaleza misma planta las semillas en las mentes de quienes perciben el mundo distinto…y estos son los instrumentos para crear un balance… -agregó con suavidad. Todo eso dicho de forma pausada- No todo es malo, como no todo es bueno y no todo es de ellos… Necesitan recordarlo… - pero ¿cómo le recuerdas a una lagartija gigante escupe fuego que las cosas no son como ellos quieren todo el tiempo? Sin morir en el intento y seguir haciendo el bien. Fue entonces cuando recordó a ese hombre que casi la ataca, sus ojos, su agresividad. Tampoco los humanos estaban exentos de ser malignos y crueles, abusivos y temibles enemigos de si mismos. 


Flashback//:

 - Lo que mencionáis no carece de razón. Sin embargo, antes de las guerras del despertar, y según siempre escuché decir, el mundo era un lugar horrible y devastado, causado totalmente por vuestra especie. Por ese motivo, los míos tomaron el control absoluto del mundo, aunque no descarto que, en un futuro, se lleguen a igualar las tornas, tal y como vos mencionáis.

Sin darse cuenta se había quedado muda, considerando sus opciones y recordando la voz del dragón inquisidor que habia salvado su vida y fue cuando esa frase vino a la mente de la sanadora como aire refrescante:


“Te puedo garantizar que no estarías sola en ninguno de los dos casos”

Su mirada apacible se posó sobre el hombre, detallando sus facciones y ese guiño amigable que nuevamente le hizo sonreír, que tal que en una sola tarde había sonreído más de lo que sonreía diariamente y dejando escapar una suave risilla melodiosa y baja, recargó su espalda contra el respaldar bajando sus piernas. Ella quería luchar, pero no sabía cómo, su mundo empezaba a expandirse con pulsaciones que destruían sus muros internos y pensamientos enclaustrados entre paredes de preocupaciones. Y fue justo en ese momento que se permitió apreciar a su invitado de una mejor forma y claro que por primera vez se percató de lo bien parecido que era este, nunca había conocido a alguien así ¿cierto? Ella no solía conocer más gente aparte de la que le dolía algo o sufría de algo por lo que sin dudarlo y casi como si todos los filtros vocales se hubiesen apagado dejó escapar- Te ves menos feo cuando sonríes y no te tensas de ese modo… -habló bromista y calida a su vez, sin vergüenza alguna de lo que acababa de decir ¿en serio había hecho bien? No tenía ni idea. Pero algo le decía que eso funcionaría para hacer reír a su invitado en el que había sentido fuego arder vibrante al decir todo aquello que compartía a la perfección. Como también era obvio que no lo consideraba feo en lo absoluto, pero dicen por allí que lo obvio no se dice.

Su sonrisa se amplió un poco más- de alguna manera siempre supe que acabaría luchando contra lo que creo injusto, siempre lo he sabido, pero a lo mejor nunca había escuchado a alguien decirlo en voz alta como lo acabas de hacer tú… -no, a ella no había que convencerla de nada, porque sus sentimientos ya habían estado jugando con ella y creado los ecos de una resistencia interna a conformarse con el sistema “tiránico” de aquella reina lagartija que ciertamente: Le caía mal.


¿Pero qué podía hacer alguien como ella? La mitad de las personas que conocía la subestimaba por su juventud, sin conocerla y saber que su conocimiento era mayor al que podrían imaginar. Los ojos de la sanadora lo decían y cargaban años aún no vividos comprimidos en pensamientos complejos, reducidos a ese momento en que habia encontrado a alguien que pensaba tal cual ella. Y por un momento se sintió arder ante las ganas temibles de confrontar al mundo y decirles “Jódanse, que no me gusta esta mierda” y dejando escapar una risa prosiguió hablando- Pero las cosas tienen que cambiar…la balanza tiene que nivelarse y no me quisiera quedar sentada… -La única cosa que venía a su cabeza era su madre y su hermana, era normal tener miedo por perder a quienes amaba, pero ellas merecían una mejor vida. Si la escucharan diciendo eso, iban a morir ambas infartadas por ello. Mirando al extraño entonces murmuró- Antes de que se me olvide… -pausó unos segundos- se me acaba de ocurrir una forma en la que puedes ayudarme en algo… -habló serena esbozando una sonrisa que ahora contenía matices malvados y podría decirse casi traviesos y llenos de energía que esperaba contagiar a su invitado. ¿Por qué haría aquello? No solo porque deseaba proseguir la conversación, sino porque deseaba ayudarle a él con aquellas tenciones que parecían ir y venir- Podrás seguirme hablando mientras y luego estoy segura que comerás todo como si no hubiera mañana… y a lo mejor descansarás mejor ¿interesado en mi propuesta? … –dejó al aire la pregunta, como quien desea conocer el nombre de alguien, mostrando su interés por ello y dispuesta a presentarse ella misma.




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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Sáb Ene 07 2017, 02:51

Pude sentir un deje de indignación a esa sugerencia mía que quería advertir a aquella chica que no todo desconocido al que dejara entrar podía tener buenas intenciones. Callé, otorgándole la razón. Era joven e impetuosa. Por muchas vivencias que tuviera, una parte de mí, no podía evitar desacreditarla por ello. No obstante, era prudente pues sabía que muchos experimentaban demasiado a corta edad. En los tiempos que corrían era lo lógico. La desgracia solía golpear a una edad temprana, y pocos éramos los que gozábamos de una vida normal dentro de aquella sociedad.

Pero sus palabras, esas opiniones expresadas en frases, emergiendo de sus labios, me hicieron ver que, de haberla pensado inmadura, estaría completamente equivocado. Más cuando ella misma había admitido esas vivencias con ese padre, muerto por ayudar a personas como yo-. Es una vida impuesta por una raza que vive mucho mejor. -estaba claro. El analfabetismo, la hambruna, la nefasta calidad de vida era culpa de los dragones, que acaparaban todo lo bueno y esclavizaban sin miramientos. Mi cabeza se ladeó a un lado, mientras ella seguía hablando, haciéndose una pregunta que yo no podría responder. Así, interesado, me vio cuando se volvió a mirarme otra vez. No pasé por alto la tristeza en su rostro ni en su pregunta posterior. Me interesé por saber esas cavilaciones en las que se veía inmersa, sin pronunciar palabra para no romper su concentración. Sin embargo, me fue difícil llegados a un punto, justo cuando ella habló de un balance entre razas-. Debería... -murmuré. Aquella chica, de la que no conocía ni el nombre, tenía unos pensamientos muy parecidos a los míos, puesto que yo seguía apostando por esa igualdad entre dragones y humanos, imposible a los ojos de muchos-. Es algo tedioso. Los dragones no suelen ser excesivamente comprensivos. -no lo eran para nada.
Tú lo sabes todo.
"Baso mis opiniones en experiencias"
Claro, claro. ¿No será que andas dolido aún por esa dragona que te abandonó?
Mi silencio fue esclarecedor. Pero no porque estuviera dolido por lo que Rainreth me hizo. No era algo que esperase y sin embargo, pese a mi estabilidad en lo personal, la sola referencia a esa dragona aún me turbaba, sin que yo pudiera evitarlo. Sorbí por la nariz, dándome cuenta que mi mirada había descendido a la mesa. De ahí, volvió a los claros ojos de aquella muchacha cuando oí ese comentario tan sincero. Con él, tuvo el poder de llamar a mi sonrisa, haciéndome reír al final, con suavidad. No me esperaba tal sinceridad-. ¿Siempre eres tan franca? -quise saber. No sería la primera que yo conociera, pero sí era la primera que no había tenido miedo alguno de expresarme sus opiniones sin siquiera conocerme.

Claro que, tampoco lo había hecho yo antes con fluidez. En los últimos años, por haber sido líder, me había vuelto más desconfiado y prudente. Al parecer, por fin, volvía a relajarme. O, tal vez, fuera el desafío que distorsionaba parte de mi personalidad. Fruncí el ceño sin dejar de sonreír-. Bueno, no en todos los sitios a los que voy me tratan tan bien como para decir lo que pienso... -porque no solía hacerlo, de todas formas.

El ambiente, pese a esa voz intermitente en mi cabeza y la desconfianza de estar por primera vez en aquel lugar, era agradable. No sabía explicar esa sensación de comprensión que se tiene al poder hablar con toda libertad sobre algo que, con otras compañías, nos condenaría a los dos. La joven tenía razón cuando dijo que las cosas tenían que cambiar. Pero fue cuando yo ya andaba pensando en alguna sugerencia que la ayudara a sentirse útil en su objetivo de luchar, cuando ella me sorprendió una vez más. Abrí la boca para hablar pero, como ella siguió hablando, volví a cerrarla. Sus palabras podían interpretarse de la peor de las maneras. Una que quise obviar, curioso en gran parte por esa oferta que aún ni formulaba.
¡OH POR LA REINA MADRE! ¡Y parecía inocente! Ya me cae mejor que tú.
"¿Por qué tienes que sacar todo fuera de contexto?"
Eres más mustio de lo que pensé. ¿De verdad no vas a hacer nada?
"No. No la conozco. Además tengo f-..."
A alguien más. Sí, sí. Ajáh, una vida con esa morena. Blablabla. ¿Desde cuándo necesitas conocer a una persona para tener algo más con ella?
"Yo no soy como tú, reptil violador."
Hala, lo que me ha dicho. No soy un violador... bueno, depende d-
"¡Violador!", grité, ya realmente cansado de tener una conversación con él. Lamentablemente, aún no había conseguido aprender a ignorarlo. Aunque era demasiado difícil, todo había que admitirlo. "No pienso hacerle nada a la muchacha. Y aunque me lo planteara, no pasaría delante de ti". Lo que me faltaba ya. Tener a alguien mirando.
Me pregunto qué pensara tu querida de todo esto.
"Mientes. No te interesa salvo para torturar mi mente"
Es que es tan fácil. Haces que me sea inevitable.
De haber podido habría gruñido. No, mejor. De haber podido habría estrangulado a ese dragón molesto y pedante con mis propias manos. Tenía la molesta manía de meterse en mi relación con Moira, queriendo mellar esos sentimientos que yo tenía por ella. Pero no tenía miedo por ello. Porque estaba seguro de lo que sentía. En esos segundos que yo mantenía mi mente ocupada, atendiendo su sarcasmo y extrapolaciones, mis azules no se movieron ni un ápice, fijos en la cara de aquella chica que aún me miraba relajada y hasta expectante por mi respuesta. Llené mis pulmones de aire-. De no haber despertado mi curiosidad de tal manera, te diría que no estoy interesado. -enarqué una ceja-. Además, ya dije que estoy dispuesto a ayudar, a pesar de estar momentáneamente... limitado. Si has encontrado alguna tarea en la que pueda serte de utilidad, soy todo oídos. -concluí, entrelazando mis dedos e inclinando mi torso un tanto más sobre la mesa. En un rápido análisis retrospectivo, me di cuenta de esa petición tácita que no supe ver en un principio:- Puedes llamarme Trystan, por cierto.





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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Kya el Sáb Ene 07 2017, 09:02

Siempre soy así de franca… -contestó ella entre profundos pensamientos que circulaban en su cabeza logrando que se quedara muda unos pocos momentos más- La sinceridad es mejor a vivir una mentira mayor a la que vivimos ahora los que seguimos trabajando los campos sin una mejor remuneración… -habló exigente y con un dejo crudo, sin tapujos con amargura marcada- No debes extrañarte que hable de este modo… -susurró bajo-… he visto los resultados de la miseria causada por estos “lagartos” y no me ha detenido de decírselo a esos bárbaros inquisidores –murmuró con una furia marcada en sus ojos como si dos antorchas de fuego se encendieran y junto con ello tuvo una extraña sensación en sus dedos, un hormigueo seguido de un calor que ella misma apaciguó frotando sus manos entre sí con firmeza, tronando sus dedos tensa. Ahora siendo ella la que parecía haberse tragado un palo de escoba.

Lo único que no nos pueden quitar es la capacidad de pensar por nosotros y lo que nos dé la reverenda gana… -dicho eso ella pudo apreciar el semblante extrañado del hombre al cual ahora podía ponerle nombre. “Trystan” pensó y recordó y procuró memorizarlo bien irguiéndose y bajando sus piernas para levantarse extendiendo su diestra hacia él, esperando a que tomara su mano para estrecharla con firmeza, una fuerza que transmitía seguridad de sí misma. Fortaleza y certeza- Kya Rose… -Era quizá por costumbre, pero solía presentarse con el apellido de su padre como si fuese un segundo nombre-…pero puedes llamarme Kya o Ky (pronunciado “Kai”) –dicho eso hizo un gesto hacia el exterior de la casa- sígueme…. –dijo mientras los pasos de la muchacha la llevaron hacia el frente de la casa donde pudo sentir la brisa acariciar su rostro. Sus ojos azules se pasearon por los sembradíos y por un momento observó aquellos paisajes que le hicieron inhalar y exhalar, hasta que sintió la compañía masculina junto a ella-…Esta mañana…vino un vecino que atendí hace un tiempo…la hija de este estaba muy enferma y parecía no haber cura para ella, supongo…por que fue su única opción, vino a mi….

Contaba a medida que caminaba por el camino de grava hacia donde ella sabía estaban los corrales- No tenía como pagarme, yo nunca pensé en cobrarle lo que hice….con saber que su hija estaba bien me bastaba para sentirme satisfecha o darme por servida… -sus pasos se hicieron ligeramente más pesados-  como has de ver, tampoco es que tengamos abundancia de animales de casta alta, como los caballos…la familia de mi hermana es gente de siembra y tiene pequeños animales de corral…dos vacas….y burros…-enumeró con suavidad, pasando por los corrales que precisamente mencionaba mientras levantaba una mano para retirar algunos mechones de su cabello de su rostro- el hombre se apareció con….esto….-dijo finalmente hasta llegar a un corral más apartado. Un joven ejemplar equino de color azabache pastaba, relinchando de vez en cuando y balanceando sus crines- …dijo que lo había ganado en un intercambio y que me lo regalaba como agradecimiento a lo que había hecho por su hija… -murmuró finalmente.

Viniste en un caballo… -murmuró suavemente- …eso significa que conoces de estas cosas… -dijo mientras se acercaba al corral y apoyaba sus brazos en la madera observando al ejemplar joven que estaba delante de ellos- Yo siempre quise tener uno, pero nunca había podido comprármelo, ahora tengo uno y no he podido ni ensillarlo, aunque quien me lo regaló me dijo que ya está acostumbrado. Solo me dio la advertencia de que tenía casi el mismo temperamento que yo –la sanadora tenía los ojos puestos en el animal- Así que, traté de hacerlo y parece realmente enojado, ha de ser por el ambiente extraño, lo llamé “Tormenta Oscura” y le tengo pavor –Una sonrisa algo irónica se dibujó en sus labios antes de volver sus ojos azules al semblante del que ahora conocía como Trystan- ¿Me ayudarías a ensillarlo e intentar montarlo? Si no deseas hacerlo, está bien…está siempre ayudarme a meter gallinas en el corral de los gallineros… -bromeó, mientras subía una pierna y la apoyaba en uno de los tablones de madera. El sol los bañaba a ellos y el campo, mientras el viento balanceaba las copas de los árboles, creando una deliciosa sensación atemporal como si no existiera nada más. Así era la paz que rodeaba aquellos lugares en días como esos que podían catalogarse como “normales”. Los ojos de la chica no se despegaron del rostro del hombre, esperando por su respuesta con un claro semblante que decía que hablaba muy enserio. Ya fuese el caballo o las gallinas, ninguno de los dos trabajos era realmente fáciles y que era obvio no podían hacerse a solas. Si no en compañía de alguien y ambos trabajos contenían algo que los hacía ser casi…terapéuticos. Sin llamarlo así de ese modo, hasta la persona más tensa del universo se vería absorbida por la belleza de esos campos y el trabajo de dialogar con algo más allá de la realidad que vivían.

La joven mujer conservaba sus ojos tranquilos sobre el pelirrojo, dejando que meditase por cuanto tiempo deseara su elección de trabajo, dejando que sus dedos tamborilearan suaves sobre la madera del corral y su cuerpo se recargara contra esta. Sintiendo las caricias del viento que movían sus cabellos que bajo el sol cobraban un color castaño rojizo. Su madre era pelirroja, pero a diferencia de su madre y hermana, ella no lo era, pero bajo los distintos matices de luz, su cabello solía tornarse de rojizos y almendrados. Y de noche y a oscuras los días nublados, en marrón oscuro. Aunque sus facciones eran finas, contenían cierto aire salvaje que indudablemente reflejaba al temperamento de la muchacha y que seguro compaginaba con la bestia imponente que tenían en el corral frente a ellos- … ¿Y bien?... –susurró suave y divertida.




"Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos."
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Re: Such a normal day, such an unexpected guest | Kya Rose

Mensaje por Trystan el Dom Ene 08 2017, 14:07

Sonaba decidida, solemne y, ¿sin tapujos?- Me sorprende escucharte. No en el mal sentido, no me escandaliza. -aclaré antes de continuar:- Lo que no me cuadra es que... sigas sin repercusión alguna. -tal vez, se salvaba por no pertenecer a ninguna célula terrorista y ser una simple muchacha que vive en una granja-. Sea como sea, has tenido bastante más suerte que yo. -confirmé con una sonrisa complaciente. Pudiera ser que de tres veces que yo me había encontrado frente a frente con el ejército de la Reina -o derivados-, había acabado en una mazmorra y torturado en dos ocasiones. Y en ambas, rocé la muerte por maltrecho.  
"No te quejes tanto. Yo no te traté mal."
"No seas sardónico. Casi me matas."
"Casi."
"Aunque... prefería que lo hubieses hecho."
"Lo sé, Trystan. Justamente por eso, no lo hice y..."
Lo noté interrumpirse. Tal vez, tenía suerte en el día de hoy y le reclamaban para otros quehaceres que estar espiándome. No obstante, dejaba más que claro que prefería verme destinado a consumirme en la indiferencia, dejando de ser la persona que actualmente aún era. Dragones. Crueles. En su inmensa mayoría, eran todos iguales. Mis azules enfocaron, cuando la chica se incorporó y se acercó a mí, tendiéndome la mano. Justo la mano que yo estrecharía con la lastimada. Aún así no me importó. Ese apretón sutil fue significativo, yo diría que para ambos. Sus manos se veían tersas, suaves, en comparación con la aspereza en las mías. Una aparente fragilidad en esos dedos que yo ahora sabía que no tenía-. Encantado, Kya. --murmuré. A los pocos segundos, me incorporé yendo con ella al exterior. Como costumbre, introduje mis manos en los bolsillos de mis pantalones, adquiriendo una postura relajada mientras caminaba, y tomaba nota mental de todo lo que ella me iba explicando.

"Me aburrís... Sois tal para cual. Sosos."
La decepción sonó en esas palabras y, en verdad, me supo a gloria. Algo hizo click en mi mente y, repentinamente, me noté más liviano. ¿Había pasado? ¿Se había desconectado? Unos segundos de silencio me lo confirmaron, consiguiendo que mis hombros bajaran un poco más, con visible tranquilidad. Pude entonces enfocarme en esa conversación mantenida con Kya, y dedicarle por fin la atención que merecía desde el primer momento que nuestras miradas se habían cruzado. La seguí por los corrales, más pendiente de ella que de los animales que hubiera entre aquellos cercos. Hasta que llegamos al lugar donde pastaba el animal que ella me indicó. Llevé mis azules a la montura, algo fascinado por el porte de aquel caballo de pelo oscuro y planta digna y firme-. Vaya... -susurré inconscientemente. Cuando Kya se volvió a mirarme una vez más, con esa pregunta en sus labios, sonreí-. Claro. -contesté segundos después de meditarlo, aunque, si se daba el caso, también podría ayudarla en la tarea de llevar las gallinas al corral. Entré entonces en el cercado del imponente animal, con un movimiento ágil y rápido, subiéndome en la madera y saltándola. Años corriendo y saltando por los tejados, evitando perseguidores por las calles de Talos tenían sus ventajas. El animal dejó de pastar, visiblemente asustado por ese movimiento-. No es que esté enojado. Los caballos son muy asustadizos y desconfiados. Si te lo han traído esta mañana, no te conoce lo suficiente para dejar que lo ensilles. -expliqué. Tampoco era un erudito, pero sí tenía algo de experiencia. Algunos conocimientos que yo ya consideraba tácitos, olvidando que no todo el mundo podía saberlo. Me acerqué despacio, con la mano estirada hacia el animal. Imponía, eso era innegable. Parecía estudiarme por cada movimiento que hacía. Como cierta chica que había quedado a mis espaldas-. Sin duda, es una criatura hecha para ti. -enuncié en cuanto la montura me dejó acariciarle la parte superior de la nariz. Sus ojos negros observaban mis movimientos lentos pero seguros, mientras mis dedos se deslizaban por aquel pelaje negro y brillante, hasta palmear su cuello con suavidad-. Estupendo. -casi podía sentir envidia de que Kya gozara de un caballo como aquel-. Apuesto a que intentaste ensillarlo directamente. -giré mi cabeza, buscándola con mis azules y una sonrisa divertida y ladeada.

Conseguí que el animal me siguiera, acercándolo a la muchacha-. Ven, Kya. Necesita conocerte primero. -la animé a entrar con gesto desenfadado y acariciarlo. Tal y como había hecho yo, momentos antes. Le tendí la mano con intención de guiarla. Al caballo le costaría mucho menos si ese acercamiento venía con el de alguien que ya había conocido. Lo de la silla vendría después.





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