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[FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

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[FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Ezélionn el Mar Nov 29 2016, 03:59

Su cabeza trabajaba rápidamente para poner en orden cada pensamiento y cada detalle acerca de la operación que estaba a punto de realizar. Llevaba ya un tiempo vigilando el lugar del asalto y había recopilado información y pruebas suficientes como para entrar si contemplación ninguna y arrasar con el nido de ratas herejes que se escondían en la ciudad. Sonreía pensando que estaba en disposición de hacer cualquier cosa que se le ocurriera para castigar a la basura que amenazaba con la delgada paz que había en Talos. Debía ser diligente, por supuesto, pero también debía dejar bien claro en qué posición estaba la Inquisición a todo aquel que dudara del poder de esta o tuviera pensamiento alguno de rebelarse contra la Reina.  

Por supuesto no iba solo, le acompañaban otros cinco inquisidores que se habían unido a él en cuanto se habían enterado de lo que sucedía y se les había informado de cómo iban a proceder, iba a necesitar ayuda en aquella operación y aunque eran suficientes, Ezélionn estaba seguro de que era mejor ir con alguien más… Pero, ¿con quién? No había tiempo para informar a nadie más y a altas horas de la noche era difícil encontrar a alguien que estuviera dispuesto a ponerse en marcha con algo tan peligroso – Mierda. – Murmuró.

Cerró los ojos durante un instante, suspiró y se masajeó las sienes con el índice y el pulgar. ¿Y si todo fallaba? ¿Qué probabilidades había de que todos los que iban con el volvieran con vida? Prefería no tener que contar con ninguna baja en algo que el mismo había organizado. Y aunque cada uno de aquellos con los que iban con él lo hacían bajo su propia responsabilidad, no quería tener que cargar con el recuerdo de la muerte de nadie. Revisó una vez más los informes que había sobre la mesa y por vigésimo quinta vez se aseguró de que no se le escapaba ningún detalle. Aunque no lo parecía era bastante meticuloso y fallar era algo que no entraba dentro de sus planes, no soportaba la derrota, aunque la aceptara con el mayor de los respetos, pero esta vez no era una batalla honorable. Era una batalla frente a quienes se habían opuesto a la Madre y adoraban a falsos dioses.

Se echó hacía atrás en la silla. “¿Falsos dioses?” su mente divagó. Desde su entrada en la Inquisición se había tenido que enfrentar a todo tipo de personajes siniestros y extraños, desde humanos corrientes y rebeldes sin causa, pasando por aberraciones híbridas y extraños capaces de utilizar los poderes que los dioses paganos les habían otorgado. Sin duda aquella era una lucha por la supremacía del culto a la Reina Madre, una lucha de creencia y dioses. Pero, ¿si tan falsos eran aquellos dioses porqué otorgaban poderes a los humanos para defenderse y combatir a los dragones? Frunció el ceño. Estaba molesto, ¿por qué tenía que ponerse a pensar en aquellas cosas en un momento como aquel? Lo importante era el asalto, las creencias, poderes y dioses eran secundarios. Simplemente, tenían que ser erradicados.

Abandonó la estancia en la que se encontraba y tras asegurarse de que lo llevaba todo consigo, cruzó rápidamente los pasillos del castillo. Apenas había nadie a aquellas horas que rondara por allí. Mejor, algunos de sus compañeros eran a veces demasiado curiosos y prefería ahorrarse el tener que estar contestando preguntas a las que no le apetecía responder. Tras caminar hasta la salida, acompañado únicamente del ruido de sus pasos, salió al exterior y contempló en silencio las murallas que esa noche, como todas, estaba custodiada por los guardias.

Era el primero en llegar, por supuesto. No era muy raro que se adelantase al resto, era bastante previsor y si no le gustaba esperar, tampoco le gustaba hacer esperar. Aunque sabía por experiencia propia que los demás no pensaban como él y muchas veces esperaba más de lo que era necesario. Los minutos pasaron lentamente y la hora en la que se reuniría con el resto de los inquisidores ya estaba muy cercana cuando vio algo que llamó su atención y que seguramente lograría cambiar a mejor el rumbo de sus planes.

Caminando hacía el castillo, con paso ligero y decidido Ezélionn avistó la figura de una mujer de cabello rubio. Él no lo recordaba, pero su historia estaba bien marcada por mujeres rubias. Vestía el uniforme de la Inquisición y cuando prestó más atención se percató de que ya la había visto antes, pero no terminaba de recordar su nombre. Aunque también cabía la posibilidad de que nunca antes lo hubiera sabido. La contempló en silencio durante unos segundos, esbozando sutilmente una sonrisa de satisfacción y alzando ligeramente las cejas al comprobar que aún conservaba su buen gusto.

Fue cuando pasó por su lado de largo, cuando recordó donde la había visto y como se llamaba. Su nombre era Megerah y jamás había cruzado palabra alguna con ella, pero tenía conocimiento de su existencia porque no era la primera vez que la veía y sus compañeros se referían a ella como una humana a la que procuraban no llevar consigo. Quizás desde fuera era raro saber que aun dentro de la Inquisición, había cierta reticencia a juntarse con alguien de una especie distinta, pero ¿qué se podía esperar de una organización como aquella? El mismo no soportaba la presencia de humanos y aunque había algunos que eran inquisidores, procuraba evitarlo en todo momento.

No lo quiso, pero su subconsciente le traicionó – Un momento. – Dijo antes de que la mujer no pudiera escucharle – Megerah, ¿verdad? – Preguntó al tiempo que se giraba para mirarla, esperando que le prestara atención – Necesito a alguien con capacidad para acompañarme a mí y a otros cinco en un asalto contra una guarida repleta de herejes. – Una sonrisa se afiló en sus labios – Si te interesa, puedo darte los datos ya mismo. Saldremos en unos minutos. – No era una mala oferta, después de todo, lo suyo era acumular méritos y estar en boca de todos.




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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Megerah el Lun Dic 05 2016, 15:18

Hace cosa de un año…

Megerah no estaba del todo satisfecha con los resultados del asalto que ella había tenido la oportunidad de planear, pese a que la Inquisición se había nutrido de una nueva remesa de herejes con los que jugar. Algo de lo que a Erah tampoco la dejarían disfrutar. El proceder de los dragones inquisidores, a pesar de todo, había sido caótico. A la rubia no le gustaba particularmente esos aires de grandeza que tenían la mayoría, pues les hacía ser individualistas y, consecuentemente, el trabajo en grupo resultaba ser una estúpida broma.

La desafiada subía hacia el Castillo con la certeza de que, con esa actitud, había dejado a la vista la enorme debilidad de la organización. Claro que, ella no había sido menos: una carrera tras uno de los fugitivos en un intento de zafar la había mantenido fuera de todo el meollo. Y, en parte, daba gracias, porque se había librado de más de un par de órdenes por parte de esos compañeros con aires de grandeza. Inútiles. Megerah tenía la certeza de que muchos delegaban… porque no tenían ni idea de cómo hacer las cosas.
No obstante, por ser lo que era, siempre salía como culpable si las cosas no salían bien. Algo que a Erah no le preocupaba lo más mínimo. No por nada, llevaba conviviendo con altivos dragones toda su vida. Sabía cómo funcionaban… salvo alguna excepción que llegó a conocer, que rompió considerablemente sus esquemas. Una excepción que había vuelto a su vida hacía unos días, de la manera más inesperada, y por la que Megerah ya estaba elaborando un plan para sacar del Castillo. Algo que la tacharía de traidora y por lo que recuperaría su corazón en los meses próximos. Sin embargo, la rubia lo ignoraba en ese justo momento en el que alguien llamaba su atención entre las calles.

La rubia se detuvo, girándose, curiosa, al escuchar su propio nombre en voz ajena. No vio necesidad de responder con palabras a la pregunta que Ezélionn formuló. Le costó reconocer en aquel hombre a uno de sus compañeros. Por la oportunidad que le ofertó, una de sus cejas se elevó, acompañada por una sonrisa ladina. ¿Capacidad? ¿Estaba de broma? Erah sabía perfectamente que, de una forma u otra, todos los dragones de la organización sabían de las habilidades de la otrora esclava. Seguramente esa elección de aquel hombre no había sido del todo al azar-. Herejes, ¿eh? -se interesó. Había hecho exactamente lo mismo unas horas antes. De hecho, no había disfrutado de aquello tanto como hubiera querido. Así que... ¿por qué no intentarlo de nuevo, con renovada compañía? Dudaba que fueran a dejarla hacer y deshacer a su antojo en esta ocasión también. Pero cualquier cosa era mejor que volver al Castillo sin intentar librarse de esa frustración que ya traía-. Y, ¿a qué estamos esperando? -demandó, atreviéndose a acercarse al dragón un par de pasos, con cierta petulancia. ¿Hacía falta asegurarle que se apuntaba con más palabras?





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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Ezélionn el Mar Dic 06 2016, 11:41

Al parecer había elegido bien las palabras para convencer a la inquisidora, pues está tardó bastante poco en interesarse por la misión que se traía entre manos. De nuevo el dragón sonrió cuando ella avanzó un par de pasos hacia él – Al resto. Estarán por llegar. – Y fue justo después de sus palabras cuando aparecieron los otros cinco miembros del grupo que faltaban. Después de echarles un vistazo Ezélionn volvió a mirar a los ojos a la mujer un momento antes de girarse hacia los demás para repasar el plan – Ahora que no falta nadie, os recuerdo que nos dirigimos a una zona bastante marginal. – Hizo una pausa – Cuando lleguemos al lugar, dudo mucho que vayamos a lograr que esas ratas salgan una por una y en fila para ser detenidas y juzgadas, así que estad preparados para el combate inminente. – Miró uno por uno a sus compañeros antes de seguir – Formaremos tres grupos, uno será de tres y el resto de dos. Dividíos como queráis, yo iré con Megerah ya que acaba de unirse a la misión y no tendrá muy claro el plan. – Mentira. Ezélionn sabía perfectamente por aquella mirada perspicaz de la rubia que no haría falta explicarle más acerca del plan para que lo tuviera todo claro, solo quería comprobar de lo que era verdaderamente capaz.

- Intentaremos que no escape ninguno, si así sucediera es preferible no salir corriendo detrás de ellos, no somos precisamente un grupo muy numeroso. – Y terminando con esto movió la cabeza haciendo un gesto para indicar que se ponían en marcha por fin. Mientras avanzaban en dirección a los bajos fondos de la ciudad, Ezélionn se situó cerca de la rubia, aunque manteniendo un poco las distancias con ella – Espero que lleves el arma afilada. – Comentó – Según han informado los espías, puede haber nidos de ratas más pequeños que ese lugar. – Sonrió de medio lado. Aunque dudaba de que fueran suficientes para enfrentarse a todos y cada uno de los herejes, contaba también con las habilidades de sus compañeros a los cuales no solo había elegido por sus métodos, sino también porque eran menos orgullosos que el resto de inquisidores. Si un problema tenía la Inquisición era que los dragones pecaban de ser más orgullosos de lo que usualmente era y a la hora de trabajar en equipo ese suponía un verdadero problema.

La noche servía como un buen abrigo para el grupo que avanzaba a paso ligero entre las calles de la ciudad. Los pocos que quedaban despiertos a aquellas altas horas por suerte no estaban en la calle, aunque más de un borracho dejó de balbucear cuando advirtieron que se acercaba la Inquisición. Era lo que esperaba el dragón, había sabido elegir bien la hora y si contaban con algo de suerte, irrumpirían en el lugar cuando muchos de aquellos herejes estuvieran en pleno descanso. Al llegar al lugar Ezélionn contemplo el edificio en el cual apenas se vislumbraba luz alguna procedente de las velas encendidas en los cuartos. El grupo se detuvo y cada cual tomó su lugar con los compañeros que habían elegido para entrar – Ellos irán por delante y se ocuparán del primer piso. – Le dijo a Megerah cuando se detuvieron – Tu y yo entraremos por detrás, justo al pasar la puerta hay unas escaleras que llevan a la parte superior así que iremos directamente. – Sus ojos se dirigieron hacia ella un momento – Si alguno se rinde lo llevaremos para encarcelarlo, por el resto, confío en tu capacidad. – Aunque él tampoco era nadie para dar órdenes a su compañera.




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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Megerah el Jue Dic 08 2016, 21:05

Como si de una curiosa e irónica casualidad se tratara, bastó la escueta explicación de Ezélionn para que el resto del grupo apareciera. Como simples marionetas que esperaban el momento exacto para entrar en escena, ejecutando la acción a la perfección. Megerah marcó más aún esa suficiencia en sus labios, enarcando ambas cejas por un instante, cuando el dragón mediador regresó su mirada a ella. Aún en la oscuridad de la noche incipiente, Erah distinguió cierta familiaridad en las facciones de aquel inquisidor, más allá de esas veces que habían podido coincidir en esas interminables e inútiles reuniones de la organización. Pero no supo decir dónde lo había visto antes.

Erah se mantuvo expectante a ese repaso que inteligentemente Ezélionn utilizó para tenerla al tanto de forma indirecta. Esa sonrisa zorruna se acusó más en sus labios cuando se agenció su compañía en esa división abierta y astuta por parte del dragón. Sin pretenderlo, una ceja volvió a elevarse por sus palabras. Era realmente muy difícil que Megerah no tuviera claro el plan de siempre: capturar bajo cualquier circunstancia. Eso podía hacerlo. Eso, justamente, era lo único que le dejaban hacer. Los dragones no gustaban de ensuciarse las manos. Al menos, los que habían ido con ella horas antes.

Se mantuvo callada, incluso después de poner rumbo al lugar. No vio procedente mencionar palabra. De hecho, lo vio gasto inútil, pues volvía a estar rodeada de efectivos dragones que no permitirían que una desafiada increpase. Caminaba concentrada en sus pasos, pero con la mirada puesta al frente, casi al final del grupo cuando la misma voz que había pronunciado su nombre volvió a dirigirse a ella. La rubia rió aunque bajito-. Mi arma no necesita afilarse, dragón. -sin pretenderlo, llevó la mano al mango de su látigo. Moloch se había pasado años instruyéndole en el arte del cuero, como para ahora plantearse la idea de usar otra cosa que no fuera su látigo, ya domado, formando parte de ella en cuanto lo desenrrollaba, o sus dos dagas que eran del todo secundarias.
Con un asentimiento, tomó nota de aquel pequeño matiz que podía complicar las cosas. Fuera o no verdad, cualquier escondite podía guardar ingratas sorpresas a los inquisidores.

Megerah gozó de esa tensa calma a su paso por las desiertas calles de Talos. La antesala a una tormenta para tantos rebeldes que se oponían al régimen de la Reina. Sin embargo, Erah guardaba a buen recaudo que aquello le daba igual. Ella simplemente estaba allí por quedarse cerca del maldito dragón que la había desafiado. Con el desafío había descubierto nuevas habilidades y otros quehaceres a los que, antes, como esclava, no podía acceder. Con estos pensamientos, el grupo llegó al lugar previsto. Ezélionn le dio más instrucciones, llamando a los azules de Megerah, que se posaron en la mirada fugaz del dragón mientras el resto del grupo tomaba sus posiciones. La mujer sonrió-. De no confiar en mi buen hacer, me habríais dejado pasar de largo. -puntualizó, con seguridad, hasta con una suficiencia para nada propia de una desafiada que había sido esclava toda su vida. Sí, podía decirse que el carácter de la rubia no era de los que pasaban desapercibidos. Erah gustaba de llevar la contraria, desarmando con palabras y gestos como únicas armas de una mujer que no solía dejar indiferente.

Habiendo localizado la entrada al patio trasero, la antigua esclava se dirigió hacia allí. Dio por sentado que aquel dragón la seguiría, al ir en pareja. No obstante, justo antes de entrar, se lo pensó dos veces. De hecho, acabó colocándose a un lado del umbral, en lo que su acompañante llegaba al otro, para cercar la salida. Pegó su espalda a la pared exterior, mirando significativamente a Ezélionn-. Con otro poco de suerte, nuestros primeros arrestos vendrán a nosotros ellos solos. -murmuró sólo para el hombre. No era muy difícil pensar que el primer impulso de cualquier culpable que estuviera en el piso de arriba sería salir por patas por la puerta trasera. Curiosamente, la salida en la que Ezélionn y Megerah estarían esperándoles. La rubia tensó su cuerpo, atenta a cualquier ruido que se pudiera escuchar en el interior de la casa. Ahora sí, se hizo con el látigo, aún enrollado, listo para ser flagelado en el aire con la intención de interrumpir alguna carrera.






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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Ezélionn el Vie Dic 09 2016, 03:55

Realmente se quedó asombrado con el carácter de su compañera humana, desde luego no le faltaba osadía para hablar o actuar. Se alegraba de haber sabido elegir bien a su compañera, aquella prometía ser una noche entretenida si todo iba como el esperaba. Desde luego algo tenía claro, no le faltaban ganas de ver como manejaba Megerah el látigo – O te hubiera puesto a prueba tal vez. – Dijo para luego ver como ella se dirigía antes que él hacía la puerta trasera y se acomodaba junto al marco, cercando la salida de los que muy seguramente tratarían de escapar por allí – Eso si es que se dejan arrestar. – Murmuró una vez su espalda estuvo contra la pared del lado contrario al que se encontraba la rubia. Esperó unos segundos en silencio, alternando la vista entre la puerta y los ojos de la inquisidora en completo silencio. No tardó demasiado en escuchar como el resto de sus compañeros irrumpían en el interior del edificio por la parte delantera, entonces fue cuando empezaron a escuchar gritos y pisadas que iban de un lado a otro.

La puerta en la que ellos estaban esperando no tardó en abrirse, en ese preciso instante pudieron escuchar claramente al primer hombre que iba a salir – Por aquí, esos cabrones no podrán alcanzarnos. – Y tras esto y con un pie en el exterior, el hombre sintió como algo tiraba de su pie hacía el lado opuesto al que intentaba correr y perdió el equilibrio cayendo al suelo, seguido de los otros dos tipos, quizás aún más tontos que él, que le seguían. Ezélionn miró los miró en el suelo con media sonrisa y luego propino un puñetazo en plena cara a uno que trató de revolverse y sacar un arma.

- ¿Pero dónde vais a estar mejor que con nosotros? – Pregunto jocoso mientras los ataba fuertemente con las manos a la espalda y le propinaba a uno un puntapié en uno de los costados. Levantó la vista hacía su compañera y sonrió con cierta malicia – Ha sido una buena idea. – Apuntó – Por favor, tu primero. – Dijo con cierto tono caballeroso mientras señalaba con una mano al interior de la casa para proceder a continuar con las detenciones. Seguramente él hubiera optado por tirar la puerta abajo en el momento en que supiera que estaban a punto de escapar, pero le había gustado mucho aquella forma de proceder.

Una vez Megerah entró, él también lo hizo, dejando a los herejes en el suelo, atados de manos y pies y sin apenas fuerzas para intentar escapar. Dentro se había desatado el caos, lo poco que Ezélionn pudo ver a través del pasillo antes de dirigirse a las escaleras no fue nada agradable a la vista, ya había en el suelo varios cadáveres y enormes charcos de sangre humana. Si, aquello formaba parte de trabajar con más inquisidores, siempre estaban los que optaban por dar un espectáculo sangriento – No sé de qué me sorprendo. – Murmuró para si antes de comenzar a subir por las escaleras.

Estaba subiendo a zancadas, de dos en dos, cuando vio una sombra que se asomaba hacia la escalera, segundos más tarde una silla volaba directa hacia ellos, lanzada por otra humana que aguardaba en lo alto. El dragón lanzó el brazo hacia el objeto con fuerza, desviando este de la trayectoria y haciendo que cayera por el hueco de las escaleras hasta el piso inferior – Hija de una hiena – maldijo en cuanto terminó de subir las escaleras, evidentemente la culpable ya no estaba allí. Giró la cabeza para buscar a Megerah y cuando dio con aquellos azules ojos arqueó ligeramente las cejas – Aquí arriba está todo muy tranquilo, será mejor moverse con cuidado. Y no dudes si hay que sacarle las tripas a alguno… - Hizo una pausa – No creo que los siguientes sean tan obedientes como los que hemos atrapado antes. – Debió haberse callado, pues una vez se decidieron a examinar el piso superior, el cual parecía ser donde se hacían las “reuniones” y tenían las habitaciones para dormir, aparecieron dos de aquellos tipos armados con espadas y con muy pocas ganas de dejarse capturar por la Inquisición. Siendo aquella una excusa suficiente, Ezélionn sacó el arma y se dispuso a plantar cara a aquellos que oponían resistencia. Se acercaba el esperado momento de ver a la desafiada en acción.




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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Megerah el Sáb Dic 10 2016, 16:10

Erah sonrió de lado, llevando los ojos al cielo por esa contestación del dragón, pero no añadió más antes de dirigirse a la salida que ellos cubrirían. Los susodichos herejes no tardaron en querer huir por ella, tal y como Megerah predijo instantes antes. Llevar razón era algo que le encantaba, sencillamente. Aún con una sonrisa ladeada de satisfacción esperó los segundos de rigor antes de ayudar al dragón a arrestar a los primeros afortunados. Él se encargó de poner la pregunta retórica, de hacer que no pareciera más que un juego. Los de su raza tendían a hacer eso, enardeciendo su superioridad y presumiendo de que eran conscientes de ella. Mas, Ezélionn sorprendió a Megerah con ese halago y esa sonrisa que llegó a turbarla. ¿Podía ser? En lo que se recuperaba de aquel pequeño desliz interno, simplemente asintió, agradeciéndolo-. Como digáis. -murmuró, instantes antes de entrar de lleno en aquella casa. Erah siempre había sido una interesada, arrimándose al árbol que más sombra solía dar. ¿Por qué no ser complaciente con aquel dragón que parecía interesado en su compañía en aquella misión? No le habría ofrecido la posibilidad, ni se habría adjudicado trabajar con ella en esa contienda de no ser así. Hasta esa prueba que él mismo había mencionado. Todo indicaba que Ezélionn parecía dispuesto a compartir su tiempo con la rubia. Pero el verdadero motivo, era algo que se le escapaba a la desafiada.

Se cubrió a tiempo cuando aquella otra mujer apareció de la nada según subía las escaleras, arrojándoles una silla. No se dio cuenta de que lo hizo con el brazo izquierdo y herido en su último encuentro con Thareon, en el que el dragón desgarró su antebrazo sin ser del todo... él. Antes de salir del Castillo, había tenido a bien sanárselo como bien había podido, vendándoselo fuertemente, antes de enfundarse el traje de la inquisición, que ya ofrecía cierta presión que aliviaba el dolor. Ignoraba en qué estado estaría la herida a estas alturas. Por suerte, Erah no era zurda, precisamente.
Segundos después, al no sentir impacto alguno, la mujer dejó de cubrirse. No tardó en deducir que Ezélionn había extendido un brazo, resguardándola a ella. Lo miró por un instante, cada vez más extrañada por ese nuevo comportamiento en un dragón inquisidor. Todo sucedió lo suficientemente rápido como para que al regresar sus intensos azules a la parte superior de la escalera, Megerah se dejase impregnar por pura adrenalina y de un gruñido, impulsarse en persecución de aquella humana que había tenido la desfachatez de atacarlos. No obstante, fue lo suficientemente rápida a la hora de desaparecer también como para que la rubia no la llegase a ver cuando alcanzó el piso superior. Entrecerró la mirada, atenta, en lo que el dragón llegó a su lado. Erah asintió por esa sugerencia de su compañero. Tuvo a bien cambiarse el látigo a la izquierda, dejándose la derecha totalmente libre, antes de comenzar su cauto paseo por aquel piso.

Por las pocas habitaciones que les dio tiempo a ver, habían dado de lleno con una casa franca en la que seguramente se reunían varios para atentar contra el régimen. O a saber qué más. Aplaudía al autor de la investigación exhaustiva que había derivado en esa fructuosa misión, aunque fuese aún pronto para calificarla como tal-. Podéis jurar que no. -murmuró la mujer al ver aparecer a esos dos hombres armados e imponentes. La rubia afianzó sus dos pies, deteniendo sus pasos. Les devolvió la sonrisa ladeada en cuanto aquellos dos humanos se vieron frente a la mujer. ¿Pensarían acaso que podrían reducirla? Idiotas.
Le dio tiempo a adelantarse al dragón en lo que los humanos se lanzaron a ellos. En un movimiento rápido su derecha buscó una de sus dagas para lanzarla de inmediato al hereje que no quedaba enfrente de ella. Hizo diana en una de sus piernas, trastocando así su carrera. Un pequeño regalo para que a Ezélionn le fuera más fácil reducirlo.

Cuando sus azules, por fin, se fijaron en su atacante, un brillo pernicioso centelleó en su mirada. El contrincante alzó su espada, lo que le llevó a Erah a echarse a un lado, girando sobre sí misma. No le costó esquivar el sablazo cuando el filo cayó, situándose justo en la espalda del humano. Antes de que la inercia hiciera que se alejara de ella, pasó su látigo aún enrollado por su cabeza, a modo de soga. Agarró el cuero entonces con ambas manos a la altura de la nuca del hombre y tiró. Consiguió desestabilizarlo y hacer que se arrodillara de la presión que ejerció, pese a que su brazo izquierdo acabó resintiéndose. Más cuando el hombre lanzó uno de los suyos hacia atrás, agarrando el antebrazo de Megerah. Ésta aspiró sonoramente. De un movimiento brusco, apartó su brazo, retorciendo algo más el cuero, para ejercer más presión-. Te quedaste sin ases, condenado traidor. -murmuró entre dientes, cerca de su oído.

No pudo añadir más, pues, justo lo que estaba haciendo a aquel indeseable, se lo hizo a ella una tercera persona con la que no contaban. Megerah congestionó el gesto, soltando a su presa, llevando ambas manos a lo que rodeaba su cuello. Sus ojos se encendieron, antes de empujar con su propio cuerpo a su nuevo atacante hacia la pared más cercana. En cuanto ambos cuerpo acusaron el esperado golpe, Erah tensó su brazo derecho, lanzando el codo contra el costado ajeno. Aquel ataque inesperado desestabilizó al desconocido, el tiempo suficiente como para que Megerah se revolviese e hiciese uso de su otra daga, atravesando el cuello ajeno. No había forma de que saliese de aquel tajo con vida. A la mujer le faltó voz conforme se apartaba con cierto temblor de aquel cuerpo que se escurría de la pared. Acusaba la falta de aire por esa presa que le habían hecho en el cuello cuando vio el mismo movimiento tras Ezélionn. No se lo pensó una segunda vez, siendo consciente de que aún mantenía su daga en la mano, arrojándosela al atacante sorpresa, justo a tiempo de que llegase a dar al dragón.
Por su parte, perdió el equilibrio, cayendo de rodillas, en lo que su propio cuerpo recuperaba el oxígeno a bocanadas-. Malditos... -murmuró con voz ronca, con la mano izquierda protegiéndose el cuello.
Y aún le quedaba recuperar su látigo del cuello de aquel hombre que, como ella, se recuperaba del ahogamiento, aunque más lentamente.





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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Ezélionn el Dom Dic 11 2016, 02:17

La daga lanzada por Megerah acertó en una de las piernas del primer humano que se lanzó contra ellos, una clara ventaja pues en cuanto tropezó por el dolor el dragón se le echó encima, propinándole una fuerte patada en la pierna herida lo cual arrancó un alarido al hombre que cayó el suelo. Acto seguido golpeó su nuca con el mango de la espada para dejarlo inconsciente en el suelo. Después todo sucedió en apenas unos segundos, su compañera pasó a ocuparse del otro hombre con la intención de ahogarlo sin desenroscar el látigo, pero apareció un tercero que la atrapó por la espalda. En ese momento, con intención de ayudarla, Ezélionn vio frustradas sus intenciones cuando a su paso apreció otro de aquellos humanos. Parecía que habían dado con un nido de lo más grande, no dejaban de salir de un lugar y otro y si seguía así pronto se verían superados en número.

El nuevo corrió cargando contra él con el arma en alto, pero el inquisidor ya estaba preparado para esquivar el golpe, esto desestabilizó a su enemigo y le dejó hueco suficiente para tomar impulso desde abajo y contraatacar con una fuerte carga que culminó cuando su hombro derecho entró en contacto con el pecho del contrario. La fuerza del empujón hizo que el hereje trastabillara y se precipitara escaleras abajo hasta acabar tirado en el primer piso. Cuando devolvió su atención a Megerah, ya se había librado del nuevo atacante, pero con apenas fuerzas y un rápido movimiento volvió a lanzar una de sus dagas, esta vez en la dirección en la que él se encontraba. El dragón no se movió, sintió el filo rozarle la mejilla y después de eso un ruido sordo, seguido del fuerte sonido de un cuerpo desplomarse. Se dio unos segundos para recuperarse de la impresión antes de girar el rostro para ver como otra de aquellas ratas yacía en el suelo con la garganta atravesada por el filo del arma de la rubia – Veo que sabes hacer que caigan a tus pies. – Bromeó mientras se acercaba a ella, quitando el látigo del cuello del único de los herejes que trataba de recuperarse antes de propinarle un fuerte rodillazo en el rostro para rematarlo - ¿Estás bien? – Le preguntó mientras le tendía una mano para ayudarla a ponerse en pie después de dejarle un tiempo para que pudiera recuperarse del ataque – Reconozco que eso ha estado muy bien, me has salvado de una buena hace un momento. – Sonrió de medio lado – No es algo a lo que esté acostumbrado, así que te debo una. – Añadió con un tono divertido. No, no era algo habitual y mucho menos para él deberle a un humano algo como que le hubieran sacado de un apuro como el de hacía un instante. Pero Ezélionn trataba a todos sus compañeros como iguales, humanos o no, eran inquisidores.

Era momento de continuar, por el momento ya se habían cargado unos cuantos arrestos y un par de muertes a sus nombres. Quizás sus compañeros de un piso más abajo estaban teniendo la misma suerte que ellos o quizás algo menos, por el momento estaba tranquilo respecto a ellos, de haber caído alguno de los suyos seguramente habría recibido algún tipo de aviso. De nuevo volvió a avanzar el delante, Megerah aun necesitaba algo de tiempo para recuperarse del ataque reciente y no pretendía que los pillaran nuevamente desprevenidos, todavía tendrían que quedar escondidos más de aquellos humanos en alguna parte – No bajes la guardia. – Murmuró a su compañera – Hubiera sido más fácil venir con antorchas y hacer arder este sitio. – Seguramente los gritos los habrían escuchado toda la noche de haber tenido otra idea el inquisidor, pero prefería capturar con vida si era posible al líder de aquel grupo.

Aún quedaban habitaciones y un piso más por registrar, eso quizás contando con que no tuviera un sótano también, desde fuera el edificio parecía más pequeño. Las habitaciones que quedaban en el segundo piso estaban vacías por completo, poca decoración, alguna que otras pertenecían de los residentes… Nada importante. – Nada. Creo que es hora de revisar el último piso. – Al llegar a la escalera que ascendía hasta lo más alto de la casa, Ezélionn se aseguró de que ninguna sorpresa les esperaba arriba. Otra loca con una silla, algún armario que pudieran tirar, nunca se podía saber con aquel tipo de humanos. Frunció el ceño y despacio comenzó a subir las escaleras con el arma en la mano y de nuevo, como si hubiera invocado a alguna clase de mal con su pensamiento, la misma mujer que antes les había lanzado una silla, apareció de nuevo. Esta vez le dio tiempo a sonreír de forma macabra antes de cargar, no sin esfuerzo, lo que parecía ser una mesilla de alcoba. El dragón no pudo contener su asombro y abrió los ojos completamente sorprendido cuando el mueble fue lanzado por la hereje y pasó volando muy cerca de ellos, un golpe que fue evitado gracias a que el dragón se pegó a la pared y con la mano que le quedaba libre empujó a Megerah contra la misma – Que hija de puta… - Masculló el inquisidor sin dar tiempo a más ataques, subió rápidamente el tramo de escaleras que quedaba dispuesto a atrapar a la desgraciada aquella pero de nuevo no encontró a nadie.

¿Qué clase de brujería era aquella? ¿Eran las horas que llevaba trabajando acaso? ¿La falta de sueño? Imposible, tanto el cómo Megerah habían visto lo mismo.

Si el segundo piso les había resultado raro, el tercero era de lo más perturbador. No había nada al subir las escaleras, lo único que se podía ver al otro lado era una habitación repleta de cajones y cofres a la que se llegaba después de atravesar un largo pasillo en el que no había puerta alguna. Ezélionn giró un momento el rostro para mirar a su compañera antes de empezar a caminar para atravesar el pasillo, quizás lo que estaba en aquella sala no era muy importante, pero debían asegurarse de que no se dejaban nada atrás.




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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Megerah el Lun Dic 12 2016, 21:44

Estuvo más que tentada de reírse entre dientes por la pequeña broma de Ezélionn, mas sólo llegó a sonreír con cierta hastío-. Hay métodos menos… dolorosos para conseguirlo. -se cuidó de generalizar y no decir que era ella quién disponía de esos métodos a su antojo. Y lo que eran hombres tampoco le faltaban.
Sus azules se alzaron, buscando los ajenos, cuando el dragón formuló la pregunta. Tragó saliva, antes de asentir levemente con la cabeza. Elevó su diestra, tomando la mano tendida, para recuperar su verticalidad en lo que el dragón le agradecía a su modo el haberle sacado de una situación más que peliaguda. Ezélionn empezaba a acumular matices en su comportamiento que Erah no había visto en ninguno de sus compañeros. Y, ya empezaba a molestarla que ese carácter la extrañase tanto. Principalmente, porque no sabía cómo reaccionar, al no estar acostumbrada a él-. Aún es pronto para deberme una, dragón. -enunció-. Mejor será que esperéis a estar fuera y a salvo. -no por nada, Megerah podía mencionar sus tablas cuando la hereje de la escalera les tiró la silla. Y, de hecho, para la rubia, las cuentas se igualaron en cuanto el dragón la empujó hacia la pared para evitarle cualquier golpe con el mueble que bajaba a su encuentro, en lo que subían para inspeccionar el último piso.

Aún pegada al muro de la escalera, Erah exhaló despacio, acumulando rabia por esa mujer que no conseguían atrapar, pese a esas intervenciones cruciales, cuando más vulnerable se encontraba la pareja de inquisidores. Vil tramposa. La misma reacción que tuvo la rubia en el anterior tramo de peldaños pareció tenerla Ezélionn, aparentemente harto de esa mujer también. Megerah lo siguió hasta el último piso. Nada más llegar, su mirada hizo un sutil barrido, marcando mentalmente todos los puntos muertos desde los que pudieran ser atacados. No iba a permitirse cometer el error del piso anterior. Tensó sus brazos, llevando en sus manos las dos dagas que había recuperado en lo que terminaban de registrar el primer piso. El látigo que le había devuelto Ezélionn reposaba, enrollado de nuevo en el enganche de su cinto que tenía para tal menester. Megerah sintió cómo se le erizaba la nuca en esa sensación de mala espina que le ofrecía aquel pasillo. Su compañero pareció pensárselo menos que ella, cuando la miró-. Tened cuidado. -murmuró con un simple asentimiento, antes de que él comenzase a recorrer aquel pasillo. ¿Acaso se estaba preocupando por él? Nah, no podía ser.

Internamente, la desafiada hizo un cálculo rápido de las dimensiones del lugar, frente a las de la espada del dragón. Ya podía tener maña para manejarla porque, según sus pequeñas cuentas, Erah pensaba que no podía tener un movimiento fluido con ella si eran atacados. Y fue por eso que afianzó el agarre de sus dedos en las empuñaduras de sus dagas. Sobre todo, la de su diestra.
Sospechosamente, no hubo ataque. No hubo ruidos. Todo estaba en una aplastante y oscura calma, que mantenía a Megerah más tensa de lo normal. Atravesaron el corredor, llegando al final de este sin ningún tipo de interrupción. Aquella tranquilidad no podía ser real.
Dejó que Ezélionn entrara en la estancia final, en lo que la rubia volvía la mirada hacia lo que dejaban atrás, más que desconfiada. Pero fue justo a tiempo para ver cómo esa mujer, volviendo a salir de la nada, la embestía por detrás. Megerah se giró sobre sí misma para absorber mejor aquel empujón. ¿Dónde había podido esconderse? ¿Cómo lo había hecho? La espalda de la rubia hizo contacto con el suelo, en lo que la mujer emitió un quejido por el golpe. Su atacante la inmovilizó de las muñecas, haciéndole sentir la calidez de sus palmas apresándola. Una calidez mayor que la normal. De hecho, una luz anaranjada parecía salir de aquel mismo contacto. La rubia no tardó en removerse, pero no fue hasta que la contraria se acercó lo suficiente a ella que pudo propinarle un cabezazo lo suficientemente fuerte como para atontarla. Cambió las tornas, aprovechando la situación, rodando con su contrincante por el suelo-. Vas a tener que explicar un par de cosas en el Castillo. –murmuró entre dientes, cuando pudo inmovilizarla. Por un momento, concentrada en lo que estaba haciendo, se olvidó de la compañía... y hasta de ese hilillo color carmesí que bajaba por su frente.





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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Ezélionn el Mar Dic 13 2016, 04:09

De nuevo. ¿Por qué lo trataba con tanta formalidad? ¿Acaso no se mostraba lo suficientemente cercano? A él no le perdía el ego como a otros dragones que no soportaban que los humanos se dirigieran a ellos con respeto, fueran lo que fueran. No dijo nada al respecto, ya aprovecharía otra oportunidad para echarle en cara aquello, aunque estaba en su derecho de hacer lo que quisiese. A medida que avanzaba por el pasillo Ezélionn empezó a trazar en su mente los cálculos necesarios para defenderse de un posible ataque en aquel momento, no tenía las de ganar si lo tomaban por sorpresa así que envainó la espada, se las apañaría a golpes si era necesario.

Finalmente entro en la estancia, tras las estanterías, cofres y cajones se podían adivinar unas paredes blancas y lisas. En las estanterías no había libros o material alguno, pero lo que podía haber en los armarios podía ser interesante, por lo que hizo amago de ir a echar un vistazo al interior de estos cuando escuchó algo a su espalda. Se giró rápidamente para poder ver como la misma mujer que dos veces los había atacado en las escaleras ahora trataba de someter a Megerah, aunque la inquisidora fue más lista y casi le reventó la cabeza a la otra cuando le soltó un fuerte golpe con la suya propia. Ezélionn torció el gesto, aquello seguramente le dejaría una buena resaca a su compañera para un par de días. Dio un par de zancadas para acercarse hasta la rubia que mantenía inmovilizada contra el suelo a la hereje, sosteniéndola fuertemente de las muñecas.

- Creo que la has dejado medio ida. – Y efectivamente lo había hecho, momentos antes la otra humana parecía algo atontada, pero ahora mantenía la parte de atrás de la cabeza pegada contra el suelo y tenía los ojos cerrados. Respiraba, pero el golpe la había dejado completamente fuera de juego. Se agachó para observarla y examinar sus facciones – Por fin te veo la cara de cerca. – Sonrió con maldad – Te ha fallado el truco de los pasadizos, ¿eh? – El dragón ya había deducido como se movía tan sigilosamente la humana cuando unos instantes antes había podido escuchar el mecanismo de una puerta y en aquel piso no había puertas… O por lo menos parecía que no las había – Esta es una buena captura, toda tuya. – Comentó antes de volver a levantarse y seguir con lo que estaba haciendo.

Esta vez no perdió el tiempo para comprobar lo que había en los armarios. Fue algo que le sorprendió, pero que también esperaba. Tanto armarios como cofres estaban llenos de armas y otros tantos utensilios. La cantidad era exagerada para el número de humanos con los que se habían topado, con lo cual aquello solo podía indicar que era una especie de cargamento que estaban guardando o que aquellos herejes se dedicaban a algo más que adorar a falsos dioses y a poner puertas secretas en su casa – Y aquí está lo mejor. – Susurró cuando en uno de los armarios halló armas con el filo de jade. Estaban sin afilar, pero para el eran igual de peligrosas y para la Inquisición era un motivo más que suficiente como para torturar hasta la muerte a todos aquellos desgraciados.

Cuando terminó de examinar lo que había se giró de nuevo hacia Megerah, la cual había logrado reducir e inmovilizar muy bien a la mujer de cabello negro que estaba aún tirada en el suelo - ¿Cómo te encuentras? – Preguntó examinando el rostro de su compañera. Al fijarse bien se percató del hilillo de sangre que le caía de la cabeza. Se acercó más de lo necesario y desviando sus ojos azules de los de ella la examinó sin ponerle un dedo encima – Será mejor que te tomes un momento para recuperarte del golpe.




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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Megerah el Mar Dic 13 2016, 19:51

La mujer, claramente reducida, cerró sus ojos, en el intento de recuperar la conciencia que el golpe le había robado, mareándola. Erah no lo acusó tanto en un primer momento. Quizás también, por su condición de desafiada. No tardó en maniatarla, con una fuerte soga que encontró cerca, en lo que el dragón la ofrecía la explicación perfecta que la rubia no había encontrado. Pasadizos. Eso, sin duda, arrojaba mucha luz a las incógnitas. La mujer volvió a sonreír de lado con la asignación de su compañero. No es que necesitara presumir de capturas. De lo que Megerah disfrutaba era justamente de una buena acción en equipo. Una que, entre tanto individualismo en la Inquisición era casi imposible tener. Una que justo Ezélionn le había dado en bandeja-. Ya veremos. -murmuró, sentándose pesadamente al lado de su captura. No admitiría no había salido impune de aquel cabezazo que ella misma había propiciado.

Cuando el hombre anunció lo más interesante del lugar, Erah levantó sus azules con curiosidad. En pequeño vahído la atacó entonces, pero apenas pasó en un par de parpadeos. Aún no estaba preparada para levantarse cuando aquel armario fue abierto ante ella. Su clara mirada repasó cada desafilado borde de cada arma y una ceja se le levantó finalmente-. Sin duda, os habéis librado de unos cuantos dolorosos cortes. -dijo con sorna. Él y los suyos. Si esas armas hubieran llegado a usarse, habrían dejado fuera de juego a muchos dragones.

En un principio, se limitó a asentir ante la pregunta, creyendo que aquel gessto bastaría para despreocupar a su compañero. Nunca hubiera dicho que la cercanía de aquel hombre pudiera turbarla como lo hizo cuando Ezélionn se acercó, con aire inquieto, a la rubia. Sus inquisitivos azules no se desviaron ni un ápice en lo que el dragón parecía examinarla. Esa familiaridad que Megerah encontraba en el rostro ajeno, volvió a su mente. La mujer hizo retrospectiva rápida pero no fue capaz de encontrar el momento que le revelara cuándo lo conoció. Porque estaba convencida de que lo había visto en alguna otra parte. Estuvo tentada de preguntarle en esa extraña burbuja de intimidad que habían creado, en la que Ezélionn parecía analizarla más de cerca.
Finalmente, frunció el ceño ligeramente con la sugerencia. No llegó a entenderlo. Pero, con ese fruncimiento, notó un pequeño hormigueo en su frente. No tardó en alzar la mano, aún más extrañada. Al verse la sangre, utilizó su propia manga para limpiarse, algo molesta por esa repercusión por el enfrentamiento con la otra mujer-. Estoy bien. -aseguró, antes de mirarla y cerciorarse de que seguía fuera de juego. Una exhalación se le escapó por la nariz, con resignación-. Deberíamos bajar para informar. -desde luego, no podían cargar con todo lo encontrado ellos solos. No obstante, estaba más que preparada para todas esas miradas de menosprecio y descrédito a las que se vería sometida. No era especialmente sensible a lo que aquella raza acostumbrase a pensar de ella y los suyos. Ya hubiera sido como humana o, ahora como desafiada. Haber vivido como esclava de dragones tenía sus ventajas, después de todo. Sabía manejarlos, aunque aún se encontrara con alguno que rompiera parcialmente sus esquemas, algo que, sin duda alguna, descolocaba la forma de comportarse de Megerah.





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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Ezélionn el Miér Dic 14 2016, 03:33

El inquisidor torció el gesto cuando la rubia mencionó de lo que se habían librado. Desde luego tenían razón, el mismo, de haber sido humano hubiera tenido aquellas armas preparadas por una posible intervención de la inquisición en la casa. Pero aquellos herejes se habían confiado demasiado y los espías habían hecho un trabajo muy bueno al darles toda la información posible y los días y horas en las que podían encontrar menos actividad. Apartó la mirada un momento para observar a la fémina maniatada en el suelo que poco hacía por tratar de escapar a su evidente destino – Creo que un rato a solas con mi compañera en las mazmorras del castillo te sentará muy bien. – Comentó con cierto aire de diversión antes de observar de nuevo a Megerah – Si, será mejor que nos pongamos a ello. Hay bastantes cosas que hacer ahora y tenemos que comprobar cómo está el resto. – el dragón esperaba no tener que informar de ninguna baja entre los que iban con él.

Agarró de las muñecas atadas a la hereje y tiró de esta con la suficiente fuerza para ponerla en pie y hacer que caminara. A medida que iban bajando las escaleras para volver al primer piso, Ezélionn se percató de que todo estaba más tranquilo y no tardó en poder apreciar las voces del resto de dragones que ya habían comenzado a sacar fuera de la casa a aquellos más listos que habían escogido la rendición en vez de la lucha. Aunque contrario a lo que pensaran los pobres cautivos, él hubiera preferido la muerte sabiendo lo que vendría después de aquello - ¿Qué opinas? – Preguntó a su compañera – Parece que todos estén perfectamente, quizás alguno que otro presenta heridas, pero no parecen demasiado graves. – Se encogió de hombros. Tampoco iba a sufrir mucho por ellos si alguno salía peor parado. Después de aquellas palabras del inquisidor, llegó el trabajo de verdad.

Tocaba asegurarse de que cada hombre y mujer capturado estaban totalmente controlados, también había que hacer un recuento de los cadáveres que habían quedado en el interior. El fuerte olor de la sangre humana había impregnado todas las habitaciones del piso más bajo, por no decir que el suelo había cambiado totalmente la decoración a un rojo que cada vez se tornaba más oscuro conforme se secaba el plasma. Fue Ezélionn quien pidió a uno de sus compañeros que fuera a avisar a aquellos que estaban en el castillo para que enviaran refuerzos y carros que les ayudaran a sacar a los rebeldes y poder transportarlos fácilmente hasta las mazmorras. Con tan buena captura y tantos objetos que requisar no iba a arriesgarse a dejar ningún cabo suelto para que nadie pudiera aprovechar el menor despiste.

El lugar no tardó en llenarse de las fuerzas de la Inquisición que de nuevo hicieron el recuento de cautivos y se internaron en el edificio para registrar una a una todas las plantas de este y llevarse todo aquello que pudiera ser relevante, empezando, como no, por los contenedores donde un rato antes, habían hallado armas y jade

- Sé que quizás estoy pidiendo demasiado. – Comenzó a decir cuando de nuevo tuvo la oportunidad de acercarse a la inquisidora para intercambiar unas palabras – Pero si no te importa me gustaría que me echaras una mano para rellenar los informes correspondientes a la investigación. – Había que detallar hechos y un sinfín de cosas más que resultaban de lo más tedioso, aunque el dragón ya se esperaba una respuesta negativa dadas las horas que eran. Seguramente no tardaría mucho en amanecer y su compañera preferiría marcharse a descansar a tener que estar ocupándose del papeleo.




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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Megerah el Miér Dic 14 2016, 21:30


Erah siguió la mirada del dragón a su presa, cuando éste volvió a hablar. Y, al parecer, tenía la fijación de romper los esquemas de la rubia con sus palabras, medidas, educadas y hasta agradecidas. Erah lo miró una vez más, en absoluto silencio durante unos segundos, como si aún procesase lo que había dicho. Como si estuviera hablándola en otro idioma. ¿Le estaba proponiendo directamente torturar a aquella mujer?- ... ¿Qué? -inquirió de primeras, con una sonrisa torcida e incrédula. Espera, ¿qué? ¿Le estaba dando su venia para poder divertirse como ningún otro dragón a excepción de Moloch la dejaba hacerlo? De hecho, había participado más como torturadora cuando era esclava que ahora como inquisidora. No era que a Megerah le importara pero, acostumbrada a que no la dejaran hacer nada, la excepción que Ezélionn suponía para ella, era, cuanto menos, singular. ¿Por qué lo hacía? Porque no eran imaginaciones suyas, ¿no? Tal vez por eso, lo dejó estar, dejando que él la examinara y, posteriormente, bajaran por las escaleras con la prisionera, sin temor a ser emboscados.

Cuando llegaron al patio trasero e hicieron un rápido recuento de los herejes vivos, Ezélionn volvió a pedirle opinión a la desafiada. Con diferencia, estaba siendo el compañero que más palabras le había dedicado en lo que llevaba como inquisidora-. Diría que muy pocas veces la Inquisición se organiza tan bien. -masculló, pensando en la misión anterior. La cual, había sido prácticamente un fracaso, por falta de organización y empeño de todos los compañeros en destacar. Tanto era su ego que no se dieron cuenta que hubo más muertes de las que debería haber habido, por prudencia, cuando lo idóneo habría sido conseguir culpables a los que interrogar-. No finjáis despreocupación por los compañeros, dragón. No va con vos. -enunció, con sorna y una ceja enarcada, además de esa costumbre por vosear a cualquiera.

Con una suave risa se separó de él, dispuesta a ayudar en un recuento algo más exaustivo, si la dejaban. Mientras los dragones saboreaban su victoria saqueando cada piso y lo que encontraron en el lugar, Megerah revisó ataduras y dedicó más de una mirada asesina a esos rebeldes que murmuraban maldiciones en su contra. Como si a la rubia le importase lo más mínimo. De hecho, fue a soltarle un sonoro bofetón a uno cuando Ezélionn interrumpió sus intenciones. Buscó su clara mirada entre las sombras que las antorchas y la luz de la luna creaban, volviendo a tildar el gesto de la rubia con incredulidad. Frunció su ceño antes de contestar, olvidándose hasta de las altas horas que eran:- Tenía entendido que ese tipo de... menesteres -si es que se podía llamar así a un suplicio como era el de rellenar los informes- tendéis a delegarlos en todos esos compañeros que no comparten vuestra naturaleza. -esto es, los pringados que no eran dragones: humanos y desafiados. Ella, sin ir más lejos, había sido señalada con el dedo incontables veces para perderse entre papeles de intrusiones en las que Erah ni había participado.





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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Ezélionn el Jue Dic 15 2016, 10:55

Asintió, bastante razón llevaba su compañera. Cierto era que muy pocas veces la Inquisición lograba hacer algo con trabajo en equipo, aunque aquello tampoco se podía decir que fuera un trabajo de lo más logrado. Pero tampoco es que fuera muy complicado hacer colaborar a los inquisidores, solo había que jugar con aquello que les llamaba la atención… Desde luego encargarse del papeleo no lo era, pero aquellos que los habían acompañado no eran tontos, sabían perfectamente que no eran pocos los cuales habían rechazado encargarse de aquello por temor a encontrar algo que escapara de su control. Exacto, ahí estaba una de las crudas realidades de todo aquello: La Inquisición no se encargaba de ciertas cosas por falta de efectivos, sino porque no querían verse superados. Ese era uno de los mayores motivos, el ego draconiano se les atragantaba tanto que cuando llegaba la hora de la verdad demostraban las pocas agallas que tenían enviando a los humanos a hacer lo que a ellos les correspondía.

Y era esa carta la que había jugado Ezélionn para reunir un grupo lo suficientemente numeroso como para plantar cara a los herejes. Los había comprado con la idea de que se pensaba que aquello era un imposible, que de lograrlo estarían quedando en muy buena posición entre el resto de los inquisidores. Y no solo había logrado convencerlos, si no que para mejorar todo aquello, habían salido con una victoria en las manos, la cual les daría lo prometido a sus compañeros aparte de una buena paga después de aquello – Quien te escucha podría jurar que me conoces de toda una vida. – Bromeó el dragón tras las palabras de la rubia – Ahora me dan igual, pero en la batalla, todos estamos del mismo lado. Hay que cuidar de los que luchan a tu lado. – En aquel momento hablaba el Ezélionn que había combatido como soldado años antes, el que por motivos de la amnesia había olvidado a muchos compañeros que había dejado atrás.

Cuando volvió a reunirse con Megerah esta estuvo a punto de golpear a uno de los herejes, aunque el dragón se quedó con las ganas de que lo hiciera, pues fueron sus palabras las que llamaron la atención de la rubia e hicieron que evitara golpear al cautivo. Después de la contestación que le dio, el inquisidor rodó los ojos con cierto disgusto. La forma en que su compañera generalizaba a veces sobre los de su raza le molestaba en cierto modo, pues había dragones que, como él, se tomaban el trabajo como algo bastante serio y precisamente él no era de aquellos a los que le gustaba delegar en nadie, pues más valía un trabajo bien hecho por uno mismo que algo echo a malas por otro que no tenía ni idea – Vaya, pues entonces estoy haciendo algo mal. – Su voz sonaba irónica mientras mantenía un gesto pensativo – Tal vez no debería preguntar, si no directamente buscar al pobre tonto de turno para encargarle el trabajo que a mí me corresponde. – Miró a los ojos a la rubia con expresión seria y después de eso esbozó una sonrisa que escondía cierta picardía – Dentro de esta jaula de grillos… - Empezó a decir mientras echaba a andar alejándose del bullicio del edificio, pues ya iba siendo hora de volver al castillo – egocéntricos, pedantes y con ganas de fanfarronear, a la que llamamos Inquisición. Absolutamente todos somos iguales y disponemos del mismo rango. – Esperó a que ella también comenzara a caminar para rehacer el camino en su compañía – Así que, si dejas que los demás deleguen la responsabilidad que les corresponde, en ti, es porque tu así lo has asumido. Porque realmente ese trabajo no te toca a ti. – Ezélionn se preguntó si sus palabras no estarían resultando demasiado cargantes para la rubia – Tu deber te lo han dejado bien claro al unirte a nosotros, sirves a la Reina Madre y no a los cuatros payasos de turno que han ingresado en nuestras filas para medirse las pollas los unos con los otros y no hacer nada mientras otros como tu hacen lo que deben hacer ellos. – Si, los humanos eran molestos. Quizás él era quien menos los soportaba, pero eso no quería decir que los dragones fueran todos unos santos de su devoción y dentro de ellos, los que menos aguantaba estaban dentro de la Inquisición.

- Y volviendo al tema. – Frunció el ceño en una expresión desconcertante, pero que quedó algo cómica – No has respondido a mi pregunta. – Dibujó una media sonrisa y siguió andando, al parecer iban a ser los primeros en volver al castillo. Pero, ¿para qué iban a quedarse más tiempo? Ya había bastantes inquisidores atrás y ellos ya habían cumplido con su parte del trabajo.




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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Megerah el Lun Dic 19 2016, 19:10

Los hombros de la rubia temblaron cuando ésta rió con suavidad por el comentario del dragón. Sin pretenderlo, había acertado con él. Otro dragón más. Lo que afianzaba en la rubia la acérrima idea de que aquellos seres estaban cortados, en su inmensa mayoría, por el mismo patrón. Podía ser que la rubia pecase al generalizar tanto, pero su experiencia como esclava le había ayudado a establecer ciertas bases y conductas sobre aquella raza opresora, egoísta y altiva.

Rió de nuevo, esta vez sin acallar una pequeña carcajada cuando el dragón dejó entrever la indignación al haberlo metido en el aparente y generalizado saco en el que estaban todos esos inquisidores que seguían tratando a sus compañeros humanos como si de esclavos se tratara-. Exacto. -apoyó las palabras del dragón con toda la sorna del mundo. Parecía que Ezélionn quisiera hacerla entrar en razón y hacerle ver la probabilidad de que no todos los dragones fueran iguales. Cosa que la desafiada ya sabía. Era consciente de esa posibilidad, aunque también tenía presente que esos dragones diferentes no solían ser parte de la Inquisición precisamente, siendo un porcentaje tan sumamente reducido-. Cuidado, dragón. -musitó, peculiarmente satisfecha de que su compañero la regañara y culpara de una situación que no solía darse, en realidad. Enarcó las cejas en lo que caminaba a su lado, de vuelta al castillo-. No he dicho que yo lo haga... -murmuró, mirándolo, con una sonrisa suficiente y traviesa. Ella tendía a encargarse de sus informes. No tenía ningún apuro en plantar cara a cualquier inquisidor que tuviera la indecencia de plantearle tan siquiera la idea. Como antes se había mencionado, había sido señalada para hacerlo... pero la parte omitida es que su negativa sólo había traido enfados de los dragones que la rubia había ignorado deliveredamente. Hasta que algún día, uno de ellos pueda llegar más lejos... - Pero siempre se puede generalizar. ¿no es así? -bromeó. Megerah gustaba de tantear con palabras, viendo las distintas reacciones de sus diferentes interlocutores. Palabras convertidas en un inofensivo juego, que podía tornarse peligroso si la rubia no tenía cuidado.

Aún lo miraba cuando el dragón, con un gesto cómico, la descolocó. ¿Su pregunta? Erah recapituló con rapidez, adoptando un gesto revelador en cuanto se dio cuenta de un pequeño matiz:- No he contestado por no haber pregunta, milord. -en el sentido estricto de la palabra y si Erah se ponía puntillosa -algo más que normal en ella-, el dragón le había hecho una petición-. No obstante, vuestra persistencia por mantener mi compañía me halaga. -enunció con rapidez, antes de que Ezélionn volviera a articular. Una forma más que sutil de aceptar de nuevo, esa nueva invitación-. ¿Seguro que no estáis cansado aún de mi lengua filosa? -inquirió, con cierto aire juguetón, tentada de asir el brazo masculino con suavidad. Un claro gesto confidente que distaba mucho de la realidad: por mucho que se emperrase en pensar que conocía a aquel hombre de algún lugar, no podía estar segura. Y con ello, esa confianza no crecía más allá de la existente entre dos compañeros que participan esporádicamente juntos en una misión del todo aleatoria para la rubia. Por ello, optó por mantener las distancias. Por no tocarlo en aquel momento, mientras ascendían por las calles, de regreso al Castillo.





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Re: [FB] Compañeros al fin y al cabo. (Megerah)

Mensaje por Ezélionn el Mar Dic 20 2016, 12:19

Cuando Megerah contestó que no lo hacía la miró de reojo arqueando una cejar. Observó en silencio aquella sonrisa traviesa y finalmente averiguó que aquella extraña humana seguramente había dado más de un problema a sus compañeros inquisidores con anterioridad. Ante el siguiente comentario Ezélionn alzó ambas cejas con cierta sorpresa. ¿Generalizar? ¿En base a qué? ¿Al ego de los dragones? Por supuesto que sí, ¿pero en actitud? Por nada del mundo se compararía con otros inquisidores, era terco y gruñón, desde luego pero su forma de actuar con sus compañeros humanos distaba mucho de ser igual que la que tenían sus semejantes – Generaliza lo que quieras. – Comentó siguiendo la broma – Así podré reírme más cuando admitas que no debías haberlo hecho conmigo. – Esbozó una sonrisa maliciosa y después de dedicársela continuó caminando hacía el castillo.

¿Milord? ¿Desde cuando…? No entendía por qué la humana utilizaba aquellas formas para hablarle, no es que le desagradasen ni nada parecido, pero consideraba que después de haber matado a unos cuantos herejes juntos ya no había necesidad de tratarse con tanto respeto. Aunque él no lo había hecho desde un principio. Antes de que pudiera decir algo, de nuevo su compañera se adelantó a sus intenciones. ¿Persistencia por su compañía? De nuevo frunció el ceño, esta vez confundido mientras repasaba en que momento había sido tan “persistente”. Aquello le turbaba, en ningún momento él se había esforzado por tener su compañía más de lo necesario, ¿desde cuándo pedir ayuda con unos informes se consideraba de aquella forma? Y luego el ego de los dragones era grande. Aunque con aquello parecía aceptar su propuesta, cosa que era de lo más interesante.

Se mantuvo en silencio unos segundos mientras aún recorrían las calles de vuelta al castillo. Durante su silencio Megerah, de nuevo con aquel tono que ya empezaba a conocer, hizo una nueva pregunta. Una media sonrisa se dibujó de nuevo en los labios del inquisidor – En absoluto, lo encuentro de lo más entretenido e interesante. – Aseguró mirándola de reojo. Y por supuesto era un rasgo en él, no las recordaba, pero en el pasado se había encontrado con alguna que otra – Sin embargo, si hay algo que no me molesta, pero que encuentro de lo más extraño. – Se dio unos segundos para crear algo de expectación antes de seguir - ¿Milord? ¿En serio? – Casi tuvo que contener una risa – Puedo entender el respeto, pero puedes tratarme con confianza. Basta con llamarme Ezélionn, milord es algo para los burgueses o la aristocracia. Yo solo soy un soldado. – Un soldado. ¿Por qué había dicho eso? No era un soldado, era un inquisidor que era mucho más sin duda. Fuera lo que fuera, aquella expresión le resultó vagamente familiar, como si en algún momento la hubiera usado, pero no tuvo conciencia de cuando lo había hecho.

- Aunque a lo mejor yo me he confundido contigo – Su tono adquirió un matiz divertido - ¿Y quizás debería dirigirme a vos por Lady Megerah? – No pudo ocultar aquella sonrisa de malicia – Por favor, que vuestra merced me perdone por dirigirme con tanta confianza a una dama tan distinguida. – Al final parecía que la compañía de la inquisidora no era tan aburrida como él se hubiera imaginado. Si, se lo estaba pasando bien. Todavía quedaba un rato de camino hasta el castillo, aquel que imponente se alzaba más allá de todos los edificios entre los que caminaban cómodamente – Por favor, aceptad apoyaros en mi brazo como muestra de mi arrepentimiento. – Movió el brazo más cercano a ella para ofrecérselo. Por supuesto estaba de broma, pero si su compañera aceptaba no iba a apartarla. ¿Casualidad? Seguramente. Lo que era seguro era que Ezélionn parecía querer dar pie a tener un poco más de confianza. A parte de que tampoco le importaba que lo vieran tan cercano a ella, lo más seguro era que no rondaran más que los guardias de las murallas a esa hora y si alguien lo veía lo cierto es que seguramente le diera completamente igual, es más, estaba seguro de que muchos dragones pudieran sentir quizás algo de envidia. Después de todo, los dragones sabían apreciar el arte y la belleza de las cosas y decir que la inquisidora no era una mujer hermosa era incluso tan grave como mentir a la Reina Madre.

El camino se hizo corto hasta las puertas del castillo, tranquilo y agradable, pero corto sin duda – Supongo que el interrogatorio querrás dejarlo para mañana y terminar con el papeleo lo antes posible. – Sugirió girando la cabeza para observarla.




Gracias por la firma, Trystan

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