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I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

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I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

Mensaje por Eskol el Miér Nov 23 2016, 22:31

Después de


El esfuerzo de Eskol había dado sus frutos. A medias. Porque seguía sin saber el nombre que tanto ansiaba, pero había logrado que su hermana se desmayara por falta de oxígeno.
Buscó unas cadenas por la casa, le ató de manos y pies y la cargó al hombro con envidiosa facilidad hasta la salida de la casa.

Durante ese trayecto se cruzó con algún que otro esclavo de los que también se encargaban de la casa. Las miradas de aquellos humanos hacia Eskol eran de miedo. Algunos se atrevían incluso a mirarlo con desprecio, pero no solían terminar muy bien si se aventuraban a continuar con esa conducta.
Ordenó que le prepararan un caballo y en unos minutos ya estaba al trote ligero dirección al castillo, con el cuerpo de su hermana dispuesto a su espalda como si fuera un simple fardo de paja.

No era la primera vez que llevaba allí a su hermana, así que los habitantes de aquel lugar podían estar ya más que acostumbrados a ver a Eskol de aquella guisa junto con su hermana. Todos sabían que siempre andaba con algo entre manos y que lo que más le gustaba a Eskol era torturar. También era lo que mejor se le daba.
Llegó hasta las mazmorras, procurando que su hermana no se despertara en ningún momento durante todo el camino y cuando al fin entró en una de las celdas de tortura, tumbó a su hermana en una especie de camilla alta de madera. Se puso unos guantes y la encadenó de manos y pies.

En la estancia había algunos otros cachivaches de tortura mucho más aparatosos que aquella camilla como damas de hierro, poleas con sogas, más cadenas en las paredes, y por supuesto mesas y baúles con diversos utensilios. Todo lo necesario para que Eskol se lo pasara bien.
Se paseó por la sala, haciendo sus pasos eco, mientras esperaba que su hermana se despertara y pasando múltiples veces junto a su mesa predilecta llena de cacharros de metal.





Cuando se dio por vencido agarró una silla, la arrastró junto a la camilla y se sentó apoyando su barbilla sobre la tabla de madera. Estaba aburrido y no podía torturar a alguien que no estaba consciente. Así que alargó una mano y se puso a darle manotazos en la cara a aquel despojo que había tenido por hermana antaño.


Última edición por Eskol el Dom Nov 27 2016, 13:34, editado 1 vez




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Re: I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

Mensaje por Kassyena el Vie Nov 25 2016, 20:11

Kassyena había perdido la consciencia a manos de Eskol. La peor manera de quedarse indefensa ante aquel dragón que ya no la aceptaba como hermana. Y muchas de las veces, Kass pensaba que como congénere tampoco. Había conseguido que los esclavos de la casa tuvieran verdadero miedo al mero hecho de cruzarse siquiera con ella en los pasillos. No por la rubia, precisamente. Eskol castigaba a aquel que osaba dirigirle la palabra. Ni que decir tenía de los pocos que habían intentado ayudarla.
Kassyena se había visto sometida a una soledad forzada, menguando drásticamente cualquier posibilidad de encontrar una mano amiga en esa realidad que apenas le daba un respiro. Bueno, quien realmente no se lo daba era Eskol en su afán de hacer que se arrepintiese de su error, de que aquella Kass que había exterminado humanos en el Despertar regresara o, simplemente, por mera diversión. Esa vez, se había obcecado en que la rubia le dijera el nombre de la humana por la que Kass había caído en desgracia. Algo a lo que Kassyena se negaría mientras tuviera fuerzas para seguir respirando. Todo por la esperanza que no parecía desaparecer de volver a ver a Ilianna. Cuánto ignoraba la dragona del poco tiempo que quedaba para poder perderse en esos ojos verdes, aún nítidos en sus recuerdos.
Lo único a lo que aferrarse desde hacía un largo año.

La calma que aquella inconsciencia le traía se vio interrumpida cuando la dragona comenzó a recibir manotazos. No supo de dónde venían, aunque sí quién se los estaba dando. Su hermano y sus vejaciones eran de sobra conocidos para Kassyena.

Del exabrupto, Kass inspiró sonoramente, asustada, abriendo los ojos en varios parpadeos. Sin  siquiera saber dónde estaba, su primera reacción fue mover los brazos para cubrirse de la mano de su hermano. Pero fue al intentar moverse cuando todo se le vino encima. Las heridas en la espalda, hombro, costado y pierna, dolieron a la vez. Quizás no tanto como antes, pero sí lo suficiente como para emitir un quejido, a medio camino entre el dolor y la molestia al ser golpeada. Se le ocurrieron varios improperios que soltarle, en un falso alarde de energía que en ese momento no tenía. No obstante, intentó removerse como pudo, para dificultarle a Eskol lo que ya estaba haciendo.





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Re: I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

Mensaje por Eskol el Dom Nov 27 2016, 13:33


Eskol rió suavemente observando los inútiles intentos de soltarse de sus cadenas. Una gran metáfora en realidad. Retiró la mano y ladeó la cabeza sintiendo en la barbilla la desagradable rugosidad de la madera sobre la que estaba apoyado.
Las heridas de su hermana se habían regenerado en mayor o menor medida dependiendo de la gravedad de las mismas claro. Así que ahora que tenía nuevo material para pasarlo bien, también tenía a una prisionera casi nueva para ello.
Sin embargo no empezó todavía. Se quedó en su postura en silencio, pensando en sus asuntos antes de comenzar a hablar con parsimonia.

—Siempre pensé que eras una inútil, pero cuando recibí la noticia de que te iban a juzgar por haberte… —rió de nuevo—. Por haber tenido un affair con una humana esclava. Eso ya rompió el medidor de estupidez que te tenía puesto —se levantó y dio una palmada cuyo sonido quedó ahogado por los guantes de cuero que llevaba, para frotarse luego las manos. Tal y como si estuviera frente a un delicioso banquete que degustar.
Se acercó a la mesa de herramientas y agarró uno de los instrumentos que había allí escondiéndolo detrás de su espalda para que quedara en secreto mientras se dedicaba a caminar rodeando la camilla con lentitud, sin despegar la mirada del cuerpo que había sobre ella. A Eskol le costaba comprender cómo a uno de los suyos, un miembro de la raza superior, una raza divina, podía llegar a sucumbir ante aquellas ratas que solo vivían para servir y morir.
Y aun así, Kassyena no era la primera que pasaba por sus manos que se había atrevido a levantarse contra la Madre y el resto de los suyos.
Ahora, la rubia estaba completamente a su merced. Eskol aprovecharía la oportunidad. Y por supuesto, no sería la última vez.

—La verdad es que después de un año me he cansado de todo esto. De tu silencio y de tratarte tan bien –susurró con una sonrisa felina—. Así que a partir de hoy todos tus días serán el peor de los infiernos. Estoy harto de no saber qué es lo que guardas en esa cabecita tuya y ansío averiguarlo —se paró a la altura de su cabeza—. Tarde o temprano me lo acabarás contando. No creo que aguantes toda la eternidad. Por no mencionar que espero que algún día te arrepientas de lo que hiciste. Quizás solo entonces pueda plantearme el darte un sueldo por limpiar mi casa.

De un tirón terminó de quitarle los harapos que cubrían el torso de la dragona, dejándola desnuda en su parte superior, descubriendo un cuerpo magullado y con heridas. Eskol contempló su obra sonriente y entonces le enseñó a su hermana lo que había cogido de la mesilla.
Un bisturí cuya hoja estaba bañada en jade.

—Empezaremos suavecito otra vez ¿vale?

Llevó el filo del bisturí a la altura de su clavícula y empezó a rasgar su piel. Sabía que solo el roce de aquel pequeño instrumento le provocaría un gran dolor, pero Eskol quería llegar un poco más allá. Su marca de esclavo siempre era una escarificación y para los dragones el jade era perfecto para realizarla. Quizá a Kassyena no le vendría mal una nueva para recordarle a quién pertenecía.
El inquisidor se consideraba todo un artista, así que su trabajo sería lento y cuidado. Lo cual también propiciaría algo poco de molestia para su hermana.
Aparecieron los hilos de sangre que resbalaba por la piel de la dragona, a medida que Eskol realizaba los cortes como si se tratara de mantequilla, e iba retirando las tiras de piel que sobraban.




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Re: I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

Mensaje por Kassyena el Lun Nov 28 2016, 19:37

Tuvo la suerte de que Eskol dejara de molestarla. Aunque Kassyena ya tenía claro que eso implicaba una pequeña calma antes de la peor de las tormentas. Sus azules pudieron entonces observar el lugar. Abrió aún más los ojos al reconocer el sitio. Y no pudo hacer más que asustarse, aunque no diera muestras de ello. Tensó su cuerpo, deteniendo cualquier movimiento.
Supo entonces el tipo de tormenta que sería.

Aquella voz masculina comenzó a susurrar, dándole el aire siniestro a lo que Kass ya reconocía. El significado de sus palabras estaba totalmente vacío para ella, hasta que el dragón mencionó su relación con Ilianna. La rubia apretó los dientes, por ese nítido recuerdo de la humana. ¡Cuánto le habría gustado estar con ella en aquel momento y olvidarse del infierno al que se había visto enviada! Cerró los ojos con fuerza, conteniendo esa amarga y desesperada sensación por no saber nada de Ilia, en lo que sentía a Eskol moverse-. Nunca fue un… affair. -aclaró, queriendo matizar que había sido mucho más, pese a que sabía que a su hermano le daría igual. ¿Qué podría entender él? Un dragón sin escrúpulos, bebedor de las peores artes para torturarla, como castigo eterno por haber sentido lo que Kassyena concebía como el sentimiento más auténtico que había llegado a sentir. Ni el orgullo en el Despertar, ni la libertad al transformarse y elevarse del suelo, eran siquiera equiparables al amor que aún sentía por Ilianna.
En sus más solitarias noches, Kass no dejaba de preguntarse si la dueña de aquellos ojos verdes, propietaria indiscutible de su ahora titubeante corazón, aún sentiría lo mismo por la dragona. Si aún, contaba con aliento para quererla como Kassyena no dejaba de hacerlo.

Oyó al dragón moverse allí donde sus ojos no alcanzaban. Los abrió, clavando sus claras pupilas en aquellas piedras que confeccionaban el techo de aquel cuarto lúgubre. Hasta que la voz irritablemente calma y malintencionada del dragón irrumpió de nuevo en sus oídos. Por sus palabras, tragó saliva, en un intento de aunar fuerzas para ese averno que la estaba esperando a partir de ahora. Fue entonces cuando su hermano apareció en su campo de visión. Estuvo tentada de negar con la cabeza, plantándole cara una vez más: antes moriría que arrepentirse de lo que había sentido y aún sentía, de hecho. Pero lo que Eskol le enseñó contuvo todo aliento, intención de moverse o queja por desgarrarle la ropa. Aquel filo de brillos verdosos desencadenó una avalancha de adrenalina por cada fibra de su ser. Una que endureció su cuerpo hasta hacer desaparecer parte del color en su piel.

Y el intenso quemazón no tardó en llegar en cuanto Eskol comenzó a deslizar esa hoja por la tersa piel de la dragona. La rubia dejó de respirar, llegando a rechinar los dientes por ese punzante dolor. Todo lo que le hubiera hecho con anterioridad aquel día, no tenía comparación. No obstante, Kass entendió a la perfección que eso sería lo más suave que le hiciera de aquí en adelante. Su mirada se empañó, forzándola a cerrar los ojos con fuerza, en lo que el dragón seguía seccionando su dermis, dibujando a su antojo en ella con aquel hiriente filo. No llegó a contener esas lágrimas que se precipitaron por parte de su rostro, en lo que intentaba dificilmente contener un gemido del todo gutural. Respiró entre dientes un par de veces, como si con ello aunase la suficiente firmeza para aguantar tal tortura. Quiso presionar parte de su rostro sobre aquel brazo aún lastimado, soportando estoica y tenazmente tal suplicio, pero sólo conseguiría sentir más dolor. Finalmente, gritó de forma ahogada, notando el frescor de su propia sangre al brotar de las heridas.
Y no había hecho nada más que empezar.





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Re: I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

Mensaje por Eskol el Jue Dic 08 2016, 14:11

Eskol quiso respoplar cuando Kass le dejó claro que su relación con aquella humana no había sido algo tan ridículo como un affair. Le parecía tan patético…
Sin embargo no comentó nada al respecto. Estaba allí para hacerla sufrir. Claro que quería sacarle algún dato interesante, pero si no lo conseguía, al menos se llevaba un rato placentero que llevarse de recuerdo al final de la jornada. Seguramente Eyra y él disfrutarían comentando lo que Eskol había estado haciendo durante el día, entre risas y copas de vino.
Eskol levantó un momento la mirada de su trabajo, tenía los guantes llenos de sangre, y dirigió sus ojos a los de la que anteriormente había podio, aunque con cierto recelo, llamar hermana. Las lágrimas no tardaron en mostrarse y Eskol sonrió levemente antes de volver a revisar cómo seguía separando la piel de su cuerpo.
Luego, los gritos casi le sobresaltaron, pero debía mantener el pulso firme si quería que la escarificación fuera perfecta.

—Eso es. Quiero que llores y grites —clavó repentinamente el bisturí sobre el hombro cercano al lugar en el que estaba trabajando—. Sujétame esto un momento —dijo antes de agacharse un para coger algunos restos de los ropajes que había llevado su hermana encima. Partió la tela, quedándose con una pequeña porción y la llevó a la escarificación que estaba realizando. Frotó sobre la piel suavemente para retirar la sangre que brotaba y hacía que perdiera de vista el dibujo que estaba creando.
Realmente no estaba haciendo nada especial. Una especie de dibujo tribal bastante superficial, así que quedaría una cicatriz que acabaría desapareciendo al cabo del tiempo. De mucho tiempo porque era producto de una hoja de jade, pero no sería tan duradera como su marca de esclava.

—A partir de hoy no quiero que te dirijas a mí por mi nombre. No me gusta escucharlo de boca de un desperdicio de la sociedad como tú. Me rebaja —agarró de nuevo el bisturí y se dispuso a terminar la escarificación con ayuda del trapo con el que iba limpiando la sangre—. Me llamarás amo, como el resto de esclavos. Porque eso es lo que eres. Una esclava. No hay necesidad de darte ningún tipo de preferencia sobre el resto.

Luego se mantuvo en silencio hasta que dio por finalizada su obra. Limpió la hoja del bisturí con el trapo y fue directo a dejarlo de vuelta a la mesilla llena de instrumental.
Se quitó los guantes ensangrentados y los dejó sobre la misma mesilla. Agarró una caja de madera y volvió cerca de su hermana.

—Vamos a conversar tranquilamente ¿te parece bien? Tú puedes responderme con total normalidad —daba igual que Eskol le preguntara si a Kassyena le parecía bien o no. Iba a hacerlo igualmente independientemente de lo que pensara su hermana. Como siempre.
Abrió la caja y en su interior había cientos de alfileres de metal con tan solo la punta bañada en jade. La presencia de aquella piedra preciosa era mínima en cada alfiler, así que colocando uno solo en el cuerpo del preso no generaba más que una mínima molestia. El problema era cuando se hacía uso de toda la caja de alfileres.
Cada ya mencionado alfiler tenía una altura de diez centímetros y un grosor de tres milímetros, así que su penetración era mucho más notoria que la de cualquier alfiler de sastrería.

Eskol sacó una de las agujas de la caja y la miró como aquel que contemplaba un suculento manjar. Las había usado poco porque era un método bastante lento de tortura. Pero tratándose de Kassyena, lo que más tenía era tiempo. Así que lo consideró adecuado. Hasta que perdiera la paciencia.

—Veamos —clavó una sobre el costado de la rubia, introduciéndola en ella hasta la mitad—. No creo que te duela mucho. Pero tengo muchas más de estas dentro de esta fabulosa caja. Dependiendo de si me respondes o no y cómo lo hagas. Habrás más o menos alfileres dentro de la caja y más o menos sobre tu cuerpo. Así que, esclava, ¿formaba parte aquella humana de nuestro grupo de sirvientes en Edén?

Eskol comenzó a pasearse alrededor de la gran mesa sobre la que estaba tumbada Kassyena, abriendo y cerrando la caja, produciendo una serie de golpes rítmicos que contaban los segundos que su hermana tardaba en responder.




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Re: I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

Mensaje por Kassyena el Lun Dic 12 2016, 18:45

Las contundentes palabras de Eskol recordaron a Kassyena que se había dejado llevar por el dolor que el jade le provocaba, haciéndola llorar y gritar, incluso, dándole gusto a su torturador. Quiso entonces callar, calmar sus lágrimas, pero... simplemente no pudo. El dragón clavó el bisturí, sin previo aviso, atravesando los músculos del hombro de la rubia. De haber sido sólo metal, a Kass se le habría hecho mucho más llevadero. Pero el jade abrasaba su carne, la quemaba en aquel contacto continuo mientras Eskol hacía otra cosa. La muchacha ni atendió el qué. Bastante tenía con la concentración que le requería soportar esa quemazón punzante.

Sin descanso, el dragón le libró al sacar de nuevo el utensilio, volviendo a ese dibujo abstracto en el que Kassyena no quiso ni pensar. A partir de ahí, el filo no le hizo tanto daño. Tal vez, fuera esa última y más profunda herida la que desviaba toda atención, insensibilizando parcialmente la otra zona lastimada. Su respiración se veía alterada, aunque la dragona procuraba mantener la parte superior de su torso lo más quieta posible. Si lo movía en exceso sólo conseguiría cortes más profundos. Y de esta manera, tampoco incitaba a Eskol a hacerlos. A menos que fuera él mismo el que se diera cuenta. Para lo impertinente que se había vuelto Kassyena, tendía a opacarse en el silencio en cuanto el jade o la belladona entraban en escena. Porque de antemano ya sabía que Eskol no escatimaría en maneras de lastimarla. Lo que ya la dragona dudaba era si la saña se veía incrementada o no si se mostraba algo más sumisa, golpeando su propio ego. Como así eran las degradantes órdenes que le daba. La muchacha apretó ahora los labios, con sus azules enrojecidos puestos en el techo. Las lágrimas siguieron cayendo, aunque la dragona ya no llorase. Tan sólo una vocecita en su cabeza, esta vez, la mantuvo callada, prohibiéndole articular cualquier réplica indignada, negándose a acatar lo que aquel dragón le decía. Ni Eskol, ni amo. Kassyena consideraba la opción de no dirigirse a él nunca más. Claro que, viviendo en su casa, era algo harto difícil de hacer.
Porque, por mucho que la dragona hiciese por merecerlo, Eskol preferiría torturarla antes que deshacerse de ella.

Tuvo su pequeña tregua cuando el dragón acabara con ese tribal en su piel, aunque la rubia sintiese durante unos minutos más esa intensa quema hasta que la ausencia de maltrato en la zona, alivió la piel, dejando que la sangre que manaba de la herida limpiase los cortes y se llevara con ella esa sensación de quemazón. Mientras, no se molestó en darle su opinión cuando él preguntó. Kass sabía que su parecer era una de las cosas que menos importaba a aquel hombre.

Encogió el gesto, en una leve molestia por ese pequeño pinchazo que sintió en el costado. Por suerte, no era el mismo que horas antes había sido atravesado por un abrecartas. Acompañó esa mueca con una exhalación entrecortada. Kassyena sopesó las posibles respuestas: si contestaba de forma afirmativa y mentía, era muy probable que acabase deduciendo erróneamente que Valeria tenía todas las papeletas de ser buscada entonces; en cambio, si decía la verdad contestando que no, al dragón le sería más difícil, tal vez, llegar a la conclusión de que fuera Ilianna. Ese razonamiento tenía sentido, ¿verdad? La rubia necesitaba pensar que era así.
Pues por su casa en Edén habían pasado tantos esclavos...
Kass, por fin, desvió la mirada azulada del techo a los ojos de Eskol. En lo que tragaba saliva, se atrevió a negar sutilmente con la cabeza-... No. -contestó escuetamente.
Fue entonces cuando una parte de sí misma gritó enardecida, sintiendo que traicionaba a la humana por revelar información. Aunque fuera tan genérica.





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Re: I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

Mensaje por Eskol el Mar Dic 13 2016, 17:53

Eskol paró un instante y le devolvió la mirada a Kassyena expectante por la respuesta que debía darle. Si mentía, él lo sabría. No solo porque la conocía desde que había salido del cascarón, sino porque había observado tantos gestos, tantas expresiones diferentes en todas y cada una de las personas que habían pasado por sus manos que se había convertido en todo un experto.
O al menos él lo consideraba así.

Sonrió pérfidamente viendo cómo sus procedimientos comenzaban a dar sus frutos. Con aquella rubia era muy difícil, pero nadie se le resistía al dragón azul. Al fin y al cabo, él era el primero dispuesto a interceder las veces que hiciera falta para salirle con la suya.
Kassyena le había respondido con un monosílabo. Eskol tampoco le había pedido más de momento. Así que fue suficiente.

—Bien —dijo solamente antes de volver a caminar a su alrededor. Esta vez no hizo nada, pero continuó abriendo y cerrando la caja donde guardaba los alfileres de jade. La amenaza seguía allí y en cuanto Eskol viera que las cosas tomaban de nuevo el camino equivocado, haría uso de aquellos alfileres. No sacó el que ya había clavado en el costado de su hermana, porque era parte de la tortura. El castigo, más alfileres. La recompensa, menos alfileres.
Aunque todo podía cambiar en cualquier momento bajo la jurisdicción de Eskol.

—He de suponer que si llegó a comunicarse contigo tan reiteradamente como para mantener una relación —Eskol prescindió de calificativos desagradables con respecto a ese tipo de relación que pudieran provocar en Kassyena otra de sus cabezonerías y que volviera a no responder—. Y ya que no formaba parte de nuestra servidumbre, debía entonces pertenecer a alguna de las familias cercanas a la nuestra — descartó que fuera aquella humana rebelde que compartía tantos ratos con Kassyena. ¿Valeriana? Eskol no le prestaba mucha atención porque consideraba que era una de las protegidas de su hermana. Siempre destacó en ella esa forma de tratar a los esclavos, a los humanos, como si no tuvieran culpa de nada.

El dragón se detuvo, mirándola, analizando su reacción, pero el cierre y apertura rítmico de aquella caja de madera nunca cesaba. Era un movimiento mecánico que no tenía ni que pensar. Casi parecía una cuenta atrás antes de la explosión de una bomba, y eso, en cierto modo se convertía en algo molesto para la víctima—. ¿Es eso cierto?




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Re: I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

Mensaje por Kassyena el Lun Dic 19 2016, 19:04

De haber sido la primera vez que Eskol le sometía a una tortura, con una macabra banda sonora compuesta con el simple golpeteo rítmico de aquella caja, seguramente Kassyena se habría desesperado de la molestia. Pero no fue así. No por el continuo repiqueteo de la madera, a un ritmo lento pero constante, haciendo eco con cada golpe en aquella lúgubre estancia. Era la ausencia de todo lo demás, a excepción de la cavernosa voz del dragón, lo que inquietaba a Kassyena.

Por un segundo, llegó a ansiar desesperadamente el estar en cualquier otro lugar. No tener que esperar al dolor o cuidar lo que tuviera que decir, con temor a traicionar siquiera el recuerdo tan grabado a fuego en su mente de aquella humana de la que no sabía absolutamente nada. Kass ansió regresar a ese momento en el tiempo, en Edén, en el que compartió con Ilianna una primera noche en su cuarto. Ese momento en el que las dos fueron sinceras, aunque no se creyeran el ser correspondidas. Una circunstancia de lo más irónica si se tenía en cuenta la raza de ambas y la animadversión que Ilianna sentía hacia los dragones. Un momento irrepetible en la vida de Kassyena. Un momento al que ya no podía volver. Tan sólo soñar con la posibilidad de que tuviera alguno más con esa mujer de carácter salvaje e impulsivo. Pero eran tantas las incógnitas...

Intentó ocultar una sonrisa sin éxito, terminando por reír con suavidad. Una risa suave que no pudo controlar, a pesar del dolor y las heridas. Puede que hasta fuera fruto de los nervios. Se le antojaba divertido esa diferencia en la definición que tenían ambos dragones de la palabra "cercana" en cuanto a relaciones entre las familias de Edén se refería. Kassyena sin lugar a dudas, no consideraba tanta hipocresía como algo cercano. No obstante, le divertía pensar que Eskol sí. El dragón siempre estuvo más pendiente que ella, desde luego, de mantener esas relaciones entre familias con puros fines políticos. Kass siempre gue más reservada con ese tema. Porque, para empezar, su forma de pensar, tan diferente, llamaba la atención. Y no de la mejor forma. La rubia aprendió que era mejor cuanto menos sabían de ella-. Puede ser... -musitó, aún con la sonrisa en sus labios pero, también, con el ceño fruncido. Un gesto que parecía prepararla con antelación al dolor que sentiría. Pues sabía perfectamente que con esa reacción se había ganado otro alfiler. Como mínimo.





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Re: I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

Mensaje por Eskol el Dom Feb 26 2017, 15:35

Eskol mantuvo la seriedad en su rostro hasta que Kassyena rió.
¿Cómo era capaz de reír en aquella situación?
Era evidente que crispó los nervios del inquisidor que cerró la caja de madera en el acto con un fuerte sonido nada más obtuvo una respuesta por parte de aquella dragona a la que había llamado hermana tiempo atrás.
Desde luego, torturarla a ella era una de sus cosas favoritas. En cierto modo, porque nunca sabía cómo iba a sorprenderle. De todos modos, aquellas sorpresas siempre terminaban peor para ella que para él.

El dragón respiró hondo, tratando de calmarse. Porque le había prometido a ella y a sí mismo que comenzarían suavemente. Y él siempre cumplía sus promesas ¿no?

Menuda forma más absurda de autoconvencerse de una mentira más grande que su propia forma dracónica.

—Pensaba que hoy ibas a colaborar un poco. Pero no es suficiente. Te mostraré que no estoy perdiendo cualidades… —caminó solemnemente hacia la mesilla llena de herramientas de tortura y depositó allí de vuelta la caja de alfileres. Cogió una máscara de cuero negra con forma de pico de ave y se la puso. Toda su cara quedó oculta a excepción de dos cristales redondos, sobre sus ojos por los que podía ver. Agarró sus guantes de nuevo y una pequeña bolsa también de cuero y se acercó al lugar donde su hermana yacía malherida. Puso sus bártulos en un hueco de aquella mesa de tortura y se colocó los guantes—. Esto es el final. Me has cansado —su voz sonó ahogada y distante tras la máscara.

Luego se acercó a un mueble metálico en una de las esquinas de la sala, una especie de horno, que encendió con un pedernal situado al lado del mismo. Vació el contenido de la bolsa de cuero en el interior del horno. Sonó como si tirara un montón de piedras sobre arena y metal.
Debía esperar a que aquello se calentara lo suficiente, así que mientras, el dragón alzó la voz, con su mirada perdida en las llamas del horno.

—Es una pena —dijo casi afligido—. Ha pasado tanto tiempo desde que estas aquí… quiero decir, quizás para nosotros, no sea tanto tiempo, pero para la vida de un humano sí que lo es. La vida de esas criaturas es muy corta y siempre lo hacen todo con prisas, como si fueran a morir al día siguiente. Quizás esa mujer se haya olvidado ya de ti y esté felizmente entre los brazos de otro amante —Eskol se encogió de hombros—. Quizás incluso esté muerta. Y tú aquí. Luchando por nada.

Guardó silencio unos instantes antes de volver a acercarse a su hermana. Le propinó un golpe en la cabeza con la finalidad de dejarla aturdida unos instantes, de tal forma que fuera más fácil para él el poder moverla.
La desató y con algo de esfuerzo la colocó boca abajo. Ni si quiera le había extraído la aguja de jade que ya le había clavado anteriormente. Si oponía resistencia, Eskol no dudaría en golpear su cabeza de nuevo para dejarla inconsciente del todo. Volvió a atarla de pies y manos.

De la mesa de utensilios agarró cuatro velas.

—Voy a ambientar un poco el lugar… —murmuró colocando las velas en las esquinas de la mesa sobre la que estaba ya tumbada Kassyena en su nueva posición.
Las llamas del horno chisporreteaban de fondo, mientras Eskol ponía aquellas velas con sumo cuidado alrededor de la dragona. No eran velas muy largas. Se consumirían al cuarto de hora como mucho. El dragón sabía que si aquellas velas duraran más, podrían ser mortales para Kassyena. Y no le convenía.

—Son velas hechas con belladona. Pero no te preocupes. No las voy a encender todavía. No si te portas bien… —y por eso Eskol se había puesto la máscara. Para poder encenderlas sin sufrir en primera instancia el efecto de respirar belladona.
Y eso hizo. Con el pedernal, prendió las pequeñas mechas de las cuatro velas, una a una.
Era obvio que tarde o temprano aquella estancia iba a estar llena de humo de belladona, pero Eskol tenía que hacer algo antes de eso.

Después de aquello, de su preciada mesilla cogió entonces unas tenazas y volvió al horno. Agarró una de las piedras que había metido dentro con ayuda de las tenazas y fue directo a colocar una sobre la espalda de la dragona. En seguida notaría que aquella piedra ardiente, no era una piedra realmente, sino que se trataba de jade. Y claramente en mayor cantidad que aquellas míseras agujas.

—Esta técnica se usa mucho a veces en las termas… —dijo a la vez que volvía hacia el horno, para repetir el proceso y poner otra gema hirviendo sobre ella, siguiendo la línea de la columna vertebral. Esperando que las heridas hicieran mella donde más dolía—. Se utilizan otro tipo de piedras. Pero yo creo que con jade la cosa es más divertida.

De nuevo, repitió sus movimientos, colocando una tercera piedra a continuación de la anterior.

—¿Sabes qué? No voy a parar, sino me respondes adecuadamente. Sonrisitas aparte… —el dragón paró justo a la altura de la cabeza de la rubia. Utilizó las tenazas calientes para retirar los mechones de pelo que cubrían el rostro de la dragona—. Era esclava de otra familia. ¿Su nombre? Es tu última oportunidad, esclava

Escupió la palabra con desprecio. Apretando con fuertemente sus dedos enguatados alrededor del mango de las tenazas.
De su respuesta dependería que aquella tortura “terminara” o no.
Y en el fondo, el inquisidor sabía que Kassyena no iba a dar más su brazo a torcer.


Última edición por Eskol el Lun Feb 27 2017, 22:13, editado 1 vez




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Re: I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

Mensaje por Kassyena el Dom Feb 26 2017, 18:25


El cansancio estaba haciendo mella en Kass, quien a ratos, se ausentaba ligeramente del lugar. Y en una de esas ocasiones, no se percató de la máscara que se puso su hermano, pero escuchó casi a la perfección ese repiqueteo de piedras sobre metal. Algo desubicada, giró su cabeza a un lado, intentando ver lo que hacía, aunque no tuviera éxito. Ni siquiera cuando el dragón enarboló palabras que ciertamente no le fueron indiferentes esta vez.

Ilianna muerta.
Por mucho que se negara a creerlo, no podía asegurar que esa muchacha que le había roto los esquemas de tal forma, siguiera con vida. Su mentón temblaba y su corazón se encogía sólo de contemplar la posibilidad. Sus enrojecidos ojos se cerraban con fuerza, así como sus labios, en su intento por contener esa avalancha de emociones que la llevaban al borde del llanto, en antelación por algo que bien podía no ser cierto.
Pero había pasado tanto tiempo...
Tanto tiempo sin saber de ella, que las palabras de Eskol repiqueteaban esa esperanza, inundando su pecho, llenando esos huecos, debilitando esa determinación por creer lo contrario-. No... -no luchaba por nada. Luchaba por mantener aquella llama que la unía a la humana, danzante, encendida, desafiando a su propia raza. Y, por encima de todo aquello, a la voluntad de su hermano, por hacerle cambiar de opinión.

No obstante, la castigada mente de la dragona volvió a sufrir una sacudida tal que la dejó en blanco unos segundos, en lo que Eskol la recolocaba sobre aquella camilla de madera. Los pulmones de la rubia se vieron algo más impedidos, por lo que la muchacha alcanzó a ladear la cabeza para poder respirar, dejando su mejilla apoyada sobre la tabla. Un quedo gemido se le escapó en cuanto aquel alfiler le regaló otra punzada, mientras el dragón la movía para dejar sus manos atadas, por encima de su cabeza.
¿Qué iba a hacer?
Kassie se hacía la misma pregunta tantas veces en cuanto Eskol empezaba a divertirse con ella. Cada vez. Algo agónico que sólo podía traer dolor en antelación. Por ello, ya no se sorprendía por cada macabra ocurrencia del dragón, para torturarla.
Sin embargo, no evitó tensarse cuando escuchó la palabra "belladona" en labios de aquel dragón. Apenas comenzó a encender aquellas velas, que la rubia no pudo evitar aspirar su esencia. Habría tenido oportunidad de no hacerlo, de no haber estado tan cerca. Pero con Eskol en la ecuación, tal factor se cumplía con una irrisoria probabilidad.
Kassyena quería aguantar. Kass quiso aguantar. Pero su propia naturaleza, débil ante la belladona, jugó en su contra. Aquel olor se introducía por sus fosas nasales y, cual droga, mermaba hasta sus capacidades motoras. Una trampa sin salida, pues aquella sustancia dificultaba su respiración y ella no podía más que inspirar con más fuerza, llenando más sus pulmones de belladona, acelerando el proceso que podía ser mortal pasado un límite. Por suerte o por desgracia para ella, Eskol sabía de ese límite y no tenía intención de cruzarlo ese día.
Una somnolencia extraña se habría apoderado de ella, de no ser por esa sensación abrasadora que interrumpió la tensa quietud del lugar. Kassyena gritó, intentando encoger su espalda, o sacudirse aquel trozo de jade que hacía arder su piel. Todo lo que quiso revolverse se tradujo en ese fuerte agarre de sus dedos al borde de la madera. Uno tan intenso que la hizo crujir, en principio. Pero no pareció suficiente, pues esos crujidos se tornaron en otros distintos. Sus manos, presionadas, engarfiadas a la tabla, temblaron. Las uñas se alargaron, afilándose en el proceso, clavándose en la madera que ya sucumbía en esos ruidos que se entremezclaba con ese chasqueo de los huesos de la rubia. Apretó los dientes con fuerza, por esa transformación que sumaba dolor, mientras la piel de sus manos se agrietaba en algunos puntos, para dejar paso a su naturaleza dracónica.
El sentir una segunda piedra centímetros más abajo, no hizo más que agrabar la situación, terriblemente dolorosa y punzante para la muchacha que ahogó un nuevo grito. Sus manos terminaron arrancando un trozo de la fuerza y tensión ejercida. Algo visceral que la dragona no pudo controlar.

Pero con la tercera gema, la fortaleza de Kass para soportar aquello se resintió. Sus oídos se embotaron, afectados por la belladona que lenta y con seguridad, roía cada centrímetro pulmonar, haciendo llegar esa sustancia ponzoñosa a la sangre que recorría las venas de Kass, doblegándola, debilitándola. Aún así, el rostro de su hermano, oculto tras la máscara, llamó a sus fuerzas, pese a que le costaba entenderlo por ese pitido que amortiguaba todo sonido escuchado-. ¡No... voy a d-... decirte nada! -gritó entre dientes, mirándolo desafiante a esos fríos ojos. ¿Cómo podía haberlo considerado familia alguna vez? ¿Importaba ya, acaso? Ya fuera verdad que Ilia estuviera muerta o no... Kass se pensaba capaz de aguantar los siete infiernos de Dante para que Eskol no supiera nada de ella.

Sin embargo, el ser dragona, en esta ocasión, jugaba en su contra. Y el jade y la belladona era la peor combinación para ella. Fueron estos los que vapulearon su mente y cuerpo, sumergiéndolos en un dolor agudo, por más que Kassyena intentara no exteriorizarlo. Aquel mineral abrasaba su piel, carcomiéndola y haciéndole emitir unos gemidos que la belladona apagaba, por ese sopor que ya adormecía su consciencia, haciéndola pensar con dificultad. Sentía que se ahogaba, con aquella ronca respiración que hacía escocer sus pulmones por cada inspiración, y entrecortaba cada exhalación por esa quemazón a lo largo de su columna vertebral. Sus parpadeos se ralentizaron, y sus pupilas acabaron ensanchándose, relajándose en lo que su cuerpo perdía finalmente la capacidad para controlar algo tan irrisorio.
Finalmente, entre el dolor y aquel adormecimiento, su razón se rindió, perdiéndose en la peor de las oscuridades, dejando, una vez más, su cuerpo a merced de lo que Eskol pudiera hacer, ahogando su diversión, de nuevo. Pues era bien sabido que en cuanto la rubia perdía el conocimiento, el dragón perdía el interés.
No tuvo la capacidad para acordarse de Ilianna.
No tuvo la posibilidad de volver a extrañarla...
... ni siquiera de sonreír antes de abandonarse a aquel lúgubre vacío que la abstraería de su cruel realidad.





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Re: I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

Mensaje por Eskol el Vie Mar 03 2017, 00:00

El dragón sonrió bajo su máscara de cuero al ver cómo su hermana se retorcía en aquella maltrecha tabla de madera. Había sembrado la semilla de la duda en la mente de Kassyena y comenzaba a sentirse conforme en cierto modo con la tortura del día.
No tenía la certeza de que lo que le había dicho sobre la humana fuera real, pero no le hubiese extrañado en absoluto que hubiese pasado de verdad en aquel tiempo.
Después de todo los humanos eran despreciables. De algún modo, Kassyena se había dejado engañar y había perdido por completo la cordura. A veces Eskol se negaba a creer que aquella estúpida dragona hubiese sentido de verdad amor o cualquier cosa parecida por una raza inferior.
Pero luego recordaba que siempre había sido la dragona negra de la familia y todo cobraba sentido.
Lo cual le enfurecía y le repugnaba más todavía.

El inquisidor rasgó el aire con una sonora y ronca carcajada que salió de lo más profundo de su pecho. La desesperación era una de las cosas que más le gustaban.

—Vaya… si te he hecho sacar las uñas y todo, eh… —luego tosió. La belladona comenzaba también a afectarle a pesar de llevar aquella inútil máscara puesta. No iba a poder quedarse durante mucho más en aquella estancia encerrado.
Dispuso una última gema sobre el final de la espalda de la rubia y soltó las tenazas, quitándose los guantes y agarrando violentamente el cabello de su hermana, tirando de él sin cuidado obligándola a levantar la cabeza.

—No necesitas decirme nada más por hoy, escoria —murmuró entre dientes. Pero entonces se dio cuenta de que ya era demasiado tarde y había perdido el conocimiento—. Menuda resistencia dracónica de mierda. Estas perdiendo facultades… —la soltó bruscamente haciendo que su cabeza golpeara la mesa.
Se quitó la máscara conteniendo la respiración y se dirigió hacia la puerta.

—Vendré a buscarte en un par de horas. Tienes la suerte de que no vas a morir todavía —añadió sin tratar de tapar su ironía incluso a sabiendas de que no podía ya escucharle.
Atravesó el umbral de la puerta cerrándola tras de sí de un portazo. Dejando atrás a Kassyena envuelta por una nube de belladona, malherida y con el dolor abrasador del jade sobre su espalda.
Con suerte despertaría pronto y podría sacudirse las piedras de encima. Pero no podría librarse del efecto adormecedor de la belladona.




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Re: I told you not to wake up the dragon - Kassyena (+18)

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