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Unblooded [Elia]

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Unblooded [Elia]

Mensaje por Lena el Mar Nov 15 2016, 14:20

En todas las semanas que llevaba en Talos, había aprovechado muy poco mi tiempo, me había limitado a sobrevivir y eso no era suficiente cuando ni siquiera tenía un corazón para vivir realmente, tenía que encontrar la manera, pero era una locura de desafío, definitivamente los dragones se habían vuelto locos por culpa del don de la larga vida que se les había sido asignado. Hasta entonces había conseguido ciertas cosas de las que me enorgullecía, nada más llegar tan solo tenía la ropa que llevaba puesta, ahora tras ciertos trabajos, robos y un poco de ahorro había conseguido comprarme unas botas nuevas de piel, eran de segunda mano, pero las suelas estaban intactas, también les había pagado a los panaderos por el vestido que me habían decidido comprar, no podía aceptarlo después de que me hubieran prácticamente alimentado, sin darles nada a cambio, sabían que vivía en el hueco del tejado y gracias a ellos mantuve la esperanza de la bondad de las personas. Mi última adquisición había sido simplemente arreglar mi capa, así que ahora parecía una muchacha decente, hija de algún comerciante y prefería parecer eso dentro de aquella ciudad.


Me sobraba algo de dinero, así que decidí comprar vendas y unos remedios que al menos en Edén sabía que existían, mi padre me había hablado de una píldora compuesta por la sabia del ciprés y el chopo, ambos anuladores del sangrado ante una herida, según mi padre lo compraban tan solo quienes querían hacerse temer, pues no sangrar no era lo más común entre los humanos, pero evidentemente tenía terribles efectos secundarios, como fiebre alta, también necesitaba comprarme un antiinflamatorio y un desinfectante.


Pocos los sabían pero uno de los golpes en la plaza aun me dolía y tenía todo el costado ennegrecido por el moratón. Tenía que encontrar una botica, no bastaba con parecer que estaba bien, debía estarlo realmente, pues no había sido agradable mi vida en los últimos 4 o 5 meses que llevaba viajando y moviéndome.


Me coloqué la capa y solté mi pelo por primera vez en mucho tiempo, me percaté de que lo tenía más largo pero no era demasiado incómodo, acostumbrada al pelo corto agradecía que me quedara bien, anduve tranquila por la ciudad y por primera vez sentí que no era tan invisible, no me servía demasiado, pero me humanizó de alguna manera, había tenido poco contacto, me sentía demasiado sola, estaba demasiado sola, solo sabía que seguía viva porque podía pensar, hablar conmigo misma y regañarme cuando hacía algún estúpido acto de valentía, como los que me había atrevido a realizar delante del dragón. tenía mi pequeña bolsa con monedas bajo mi capa, la daga en mi puñal en la pierna derecha y me había tomado la confianza de dejar mis dagas gemelas escondidas en mi tejado, esperaba no tener ningún problema y de tenerlo, poder con mis propias manos.


Callejeé hasta dar con la botica, no sabía si estaba abierta pues no vi a nadie dentro, pero me atreví a empujar la puerta con cuidado haciendo que esta chirriase de una manera un tanto desagradable, asomé la cabeza primero y después dejé que todo mi cuerpo pasara hasta el centro de la tienda, miré hacia los lados y continué hasta el mostrador.


—¿Hola? ¿Buenos días? — Dije buscando a alguien dentro de la tienda con la mirada, sin separarme del mostrador. Pensaba comprar lo necesario como una persona civilizada, pero llevaba tanto tiempo viviendo sin dinero que incluso me vi tentada a robar todo lo que encontrase con tal de ahorrarme mi poco dinero.




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Re: Unblooded [Elia]

Mensaje por Elia el Sáb Nov 26 2016, 17:40

A pesar de que ya había pasado una luna desde lo ocurrido durante el convoy, el cuerpo de la joven Elia aún mostraba los recuerdos del daño sufrido aquel día.

Había tenido suerte, en realidad, de que a pesar de que Feuerhaust hubiera vuelto, tras un año, de su estancia en Krossan, no se hubiera percatado de las marcas que aún llevaba impresas en la piel. Si ese primer día, en el que la agarró de la cara y la observó como un coleccionista observa su mejor adquisición, él hubiera decidido analizar algo más que las imperfecciones de su rostro y la hubiera desnudado a fin de ver cómo estaba el resto del cuerpo de su esclava favorita, la mujer lo habría tenido verdaderamente difícil para hacer que creyera sus palabras. Si él hubiera visto los hematomas de sus costillas, de su cadera, de sus brazos, de sus piernas o de su espalda, ella habría tenido que dar explicaciones al respecto, y después de cómo se tomó la pausa que impuesta al trato con la familia Verminaard, lo poco sinceras que le parecieron sus palabras con respecto a su versión de lo sucedido en Yule y el extraño e inquietante juego de palabras, cercanía y comportamiento al que él parecía decidido a jugar con ella, lo cierto era que a la susodicha no le convenía tentar más a la suerte.

Ya había hecho suficiente, en realidad, al ausentarse todas aquellas noches en busca de un calor y una compañía tan peligrosa como adictiva. Ya había hecho suficiente al escabullirse de sus obligaciones para relacionarse con unas personas que, aunque útiles para un fin, podrían ser causa de grandes problemas. Ya había hecho suficiente al hacer a un lado el sentido común, armándose de esa estúpida valentía que tanto la caracterizaba, para sumergirse de lleno en unos peligros a los que nadie se enfrentaría en su sano juicio... Y aunque se consideraba a sí misma una mentirosa excelente y cauta, y una mente lo bastante astuta como para poder justificar sus acciones sin levantar más sospechas que las propias de un demente, en el fondo de su corazón, la rubia sabía que ahora tendría que cuidar mucho más sus pasos. Sabía que ahora que él había vuelto, todas sus ideas, todos sus proyectos, todas esas cosas a las que antes podía dedicar horas y horas, tendrían que verse relegadas a un segundo, tercer o cuarto plano. Sabía que ahora que él había vuelto, todo lo que ella amara, apreciara o simplemente aquello que la hiciera sentir cierta dicha, corría tanto, tanto peligro, que la única manera de mantenerlas a salvo sería alejándose, escondiéndolas o negándolas. Sabía que ahora que él había vuelto, todos sus secretos debían permanecer más ocultos, si cabe, de lo que lo habían estado hasta la fecha… y sabía, también, que tenía que avisarle.

Su nueva máscara de cuervo, su puñal de jade, sus decenas de papiros en blanco para unas notas que aún no tenía la capacidad de escribir, la carta, su cabaña en el bosque, sus proyectos… incluso su propia integridad física. Elia tenía la suficiente entereza, la suficiente fortaleza interna, el suficiente orgullo, como para seguir caminando adelante si el dragón carmesí quebraba cualquiera de ellas; con lo que no podría, sin embargo, era con la idea de que aquellos que la rodeaban, que la querían, que sufrían por ella, se vieran afectados por su culpa. Por su condición. Por esa obsesión insana y aterradora.

Lo que la apremiaba ahora era hacer frente a su día a día. Tenía que aprovechar esa pequeña libertad de movimiento de la que aún gozaba y dejarlo todo preparado para cuando el mayor apretase el lazo que ambos sabían que la mujer llevaba en torno a su débil y elegante cuello. Ya tendría tiempo durante la noche para escabullirse y poner a su águila al tanto de todo. Aquel día, por ejemplo, tocaba atender la botica y reunir los últimos informes de compras. No le llevaría mucho tiempo ordenar los frascos, y la tranquilidad que se respiraba en aquellas paredes junto con la poca clientela que había a esas horas le daba la ocasión perfecta para prepararse para lo que estaba por venir. De hecho, tras abrir el comercio y atender a un par de personas, se había retirado a la trastienda a fin de aplicarse en el costado un ungüento para el dolor, volviendo a vendar su abdomen tras eso y conteniendo, junto con un siseo, la respiración. Se recolocó la camisola y se dejó caer sobre el sillón de su “señor”, concediéndose unos segundos de tranquilidad para recobrar el aliento y acostumbrarse de nuevo a la presión del vendaje. Volvió a ponerse la camisola cuando escuchó la campanita de la puerta, y salió a la estancia principal cuando aún la ajustaba sobre el pantalón.

Unos minutos de paz, ¿tanto pedía?

- Buenos días, mi lady. –forzó una sonrisa de cordialidad, aún molesta por su propia indisposición. Se colocó tras el mostrador y aposentó con suavidad las manos sobre el mismo- ¿Puedo ayudarla en alguna cosa?




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Re: Unblooded [Elia]

Mensaje por Lena el Miér Nov 30 2016, 20:19

Sí estuve tentada, estaba a punto de hacerlo, no tenía nada que perder, solo alzar el brazo o saltar sobre el mostrador, arrasar con todo y correr, correr, correr...no,  debía contenerme, no necesitaba todo aquello, tenía algo de dinero, ahora incluso podría permitirme dormir una noche en un modesto colchón, podía comer y tenía ropa limpia. Dejé caer la mano que tenía apoyada en el mostrador con la acción de saltarlo y alisé aquel vestido.  Suspiré y bajé la cabeza mientras que cerraba los ojos e intenté que no se me notara el dolor del costado.

Entonces pude ver por el rabillo del ojo una figura que salía de atrás, levanté la vista y la miré directamente a los ojos, fruncí el ceño, me sonaba demasiado su cara, ¿por qué? No solía quedarme con las caras que no me interesaban, no lograba recordar dónde la había visto así que suavicé la expresión y suspiré.

—Hola, buenos días...sí, amm...esto...— Llevaba tanto tiempo sin comprar que ya me parecía no saber hacerlo, necesité aclarar mi mente y me acerqué al mostrador, la muchacha era demasiado alta y como yo tampoco es que alcanzara una altura considerable...vale, para que engañarme, era baja. —Necesito unas cuantas cosas pero no sé si me llega con el dinero que tengo, así que... si pudiera ir diciéndome los precios, me haría un favor. Necesito al menos un par de vendas, un antiinflamatorio y un desinfectante...pero quería saber si tenían... Nahlrout ... por lo que se es algo común... necesito raiz de eso....como para 5 dosis que serían unos 120 gramos. —Esperaba que eso último no fuera demasiado caro, frenaba las hemorragias incluso antes de que estas se produjeran ya que era un vasoconstrictor, era común que estuviera en las boticas, pero su principal cometido y por el que creía que la gente lo compraba era sobre todo por ser un suave anestésico y un estimulante.

Sabía que aquella chica me sonaba de algo, lo tenía demasiado claro, pero también podía ser que simplemente tuviera una cara común...y no, entonces caí, ya sabía donde la había visto...en aquel Convoy...apenas llevaba unos días en Talos y ya había metido la pata, esa fue una de las tantas cosas que hizo que poco a poco el moratón se agrandase y fuese algo más preocupante. Sí, me habían pegado allí, pero también me había tenido que arrastrar por lugares estrechos, había tenido que correr, ya me habían golpeado antes, ya llevaba las señales que hacían de mi cuerpo un mapa de heridas, morados y rojeces dispersas a lo largo de todo él.

Sonreí, solo porque había conseguido acordarme, pero no le dije nada, no en aquel momento, primero prefería obtener lo que necesitaba, no necesitaba amigas, solo gente útil, pues a pesar de parecer egoísta o estúpida solo quería recuperar mi corazón, necesitaba gente que me ayudase, quizás ella podía formar parte de esas personas que me hicieran crecer, que me enseñaran a luchar más de lo que sabía...pero una esclava, estaba demasiado claro. Suspiré y apoyé mi brazo en el mostrador dejando que mi cuerpo se apoyara en él levemente para descasar aquella parte del costado, algo tan simple como mantenerme recta ya era demasiado doloroso.




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Re: Unblooded [Elia]

Mensaje por Elia el Mar Dic 06 2016, 16:51

Una de las cosas que eran al mismo tiempo buenas y malas de ser un esclavo, era que, con el tiempo, simplemente dejaba de importar el cómo, el cuándo, el cuántos o el porqué de las miradas de desprecio recibidas. La ira, la frustración, la rabia o la furia que una persona orgullosa podría sentir al recibir una mirada indiscreta, un comentario inoportuno o un gesto fuera de lugar, parecían desaparecer cuando tu vida era poco más importante que la de un animal; cuando el valor de su alma era equivalente al del servicio que pudieras prestar o cuando todo su ser podía ser quebrado por el antojo, el placer o el capricho de cualquiera… e incluso Elia, regia, soberbia, arrogante y altiva como pocas personas, como no muchos de esos cuerpos sometidos por las cadenas del miedo, encontraba a veces el refugio que necesitaba en aquella dura y cruel realidad. De hecho, fue esta misma y despreciable costumbre la que, sumada a su propio cansancio, a su desgaste físico, a sus preocupaciones, y al dolor que la laceraba desde dentro con cada respiración que sus pulmones se veían obligados a dar, la rubia simplemente decidiese ignorar el fruncimiento de ceño con el que aquella mujer había adornado su rostro al verla.

Quizá no esperaba que la atendiese una vulgar esclava. Quizá esperaba otro tipo de persona al frente de la botica. Quizá consideraba que había tardado mucho tiempo en salir de la trastienda. Quizá simplemente estaba contrariada por algún fugaz pensamiento que hubiere podido cruzar su joven mente. Como fuere, la rubia, apenas tras dirigir una fugaz mirada a la puerta de la calle, entreabierta y a merced de un viento que la empujaba con increíble suavidad haciéndola bambolear de manera casi imperceptible, guardó en algún lugar de su pecho todo lo que aquella presencia podía haberle suscitado. De hecho, apenas escuchó sus requerimientos, asintió una sola vez, recuperó la compostura irguiendo la espalda y comenzó a caminar por la estancia, comentándole el precio de las vendas mientras las dejaba sobre el mostrador y acercándose luego a las estanterías para tomar de ellas los recipientes necesarios. Aparentar que se encontraba bien hubiera sido tarea sencilla si no hubiera sido porque las malditas raíces de Nahlrout se encontraban en uno de los peldaños más altos de los acristalados armarios y le fue imposible no fruncir los labios y sostenerse el costado al estirarse para cogerlas, conteniendo la respiración y soltándola después en pequeños y comedidos suspiros.

- ¿Cinco dosis me dijisteis, mi lady? –era una planta común, desde luego, pero los clientes no solían llevarse tanta cantidad de una sola vez. Ella conocía sus efectos, las dosis y para qué solía usarse… aunque no era quién para juzgar, desde luego. Cada uno tomaba, hacía y deshacía lo que buenamente podía o quería. El cómputo de productos, eso sí, le resultaba curioso. Curioso porque seguramente fuera lo que ella se llevaría. Colocó un paño sobre la balanza antes de cortar las raíces con un pequeño cuchillo y reunirlas después en un frasco que colocó junto a las vendas, informando del costo.- Antiinflamatorios los hay según dolencia. –comentó con neutralidad, tomando, en esta ocasión, otros seis recipientes de las estanterías y colocándolos frente a la castaña.

Seguía sin tener ni la menor idea de leer, pero por suerte su olfato y su memoria eran lo suficientemente buenos como para saber qué hacía cada cosa y los problemas que podían presentarse al usarlas. Si no le diera igual, si no le repugnase la iguana con alas a la que le había tocado servir, hubiera sentido una mínima felicidad por el orgullo que podrían despertar sus escasos conocimientos para un tercero; en aquel momento, no obstante, todo la hacía pensar que estaba haciendo el tonto. Bajó la mirada, inclinando a un tiempo el cuello, hasta que sus ojos pudieron salvar la evidente diferencia de altura entre ambas y clavarse en los obres ajenos, asegurándose de que tenía su atención. Tras cada explicación, comentó el precio de cada una.

- Cúrcuma. –pronunció, colocando la mano sobre el tarro en concreto.- Se toma en las comidas. Es muy efectiva a nivel general, pero espesa la sangre. Podría daros problemas si la usáis junto al Nahlrout y suele tener efecto emenagogo. –dio un segundo de pausa y cambió la mano de sitio, señalando la siguiente planta y adelantándola con respecto a las demás para hacerla resaltar- Harpagofito. Especial para dolores musculares o articulares si lo ponéis sobre la piel. Al ingerirlo ayuda con los dolores de estómago y mejora el apetito. –devolvió el tarro a su sitio antes de continuar, adelantando el siguiente- Verbena. Viene bien para las quemaduras, las heridas o las irritaciones en la piel. Despeja los pulmones. –repitió el baile con las manos. Esperaba que aquello sirviera para que tuviera claro qué había en cada bote. Se aclaró la garganta antes de seguir.- Laurel. Se toma en infusión. Ayuda con los dolores del ciclo femenino y musculares. También en casos de golpes pero… –ladeó un poco el rostro.- Si es por golpes, dislocaciones, desgarros o para que los hematomas desaparezcan antes… mejor esta. Árnica. En infusión o sobre la zona afectada, pero nunca sobre una herida abierta, ni tampoco si estáis encinta. –Su favorita, desde luego. Le había salvado el culo tantas veces de ser descubierta que más de una vez se había planteado la idea de levantarle un altar. Sonrió para sí, y tragó saliva señalando a la última.- Sauce blanco. Muy potente y muy útil a nivel general, pero os la desaconsejo si tenéis pensado usar el Nahlrout.

Guardó silencio unos instantes, dándole tiempo suficiente para decidir qué quería y qué no. Tampoco iba a ponerse a llorar si ignoraba sus advertencias.

- El desinfectante… ¿para las heridas o para alguna zona en concreto?




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Re: Unblooded [Elia]

Mensaje por Lena el Lun Dic 12 2016, 18:14

Necesitaba descansar, pero he de ser sincera y decir que era demasiado orgullosa como para demostrarlo, me mantuve apoyada en el mostrador mientras que la esclava iba en busca de cada una de las cosas que había pedido, no le podía quitar la vista de encima, quería asegurarme de que no me daba gato por liebre y me entregaba la cantidad exacta de lo que le pedía. No sabía lo que le había parecido al entrar, pero suponía que no le estaría permitido juzgar o al menos no que se le notase, no sabía en que condiciones podía estar su propio cuerpo, si era tan temeraria como había podido observar y tan solo la mitad de insolente de lo que lo era yo, me temía que sus condiciones corporales serían parecidas a las mías cada día de su vida.

Asentí cuando me preguntó de nuevo la cantidad, la había oído ¿tan raro se le hacía pedir esa cantidad que necesitaba cerciorarse?, seguro que no era la cantidad recomendada, pero era lo más útil que tendría en toda mi estancia en Talos, iba a necesitar demasiados medicamentos y un milagro para que la suerte estuviera de mi lado después de todo lo que tenía que hacer para recuperar mi corazón. Escuché su comentario sobre los antiinflamatorios y no respondí hasta que comenzó ella misma a explicármelo, tenía conocimientos de medicina gracias a mi madre, pero mi cuerpo estaba pidiéndome una silla y mi mente en ese momento no estaba centrada hasta que volvió a hablar e hice un esfuerzo por volver e erguirme y escucharla.  Fruncí los labios y apreté los dientes contra el dolor y suspiré calmándome poco a poco.

Cúrcuma, descartada, quería recuperar mi corazón, el plan no era morirme antes de tiempo. Harpagofito, podía ser útil, pero si mejoraba el apetito...tendría más del que había tenido hasta ese momento. Verbena, podía ser una opción, pero aun necesitaba escuchar sobre los que quedaban. Laurel...no, vale, ¿Árnica?, poco había escuchado sobre ella, seguro que era la mejor opción, no pensaba quedarme embarazada y esperaba que ni siquiera pudiese, porque tal y como estaba aquella porquería de mundo, no sabía a quienes se les ocurría tener hijos...a mis padres...Por último me mostró Sauce Blanco, si sabía que me tomaría una dosis de Nahlrout no sabía ni siquiera para qué me la enseñaba.

—Vale, entonces me llevo Árnica , siempre y cuando sea tan rápido deshaciéndose del dolor como del hematoma en sí...—Me llevé la mano a la cara haciendo un recuento mental y miré en mi pequeña bolsa de cuero para poner sobre la mesa una a una las monedas hasta llegar al precio justo. Cuando terminé de hacerlo miré dentro para contar lo que me quedaba, apenas podría comer unos días, mi situación era más que desesperada, pero al menos estaba consiguiendo lo que necesitaba, menos daba una piedra, metí absolutamente todo en mi macuto de tela el cual casi siempre llevaba a la espalda y me dispuse  a dar un paso atrás, tan solo uno para despegarme del mostrador pero no pude tampoco evitar cerrar los ojos y llevarme la mano al costado. —No me andaré con rodeos...no conozco a nadie así que...me llamo Lena —Dije volviendo a abrir los ojos — te vi en el convoy y tú sabrás que soy yo...yo fui la estúpida que tiró como todo para frenar el convoy y que la gente se moviera...aunque no se si sirvió de mucho, acababa de llegar y no quería meterme en más problemas de los que ya tengo, pero te vi...y si tan solo eres la mitad de imprudente que yo necesito que me ayudes, lo primero en curarme esto que me está matando y...ya lo demás depende, porque de mi problema solo me puedo ocupar yo...

Fruncí el ceño y volví a apretar los dientes, era un dolor que me irradiaba, no sabía ni siquiera como podía haber llegado allí con aquel dolor que cada vez se intensificaba más, había estado muy herida durante aquellos cuatro meses y ni siquiera había sentido aquel dolor, por eso sabía, que a pesar de ser cada vez más resistente, la herida debía ser mucho peor de lo que creía, no pude esperar a que ella reaccionara, necesitaba ayuda, me subí al mostrador y pasé al otro lado para meterme por donde ella había salido y me desabroché parte del vestido, no, no le enseñé la cicatriz aunque el comienzo de esta podía empezar a verse tras los ropajes interiores del vestido. Mi hematoma era completamente negro y alcanzaba desde el costado hasta casi la mitad de la espalda, las piernas presentaban heridas ya infectadas en la parte de los muslos, mi espalda había sido prácticamente desgarrada y yo había conseguido mantenerme casi tan bien como cuando me arrancaron el corazón, sabía que avanzaría rápido y sería inmune a muchas enfermedades pero aun no era así, necesitaba curarme.

—Ya me pedirás lo que quieras después, pero ahora ayúdame con todo lo que he comprado...por favor.

Y sí, esa fue la segunda vez en cuatro meses que había pedido algo por favor aunque sí la primera que la había pedido suplicante...algo bueno de ser...esto...era que no captaba a ningún dragón demasiado cerca, así que decidí ser impulsiva antes que morirme por una infección.




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