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Noche de antojos (Trystan) - OneShot

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Noche de antojos (Trystan) - OneShot

Mensaje por Thareon el Miér Ago 17 2016, 19:14

Thareon podía ser paciente con muchas cosas, especialmente cuando se trataba de Megerah. Pero había algo que no entendía, y probablemente jamás entendería, sobre las embarazadas: los condenados antojos. No sólo no tenían ningún sentido, sino que además no respondían a ningún tipo de consecuencia ni lógica. Y discutir, por descontado, era inútil. Especialmente cuando la rubia amenazaba con agarrar la sartén. El dragón azul estaba empezando a pensar que estaba cogiendo un muy mal vicio con esa costumbre. Pero, con tal de no discutir, acabó accediendo, y saliendo de la cueva en dirección a la galería principal.
Las "cocinas" de la base constituían un montón de hogueras que normalmente ardían sin descanso, pero que justo entonces, estaban apagadas con las ascuas incandescentes brillando en la suave penumbra. Siempre dejaban calderos con agua caliente puestos encima, y si se sabía buscar, parte de las sobras de la comida del día. Técnicamente estaba prohibido robar comida. Pero Thareon sabía que era eso, o aguantar las protestas de Megerah durante toda la noche. Sin descanso. Sin parar. Y con la maldita sartén...

Obviamente el dragón azul no encontró lo que buscaba en las despensas. En realidad, se sintió estúpido por siquiera ir a mirar, cuando sabía de sobra que no había nada siquiera parecido a lo que la redimida exigía. Pero no le apetecía volver con una negativa. Tal vez por eso, prefirió echar mano de una taza de barro, llenarla con agua caliente de una de las perolas, y echar en ella las hierbas de alguna infusión que le ayudaran a mantenerse despejado un rato más. Algo le dijo que le iba a hacer bastante falta.
No obstante, apenas salió de debajo de la tienda, cuando se percató de que había una figura sentada sobre una de las mesas. Su presencia en sí probablemente no hubiera llamado demasiado su atención: muchos soldados tenían turnos de noche, o entrenaban hasta muy tarde. Pero reconoció esa inconfundible forma de la espalda. La había visto, no hacía mucho de hecho, tensa como un cable de acero mientras abrazaba brutalmente un poste de madera...

- ... ¿Trystan? - Le llamó por la espalda, provocando que el hombre se girase de un respingo. Lo había pillado por sorpresa, y a juzgar por su expresión, debía de estar inmenso en algún hondo pensamiento del que Thareon le acababa de sacar. - ¿Qué haces por aquí a estas horas? Creía que hoy tenías turno de día.
- Y lo tenía. - El hombre parpadeó varias veces y bostezó sin reparos. Thareon procedió a sentarse frente a él, dejando la taza sobre la mesa. - Pero Moira se despertó y tenía hambre... Bueno, más bien antojo. - Thareon parpadeó y sonrió ante la coincidente ironía, antes incluso de que el muchacho preguntara con incredulidad: - ¿Te puedes creer que le apetece melón en esta época?
Thareon no se resistió, y acabó soltando una sonora carcajada. - A mi me acaba de exigir fresas. De temporada. En pleno invierno. - Se encogió de hombros, negando con la cabeza. Seguía sin verle la lógica a aquello. Costaba decir que dos hombres como ellos, dos seres que encerraban en su interior tan terribles monstruosidades, estuvieran ahí sentados, lamentándose, huyendo cobardemente de sus respectivas mujeres, y deseando no tener que regresar durante un buen rato...
Trystan también terminó riéndose, antes de decir: - No pueden querer algo más fácil de conseguir, no. - Thareon no dijo nada, se limitó a sonreír rodando los ojos. Trystan suspiró y miró al dragón con sus ojos claros tras el revuelto flequillo pelirrojo. - ¿A ti también te quiere asesinar por no traerle lo que quiere?
- Oh, sí. - El dragón asintió con aparente seriedad. Lo cual contrastó mucho cuando dijo, con toda despreocupación: - Lo que no me acaba de quedar claro es si a sangre fría, o a polvos. - Thareon se rió entre dientes al utilizar una de las típicas frases del joven chatarrero. Frase que el desafiado pareció reconocer, porque observó al dragón azul con expresión a la par divertida y sorprendida al escucharla en boca de alguien que se mostraba tan serio como el Ironscale. De hecho torció levemente su sonrisa al preguntar: - A polvos, ¿eh? Qué mas quisiéramos nosotros dos... - Murmuró, justo antes de inspirar largamente.
- Buf... - Thareon, por contrapartida, suspiró, y cruzó los brazos sobre la mesa. - No sabría qué decirte... - Enterró la cara entre sus bíceps, apoyando la frente tatuada en sus antebrazos.

Se quedaron en silencio. Thareon aparentemente sin pensar en nada, simplemente ahí, demostrando sus evidentes ganas de dormir, con la taza humeante al lado. Trystan con el ceño fruncido, imaginándose cualquier cosa con las últimas palabras del dragón. Puso cara de circunstancias, callando cualquier pregunta sobre la forma de ser de la rubia en la cama. No era de su incumbencia en absoluto, no. Tras repetírselo varias veces mentalmente, finalmente tomó la palabra: - Me da a mí que esta noche ninguno va a poder darle el capricho a su respectiva... - Concluyó con cierto pesar, antes de dedicarla una fugaz mirada de soslayo al dragón, callándose más cosas de las que le gustaría. - Podría plantearme el pasearme por Talos mañana. No es que tenga seguro que vaya a encontrar melones o fresas... tan sólo aprovechar la oportunidad...
- No seas necio. No pienso desperdiciar la vida de uno de mis mejores hombres por un poco de fruta. - El dragón no sacó la cabeza de entre sus brazos para hablar, así que su voz salió amortiguada. Pero sí que hizo un aspaviendo con la mano, restándole importancia al asunto. -  Tú quédate aquí un rato conmigo, a ver si con suerte para cuando volvamos se han vuelto a dormir... - Trystan se rió entre dientes. Quiso argumentar sus propias palabras, pero decidió callar una vez más. En vez de eso, siguió el ritmo despreocupado de Thareon al hablar: - ¿Tú crees que tendremos tanta suerte?
Thareon alzó la cabeza un momento para mirarle, de nuevo con esa seriedad suya; la cual no tardó en romper con una nueva carcajada: - Creo que antes lograríamos cortarle la cabeza a la Reina, que evitar la bronca de nuestras mujeres cuando volvamos a la cama...
- No me cabe la menor duda... - Trystan terminó por ladear también una sonrisa, acompañando el tono desenfadado del dragón.

De nuevo silencio. En esa ocasión, Thareon aprovechó para darle por fin un trago a la infusión, echando terriblemente de menos el azúcar. Acto seguido, se inclinó hacia atrás sobre el banco, y alzó la cabeza, perdiendo la mirada en las luces titilantes del techo. Derek le había explicado que se debían a los hongos que tenían las paredes. Creaban bilubumiscencias, o algo parecido. Thareon no se había quedado demasiado bien con la explicación, pero no la necesitaba para sentir que su visión resultaba hermosa, y que de no tener tantas cosas en la cabeza, probablemente podría perder horas y horas tumbado bocarriba, sencillamente observando aquella maravilla subterránea. Dejó su mente divagar, en el silencio, perdidos sus topacios más allá de aquel falso cielo estrellado.
- Cuesta hacerse a la idea, ¿verdad? - Dijo de repente. - Ser padre... es algo realmente grande. Tanto o más que lo que hacemos aquí. - Bajó la mirada, esperando encontrarse a Trystan sorprendido, o simplemente de acuerdo. Pero en vez de eso, su gesto se había tornado totalmente tenso. Aquello hizo que Thareon se sentara bien en el asiento, y se inclinara levemente hacia delante.
- Yo ya tuve ocasión de serlo... una vez. - Habló en un murmullo, apenas inteligible, pero para el oído de un dragón, escuchar sus palabras no era un problema. - No es algo que oculte... pero ahora... me preocupan más otras cosas...
Thareon frunció levemente el ceño y apretó los labios en una línea sutil. Pudo sentir cómo la empatía se apoderaba de él, pudiendo verse a sí mismo, años atrás... Con tanta claridad, que una sonrisa entristecida acabó apareciendo en su expresión. - Bueno. Otra cosa que tú y yo tenemos en común. - Miró a Trystan, sin necesidad de dar más detalles. Éste le devolvió la mirada con sus azules, cargados de sorpresa por enterarse de aquel dato sobre el dragón. Incluso despertó su interés, preguntándose las trágicas circunstancias en las que Thareon había compartido una situación con él. No obstante, el dragón se adelantó a él a la hora de preguntar. - ... ¿qué es lo que te da miedo, Trystan?
- ¿Acaso no es obvio? - El desafiado soltó aire sonoramente por la nariz.
- Para mi, sí. Pero tienes que ser tú quien me lo diga. - Habló con calma y serenidad. Ante la mirada interrogante de su interlocutor, Thareon hizo un gesto con la mano, señalándole. - Poner tus miedos en palabras es necesario si pretendes superarlos algún día.
Trystan suspiró con resignación. Thareon esperó. No quería presionar al muchacho, menos aún con un tema tan escabroso como delicado. Dio otro trago a la taza, mientras éste ponía sus pensamientos en orden, y finalmente resumió su preocupación en una sola frase, tan clara como reveladora: - Tengo miedo de que pierda el control y esta vez haga daño a alguien que me importa.

Sí, Trystan tenía razón, era obvio. Pero el hecho de admitírselo a sí mismo, ya era un paso improtante. Thareon suspiró de nuevo, subiendo y bajando los hombros. Era evidente que estaba más que puesto en su lugar. Él vivía con ese miedo, todos los días. Cada vez que dejaba que su furia y sus sentimientos más oscuros se apoderasen de él y dieran paso a Leviathan. Tenía miedo de que algún día su control fallara, de que su rabia y su ira fuera demasiado fuerte como para controlarlas, y alguien querido terminara herido por su culpa. - Parece que tenemos más en común de lo que pensaba... - Dijo entonces el dragón. Y acto seguido, volvió a apoyar los codos en la mesa, denotando una actitud bastante más seria y preocupada. - No voy a engañarte, Trystan: ni me imagino lo que tiene que ser lo que tú estás pasando ahora. El corazón humano es un tesoro que los dragones envidiamos. Sí, has oído bien... - Agregó, ante la mirada incrédula del sin corazón. - Vosotros tenéis algo que nosotros nunca alcanzaremos, un vacío interno que jamás lograremos llenar, y que saca a la luz nuestro lado más... primitivo. - Muchas palabras pasaron por su mente para describirlo, pero aquella le pareció la más políticamente acertada. - Ansiamos la humanidad, la codiciamos, y hacemos lo que sea para conseguirla. Algunos aprendemos a desarrollarla, y a atesorarla. Otros, no. - Evidentemente, el dragón o dragona que hubiera desafiado a Trystan no sabía valorar la humanidad. Ni mucho menos respetarla, o considerarla realmente valiosa. - No sé lo que siente al perder el corazón y verlo sustituido por el vacío que nosotros tenemos por definición. Pero... si sé lo que es perder aquello que te define, lo que te hace único y te recuerda día a día quién eres. - Supuso que no hacía falta aclarar a qué se refería. Trystan ya habría tenido oportunidad de ver la sombra de Leviathan acechando detrás, siempre detrás, agazapada a la sombra del fuego interno que desprendía el Thareon con el que ahora conversaba tranquilamente. - Sé lo que se siente al ver que te conviertes inexorablemente en un monstruo. Y es aterrador. Por eso creo que, hasta cierto punto, puedo ayudarte. Si quieres...

Trystan había mantenido la mirada baja todo el tiempo, escuchando a Thareon mientras hablaba. Sus palabras lograron que, ciertamente, se sintiera identificado con el dragón. Y a su vez, que sopesara esa falta de opciones que desgraciadamente tenía. - Es... tan desesperante todo esto... - Confesó, y apretó los labios, fruto de su frustración. - ...que si rechazara tu ayuda, sí tendrías razón de peso para llamarme necio.
Thareon sonrió brevemente, pero no de forma alegre. Lamentaba realmente por él el que se viera así de imponente. Eso era algo que él también había experimentado, encerrado en aquella jaula, viéndose incapaz de detener lo imparable. - ¿Puedo saber cuál es tu desafío? Si es que lo recuerdas... -
- Debería convencer a mi dragón desafiador de que no está en el bando "correcto". - Alzó las dos manos con resignación, poniendo comillas en el aire con los dedos. Thareon se alegró de que al menos fuera capaz de recordar su propio reto, pero desde luego, no se lo habían puesto nada fácil. No le preguntó por el dragón que le desafió, porque interiormente, su código de honor se lo impedía.
- Ya veo... - Comentó, serio y pensativo, perdiendo la mirada en la mesa unos segundos. - Me gustaría ayudarte en ello, pero no sabría cómo. Más teniendo en cuenta que la gran mayoría de los dragones son... reacios a cambiar de opinión en ese término. - Amén de que su honor le impedía interceder en el desafío de otro dragón. Los desafíos eran casi sagrados para los dragones, y por lo general, estaba prohibido o muy mal considerado que otro dragón intercediera en el reto. En ese sentido, Trystan estaba sólo. Aún así... - A lo que sí puedo ayudarte, es a controlar tus impulsos cuando éstos te sobrepasan. Sobre eso, sí se un poco más... - sonrió a medias. Tal vez no supiera mucho sobre desafíos, pero sí que entendía cómo controlar a una bestia interna.

No obstante, y para sorpresa de Thareon, Trystan negó con la cabeza. - Aunque te agradezca la intención, creo que resolver el desafío es algo personal. Por favor... - Thareon parpadeó, perplejo. ¿Acababa de mirarle con cara de súplica? El dragón se percató de que Trystan le había interpretado mal, y se apresuró a negar a la vez con la mano y la cabeza.
- No me has entendido. El desafío es cosa tuya, Trystan. - apuntó, para dejarlo claro. - No es eso lo que te estoy ofreciendo. Te ofrezco que aprendas a mantener una chispa de cordura cuando pierdas el control. Así evitarás hacer daño a otros. Incluyendo a Derek... y a tu familia.
- Ah... - Trystan asintió, percatándose ahora de lo que le estaba ofreciendo el ex-capitán: ayudarle a controlar su estado berserker. - Pues es francamente eso lo que más me interesa... y me urge. - Añadió, con convencimiento, especialmente al pensar en el encontronazo que tuvo con la rubia.
- ... Bueno. Aún hay tiempo. - Thareon le dedicó una sonrisa tranquilizadora. Era mejor que el chico se mentalizara antes de empezar con algo así. Porque, desde luego, prometía que semejante entrenamiento iba a ser, cuanto menos, intenso. - Podemos empezar en los próximos días, cuando termines tus tareas y tengas un rato. Eso sí... avisa a Moira de que probablemente vayas a sangrar. - Sonrió al pensar que seguramente él también tendría que aplicarse el cuento. Pero principalmente, porque no quería ni que Moira fuera a cantarle las cuarenta, ni que las dos mujeres se pusieran otra vez a discutir mientras sus chicos primero se pegaban palizas, y luego se iban tranquilamente a tomarse una cerveza.

Trystan alcanzó a sonreír, aliviado, por la proposición de Thareon. - Me parece bien... Y descuida, se lo comentaré. - Se quedó pensando un momento. - Pero mejor ahora no... que bastante me caerá por regresar sin el melón...
El dragón azul volvió a reírse, y se encogió de hombros. - Sabia decisión. Yo creo que cogeré bayas. A ver si logro contentarla con eso. - Lo dudó enormemente, pero igualmente se puso en pie, dejando la taza sobre la mesa. Al pasar por el lado de Trystan, le puso la mano en el hombro y le dedicó una última mirada azul topacio. - Descansa cuanto puedas Trystan. Saluda a Moira de mi parte, y dale las gracias por cuidar de Megerah. - Tras un par de palmaditas, el dragón se retiró de vuelta a la despensa. Y Trystan regresó de vuelta hacia su cueva, pensando en qué iba a decirle a Moira sobre el melón. Y en cómo pensaba Thareon ayudarle con su problema...






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