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Overemotionally dangerous || Megerah || Oneshot

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Overemotionally dangerous || Megerah || Oneshot

Mensaje por Trystan el Lun Ago 15 2016, 19:53

unas horas después de este rol...

Había tardado mi tiempo en tranquilizarme después de lo ocurrido por... ¿prácticamente toda la galería principal de las cuevas? Varias construcciones habían sufrido daños y aquello retrasaría un pelín lo planeado. Aunque podía haber sido mucho peor. Mucho peor.
Alguien podría haber muerto por mi culpa y, aún sabiendo que darle vueltas a la posibilidad de que hubiera pasado algo más grave era torturarse psicológicamente, no podía evitar hacerlo. Porque de saber controlarme, no habría ocurrido. Las palabras de Thareon repiqueteaban en mi cabeza como si hubiera hecho una proeza. Pero, bien sabía él que yo no lo veía así. ¿Cómo iba a ver el hecho de querer matar al que antaño fuera mi mejor amigo como algo heroico? ¿Quién podía sentirse seguro a mi lado?

Con ese mal sabor de boca, preferí alejarme de todo el mundo. Era ya tarde, así que decidí acercarme al habitáculo donde se habían montado diversos hoyos en el suelo, con hogueras, a modo de cocinas, con sus pertinentes utensilios en mesas aquí y allá, para dar de comer a tanta gente. Las supuse vacías por lo que podría llenarme de su tranquilidad antes de volver a enfrentarme a mí mismo cuando fuese al pequeño hueco que compartía con Moira en esas cuevas. Hasta con ella se me hacía cuesta arriba, pues la morena no solía controlarse, precisamente. Un punto de dificultad añadido a mi manera de ser, en estos momentos.

Pero no fue ella quien cruzó, cual energúmena, el umbral del arco que daba a las cocinas, encontrándome en ellas. Megerah, la querida amiga de Moira, sin mediar palabra, fue directamente hacia mí, agarrándome de las solapas de mi camisa, para empujarme con la pared con la que nos topamos en la misma dirección que traía ella, después de un par de empujones-. Pero… ¿qué? -inquirí, tan sorprendido que fue la única reacción que alcancé a tener en ese momento.
El labio superior de la mujer estaba sutilmente alzado cuando, por fin, habló:- ¡Tienes mucha suerte haciendo tan feliz a la morena...! -espetó, de repente, apretando los dientes tanto como sus dedos se aferraban al cuello de mi camisa. Sin dejarme gran posibilidad de movimiento.
-... -no supe qué contestar. No sabía a qué venía todo esto. O tal vez tuviese una ligera idea. Pero lo que sí tenía claro era que algo había hecho para poner así a la rubia. No mencioné palabra, viendo esa continuación inminente por su parte.
- Si no, ya habría separado tu cabeza de los hombros.-añadió. ¿Era el momento de fingir un suspiro de alivio? Más bien, no.
Mis cejas terminaron de elevarse, y de mis labios salieron las primeras palabras que mi cerebro procesó:- La trato bien, Erah... -algo tan simple como una respuesta confirmando lo que ella había dicho.
- ¡Megerah! -me corrigió, aún exaltada-. Aún no tienes confianza conmigo para llamarme así.
Guao. Cortante como ella sola-. Bueno, cálmate… -murmuré, teniéndola tan cerca que no vi necesario alzar la voz.
Su rostro cambió a uno de indignación fugaz, antes de volver a su gesto soberbio y extremadamente serio. ¿Alguna vez sonreía esta mujer?-. ¿Nunca te han recomendado no pedirle calma a una persona que ya está exaltada?
¿En serio? ¿Iba ahora a darme consejos?-. Pues… ¿no? -mi confusión en realidad no parecía menguar, menos con el gruñido que profirió entonces. Suspiré, volviendo a hablar antes de que ella lo hiciera:- Veo que no has cambiado nada, ¿eh?
La sorpresa se vio en sus ojos, siendo esta la primera vez que juraría que la pillé desprevenida con el cambio de tema-. ¿Qué? -podía notar cómo estaba perdiendo la paciencia por cada frasecita que yo podía soltar.
Esta vez, fui yo el que alzó las cejas antes de explicar nada-. Tú viniste con Moira a las cloacas cuando éramos pequeños, ¿no? -le recordé con una sonrisa torcida, juguetona.


La mujer no asintió, pero tampoco negó. De hecho, se me quedó mirando con el ceño extrañamente fruncido. Como si lo ocurrido hacía años en las alcantarillas era algo que ella ya no pudiese recordar-. ¿Y qué?
- No, nada. Que sigues teniendo tu peculiar carácter. -seguía siendo una borde de cojones. Pobre Thareon. Si él tenía que lidiar con ella cada día… no le envidiaba nada.
- ¿Algún problema?
¿Perdón? ¿Quién había venido buscándome? ¡Era ella la que tenía el problema! Y lo peor de todo es que todavía no sabía cuál era-. ¿Yo? ¿Problema? Si eres tú la que ha venido avasallando. -reí con suavidad, incrédulo. Y... Otro empujón contra la pared. Ugh. ¿No tenía otra cosa que hacer? Porque empezaba a dudar que aquello fuera a terminar en buen puerto si seguía con esa actitud tan cortante y agresiva-. Rubia, en serio, esos brebajes que tomas… no te hacen bi-
- ¡Una maldita palabra jocosa más y ni lo que siente Momo por ti podrá salvarte! -quizás era el momento de empezar a tomarme aquello en serio. Pero es que no quería, por lo que había podido pasar horas antes.
- ¿A qué viene todo esto? -pregunté, ya casi indignado. Y bien sabía lo que pasaría si me indignaba de verdad.
La mujer me miró con incredulidad aunque no perdiera su autoridad al contestarme:- … Derek.
-...-mierda-. Oh.
Apenas me había recuperado cuando ella continuó por los dos:- Por si no te había quedado claro lo importante que es, vengo a recordártelo.
Encogí los hombros, buscando las palabras para excusarme pero... siendo honesto, no quería justificar lo que había hecho. El chatarrero se llevaba mereciendo una hostia mía desde hacía tiempo-. Sólo fue un golpe de nada. Igual le arreglé un poco la cara y...
Nuevo empujón de la rubia. Megerah estaba jugando con fuego sin saberlo-. ¿Quieres que te la arregle yo a ti para compensar?
Expulsé el aire entre mis labios-. Ni que fuera él tu pareja. -gruñó descaradamente y hasta noté cómo apretaba los dientes. Eso bien podía ser una hostia incoming. Y la verdad, ganas de sentirla, cero. Alcé las manos en actitud apaciguadora-. Va, va. Tranquila. Me queda claro que no tengo que volver a hacerlo.
- Por tu bien, más te vale que no lo hagas.
¿Por mi bien? ¿Me estaba amenazando? ¿En serio? Tal y como estaba yo y ella tenía la desfachatez de venir a empujarme, gruñirme y, encima, intimidarme. La gota que colmó el vaso-. O… ¿qué? -me envalentoné, echándome para delante, separándome de la pared, finalmente. Noté la presión que sus manos ejercían sobre mi cuerpo pero, aún así, seguía siendo más débil que yo-. ¿Vas a matarme? -pregunté, entre dientes. Para ser la primera redimida conocida, no tuve la impresión de que fuera capaz de plantarme cara en su estado. De nuevo, el fuego interior se me disparó, ante esa sensación de superioridad.
- ... Trystan, te lo advierto. -murmuró, al tiempo que el gesto de su rostro parecía congestionarse ligeramente de dolor. Parecía que sabía perfectamente en que maldito punto estaba yo. Quizás, hasta se arrepintiese de haberme ayudado a llegar a dicho punto. No obstante, se inclinó sutilmente hacia delante, su mano derecha perdió altura, hasta llegar a su vientre. La cara que tenía en aquel momento no era la mejor, seguro. Qué oportuno el crío también, ¿no?
Podría haberme preocupado por ella, como habría hecho de ser la persona que ya no era-. Venga, ¿qué? ¿Me vas a dejar con la intriga ahora? -podía sentir cómo dejaba de ser yo sin que pudiera hacer nada. Obviamente, ni de lejos estaba siendo como si tuviera a Derek delante. Le agarré de la muñeca izquierda, con mi mano derecha, apartándola de mí. Ni siquiera me percaté del brazalete que llevaba. Más tarde me enteraría de la importante cicatriz que tenía, que discapacitaba visiblemente aquel brazo. Pero, en ese instante, me pareció que su fuerza no tenía qué hacer contra la que yo tenía.
La rubia emitió un quejido sutil al movernos-. No me obligues a hacerlo... -seguía sin alzar la voz apenas, conforme cruzábamos aquel habitáculo, empujando varias de las mesas por el camino, hasta que fue su espalda la que topó con la pared. Mi mano izquierda buscó su cuello aparentemente sin escrúpulos.
Pese a ese momento de indisposición, una contundente advertencia resaltaba en su intensa mirada de cristal de la que no podía apartar mis azules-. ¿El qué? Mírate. Si hasta te cuesta mantenerte de pie. -reí entre dientes, con una peligrosa sonrisa en mis labios. Juraba que no estaba apretando su delicado cuello, pero ya poco podía controlar de lo que estaba llegando a ser.
Y no lo vi venir.

Clonc. La rubia se había hecho con una de las sartenes que había en las mesas, aprovechando que yo estaba concentrado en ella. Perdí la estabilidad rápidamente, soltándola para llevarme las manos a la cabeza. Todo me daba vueltas-. Te calmas. -espetó la muy hija de su madre, mientras yo intentaba ubicarme de nuevo. Su voz sonó con eco, dispersa. Todo me daba vueltas a pesar de que ya estaba arrodillado en el suelo, prácticamente caído-. Y esto no será nada en comparación si tardas en asimilar que Derek es más importante que tú en esta contienda.
¿Moira no me había dicho que Megerah no había sido parte de la inquisición? Un pequeño detalle que debería haber recordado antes, sin duda-. No... creo que haga falta llegar a... eso. -me costaba articular en esos segundos en los que el mundo se me dio la vuelta. Por suerte, esa bestia que llegaba a ser se calmó tan rápido como yo.
Oí un suspiro femenino, sin duda alguna de quién lo había emitido-. No. Claro. -sonrió con cierta malicia que no llegué a ver-. Eso depende de ti.
- ¿C-Cómo? -inquirí en un murmullo, sintiendo como todo se me venía encima. Aunque, en realidad sólo fue la sombra de la rubia.
- Vas a tener que poner mucho mas empeño en aprender a controlarte mejor de lo que lo estás haciendo hasta ahora. -escuché con mayor suavidad que con la que se había dirigido a mí hasta ahora. No obstante, la hostilidad en su voz era latente-. Lamentablemente no tienes apenas tiempo para ello, pelirrojo.
No hacía falta ser un puñetero erudito para saber que, visto el golpe, milagro había sido que yo no hubiera perdido el sentido. Gruñí como simple respuesta. Ya sabía que tenía que mejorar esa habilidad... que no tenía, si no quería llegar a mayores-. Es tan... fácil de decir... -mi límite para dejar de ser yo era demasiado grande y yo me paseaba sin pudor ni vergüenza por esa línea. estaba descontrolado. Y Megerah lo sabía tan bien como yo.
- Sé que no es fácil... -murmuró ahora mucho más cerca. Sentí su palma caliente en uno de mis hombros-. Pero tampoco es imposible. -me dio un apretón y volvió a poner distancia entre nosotros-. Espero que no nos obligues a tomar medidas contra tu descontrol, Trystan. -enunció antes de irse por el mismo sitio por el que había venido. Ya no sabía si lo dijo por no hacerme sufrir a mí o a su amiga. Nah, seguramente lo diría por Moira. Para lo que no tuve tiempo fuer para articular réplica, tirado en el suelo como estaba, aunque ya hubiese recuperado la entereza por completo.

Tardé un poquito en tenerlas todas conmigo para incorporarme de nuevo sin más viajes. Si no aprendía pronto a controlarme, como había dicho la rubia, iba a acabar siendo el pupas con tanto golpe.




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