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As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

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As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Megerah el Lun 18 Jul - 19:35

Erah se había cansado ya de los brebajes hasta infumables de Moira y los remedios caseros -e insuficientes- para aliviar el dolor que el embarazo le provocaba. La rubia se desesperaba por esa molestia vigente y constante en su bajo vientre. ¿Cómo podía creerse que todo iba bien cuando, a medida que el o los pequeños crecían en su interior, ella podía hacer menos? Era incapaz de mantenerse erguida sin recurrir al apoyo indiscutible de la férrea roca. Su independencia se había visto claramente mermada y, después de haber disfrutado de ella, era algo que a Megerah le costaba asimilar. Por todo ello, necesitaba algo más… fuerte.

En su momento, tuvo intención de pedírselo a Kariel. Y lo habría hecho, de no ser por lo ocurrido en su último encuentro. Por lo que, ahora sólo caía en una única persona que pudiera ayudarle. Una peculiar mujer pelirroja, capitana de un barco, con la que Erah había intercambiado más que tratos y palabras.

Por Moira, supo que había vuelto a Talos, después de su viajecito a Isaur. Otro trato con el que Reagan había cumplido con creces. No se lo pensó mucho antes de volver a la zona de monturas y hacerse con una. Obviamente, esta vez le dijo a la morena sus intenciones, pues, de seguro, tardaría más que cuando fue al altar de fuego. Moira no se mostró por la labor, en absoluto, sabiendo que se había desmayado delante de Kariel, y lejos de las cuevas. La rubia había tenido el cuidado de no dar muchos detalles sobre el comportamiento del dragón con ella. Y por más que le juró y perjuró a su amiga que no le pasaría nada, la morena no daba su brazo a torcer. Tan sólo cuando tiró del chantaje emocional, Moira cedió, con las consecuentes amenazas vanas, por no poder decirle que no a la rubia. Con esas, se subió a un caballo y puso rumbo al puerto.

Bordeó las montañas por el norte, y al llegar al mar, desvió su rumbo al sur. Tardaría más, sí, pero evitaría encuentro indeseados. Además ya no nevaba, y con el calor, la nieve había empezado a derretirse, facilitando el paso al caballo. No obstante, Erah se detuvo un par de veces, para descansar la postura. O para cambiarla, más bien. El dolor ya era su fiel compañero, hiciera lo que hiciera.

Al llegar al puerto, agradeció que aún hiciera frío para poder ocultar parte de su rostro y así evitar ser reconocida. Sus azules buscaron las inconfundibles velas del Black Wraith, encontrándolas recogidas. Ya de per sé, Megerah conocía demasiado bien aquel barco. En su camino al buque, estuvo atenta, mirando de soslayo y a todas partes, a cualquier persona que se le acercaba, para pasar de largo. La rubia estuvo tensa hasta que cruzó la pasarela del barco. No parecía haber nadie en cubierta, por lo que pudo andar libremente, aunque lo hiciera con cautela. Se acercó a aquella puerta que había cruzado ya un par de veces, recordando el camarote que esperaba detrás. Pero no quiso ser del todo descortés. Bastante había invadido ya con su presencia en aquel barco-. ¿Belladona? -preguntó, después de golpear suavemente la madera con sus nudillos.


Última edición por Megerah el Mar 19 Jul - 16:44, editado 1 vez





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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Reagan el Lun 18 Jul - 20:43

No había nada mejor en el mundo que la sensación de haber realizado un trabajo con éxito asegurándote un buen premio al final.
Vale, también estaban las noches locas con las señoritas de los burdeles, pero a ver, no nos vamos a desviar del tema principal.
Llevaba unos días en Talos y podía decir que nunca me había alegrado tanto de llegar a un puerto conocido. Tenía cierto apego a aquella ciudad y sus habitantes. Era el epicentro de los buenos negocios, la capital de los problemas y, por supuesto, el sitio más peligroso de todo el mundo. Por eso y mucho más me gustaba Talos. Al menos para hacer negocios.
Porque con sinceridad, tener a la armada y a la inquisición pegada al culo todo el día no era muy agradable y salir de vez en cuando con el barco se agradecía.
Echaba de menos Eneas, y quería volver allí con todas mis ganas. Pisar su arena, visitar a mi viejo, sentir algo menos el yugo de la reina opresora…

Pero en Talos tenía ya asegurada cierta calidad de vida y tenía también un trato que mantener, así que con nuevos tripulantes en mi navío no había dudado ni un segundo en decidir que ya había llegado la hora de poner rumbo a su puerto.

No es que esperara que los nuevos clientes vinieran a llamar a mi puerta nada más llegar. Primero debía correr la voz de que Belladona había dejado ver su bandera negra por allí y luego ya llegaría el dinero.
Sin embargo, el primer cliente tardó bastante menos de lo que esperaba en aparecer.
La tripulación estaba descansando en el interior del barco, así que no me pareció extraño que no fuera William el que se presentara en mi camarote para avisarme de que teníamos visita y que la visita hubiese decidido subirse a mi barco directamente y atreverse a llamar, como si no estuviera adentrándose en la boca del lobo. Porque claro, cualquiera puede subir a un barco pirata porque le hayan salido las ganas de vete tú a saber dónde, sin permiso, y salir ileso.

Pero en cuanto escuché la voz encajé piezas rápidamente y di un pequeño sobresalto sobre la silla en la que estaba sentada. Sinceramente, no pensaba que fuera a ser ella una de mis primeras visitas en Talos.
Cogí mi nuevo sombrero (el antiguo colgaba de una de las paredes del camarote) de encima de la mesa y me lo puse con una sonrisa que había aparecido casi automáticamente en mi rostro al escuchar su voz.
Me levanté de la silla y fui directa a abrir la puerta, sin preguntar si quiera quién era, porque obviamente ya lo sabía.
Me apoyé en el marco de la puerta y miré a la rubia de arriba a abajo sin borrar mi sonrisa, hasta que reparé en su vientre y entonces me quedé ahí quieta literalmente. Sin desviar la mirada hasta que solté una suave risita y la alcé para clavar mis ojos en los suyos con intensidad como innumerables veces lo había hecho antes.
Creo que la rubia iba a tener que contarme muchas cosas.

-Y yo que pensaba que lo nuestro podía funcionar- dije con cierto tono burlesco. Me aparté de la puerta dejándole paso -Bienvenida de nuevo al Black Wraith lady Megerah.




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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Megerah el Mar 19 Jul - 17:04

Megerah pudo decir que se alegró de verla, en el mismo momento en el que la pelirroja abrió la puerta. Había algo distinto en ella, pero no supo decir el qué. Tal vez sólo fuera el sombrero. Rió con suavidad ante ese saludo repleto de diversión y hasta deseos escondidos. Incluso en un universo en el que Erah no lo hubiera dado todo por el dragón con el que ahora estaba, la posibilidad de haber acabado con Reagan era remota-. ¿Eso pensáis? -inquirió con el mismo tono que su interlocutora.

Negó con la cabeza posteriormente, fingiendo resignación-. Vos estáis demasiado apegada al mar y yo no podría estar esperándoos eternamente mil noches a cambio de una solamente. -explicó, alzando momentáneamente las cejas y abriendo un tanto más sus azules, dejando encarecida y sutilmente claro que ella era una mujer de tierra; así como, anunciarle que las noches no bastaban para ella.

Erah no negaba que aquella vez que se había dejado llevar en brazos de Reagan, era algo que no olvidaría. Todavía, la piel llegaba a erizársele al recordarlo. Fueron demasiadas sensaciones en un momento demasiado complicado en la vida de la rubia. Había caído en las artes de la pirata, en parte, porque no tenía más que perder. Porque lo veía todo perdido y porque bien merecía la pena probar. Y tanto la pelirroja como las circunstancias no le decepcionaron en absoluto…
Pero ahora la situación era otra.
Megerah había jugado tan descaradamente con su vida sin importar las consecuencias, que el destino había hecho su mayor apuesta de fe, recompensándola con la vida que siempre quiso. Esa misma que estaba viviendo ahora.

Achacó a la explosión hormonal que traía el encontrar más atractiva a Reagan. Pero por muy apetecible que le fuera, Erah tenía las cosas demasiado claras ahora para empezar a dudar. Menos, por una burlesca broma de la otra mujer-. No sonaría atrevida si me aventuro a decir que estos meses en Isaur os han sentado de maravilla, ¿verdad? -mejor que bien en muchos aspectos. ¿Podría decir Erah que en todos? Eso aún estaba por ver.

Sonrió ampliamente al pasar, suspirando levemente al ser acogida por una temperatura más apacible, que no tardó en arroparla. Una bienvenida tan cálida como la de Reagan. Intentó que sus pasos fueran decididos, a pesar de la molestia en su vientre. Se tomó la libertad de caminar hasta uno de los asientos que rodeaban la mesa. En concreto, en el que Moira enfrentó sus traumas contra el agua la última vez que se vieron. Un gesto de alivio se dejó ver en su rostro, al sentarse. Sin duda, esa silla le ofrecía una postura muchísimo más cómoda que la que había llevado durante las últimas horas.

Sus azules buscaron la figura anfitriona, que se había movido tras ella al pasar. Erah bien sabía que no había apartado la mirada de ella, pensando a saber qué. Esa peculiar mujer daba la impresión de tener la mente en continuo movimiento, observando al contrario durante lo que bien podía ser una simple conversación. En eso, tanto Reagan como Megerah, se parecían. La rubia optó por ir al grano una vez más. Aunque en esta ocasión, no tuviera excesiva prisa por volver a su montura. Tenía largo camino de vuelta-. Imagino que intuyáis ya por qué he venido a importunaros una vez más… -enunció con cierta confianza. No tenía duda de que Belladona estaba a las puertas de otro trato más, aunque ignorase lo que Erah fuese a pedirle.





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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Reagan el Mar 19 Jul - 18:19

Alcé las cejas al escuchar sus comentarios y observé a la rubia caminar hacia el interior del camarote en busca de un lugar en el que sentarse. Seguramente estaría algo cansada por su estado y el camino que habría tenido que recorrer hasta el barco.
¿Era yo o estaba más dicharachera de la cuenta? ¿Debía achacárselo al embarazo? No es que quisiera hacerlo, no creo que fuera como la excepción de la menstruación y el típico “es que estoy en mis días”. Algo que odiaba. ¿A caso una no puede estar de mala hostia o de un humor diferente sin necesidad de escudarse en la marea roja? Era más bien una excusa un poquito misógina, peeeero ese no era el caso ahora. Además, yo no tenía ni idea de embarazadas.

-El mar es un amante exigente, pero creedme con creces que esa sola noche merecería la pena- mencioné con picardía mientras cerraba la puerta a mis espaldas dejándonos en la intimidad.
Sonreí ladina e incluso un rubor casi imperceptible, y completamente involuntario, decoró mis mejillas ante el inesperado halago de lady Megerah. Me humedecí los labios acercándome a ella y me puse frente a ella después de que ella escogiera una de las sillas del camarote para sentarse.

-No más bien de lo que os ha sentado a vos el tiempo en el que me he ausentado- dije con cierta cortesía antes de agarrar una de sus manos y besar el dorso delicadamente, o con toda la delicadeza de la que yo podía disponer -Es un placer y todo un regalo poder alegrar mis sentidos con vuestra presencia. Vos sois una de las mujeres más atractivas con las que me he cruzado en toda mi vida y en todos mis viajes… además, hoy os encontráis extremadamente bella.

Y era cierto, estaba preciosa, más que nunca. Megerah siempre había desprendido una energía que me atraía como las moscas a la miel, pero aquella vez… aquella vez transmitía algo nuevo y diferente. Una sensación afable y reconfortante. Era difícil de describir. Y la verdad es que prácticamente tuve que resistirme para no lanzarme a robarle un beso. Lo cual era una ironía porque era una pirata y vivía de robar cosas. Desde luego, Megerah era una sirena en toda regla.
Solté su mano y me apoyé en la mesa asintiendo con condescencia. Sabía a la perfección a qué se debía su visita. Más tratos.


-Y sí, lo intuyo. Comienzo a pensar que nunca me haréis una visita sin buscar nada a cambio- dije fingiendo tristeza -¿Qué necesitáis? Siempre que me lo pidáis a mí, vuestros deseos serán concedidos por un precio justo.

Me separé de la mesa y la rodeé hasta sentarme en mi silla, al otro lado de la misma. Cerré el volumen en el que había estado invirtiendo mis horas anteriores apuntando y ordenando nombres de contactos y lo guardé en un cajón. Apoyé los codos sobre la mesa y entrelacé los dedos.

-Podría ofreceros algo de ron y algún tentempié, pero mi nuevo cocinero no es muy habilidoso, no os lo aconsejo.

Era increíble lo mucho que podía cambiar la vida para algunos. Yo seguía saqueando, comerciando ilegalmente y trapicheando todo lo que tenía que trapichear, para mí la cosa seguía bastante igual, pero para Megerah… estaba sentada en mi camarote y con una nueva vida en su pequeño horno. Habían pasado muchísimas cosas desde el día que la conocí en aquella taberna de mala muerte y aún así, ella podía seguir contando conmigo, no solo como cliente sino como algo más cercano.
Tener a alguien así fuera de la tripulación era, por qué no decirlo, bastante agradable.




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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Megerah el Sáb 23 Jul - 0:32

Una sonrisa torcida emergió a los labios de la rubia con la promesa de Reagan de que esa única noche merecería la pena-. Nunca dudaría de algo así. -contestó, casi con diversión a ese ligero coqueteo que se traían. Pese a la tensión que el embarazo le provocaba, Megerah estaba considerablemente más relajada que la última vez que se vieron. Una vez acompañadas de terceros y con la mente de la rubia totalmente decidida a conseguir el trato con Reagan, en pos de la rebelión que ya había comenzado.

Pero, ahora, a solas con ella, no tenía intención de ser la Erah tajante y seria que había sido hasta hacía poco. No. Megerah casi que estaba utilizando ese viaje para desconectar del ambiente que había en las cuevas. Y para ello, nada mejor que una persona que ni estaba segura de que existieran.

Cuando sus miradas volvieron a encontrarse y la pelirroja cogió su mano para dejar un beso de cortesía, un guiño sutil cruzó uno de los azules de la rubia. Sintió un ligero sonrojo que la hizo reír con suavidad ante toda esa retahíla de palabras zalameras de la pirata. Sin duda, Erah había olvidado esa capacidad de Belladona para hacerla sentir que no había mujer mejor que ella-. Me gusta que mantengáis vuestro peculiar don de la palabra. -ese mismo que ayudó a que Megerah se perdiera entre las sábanas con Reagan, una vez-. Sobretodo, al tratar con féminas. -enarcó significativamente las cejas por un segundo. Megerah casi podía asegurar que la pelirroja podía tener a cualquier mujer a sus pies con tan sólo decir las palabras correctas en el momento apropiado. A ella le había pasado. Incluso, cuando aún pensaba que tener algo más con una mujer no iba con ella. En realidad, sólo lo había tenido con Reagan. En eso la pelirroja tendría siempre la exclusividad. Porque Erah no concebía la idea de estar con nadie más que no fuese Thareon, hasta que la muerte decidiera volver a visitarla.

La rubia siguió a Reagan con la mirada cuando ésta fue a sentarse en su silla. No dijo palabra, como si quisiera mantener la expectación. Belladona no estaba del todo en lo cierto cuando dijo que Megerah nunca la visitaría sin más intención que hacer tratos-. ¿Os sería posible conseguirme algo de opio? -preguntó, después de  declinar con una negación de cabeza ese intento de convidarla a alcohol o algo de comida. Como si alguno de los pequeños la escuchara, un pequeño pinchazo se pronunció en su bajo vientre. La rubia no tardó en llevar una de sus manos al lugar, como solía hacer, mientras hacía el esfuerzo para que no se notara en su rostro.

Inspiró. Espiró. Un pequeño y viejo truco para calmar el dolor. Pero no siempre funcionaba-. Podría mentiros descaradamente y decir que no tenéis razón, que el trato en ciernes no es lo primero que me movió a venir a veros. Pero...-encogió la nariz en un gesto cómico- no se me da nada bien. -se encogió de hombros con cierta resolución, aún sin perder esa sonrisa que había ido apareciendo en su semblante-. Diré en mi defensa que no fue lo único que me impulsó a buscaros... -añadió alzando ambas cejas, así como el dedo índice, para darle importancia a sus últimas palabras.





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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Reagan el Miér 27 Jul - 16:19

Mentiría si dijera que los halagos de Megerah no me resultaban, valga la redundancia, mucho más halagadores que los que me solían hacer bastante de vez en cuando. La mayoría de las cosas buenas que decían de mí eran detalles vacíos, palabras pronunciadas por personas que buscaban mis favores y que normalmente no me servían de mucho.
Por otro lado, las cosas malas que decían sobre mi persona… esas eran las que de verdad me eran útiles. Porque la gente hablaba mucho de lo terrible y sanguinaria que era y aunque para ellos eso fueran características negativas, para mí era perfecto. ¿Quién no confiaría en una pirata que, joder, cumple con su función de pirata? Porque seamos honestos, todo lo honesto que puede ser alguien como yo, los piratas estaban hechos con otro molde diferente al posible mercenario estereotipado. Nosotros estábamos fabricados con otro material y la calidad de nuestros trabajos más la peculiaridad de poder hacer negocios por mar aumentaba bastante nuestro nivel frente a esos mojigatos que pensaban sacarse unas platas con tareas mal realizadas.
En un pirata se podía confiar. En la gran Belladona se podía confiar. Siempre y cuando se cumplieran todas las partes del acuerdo, claro. Porque si no era así, bueno, todavía andaba buscando a aquella panadera que me había dejado tirada para poder rebanarle el cuello. Pero eso era otra historia. Si es que no debería haberme fiado de alguien que caía en la tontería del escupitajo en la mano.

-Así que…- me estiré hacia atrás en la silla, llegando incluso a subir los pies a la mesa y cruzarlos encima. Apoyé las manos detrás de la cabeza, empujando un poco el gorro hacia delante, haciendo que el ala del sombrero me tapara gran parte de la frente y casi los ojos desde la perspectiva de mi invitada. Sin embargo, eso no me impidió notar cómo se llevaba la mano al vientre molesta -… algo de opio… miradnos- hice un gesto con una mano abarcando la estancia en al que nos encontrábamos -Haciendo tratos de nuevo, pero cada vez de forma más civilizada, espero que no se nos rompa la magia y caigamos en la rutina- añadí antes de lanzar un suspiro. Parecía mentira que estuviéramos sentadas, hablando con normalidad. Teniendo en cuenta que en nuestra primera comisión terminamos peleándonos y en la siguiente en mi cama. No obstante no iba a dejar que eso quitara importancia al hecho de que seguíamos allí, las dos, tratando de cerrar una nueva transacción.

-¿De qué queréis huir? Del dolor del embarazo espero. Es una sustancia peligrosa- mi trabajo no era hacer preguntas realmente, solo conseguir lo que se me pedía y recoger el pago, pero si se trataba de la sirena las cosas cambiaban porque normalmente no me preocupaba por los clientes casuales, y no era ningún secreto que ella no se encontrara entre esos clientes -Me gusta que seáis sincera conmigo- dije con una sonrisita que asomaba escapando de la sombra que proyectaba aquel sombrero estratégicamente colocado para que me hiciera parecer, qué digo parecer, para que se viera que realmente era una persona maravillosamente interesante -¿Qué más os impulsó a verme?

Bajé los pies de la mesa y me incliné hacia adelante sobre la silla como si pudiera de esa forma deshacerme de la distancia que marcaba la mesa entre nosotras. Con el índice di un golpecito con clase al ala del sombrero para poder recolocarlo en su sitio dejando de nuevo el rostro al descubierto. Todavía sonreía, pero esta vez tenía una ceja alzada.

-¿Me contaréis vuestra historia algún día?- pregunté al fin e hice unos aspavientos con las manos -No por nada… os haré un resumen porque debo reconocer que estáis llena de incógnitas. Primero me ordenáis un odre con la belladona suficiente como para dormir a la reina madre y a todo su séquito de lame culos. Luego, venís buscando veneno. Veneno que no vinisteis a buscar y aunque ya no os guardo rencor por ello, pensé que estaríais muerta. Luego resulta que aparecéis en un baile de la alta sociedad que acaba siendo un caos, para aparecer de nuevo más tarde en mi barco con una extraña y un trato entre manos tan jugoso como misterioso. Contacté con vuestro hombre como espero hayáis comprobado y, meses después, nos vemos las caras de nuevo. La cosa parece más relajada. Quizás sea el momento de que me contéis algo, aunque sea así un poco por encima. No os preocupéis por el opio, si hay algo que nos sobre a los piratas además del ron es eso. Solo debéis pedir una cantidad y os diré el precio.

Por Ini, creo que nunca había hablado tanto ni pedido tantas explicaciones a alguien que no estuviera bajo mi mandato, así que pensándolo un poco mejor, quizás me estaba pasando. Dejé escapar otro suspiro -Dejadlo, no tenéis que contarme nada. Supongo que si habéis decidido traer vida a este mundo es porque habéis logrado alcanzar cierta estabilidad de la que antes no disponíais. Es solo que… se me hace un poco extraño no saber realmente nada de vos y bueno, ya sabéis…
No quería decir en voz alta que todavía me preocupaba su seguridad.
Y debía recordar que ella estaba allí por su opio, no para contarme cuentos.




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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Megerah el Sáb 6 Ago - 15:55


Megerah, ahora recostada en el respaldo de su asiento, ligeramente ladeada, escuchó a Reagan, con cierta diversión-. Se me hace imposible la idea de relacionaros con una rutina, Belladona. No sois de las personas que caeríais en algo así. -contestó, negando ligeramente con la cabeza. Erah podía tener bien presente la sucesión de tratos que había tenido con la pelirroja. En situaciones completamente distintas, con circunstancias igual de dispares y resultados diferentes, pese a que Reagan siempre había cumplido con lo pactado.

La rubia agachó la cabeza, pensando en cómo expresar una contestación que no sonara del todo egoísta, hasta que la propia Reagan le dio la respuesta. Sus azules buscaron la mirada contraria, ahora oculta por el ala de su propio sombrero. Era curiosa esa costumbre que tenía la pirata de llevar sombrero hasta en sitios cerrados. Algún fetiche propio, seguro-. No os preocupéis. Sé que es peligrosa, no os iba a pedir una cantidad ingente, sólo aliviar un poco el dolor, como bien habéis dicho. -explicó la rubia, con tranquilidad. A diferencia de la belladona y el veneno que ya le había pedido en anteriores ocasiones, ¿qué significaba algo de opio?


Sin darse cuenta, lo poco que Erah se había separado del respaldo mientras hablaba, volvió a recorrerlo con un gesto divertido y hasta hastiado. No le apetecía dar muchas explicaciones de por qué estaba allí, más que nada porque ni ella las tenía todas consigo-. Os puede la curiosidad. -murmuró, asintiendo levemente esta vez. Se llevó la mano al pecho-. De no ser vos, ya me habría inventado cualquier excusa... o directamente, no habría confesado que vengo por más motivos. -rió con suavidad, antes de neutralizar su gesto, poco a poco. Bajó la mano, de nuevo, sin dejar de mirar a la pelirroja-. Sé que os puede parecer extraño, pues siempre he pactado con el dinero por delante. Tampoco es que dude de vuestras mil habilidades para conseguir prácticamente cualquier cosa. -se humedeció los labios levemente-. Pero... quería agradeceros el haber cumplido conmigo todas esas veces. -alzó entonces la mano izquierda y torpe, semiabierta, con el índice medio levantado, como si quisiera evitar que Reagan hablara antes de terminar ella-. Y, antes de que me digáis que sólo cumplíais con el trato, quiero que sepáis que no me refería sólo al ámbito profesional. -añadió, como aclaración. Por todas esas veces en las que Megerah necesitaba una mano amiga con desesperación y, los... tratos con Reagan, habían supuesto para la rubia la -quizás- ridícula sensación de no sentirse del todo sola.

Una sonrisa torcida acudió a sus labios cuando la pirata resumió lo que había sido toda su historia. Tratos, encuentros, decepciones y más tratos y encuentros. Curiosas casualidades que, sin querer, habían afianzado extrañamente los lazos de aquellas dos. Sus intensos azules buscaron los de la pelirroja, cuando ésta recapituló y le dio la opción de olvidarse de contarle nada-. Esa estabilidad de la que habláis... para mí nunca existió. -incluso ahora, con ese embarazo de cinco largos meses-. Es normal que os preguntéis tantas cosas, puesto que nuestras conversaciones poco se han desviado de los trueques y derivados. -relajó sus hombros, más que dispuesta a resumir lo que había sido su vida en el último año-. La primera vez que os busqué para pediros belladona, lo hice para salvar a un dragón que significa mucho para mí. Pero, por ayudarlo, perdería mi libertad como inquisidora y sabía que me torturarían. Fue por ello que os busqué una segunda vez para pediros veneno. -no apartó la mirada de la contraria, hablando tranquilamente y hasta con pausas frecuentes, ayudando a Belladona a tomar conciencia de su historia-. Sin embargo, me pillaron antes de que yo pudiera volver a veros para llevarme ese veneno que acabaría conmigo. -apretó los labios al acordarse de Corah, esa tortura a la que la sometió y lo retorcida que fue Megerah con ella para dificultarle la tarea a la dragona. Agachó la mirada, considerando que no era necesario contarle a la pelirroja toda la movida de cambio de manos entre dragones-. No pensé llegar hasta el punto de ser capaz de acabar con el dragón que me había desafiado. Y, si bien aquello podía darme la libertad, la traición que había cometido fue la falta perfecta para hacerme esclava otra vez. Y ahí, fue donde nos volvimos a encontrar, pues mi dueño era el anfitrión de aquella fiesta. -tragó saliva, sintiendo los labios repentinamente secos-. Y cuando pensé que aquella sería mi única vida, el dragón que ayudé y por quien hice todo esto, apareció en aquel baile. -sonrió ligeramente, al recordar aquel encuentro que le provocó un tremendo shock-. Me escapé aquella noche... y he vivido con él desde entonces. -volvió a repasar su vientre con una caricia de su mano-. La última vez que os busqué fue porque... -quiso decirle que era una de las personas más buscadas de Talos. Quiso confesarle todo acerca de la revolución que estaba en proceso. Quiso serle aún más sincera de lo que le estaba siendo- ... hay un gran plan en proceso -uno que Thareon había comenzado y al que Megerah le había seguido sin pensar-. Y, de nuevo, no supe confiar en nadie más para que me ayudara. -y esa sonrisa se dulcificó al mirar a la pelirroja-. Si os sirve de algo, no me habéis decepcionado ninguna de las veces. -confesó, cansada quizás de rememorar toda su historia. Parecía mentira que todo aquello hubiera pasado en tan solo un año. A Erah le parecía mucho más tiempo-. Espero que todo esto haya echado algo de luz sobre todas esas incógnitas que decís que poseo...





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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Reagan el Mar 9 Ago - 18:07

La rubia tenía razón. Mi vida nunca sería una rutina. Tampoco es que fuera a permitirlo. Era una mujer libre. Podía decidir a dónde ir y cuándo ir. Solo tenía que levar anclas y dejar que le viento me guiara hacia mi nuevo destino. Me gustaba pisar nueva tierra, sobre todo porque nadie más había estado en ciertos lugares, más bien islas perdidas, del mundo y podía encontrar cosas curiosas por aquellos sitios inexplorados.
Pero ahora estaba en Talos. Nunca había pasado mucho tiempo estancada en un sitio hasta que llegué a Talos por primera vez. Pero estaba justificado, era la ciudad de los problemas y del negocio. Había hecho buenos contactos y… demonios, me gustaba aquel agujero asqueroso. Le había cogido cariño.

-Puedo subiros el opio de la bodega cuando queráis. Si traéis el dinero, claro- dije y luego permanecí en silencio mientras continuaba hablando porque me iba a decir el otro motivo que la había empujado a cruzar de nuevo el ¿umbral? De mi barco.

Estuve a punto de replicar, pero el gesto de la sirena hizo que callara de nuevo y me recoloqué en la silla como pude, algo incómoda.
No tenía que darme las gracias. Yo siempre cumplía con mi deber siempre que hubiera un pago de por medio. Era algo que se hacía y ya está.
Luego apreté los labios sin saber muy bien dónde meterme, porque sus agradecimientos iban más allá. Me puse algo rígida. Quizás porque no lo esperaba o quizás porque nunca nadie me había tratado de esa forma fuera del trabajo y dentro del trabajo… realmente nunca se sabía cuándo las palabras eran sinceras o no lo eran del todo. Eso formaba parte del juego y era consciente de cómo había que jugarlo y de cómo lo hacía el resto.
Pero Megerah, una vez más era diferente al resto.
Y quizás, puede que quizás hubiera más gente como ella en el mundo. Puede, que incluso anhelara que hubiera alguien que se le pareciera y que lograra llegar a conocer a esa persona.
Solo esperaba que fuera también una mujer.

-Yo…- no sabía ni si quiera qué decir así que chasqueé la lengua tratando de quitarle importancia o relajarme o algo y la miré con una sonrisa -No voy a cambiar los lugares que frecuento. Ya sabéis los antros de mala muerte y mi barco. Así que sabéis dónde encontrarme cuando lo necesitéis.

Me encogí de hombros y finalmente me dispuse a escuchar la historia. Casi no podía creer que de verdad fuera a contarme algo.
Asentí ante sus primeras palabras, haciendo memoria de aquel momento en el que había venido a pedirme el veneno y cómo había resultado todo.
Mientras relataba todo lo que le había pasado intenté mantener una expresión neutra. Tan solo la estaba escuchando atentamente a ella, no había mucho que decir y no quería interrumpirla. Incluso cuando soltó el detalle de haber terminado con su dragón desafiador no levanté una ceja como lo habría hecho seguramente. Aunque no por asombro. Si yo había sido capaz de matar dragones, por qué no iba Megerah a serlo también. Ya me había sorprendido en muchas ocasiones. Me había pegado una paliza en nuestro primer encuentro y aunque el alcohol tuvo bastante que ver, creo yo, se ganó mi respeto desde aquel momento y en los siguientes.
Y tener el respeto de Belladona era algo muy valioso.

Nunca pensé que un humano que hubiera superado el desafío volviera a caer bajo el yugo de algún dragón. Siempre había pensado por lo que contaban al otro lado del mar que cuando un humano recuperaba su corazón se hacía rico y desaparecía del mapa para vivir en algún lugar tranquilo, libre y colmado de gloria.
No tenía que ser muy lista para suponer que el dragón con el que había escapado la noche de la mascarada muy probablemente fuera el padre de su futuro hijo, o hija mitad escamosa escamosa. Y que bueno, que ese gran plan estaría relacionado con la organización para la que Moira trabajaba.

Esperé unos segundos después de que ella hubiera terminado para levantarme y caminar hasta ponerme a su lado. Había confiado en mí. Seguía confiando en mí. De verdad.
Le sonreí afablemente y me quité el gorro dejando al descubierto mi cabeza al completo con la melena rojiza cayendo sobre mis hombros.

-Me alegro de que me lo hayáis contado. Tal y como vos misma habéis dicho, ha arrojado bastante luz sobre mis incógnitas. Claro que mis historias son mucho más increíbles- dije riendo un poco entre dientes -pero solo se quedan en cuentos de taberna. Vos habéis vivido, ya os lo dije una vez, puede que no la mejor vida de todas, pero ya tenéis más de lo que muchos ansían o han querido tener. Y espero que luchéis por mantenerlo- le coloqué el gorro a ella y me agaché en cuclillas a su lado para ponerme a la altura de sus ojos -Solo espero no veros cruzar más esa puerta para pedirme algo que acabará con vuestra vida. Nunca. Porque no me importará romper mi código. En lo que respecta a vos- puse una mano sobre su hombro -Sois algo más que un cliente y creo que ya lo sabéis con creces. Tenéis en mí a una amiga… o a lo que creo que debe ser una amiga- añadí frunciendo el ceño y bajando la mirada algo dubitativa.
Sacudí la cabeza haciendo que mis mechones rojos volaran libres de aquel gorro que me apretaba las ideas y me erguí al completo. Le tendí una mano a Megerah con una sonrisa.

-Para mí sería un placer que me acompañarais a las bodegas. Si no es mucha molestia en vuestro estado…

De aquella forma podría mostrarle alguna cosilla curiosa que tuviera en las partes más bajas del barco y entregarle directamente su droga en mano. Y bueno, simplemente pasaríamos un poco más de tiempo juntas.




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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Megerah el Miér 10 Ago - 21:43


La rubia pudo sentir esa incomodidad de Reagan según le agradecía el mero hecho de haber estado ahí para ella, en más aspectos de los que la pirata podía decir. Se notaba a la legua que la pelirroja no había tenido muchos de esos momentos de aplastante sinceridad en su vida. Megerah fue consciente entonces de la vida de máscaras y silencios tácitos que tenía que haber llevado aquella mujer para llegar a dónde estaba ahora. No era ningún secreto que Erah admiraba a Reagan en ese sentido, sin comparación alguna. Sabiendo la historia de ambas, cualquiera podría llegar a la conclusión de que aquellas dos mujeres no podían ser tildadas de despreocupadas. Y, menos de cobardes.

No obstante, un destello tierno apareció en los zarcos orbes de la rubia por aquella tensión en la pirata, poseedora del mayor de los corajes, necesario para enfrentarse a la peor de las bestias marinas e incapaz de sobrellevar un simple "gracias por todo".

Megerah acabó ampliando su sonrisa por esa evasiva de Reagan, prácticamente desesperada por cambiar de tema, ante tal incomodidad. La rubia sabía perfectamente dónde encontrarla en caso de necesidad. Y aunque no fuera tal. No necesitaba que Belladona se lo confirmase. No obstante, no hubo réplica por su parte, quizás, sintiéndose culpable por ponerla en tal aprieto.

Dejó la marea bajar, ayudando a ese cambio de tema con las explicaciones que la capitana de aquel navío le pidió. Estuvo atenta a los posibles gestos que Reagan hiciera al saber su historia. Megerah veía aquel resumen como algo tan normal en la vida de una persona, que se sorprendía cuando se encontraba con gente que acudían a las cuevas de la revolución, por el mero hecho de que ella estaba allí. Ella, que no se pensaba mejor ni más importante que nadie, se quedaba sin saber qué decir cuando esas personas la tildaban de diosa por el mero hecho de haber superado un desafío. La mujer se callaba tantas réplicas por no quebrar sus esperanzas que empezaba a preocuparla que realmente aquel dicho se extendiera. No era la única que había acabado con la vida de un dragón y había vivido para contarlo. No obstante, hacía verdaderos esfuerzos por hacerles entrar en razón sutil y suavemente. Algo que sorprendería a más de uno que llevaba sin ver a Megerah durante meses. Quizás, hasta Reagan lo estuviera notando en aquellos mismos momentos.

La observó incorporarse tras un breve silencio, posterior a toda esa retahíla de palabras que resumía parte de lo que había hecho. Mantuvo su mirada mientras se acercaba a ella con total tranquilidad e, incluso, alivio. ¿Acaso esperaba un rechazo por toda aquella revelación? ¿Acaso lo temía? ¿Por qué le importaba tanto la opinión que tuviera Reagan de ella? Llegó a tragar saliva, ahuyentando todas esas preguntas, cuando la pirata llegó a su altura, quitándose el sombrero. Megerah pudo ver entonces aquel intenso rojo que coloreaba sus cabellos, oscurecidos por la falta de luz. Consecuencias, seguro, de llevar sombrero siempre. Escuchó sus palabras, compartiendo su risa cuando la pelirroja rió. Al estar la pirata erguida, Erah tuvo que elevar su mirada y rostro para no perder aquellos azules de vista. Aún mostraba su sonrisa cuando, en un movimiento que no esperó en absoluto, Reagan le puso su sombrero. Éste cayó, ocultando parcialmente su semblante. Otra suave risa se le escapó mientras alzó la mano para recolocárselo. En cuanto lo hizo, vio a la pirata acuclillada, asegurándole que jamás le volvería a ayudar a acabar con su vida. Fue a replicar, pero las titubeantes palabras de la mujer de cabellos rojos la dejaron muda. No esperaba ese golpe de sinceridad por su parte, al ver la incomodidad que el suyo había despertado en la capitana. Y, en aquel momento, pese a no haberse visto ni compartido tanto tiempo como el que había podido compartir con Moira, Erah supo que sí, lo que Reagan había dicho... era completamente recíproco.

La mano de la capitana, ahora erguida de nuevo, la sacó de su pequeño bloqueo, volviendo a mirarla y aceptando su mano con una sonrisa más significativa de lo que esperaba, pese a que no era demasiado amplia. Sin pensárselo una segunda vez, con el brazo que aún tenía libre rodeó el cuerpo de la pelirroja, en un abrazo que acabó cerrando cuando las manos de ambas mujeres dejaron de estar entrelazadas. El sombrero, aún sobre Megerah se ladeó ligeramente en el proceso-. Ten por seguro que seguiré luchando por lo que ahora tengo... -hasta su último aliento. Su murmullo sonó cálido, mientras la rubia no concebía aún el momento de apartarse de la pirata, habiendo cruzado la barrera de la distancia de dos maneras distintas: con aquel abrazo y ese cambio de formas. No fue del todo el abrazo que quería, pues su vientre implicaba una limitación con la que no contó. Pero sí fue todo lo sincero que quiso que fuera-. Y tanto es... que sé que no volveré a ponerte en ese aprieto. -añadió antes de separarse con mucha más suavidad con la que la abrazó. Sus azules buscaron los de Reagan, para encontrarse de nuevo con una tensión con la que no contaba. Una ceja se le enarcó a la rubia entonces-. Apuesto a que esto no estaba precisamente en tus planes, ¿hm? -le bromeó, haciendo ella el esfuerzo por ayudar a la pelirroja a salir de ese estado de incomodidad-. Venga, vayamos a ver tus bodegas. Ya despertaste mi curiosidad.





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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Reagan el Mar 16 Ago - 21:11

Los cantos de las sirenas debían sonar parecidos a la risa de lady Megerah.
No podía negar que me hinchaba un poco el pecho de orgullo el lograr que la rubia pudiera pasar algunos de momentos de felicidad patrocinados por mi maravillosa influencia. Y bueno, tampoco estaba mal ver cómo una persona que te importaba estaba ahí, frente a ti, más viva que nunca. O al menos más viva de lo que nunca la había visto.
Por otro lado, no era solo ese sentimiento algo ególatra lo que sentía en el pecho, mas no iba a dejar que aquella sensación cálida fuera a decorar mis mejillas de nuevo, así que apreté los labios mientras me agarraba la mano, aceptando la invitación.
O eso supuse en un principio, porque en un plis plas de repente tenía los brazos de la rubia rodeándome y yo sin saber qué demonios estaba pasando.

Describir que mi interior era una especie de tempestad calmada sería un poco extraño, pero así era. Era simplemente eso, extraño. Abrí la boca para decir algo, pero ella de nuevo sorprendió mis defensas y bueno, después de aquellas palabras no tuve más remedio que devolverle el abrazo. Movimiento que prácticamente salió solo, después de titubear un poco. Así que la envolví entre mis brazos todo lo que pude puesto que su vientre era un detalle importante a tener en cuenta.
Era al fin un alivio poder confiar en que cuando Megerah dejara el barco esa vez sabía que no iba a dedicarse a buscar la muerte.
Cerré los ojos por un instante e inspiré profundamente. Solo los dioses sabían cuándo podría volver a tenerla tan cerca.

-Me alegra oír eso- dije casi en un suspiro porque era difícil que me saliera la voz en aquel revoltijo de cosas que se me estaban pasando por la cabeza.

Cuando se separó no supe muy bien qué hacer ya con mis brazos así que llevé una de mis manos sobre uno de mis hombros para frotarlo con suavidad en una especie de gesto tímido. Desde luego, la rubia no me hacía sentir del todo una pirata. Así no era como se suponía que debía comportarme con la gente. Me humedecí los labios y le sonreí durante unos segundos silenciosos, mirándola como una estúpida.
Antes de percatarme de que el tiempo corría y que teníamos que ir a la bodega. Así que carraspeé un poco y di un par de palmadas para espabilarme, recomponiéndome un poco.

-Vale, seguidme lady Megerah- dije mientras me dirigía hacia la puerta del camarote y la abría sujetándola por el pomo, dejando que ella pasara primero.
Cuando hubo cruzado el umbral de la puerta tano solo hacía falta caminar un poco por cubierta hasta la parte central en la que había unas escaleras que llevaban al primer piso, donde estaban los camarotes, parte de la armería. Sin embargo había que bajar otro más, hasta las bodegas, lugar donde se encontraba también un par de conjunto de barrotes. Allí era donde encerrábamos a los prisioneros o a personas que debíamos interrogar. No era algo que me gustara mucho eso de privar de libertad a alguien, pero a veces, temporalmente, era necesario.

Bajé sin ningún reparo y sin ninguna complicación. Eran unas escaleritas algo empinadas pero estaba acostumbrada a ellas. Me puse frente a ellas y alcé la mano hacia Megerah prestándole la ayuda necesaria para que pudiera descender sin peligro. Allí abajo había poca luz, así que en las bodegas haría falta encender unas cuantas velas para poder vislumbrar lo que nos rodeaba.
Estaba ansiosa por mostrarle a Megerah los tesoros que el Black Wraith escondía.
Y todavía guardaba una sorpresa más para la sirena.


Última edición por Reagan el Dom 21 Ago - 12:47, editado 1 vez




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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Megerah el Miér 17 Ago - 19:33

Pulsa en el play conforme leas :3

Erah no podía, ni quería, borrar la sonrisa de su cara. Ahora podía admitir que en aquella mujer había encontrado alguien en el que confiar ciegamente. Algo demasiado irónico por resultar ser nada menos que Capitana de un barco pirata. De haber sido otra la realidad, puede que el destino hubiese llevado a la rubia a enrolarse en su tripulación, en busca de aventuras... o más bien, huyendo de Talos. En esa realidad, podía existir la posibilidad de que ambas hubiesen compartido bastante más que todos esos tratos y encuentros. Pero, lo cierto era que, en esta realidad, Megerah adoraba al hombre por el que había dado todo y por el que había dejado todo en cuanto él le dio la oportunidad. La rubia era feliz y, era inevitable también que acabase influenciando su situación en su carácter, mucho más afable y relajado que el que Reagan conoció la primera vez que se vieron.

La vida de la redimida había dado demasiados giros desde entonces, acabando con ella, en uno de sus impulsos, visitando a la pirata una vez más, para hacer tratos... y, ahora sabía, que para algo más. Supo abrirse lo suficiente como para hacer saber a la pelirroja cuán agradecida estaba con ella. Una confesión que había incomodado a la mujer. Así como pudo hacerlo aquel abrazo que Erah le dio. Al menos, hasta que se lo correspondió.
Al separarse, la rubia frunció el entrecejo, sin dejar de sonreír. ¿Era vergüenza lo que veía en el gesto de Reagan? Un gesto que, sin lugar a dudas, la enterneció y la hizo ver lo deseable que se veía, tan desprendida de su carácter ladino, desconfiado y altivo, propio de cualquier pirata. Todo un descubrimiento que Megerah atesoraría para sí.
Quizás pudiera chantajearle posteriormente con ello.

Tras unos segundos, en los que ambas mujeres callaron, compartiendo una mirada cómplice, por todo lo vivido en apenas cuatro encuentros, la pirata la instó a seguirla, abriéndole la puerta de su camarote...


Erah salió al exterior, sorprendiéndose de los sonidos ambientales. Algo en lo que no se había percatado al llegar, demasiado concentrada -o nerviosa- por el recibimiento de Reagan. La esperó una vez en la cubierta, para seguirla instantes después al saber hacia dónde se dirigía. Sin perder esa sonrisa, ahora provocada por ese título que Belladona le otorgaba sin venir a cuento. Le parecía ridículo. ¿Lady? ¿Ella? ¡Habrase visto!
Miró las escaleras con cierta cautela, hasta que la mano de Reagan entró en escena, como representación consolidado de ese apoyo que la pirata significaba para ella. Megerah volvió a tomarle la mano con firmeza, bajando esos pequeños escalones, que ofrecían un aspecto peligroso a aquella escalera-. Cuántas veces tendré que decir que no soy lad-... -su voz se fue convirtiendo en un hilo de voz, hasta que la propia Erah se interrumpió, impresionada por aquella parte del barco. Una mucho más lúgubre que el camarote de Reagan. Allí, el vaivén que provocaba el oleaje del puerto se notaba más en comparación. La rubia podía escuchar las caricias de las olas a la madera; el crujir de ésta, ante el peso y el cambio de éste; las gaviotas, sobrevolando el puerto, en busca de algún pescador desprevenido, inminente víctima a la que robar algún pescado; el silbido suave de la brisa, colándose entre los maderos, dejando las mismas caricias que el agua en el barco. Todo aquello tenía cierta amplificación, que aumentaba conforme fueron bajando por el barco. ¿Cómo era posible tal diferencia con la quietud del cuarto de la capitana?-. Vaya, nunca pensé que impresionara tanto... -podía decirle que aquella sensación de verse encerrada entre maderas, a pleno nivel del agua, sin mojarse... aparte de ser nuevo para ella, no le desagradaba en absoluto.





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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Reagan el Vie 19 Ago - 20:47

El piso del barco en el que nos encontrábamos ahora era amplio, casi no estaba dividido por paredes y las hamacas donde dormían mis tripulantes colgaban por doquier a nuestro alrededor cumpliendo alguna especie de patrón ordenando aquel caos. Había barriles cercanos a las hamacas con cosas encima, libros, candiles, monedas, dados… pero mis hombres no estaban a la vista. Seguramente los únicos que se encontraban a bordo en aquel momento eran el cocinero y algún que otro despistado que se había olvidado de seguir a sus compañeros a la taberna más cercana y ahora tenía que emplear su tiempo en limpiar la cubierta. El resto del espacio estaba ocupado por sables, espadas, y algunas que otras armas repartidas por el suelo o apoyadas en las paredes de madera.

Sonreí dejándome embaucar por el sonido de la madera, de sus crujidos bajo sus pasos y el zarandeo de las olas al que ya estaba más que acostumbrada. Me giré hacia Megerah en cuanto escuché sus palabras y abrí las manos a mis lados, extendiendo los brazos e incluso inclinándome un poco hacia adelante.

-Y aún no habéis visto lo mejor- dije ignorando por completo que me había intentado advertir de nuevo que no le tratara con tanto respeto. Quizás debía comenzar a pensar en serio en aquello. Si íbamos a ser amigas o lo que fuera, era lo de menos ¿no? -Si os resulta agobiante la sensación de estar aquí abajo podéis sujetaros a mí en cualquier momento, sobre todo por el movimiento de las olas y todo eso- añadí a pesar de que no se le notaba en absoluto molesta, sino más bien lo contrario -Creo que ya os lo he mencionado alguna vez, pero habríais sido una buena pirata. Si alguna vez se os va la cabeza y decidís enrolaros os recibiré con los brazos abiertos. Total, a quién no le llama la atención surcar los mares dentro de un ataúd enorme.

Me encogí de hombros y caminé hacia uno de los barriles que tenía encima una palmatoria de metal con una vela. Al lado había un par de piedras grises, un pedernal. Con un par de golpecitos, saltó una chispa con la que pude encender la pequeña vela y agarré la palmatoria para volver a situarme junto al nuevo conjunto de escaleras que bajaban al piso más bajo y más oscuro de todos.

-Sigamos- y bajé con sumo cuidado iluminando los escalones. Una vez allí repetí mi mismo gesto. El de tenderle una mano a lady Megerah para que no tuviera ningún accidente antes de llegar al final de las escaleras.
Allí todo estaba oscuro y la tenue luz de la vela bañaba solo mi rostro parcialmente y un pequeño espacio a mi alrededor. De momento solo se podía vislumbrar un par de barriles a nuestro lado y unas cajas al otro.

-Cerrad los ojos- dije esperando que me hiciera caso y así pudiera ir hacia los pequeños candiles que colgaban de las paredes de las bodegas. Candiles cuya posición recordaba al milímetro, al igual que la disposición de toda la mercancía que había allí así que no tuve que andar a tientas ni nada. Comencé a utilizar la llama de la vela para prender el resto de velas que había en el interior de los candiles. Era una tarea un tanto laboriosa, pero en un minuto estuvieron todos encendidos y la luz amarillenta inundó todo el lugar. Una luz que no paraba de moverse y de cambiar las sombras de los objetos que había allí, como si así cobraran vida.
Me acerqué a Megerah y dejé la palmatoria sobre una de las cajas de madera que estaban junto a las escaleras.

-Ya podéis abrir los ojos- murmuré mientras mis ojos contemplaban las maravillas que se alojaban en aquella enorme bodega. Había decenas de barriles y cajas, llenos de bebidas, de comida y de otras sustancias menos saludables. Armas de todo tipo. Piezas de arte, como cuadros, bustos y grabados, incluso alfombras, de todos los tamaños imaginables, y que cupieran dentro de un barco. Hasta brillantes joyas colocadas cuidadosamente en el interior de expositores de madera y cristal.
Y obviamente, cofres, cofres con ropa, oro y algunos objetos que no sabía ni para qué servían, pero que seguro que algún chatarrero les encontraba algún atractivo.

Nuestro tiempo en Isaur había sido fructífero y estábamos en una de nuestras mejores etapas. Además, nuestro acuerdo con Moira y su organización nos proporcionaba lo suficiente como para poder subsistir.
Lo curioso es que la gran cantidad de tesoros de los que disponíamos ahora en el barco estaban destinados al comercio. Nosotros teníamos nuestras propias arcas de oro y cada pirata tenía su propio sueldo y su propio saco de monedas.
Y aún así, quizás nuestro botín pareciera un puñetero tesoro digno de las mejores mansiones del aristócrata más rico de Talos, pero las piezas realmente valiosas eran bastante pocas y estaban guardadas en cofres bajo llave. Las armas no eran de una calidad extraordinaria al igual que las joyas y los cuadros y eso… no es que fueran de antes del despertar ni nada de eso. Pero a los dragones les gustaban esas cosas, así que siempre había demanda.
Vamos que eran cosas de un valor un poco dudoso, pero eran muchas cosas.

Al menos estaba contenta de haber reunido todo aquello y haberlo traído a Talos para poder trapichear por la ciudad. Por ello estaba muy orgullosa. Era todo un logro haber llegado hasta allí con la tripulación tan horrenda que tenía ahora y bueno, las bodegas estaban llenas. Casi no había sitio por el que caminar y la vista era espectacular. Era como estar en los pasillos del lord Traralariel ese de la fiesta de máscaras. Solo que estos pasillos eran más pequeños y más oscuros.
Pero a mí ver el barco tan lleno de riquezas me parecía una de las cosas más bonitas que había visto en mi vida.
Así que me giré hacia Megerah, otra de esas cosas preciosas de la vida y le guiñé un ojo.

-Sois libres de trastear todo lo que queráis.




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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Megerah el Sáb 20 Ago - 13:21

La sensación de tener el suelo moviéndose bajo sus pies, pese a que Erah ya lo había notado de una forma más suave en el camarote de Reagan, seguía resultándole extremadamente extraña. Aquella burbuja entre maderas, risas de gaviotas, el sonido de las olas, con la pirata, se le antojó indescriptible para la rubia si alguna vez, alguien le llegaba a preguntar.

Desvió sus ojos de su observación personal por aquel piso, hacia la persona que iba con ella, cuando ésta articuló. La promesa que llevaban sus palabras, de algo aún más impresionante, despertó aún más la curiosidad de Megerah. Agradeció con la mejor de sus sonrisas, ese ofrecimiento de la pelirroja, pese a que no se sentía agobiada en absoluto. Al menos, en aquel mismo momento.

La rubia rió con suavidad, ante la idea de surcar ella misma los mares, como pirata. También vino a su mente aquella primera vez que hizo tratos con Reagan. Nada que ver con la relación a la que habían llegado, de confianza tácita y protección-. Sí, lo mencionaste una vez. Lamentablemente, la idea de verme limitada a un ataúd de madera rodeado de agua no me llama mucho. -parafraseó a la pelirroja, con esos términos que había usado. Megerah no podía negar que la aventura que suponía la idea era tentadora... pero no para ella, ahora que había conseguido lo que más había ansiado y por lo que más había peleado en este mundo.

Cuando volvieron a bajar, Erah ayudada por Reagan, ésta le pidió que cerrara los ojos. Megerah así lo hizo, manteniendo una sonrisa suave en el tiempo en el que oyó a Belladona moverse a su alrededor. Poco a poco, a través de sus párpados, vislumbró algo más de claridad, quedándose boquiabierta cuando la capitana le pidió que los volviera a abrir y le descubriera aquel... tesoro, repleto de piezas de lo más variopintas. Megerah no se había imaginado en absoluto que tal cantidad de riquezas se encontrasen en las bodegas de aquel barco, aparentemente al alcance de cualquiera. No por la facilidad de conseguirlas, que era nula, si no por la accesibilidad. Hasta ahora, no había conocido tesoro alguno aparte de la colección de arte de Kariel, en su mansión, con una seguridad y protección máximas. A su lado, le sorprendía sobremanera lo hábil que había sido Reagan, teniendo tales riquezas tan cerca. Con la venia de la pelirroja, la rubia se paseó con cautela y dificultad, llegando a rozar algún que otro objeto que llamaba más su atención con las yemas de sus dedos, como si le costase asimilar que todo ello era real-. No creo que alcance a imaginar el tiempo y el esfuerzo que te haya llevado el conseguir todo esto. -murmuró, ya con cierta entereza recuperada. No obstante, frunció el ceño ante una duda que le surgió en ese mismo instante, volviéndose a mirar a Reagan-. ¿Nunca te has planteado dejar esto en un lugar en el que esté a salvo de cualquier abordaje o hundimiento? -dio por sentado que, como el dragón rojo, Reagan quería mantener aquello para ella, en vez de usar todas esas cosas como moneda de trueque.





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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Reagan el Sáb 20 Ago - 15:39

Mi sonrisa no podía ser más amplia al ver cómo Megerah se paseaba por el lugar, rozando con los dedos algunas de las piezas que había allí.
Yo por mi parte hice más o menos lo mismo, solo que sin toquetear mucho nada. Sabía a la perfección todo lo que había y el inventario del que disponíamos.
Al final cogí una pequeña daga con el mango lleno de piedras preciosas y la funda realizada con una combinación de cuero y terciopelo que para ser honestas era de muy poco gusto, pero había clientes con toda clase de preferencias. Lo sujeté por los extremos con los dedos y me puse a mirarlo distraídamente mientras respondía a Megerah.

-Es mi trabajo. Es a lo que decidí dedicarme. No conozco otra cosa y sería terrible que mis bodegas volvieran a estar vacías otra vez- dejé la daga en su lugar y me acerqué a una estatua hecha de madera que estaba tallada a la perfección. Estaba policromada y lacada por lo cual la madera no se estropearía y además tenía colorines así que alegraría un poquito el salón de algún ricachón. Era la figura de un hombre embutido en una armadura con un casco bajo el brazo. Su mejilla estaba llena de escamas, así que obviamente se trataba de algún dragón. Quizás algún soldado que hubiese hecho algo heroico durante la guerra. O quizás fuera completamente inventado por la persona que se había dedicado a esculpirlo. Tampoco me sabía la historia de todos los objetos que estaban en el barco. Mientras supiese qué valor darle todo estaba bien y estaba claro que una burda estatua de madera no podía ser muy valiosa. Las caras eran de mármol o de materiales mucho más pesados y decoradas con oro y plata.

-La respuesta es muy sencilla. Todo lo que hay aquí es para comerciarlo. No hay nada pertenezca del todo a la tripulación. Lo que nosotros queremos es oro. Oro y ron para ser más exactos. Los objetos carecen de valor real, tan solo tienen el valor que la persona quiere darle. Esta estatua por ejemplo- le di un par de palmadas en el pecho -Quizás yo le ponga un precio, supongamos que pida cinco oros por ella. Puede que no me la vaya a comprar nadie porque nadie piense que es lo que deba pagar por ella. O puede que sí- me encogí de hombros -Hay que buscar a los clientes adecuados y saber regatear bien. Las palabras son importantes. Es como un juego de estrategia.

Me volví hacia dedicándole una sonrisa fugaz antes de caminar hacia una zona con tras barriles para abrir la tapa de uno de ellos dejando a la vista su contenido. Un montón de hojas secas de color más grisáceo que verde y acaricié las de la parte superior con los dedos para luego removerlas un poco y airearlas.

-Sin embargo, el oro permanece. El oro, la plata y el bronce. Porque al fin y al cabo no dejan de ser la forma de pago universal y porque también sirven para hacer otras cosas si se funden. Por eso las joyas son muy importantes también y por eso los metales valiosos sí los tenemos bien guardados bajo llave.

Metí la mano en el bolsillo de mi chaqueta, saqué una pequeña bolsita de tela de color violeta oscuro la abrí y la puse boca abajo sacudiéndola para dejar caer el contenido sobre el suelo a mi lado. Tan solo cayó un poco de arena. Luego la llené de aquella planta seca que había en el interior del barril y la cerré. Aquella dosis sería suficiente si se la racionaba bien.

-He escuchado que otros piratas hacen eso. Esconden sus tesoros en islas perdidas y hacen mapas… pero para qué. Yo con tener suficiente oro como para poder comer, emborracharme y pagarme un buen polv…- me quedé mirando unos instantes a Megerah mientras recubría el barril con su tapa -… y esas cosas, pues me es suficiente. Vivo el día a día ya sabes. Además es completamente incongruente esconder un tesoro e ir con el mapa por ahí para que te lo puedan robar tan fácilmente- caminé hacia la rubia y le tendí el saquito con el opio que había pedido -Y si se hunde el barco, no tengo que preocuparme. Yo me hundiré con él.




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Re: As if we could have a chance to have it all ~ Reagan

Mensaje por Megerah el Sáb 20 Ago - 18:49

- Por eso no soy pirata. -sentenció con la sonrisa ladeada tras unos segundos en silencio, después de la explicación tan generosa de Reagan. Mantenía en ella, su mirada mientras hablaba-. Pensamos demasiado diferente. -añadió, encogiendo uno de sus hombros, como simple disculpa. Ella no le daba demasiada importancia al dinero... ni estaría dispuesta a hundirse con un barco. Su marcado instinto de supervivencia, después de todo lo sufrido, no la dejaría acabar así.

Megerah seguía sumida en aquella pompa de ilusión, ante tanto objeto con valor. Al menos, económicamente hablando. Aunque la rubia había pasado su vida en el Castillo, y aún siendo esclava, había vivido con relativo lujo, no era materialista en absoluto. Por eso, le turbaba tanto tanta riqueza junta.
Se sentía abrumada por la idea de ser capaz de estar delante de objetos por los que la gente pagaría incluso fortunas... y que no despertaban para nada su interés.

... ¿O sí?

La mujer entrecerró la mirada al ver un par dos brillos extraños y esféricos, que las sombras medio cubrían, por lo que Megerah no podía alcanzar a verlo bien. ¿Acaso Reagan tenía animales también? Una mezcla entre indignación, sorpresa y extrañeza se asentó en el gesto de Erah. Tampoco es que pudiera verlo del todo. Con esto, antes de acercarse siquiera, miró alrededor, concretamente cerca de una de las velas que alumbraban. Con suerte, habría alguna vela apagada que pudiera usar... pero no le predió fuego de la forma más lógica. Como si temiese que aquellos dos orbes brillantes, de un tono glauco, desapareciesen antes de que ella volviera, tomó la vela con una mano y sujetó el cordel que prendía con el índice y el pulgar. Con una pequeña presión de éstos, saltó una pequeña chispa que acabó encendiendo la vela que ahora portaba. Había aprendido ese pequeño truco, a base de practicar y hacer tonterías en su tiempo libre, próxima a las hogueras que solían arder en las cuevas. Con la vela ahora en mano, alumbró ese hueco oscuro. Esos dos inquietantes brillos resultaron ser parte de la ostentosa empuñadura de un sable isaurí. Cosa que a Megerah tampoco le interesó.

Sopló, devolviéndole parte de su oscuridad a aquel lugar, antes de girarse de nuevo a Reagan. Sonrió ampliamente cuando ésta le tendió el saquito que supuso con opio. Dejó la vela cerca de la repisa de una de las cristaleras donde brillaban más joyas y pomposos objetos, seguramente para ricachones y sus queridas, antes de extender la mano para coger lo que Belladona le tendía. Con el saquito aún en la mano, Megerah agachó su mirada hacia uno de los bolsillos de su ropa, sacando una moneda de oro. Acabó ofreciéndosela a la pirata, como pago por lo entregado-. No lo tengo suelto, lo siento. -con una sonrisa de disculpa. En realidad, no lo sentía. No es que Megerah andase sobrada de dinero pero, siendo Reagan, no tenía reparo en ser generosa. No obstante, también sabía que la pelirroja podía enfadarse, por sus reacciones en tratos anteriores-. Entiende que viniendo sola y a caballo, lo mejor es no viajar con gran cantidad de dinero... Y no sabía cuánto podía costarme...





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Megerah
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