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Cuervos, cuervos (Elia)

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Cuervos, cuervos (Elia)

Mensaje por Thareon el Lun Jul 04 2016, 15:17

El cuervo blanco aprovechaba el mínimo despiste de sus negros compañeros para arrebatarles los trozos de migas y pipas de calabaza que caían al suelo. Su inteligencia era sagaz, y bastante más lógica de lo que cabría esperar. Munin era un pájaro singular. Thareon ya lo había averiguado aquel día en la casa de Lyvana, cuando se encontró con Elia casi por pura casualidad. Apenas acababa de recuperar su conciencia entonces, siendo todavía menos hombre que bestia. ¡Cuánto había llovido desde entonces! O más bien, a juzgar por el blanco y frío manto que cubría los campos de calabazas, cuánto había nevado...
De hecho, habían pasado meses desde aquel encuentro. Y en esos meses, Thareon había rescatado a Megerah, habían ido a Isaur, se habían encontrado aquel invierno al volver, y la revolución iba avanzando a pasos cada vez más rápidos. Lo que antes era una idea peregrina, poco a poco se iba tornando realidad...

Thareon había aprovechado el disfraz de vendedor de vino que había improvisado desde que estaba en casa de Kairsh. Después de lo acontecido en la mansión, aquel iba a ser su último viaje alrededor de las murallas del castillo. Ya había recabado la información que necesitaba. Pero todavía le quedaban un par de asuntos por zanjar. En cuanto lo hiciera, se dirigiría al norte, de regreso al calor de las cuevas de las montañas. Y al de Megerah...

Inspiró a través de la gruesa bufanda que le cubría la cara casi hasta la nariz, apartando por fin la mirada perdida en los cuervos. Munin había vuelto hacía ya un rato, así que su dueña no tardaría en llegar. Se encontraba junto a los campos que había cerca de la puerta este de Talos. Allí los labriegos se habían reunido en torno a un fuego que luchaba por crepitar bajo los copos de nieve que no dejaban de caer, y compartían la poca comida que tenían. No le habían reconocido, seguramente porque físicamente había cambiado demasiado, y porque los campesinos tenían cosas más importantes de las que preocuparse que de la presencia de un forastero. Thareon les había regalado las últimas botellas de vino y las últimas uvas de la reserva de la bodega de Lord Kairsh, y en agradecimiento, le habían dejado calentarse junto a ellos en aquel lugar. Lo suficientemente lejos como para que los guardias no le supusieran una molestia inmediata, y lo suficientemente cerca como para que se sintiera tenso y ligeramente incómodo bajo su aparente y muda tranquilidad.

Cruzado de brazos, apoyado en el carro, ajeno a las conversaciones a su alrededor, Thareon se preguntaba internamente cómo podía la Reina realmente permitir aquella situación. Cómo podía seguir escondiendo la cabeza, seguir preocupándose por... Bueno, ¿acaso algo la preocupaba más allá de su propia paranoia? El dragón azul lo dudaba enormemente.


El sonido de unas pisadas hundiéndose en la nieve le arrancó de su ensimismamiento. Thareon alzó la cabeza levemente, asomando sus irises azul topacio bajo la capucha llena de nieve, al reconocer la figura abrigada que se acercaba discretamente hacia él. - ¿Te han seguido? - Le preguntó a la mujer, cuando finalmente reconoció su rostro bajo los gruesos ropajes. El cuervo blanco alzó el vuelo, y fue a reunirse casi de inmediato con su dueña. Sí, sin duda era Elia.






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Re: Cuervos, cuervos (Elia)

Mensaje por Elia el Mar Jul 05 2016, 00:32

Recibir noticias de Thareon había sido un placer que Elia no había esperado recibir. Al fin y al cabo, nunca habían tenido más relación que la propia entre dos esclavos, y, de hecho, su último encuentro había sido lo suficientemente tenso, al menos en un principio, como para que la fémina pensase que el dragón no tenía la menor intención de avisar a la esclava. ¿Cómo podría estar segura de ello, en realidad? ¿Cómo saber que él realmente la llamaría meses después de aquel violento encuentro? ¿Cómo pensar que alguien requeriría de la presencia de una vulgar esclava para algo que no fueran sus quehaceres diarios? ¿Quién, en su sano juicio, creería en la palabra de una humana para la que los latigazos y los desprecios eran su pan de cada día? Él no podía, o más bien no debía, fiarse de alguien a quien apenas conocía y tener por seguro que no le delataría. Él no podía creer que Elia no abriría la boca en pos de mejorar un poco la precaria situación en la que vivía. Él no la conocía lo suficiente como para saber cómo se comportaría ella bajo presión, ni si ya se había metido en algún lío que requiriese de vigilancia. Él no tenía ni idea de lo íntima, lo peligrosa y lo dulcemente tóxica que se había vuelto la cercanía con otro dragón que podría, verdaderamente, representar un peligro para él si ella se iba de la lengua.

No. Él no lo sabía. No sabía que no era una rata cobarde que buscaba cobijo en las alcantarillas. No sabía cuánto pesaba su honor, ni tampoco el precio que estaba dispuesta a pagar por poder sentirse sólo un poco más libre de lo que lo era. No sabía a lo que se arriesgaba cada vez que se escapaba de sus tareas para jugar a ser otra persona. No sabía lo cerca que había estado de ser capturada y torturada por proteger a una de esas personas a las que amaba con todo cuanto era y a la que, desgraciadamente, no había vuelto a ver. Él no sabía con cuánta ventaja jugaba ella, ni cuán cerca podían estar mirándola. No sabía cuándo podría volver Feuerhaust, o si éste realmente se había ido. No sabía los problemas que había tenido con otros tantos soldados, ni tampoco los altercados de los que había sido orgullosa y vil protagonista… pero ella tenía algo, aunque no estuviera segura del qué. Ella tenía algo, porque en caso contrario, quizá no se arriesgaría a que la gente supiera que no estaba tan muerto como él había querido estarlo. Sonrió, más para sí misma que para quien pudiera estar mirándola. Quizá eso que había hecho que la llamase fuera que le defendió sin conocerle, aunque fuera de unos niños, cuando ninguno de los dos tenía nada.

Como fuere, sus pasos ahora la llevaban por el bosque tras haber burlado con una maestría digna de alguien tan escurridizo como lo era ella a los guardias que vigilaban las puertas; y ahora, mientras sus pies se hundían en aquella fría capa de nieve sobre la que Munin había decidido alzar el vuelo, tenía tiempo de sobra para plantearse muchas cosas, y no todas, por suerte para ella, estaban relacionadas con dragones. Algunas de ellas venían de su necesidad para hacer algo con el mundo que la rodeaba, para plantar cara a todo el fuego que había visto a lo largo de su vida y que aún la perseguía por las noches. Algunas venían de sus ganas de moverse, de romper con aquellas horribles cadenas, de ser libre para tomar sus propias decisiones y vivir como mejor creyera conveniente. Algunas estaban sospechosamente relacionadas con el graznido que el ave le dedicó para indicarle el camino correcto; graznido que el ave apenas se demoró en repetir cuando, ensimismada, inmersa en sus cavilaciones y nadando en el arroyo de su infancia, su paseo la condujo hacia el lugar de encuentro, donde se obligó a volver al presente cuando el pájaro se subió a su hombro y se arrebujó contra su capucha.

La mujer, entonces, pasó junto a los labriegos, dedicándoles una sutil inclinación de cabeza a modo de saludo cuando pasó junto a ellos de camino a la figura más solitaria de la zona. No pudo evitar sonreír al reconocer entre ellos al campesino que la descubrió robando aquella tarde vestida de espantapájaros, pero los verdaderos esfuerzos por contener las carcajadas vinieron cuando sus oídos le regalaron la oportunidad de escuchar cómo había vivido él el aterrador encuentro con el Dios de los pepinos. Tenía la nariz y las mejillas encendidas por el frío de la zona cuando se detuvo frente al antiguo esclavo, dejando que la viera y que fuera consciente de que iba a colocarse a su lado antes de que las distancias terminaran de reducirse. Precavida. Idiota quizá. Mejor ser cauta desde que él le colocase la espada en el cuello.

- No. –acompañó su respuesta ante la pregunta contraria de una sutil negación de la cabeza. Se recolocó la gruesa capa de piel antes de volver a hablar, ladeando ligeramente el rostro en pos de mantener el cordial esbozo que tensaba sus labios. No se anduvo por las ramas cuando preguntó- ¿Para qué me has llamado?


Última edición por Elia el Miér Jul 13 2016, 17:49, editado 1 vez




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Re: Cuervos, cuervos (Elia)

Mensaje por Thareon el Sáb Jul 09 2016, 18:17

El dragón sonrió y asintió con la cabeza, complacido con su respuesta. No le cabía duda de que Elia era perfectamente capaz de ser discreta si se lo proponía. Ya se lo demostró el día que se reencontraron en casa de Lyvana. Aún así, su instinto precavidamente afilado le instaba a hacer la pregunta de rigor.
Elia fue directa al grano, y Thareon dejó ir una nube de vaho por la nariz antes de contestarle: - Una vez me dijiste que si alguna vez te necesitaba, podía contactar contigo a través de Munin. Y eso he hecho, dado que hoy necesito tu ayuda, para algo que probablemente pondrá en riesgo mucho más que tu vida. - Desde lejos, Thareon y Elia parecían parte del bullicio y la conglomeración de gente que se cerraba en torno a la hoguera. Sólo dos paisanos más, que conservaban discretamente, totalmente ignorados por el resto. - De lo que estoy a punto de hablarte ahora, es algo que va contra el Imperio y la mismísima Reina Madre. Entenderé que quieras preservar tu seguridad, y la mejor forma de hacerlo sería no escucharme, coger a tu ave y marcharte de vuelta a Talos. Pero una vez te cuente lo que pretendo, puedes considerarte en peligro. - Thareon cambió su mirada del fuego a Elia, dejando que las llamas chispearan en sus irises azul topacio, creando un contraste singular. Había hablado con suma tranquilidad, pero sus palabras no habían carecido de contundencia. - No tienes que sentirte comprometida conmigo, Elia. La elección es sólo tuya.

Personalmente, dudaba de que Elia fuera a escoger el camino fácil. Tal vez Thareon no supiera gran cosa sobre la joven esclava, y no tuviera ni idea de las penurias que había tenido que soportar en su vida. Pero sabía, sin duda alguna, que a la mujer no le faltaba valor, honestidad y sentido de la lealtad. Además de haberle demostrado en el pasado que era una buena persona, también había respetado su secreto, aquella noche que se lo encontró. Si hubiera dado parte a las autoridades, podría haber mejorado su condición, tal encontrar un amo mejor, o incluso llegar a comprar su libertad. Pero no lo había hecho, prueba de ello era que Thareon seguía siendo un mero eco en el recuerdo de la gente, y no había carteles de "se busca" con su cara en cada rincón. Para él, aquello era prueba suficiente de que Elia era de fiar.

Pero elegir, dependía sólo de ella.






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Re: Cuervos, cuervos (Elia)

Mensaje por Elia el Jue Jul 14 2016, 00:39

Elia inclinó la cabeza, ocultando una sonrisa astuta entre las sombras que su capucha dibujaba sobre su rostro, antes de tomar finalmente un lugar junto a Thareon… y es que su respuesta no la había pillado por sorpresa.

No había más que ver, en realidad, las circunstancias en las que ambos habían coincidido como para darse cuenta de que el dragón no la llamaría para no ponerse en riesgo. De alguna manera, cada vez que habían compartido un lugar, la atmósfera siempre había estado dominada por un aire que no dejaba mucho margen a la cordialidad o a la tranquilidad de una cerveza en una taberna. Desde el primer día con las piedras al último de la espada, él siempre había supuesto un riesgo para Elia. Por defenderle se ganó un castigo de quien entonces había sido su amo. Por abofetear a uno de aquellos niños que habían chillado al de ojos topacio, se ganó el desprecio y los golpes de quienes la rodeaban. Por internarse donde no debía y, finalmente, reencontrarse con él, el susodicho casi le corta la garganta. Por eso sonreía. Porque ahora, ahora que se habían visto por primera vez en años en un lugar donde no tenía por qué haber ninguna clase de incidente, en un lugar donde no tenía que haber derramamiento de sangre o tensión por ser descubiertos, él, justamente él, le decía que sólo con saber lo que pretendía hacer, lo que quería hacer, o siquiera con ser oyente de aquello para lo que la había llamado, se estaba poniendo en riesgo a sí misma.

Se pasó la lengua por los labios, mordiéndoselos después e intentando contener una risotada ante lo irónico de la situación y de las palabras. De hecho, subió un poco la barbilla, escapando de la protección que la ropa le ofrecía a la parte baja de su rostro a fin de contemplar el cielo y tomar un poco de ese gélido aire que les rodeaba y volvía vaporosas sus respiraciones. El conocimiento siempre había sido algo que se pagaba caro fuera de la índole que fuera. Él lo sabía. Ella lo sabía. La advertencia era necesaria, pero, dadas las circunstancias, también se le antojaba inútil, y, en realidad, la sola mención de que aquello iba contra el Imperio, que iba contra la Reina Madre, consiguió despertar la más pura y ávida de las curiosidades en la humana.Munin le picoteó la mejilla y ella finalmente hinchió sus pulmones, llevando la mirada hasta la contraria antes de pronunciarse. Sus deficientes dotes verbales la obligaron a hablar con lentitud, sin la fluidez con la que él lo había hecho pero, sin lugar a dudas, con la misma contundencia.

- No me siento comprometida contigo, Thareon. –quizá fuera necesario dejar eso claro antes de continuar con la intervención. Quizá fuera necesario una pausa para que entendiese. Pocos eran aquellos con los que Elia se sentía comprometida. Asintió una vez más antes de llevar la vista al frente y frunció el ceño intentando ordenar sus pensamientos.- Los esclavos no tenemos nada. No somos nada. Tú lo sabes mejor que nadie. –no podían sentirse seguros en un sitio donde sus vidas estaban compradas y vendidas. No podían sentirse seguros en una jaula donde cada segundo que continuaban respirando era casi un regalo para lo que se le podía venir encima. No podían sentirse seguros cuando sólo un error podía salirle más caro de lo que nadie fue capaz de concebir. No podían sentirse seguros cuando habían probado el barro y se les obligaba a seguir arrastrándose por él, renegando de sus armas, de su orgullo, de su dignidad, de su deseo. No podían sentirse seguros cuando la menor muestra de afecto era juzgada y perseguida. Contuvo un suspiro y se giró para mirarle- Desde el mismo momento en el que nos marcan la piel, desde el mismo momento en el que ponemos un pie en la calle o levantamos la mirada ya estamos en peligro. –negó con suavidad y acarició distraída las plumas de las alas del cuervo albino.- Quizá no puedo compararme contigo, pero llevo mucho tiempo arriesgándome. Jugándome el cuello por… –por ser otra persona. Por seguir viéndole aunque las normas dijeran que no se podía. Por buscar un poco de aire en ese mar de humo que buscaba su asfixia y haberla encontrado en sus labios. Por fingir que nada importaba aunque todo lo hiciera. Por proteger a quienes amaba aun a riesgo de sí misma. Por poner fin a todo ese reinado del miedo, del dolor, de la miseria y de la pérdida.- … por ser libre. –libre para elegir. Libre para decidir por sí misma. Libre para tener lo que deseaba. Libre como lo fue en su infancia. Libre sin lujos, sin pretensiones. Tomó al ave en una mano, y la agitó en el aire haciéndole emprender el vuelo. Aún le siguió durante unos segundos con la mirada, buscando la manera de decir lo que quería sin exponerle y sin exponerse. Sin que ningún nombre ni ninguna señal que pudiera identificar a nadie saliera traviesa de su boca. Optó por repetir la pregunta inicial, esperando que la advertencia, que la duda, que el planteamiento que él le había expuesto, quedase más que resuelto- ¿Para qué me has llamado?




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Re: Cuervos, cuervos (Elia)

Mensaje por Thareon el Lun Jul 18 2016, 03:04

El dragón simplemente escuchó, al menos en inicio. Incluso se permitió imitar el gesto de Elia cuando ésta miró al frente, perdiendo la mirada en la inmensidad, cuando ésta mentó su pasado como esclavo. Aquello era lo que habían tenido en común, después de todo: los dos sabían perfectamente lo que era no ser nadie, no ser nada. Un mero objeto, una herramienta para aquel que quisiera utilizarla, sin nombre, pasado, presente o futuro. Como bien había dicho ella, los esclavos no tenían nada. Nada, salvo la ilusión de libertad que tanto se afanaban por mantener para no caer en el conformismo y en la habituación de los que se rendían.
El mero hecho de que mencionase las marcas propias de la esclavitud, provocó que el dragón se llevara la mano al rostro para palpar la ya familiar rugosidad que ascendía por su mejilla, bajo la barba, hasta la frente. Los tatuajes de Moloch le acompañarían ya de por vida, recordándole, sin dejarle olvidar, que él antes de nada, había sido parte del eslabón más bajo de la cadena de aquella sociedad.
Tan sólo otro de los tantos motivos que le impulsaban a emprender aquella guerra.

Al percatarse, finalmente, de que Elia tampoco estaba falta de motivos ni de intención a la hora de asumir el riesgo bajo su responsabilidad; Thareon no pudo menos que esbozar una sonrisa entre orgullosa y satisfecha. No dijo nada, sólo asintió con la cabeza, dejando claro que, con ese gesto, aceptaba su resolución y daba por hecho que la mujer había tomado libremente su decisión: luchar por la libertad.
Así pues, el dragón fue directamente al grano: - Necesito tu ayuda para conseguir algo que está en el castillo. Huelga decir que sería... tomarlo prestado sin permiso. - Una manera sutil de decir que quería "robar" algo del interior del castillo. Sabía que ella no pululaba por el interior de los muros del castillo por necesidad, pero sí que tenía habilidad y permiso para hacerlo dada la necesidad. Como otros esclavos de nobles, burgueses, o que simplemente pertenecían al servicio de la Reina Madre; Elia gozaba de cierta impunidad para entrar y salir, y eso era justo lo que Thareon pretendía aprovechar. - Se trata de los planos arquitectónicos del castillo. Ya hemos intentado hacernos indirectamente con ellos a través de la red y con la ayuda de una teniente del ejército, Julenth. Pero no lo han conseguido. - El intento de Julenth y Trystan había sido arriesgado y bien intencionado. Pero inútil.

Thareon tampoco esperaba más, realmente hubiera sido demasiado fácil conseguir los planos con sólo otear un poco la red y amenazar a un pobre guardia. De hecho, ahora el hecho se habría vuelto más complicado, a raíz de su fracaso: habría más vigilancia sobre los planos, y habrían vuelto a cambiar su ubicación, volviéndola también más secreta.
El dragón inspiró lentamente, desviando la mirada hacia la hoguera, mientras continuaba hablando: - Mi intención es contratar a un ladrón experto, que se encargue de robarlo sin llamar la atención. Pero necesitaría que alguien le ayudara a colarse por las entradas secundarias del castillo, y le guiara hasta la situación del objetivo. - Aún no tenía del todo claro quién iba a ser dicho ladrón, y ya empezaba a sospechar que tendría que aflojar bastante su bolsa de recursos para contratar uno sin riesgo a que le traicionaran. Pero incluso para el mejor ladrón del mundo, entrar de incógnito en el castillo resultaba toda una proeza que no cualquiera podía, o se atrevía, a realizar. En esa parte del plan, era donde entraba Elia. - Como esclava amante de la libertad, seguramente te conozcas más de una, ¿me equivoco? - Esbozó una sonrisa torcida, y le dedicó una larga mirada a la humana.






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Re: Cuervos, cuervos (Elia)

Mensaje por Elia el Miér Jul 27 2016, 04:22

A pesar de que Elia no estaba mirando a Thareon, supo que al sellar sus carnosos labios en un silencio que indicaba el fin de su escueta intervención, el dragón sonreía. No era algo especialmente difícil de imaginar. En realidad, bastaba con tener un poco de empatía y sentido común para entender un gesto como aquel. Bastaba con prestar un poco de atención y hacer un esfuerzo para entender que, a veces, no hacía falta más que un par de palabras, más que una pregunta, más que una sutil confirmación, para que las cosas empezaran a cambiar. Bastaba con permanecer a la espera, aguardando en pos de una explicación mayor para que él, aun con todas sus peculiaridades, y para que ella, con todo lo que la hacía única, se entendieran sin necesidad de compartir más que un momento como aquel. Bastaba con poco más que eso para que la mujer no necesitase apartar la mirada de la nieve que había en derredor para sentir el orgullo y la satisfacción que su interlocutor había puesto en aquel gesto. Bastaba aquello para saber por qué lo hacía… y también bastaba eso para que la esclava se comenzase a sentir incómoda por momentos.

Sabía que aquel esbozo venía impregnado con el orgullo y la satisfacción de quien ve cada vez más próximas sus metas. Sabía que sonreía con la alegría de quien se ve apoyado en algo aun cuando la situación es adversa y el mundo entero está en tu contra. Sabía que lo hacía con la dicha de quien ve sus planes ponerse en marcha, de quien tiene el viento soplando a favor. Sabía que esas mejillas se contraían con la ansiedad propia de quien ve a un aliado poner su hacha y su vida al servicio de una causa que aún le era total y absolutamente desconocida, manteniéndose fiel a su palabra. Sabía que lo hacía con la conciencia y el reparo de que lo que quiera que fuera que estaba planeando era complicado, pero realizable a pesar de todo. Sabía que lo hacía impulsado por unos motivos que nada ni nadie tenía potestad para juzgar o valorar; motivos en los que probablemente coincidiera con la propia humana… pero ésta, lo único que fue capaz de pensar antes de que las palabras del de cerúleas escamas llegaran hasta sus oídos, era que ese gesto no le gustaba lo más mínimo.

Quizá lo consideraba una muestra de arrogancia demasiado grande para algo tan peligroso como lo que estaba a punto de decirle. Quizá creía que ser consciente de los motivos de alguien que ha sido apaleado hasta la saciedad no era un buen pretexto para sonreír aun cuando fuera un movimiento casual y de aprobación. Como fuere, en realidad, no dijo nada, y tampoco dejó que ninguno de estos pensamientos aflorasen al exterior más que como una sutil inclinación de cabeza hacia su posición, con la que pretendía escuchar mejor la explicación de qué demonios necesitaba de ella… aunque le fue imposible no soltar una disimulada risa, sarcástica y resignada, cuando se supo segunda opción de algo que bien podría haber hecho en un principio sin levantar sospechas. Tragó saliva y meditó por largos segundos qué decir cuando él terminó.

- Quieres que guíe a un ladrón por el castillo para que robe los planos del lugar. –resumió, presionando los labios hasta convertirlos en una fina línea, alzando las cejas y asintiendo con suavidad, asimilando la información. Dio un paso al frente y llevó ambas manos a su espalda. Tomó aire hasta henchir sus pulmones al máximo antes de volver a pronunciarse. Frunció ligeramente el ceño, haciendo un esfuerzo por recordar- Entradas secundarias… conozco algunas, sí –se giró hacia él- aunque seguro que no tantas como tú. –añadió. Ella tenía cierta libertad de movimiento gracias a su condición de esclava y además no le iba a hacer especialmente arduo encontrar una excusa convincente para presentarse allí y deslizarse a sus anchas por los pasillos… pero nunca había prestado servicio entre esos muros, y estaba segura que el moreno, al haberlo hecho, se conocía más escondites, más entradas y más rutas de escape que ella. Pero si iba a hacer eso, si se iba a exponer a ser descubierta y a que si la cogían la torturasen y la ajusticiasen, tenía que saber algo más- ¿Para qué quieres esos planos?




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Re: Cuervos, cuervos (Elia)

Mensaje por Thareon el Jue Ago 04 2016, 17:41

Obviamente ajeno al hilo de pensamiento de la mujer, el dragón se limitó a asentir con algo de condescendencia al "resumen" de Elia. - Oficialmente, sí, esa sería tu misión. - No obstante, su expresión se tornó seriedad absoluta cuando especificó el punto más importante de aquella petición: - Extraoficialmente, no me fío de los ladrones a sueldo, y necesitaría a alguien de confianza que pueda vigilar al ladrón y evitar que nos traicione. Si los planos cayeran en malas manos, o la Inquisición se enterase de lo que pretendo hacer, todo se iría al traste, y nos expondría al peligro. - No había que ser demasiado inteligente como para deducir que, si al birlo en cuestión, le daba por apoderarse de algo tan valioso y utilizarlo en su contra, estaban perdidos. No podía arriesgarse a una jugarreta de ese estilo. Pero tampoco podía contar con otra persona para robar los malditos planos. Al final, era una cuestión de necesidad. Y precisamente por eso, para evitar que en esa necesidad le tomaran por tonto, Thareon necesitaba la ayuda de alguien como Elia. - Así que... básicamente te estoy pidiendo que seas mi seguro en esta empresa. - Lo que era bastante más complicado que ser una simple "guía", y por supuesto implicaba mucha más responsabilidad. - Mi contacto en el castillo se llama Gihaial. Me ha hablado de una ladrona del gremio isaurí, Katarina, que al parecer está dispuesta a firmar el contrato con nosotros. Una vez ella consiga los planos, debes asegurarte de que Gihaial sea quien los reciba, en mano. - Puntualizó.

Era más seguro eso que sacarlos del castillo en primera instancia. Sabía que Gihaial sería más que capaz de esconderlos en lugar seguro y hacérselos llegar a la base sin correr riesgos innecesario. Confiaba en la sabiduría del Teniente General, y confiaba en la prudencia y en la lealtad que había demostrado Elia. De la que no se fiaba, era de la tal Katarina. Por mucho que Gihaial le hubiera insistido en que, con la suma adecuada, no habría nada que temer; Thareon lo dudaba. Ya había tratado con la calaña ratera de Isaur, y sabía que confiar en ellos, era cometer un error muy novato.
Y el ex-capitán era muchas cosas, pero no un pelele principiante.

El comentario de la esclava, logró que Thareon suspirase, provocando la consecuente nube de vaho, y se encogiera de hombros, negando sutilmente con la cabeza. - Conocía algunas, pero probablemente la mayoría ya no existan o estén más vigiladas de lo que recuerdo. Puedo darte detalles de algunas, si quieres, y puedes explorar las posibilidades tú misma.- Al contrario que Elia, Thareon había servido casi siempre dentro del castillo, y se había escabullido de sus murallas muchas veces sin ser visto. Especialmente cuando iba a visitar a Irae. Pero hacía ya mucho de eso, y desconocía si las patrullas habrían cambiado, o hasta qué punto la Inquisición ahora metía el hocico en cada esquina del castillo. En aquel punto, dependía de Elia barajar cuál sería su mejor opción.
La pregunta de la esclava no le pilló por sorpresa. Thareon le contestó honestamente, y con una tranquilidad apabullante: - Para que mis hombres planeen un atentado en el castillo, en el mismo día en el que pretendo liderar un ataque contra la ciudad. Para sacar a la zorra de la madriguera, tienes que hundirla y obligarla a salir...- Podría haber estado hablando del tiempo, o de cualquier otra cosa banal, probablemente el tono de voz hubiera sido el mismo. No apartó su mirada de ella cuando, de repente, esbozó una sonrisa divertida al añadir: - Buscamos combatientes, por cierto, si aún sabes cómo usar ese hacha tuya...






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Re: Cuervos, cuervos (Elia)

Mensaje por Elia el Sáb Sep 10 2016, 20:32

La expresión de Elia se fue tornando poco a poco, conforme el dragón azul hablaba, en una inexpresiva máscara de la que lo único que podía sacarse en claro era que se estaba tomando con seriedad el asunto. Toda incomodidad que pudiera llegar a sentir quedó oculta en algún lugar bajo esas mejillas sonrosadas por el frío; todo enojo, toda chispa de rabia que pudiera sentir al saberse tratada, una vez más, de una forma que no correspondía con lo que era adecuado, con lo que pensaba de sí misma o siquiera con el respeto que alguien como ella pesaba que era correcto procesar hacia otro al que quieres creer un igual, se perdió en algún lugar de ese fulgor verde apagado que latía en unos orbes perdidos en la albura del paisaje que tenía ante sí… y todo su orgullo, toda esa indomable marea que formaba un carácter en demasiadas ocasiones difícil de tratar e imposible de doblegar, quedó oculto bajo todas y cada una de las capas de ropa que cubrían su débil cuerpo, impidiendo, una tras otra, que siquiera la tensión de sus manos saliera a relucir a través de sus guantes… o eso pensaba ella, ignorante de que el inesperadao viento que acababa de sacudir unos árboles al otro lado de las fogatas, haciendo caer la nieve de las ramas y sobresaltando por un momento a los campesinos, no había sido producto de la casualidad.

Decidió, no obstante, mantenerse en silencio, aprovechando ese peculiar paréntesis, esa efímera distracción, que por alguna razón que la esclava desconocía la había hecho desquitarse ligeramente… aunque no contaba con que el hombre al que acompañaba pronunciase el nombre de su pelirroja favorita y que eso, curiosamente, fuera lo que rompiera ese témpano de indiferencia en el que se habían ido sumiendo sus facciones. Elia giró la cabeza hacia Thareon como movida por un resorte, con los ojos ligeramente más abiertos y las cejas enarcándose, poco a poco, hasta encumbrarse en una expresión de sorpresa que no tardó en verse acompañada por una sonrisa que aumentó a su vez hasta transformarse en una queda carcajada. Lo suficientemente baja como para no llamar la atención del resto de personas pero lo suficientemente alta para que le moreno la oyera. Quién iba a decirle que al final terminaría volviendo a trabajar con aquella mujer; más aún, quién iba a decirle que en algún momento empujarían juntas en la misma dirección por algo que le reportase igual beneficio a ambas en lugar de sólo un divertimento o una bonita anécdota que contar llegado el momento. Se llevó la mano a los labios, intentando serenarse, y alzó la otra mano en un movimiento con el que pretendía excusarse.

- Katarina… –pronunció, retirándose la mano de la boca pero sin ser capaz de contener su propio divertimento- Es amiga mía. –mantuvo la sonrisa cuando habló, e incluso cuando se peinó un mechón rebelde tras la oreja. Realizó un movimiento casual con los hombros- Es una… ladrona eficiente. –comenzó a decir, balanceando la cabeza a fin de encontrar las palabras adecuadas. Alzó la cabeza, recuperando con ello la entereza y la seriedad- Legal. A su modo. He… colaborado con ella en algunas ocasiones. –una sutil manera de decir que meterse en líos lo llevaba a la orden del día. Más aún, que lo hacía a lo grande. Asintió con seguridad y una sola vez- Si dice que hará algo, lo hará. Es una mujer con muchos recursos. –se cuadró en el sitio, una manía que había adoptado después de tanto tiempo entrenándose y tratando con militares y soldados. Se encogió de hombros- Yo me fío de ella. Supongo que podrás decir lo mismo de… ¿Gihaial lo llamaste?

No quería que pareciera que era reticente de colaborar con alguien que podía ser, en realidad, una de las mejores opciones para que el plan llegase a buen puerto… pero si lo hacía tanto ella como Katarina se estarían jugando mucho, y más allá del problema que podría suponerle a terceros el hecho de que la Inquisición o cualquiera de los perros de la Reina se pusiera a husmear, le preocupaba, en primera instancia, lo que pudiera depararles a ambas. Lo demás… bueno, en realidad no tenía por qué ser necesariamente su problema. Se pasó la lengua por los labios y los tensó hasta convertirlos en una línea. Dejar los planos dentro del castillo, si era cierto que costaba tanto robarlos, puede que no fuera la opción más acertada

- Entrar no es problema, en realidad... –continuó, perdiendo la mirada y recordando alguno de los escondrijos, callejones y huecos por los que se había colado en más de una ocasión- Pero estaría bien no colarse por los mismos sitios siempre, así que si me puedes decir alguna por si se me ha pasado por alto… –no acaba de admitir que iba mucho al castillo últimamente, ¿no? Decidió cambiar el hilo de la conversación y manifestar su descontento- ¿Estás seguro de que dejar los planos dentro del castillo es una buena idea? –balanceó la cabeza y se encogió de hombros- Si tu anterior apuesta del ejército no pudo sacarlos… ¿no crees que si desaparecen de la noche a la mañana lo que harán será mirar dentro de los muros primero? –era absurdo dejarlos dentro. Ella podía entrar y salir a su antojo. Podía sacarlos de mil formas. Incluso si no era ella quien los sacaba, lo más inteligente era alejar el objeto del lugar tan pronto como su propietario lo echase en falta… y cuanto más vigilado estuviera, cuanto más valioso fuera ese objeto para su propietario, más pronto iba a notarse su ausencia. Eso era algo que había aprendido de una ladrona profesional. Eso era algo que había aprendido de Katarina. Negó con la cabeza. Esa parte del plan, desde su punto de vista, flaqueaba- Yo tengo una cabaña no muy lejos de aquí donde podría esconderlos si fuera necesario. O incluso en la mansión de… –se señaló mientas hablaba la zona de la clavícula, donde llevaba la quemadura- Está de viaje ahora y va para largo. Nadie se daría cuenta. –explicó antes de arriesgarse a una mala mirada por parte del dragón.-

Enarcó una ceja cuando, respondiendo a la última pregunta que ella misma había formulado, él le confesó el por qué de la necesidad de tener los planos. Tragó saliva y echó la mirada hacia el fuego, pensativa. No hacía mucho, él mismo le había dicho que un segundo reino del fuego no era algo que debiera tomarse a la ligera… y lo que pretendía, en realidad, era prender una mecha cuyas consecuencias quién sabe cuáles serían. No. No estaba en contra. De hecho, Elia creía que aquello era algo que debía hacerse… pero dudaba de que los pasos hasta lograrlo fueran realmente sensatos. Sonrió de medio lado cuando escuchó el comentario del hacha, y su mano diestra, convenientemente refugiada entonces en un pliego de la capa, apartó la tela para dejar ver el arma convenientemente colgada en su cinto.

- ¿Quieres que te demuestre lo bien que sé usarla? –bromeó para confirmar, devolviéndole la sonrisa, no exenta de esa diversión que alumbraba los ojos contrarios y de esa picardía con la que todo guerrero presume, sin hacerlo en realidad, de sus habilidades. Volvió a dejar la tela donde estaba- Sigo sin ver eso de dejar los planos dentro. –insistió, negando una vez más con la cabeza y manteniéndose un momento en silencio. Tensó los labios, repasando los puntos flacos del plan así como sus propias dudas- ¿Y dónde demonios guardan los planos? ¿También va a decírtelo tu contacto?




If you know the enemy and know yourself, you need not fear the result of a hundred battles.
If you know yourself, but not the enemy, for every victory gained you will also suffer a defeat.
If you know neither the enemy nor yourself, you will succumb in every battle.


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Re: Cuervos, cuervos (Elia)

Mensaje por Thareon el Mar Dic 20 2016, 13:31

Thareon no ocultó su sorpresa al enterarse de que Elia era amiga de Katarina. No era una relación que hubiera podido presuponer, probablemente ni siquiera adivinar. - Quisiera poder decirte que me dejas tranquilo. Pero supongo que rayo en la paranoia a la hora de querer fiarme de nadie. Es mucho lo que está en juego. - Y las cosas como eran: un ladrón siempre era un ladrón. No sabía cuán profunda era la relación entre las dos, no podía saberlo en realidad. Ni siquiera Elia. No con algo así de grande entre manos. Era inevitable que el instinto llevara al dragón a desconfiar. Por eso prefería que Elia y su gente de confianza estuviera presente durante el robo.

El dragón dejó ir un gruñido pensativo, pensando en las palabras de la mujer, intentando hacer memoria. Se pasó la mano enguantada por la barba larga y escarchada por el frío. - Hay una entrada, que yo recuerde, junto a los establos. Un hueco que conecta con las cocinas, lo utilizan para tirar la comida podrida y los desperdicios del día. No huele muy bien, pero nadie lo vigila. Solía escaparme por ahí antes de... - Se interrumpió. No era relevante, no estaban allí para hablar de viejas anécdotas. Si bien, la esporádica imagen de Irae surcó su mente inevitablemente.
El dragón carraspeó y volvió a centrar su atención en la rubia. - Bueno, estaría bien que lo comprobaras antes de nada. Luego, si subes por el techo de los establos, llegarás hasta la pared de la muralla. Escalarla desde allí es fácil, y al otro lado hay un roble cuyas ramas casi invaden la piedra. Podéis utilizarlo para bajar la muralla cuando escapéis. - Terminó de informarle. No sabía cuán desactualizada podría estar esa información. Hacía casi un año que no se escabullía entre los muros del castillo, quizá habían cambiado algo, o cambiado el orden y la situación de las patrullas. Comprobar si seguían siendo escapatorias válidas era trabajo de Elia y de la ladrona.  - Seguro que a tu amiga Katarina le parecerá pan comido. - Sonrió, con cierto aire entretenido. Casi lamentaba tener que perdérselo.

La insinuación de la esclava le hizo sacudir los hombros, presos de una risa grave y entretenida. ¿Tan tonto se pensaba que era? Negó con la cabeza, antes de añadir: - Los planos no se quedarán en el castillo. A Gihaial se los entregaréis la noche del robo, y él se encargará de hacérmelos llegar a mi esa misma noche, ya está planeado. Sin embargo, podríamos usar tu casa o la mansión en caso de necesitar un plan b, por si las cosas se tuercen. - Consideró, aunque no pensaba que fuera a ser necesario. O al menos, así lo esperaba. La vía de Gihaial era mucho más inmediata que la que proponía Elia, aunque nunca venía mal tener buenas alternativas, eso no podía negárselo. - En principio, vosotros encargaos de dárselos y de que, por los Dioses, no os cojan. - Especialmente de eso último era de lo que a Elia más le valdría preocuparse cuando llegara el momento. Si la cosa salía mal, podían usar la vía que proponía ella para conseguir los planos.

Ante la pregunta sobre la situación de su objetivo, Thareon habló clavando sus ojos azul topacio en el fuego, el cual los mercaderes de la caravana empezaron a extinguir, echándole nieve encima, provocando nubarrones de vapor. - En la biblioteca del castillo, es cuanto sé de momento. Gihaial se encargará de daros los datos concretos cuando sea el momento. Espiar con demasiado ahínco la red en busca de la información es peligroso, y nuestros contactos son precabidos. Puede que cuentes con la ayuda de una teniente del ejército, podrá protegeros dentro del castillo temporalmente si hay algún contratiempo.- Observó a la mujer, a través de la suave neblina que la evaporación había creado a su alrededor. - Lo importante es ser rápidos y discretos. Cuanto más tarden en darse cuenta de que los planos no están, mejor.

Por fin el fuego se apagó, creando oscuridad alrededor y acusando su falta de calor. Se creó revuelo al rededor: la caravana partía. Thareon se levantó del carro, se ciñó más los ropajes al cuerpo, intentando mantener el calor residual de la hoguera, y observó a Elia una última vez. - Debo irme, o me quedaré aquí hecho una estatua. - Acarició al cuervo una última vez, a modo de despedida. - Contactaré contigo cuando todo esté dispuesto. Hasta entonces, cuídate Elia. - Hizo una reverencia con la cabeza, le dedicó otra mirada intensa, y el dragón se alejó a paso seguro, fundiéndose entre la multitud caminante y los carros chirriantes abriéndose paso entre la nieve.






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Re: Cuervos, cuervos (Elia)

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