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The convoy (Mini-trama)

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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Kael el Lun 22 Ago - 10:11

No quería mancharse las manos con sangre inocente. Tiempo atrás, en otra época, le habría importado lo más mínimo asaltar a esos ciudadanos que bloqueaban el camino, o terminar con ese intruso que había tratado de cortar las riendas de los caballos sin éxito. Una vida más o una vida menos no eran importantes en la ecuación que suponía un sistema que, hasta hacía poco, consideraba perfecto, justo y ecuánime. Pero ahora, después de todo, la situación había cambiado. Esa gente que tenía delante eran ciudadanos inocentes. Personas que, debido a la tensión y el clima de crispación, lo estaban perdiendo todo y se veían en la necesidad de arriesgar sus vidas por diferentes objetivos. Y ellos, por mucho que ese dragón que sobrevolaba en esos momentos las calles pensara lo contrario, no merecían morir ni sufrir las consecuencias de ese sistema injusto que ahora ya no podía ni quería defender.

Por ello mismo, se mantuvo quieto cuando ese dragón que ya vio en la plaza hizo acto de presencia. Inconscientemente, llevó una de sus manos a la empuñadura del mandoble. No quería sorpresas, y el último encuentro con ese hombre había terminado en desastre. Un solo movimiento en falso y trataría de terminar con aquello rápido, pero, para su sorpresa, el de ojos rojos cortó las riendas de los caballos, liberando a las monturas, y levantó al otro chico del suelo...

O chica, por lo que dedujo a través de su voz. Enarcó una ceja durante unos instantes, sonándole especialmente familiar. Como si la hubiera oído antes en alguna parte, o tuviera un tinte o un matiz parecido a alguna persona que ya conocía. No obstante, el ruido a su alrededor y la aparición de Armand evitaron que sus conclusiones siguieran avanzando. Ladeó el rostro, escuchando las supuestas directrices del comandante sin entenderlas demasiado bien. Esa caravana no iba a moverse del sitio ya. Los caballos habían huido asustados por el fuego, y por mucho que el fuego se apagara, los alimentos iban a quedarse ahí. Y pedirle a dos ciudadanos que bien podían ser resistentes que colaboraran era, como mínimo, inocente por su parte:

Marcha al frente y comanda el convoy, Armand, yo me ocupo de esto. —La aparición de otro soldado solo le hizo darse cuenta de que, en efecto, las cosas no podían seguir así. Pero los intereses y objetivos de cada uno podían ser bien dispares, y en su mente resonaba esa alusión a los principios, esa forma de hablar. Como si... la conociera. De alguna forma. La miró fijamente, verde contra verde.—Te conozco. —Dijo, prácticamente sin pensar, agitando la cabeza después. Estaba confuso, y algo en su interior le gritaba un nombre, un nombre que, al mismo tiempo, no quería admitir en esos momentos...

Vamos a dejar la caravana aquí. —Su voz sonó más ronca, y su mirada se oscureció ligeramente.—Si conseguíis apagar eso, podéis hacer lo que queráis con su contenido, pero necesito tu ayuda con lo de ahí arriba.— Él no podía transformarse ahora. Sería una provocación y perdería el control del convoy en cuestión de segundos. Paradójicamente, ese hombre de ojos rojos tenía ante sí la oportunidad de hacer algo bueno y compensar lo que sucedió en la plaza, aunque supusiera darle la razón a esa mujer.





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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por El Juglar el Vie 26 Ago - 16:13

POST DEL JUGLAR

El convoy comienza a avanzar a un paso ciertamente lento. Los desperfectos causados en algunos pequeños bazares alrededor de la calle han provocado que la carretera no sea tan practicable como antes, y algunos de los ciudadanos que antes ejercían de humana barricada todavía se encuentran desubicados por la desconcertante mezcla entre el calor que emana del fuego causado, el humo, la dificultad para respirar y el gentío con sus confusos vaivenes. Algunos abandonan la escena, perdiéndose en calles más pequeñas y secundarias, y otros sencillamente prefieren mantenerse al margen, manteniendo las miradas fijas en los carromatos y en la figura del imponente dragón que, de una forma u otra, ha dejado de escupir fuego y se dedica a sobrevolar, casi al raso, el convoy. La amenaza parece haberse disipado gradualmente, aunque los menos osados prefieren ignorar las caravanas que quedan estáticas conforme el resto pasan por su lado, aquellas que, bien por el fuego o por la falta de unas monturas que tiren del vehículo, quedan a merced de la gente. El temor ante un nuevo ataque de esa bestia es real...

Como lo es también la certeza de que esos alimentos se van a echar a perder si nadie se atreve. Los soldados que antes ejercían de muro improvisado con sus escudos se mantienen, pero conforme los segundos pasan y las llamas lamen cada vez más cerca esa comida, los ciudadanos empujan con mayor vehemencia. No han recibido orden directa de apartarse, pero tampoco hacen ademán de mostrar mayores signos de violencia o desenvainar sus armas. Una fría y tensa calma parece haberse apoderado de la calle durante unos minutos, algo que contrasta con la escena que viven en el interior de ese convoy Elia, Kael, Daval y Braid. De sus decisiones parece depender gran parte del destino de esa caravana... Y de sus intereses personales, también. ¿Lograrán entenderse o lo echarán todo a perder?

Mientras tanto, fuera, Alrik consigue su objetivo. El chillido del ave rapaz distrae al inquisidor lo suficiente y, preso de la repentina sorpresa, suelta a Emhyr sin que siquiera le dio tiempo a sujetarlo con fuerza. El exiliado se agacha, pero el joven terrorista parece demasiado débil por el uso de su don, prácticamente inconsciente, como para responder a sus palabras de forma coherente. Balbucea alguna cosa ininteligible, y rápidamente varias personas, probablemente ciudadanos, dificultan la visión del inquisidor al alzar los brazos y protestar en voz alta por diferentes motivos. Es la oportunidad perfecta para escabullirse... O zanjar el asunto con el hombre de las manos enguantadas, quien comienza a moverse para ubicar la posición de su presa.

Conforme los segundos pasan, no obstante, el convoy sigue avanzando. Los soldados que se encuentran cerca de la caravana ardiendo empiezan a desplazarse, intentando mantener una precaria formación que sostienen gracias a los hombres de Armand. Pero los huecos son cada vez mayores y la impaciencia de la ciudadanía es cada vez mayor...

Es el momento de actuar.


Aclaraciones:

  • Cualquier duda se encuentra resuelta aquí.
  • Post introductorio para que os vayáis ubicando y podáis empezar a hacer lo que queráis. El convoy, si no hacéis nada, seguirá avanzando. Yo ya tengo un mapa hecho y una ruta.


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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Daval el Vie 26 Ago - 17:07

Es raro, por un momento la situación se veía medianamente más calmada, aunque ese medianamente duraba poco, las caravanas comenzaban a avanzar de nuevo y mientras lo hacían, también los soldados, de alguna forma comenzaban a rodear los vehículos que ya no se movían, la gente se debatía entre volver a asaltarnos o irse, otros solo se quedaban viendo como idiotas al dragón que sobrevolaba sobre nosotros esperando chamuscar algo más, aunque aquí es donde entraba yo, el, ella, ¿nosotros? Por un par de segundos me creí soldado cuando el mandamás con cara de pocos amigos nos dio algo así como la orden de detener al reptil, mira pues… ¿Cómo te lo explico? Es más fácil decirlo que hacerlo, pero antes de que me antojara de darle una respuesta ya tenía algunas ideas respecto a que hacer con aquel bulto de escamas, estaban el, la calle, los edificios, las caravanas abandonadas, creo que podemos hacer algo. –Oye ven, tengo una idea.- Le di una palmada rápida en el hombro a la rubia para que terminara de discutir con el de las linternas verdes y me siguiera, si bien parecía que tenía varias cosas más que decirle creo que se las ahorró por el bien del trabajo cuando me di cuenta de que ya me estaba siguiendo, esperemos que todos esos saltos coordinados de ella y mios nos sirvieran una vez más, o nos mataran, lo que viniera primero, aunque no somos tan idiotas para morirnos en un salto, pueden haber muertes más ridículas, en fin. Llegamos a la caravana que se había encendido por obra y gracia de… ¿La reina? Ya no ardía tanto como antes, así que sería más conveniente subirnos a esto, aunque desprendía un glorioso aroma a brasas y comida asada, y ya casi era hora de almorzar, supongo que podrán pagarme con esto después de que se arregle el asunto. –Agarrate salvadora, esto se va a poner… Bueno, mortal tal vez.- La chica se sujetó con rapidez a mi espalda mientras clavaba las garras en la madera carbonizada, toda la estructura crujía de una forma bastante fea cada vez que lo hacía, pero para evitar quemarnos, o al menos quemarnos demasiado no le presté demasiada atención, solo me preocupé por subir lo más rápido hasta el tope, ya allí nos tocaba esperar un poco hasta que.

Allí arriba se sentía como asadero de posada, al menos se sentía decente debajo de esas patas escamosas que traía por pies, no dolía ni nada, aunque no disponía de demasiado tiempo antes de que el fuego nos alcanzara o la madera se derrumbara por el peso de los dos, de cualquier forma el momento de la verdad no tardó demasiado en llegar, el dragón se acercó lo suficiente como para hacer la primera estupidez de mi parte este día, no espera, esta sería la segunda, la primera ya había sido meterme en todo este desastre, y ni siquiera estaba sacando provecho de ello, ahora más bien estaba preservando la paz, ¿que seguía? ¿Servicio comunitario? –Bien, no se si has volado antes, pero siempre hay una primera vez para todo!- Cuando me pareció el mejor momento, corrí hasta el borde de la caravana y salté con toda la fuerza que me daban las piernas, bien ya íbamos en camino, ya casi, ya casi… Y ahí mismo me quedo lo bastante cerca la cola del imbécil como para agarrarnos de ella, o más bien, agarrarme. Acabé clavándole las garras cual gato en la punta y comencé a escalar lo más rápido que me decía el sentido común, no lograba hacerlo sangrar, pero al menos me sostenía, eso era suficiente.

Varios segundos extrañamente eternos después, habíamos logrado subirnos a un dragón por primera vez, con esto los caballos se quedaban muy atrás, aunque la vista que teníamos no era demasiado agradable, y deprendía un leve hedor a azufre, pero por lo demás el servicio era decente, siempre y cuando no fuera muy turbulento. La chica se soltó de mí y ahora manteníamos el equilibrio aquí arriba. –Vamos a la cabeza, y esperemos que nos escuche.- Para mí no era tan difícil sostenerme, las garras de los pies me ayudaban a mantener el equilibrio, y mientras tuviéramos cuidado llegaríamos a tiempo, hasta ahora todo iba bien, creo que por primera vez podría controlar una situación sin llegar a destrozar todo o, terminar arrestado. –Mejor voy pensando en una renuncia.- Si alguien se enteraba de que ayudé al ejército me echarían a patadas de la resistencia,  aunque a como corren las voces, de alguna forma u otra se enterarían, y sabía que algún día tendría que irme, solo espero que mi salida no acabe siendo la más ruidosa.




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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Elia el Sáb 27 Ago - 19:46

De no haber tenido que estar protegiendo su anonimato y haber podido ir a cara descubierta en lugar de como una fugitiva, todos los presentes habrían visto cómo la ceja de aquella humana que había conseguido sortear la línea de soldados con poco más que una cada de frutas se alzaba hasta el infinito. Habrían podido ver cómo sus labios se tensaban y cómo su rostro al completo se desencajaba en la más pura expresión de rabia, escepticismo e incredulidad. Si hubiera tenido el rostro descubierto, cualquiera de ellos, la conociera o no, habría podido ver en sus facciones el sentimiento que asolaba todos y cada uno de los corazones de las personas que les rodeaban; todos habrían podido ver, con una facilidad pasmosa, cómo la vulnerabilidad de una condición miserable terminaba convertida en una furia indomable, y también cómo esa desesperación, ese desapego por todo lo que conocía, se transformaba en una decisión que, tarde o temprano, todos lamentarían… pero lo cierto era que nadie podía ver a través de la tela con la que se cubría. No al menos más allá de la forma en la que sus nudillos se tensaron o su espalda se irguió. No más allá del ángulo de sus brazos o la posición de sus piernas.

Los miró a todos, uno por uno. Escuchando lo que tenían que decir y crispando los labios, los dedos y el alma con cada vocablo que salía por cada par de aquellos labios dracónicos… y trató de contenerse, pero no pudo. No pudo hacerlo cuando aquel hombre, cuando el comandante de la marina, hizo acto de presencia y se atrevió a darle órdenes. A ella. A una insurgente. A una persona que cubría su rostro y atentaba, con ello, a las normas que debían defender y acatar. A una mujer que había burlado la línea de seguridad de los soldados con insultante facilidad. A una humana que había robado una espada del cinto de uno de los que hacían las veces de aurigas y ahora la alzaba en el aire, hacia el frente, hacia su posición, en un claro tono de amenaza. Su lengua se movió casi tan rápido como la sangre que cabalgaba por sus venas.

- Tú a mí no me das órdenes, marine de mierda. ¡No tienes ninguna clase de autoridad aquí! –y aunque no fuese así, aunque realmente la tuviera… ¿acaso en alguno de sus mejores sueños habría llegado a concebir que una rebelde le hiciera caso? No si la que tenía que obedecer era Elia, eso desde luego.- ¿Qué pretendes que hagamos? ¿EH! ¿Qué le tire una manzana a ver si le da en un puto ojo? ¡Vuelve a las bodegas de los barcos de donde has salido, sucia rata! –y se disponía en realidad a añadir algo más cuando su buen amigo Braid se metió de por medio, suplicándole, a ella y al de ojos rojos, que se detuvieran en pos de ayudar al pueblo. En pos de hacer un favor a toda esa gente e impedir que se muriera de hambre. Pobre muchacho. Él no sabía lo que era eso en realidad, y por eso no podía tener ni idea de qué fue lo que hizo que Elia avanzase un paso más, agresiva y amenazadora, para dirigirse ahora a él.- Quitarle al pueblo algo que le pertenece no es mi tarea, es la vuestra. –impertinente. Seria. Casi escupía cada palabra que pronunciaba, y cada una de ellas iban en un tono lo suficientemente alto como para que la gente que había tras las filas de soldados comenzasen a comentar al respecto.

Su pecho subía y bajaba con violencia cuando Kael intervino y mandó al moreno que había dado las primeras directrices que regresase a la cabeza del convoy. Inteligente, desde luego… aunque sus siguientes palabras la dejaron tan fría que por un momento creyó que su corazón realmente había dejado de latir. ¿Habían sido sus ojos? ¿Su voz? ¿Su pelo? ¿Su manera de moverse? ¿Sus palabras quizá? No lo sabía, pero supo, por aquel tono ronco, por aquella mirada oscura, casi perdida y por aquella expresión ausente, que aquello realmente era así… y juraría que sintió, por un instante tan breve como intenso, la ansiedad que golpeaba bajo sus escamas esmeraldas. Tragó saliva, nerviosa, en tensión. Batirse en duelo cuando él no sabía que era ella quien le respondía a los golpes era una cosa, pero obligarle a hacerlo cuando era consciente de la identidad del encapuchado que tenía delante, más aún después de lo último que vivieron juntos. No podía pedirle aquello después de las duras palabras que se dedicaron… y se sosegó. De alguna manera retorcida y entristecedora. Pero se sosegó.

- Realmente vas a dejar que la comida arda delante de la gente… –pronunció, bajando el brazo del arma y volviendo el brillo de sus ojos casi una súplica- Realmente vas a permitir que un dragón tenga aterrado a las personas a la que proteges… –incluida ella, que se estremecía a cada pasada de aquellas alas sobre su cabeza. Bajó los párpados cuando notó que sus ojos se ponían vidriosos y agachó ligeramente la cabeza, ahogada en un mar de sensaciones contradictorias en el que comprendió que, si había que hacer algo, tendría que hacerlo ella. Aunque eso supusiera poner en riesgo su vida. Aunque eso significase perecer en las garras de alguien a quien no conocía. Aunque eso significase abandonar todo lo que había tenido ocasión de conocer o amar. Asintió una sola vez cuando el de ojos rojos le dio una palmada en el hombro y la llamó a seguirle. Si Odín la llamaba aquel día, que así fuese. Sólo tenía un asunto que resolver. Uno sólo. Dejó caer la espada al suelo y se acercó al General con paso decidido, mirándole directamente a los ojos.- No dejes que esto quede impune. –e introdujo la mano en el bolsillo de su pantalón para tenderle el fragmento de tela donde estaba bordado el blasón de los Verminaard; ese que había cogido del suelo y que revelaba la identidad del dragón. O del híbrido. Luego tragó saliva y volvió a subir la mirada.- Despeja la calle. Que no te recuerden como el hombre que no hizo nada, Kael.

Podría haberle dicho cualquier otra cosa. Las despedidas y las palabras no eran su punto fuerte… pero los gestos sí, y por eso fue que, después de un rápido vistazo para asegurarse que los dos de más rango estaban de espaldas a ellos, levantó su embozo apenas lo suficiente como para liberar la zona inferior de su rostro, desvelando unos labios que dejaron un suave beso sobre los contrarios un segundo antes de volver a cubrirse. Elia se retiró entonces, acelerando el paso, al ver las intenciones de su inesperado acompañante, para coger de la carreta una larga cadena que se colgó del hombro antes de seguir los pasos del otro, avanzando con precariedad sobre el mar de tablas encendidas hasta poder colocarse a su espalda, deslizando tras eso los brazos sobre sus hombros, agarrándose a él como acababa de indicar. Tan obcecada estaba en su objetivo que casi ni se dio cuenta del calor que hacía allí arriba.

- Mi vuelo anterior fue más calmado. –comentó, asiéndose con más fuerza a él y cerrando los ojos cuando comenzó a correr. De hecho, hasta que el moreno no escaló por la cola del reptil y la mujer pudo mantenerse, temblorosa y agazapada, en un precario equilibrio, sobre el lomo de aquella bestia, no abrió los ojos.- ¿Escucharnos? –Se descubrió el rostro. Allí arriba nadie la vería. Señaló la cadena que llevaba consigo.- No. El diálogo se ha acabado.




If you know the enemy and know yourself, you need not fear the result of a hundred battles.
If you know yourself, but not the enemy, for every victory gained you will also suffer a defeat.
If you know neither the enemy nor yourself, you will succumb in every battle.


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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Alrik el Lun 29 Ago - 10:32

Resultaba extraño que Skadi se aventurara a volar por encima de los tejados de Talos. No solía alejarse mucho de la cabeza del cazador, pero cuando este se sumergía entre las abarrotadas calles y el antinatural paisaje, el ave simplemente no volvía a dejarse ver hasta que su dueño volvía a dejar atrás las puertas de la capital. Más extraño es aún si cabe que el orgulloso pájaro se dignara a ayudar de aquella manera a un muchacho cualquiera, por lo que un intrigado Alrik prefería acatar la extraña voluntad de su amiga que exponerse a sus chillones enfados “Mujeres” fue lo único que pensó antes de echarse demasiado poco delicadamente al joven como si de un saco de patatas extraordinariamente lleno se tratara, con intención de sacarlo de allí y de la vista de aquel siniestro personaje, esperando que el increíble caos que aún se respiraba en la zona unido al humo imposibilite cualquier persecución.

Los cada vez más enervados sobrevuelos de aquella iguana gigante, habían dejado claro no obstante la opinión de los dragones para con cualquier humano que estuviese allí presente aquella mañana. Otra vez los supuestos gobernadores del mundo no hacían más que tratarlos como a alimañas a las que permitían vivir más por lástima que por respeto u obligación. Las manos del montaraz apretaron fuertemente el mango del arco mientras depositaba al joven oculto en un callejón. Un poco más retirado de la turba que se arremolinaba aún en la zona, pudo comprobar como los soldados se replegaban de aquellas carretas que el fuego o la falta de animales de tiro había dejado inútiles, replegándose sobre las supervivientes o bien defendiendo a las figuras montadas.

Aquello, le da una oscura idea al cazador, surgida tal vez de su propia ira personal hacia aquel imperio corrupto, al ver la expresión de horror de muchos ciudadanos o la cara de decisión de aquellos que aún mantienen la amenaza sobre el convoy. Volviendo a colocarse el arco al hombro, comienza a escalar la fachada de un edificio desde un callejón, buscando una posición mejor. El estado de la fachada y su poca altura, son suficiente para que, tras mucho esfuerzo y algunos resbalones, alcanzara el pequeño tejado donde aún ondeaba una colada despreocupadamente.

Los vuelos bajos del dragón se ven incluso más notorios desde aquel tejado, por lo que Alrik decide avanzar arrastrando sus ya manchadas ropas por el frío suelo, para evitar ser visto tanto por los soldados de la zona como por los que aún defienden la caravana. Resoplando del esfuerzo consigue llegar al otro lado de la fachada, donde ahora boca arriba, toma un par de bocanadas para tranquilizarse mientras se descuelga su fiel arco del hombro. Y coloca el carcaj en el suelo para tener más libertad de movimiento. Solo entonces decide asomar levemente la cabeza por encima del tejado, observando que lenta pero inexorablemente el convoy continúa su curso inexorable. Aún agachado, intenta ignorar el viento que aquella vaca voladora arroja sobre su cara con cada pasada. Respiró pausadamente tres veces aún de cuclillas, parapetado contra el bajo muro de ladrillos que tímidamente, marcaba el final de la terraza y el inicio de una dolorosa caída, el humo en el ambiente le hizo recordar el fuego de su casa, de su aldea, el hedor a miedo, a suciedad, los gritos de dolor, de pánico, madres sin hijos, hijos sin madres, cientos de vidas devastadas bajo el fuego inmisericorde, igual de inmisericorde de aquellos que lo esgrimen, igual que al imperio al que representa el elemento.

Volvió a aspirar todo ese cóctel de sensaciones, paladeándolo, reteniéndolo en su memoria y haciendo suyo todos y cada uno de sus matices, paladeando el mal que sus señores habían vertido sobre aquel lugar, pronto tendría algo con lo que compararlo. Acarició la madera de la fecha con la yema de los dedos, delicadamente, antes de cerrar un ojo y apuntar a una de las soberbias bestias que tiraban de una de las carretas. Escuchó como si fuese la primera vez como aquella saeta surcaba el cargado ambiente, cercenando todos aquellos aromas y emociones como si fuese el aire de la más pura mañana de invierno tras una dulce nevada. Un nuevo grito en el cielo de su amiga llegó entre toda la confusión a sus oídos, si era animándole o riñéndole ya lo descubriría más tarde, pues el cazador ni siquiera se quedó a ver si la flecha impactaba en el objetivo, él ya estaba sentado, con la espalda pegada al pequeño poyete, cargando la siguiente flecha.
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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Kael el Miér 31 Ago - 6:18

Se sentía impotente. La sensación de tener a ese dragón encima, por mucho que su tamaño parecía indicar que se podía tratar de un híbrido o quizá de alguien demasiado joven, era claustrofóbica, especialmente cuando tenía delante a otro que ya había generado una masacre en la plaza, acabando con muchas vidas inocentes. Tenía las imágenes dentro de su cabeza, demasiado nítidas como para ser ignoradas, pero también sabía perfectamente que transformarse y comenzar una batalla aérea solo iba a provocar más bajas civiles. El fuego, el caos y los más que posibles destrozos que se podían generar sobre los edificios, los escombros cayendo y aplastando a ciudadanos... Nada, en realidad, indicaba que transformarse y mostrar su verdadera forma fuera una buena idea.

Y sin embargo, lo deseaba. Deseaba combatir y terminar con esa locura. Deseaba poder ver a través de sus ojos esmeralda como la muchedumbre se dispersaba sin que cayera nada sobre ellos, como abandonaban las calles sin ese temor desquiciante que ese dragón estaba generando con su mera presencia. Deseaba cerrar sus fauces en torno a ese cuello y bajarlo al suelo para arrestarlo y saber su identidad. Deseaba muchas cosas, pero no podía hacerlas. Kael cerró las manos en un puño, y este empalideció ligeramente conforme se clavaba las uñas y escuchaba las "delicadezas" que esa mujer le dedicó al comandante antes de que este se marchara. Parpadeó una sola vez, mirándola fijamente, y conforme los segundos pasaban y ella seguía hablando, especialmente cuando se dirigió hacia él, en su mente aparecía, cada vez con mayor intensidad, la imagen de Elia. Y por mucho que una parte de sí mismo se empeñara en negarlo, cada vez tenía más clara esa sospecha, esa certeza. Su forma de hablar, su manera de dirigirse hacia él, esa alusión, dolorosa incluso, hacia la decisión que estaba tomando...

Pero lo que terminó por descolocarle por completo, hasta el punto de dejarle en blanco, fue lo que ella hizo después. La vio venir, pero fue incapaz de moverse en primera instancia. Su deseo de saber la verdad o de ver su cara eran superiores en esos momentos al instinto racional de mantener una distancia por si se estaba equivocando. Le tuvo en frente y casi pudo aspirar su aroma por encima del humo y el sudor de los soldados. Contuvo inconscientemente la respiración y bajó el rostro, buscando unos ojos verdes que conocía casi más que los suyos propios. Y cuando la vio bajar el embozo y acercarse, sintió sus labios. Sintió ese suave beso, tan efímero como un suspiro, que solo significaba una cosa: Se despedía. A su manera, le estaba diciendo adiós. A su manera, ella iba a actuar sin que le importaran las consecuencias. A su manera, ella había tomado una decisión.

Se quedó quieto un instante, saboreando un gesto del que nunca parecía llegar a cansarse, antes de apartarla con suavidad. Su mente era incapaz de pensar o reaccionar, pero sabía que no iba a conseguir que se estuviera quieta. Que no iba a conseguir cambiar esa férrea determinación que había brillado en sus ojos...

Y lo único que podía hacer en esos momentos era evitar que, encima, todo se torciera entre ellos más de lo que la situación ya propiciaba. Si nadie les había visto y el gesto había sido corto, nadie tenía por qué sospechar. Pero cuando la vio subirse en ese hombre para después subirse a una de las caravanas y así saltar encima del dragón, su corazón se cerró de tal forma que parecía incapaz de latir con normalidad. El miedo y la tensión a que terminara muerta o aplastada sacudían su mente con demasiada fuerza, y el eco de sus palabras se entremezcló con la ardiente ansiedad que parecía emanar del blasón que ella misma le había dado, con la resignación que había emanado de la boca de la única persona que, a día de hoy, le importaba dentro de esa ciudad.

Gruñó, y en un instante se serenó lo suficiente como para hacer lo que debía hacer:

¿Qué estáis mirando?¡Que el convoy siga avanzando! —Los soldados asintieron un momento, dubitativos, pero el dragón esmeralda continuó hablando. Quizá habían visto ese beso, o quizá no, pero no tenía tiempo para bromas o comentarios poco afortunados.— ¡Vosotros, despejad la calle! ¡Ese dragón puede caer, avisad a los ciudadanos y evitaremos un derramamiento de sangre!— No obstante, él tomó otro camino. Rugió una sola vez, presa de una serie de sensaciones demasiado intensas, y subió a la caravana que tenía justo a su lado, arrancando la lona, y saltó después hacia la que estaba en llamas llena de alimentos. El fuego, de alguna forma, avanzaba despacio y no parecía demasiado intenso, por lo que empezó a, sin importarle que pudiera quedarse solo o sin escolta, a golpear con toda la fuerza que tenía en sus brazos con la lona sobre el fuego, tratando de apaciguarlo para que así no se extendiera más.

Con suerte, lograría el tiempo suficiente como para que alguien pudiera coger esa comida.





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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Armand el Jue 1 Sep - 0:03

-Que insolencia tan peculiar.- Si estuviéramos en otro lugar y ocasión seguramente habría mandado a encarcelar a aquella mujer por su tono de voz excesivamente confiado, no se si la juventud o el arrojo que ella trae le han hecho decir eso, pero sus palabras perdieron importancia al ser alejada del lugar por el otro joven y se sumían en una táctica casi suicida si el no fuera un hibrido, no todos los días a un loco se le ocurre saltar a la cola de un dragón, ni mucho menos a un pobre muchacho reticente como Braid se le ocurre venir y sacar alas de la nada para alcanzarlos, solo podía hacer conjeturas acerca de aquel colorido grupo, no era de mi disposición ni incumbencia averiguar que pudiera haber entre todos ellos, después de verlos mi atención regresaba con rapidez a lo que realmente merecia mi concentración.

Kael se apresuraba a tratar de disminuir las llamas sobre la caravana que parecía menos propensa a destruirse por completo, no era tan mala su idea, pero si lo hacía demasiado tiempo no podríamos sacarlo de allí sin riesgos. –¡¡Sigan avanzando!! Mantenganse cerca y no permitan que los derriben, dispersen al resto de la multitud.- Lo único que podía seguir haciendo era bramar ordenes a todo soldado que me escuchara, aunque el paso ahora se viera entorpecido por otro estorbo, entre el escandalo pude oir a un caballo chillando de dolor antes de caer al suelo, una flecha en su cuello era la causa, ahora sufríamos sabotaje desde quien sabe donde. –Rastreen el origen de esa flecha e incapaciten al atacante.- El encubierto se mezcló entre la muchedumbre en disminución al terminar de escuchar mis ordenes, mientras tanto ahora yo mismo me dirigía a la caravana que acababa de sufrir una baja, si se atrevían a atacarla de nuevo, yo mismo me encargaría del atacante después de haber asegurado el convoy.




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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por El Juglar el Mar 6 Sep - 11:48

POST DEL JUGLAR

Le resistencia de la mayoría de ciudadanos parece haberse apagado como unas ascuas consumidas por el frío. El convoy comienza a ganar cierta velocidad y ritmo debido a esto, aunque el problema del ejército ahora se encuentra en otro frente, concretamente sobre el cielo. Pese a que la presencia de Christopher parece haber sido atenuada, la sensación de inminente peligro no deja de ser una realidad...

Aunque parece que dos personas están dispuestas a intentar terminar con la amenaza. El plan de Daval y Elia es, cuanto menos, arriesgado. De no ser por las superiores condiciones físicas del híbrido, ambos habrían dado con sus huesos sobre el asfalto. Pero logran encaramarse a la cola del dragón y ascender por su lomo, ganando un equilibrio precario pero mínimamente estable. No obstante, la humana empieza a sufrir las consecuencias de estar sobre una bestia alada que sigue volando, sintiendo con mayor intensidad esa dificultad para moverse o estabilizarse por las corrientes de aire y los movimientos que el dragón realiza. A su vez, la cadena, pese a ser resistente, no es de un material especialmente fuerte, y parece que ha pasado por mejores tiempos. Da la sensación de estar algo oxidada y no aguantar todo lo que debería. La presencia de Braid, sin embargo, puede ser relevante en el curso de las posteriores acciones, aunque el dragón empieza a moverse de forma más agitada al sentir peso encima, tratando de quitárselos de encima con diversos giros.

Mientras tanto, a ras del suelo, los intentos de Kael surten efecto. Su fuerza dracónica le permite atacar con fuerza el fuego y disminuirlo, y a su vez, los soldados se mueven con rapidez, tratando de advertir del peligro que corren si se quedan. Sin embargo, se producen dos efectos contrarios: Algunos ciudadanos parecen hacer caso y marcharse, pero otros, al ver que los soldados que ejercen de muro de contención avanzan junto con el resto de la carga, se aproximan a la caravana donde se encuentra el general, metiendo las manos en su interior y tratando de sacar todo lo que pueden. No son pocos os que sufren quemaduras leves, pero parecen desesperados y no da la sensación de que se vayan a apartar. Conforme los segundos pasan, más y más personas acuden, rodeando el general del ejército. ¿Estará en peligro o sencillamente le ignorarán?

Otros, como Alrik, parece que tienen claras sus intenciones y su alineación en este caos. La flecha sale disparada, y su habilidad con el arco provoca que el impacto sea pleno, justo en el cuello del caballo. La sangre empieza a brotar y un sonido espantoso escapa de la boca del animal antes de caer al suelo. El peso, sumado al hecho de encontrarse atado mediante las bridas junto al otro caballo, provoca que el segundo animal se vea obligado a detenerse, encabritándose al oler la sangre y  deteniendo de nuevo el convoy. Las acciones del exiliado parecen consecuentes, pero la sombra del dragón sigue sobrevolando la zona...

Y ahora, además, tiene algo más de lo que preocuparse: Armand. La orden es clara y contundente, y el hombre se mantiene atento a todos los tejados. Una segunda flecha podría delatar su posición y ponerlo en una situación complicada... Pero, en esa tensa espera, dos soldados se acercan al animal muerto y comienzan a cortar las bridas, confiando en que un solo caballo pueda tirar de la caravana. De no actuar, puede que el convoy siga su trayecto y el objetivo del exiliado se pierda en el olvida. De hacerlo, será su vida la que pueda estar en juego.

De una forma u otra, todos los presentes se están jugando algo más que el honor, los principios o el orgullo.

Aclaraciones:

  • Cualquier duda se encuentra resuelta aquí.
  • Post introductorio para que os vayáis ubicando y podáis empezar a hacer lo que queráis. El convoy, si no hacéis nada, seguirá avanzando. Yo ya tengo un mapa hecho y una ruta.


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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Elia el Sáb 10 Sep - 11:38

Volar. Una sensación que le otorgaba al mismo tiempo plenitud y vértigo. Euforia e incertidumbre. Tranquilidad y desasosiego.

Contadas eran las ocasiones en las que un humano, a lo largo de la historia, había podido experimentar lo que era volar a lomos de un dragón. Contadas eran las ocasiones en las que una criatura inmortal e imperecedera, hermosa y terrorífica, dejaba que otra, miserable y prescindible, se erigiese sobre su lomo y sobrevolase el mundo de los hombres, el mundo que ambos, en conjunto, habían erigido. Contadas eran las ocasiones en las que uno de ellos, orgullosos y arrogantes hasta la saciedad, veía en el hecho de surcar los cielos con alguien no un insulto ni una vejación, sino una posibilidad de compartir algo realmente maravilloso con un alma encadenada a la tierra. Contadas eran las ocasiones en las que la sombra que proyectaban las alas de aquellos seres había dado cobijo o esperanza en lugar de miedo y desolación, o en la que sus voces furiosas, profundas y reverberantes habían pronunciado algo más que órdenes y amenazas. Contadas eran las ocasiones en las que uno de ellos, en las que un hijo del fuego, encontraba un igual en un ente de ceniza… y contadas lo eran también momentos en los que, como aquel, tres personas distintas, tres razas distintas, eran capaces de hacer a un lado sus diferencias en pos de algo mayor. En pos de algo realmente importante.

Elia lo sabía, aunque aún no era del todo consciente de ello. Sabía lo fuerte que podía ser la unión de dos fuerzas distintas. Sabía el valor que podía darle aquello a un corazón oprimido o a un alma cosida a latigazos. Sabía la importancia que tenía para alguien que había perdido las ganas de vivir o que simplemente se resignaba a aceptar lo que quiera que fuese que se le viniera encima… y por eso, refugiada como buenamente podía en el lomo de aquel reptil alado y agazapada contra aquel mar de cálidas escamas, la esclava pudo encontrar, a pesar del temblor que engarrotaba a sus músculos por el miedo a caerse o a morir aplastada, la entereza necesaria para tomar aire, henchir sus pulmones y levantar la cabeza. Pudo encontrar la fortaleza para empezar a moverse, con lentitud pero asegurando cada paso, en su camino a la cabeza del híbrido. Pudo encontrar la serenidad necesaria para hacer frente a ese viento que, tan pronto como se irguió sobre sus piernas, perdió tanta intensidad que casi parecía que un muro invisible, nacido de lo más profundo del pecho de la mujer y alimentado por sus propias fuerzas, se levantase para protegerla… y pudo encontrar, en el hombre de ojos rojos y en una voz que no tardó un solo segundo en reconocer, la seguridad de sentirse acompañada. La felicidad de verse arropada por personas que, cada una a su forma, intentaban transmitir, como ella, un mensaje.

- Siempre. –y su voz, acompañada de una sonrisa sincera y cálida a Braid, salió casi como una promesa. Le hizo un gesto con la cabeza y le animó a que la siguiera, ignorando, con esa simplicidad que la caracterizaba, la incuestionable posibilidad de que hubiera sido testigo de esa cercanía para con el General que llevaba tiempo escondiendo y negando, consciente de que, si no la había delatado ya, probablemente no lo haría. Su dorada melena se agitaba con fuerza a su espalda cuando asintió ante sus siguientes palabras- Hay que sacarle de la calle.

Aunque decirlo fue más sencillo que hacerlo. A pesar de la estabilidad que el aire que giraba en torno a su femenina silueta le proporcionaba, los giros de aquella criatura, que parecía intentar desesperadamente quitárselos de encima, la hizo caer y resbalar en alguna que otra ocasión, y de no ser porque esa burbuja que la envolvía hacía que se mantuviese en el sitio o que su caída fuera algo más lenta de lo normal, no le habría dado tiempo a agarrarse, en más de una ocasión y en más de dos, a las espinas que brotaban de la columna vertebral de su montura particular… pero se estaba cansando. Inevitablemente lo hacía, y el cansancio llevó a la angustia de verse inútil. La angustia llevó a la ansiedad. La ansiedad, a la impotencia... y la impotencia, a una acción desesperada.

En el último giro que aquel ser describió, la mujer recorrió el tramo que le quedaba hasta llegar al cuello, deteniéndose en el lateral que favorecía el giro y arrojado por ella la cadena pero manteniendo bien agarrado uno de los extremos, confiando en que la inercia del vuelo hiciera que aquellos eslabones rodeasen la garganta del alborotador y volviese a subir por el otro lado, donde, si todo iba bien, la agarraría el hombre de ojos rojos que la había ayudado a llegar hasta allí… o al menos esa era la idea al principio, pues apenas los músculos del dragón se movieron bajo los pies de la humana, ésta perdió la estabilidad que había conseguido, desequilibrándose y resbalando por aquella piel en dirección hacia el castaño, hombre al que se agarró, con la mano que le quedaba libre y toda la fuerza que consiguió aunar en un intento de mantenerse en el sitio aun cuando sus pies pendieran del vacío.




If you know the enemy and know yourself, you need not fear the result of a hundred battles.
If you know yourself, but not the enemy, for every victory gained you will also suffer a defeat.
If you know neither the enemy nor yourself, you will succumb in every battle.


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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Daval el Dom 11 Sep - 19:01

Esto si era montar animales, no como aquella estupidez de domar caballos salvajes o caerse a hostias con una manada de huargos con la vida en medio, aquella cosa se retorcía y forcejeaba como una serpiente mal sostenida, como si intentara azotarnos con su propio cuerpo, pero seguramente eso le haría daño a el y pues, a todos. Mientras mantenía el equilibrio a la fuerza con las garras, avanzábamos con cuidado de no hacer un mal movimiento entre aquella turbulencia voluntaria, aunque creo que la colega con melena rubia no estaba de humor para irse por las ramas, en aquel ultimo giro que el reptil realizó se nos apresuró a llegar a la posición más conveniente del cuello, y sin perder tiempo se le ocurrió amarrarlo cual perro con una cadena que traía… De donde la sacó? En fin, supongo que tiene buenas manos para ser ladrona, eso podría servirle para conseguirse una buena vida en los sitios bajos, lo que no nos esperábamos mientras me decidí a seguirla era que entre los retorcijones de aquel imbécil con escamas la chica acabara resbalándose, aunque hizo buen uso de los reflejos, antes de caerse por completo se sostuvo de mi tobillo, aunque por una mala pasada de la suerte no tenía muy buena postura por correr y pues, digamos que se sujetó pero no de la manera más comoda…

Jamás intentar estas posturas:

Por suerte lo hizo después de que sujetara el extremo de la cadena que acababa de llegar por el otro lado, pero… Ohhh dios… -Esto va a doler mañana…- Antes de que ocurriera otra acrobacia de improvisto volví a juntar las piernas lo más rápido que pude, y esta vez me aseguré de sostener yo mismo a la loca que… No espera que yo también estoy loco, como sea, ya no estábamos en riesgo de muerte, no inmediato, pero era algo.

-¿Sabes domar dragones?- Le quité el otro extremo de la cadena y las junté, apenas y sobraban no más de cuarenta eslabones, lo suficiente para darle un buen tirón por el cuello, o al menos para dirigirlo a donde debíamos, lo mejor de todo es que no era la única idea buena del día, traía unas cuantas en el camino al puente pero involucraban matar a esta cosa, y yo no soy de los que colecciona trofeos tan grandes, o de los que comen reptiles ígneos. Pero ahora seguía una parte interesante de lo que estábamos haciendo ahora. –Sostén las riendas y dame un segundo.- Bueno, levantar una tapa de alcantarilla era bastante sencillo, pero esta clase de trabajo solo se hacían de garras para afuera, y por trabajo me refiero a comenzar a clavar los dedos en este piso indeseable y comenzar a levantar una de las baldosas, veamos cuanto le duele al idiota este que le quite una escama, aunque es bastante dura, como sacar una piedra especifica de un muro. Un poco más, con cuidado y… Salió! Aunque la reacción no fue precisamente placentera, la turbulencia aumento y mucho más cuando me dio por enterrar la mano en ese amasijo de carne de olor asqueroso mientras con la otra sostenía la pierna de la rubia por si acaso, después de un rato demasiado largo sosteniéndonos al piso, me levanté con rapidez y le quite a la chica una espada que por suerte también traía. –Prestame esto.- Aunque la pregunta no pedía respuesta desde mi punto de vista, tomé las cadenas con la otra mano e hice pasar la espada por un eslabón común, y hasta el fondo, ahora la cuchilla ocupaba el lugar de mi brazo dentro del cuerpo del dragón y yo me encargaba de jalar de la cadena para hacerlo calmarse, la mejor forma de montar, y gratis. –Bien, ¿decias sacarlo a pasear entonces?-




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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Alrik el Miér 21 Sep - 1:49

Desde aquella posición elevada, el viejo cazador pudo ver como aquel maldito lagarto que seguía sobrevolando a todos los presentes, se movía ahora de un modo más errático e imprudente, virando y cambiando de sentido, en un vuelo mucho más variado y confuso que las otrora poderosas pasadas que parecían querer estrellar la panza de la bestia contra los edificios más altos de aquella ciudad. Incluso parecía, que había varias siluetas humanas cerca de la base del cuello de aquel monstruo, -Tal vez demasiados nervios murmuró para si mismo el cazador. Aquello lo ayudó a concentrarse, mientras el corazón se tranquilizaba en su pecho y el pulso volvía a sus manos, que debido al nerviosismo habían empezado a temblar, desde luego cazar en el bosque era una cosa y asaetear a los dragones dentro de la ciudad era otra, pero más difícil.

Escondido aún en el reborde del tejado, pudo ver cómo, pese a que su tiro había acabado con la vida del caballo de manera limpia, el otro asumía todo el trabajo, volviendo a poner en marcha la carreta. No pudo menos que admirar la nobleza de aquellos animales, que, pese al olor a humo, el revuelto general y ahora el olor a sangre, seguían con su cometido. Los militares, por su parte, se movilizaban, posiblemente buscando el origen de aquella nueva agresión contra su preciada caravana, y pese a que la mayoría de las miradas estaban fijas en la calle, las más audaces, ya buscaban en los lugares altos, intentando dar con el desgraciado que había hecho aquello.

La decisión, no obstante, ya estaba tomada y su propia seguridad era algo que hacía ya tiempo que había dejado de tomar parte en las decisiones de Alrik que, enfadado por la pronta recuperación del ritmo de la caravana, ya se disponía a cargar otra flecha. No obstante, tantos años de experiencia, le hicieron declinar esta opción. Igual que acosaría a alguien entre la densa foresta, confundir a los defensores era crucial, por lo que se dispuso a cambiar de escondite. Avanzó agachado, esperando en todo momento permanecer fuera del campo visual de los dragones, no obstante, afianzó su capucha sobre la cabeza. Salió de aquel tejado, saltando uno de los aquellos callejones desde arriba, sorteó chimeneas y coladas, hasta que cerca de una de éstas últimas, se dispuso a preparar el tiro aún jadeante. Con el mismo movimiento que había realizado ya cientos de veces, sacó perezosamente una flecha del carcaj, alojándola en el arco que se alzó con un suave movimiento. Aún tuvo tiempo de disfrutar la caricia de la pulida madera resbalando entre sus dedos, de escuchar el aire hendirse y apartarse de su trayectoria con un sonido característico, pero antes de que aquel caballo corriese la misma suerte que su compañero, Alrik ya estaba de nuevo en movimiento, buscando un nuevo ángulo y un nuevo objetivo.
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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Kael el Sáb 24 Sep - 17:32

Aunque su mirada estaba puesta en sus propias manos y en el fuego que parecía estar calmándose lo suficiente como para que esa gente pudiera coger algo, su mente estaba en otro sitio, a varios metros de altura. Concretamente, encima de esa bestia alada que ahora viraba con violencia y trataba, seguramente, de deshacerse de aquellos que habían invadido el espacio de su lomo. Y en ese mar de pensamientos caóticos y contradictorios, de recuerdos, vivencias, discusiones, pasión y besos en una intimidad absoluta, y con el sabor todavía de los labios de Elia sobre los suyos propios en un acto de locura y perseverancia que pocas veces iba a volver a contemplar, Kael supo que no quería perderla. Eso, y que no podía hacer nada más que lo que estaba haciendo: Cumplir con sus principios y demostrarle a esa mujer, a su flecha dorada, que no se había olvidado de ellos en ese tiempo, y que no pensaba dejar que las cosas se pudrieran de esa forma...

Porque esa gente que ahora empezaba a rodearle, era su gente. La mayoría, por no decir todos, le verían como el enemigo a cazar. Como la máxima expresión del brazo ejecutor de la reina hasta la aparición de la Inquisición. Como la causa de muerte de muchos de sus familiares. Como el origen de la esclavitud, las torturas y el brazo férreo de una ley injusta. Pero allí, sobre esa caravana y sintiendo que el intenso abrazo de las llamas empezaba a hacer mella sobre los dedos de sus manos, esas personas eran su gente. Eran aquellos que necesitaban que alguien les defendiera y les apoyara sin importar la raza o la condición social. Eran aquellos que debía proteger de seres como el que se encontraba volando en esos momentos. Y se sentía impotente, mucho, por no poder contribuir de otra forma en esos momentos.

Se arriesgaba. Lo sabía, porque no tenía forma de defenderse. Cualquiera podía colocarse a su espalda y terminar con su vida si se lo proponía. Y solo una transformación podía evitar que una muchedumbre rabiosa, hambrienta y vengativa terminara por acabar con su vida. Pero si no conseguía, como mínimo, salvaguardar la integridad de esos alimentos a costa de su propia existencia, de devolver una pequeña parte de todo lo que les había quitado durante años, no merecía llamarse general, soldado, dragón u hombre. Y esa realidad era tan incontestable en su mente, tan evidente, que ni siquiera se molestó en analizar las caras de los que llegaban, o en buscar algún rastro de arma mientras se quemaba las manos sin dejar de manejar la pesada tela. Estaba entregado en esos momentos, vulnerable y expuesto...

Pero no le importaba. No ahora:

¡Daos prisa, no podré contenerlo eternamente!

Un gruñido escapó de sus labios conforme el dolor empezó a volverse más intenso y constante...

Pero no se detuvo en su afán de proteger lo que realmente importaba.





Spoiler:
Gracias *_*:
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Re: The convoy (Mini-trama)

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