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The convoy (Mini-trama)

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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Emhyr el Miér Jul 06 2016, 03:37

La conmoción imperante impide a Emhyr percatarse de la caída del mensajero, está más ocupado tomando notas pero cuando se percata de lo que está ocurriendo deja de hacerlo, guarda sus bártulos y procura mantenerse fuera de vista. El propio pueblo de Talos parece estar iniciando una especie de rebelión, podía escuchar claramente cómo algunos tenían intenciones de descubrir e incluso de saquear su contenido. - Mierda... - masculla - esto no es bueno - Emhyr tenía reciente en sus pensamientos la masacre de las montañas, comenzó a respirar pesadamente pero no sabía cómo reaccionar, tan sólo estaba allí para observar y tomar notas y no para intervenir. - Es un suicidio, si la gente se levanta les van a masacrar. Si intervengo pondré en jaque a la resistencia pero, ¿qué puedo hacer yo sólo? - pensaba, se encontraba enormemente agitado y, al mismo tiempo, la llama del brasero cercano comenzó a agitarse ligeramente sin que Emhyr se diera cuenta.

El joven apretó los puños de impotencia, por suuesto que daría la vida por la resistencia y por la libertad de los humanos pero ello no significaba que fuera a ponerse en peligro sin tener absolutamente ninguna posibilidad de salir victorioso, enfrentarse a todos esos soldados equivalía a terminar decapitado, o peor, torturado. De nuevo Emhyr murmuró una plegaria cerrando los ojos brevemente, encontraba una paz relativa en ello, ¿por qué la diosa del fuego no volvía a intervenir? Ella misma pareció decirlo, son los propios humanos los que deben luchar por su libertad pero el pueblo no parecía preocupado por romper las cadenas sino en saquear lo que hubiera bajo aquellas lonas.

Sin pretenderlo ni percatarse de ello Emhyr, reprimiendo su rabia y deseando que el convoy se prendiera fuego, provocó que una llama brotase de los braseros que había a lo largo de la calle, éstos servían para calentar la ciudad ante las inclemencias de ese frío que no dejaba de irse. Esa llama saltó casi como si tuviera voluntad propia sobre una de las lonas haciendo que se prendiera fuego. Emhyr no llegó a verlo, se encontraba callejeando buscando una posición mejor para seguir observando.






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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Kael el Jue Jul 07 2016, 23:20

Tanta gente alrededor no era una buena señal. Pese a los múltiples intentos de evitar las aglomeraciones y la privacidad con la que se había mantenido todo el convoy, evitando así que la información llegara a manos indeseadas, lo cierto era que resultaba llamativo ver tantas caravanas juntas, casi una docena, en una constante sucesión, y observar que el ejército era quien lo custodiaba. Por mucho que lo hubiera intentado, la gente hablaba, y el boca a boca era más que suficiente para que, conforme pasaban los segundos, la muchedumbre fuera más y más numerosa...

Hasta que pasó lo que tenía que pasar, en realidad. Escuchó las primeras frases, y como estas se repetían en una constante sucesión, extendiéndose con rapidez entre el resto de ciudadanos. La tensión y la animadversión empezaron a hacer acto de presencia, pero al dragón esmeralda le preocupaba más esa necesidad de obtener todo aquello que se encontraba custodiando, alegando algunos que les pertenecía o que era mejor que lo tuvieran ellos. Mantuvo el rostro serio, sin dejar que ninguna emoción traspasara esa máscara férrea en la que había convertido sus facciones, y observó, con aparente indiferencia, como alguien tiraba uno de los puestos para generar mayor sensación de caos y esa barrera humana que les impedía avanzar.

Armand habló, y si bien sus palabras eran correctas, la orden que dictó a los soldados se le antojó errónea. En un clima de tanta crispación no era buena idea alentar a un posible conflicto. Dialogar y tratar de calmar las cosas era mejor opción que alzar los escudos y dar pie a las amenazas, por mucho que esa opción se le antojara más rápida y eficiente:

¡Es por vuestra seguridad y bienestar! —Alzó la voz, imponiéndose por encima de los murmullos, firme y autoritario. No obstante, era consciente de que muchas veces habían escuchado palabra similares, y nunca había salido del todo bien... Aunque prosiguió hablando.—¡No tiene por qué suceder nada si dejáis que el convoy siga su camino, ni tampoco impediremos que sigáis nuestros pasos si no rompéis la línea de seguridad! —Era lo mejor que podía ofrecer, a decir verdad. Mejor que alzarse en armas o amenazar con el uso de la violencia. No le molestaba que curiosearan, o que pensaran que aquello era raro y entretenido, inusual... pero no podía permitir nada más. Demasiadas cosas en juego.

En ese momento, reparó en la figura sobre una de las azoteas y en esos ojos rojos que le observaban. Clavó sus iris en los contrarios, y le reconoció, sintiendo como una especie de rabia empezaba a crecer en su interior. Por su culpa, muchos inocentes habían muerto... Y allí estaba, expectante, pensando seguramente qué hacer en base a unos intereses que realmente desconocía. Y por ello mismo, se limitó a negar con la cabeza una sola vez. Lo mejor era que desapareciera de allí cuanto antes y que no le volviera a ver. Que no interviniera y se esfumara por donde había venido. En su lugar, miró a Armand de soslayo cuando se percató de los alborotos en la parte trasera:

Comandante, te dejo a cargo. No empleéis la violencia salvo como última medida: No estamos aquí para derramar más sangre. Yo me encargo de la parte trasera.

Viró al animal y aumentó la velocidad, avanzando hacia la parte media de la caravana. Una vez allí, bajó justo en el lugar en el que un pequeño grupo de ciudadanos y un peliblanco cargan contra los guardias. Se aproximó a ellos, alzando el caballo sobre sus patas traseras para generar una mayor sensación de intimidación. No quería hacer más daño al pueblo, ni caer en el error de iniciar una revuelta sangrienta...

Pero tenía la sensación de que se quedaba sin opciones, y ver una de las lonas arder unos metros más allá no ayudaba a que la cosa mejorara.





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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Alrik el Vie Jul 08 2016, 01:19

La situación estaba degenerando por instantes a ojos vista. La otrora tranquila masa de gente empezaba a mostrarse nerviosa y agitada, la situación de la ciudad no es fácil en absoluto y las bajas temperaturas no ayudan en absoluto a mantener fríos los ánimos. La más leve chispa, apenas imperceptible era capaz de levantar una revuelta, algo que los dragones parecían no acabar de comprender.

Los nervios de Alrik se crisparon, tenso como la cuerda de un violín, cuando uno de aquellos antinaturales movimiento de la muchedumbre lo hace precipitarse violentamente hacia delante, haciendo que acabara de bruces contra el suelo, al igual que otras personas más desafortunadas aún, que acabaron aplastadas bajo su peso. Los turbios asuntos del miembro del ejército se hacen mucho más evidentes, cuando debido al multitudinario empujón, este se precipita sobre Alrik, prácticamente sacando el oculto arco de sus asideros.

-¿Buscas algo muchacho? Comentó de manera ácida aún en el suelo mirando de manera colérica al hombre, antes de lanzar una patada contra la parte baja de su mandíbula, esperando que fuera suficiente para que su adversario no se levantara más del maldito suelo. Se levanto con mejor humor que al caerse, esperando no obstante haber formado un profundo revuelo, pero nada más lejos de la realidad, pues aquel pequeño conflicto con el pequeño ladronzuelo era la acción más civilizada de las que lo rodeaban. La pesada caravana se había detenido, los gritos de una auténtica revolución llenaban el aire, y el olor a humo empezaba a llenar el ambiente. La situación tenía todas las papeletas para transformarse en un baño de sangre, y aquella escoria con alas no haría distinciones, por lo que la situación dejaba de por si pocas oportunidades de abandonar la situación pacíficamente, pues los propios movimientos de la muchedumbre impedían avanzar hacia cualquier otro lado que el dictado por la mayoría.

-Siempre es por nuestro bien murmuró Alrik mientras avanzaba hacia la parte de la caravana que había comenzado a arder, si conseguía que aquel fuego se descontrolara, si aquel fuego consumía parte del cargamento, si ambas partes perdían el interés en mitad de un incendio igual de dañino para todos, tal vez aquello no acabaría como una maldita matanza.
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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por El Juglar el Miér Jul 13 2016, 02:04

POST DEL JUGLAR

Las palabras de Armand son recibidas de dos formas muy distintas, dejando entrever el claro contraste entre unos ciudadanos y otros: Por un lado, la amenaza directa de la violencia física si no se apartan provoca que unos cuantos retrocedan, algo asustados e intimidados ahora que tienen a varios dragones delante. El recuerdo de tiempos pasados y revoluciones sangrientas aún pesa en sus corazones. Pero, por el otro lado, otros se mantienen firmes e incluso hacen ademán de avanzar un par de pasos, quedando justo delante del muro de guardias que protege tanto al comandante como a Braid y a todos los que se encuentran en la primera línea. Los abucheos se repiten en cuanto el dragón termina de hablar, y desde ese lugar empiezan a volar proyectiles. Pero no son ni flechas, ni objetos puntiagudos o realmente peligrosos, los que caen cerca de la posición de los soldados, no. Sandías, naranjas, manzanas, peras, trozos de carne y algún que otro pescado, todos ya desaprovechados y del puesto que Lena ha tirado previamente, son la particular munición del pueblo. El resto de gente vitorea esas acciones, y un par de lanzamientos son lo suficientemente precisos, puesto que uno de ellos, un salmón en deterioro y aplastado, va directo a la cabeza de Armand, y el otro, una calabaza partida, sale disparada hacia Braid.

Personas como Elia contemplan eso muy de cerca, y puede ver, justo a su lado, a un niño, quizá de unos diez años, no mucho más, que se afana en coger alguno de esos alimentos para tirarlo. La edad no parece importar, ni tampoco el evidente peligro que esa gente corre delante de los caballos y de un ejército que empieza a tensarse conforme pasan los segundos. De hecho, varios soldados infiltrados de paisanos empiezan a golpear a los que están lanzando dichos alimentos frente a la mirada de la joven esclava. Una de esas víctimas es Lena, cuya acción no ha pasado desapercibida y recibe un merecido en forma de puntapie en el estómago por parte de otra mujer no-uniformada. Ni las palabras aparentemente tranquilizadoras de Kael surten un efecto concreto, quizá demasiado olvidadas ya tras tanta crispación...

Aunque tampoco ayuda la leve columna de humo que empieza a alzarse de una de las caravanas. Cuando el general del ejército llega a la escena, ya son varios los soldados que se acercan para quitar la lona, incapaces de apagar el fuego sin agua a mano, dejando ver un cargamento de alimentos en buen estado, desde frutas hasta carne. No obstante, el fuego ha pasado a la madera del vehículo, y el chisporroteo de algo quemándose, así como las altas temperaturas que empezarán a hacer mella sobre la comida, amenazan con provocar que todo eso se pierda. Muchos ciudadanos, y todo aquel que lo desee, pueden contemplar dicho cargamento, puesto que el ancho de la caravana es lo suficientemente grande como para que sea fácilmente visible...

Y el efecto llamada se dispara. El lugar donde se encuentra Christopher se convierte en una trampa casi sin salida conforme los ciudadanos se amontonan, ya no en pos de obstaculizar al ejército, si no de conseguir algo de comida. El joven Verminaard, en su afán de ir en contra de la corriente, termina recibiendo una maraña de golpes de oscura procedencia, puesto que tanto los soldados, en su intento de cortar la penetración, como los propios habitantes de Talos, intentan pasar por encima. Los golpes no son dañinos, pero sí molestos, y se lleva algún que otro tirón de pelo en el proceso. Otros, como Alrik, tienen la suerte de acabar de llegar a esa zona en concreto, y puede contemplar como se está formando una estampida a una velocidad alarmante, y más soldados van acudiendo para contrarrestar el intento de paso. No obstante, una mano se posa en su hombro: Uno de los hombres disfrazados de paisano no ha olvidado la visión del arco, y sin ningún tipo de reparo descarga un fuerte puñetazo sobre la base de su mandíbula.

Emhyr, sin darse cuenta y llevado por esa deseo inconsciente, ha revelado el contenido de una de las caravanas... Desatando un caos difícil de controlar en esos momentos. Quizá es lo que busca, o quizá ha cometido un error, pero algo en su interior parece despertar cuando observa el fuego fijamente, como si le llamara de forma irremediable.

El calor y el fuego se extienden lentamente por el vehículo, y el olor a comida también, aumentando la inquietud de los presentes. Otros, como Daval, contemplan la escena sin saber a qué lado decantarse...

La suerte, de una forma u otra, aún no está echada.

Aclaraciones:

  • Cualquier duda se encuentra resuelta aquí.
  • Post introductorio para que os vayáis ubicando y podáis empezar a hacer lo que queráis. El convoy, si no hacéis nada, seguirá avanzando. Yo ya tengo un mapa hecho y una ruta.


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Perdonad la tardanza, amores, días moviditos. Creo que no me he dejado a nadie de los que han posteado, si es así, MP a Kael y lo arreglamos en un momentito ^^
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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Emhyr el Lun Jul 18 2016, 22:20

Emhyr se marchaba del lugar cuando el fuego comenzó a extenderse, se giró y vio cómo las llamas crecían y, literalmente, cocían lo que había bajo las gruelas telas en llamas. - Mierda.... - pensó pero estaba más bien preocupado porque había ocurrido exactamente lo que había pensado, además, esas llamas tenían algo que le llamaba,por un momento creyó ver a la diosa elemental del fuego entre las llamas pero igual eran alucinaciones suyas.

- Tengo que ayudar a extinguirlo pero ¿cómo? - pensaba,  no había agua cerca, aún así trató de concentrarse en el fuego, si era verdad que había sido él quien lo había provocaco era cosa de magia y por tanto podía usar magia para controlar el incencio y apaciguarlo pero no podía concentrarse, se encontraba bastante cansado y el calor de las llamas azotando su piel no ayudaba. Siguió intentándolo pero notó que cada vez se agotaba más, tuvo que apoyarse en una de las paredes de la callejuela y comenzar a vomitar lo poco que tenía en el estómago, estaba mareado. - Vamos, aguanta - se decía a sí mismo, no iba a consentir que hubiera otra catástrofe. De nuevo volvió a intentar apaciguar las llamas desde donde estaba pero cayó inconsciente al suelo, exhausto, sin saber si lo había logrado o no.






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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Alrik el Sáb Jul 23 2016, 11:26

No debería de haberle llamado la atención una mano posada en su hombro, pues con la cantidad de personas congregadas, apelotonadas y de movimientos tan bruscos, algo tan básico para el cazador como el espacio personal parecía en ese momento un lujo inalcanzable, pero una mano recia, con un leve tirón que indicaba cierta urgencia, parecía un movimiento demasiado calculado para provenir de la enfurecida masa, cuyas interacciones con el cazador podían resumirse en unos poco contenidos empujones provenientes de todas las direcciones. Se giró por tanto para ver quién diablos le requería en un momento como aquel, tan solo para ver por unos instantes una cara que si no fuera porque la acababa de ver tendida en el suelo tan solo unos metros atrás le sería del todo desconocida, aunque tan solo pudo verla un instante, pues el gancho que recibió en la mandíbula hizo que un brusco movimiento de cuello sacara al hombre responsable de su campo de visión, aunque el montaraz consiguió asir los hombros de su tenaz adversario, usándolos como apoyo para, aprovechando el retroceso, propinar un impresionante cabezazo en la nariz a aquella escoria, que crujió bajo el impacto de manera siniestras. Solo entonces se permitió Alrik llevarse la mano a la inflamada mandíbula para calcular los daños ocasionados por el derechazo, por suerte, parecía que no perdería ningún diente por el impacto. Su oponente ya avanzaba hacia el de manera amenazadora de nuevo, por lo que el montaraz le propinó una patada en la rodilla que usaba de apoyo durante el paso, haciendo que su dolorido amigo hincara la otra en el frío suelo, tan solo para luego darle un fuerte rodillazo, dando por finalizado la pelea con aquel belicoso extraño.

La maraña de personas congregadas pareció alcanzar un momento de máxima tensión cuando el contenido de uno de aquellos carros quedó al descubierto y una ingente cantidad de viandas en buen estado de conservación acaparó la vista de todos, pues desde la hambruna, pocas personas sin escamas en sus perfumados traseros habrían visto tanta comida junta. El dilema estaba servido, destruir el contenido implicaba ganarse el odio de ciudadanos y del ejército y ayudar a los ciudadanos implicaba ser masacrado por las fuerzas militares allí reunidas. Acarició la gastada madera de su arco, intentando mantener la calma mientras los vaivenes de la muchedumbre lo zarandeaban, sin que verdaderamente pudiera hacer demasiado, pues un movimiento en sentido contrario lo haría quedar aplastado.
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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Elia el Lun Jul 25 2016, 18:54

Elia dejó los pies clavados en el suelo, alzando la mirada por encima de la multitud, cuando vio una columna de humo negra alzarse desde el lugar del que acababa de irse. El corazón de la humana empezó a latir con fuerza cuando, entre empujones y golpes, consiguió hacerse un sitio en aquella enfurecida muchedumbre para arrastrarse hasta el hueco que, precedido por un escalón, dibujaba el umbral de entrada a una de las casas de la zona. Una vez allí, la humana apoyó la espalda contra la pared con toda la fuerza que era poseedora, tomando tras eso uno de los extremos del pañuelo que llevaba sobre el cabello para llevárselo al rostro y respirar a través de la tela, aturdida por la marabunta de olores que se agolpaban en esa zona, cansada por una fuerza desconocida y acelerada por una de aquella desagradables sensaciones que acudían a sus sentidos para alertarla de las cosas malas que estaban a punto de suceder… y quién sabe si fue la sugestión por las personas que la rodeaban, su propio estado anímico, la nube oscura que comenzaba a expandirse por el lugar o la mezcla de todo eso, lo que hizo que la rubia dejara resbalar la espalda por la pared hasta quedar sentada en el suelo.

Allí, refugiando la cabeza entre los brazos y con las piernas flexionadas hacia el pecho, reunió todas las fuerzas que le quedaban para controlar las sacudidas que convulsionaban sus pulmones, aunque no fue esto, sino el calor por la cercanía de los cuerpos y los continuos y cada vez más evidentes gritos, los que hicieron que se cubriese los oídos con las manos. Y no supo cuánto tiempo permaneció en aquella posición, pero sólo salió de ella cuando escuchó el graznido de un cuervo y entonces, como movida por un resorte levantó la mirada a tiempo de ver cómo Munin sobrevolaba su cabeza y cruzaba la calle desde el aire. Siguió su vuelo con la mirada, incapaz de escuchar nada más que el canto del pájaro y convirtiendo el ruido a su alrededor en poco más que un murmullo; al menos, hasta que siguiendo la línea de las alas del cuervo encontró, a ras de calle, la silueta de un niño agachado y cogiendo frutas del puesto que alguien había tirado antes. Por un momento, la mujer creyó que lo hacía para llevárselas consigo al agujero del que había salido y tener así algo con lo que vivir ese día, pero cuando la primera de las piezas salió volando de sus pequeñas manos hacia la línea de soldados, Elia pareció recuperar todas las fuerzas que había perdido y se puso en pie, avanzando con decisión hacia la criatura, observando, en el negro de sus pupilas, lo que estaba a punto de suceder.

Llegó a tiempo como para quitarle de en medio antes de que un hombre de espaldas anchas cayera sobre la criatura, aunque habiéndole cogido por el cuello de la camiseta, aún tuvo que protegerse y lanzar un revés contra uno de esos soldados que iban de incógnito, antes de llevarlo hasta el inicio de otra calle y empujarle para que se fuera. Y no pudo evitarlo, ni tampoco quiso. Cuando se dio la vuelta y vio que el fuego empezaba a quemar no sólo la carreta en sí misma, sino también la comida que había en ella, la esclava agarró los extremos del pañuelo con el que había cubierto su pelo y los cruzó sobre el rostro, anudándolos luego a la nuca. No perdió un segundo más en poner rumbo al lugar del incendio, cogiendo una caja de frutas para usar a modo de escudo y abriéndose paso hasta el lugar como buenamente podía, haciendo en la medida de lo posible caso omiso al recuerdo de las imágenes que aún pasaban frente a ella e ignorando la fuerza con la que su corazón latía en sus oídos. Todos sus esfuerzos, hasta que sus pasos se detuvieron frente a la línea de soldados, se centraron en seguir el rumbo de vuelo de su guardián, por eso fue, cuando se vio por detrás de esas personas que cargaban contra la línea, Elia tensó el cuerpo y colocó la caja frente a ella.

Apenas apartando a la gente lo suficiente, aprovechándose de la distracción de verse rodeada y de lo inesperado de un movimiento como el suyo, la mujer cargaría contra el hueco que dejaba la formación en los escudos, empujando justo en el borde y volcando posteriormente todo su peso contra el hombro del soldado a fin de abrirse una senda de paso en la formación. Un giro y un par de pasos bien calculados sería suficiente para entrar, y luego, sólo tendría que correr hacia la carreta en llamas como si le fuera la vida en ello, subir a la zona donde un par de soldados llevaban el rumbo del vehículo y enfrentarles. El factor sorpresa y la ligereza de sus ropas frente a las que ellos portaban la ayudaría a poder descargar una patada en el pecho del primero en cuanto pusiera un pie en la tarima, y el peso del primer cuerpo cayendo sobre el segundo más el sutil remolino que empezó a envolver los pies de la fémina bastaría como para tirar al suelo al que más alejado estuviese de ella. El más cercano tendría entonces que conformarse con recibir un golpe con la mano del improvisado escudo y dejarse robar la espada, objeto que Elia emplearía para cortar las riendas que mantenían a los caballos sujetos a la carreta en llamas.




PD: ¡Perdón por la tardanza y por la longitud! Démosle vida al tema  Dragon Mono cb




If you know the enemy and know yourself, you need not fear the result of a hundred battles.
If you know yourself, but not the enemy, for every victory gained you will also suffer a defeat.
If you know neither the enemy nor yourself, you will succumb in every battle.


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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Christopher el Miér Jul 27 2016, 20:22

Estoy a punto de llegar a los soldados que protegen la caravana de cuyo interior salio ese ruido extraño cuando sucede algo inesperado, no se ni como ni porque una caravana cercana empieza a arder y, por el olor de lo que se esta quemando dentro de dicha caravana, debe de ser comida lo que se esta quemando lo cual hace que una sonrisa aparezca en mis labios porque, teniendo en cuenta la hambruna que pasan la mayoria de los humanos, seguro que eso jugara a mi favor y llamara la atencion de los soldados que estan centrados en "cuidar" la caravana de mi interes. Por lo tanto, en cuanto creo que se despistan un minimo pero lo suficiente como para hacerme creer que puedo llegar, avanzo aun con mas ansias, ganas y brio hacia ellos, sin embargo, algo se tuerce y, justo cuando estoy practicamente ya a la altura de los soldados, recibo un fuerte golpe en mi, ya de por si, pobre castigado higado y el hecho de que este yendo en contracorriente porque voy en direccion opuesta a la caravana incendiada donde se quema la comida, hace que pierda por unas decimas la posicion vertical y el equilibrio por el dolor y caigo al suelo arrastrado por toda la riada de gente. Ya en el suelo intento levantarme sin exito y los pisotones y golpes que estoy recibiendo de todo en el mundo cuando me pasa por encima (incluso estaria por apostar que algun golpe y pisoton fue dado por algun guardia aprovechando el momento) impiden que me pueda levantar a lo que por supuesto esta ayudando el dolor que siento por todo mi cuerpo.

Con el dolor tan intenso que siento por todo el cuerpo, va tomando forma en mi cabeza una forma de salir de esta, es una idea descabellada y loca pero ¿cuando una idea mia no es descabellada y loca? Ademas, tal y como estoy tirado en el suelo, seguro que nadie se fija en mi y si bien con esta forma seguro que soy mas que conocido, en mi otra forma no lo soy tanto asi que no creo que haya peligro en que me asocien con mi familia cuando me vean y de seguro llamare suficientemente la atencion como para que todo el mundo me vea. En consecuencia, y antes de que otra idea mas loca aun llegue a mi cabeza, empiezo mi transformacion durante la cual noto un dolor aun mas intenso mientras siento como todos mis huesos, musculos y cuerpo se van haciendo cada vez un poco mas grandes y noto como a mi espalda el tipico dolor de unas pequeñas protuberancias primero y alas draconianas despues indica que estas ultimas estan apareciendo y, a la vez que mi cuerpo tumbado en el suelo va aumentando de tamaño, todos aquellos que me estan pistenando en este momento empiezan a desestabilizarse e ir cayendo a mis costados a medida que mi transformacion se va completando.

Cuando al fin mi cuerpo ha dejado de tener la forma humana y es plenamente el cuerpo del dragon que realmente soy, tras mover durante un par de segundos las alas con la intencion de desperezarlas y antes de que cualquiera pueda reaccionar (guardias incluidos), alzo el vuelo y, en un vuelo rasante, me dirijo hacia la caravana que me intereso desde un principio y le lanzo una llamarada con la intencion de prenderle fuego y descubrir que hay dentro, total ya puestos, que mas da que arda una o dos caravanas.





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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Kael el Jue Ago 04 2016, 19:16

No podía perder el control de la situación. Después de todo lo que había pasado por su vida y de haber sido sometido a las dudas de la propia reina delante de todos los demás altos cargos de la jerarquía dracónica, lo último que el dragón esmeralda necesitaba era sumarle más problemas a los que ya tenía de base. No podía añadir un fracaso en algo tan aparentemente sencillo como transportar un convoy por las calles de Talos a una vida que estaba adquiriendo un tinte convulso, caótico y demasiado intenso como para poder pararlo, y cuya dueña de todas esas emociones era una joven humana, una flecha dorada que parecía ingeniárselas para sacarle de quicio con la misma facilidad con la que lograba golpear su interior y hacerle temblar.

Por ello mismo, no desistió en sus intentos de disuasión, repitiendo el mismo movimiento con el caballo:

¡Manteneos firmes, que no pasen! —Ordenó a sus hombros, vociferando como hacía tiempo que no vociferaba, en pos de evitar una masacre. Era consciente de la fuerza de su ejército y de las armas que llevaban, y sabía que, por muchos ciudadanos que fueran, la mayoría de víctimas serían civiles, creando una negra fama que solo aumentaría la crispación que imperaba últimamente en la ciudad.

No obstante, el calor procedente del fuego y la estúpida idea de una de esas personas transformándose y revelando una condición dracónica provocó que su montura se encabritara, presa del pánico. Kael descendió de un salto, sin demasiados problemas, justo a tiempo de ver como ese dragón iba con intención de prender fuego a una de las caravanas. ¿A qué estaba jugando? ¿Acaso no se daba cuenta de que el ejército respaldaba a la reina, y no a la inversa? ¿O sencillamente era un resistente causando problemas?  Giró la cabeza, intentando averiguar cuál iba a ser su objetivo, buscando desesperadamente en la red el origen de dicho ataque...

Y encontrando, justo en ese momento y a escasos metros de distancia, a un encapuchado golpeando a sus hombres y tratando de cortar las riendas de los caballos que empujaban de la caravana en llamas.

No pensó, en realidad, y se dejó llevar por el instinto más rápido: El de la reacción. Avanzó hacia allá con poderosas zancadas, y antes de que pasara algo más, el dragón esmeralda estiró la mano con rapidez y la cerró en torno a la camisola, alzándola sin apenas esfuerzo y dejándolo caer con fuerza sobre el suelo, justo frente a él. Su pecho comenzó a subir y bajar con rapidez conforme alzaba ambas manos y se colocaba en una posición claramente agresiva:

¡Estás a tiempo de salir de aquí!

Una advertencia. Una sola.

No habría una segunda.





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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por El Juglar el Jue Ago 04 2016, 19:39

POST DEL JUGLAR

Los esfuerzos de Emhyr dan sus frutos, aunque no de la forma que él espera. Su inexperiencia con el don y su desconocimiento le hacen olvidar que el fuego que se ha propagado no puede desaparecer, y que lo único que ha conseguido es que su intensidad baje. Ahora, con un poco de agua será suficiente para apagar la llama y evitar que todo el contenido del carro se pierda, y no se extiende con la misma rapidez e intensidad. No obstante, todo el manejo de su don no ha pasado desapercibido a ojos de unos pocos de los presentes, y no todos tienen buenas intenciones.

Es el caso de un hombre que se aproxima a él una vez ha caído al suelo, entre inconsciente y exhausto. Se agacha frente al joven y le toca la cara con unos dedos enguantados en cuero negro. Al hacerlo, del borde de su camisola sobresale un colgante con el símbolo de la Inquisición. El hombre sonríe, y parece dispuesto a cogerlo y sacarlo a rastras del lugar si no despierta... O si nadie hace nada por evitarlo.

Esto sucede justo al lado de Alrik, a pocos metros. Su habilidad en el combate y la fuerza que emplea surten efecto, y derriba al hombre con el que estaba comabiendo sin mayores complicaciones y sin haber sufrido ninguna herida importante. Ahora, entre la muchedumbre, puede apreciar perfectamente como la caravana parece deteriorarse más lentamente, y quizá su experiencia en los bosques y su capacidad para sobrevivir puedan marcar una diferencia importante. No está muy lejos, y solo necesitaría una fuente de agua para solucionarlo y evitar que la situación empeore... Aunque quizá entonces la vida de Emhyr corra mayor peligro. La decisión, pues, queda en sus manos.

Mientras tanto, Christopher crea otro foco de problemas en la parte trasera de la caravana. Su transformación, directamente, se atentamente observada por todos los presentes, sean humanos, dragones o híbridos. Algunos empiezan a intentar huir, aterrorizados por los recuerdos de la plaza, y otros observan el color y la forma de la bestia que ahora vuela sobre ellos. Justo donde instantes antes estaba su cuerpo, jirones de ropa caen, y en uno de esos jirones se aprecia el símbolo de la casa Verminaard. La llamada de atención del híbrido tiene éxito, pero el precio a pagar puede que sea demasiado alto cuando la llamarada impacta y prende fuego a la caravana. Los soldados que la manejan tienen tiempo para saltar y apartarse, pero los caballos corren peor suerte, muriendo ambos entre sonidos desgarradores. Las telas ceden con rapidez a la fuerza de las llamas y revelan su contenido: Armas de diferentes tipos, todas de acero, empiezan a enrojecerse conforme la temperatura aumenta.

El fuego empieza a hacer de efecto disuasorio, junto a la presencia de un dragón en su forma real, y muchos empiezan a abandonar el lugar a marchas forzadas. No es el caso de Elia, desde luego. La joven esclava tiene éxito al contar con el factor sorpresa. La patada es lo suficientemente fuerte como para desequilibrar al hombre, y el segundo, al no contar con la posibilidad de darse cuenta de lo que sucede con rapidez, cae del carro de cabeza, quedando inconsciente, aunque no herido de gravedad. No obstante, en su intento de cortar las riendas, es Kael quien lo evita, y los caballos se mantienen ahora atados y encabritados por un fragmento leve de cuerda. Un par de cortes más, quizá tres, y serían libres.

La parte delantera de la caravana, mientras tanto, tiene mejor suerte. La muchedumbre se dispersa, rompiendo el bloqueo, y el ejército se pone en marcha una vez más, tratando de aumentar el ritmo para evitar nuevos tapones.
Aclaraciones:

  • Cualquier duda se encuentra resuelta aquí.
  • Post introductorio para que os vayáis ubicando y podáis empezar a hacer lo que queráis. El convoy, si no hacéis nada, seguirá avanzando. Yo ya tengo un mapa hecho y una ruta.


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Perdonad la tardanza, amores, días moviditos. Creo que no me he dejado a nadie de los que han posteado, si es así, MP a Kael y lo arreglamos en un momentito ^^
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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Arsene el Sáb Ago 06 2016, 01:28

Y bien, la cosa se puso muy mal de un momento para otro, pero creo que estoy poniéndolo muy adornado, no se puso precisamente mal, se convirtió en un desastre terrible en un parpadeo, un incendio, un motín, frutas volando por la calle, gente formando una estampida y los soldados resistiendo contra ellos, esta no es la clase de cosas de las que me podía escapar tan casualmente, más que todo porque si lo hacía quedaría como un inútil y un cobarde, pero mientras observaba, fue a parar a peor, como si no hubiera ya suficiente jaleo ahora mismo, en la parte de adelante comienza algo más, alguien con una caja en la cabeza logra atropellar a un par de guardias, espera, creo que he visto a esa persona antes, o no? Por uno de los agujeros se le veía un mechón rubio, aunque se me fueron las ilusiones de averiguarlo cuando llegó este sujeto de ojos verdes e hizo que casi perdiera la consciencia con un movimiento más que sencillo. –Mierda, eso no es bue--. Pero justo antes de terminar de levantarme para bajar a darle algo de ayuda, comienza otro escándalo, alguien se transformó (que novedad…) y para más colmo comenzó a escupir fuego hacia las caravanas, no se si tenía el tic en el ojo desde que comenzó la revuelta o si lo tenía ya mismo, cuando vi que comenzaba a calcinar otro de los transportes como si fueran papeles en una vela. Bien, creo que ya de esta no puedo irme tan casualmente, la verdad es que no. –Bien… Primero el cabeza de caja, luego el idiota que no sabe que el pánico lo causo yo.- Mientras hablaba, mis manos tomaban la forma escamosa y recia que ya acostumbraba a usar en varias situaciones, si bien no son muy aceptadas, son más filosas que cuchillos y muy útiles.

-Esto no va a servir… Voy a necesitar más…- Mientras alternaba entre el esfuerzo de llevar el cuerpo un poco más lejos y tratar de no transformarme por completo, el dolor que sentí la primera vez ahora era en mis pies, tan terrible como de costumbre, tanto que de las rodillas para abajo comenzaba a tener otra forma y de paso perdía las botas que traía puestas, el dolor repentino me hizo perder el equilibrio y rodar por el techo, justo antes de caer logré sostenerme de la cornisa mientras sopesaba el dolor recedente. –Y se quejan de que golpearse con una mesa es malo…- Cuando el dolor se volvió más soportable clavé las garras en la pared y me impulsé hacia la persona que ahora había perdido la caja pero no la cabeza, aun… Aunque no fue exactamente hacia ellos que apuntaba, terminé un poco más atrás, traté de detenerme agarrándome de las cuerdas de los caballos pero sujetar cuerdas con garras no fue justamente lo más apropiado, la cuerda cedió entre mis dedos y mi propio peso cuando la tensé para frenarme, sin más que los detuviera los caballos salieron corriendo por miedo, al menos no acabarían muertos por alguna mala pasada, pero ahora había caído directo en las llamas. Mientras caía escuche al sujeto de los ojos verdes decir algo así como “salir de aquí”, no estoy muy seguro, pero no creo que eso se pueda ahora que estamos.

-No creo que salir sea lo mejor.- Terminé de levantarme y me dirigí hacia la persona en el suelo, antes de que el señor verde pudiera hacer algo al respecto ayudé a la persona a levantarse, aunque cuando se le fue la capucha hacia atrás resultó ser una mujer, y si, si reconocía a esta mujer, la que me dejó en un callejón cuando me dejaron casi fuera del juego el día de los problemas en la plaza, aunque no se si debería decirle gracias por ayudarme o disculparme por todo el desmadre que causé aquel día, de todos modos ya me tocaba esperarme un par de golpes hoy, así que vamos a ver que pasa.

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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Elia el Lun Ago 15 2016, 13:06

Tan obcecada estaba en derribar a aquellos soldados y cortar las cuerdas que mantenían a  los caballos atados a la carreta, que simplemente no vio lo que se le venía encima. Puede que fuera el humo que giraba en torno a sus zapatos, fiel espejo de una fuerza que aún no conocía de sí misma; la tensión de un momento como aquel, en el que había tantas vidas en juego como cualquiera fuera capaz de imaginar; el calor del fuego lamiendo su ropa y dorando la poca piel que dejaba a la vista bajo aquel improvisado embozo, o quizá, quizá hubiera sido por la sombra que sobrevoló la calle dejando cada rincón, cada piedra, en una escalofriante penumbra… pero cuando Elia detuvo sus movimientos y alzó la cabeza para ver a aquel dragón, no se dio cuenta de la imponente figura que se había colocado a su espalda hasta que no fue demasiado tarde. De hecho, el tirón en su camisola la pilló tan por sorpresa, que lo único que alcanzó a hacer fue asir la empuñadura de la espada antes de salir volando por los aires.

Cerró los ojos por puro instinto cuando sus pies se separaron de la madera en llamas, y llevó ambos brazos a la cara, protegiendo su anonimato y su integridad física, cuando el lanzamiento la hizo volver a precipitarse contra el suelo. Cayó de costado y sus manos perdieron el tacto sobre el arma cuando su débil cuerpo, ante la inercia de la caída, comenzó a rodar por la empedrada calle… y fue al verse interrumpida su aparatosa marcha que allí, boca abajo, aturdida y dolorida por el golpe, no necesitó más que un susurro, un murmullo de una voz que conocía demasiado bien, para reconocer al artífice de su fracaso, al responsable de su estado físico y emocional.

Instintivamente, o quizá no tanto, la mujer cerró los ojos y llevó sendas manos a sus costados, rodeándose con ello el abdomen y concediéndose unos segundos para intentar respirar sin sentir que algo golpeaba en su pecho desde dentro. Apoyó entonces la frente en el suelo y flexionó, las rodillas, incorporándose después, jadeante, lo suficiente como para quedar sentada sobre sus propias piernas. No le miró. No quería que la reconociera. No quería enfrentarse a aquella mirada y ver que sus diferencias realmente eran tan grandes como el mundo entero decían que era. No quería que sospechara que aquellos cabellos rubios que se adivinaban por entre los pliegues de su improvisada máscara caían sobre una piel, ahora llena de arañazos, que él había recorrido con las manos. No quería ponerle en un aprieto más allá de aquellos en los que siempre le colocaba con su indomable rebeldía. No quería interpretar un papel que no sabría si podría llevar a cabo… aunque tampoco tuvo tiempo de pensar qué hacer a continuación, cómo levantarse sin que supiera que era ella o cómo seguir actuando acorde a sus ideales sin generar demasiado conflicto, cuando una nueva persona entró en escena y se interpuso entre ambos, tendiéndole una mano para ayudarla a levantarse.

Subió un poco la mirada, y a este gesto le acompañó un fruncimiento de ceja primero y una ceja enarcada después, cuando reconoció a aquel hombre, al portador de aquellos ojos rojos, como ese al que salvó el día de la ejecución sólo para que luego se transformase y empezara a lanzar fuego a diestro y siniestro. Justo como el subnormal que acababa de prenderle fuego a otra carreta.

- Tú. –fue lo único que dijo antes de percatarse de que el pañuelo se había soltado y había dejado sus facciones al descubierto. Ladeó el rostro hacia su derecha y suspiró mientras volvía a cubrirse la cara. La verdad era que no le preocupaba que la hubiera visto. Él no era el adalid del buen comportamiento. Sólo esperaba que Kael no la hubiera reconocido. Quizá eso fuera lo mejor. Echó una mirada a su espalda para ver la posición del dragón esmeralda y la distancia que les separaba de él. Luego aceptó la ayuda ofrecida para incorporarse- Yo no me voy de aquí –sentenció con gravedad, dando una vuelta sobre sí misma a fin de encontrar el arma robada perdida, yendo a por ella, y encontrando el jirón de tela en el que estaba el blasón de los Verminaard antes de volver a su posición, espada en mano y símbolo en el bolsillo.- Ni una más. -Tomó aire con lentitud y bajó los párpados, buscando en su interior la fuerza necesaria para interpretar un papel que no era el suyo, pero que tomaría como tal- No voy a pasar ni una más. -Su mirada y su voz desprendían hostilidad y severidad cuando se dirigió hacia el General, al que señaló con el dedo- ¡Estás a tiempo de hacer honor a tus principios! –¿Había sonado demasiado personal aquello? No importaba. Agarró el hombro del otro hombre para indicarle que le prestara atención.- De este puedo encargarme yo. ¿Alguna idea para el hijo de puta que vuela?




If you know the enemy and know yourself, you need not fear the result of a hundred battles.
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If you know neither the enemy nor yourself, you will succumb in every battle.


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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Armand el Miér Ago 17 2016, 18:08

Por un momento mi propia percepción del tiempo se desestabilizó, los hechos ocurrieron en lo que me pareció un instante, la revuelta en aumento del pueblo, como apenas por puro reflejo evitaba que un salmón podrido cayera en mi cara por atraparlo con la mano, como uno de nuestros cargamentos ardía y aquella multitud enardecida comenzaba a atropellar con mas fuerza al muro de soldados, como el general iba en respuesta a la situación, tan repentino como ocurrió aquello, volvía a percibir las cosas con mayor rapidez, alguien cometio la insensatez de transformarse delante de todos, y no un alguien cualquiera, no fue difícil ver el emblema de los Verminaard cayendo de sus ropajes destrozados antes de que emprendiera el vuelo y decidiera calcinar otra de las caravanas, mientras delante de nosotros la situación compartía algo del caos, una joven logró escabullirse entre la falange de guardias y fue repelida casi de inmediato por Kael, apenas y caía al suelo, otro hombre de aspecto robusto entraba en escena, haciendo un poco más de ruido y liberando los caballos de un destino terrible hasta para un animal, reconozco a este, su cara sigue en los carteles de búsqueda, un fugitivo, de tantos… Pero por desgracia para todos, no era el momento de perseguir criminales cuando la amenaza venía de un imbécil caprichoso. Desmonté mi propio caballo y decidi dejarlo correr entre el camino que improvisaba el público, ahora aterrorizado por la aparición de aquel Verminaard en su aspecto menos conveniente.

Me dirigí al pequeño duo de intrusos que permanecia dentro de nuestro propio circulo, si bien no llegaron para causar problemas, tal vez podrían evitarlos. –Ustedes dos, si tienen alguna idea para encargarse de los incendios, es preferible que la pongan en acción ya mismo, y si logran detener a esa cosa, tráiganla ante mi.- Miré una ultima vez en la dirección de aquel dragón, pequeño, demasiado para ser de los nuestros, quizá algo distinto, antes de dirigirme a Kael. –General, el paso se esta despejando, nos encargaremos de hacer avanzar el convoy, y por nuestro propio bien, será mejor hacerlo rápido antes de que decidan incendiar toda la procesión.- Dí un par de pasos hacia delante y observé la espalda de los soldados restantes. -¡Cierren la formación! ¡Reanudaremos la marcha de inmediato!- Dicho y hecho, el agujero que había abierto la joven se cerró en cuestión de un instante. –Braid, ve con ellos y encárgate del fuego, el general y yo debemos continuar la marcha.- Y ahora solo quedaba terminar de cumplir con el trabajo, con un simple gesto los encubiertos comenzaron a reunirse cerca de las caravanas, ahora también asistirían a que la marcha continuara con rapidez, ahora solo tocaba esperar que aquellos tres se encargaran de los demás problemas, la asistencia les llegaría después de poner el cargamento a salvo.

Ya mi humor no estaba para sorpresas, no toleraría una sola más.




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Re: The convoy (Mini-trama)

Mensaje por Alrik el Jue Ago 18 2016, 02:11

Desde luego la escena que se presentaba ante los ojos de Alrik era una definición visual mucho más exacta de degeneración que cualquiera de las peleas de taberna más salvajes que hubiera tenido la desgracia de presenciar, más aún que los  prostíbulos (si es que se les podía llamar así) que poblaban los suburbios de la ciudad. Uno de aquellos seres  escamosos había decidido tomar su forma real, sobrevolando la caravana y llenando de terror a un bando y de perplejidad al otro. Un espeso humo negro empezaba a llenar el ambiente, aumentando la confusión, abotargando aún más toda idea racional que la incoherente masa de gente aún tuviera quedara abotargada por el creciente olor a fuego y el pánico, en una reacción más animal que humana, haciendo que los incoherentes espasmos de la muchedumbre aumentaran en número y desorden, pues los intentos de los más valientes o estúpidos que intentaban llegar hasta los soldados eran rápidamente contrarrestados por aquellos que intentaban abandonar el lugar lo más rápidamente posible, aprisionando y empujando más de lo tolerable para cualquier persona, más aún para el huraño y solitario cazador.

Manteniendo un precario equilibrio por unos instantes, afianzó los pies en el suelo el tiempo suficiente para impedir seguir siendo arrastrado por la masa, no librándose de un buen número de empujones y golpes. El espeso humo que enrojecía sus ojos y el barullo reinante hicieron que el montaraz no fuera consciente de lo que ocurría hasta que un furioso chillido en el cielo se hizo audible por encima del descomunal gentío, la figura de la nívea halcón se recortó unos instantes contra el celeste cielo que lentamente se iba oscureciendo de humo y hollín. La rapaz ave, giro varias veces, visiblemente molesta por la emanación proveniente del incipiente incendio. El rumbo de la fiel Skadi, guio su mirada entre la reinante confusión con un  vertiginoso picado, apuntando a pocos pasos del hasta una extraña escena, desviando la atención del cazador de las impetuosas llamas que cerca de él siguen lamiendo la madera del carromato. Por el contrario, capta su atención un siniestro hombre de negras manos que intenta levantar a un muchacho, aparentemente inconsciente, intentando protegerse a la vez de los continuos golpes del gentío. Los chillidos del ave alteraron lo suficiente al extraño hombre de manos enguantadas, para que el levemente incorporado joven volviera a caer al suelo debido a su sobresalto. Las enguantadas manos del hombre y su actitud autoritaria y resuelta, lo diferencian del resto de la multitud, por lo que Alrik aprovecha el momento para arrodillarse el ante el muchacho e intentar incorporarlo sobre su hombro mientras gruñía levemente un escueto -déjeme ayudarlo señor al hombre que aún tenía las posaderas en el frío suelo, sin quitar ni un solo instante la vista de su reacción.
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Re: The convoy (Mini-trama)

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