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Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

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Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

Mensaje por Megerah el Sáb Jun 04 2016, 23:59

Ya había perdido la cuenta de cuántos días habían pasado desde que fueran a las cuevas. Días en los que Megerah había permanecido entre túneles, gozando de un ambiente más cálido que el de la cabaña, a pesar de que en las cuevas daba la impresión de estar menos a resguardo. Pero la rubia ya había averiguado -no sin cierto asombro- como el frío menguaba conforme te adentrabas en las cuevas donde se habían asentado. Este tipo de detalles llegaban a fascinarla. Ella, chica de ciudad, siempre se había preguntado cómo eran capaces de sobrevivir en un simple hueco en la pared aquellos que no vivían en Talos. Y ahora, poco a poco, lo estaba descubriendo, adaptándose tremendamente bien, pese a sus circunstancias personales. Las molestias que el embarazo acarreaba la seguían molestando, dificultando su descanso y mellando su tranquilidad, como frías y constantes gotas de agua sobre la roca. Pero, como también seguía siendo su costumbre, callaba. Aunque Moira, Lyvana o el mismísimo Thareon estuvieran algo más pendientes de ella, intentaba distraerse a base de paseos, conversaciones con Derek -cuando él tenía ánimo para explicarle una vez más lo que estaba haciendo-, o incluso alguna que otra prueba con esa habilidad para controlar el fuego que había descubierto…

El fuego.

¿No había un altar por allí, cerca? Tal vez, pudiera ir. Por cambiar su rutina por un día. Erah frunció el ceño, justo antes de incorporarse de aquel pequeño rincón frente a una hoguera, no sin cierto esfuerzo. Una pequeña punzada, compañera cada vez más frecuente según pasaban los días, quiso recordarle su estado. Como si Megerah pudiera olvidarlo, viendo cómo su torpeza crecía, directamente proporcional a la curva de su vientre. Se llevó su mano izquierda a éste, presionando dulcemente allí donde había sentido ese pinchazo. Encogió el gesto de su rostro levemente, empezando a andar cuando el dolor casi había desaparecido.

No se lo pensó mucho, haciéndose con una de las monturas de las que disponían y abrigándose para aquel paseo. También se hizo con su inseparable látigo y aquellas dos dagas que siempre llevaba escondidas entre sus ropas. Y, como no, seguida por Saeh, nombre que había decidido ponerle a ese roedor que había venido siendo su silenciosa compañía desde que se la encontró de camino a Talos. No se demoró mucho en salir pues, sabía que si se topaba con alguno de sus guardianes, a lo mejor no la dejaban ir. Y, conforme se hacía a la idea de dejar las cuevas por un rato, más se daba cuenta de cuánto necesitaba aquello.

Con aquella nieve le costó un poco ubicarse, con la imagen de los planos que había visto de la zona, en mente. Pero lo consiguió, cuando encontró el escondido sendero al altar, a media falda de una de las montañas. Prefirió dejar el caballo atado a un árbol, algo lejos del camino, para evitar problemas imprevistos por despiste.
Se acercó a la entrada de la tan famosa cueva, despacio, curiosa. Entró, dejándose abrazar por el calor característico de aquel lugar. Sus pasos eran lentos pero seguros, hasta detenerse cuando la rubia llegó a la cavidad donde se alzaba aquel altar de forma piramidal, ante la estatua de la imponente diosa elemental, con brillos incandescentes y tenues llamas que iban desde tonalidades cálidas hasta alcanzar los reflejos azules, propios de la mirada de Megerah. Aquel lugar se le antojaba espacioso, pero por su anchura más que su altura. Erah se quedó mirando el lugar hasta que Saeh, salió de su zurrón y trepó hasta su hombro. Ante ese pequeño temblor del animal, Erah elevó su mano, para cogerla, con suavidad, protegiéndola del tremendo calor de la cueva y haciendo que se desprendiese del frío con rapidez entre sus manos, consiguiendo que por aquel contacto, la ardilla se beneficiara del calor humano.

Pero un presentimiento extraño, algo, turbó aquella precaria y cálida tranquilidad.

Mientras el animalillo saltaba de sus manos, su diestra se fue, con un movimiento instintivo ya, al mango del látigo, mientras sus azules escudriñaban lenta y minuciosamente el lugar-. ¿Hola? -eso, Erah, descúbrete sin saber quién está ahí, se regañó internamente. Suspiró despacio, apelando a su calma. No es que hubiera muchos escondites seguros que la pudieran ocultar.





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Re: Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

Mensaje por Kariel el Dom Jun 05 2016, 10:02

Finalmente había identificado el no-almendro. El libro con el que había identificado la hoja en crecimiento dio con toda seguridad un acebo. Una planta que significaba el enfrentar los desafíos con dignidad y honor. No que considerase que él estaba enfrentando el asunto con mucha dignidad... pero según lo que había leído de alguna manera parecía ser una señal de que siguiera adelante. Viniendo de una planta que los celtas consideraban un portal espiritual, plantado frente a un altar, en el lugar que tendría que haber salido un almendro.

Francamente no sabía qué pensar. Si seguir yendo a regarlo o no. De alguna manera lo sentía casi como un gesto cálido, de esos que sientan amargos en el estómago, como que rechacen tu amor de una manera dulce.

El libro también decía que se lo asociaba con el fuego, y sin saber muy bien por qué decidió tomarlo como una pista emprendió su camino al altar de dicho elemento. La última vez que había estado allí, todo había sido terrible. La nieve, por suerte, había cubierto las horribles "esculturas" de ceniza, y las tarántulas parecían no apreciar las temperaturas, lo que hacía el paisaje mucho menos terrorífico.

Aún así el trayecto había sido demasiado largo y llegó medio congelado. La cueva estaba agradablemente cálida, o quizás debería decir terroríficamente cálida, considerando el temita del volcán. Aún así no se sacó las pieles que llevaba encima, quería transpirar un poco por primera vez en meses.

Se paró allí mirando la estatua de la diosa del fuego. Una vez ya se había parado allí y había despotricado. ¿Tenía sentido hacerlo una vez más? ¿Decirle que creía que los días de la Reina estaban contados y que instar a una guerra sólo diezmaría aún más a todas las razas? ¿O quizás debería pedir fuerzas humildemente? Personalmente creía que no podía hacerlo con honestidad, no le gustaban los métodos de la diosa del fuego, pero quizás se estaba volviendo creyente de la de la tierra.

Sacó de un bolsillo una hoja de acebo y la quemó hasta tener un puñadito de cenizas que depósito en el altar. Quizás no era mucho, pero tenía un significado intrínseco y potente para él. Muchas veces las ofrendas y sacrificios se movían por la emoción detrás y no por las cantidades.

Había pensado tantas cosas que decir, sin embargo estando allí tenía un nudo en la garganta. Dio media vuelta para irse y escuchó a alguien acercarse. El espacio había cambiado desde la última vez que había estado allí por derrumbe, pero fácilmente pudo encontrar un recoveco donde esconderse. Si alguien lo veía allí podía acusarlo de traición. Escondido detrás la roca escuchó los sonidos y trató de que su respiración no resonara mucho. Algo pareció delatarlo y una voz femenina se escuchó. Frunció el ceño ante la familiaridad de ese tono. No podía ser, ¿o sí? Asomó milimétricamente la cabeza y observó esos cabellos rubios tan claros, inconfundibles en aquella fisonomía. Aunque quizás algo distinta con los abrigos.

Sus labios se entreabieron y sin hacer una decisión muy consciente salió de su escondite. En otro momento hubiera sonreído, su cuerpo llevaba varios días entumecido, o quizás era su corazón el que lo estaba. Y las sonrisas del dragón estaban en línea directa con sus emociones.

-Megerah... -Susurró, el eco de su voz rebotando gentilmente contra la roca. Mil cosas pasaron por su mente para decir, desde bromear por su encuentro hasta sugerir la ridícula noción de que le hubiera seguido, como si la exiliada no tuviera nada mejor que hacer. Sus ojos recayeron en el pequeño roedor que ella tenía encima y luego en la estatua de la Diosa-. Supongo que necesitas privacidad -pronunció como si fuera algo normal encontrarse así, una chance en quien sabe cuantas. Caminó hacia ella con toda la intención de pasar de largo y salir de allí. Porque si frenaba no sabía qué sería capaz de hacer.

Sus pasos y todo su lenguaje corporal era duro. Había perdido esa aura amistosa y magnética que solía llevar a todos lados y la tensión en su mandíbula prometía violencia. Los tonos cálidos del lugar sobre las líneas de su rostro hacían parecer como si de pronto ardiera en llamas, capaz de quemarte si osabas tocarlo.




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Re: Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

Mensaje por Megerah el Dom Jun 05 2016, 21:04

Los intensos zarcos de la rubia pronto dieron con el origen de su inquietud en aquel lúgubre lugar. Que realmente, podía ser del todo infundada pues la figura que se presentaba ante ella era del todo conocida para Megerah. Mas, seguía habiendo algo distinto. Algo que a Erah no le terminaba de cuadrar. Pero no se dio cuenta de inmediato. No. Kariel murmuró su nombre, como saludo y como prueba de que le había reconocido. Y ella no evitó sonreír aunque el dragón no lo hiciera-. Kariel. -ese dragon seguía despertando en ella una sensación de seguridad inusitada. Pese a que la redimida era bien consciente de esa faceta imprudente que Kariel tenía en ocasiones. Tal vez fuera por ese apoyo inherente que se dieron mutuamente cuando ella estaba bajo su cuidado. Demasiadas horas en compañía, daba igual dónde, daba igual cuándo. Megerah nunca reconocería que aquel hombre fue bálsamo para su alma justo cuando atravesaba el peor momento de su vida.
Pero era la pura verdad.

Fue por eso que la preocupación tildó su gesto de incomprensión cuando él añadió otro susurro a aquel encuentro,  revelando su intención de irse. La rubia negó ligeramente, aunque dudaba que él la viera hacerlo-. Por una vez, suponéis mal... -comenzó respondiendo, viéndole acercarse, escondiendo la sonrisa sin llegar a tener consciencia de ella por ese aire duro y oscuro que traía el contrario. Se abstuvo de adquirir ese aire juguetón y coqueto que había usado en más de una ocasión, en presencia de aquel dragón rojo. Ese algo en él se lo impedía. Y a pesar de todo, Erah no pudo reprimirse con lo que hizo a continuación: alzó su mano para asir el brazo masculino, con extrema suavidad, cuando casi estuvo a su altura. Fue más una caricia que el acto de agarrar en sí. Pidiéndole que se detuviera, con sutileza, con delicadeza. Como siempre lo había tratado, fuera su dueño o no. No se paró a pensar en la reacción del dragón. Ni siquiera la posibilidad de que esa reacción fuese violenta o a la defensiva, contra todo pronóstico-. ¿Va todo bien, Kariel? -una pregunta retórica que se le escapó de la forma más inocente, con un tono aterciopelado que quiso apaciguar sus temores. Su actitud y apatía anunciaban su desdicha más que cualquier palabra que él pudiera articular.

La última vez que se vieron, Kariel rezumaba felicidad, así como lo hacía Megerah. De aquello hacía tan sólo unos meses. ¿Qué le podía haber pasado desde entonces? Erah no dejaba de observar su semblante, como si con ello consiguiera averiguar aquello que había truncado esa felicidad, tornándola en tinieblas que parecía que ni siquiera el dragón podía controlar. ¿Qué mal asolaba el corazón de aquel hombre, tan distinto al que ella había visto durante años?





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Re: Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

Mensaje por Kariel el Mar Jun 07 2016, 06:11

El agarre en su brazo era familiar, tan familiar como lo hacía sido el de Zedd. Le sorprendía un poco que no reaccionaba violentamente, tal vez el teniente había conseguido preservar algo de su corazón después de todo, pero no sentía ese aire juguetón que solía presentarse cuando estaba con Megerah. Era sólo una mano en su brazo.

Sus ojos trazaron la mano y luego volvieron a ese rostro tan hermoso que muchas veces había mirado casi con obsesión, esta vez sin sentir el tirón en su libido. Ella, por supuesto no había cambiado, era él quien había muerto un poco por dentro.

Sus ojos celestes se posaron en los de ella, terminando su examinación. Había amargura en ellos y cierta frialdad. Apartó los ojos preguntándose si ella podía ver el dolor y depresión que se escondían detrás, no le avergonzaba, ella le había visto en mal estado, quizá lo que le avergonzaba es haber sido tan ingenuo última vez que se encontrarán.

-No. Pero supongo que podría ser peor. Dentro de la gran escala de las cosas sólo estoy reaccionando... -Pero entonces recordó cómo había estado ella cuando la adquirió como esclava. Ella no lo llamaría débil, ni ingenuo. Ella probablemente podría entender cómo se sentía. Y al mismo tiempo, probablemente le pegaría por desafiar a alguien.

-Un corazón roto y una pila de idioteces hechas que seguramente voy a pagar caro no son el fin del mundo. Las inquietudes y frustraciones no son nada comparadas con perder la vida o ver morir a quien amas. Así que quizás simplemente deberías ignorarme y hacer lo que fuera que viniste a hacer.

Lo dijo en un tono frío, casi estudiadamente indiferente, pero había algo allí, bajo la superficie. Algo que vibraba bajo su piel amenazando con estallar. Una tensión en todo su cuerpo que decía que no, que más allá de lo que dijera para él todo eso era dolorosamente importante. Y quizás la mayor pista era que no había hecho un solo movimiento para tocarla, se había quedado allí dejándose agarrar, completamente tenso.




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Re: Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

Mensaje por Megerah el Mar Jun 07 2016, 22:02

Megerah tragó saliva con aquel escrutinio de los zarcos del dragón, hasta establecer otra poderosa conexión con los propios. Pero aquella vez fue diferente. Fue... apático. La intensidad del dragón se había escondido en esa oscuridad que ahora impregnaba sus claras pupilas. Una oscuridad que lo estaba consumiendo de una manera u otra. Que, seguramente, se estuviera perdiendo y a su vez, convirtiendo en un Kariel bien distinto al que la rubia había conocido. Megerah conocía bien esa sensación de dejarse arrastrar, ignorando el pasar de los días, sin apenas vivirlos ni disfrutarlos. Ella misma había pasado por ello. Justamente cuando Kariel la adoptó como esclava, prometiéndole una libertad que posteriormente ella tomaría, mucho antes de lo previsto. Aquel dragón fue su apoyo indirecto en esa etapa. ¿Por qué no podía la rubia implicar lo mismo para él?

Erah suspiró larga y suavemente por la nariz ante la respuesta del dragón. Había sido, efectivamente, una pregunta retórica pues la rubia ya había visto la respuesta antes siquiera de abrir la boca para articular la cuestión. Quizás había sido ese sexto sentido que le permitía adelantarse a los actos de los dragones... O quizás, sólo era, de nuevo, esa capacidad de la rubia para observar y sacar conclusiones que sabedioscómo solían ser acertadas. Pero las razones que explicaban por qué Kariel tenía aquel aire tan sombrío se le escapaban. Tendría que sonsacárselas de la manera más sutil y suave que podía conocer. Como siempre había procurado hacer, cuando él se hacía el difícil. No obstante, Kariel era hombre de muchas palabras, así que a la mujer no le había costado mucho. ¿Sería igual en esa ocasión?

Subió con delicadeza esa mano que ya tenía en el brazo masculino, hasta su hombro, sin apartar sus orbes cristalinos del rostro varonil. Fue a articular pero el dragón se le adelantó, exponiendo, sin esfuerzo, sus razones de manera genérica y superficial. Y lo único que consiguió es que la mujer frunciera más el ceño, con una expresión a medio camino entre la sorpresa, la comprensión y la preocupación. Finalmente, negó con la cabeza, despacio-. Ahora mismo, en este lugar, no hay nadie que me importe más que vos. -¿o quizás sí? ¿Un par de pequeños creciendo en su vientre, tal vez? Bajo tanta piel de abrigo, el estado de la rubia era difícil de adivinar-. Siempre fuisteis un melancólico... -terminó por sonreír- y supisteis captar mi atención con ello, para mi propia sorpresa. -recordó hasta con dulzura-. Fuisteis lo que necesité en el momento oportuno... -divagó entre sus recuerdos. Se extrañó, al darse cuenta de que en todos ellos, el dragón rompía las barreras de la distancia y mantenía cualquier tipo de contacto. No como estaba ocurriendo en ese instante, en el que Kariel distaba mucho de lo cercano que había sido anteriormente.

Ambos habían cambiado desde la última vez que se vieran. Mientras que Erah endulzaba terriblemente su carácter, al verse viviendo la vida que siempre soñó desde que Thareon entró en su vida, la vida de Kariel se vio malograda, herida y hundida en las sombras que ahora lo arrastraban, cambiando hasta su aire a uno mucho más lúgubre-. Mas, si pensáis que por todo lo compartido conseguiré ignoraros, adelante, no podríais estar más equivocado. -quizás aquello que había venido a hacer, como bien había dicho el dragón, era escucharle a él en ese momento de necesidad. Aunque ninguno de los dos lo supiera-. No os vayáis, por favor. -rogó dejando una pequeña caricia con el pulgar en el hombro donde aún mantenía su mano-. Dejadme ser lo que vos necesitáis ahora...   -pecó de osada una vez más, y deslizó esa mano que ya tenía sobre el dragón, hacia su cuello, llegando a repasar la línea de su mandíbula con el dorso de su dedo índice, llegar a su mentón y seguir, hasta poder posar la mano finalmente sobre la mejilla más alejada- aunque sea por un rato.





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Re: Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

Mensaje por Kariel el Jue Jun 09 2016, 01:55

Por un segundo se le pasó por la cabeza hacer un comentario sobre lo acotado de su interés, sólo ahí y en ese instante, pero sabía que era fútil, Megerah siempre había tenido a alguien mucho más importante que había sido una barrera entre ellos. Una que le había advertido de no hacerse ninguna clase de ilusiones.

Echó una mirada a la estatua probablemente en una situación de mayor ofensa que él, estando allí en su altar, charlando en vez de haciendo una ofrenda. Y no es que estuviera loco y creyera que la estatua tenía vida, peeero había visto cosas muy raras suceder allí… así que no descartaba cierta intervención a través de un pedazo de piedra.

Frunció el ceño al escucharla decir que siempre había sido melancólico. Lo sabía, pero era porque por regla general le iba muy mal sentimentalmente, no eran quejas y lamentos gratuitos. Y el hecho de que ella lo arreglara diciendo que eso le atraía de él no terminaba de calmar su molestia al respecto.

La dejó tocarlo, pero sus músculos su mandíbula estaba tensa. Había algo dulce y seductor en ella, como una sirena que te agarraba antes de ahogarte, y podía sentir el agua en su garganta, amenazando con restringirlo si se dejaba caer, si se rendía. De pronto se sus manos surgieron escamas rojas y garras gruesas e imponentes. Se acercó un paso amenazante, sintiendo un calor bajar de su cabeza por toda la columna, no sabía si era verdadero o estaba sólo en su mente, pero pronto se convirtió en un ardor bastante real.

-¿Por qué? -Inquirió en un gruñido, con los ojos entrecerrados. ¿Por qué se molestaba ahora? ¿Por qué le importaba? A pesar de que la última vez le había dicho que estaba todo bien, y que lo entendía, ahora había algo de reproche en su tono, como si también le reclamara el haber escapado. Una garra roja la tomó de la mandíbula la uña raspando la piel sin lastimarla-. ¿Es porque te da alguna clase de satisfacción?

El dolor en su espalda baja se intensificó y de pronto brotó un apéndice rojo, que se alargó cubierto de escamas rojas, rasgando la ropa para hacerse lugar, agitándose de lado a lado. De la espalda del dragón surgía una enorme cola que se movía como la de un gato enojado, amenazante y con fuerza. El altar estaba lejos y nada se interponía en su camino-. ¿Es porque encuentras atractivo mi estado?

Tomó a Megerah del cabello y tiró un poco para exponer su rostro, acercando el suyo peligrosamente-. ¿No hay nivel alguno de humillación y dolor que os satisfaga a vosotras las hembras? -Casi siseó con cierto desprecio-. ¿Qué es lo que quieres escuchar? ¿Qué parte de todo? ¿Acerca de mi mayor acto de entrega convertido en mi peor estupidez o del momento en que le arranqué el corazón de una “pobre” e “indefensa” humana que nada había hecho para merecerlo? Sabes, he empezado a preguntarme, ¿qué hiciste para que Moloch arrancara tu corazón? ¿Le hiciste enamorarse de ti y luego te fuiste llevando su corazón contigo sólo porque te parecía divertido?

Estaba siendo injusto y lo sabía. Estaba volcando sus frustraciones en Megerah que nada le había hecho, escarbando en su historia cuando Moloch no tenía ninguna buena fama. Pero no podía evitarlo, su pecho ardía, todo él ardía, ni siquiera era consciente de la cola a su espalda ni nada alrededor. Tenía miedo de confiar en ella, porque la confianza era lo que lo había dejado en ese estado, de revivir todo y quedar vulnerable, y tal vez, hasta de no poder levantarse y juntar las piezas que quedaban de sí mismo luego de hacerlo.




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Re: Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

Mensaje por Megerah el Vie Jun 10 2016, 17:46

El comportamiento de Erah, una vez más, parecía ser atrevido, sin miedo, cuando en realidad, la rubia volvía a pecar de ingenua, quedándose, aún viendo esa oscuridad ensombrecer el rostro de Kariel. Un peligro inminente y al evidente acecho. Megerah ya se había dejado guiar por el cariño hacia el contrario, penetrando en las fauces del mismísimo lobo, sin augurar nada bueno. Y aquella vez acabó con un brazo desgarrado.

Fue tarde cuando se dio cuenta que se había envalentonado demasiado. Fue tarde cuando Erah volvió a saborear el miedo ante esos cambios físicos evidentes en el dragón. Cuando sus palabras supusieron verdaderas y afiladas cuchillas que se hundieron en la entereza de la mujer de una manera inesperada. Porque Kariel le importaba, después de todo. Porque nunca le deseó ningún mal y siempre quiso ayudarlo hasta que vio una oportunidad para ella de llevar las riendas de su vida y, aún así,no lo hizo con intención de traerle problemas. Porque había aprendido a quererlo, mientras sanaba de la supuesta muerte de Thareon. Y, ahora, aquel Kariel, al igual que el alter ego de Thareon hizo en su momento, se valió de un maldito sentimiento humano para desgarrar su fortaleza. ¿Por qué le hacía esto? ¿Acaso le había mentido, diciéndole que no le guardaba rencor por haberle abandonado? ¿Acaso todas esas veces que compartieron tiempo, jadeos y secretos no contaban? Del estupor que le causaron sus preguntas y aquel agarre que la dejó tan vulnerable, Erah pasó a la desaprobación por lo que el dragón había hecho y, posteriormente, a la indignación, fruto de la mención de Moloch y aquella retorcida manera de ver lo que realmente ocurrió.

Y aquello último provocó un escozor esclarecedor en sus ojos que se cerraron con fuerza. Su gesto se congestionó, reflejando el dolor que le habían causado sus palabras. De haber sido en otro momento, Megerah habría guerreado con frialdad, soltando pura hiel por sus labios, reprochándole al dragón aquella injusta manera de tratarla cuando ella tenía la sana intención de ayudarlo. Pero el embarazo bien estaba volviéndola una mujer sensible, más vulnerable a lo que pudieran decirle, cuando antes no lo consideraba tan importante. Después de todo, si una persona importaba,¿no se tenía en cuenta lo que pudiera decir? Sus azules se abrieron de nuevo, con cierto enrojecimiento y un halo acuoso alrededor del que empezaron a formarse lágrimas, más que dispuestas a recorrer la tersa piel de sus mejillas. Sus orbes chocaron con los del contrario y, antes de que el dragón añadiera cualquier murmullo que fuera dañino, Erah bajó la mano al pecho masculino y empujó. Con fuerza. Con determinación, ignorando el tirón en su cabello. No hubo brusquedad, tan solo ese empujón anunciado para separarse de él y una mirada en la que bailaba el dolor con el enfado, tremendamente compenetrados. Su mandíbula no se apretó como lo habría hecho en otro momento, al sentir la indignación, la injusticia, arder en su estómago-. Sois un maldito hipócrita… -susurró como simple réplica, con sus ojos enfundados en lágrimas, incapaz de articular nada más que pudiera sonar suave. Kariel acaba de hacer evidente lo poco que le importaba ya, haciendo daño a Erah en el proceso. ¿Qué demonios sabía él de su historia con Moloch? Todo, seguramente, según él. Cuando la realidad es que no tendría ni puñetera idea del acto tan egoísta que había sido el de la Muerte Negra, tan solo para demostrarse a sí mismo que tenía hasta más poder que la muerte sobre Megerah. Cosa que para la rubia, implicó el verdadero punto de inflexión que destapó sus ojos y la hizo querer esa libertad para matarlo que se había visto adormilada por unos sentimientos forzados por el dragón. Aquel dragón negro la había engatusado, suponiendo un amor tóxico para ella. Su única opción en realidad, limitada como estuvo, por la esclavitud y el favor de Moloch. Y ahora, ¿era ella la víbora que había jugado con la Muerte Negra hasta matarlo? ¿Qué había hecho Megerah para merecerse un desafío? Enfermar.¿Qué sabía Kariel? ¡Nada!- y no distáis mucho de lo que él fue ahora mismo... -añadió como simple defensa, un ataque velado, que el dragón podía interpretar a su oscura manera en aquel instante. Poco le importaba a la rubia ya.

Pudo apartarse de él unos pocos pasos, sin darle la espalda, mirándolo sin miedo, pero con reproche. No quería repetir la historia pero nadie se paró a preguntar a la mujer y darle opción a evitar las hirientes palabras del dragón. Pero hubo algo más que no estaba por la labor de ayudarla. Estaba alterada, terriblemente tensa y vulnerable, habiendo alguien más que notó aquello. Un pinchazo se repitió en su vientre, dejándola sin aire por un instante. Un murmullo sonó en su garganta. Ahora no, pensó. Su respiración se marcó levemente, por la boca, pues sus pulmones demandaban más oxígeno, haciendo acopio para calmar ese dolor -no sólo físico- que sentía la mujer. La mano izquierda se fue de manera inconsciente a la parte baja de su vientre. Su cuerpo, ligeramente doblado hacia delante por aquel pinchazo buscó la pared de roca para apoyarse con la otra mano, algo temblorosa. Pero entre tanto malestar, pudo articular entre dientes al dragón:- Largaos ya… -respiró, controlándose, retándole a que cumpliera su primera intención de irse. Las palabras del dragón habían sentenciado a muerte la confianza entre ellos. Quizás habría sido mejor que Erah no se mostrara tan dispuesta a ayudarlo-. Devolvedme mi privacidad… -musitó, sin tener claro si el hombre la escucharía o no. Su mano se aferró a la roca, hasta quedar blanquecina de tanta fuerza.

Por un instante, el odio se perpetró en su corazón, deseándole el mismo sino que Moloch tuvo a manos de su desafiada.





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Re: Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

Mensaje por Kariel el Sáb Jun 11 2016, 00:31

Había esperado que ella le respondiera de manera abrasiva, le gritara o le pegara. Lo que definitivamente no había esperado eran lágrimas de una mujer tan fuerte como Megerah. Y contrario a lo que muchos podrían pensar no había hecho llorar a mucha gente, no al menos delante de él. Así que ese simple gesto lo congeló en su ira y en su miedo. Los ojos enrojecidos y con lágrimas alcanzaron una parte de él que no habían logrado con palabras. Y se quedó allí, completamente quieto.

¿Un hipócrita? Sí, probablemente. Aceptó con tranquilidad el insulto, como si no registrara en esa parte oscura de sí mismo. Dejó que se apartara, no había conocido a Moloch, no podía negar que fuera como él, aunque probablemente ella estaba haciendo lo mismo que Kariel, buscando ser cruel para apalear el dolor. La diferencia era que él se lo había ganado.

Siguió la mano y la expresión de dolor con expresión preocupada. La redimida parecía estar en completo dolor y no había manera que la dejara así. Sus manos recobraron su color y tamaño natural y la cola se mantuvo allí, en el aire con pinta de incertidumbre. Fue a dar un paso hacia ella pero se frenó, había logrado asustarla ya suficiente. La miró entre dudoso y preocupado y finalmente se acercó acariciando una mejilla y secando las lágrimas con el pulgar-. Shhh tranquila, lo siento, respira hondo… te ayudará a calmarte y a disipar el dolor…

Dejó caer la mano y se apartó, considerando que había demostrado que no tenía intenciones de seguirla lastimando, se consideraba indigno de seguirla tocando. Se puso una mano en el rostro y cerró los ojos. La mano subió y desordenó los cabellos-. Lo siento, a veces no me reconozco a mí mismo-, tragó saliva sintiendo la angustia hacer un nudo en su garganta, ardor en sus ojos, pero no dejó que las lágrimas cayeran, estaba cansado de llorar-. Fui horriblemente injusto contigo. Tenía miedo de abrirme de nuevo. Siempre fuiste capaz de meterte con toda facilidad en mi corazón. De tener un gran poder sobre mis sentimientos. Y nunca podías ser realmente mía… -Miró hacia otro lado, era algo que había sabido desde un principio, sin embargo eso no lo hacía más fácil-. Decirte todo y saber que luego te irías con Thareon y yo me quedaría de nuevo solo y miserable… creo que los celos se me subieron a la cabeza, aunque no tenga derechos a tenerlos.

Se giró hacia la salida, tenía el estómago revuelto y la visión borrosa. Quizás lo mejor sería realmente irse. No había estado comiendo ni durmiendo bien en días, y de a poco estaba enloqueciendo. Había intentado que Megerah no le hiciera revivir su situación y no sólo no lo había logrado, sino que se sentía aún peor que antes. Y no por primera vez en todo ese tiempo se le pasó por la cabeza la idea de terminar con todo ese dolor. Idea que cada vez que se encontraba solo y desesperado se volvía más atractiva.

Dejó que sus pasos lo guiaran hacia la salida, con el corazón contrayéndose de manera dolorosa y sus pensamientos fijos en la nieve que sabía que estaba afuera. Nieve que una vez casi acaba con él. Que siempre lo recibiría con los brazos abiertos para descansar allí.




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Re: Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

Mensaje por Megerah el Sáb Jun 11 2016, 23:45

Aquel pinchazo no podía haber sido más oportuno, haciéndole ver a Erah lo vulnerable que era ahora para cualquier cosa que hiciera. ¿Cómo iba a poder seguir ayudando en la empresa que compartía con Thareon si aquellas punzadas repentinas la dejaban fuera de juego? No se había querido parar a pensar, aún, lo inútil que podría llegar a sentirse cuando todos los planes avanzaran y ella no pudiera participar. Porque... ¿se estaría retorciendo de dolor? ¿Iba a ser así hasta que diera a luz? Sí sabía que aún quedaban unos meses, pero la molestia ya estaba vigente aunque no de forma constante.

Soltó una profunda exhalación cuando el río de pensamientos que fluía por su mente desembocó en la posibilidad de que todo aquello la superara finalmente.

Sí podía, ¿verdad? Había mujeres que habían pasado por aquello y lo consiguieron. ¿Por qué iba a ser ella menos? El aire salía de los pulmones de la rubia mucho más rápido de lo que entraba, con inspiraciones irregulares frente a las marcadas y rápidas exhalaciones... cuando el dolor no cortaba toda respiración momentáneamente. Aquella cadena de hipótesis, de preguntas sin respuesta, se vieron interrumpidas por la calidez de la mano de Kariel, ahora humana de nuevo. Erah comenzó a notar cierto sudor frío, envuelta entre pieles, en un sitio donde hacía considerablemente más calor que en las cuevas. Aún así, su mirada no dejó de verse terriblemente turbada y, apenas consiguió aunar entereza para profundizar más en aquella respiración irregular que traía.

¿Por qué le estaba costando tanto calmarse esta vez?

Megerah se veía incapaz, pese a esa disculpa del dragón, de tranquilizar su llanto. Y aquel pinchazo... había supuesto el mazazo físico que Kariel no quiso darle. Parecía todo un complot contra ella. El dragón se apartó, volviendo a pedirle disculpas. A confirmar que había sido injusto en aquel arranque que había tenido. Y hasta a mencionar ese poder que la rubia tenía sobre él. Uno del que Erah tenía conciencia, y nunca usó en su contra. Nunca quiso. Como demostración tácita de ese respeto y cariño que sentía por Kariel.  Algo fuerte que se había resquebrajado con la insensatez del propio dragón, como para que Megerah le dijese que no se preocupara.
No estaba siendo el mejor de sus días.
Ese sudor frío que ahora perlaba su frente, dio un paso más allá y amortiguó las últimas palabras del dragón en los oídos de la rubia. Ésta frunció el ceño, cada vez más asustada por todo lo que le estaba pasando. El embarazo, el injusto impulso que había tenido Kariel, el calor... A ese grupo de razones que bien podían explicar el estado de la mujer se sumó la probabilidad de que fuera otro de esos efectos secundarios de haber superado el desafío. Megerah no lo sabía, ni podría saberlo con exactitud.

Alcanzó a tragar saliva, poco capaz de moverse, cuando sus piernas fallaron. Aunque no soltara su agarre de la pared, la mujer perdió altura, con unas ganas impresionantes de retorcerse de dolor allí mismo. Pero el dragón ya no miraba, de camino a la salida, como se encontraba-. Para... -no se estaba dirigiendo a Kariel, en realidad, mas sí al dolor, en un deseo expresado en voz alta para que su propio cuerpo se estabilizase de una vez por todas- por favor... -murmuró, parpadeando rápido un par de veces, al notar la mirada nublada. Hacía demasiado calor allí dentro para todo lo que abrigaba a Erah. Pero apenas alcanzaba a moverse, por aquella punzada que parecía no querer dejarla respirar. La mano mantenida en su vientre se presionó, como tantas otras veces, con la esperanza de que consiguiera apaciguar el dolor. Realmente, a cada segundo que pasaba, más atemorizada estaba... pues sabía que algo no iba bien. Cosa evidente aunque Megerah no era capaz de saber el qué.

Su cuerpo se acabó inclinando hasta apoyarse de costado en la pared. Finalmente, la mano que la había sostenido cayó. Su mirada quedó fija en un punto imaginario frente a ella. Y la consciencia de la mujer pudo ver la imagen tan débil que mostraba, justo antes de sentir un mareo que la dejó prácticamente fuera de juego. De quedarse allí, así, sola... ¿qué probabilidades tenía de que al volver en sí, estuviera bien?-. Ayuda...





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Mensaje por Kariel el Mar Jun 14 2016, 01:32

Se detuvo al escuchar el “Para”. A pesar de que no era para él, no podía saberlo, sonaba dolido, y el “por favor” susurrando tan pequeño llegó a sus oídos gracias a la gran quietud de la cueva y su propia naturaleza, un poco más aguda que los humanos. Se giró preocupado, un instinto suyo que siempre dedicaba atención a otros se impuso dentro de sí mismo y lo hizo volver a comprobar el estado en el que estaba la rubia.

Cuando la vio, la mano de Megerah se deslizó de la pared y el cuerpo colapsó bajo el peso de sus rodillas. No necesitó escuchar el pedido de ayuda para moverse, pero en el tiempo que tardó en llegar hasta ella… una eternidad a su modo de ver, aunque había sido casi instantáneo… el cuerpo había empezado a hacer su viaje hacia el suelo cuando la cola negra y escamosa se enrolló por atrás y el resto del cuerpo del aristócrata la agarró por delante. Al principio de manera torpe, una cruza de manos y brazos medio inentendible. Finalmente la agarró bien entre sus dos brazos, notando su cola, pero apartando el pensamiento de inmediato fuera de su mente por la preocupación por la redimida.

Notó unas gotas de transpiración en la frente y tras unos segundos cayó en la cuenta de que hacía mucho calor allí, ni hablar del hecho de que cuando la gente se desmayaba necesitaba un poco más de aire que lo normal y les hacía mal estar muy encerrados. Se movió un poco hacia la entrada de la cueva, donde entraba un poco más del aire frío que corría afuera, pero aún se mantenía un ambiente no tan fresco y le quitó el abrigo a Megerah, en un pequeño malabarismo de cola y manos. Puso el abrigo en el suelo y despacio bajó el cuerpo de la mujer, como si estuviera hecha de porcelana.

En medio de abrir otra capa de ropa de abrigo para que la temperatura de su cuerpo bajara un poco, notó la redondez del vientre de la redimida. Por el tamaño no podía ser nada distinto. De su garganta brotó un sonido de incredulidad al estar frente a frente con el descubrimiento del embarazo de Megerah. La preocupación por su estado se duplicó, aplastando bastante los celos que quemaron en su estómago por un momento.

Terminó de abrir el abrigo y controló que la respiración de Megerah no sonara muy impedida. Apartó su rostro de ella, no queriendo taparle el aire y acarició con suavidad el vientre, intentando transmitir seguridad a los retoños que allí estaban. No sabía qué más hacer, estaban casi que en el medio de la nada y no podía contactar a nadie para que le aconseje. Esperaba que la redimida despertara pronto para poder ayudarla mejor.




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Mensaje por Megerah el Mar Jun 14 2016, 21:56

Erah se perdió en la etérea inconsciencia, dejando de tener control de su alrededor o de su propio cuerpo. Ese que parecía rebelarse contra ella desde que recuperara lo que siempre fue suyo por naturaleza: su corazón. Megerah convivía con la incertidumbre de ignorar los cambios que pudiera sufrir según avanzaban los días. A ello, lógicamente, se sumaban los cambios del embarazo. Aunque tampoco fuese uno normal.
En definitiva, la rubia alcanzaba a aceptar todo aquello como compañero de vida durante, al menos, los inmediatos próximos meses. No obstante, no estaba siendo del todo fácil, pues la compañía que frecuentaba, poco podía ayudarle o darle alguna pauta a seguir que no se basara en hipótesis. Lógicas por supuesto. Mas, ¿qué seguridad podían proporcionarle? Erah aguantaba estoicamente mientras endulzaba carácter, día a día, tal vez, como consecuencia de ir perdiendo esa seguridad suya característica, muy lentamente.

Porque aquel que dijera que Megerah no había cambiado debía de estar muy ciego.

Un aire menos pesado, más frío, inundó sus pulmones, aliviando poco a poco, ese sofoco que le había hecho perder el sentido. La piel, húmeda por el sudor, notó una descarga en el ambiente, ignorando que Kariel llevaba su cuerpo hacia la salida y le hacía desprenderse del abrigo que, en aquella ocasión, estaba siendo más un lastre que una bendición. Finalmente, sus ojos se apretaron levemente antes de abrirse, parpadeando repetidamente mientras miraban en derredor con confusión. Un suspiro se escapó de entre sus labios, justo antes de que sus azules se encontraran con los del dragón, quien permanecía a su lado ahora. Tardó unos segundos en volver a ubicarse, aún con cierto malestar general. Tragó saliva al sentir la boca inusitadamente seca. Ese… odio, ese reproche que antes había en la claridad de la mirada de Kariel había desaparecido, dando paso a una tangible preocupación, que frunció el ceño de la rubia momentáneamente. Erah se movió encogiéndose sutilmente sobre sí misma, protegiéndose y, a su vez, pensándose una disculpa por… ¿asustarlo? así. El mazazo de la realidad la golpeó, pues recordó lo que había pasado instantes antes, cuando Kariel no evitó el impulso que hizo que Erah llorara, por ser el objetivo sobre el cual el dragón vertió todo su veneno. La mujer no se había esperado un movimiento así por parte de aquel hombre, derrumbándose ante él como el castillo de naipes que no había sido antes. ¿Tanto había cambiado? Sorbió ligeramente, con cierta angustia aún encogiendo la boca de su estómago. Sus orbes cristalinos, con cierto tono enrojecido buscaron respuesta en los del dragón a demasiadas preguntas no pronunciadas, queriendo saberlo todo de él pero sin más valor para preguntar. Una de sus manos se elevó discretamente hacia sus pequeños, topándose con la mano de Kariel, de forma totalmente fortuita. Erah modificó con rapidez la trayectoria de su mano sobre su propio vientre, alejándola de los varoniles dedos que dejaban una sensación de calor allí se posaban-. Lamento que lo estéis pasando tan mal...





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Mensaje por Kariel el Miér Jun 15 2016, 15:04

Verla abrir los ojos y no estar inmediatamente en dolor fue un alivio para el dragón. Los ojos celestes se veían claros y enfocados. La mano de Megerah rozó con la suya y se retiró prontamente. Kariel quitó la suya sintiéndose culpable de que ella rehuyera su toque, pero sin culparla, considerando que se lo merecía.

-Lamento haber reaccionado así-, respondió volviendo la mirada desde la mano de ella hasta sus ojos. Había estado asustado, y ella lo había percibido. Decirlo en voz alta, sin embargo, no era tan fácil. Se llevó una mano a los cabellos en un gesto estresado-. La primera vez que la vi en el bosque ella me dijo que era humana, y creo que de alguna manera consideraba había perdido su parte draconica... yo la reconocí por un artículo en el periódico. Huargos atacaron y tuve que sacarnos de ahí. Ella temblaba como una hoja y yo pensé que era miedo a volar... era al contacto físico-, empezó a relatar sabiendo que se lo debía a Megerah, una explicación-. La segunda vez se había teñido el cabello, la encontré casi muerta en la nieve. La llevé a mi casa sin reconocerla. No me tomó tanto notar quien era, y le di refugio. Ella siempre desaparecía durante el día y volvía a dormir por la noche. No sé bien a dónde iba. Al principio no hablamos, luego poco a poco nos fuimos contando cosas. Yo sabía que ella había sido exiliada por ayudar a humanos a escapar de la esclavitud, y que antes había sido espía. No sé si alguna vez tuvo amor por su raza. Pero ella me contó de la tortura antes del exilio... compartimos uno al otro muchas experiencias de las que uno no habla. Y poco a poco fuimos trabajando en su problema con el contacto.

Tiró de su cabello de forma dolorosa. Su cola se agitó detrás de él, el dolor que provocaba manteniéndolo allí, no perdido entre recuerdos-. Me fui enamorando de ella, y creía que era mutuo. Ella podía crear una red en la que sólo estábamos nosotros, era íntimo y de alguna manera como si supiéramos más del otro. Era único-. Su pecho se contrajo dolorosamente pero no cayeron lágrimas, quizás ya no tenía con qué.

-Ella era tan vulnerable todo el tiempo que era fácil creer que la espía había sido otra parte ella. Y quizás lo era, no lo sé. Ya no sé nada. Propuse escapar con ella... Ella propuso esclavizarse. Yo dije que si lo hacíamos, además nos casaríamos en secreto-. Negó con la cabeza-. Hablé con la Reina para ello. La oscuridad de mi corazón y mente dándome una ventaja... o ella simplemente decidió jugar conmigo. De cualquier manera terminé teniendo el permiso y la marqué y me casé en el altar de Tierra. Y para balancear el poder que tenía yo sobre ella en el matrimonio... y porque estaba estúpidamente enamorado.... le dije mi verdadero nombre-. Tiró más de su cabello-. Le regalé un poder único sobre mí. Tiré la última muralla... y ella desapareció antes de que yo despertara al día siguiente-. Estuvo en silencio unos momentos mirando hacia la nada-. Esperé, la busqué, intenté contactarla por la red de ella. Nada, desde luego. Ya una vez desapareció así luego de que el inquisidor que la torturó la persiguiera, sabe cómo esconderse.

No sabía si ella necesitaba que le explicara sus dudas, sus teorías y el conflicto entre su corazón y su mente. Que un momento pensaba que era una traición y al siguiente dudaba si él no estaba traicionando al dudar de su amor. Ni siquiera sabía si ella podía entender cómo se sentía, si veía todo mucho más claro que él. Si siquiera entendía las implicaciones de dar tu nombre real. Tampoco sabía si importaba. La duda era un horrible monstruo que devoraba su debilitado corazón cada minuto del día.




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Re: Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

Mensaje por Megerah el Jue Jun 16 2016, 21:57

Aún tensa, escuchó su disculpa. No sabía bien cómo reaccionar. Y tampoco su cuerpo parecía querer responder con rapidez. Erah tenía sentimientos enfrentados: por un lado le había dolido tremendamente lo que Kariel le había dicho, pero... por otro, lo conocía. Sabía que su disculpa era sincera. O eso quería creer. Ambos habían cambiado. ¿Lo habían hecho lo suficiente como para que Megerah no pudiera fiarse ya de Kariel? Ambos habían pasado por mucho, juntos y por separado.  Descargaron muchas penas en el hombro contrario cuando Erah fue su esclava. Pero no todo fueron malos desahogos. La rubia encontró en aquel dragón algo más que consuelo y compañía. Algo más que deber de obediencia y sumisión. Encontró un alma frágil, como lo era ella en aquel momento.

Pero la vida parecía haberle sonreído sólo a uno de los dos desde aquel entonces.

Con meticulosa sutileza, observó cada gesto del dragón mientras se explicaba. Mientras le contaba toda su historia. La mujer no perdió detalle de ese rostro que quería ser impertérrito pero que Megerah sabía leer perfectamente. No le pasó desapercibido ese gesto para provocarse dolor a sí mismo. Como si ese dolor lo mantuviera en aquella cueva... como si con ello evitara volver a caer en esa oscuridad que se mantenía al acecho y atacaba siempre que tenía ocasión. Erah ya había estado -y estaba- con alguien así. Un dragón fácilmente perturbable que a la mínima perdía el control sobre sí mismo. Thareon había tenido que perder los papeles muchas veces para tener el control que ahora tenía. Y muchas veces, ella había estado delante. Había cosas de las que la rubia había sido testigo que prefería guardar en el rincón más olvidado de su mente y corazón. Unos hechos encerrados entre candados etéreos, en una pequeña caja de Pandora personal que ni ella se atrevía a abrir ya. ¿Qué sentido tenía hacerlo cuando era tan feliz al lado del dragón azul? Ambos habían hecho por adecuarse al nuevo yo del otro, empezando de cero lo que no pudieron tener en su época de esclavos.

Claro que Megerah también era consciente de que Kariel no podía llegar a ese extremo tampoco.

Conforme el dragón rojo continuó su malograda historia de amor, la molestia pareció despertar, aunque mucho más calmada. Como había sido hasta ahora en realidad, generando en la mujer una sensación de tirantez continua que acababa con las energías de la rubia. Emitió un murmullo como simple queja, mientras hacía el esfuerzo de incorporarse parcialmente para quedar sentada, sin apartar sus azules de los contrarios-. Entonces, no la encontraréis si ella no quiere ser encontrada, Kariel. -algo que era seguro que el dragón ya sabía-. No perdáis más tiempo en ello, si aún consideráis mis sugerencias. -según habló antes de añadir ésto último, le surgió la duda y por eso lo mencionó. Era inevitable que aquella historia cambiara el carácter de aquel hombre de forma evidente, mas, la rubia deseó por un momento que no fuera del todo irreversible-.  No podéis seguir esperando por ella... La vida... -en su gesto se dibujó el dolor durante un momento- ... sigue. -quizás aquella dragona se lo perdiera, en realidad. Ignoraba -como Kariel- las razones de aquella mujer para abandonarlo. Y, por un instante, se le antojó aquella situación a la que ella vivió con Thareon cuando quiso protegerlo, haciendo que la odiara y dejase de buscarla. Claro que, sólo en muy determinados aspectos. ¿Habría estado la mujer coaccionada también? ¿Lo habría hecho con los mismos motivos? Estas y otras tantas preguntas se dispararon en la mente de Megerah, haciéndole entender, de forma nimia, la incertidumbre del dragón-. Sé que ahora atendéis a pocas razones, vertiendo vuestra frustración y desesperación en... cualquiera de nosotras. -el rostro de la rubia se ensombreció parcialmente con esas palabras. Primero había sido esa humana que había desafiado y, después, ella misma. Sorbió de nuevo, volviendo a repasar su vientre con su mano, ahora de forma inconsciente y protectora-. Nadie dijo que perder a alguien así fuera fácil de sobrellevar... -ella podía entenderlo hasta cierto punto. Kariel sabía cómo había estado ella cuando pensó que no volvería a ver al que había sido -y ahora era- el amor de su vida. Y, de hecho, la había visto vagar sin rumbo, recorriendo pasillos con el consecuente peligro de las pequeñas trabas que Kariel tenía, para evitarse robos. Megerah rehuía todo contacto con el dueño de la mansión o el servicio. Hasta que Mina se las ingenió para obligarla a dar el paso que la acercó irremediablemente a Kariel, en muchos aspectos. No obstante, ahora volvía a ser prudente-. Pero... esto... también pasará.

Aún desconfiaba levemente. Aunque no quisiera. Mantuvo las distancias, pues en un estado tan vulnerable, los impulsos del dragón podían llegar a ser del todo inesperados.





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Re: Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

Mensaje por Kariel el Miér Jun 22 2016, 18:55

Le echó una mirada irritada ante la aclaración de que no la iba a encontrar, como queriendo decirle “no me digas…” ya que él mismo acababa de apuntar aquello. Y lo cierto es que más allá de que ella lo considerara a eso como la pérdida de tiempo, quizás lo que más lo consumía era el tiempo que pasaba preguntándose qué sería de ella. Y eso… eso era mucho más difícil de evitar.

De alguna manera era difícil explicarle a su corazón eso, por mucho que su mente entendiera. Quizás hasta estaba un poco enojado con la vida por seguir, cuando él sentía que moría por dentro. Su ojo cobró un tic al escuchar la generalización femenina. Ahora aparentemente era un opresor. Una sonrisa muy oscura, pero perfectamente cincelada se acomodó en su rostro, irónica por completo ante sus palabras.

-Claro, por una cosa que hago, por una vez que estallo, vamos a asumir que siempre lo hago-, se apartó de ella, la cola serpenteando en el suelo-. Pensé que podías entenderlo. Entender mis razones. Pero ya veo que ni siquiera justifico una pregunta de qué sucedió. Ya todo se corta con el mismo cuchillo, total, es mucho más sencillo.

Soltó una suave risa, ella lo había acusado de algo que luego había terminado haciendo ella. Al final del día todos eran bastante crueles en el fondo, prejuzgando y señalando con el dedo. Y la verdad era que había dejado de sentirse tan culpable al respecto. Se cruzó de brazos y se apoyó contra la pared de la cueva-. ¿Debería contactar a alguien por ti? No estás en condiciones de andar por ahí sola-, cuestionó con una mirada al protuberante vientre. Si ella no estuviera embarazada ya la habría dejado sola, pero su estado hacia que se sintiera compelido a cuidarla, más allá de su mal humor al respecto de cómo había sido juzgado.




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Re: Hard to know how, but I do understand you (Priv.)

Mensaje por Megerah el Miér Jun 22 2016, 21:18

Pero... ¿qué?
Con la réplica tan ofensiva de Kariel, Megerah entendió finalmente que cualquier cosa que le dijera, la tomaría con ella, la acusaría, la malinterpretaría, echando drásticamente por la borda cualquier tipo de ayuda que ella quisiera darle.
Y ya estaba cansada de perder el tiempo inútilmente.

Respiró marcadamente por la nariz, molesta también por esa tozudez del dragón. Con su actitud defensiva, sólo conseguía que Erah se sintiera peor, pues ahora no se sentía tan fuerte emocionalmente como para aguantar acusaciones gratuitas cuando sus palabras no portaban mal alguno. Al contrario, la rubia sólo pretendía aliviar la maldita carga que Kariel traía. Pero él era el primero que no quería ayuda. Pues bien, Megerah no lo volvería a intentar-. Pensad lo que queráis. No hay mayor ciego que el que no quiere ver... -murmuró, airada, apartando toda intención de mirarlo y hacerlo entrar en razón. Sería inútil.

Como darse de cabezazos contra un muro para romperlo.

Hizo por incorporarse, manteniendo distancias tanto figurada como físicamente con Kariel. El dolor aún congestionaba su gesto parcialmente, pero al menos, no la hacía doblarse, pudiendo mantenerse de pie para largarse de allí. Con tal situación, la frustración se transformaba en picor en su mirada, dolida por la ofensa. Claro que lo entendía, pero él no quería escucharla. ¿Qué más podría hacer? Nada. Todo lo que dijera sería utilizado en su contra, con esa desgraciada costumbre que tenía Kariel de entender lo que se le venía en gana. Un murmullo cruzó su garganta, antes de que Megerah pasara saliva. Volvió a apoyarse con la mano en la pared, agachándose parcialmente para recoger las ropas que le servían de abrigo, sobre las cuales el dragón la había tumbado cuando perdió el sentido. Suspiró al volver a incorporarse, manteniendo sus azules lejos de la figura masculina-. No finjáis preocupación. No la necesito. Bastante me habéis aportado ya. -acusaciones varias, un disgusto y hasta un tirón en su melena dorada. En todos aquellos cambios que estaba sufriendo, tan descoordinados como extraños en ella... ¡cuánto le habría gustado tener a Thareon allí en ese instante para cobijarse en sus brazos y desahogarse a gusto!-. Seré yo quien os deje privacidad con la... diosa. -mencionó la última palabra con cierto temblor. Ni sabía lo que estaba haciendo Kariel allí... y ya no le importaba lo más mínimo. Manteniendo la mano en su vientre, con alguna que otra caricia y la esperanza de que las criaturas que llevaba en su vientre se mantuvieran tranquilas hasta que ella volviera a las cuevas, Erah se echó el abrigo en el otro brazo, el izquierdo, más débil pero aún así, parcialmente funcional. La tentación de mirar al dragón se le hizo demasiado grande y cedió a ella, viéndolo sentado en el suelo, con aire desaliñado, oscuro y un aura que desprendía cierto veneno en aquel momento. Un veneno que ya había vertido sobre Erah. Le dio verdadera lástima que estuviera así, pero sólo dependía de él salir de aquel estado-. Adiós, Kariel. Buena suerte... -musitó antes de girarse finalmente hacia la salida, dándole la espalda.

Que en la vida recogiera lo que ahora sembrase. Para bien o para mal.





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