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¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

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¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Derek el Dom Mayo 22 2016, 17:32

Los viejos cálculos de Lyssana eran ya un viejo eco del pasado. Estaban perdidos en algún punto indeterminado del tablón abarrotado de papelotes colgados de alfileres. Un enorme y caótico mural de cantidades, fórmulas, recombinaciones y productos que, por fin, habían dado sus frutos. La fórmula de la pólvora de Lyss finalmente se había perfeccionado. Y ahora era más rápida, más flamígera, y más destructiva. La onda llegaba mucho más lejos, y la explosión se había vuelto más violenta. Las bombas incendiarias eran sin duda la mejor forma de desatar el infierno. Pero aún me faltaba infierno para lograr el objetivo que ese pirado de Thareon tenía en mente.
Gihaial me había dicho que podía fiarme de él, que aunque pareciera un bigardo con más músculo que cerebro, tenía más coco de lo que aparentaba. Pero un tipo que te pide, específicamente, un fuego capaz de destruir la roca más dura, definitivamente no podía estar muy bien del tanque.

En el poco tiempo que había pasado con Thareon y Meg, había llegado a dos conclusiones fundamentales. Primera: la que tenía coco de verdad era ella, y además era la que llevaba los pantalones en esa relación. Segunda: Thareon era Rainreth versión tío y con peores pulgas. Lo más inteligente que se podía hacer con él, era no cabrearle. Y por eso desde el primer día que me intenté acercar a la rubia le dejé claro que yo era más gay que un unicornio con alas de mariquita vomitando arcoiris en el país de la piruleta. El pollo imponía, pero en plan mal. Osea, cuando estaba normal, era un dragón majete, y era verdad que no era del todo tonto. Pero cuando se mosqueaba se transformaba en la puta niña del exorcista en draconic mode on. Era como tratar con el Doctor Jeckyll sin saber si se había tomado o no la pócima de Mr. Hyde: eso sí que era una puta bomba infernal.

El caso era que, casi desde que habían llegado, me había dedicado exclusivamente a mejorar la pólvora de las bombas incendiarias que creé para el atentado fallido. Por suerte para mi, buena parte del instrumental que utilicé entonces, estaba guardado en la base de la Resistencia abandonada. Y las cosas que me faltaban, me las conseguía Nyssa de la base de Talos, o me las traía Thareon directamente desde mi casa. Hasta los libros, a los cuales misteriosamente les habían desaparecidos alguno prólogos...
Llevaba días casi sin salir de las cuevas. Comía porque Megerah me llevaba y cambiaba los platos de la mesa de trabajo. Dormía porque cuando me quedaba sobado en la mesa, alguno de los dos me acostaba en la cama en la que despertaba al día siguiente. Y creo que una vez me duché porque Thareon me tiró un cubo de agua encima. No me enteraba de quien entraba y salía de la base, y tampoco me importaba. En fin, que había estado casi completamente autista los últimos días, enfrascado en la investigación y el diseño de dispositivos para crear lo que el dragón me había pedido.
No estaba siendo sencillo. Por violenta que volviera la explosión no había manera de que el fuego de la pólvora por sí solo pudiera derretir la roca. Necesitaríamos unas cantidades titánicas para conseguir eso, y no disponíamos ni del tiempo ni de los medios. Nope. Fuera como fueran las nuevas bombas, tenían que ser poderosas y humanamente transportables a partes iguales.

Por suerte, en medio de aquel tablón de papelotes, un día descubrí que había colgado (a saber por qué), los diseños de las balas del arma que Anzu accionó por accidente aquel día de Navidad. Balas que poseían esquirlas de metal dentro, muy pequeñas, que salían disparadas cuando el proyectil impactaba gran velocidad contra su objetivo. En ese momento pensé: ¿y si en vez de la velocidad de una bala, la metralla fuera lanzada por la onda expansiva de la bomba en sí? El fuego no podía derretir la roca. Pero la fuerza repetida del pico de acero si lograba socavarla. Entonces, ¿si a una gran temperatura, el metal golpeara repetidamente la piedra, ésta no se debilitaría lo suficiente como para que resquebrajarla, y luego romperla?
Con ese hilo de pensamiento, había empezado a diseñar nuevos recipientes para las bombas  destructivas, creando dos depósitos concéntricos: uno con la pólvora, en el centro, y otro alrededor, rodeándola, lleno de clavos, tuercas, esquirlas, puntas de flecha, tenedores, cuchillos... ¡lo que fuera! Cualquier cosa metálica que pudiera salir disparada y clavarse en la roca podría valer.

Esa... ehm, ¿tarde? Por ejemplo, porque no sabía ni en que día vivía ya. Estaba finalizando el primer prototipo. Un balón de cuero reforzado, más grande que mi cabeza. Con cuidado y delicadeza, estaba terminando de rellenar la cápsula de la pólvora. Al terminar, cerré el rudimentario tapón, y contemplé mi obra. - ¡Pfff...! Esto va a meter un pedo que pa'qué... - Comenté en voz alta, como si hablara con alguien. Que no era el caso, al menos no conscientemente. Pero igualmente estaba entusiasmado con la idea. En general, había recuperado cierta vitalidad al verme de nuevo enfrascado en la investigación, cosa que me hacía falta desesperadamente. Me ayudaba a mantener mi mente en marcha, centrada en lo importante, sin dejarla cabalgar por las cosas desagradables que no habían dejado de acosar mis pensamientos en los últimos meses. - Entonces... la mecha irá por aquí, sí. Creo que sí. Pero habrá que alargarla por lo menos un par de metros. Aunque podría hacerla corta y ponerle menos fósforo para que prendiera más lento... Hmm... - Pensativo como estaba, de pie ante la encimera, me llevé la mano a la cara para frotármela. Y en el gesto, golpeé sin querer una vela, la cual dejó caer un poco de cera caliente sobre restos de pólvora que había en la mesa. Y que se prendieron ipso facto. - ¡AYLAOSTIAPUTAYVIRGENDELCOÑOMACARENO! - Solté, tan rápido que no sé cómo no me mordí la lengua en el proceso. Como un gilipollas empecé a golpear la mesa con las manos para intentar apagar el fuego que se estaba...

... acercando...

... a la bomba...

... que estaba...

... a 20 centímetros...


... DE MI.


- ¡SHHHU! ¡SHU! ¡APÁGATE JODER, APÁGATE! - Ya me harté de que se me escaparan las putas chispitas. Y con los putos huevos de corbata y voz de pito solté: - ¡QUE TE APAGUES HOSTIAS! - Moví la mano hacia las caóticas chispas fulgurantes, y éstas rápidamente se apagaron al tiempo que el conocido hormigueo de mi poder sobre el fuego hacía su efecto y acallaba su efecto. Me quedé estático un momento, antes de que se me bajara toda la sangre de la cabeza de golpe, y me fallaran hasta las fuerzas. - Afú... - Suspiré, dejándome caer en la silla, aún medio temblando, pensando que había estado a puntísimo de morir de una forma tan ABSURDA que hubiera merecido un hueco en el Guiness de los records... fuera lo que fuera eso.
- No se si sorprenderme o espantarme de tu fijación por arriesgar los nueve dedos que te quedan... - Por si me hicieran falta más infartos de miocardio ese día, aquella inconfundible voz hizo que me volviera a levantar de un salto de la silla. Me seguían temblando absurdamente las rodillas, pero eso no me impidió que me volviera hacia la entrada de la galería, donde unos ojos azules me observaron bajo unos no menos conocidos rizos pelirrojos.

La sangre se me fue aún más de la cara, dejándome lívido, palote (no en ese sentido, salidos). Más tieso que un espárrago seco, vamos. Con miedo a hacer el más mínimo movimiento, por si acaso empeoraba aún más la situación de alguna manera, o yo qué se qué...
Trystan. Era Trystan. Estaba ahí. ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué coño estaba allí paradote delante de mi? ¿Cómo coño... cuándo... dónde...? ¿¿POR QUÉ?? ¡Joder! No contaba para nada volverle a ver, y menos allí. Ni siquiera después de mi encuentro con Moira, o mi conversación con Nyssa... O sea... Una cosa era que él pululase por allí con el rollo ese de la revolución, y nos encontráramos o viéramos de casualidad, a lo lejos... Pero otra muy diferente era que él me hubiera venido a buscar, deliberadamente, a mi covichuela. Y encima me hablara. Con la puta gracia en el culo y más cortante que un cuchillo recién afilado, vale, pero...
... ¿¿qué cojones??

Abrí la boca, creo, varias veces, creo, pero mi voz había colgado el cartel de "ausente por vacaiones" en ese preciso instante. No sabía qué decir. Es más, después de lo sucedido... de nuestra última conversación, ¿qué podía decir? ¿Cómo iba a saludar a una de las personas que más me había dolido perder? Soltarle un "ola ke ase" no era plan. Fingir que nada pasaba, tampoco. Huir ya no era una opción, tampoco. En su momento le había dicho a Gihaial que estaba cansado de salir corriendo de todo lo que no me gustaba. No sabía si estaba preparado o no para ese encuentro pero... Como el propio Gihaial me había dicho "el momento no va a esperar a que estés preparado. Cuando llegue, le dará igual si lo estás o no". Así que... Bueno, lo dicho. De perdidos al río. Si Trysta tenía algo que decirme, o hacerme, mejor que lo hiciera ya. Y acabáramos cuanto antes.
Nervioso, con el corazón latiéndome en la garganta, carrespeé un: - ... Ey, Tryst. - ¿Como los de antaño? Nah, para nada. Sonó pequeñito, nervioso y nada convencido. Pero no sabía qué más decir.


Última edición por Derek el Mar Jul 26 2016, 03:48, editado 1 vez




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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Trystan el Lun Mayo 23 2016, 21:00

No hacía ni cuatro días que habíamos llegado a la nueva base. Y desde que tuve ese encuentro con los dos causantes -y anfitriones- de aquel master plan, había tenido dos tareas pendientes: encontrar la manera de conseguir unos planos del castillo para esa tercera parte del plan y, también, dar con aquel científico chatarrero loco, con el que tenía alguna palabreja pendiente.

Dos cosas que me quería quitar de encima a la de ya.

Ese mismo día, había dejado a Moira durmiendo en el camastro en mitad de la noche, acercándome a una distancia prudencial de Talos e intentar la locura de meterme en la red. Por suerte, mi dragón desafiador estaba durmiendo, cosa que me venía de perlas. No sería la primera vez que, de estar consciente, inundaba mi mente con preguntas y frases retorcidas, en una tortura psicológica propia que aún padecía. Por eso me fui lejos, a las montañas, aumentando la distancia con la ciudad y perdiendo esa conexión que tanto me perturbaba. No obstante, tardé como una hora de reloj en cogerle el truquillo a aquella inmensa conexión mental. Hasta que encontré lo que quería. Un nexo que pertenecía al oportuno dragón que montaba guardia en la puerta del gran salón que allí había como arsenal.

-No te estarás durmiendo, ¿verdad?-dudaba si aquel guardia adormecido, que se sobresaltó con mis palabras, conocía a quien me había desafiado.
- En absoluto.
- Embustero. ¿Sabes lo que les pasa a los que mienten a la inquisición? -desde luego, los aires de grandeza dracónicos, era algo que aún tenía que pulir. De hecho, preferí no esperar a que el contrario articulara palabra para preguntar-. Por haber tenido un día demasiado largo, te daré la oportunidad perfecta para redimirte, si me haces un favor.
- ¿Cuál? -pude denotar cierta desesperación por información.
- Antes de que acabe tu turno de guardia, un soldado del escuadrón humano se pasará por orden mía a por un plano que necesito para cierta investigación preventiva de las alternativas vías por las que los fugitivos pueden escapar de las mazmorras. -si colaba, colaba.
Y efectivamente, coló. El guardia se mostró complaciente sin más preguntas. Algo que se me hizo raro.

El proceso había sido el siguiente: los planos eran algo fundamental para empezar a montar ese atentado en el castillo. Después de haber estado dándole vueltas durante unas horas, le había expuesto a Thareon un par de opciones, entre ellas, la posibilidad de compenetrarme con alguno de los soldados afines a la causa del dragón. Ellos accederían a los planos que posteriormente nos harían llegar a nosotros de alguna manera. Pero para evitar sospechas, utilizaría mis pocos medios para ayudar. Por todo ello, ahí me encontraba, a unos cientos de metros de la muralla, indagando en la inmensidad de aquella red etérea, haciéndome pasar por quien era. Así que, que no tuviera consciencia en lo que yo tardé en habituarme y mantener una conversación extraña, era todo un lujo que supe -y pude- aprovechar. Y ahí acababa mi parte, en esa pequeña primera tarea, por lo que regresé al cobijo de las cuevas y, mejor aún, al calor del lecho compartido con cierta morena, al que llegué cuando despuntaba el alba.

Faltaba la segunda tarea. Mejor y más divertida, seguro.

Aún le faltaban horas al día cuando volví a despertar, con la tarde ya comenzada. Moira no estaba en la cama, cosa que vi del todo normal. De hecho, había jurado que, en sueños, le había dicho lo que había estado haciendo por la noche. Lo que no recordaba ya, era lo que ella había dicho. No del todo relevante si me había dejado seguir durmiendo, ¿no? De no haberme acordado repentinamente de Derek, habría seguido en la cama.

Francamente, no podía decir que el dolor, la rabia o las ganas de vengarme era todo lo que me impulsaba a buscarlo. Siendo del todo honesto, aún había una parte de mí que quería saber que estaba bien. Que pese a todo, el cabronazo seguía con el culo intacto y cómo no, haciendo méritos para encontrar problemas. Vagué por los pasillos rocosos de las cuevas, hasta que el inconfundible olor a pólvora quemada invadió mi nariz, marcándome con una claridad meridiana el camino que tenía que seguir. Hasta que esa inconfundible voz, tres tonos más aguda me confirmó que había ido por buen camino. Llegué a la entrada de su cuchitril, que de pequeño no tenía ni las intenciones. para verle caer sobre su silla. Sonreí ladino, sin evitar apretar los dientes en el proceso-. No se si sorprenderme o espantarme de tu fijación por arriesgar los nueve dedos que te quedan... -bang. Dardito número uno. Me marqué un Teemo. Aquella perla le dejó, efectivamente, pálido, cual tiza. No me sorprendía en absoluto. De hecho, hasta pensaba que se merecía un momento así. Me dediqué a observar ese titubeo en su reacción, hasta que, por fin, habló:- ... Ey, Tryst. -saludó, hablando casi para dentro. No era el mejor ejemplo de la relajación y tranquilidad en ese instante. Fue entonces cuando me acerqué con toda la determinación del mundo hacia donde él estaba. Tal era mi arrojo que si acababa echándose a un lado, temiendo lo peor, no me pillaría de imprevisto. Por mi parte, mi objetivo no era estrellar mi puño en su cara. -aún no-, sino acercarme a la mesa en la que estaba, peligrosamente cerca de él. Eché un vistazo rápido a toda esa parafernalia entre pólvora, mecanismos varios y bocetos por doquier, antes de apoyar mis manos en el borde de la mesa-. Apuesto a que hasta te alegras de verme, ¿hm? -después de nuestra despedida, podía jurar que lo que menos quería era estar a solas conmigo. Claro que, ignoraba si Moira en su momento, o alguien más, le hubiera explicado el pequeño gran detalle de mi nueva condición. Una condición que me hacía enardecer esa rabia y ganas por partirle la cara, traduciéndolas en esa fuerza que apretaba el borde la madera de la tabla, haciéndola crujir ligeramente-. Porque yo sí lo hago. -añadí, tentado de sonreír vilmente, con demasiadas intenciones entre las que destacaba jugar un poquito con su aguante y ponerlo un poco nervioso.
Sólo un poco.



Última edición por Trystan el Mar Jun 21 2016, 18:58, editado 1 vez




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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Derek el Lun Jun 20 2016, 21:13

Admito que cuando se me acercó con tanta vehemencia, sentí que se me doblaba involuntariamente una rodilla, y que tuve que buscar a tientas con la mano el escritorio tras mis espalda. Más que nada para poder apoyarme sutilmente en algo más estable que mi propio cuerpo en aquel momento.
No sabía cómo sentirme en ese momento, sinceramente. A parte de estar a puntito de temblar como un flan en pleno terremoto de escala 8... Volver a ver a Trystan era un mazazo para el que no me había dado tiempo a prepararme mentalmente, y para el que, siendo realistas, no había preparación ninguna. Entendía, más que de sobra, que estuviera cabreado. Que exudara odio por cada poro contra mi persona, después de todo lo que le había dicho, hecho y obligado a pasar por mi estúpida cobardía. Y entendía que un "lo siento" lo iba a ser suficiente.

Dicho esto, sobra decir que no sabía ni por dónde coger la situación. Él estaba ahí, cerca de mi, diciéndome cosas que en cualquier otra situación podrían haber sido perfectamente neutras e inocuas. Pero que en ese momento sonaron como el "tic tac" de una bomba en plena cuenta atrás. Lo peor era no saber cuánto tiempo quedaba para que llegara el "boom".

No me aparté, porque tenía miedo de moverme por si me derramaba (sí, derramaba, habéis leído bien) por el suelo por los putos nervios. Así que cuando Trystan llegó a mi altura, apoyó las dos manos en la mesa, a ambos lados de mi persona. Acorralándome entre sus brazos, y taladrándome con sus ojos claros como si me fuera a... bueno, la verdad, con esa mirada en ese momento no supe claramente si pertendía asesinarme o violarme... - ... Erm... pues depende. - Tragué saliva, aunque me costó horrores. Seguía teniendo la garganta absurdamente seca, y la voz aún absurdamente subida de tono. Carraspeé, y me eché hacia atrás, curvando molestamente mi espalda para tratar de mantener cierta distancia personal con la avasalladora actitud de Trystan, casi echado sobre mi. Algo crujió y chasqueó en la mesa. Quise pensar que fue por el peso de los dos sobre ella. - Si vienes en son de paz, sí, claro que me alegro de verte. - Carraspeé otra vez para ver si lograba devolver mi tono al registro grave, y mi mirada grisácea empezó a reflejar seriamente que mi nerviosismo con la situación iba en aumento. "Con la de veces que fantaseé en su día con estar así de cerca de este hombre, y ahora que llega el momento, sólo puedo temer por mi vida...". Gracias cerebro, qué oportuno eres con tus ironías... - Pero si vienes pensando en arrancarme la cabeza, a lo mejor ya no me haca tanta ilusión, mira... - Nada, otro gallo en la voz. Todos a la mierda.

Cerré los ojos y puse cara de impacto, esperando que el golpe me viniera de un momento a otro.




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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Trystan el Jue Jun 23 2016, 20:15

Podía sentir ese temblor de Derek que escapaba al ojo humano, cuando yo apenas me encontraba a unos centímetros de él. He de reconocer que esa actitud repleta de intimidación no la había usado hasta ahora. O tenido, más bien. Seguía comprobando los efectos que el desafío tenía en mi actitud. Mi comportamiento se había vuelto más arisco, más impulsivo… menos cercano. Sin duda, personas que no habían tratado conmigo en un tiempo notarían demasiado la diferencia. Como Derek, por ejemplo, al que no había visto desde aquel fatídico día para ambos en el que tuve que echarlo de la Resistencia...
... por bocas.
... Por traidor.
... Por cobarde.
... Por… salvarme la vida.

Ese Trystan que había visto aquel acto de quedarse atrás para salvarnos a Alaric, Kyrieth y a mí en aquel edificio, evitó en su momento que yo tuviera que tomar una decisión peor. Se la devolví cuando lo eché. ¿Implicaba eso estar en paz? No. ¿Sí? Puede. Fruncí el ceño por un segundo, ante esa pelea interna en la que ahora mismo la razón llevaba las de perder. La traición había tomado ventaja, vertiendo veneno durante tiempo a lo que fue mi corazón, y ahora, no teniéndolo el vacío que sentía me dejaba un horrible sabor de boca, incapaz de sentir alegría alguna por verle bien, vivo y a salvo. Escuché su contestación. Y me resultó tremendamente divertido olfatear ese nerviosismo suyo aumentando en esos momentos que yo me mantenía pegado a él, intimidante, casi acosador. Estaba siendo un cabrón, alargando el momento en el que por fin fuera irreflexivo y le hiciera lo primero que se me pasara por la cabeza. Lo sabía. Principalmente porque nunca había hecho eso antes. Y... no estaba tan mal, para haberlo evitado durante tanto tiempo. ¡Qué flojeras era, no? Bajé la mirada hacia una de mis manos, de nudillos blanquecinos. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba empleando tanta fuerza en agarrar la madera.


Pero su último murmullo, hizo que mis azules se elevaran de nuevo, buscando sus ojos. Su gesto expectante me divirtió, aunque mi rostro permaneciera impertérrito-. Arrancarte la cabeza, por muy tentador que sea, sólo me traería problemas. -me encogí de hombros, resolutivo, con algo de resignación. Thareon y Megerah ya me habían dejado claro, con algún que otro comentario que habían hecho, lo importante que era Derek en el plan. Y, personalmente, no me sorprendía. De haber sido el mismo tío moñas que era antes de su traición y mi desafío, me habría alegrado por él. Quizás aún lo hiciera. Pero, desde luego, no en la misma medida. Porque después de todo, tanto él como yo, con nuestras respectivas movidas seguíamos adelante-. Te voy a dar una oportunidad... -enuncié con toda la pachorra del mundo, sabiendo lo nervioso que el chatarrero se estaba poniendo por momentos-. ¿A qué crees tú que vengo... D? -inquirí, culminando la frase con esa misma manera de llamarlo que en su día fue puro colegueo.

Pero ahora... seguía siendo la antesala a algo que seguramente a Derek no le gustase nada.




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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Derek el Lun Jul 04 2016, 02:18

Si os digo la verdad, nunca hubiera imaginado que Trystan se pudiera convertir en mi nuevo monstruito pesadillesco para los días venideros. El tío daba puto miedo. Más bien, es que parecía otra persona. Me costaba reconocer su voz, y su mirada de ojos azules tras tanta dureza, tanta... ¿indiferencia? No. No llegaba a serlo. Algo me decía que en el fondo estaba disfrutando con aquello. Era cruel, y Trystan nunca era cruel.
Me acordé entonces de que Nyssa me había mencionado que habían vuelto a capturarlo durante mi ausencia. "¿Qué cojones te han hecho, Tryst?", no me atreví a formular la pregunta en voz alta. Pero me estaba quedando muy claro que Trystan no era el mismo.

Claro que yo tampoco. Por eso, cuando me preguntó aquello con aquella tensión implícita, con esa... yo qué sé, burla, o lo que coño fuera; en la voz... Supe que fuera cual fuera el motivo de su presencia allí (y entiéndase "allí" como en mi cueva, delante-y-muy-demasiado-cerca-de-mi); sencillamente iba a ser inevitable. Lo cual no me hizo sentir menos nervioso, os lo aseguro. Pero sí me hizo reunir el valor suficiente para alzar mis ojos grises y clavarlos en los suyos. Y a pesar de que me temblaba todo el cuerpo, logré hablar recuperando la voz casi al completo. - ... No. No tengo ni puta idea de qué coño haces aquí. No sé si quieres matarme, pegarme de hostias, vengarte, restregarme por la cara lo que pasó, o regalarme un ramo de rosas pochas... ¡No lo sé! - Exclamé. Me di cuentan entonces de que había hablado muy rápido y muy bajito. Fue como si la exclamación hubiera liberado de repente mis cuerdas vocales de algún tipo de aprisionamiento, y ahora que vibraban como Dios manda, no pudieran parar. - Pero hagas lo que hagas, sólo... déjame decirte que... - Apoyé entonces la mano izquierda, la que le faltaba un dedo, en su hombro derecho. - ... tú tenías razón. Rompí nuestra promesa por ser un capullo egoísta. Fui un cobarde, fui un irresponsable, y te traicioné. Os traicioné a todos. Renuncié a todo lo que apreciaba, puse vidas en peligro, para salvar el puto pellejo. Y no ha pasado un día desde entonces en el que no me arrepienta de ello. - Aquello era, y había sido la pura verdad desde que me fui de la Base. Que ya Trystan quisiera creerme o no, era cosa suya. Yo no podía hacer mucho más, a parte de ser sincero, y rezar lo que supiera por que tuviera algún efecto en él mis palabras. Pero algo me dijo que Dios andaba apagado o fuera de cobertura en ese momento. - Podría decirte que lo siento. Podría decirte que... era o eso, o dejar que descubrieran lo de la pólvora. Que tenía miedo, y que se aprovecharon de eso para hacerme creer que me habíais abandonado, y que estaba solo. Que ahora estoy intentando arreglar las cosas. Pero... - Negué con la cabeza, bajando ligeramente la mirada y dejando ir el aire por la nariz. De repente el nerviosismo se había esfumado como el humo, y ya sólo me quedaba la angustiosa pesadez en el estómago, y el amargo sabor de boca de las consecuencias de mi decisión. - ... la verdad es que eso ya no es suficiente. No va a cambiar lo que pasó, ni va a hacer que me quite de encima el peso de la muerte de mucha gente, mi gente. - Le devolví la mirada a Trystan una última vez, y fruncí el ceño ligeramente. - Así que haz lo que tengas que hacer, Trystan.




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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Trystan el Mar Jul 05 2016, 19:36


Toda esa sensación de superioridad, de tener el control de la situación, de ser consciente de que tú eres el que decide lo que ocurra a continuación, por más que dependa de otras personas, era algo que no había experimentado antes. Siempre había estado bajo la sombra de la duda, sabiendo que mis palabras se ponían en claro entredicho, que nadie daba un mísero cobre por mí cuando era líder... Cuando era un enclenque que quería dárselas de caudillo de la igualdad y una paz que no existiría mientras los dragones... bueno, no, mientras la Reina estuviera en aquel trono inalcanzable. Me faltaba perspectiva para ver eso. Iluso de mí, ferviente convencido de que podíamos alcanzar la igualdad y hacer entrar a los dragones en razón sin más guerras. Pero, al parecer, era el único lenguaje que ellos entendían.

Relajé un poco la postura, apartándome muy poco, para dejarle respirar. Puede que estuviera hasta orgulloso de que aún fuese lo suficientemente perspicaz para darse cuenta de lo que realmente importaba:- Bien, al menos tienes más que claro que no vengo a darte un par de palmadas en la espalda y decirte que lo has hecho fetén, chavalote. -no sabía exactamente por qué cuando andaba con Derek mi manera de expresarme cambiaba bastante. Será que todo lo malo se pega. Y ahí le tenía, entero para mí. Podía decir, conforme se expresaba y comenzaba a explicar el porqué de sus decisiones de antaño, fuera yo el que dudara lo que hacer a continuación. ¡Eran tantas las posibilidades!

Pero Derek siguió hablando. Y con cada palabra, un recuerdo. Y con cada recuerdo, un sentimiento. Y para su desgracia, yo ya no tenía corazón para que se ablandara. Para que apelara a la piedad humana porque, cuando aún contaba como humano, me habría encantado tener una maldita razón para perdonarlo a la primera. Sin embargo, ahora, sólo restaba esa rabia arraigada en mi interior llenando ese vacío en mi pecho, llenándolo con rencor e ira contenida que sin duda brillo en mis ojos por un breve lapso, enrojeciéndolos ligera y paulatinamente.

Y su último comentario fue el pistoletazo de salida a ese impulso asesino que tuve de cruzarle la cara con el puño bien cerrado. Un flashazo que se esperaba pero que, desde luego, no vio venir. Así como el que le agarrara de las solapas de lo que fuera su camisa, lo separase de la mesa y lo llevara contra la pared más cercana, dejando en su espalda tatuada la forma de la roca-. ¿Te crees aún con importancia suficiente como para decirme lo que hacer después de echarme a esos perros terroristas, eh? ¡Pasarte por el forro todas mis promesas, a dudar de mí porque unos hijos de puta te hagan dudar y querer hacer creer que estás solo cuando sabías que no podía ser verdad?  -dudar del cariño de Kyrieth, del mío o... el de Alaric-  ¡Que puedes pedirme disculpas, antes de decirme que sabes que no es suficiente y quedarte tan a gusto? ¡MIERDAS, DEREK! -exclamé entre dientes, antes de soltarlo con la misma brusquedad que lo agarré, pegándole un empujón ridículo para poder apartarme-. ¿Sabes qué? No hay cosa que más me joda que admitir que tienes razón. Todo lo pasado ya no importa una mierda. - extendí los brazos, con una sonrisa de incredulidad y sarcasmo, tentado de reír por lo ridículo de la situación. Me sentía capaz de matarlo, con toda la adrenalina esparciéndose por mis venas. Y, de hecho, ese lado desbocado que yo mismo había visto ya de mi ser se revolvía en mi interior, tensando en exceso todos mis músculos, luchando febril contra esa otra parte de mí que aún restaba como humana. Como algo cabal. Como... algo débil. De todo esto, el chatarrero nada más podría ver que movimientos bruscos y contrarios, que parecerían titubeo. Como si yo mismo no tuviera claro qué hacer con él-. Eres el puto responsable de muchas muertes, sí. -lo señalé con el dedo-. Lo mejor de todo eso es que me culparon a mí de ello, de cobarde... de haberlo planeado creo que no podía haberte salido mejor... -suspiré una risa, al tiempo de poner los brazos en jarra y negar con incredulidad-. Reconozco que me encantaría matarte, Derek. -perdí el gesto jocoso de mi rostro lentamente-. Apretar tu cuello hasta rompértelo o abrirte en canal para verte morir sobre tu propio charco de sangre... -confesé, con un sadismo desconocido hasta para mí. Me acerqué un poco más a él, de nuevo, aún teniendo el detalle de no cubrir la distancia que nos separaba por completo-. Pero... eso te facilitaría las cosas, ¿no es cierto? -después de todo, una vez muerto, ¿qué importaba todo lo demás?




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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Derek el Jue Jul 14 2016, 14:54

Cuando me agarró, creo que estuve muy muy cerquita de que me cambiaran los calzoncillos de color. Pero gracias a Dios, y por el bien de mi dignidad, logré mantener el esfínter bien apretado. Lo que no logré fue enmascarar el dolor ni la cara de impacto que se me puso cuando mi espalda se estrelló contra las formas estupendásticamente irregulares de la roca, con una fuerza brutal. Ahogué un grito, y noté que se me iba todo el aire de los pulmones de golpe tras el golpe. Un dolor punzante me recorrió toda la espalda. Y el grito de Trystan en mi cara casi me dejó más sordo que una tapia:- ¿Te crees aún con importancia suficiente como para decirme lo que hacer después de echarme a esos perros terroristas, eh? ¡Pasarte por el forro todas mis promesas, a dudar de mí porque unos hijos de puta te hagan dudar y querer hacer creer que estás solo cuando sabías que no podía ser verdad? ¡Que puedes pedirme disculpas, antes de decirme que sabes que no es suficiente y quedarte tan a gusto? ¡MIERDAS, DEREK! - Bueeeeeno, pues ahí llegaba la tormenta. La verbal, sinceramente, me la esperaba. Pero la física, tan fuerte, no. ¿¿Desde cuándo Trystan tenía semejante fuerza?? Venga, vale que siempre había sido él más fuerte que yo, y que incluso ahora con más musculitos, yo seguía siendo mierdas a su lado pero... No había visto semejante potencia desde...
...
... desde Alaric.
...
¿... cómo coño...?
...
Bueno, dio igual, porque el siguiente empujón con el que me soltó, me inutilizó también el diafragma (¿¿pero es que este hombre no controlaba su fuerza o qué?? ¡Parecía un puto elefante  en una cristalería!); y caí al suelo como un guiñapo jadeante que luchaba por encima de todo por respirar. Sobra decir que ni se me ocurrió responder a toda su retórica retahíla de faltas. A parte de no tener voz en ese preciso instante, tampoco había nada que pudiera decir. - ¿Sabes qué? No hay cosa que más me joda que admitir que tienes razón. Todo lo pasado ya no importa una mierda. - Logré ponerme de rodillas y mirar a Trystan de soslayo, llevándome una mano al plexo con torpeza. Era como ver a un perro acorralado que no sabe si lanzarse a morder, o salir corriendo. Me chocó horrores verle así. Creo que no le habría imaginado nunca en esa tesitura. Es más, es que directamente, no parecía él mismo. - Eres el puto responsable de muchas muertes, sí. - Me señaló. Bajé la mirada en respuesta. - Lo mejor de todo eso es que me culparon a mí de ello, de cobarde... de haberlo planeado creo que no podía haberte salido mejor... - Quise decirle que podría haberme culpado a mi de ello, ya que después de todo, yo fui el traidor. O que nunca quise que aquello repercutiera sobre él, ni sobre nadie de la Resistencia.
Pero mi Pepito Grillo personal me aconsejó que aquel era uno de esos momentos en los que es mejor cerrar la boca.

Se hizo un silencio tenso y corto, en el que yo no aparté la mirada de él, ni él de mi, mientras abandonaba la sonrisa y su gesto se tornaba... escalofriante. - Reconozco que me encantaría matarte, Derek. Apretar tu cuello hasta rompértelo o abrirte en canal para verte morir sobre tu propio charco de sangre... - Cuando se me volvió a acercar, me levanté casi de un brinco. Debido al dolor, no hice más que eso, pero os aseguro que el instinto inicial era el de recular. No cabía duda de que el hombre que tenía delante estaría más que dispuesto a cumplir su promesa. - Pero... eso te facilitaría las cosas, ¿no es cierto?

... ¿Facilitármelas?
Sí... Tal vez morir fuera más fácil, ¿no? Pero también sería lo más inútil. Muerto, no podría arreglar nada. Y él a la larga no se sentiría mejor. No se lo dije, tampoco creí que hiciera falta. Al clavar mi mirada gris en sus ojos azules y consumidos por el odio, creo que dejé bastante claro que no, morir no era una solución que yo contemplara, por mucho que lo mereciera. Seguía siendo un capullo egoísta, después de todo...
Trystan sin embargo...
Aunque Nyssa me habló de que lo habían capturado aquella vez, e intenté insistirle sutilmente sobre el tema, no soltó prenda de lo que les había pasado a ninguno de los dos mientras o después de que los cogieran. De hecho, si me había enterado de la dimisión de Trystan como líder, fue porque Thareon días antes había hablado de reunirse con una tal Maeve, nueva líder de la Resistencia. No dudaba de que en parte yo había tenido peso en la decisión de mi viejo amigo al dejar el cargo. Pero dudaba horrores que semejante cambio de actitud, de... ¡de todo! Se debiera exclusivamente a mi. Que Trystan tenía mala hostia cuando se cabreaba no era ningún secreto. Pero nunca, jamás hasta el momento, mi mejor amigo había llegado a darme miedo. La mirada que me dedicaba ahora no era la del líder justo y jovial que un día conocí.
Eran los ojos de un asesino.

- ¿... qué coño te ha pasado, Trystan? - fue lo único que me atreví por fin a preguntar, con la voz rota, no sé si por el golpe, o por la impresión que todavía se adueñaba de mi.




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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Trystan el Sáb Jul 16 2016, 15:53

¿... qué coño te ha pasado, Trystan?

Bien, la pregunta del millón. Di por sentado que Moira no le había contado absolutamente nada. Bueno, en realidad, ignoraba cuando se habían visto. Sólo sabía que se habían encontrado en las montañas mientras aún estábamos en las cloacas, ignorando si había sido antes o después de mi cautiverio. Tampoco es que mi relación con él fuese algo a tratar con total despreocupación y ligereza, dadas las circunstancias. ¿Quién hablaba de traiciones y engaños como si lo hiciera del tiempo? Puede que Nyssa tuviera más facilidad -o menos vergüenza- para hacerlo, pero Moira era bastante prudente en ese sentido.
Mejor así, me habría jodido la sorpresa.

Resoplé, separándome de él. No sin antes clavar mi dedo índice en su pecho, en un toque fugaz pero contundente-. Al parecer, no eres el único que intimó con la Inquisición. -hablé, ladeando la cabeza. Fue un movimiento gracioso, de no ser por la seriedad en mi rostro, que no ayudaba precisamente a relajar el ambiente-. Bendita tu suerte de sólo perder un dedo. -susurré, enarcando las cejas mientras me volvía hacia la mesa, para darle la espalda. De seguir mirando a Derek, esa fuerza interior que se desvivía por controlarme habría sido totalmente insuficiente. Más hacía mi estúpido sentido del deber, pues sabía que el chatarrero era realmente importante en aquella empresa.

Volví a apoyarme en la mesa, apretándola con las manos, aunque no tanto como la primera vez-. Tal vez debería haber hecho lo mismo que tú y cantar en vez de plantar cara a esa inquisidora. -esa que había tenido a bien dejarme sin corazón con el reto de convencerla de que mi bando era el ganador. Un bando que había tenido claro hasta hacía relativamente poco. Ya no era líder. Y los dragones despertaban en mí cada vez más animadversión. Ahora, como desafiado anónimo, no debía explicaciones a nadie y, sin embargo, allí estaba. Casi podía decir que esta vez me había dejado arrastrar por las aguas torrenciales de una lucha eterna que empezaba a resultarme banal e inútil.

Aquella pelota de cuero reforzado llamó entonces mi atención. Alargué la mano, haciéndome con ella. Era consciente de lo peligroso que era ese balón y lo nervioso que podía ponerse Derek al verlo entre mis manos. Me giré de nuevo hacia él, apoyando mi trasero en la madera. Mucho más tranquilo gracias a un ejercicio de autocontrol supremo. Era una tranquilidad aparente, pues estaba claro que seguía jugueteando con sus nervios-. Aunque... tengo que admitir que... Me encuentro mucho mejor ahora. -asentí, mordiéndome los labios con suavidad, mientras escudriñaba las costuras de la piel que recubría la bomba. Sobretodo, los pespuntes mal disimulados, propios de una mente brillante que no sabía coser-. Al menos ya no tengo la sensación de ser un enclenque caudillo del que todos tienen derecho a reírse. -una sonrisa amplia y maquiavélica se dibujó en la comisura de mis labios. Unos se habían reído. Y otros me habían traicionado. Si Derek era listo -que lo era-, sabría perfectamente aquello que no decía en mis palabras. No tenía intención de volver a la misma conversación nuevamente en cuanto saliese de aquel cubículo, así que, estaba aprovechando para resarcirme. La sonrisa desapareció poco a poco, dando paso a un gesto ausente y hasta falsa preocupación. Por un momento, me encontré inmerso en mis pensamientos y propias conclusiones-. La desventaja de todo esto es que no podré disfrutarlo eternamente... -musité, golpeando mi paladar con la lengua, al final. Todo aquel poder, para enardecerse y disfrutarlo durante un puñado de años. Hasta que la nada se apoderase de lo poco que quedaba de ti. Ignoraba si el chatarrero había oído hablar siquiera de los desafiados y las consecuencias -y fama- que los acompañaban.
Acabé dejando la bomba donde la había encontrado, viendo un alivio clarísimo en la cara de Derek. Era un juego divertido, hacer por desesperarle. Pero el controlar lo que yo era ahora, me cansaba en exceso y demasiado rápido-. Tú tienes tu maldición, y yo la mía. Pero la suerte conmigo se te acabó. Piensa bien lo que haces contra mí a partir de ahora si quieres seguir manteniendo el resto de tus dedos... -enuncié despacio, sintiendo cómo ese Trystan humano, volvía a pesar más que el desafiado.

Después de todo, seguía siendo un tío débil, para los que eran -o yo consideraba- mi familia.




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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Derek el Lun Jul 18 2016, 03:56

Me pokeó el pecho, e instintivamente me llevé la mano a dicho punto. No me dolió, pero me sentí extraño cuando lo hizo. Se me quedó un hormigueo residual justo en esa zona. Justo como en el labio...
... ¿Erm...? Perdón, ¿dije el labio? Me pasé la mano por la boca y voilá: me estaba sangrando el labio inferior, y, efectivamente, lo tenía hinchado y caliente. Esto... ¿güat de fack? ¿¿Cuándo me había pegado Trystan en la cara?? Mierda, ¡ni lo había visto, ¿o sí?! Volví a mirarle con cara de gilipollas. Aunque me duró un poco, cuando me soltó aquello:
Bendita tu suerte de sólo perder un dedo.
- ... - Apreté los labios y los puños, viendo cómo me daba la espalda. Pero no le contesté. Gracias a Dios que no le contesté...

Volvió a hablar, tirándome más puyitas. Pero si os digo la verdad, casi no me centré en eso, por mucho que me jodiera. Mi mente estaba empezando a interesarse más en aquel cambio tan drástico que mi viejo amigo había dado, en cuestión de meses. Estaba empezando a ver un patrón de comportamiento que empezaba a resultarme excesivamente familiar. Esa forma de hablar, de tensarse, de decir cosas hirientes sin despeinarse, de... destilar rabia, odio, por cada uno de sus poros... Esa actitud amenazante, pasivo-pero-activo-agresiva (no olvidemos que al final me había dado de ostias). De no tenerle miedo a nada...

... como cuando cogió la puta bomba con la mano. Se me subieron los huevos de corbata. - Trystan... - hablé despacio, como si al alzar la voz fuera a hacer explotar la bomba. - ... deja eso donde estaba, por favor. - Le miraba muy serio, y sí, cómo no, asustado. Ese trasto podía hacernos volar a los dos por los aires. Y teniendo en cuenta que Trystan tampoco estaba en sus cabales, estaba claro que tenía bastantes papeletas para acabar hecho pedacitos junto a él.
- Aunque... tengo que admitir que... Me encuentro mucho mejor ahora.
- ¡Qué bien, estupendo! - Sí, genial, maravilloso, divino. - Pero suelta eso, anda, antes de que la líes parda.
- Al menos ya no tengo la sensación de ser un enclenque caudillo del que todos tienen derecho a reírse. - Volvió a poner una cara psicópata que me puso de punta los abuelillos de la nuca.
- Trystan, déjalo de una puta vez, ostias... - Ya me estaba empezando a acojocabrear de verdad. Tanto que hasta avancé varios pasos cautelosos hacia él. Si no soltaba la puta bomba, iba a tener que quitársela o algo. No sabía cómo, pero no podía permitir que una puta neura suya lo mandara todo al traste.
- La desventaja de todo esto es que no podré disfrutarlo eternamente...
- ¡Deja ese puto trasto en su sitio antes de que nos mates a los dos, coño! - Grité, con voz aguda, ya al borde del puto histerismo. Pero me hizo caso. Bueno, no sé si lo hizo por mi o porque le salió del níspero. Pero pude volver a respirar con normalidad cuando vi que dejaba la bomba indemne encima de la mesa.

... ¿qué mierda le pasaba a este hombre? ¿Tan poco valoraba su vida que estaba dispuesto a...?
... ¿tan poco valoraba... su vida?
... no podía ser. No. En aquel mismo momento, una imagen nítida de repente encajó en mi mente como la última pieza del rompecabezas. Valis, mi primo, mi difunto primo, acababa de venirme a la cabeza. Ahora sabía por qué la actitud de Trystan me estaba empezando a resultar familiar: se parecía terriblemente a la que tenía mi primo al final de su desafío. Menos exagerada pero... el patrón era casi calcado.
Casi pareció leerme la puta mente cuando me encaró de nuevo, rematando con una última amenaza. - Tú tienes tu maldición, y yo la mía. Pero la suerte conmigo se te acabó. Piensa bien lo que haces contra mí a partir de ahora si quieres seguir manteniendo el resto de tus dedos...
- ... - Maldición... Me aproximé a él, acortando la distancia que nos separaba por iniciativa propia, hasta llegar a la altura de la mesa. Le dediqué una mirada gris e interrogante. Seguramente me iba a matar, fijo, después de lo que iba a hacer. Pero necesitaba asegurarme... - Pues arráncamelos, me la suda. - Dicho esto, agarré un puñado de pólvora que había sobre la mesa, y se lo soplé in da face.

Dos segundos me dio aquello, casi nada, pero suficiente para agarrarle el cuello de la camisa, y tirar de él hacia abajo. Creo que se soltó alguna costura, pero meh, a la mierda. Yo quería mirar, quería ver su pecho bajo las capas de ropa, quería no encontrar nada extraño, y que Trystan me volviera a reventar la boca por gilipollas. Pero lo que vi fue casi peor que otro de sus puñetazos.
La cicatriz en su pecho me dijo todo lo que necesitaba saber. Y aquello me oprimió el pecho como si de pronto el aire tuviera la consistencia de un puto yunque en mi pecho. - ... no puede ser. ¡¡No me jodas Trystan!! - Le empujé en un acto reflejo, aunque seguramente lograra el mismo efecto que si intentara empujar un muro con las manos. Lo que sí hice, fue apartarme varios pasos de él. Quisiera decir que fue un gesto inteligente, destinado a evitar que me calzara otra ostia. Pero la verdad es que fue porque me estaba costando digerir aquello. Me hubiera dolido menos tragarme un cardo del tirón... - Tú no... ¡mierda! - Me llevé las manos a la cabeza. Como si aquello no me enterara en ella, incapaz de creerlo, incapaz de negarlo. - Tú no puedes ser... como él, no puedes... - Sabía cómo había terminado Valis después de su desafío. Había terminado por perder casi completamente la noción de quién era, o quién fue. Se convirtió en un ente sin voluntad, en un puto autómata que apenas hablaba o sentía nada que no fuera rabia. Y había muerto consumido por esa rabia.
Pensar que a Trystan le aguardaba un final semejante era... - ¡¡Joder!! - Le pegué una patada rabiosa a un bidón que salió rodando con un estruendo metálico que rebotó por las galerías. Notaba los ojos ardientes y húmedos. - Joder... joderjoderjoderjoder... joder... joder... - fui perdiendo fuelle a medida que hablaba, y dejé de dar vueltas por la estancia, parándome justo dándole la espalda al antiguo líder de la Resistencia. Negué con la cabeza, claramente afectado por lo acababa de descubrir.

¿Por qué siempre todo se torcía así?

Joder...




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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Trystan el Sáb Jul 23 2016, 02:15

Y entonces, Derek se acercó, como no pensé que fuera a hacerlo. Serio, decidido y, hasta... ¿inconsciente?-. Pues arráncamelos, me la suda. -¿Qué? hice un gesto de incomprensión fugaz, apartando sutilmente la cabeza. ¿Había oído bien? ¿De verdad podía ser tan idiota de encararme después de lo que le había hecho? ¿Acaso quería cobrar más? No tuve más tiempo de reaccionar cuando él me dejó momentáneamente ciego con la pólvora.

No pudo cagarla más.

Me llevé las manos a la cara, como si con ello consiguiera aplacar ese escozor intenso y la molestia implícita de sentir ese granulado en mis ojos cuando parpadeaba. Apreté los ojos con fuerza, conforme una rabia visceral comenzaba a forjarse en mi estómago. Tardé en sentir que me despojaba malamente de mi camisa. Y todo... ¿para qué? Pude sentir el momento justo en el que vio mi cicatriz. El momento justo en el que asoció ideas. Y, un segundo después, un intento de empujón. Trastabillé sin pretenderlo, y tuve que hincar una rodilla para no darme de bruces contra el suelo. Otro pequeño rechazo. Desde luego, Derek se estaba coronando mientras yo no hacía más que fabricar bilis que más temprano que tarde escupiría con un par de golpes a puño cerrado. Derek ya me daba lástima incluso antes de empezar. Y entonces...

No.
... No.

Un calor naciente en mi vientre comenzó a expandirse por las fibras de mi cuerpo. Sabía perfectamente lo que era y que no podría controlarlo. Mierda. Abrí los ojos con esfuerzo, picándome y molestándome la vida. Lo primero que vi fue su silueta, moverse de un lado para otro. Borrosa por esas lágrimas protectoras que habían inundado mi mirada para limpiarla de la guarrería que Derek me había soplado con toda la desfachatez del mundo. Y sentirme atacado de esa manera no ayudaba en absoluto a mi temple.

Le oí blasfemar, mientras mi ira iba en aumento paulatino, diciendo entre otras lindezas:- Tú no puedes ser... como él, no puedes... -¿como quién? ¿A quién coño se estaba refiriendo? ¿Esto no era nuevo para él? Pues qué perspicacia la suya. Sobre todo por quedarse en el mismo sitio que yo. Siguió farfullando, hasta quedarse quieto, de espaldas a mí. Y sumémosle un punto más a la actitud suicida del chatarrero al quedarse en el mismo cuarto que su inminente asesino...

... si nadie lo salvaba antes.

Y, dadas las circunstancias, la idea de que hubiera alguien cerca era alentadora... pero muy poco probable-. ¿Por qué... -comencé con la respiración dificultosa- eres... tan imbécil? -¿de dónde había sacado la lucidez de actuar en vez de preguntar? Vale que estuviera cabreado con él pero quizás si me hubiera preguntado... Nah, no le habría contestado. ¿Para qué? Mis manos ardieron en ese justo momento haciéndome ver un halo incandescente nacer en lo que supuse mis dedos en aquella imagen nebulosa-. ... corre...
Le había dicho que quería matarlo, aunque fuera esa parte de mí que lo odiaba, enardecida por el desafío.
Le había dicho que no se atreviera a engañarme.
... y el muy estúpido, encima, quiso ponerse a jugar a detectives conmigo. Y cabrearme. En mitad de una habitación repleta de pólvora. Bravo. Una palmadita de ánimo para Derek. En la cara. Con esa silla que tenía cerca de mí.

Estaba perdido si ninguno de los dos hacía algo en los escasos segundos que me quedaban a mí para perder el control. Para que dejara de ser ese yo débil y humano y convertirme en un ser sin sentimientos y ansioso de sangre y destrucción. Más rápido. Más fuerte. Derek no tenía las de ganar y... Un momento, ¿he dicho una silla? Mis ojos llorosos y enrojecidos se desviaron a mi lateral para ver la madera tallada que tenía a un brazo de distancia. Y mi mente humana tuvo el último acto de lucidez que, le salvaría el precioso culo al chatarrero. ¿Verdad que yo era el idiota en esta historia? Madre mía.. Sin pensármelo más, tomé la silla de una de las patas y se la lancé estratégicamente a la pared que él ahora tenía delante (puesto que me daba la espalda). El mueble, en su vuelo, puede que le rozara la pierna, o le dejara alguna futura contusión. No me detuve a verlo, la verdad. Me encogí sobre mí mismo, deseando que ese ruido/golpe/ o lo que al final fuera le sacase de su oportuno estado de shock- ¡Maldito seas! ¡Corre! -exclamé, en un acto de desesperación que ahogó mi humanidad instantes después.

Era la última oportunidad que tendría Derek de salir con vida de esto.




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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Derek el Mar Jul 26 2016, 03:45

Me giré, enjuagándome las lágrimas con el puño cerrado, al oírle entre dientes. La verdad, al principio pensaba que esos ruidos eran porque el tío se estaba descojonando de mi. De hecho tenía preparadas un par de palabritas para decirle. Pero me las tragué junto con la saliva cuando sentí que se me iba la sangre de las venas. Reconocí esa expresión, esa mirada. Y ahí sí que me cagué más que metafóricamente. - ... corre... - Me dio la impresión, o quizá lo flipé por el miedo, yo que sé; de que se deformaba la voz al hablar. Trystan reaccionó de forma predecible, pero rápida, cuando estampó el taburete contra la pared. Lo poco que quedó de su madera me rebotó, y varias astillas se me clavaron en los brazos cuando me tapé la cara con ellos. Sentí su escozor en la piel casi al instante. Bajé la guardia justo para ver dos ojos inyectados en sangre y su cuerpo completamente tenso, casi a punto de explotar: - ¡Maldito seas! ¡Corre!

Vale.


Salí zumbando de la sala, ya no sólo por mi vida y esas cosas. Sino por la de todos los demás. Acababa de dejar a un puto heartless tarado en medio de una sala llena de pólvora potencialmente explosiva. Tenía que incitar a Trystan a que me persiguiera. Tenía que convertirme en su único y principal objetivo. ¿No llevábamos tiempo diciendo que teníamos una carrerita de parkour pendiente? Pues ea. - ¡Venga! ¡¡A ver si me pillas caralmorrana!! - Grité en voz alta mientras tiraba pasillo abajo, hacia la gran galería. ¿Ya que más me daba? Si total, ya me quería matar...
Una de las dos cosas de las que me alegré a posteriori sobre aquello (en ese momento sólo pensaba en correr tan rápido como me dieran los pies, se siente); es que haber entrenado durante el tiempo que estuve con Valis me había enseñado unas cuantas cosas sobre los heartless. Concretamente sobre los heartless berserkers. Y es que la forma en la que aumentaba su fuerza y su resistencia era inversalmente proporcional a su inteligencia: cuantos más brutos, más tontos. Lo cual no los hacía menos peligrosos, os lo aseguro. Yo siempre había sido rápido, de los pocos en plantarle cara a Trystan en el parkour. Ahora era incluso más rápido que antes. Pero no me iba a flipar: los berserkers siempre eran más rápidos y más resistentes. Así que mi ingenio era la única baza que tenía en aquel momento para salir vivo de allí, y pensaba jugarla como fuera. Empezando por la conclusión más lógica:

Yo no podía con Trystan. Pero conocía a alguien que sí.

El problema era que no tenía demasiado claro dónde encontrarlo, así que empecé a tirar hacia la galería principal como alma que llevaba el diablo. Cuando casi sentí su aliento en mi nuca, giré bruscamente a la izquierda, di una voltereta croquetera por el suelo, y caí por un áspero tobogán de piedra, aterrizando junto a un grupo de hombres que llevaban a saber qué a no sé dónde por Dios sabe qué razón (o algo así). - ¡¡¡Abrid paso que mancho!!! - Chillé, provocando que se apartaran. Creo que Trystan cayó detrás de mi, así que en cuanto le vieron, salieron por patas alejándose de él. Muy listos. Sí. Bien. Muy bien. - ¡Te pesa el culo cabrón! - chillé de nuevo, para que su mente enloquecida se centrase en mi, y no en el tumulto.
Algo me enganchó la camiseta en un recodo de un pasillo, provocando que ésta se rasgara. No sé si fue Trystan o cualquier otra cosa, pero me la peló a dos manos. Yo seguí corriendo. Mirar atrás era morir.

Al llegar a la galería principal, me lancé como un poseso hacia el área de entrenamiento. No obstante, había un mar de gente, tiendas y construcciones delante de nosotros. Iba a tener que llevar a Trystan por otro sitio, si no quería involucrar a toda la revolución en aquella movida. En busca de cualquier elemento que me pudiera ser de ayuda, vislumbré la construcción nueva del próximo puente entre dos estalagmitas gigantes cercanas. En aquel momento nadie trabajaba arriba, así que allí por lo menos la sangre no le salpicaría a nadie.
Trystan había vuelto a ganarme terreno, y ya me pisaba los talones. Podía oírle gruñir como un puto animal a mi espalda. Pero por suerte alcancé uno de los elevadores del puente (invención mía, btw) que se utilizaban para subir el material de construcción. Le metí una ostia a la palanca al pasar por al lado, y salté para agarrarme por los pelos a la plataforma de madera, que ascendió rápidamente al caer su contrapeso libremente hacia el suelo. A medida que ascendía, vi que realmente había estado muy cerca de que Trystan me pillara aquella vez. Y vista la enorme suerte que acababa de tener, no pude menos que sonreír y soltar: - ¡Hola Mariluz! - La plataforma llegó arriba, y yo me dejé caer sobre el puente, haciendo un gesto de despedida con la mano hacia el furioso Trystan berserk. - ¡Adiós Mariluz! - Eché a correr por el puente como un cabrón. Pero paré el seco a los pocos metros, porque, claro... lo malo de un puente en construcción es...

... que sólo había medio puente. Lo único que tenía delante era una caída de 20 metros contra el suelo. Y un heartless desquiciado detrás, que seguramente ya había encontrado su manera de subirse al puto puente.
Vale, pues ya está. Otra más para la lista de 100 maneras absurdas de morir. Con el corazón en la boca y la mente en blanco, me encogí al borde del abismo esperando a que en cualquier momento el que fuera mi mejor amigo terminara con mi patética vida. Cerré los ojos tan fuerte que pasé totalmente por alto el destello azul que nos sobrevoló justo en ese preciso instante.




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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Trystan el Dom Ago 07 2016, 20:43

Vale. Bien. Lo había entendido por fin. Aunque le hubiese ayudado con par de gritos e impactando una silla contra la pared para que comprendiera la situación. Detalles que cuando salió corriendo y yo detrás segundos después no tuvieron importancia. Fue extraña esa sensación tan intensa provocada por la rabia de ver a Derek y escuchar sus provocaciones. Hacía tiempo que no había tenido oportunidad de medirme con él en una carrera. Claro que, todas las anteriores habían sido de puro cachondeo, en mi intento de enseñarle algo de parkour, destreza, resistencia y rapidez.
¿Podía decir que ese intento había sido inútil?
Pues no. De no estar tan encabronado hasta me alegraría de lo que Derek había conseguido físicamente desde la primera vez que corrimos juntos a ésta última. De hecho, no recordaba que tuviera tal agilidad a la hora de hacer quiebros y seguir enlazándolos con más zancadas consecutivas sin una sola trabada de pies.

Estuve a nada de engancharlo dos veces, pero este hombre seguía teniendo una puñetera flor en el culo y los túneles o cualquier otro obstáculo decidía ponerse en mi camino para que yo sólo alcanzara a rasgarle la camisa. Un rugido de frustración se me escapó cuando mi mano regresó a mí con parte de la tela de su ropa, nada más. Mis ojos se encendieron conforme la carrera avanzaba y me era imposible atraparlo. Podía notar el vertido continuo de adrenalina en vena, la tensión de cada músculo al correr, saltar y estirarme para esquivar gentío, maderas, rocas y todo lo que se pusiera en el camino entre el chatarrero y yo.

No atendía a razones. Ni siquiera era consciente de lo que ocurría a mi alrededor o tan siquiera qué había en las galerías por las que pasaba. Sólo era capaz de centrarme en ese escurridizo objetivo de dos patas que no conseguía alcanzar. Un Trystan muy cabal y siguiendo la línea de lo que había sido durante los últimos treinta años. Síp.
Tal vez, si Derek no me tocase tanto las pelotas por cada comentario que me soltaba, habría llegado un momento en el que me habría calmado y lo habría dejado en paz. Total, ya se había llevado el golpe de rigor. ¿Era necesario llegar a todo esto?

... ¿Por qué no?

Ni sabía dónde nos encontrábamos cuando yo juré ver ese instante en el que atrapaba a Derek, saliendo victorioso. Un instante que se me escurrió entre los dedos como fina arena en cuanto él activo un mecanismo para subir cuyo contrapeso casi acaba conmigo al caer. Lo pude esquivar por los pelos. Apenas sentí que me faltaba el aliento. Que mis pulmones dolían, suplicando por un aire que no conseguía cubrir en cada bocanada. Que ese temblor que castigaba mis piernas era capaz de hacerme caer de rodillas. En realidad, sin el desafío, podía jurar que no habría aguantado la carrera... ileso, al menos. Tal vez era el momento de empezar a entrenar para recuperar la forma. Pero aquel Trystan que tenía el control en este momento, no dejaba de mirar para arriba, caminando un par de pasos de un lado al otro, viendo cómo tenía a su presa a tan sólo veinte metros por encima de su cabeza. Cavilaba cómo subir, tan rápido como fuera posible. Hasta que uno de los anchos troncos que sujetaban aquel puente a medio hacer se cruzó en mi mirada. Una sonrisa malvada y torcida se dibujó en mi cara entonces:- ¿Seguro que te quieres marchar tan pronto? -grité, socarrón, por su última provocación, justo antes de agarrar con ambas manos uno de los pilares principales de la construcción para tirar y empujar de él reiteradamente, haciendo que la estructura comenzara a vapulearse cada vez más y así, conseguir que Derek perdiera el equilibrio, tuviera un traspié y cayese tan o más rápido de lo que había subido.
¡Qué bien dicen que todo lo que sube en algún momento ha de bajar!

jiji:





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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Thareon el Lun Ago 08 2016, 00:43



La estructura empezó a zarandearse, como si fuera una hoja azotada por un viento huracanado. El descontrolado vaivén no tardó en provocar que Derek perdiera el equilibrio sobre las tablas medio sueltas. La verdad era que... por un momento ni siquiera dio la impresión de querer aferrarse. Rodó cual croqueta, casi dejándose caer, por el borde del puente, y se precipitó hacia el vacío. El resultado, de seguro hubiera sido la muerte para el chatarrero.
De no ser por el destello azul cobalto que zumbó en sus oídos justo en plena caída.

Las garras de Thareon aferraron al muchacho por una de sus botas, y los escamosos y fuertes dedos se cerraron en torno a su pierna. Un rugido escapó de la bestia azul, la cual batió sus alas para planear por la cueva, y trazar un giro de 180º paralelo al suelo, alejándose de la posición de Trystan.
- ¿¿Qué coño...?? - le escuchó decir. Thareon no le dirigió la mirada, no necesitaba verle para imaginar su cara sorprendida. Y casi prefirió no hacerlo, para no asustarlo más. Ya que, interiormente, el dragón bullía por la ira. Quizá por eso, y a modo de escarmiento, dejó caer a Derek sobre un montón de sacos de a saber qué. Éste emitió quejidos al caer, y rodó de nuevo por el suelo, aparatosamente. No fue un aterrizaje precisamente estiloso. Todo lo contrario que Thareon, que apoyó los pies en el suelo.

Tenía la ropa tanto o más rasgada que Derek, señal de que su semitransformación no había sido precisamente planeada. Sólo tenía los brazos, las alas y la cola metamorfoseadas. Pero sus ojos destellaban, iracundos, con las pupilas estrechas, y bajo los tatuajes de su piel, las escamas parecían pelear para salir a la luz. Thareon le dirigió al chico una mirada feroz: - Lárgate. - Su voz sonó ronca, áspera. La previsión de un rugido gutural que partió su garganta cuando la transformación empezó a extenderse dolorosamente al resto de su cuerpo, terminando de destrozar su ropa en el proceso. Alzó la cara escamosa y deformada, y la voz del Leviathan se dejó ver cuando gritó:- ¡¡QUE TE LARGUESSSSS!! - Derek reaccionó: dio un salto, puso cara de pánico, y acto seguido tropezó con tres o cuatro curiosos, antes de salir corriendo por el campamento. Para cuando terminó de transformarse, Thareon ya le había perdido de vista.

Después, el dragón abrió de nuevo las alas, manchadas de sangre por su reciente conversión; y despegó para regresar a donde estaba Trystan. Su olfato, mejorado en aquella forma, le reveló su ubicación mucho antes de que pudiera verle. Aunque tampoco era que el desafiado se hubiera movido mucho, sí que estaba suponiendo un peligro potencial. Muchos soldados se habían empezado a acercar a la zona al ver el puente a punto de desmoronarse. Y probablemente más de uno hubiera presenciado el precario rescate. Como fuera, Trystan parecía seguir fuera de sí, y Thareon no podía permitir que el arranque del hombre fuera a mayores. Ya había intentado matar a Derek, no le extrañaría que quisiera pagar su frustración con alguien más. Precisamente por ese motivo, aterrizó a apenas un par de metros de distancia del heartless, provocando una nube de polvo negro a sus pies, y un golpe de aire brusco. Observó los ojos encendidos del ex-líder resistentes a través de sus irises azul topacio. Los cuales, a pesar de estar engastados en su rostro reptiliano, mostraban las pupilas redondeadas y humanas. Por eso su voz sonó, aunque más grave y áspera, al Thareon que él conocía cuando habló: - No me obligues a hacerte daño Trystan. - Movió la cola amenazadoramente a su espalda. Por el momento tenía el control, pero dependiendo de lo que hiciera Trystan, eso podía cambiar muy fácilmente. Y no era algo que al hombre le beneficiara precisamente, ya que si Leviathan tomaba el control, a Thareon le iba a ser muy difícil controlar su fuerza contra él. Si no quería encararse a un bestia peor, Trystan tenía que esforzarse en controlar la suya. - Tú sabes quién eres... - La gente empezó a tornarse multitud a su alrededor...


FDR: Derek ya no va a postear, doy por sentado que se pira corriendo.






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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Trystan el Lun Ago 08 2016, 15:12

Algo en mi interior rugió triunfal cuando vio a Derek precipitarse al vacío. Pero, había otra parte de mí que sintió verdadero terror cuando lo vio caer. ¿Qué estaba haciendo? Esa persona que caía seguía importándome y, sin embargo, gracias a mis esfuerzos, se golpearía mortalmente contra el suelo. Era la primera vez que perdía la cabeza de tal modo. Hasta ahora habían sido arranques nada más. Ninguno había durado tanto.
Y, por los dioses, que ese acabara ahí.

Quise enmendar parte del daño que había hecho, aferrándome al tambaleante tronco que había estado empujando hasta ahora, para detener el vaivén. Y contenerme a mí mismo también. Cerré los ojos con fuerza, mientras mi respiración alterada era lo único en lo que me centré en los segundos sucesivos. Había alcanzado a ver por el rabillo del ojo cómo la gente se acercaba a ver el espectáculo. Un show que, para mi alivio interno y posterior no acabó con la vida de Derek. No pude saberlo ya que ni alcancé a escuchar el rugido de Thareon cuando lo agarró, debido al revuelo y jaleo de la multitud creciente y curiosa. Podría decir que lo positivo de todo aquello era que ya había acabado. Pero no podía decirlo si yo aún me aferraba al poste, por muy quieto que estuviese ya.

Sentí una ráfaga de aire que golpeó mi espalda y una respiración profunda y fuerte que no era la mía. Era lógico que alguien acabara enfrentándose a mí e intentar pararme los pies. Contaba con ese apoyo que suponían mis ganas de no hacer más daño a nadie. Un vestigio del humano que estaba dejando de ser, día a día-. No me obligues a hacerte daño Trystan. -escuché entonces, sin tardar en reconocer la voz del dragón. Se me hizo ridículo que fuera él el que tuviera que lidiar entre Derek y yo... o más bien, que tuviera que contenerme a mí para no matar a Derek. - Tú sabes quién eres... -añadió, con solemnidad. No pude evitar replicarle con rapidez:- Tú estás más seguro que yo de eso... -murmuré entre dientes, negándome a abrir los ojos. Ni quería admitir que temblaba, aunque fuera evidente, agarrándome a aquella jodida madera como si me fuera la vida en ello. No quería mirar. No quería hacer más por despertar a ese monstruito que me consumía y me descontrolaba con verdadera facilidad. Era una maldita bomba de relojería, rodeada de las amenazas incendiarias que suponían cada uno de mis sentimientos. Aunque hasta ahora no había comprobado que ninguno fuera tan peligroso como la ira. Por lo menos, para mí. ¿Cómo era posible que con tan sólo meses como desafiado, pareciera que avanzaba más deprisa e intensamente sin autoridad alguna sobre mi propio cuerpo? Sabía el final del camino, pero ni de lejos que fuese tan tortuoso atravesarlo-. A esto no se le puede llamar vida. -musité para mí, convulsionando mis hombros. No supe si por la suave risa provocada por la incredulidad de lo inverosímil que me resultaba verme así; o por el abatimiento de todo lo que estaba cambiando sin ser capaz de detenerlo más que con el difícil reto que tenía por delante si quería recuperar mi corazón. De hecho, fuera lo que fuese, me hizo apretar los brazos, sintiendo cómo la madera cedió parcialmente a ellos, con un sutil crujido. Había compartido ya alguna conversación con más heartless y hasta donde yo sabía, no habían pasado por lo mismo que yo. Bien decían que cada uno era un mundo... pero, coño, ¿tan dispar?

Mis ojos finalmente se abrieron con lentitud, aún abrazado al ancho tronco, de espaldas al dragón. Exhalé sonoramente, creyendo haber vuelto a ser el hombre racional y -sobretodo-, calmado que solía ser-. Lo siento...




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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

Mensaje por Thareon el Vie Ago 12 2016, 17:49

Verle así no pudo sino remover emocionalmente a Thareon hasta las entrañas. Aún así, el dragón azul no abandonó de todo su actitud precabida. Caminó sin prisa, alrededor del desafiado, viendo cómo sus músculos se hinchaban y temblaban por la terrible tensión a la que estaban sometidos. Observó su expresión, de claro sufrimiento, aunque intentara ocultarla contra el madero. El dolor que su estado debía ignorar de los dedos sangrando al llenarse de astillas por clavarse en la madera. El sudor goteando por su frente, mientras trataba a toda costa de no perderse a sí mismo en un mar de rabia... ¡Cuán identificado se sentía el dragón con él ahora mismo! Más de lo que pudieran expresar las palabras.
"A esto no se le puede llamar vida", dijo. Sabía que no iba dirigido a él, pero con todo, el dragón esbozó una triste e irónica sonrisa, respondiendo a su murmullo con otro murmullo: - Pero vida es, Trystan. - La madera crujió. Thareon alzó la mirada, alerta, preocupado porque la estructura terminara de venirse abajo. Por el momento, parecía aguantar, pero parecía estar bastante al límite. Escuchó la disculpa del hombre, y el dragón sonrió y negó con la cabeza. - Tranquilo. - El murmullo de la gente alrededor empezó a volverse realmente molesto. Tanto que Thareon se giró, con una expresión digna de un cuadro, y les dirigió una mirada asesina a los presentes. - ¿Es que no tenéis nada mejor que hacer, panda de cotorras? ¡Volved a vuestros asuntos, vamos! - Nadie rechistó. Nadie era tan tonto como para enfrentarse a Trystan en pleno estado de locura, ni a Thareon a medio transformar. Nadie quedó al cabo de unos pocos segundos. Algunos refunfuñaron más que otros, pero al final les dejaron solos.

Thareon volvió a girarse hacia Trystan. Le observó en silencio, esperando a que él mismo terminara de librar su batalla interna. No podía ayudarle en eso, sólo podía quedarse cerca por si la perdía, y tenía que entrar en acción. Esperaba que no, por el bien de ambos... y sobre todo, para evitar que Megerah se volviera histérica después, si acababan intentando matarse el uno al otro. Semejante duelo de titanes en plena base, no era algo precisamente recomendable.
No obstante, no tardó en abandonar su actitud vigilante, a medida que percibió que los temblores de Trystan cesaba, y que la tensión de sus músculos se iba relajando, poco a poco. Despacio, con cautela, Thareon alargó su garra azul cobalto, y despacio y con tacto, instó al desafiado a dejar de abrazar el tronco. Costó, parecía que aquel fuera su tabla de salvación, y que fuera a morirse si la soltaba. Pero al final lo consiguió. - ... Bien hecho. - Sonrió, verdaderamente orgulloso de la entereza y la capacidad de Trystan. Había logrado algo encomiable, aunque segueramente él no lo viera así en ese preciso momento. Thareon, no obstante, lo consideró una muy buena señal. - Iré a buscar a Derek. Tómatelo con calma, Trystan. Tu maldición no es algo fácil de evitar. Pero no es imposible... - Dejó eso ahí, flotando, sin darle más importancia al asunto.

Dicho esto, el dragón se dejó caer a cuatro patas en el suelo, y tras convulsionarse entre gemidos de dolor, volvió a introducir las alas en su espalda; al tiempo que sus piernas rasgaban lo poco que quedaba de su pantalón, y se deformaban en un ángulo desagradable, antes de adquirir su forma reptiliana. Acto seguido Thareon emitió un siseo que terminó en un gruñido gutural, y salió corriendo raudo, gracias a sus extremidades, hacia el interior de las cavernas, siguiendo el rastro del chatarrero.






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Re: ¡Corre plátano! (Trystan, Thareon)

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